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the lonely hearts club {audiciones cerradas.

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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Mar 25 Mar 2014, 2:02 pm


♡ Lizzie Adams ♡ Finn Harries ♡
Representantes: Kendall Jenner | Finn Harries
Nombre: Elizabeth Jane Adams | Finnegan Harries
Edad: 17 | 18
escrito 1:
Esta historia relata la vida de un chico de ciudad.
Su nombre era Ismel, un chico de nacionalidad británica y raíces extranjeras. Su madre, Stefania, había decidido que el nombre de su primer hijo sería el de su abuelo, sin pensar en las consecuencias que eso traería en la vida de ese niño.
Todo empezó normal, con los típicos cumplidos de "Que bebé más hermoso" y "De grande será un chico muy apuesto". Lo típico. Pero un comentario de una prima lejana desconcertó a su madre: "Que nombre más extraño tiene, ¿no?". Allí fue cuando comenzó la cosa.
Los niños "inocentes" se metían con el pequeño Ismel por su acento heredado de su madre y su nombre. "¿Qué haces aquí? ¡Regresa a tu planeta, alien!" "Miren, allí va el chico extraño" "Me dijeron que si me acercaba a él su idiotez se me contagiaría y comenzaría a hablar como lo hace él". A medida que pasaba el tiempo, los insultos se hacían peores, pero lo único que él podía hacer era soportarlo hasta que terminó la primaria.
Cuando comenzó la secundaria en otra escuela se encontró con que el mundo lo ignoraba. "¿Ismel? ¿Quién es él? No lo conozco". Ya a nadie le importaba si tenía ascendencia extranjera o si su nombre era extraño. Directamente, a nadie le importaba él.
Él odiaba estar solo, odiaba que a nadie le importara si le pasara algo, odiaba ser una persona invisible ante los ojos de los demás, pero lo que más odiaba era que nadie pudiera entenderlo. De hecho, nadie intentaba, y eso era lo que más le irritaba. ¿Qué tenía de malo? ¿Qué hizo él para ser marginado de esa manera? No es que él no pudiera hablar con nadie, es sólo que nadie le prestaba atención cuando lo hacía, y por eso dejó de hacerlo.
Este hecho lo volvió un marginado social, pero no es como si él odiara totalmente su posición. Pensándolo objetivamente, podría ser un golpe de suerte terminar así. Puedes escuchar conversaciones, mirar eventos en primera fila, husmear secretos y no preocuparse con que alguien lo descubra. Y él, al darse cuenta de eso, lo utilizó a su favor.
"Extorsiones. Chantajes. Información. ¿Quieres acabar con tu enemigo? ¿Asegurarte que nunca vuelva a meter un dedo en tu vida? Ve con Isa. Él puede lograrlo."
En el fondo de un pasillo al que no llegaba la luz del sol, en una esquina donde el moho se acumuló y donde podían verse manchas de sangre sin limpiar, allí es donde está Isa. El mejor informador en toda la escuela. Si podías pagar la suma, incluso podrías gobernar la escuela con tan solo un poco de información proveniente de la boca del chico de cabello negro.
Ismel se había ganado la vida con el trabajo de informante; aunque ese trabajo le haya hecho desarrollar una mentalidad algo retorcida, pero valía la pena. Bajo el seudónimo de Isa podía ser quien moviera los hilos detrás de todo el ámbito escolar. Profesores, alumnos, empleados, inclusive el director, todos danzando en la palma de su mano y todo por el simple hecho de que él había visto o escuchado algo que no debía. Todo fue perfecto hasta que terminó la escuela.
No sabía qué hacer ahora que había terminado la graduación. Todos seguían festejando el fin de su estadía en la escuela, al menos los que eran como él y no planeaban ir a la universidad, pero no tenía ganas de unírseles. Solo estaba allí, en una esquina, mirando a todos sonreír y hablar entre ellos, y él también sonreía, porque no los odiaba y la felicidad de ellos era la suya, de una manera retorcida y tal vez hasta masoquista, pero al fin y al cabo era feliz. El solo pensar que ellos alguna vez no sabían de su existencia y ahora casi dependían de él lo alegraba.
—Disculpe —un hombre de mediana edad vestido de negro se dirigió a él manteniendo su distancia, acompañado de un hombre más joven que parecía estar alerta, con una mano en su bolsillo, dispuesto a sacar lo que sea que tuviera en ella, esperando el momento exacto.
—¿Qué pasa, abuelos? —respondió Ismel con una sonrisa despreciable en el rostro, la misma que utilizaron sus compañeros contra él en algún momento.
—¿Es usted Isa? —el hombre sacó un papel arrugado con varias letras en él y una firma al final, donde se veía claramente el nombre Isa y unos garabatos.
—Ooh, así que soy famoso —mantuvo su sonrisa mientras ladeaba la cabeza entrecerrando los ojos, en una postura egocéntrica que podría irritar a los sujetos, el cuál es su objetivo.
—Por favor, venga con nosotros —el hombre miró a su compañero, asintió y al parecer, esa era la señal que esperaba. El joven sacó un arma blanca de su bolsillo, lo posible para ser comparada con una navaja, y con ésta amenazó a Ismel, con el claro mensaje de "no tienes otra opción".
Pero Ismel no se inmutó.
—Oye —dijo el hombre—, muévete, ¿qué no viste el arma?, ¿eres ciego o qué?
—Lo siento, abuelo, pero no planeo ir a ningún lado —Ismel dejó de recostarse en la pared para pararse frente a los hombres, guardando cierta distancia.
—Chico… —el joven amagó con acercarse y, al ver que Ismel no se inmutaba de ello, atacó.
Ismel había aprendido que al ser informante, no muchos estarían satisfechos por el trabajo, por lo que practicó artes marciales para estos casos, y estaba seguro de que podría vencer al muchacho aún si éste tenía un arma blanca. Pero no hizo nada. Se quedó absorto mirando por sobre el hombro del anciano. Esa fue la primera vez que la vio.

En efecto, terminó con una puñalada a un costado del abdomen. Por suerte no fue nada grave, pero terminó hospitalizado un tiempo y se sentía terriblemente avergonzado por eso, aunque lo superó rápidamente al pasar de los días, en tal vez una semana, máximo. Lo que sí, se sentía desconcertado. ¿Por qué no pudo evitar el ataque? Se había quedado paralizado viendo a otro lado, a una chica. Esa chica. ¿Quién era? No recordaba del todo su cara, lo único que podía recordar con exactitud era su broche en forma de mariposa que adornaba su hermoso cabello castaño.
En fin, los hombres, luego de llevarlo a una camioneta donde pararon el sangrado y le vendaron, lo trasladaron a un gran edificio que alguna vez fue un hotel. Allí se encontraba uno de los jefes de la venta clandestina que se hacía en Londres en esa época. El hijo de su hermano había tratado con Isa y quería que él fuera su informante, un trato que aceptó.
Ahora pasaron casi 7 años de ese acontecimiento. Ismel, ahora conocido como Isaya por distintas razones, se convirtió en el mayor informante de toda Londres y alrededores. No había nada que él no supiera, y todo el mundo sabía eso. Una de las reglas al llegar a la ciudad era “no meterse con Isaya si no es estrictamente necesario”. Él era conocido como el número uno en la lista de personas de las que no había que hacerse enemigo, y no le desagradaba esa idea. Lo malo de eso, era que ese puesto era solitario. Pero a él no le importaba, después de todo, ¿a quién necesitaría él? ¿Por qué pasaría tiempo con alguien? Toda su vida estuvo solo, y eso no tendría por qué cambiar ahora.
Abrió el celular y entró al grupo de chat en el que se encontraba. Lo había utilizado como pasatiempo en algún momento, y aunque cambiaba rápido de intereses, ahora se volvió a interesar y pensó que volver a hablar con completos extraños sería divertido hasta que el cliente que tenía que ver ahora llegara de una buena vez al café.
“-- Has entrado a la sala --
Magenta: Miren quién volvió, hace tiempo que no te pasabas por aquí, Moon.
Ganstah: Pasó tiempo Moon, ¿tan ocupado como para no pasarte de vez en cuándo?
Tú (Moon): Lo siento, ¿me perdí de algo?
Ganstah: No mucho, pero Magenta se mudó a Londres hace poco.
Tú (Moon): ¿Volviste?
Magenta: Sí, al final logré librarme de mis deudas con mi hermano y volví. Nada ha cambiado.
Ganstah: Oye Moon, ¿qué tú no vivías en Londres?
Tú (Moon): Oh sí, quién sabe, tal vez nos encontremos.
Magenta: Lo dudo.”

