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Mensaje por chanyeol. el Dom 04 Mayo 2014, 2:55 pm

o deoh. ya dejo mi ficha(: esto es hermoso.
Soy Fernanda, y puedes decirme... Fer(?
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Re: a hurried looks. | resultados.

Mensaje por michael. el Dom 04 Mayo 2014, 3:03 pm

banana. escribió:
   
brooklyn & craig.
 
   reservados: bethany mota, connor franta, ariana grande & jai brooks.
   nombres de tus pj's: brooklyn evans, craig butler, olly loveless & charlie fitzgerald.
   escrito de tu autoría:
teenage dream | os:
You think I’m pretty
Without any makeup on
You think I’m funny
When I tell the punch line wrong
I know you get me
So I let my walls come down, down

— ¡Violete, vamos! ¡Se nos va a hacer tarde para ir con los chicos! —Jai gritó desde el pasillo que conduce a su dormitorio. — ¡Ya voy! ¡O eso trato! —Jai se burló sacudiendo su cabeza y paseó por ver que era esa cosa tan importante que le estaba demorando a su mejor amiga para estar lista. Sólo se dirigían a una noche de mejores amigos, agarrar algo para cenar en un restaurante de comida rápida, luego caminar por la ciudad, probablemente terminen en un club con bebidas y baile, obviamente cuando Violete se fuera. Jai no pudo realmente descubrir por qué Violete estaba tomando tanto tiempo para vestirse. Volviendo a la esquina de su habitación vio a su amiga pelirroja mirando un surtido de vestidos con colores pastel. — Ayuda —fue todo lo que se escapó de sus labios con un puchero al final. Jai sonrió y se acercó a la variedad de vestidos que su amiga tenía en la mano, observo detenidamente todas las opciones que podría usar y sacó un vestido que le encajaría perfectamente a su color de piel, cuerpo y personalidad, y finalmente se lo tendió a una agradecida Violete.

— ¿Estás seguro de que me veo bien Jai? —preguntó por probablemente la décima vez desde que salieron de su departamento para reunirse con los chicos en la calle. Suspiro rodando sus ojos — Si amor —Hubo unos minutos de silencio. — ¿Es positivo que me veo bien? —Jai dejó de caminar y giro a Violete por sus hombros para mirarla directamente a los ojos. — Violete Reynolds —su voz se redujo a algo suave y silencioso. — Te ves hermosa —Se giró de vuelta y siguió caminando. El rubor de la cara de los dos enamorados no se detuvo hasta que el fresco aire de la noche dejó sus mejillas en su color normal, su noche fue grandiosa con Violete no preocuparse por su atuendo. Jai la había llamado hermosa y eso es lo que importaba.

Before you met me
I was alright but things
Were kinda heavy
You brought me to life
Now every February
You’ll be my Valentine, Valentine

Violete estaba molesta y solitaria en su propio mundo, y sus compañeros de departamento comenzaron a notar que no era tan alegre como de costumbre sino que no trataba de hablar con nadie como si estuviera cansada o algo así. Pero Jai la conocía mejor así que fue por el pasillo y llamó a la puerta de su mejor amiga. Hubo silencio por unos segundos y luego se escucharon algunos sonidos  viniendo a través de la madera hasta que la puerta se abrió revelando a una chica pelirroja muy desaliñada y miserable luciendo en pijama. El castaño simplemente tomó su mano y la jalo fuera de su puerta diciendo un — Vamos —, lo arrastró por las escaleras hasta el techo. — ¿Por qué me trajiste aquí? —preguntó su amiga ya que por qué en el mundo haría algo tan aleatorio, lo único que Violete quería era estar sola. Bueno no era del todo cierto, ya que ahora su chico favorito en todo el mundo estaba sosteniendo su mano, su piel era tan suave y cálida que su cabeza estaba comenzando a dar vueltas. — Quería mostrarte algo. Vengo aquí por la noche cuando quiero escapar. Quería compartirlo contigo —Murmuro antes de abrir la puerta para acceder al techo.  

Violete se quedó sin aliento a lo increíble que la ciudad se admirada desde ese punto de vista. El  ruido se escuchaba muy apenas puesto que en realidad estaban en un lugar alto y todo era tan…tranquilizante. Ambos se sentaron en un banco que tenía unas colillas ahí, eso aseguraba que Jai había estado ahí antes, y como ellos podían ver, había un gran número de cigarrillos sucios en la losa del cemento. — Jai, esto es genial. Muchísimas Gracias —, susurró la pelirroja.

Sus manos nunca se desconectaron y el castaño apretaba su mano fuerte, uniendo sus dedos como si de un rompecabezas se tratara, acariciandolos con una pequeña sonrisa. Violete reclinó su cabeza sobre su hombro y se quedaron callados respirando suavemente, acariciando sus dedos, una vez mas.

Let’s go all the way tonight
No regrets, just love
We can dance, until we die
You and I, will be young forever

Su primer beso fue una verdadera sorpresa. Como verán, el grupo de amigos de la pelirroja eran los muy conocidos ‘Janoskians’, esos youtubers graciosos y guapos que siempre le sacaban una sonrisa a cualquiera. Todos ellos y Violete se encontraban jugando boliche  con mucha adrenalina y emoción corriendo por sus venas. Todos se encontraban sudando un poco  y estaban absolutamente agotados hasta que después de mil intentos, Violete logro meter una chuza perfecta que hizo que sus amigos y ella se volvieran locos. — ¡Eso fue increíble! —James gritó en acuerdo con sus otros cuatro amigos. — ¡Sí que lo fue Violete! ¡Tú tiro fue perfecto y les cabe a todos en esta habitación! —le dijo un Jai muy emocionado que luego se inclinó y la beso. Sus ojos marrones se ampliaron en conmoción y sorpresa y antes de que pudiera disfrutar sus labios sobre los suyos, estos habían desaparecido, perdiendo automáticamente la piel suave que se sentía tan bien.  Ni que decir de los otros cuatros chicos que estaban viviendo el momento, estaban realmente sorprendidos. — Violete yo-lo siento. No quise- —pero se cortó cuando Violete chocó sus labios para juntarlos de nuevo. Los dos enamorados no pararon de besarse desde ese mismo instante.

You make me feel
Like I’m livin’ a
Teenage dream
The way you turn me on
I can’t sleep
Let’s run away and
Don’t ever look back,
Don’t ever look back

Su relación se mantuvo completamente perfecta desde entonces ¿Quién diría que de mejores amigos pasaron a ser novios? Tampoco les importaba mucho, ellos disfrutaban su tiempo juntos, eran felices y pareciera que todo el mundo estaba enterado de eso. — Uf, muchachos lo conseguimos. Se aman. ¿Pueden detener los besos ahora? —Beau pidió una noche que estaban viendo una película. — Lo sentimos Beau —dijeron al unísono antes de escabullirse para terminar lo que había sido interrumpido.

My heart stops
When you look at me
Just one touch
Now baby I believe
This is real
So take a chance and
Don’t ever look back,
Don’t ever look back

A cado lado que iban, se miraban con corazones en los ojos, literalmente.  Siempre había caricias suaves y algunas veces ambos se absorbían en su propio mundo donde solo ellos dos existen. Las fans amaban a Violete y estaban felices de la pareja que hacía con Jai.  En una ocasión donde los chicos estaban en tour, decidieron llevar a Violete al escenario donde los dos enamorados se dijeron te amo y dedicaron sonrisas toda la noche, twitter estallo ese mismo día.

