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ugh, boys. |pvt

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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Jue 27 Mar 2014, 7:46 pm

La prota: *sacandole fotos al prota mientras duerme*
El prota: hmm...? que es ese sonido...? AH, QUE ESTAS HACIENDO?
La prota: sacando fotos, duuh
El prota: EEH? PARA QUE?
La prota: para que piensas
El prota: ...EEEEEEEH
Yo: *cagada de risa a casi medianoche*
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Vie 28 Mar 2014, 2:38 am

Ah claro, me despierto a las 6 cuando hoy entro a las 9... pegenme con una mesa de mármol plz
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Vie 28 Mar 2014, 2:39 am

Ahora que estoy al pedo voy a audicionar con el harries 2 porque una mina que no soporto pidio a jacky NO, O SEA, NO, JACK ES DE LA LENU, NO PODES AUDICIONAR CON EL
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Vie 28 Mar 2014, 3:40 am

La otra que habla sobre los errores de ortografía de una ficha, pero menos mal que ella no tiene Herrores 77
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Vie 28 Mar 2014, 4:19 am

Yo: ah mañana joda en la ribera, el que quiera colarse que lo haga, menos los de mi escuela anterior, ustedes mantenganse 300 metros alejados del shopping ¬¬
Tomi: JAJAJAJA los odiaba xd
Yo: es que los odio :3
El: LOOL
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Vie 28 Mar 2014, 4:41 am

Ah amo a milinka, la que da la fortuna, uzea, es fujoshi! como yo!
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Vie 28 Mar 2014, 4:41 am

Estoy segura de que vamos a perder la ultima hora y vamos a salir a las 11, uzea, copado hoy
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Sáb 29 Mar 2014, 8:49 am

El prota: como te sientes?
La prota: adivina
El prota: eh... QUE ES LO QUE QUIERES DE MI? WAA *corre en circulos*
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Sáb 29 Mar 2014, 9:29 am

Me duelen los pieeeeeeees, todo re copado ayer pero PUTA QUE TENIAMOS QUE CAMINAR TANTO? ah pero lo use de excusa para que el manu me cargara, uzea daksdkasgda
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Dom 30 Mar 2014, 7:22 am