Ismel tomó de su vaso de café mientras revisaba la hora. El cliente estaba llegando ya casi 40 minutos tarde y no lo esperaría por mucho más. Tenía mejores negocios que hacer y podría descartar este, pero decidió que lo esperaría unos 10 minutos más y luego se largaría, después de todo, el escuchar a las chicas chillar en la mesa de al lado ya le ponía de los nervios, aunque era divertido escucharlas hablar de otras personas a sus espaldas.
Las miró de reojo mientras le daba otro sorbo a su café. Eran cuatro chicas de su edad, de las cuales tres estaban siendo unas perras totales con sus chismes, y su apariencia no ayudaba mucho. La cuarta parecía normal, simplemente tomaba de su café mientras revisaba su celular, ajena a las otras.
Su celular vibró.
“Magenta: Tal vez me vuelva a ir.
Ganstah: ¿Por?
Magenta: No soporto a la gente de aquí
Tú (Moon): Acabas de llegar, ¿ya te quieres ir?
Magenta: Si estuvieras al lado de estas chicas querrías que comprara un boleto de avión extra para acompañarme.”

Volvió a tomar un sorbo de su café y miró la hora nuevamente. No habían pasado ni dos minutos. En serio, no volvería a hacer negocios con ese hombre nunca más, y las chicas seguían cotilleando cosas casi inentendibles por sus risas chillonas lo que le daba menos ganas de trabajar.
Dejó el café en la mesa y revisó su celular.
“Magenta: ¿Creen que la policía me deje libre si les explico que maté a estas chicas por insoportables?
Ganstah: Probablemente no.
Magenta: Me voy a cortar con una galleta, lo juro.
Tú (Moon): Tranquila, puedes seguir adelante, ahora suelta esa galleta, mójala en leche y cómetela, campeona.”

La chica de la mesa de al lado, la normal y para nada chillona, comenzó a reírse mientras las demás hablaban. La miró por el rabillo del ojo mientras ella escribía algo en su celular y pronto recibió una respuesta.
“Magenta: Es lindo porque no tengo galletas.
Tú (Moon): ¿Tienes agua cerca?”
La chica miró a su alrededor y negó como para sí misma, luego bajó la mirada a su celular y volvió a escribir.
“Magenta: No, ¿por?”

Ismel sonrió y escribió en su celular antes de cerrarlo y salir del local con un café a medio terminar, mirando una última vez por sobre su hombro a aquella mesa y a la chica mirando con el ceño fruncido su celular.
“Tú (Moon): Por nada, por cierto, lindo broche.
-- Has salido de la sala --”.
escrito 2:
Caspar había estado viviendo en Francia hasta sus 10 años. Su madre había conseguido que la reasignaran y, aunque al principio iba a ser en Sudáfrica, la terminaron trasladando a un edificio de la compañía en la que trabajaba en Inglaterra. La noticia fue abrumadora, y aunque él quería seguir viviendo en Francia, terminó acompañando a sus padres, deseando lo mejor para ellos; su madre estaba muy emocionada por este trabajo, y él no quería arruinar su felicidad.
Cuando llegó no fue aceptado inmediatamente por los chicos de su barrio. Su acento era raro y muchas veces terminaba hablando francés al no saber qué palabras utilizar en inglés. Sus vecinos no eran del todo pacientes y por eso prefirieron no hablar con él, al menos hasta que pudiera hablar inglés decentemente.
El hecho de que nadie en su cuadra quería hablar con él lo volvió un poco antisocial y le fue difícil relacionarse con otras personas cuando comenzó la escuela. A veces se llenaba de valor y le dirigía la palabra a alguno de sus compañeros, pero este sólo le ignoraba. Nadie tenía la mínima intención de relacionarse con el extranjero. Un tiempo después, Caspar aceptó la realidad y también dejó de intentar hablar con otros.
El mantenerse aislado de la socialización logró que Caspar desarrollara gustos algo extraños. Lo único que él hacía era dormir todo el día y estar en la computadora de madrugada. También su actitud al hablar con alguien no era la mejor, por lo que prefería mostrarse indiferente, aún cuando le estuvieran hablando. Ya que ni sus padres soportaban su horrible personalidad, le dieron todos los lujos que él quisiera, con tal de permanecer alejado de ellos lo mayormente posible. A Caspar ya le daba igual eso, él tenía todo lo que quería y necesitaba.
Aún siendo una persona antisocial, mal educada y caprichosa, él seguía siendo Caspar, un chico de 13 años que quería vivir como un adolescente normal, con amigos, risas y diversión. Por eso, una solución para el problema de su incapacidad para socializar fue internet. Él tenía miles de amigos en línea, muchos de ellos medianamente famosos en sus ciudades por razones que nunca le dijeron a Caspar. Ellos eran la solución perfecta para la vida horrible y desastrosa en la que Caspar vivía. Pero aún si eran la solución, sólo eran una fantasía con la que hablar en la noche y en los recesos de la escuela. Caspar no podía escapar de su realidad siendo una persona solitaria.
Un día, uno de sus amigos, el más cercano a Caspar, le aconsejó que pusiera un poco de su parte cuando hablara con otros. “Si tú te sigues manteniendo indiferente nadie va a querer hablarte, y en parte es por eso que nadie te habla y tú te muestras indiferente. Como un círculo vicioso” había dicho. Caspar se mantuvo pensando en ello toda la noche y parte de la madrugada. Tenía razón. Nunca lograría nada mostrándose así. Ese mismo día, Caspar amaneció con una gran sonrisa en el rostro, para luego volver a dormir como hacía normalmente.