We drove to Cali
And got drunk on the beach
Got a motel and
Built a fort out of sheets
I finally found you
My missing puzzle piece
I’m complete

— Vamos a algún lugar princesa, sólo nosotros —Jai mencionó una noche saliendo del apartamento compartido por Beau y Daniel. Habían sido invitados para una noche de películas y pizza, Luke y James también estaban invitados pero tenían otros asuntos que manejar. — Pero es tarde Jai, ¿a dónde iríamos? —preguntó.

— Vamos —Jai se levantó agitando su mando en señal de adiós hacia sus amigos y se subio a su auto con Violete. — Vamos a la playa princesa —y se fueron a la costa. Una vez llegados se estaba acercando la mañana y ambos jóvenes estaban muy cansados en ese momento así que decidieron acampar, tendidos sobre una manta de cuadros grande, Jai se encontraba con la cabeza de Violete en su pecho. No llevaban tanto tiempo acostados en la manta hasta que ambos cayeron en un sueño tranquilo escuchando el choque de las olas contra la playa y acurrucándose juntos dándose calor. Jai fue realmente el primero en levantarse cuando estaba por ocurrir la salida del sol, sacudió a su novia lentamente recibiendo un pequeño ‘no’ por respuesta. Se rio entre dientes y se sentó causando a Violete voltearse y oficialmente despertar. — Vamos nena, está a punto de ocurrir —dijo tranquilamente. — ¿Qué es? —meditó mientras se frotaba su ojo derecho. Estaba muy cómoda y el olor de Jai todavía se aferraba a sus fosas nasales causándole sueño de nuevo — Mira —el muchacho dijo y la abrazo por la cintura. Miraron la salida del sol sobre el océano convirtiendo el cielo azul y naranja. — Guau —Pronunció la chica, Jai asintió con la cabeza y besó su mentón.

Let’s go all the way tonight
No regrets, just love
We can dance, until we die
You and I, will be young forever

Esa noche hicieron el amor por primera vez y de esta manera, se hicieron promesas y marcas se quedaron. Después de su sesión los dos enamorados se acurrucaron y disfrutaron escuchar el latir del otro.

You make me feel
Like I’m livin’ a
Teenage dream
The way you turn me on
I can’t sleep
Let’s run away and
Don’t ever look back,
Don’t ever look back

Violete despertó esa noche escuchando los suaves ronquidos de su novio a lado de ella. Su mente estaba vuelta loca y ni si quiera trato de dormir. Volteo a ver a su novio y no podía creer lo afortunada que era, estaba orgullosa de poder mostrarle al mundo la perfección de hombre que tenía a su lado. Saltó en señal de susto cuando sintió dos brazos por detrás abrazando su cintura. — ¿Vi? ¿Qué estás haciendo? Ya es tarde —Le pregunto algo somnoliento. — Solo estaba pensando, eso es todo —, respondió. — Sobre qué? —el chico besó su oreja y apoyo su mentón en el hombro de la chica. — Sobre lo afortunada que soy al tenerte.

My heart stops
When you look at me
Just one touch
Now baby I believe
This is real
So take a chance and
Don’t ever look back,
Don’t ever look back

— Lo voy a hacer amigos, voy a pedirle que se case conmigo —Jai dijo a lo que cuatro caras sonrieron frente a él. Ya habían crecido y Jai estaba totalmente seguro de que Violete era la chica con la que se quería hacer viejo y pasar su vida entera juntos. Todos estaban cerca de los treinta años en ese momento y finalmente había decidido dar el gran paso y pedirle matrimonio. Hubo una gran fiesta en casa de Luke y James ese verano, los dos la hicieron con el fin de que Jai le pudiera pedir matrimonio a la chica. Frente a los chicos y sus familias compartieron escenarios  innumerables y el castaño se redujo a una rodilla, escuchando múltiples suspiros por parte de los invitados y pregunto la muy esperada petición que cambiaría sus vidas. Una enamorada Violete le respondió que sí.  

I’m a get your heart racing
In my skin-tight jeans
Be your teenage dream tonight
Let you put your hands on me
In my skin-tight jeans
Be your teenage dream tonight



   


audición aceptada.


eso fue demasiado<333333 primero: ¡jariana! Sdjskdksbddj *die* segundo: ¡CONNOR FRANTA, LADIES! *die de nuevo* y, y, y... ¡la Mota! ésta ficha debería ser arrestada por exceso de guapura y jai en el shot, ay. *die otra vez*
Tu ficha está totalmente aceptada, ana banana(?) hizo pedazos mis feels (??)
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Mensaje por michael. el Dom 04 Mayo 2014, 3:10 pm

✖IsaDestroy✖ escribió:Okey, como que dejare mi ficha

okey, la espero cccccc:
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Mensaje por michael. el Dom 04 Mayo 2014, 3:13 pm

Fernanda Aleman :* escribió:o deoh. ya dejo mi ficha(: esto es hermoso.
Soy Fernanda, y puedes decirme... Fer(?

me alegra que te gustara, Fer. espero tu ficha, pues.(?)
Tu puedes llamarme como quieras cc;
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Mensaje por michael. el Dom 04 Mayo 2014, 4:02 pm

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Mensaje por Kurisu el Dom 04 Mayo 2014, 4:45 pm

Holajas bueno me gusto mucho tu idea así que pronto dejare mi ficha fichosa por este tema
Le pondría de nombre a la mascota ammm Newt porque amo ese nombre y porque me da feelings de un libro que estoy leyendo
saludos:)

___________________________________________

'Cause tonight I'm feeling like an astronaut, Sending SOS from this tiny box, To the lonely people
that the world forgot, Are you out there?, 'Cause you're all I've got?
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Mensaje por Sunrise. el Dom 04 Mayo 2014, 7:16 pm

Penny & Terrence
 
reservados: Crystal Reed, Beau Mirchoff, Tyler Hoechlin.
nombres de tus pj's: Penny Lane, Terrance Matthew, Samuel Craig.
escrito de tu autoría:
She's not there:

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

Era una mañana cualquiera. No había comenzado bien, pero eso era normal. Harry despertó de sus pesadillas y se llevo las manos a la cabeza, intentando alejar todos esos malos pensamientos. Respiró hondo, tratando de calmar el bombeo de su pecho y cerró los ojos por un momento; un momento para decirse que todo estaría bien. Aún sentía el calido aliento de Lydia al borde de sus labios. Tuvo la oportunidad de besarla, pero no lo hizo, no podría hacerlo en el estado en que ella se encontraba.
Varias noches antes, Harry decidió confesarle a su mejor amiga sus sentimientos, pero ella tan sólo no escuchó y se emborrachó. En este preciso momento debería de estar dándole el beso del buen día a Liam. Mi Lydia, pensó. Siempre había tenido ese sentimiento por la castaña, sólo que nunca había tenido el valor para decírselo. Y ahora se arrepentía por no haberlo hecho.
Hasta se imaginaba lo que harían hoy. Irían a tiendas, comprarían flores, harían las decoraciones y listo; para este martes ya se habrían casado. Y él asistiría. ¿Qué peor que ver al amor de tu vida casándose con otra persona? Liam no era malo para Lydia, era uno de los hombres más amables y atentos que había conocido, y eso lo hacía peor.

Prendió la televisión para ver las noticias y recordó que la noche anterior el meteorólogo había dicho que ese día habría una gran tormenta, pero el cielo azul con ese sol brillante se encontraba en el cielo. Este no se tornaba para nada gris y Harry no tenía ninguna duda de que el sol no lo dejaría solo hoy.

Salió de la gran y solitaria casa, saludando a la nada. Porqué sin contarlo a él, no había nada. Todo había pasado tan rápido… El hoy se convirtió en ayer y apenas cerró los ojos, cuando se había quedado solo; completamente solo.
Tenía a Louis, su mejor amigo, pero este estaba muy ocupado en sus pequeñas vacaciones con Alice, su prometida. Sabía que Tomlinson se lo merecía más que nada y tampoco es que iba a reprocharle, ya que el día después de que Louis se fue, su abuela Beatrice había fallecido. Buena suerte la mía, se dijo a sí mismo.