Esta historia relata la vida de un chico de ciudad.
Su nombre era Ismel, un chico de nacionalidad británica y raíces extranjeras. Su madre, Stefania, había decidido que el nombre de su primer hijo sería el de su abuelo, sin pensar en las consecuencias que eso traería en la vida de ese niño.
Todo empezó normal, con los típicos cumplidos de "Que bebé más hermoso" y "De grande será un chico muy apuesto". Lo típico. Pero un comentario de una prima lejana desconcertó a su madre: "Que nombre más extraño tiene, ¿no?". Allí fue cuando comenzó la cosa.
Los niños "inocentes" se metían con el pequeño Ismel por su acento heredado de su madre y su nombre. "¿Qué haces aquí? ¡Regresa a tu planeta, alien!" "Miren, allí va el chico extraño" "Me dijeron que si me acercaba a él su idiotez se me contagiaría y comenzaría a hablar como lo hace él". A medida que pasaba el tiempo, los insultos se hacían peores, pero lo único que él podía hacer era soportarlo hasta que terminó la primaria.
Cuando comenzó la secundaria en otra escuela se encontró con que el mundo lo ignoraba. "¿Ismel? ¿Quién es él? No lo conozco". Ya a nadie le importaba si tenía ascendencia extranjera o si su nombre era extraño. Directamente, a nadie le importaba él.
Él odiaba estar solo, odiaba que a nadie le importara si le pasara algo, odiaba ser una persona invisible ante los ojos de los demás, pero lo que más odiaba era que nadie pudiera entenderlo. De hecho, nadie intentaba, y eso era lo que más le irritaba. ¿Qué tenía de malo? ¿Qué hizo él para ser marginado de esa manera? No es que él no pudiera hablar con nadie, es sólo que nadie le prestaba atención cuando lo hacía, y por eso dejó de hacerlo.
Este hecho lo volvió un marginado social, pero no es como si él odiara totalmente su posición. Pensándolo objetivamente, podría ser un golpe de suerte terminar así. Puedes escuchar conversaciones, mirar eventos en primera fila, husmear secretos y no preocuparse con que alguien lo descubra. Y él, al darse cuenta de eso, lo utilizó a su favor.
"Extorsiones. Chantajes. Información. ¿Quieres acabar con tu enemigo? ¿Asegurarte que nunca vuelva a meter un dedo en tu vida? Ve con Isa. Él puede lograrlo."
En el fondo de un pasillo al que no llegaba la luz del sol, en una esquina donde el moho se acumuló y donde podían verse manchas de sangre sin limpiar, allí es donde está Isa. El mejor informador en toda la escuela. Si podías pagar la suma, incluso podrías gobernar la escuela con tan solo un poco de información proveniente de la boca del chico de cabello negro.
Ismel se había ganado la vida con el trabajo de informante; aunque ese trabajo le haya hecho desarrollar una mentalidad algo retorcida, pero valía la pena. Bajo el seudónimo de Isa podía ser quien moviera los hilos detrás de todo el ámbito escolar. Profesores, alumnos, empleados, inclusive el director, todos danzando en la palma de su mano y todo por el simple hecho de que él había visto o escuchado algo que no debía. Todo fue perfecto hasta que terminó la escuela.
No sabía qué hacer ahora que había terminado la graduación. Todos seguían festejando el fin de su estadía en la escuela, al menos los que eran como él y no planeaban ir a la universidad, pero no tenía ganas de unírseles. Solo estaba allí, en una esquina, mirando a todos sonreír y hablar entre ellos, y él también sonreía, porque no los odiaba y la felicidad de ellos era la suya, de una manera retorcida y tal vez hasta masoquista, pero al fin y al cabo era feliz. El solo pensar que ellos alguna vez no sabían de su existencia y ahora casi dependían de él lo alegraba.
—Disculpe —un hombre de mediana edad vestido de negro se dirigió a él manteniendo su distancia, acompañado de un hombre más joven que parecía estar alerta, con una mano en su bolsillo, dispuesto a sacar lo que sea que tuviera en ella, esperando el momento exacto.
—¿Qué pasa, abuelos? —respondió Ismel con una sonrisa despreciable en el rostro, la misma que utilizaron sus compañeros contra él en algún momento.
—¿Es usted Isa? —el hombre sacó un papel arrugado con varias letras en él y una firma al final, donde se veía claramente el nombre Isa y unos garabatos.
—Ooh, así que soy famoso —mantuvo su sonrisa mientras ladeaba la cabeza entrecerrando los ojos, en una postura egocéntrica que podría irritar a los sujetos, el cuál es su objetivo.
—Por favor, venga con nosotros —el hombre miró a su compañero, asintió y al parecer, esa era la señal que esperaba. El joven sacó un arma blanca de su bolsillo, lo posible para ser comparada con una navaja, y con ésta amenazó a Ismel, con el claro mensaje de "no tienes otra opción".
Pero Ismel no se inmutó.
—Oye —dijo el hombre—, muévete, ¿qué no viste el arma?, ¿eres ciego o qué?
—Lo siento, abuelo, pero no planeo ir a ningún lado —Ismel dejó de recostarse en la pared para pararse frente a los hombres, guardando cierta distancia.
—Chico… —el joven amagó con acercarse y, al ver que Ismel no se inmutaba de ello, atacó.
Ismel había aprendido que al ser informante, no muchos estarían satisfechos por el trabajo, por lo que practicó artes marciales para estos casos, y estaba seguro de que podría vencer al muchacho aún si éste tenía un arma blanca. Pero no hizo nada. Se quedó absorto mirando por sobre el hombro del anciano. Esa fue la primera vez que la vio.

