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Like a Champion {I. cerradas

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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Karou. el Lun 24 Mar 2014, 7:26 pm

Mitchell. escribió:
Ficha:
Fatiii, me encanto la idea, me inscribere. Lo de las reglas se me hace un poco dificil bc estoy desde el cell. Pero pondre lo demas rapido.

Shay M.|Bonita|Marie Clow.
Liam P.|Marginado|
Ian S.|Campeon.

Tu ya sabes como escribo, puedo dejartelo mas tarde, plz? Jahahaa bai, besos.
Reservados!


Tu tranquila mi linda pau. Ya están reservados y no te preocupes ya se como escribes no tienes que dejar escrito pero luego hablamos
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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Karou. el Lun 24 Mar 2014, 7:34 pm

Grace. escribió:
Ficha:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

Representantes: Emma Stone & Mila Kunis.
Nombres: Sara Smith & Erica Holend.
Roles: La "Bonita" & Marginada.
Escrito:
Doctor Who:


Capitulo 08

Emily Bloom.


Era como si todo se viera desde un punto de vista diferente. Como si fuera una marioneta, todo demasiado nublado para comprender.
- El esta maldito, pero es nuestro único rey.
Todo se sacudía, las voces provenían de un gran eco podía ver el rostro de la persona, un chico lleno de polvo y sangre en su rostro. Se fue corriendo, junto con los bombardeos que llegaban de la nada. Miles de hombres corrían, no chocaban conmigo solo me rodeaban, ni una mirada ni un acto de preocupación. Nada. Solo marchaban como soldados, una niña apareció de la nada frente a mi.
- El hombre de la gran barbilla sabe como ocurrió la maldición del rey.
La niña tenia unos grandes ojos azules, casi como si uno se perdiera en ellos, tomo mi mano y note que había una flor.
- La mata lobos.
La voz no provenía de la niña, sino de la mía. Pero no había movido los labios, no salió de mi boca aquella frase.
- Esta guerra era entre maquina y hombre, pero se volvió algo mas al avanzar.
Un viejo paso a mi lado, fumaba su pipa.
- Cuando nuestros recursos cayeron, la corona tuvo que salir a luchar, solo quedan pocos para gobernar esta tierra. El es único indicado para gobernar, pero el se ofreció a comandar a nuestros soldados, luchando con su pueblo. Pero el sabe que el morirá en esta guerra, ya sea por los Cyberm o lo que hay dentro de el, lo que acabara con su vida.
Se escucho una bomba caer, la explosión callo a mis espaldas haciéndome caer, el viejo se había. Hombres gritando ordenes sobre esconderse, la guerra aun seguía aun de noche, grandes bocas ordenando irse a los refugios bajo tierra. Otra vez la mata lobos alrededor de las entradas, vi unos grandes ojos rojos entre el polvo que había causado la bomba. Apareció una chica de melena negra con ojos verdes.
- Esto corre en nuestra sangre, no hay forma de impedirlo.
Se desvaneció cuando empezaron los gritos.

