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Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por spitfire. el Jue 10 Abr 2014, 9:58 am

Fernanda Aleman :* escribió:
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Happiness & Nibs

☺ Nombre: Happiness Elizabeth McKenzie Stood.
☺ Representantes: Calum Hodd | Bella Thorne
☺ Rol: Nibs (Lelo)
 
:omgpls:
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Doce rosas rojas. N.C:
Capítulo 07
Anabelle Jones/Louis Tomlinson
 
Miré por la ventana. Louis salía rápidamente hacia el auto de uno de sus amigos, al fin pude soltar el aire que había contenido todo el tiempo. Esto está mal, Ana, muy, muy mal. Pensé internamente.
 
Lentamente, me dirigí al armario, sacando de éste el hermoso vestido rojo que la madre de Louis me había ayudado a escoger. Mi madre murió, y la señora Johanna me ha apoyado más que nadie en el mundo.
 
Los holanes del vestido se habían atascado con mis pendientes, así que, al bajarlo, lo rasgué un poco. Mierda.
 
–¿Se puede?- la voz melodiosa de Johanna se escuchó por detrás de mi puerta.
 
–Claro.- mi voz sonó débil. Entró y puso una cara de horror
 
–A ver, linda, arreglemos esto.- dio unos pasos hacia mí y me ayudó con el vestido. – ¿qué te he dicho de los pendientes? Tienes que quitártelos a veces cuando te vistes.- una sonrisa apareció en el rostro de ambas. Segundos después, ya todo estaba arreglado; había tirado de aquél trozo de tela y ya no había nada más.
 
–Ay, gracias, Jo. Te quiero.- la abracé fuerte. Jamás me había imaginado a mí abrazando a una mujer mucho más fuerte de lo que ya había abrazado a mi madre, pero, Johanna era como mi madre, aunque aún no tuviera el valor para decírselo.
 
Ambas salimos al mismo tiempo.

–Si el chico no te hace caso, te juro que yo misma le patearé el trasero.- sonreí. ¿Aún si es tu propio hijo? Pensé. Mi pecho se contrajo y la sangre se me heló cuando la limosina aparcó frente a nuestro hogar.

(…)

Las luces del salón eran leves. Se podía observar muchas parejas en el centro de la pista bailando; ninguna rosa bailaba por ahora. Quizá aún no encontraban a sus chicos.
Entonces lo vi. Conversaba con una chica que va en nuestro curso de ciencias; rubia, de ojos verdes y tez aperlada, nada del otro mundo, pero al parecer, demasiada competencia. ¿Desde cuándo tu hermanastro se enamora de ti?
Caminé hacia ellos, a paso lento. La chica me miró con el entrecejo fruncido y los ojos entrecerrados, cruzó sus brazos, y Louis se dio cuenta de aquello, haciéndolo voltear.
Al verme, su cara se tensó, y pareció sonreír.
–Hola, ¿interrumpo algo?.- saludé.
–Hola, sí, interrumpes mucho. Louis y yo estábamos a punto de bailar.- dijo molesta la chica. Louis suspiró.
–No interrumpes nada; hablamos luego, Beth.- me miró con una sonrisa amplia. Aquí es cuando dices que eres su rosa.
–Pues, como podrás ver, soy tu rosa.- extendió su mano hacia mí y me llevó al centro de la pista. No reconocía la canción, pero sí a la gente que bailaba. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete rosas bailando.
Un suspiro salió de sus labios. Lo miré extrañada.
–¿Pasa algo, Louis?- susurré en su oído mientras rodeaba mi cintura con sus manos; yo rodee su cuellos.
–Es solo que… esto es nuevo para mí, verás, mi hermanastra y yo somos “nuevos” aquí, es nuestro primer curso en esta escuela y…- asentí. Yo lo sé; soy tu hermanastra, pero no puedo decírtelo.
–¿Sabes?, sólo disfruta el momento, y ya.- le dije al oído y me abrazó, como si no quisiera que me fuera de sus brazos.

(…)

Bailamos durante mucho tiempo al igual que platicamos, pero si quería que no supiera quién era su “rosa roja” tenía que irme rápido, ahora. Me alejé unos centímetros de su cuerpo.
–¿Qué pasa?- preguntó con diversión.
–Tengo que irme.- besé su mejilla y corrí sin darle la oportunidad de decirme algo más. Mi noche de encanto había terminada, cuando él llegara, volvería a actuar como siempre; contraria a él, volvería a ser una de las pocas personas a las que Louis le tiene afecto, volvería a ser su hermanastra, y no su “rosa roja”.
Al llegar a casa, Johanna había dejado una pequeña cena en la mesa del comedor, corrí a mi habitación, me vestí con el pijama; me desmaquillé y bajé las escaleras para tomar la comida de aquella adorable mujer, y justo unos minutos más tarde, mi “hermano” ya había llegado.
–¿Has llegado tan rápido?- pregunté –¿Qué tal estuvo?- caminó a las escaleras cabizbajo.
–Humm… perdió sentido cuando mi rosa se marchó.- comenzó a subir las escaleras, y sentí miles de mariposas en mi estómago.

Mi rosa.

Prólogo. Die or not die.:
Die or not Die?




La muerte no es un tema del que puedes depender de una desición: "¿Muero, o no muero?" "¿Sigo viva, o me dejo morir?"

Cuando tienes cáncer, tienes el ciento porciento de posibilidades de morir, eso significa que, cientos de chicos y chicas, incluyéndome, moriremos. Ciento porciento seguro. Cinco porciento posibilidades de vivir hasta los noventa años y más.

El amor se cruzará frente a nosotros y nosotras, pero, trataremos de evitarlo, ¿Por qué? POrque somos como una bomba. 
Quien esté rodeándonos, sufrirá heridas graves, que no sanarán rápido, y quizá, Nunca.

Romperemos las reglas por un día, dos, tres, hasta morir, para enamorarnos y vivir nuestra vida al máximo, ser felices y morir con la excperiencia de saber, qué es el amor.


"Die or not Die? That's the dilemma.

Debía la ficha, so, aquí está.
ficha aceptada
El cap es un poco corto, y al estar centrado es incómodo leerlo, pero está bien. Amé los gifs sos. ¡Suerte!
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por spitfire. el Jue 10 Abr 2014, 10:00 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Linda mia si lo había leído pero se me olvido    pero aqui esta el gif.
Look HIMYM:

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
omg, te quiero sos, es el mejor gif de himym ever bc swarkles aka otp. Bueh, ¡suerte!
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por Invitado el Jue 10 Abr 2014, 10:35 am


Slightly & Cassie.
representantes: dylan O'brien|holland Roden.
rol: slightly (avispado)
himym:
escrito:




Las gotas de lluvia caían por su rostro, confundiéndose así con sus lágrimas mientras que “Wake me up when september ends” de Green Day resonaba en sus oídos. Jamás le habían gustado los funerales, puede que su vida se resumiera en funeral tras funeral, pero eso no significaba que debía acostumbrarse alguna vez a ello. Jamás se le dio tiempo para eso, así como tampoco se le dio para asimilar que algún día tendría que asistir al de su padre. Mucho menos tan pronto.
Se le llego a pasar por la cabeza que ya le era imposible llorar más, pero si lo fue, lo fue en cuanto los recuerdos lo inundaron. Cuando la imagen de su padre tan débil y roto volvió a reflejarse en su mente como si ya no estuviese sufriendo lo suficiente. De chico lo había visto llorar y maldecir al aire, mientras que su madre prometía que jamás se olvidaría de ellos y abandonada la casa para no volver jamás. Ese fue el día en el que Brian prometió no darle ni el mínimo chance al amor, porque se había dado cuenta de que no existía. Y lo único que pudo hacer a través de los años era llegar a pensar que su padre era fuerte y lo había superado como lo hacían la mayoría de hombres y mujeres que perdían a sus parejas. No se dio cuenta de que su corazón roto jamás logro arreglarse hasta que lo encontró en el suelo de la habitación con un cuchillo en su mano y el brazo contrario rasgado.
Brian sorbió por la nariz, las lágrimas no cesaban y los recuerdos solo evitaban que lo hicieran. ¿Por qué su padre no fue fuerte? ¿Por qué se dejó vencer después de tantos años? ¿Por qué no fue aquella mujer que se decía llamar su madre la que murió? Se preguntaba, y lejos de ayudarse, se atormentaba a sí mismo. Por qué… ¿Por qué no fue fuerte por él? ¿Qué iba a ser de él ahora? Solo era un crio de dieciséis años, en toda su vida no tuvo a nadie más que a su padre… y ahora no tenía a nadie, absolutamente a nadie. Miro a su alrededor, dos familias vecinas, un par de compañeros de trabajo de su padre y el reverendo, eran los únicos que ocupaban el cementerio, aparte de él.
La lluvia no paraba y él ya quería desesperadamente dejar de llorar. No quería seguir sintiendo que le faltaba el aire, que cada vez que cerrara la boca iba a ahogarse. Quería apartar ese dolor en su pecho, esa soledad que desde que le dieron la noticia, lo había atrapado y no quería dejarlo. Quería, no, necesitaba que el dolor parara. Necesitaba a su padre, necesitaba a alguien, un abrazo, un “todo estará bien”, lo que fuera, pero necesitaba dejar de sentirse tan solo.
Le tomo un momento asimilar que ya no había nadie en el cementerio. Se habían ido y no habían sido capaces de avisarle que lo harían. Tal vez pensaban que estaba demasiado jodido como para irse, y tenían razón, porque no pensaba abandonar ese maldito lugar, por lo menos no pronto.