Comenzó a caminar hacia su cafetería favorita, tratando de esquivar el agua de los charcos que yacía en las calles de Londres. El día anterior había lloviznado, y supuso que ese día nada caería del cielo. Metió las manos en los bolsillos de su gran abrigo, no nevaba ni llovía, pero el viento soplaba fuerte en la gran ciudad.

Escuchó el sonido de una pequeña campana detrás de él, era de esas de las pequeñas bicicletas y giró la cabeza hacia atrás para encontrarse con una niña de cabellos rubios tratando de pasar. Harry se hizo a un lado, para dejar pasar a la niña y esta le sonrió.

Llego a la cafetería y se hundió en el olor a café. Respiró hondo ese aroma tan exquisito que siempre le había gustado y ya podía escuchar ese pequeño timbre que sonaba cada vez que estaba el hecho pedido.

En aquella cafetería, frecuentaba mucha gente la mayoría del tiempo. Hoy, al ser domingo, no había tantas personas, pero le habría gustado algo más de intimidad. Sacó un número y se enfiló atrás de una pareja que parecía estar muy feliz. La fila no avanzaba con mucha rapidez, pero valía la pena esperar. Se dispuso a mirar por la ventana cómo la gente caminaba por delante de sus ojos y seguían sus vidas.
Luego miró hacia las personas dentro del café. Había personas acompañadas, hablando animadamente con su compañía, algunos estaban sumidos en sus pensamientos, un par perdidos en las páginas de sus libros y otros sonreían torpemente escribiendo textos en su teléfono móvil.

Distraídamente volvió su vista hacia la ventana otra vez, pero había algo diferente. En el portabicicletas había bicicleta celeste con una pequeña canasta de mimbre.

La gran puerta se abrió y por el rabillo del ojo a una pequeña mano que se acercaba al marcador y sacaba el número cuarenta. Algo le llamó la atención en aquel brazo, que lo dejo algo anonado. Había marcas, eran oscuras y por un momento, Harry pudo detectar el olor a sangre.

Sintió que algo cayó al suelo; una cadena de oro sin ningún dije en especial. La muchacha –o por lo menos eso creía que era- no se molestó en levantarla, así que Harry se agachó para tomarla y estiró el brazo hacia aquella persona.

Y ahí estaba ella. Hermosa. El sol haciendo notar sus ojos oscuros con un brillo peculiar en ellos que alumbraba toda ella y su melena anaranjada estaba desordenada. Ella sonrió al instante, haciendo que las rodillas del castaño se volvieran débiles y los dragones en su estomago comenzarán a rugir y lanzar llamas. ¿Acaso había encontrado una sonrisa tan hermosa que hasta lo hacía feliz?

—Creo que se te cayó —dijo el haciendo notar la cadena que dedujo que era un brazalete. La pelirroja bajó la mirada hasta él y lo tomó, rozando con sus delicados dedos la mano de Harry y este sintió algo inexplicable al hacer conexión con ella.

—Gracias —murmuró con una timidez tan inocente que Harry casi se derrite, literalmente. La muchacha notó lo embobado que estaba él y largo una pequeña risa, mientras las mejillas de Styles tomaban un color rosa.

—L-Lo siento —se disculpó torpemente.

—Descuida, ojala los chicos cómo tú me miraran así frecuentemente —no dejó de sonreír en ningún momento. ¿Estaba siendo amable? Debería, porqué si un chico no se diera cuenta de lo hermosa que era sin duda estaba ciego o quizás loco.

—Soy Harry, número treinta y nueve —dijo de la nada. Hasta eso lo sorprendió a él mismo, pero la pelirroja no se vio sorprendida.

—Lennon, cuarenta —respondió con sutileza. Hasta su nombre era hermoso, peculiar, pero aún así hermoso.

—¡El que sigue! —gritaron desde la barra. Harry giró en sí y se dio cuenta de que toda la fila se había dispersado y él era el siguiente.

—¿Quieres ser tú la cuarenta? —preguntó.

—¿Me dejarías serlo?

—Si es que te sientas conmigo sí.

Lennon pasó por su lado y Harry respiró hondo su perfume. Era exquisito, más que el aroma de aquel café. Hicieron su pedidojuntos y se sentaron en una mesa al lado del ventanal. Los dos hablaban animadamente, congeniaban muy bien juntos; les gustaba las mismas cosas, eran muy parecidos entre sí. Las risas de Lennon no paraban, y cada vez que ella sonreía a Harry se le aceleraba el corazón.

Pero él tenía preguntárselo, necesitaba hacerlo. ¿Por qué tenía esas marcas en sus débiles brazos?, ¿Qué podía ser tan malo cómo para lastimarse de esa forma?

—Lennon, dime, ¿porqué tienes esas marcas y que puedo hacer para curarlas?

La pelirroja se sorprendió por la pregunta. Sus hombros se encogieron y la mirada se le volvió vacía. Cómo si recordara algo muy triste.

—No lo quieres saber, Harry —tomó un sorbo de su taza.

—Está bien, no hablaremos del tema, pero prométeme que ya no lo harás —la miró directamente a los ojos y tomó su mano. Esto tomó de sorpresa a Lennon, pero hizo lo que pudo para que dejara eso atrás.

—Lo prometo —dijo al fin —. Está será la última vez, Harry —el castaño sonrió, pensando que dejaría ese mal habito. Y lo hizo, lo dejó para siempre.

{…}

Harry estaba más que emocionado. Se levantó con una boba sonrisa en la cara, ni el feo clima lo detendría, hoy la volvería a ver. Se puso su sweater color beige y al abrir la puerta se encontró con una Maggie toda empapada.

—¿Maggie? —indagó extrañado. Ella casi nunca lo venía a ver a casa ya que siempre estaba trabajando en la cafetería y el frecuentaba ese lugar.

—Tienes que acompañarme —dijo ella simplemente. Tomó su chaqueta y cerró la puerta detrás de él. Corrieron bajo las gotas que caían del cielo, tratando de pasar lo más rápido para dejar de mojarse. A varias cuadras antes del café se metieron a un vecindario privado y la puerta de una gran y calida casa estaba abierta.

Se adentraron al hogar y todos estaban vestidos de negro. La mayoría lloraba, otros yacían en silencio. Todos los sabían, pero nadie decía nada. ¿Y cómo iba él saberlo?, ¿cómo iba a darse cuenta? Ni siquiera entendía porqué estaba ahí y ya no había tiempo para decir lo que sentía. Maggie no dijo nada, pero apunto con la mirada a un cajón sin cobertura. Harry fue acercándose lentamente al hermoso cuerpo dentro de él.

Y ahí estaba ella, cómo siempre hermosa. Sólo que sus ojos ya no brillaban, ella ya no sonreía.

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Re: a hurried looks. | resultados.