Hasta ahora no había tenido oportunidad de poner en práctica lo que había decidido hacer hace unas semanas. Nadie le había hablado más que sus padres, y no había tenido oportunidad de entablar una conversación con ellos, aunque no es como si quisiera. Pero había intentado, sin logro alguno.
Estaba por darse por vencido. Era como si él no existiera, y nadie hablaría con un fantasma, ¿no? No, nadie lo haría. Esto estaba claro para él.
Se encontraba en el banco de una plaza que daba hacia la calle. Hacía calor y él se encontraba comiendo un cono de helado mientras revisaba su celular. No había nadie en línea, por lo que lo guardó y siguió comiendo su cono. Se imaginó a sí mismo en esa situación, pero a los ojos de otra persona, y era simplemente patético. Entendía el por qué nadie le hablaba.
Volvió a revisar su celular. Nadie en línea.
Había un silencio extraño en el lugar. Cada tanto pasaban uno o dos autos por esa calle, y lo único que podía escucharse era el cantar de algunas pocas aves, algo extraño para la ajetreaba ciudad en la que se encontraba. Tanto silencio lo estaba desesperando, pero tenía un helado que comer y él era muy estricto con la comida. A pesar de estar delgado, comía mucho y nunca dejaba una comida a medio comer. Más ahora, con el calor que hacía solo un helado podía refrescarte.
Escuchó unos pasos extraños a lo lejos que iban acercándose y miró de dónde provenían. Una chica linda venía corriendo por la vereda; parecía apurada, pero por esa misma razón, Caspar la ignoró. Estaba lamiendo la punta de su helado de vainilla cuando escuchó un ruido sordo proviniendo de enfrente de él. La chica se había caído, y parecía que se había lastimado.
Caspar reaccionó al instante. Dejó su helado a un lado y se paró para ayudarla, sin importarle que el cono se había volteado y ahora estaba desparramado por toda la banca.
—¿Estás bien? —dijo, sosteniéndola por los brazos. Ella estaba media arrodillada en el piso, mirando una de sus rodillas raspadas. Su cara de dolor había preocupado a Caspar—. Estás herida.
—Sí —la chica de nombre desconocido tenía el ceño fruncido y miraba con dolor su rodilla.
—Espera —Caspar sacó la servilleta que venía con el helado que había guardado en uno de los bolsillos de su pantalón y se lo ofreció a la chica—. Toma.
Ella lo aceptó con gusto pronunciando un “Gracias” y comenzó a limpiar su herida, para luego presionar sobre ella intentando parar el leve sangrado que tenía. La chica levantó la cabeza para mirar a quien la había ayudado para encontrarse con el rostro de un chico manchado en la zona de la barbilla con lo que parecía helado. No pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Perdón —volvió a mirar al chico que estaba confundido del por qué la risa—, pero, ¿no hubiera sido mejor guardarte la servilleta? —comentó mirando con una sonrisa a Caspar.
Él frunció el ceño mientras ella señalaba su boca. Él la tocó para encontrar helado derretido en sus dedos y se sonrojó fuertemente por la vergüenza –aunque también podría haber sido por la sonrisa de la chica–.
La muchacha quitó el papel de su herida y, al ver que no sangraba más, abrió la servilleta y limpió la comida de la cara del chico con delicadeza mientras éste se sonrojaba. Cuando se aseguró de que ya no estaba manchado volvió a doblar la servilleta y se paró, ofreciendo su mano para que el chico también se levantara. Él, aún sonrojado, la aceptó y pronto ambos estuvieron frente a frente sin decir ni una palabra.
—Eh… —Caspar quiso decir algo, pero las palabras simplemente no salían.
—Gracias por ayudarme —dijo ella, al ver que él no diría nada— y perdón por molestarte mientras estabas comiendo; algún día te pagaré ese helado.
—Oh no, no es necesario —negó rápidamente.
—Por favor —ella sonrió y él no pudo negarse al ver esos ojos que demostraban que en serio quería pagar por molestarlo, aunque no había sido ninguna molestia.
—E-está bien… si tú lo dices.
—Bueno, lamento mucho lo que pasó, pero debo irme. Adiós.
Sin decir una palabra más, ella le dio una última sonrisa y luego se alejó caminando hacia donde se dirigía, intentando no forzar su pierna. Caspar la miró alejarse hasta que la perdió de vista.

Esa noche Caspar no dejó de pensar en el encuentro con ella. Su cuerpo había actuado por sí sólo, y se sentía tremendamente avergonzado. Una chica lo había visto en las condiciones en las que se encontraba, tal y como él se había imaginado: patético. Si pudiera, desearía que esa chica nunca se hubiera caído, y él nunca la hubiera ayudado. Pero no podía, lo único que podía hacer era pretender que nunca pasó, pero sería inútil si ella no hacía lo mismo.
Aún así, lo hizo. Con el tiempo, se olvidó de lo que había ocurrido, tanto como la vergüenza que pasó, como la sonrisa de la chica linda de cabellos castaños que había sido amable con él.

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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por Sunrise. el Mar 25 Mar 2014, 2:44 pm

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Nombres: Summer Jackson. | Alexander Dallas.
Edades: 17 años. | 17 años.
Representantes: Crystal R. | Daniel S.
Rol: Reservada.
Escrito:
Spoiler:
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Era una mañana cualquiera. No había comenzado bien, pero eso era normal. Harry despertó de sus pesadillas y se llevo las manos a la cabeza, intentando alejar todos esos malos pensamientos. Respiró hondo, tratando de calmar el bombeo de su pecho y cerró los ojos por un momento; un momento para decirse que todo estaría bien. Aún sentía el calido aliento de Lydia al borde de sus labios. Tuvo la oportunidad de besarla, pero no lo hizo, no podría hacerlo en el estado en que ella se encontraba.
Varias noches antes, Harry decidió confesarle a su mejor amiga sus sentimientos, pero ella tan sólo no escuchó y se emborrachó. En este preciso momento debería de estar dándole el beso del buen día a Liam. Mi Lydia, pensó. Siempre había tenido ese sentimiento por la castaña, sólo que nunca había tenido el valor para decírselo. Y ahora se arrepentía por no haberlo hecho.
Hasta se imaginaba lo que harían hoy. Irían a tiendas, comprarían flores, harían las decoraciones y listo; para este martes ya se habrían casado. Y él asistiría. ¿Qué peor que ver al amor de tu vida casándose con otra persona? Liam no era malo para Lydia, era uno de los hombres más amables y atentos que había conocido, y eso lo hacía peor.

Prendió la televisión para ver las noticias y recordó que la noche anterior el meteorólogo había dicho que ese día habría una gran tormenta, pero el cielo azul con ese sol brillante se encontraba en el cielo. Este no se tornaba para nada gris y Harry no tenía ninguna duda de que el sol no lo dejaría solo hoy.

Salió de la gran y solitaria casa, saludando a la nada. Porqué sin contarlo a él, no había nada. Todo había pasado tan rápido… El hoy se convirtió en ayer y apenas cerró los ojos, cuando se había quedado solo; completamente solo.
Tenía a Louis, su mejor amigo, pero este estaba muy ocupado en sus pequeñas vacaciones con Alice, su prometida. Sabía que Tomlinson se lo merecía más que nada y tampoco es que iba a reprocharle, ya que el día después de que Louis se fue, su abuela Beatrice había fallecido. Buena suerte la mía, se dijo a sí mismo.

Comenzó a caminar hacia su cafetería favorita, tratando de esquivar el agua de los charcos que yacía en las calles de Londres. El día anterior había lloviznado, y supuso que ese día nada caería del cielo. Metió las manos en los bolsillos de su gran abrigo, no nevaba ni llovía, pero el viento soplaba fuerte en la gran ciudad.

Escuchó el sonido de una pequeña campana detrás de él, era de esas de las pequeñas bicicletas y giró la cabeza hacia atrás para encontrarse con una niña de cabellos rubios tratando de pasar. Harry se hizo a un lado, para dejar pasar a la niña y esta le sonrió.

Llego a la cafetería y se hundió en el olor a café. Respiró hondo ese aroma tan exquisito que siempre le había gustado y ya podía escuchar ese pequeño timbre que sonaba cada vez que estaba el hecho pedido.

En aquella cafetería, frecuentaba mucha gente la mayoría del tiempo. Hoy, al ser domingo, no había tantas personas, pero le habría gustado algo más de intimidad. Sacó un número y se enfiló atrás de una pareja que parecía estar muy feliz. La fila no avanzaba con mucha rapidez, pero valía la pena esperar. Se dispuso a mirar por la ventana cómo la gente caminaba por delante de sus ojos y seguían sus vidas.
Luego miró hacia las personas dentro del café. Había personas acompañadas, hablando animadamente con su compañía, algunos estaban sumidos en sus pensamientos, un par perdidos en las páginas de sus libros y otros sonreían torpemente escribiendo textos en su teléfono móvil.

Distraídamente volvió su vista hacia la ventana otra vez, pero había algo diferente. En el portabicicletas había bicicleta celeste con una pequeña canasta de mimbre.

La gran puerta se abrió y por el rabillo del ojo a una pequeña mano que se acercaba al marcador y sacaba el número cuarenta. Algo le llamó la atención en aquel brazo, que lo dejo algo anonado. Había marcas, eran oscuras y por un momento, Harry pudo detectar el olor a sangre.

Sintió que algo cayó al suelo; una cadena de oro sin ningún dije en especial. La muchacha –o por lo menos eso creía que era- no se molestó en levantarla, así que Harry se agachó para tomarla y estiró el brazo hacia aquella persona.