{***}
No fue el frió viento lo que lo despertó, ni las hojas que caían sobre su rostro. Fue la dulce y encendida voz de una chica que trataba de despertarlo a su lado.
— ¿Y tú quién eres? —pregunto enderezándose, posiblemente más exaltado de lo que debería. Pero era que normalmente no estaba acostumbrado a despertarse en un cementerio con una chica escandalosamente pelirroja a su lado.
— Oh, lo siento. Soy Mia. Estaba paseando por aquí y…
— ¿Qué? Espera, espera. —Le interrumpió— ¿estabas paseando? ¿En un cementerio? ¿A estas horas? ¡Tú sí que sabes divertirte! —soltó sarcástico.
— En realidad no es tan tarde. Son solo las ocho de la noche. —respondió esta sin quitar esa gran sonrisa que la había acompañado desde que había llegado al cementerio.
Brian bufo algo exasperado. Solo las ocho de la noche, por supuesto.
— Además —continuo la chica— no estaba paseando, visitaba a mi hermana. —dijo para luego señalar una lápida que yacía justo al lado de la de su padre.
El chico no sabía que decir ante eso, y menos cuando se le pasó por la cabeza una idea más que descabellada. Miro a la pelirroja alarmado a lo que esta soltó una muy pequeña carcajada haciéndole fruncir el ceño a Brian.
— ¿De qué te reis? —cuestiono ya perdiendo la paciencia sin saber porque.
Era obvio que ese no había sido su día y no estaba para aguantar a una niña perdida.
— Es que no puedo creer que pienses que soy un fantasma, te acabo de explicar que vine a visitar a mi hermana.
Y eso si había logrado asustarlo.
— Si no eres un fantasma, como… ¿Cómo sabias que yo pensaba que eras un fantasma? —Mia volvió a reír.
— Suelo venir casi todos los días a estas horas y a veces me encuentro con personas que creen exactamente lo mismo que tú. —explico. Brian solo pudo asentir como si no supiera hacer nada más. — ¿Qué hay de ti? ¿Qué haces aquí? —pregunto la chica tomando lugar a su lado.
Brian se sentó recto no porque quisiera darle espacio, él quería estar solo pero a la vez no, solo fuer cortes porque así era él… a veces.
Se quedó pensando en su respuesta hasta que recordó porque estaba allí —era algo lento, eso no era una novedad— sintió entonces como su mundo se volvió a venir abajo. Recordó que estaba solo, que su padre lo había dejado por voluntad propia. Que nadie en ese maldito mundo lo quería, podían ser más de ocho billones de personas pero ni una de ellas lo quería. Como era posible que ni un mejor amigo tenía. Solía conformarse con su padre pero era obvio que ya no podría.
—  Escavaba las tumbas y le robaba sus pertenecías a los muertos, ¿tú que crees colorada? —dije cruzando sus brazos bajo sus hombros y colocándose en posición para volver a dormirse.
— Creo que deberías calmarte y volver a casa.
Bueno, es que esa chica no podía cerrar la boca, ¿no? Casa, ¿Cuál casa? Vivían arriendados en un departamento de mala muerte y estaba seguro de que cuando volviera todas sus cosas —las pocas que tenían—, estarían esparcidas por toda la calle. Brian culpaba de todo a su madre, si le podía decir así. Cuando ella se fue se llevó todo lo que tenían dejándolos como lo que eran, una mierda, una completa mierda.
— ¡Claro! Como no se me había ocurrido antes. —escupió con especial sarcasmo. Brian era así, algo no muy agradable para las personas que solían rodearlo, en especial cuando no estaba de humor. Pero ya que importaba, ya no estaba su padre para que se quejara de él.
— Oh… no tienes a donde ir, ¿cierto? —el tono penoso que uso le molesto a Brian, tanto que se levantó y sin decirle nada camino hacia la salida.
—  ¡Oye, espera! —sintió unas pasos tras el— espera, discúlpame. No quise ser entrometida, solo...
— Pero lo eres. —Se volteo— Ahora, déjame en paz ¿sí? Mi vida no es de tu incumbencia así como la tuya no lo es para mí. Asimila eso.
Mia dejo de caminar. En su rostro se veía que la había herido, ¿Por qué? Si ni la conocía, eso le pasaba por ser demasiado buena con extraños.
— V-vale. Discúlpame, enserio. —Brian no dijo nada y retomo su camino.
No tenía ni mierda de idea a donde iría pero debía encontrar algún lugar urgente. Decidió volver a su departamento a comprobar si ya los habían echado, y era evidente. Pero aparte de eso, se tomó con la sorpresa de que los vecinos estaban dispuestos a acogerlo hasta el tiempo necesario, hasta que terminara la secundaria incluso. Le agradeció al cielo por aquello, tal vez no estaba tan abandonado como pensaba.

{***}
Cuatro meses habían pasado desde que su padre decidió atentar contra su propia había y dejarlo, solo cuatro meses pero ya entonces Brian no había cambiado nada. Lo que hubiese sido normal después de todo pero no. Seguía siendo el mismo chico callado que solo hablaba para soltar una que otra verdad disfrazada con sarcasmo. Aun así, había algo en su vida que si había cambiado, y es que tenía una nueva amiga, si es que podía decirle así a la colorada y extravagante Mia Monchare.
Después del entierro había decidido no volver a visitar a su padre, si, estaba siendo estúpido porque le estaba guardando rencor. Pero no fue por mucho tiempo, a los cinco días de no volver a visitarlo lo estaba carcomiendo la culpa y nostalgia, tanto que salió corriendo en medio de la lluvia sin importarle que se refriaba, y duro más o menos una hora y media pidiéndole perdón por no haber ido a verlo en esos cinco días. Brian podía ser todo lo que quisiera, pero malo no, aunque lo intentara, su padre no había fallado en inculcarle buenos valores y amor, que hasta ese punto se llegó a cuestionar si había sido real o no.
Lo raro fue volver a encontrarse con aquella extraña chica de cabellos rojizos y darse cuenta de que aunque no tenían nada en común, ella no era tan mala compañía como parecía. Y no lo fue por un par de meses más. Casualmente se la volvió a encontrar todos los días que iba a visitar a su padre, tanto que llego a pensar en retomar la idea de que ella era un fantasma. Pero la volvió a descartar cuando le invito a su casa.
Fue sin duda uno de los días más extraños de su vida. La familia de Mia eran peculiarmente extraños, y lo trataban como si lo conocieran de toda la vida. Le decían cosas como “cuida a mi bebita” “mi hermana si sabe elegir” “si le haces daño te mato” y otras trivialidades que no lograba entender. Eso de que era lento, era enserio y le toco un par de comentarios más prometedores darse cuenta de que ellos pensaban que salía con su hija. No pudo evitar mostrar su desconcierto ante eso, pero también le fue fácil dejarlo ir.
Tres meses y había descubierto más de la vida de Mia que de la suya misma. Desde su pasado más pasado, la causa de la muerte de Bárbara, su hermana, hasta lo que tenía planeado para el futuro. Y estaba seguro de que él también le había dejado ver más del de lo que alguna vez le soltó a alguien. Posiblemente ya era su mejor amiga y podría llamarla así, pero no se sentía como haciéndolo porque de un modo u otro, no la veía como eso. No sabía aun que significaba ella para él pero su mejor amiga no era, era más que eso. Era la chica que lo hacia reír cuando antes lo hacía tan poco, le ayudaba en los exámenes pasándole las respuestas, lo cubría cuando se metía en problemas y siempre estaba para el cuándo la necesitaba, siempre. Lo menos que él podía hacer era pagarle con lo mismo, y no le molestaba en lo absoluto hacerlo.

{***}
Ese día Mia estaba en su casa —la de los vecinos para ser exactos—, tirada en su cama. Llevaba más o menos tres horas llorando. ¿Por qué? Por el amor, aquel maldito sentimiento que nos hace cometer estupideces y nos sube hasta las nubes para luego bajarnos de un tirón. Mientras que ella lloraba, Brian estaba acariciando su cabello tratando de no jalárselo por la impotencia. Se sentía inútil por no poder hacer nada, porque le advertido a su amiga, que el amor hacia esas cosas. Lastimaba y lastimaba a cualquier persona que decidiera aceptarlo en su vida. Pero ella no lo escucho, dijo que todos merecían amor y había una persona en el mundo para cada una, y no importaba si le durara la vida entera, ella iba a encontrar la suya. Y aunque le habían roto el corazón minutos antes, ella seguía pensando eso ¿Por qué? Él no lo sabía, debía estar loca supuso el. Idea que no era tan descabellada conociéndola.