Mensaje por michael. el Dom 04 Mayo 2014, 11:30 pm

cambié mi nombre de user, guapuras(?) soy yo, Isla(???) ahora acepto fichas ccc:
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Mensaje por michael. el Dom 04 Mayo 2014, 11:33 pm

Tessa escribió:Holajas :A:bueno me gusto mucho tu idea así que pronto dejare mi ficha fichosa por este tema
Le pondría de nombre a la mascota ammm Newt porque amo ese nombre y porque me da feelings de un libro que estoy leyendo
saludos:)

holongo(?) me alegra mucho que te gustara mi idea, deo' mío estaré esperando tu ficha ansiosa a mi me da feels tu nombre de user
bai c:
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Mensaje por michael. el Dom 04 Mayo 2014, 11:39 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Penny & Terrence
 
reservados: Crystal Reed, Beau Mirchoff, Tyler Hoechlin.
nombres de tus pj's: Penny Lane, Terrance Matthew, Samuel Craig.
escrito de tu autoría:
She's not there:

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

Era una mañana cualquiera. No había comenzado bien, pero eso era normal. Harry despertó de sus pesadillas y se llevo las manos a la cabeza, intentando alejar todos esos malos pensamientos. Respiró hondo, tratando de calmar el bombeo de su pecho y cerró los ojos por un momento; un momento para decirse que todo estaría bien. Aún sentía el calido aliento de Lydia al borde de sus labios. Tuvo la oportunidad de besarla, pero no lo hizo, no podría hacerlo en el estado en que ella se encontraba.
Varias noches antes, Harry decidió confesarle a su mejor amiga sus sentimientos, pero ella tan sólo no escuchó y se emborrachó. En este preciso momento debería de estar dándole el beso del buen día a Liam. Mi Lydia, pensó. Siempre había tenido ese sentimiento por la castaña, sólo que nunca había tenido el valor para decírselo. Y ahora se arrepentía por no haberlo hecho.
Hasta se imaginaba lo que harían hoy. Irían a tiendas, comprarían flores, harían las decoraciones y listo; para este martes ya se habrían casado. Y él asistiría. ¿Qué peor que ver al amor de tu vida casándose con otra persona? Liam no era malo para Lydia, era uno de los hombres más amables y atentos que había conocido, y eso lo hacía peor.

Prendió la televisión para ver las noticias y recordó que la noche anterior el meteorólogo había dicho que ese día habría una gran tormenta, pero el cielo azul con ese sol brillante se encontraba en el cielo. Este no se tornaba para nada gris y Harry no tenía ninguna duda de que el sol no lo dejaría solo hoy.

Salió de la gran y solitaria casa, saludando a la nada. Porqué sin contarlo a él, no había nada. Todo había pasado tan rápido… El hoy se convirtió en ayer y apenas cerró los ojos, cuando se había quedado solo; completamente solo.
Tenía a Louis, su mejor amigo, pero este estaba muy ocupado en sus pequeñas vacaciones con Alice, su prometida. Sabía que Tomlinson se lo merecía más que nada y tampoco es que iba a reprocharle, ya que el día después de que Louis se fue, su abuela Beatrice había fallecido. Buena suerte la mía, se dijo a sí mismo.

Comenzó a caminar hacia su cafetería favorita, tratando de esquivar el agua de los charcos que yacía en las calles de Londres. El día anterior había lloviznado, y supuso que ese día nada caería del cielo. Metió las manos en los bolsillos de su gran abrigo, no nevaba ni llovía, pero el viento soplaba fuerte en la gran ciudad.

Escuchó el sonido de una pequeña campana detrás de él, era de esas de las pequeñas bicicletas y giró la cabeza hacia atrás para encontrarse con una niña de cabellos rubios tratando de pasar. Harry se hizo a un lado, para dejar pasar a la niña y esta le sonrió.

Llego a la cafetería y se hundió en el olor a café. Respiró hondo ese aroma tan exquisito que siempre le había gustado y ya podía escuchar ese pequeño timbre que sonaba cada vez que estaba el hecho pedido.

En aquella cafetería, frecuentaba mucha gente la mayoría del tiempo. Hoy, al ser domingo, no había tantas personas, pero le habría gustado algo más de intimidad. Sacó un número y se enfiló atrás de una pareja que parecía estar muy feliz. La fila no avanzaba con mucha rapidez, pero valía la pena esperar. Se dispuso a mirar por la ventana cómo la gente caminaba por delante de sus ojos y seguían sus vidas.
Luego miró hacia las personas dentro del café. Había personas acompañadas, hablando animadamente con su compañía, algunos estaban sumidos en sus pensamientos, un par perdidos en las páginas de sus libros y otros sonreían torpemente escribiendo textos en su teléfono móvil.

Distraídamente volvió su vista hacia la ventana otra vez, pero había algo diferente. En el portabicicletas había bicicleta celeste con una pequeña canasta de mimbre.

La gran puerta se abrió y por el rabillo del ojo a una pequeña mano que se acercaba al marcador y sacaba el número cuarenta. Algo le llamó la atención en aquel brazo, que lo dejo algo anonado. Había marcas, eran oscuras y por un momento, Harry pudo detectar el olor a sangre.

Sintió que algo cayó al suelo; una cadena de oro sin ningún dije en especial. La muchacha –o por lo menos eso creía que era- no se molestó en levantarla, así que Harry se agachó para tomarla y estiró el brazo hacia aquella persona.

Y ahí estaba ella. Hermosa. El sol haciendo notar sus ojos oscuros con un brillo peculiar en ellos que alumbraba toda ella y su melena anaranjada estaba desordenada. Ella sonrió al instante, haciendo que las rodillas del castaño se volvieran débiles y los dragones en su estomago comenzarán a rugir y lanzar llamas. ¿Acaso había encontrado una sonrisa tan hermosa que hasta lo hacía feliz?

—Creo que se te cayó —dijo el haciendo notar la cadena que dedujo que era un brazalete. La pelirroja bajó la mirada hasta él y lo tomó, rozando con sus delicados dedos la mano de Harry y este sintió algo inexplicable al hacer conexión con ella.

—Gracias —murmuró con una timidez tan inocente que Harry casi se derrite, literalmente. La muchacha notó lo embobado que estaba él y largo una pequeña risa, mientras las mejillas de Styles tomaban un color rosa.

—L-Lo siento —se disculpó torpemente.

—Descuida, ojala los chicos cómo tú me miraran así frecuentemente —no dejó de sonreír en ningún momento. ¿Estaba siendo amable? Debería, porqué si un chico no se diera cuenta de lo hermosa que era sin duda estaba ciego o quizás loco.

—Soy Harry, número treinta y nueve —dijo de la nada. Hasta eso lo sorprendió a él mismo, pero la pelirroja no se vio sorprendida.

—Lennon, cuarenta —respondió con sutileza. Hasta su nombre era hermoso, peculiar, pero aún así hermoso.

—¡El que sigue! —gritaron desde la barra. Harry giró en sí y se dio cuenta de que toda la fila se había dispersado y él era el siguiente.

—¿Quieres ser tú la cuarenta? —preguntó.

—¿Me dejarías serlo?

—Si es que te sientas conmigo sí.

Lennon pasó por su lado y Harry respiró hondo su perfume. Era exquisito, más que el aroma de aquel café. Hicieron su pedidojuntos y se sentaron en una mesa al lado del ventanal. Los dos hablaban animadamente, congeniaban muy bien juntos; les gustaba las mismas cosas, eran muy parecidos entre sí. Las risas de Lennon no paraban, y cada vez que ella sonreía a Harry se le aceleraba el corazón.

Pero él tenía preguntárselo, necesitaba hacerlo. ¿Por qué tenía esas marcas en sus débiles brazos?, ¿Qué podía ser tan malo cómo para lastimarse de esa forma?

—Lennon, dime, ¿porqué tienes esas marcas y que puedo hacer para curarlas?

La pelirroja se sorprendió por la pregunta. Sus hombros se encogieron y la mirada se le volvió vacía. Cómo si recordara algo muy triste.

—No lo quieres saber, Harry —tomó un sorbo de su taza.

—Está bien, no hablaremos del tema, pero prométeme que ya no lo harás —la miró directamente a los ojos y tomó su mano. Esto tomó de sorpresa a Lennon, pero hizo lo que pudo para que dejara eso atrás.