Y ahí estaba ella. Hermosa. El sol haciendo notar sus ojos oscuros con un brillo peculiar en ellos que alumbraba toda ella y su melena anaranjada estaba desordenada. Ella sonrió al instante, haciendo que las rodillas del castaño se volvieran débiles y los dragones en su estomago comenzarán a rugir y lanzar llamas. ¿Acaso había encontrado una sonrisa tan hermosa que hasta lo hacía feliz?

—Creo que se te cayó —dijo el haciendo notar la cadena que dedujo que era un brazalete. La pelirroja bajó la mirada hasta él y lo tomó, rozando con sus delicados dedos la mano de Harry y este sintió algo inexplicable al hacer conexión con ella.

—Gracias —murmuró con una timidez tan inocente que Harry casi se derrite, literalmente. La muchacha notó lo embobado que estaba él y largo una pequeña risa, mientras las mejillas de Styles tomaban un color rosa.

—L-Lo siento —se disculpó torpemente.

—Descuida, ojala los chicos cómo tú me miraran así frecuentemente —no dejó de sonreír en ningún momento. ¿Estaba siendo amable? Debería, porqué si un chico no se diera cuenta de lo hermosa que era sin duda estaba ciego o quizás loco.

—Soy Harry, número treinta y nueve —dijo de la nada. Hasta eso lo sorprendió a él mismo, pero la pelirroja no se vio sorprendida.

—Lennon, cuarenta —respondió con sutileza. Hasta su nombre era hermoso, peculiar, pero aún así hermoso.

—¡El que sigue! —gritaron desde la barra. Harry giró en sí y se dio cuenta de que toda la fila se había dispersado y él era el siguiente.

—¿Quieres ser tú la cuarenta? —preguntó.

—¿Me dejarías serlo?

—Si es que te sientas conmigo sí.

Lennon pasó por su lado y Harry respiró hondo su perfume. Era exquisito, más que el aroma de aquel café. Hicieron su pedidojuntos y se sentaron en una mesa al lado del ventanal. Los dos hablaban animadamente, congeniaban muy bien juntos; les gustaba las mismas cosas, eran muy parecidos entre sí. Las risas de Lennon no paraban, y cada vez que ella sonreía a Harry se le aceleraba el corazón.

Pero él tenía preguntárselo, necesitaba hacerlo. ¿Por qué tenía esas marcas en sus débiles brazos?, ¿Qué podía ser tan malo cómo para lastimarse de esa forma?

—Lennon, dime, ¿porqué tienes esas marcas y que puedo hacer para curarlas?

La pelirroja se sorprendió por la pregunta. Sus hombros se encogieron y la mirada se le volvió vacía. Cómo si recordara algo muy triste.

—No lo quieres saber, Harry —tomó un sorbo de su taza.

—Está bien, no hablaremos del tema, pero prométeme que ya no lo harás —la miró directamente a los ojos y tomó su mano. Esto tomó de sorpresa a Lennon, pero hizo lo que pudo para que dejara eso atrás.

—Lo prometo —dijo al fin —. Está será la última vez, Harry —el castaño sonrió, pensando que dejaría ese mal habito. Y lo hizo, lo dejó para siempre.

{…}

Harry estaba más que emocionado. Se levantó con una boba sonrisa en la cara, ni el feo clima lo detendría, hoy la volvería a ver. Se puso su sweater color beige y al abrir la puerta se encontró con una Maggie toda empapada.

—¿Maggie? —indagó extrañado. Ella casi nunca lo venía a ver a casa ya que siempre estaba trabajando en la cafetería y el frecuentaba ese lugar.

—Tienes que acompañarme —dijo ella simplemente. Tomó su chaqueta y cerró la puerta detrás de él. Corrieron bajo las gotas que caían del cielo, tratando de pasar lo más rápido para dejar de mojarse. A varias cuadras antes del café se metieron a un vecindario privado y la puerta de una gran y calida casa estaba abierta.

Se adentraron al hogar y todos estaban vestidos de negro. La mayoría lloraba, otros yacían en silencio. Todos los sabían, pero nadie decía nada. ¿Y cómo iba él saberlo?, ¿cómo iba a darse cuenta? Ni siquiera entendía porqué estaba ahí y ya no había tiempo para decir lo que sentía. Maggie no dijo nada, pero apunto con la mirada a un cajón sin cobertura. Harry fue acercándose lentamente al hermoso cuerpo dentro de él.

Y ahí estaba ella, cómo siempre hermosa. Sólo que sus ojos ya no brillaban, ella ya no sonreía.
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por hypatia. el Mar 25 Mar 2014, 2:52 pm

chicas en un rato leo y acepto fichas c:
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por glacier. el Mar 25 Mar 2014, 3:36 pm

idea tan más kúl, me gustó el libro, así que voy a audicionar por Logan Lerman, al rato te mando mi ficha, honey;-;
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bbys ♥

Mensaje por Clifford. el Mar 25 Mar 2014, 3:49 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
nombres: maxwell o'connell y byanca fitzgerald.
edades: dieciocho y diecisiete.
representantes: ash s. y brynja j.
rol: la rara.
escrito:
está feo but sirve:
— ¿Y tú que opinas, Brynja?
Ella levantó la vista de su libro y luego de acomodarse los lentes, preguntó.— ¿Sobre qué?
— Sobre el amor.—contestó, Kenneth, con una sonrisa.
Ella miró a su amigo, extrañada. Él no solía hablar de ese tipo de cosas.— ¿Es broma, no?
Kenneth apenas rió.— No, estúpida. Te lo pregunto enserio.
— Ah, vale.—fijo su vista al frente.— Bueno, opino que es genial cuando te enamoras. Empiezas a ver todo cómo si fuese arcoiris y mierda de unicornio. Suspirar por alguien se hace parte de tu rutina y comienzas a sonreír y a reírte mucho...—hizo una pausa.— Pero luego todo se vuelve negro. La realidad te da una cachetada y te das cuenta de que no importa cuanto suspires, ni cuanto arregles tu cabello, ni cuanto rías, ni cuanto ames a la otra persona; siempre, de alguna forma, terminarás siendo lastimado.
El rubio la miró por unos segundos y luego pestañeo. Después de relamerse los labios, sonrió.— Brynja, ¿de quién estás enamorada?
Ella suspiró.— Todo el zoologico que siento cuando te relames los labios, indica que estoy cien por ciento enamorada de ti.—y la besó.
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Mensaje por hypatia. el Mar 25 Mar 2014, 5:19 pm

Mainstream. escribió:

♡ Lizzie Adams ♡ Finn Harries ♡
Representantes: Kendall Jenner | Finn Harries
Nombre: Elizabeth Jane Adams | Finnegan Harries
Edad: 17 | 18
escrito 1:

Esta historia relata la vida de un chico de ciudad.
Su nombre era Ismel, un chico de nacionalidad británica y raíces extranjeras. Su madre, Stefania, había decidido que el nombre de su primer hijo sería el de su abuelo, sin pensar en las consecuencias que eso traería en la vida de ese niño.
Todo empezó normal, con los típicos cumplidos de "Que bebé más hermoso" y "De grande será un chico muy apuesto". Lo típico. Pero un comentario de una prima lejana desconcertó a su madre: "Que nombre más extraño tiene, ¿no?". Allí fue cuando comenzó la cosa.
Los niños "inocentes" se metían con el pequeño Ismel por su acento heredado de su madre y su nombre. "¿Qué haces aquí? ¡Regresa a tu planeta, alien!" "Miren, allí va el chico extraño" "Me dijeron que si me acercaba a él su idiotez se me contagiaría y comenzaría a hablar como lo hace él". A medida que pasaba el tiempo, los insultos se hacían peores, pero lo único que él podía hacer era soportarlo hasta que terminó la primaria.
Cuando comenzó la secundaria en otra escuela se encontró con que el mundo lo ignoraba. "¿Ismel? ¿Quién es él? No lo conozco". Ya a nadie le importaba si tenía ascendencia extranjera o si su nombre era extraño. Directamente, a nadie le importaba él.
Él odiaba estar solo, odiaba que a nadie le importara si le pasara algo, odiaba ser una persona invisible ante los ojos de los demás, pero lo que más odiaba era que nadie pudiera entenderlo. De hecho, nadie intentaba, y eso era lo que más le irritaba. ¿Qué tenía de malo? ¿Qué hizo él para ser marginado de esa manera? No es que él no pudiera hablar con nadie, es sólo que nadie le prestaba atención cuando lo hacía, y por eso dejó de hacerlo.
Este hecho lo volvió un marginado social, pero no es como si él odiara totalmente su posición. Pensándolo objetivamente, podría ser un golpe de suerte terminar así. Puedes escuchar conversaciones, mirar eventos en primera fila, husmear secretos y no preocuparse con que alguien lo descubra. Y él, al darse cuenta de eso, lo utilizó a su favor.
"Extorsiones. Chantajes. Información. ¿Quieres acabar con tu enemigo? ¿Asegurarte que nunca vuelva a meter un dedo en tu vida? Ve con Isa. Él puede lograrlo."
En el fondo de un pasillo al que no llegaba la luz del sol, en una esquina donde el moho se acumuló y donde podían verse manchas de sangre sin limpiar, allí es donde está Isa. El mejor informador en toda la escuela. Si podías pagar la suma, incluso podrías gobernar la escuela con tan solo un poco de información proveniente de la boca del chico de cabello negro.
Ismel se había ganado la vida con el trabajo de informante; aunque ese trabajo le haya hecho desarrollar una mentalidad algo retorcida, pero valía la pena. Bajo el seudónimo de Isa podía ser quien moviera los hilos detrás de todo el ámbito escolar. Profesores, alumnos, empleados, inclusive el director, todos danzando en la palma de su mano y todo por el simple hecho de que él había visto o escuchado algo que no debía. Todo fue perfecto hasta que terminó la escuela.
No sabía qué hacer ahora que había terminado la graduación. Todos seguían festejando el fin de su estadía en la escuela, al menos los que eran como él y no planeaban ir a la universidad, pero no tenía ganas de unírseles. Solo estaba allí, en una esquina, mirando a todos sonreír y hablar entre ellos, y él también sonreía, porque no los odiaba y la felicidad de ellos era la suya, de una manera retorcida y tal vez hasta masoquista, pero al fin y al cabo era feliz. El solo pensar que ellos alguna vez no sabían de su existencia y ahora casi dependían de él lo alegraba.
—Disculpe —un hombre de mediana edad vestido de negro se dirigió a él manteniendo su distancia, acompañado de un hombre más joven que parecía estar alerta, con una mano en su bolsillo, dispuesto a sacar lo que sea que tuviera en ella, esperando el momento exacto.
—¿Qué pasa, abuelos? —respondió Ismel con una sonrisa despreciable en el rostro, la misma que utilizaron sus compañeros contra él en algún momento.
—¿Es usted Isa? —el hombre sacó un papel arrugado con varias letras en él y una firma al final, donde se veía claramente el nombre Isa y unos garabatos.
—Ooh, así que soy famoso —mantuvo su sonrisa mientras ladeaba la cabeza entrecerrando los ojos, en una postura egocéntrica que podría irritar a los sujetos, el cuál es su objetivo.
—Por favor, venga con nosotros —el hombre miró a su compañero, asintió y al parecer, esa era la señal que esperaba. El joven sacó un arma blanca de su bolsillo, lo posible para ser comparada con una navaja, y con ésta amenazó a Ismel, con el claro mensaje de "no tienes otra opción".
Pero Ismel no se inmutó.
—Oye —dijo el hombre—, muévete, ¿qué no viste el arma?, ¿eres ciego o qué?
—Lo siento, abuelo, pero no planeo ir a ningún lado —Ismel dejó de recostarse en la pared para pararse frente a los hombres, guardando cierta distancia.
—Chico… —el joven amagó con acercarse y, al ver que Ismel no se inmutaba de ello, atacó.
Ismel había aprendido que al ser informante, no muchos estarían satisfechos por el trabajo, por lo que practicó artes marciales para estos casos, y estaba seguro de que podría vencer al muchacho aún si éste tenía un arma blanca. Pero no hizo nada. Se quedó absorto mirando por sobre el hombro del anciano. Esa fue la primera vez que la vio.

En efecto, terminó con una puñalada a un costado del abdomen. Por suerte no fue nada grave, pero terminó hospitalizado un tiempo y se sentía terriblemente avergonzado por eso, aunque lo superó rápidamente al pasar de los días, en tal vez una semana, máximo. Lo que sí, se sentía desconcertado. ¿Por qué no pudo evitar el ataque? Se había quedado paralizado viendo a otro lado, a una chica. Esa chica. ¿Quién era? No recordaba del todo su cara, lo único que podía recordar con exactitud era su broche en forma de mariposa que adornaba su hermoso cabello castaño.
En fin, los hombres, luego de llevarlo a una camioneta donde pararon el sangrado y le vendaron, lo trasladaron a un gran edificio que alguna vez fue un hotel. Allí se encontraba uno de los jefes de la venta clandestina que se hacía en Londres en esa época. El hijo de su hermano había tratado con Isa y quería que él fuera su informante, un trato que aceptó.
Ahora pasaron casi 7 años de ese acontecimiento. Ismel, ahora conocido como Isaya por distintas razones, se convirtió en el mayor informante de toda Londres y alrededores. No había nada que él no supiera, y todo el mundo sabía eso. Una de las reglas al llegar a la ciudad era “no meterse con Isaya si no es estrictamente necesario”. Él era conocido como el número uno en la lista de personas de las que no había que hacerse enemigo, y no le desagradaba esa idea. Lo malo de eso, era que ese puesto era solitario. Pero a él no le importaba, después de todo, ¿a quién necesitaría él? ¿Por qué pasaría tiempo con alguien? Toda su vida estuvo solo, y eso no tendría por qué cambiar ahora.
Abrió el celular y entró al grupo de chat en el que se encontraba. Lo había utilizado como pasatiempo en algún momento, y aunque cambiaba rápido de intereses, ahora se volvió a interesar y pensó que volver a hablar con completos extraños sería divertido hasta que el cliente que tenía que ver ahora llegara de una buena vez al café.
“-- Has entrado a la sala --
Magenta: Miren quién volvió, hace tiempo que no te pasabas por aquí, Moon.
Ganstah: Pasó tiempo Moon, ¿tan ocupado como para no pasarte de vez en cuándo?
Tú (Moon): Lo siento, ¿me perdí de algo?
Ganstah: No mucho, pero Magenta se mudó a Londres hace poco.
Tú (Moon): ¿Volviste?
Magenta: Sí, al final logré librarme de mis deudas con mi hermano y volví. Nada ha cambiado.
Ganstah: Oye Moon, ¿qué tú no vivías en Londres?
Tú (Moon): Oh sí, quién sabe, tal vez nos encontremos.
Magenta: Lo dudo.”

Ismel tomó de su vaso de café mientras revisaba la hora. El cliente estaba llegando ya casi 40 minutos tarde y no lo esperaría por mucho más. Tenía mejores negocios que hacer y podría descartar este, pero decidió que lo esperaría unos 10 minutos más y luego se largaría, después de todo, el escuchar a las chicas chillar en la mesa de al lado ya le ponía de los nervios, aunque era divertido escucharlas hablar de otras personas a sus espaldas.
Las miró de reojo mientras le daba otro sorbo a su café. Eran cuatro chicas de su edad, de las cuales tres estaban siendo unas perras totales con sus chismes, y su apariencia no ayudaba mucho. La cuarta parecía normal, simplemente tomaba de su café mientras revisaba su celular, ajena a las otras.
Su celular vibró.
“Magenta: Tal vez me vuelva a ir.
Ganstah: ¿Por?
Magenta: No soporto a la gente de aquí
Tú (Moon): Acabas de llegar, ¿ya te quieres ir?
Magenta: Si estuvieras al lado de estas chicas querrías que comprara un boleto de avión extra para acompañarme.”