Esa misma noche era el baile de graduación, Mia ya no tenía pareja. Y Brian nunca había encontrado. Decidieron ir juntos, como amigos, claro, solo como amigos. O eso pensaron hasta que estaban bajo los reflectores y la atmosfera romántica y mágica del baile. Brian jamás experimentado nada como eso, su estómago daba vuelcos cada que miraba a los ojos de su amiga. Su sonrisa le tranquilizaba de una manera que no había sentido desde que su madre se fue, y su tacto era tan cálido como una cobija en épocas  de invierno. Ella era lo único que necesitaba y él no sabía que esa misma afirmación estaba pasando por la cabeza de la chica. Que le miraba como si fuese su mundo y le brillaban los ojos cuando este sonreía. Claro que Mia seguía creyendo en el amor, lo hacía porque estaba enamorada, enamorada del chico retraído y pragmático que estaba frente suyo. Y esperaba con toda su alma que el pudiera sentir lo mismo. Y pensó en que tal vez podía hacerlo cuando el junto sus labios con los suyos, uniéndolos así como dos puzles que encajan a la perfección.
Esa noche Brian se dio cuenta de una cosa, siempre había una excepción. Para lo que fuera, incluso el amor y Mia, era su única excepción.


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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por spitfire. el Jue 10 Abr 2014, 12:12 pm

stonem. escribió:
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rol: slightly (avispado)
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Las gotas de lluvia caían por su rostro, confundiéndose así con sus lágrimas mientras que “Wake me up when september ends” de Green Day resonaba en sus oídos. Jamás le habían gustado los funerales, puede que su vida se resumiera en funeral tras funeral, pero eso no significaba que debía acostumbrarse alguna vez a ello. Jamás se le dio tiempo para eso, así como tampoco se le dio para asimilar que algún día tendría que asistir al de su padre. Mucho menos tan pronto.
Se le llego a pasar por la cabeza que ya le era imposible llorar más, pero si lo fue, lo fue en cuanto los recuerdos lo inundaron. Cuando la imagen de su padre tan débil y roto volvió a reflejarse en su mente como si ya no estuviese sufriendo lo suficiente. De chico lo había visto llorar y maldecir al aire, mientras que su madre prometía que jamás se olvidaría de ellos y abandonada la casa para no volver jamás. Ese fue el día en el que Brian prometió no darle ni el mínimo chance al amor, porque se había dado cuenta de que no existía. Y lo único que pudo hacer a través de los años era llegar a pensar que su padre era fuerte y lo había superado como lo hacían la mayoría de hombres y mujeres que perdían a sus parejas. No se dio cuenta de que su corazón roto jamás logro arreglarse hasta que lo encontró en el suelo de la habitación con un cuchillo en su mano y el brazo contrario rasgado.
Brian sorbió por la nariz, las lágrimas no cesaban y los recuerdos solo evitaban que lo hicieran. ¿Por qué su padre no fue fuerte? ¿Por qué se dejó vencer después de tantos años? ¿Por qué no fue aquella mujer que se decía llamar su madre la que murió? Se preguntaba, y lejos de ayudarse, se atormentaba a sí mismo. Por qué… ¿Por qué no fue fuerte por él? ¿Qué iba a ser de él ahora? Solo era un crio de dieciséis años, en toda su vida no tuvo a nadie más que a su padre… y ahora no tenía a nadie, absolutamente a nadie. Miro a su alrededor, dos familias vecinas, un par de compañeros de trabajo de su padre y el reverendo, eran los únicos que ocupaban el cementerio, aparte de él.
La lluvia no paraba y él ya quería desesperadamente dejar de llorar. No quería seguir sintiendo que le faltaba el aire, que cada vez que cerrara la boca iba a ahogarse. Quería apartar ese dolor en su pecho, esa soledad que desde que le dieron la noticia, lo había atrapado y no quería dejarlo. Quería, no, necesitaba que el dolor parara. Necesitaba a su padre, necesitaba a alguien, un abrazo, un “todo estará bien”, lo que fuera, pero necesitaba dejar de sentirse tan solo.
Le tomo un momento asimilar que ya no había nadie en el cementerio. Se habían ido y no habían sido capaces de avisarle que lo harían. Tal vez pensaban que estaba demasiado jodido como para irse, y tenían razón, porque no pensaba abandonar ese maldito lugar, por lo menos no pronto.

{***}
No fue el frió viento lo que lo despertó, ni las hojas que caían sobre su rostro. Fue la dulce y encendida voz de una chica que trataba de despertarlo a su lado.
— ¿Y tú quién eres? —pregunto enderezándose, posiblemente más exaltado de lo que debería. Pero era que normalmente no estaba acostumbrado a despertarse en un cementerio con una chica escandalosamente pelirroja a su lado.
— Oh, lo siento. Soy Mia. Estaba paseando por aquí y…
— ¿Qué? Espera, espera. —Le interrumpió— ¿estabas paseando? ¿En un cementerio? ¿A estas horas? ¡Tú sí que sabes divertirte! —soltó sarcástico.
— En realidad no es tan tarde. Son solo las ocho de la noche. —respondió esta sin quitar esa gran sonrisa que la había acompañado desde que había llegado al cementerio.
Brian bufo algo exasperado. Solo las ocho de la noche, por supuesto.
— Además —continuo la chica— no estaba paseando, visitaba a mi hermana. —dijo para luego señalar una lápida que yacía justo al lado de la de su padre.
El chico no sabía que decir ante eso, y menos cuando se le pasó por la cabeza una idea más que descabellada. Miro a la pelirroja alarmado a lo que esta soltó una muy pequeña carcajada haciéndole fruncir el ceño a Brian.
— ¿De qué te reis? —cuestiono ya perdiendo la paciencia sin saber porque.
Era obvio que ese no había sido su día y no estaba para aguantar a una niña perdida.
— Es que no puedo creer que pienses que soy un fantasma, te acabo de explicar que vine a visitar a mi hermana.
Y eso si había logrado asustarlo.
— Si no eres un fantasma, como… ¿Cómo sabias que yo pensaba que eras un fantasma? —Mia volvió a reír.
— Suelo venir casi todos los días a estas horas y a veces me encuentro con personas que creen exactamente lo mismo que tú. —explico. Brian solo pudo asentir como si no supiera hacer nada más. — ¿Qué hay de ti? ¿Qué haces aquí? —pregunto la chica tomando lugar a su lado.
Brian se sentó recto no porque quisiera darle espacio, él quería estar solo pero a la vez no, solo fuer cortes porque así era él… a veces.
Se quedó pensando en su respuesta hasta que recordó porque estaba allí —era algo lento, eso no era una novedad— sintió entonces como su mundo se volvió a venir abajo. Recordó que estaba solo, que su padre lo había dejado por voluntad propia. Que nadie en ese maldito mundo lo quería, podían ser más de ocho billones de personas pero ni una de ellas lo quería. Como era posible que ni un mejor amigo tenía. Solía conformarse con su padre pero era obvio que ya no podría.
—  Escavaba las tumbas y le robaba sus pertenecías a los muertos, ¿tú que crees colorada? —dije cruzando sus brazos bajo sus hombros y colocándose en posición para volver a dormirse.
— Creo que deberías calmarte y volver a casa.
Bueno, es que esa chica no podía cerrar la boca, ¿no? Casa, ¿Cuál casa? Vivían arriendados en un departamento de mala muerte y estaba seguro de que cuando volviera todas sus cosas —las pocas que tenían—, estarían esparcidas por toda la calle. Brian culpaba de todo a su madre, si le podía decir así. Cuando ella se fue se llevó todo lo que tenían dejándolos como lo que eran, una mierda, una completa mierda.
— ¡Claro! Como no se me había ocurrido antes. —escupió con especial sarcasmo. Brian era así, algo no muy agradable para las personas que solían rodearlo, en especial cuando no estaba de humor. Pero ya que importaba, ya no estaba su padre para que se quejara de él.
— Oh… no tienes a donde ir, ¿cierto? —el tono penoso que uso le molesto a Brian, tanto que se levantó y sin decirle nada camino hacia la salida.
—  ¡Oye, espera! —sintió unas pasos tras el— espera, discúlpame. No quise ser entrometida, solo...
— Pero lo eres. —Se volteo— Ahora, déjame en paz ¿sí? Mi vida no es de tu incumbencia así como la tuya no lo es para mí. Asimila eso.
Mia dejo de caminar. En su rostro se veía que la había herido, ¿Por qué? Si ni la conocía, eso le pasaba por ser demasiado buena con extraños.
— V-vale. Discúlpame, enserio. —Brian no dijo nada y retomo su camino.
No tenía ni mierda de idea a donde iría pero debía encontrar algún lugar urgente. Decidió volver a su departamento a comprobar si ya los habían echado, y era evidente. Pero aparte de eso, se tomó con la sorpresa de que los vecinos estaban dispuestos a acogerlo hasta el tiempo necesario, hasta que terminara la secundaria incluso. Le agradeció al cielo por aquello, tal vez no estaba tan abandonado como pensaba.