En efecto, terminó con una puñalada a un costado del abdomen. Por suerte no fue nada grave, pero terminó hospitalizado un tiempo y se sentía terriblemente avergonzado por eso, aunque lo superó rápidamente al pasar de los días, en tal vez una semana, máximo. Lo que sí, se sentía desconcertado. ¿Por qué no pudo evitar el ataque? Se había quedado paralizado viendo a otro lado, a una chica. Esa chica. ¿Quién era? No recordaba del todo su cara, lo único que podía recordar con exactitud era su broche en forma de mariposa que adornaba su hermoso cabello castaño.
En fin, los hombres, luego de llevarlo a una camioneta donde pararon el sangrado y le vendaron, lo trasladaron a un gran edificio que alguna vez fue un hotel. Allí se encontraba uno de los jefes de la venta clandestina que se hacía en Londres en esa época. El hijo de su hermano había tratado con Isa y quería que él fuera su informante, un trato que aceptó.
Ahora pasaron casi 7 años de ese acontecimiento. Ismel, ahora conocido como Isaya por distintas razones, se convirtió en el mayor informante de toda Londres y alrededores. No había nada que él no supiera, y todo el mundo sabía eso. Una de las reglas al llegar a la ciudad era “no meterse con Isaya si no es estrictamente necesario”. Él era conocido como el número uno en la lista de personas de las que no había que hacerse enemigo, y no le desagradaba esa idea. Lo malo de eso, era que ese puesto era solitario. Pero a él no le importaba, después de todo, ¿a quién necesitaría él? ¿Por qué pasaría tiempo con alguien? Toda su vida estuvo solo, y eso no tendría por qué cambiar ahora.
Abrió el celular y entró al grupo de chat en el que se encontraba. Lo había utilizado como pasatiempo en algún momento, y aunque cambiaba rápido de intereses, ahora se volvió a interesar y pensó que volver a hablar con completos extraños sería divertido hasta que el cliente que tenía que ver ahora llegara de una buena vez al café.
“-- Has entrado a la sala --
Magenta: Miren quién volvió, hace tiempo que no te pasabas por aquí, Moon.
Ganstah: Pasó tiempo Moon, ¿tan ocupado como para no pasarte de vez en cuándo?
Tú (Moon): Lo siento, ¿me perdí de algo?
Ganstah: No mucho, pero Magenta se mudó a Londres hace poco.
Tú (Moon): ¿Volviste?
Magenta: Sí, al final logré librarme de mis deudas con mi hermano y volví. Nada ha cambiado.
Ganstah: Oye Moon, ¿qué tú no vivías en Londres?
Tú (Moon): Oh sí, quién sabe, tal vez nos encontremos.
Magenta: Lo dudo.”

Ismel tomó de su vaso de café mientras revisaba la hora. El cliente estaba llegando ya casi 40 minutos tarde y no lo esperaría por mucho más. Tenía mejores negocios que hacer y podría descartar este, pero decidió que lo esperaría unos 10 minutos más y luego se largaría, después de todo, el escuchar a las chicas chillar en la mesa de al lado ya le ponía de los nervios, aunque era divertido escucharlas hablar de otras personas a sus espaldas.
Las miró de reojo mientras le daba otro sorbo a su café. Eran cuatro chicas de su edad, de las cuales tres estaban siendo unas perras totales con sus chismes, y su apariencia no ayudaba mucho. La cuarta parecía normal, simplemente tomaba de su café mientras revisaba su celular, ajena a las otras.
Su celular vibró.
“Magenta: Tal vez me vuelva a ir.
Ganstah: ¿Por?
Magenta: No soporto a la gente de aquí
Tú (Moon): Acabas de llegar, ¿ya te quieres ir?
Magenta: Si estuvieras al lado de estas chicas querrías que comprara un boleto de avión extra para acompañarme.”