Volvió a tomar un sorbo de su café y miró la hora nuevamente. No habían pasado ni dos minutos. En serio, no volvería a hacer negocios con ese hombre nunca más, y las chicas seguían cotilleando cosas casi inentendibles por sus risas chillonas lo que le daba menos ganas de trabajar.
Dejó el café en la mesa y revisó su celular.
“Magenta: ¿Creen que la policía me deje libre si les explico que maté a estas chicas por insoportables?
Ganstah: Probablemente no.
Magenta: Me voy a cortar con una galleta, lo juro.
Tú (Moon): Tranquila, puedes seguir adelante, ahora suelta esa galleta, mójala en leche y cómetela, campeona.”

La chica de la mesa de al lado, la normal y para nada chillona, comenzó a reírse mientras las demás hablaban. La miró por el rabillo del ojo mientras ella escribía algo en su celular y pronto recibió una respuesta.
“Magenta: Es lindo porque no tengo galletas.
Tú (Moon): ¿Tienes agua cerca?”
La chica miró a su alrededor y negó como para sí misma, luego bajó la mirada a su celular y volvió a escribir.
“Magenta: No, ¿por?”

Ismel sonrió y escribió en su celular antes de cerrarlo y salir del local con un café a medio terminar, mirando una última vez por sobre su hombro a aquella mesa y a la chica mirando con el ceño fruncido su celular.
“Tú (Moon): Por nada, por cierto, lindo broche.
-- Has salido de la sala --”.
escrito 2:

Caspar había estado viviendo en Francia hasta sus 10 años. Su madre había conseguido que la reasignaran y, aunque al principio iba a ser en Sudáfrica, la terminaron trasladando a un edificio de la compañía en la que trabajaba en Inglaterra. La noticia fue abrumadora, y aunque él quería seguir viviendo en Francia, terminó acompañando a sus padres, deseando lo mejor para ellos; su madre estaba muy emocionada por este trabajo, y él no quería arruinar su felicidad.
Cuando llegó no fue aceptado inmediatamente por los chicos de su barrio. Su acento era raro y muchas veces terminaba hablando francés al no saber qué palabras utilizar en inglés. Sus vecinos no eran del todo pacientes y por eso prefirieron no hablar con él, al menos hasta que pudiera hablar inglés decentemente.
El hecho de que nadie en su cuadra quería hablar con él lo volvió un poco antisocial y le fue difícil relacionarse con otras personas cuando comenzó la escuela. A veces se llenaba de valor y le dirigía la palabra a alguno de sus compañeros, pero este sólo le ignoraba. Nadie tenía la mínima intención de relacionarse con el extranjero. Un tiempo después, Caspar aceptó la realidad y también dejó de intentar hablar con otros.
El mantenerse aislado de la socialización logró que Caspar desarrollara gustos algo extraños. Lo único que él hacía era dormir todo el día y estar en la computadora de madrugada. También su actitud al hablar con alguien no era la mejor, por lo que prefería mostrarse indiferente, aún cuando le estuvieran hablando. Ya que ni sus padres soportaban su horrible personalidad, le dieron todos los lujos que él quisiera, con tal de permanecer alejado de ellos lo mayormente posible. A Caspar ya le daba igual eso, él tenía todo lo que quería y necesitaba.
Aún siendo una persona antisocial, mal educada y caprichosa, él seguía siendo Caspar, un chico de 13 años que quería vivir como un adolescente normal, con amigos, risas y diversión. Por eso, una solución para el problema de su incapacidad para socializar fue internet. Él tenía miles de amigos en línea, muchos de ellos medianamente famosos en sus ciudades por razones que nunca le dijeron a Caspar. Ellos eran la solución perfecta para la vida horrible y desastrosa en la que Caspar vivía. Pero aún si eran la solución, sólo eran una fantasía con la que hablar en la noche y en los recesos de la escuela. Caspar no podía escapar de su realidad siendo una persona solitaria.
Un día, uno de sus amigos, el más cercano a Caspar, le aconsejó que pusiera un poco de su parte cuando hablara con otros. “Si tú te sigues manteniendo indiferente nadie va a querer hablarte, y en parte es por eso que nadie te habla y tú te muestras indiferente. Como un círculo vicioso” había dicho. Caspar se mantuvo pensando en ello toda la noche y parte de la madrugada. Tenía razón. Nunca lograría nada mostrándose así. Ese mismo día, Caspar amaneció con una gran sonrisa en el rostro, para luego volver a dormir como hacía normalmente.

Hasta ahora no había tenido oportunidad de poner en práctica lo que había decidido hacer hace unas semanas. Nadie le había hablado más que sus padres, y no había tenido oportunidad de entablar una conversación con ellos, aunque no es como si quisiera. Pero había intentado, sin logro alguno.
Estaba por darse por vencido. Era como si él no existiera, y nadie hablaría con un fantasma, ¿no? No, nadie lo haría. Esto estaba claro para él.
Se encontraba en el banco de una plaza que daba hacia la calle. Hacía calor y él se encontraba comiendo un cono de helado mientras revisaba su celular. No había nadie en línea, por lo que lo guardó y siguió comiendo su cono. Se imaginó a sí mismo en esa situación, pero a los ojos de otra persona, y era simplemente patético. Entendía el por qué nadie le hablaba.
Volvió a revisar su celular. Nadie en línea.
Había un silencio extraño en el lugar. Cada tanto pasaban uno o dos autos por esa calle, y lo único que podía escucharse era el cantar de algunas pocas aves, algo extraño para la ajetreaba ciudad en la que se encontraba. Tanto silencio lo estaba desesperando, pero tenía un helado que comer y él era muy estricto con la comida. A pesar de estar delgado, comía mucho y nunca dejaba una comida a medio comer. Más ahora, con el calor que hacía solo un helado podía refrescarte.
Escuchó unos pasos extraños a lo lejos que iban acercándose y miró de dónde provenían. Una chica linda venía corriendo por la vereda; parecía apurada, pero por esa misma razón, Caspar la ignoró. Estaba lamiendo la punta de su helado de vainilla cuando escuchó un ruido sordo proviniendo de enfrente de él. La chica se había caído, y parecía que se había lastimado.
Caspar reaccionó al instante. Dejó su helado a un lado y se paró para ayudarla, sin importarle que el cono se había volteado y ahora estaba desparramado por toda la banca.
—¿Estás bien? —dijo, sosteniéndola por los brazos. Ella estaba media arrodillada en el piso, mirando una de sus rodillas raspadas. Su cara de dolor había preocupado a Caspar—. Estás herida.
—Sí —la chica de nombre desconocido tenía el ceño fruncido y miraba con dolor su rodilla.
—Espera —Caspar sacó la servilleta que venía con el helado que había guardado en uno de los bolsillos de su pantalón y se lo ofreció a la chica—. Toma.
Ella lo aceptó con gusto pronunciando un “Gracias” y comenzó a limpiar su herida, para luego presionar sobre ella intentando parar el leve sangrado que tenía. La chica levantó la cabeza para mirar a quien la había ayudado para encontrarse con el rostro de un chico manchado en la zona de la barbilla con lo que parecía helado. No pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Perdón —volvió a mirar al chico que estaba confundido del por qué la risa—, pero, ¿no hubiera sido mejor guardarte la servilleta? —comentó mirando con una sonrisa a Caspar.
Él frunció el ceño mientras ella señalaba su boca. Él la tocó para encontrar helado derretido en sus dedos y se sonrojó fuertemente por la vergüenza –aunque también podría haber sido por la sonrisa de la chica–.
La muchacha quitó el papel de su herida y, al ver que no sangraba más, abrió la servilleta y limpió la comida de la cara del chico con delicadeza mientras éste se sonrojaba. Cuando se aseguró de que ya no estaba manchado volvió a doblar la servilleta y se paró, ofreciendo su mano para que el chico también se levantara. Él, aún sonrojado, la aceptó y pronto ambos estuvieron frente a frente sin decir ni una palabra.
—Eh… —Caspar quiso decir algo, pero las palabras simplemente no salían.
—Gracias por ayudarme —dijo ella, al ver que él no diría nada— y perdón por molestarte mientras estabas comiendo; algún día te pagaré ese helado.
—Oh no, no es necesario —negó rápidamente.
—Por favor —ella sonrió y él no pudo negarse al ver esos ojos que demostraban que en serio quería pagar por molestarlo, aunque no había sido ninguna molestia.
—E-está bien… si tú lo dices.
—Bueno, lamento mucho lo que pasó, pero debo irme. Adiós.
Sin decir una palabra más, ella le dio una última sonrisa y luego se alejó caminando hacia donde se dirigía, intentando no forzar su pierna. Caspar la miró alejarse hasta que la perdió de vista.