—Lo prometo —dijo al fin —. Está será la última vez, Harry —el castaño sonrió, pensando que dejaría ese mal habito. Y lo hizo, lo dejó para siempre.

{…}

Harry estaba más que emocionado. Se levantó con una boba sonrisa en la cara, ni el feo clima lo detendría, hoy la volvería a ver. Se puso su sweater color beige y al abrir la puerta se encontró con una Maggie toda empapada.

—¿Maggie? —indagó extrañado. Ella casi nunca lo venía a ver a casa ya que siempre estaba trabajando en la cafetería y el frecuentaba ese lugar.

—Tienes que acompañarme —dijo ella simplemente. Tomó su chaqueta y cerró la puerta detrás de él. Corrieron bajo las gotas que caían del cielo, tratando de pasar lo más rápido para dejar de mojarse. A varias cuadras antes del café se metieron a un vecindario privado y la puerta de una gran y calida casa estaba abierta.

Se adentraron al hogar y todos estaban vestidos de negro. La mayoría lloraba, otros yacían en silencio. Todos los sabían, pero nadie decía nada. ¿Y cómo iba él saberlo?, ¿cómo iba a darse cuenta? Ni siquiera entendía porqué estaba ahí y ya no había tiempo para decir lo que sentía. Maggie no dijo nada, pero apunto con la mirada a un cajón sin cobertura. Harry fue acercándose lentamente al hermoso cuerpo dentro de él.

Y ahí estaba ella, cómo siempre hermosa. Sólo que sus ojos ya no brillaban, ella ya no sonreía.



audición aceptada.


*se muere* quieres matarme(?) jshdjdkks amo a beau *llora* tu ficha me gustó mucho, quizá hay alguna tilde que se te olvida pero eso nos ocurre a todos. c; ¡suerte!
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Mensaje por bwiyomi. el Lun 05 Mayo 2014, 10:07 am

gracias por todos tus comentarios hacia mi ficha
tu eres la que me quiere matar
ay, muchas gracias por aceptar mi ficha
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Re: a hurried looks. | resultados.

Mensaje por blake. el Lun 05 Mayo 2014, 1:40 pm

Liv Watters & Dan Chase
 
reservados: Cher Lloyd y Ashton Irwin / Luke Hemmings y Tiffany Alvord
nombres de tus pj's: Olive (Liv) Maddison Watters, Danniel Abraham Chase, Kyle Eddison Brisbin, Louise Jane Deveraux.
escrito de tu autoría:
ephemeral.:

Los años pasan muy rápido. Todo cambia. Pero, ¿sabéis? Las personas no lo hacen. Fingen que sí, y crecen, mas siguen siendo los mismos. Calum siempre estuvo colado por aquella chica, Robin. Desde siempre y para siempre, gritaba constantemente. Nosotros nos reíamos de él, pero era cierto. Tan cierto...


{---}



Robin no era especialmente guapa. No tenía la piel tersa y suave y, por supuesto, no tenía un cuerpo perfecto. Pero, cuando se giró, y sus ojos tan oscuros se encontraron con los de ella, color chocolate, supo que ya era tarde, que se había enamorado. No se cansaba de observarla desde la distancia. Una y otra vez, parecía que no se sentía a gusto estando rodeada de tanta gente y presenció cómo más de una vez se quitaba el pelo de la cara como si le molestase demasiado, y sin embargo lo llevaba suelto. Y le quedaba muy, muy bien. No pudo evitar quedarse mirándola cuando su amiga la hizo reír, se había tapado la boca. Y Calum no pudo evitar preguntarse una y otra vez el por qué, teniendo una de las sonrisas más preciosa que había visto nunca.

Era una suerte que Elena, la novia de Michael, la hubiera traído aquella noche. Por mucho que hubieran sido unos cortos segundos, entre los que la chica se despedía de su novio, les presentaba a su amiga, y se iban, había podido apreciarla. No parecía muy interesada en ellos, es más, ni siquiera se había acercado a darles la mano, o un abrazo, cuando fueron presentados. Y vagamente los había mirado a los ojos. Era distante.

Calum siempre sonreía al recordar lo mucho que había tenido que rogarle a Elena que le diera el número de Robin. No había podido quitarse aquellos ojos marrones de la cabeza. Hasta se acordaba de su ropa. Estuvo toda la semana siguiéndolos, a ella y a Michael, una y otra vez esforzándose por demostrarle que era cierto, que no quería jugar con una de sus mejores amigas. Elena había repetido las palabras una y otra vez. “Me caéis bien los dos, pero si no le haces daño tú, te lo hará ella a ti. Y no quiero eso, para ninguno”.

No había hecho falta que siguiera rogando. A las dos semanas del primer y frío encuentro, la vio otra vez. Estaba sentada sola, como si no le agradase que otras personas estuvieran a su alrededor, y leía un libro. El chico se acercó y la estuvo mirando durante unos minutos hasta que ella levantó la vista, alzando una ceja.

—¿Quieres algo?— no era agradable, ni tan dulce como él se había imaginado.

Aquella contestación lo había dejado cortado. Parecía que su ingenio había desaparecido por arte de magia y no quedaba de él ni una sola pizca que pudiera improvisar para quitarle un poco de paja al asunto. El caso era que tenía a una chica claramente molesta porque la estaba distrayendo de su lectura y no sabía qué decir. Finalmente, se aclaró la garganta y se presentó, aun consciente de que Elena ya lo había hecho semanas atrás.

No fue tan mal aquel día, si obviamos el hecho de que Robin había dejado claro que no le interesaba lo más mínimo el chico, y se había ido a los pocos minutos, alegando que tenía prisa con una sonrisa de disculpa. Mas Calum no se daba por vencido. Había estado yendo día tras día durante diez días a aquel mismo banco, donde se la había encontrado, hasta que la vio de nuevo. Y aquella vez no la dejó escapar. Le pidió su número de teléfono. Robin estaba realmente impresionada de su persistencia, por lo que se lo dio.

No había tardado ni dos días en llamarla. No le había escrito ningún mensaje, porque quería asegurarse de que de verdad era ella y necesitaba darle la confianza de saber que sí que se interesaba, que quería escuchar su respuesta al preguntarle si quería salir con él. La muchacha aceptó, sonriendo con la llamada. Aquel chaval lo estaba haciendo bien.

La primera cita resultó ser un absoluto éxito. Calum, por mucho que había estado interrogando a Elena para que le dijese cosas de Robin, no sabía mucho de ella. Más bien nada. Solo que le gustaba leer y que parecía ser como una hermana para la novia de su mejor amigo, aunque ésta jurase que no se parecían en nada. Sus gustos eran iguales, pero sus personalidades no tenían nada que ver, al menos eso afirmaba Elena. Y había resultado cierto.

Elena era una persona muy agradable, en muchos sentidos. Era igualita que Michael y por eso los chicos la adoraban. No era simple, pero tampoco un puzzle sin resolver. No era tan complicado saber lo que estaba pensando y lo que sentía. Robin era completamente distinta. Era muy difícil averiguar lo que estaba pensando, y no parecía sentirse cómoda la mitad del tiempo. Sin embargo, después de una hora de paseo, empezó a soltarse. Sonreía mucho y hablaba más. Quedaron en verse otra vez.

Cuando, días después de su segunda cita, Calum habló con Elena, los dos estaban muy ilusionados. El chico sabía que las cosas iban de bien en mejor, estaba llegando a conocer a Robin y, sin duda, ya no estaba ni la mitad de distante que la primera vez. Elena le daba las gracias, sonriendo, una y otra vez, por mantener a su amiga contenta. “La estás haciendo realmente feliz”, comentó. Él no lo entendió en aquel momento, al menos, no comprendió el comentario en su totalidad. Por ello dijo que ella también le estaba haciendo feliz a él.