❁❁❁❁

- Scarlet, dile que deje de mirarme.
Los grandes ojos verdes del Doctor no me quitaban la vista, había estado así desde que había aceptado ir con el. No me solía molestar sus miradas directas, pensaba que lo hacia con las demás chicas pero solo lo hacia conmigo; pero hoy me molestaba mas que nunca esa mirada.
- Porque te mira tanto?- pregunto el nuevo habitante Logan.
Me encogí de hombros, solo tome un sorbo de mi taza de café que sabia horrible, normalmente Ed solía hacerme café. Esta vez me había levantado temprano junto con el Doctor, hoy volverían con Edward y papá a pasar el fin de semana. Pero pensaba que el día empezaría perfecto pero gracias el sueño raro que tuve, desperté algo irritable. Logan y Scarlet ya se habían despertado, yo ya tenia mis dos maletas listas, solo contenían mi ropa sucia y todo eso. Scarlet paso a mi lado, su cabello era un asco.
- Hey Scarlet! Quieres café?
Ella tomo mi taza, lo olió mientras se dirigía a las puertas de la TARDIS.
- No quiero de tu apestoso café.
Abrió las puertas, lanzando mi taza al espacio. Mariella entro, movía su cuerpo al ritmo de Guns N' Roses, se movía muy bien.
- De todos modos odiaba esa taza.- dije intentando distraer mi mente de la chica.
Mire el Doctor quien había dejado de mirarme, ahora estaba arreglando unos cables del comando. Me miraba de reojo de vez en cuando.
- Deja de mirarme, me haces sentir acosada.
El siguió con lo suyo como si nada, hoy estaba demasiado callado el Doctor pero no presta mucha atención a eso.
- Ya casi esta listo? Porque quiero llegar para el desayuno.
El solo se sacudió las manos.
- Buenooo... parece que todo esta bien, estará algo estable, pero aun así esta lista para viajar.
El solo me sonrió, le devolví el gesto, me acerque a el para besarle la mejilla.
- Gracias- tome mis maletas contenta.
Empezó a configurar el comando, enseguida la TARDIS empezó a moverse y a sonar. Clarissa junto con Kat entraron algo malhumoradas. El Doctor solo reía mientras que los demás nos agarrábamos de lo que podíamos. Cuando la TARDIS dejo de moverse y de gruñir, tome una de mis maletas, no encontraba la otra pero Clary la encontró.
- Aquí tienes- me paso la maleta.
- Gracias Clary.
El Doctor me acompaño a la puerta, pero antes de salir me voltee hacia los demás con una gran sonrisa.
- Nos vemos en dos días, chicos.
Se despidieron de mi con sonrisas junto con despedidas de mano. Solo había pasado un par de semanas desde que empece a viajar, tal vez podría pasar unos días fuera del mundo fantástico del Doctor, pero jamas me detendría.
El Doctor salió conmigo de la cabina, estábamos afuera de la casa de mi padre, una casa entre las demás. Afuera estaba el Jeep junto con el auto de papa de la policía.
- Entonces... Esa es la casa donde te quedaras?
Asentí, el solo me miro algo confundido.
- Mi hermano y yo siempre viviremos en la casa de mis padres.
- Oh! Quiero conocer a todos los Bloom, tal vez sean unos padres espectaculares, el rudo jefe de policía junto a la madre que todos desearían tener.
No pude evitar reír ante su comentario, pero en seguida la borre.
- No creo que sea posible, a mi papá no le gustan las visitas inesperadas, en especiales en los fines de semana de familia. Se pone como fiera- le advertí con una sonrisa juguetona- Y mamá, bueno ella siempre le gustaba recibir a las personas con los brazos abiertos, Pero...ella se fue.
- Oh! Lo siento, no quería...
- No, esta bien. Me gusta hablar sobre mi madre, ella era...fantástica.
Lo mire de reojo, el mostraba la misma triste en su rostro, el también debió haber perdido a alguien; como todos nosotros. Exhale ondo para romper el silencio, el Doctor salió de su trance volviendo a sonreír.
- Bien Emily Bloom, nos veremos pronto.
- Espera- saque el celular del Doctor de mi bolsillo para entregárselo- He puesto mi numero en caso de que algo nos llegue a pasar a los dos.
El solo miro atónito el teléfono, era algo femenino eh incluso algo viejo.
- Podrías poner el numero de las demás chicas, en marcado rápido tal vez.-proseguí, el Doctor solo miraba angustiado el teléfono.
- Donde lo encontraste?
- Oh! Lo encontré en una de las habitaciones hace unos días, cuando no encontraba la piscina. Pensé que se seria de alguna de las chicas pero parece que es tuyo.
El solo sonrió con angustia.
- Esta bien.
Solo sonreí y tome mis maletas.
- Nos vemos Doctor.
Cruce la calle, no habían nadie afuera. El Doctor solo alzaba su mano entusiasmo.
- Salúdame a tu hermano- me grito al otro lado de la calle.
- Esta bien.
Solo reí, vi sobre mi hombro que el Doctor se quedo un momento parado viendo su teléfono para luego entrar a la cabina azul. Es gruñido de la TARDIS empezó a sonar al mismo tiempo que desaparecía. La puerta de la casa se abrió, Edward se asomaba por la puerta buscando algo, en cuanto su mirada se topo con la mía corrió a abrazarme.
- Te extrañamos- dijo al mismo tiempo que me abraza mas fuerte, era bueno volver a ver a mi hermano- Hey! Papá, mira quien llego.
- Yo también los extrañe.
Vi sobre el hombro de Ed que papá salía, sonrió al verme. Edward se separo de mi, ahora yo era la que corría para abrazarlo.
- Hola papá.
- Es bueno verte, hija.
Nos separamos, papá tomo una de mis maletas y entramos a casa.
- A que huele?- pregunte, olía delicioso.
- Estoy haciendo hamburguesas vegetarianas, para después. - contesto mi hermano con orgullo.
- Aun tienen algo del desayuno? No eh comido nada.
- Nos sobraron pancakes, cometemos si quieres. Pero tienes que guardar para las hamburguesas.
- Odio las hamburguesas vegetarianas- dijo entre dientes papá.
- Tienes que cuidarte papá, sino parecerás uno de esos policías obesos como los de América.
Edward río junto conmigo.
- Y comerás donas con café.
Reí a carcajadas al solo imaginarme a papá obeso comiendo donas por montón. Extrañaba que ellos me subieran el animo.