{***}
Cuatro meses habían pasado desde que su padre decidió atentar contra su propia había y dejarlo, solo cuatro meses pero ya entonces Brian no había cambiado nada. Lo que hubiese sido normal después de todo pero no. Seguía siendo el mismo chico callado que solo hablaba para soltar una que otra verdad disfrazada con sarcasmo. Aun así, había algo en su vida que si había cambiado, y es que tenía una nueva amiga, si es que podía decirle así a la colorada y extravagante Mia Monchare.
Después del entierro había decidido no volver a visitar a su padre, si, estaba siendo estúpido porque le estaba guardando rencor. Pero no fue por mucho tiempo, a los cinco días de no volver a visitarlo lo estaba carcomiendo la culpa y nostalgia, tanto que salió corriendo en medio de la lluvia sin importarle que se refriaba, y duro más o menos una hora y media pidiéndole perdón por no haber ido a verlo en esos cinco días. Brian podía ser todo lo que quisiera, pero malo no, aunque lo intentara, su padre no había fallado en inculcarle buenos valores y amor, que hasta ese punto se llegó a cuestionar si había sido real o no.
Lo raro fue volver a encontrarse con aquella extraña chica de cabellos rojizos y darse cuenta de que aunque no tenían nada en común, ella no era tan mala compañía como parecía. Y no lo fue por un par de meses más. Casualmente se la volvió a encontrar todos los días que iba a visitar a su padre, tanto que llego a pensar en retomar la idea de que ella era un fantasma. Pero la volvió a descartar cuando le invito a su casa.
Fue sin duda uno de los días más extraños de su vida. La familia de Mia eran peculiarmente extraños, y lo trataban como si lo conocieran de toda la vida. Le decían cosas como “cuida a mi bebita” “mi hermana si sabe elegir” “si le haces daño te mato” y otras trivialidades que no lograba entender. Eso de que era lento, era enserio y le toco un par de comentarios más prometedores darse cuenta de que ellos pensaban que salía con su hija. No pudo evitar mostrar su desconcierto ante eso, pero también le fue fácil dejarlo ir.
Tres meses y había descubierto más de la vida de Mia que de la suya misma. Desde su pasado más pasado, la causa de la muerte de Bárbara, su hermana, hasta lo que tenía planeado para el futuro. Y estaba seguro de que él también le había dejado ver más del de lo que alguna vez le soltó a alguien. Posiblemente ya era su mejor amiga y podría llamarla así, pero no se sentía como haciéndolo porque de un modo u otro, no la veía como eso. No sabía aun que significaba ella para él pero su mejor amiga no era, era más que eso. Era la chica que lo hacia reír cuando antes lo hacía tan poco, le ayudaba en los exámenes pasándole las respuestas, lo cubría cuando se metía en problemas y siempre estaba para el cuándo la necesitaba, siempre. Lo menos que él podía hacer era pagarle con lo mismo, y no le molestaba en lo absoluto hacerlo.

{***}
Ese día Mia estaba en su casa —la de los vecinos para ser exactos—, tirada en su cama. Llevaba más o menos tres horas llorando. ¿Por qué? Por el amor, aquel maldito sentimiento que nos hace cometer estupideces y nos sube hasta las nubes para luego bajarnos de un tirón. Mientras que ella lloraba, Brian estaba acariciando su cabello tratando de no jalárselo por la impotencia. Se sentía inútil por no poder hacer nada, porque le advertido a su amiga, que el amor hacia esas cosas. Lastimaba y lastimaba a cualquier persona que decidiera aceptarlo en su vida. Pero ella no lo escucho, dijo que todos merecían amor y había una persona en el mundo para cada una, y no importaba si le durara la vida entera, ella iba a encontrar la suya. Y aunque le habían roto el corazón minutos antes, ella seguía pensando eso ¿Por qué? Él no lo sabía, debía estar loca supuso el. Idea que no era tan descabellada conociéndola.

Esa misma noche era el baile de graduación, Mia ya no tenía pareja. Y Brian nunca había encontrado. Decidieron ir juntos, como amigos, claro, solo como amigos. O eso pensaron hasta que estaban bajo los reflectores y la atmosfera romántica y mágica del baile. Brian jamás experimentado nada como eso, su estómago daba vuelcos cada que miraba a los ojos de su amiga. Su sonrisa le tranquilizaba de una manera que no había sentido desde que su madre se fue, y su tacto era tan cálido como una cobija en épocas  de invierno. Ella era lo único que necesitaba y él no sabía que esa misma afirmación estaba pasando por la cabeza de la chica. Que le miraba como si fuese su mundo y le brillaban los ojos cuando este sonreía. Claro que Mia seguía creyendo en el amor, lo hacía porque estaba enamorada, enamorada del chico retraído y pragmático que estaba frente suyo. Y esperaba con toda su alma que el pudiera sentir lo mismo. Y pensó en que tal vez podía hacerlo cuando el junto sus labios con los suyos, uniéndolos así como dos puzles que encajan a la perfección.
Esa noche Brian se dio cuenta de una cosa, siempre había una excepción. Para lo que fuera, incluso el amor y Mia, era su única excepción.


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Me ha encantado, de verdad. El cap es largo, pero no aburre nada. Está muy bien narrado y casi no tienes faltas. Además The Only Exception, Paramore, amo Paramore. Y DYLAN Y HOLLEN PLSSS.
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por Invitado el Vie 11 Abr 2014, 8:32 pm

Amé la idea, casi tanto como el cuento mismo, sin duda audicionaré. Me llamo Alicia y mañana te dejo la ficha. C:
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por Stuck. el Vie 11 Abr 2014, 9:19 pm

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Linah O'Miller & Curly


One-shot:

“Dieciséis de febrero”

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15 de febrero, 2008. Paris, Francia.




Tic, toc.




El reloj color café que reposaba sobre la cama pareciese avisarle con insistencia que su tiempo se estaba agotando. Hacía solo una hora atrás se había despertado, encontrándose con un lado de la cama vacío, pero sin embargo tibio. Y también media hora atrás el ruido de metal siendo afilado se había dejado de escuchar en la cocina,  lo que le puso los cabellos de punta.




Supuso que no faltaba mucho, treinta minutos eran más que suficientes para meditar lo que estaba a punto de ocurrir. El dolor que se había hecho un espacio en lo más profundo de su cuerpo estaba aumentando, incluso podría decir, de forma irónica, que le impedía respirar.




Unos pasos se escucharon por el pasillo, y aquel aterrador silencio que embargaba el ambiente solo lograba que estos se escucharan tan claramente que uno adivinaba con precisión de donde venían y hacia dónde iban.




Se sentó, de golpe. Dejo que las sabanas cayesen por los costados, provocando que sintiera el frío con mayor intensidad. Incluso parecía que la temperatura hubiera descendido unos grados más, o tal vez solo era que aquel gélido sentimiento de zozobra que tenía se había extendido por todo su cuerpo. 




Sus pies tocaron la cálida madera del piso, el aclimatador seguía encendido. Se encontró preguntándose a sí misma si tal vez debería apagarlo, el homicidio tendría más dramatización. Camino lentamente, hasta quedarse a pocos centímetros del espejo de cuerpo completo que se hallaba en la esquina de la habitación, deteniéndose justo frente a él. Una idea cruzo por su cabeza ¿Habrían descubierto su escondite? Rápidamente descarto aquello, era imposible.




Una sonrisa irónica se plasmó en sus labios. Y exactamente fue con esa misma sonrisa que recibió a aquel hombre alto, con cabello castaño oscuro que abría la puerta. Tenía ambas manos en la espalda, y su obviedad la hizo volver a reír, solo que esta vez de manera más audible. 




Sin embargo, su cara, lejos de no reflejar emoción alguna -como lo haría cualquier asesino-, dejaba entrever todo lo que pasaba por su mente. Su ceño estaba fruncido, sus ojos verdes no tenían aquel brillo encantador de hacia unas horas, sin contar las bolsas negras debajo de estos, y sus labios se encontraban apretujados entre sí, formando una línea irregular. De hecho, si era sincera consigo misma, el sufriría más de lo que lo haría ella, claro, psicológicamente hablando. Físicamente ella sería quien más saldría perdiendo.




Dio un paso hacia ella, meditando. La chica esperaba que no la atacara por la espalda, eso sería muy cobarde de su parte. Siguió avanzando sigilosamente y ella cerró los ojos. Sintió su fría y sudorosa mano en su hombro, apenas rozándola. Abrió un ojo, lentamente. Vio su reflejo a través del cristal, y se quedó sin habla. Quería memorizar ese rostro, y presentía que esta sería su última oportunidad.




El brillo del metal detrás de ambos cuerpos fue lo que hizo que recordara eso que había olvidado. 