Los encuentros se estaban convirtiendo en rutina. Una muy dulce, y agradable. Robin y Calum hablaban constantemente y, cuando no estaban juntos, se escribían mensajes. Comentaban cualquier cosa que se les viniera a la cabeza, por muy estúpida que fuera. Era precioso. Ellos eran preciosos.

—Robin…— susurró una noche Calum. Estaban los dos en el parque, uno al lado del otro, pero sin rozarse. Era algo que ya era costumbre y, sin embargo, seguía sorprendiendo al chico. Intentó llevar su mano a la de ella, pero se vio rechazado, casi como un acto reflejo.— ¿Por qué no me dejas tocarte?

—Yo… no me gusta el contacto físico, eso es todo. Nunca me ha gustado que me toquen, es como un instinto, alejarme de todo contacto que pueda dejar a las personas llegar más a mí—. Él asintió. Había muchas cosas de Robin que no entendía y que, sin embargo, le sorprendían.

Como lo que acababa de hacer. Había cogido su mano y la había entrelazado con la suya propia. Calum sonrió y apretó suavemente los suaves dedos de ella, tan blancos. Ahí era donde su mano tenía que estar, agarrando la de Robin, dándole seguridad. Estaba con ella.

—Me gustas— susurró Robin, tan bajito que, si el parque no hubiera estado tan en silencio, él no la habría escuchado. Pero lo hizo.

—Tú también a mí. Y, ¿sabes? No es solo que me gustes. Es que estoy enamorado de ti. Y perdona si lo he jodido todo, pero necesitaba decírtelo— se lo había quitado de encima. Al fin. Pero no sabía cómo reaccionaría ella.

—No lo has jodido todo— fue la única respuesta. Bueno, no era lo que se esperaba, pero tampoco le había decepcionado. Robin apoyó su cabeza en el hombro de Calum y así se quedaron, en silencio.

Desde que la muchacha le había dicho que no le gustaba que la tocasen, todo había sido mucho más fácil. Estaba siendo más llevadero. Robin nunca le había dejado besarla, pero estaban en una relación. Definitivamente. Aunque ninguno de los dos hubiese aclarado nunca nada al respecto. Era normal que los chicos se llevasen a sus novias a sus casas, por lo que Elena siempre estaba por ahí. Y una y otra vez le daba abrazos y le comentaba lo feliz que hacía a la chica. Calum pensaba que lo entendía y se ponía contento. En realidad no tenía ni la menor idea.

Con la llegada del verano, el chico vio por primera vez a Robin en pantalones cortos y camiseta de tirantes. Estaba perfecta. Era realmente perfecta. Simplemente la forma en que su cabello caía por sus hombros ya la hacía parecer un ángel. Por primera vez en casi medio año que había conocido a la chica, Calum se preguntó por qué llevaba tantas pulseras. Parecían gastadas y molestas, pero ella nunca se las quitaba.

Se habían contado muchas cosas. Calum sentía que con ella podía hablar de cualquier cosa en la vida sin sentirse un idiota. Le confesaba sus mayores miedos, le hablaba de la banda, le contaba cómo era su familia y comentaba que no podía esperar a que conociese a su hermana Mali, a lo que ella sacudía la cabeza con una sonrisa. Robin era más reservada. Contaba cosas, era cierto, y una vez que empezaba a hablar, no había nadie que pudiera callarla. Pero no decía nada sobre su vida. Nunca le había hablado de sus padres, ni de su familia en general. No compartía sus problemas y tampoco hablaba de su vida pasada, porque estaba claro que era extrajera. Y Calum tampoco preguntaba. Lo que menos quería era presionarla o que ella se sintiese incómoda.

Después de ocho meses, Robin y Calum eran oficialmente novios. Después de haber compartido el beso más dulce del mundo en un sitio cualquiera y de que ella sonriera, alegando que le había gustado, el chico supo que era el momento de decírselo. Y cuando aceptó, Calum Hood fue el chico más feliz del mundo entero.

Por fin, una vez, ella fue a su casa, como tantas veces hacía, pero de una manera especial. No llevaba pulseras. Aquella tarde, Calum pudo realmente ver quién era Robin y por todo lo que había pasado. Después de besar sus cicatrices una y otra vez, la había abrazado. Estaba orgulloso de ella, ya que eran antiguas, lo había dejado por él. Por primera vez vio a Robin llorar, derrumbarse por su debilidad en sus brazos. En ese momento lo supo todo. Aquella chica estaba mal, muy mal, era un desastre. Y debía ser arreglada por alguien que verdaderamente la quisiera. Alguien como él mismo.

Se lo tomaba a pecho. Desde aquel momento, no dejó sola a Robin ni un solo momento. Paseaba con ella y le contaba todo, cualquier cosa que se le ocurriera. Y ella también se abrió. Y le contó lo que jamás le había contado a nadie. Hablaba de su vida, de sus debilidades, de sus peores miedos y de sus más terribles pesadillas. Y Calum se ocupaba de decirle todos los días lo mucho que la quería. Ella no respondía siempre, pero el chico se sentía contento. No necesitaba una confirmación para saber lo único que tenía claro en su vida.

Robin recordaba la primera vez que habían hablado del futuro. Era obvio que el chico quería seguir en la banda, pero era más profundo que eso. Ella tenía claro que lo único que quería en la vida era ser feliz, y libre. Cuando comentó eso, Calum sonrió. “Yo también quiero ser feliz, a tu lado”, susurró. Dijo que quería casarse con ella y tener hijos. Aquella noche pensaron hasta nombres para éstos. Eran jóvenes, pero se querían. Y los dos tenían claro que el amor movía el mundo.

Conforme iba pasando el tiempo, los dos se iban haciendo mayores. La banda de Calum, 5 Seconds Of Summer, cada vez tenía más éxito. Llegaron al punto de ser realmente conocidos, tanto que tenían que irse de gira. El chico casi dejó escapar su sueño por ella. Menos mal que Robin siempre se había preocupado por los demás, antes que por ella misma. No dejó que dejase escapar la oportunidad, alegando que estaría bien. Y Calum se fue.

Aquellos meses fueron un desastre para los dos. Robin estaba siendo fuerte, por él. Elena y ella hablaban todos los días, quedaban para no sentirse solas, dado que sus novios se habían ido porque pertenecían a la misma banda, pero no era lo mismo. Cuando hablaban sobre ellos, Elena comentaba que Michael no dejaba de enviarle mensajes por todo tipo de redes sociales, contando cosas y también expresando lo mucho que echaba a su chica de menos. Robin no había recibido ni un solo mensaje de Calum, ni una llamada, ni una señal de vida desde que se fue.

La cosa no mejoró. Calum se había olvidado absolutamente de ella. Un par de whatsapps rápidos de vez en cuando le hicieron saber a Robin que él seguía vivo. Lo peor de todo era que no sabía si se estaba olvidando de ella o simplemente ya se había cansado de soportar su peso. Hasta que volvió.

Al conocer a la familia de Calum, iba a visitarlos de vez en cuando. Su madre le facilitó el sitio y hora exacta en los que su novio aterrizaría. Podría verle después de trece meses. La bienvenida fue patética para Robin. No supo qué hacer y se quedó parada mirándole, hasta que él se acercó. Estaban cara a cara por fin. En aquel momento, con esos movimientos de vacilación, los dos supieron que la relación ya no era la misma, porque ellos mismos habían cambiado.

La relación siguió durante un año más. En aquel período de tiempo, los padres de Calum le regalaron una casa para que se independizase y él, aun sabiendo que no era la mejor idea, se mudó allí, llevando a Robin con él. Se querían, pero no funcionaban. Habían pasado mucho tiempo separados y no se entendían ya.