❁❁❁❁

- Entonces, que hiciste con el Doctor?
Me senté en mi cama para quitarme los zapatos.
- Bueno, fuimos a muchos lugares, tantos que la memoria de mi cámara esta lleno. Fuimos muchas veces al pasado, la era victoriana, la renacentista eh incluso la medieval. Pero yo quería ver el futuro, pero el Doctor no nos llevaba al futuro de la tierra, si no al futuro de otros planetas. Muy lindos todos, pero yo querían ver el futuro de la tierra.
- Bueno, tal vez cuando vuelvas puedas ser mas especifica.
- Claro, vi toda clase de cosas hay afuera, que te dejaría con la boca abierta toda tu vida. Pero incluso conocimos a Marlyn Monroe, estábamos en un "viaje de historia" como lo llama el Doctor cuando vemos en la mujer mas hermosa de todas, se acerco al Doctor algo enojada pero casi pude conocería si el Doctor no hubiera salido corriendo, aun no nos dice que paso. El prefiere no hablar de eso, pero era mas bonita que en las fotografías.
Edward solo se sentó frente en su cama junto a mi. Mi hermano y yo, siempre hemos sido muy unidos desde que mamá falleció, siempre hemos estado juntos en las buenas como también en las malas. Algunas veces me pregunto que haría sin el.
- Pero...dejemos a un lado eso y cuéntame que hiciste tu en las dos semanas que no estuve, con tu trabajo como...fotógrafo de Ciencias forenses, debiste quedarte con el otro empleo.
El solo sonrió, se tumbo en cama relajado.
- Era aburrido, este es mas interesante.
Resople ante su comentario, era pura mentira lo que decía.
- Claro, es mas interesante que ver la pintura secarse. En serio, tu detesta ver personas muertas, no veíamos series de criminales cuando estábamos en Nueva York, porque a ti no te gustaban.
- Vamos, papá me consiguió el empleo mientras encontraba uno mejor. Solo es temporal...creo.
Sonreí, me levante para tumbarme a su lado. Tenia los ojos cerrados.
- Papá me dijo que hay alguien, por el que estas coleado.
No abrió los ojos ante mi comentario como lo esperaba, solo sonrió.
- No me a dado muchos detalles, solo que trabaja en Ciencias Forenses y que tu te ruborizas mucho cuando estas con ese alguien especial- proseguí- Ahora que lo pienso, tu no has salido con nadie desde hace 5 meses, desde que nos fuimos de Nueva York.
- Si, Tina...
- La perra pedofila- dijimos al mismo tiempo, reímos al decirlo.
Mi hermano toma a la ligera los rompimientos, no suele salir mucho tiempo con una persona, porque el normalmente es quien termina la relación o realmente le consiguió chicas muy estúpidas.
- Dime quien es?- le rogué.
- No.
- Vamos, acaso es un chico? Siempre presentí que tal fueras gay.
El se río, me dio un leve golpe en mi pierna.
- No lo soy, no como tu.
- Oh! Vamos, yo juego para los dos bandos, tu en cambio siempre es un misterio. Ya en serio, como es la chica?
Abrió los ojos, se puso boca arriba mirando el techo hice lo mismo imaginando que había estrellas.
- Su nombre es Marie, se encarga de guardar la información de los cuerpos.
- Es linda?
El soltó un suspiro junto con una risa, en sus ojos se veían un brillo el hablar de ella.
- Que si es linda, ella no solo es linda, es hermosa, inteligente, graciosa...
- Es perfecta a tus ojos.- dije interrupiendolo.
- Exacto, es castaña por si lo querías saber, sus ojos son verde agua, parecen brillar cuando sonríe como si hubiera un hermoso universo dentro de ellos.
- Wow, incluso mas hermosos de los que yo eh visto?
- Si, tenemos muchas cosas en común.
Reí, en serio se notaba que le gustaba porque jamas había hablado así de una chica.
- Oh! La regla de los 8 segundos, a pasado?
Me mira con una sonrisa, la regla estaba echa, el estaba flechado por ella. Empece a chillar de emoción.
- Oh no puede ser! En serio te gusta la chica como para que se hubiera cumplido los 8 segundos.
- No lo se, no estoy muy seguro.
- Oh vamos! La forma de como has hablado de ella, la chica pudo flecharte con solo una mirada de 8 segundos. Debes casaste con ella, es soltera?
- Si, eso me han dicho sus amigas del trabajo, no a salido con nadie desde hace meses.
- Genial, tienes que presentármela un día.
El solo río junto conmigo, después de reír nos quedamos callados viendo el techo.
- Y tu? Has encontrado alguien? Un alíen atractivo.
Le di un suave golpe en el hombro, el solo se reía.
-No, no hay nadie. Tal vez ese chico con la peste negra que me invito una cerveza, pero la verdad no era mi tipo. Obviamente olía mal, pero debo decir que el chico era entusiasta e incluso optimista.
Solo nos sonreímos. Me pare de la cama, me fui a la mía.
- Espero con mía mejores deseos que te valla bien con esa chica.
- Gracias Em.
- No hay de que.
Edward apago la lampara de la mesa de noche. Sumiéndonos en la oscuridad.
- Buenas noches.
- Buenas noches- dije al cerrar los ojos.