Esa noche Caspar no dejó de pensar en el encuentro con ella. Su cuerpo había actuado por sí sólo, y se sentía tremendamente avergonzado. Una chica lo había visto en las condiciones en las que se encontraba, tal y como él se había imaginado: patético. Si pudiera, desearía que esa chica nunca se hubiera caído, y él nunca la hubiera ayudado. Pero no podía, lo único que podía hacer era pretender que nunca pasó, pero sería inútil si ella no hacía lo mismo.
Aún así, lo hizo. Con el tiempo, se olvidó de lo que había ocurrido, tanto como la vergüenza que pasó, como la sonrisa de la chica linda de cabellos castaños que había sido amable con él.

Ficha aceptada.

escribes muy bien, me ha gustado mucho y además no he encontrado errores ortográficos, que es lo más importante. ya estás participando, mucha suerte <3.
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Mensaje por hypatia. el Mar 25 Mar 2014, 5:21 pm

Sunrise. escribió:
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Nombres: Summer Jackson. | Alexander Dallas.
Edades: 17 años. | 17 años.
Representantes: Crystal R. | Daniel S.
Rol: Reservada.
Escrito:
Spoiler:

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Era una mañana cualquiera. No había comenzado bien, pero eso era normal. Harry despertó de sus pesadillas y se llevo las manos a la cabeza, intentando alejar todos esos malos pensamientos. Respiró hondo, tratando de calmar el bombeo de su pecho y cerró los ojos por un momento; un momento para decirse que todo estaría bien. Aún sentía el calido aliento de Lydia al borde de sus labios. Tuvo la oportunidad de besarla, pero no lo hizo, no podría hacerlo en el estado en que ella se encontraba.
Varias noches antes, Harry decidió confesarle a su mejor amiga sus sentimientos, pero ella tan sólo no escuchó y se emborrachó. En este preciso momento debería de estar dándole el beso del buen día a Liam. Mi Lydia, pensó. Siempre había tenido ese sentimiento por la castaña, sólo que nunca había tenido el valor para decírselo. Y ahora se arrepentía por no haberlo hecho.
Hasta se imaginaba lo que harían hoy. Irían a tiendas, comprarían flores, harían las decoraciones y listo; para este martes ya se habrían casado. Y él asistiría. ¿Qué peor que ver al amor de tu vida casándose con otra persona? Liam no era malo para Lydia, era uno de los hombres más amables y atentos que había conocido, y eso lo hacía peor.

Prendió la televisión para ver las noticias y recordó que la noche anterior el meteorólogo había dicho que ese día habría una gran tormenta, pero el cielo azul con ese sol brillante se encontraba en el cielo. Este no se tornaba para nada gris y Harry no tenía ninguna duda de que el sol no lo dejaría solo hoy.

Salió de la gran y solitaria casa, saludando a la nada. Porqué sin contarlo a él, no había nada. Todo había pasado tan rápido… El hoy se convirtió en ayer y apenas cerró los ojos, cuando se había quedado solo; completamente solo.
Tenía a Louis, su mejor amigo, pero este estaba muy ocupado en sus pequeñas vacaciones con Alice, su prometida. Sabía que Tomlinson se lo merecía más que nada y tampoco es que iba a reprocharle, ya que el día después de que Louis se fue, su abuela Beatrice había fallecido. Buena suerte la mía, se dijo a sí mismo.

Comenzó a caminar hacia su cafetería favorita, tratando de esquivar el agua de los charcos que yacía en las calles de Londres. El día anterior había lloviznado, y supuso que ese día nada caería del cielo. Metió las manos en los bolsillos de su gran abrigo, no nevaba ni llovía, pero el viento soplaba fuerte en la gran ciudad.

Escuchó el sonido de una pequeña campana detrás de él, era de esas de las pequeñas bicicletas y giró la cabeza hacia atrás para encontrarse con una niña de cabellos rubios tratando de pasar. Harry se hizo a un lado, para dejar pasar a la niña y esta le sonrió.

Llego a la cafetería y se hundió en el olor a café. Respiró hondo ese aroma tan exquisito que siempre le había gustado y ya podía escuchar ese pequeño timbre que sonaba cada vez que estaba el hecho pedido.

En aquella cafetería, frecuentaba mucha gente la mayoría del tiempo. Hoy, al ser domingo, no había tantas personas, pero le habría gustado algo más de intimidad. Sacó un número y se enfiló atrás de una pareja que parecía estar muy feliz. La fila no avanzaba con mucha rapidez, pero valía la pena esperar. Se dispuso a mirar por la ventana cómo la gente caminaba por delante de sus ojos y seguían sus vidas.
Luego miró hacia las personas dentro del café. Había personas acompañadas, hablando animadamente con su compañía, algunos estaban sumidos en sus pensamientos, un par perdidos en las páginas de sus libros y otros sonreían torpemente escribiendo textos en su teléfono móvil.

Distraídamente volvió su vista hacia la ventana otra vez, pero había algo diferente. En el portabicicletas había bicicleta celeste con una pequeña canasta de mimbre.

La gran puerta se abrió y por el rabillo del ojo a una pequeña mano que se acercaba al marcador y sacaba el número cuarenta. Algo le llamó la atención en aquel brazo, que lo dejo algo anonado. Había marcas, eran oscuras y por un momento, Harry pudo detectar el olor a sangre.

Sintió que algo cayó al suelo; una cadena de oro sin ningún dije en especial. La muchacha –o por lo menos eso creía que era- no se molestó en levantarla, así que Harry se agachó para tomarla y estiró el brazo hacia aquella persona.

Y ahí estaba ella. Hermosa. El sol haciendo notar sus ojos oscuros con un brillo peculiar en ellos que alumbraba toda ella y su melena anaranjada estaba desordenada. Ella sonrió al instante, haciendo que las rodillas del castaño se volvieran débiles y los dragones en su estomago comenzarán a rugir y lanzar llamas. ¿Acaso había encontrado una sonrisa tan hermosa que hasta lo hacía feliz?

—Creo que se te cayó —dijo el haciendo notar la cadena que dedujo que era un brazalete. La pelirroja bajó la mirada hasta él y lo tomó, rozando con sus delicados dedos la mano de Harry y este sintió algo inexplicable al hacer conexión con ella.

—Gracias —murmuró con una timidez tan inocente que Harry casi se derrite, literalmente. La muchacha notó lo embobado que estaba él y largo una pequeña risa, mientras las mejillas de Styles tomaban un color rosa.

—L-Lo siento —se disculpó torpemente.

—Descuida, ojala los chicos cómo tú me miraran así frecuentemente —no dejó de sonreír en ningún momento. ¿Estaba siendo amable? Debería, porqué si un chico no se diera cuenta de lo hermosa que era sin duda estaba ciego o quizás loco.