Se giró, viéndolo directamente a los ojos, el sintió que la mirada que le daba significaba un “te entiendo”. Deseo, como tantas veces atrás, que las cosas hubieran sido diferentes, no haber cometido tantos errores que ahora pesaban, y pesarían por el resto de su vida.




Su mano, fina y delicada, se posó en su mejilla, donde aún tenía lágrimas secas en  ella. Se dejó llevar por aquella leve caricia, y deseo que aquello durase para siempre. Ella alejo su mano lentamente y dio un paso hacia atrás. Y de pronto todo su valor se fue a la basura, porque ya no importaba nada, ni siquiera aquellas vidas que se perderían por ese acto de egoísmo, de cobardía. 




-Vete.




Su voz sonó ronca y baja, frágil y quebradiza.




Ella le sonrió infundiéndole valor, y se giró sobre sus talones. Camino hacia el espejo y, poniéndose de puntillas, estiro su brazo hasta tocar la parte más alta del espejo, donde se juntaba con el marco. Levanto lo que parecía la tapa de una caja pequeña, y saco algo color negro, en forma de L. En cuanto el reconoció lo que era, se tensó. Ella, percatándose de su reacción, le volvió a sonreír a través del reflejo y se giró hacia el con el arma en la mano. 




Uno, dos, tres pasos fueron los que dio hasta quedar cara con cara. Tomo la mano que tenía escondida detrás de sí mismo y le quito el cuchillo, el no comprendía nada.




-Todo a su tiempo.




Murmuro, viendo sus dudas. La sintonía de su voz, que era armoniosa y suave hizo que súbitamente se sintiese relajado. Ella continúo con su trabajo, poniéndole el arma en sus manos, haciendo que la empuñase en contra de su voluntad, a pesar de no poner resistencia. Ya estaba cargada, eso lo había notado. Quiso protestar, pero ella lo acalló poniéndole un dedo en los labios. 




Subió la pistola, hasta que la punta de esta quedo recargada sobre su pecho, en donde la piel blanca y tersa estaba al descubierto. El aun no salía de su shock. Tomo su dedo y con sumo cuidado lo puso en el gatillo, empujándolo con el de ella hasta acomodarlo perfectamente. 




Lo miro durante unos segundos, que a ambos les  parecieron eternos. Sin embargo, sabían que ese silencio no perduraría por mucho, dentro de poco alguien profanaría aquel lugar con su asquerosa presencia, para ver que el trabajo estuviese hecho. De eso se iba a encargar ella. Tomo el rostro de el con la mano que le quedaba libre y, acercando su rostro lentamente, le beso. Fue un beso lleno de diversos y confusos sentimientos: amor, odio, venganza, tristeza, desolación. Cuando ella sintió que se quedaba sin aire, supo que su momento había llegado. Empujo con suavidad el dedo de su amado con los ojos cerrados, entregándose a ese beso, su último beso. 




El 16 de febrero del 2008, en una habitación del Chateau de la Messardiere, una joven de veinticinco años de cabello castaño y tez blanca, exhaló su último suspiro. El eco de la bala siendo disparada aún resonaba en la habitación.

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Mensaje por spitfire. el Sáb 12 Abr 2014, 4:13 am

Loriss! escribió:
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“Dieciséis de febrero”

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15 de febrero, 2008. Paris, Francia.




Tic, toc.




El reloj color café que reposaba sobre la cama pareciese avisarle con insistencia que su tiempo se estaba agotando. Hacía solo una hora atrás se había despertado, encontrándose con un lado de la cama vacío, pero sin embargo tibio. Y también media hora atrás el ruido de metal siendo afilado se había dejado de escuchar en la cocina,  lo que le puso los cabellos de punta.




Supuso que no faltaba mucho, treinta minutos eran más que suficientes para meditar lo que estaba a punto de ocurrir. El dolor que se había hecho un espacio en lo más profundo de su cuerpo estaba aumentando, incluso podría decir, de forma irónica, que le impedía respirar.




Unos pasos se escucharon por el pasillo, y aquel aterrador silencio que embargaba el ambiente solo lograba que estos se escucharan tan claramente que uno adivinaba con precisión de donde venían y hacia dónde iban.




Se sentó, de golpe. Dejo que las sabanas cayesen por los costados, provocando que sintiera el frío con mayor intensidad. Incluso parecía que la temperatura hubiera descendido unos grados más, o tal vez solo era que aquel gélido sentimiento de zozobra que tenía se había extendido por todo su cuerpo. 




Sus pies tocaron la cálida madera del piso, el aclimatador seguía encendido. Se encontró preguntándose a sí misma si tal vez debería apagarlo, el homicidio tendría más dramatización. Camino lentamente, hasta quedarse a pocos centímetros del espejo de cuerpo completo que se hallaba en la esquina de la habitación, deteniéndose justo frente a él. Una idea cruzo por su cabeza ¿Habrían descubierto su escondite? Rápidamente descarto aquello, era imposible.




Una sonrisa irónica se plasmó en sus labios. Y exactamente fue con esa misma sonrisa que recibió a aquel hombre alto, con cabello castaño oscuro que abría la puerta. Tenía ambas manos en la espalda, y su obviedad la hizo volver a reír, solo que esta vez de manera más audible. 




Sin embargo, su cara, lejos de no reflejar emoción alguna -como lo haría cualquier asesino-, dejaba entrever todo lo que pasaba por su mente. Su ceño estaba fruncido, sus ojos verdes no tenían aquel brillo encantador de hacia unas horas, sin contar las bolsas negras debajo de estos, y sus labios se encontraban apretujados entre sí, formando una línea irregular. De hecho, si era sincera consigo misma, el sufriría más de lo que lo haría ella, claro, psicológicamente hablando. Físicamente ella sería quien más saldría perdiendo.




Dio un paso hacia ella, meditando. La chica esperaba que no la atacara por la espalda, eso sería muy cobarde de su parte. Siguió avanzando sigilosamente y ella cerró los ojos. Sintió su fría y sudorosa mano en su hombro, apenas rozándola. Abrió un ojo, lentamente. Vio su reflejo a través del cristal, y se quedó sin habla. Quería memorizar ese rostro, y presentía que esta sería su última oportunidad.




El brillo del metal detrás de ambos cuerpos fue lo que hizo que recordara eso que había olvidado. 

Se giró, viéndolo directamente a los ojos, el sintió que la mirada que le daba significaba un “te entiendo”. Deseo, como tantas veces atrás, que las cosas hubieran sido diferentes, no haber cometido tantos errores que ahora pesaban, y pesarían por el resto de su vida.




Su mano, fina y delicada, se posó en su mejilla, donde aún tenía lágrimas secas en  ella. Se dejó llevar por aquella leve caricia, y deseo que aquello durase para siempre. Ella alejo su mano lentamente y dio un paso hacia atrás. Y de pronto todo su valor se fue a la basura, porque ya no importaba nada, ni siquiera aquellas vidas que se perderían por ese acto de egoísmo, de cobardía. 




-Vete.




Su voz sonó ronca y baja, frágil y quebradiza.




Ella le sonrió infundiéndole valor, y se giró sobre sus talones. Camino hacia el espejo y, poniéndose de puntillas, estiro su brazo hasta tocar la parte más alta del espejo, donde se juntaba con el marco. Levanto lo que parecía la tapa de una caja pequeña, y saco algo color negro, en forma de L. En cuanto el reconoció lo que era, se tensó. Ella, percatándose de su reacción, le volvió a sonreír a través del reflejo y se giró hacia el con el arma en la mano. 




Uno, dos, tres pasos fueron los que dio hasta quedar cara con cara. Tomo la mano que tenía escondida detrás de sí mismo y le quito el cuchillo, el no comprendía nada.




-Todo a su tiempo.




Murmuro, viendo sus dudas. La sintonía de su voz, que era armoniosa y suave hizo que súbitamente se sintiese relajado. Ella continúo con su trabajo, poniéndole el arma en sus manos, haciendo que la empuñase en contra de su voluntad, a pesar de no poner resistencia. Ya estaba cargada, eso lo había notado. Quiso protestar, pero ella lo acalló poniéndole un dedo en los labios. 




Subió la pistola, hasta que la punta de esta quedo recargada sobre su pecho, en donde la piel blanca y tersa estaba al descubierto. El aun no salía de su shock. Tomo su dedo y con sumo cuidado lo puso en el gatillo, empujándolo con el de ella hasta acomodarlo perfectamente. 




Lo miro durante unos segundos, que a ambos les  parecieron eternos. Sin embargo, sabían que ese silencio no perduraría por mucho, dentro de poco alguien profanaría aquel lugar con su asquerosa presencia, para ver que el trabajo estuviese hecho. De eso se iba a encargar ella. Tomo el rostro de el con la mano que le quedaba libre y, acercando su rostro lentamente, le beso. Fue un beso lleno de diversos y confusos sentimientos: amor, odio, venganza, tristeza, desolación. Cuando ella sintió que se quedaba sin aire, supo que su momento había llegado. Empujo con suavidad el dedo de su amado con los ojos cerrados, entregándose a ese beso, su último beso. 