❁❁❁❁

Esa noche esperaba volver a tener sueños normales, pero para mi mala suerte no fue así. Otra vez me sentía una marioneta, todo volvía a estar nublado. Pero esta vez ya no era el mismo escenario, vi a una chica en un lago, parecía estar cantando algo. Me fui acercando a ella sin sentir el mínimo movimiento de mis piernas, para cuando me acerque a ella dejo de cantar, me miro sobre su hombro, la forma en que estaba vestida era algo anticuado.
- Nuestro reino dependen ahora de nosotros, el rey a muerto es el deber de sus hijos retomar el poder.
La voz no parecía provenir de ella, era la voz de un hombre. Me gire al notar que un chico igual de rubio que la chica, estaba detrás de mi.
- Una reina y su caballero- dijo la chica levantándose, sostenía una corona de flores. Se puso la corona mientras se acercaba a mi, las flores que llevaba eran como la que sostenía la niña de mi antiguo sueño. El chico también se acerco a mi, ahora el tenia una espada en las manos, mis piernas dejaron de funcionarme y caí de rodillas cuando en chico estaba frente a mi, la chica puso una de sus manos en mis hombros.
- No hay persona mas valiente que usted, su coraje y valentía son admirables. Usted es la persona indicada para comandar a nuestras tropas.- alzo su espada sobre mi- Ya sea como usted quiera llamarse, la declaro nuestro caballero para comandar a nuestras tropas- la punta de su espada toco mi hombro derecho- Nuestro reino ahora depende de usted- la punta toco mi hombro izquierdo, mire a la cara al chico.
- Nuestro caballero.- solo pudieron decir los dos chicos.
Mi mirada callo al suelo, ahora estábamos en un campo de batalla repleto de la flor de la niña, pero también habían caballeros muertos entre las flores, note un calor en mi vientre, lo toque con mis manos. Mis manos se llenaron de una mancha roja, caí entre las flores, ya no estaban los dos chicos. Estaba muriendo, escuche pisadas acercarse, era el Doctor. Estaba triste, de sus ojos corrían lagrimas, sostuvo mi cabeza y me abrazo.
- Todo esto fue mi culpa. Lo siento mucho Jenny.
Solo sonreí, como si no me importara que hubiera dicho mal mi nombre. Cerré los ojos, ahora mi cabeza estaba en el regazo de la chica rubia, me miraba con angustia, acerco sus labios a mi frente y la beso.
- Duerme bien mi caballero.- fue lo único que susurro, ahora todo estaba oscuro.

Hola:

Hola Fatima, tu y yo ya nos conocemos mas o menos, porque estamos juntas en algunas novelas colectivas.
Pero creo que no hemos hablado directamente o nos hemos presentado adecuadamente, así que....
Hola Fa! (te puedo decir Fa?)
Soy Grace, y bueno aquí esta mi ficha, no es perfecta o sensual como las otras pero...es asombrosa. :33


Reservados!

Por dios claro que están reservados miles de veces escribes genialoso! Claro que me puede decir así lindura, si ya son varias nc's juntas yo te diré Grace (? no se me ocurre un apodo bonito, bueno ya encontrare alguno.Besos.
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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Invitado el Mar 25 Mar 2014, 10:19 am

oh dios voy a participar. el title me acordó a Like a Champion de Selena y entré instintivamente, no es que sea Selenator o algo pero es que amo esa canción. y voy a participar simplemente porque la historia me encanta, tengo algo con los bulleados yo fui bulleada en la primaria pero ahora estoy todo bien en secundaria, so, creo que voy a poder hacer una buena historia esperen mi ficha, y también debo hacerte una pregunta SUPER importante: te gusta cher lloyd? daksjdgaskdad yo soy brat desde 2013 y la amo, le haría hijos si fuera posible y la comparto con craig por las noches, después es mía ol dei ol naig(?) ah el punto es que la amo, y vos?
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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Invitado el Mar 25 Mar 2014, 11:07 am