Volvió a tomar un sorbo de su café y miró la hora nuevamente. No habían pasado ni dos minutos. En serio, no volvería a hacer negocios con ese hombre nunca más, y las chicas seguían cotilleando cosas casi inentendibles por sus risas chillonas lo que le daba menos ganas de trabajar.
Dejó el café en la mesa y revisó su celular.
“Magenta: ¿Creen que la policía me deje libre si les explico que maté a estas chicas por insoportables?
Ganstah: Probablemente no.
Magenta: Me voy a cortar con una galleta, lo juro.
Tú (Moon): Tranquila, puedes seguir adelante, ahora suelta esa galleta, mójala en leche y cómetela, campeona.”

La chica de la mesa de al lado, la normal y para nada chillona, comenzó a reírse mientras las demás hablaban. La miró por el rabillo del ojo mientras ella escribía algo en su celular y pronto recibió una respuesta.
“Magenta: Es lindo porque no tengo galletas.
Tú (Moon): ¿Tienes agua cerca?”
La chica miró a su alrededor y negó como para sí misma, luego bajó la mirada a su celular y volvió a escribir.
“Magenta: No, ¿por?”

Ismel sonrió y escribió en su celular antes de cerrarlo y salir del local con un café a medio terminar, mirando una última vez por sobre su hombro a aquella mesa y a la chica mirando con el seño fruncido su celular.
“Tú (Moon): Por nada, por cierto, lindo broche.
-- Has salido de la sala --”.
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Mensaje por Invitado el Dom 30 Mar 2014, 7:23 am

Caspar era un simple chico que vivía en la no tan tranquila Paris, ya saben, la ciudad del amor, aunque eso no es siempre cierto. Su madre, quién había conseguido que la reasignaran, había hecho un escándalo acerca de si Caspar iba con ella o se quedaba con su padre en Paris. Su padre, quien había sugerido el divorcio, quería que Caspar se quedara con él y con su amante, la causante del divorcio, para que Caspar "reiniciara su vida" sin su madre biológica. Pero Caspar no era idiota, y aunque esa chica 10 años más joven que su padre, a pesar de ser amable y dulce con él, y amar verdaderamente a su padre, nunca reemplazaría su histérica e intranquila madre. Con una sonrisa tranquila, un niño de tan sólo 10 años calmó a la señora Lee con un simple "Iré contigo, madre", una sonrisa tranquila y un leve movimiento de manos.
Cuando llegó a Londres, lugar de la reasignación de su madre, no fue aceptado inmediatamente por los chicos de su barrio. Su acento era raro, y muchas veces terminaba hablando francés al no saber qué palabras utilizar en inglés. Sus vecinos no eran del todo pacientes y por eso prefirieron no hablar con él, al menos hasta que pudiera hablar inglés decentemente.
El hecho de que nadie en su cuadra quería hablar con él lo volvió un poco antisocial, por lo que le fue difícil relacionarse con otras personas cuando comenzó la escuela. A veces se llenaba de valor y le dirigía la palabra a alguno de sus compañeros, pero este sólo le ignoraba. Nadie tenía la mínima intención de relacionarse con el extranjero. Un tiempo después, Caspar aceptó la realidad y también dejó de intentar hablar con otros.
Su capacidad de ser antisocial logró que Caspar desarrollara gustos algo extraños. Lo único que él hacía era dormir todo el día y estar en la computadora de madrugada. También, su actitud al hablar con alguien no era la mejor, por lo que prefería mostrarse indiferente, aún cuando le estuvieran hablando. Ya que ni su madre soportaba su horrible personalidad, le dio todos los lujos que él quiso, con tal de permanecer alejado de ella lo mayormente posible. Uno pensaría dos veces al regalarle la taza con el logo de "Mi madre es la #1" el día de las madres, pero a Caspar ya le daba igual eso, él tenía todo lo que quería y necesitaba.
Aún siendo una persona antisocial, mal educada y caprichosa, él seguía siendo Caspar, un chico de 13 años que quería vivir como un adolescente normal, con amigos, risas y diversión. Por eso, una solución para el problema de su incapacidad para socializar, fue internet.
Él tenía miles de amigos en línea, muchos de ellos medianamente famosos en sus ciudades por razones que nunca le dijeron a Caspar, pero a pesar del misterio ellos eran la solución perfecta para la vida horrible y desastrosa en la que Caspar vivía. Pero, aún si eran la solución, sólo eran una fantasía con la que hablar en la noche y en los recesos de la escuela. Caspar no podía escapar de su realidad siendo una persona solitaria.
Un día, uno de sus amigos, el más cercano a Caspar, le aconsejó que pusiera un poco de su parte cuando hablara con otros.
“Si tú te sigues manteniendo indiferente nadie va a querer hablarte, y en parte es por eso que nadie te habla y te muestras indiferente. Como un círculo vicioso”.
Caspar se mantuvo pensando en ello toda la noche y parte de la madrugada. Y tenía razón. Nunca lograría nada mostrándose así.
Ese mismo día, Caspar amaneció con una gran sonrisa en el rostro, para luego volver a dormir como hacía normalmente.