El 16 de febrero del 2008, en una habitación del Chateau de la Messardiere, una joven de veinticinco años de cabello castaño y tez blanca, exhaló su último suspiro. El eco de la bala siendo disparada aún resonaba en la habitación.

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El cap está bien redactado, pero tantos espacios se hacen incómodos al leer. ¿Me puedes decir el nombre de tu representante chica? Es que no la reconozco. ¡Suerte!
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por spitfire. el Sáb 12 Abr 2014, 4:15 am

Alicia. escribió:Amé la idea, casi tanto como el cuento mismo, sin duda audicionaré. Me llamo Alicia y mañana te dejo la ficha. C:
omg, espero tu ficha. Amo tu nombre sos, mi mejor amiga se llama como tu ahque.
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por Invitado el Sáb 12 Abr 2014, 12:02 pm


Representantes: Elle Fanning y Jack Harries.
Rol: Twins.
Escrito:

Spoiler:
En la oscuridad de mi habitación, y con solo de compañía mi almohada y mi mente, surge tu nombre de la nada y siento un dolor desgarrador entre mi pecho y mi garganta. Es agonizante pero a la vez es adictivo y reconfortante; El dolor es señal de que lo que pasó entre nosotros fue real.

¡Oh, mi dulce Caín! ¿Por qué vueles aquí nuevamente? ¿No te ha bastado con toda mi juventud que, sin medir las consecuencias, entregué a ti? ¿Por qué me tienes que atormentar hasta en mis noches de descanso?

Es un recuerdo del tiempo y todavía me tortura la idea de que me enamoré de un hombre cuyos ojos oscuros solo reflejan sed de venganza y pensamientos torcidos. Me enamoré de un chico tan roto que jamás será capaz de amar de  forma inocente, pero en cambio de la manera más intensa y llenadoramente posible.

Te mentiría si te dijera que no te anhelo nuevamente. Merecería las penas del infierno si no te digo que aun deseo que digas mi nombre en tus finos labios mientras me observas sin expresión alguna. Mi bello se erizaría al menor sonido de tu voz y mi corazón empezaría su ritmo acelerado que tan familiar era para mí en tu presencia.  

¡Oh, dulce Caín! ¿Qué hechizo has puesto sobre mí, la mujer que más te ha amado en este cruel y despedazador mundo?

Engaño sería decirte que cuando tomabas mi mano no lo hacías de una manera tan suave y fría que llegué a pensar que mi propia piel era porcelana china. Que cuando te tocaba no pensaba que al fin podría morir en paz y luego me retractaba porque quería que fueras tú el que directamente diera fin con mi vida o viceversa.

He intentado encontrar a otra persona para mi vida, pero cada roce ajeno es tan repulsivo y tan diferente al tuyo que me obliga a asumir que tú fuiste y serás él único hombre capaz de enamorarme de la manera más delirante.

Sé que me observas a lo lejos, manteniendo tu distancia para así poder camuflarte entre las sombras que pasan desapercibidas al ojo humano. Y sé que tengo que tener cuidado, que si me olvido de ti probablemente te des a destacar de una manera no tan directa para así volver a mi mente. La tortura no terminará ni para ti ni para mí al menos que uno de los dos muera, pero ninguno quiere vivir sin el otro por lo que ambos deberemos desaparecer de este mundo al mismo tiempo.

¡Oh, mi dulce Caín! Eres el responsable de que nadie comprendiera  nuestro amor desgraciado, donde el más fuerte era el más amado y donde la cobardía no tenía lugar entre los dos. Donde era normal que el futuro fuera incierto y nuestro amor era tan fuerte que mataríamos por el otro.

Pero hablar en pasado no cuenta. En el silencio de mi cuarto todavía te escucho susurrar en mi oído las palabras que solo tú entendías y a mí me costaba horas y a veces semanas entender el significado de estas. Tengo claro que te amo aun en la actualidad y sé que tu igual lo haces, de la manera posesiva y psicópata que ambos conocemos por excelencia.

Ahora cierro mis ojos y rebobino en mi mente la primera vez que hablamos. Te pregunté tu nombre y tu respondiste claramente; "— Caín. Soy el réprobo que la biblia odió por querer sobresalir."
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Mensaje por Stuck. el Sáb 12 Abr 2014, 3:23 pm

Si, cielo. Es Kat Dennings.
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por • B r o o k ✌ el Sáb 12 Abr 2014, 3:27 pm

no quiero perder de vista el tema así que diré de una vez que audicionare
Hola Lena -te diré así bc me gusta- soy Katt, un gusto em conocerte.
Bien, te dejo mi ficha y lo de las reglas después. Bye
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por spitfire. el Dom 13 Abr 2014, 3:42 am

Alicia. escribió:
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Representantes: Elle Fanning y Jack Harries.
Rol: Twins.
Escrito:

Spoiler:
En la oscuridad de mi habitación, y con solo de compañía mi almohada y mi mente, surge tu nombre de la nada y siento un dolor desgarrador entre mi pecho y mi garganta. Es agonizante pero a la vez es adictivo y reconfortante; El dolor es señal de que lo que pasó entre nosotros fue real.

¡Oh, mi dulce Caín! ¿Por qué vueles aquí nuevamente? ¿No te ha bastado con toda mi juventud que, sin medir las consecuencias, entregué a ti? ¿Por qué me tienes que atormentar hasta en mis noches de descanso?

Es un recuerdo del tiempo y todavía me tortura la idea de que me enamoré de un hombre cuyos ojos oscuros solo reflejan sed de venganza y pensamientos torcidos. Me enamoré de un chico tan roto que jamás será capaz de amar de  forma inocente, pero en cambio de la manera más intensa y llenadoramente posible.

Te mentiría si te dijera que no te anhelo nuevamente. Merecería las penas del infierno si no te digo que aun deseo que digas mi nombre en tus finos labios mientras me observas sin expresión alguna. Mi bello se erizaría al menor sonido de tu voz y mi corazón empezaría su ritmo acelerado que tan familiar era para mí en tu presencia.  

¡Oh, dulce Caín! ¿Qué hechizo has puesto sobre mí, la mujer que más te ha amado en este cruel y despedazador mundo?

Engaño sería decirte que cuando tomabas mi mano no lo hacías de una manera tan suave y fría que llegué a pensar que mi propia piel era porcelana china. Que cuando te tocaba no pensaba que al fin podría morir en paz y luego me retractaba porque quería que fueras tú el que directamente diera fin con mi vida o viceversa.

He intentado encontrar a otra persona para mi vida, pero cada roce ajeno es tan repulsivo y tan diferente al tuyo que me obliga a asumir que tú fuiste y serás él único hombre capaz de enamorarme de la manera más delirante.

Sé que me observas a lo lejos, manteniendo tu distancia para así poder camuflarte entre las sombras que pasan desapercibidas al ojo humano. Y sé que tengo que tener cuidado, que si me olvido de ti probablemente te des a destacar de una manera no tan directa para así volver a mi mente. La tortura no terminará ni para ti ni para mí al menos que uno de los dos muera, pero ninguno quiere vivir sin el otro por lo que ambos deberemos desaparecer de este mundo al mismo tiempo.

¡Oh, mi dulce Caín! Eres el responsable de que nadie comprendiera  nuestro amor desgraciado, donde el más fuerte era el más amado y donde la cobardía no tenía lugar entre los dos. Donde era normal que el futuro fuera incierto y nuestro amor era tan fuerte que mataríamos por el otro.

Pero hablar en pasado no cuenta. En el silencio de mi cuarto todavía te escucho susurrar en mi oído las palabras que solo tú entendías y a mí me costaba horas y a veces semanas entender el significado de estas. Tengo claro que te amo aun en la actualidad y sé que tu igual lo haces, de la manera posesiva y psicópata que ambos conocemos por excelencia.