♡ Lizzie Adams ♡ Finn Harries ♡ Jack Harries ♡
Representante: Kendall Jenner.
Nombre: Elizabeth Jane Adams {Champion.
Representante: Finn Harries.
Nombre: Finnegan Harries {Marginado.
Representante: Jack Harries.
Nombre: Jackson Harries {Deportista.
escrito 1:
Esta historia relata la vida de un chico de ciudad.
Su nombre era Ismel, un chico de nacionalidad británica y raíces extranjeras. Su madre, Stefania, había decidido que el nombre de su primer hijo sería el de su abuelo, sin pensar en las consecuencias que eso traería en la vida de ese niño.
Todo empezó normal, con los típicos cumplidos de "Que bebé más hermoso" y "De grande será un chico muy apuesto". Lo típico. Pero un comentario de una prima lejana desconcertó a su madre: "Que nombre más extraño tiene, ¿no?". Allí fue cuando comenzó la cosa.
Los niños "inocentes" se metían con el pequeño Ismel por su acento heredado de su madre y su nombre. "¿Qué haces aquí? ¡Regresa a tu planeta, alien!" "Miren, allí va el chico extraño" "Me dijeron que si me acercaba a él su idiotez se me contagiaría y comenzaría a hablar como lo hace él". A medida que pasaba el tiempo, los insultos se hacían peores, pero lo único que él podía hacer era soportarlo hasta que terminó la primaria.
Cuando comenzó la secundaria en otra escuela se encontró con que el mundo lo ignoraba. "¿Ismel? ¿Quién es él? No lo conozco". Ya a nadie le importaba si tenía ascendencia extranjera o si su nombre era extraño. Directamente, a nadie le importaba él.
Él odiaba estar solo, odiaba que a nadie le importara si le pasara algo, odiaba ser una persona invisible ante los ojos de los demás, pero lo que más odiaba era que nadie pudiera entenderlo. De hecho, nadie intentaba, y eso era lo que más le irritaba. ¿Qué tenía de malo? ¿Qué hizo él para ser marginado de esa manera? No es que él no pudiera hablar con nadie, es sólo que nadie le prestaba atención cuando lo hacía, y por eso dejó de hacerlo.
Este hecho lo volvió un marginado social, pero no es como si él odiara totalmente su posición. Pensándolo objetivamente, podría ser un golpe de suerte terminar así. Puedes escuchar conversaciones, mirar eventos en primera fila, husmear secretos y no preocuparse con que alguien lo descubra. Y él, al darse cuenta de eso, lo utilizó a su favor.
"Extorsiones. Chantajes. Información. ¿Quieres acabar con tu enemigo? ¿Asegurarte que nunca vuelva a meter un dedo en tu vida? Ve con Isa. Él puede lograrlo."
En el fondo de un pasillo al que no llegaba la luz del sol, en una esquina donde el moho se acumuló y donde podían verse manchas de sangre sin limpiar, allí es donde está Isa. El mejor informador en toda la escuela. Si podías pagar la suma, incluso podrías gobernar la escuela con tan solo un poco de información proveniente de la boca del chico de cabello negro.
Ismel se había ganado la vida con el trabajo de informante; aunque ese trabajo le haya hecho desarrollar una mentalidad algo retorcida, pero valía la pena. Bajo el seudónimo de Isa podía ser quien moviera los hilos detrás de todo el ámbito escolar. Profesores, alumnos, empleados, inclusive el director, todos danzando en la palma de su mano y todo por el simple hecho de que él había visto o escuchado algo que no debía. Todo fue perfecto hasta que terminó la escuela.
No sabía qué hacer ahora que había terminado la graduación. Todos seguían festejando el fin de su estadía en la escuela, al menos los que eran como él y no planeaban ir a la universidad, pero no tenía ganas de unírseles. Solo estaba allí, en una esquina, mirando a todos sonreír y hablar entre ellos, y él también sonreía, porque no los odiaba y la felicidad de ellos era la suya, de una manera retorcida y tal vez hasta masoquista, pero al fin y al cabo era feliz. El solo pensar que ellos alguna vez no sabían de su existencia y ahora casi dependían de él lo alegraba.
—Disculpe —un hombre de mediana edad vestido de negro se dirigió a él manteniendo su distancia, acompañado de un hombre más joven que parecía estar alerta, con una mano en su bolsillo, dispuesto a sacar lo que sea que tuviera en ella, esperando el momento exacto.
—¿Qué pasa, abuelos? —respondió Ismel con una sonrisa despreciable en el rostro, la misma que utilizaron sus compañeros contra él en algún momento.
—¿Es usted Isa? —el hombre sacó un papel arrugado con varias letras en él y una firma al final, donde se veía claramente el nombre Isa y unos garabatos.
—Ooh, así que soy famoso —mantuvo su sonrisa mientras ladeaba la cabeza entrecerrando los ojos, en una postura egocéntrica que podría irritar a los sujetos, el cuál es su objetivo.
—Por favor, venga con nosotros —el hombre miró a su compañero, asintió y al parecer, esa era la señal que esperaba. El joven sacó un arma blanca de su bolsillo, lo posible para ser comparada con una navaja, y con ésta amenazó a Ismel, con el claro mensaje de "no tienes otra opción".
Pero Ismel no se inmutó.
—Oye —dijo el hombre—, muévete, ¿qué no viste el arma?, ¿eres ciego o qué?
—Lo siento, abuelo, pero no planeo ir a ningún lado —Ismel dejó de recostarse en la pared para pararse frente a los hombres, guardando cierta distancia.
—Chico… —el joven amagó con acercarse y, al ver que Ismel no se inmutaba de ello, atacó.
Ismel había aprendido que al ser informante, no muchos estarían satisfechos por el trabajo, por lo que practicó artes marciales para estos casos, y estaba seguro de que podría vencer al muchacho aún si éste tenía un arma blanca. Pero no hizo nada. Se quedó absorto mirando por sobre el hombro del anciano. Esa fue la primera vez que la vio.