La primera noche que Calum llegó borracho a casa, Robin se asustó mucho. Nunca le había visto en ese estado y ojalá no lo hubiera hecho. La chica lo ayudó a desvestirse y a acostarse en la cama. Aquella fue la primera vez de muchas. Había noches en las que el chico llegaba a las cinco, oliendo a perfume de mujer que, por supuesto, no era el suyo. La besaba en la cabeza antes de acostarse a su lado y abrazarla para dormir, oliendo a alcohol y otras sustancias tóxicas. Hasta que ella ya no pudo más.

Un día, Calum regresó a casa. Estaba fría. Faltaban cosas. Aquella noche no había salido, era consciente de que lo estaba haciendo todo mal, por lo que se había vestido con un traje y había comprado un anillo. Iba a pedirle a Robin que se casase con él. Pero, en vez de encontrarse a su preciosa chica esperándole con ojeras y ojos tristes, la luz estaba apagada. No había nadie y no lo había habido en todo el día.

Cuando Calum se dio cuenta de que ella no volvería nunca, se quitó el traje y se permitió llorar por primera vez. La rabia se apoderó de todo su cuerpo cuando se acostó en la cama. Después de cuatro años, estaba tan vacía que dolía. No podía creerse lo mucho que lo había estropeado todo.

A la mañana siguiente, recibió un mensaje de voz suyo. “Yo… no ha sido culpa tuya, ni de nadie. Pero tienes que entender que no funcionaba. No me quieres, Calum. Ya no. Estábamos enamorados del recuerdo y la ilusión que teníamos el uno del otro. Y quiero que sepas que, a pesar de todo, te quiero. Siempre lo he hecho y siempre lo haré. Hasta siempre, Cal”. Solo ella lo llamaba así. Al terminar el mensaje, el chico se acurrucó en una esquina. Ya no le importaba nada. Tiró el anillo al suelo, entre lágrimas. Nada tenía sentido sin ella, sin su Robin.

Tres días exactos después, recibió la noticia. Robin había muerto. Iba hablando por el móvil y un conductor borracho la había arrollado mientras ella conducía aquel pequeño coche que Calum tanto odiaba. Registrando su teléfono, habían hallado que la última actividad había sido el mensaje que le había mandado. En canto lo supo todo, soltó un grito. No podía ser ella. No podía ser.

Y sí que era. Por supuesto que era. Calum cogió su mano. Estaba fría, pero seguía oliendo a ella, aquel olor de fresas mezcladas con vainilla que tanto adoraba. Tenía el pelo hecho un desastre y llevaba la ropa que se había puesto el día de antes de irse. No podía hacer nada más.

El funeral fue privado y muy personal. Nadie de su familia asistió, tan solo Calum, su familia, y algunos amigos de ambos. Calum dijo algunas palabras, aunque no pudo terminar. Todos nos quedamos con la duda de cuál sería el final de su discurso. Cuando se abrió el ataúd por última vez, vimos que él había elegido el vestido que más le gustaba. Y, en el dedo anular, llevaba un discreto anillo de oro, que nunca habíamos visto antes. Le preguntamos a Calum y, ¿sabes? Era su anillo de compromiso. No lo llevaba en el dedo corazón, sino en el anular, como un actual anillo de boda. Y aquel fue el signo más bonito que pudo haber tenido. Cuando todos nos despedimos, Calum cerró el ataúd. Estaba llorando. Y, sin embargo, lo vimos sonreír. “Está en un lugar mejor ahora. Me está mirando. Va a cuidar de todos nosotros, como siempre hizo. Porque era un ángel y finalmente ha regresado a su casa”.


—¿Y qué hizo Calum durante todos estos años, abuelo?— preguntó el menor de los tres, con solo cinco años. Él esbozó una sonrisa.
—Fue muy, muy feliz. Por ella. Y, ¿sabéis? En todos estos años, jamás lo vi llorar después del funeral, ni una sola vez. Tampoco se enamoró nunca más, porque la quería a ella.— terminó el abuelo.
—¡Es una de las historias más bonitas del mundo entero!— chilló Cassie, la más mayor. Con sus doce años, había comprendido mucho mejor la historia que sus otros dos hermanos.
—Niños, la cena ya está lista. Decidle al abuelo que deje de contar batallitas— una mujer mayor apareció en el salón. Con unos gastados setenta años, seguía siendo igual de guapa que siempre.
—Oh, vamos, los niños tenían que saberlo. Es lo más precioso que podría haberles contado cuando me pidieron un cuento, y lo sabes— la anciana le dio la razón, sonriente, y le acarició el pelo suavemente.
—Eh… yo… papá, nunca me habías contado esa historia— una mujer de cuarenta años apareció en el salón. Tenía los ojos verdes chispeantes, pero la misma nariz que su madre.
—Pues ya sabes, Robin, llevas el nombre de un ángel— cuando los dos se giraron, se dieron cuenta de que su hija estaba llorando. La historia era demasiado preciosa. Al saberlo, los tres se fundieron en un abrazo.
—Abuela, abuelo, ¿qué hacéis? ¡Queremos cena!— Robin se separó de sus padres y fue a atender a los niños.
—¡Vamos, levanta! Ay, Mikey, qué viejo estás— susurró con cariño la mujer.
—Mira tú por donde, Elena, tú también estás bastante mayor. Y tú no tienes la excusa de haber sido estrella del rock— los dos soltaron una carcajada.
—Es cierto, pero mira, al menos estoy bien orgullosa de mis canas, no como otros, que siguen llevando el pelo teñido— señaló con una sonrisa.
—Te quiero, Elena. Gracias por quedarte en mi vida— susurró Michael, cogiéndola de la mano.
—Siempre.



¡hola! mi nombre es Ro, soy española. ¡encantada! Bueno, he adorado la idea demasiado, es perfecta y... monstruos university también es unas de mis películas favoritas, so no podía perderme esto. Yo, en mis tonterías, llamaría a la mascota Custard bc idk lo amo.
Así que... espero que te guste.
¡Besos!
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Mensaje por hayes grier. el Lun 05 Mayo 2014, 2:08 pm

Linda, no se si los códigos que utilizaste son tuyos pero ¿Puedo utilizarlos para una idea mía, llamada "Conoce el otro lado de la religión musulmana"?
Si no, ya me buscaré otra. Ahora lo voy a publicar pero si no me dejas, busco otro code.
Besos.
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Mensaje por michael. el Lun 05 Mayo 2014, 3:52 pm

mañana respondo todos los comentarios sin falta, lindas. Hoy voy mal de tiempo :c
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Mensaje por Kurisu el Lun 05 Mayo 2014, 4:07 pm