Ahora cierro mis ojos y rebobino en mi mente la primera vez que hablamos. Te pregunté tu nombre y tu respondiste claramente; "— Caín. Soy el réprobo que la biblia odió por querer sobresalir."
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El cap no es precisamente lo que esperaba, pero me ha gustado. Amo que todas pongáis gifs de Barney sos. ¿Cómo se llama tu chica?
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por spitfire. el Dom 13 Abr 2014, 3:43 am

•Katt escribió:no quiero perder de vista el tema así que diré de una vez que audicionare
Hola Lena -te diré así bc me gusta- soy Katt, un gusto em conocerte.
Bien, te dejo mi ficha y lo de las reglas después. Bye
Encantada Katt, espero tu ficha :---)
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por Invitado el Dom 13 Abr 2014, 8:39 am



Finny & Kenny


escrito:
Caspar había estado viviendo en Francia hasta sus 10 años. Su madre había conseguido que la reasignaran y, aunque al principio iba a ser en Sudáfrica, la terminaron trasladando a un edificio de la compañía en la que trabajaba en Inglaterra. La noticia fue abrumadora, y aunque él quería seguir viviendo en Francia, terminó acompañando a sus padres, deseando lo mejor para ellos; su madre estaba muy emocionada por este trabajo, y él no quería arruinar su felicidad.
Cuando llegó no fue aceptado inmediatamente por los chicos de su barrio. Su acento era raro y muchas veces terminaba hablando francés al no saber qué palabras utilizar en inglés. Sus vecinos no eran del todo pacientes y por eso prefirieron no hablar con él, al menos hasta que pudiera hablar inglés decentemente.
El hecho de que nadie en su cuadra quería hablar con él lo volvió un poco antisocial y le fue difícil relacionarse con otras personas cuando comenzó la escuela. A veces se llenaba de valor y le dirigía la palabra a alguno de sus compañeros, pero este sólo le ignoraba. Nadie tenía la mínima intención de relacionarse con el extranjero. Un tiempo después, Caspar aceptó la realidad y también dejó de intentar hablar con otros.
El mantenerse aislado de la socialización logró que Caspar desarrollara gustos algo extraños. Lo único que él hacía era dormir todo el día y estar en la computadora de madrugada. También su actitud al hablar con alguien no era la mejor, por lo que prefería mostrarse indiferente, aún cuando le estuvieran hablando. Ya que ni sus padres soportaban su horrible personalidad, le dieron todos los lujos que él quisiera, con tal de permanecer alejado de ellos lo mayormente posible. A Caspar ya le daba igual eso, él tenía todo lo que quería y necesitaba.
Aún siendo una persona antisocial, mal educada y caprichosa, él seguía siendo Caspar, un chico de 13 años que quería vivir como un adolescente normal, con amigos, risas y diversión. Por eso, una solución para el problema de su incapacidad para socializar fue internet. Él tenía miles de amigos en línea, muchos de ellos medianamente famosos en sus ciudades por razones que nunca le dijeron a Caspar. Ellos eran la solución perfecta para la vida horrible y desastrosa en la que Caspar vivía. Pero aún si eran la solución, sólo eran una fantasía con la que hablar en la noche y en los recesos de la escuela. Caspar no podía escapar de su realidad siendo una persona solitaria.
Un día, uno de sus amigos, el más cercano a Caspar, le aconsejó que pusiera un poco de su parte cuando hablara con otros. “Si tú te sigues manteniendo indiferente nadie va a querer hablarte, y en parte es por eso que nadie te habla y tú te muestras indiferente. Como un círculo vicioso” había dicho. Caspar se mantuvo pensando en ello toda la noche y parte de la madrugada. Tenía razón. Nunca lograría nada mostrándose así. Ese mismo día, Caspar amaneció con una gran sonrisa en el rostro, para luego volver a dormir como hacía normalmente.

Hasta ahora no había tenido oportunidad de poner en práctica lo que había decidido hacer hace unas semanas. Nadie le había hablado más que sus padres, y no había tenido oportunidad de entablar una conversación con ellos, aunque no es como si quisiera. Pero había intentado, sin logro alguno.
Estaba por darse por vencido. Era como si él no existiera, y nadie hablaría con un fantasma, ¿no? No, nadie lo haría. Esto estaba claro para él.
Se encontraba en el banco de una plaza que daba hacia la calle. Hacía calor y él se encontraba comiendo un cono de helado mientras revisaba su celular. No había nadie en línea, por lo que lo guardó y siguió comiendo su cono. Se imaginó a sí mismo en esa situación, pero a los ojos de otra persona, y era simplemente patético. Entendía el por qué nadie le hablaba.
Volvió a revisar su celular. Nadie en línea.
Había un silencio extraño en el lugar. Cada tanto pasaban uno o dos autos por esa calle, y lo único que podía escucharse era el cantar de algunas pocas aves, algo extraño para la ajetreaba ciudad en la que se encontraba. Tanto silencio lo estaba desesperando, pero tenía un helado que comer y él era muy estricto con la comida. A pesar de estar delgado, comía mucho y nunca dejaba una comida a medio comer. Más ahora, con el calor que hacía solo un helado podía refrescarte.
Escuchó unos pasos extraños a lo lejos que iban acercándose y miró de dónde provenían. Una chica linda venía corriendo por la vereda; parecía apurada, pero por esa misma razón, Caspar la ignoró. Estaba lamiendo la punta de su helado de vainilla cuando escuchó un ruido sordo proviniendo de enfrente de él. La chica se había caído, y parecía que se había lastimado.
Caspar reaccionó al instante. Dejó su helado a un lado y se paró para ayudarla, sin importarle que el cono se había volteado y ahora estaba desparramado por toda la banca.
—¿Estás bien? —dijo, sosteniéndola por los brazos. Ella estaba media arrodillada en el piso, mirando una de sus rodillas raspadas. Su cara de dolor había preocupado a Caspar—. Estás herida.
—Sí —la chica de nombre desconocido tenía el ceño fruncido y miraba con dolor su rodilla.
—Espera —Caspar sacó la servilleta que venía con el helado que había guardado en uno de los bolsillos de su pantalón y se lo ofreció a la chica—. Toma.
Ella lo aceptó con gusto pronunciando un “Gracias” y comenzó a limpiar su herida, para luego presionar sobre ella intentando parar el leve sangrado que tenía. La chica levantó la cabeza para mirar a quien la había ayudado y se encontró con el rostro de un chico manchado en la zona de la barbilla con lo que parecía helado. No pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Perdón —volvió a mirar al chico que estaba confundido del por qué la risa—, pero, ¿no hubiera sido mejor guardarte la servilleta? —comentó mirando con una sonrisa a Caspar.
Él frunció el ceño mientras ella señalaba su boca. Él la tocó para encontrar helado derretido en sus dedos y se sonrojó fuertemente por la vergüenza –aunque también podría haber sido por la sonrisa de la chica–.
La muchacha quitó el papel de su herida y, al ver que no sangraba más, abrió la servilleta y limpió la comida de la cara del chico con delicadeza mientras éste se sonrojaba. Cuando se aseguró de que ya no estaba manchado volvió a doblar la servilleta y se paró, ofreciendo su mano para que el chico también se levantara. Él, aún sonrojado, la aceptó y pronto ambos estuvieron frente a frente sin decir ni una palabra.
—Eh… —Caspar quiso decir algo, pero las palabras simplemente no salían.
—Gracias por ayudarme —dijo ella, al ver que él no diría nada— y perdón por molestarte mientras estabas comiendo; algún día te pagaré ese helado.
—Oh no, no es necesario —negó rápidamente.
—Por favor —ella sonrió y él no pudo negarse al ver esos ojos que demostraban que en serio quería pagar por molestarlo, aunque no había sido ninguna molestia.
—E-está bien… si tú lo dices.
—Bueno, lamento mucho lo que pasó, pero debo irme. Adiós.
Sin decir una palabra más, ella le dio una última sonrisa y luego se alejó caminando hacia donde se dirigía, intentando no forzar su pierna. Caspar la miró alejarse hasta que la perdió de vista.

Esa noche Caspar no dejó de pensar en el encuentro con ella. Su cuerpo había actuado por si solo, y se sentía tremendamente avergonzado. Una chica lo había visto en las condiciones en las que se encontraba, tal y como él se había imaginado: patético. Si pudiera, desearía que esa chica nunca se hubiera caído, y él nunca la hubiera ayudado. Pero no podía, lo único que podía hacer era pretender que nunca pasó, pero sería inútil si ella no hacía lo mismo.
Aún así, lo hizo. Con el tiempo, se olvidó de lo que había ocurrido, tanto como la vergüenza que pasó, como la sonrisa de la chica linda de cabellos castaños que había sido amable con él.
rlz:


ohayo:
no sé si me presenté, no me acuerdo, pero soy sophie por si no sabes mi representante es kenny jenner y me debes cindor cindor baba porque me costo un ovario encontrar icons ¬¬ ah pero al fin subi la feecha
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Re: Somewhere In Neverland {nc. audiciones cerradas. resultados puestos.