En efecto, terminó con una puñalada a un costado del abdomen. Por suerte no fue nada grave, pero terminó hospitalizado un tiempo y se sentía terriblemente avergonzado por eso, aunque lo superó rápidamente al pasar de los días, en tal vez una semana, máximo. Lo que sí, se sentía desconcertado. ¿Por qué no pudo evitar el ataque? Se había quedado paralizado viendo a otro lado, a una chica. Esa chica. ¿Quién era? No recordaba del todo su cara, lo único que podía recordar con exactitud era su broche en forma de mariposa que adornaba su hermoso cabello castaño.
En fin, los hombres, luego de llevarlo a una camioneta donde pararon el sangrado y le vendaron, lo trasladaron a un gran edificio que alguna vez fue un hotel. Allí se encontraba uno de los jefes de la venta clandestina que se hacía en Londres en esa época. El hijo de su hermano había tratado con Isa y quería que él fuera su informante, un trato que aceptó.
Ahora pasaron casi 7 años de ese acontecimiento. Ismel, ahora conocido como Isaya por distintas razones, se convirtió en el mayor informante de toda Londres y alrededores. No había nada que él no supiera, y todo el mundo sabía eso. Una de las reglas al llegar a la ciudad era “no meterse con Isaya si no es estrictamente necesario”. Él era conocido como el número uno en la lista de personas de las que no había que hacerse enemigo, y no le desagradaba esa idea. Lo malo de eso, era que ese puesto era solitario. Pero a él no le importaba, después de todo, ¿a quién necesitaría él? ¿Por qué pasaría tiempo con alguien? Toda su vida estuvo solo, y eso no tendría por qué cambiar ahora.
Abrió el celular y entró al grupo de chat en el que se encontraba. Lo había utilizado como pasatiempo en algún momento, y aunque cambiaba rápido de intereses, ahora se volvió a interesar y pensó que volver a hablar con completos extraños sería divertido hasta que el cliente que tenía que ver ahora llegara de una buena vez al café.
“-- Has entrado a la sala --
Magenta: Miren quién volvió, hace tiempo que no te pasabas por aquí, Moon.
Ganstah: Pasó tiempo Moon, ¿tan ocupado como para no pasarte de vez en cuándo?
Tú (Moon): Lo siento, ¿me perdí de algo?
Ganstah: No mucho, pero Magenta se mudó a Londres hace poco.
Tú (Moon): ¿Volviste?
Magenta: Sí, al final logré librarme de mis deudas con mi hermano y volví. Nada ha cambiado.
Ganstah: Oye Moon, ¿qué tú no vivías en Londres?
Tú (Moon): Oh sí, quién sabe, tal vez nos encontremos.
Magenta: Lo dudo.”

Ismel tomó de su vaso de café mientras revisaba la hora. El cliente estaba llegando ya casi 40 minutos tarde y no lo esperaría por mucho más. Tenía mejores negocios que hacer y podría descartar este, pero decidió que lo esperaría unos 10 minutos más y luego se largaría, después de todo, el escuchar a las chicas chillar en la mesa de al lado ya le ponía de los nervios, aunque era divertido escucharlas hablar de otras personas a sus espaldas.
Las miró de reojo mientras le daba otro sorbo a su café. Eran cuatro chicas de su edad, de las cuales tres estaban siendo unas perras totales con sus chismes, y su apariencia no ayudaba mucho. La cuarta parecía normal, simplemente tomaba de su café mientras revisaba su celular, ajena a las otras.
Su celular vibró.
“Magenta: Tal vez me vuelva a ir.
Ganstah: ¿Por?
Magenta: No soporto a la gente de aquí
Tú (Moon): Acabas de llegar, ¿ya te quieres ir?
Magenta: Si estuvieras al lado de estas chicas querrías que comprara un boleto de avión extra para acompañarme.”

Volvió a tomar un sorbo de su café y miró la hora nuevamente. No habían pasado ni dos minutos. En serio, no volvería a hacer negocios con ese hombre nunca más, y las chicas seguían cotilleando cosas casi inentendibles por sus risas chillonas lo que le daba menos ganas de trabajar.
Dejó el café en la mesa y revisó su celular.
“Magenta: ¿Creen que la policía me deje libre si les explico que maté a estas chicas por insoportables?
Ganstah: Probablemente no.
Magenta: Me voy a cortar con una galleta, lo juro.
Tú (Moon): Tranquila, puedes seguir adelante, ahora suelta esa galleta, mójala en leche y cómetela, campeona.”