—Soy Harry, número treinta y nueve —dijo de la nada. Hasta eso lo sorprendió a él mismo, pero la pelirroja no se vio sorprendida.

—Lennon, cuarenta —respondió con sutileza. Hasta su nombre era hermoso, peculiar, pero aún así hermoso.

—¡El que sigue! —gritaron desde la barra. Harry giró en sí y se dio cuenta de que toda la fila se había dispersado y él era el siguiente.

—¿Quieres ser tú la cuarenta? —preguntó.

—¿Me dejarías serlo?

—Si es que te sientas conmigo sí.

Lennon pasó por su lado y Harry respiró hondo su perfume. Era exquisito, más que el aroma de aquel café. Hicieron su pedidojuntos y se sentaron en una mesa al lado del ventanal. Los dos hablaban animadamente, congeniaban muy bien juntos; les gustaba las mismas cosas, eran muy parecidos entre sí. Las risas de Lennon no paraban, y cada vez que ella sonreía a Harry se le aceleraba el corazón.

Pero él tenía preguntárselo, necesitaba hacerlo. ¿Por qué tenía esas marcas en sus débiles brazos?, ¿Qué podía ser tan malo cómo para lastimarse de esa forma?

—Lennon, dime, ¿porqué tienes esas marcas y que puedo hacer para curarlas?

La pelirroja se sorprendió por la pregunta. Sus hombros se encogieron y la mirada se le volvió vacía. Cómo si recordara algo muy triste.

—No lo quieres saber, Harry —tomó un sorbo de su taza.

—Está bien, no hablaremos del tema, pero prométeme que ya no lo harás —la miró directamente a los ojos y tomó su mano. Esto tomó de sorpresa a Lennon, pero hizo lo que pudo para que dejara eso atrás.

—Lo prometo —dijo al fin —. Está será la última vez, Harry —el castaño sonrió, pensando que dejaría ese mal habito. Y lo hizo, lo dejó para siempre.


{…}


Harry estaba más que emocionado. Se levantó con una boba sonrisa en la cara, ni el feo clima lo detendría, hoy la volvería a ver. Se puso su sweater color beige y al abrir la puerta se encontró con una Maggie toda empapada.

—¿Maggie? —indagó extrañado. Ella casi nunca lo venía a ver a casa ya que siempre estaba trabajando en la cafetería y el frecuentaba ese lugar.

—Tienes que acompañarme —dijo ella simplemente. Tomó su chaqueta y cerró la puerta detrás de él. Corrieron bajo las gotas que caían del cielo, tratando de pasar lo más rápido para dejar de mojarse. A varias cuadras antes del café se metieron a un vecindario privado y la puerta de una gran y calida casa estaba abierta.

Se adentraron al hogar y todos estaban vestidos de negro. La mayoría lloraba, otros yacían en silencio. Todos los sabían, pero nadie decía nada. ¿Y cómo iba él saberlo?, ¿cómo iba a darse cuenta? Ni siquiera entendía porqué estaba ahí y ya no había tiempo para decir lo que sentía. Maggie no dijo nada, pero apunto con la mirada a un cajón sin cobertura. Harry fue acercándose lentamente al hermoso cuerpo dentro de él.

Y ahí estaba ella, cómo siempre hermosa. Sólo que sus ojos ya no brillaban, ella ya no sonreía.
Ficha aceptada.

ya había leído es os, ¡y lloré cuando lo hice!, no sé si te lo he dicho antes pero me gusta mucho tu forma de escribir, y tampoco tienes errores ortográficos. ya estás participando mía, suerte <3.
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por hypatia. el Mar 25 Mar 2014, 5:22 pm

A ti no te acepto porque ya estás aceptada Lau xd.
me encantó el nombre que le pusiste a Kendall <3 <3.
estoy deseando empezar. lskfjkslfjs
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por hypatia. el Mar 25 Mar 2014, 5:23 pm

Alice. escribió:
idea tan más kúl, me gustó el libro, así que voy a audicionar por Logan Lerman, al rato te mando mi ficha, honey;-;
hola alice, me alegra que te haya gustado, y el libro en el que se basa es fantástico c:
de acuerdo, espero tu ficha.
un beso <3.
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por hypatia. el Mar 25 Mar 2014, 5:25 pm

clifford. escribió:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
nombres: maxwell o'connell y byanca fitzgerald.
edades: dieciocho y diecisiete.
representantes: ash s. y brynja j.
rol: la rara.
escrito:
está feo but sirve:
— ¿Y tú que opinas, Brynja?
Ella levantó la vista de su libro y luego de acomodarse los lentes, preguntó.— ¿Sobre qué?
— Sobre el amor.—contestó, Kenneth, con una sonrisa.
Ella miró a su amigo, extrañada. Él no solía hablar de ese tipo de cosas.— ¿Es broma, no?
Kenneth apenas rió.— No, estúpida. Te lo pregunto enserio.
— Ah, vale.—fijo su vista al frente.— Bueno, opino que es genial cuando te enamoras. Empiezas a ver todo cómo si fuese arcoiris y mierda de unicornio. Suspirar por alguien se hace parte de tu rutina y comienzas a sonreír y a reírte mucho...—hizo una pausa.— Pero luego todo se vuelve negro. La realidad te da una cachetada y te das cuenta de que no importa cuanto suspires, ni cuanto arregles tu cabello, ni cuanto rías, ni cuanto ames a la otra persona; siempre, de alguna forma, terminarás siendo lastimado.
El rubio la miró por unos segundos y luego pestañeo. Después de relamerse los labios, sonrió.— Brynja, ¿de quién estás enamorada?
Ella suspiró.— Todo el zoologico que siento cuando te relames los labios, indica que estoy cien por ciento enamorada de ti.—y la besó.
Ficha aceptada.

no es feo, me gustó aunque fuese corto, y no tienes faltas. obvio estás participando, suerte <3.
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por hypatia. el Mar 25 Mar 2014, 5:27 pm

thebeatles. escribió:mai gad :B entonces iré por la Lily Collins & Zayn <33
gracias Lennon, tu McCartney te adora aún más no sé cómo lo logras
espero tu audición con ganas c:
ahh, porque soy lennon, siempre sé cómo sorprender xd.
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por pinkfloyd. el Mar 25 Mar 2014, 5:36 pm

omg. está idea es tan fab  me he leído el libro... ¿unas 5 veces? nunca me cansó, no preguntes el porqué. siempre quise hacer una nc de the lonely hearts club, pero nunca lo hice. ¡per tú sí y quiero intentarlo! que mierdas lo que digo. no importa, como sea.
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por hypatia. el Mar 25 Mar 2014, 5:40 pm

pinkfloyd. escribió:omg. está idea es tan fab  me he leído el libro... ¿unas 5 veces? nunca me cansó, no preguntes el porqué. siempre quise hacer una nc de the lonely hearts club, pero nunca lo hice. ¡per tú sí y quiero intentarlo! que mierdas lo que digo. no importa, como sea.
ohh amé tu user, era el grupo preferido de mi abuelo y uno de mis perros se llama floyd <3.
es que es un libro fantástico, aunque lo leyera por primera vez hace muy poco. yo no pude resistirme a hacer lsdflskdfl. espero tu audición, por cierto, ¿cómo te llamas?
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Re: the lonely hearts club {audiciones cerradas.

Mensaje por pinkfloyd. el Mar 25 Mar 2014, 5:47 pm

lennon. escribió:
ohh amé tu user, era el grupo preferido de mi abuelo y uno de mis perros se llama floyd <3.
es que es un libro fantástico, aunque lo leyera por primera vez hace muy poco. yo no pude resistirme a hacer lsdflskdfl. espero tu audición, por cierto, ¿cómo te llamas?
es mi grupo preferido, el de mi papá y el mi familia, prácticamente. ¿tú... tú perro se llama floyd? genial omg.
me llamo eddie ;-; me bauticé sola. tenía 5 años.
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