Hasta ahora no había tenido oportunidad de poner en práctica lo que había decidido hacer hace unas semanas. Nadie le había hablado más que su madre, y no había tenido oportunidad de entablar una conversación con ella, aunque no es como si quisiera. Pero había intentado, sin logro alguno.
Estaba por darse por vencido. Era como si él no existiera, y nadie hablaría con un fantasma, ¿no? No, nadie lo haría. Eso estaba claro para él.
Ahora mismo se encontraba en el banco de una plaza que daba hacia la calle. Hacía calor y él se encontraba comiendo un cono de helado mientras revisaba su celular. No había nadie en línea, por lo que lo guardó y siguió comiendo su cono. Se imaginó a sí mismo en esa situación, pero a los ojos de otra persona, y era simplemente patético. Entendía el por qué nadie le hablaba.
Volvió a revisar su celular. Nadie en línea.
Había un silencio extraño en el lugar. Cada tanto pasaban uno o dos autos por esa calle, y lo único que podía escucharse era el cantar de algunas pocas aves, algo extraño para la ajetreaba ciudad en la que se encontraba. Tanto silencio lo estaba desesperando, pero tenía un helado que comer y él era muy estricto con la comida. A pesar de estar delgado, comía mucho y nunca dejaba una comida a medio comer. Más ahora, con el calor que hacía solo un helado podía refrescarte.
Escuchó unos pasos extraños a lo lejos que iban acercándose y miró de dónde provenían. Un chico venía corriendo por la vereda, pero Caspar simplemente lo ignoró. Estaba lamiendo la punta de su helado de vainilla cuando escuchó un ruido sordo proviniendo de enfrente de él. El chico se había caído, y parecía que se había lastimado.
Caspar reaccionó al instante. Dejó su helado a un lado y se paró para ayudarlo, sin importarle que el cono se había volteado y ahora estaba desparramado por toda la banca.
—¿Estás bien? —dijo, arrodillándose a su lado. Probablemente este fuera el acto más heroico y significativo que hizo en toda su vida, pero poco importaba ahora, el chico parecía haberse doblado el tobillo, y su muñeca estaba raspada—. Estás herido.
—Sí —el chico de nombre desconocido tenía el ceño fruncido y miraba con dolor su pierna mientras masajeaba su tobillo.
—Espera —Caspar sacó la servilleta que venía con el helado que había guardado en uno de los bolsillos de su pantalón y se lo ofreció a la chico—. Toma.
Al principio el chico miró el pañuelo improvisado sin entender, hasta que su muñeca ardió sorpresivamente y se dio cuenta de que sangraba.
Un poco ruborizado, aceptó la servilleta pronunciando un leve “Gracias” y comenzó a limpiar su herida, para luego presionar sobre ella intentando parar el leve sangrado que tenía. El chico levantó la cabeza para mirar a quien le había ayudado, y se encontró con el rostro de un chico manchado en la zona de la barbilla con lo que parecía helado. No pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Perdón —volvió a mirar al chico que estaba confundido del por qué la risa—, pero te hubieras guardado la servilleta —comentó mirando con una sonrisa a Caspar.
Él frunció el ceño mientras el extraño señalaba su boca. Él la tocó para encontrar helado derretido en sus dedos y se sonrojó fuertemente por la vergüenza.
El muchacho quitó el papel de su herida y, al ver que no sangraba más, abrió la servilleta y limpió la comida de la cara del chico con delicadeza mientras éste se sonrojaba.
—¿Vainilla? —había preguntado, mientras Caspar se sonrojaba aún más fuerte y el chico sólo reía. Cuando se aseguró de que ya no estaba manchado volvió a doblar la servilleta y se paró, ofreciendo su mano para que el chico también se levantara. Él, aún sonrojado, la aceptó y pronto ambos estuvieron frente a frente sin decir ni una palabra.
—Eh… —Caspar quiso decir algo, pero las palabras simplemente no salían.
—Gracias por ayudarme —dijo él, al ver que Caspar no diría nada— y perdón por molestarte mientras estabas comiendo; algún día te pagaré ese helado.
—Oh no, no es necesario —negó rápidamente.
—Lo haré —él sonrió y él no pudo negarse al ver esos ojos que demostraban que en serio quería pagar por molestarlo, aunque no había sido ninguna molestia.
—E-está bien… si tú lo dices.
—Bueno, lamento mucho lo que pasó, pero debo irme. Adiós.
Sin decir una palabra más, ella le dio una última sonrisa y luego se alejó caminando hacia donde se dirigía, intentando no forzar su pierna. Caspar lo miró alejarse hasta que la perdió de vista.
¿Qué rayos había pasado?