La chica de la mesa de al lado, la normal y para nada chillona, comenzó a reírse mientras las demás hablaban. La miró por el rabillo del ojo mientras ella escribía algo en su celular y pronto recibió una respuesta.
“Magenta: Es lindo porque no tengo galletas.
Tú (Moon): ¿Tienes agua cerca?”
La chica miró a su alrededor y negó como para sí misma, luego bajó la mirada a su celular y volvió a escribir.
“Magenta: No, ¿por?”

Ismel sonrió y escribió en su celular antes de cerrarlo y salir del local con un café a medio terminar, mirando una última vez por sobre su hombro a aquella mesa y a la chica mirando con el seño fruncido su celular.
“Tú (Moon): Por nada, por cierto, lindo broche.
-- Has salido de la sala --”.
escrito 2:
Caspar había estado viviendo en Francia hasta sus 10 años. Su madre había conseguido que la reasignaran y, aunque al principio iba a ser en Sudáfrica, la terminaron trasladando a un edificio de la compañía en la que trabajaba en Inglaterra. La noticia fue abrumadora, y aunque él quería seguir viviendo en Francia, terminó acompañando a sus padres, deseando lo mejor para ellos; su madre estaba muy emocionada por este trabajo, y él no quería arruinar su felicidad.
Cuando llegó no fue aceptado inmediatamente por los chicos de su barrio. Su acento era raro y muchas veces terminaba hablando francés al no saber qué palabras utilizar en inglés. Sus vecinos no eran del todo pacientes y por eso prefirieron no hablar con él, al menos hasta que pudiera hablar inglés decentemente.
El hecho de que nadie en su cuadra quería hablar con él lo volvió un poco antisocial y le fue difícil relacionarse con otras personas cuando comenzó la escuela. A veces se llenaba de valor y le dirigía la palabra a alguno de sus compañeros, pero este sólo le ignoraba. Nadie tenía la mínima intención de relacionarse con el extranjero. Un tiempo después, Caspar aceptó la realidad y también dejó de intentar hablar con otros.
El mantenerse aislado de la socialización logró que Caspar desarrollara gustos algo extraños. Lo único que él hacía era dormir todo el día y estar en la computadora de madrugada. También su actitud al hablar con alguien no era la mejor, por lo que prefería mostrarse indiferente, aún cuando le estuvieran hablando. Ya que ni sus padres soportaban su horrible personalidad, le dieron todos los lujos que él quisiera, con tal de permanecer alejado de ellos lo mayormente posible. A Caspar ya le daba igual eso, él tenía todo lo que quería y necesitaba.
Aún siendo una persona antisocial, mal educada y caprichosa, él seguía siendo Caspar, un chico de 13 años que quería vivir como un adolescente normal, con amigos, risas y diversión. Por eso, una solución para el problema de su incapacidad para socializar fue internet. Él tenía miles de amigos en línea, muchos de ellos medianamente famosos en sus ciudades por razones que nunca le dijeron a Caspar. Ellos eran la solución perfecta para la vida horrible y desastrosa en la que Caspar vivía. Pero aún si eran la solución, sólo eran una fantasía con la que hablar en la noche y en los recesos de la escuela. Caspar no podía escapar de su realidad siendo una persona solitaria.
Un día, uno de sus amigos, el más cercano a Caspar, le aconsejó que pusiera un poco de su parte cuando hablara con otros. “Si tú te sigues manteniendo indiferente nadie va a querer hablarte, y en parte es por eso que nadie te habla y tú te muestras indiferente. Como un círculo vicioso” había dicho. Caspar se mantuvo pensando en ello toda la noche y parte de la madrugada. Tenía razón. Nunca lograría nada mostrándose así. Ese mismo día, Caspar amaneció con una gran sonrisa en el rostro, para luego volver a dormir como hacía normalmente.