Mensaje por – Forever Young ∞ el Dom 13 Abr 2014, 1:35 pm


Slightly & Isabelle
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Δ Nombre: Slightly.
Δ Chica: Isabelle Herondale (Kaya)
Δ Representantes: Logan Lerman & Kaya Scondelario.
Δ Escrito de tu autoria: 
Escrito:

Capítulo 01
The Potter's Brothers Are coming


—¡__________! ¡_________! ¡Despierta que llegas tarde al instituto!
—¡Ya voy tía!—le contesté a mi tía Lucy.
Me levanté, me duché y me vestí con una camiseta negra con un suéter azul y unos jeans con mis vans preferidos, bajé a desayunar rápidamente para irme corriendo.
—¡Adiós tía! —dije desde la puerta.
Llegué, y como siempre pasé un  día muy aburrido. A la hora del patio, bajé a mi sitio preferido: la biblioteca. Pero, antes de entrar me encontré con unas chicas odiosas y pijas, puaj, eran las asquerosas de Tiffany y su grupo.
—Vaya, pero si es la rata de biblioteca de ____________, hoy que libro toca ¿"aprende a comprarte una vida decente”?—me dijo Tiffany
Esa zorra era imbécil, con una sola frase ya me había hecho enfadar, así que le dije:
—No, fíjate que no, creo que sería una pérdida de tiempo, tu vida ya no se puede arreglar ni dándote azotes—le contesté irónicamente, lanzándole una mirada cargada de odio.
En ese momento me miró de una forma extraña, no estaba llena de odio, sino de miedo, me miraba con asombro y terror. Eso me hizo enfurecerme más y le dije:
—¿Pero qué me miras tanto?— le contesté gritando.
—Tus...tus...o...ojo...ojos—dijo señalándome y tartamudeando.
Se sacó un espejo de la mochila y me lo dio. Me mire y vi que tenía los ojos rojos, casi echando chispas.
Me sorprendí y se me fue el enfado. De repente mis ojos volvieron a su color verde normal, las miré y me fui corriendo.


● ● ● 

Estaba sentada en una esquina del patio, sola (como a veces me gustaba estar), pero solo que esta vez estaba llorando. De repente un chico de mi edad se me acercó, tenía el pelo de color azabache y llevaba gafas, se sentó a mi lado  sin decirme nada, yo paré de llorar pues era muy vergonzoso. De repente, me abrazó, sin darme cuenta yo también lo estaba abrazando y, no sé porque me sentí protegida, como... como si me estuviera transmitiendo el amor de un hermano.
 
Genial, hoy empezaba el instituto, al menos estaría lejos de los Dursley’s. En algunas clases iba con mi odioso primo Dudley, que se burlaba de mí con sus asquerosos amigos, pero me daba igual. Llegó la hora del patio y me fui a la biblioteca. Cuando llegué vi a una chica muy parecida a mi madre (incluso tenía sus mismos ojos que yo también tenía) se estaba peleando con unas chicas y de la nada le cambiaron los ojos de color, era un color rojo intenso, de rabia. De repente me dolió la cicatriz y creo que a ella también le dolió algo en la frente porque se la tocó y salió corriendo mientras lloraba. No sé porque, pero salí corriendo detrás de ella; la encontré sentada sola llorando, sus ojos ya estaban normales, la miré y sin que nadie me dijera nada la abracé; sentía ganas de protegerla... como si fuera mi hermana. Ella me correspondió el abrazo, después de unos minutos me separé y le dije:
—Hola.
—Hola—me dijo—¿por qué has hecho eso?—era obvio que me lo iba a preguntar acababa de hacer una cosa muy rara.
—N... No... No lo sé—le dije. Ella se quedó callada, pero después de un rato me dijo:
—Gracias, por cierto ¿cómo te llamas?—me preguntó.
—Harry, Harry Potter—le dije amablemente, ella sonrió.
—¿Con que Potter eh? Soy tu nueva vecina, ¿vives en el 4 de Privet Drive? ¿No? Yo en el 5—me contestó.
—Genial, ¿y tu cómo te llamas?—le pregunté.
—________, ________ _________—me dijo.
Encantado _________—le contesté, sus ojos verdes eran idénticos a los míos, era como si me los hubieran quitado y se los hubieran puesto— ¿Y por qué llorabas __________?—le pregunté.
Me di cuenta enseguida de que la había cagado, la pequeña sonrisa que tenía se le borró y se puso seria.
—Es una cosa muy rara lo que me ha pasado—me dijo, se notaba nerviosa y seguro que no quería contármelo.
—Si no quieres, no me lo digas—le dije, ella se sintió aliviada, entonces sonó la campana y antes de que se fuera le dije:
— ¿Quieres que te acompañe a tu casa después de clase?—le dije en tono protector.
—Mmmm—hizo como que se lo pensaba—claro—me dijo al fin y yo me sentí alegre.
*fin*
 
Los dos nuevos “amigos” se fueron caminando después de clase hacía sus casas, corría una ligera brisa que hizo que el pelo de los dos se alterara y como acto reflejo los dos se miraron cada uno a la frente del otro, se sorprendieron mucho al ver que los dos tenían la misma cicatriz en forma de rayo en la frente. Después de un rato se miraron a los ojos y se quedaron sin decir nada. Harry se quedó pensando en que él podría tener una hermana, espera, ¡UNA HERMANA!, no estaría solo en el mundo, y eso sería lo mejor que le podría pasar en su vida. Ella pensaba lo mismo, hasta que una voz desagradable les interrumpió sus pensamientos.
—Vaya Harry veo que tienes una nueva “amiga”—dijo amiga insinuando algo más.
Harry enfureció y gritando le dijo:
—Dudley, no es mi novia, ella podría ser MI HERMANA—le contestó, Dudley se quedó blanco. Cada uno se fue a sus casas sin decir nada, pero Harry y _________ fueron muy buenos amigos en el instituto.
 


*****Un año después*****

Hace unos días que me he enterado que supuestamente soy mago, y si yo lo soy... _________ también lo es. Madre Mía que locura aun no me lo creo, pero bueno estaré en cualquier lugar mejor que con los Dursley’s. (Nota de Autora: Ya les ha llegado a los 2 la carta de Hogwarts y ahora se van a comprar los materiales al callejón Diagon.)
 

Estoy comprando con Harry todo lo que necesitamos para este año, vamos a entrar a 2º curso en el colegio Hogwarts de magia y hechicería. Todavía sigo sin creer que yo sea una bruja, bueno aunque eso explica lo que me paso con Tiffany y mis ojos. Sigo con la duda de si Harry y yo somos hermanos así que voy a preguntarle a este “hombre”, Hagrid creo que se llamaba, vino a recogernos a Harry y a mi a Privet Drive para ayudarnos a comprar las cosas que necesitamos.
Hagriddije¿Harry y yo somos hermanos?
 
 
Después de la pregunta de ________, Hagrid les llevó al “Caldero Chorreante” y les contó todo lo de Voldemort, sus padres y lo de que los tíos adoptivos de ________ le habían cambiado el apellido Potter para protegerla del mundo de la magia. ____________ estaba feliz cuando le contaron eso y abrazó a su hermano, después fueron a terminar de comprar las cosas, solo les faltaban los libros, que por cierto no sabían dónde encontrarlos ya que Hagrid se había ido a no se sabe dónde.
 
 
 ¿Y ahora adónde vamos? No sabemos donde se compran estos librosle dije a Harry observando la lista que venía junto a la carta.
Mamá, nos vemos en el Caldero Chorreante, vamos a comprar los libros de 2º añodijo un pelirrojo de nuestra edad a una mujer que supongo que sería su madre porque también era pelirroja.
 ¿Qué tal si los seguimos? Parecen buenas personasme dijo Harry.
Okle contesté y les seguimos.
 
 
Estuvieron siguiendo a un grupo de pelirrojos hasta una librería, allí, los pelirrojos se dieron cuenta de que los seguían y sacaron sus varitas para atacar, los hermanos Potter se asustaron y los pelirrojos al ver que solo eran dos niños se relajaron y se presentaron:
Hola, yo soy Ron Weasleydijo el pelirrojo que había hablado antes.
Yo soy Freddijo otro más alto.
Y yo Georgedijo otro idéntico a Fred.
Yo me llamo Ginny, Ginny Weasleydijo muy nerviosa otra pelirroja más pequeña que los demás.
Yo... yo soy Harry, Harry Potterdijo el hermano de _____.
Y yo _____ Potter dijo _____.
 
 
Desde que vi a _____ Potter no he dejado de mirarla, es tan guapa, me gustaría ser su nov... espera, ¡¡¡PERO QUE ESTAS DICIENDO FRED WEASLEY!!! No me puedo enamorar, yo soy el que rompe el corazón de las chicas, no ellas el mío.
 
Fred no paraba de mirarme y eso me ponía muy nerviosa, pero una voz me sacó de mis pensamientos:
Hola, yo soy Hermione Granger, encantada, siempre he querido conocer a la familia Potter, sois muy famososnos dijo una castaña con aspecto de sabelotodo (sin ofender claro).
¿Es verdad que el-que-no-debe-ser-nombrado los atacó con un Aveda Kedavra? dijo Ron.
¡RON!-gritaron todos.
¿Qué? Es solo curiosidadrespondió.
No pasa nadadijo mi hermanoaunque la verdad todavía no nos han contado muy bien nuestra historia.
¿Nos las enseñáis? —dijeron los gemelos al unísono.
¿El qué? —Pregunté asustada.
Las cicatrices, ¿que pensáis que era?volvieron a contestar a la vez.
Emm... no... Nada—dije avergonzada por lo que pensé.
Δ Roles: Slightly o Twins


How i meet your mother :A:
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Hola, soy Oliver, Peter Pan fue mi trauma, cuando tenia 5 o 6 años no me acuerdo, bueno cambiando de tema espero que me dejes audicionar, si no no hay problema :D, me encanto la idea, es muy original.
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