Cassandra McGuee & Owen Reynolds
 
reservados: Freya Mavor - Luke Hemmings - Thomas Sangster
nombres de tus pj's: Cassandra McGuee - Owen Reynolds - Jeffrey Pedrad
escrito de tu autoría:
Memories OS:
Para ser sincero no sé cómo iniciar este intento de carta se que ni tengo el derecho de decirte nada, ni reclamos ni ninguna especie de queja, eso lo tengo entendido desde hace meses y quiero pedirte perdón, hace tiempo comprendí que tuve la culpa de todo, tuve conciencia de todo lo que había logrado con mis celos irracionales y sobre todo con mis reclamos sin sentido.
¿Cuánto tiempo ha pasado en realidad? ya no tengo ni idea, no quiero saber cuánto tiempo ha pasado en verdad, no quiero pensar cuanto tiempo he pasado sin tu compañía, es doloroso el hecho de no tenerte día y noche a mi lado como en años anteriores, abrazarte las veces que quería, todas esas ocasiones que nos quedábamos en la noche pensando el futuro que podíamos pasar juntos, esas veces que hacíamos promesas, todas aquellas que sabíamos que ninguna iba a ser cierta o se llegaría a cumplir, pero algunas eran tan hermosas, esas que fueron escritas y que aún guardo en mi cajón, las que leo cada noche y recuerdo cada detalle de mi vida contigo.
Es curioso ¿No crees? Compartir tantos recuerdos con una persona y que ya ni si quiera le puedas hablar como antes, esas dos personas que eran las más unidas y terminan siendo extraños con recuerdos en común.
Sé que aún no olvidas todo lo que pasamos juntos, recuerdas todas esas veces que hicimos enojar a tus familiares porque creían que no éramos compatibles, creo que en este momento deben de festejar porque según ellos debieron de estar en lo cierto.
Recuerdas esas tardes en el campo, las tardes en que nos sentábamos encima de un mantel a cuadros rojos y blancos, hablábamos como locos, sin parar, riendo y disfrutando nuestra compañía, éramos de lo más felices. Nos quedábamos sentados uno al lado del otro mientras se ponía el atardecer y cuando por fin llegaba nos besábamos hasta el anochecer, para más tarde irnos a nuestra casa.
Esa pequeña cabaña, cuantos recuerdos debe de tener dentro, cuantas cosas no pasaron en ese pequeño terreno, cuantos “te amo” pasaron entre sus paredes, cuantos sueños tuvimos juntos y se quedaron enterrados en ellas.
Ahora en estos momentos escribiendo todo esto me pongo nostálgico de imaginar más momentos como esos, tristeza de no poder retroceder el tiempo y vivir feliz al lado tuyo, todos esos hermosos recuerdos que tenemos en común. Los recuerdo a la perfección pero lástima que no se puedan repetir.
Es curioso como las cosas cambian, poco a poco todo cambio de mal a peor, supongo que nadie lo pudiera detener o averiguar pero el punto es que algunos recuerdos son tan dolorosos.
Uno de ellos fue cuando me dijeron que estabas casada, vaya nunca pensé que terminarías con Henry, las cosas cambian ¿No es así siempre? Las cosas nunca resultan como piensas.
Esa cena era espectacular, igual como el salón de bodas que planeábamos, era exactamente una copia, cuando lo vi simplemente el corazón se me encogió del recuerdo tan doloroso, pero diez minutos más tarde apareció Henry alardeando su compromiso contigo, lo primero que pensé era que estaba bromeado pero cuando vi el anillo de compromiso en su mano, lo único que pude hacer fue quebrar la pequeña copa de vino en mi mano y salir del salón de eventos, doloroso si, ¿Por qué? por el simple hecho de enterarme de una manera tan dolorosa. Después de eso me mude de Texas, sabía que quedándome no me iba a resultar muy sencillo olvidar todas las cosas que pasaban por mi mente e incluso en sueños me perseguían, por lo que no estaba seguro quedándome en ese lugar. No quería irme por el simple hecho de Emily esa pequeña rubia con ojos amielados. Ya ni si quiera te pude preguntar como estaba. Espero que nuestra hija este bien, porque después de todo aun después de todo la decepcione, la deje sola y eso no tiene perdón. A veces pienso que puede estar feliz estando yo lejos o puede ser que ya ni me recuerde, no creo que un día pasando por la calle me diga “haya esta mi papá”. Bueno eso es ilógico e improbable, pero me quedo tranquilo de saber que la deje en buenas manos, con una madre excelente y un padrastro increíble, me iré tranquilo.
El siguiente recuerdo antes de que todo cambiara, fue cuando me dijiste la noticia, recuerdo estar tan feliz tan alegre, pleno y energético que esa misma madrugada llame a mi mejor amigo, aún después de despertarlo por ser las dos de la mañana pero no me intereso, estaba llorando de la alegría mientras miles de posibles momentos aparecían en mi cabeza, era simplemente hermoso y ver como crecía de poco a poco, viéndote crecer con ella dentro, era la imagen más hermosa que un día mi cerebro me pueda traer a la memoria.
Pero aquí viene el “Porque” mi huida, porque me volví como esa persona que conociste al final. Porque me desaparecía por dos semanas cada mes y ni si quiera te avise, porque te trate como lo hice.
Empezare por decir lo simple, recuerdo esa mañana perfectamente, ese día había dejado a nuestra hija jugando sola en la sala, me sentía muy extraño, mareos, dolor repentino, así que fui al doctor lo más rápido que puede, llevaba días con dolor, pero nunca me había dado tan fuerte como aquel.
Al llegar al hospital me hospitalizaron, no me quisieron hacer saber, solo me calmaron el dolor y me hicieron miles de análisis, todo sin decir ni media palabra, poco después…me dijeron.
Esa fue mi primera desaparición, y sabía que toda la vida iba a hacer lo mismo, desaparecer en caso de que me sienta mal, llevar sufrimiento a ti y a mi hija. No quería que pasara eso, no quería hacer un mal que no fuera necesario, por lo que saliendo del hospital recuerdo ir a las cantinas, fue lo único que pensé, quería dejar todo lo que me habían dicho. Y regrese a la casa, ocho días después de dejar a mi hija en la sala jugando sola, a merced de todos los peligros.
Recuerdo tu llanto, tus lamentos y reproches, pensaste lo peor, y verme en ese estado no sirvió de mucho para calmar lo que había sucedido, pero lo único que quería era llegar a la cama, dormir y jamás despertar.
Y las tardes en el campo fueron sustituidas por idas a la cantina, las noches con promesas se convirtieron en noches de llanto y reproches, termine convirtiéndome en lo que tu familia pensaba de mí, me convertí en lo que no deseaba aparentar. Después de un mes decidí irme, te estaba provocando dolor al igual que a Emily, por lo que decidí tomar la maleta e irme.
Pero en un mes transcurrido todo empeoro, me di cuenta de que no valía nada, caminaba todas las calles gritando sus nombres, intentando sentirme de nuevo completo, comencé a conocer nuevos amigos, pero nada fue lo mismo, sabía las culpas que cargaba por lo que decidí aislarme, pero mi enfermedad empeoro, salía y entraba al hospital. Y no sabes cuantas veces intente quitarme la vida, ya nada tenía sentido pero sabía que al menos debía de luchar e intentar despedirme.
Y esos fueron mis años lejos de ti.
Ahora me encuentro en una camilla con miles de tubos en mi brazo, siendo vigilado como una persona terminal, vaya nunca pensé que de entre millones de personas tuviera una enfermedad extraña como esta, muriendo por ella.
¿Quién de tus familiares tuvo cáncer? Tu tía o tu bisabuela. No recuerdo, lo único que no recuerdo en estos momentos, dicen que cuando una persona está en mi estado recuerda todo con mayor precisión, los sonidos, las imágenes e incluso los olores. Y es por eso que escribo esto, teniendo mis momentos de lucidez me ayudo para poder escribir, darte una explicación, tratar de explicar mi comportamiento, intentando decirte mis últimas palabras, esperando que comprendas lo que me sucedió.
No quiero que te preocupes por mí, yo estoy lejos de casa, me vine a otra ciudad, quería estar lejos para que los recuerdos no volvieran, como tampoco quiero que te preocupes por lo que me pase, no quiero que pienses triste de mí, deseo que me recuerdes como en un principio, alguien que estuvo feliz de tenerte cerca, que estuve feliz a tu lado, aquel chico que conociste en el campo. Es lo único que pido, irme como vine.
Gracias por todo Lenna, te amo, cuida a nuestra hija por ambos.

Niall Horan.



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