Esa noche Caspar no dejó de pensar en el encuentro con el chico. Su cuerpo había actuado por si solo, y se sentía tremendamente avergonzado. Aunque sea un desconocido, lo habían visto en las condiciones en las que se encontraba. Tal y como él se había imaginado: patético. Si pudiera, desearía que ese chico nunca se hubiera caído, y él nunca le hubiera ayudado. Pero no podía, lo único que podía hacer era pretender que nunca pasó, pero sería inútil si él no hacía lo mismo.
Ahogando su cara en la almohada, sacó su teléfono y se conectó. Había un conectado, y era el mismo que le había dado el consejo de ser social. Ahora que lo pensaba, tal vez ayudó al chico porque su subconsciente quería hacerle caso a su contacto y ser más social, pero mira lo que pasó.
Caspar comenzó a hablarle, lo regañó y le contó todo lo que había pasado, con una extraña sonrisa en el rostro. Y también se lo imaginaba a él con una sonrisa, leyendo las incoherencias de Caspar y cómo él le contaba su terrible vergüenza, sin guardar nada.
A eso de las dos de la mañana, ellos se despidieron, no sin antes el chico decirle a Caspar que estaría unos días en Londres, y que tenía un nuevo sabor de helado preferido.


Última edición por Mainstream. el Jue 01 Mayo 2014, 8:52 pm, editado 2 veces
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Mensaje por Invitado el Dom 30 Mar 2014, 7:24 am

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Mensaje por Invitado el Dom 30 Mar 2014, 7:58 am

Yo iba a ver Kuroko no Basuke pero fue, a ver Neon Genesis Evangelion, el mejor anime de la década de los 90
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Mensaje por Invitado el Dom 30 Mar 2014, 8:32 am

El beso de Adam-kun y Sio-chan *fangirling*
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Re: ugh, boys. |pvt

Mensaje por Invitado el Dom 30 Mar 2014, 11:24 am

¿Me están diciendo que Jin Akanishi es feo? Playa please

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