Hasta ahora no había tenido oportunidad de poner en práctica lo que había decidido hacer hace unas semanas. Nadie le había hablado más que sus padres, y no había tenido oportunidad de entablar una conversación con ellos, aunque no es como si quisiera. Pero había intentado, sin logro alguno.
Estaba por darse por vencido. Era como si él no existiera, y nadie hablaría con un fantasma, ¿no? No, nadie lo haría. Esto estaba claro para él.
Se encontraba en el banco de una plaza que daba hacia la calle. Hacía calor y él se encontraba comiendo un cono de helado mientras revisaba su celular. No había nadie en línea, por lo que lo guardó y siguió comiendo su cono. Se imaginó a sí mismo en esa situación, pero a los ojos de otra persona, y era simplemente patético. Entendía el por qué nadie le hablaba.
Volvió a revisar su celular. Nadie en línea.
Había un silencio extraño en el lugar. Cada tanto pasaban uno o dos autos por esa calle, y lo único que podía escucharse era el cantar de algunas pocas aves, algo extraño para la ajetreaba ciudad en la que se encontraba. Tanto silencio lo estaba desesperando, pero tenía un helado que comer y él era muy estricto con la comida. A pesar de estar delgado, comía mucho y nunca dejaba una comida a medio comer. Más ahora, con el calor que hacía solo un helado podía refrescarte.
Escuchó unos pasos extraños a lo lejos que iban acercándose y miró de dónde provenían. Una chica linda venía corriendo por la vereda; parecía apurada, pero por esa misma razón, Caspar la ignoró. Estaba lamiendo la punta de su helado de vainilla cuando escuchó un ruido sordo proviniendo de enfrente de él. La chica se había caído, y parecía que se había lastimado.
Caspar reaccionó al instante. Dejó su helado a un lado y se paró para ayudarla, sin importarle que el cono se había volteado y ahora estaba desparramado por toda la banca.
—¿Estás bien? —dijo, sosteniéndola por los brazos. Ella estaba media arrodillada en el piso, mirando una de sus rodillas raspadas. Su cara de dolor había preocupado a Caspar—. Estás herida.
—Sí —la chica de nombre desconocido tenía el seño fruncido y miraba con dolor su rodilla.
—Espera —Caspar sacó la servilleta que venía con el helado que había guardado en uno de los bolsillos de su pantalón y se lo ofreció a la chica—. Toma.
Ella lo aceptó con gusto pronunciando un “Gracias” y comenzó a limpiar su herida, para luego presionar sobre ella intentando parar el leve sangrado que tenía. La chica levantó la cabeza para mirar a quien la había ayudado para encontrarse con el rostro de un chico manchado en la zona de la barbilla con lo que parecía helado. No pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Perdón —volvió a mirar al chico que estaba confundido del por qué la risa—, pero, ¿no hubiera sido mejor guardarte la servilleta? —comentó mirando con una sonrisa a Caspar.
Él frunció el seño mientras ella señalaba su boca. Él la tocó para encontrar helado derretido en sus dedos y se sonrojó fuertemente por la vergüenza –aunque también podría haber sido por la sonrisa de la chica–.
La muchacha quitó el papel de su herida y, al ver que no sangraba más, abrió la servilleta y limpió la comida de la cara del chico con delicadeza mientras éste se sonrojaba. Cuando se aseguró de que ya no estaba manchado volvió a doblar la servilleta y se paró, ofreciendo su mano para que el chico también se levantara. Él, aún sonrojado, la aceptó y pronto ambos estuvieron frente a frente sin decir ni una palabra.
—Eh… —Caspar quiso decir algo, pero las palabras simplemente no salían.
—Gracias por ayudarme —dijo ella, al ver que él no diría nada— y perdón por molestarte mientras estabas comiendo; algún día te pagaré ese helado.
—Oh no, no es necesario —negó rápidamente.
—Por favor —ella sonrió y él no pudo negarse al ver esos ojos que demostraban que en serio quería pagar por molestarlo, aunque no había sido ninguna molestia.
—E-está bien… si tú lo dices.
—Bueno, lamento mucho lo que pasó, pero debo irme. Adiós.
Sin decir una palabra más, ella le dio una última sonrisa y luego se alejó caminando hacia donde se dirigía, intentando no forzar su pierna. Caspar la miró alejarse hasta que la perdió de vista.

Esa noche Caspar no dejó de pensar en el encuentro con ella. Su cuerpo había actuado por sí sólo, y se sentía tremendamente avergonzado. Una chica lo había visto en las condiciones en las que se encontraba, tal y como él se había imaginado: patético. Si pudiera, desearía que esa chica nunca se hubiera caído, y él nunca la hubiera ayudado. Pero no podía, lo único que podía hacer era pretender que nunca pasó, pero sería inútil si ella no hacía lo mismo.
Aún así, lo hizo. Con el tiempo, se olvidó de lo que había ocurrido, tanto como la vergüenza que pasó, como la sonrisa de la chica linda de cabellos castaños que había sido amable con él.

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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Karou. el Mar 25 Mar 2014, 5:16 pm

Mainstream. escribió:
Ficha.:

♡ Lizzie Adams ♡ Finn Harries ♡ Jack Harries ♡
Representante: Kendall Jenner.
Nombre: Elizabeth Jane Adams {Champion.
Representante: Finn Harries.
Nombre: Finnegan Harries {Marginado.
Representante: Jack Harries.
Nombre: Jackson Harries {Deportista.
escrito 1:

Esta historia relata la vida de un chico de ciudad.
Su nombre era Ismel, un chico de nacionalidad británica y raíces extranjeras. Su madre, Stefania, había decidido que el nombre de su primer hijo sería el de su abuelo, sin pensar en las consecuencias que eso traería en la vida de ese niño.
Todo empezó normal, con los típicos cumplidos de "Que bebé más hermoso" y "De grande será un chico muy apuesto". Lo típico. Pero un comentario de una prima lejana desconcertó a su madre: "Que nombre más extraño tiene, ¿no?". Allí fue cuando comenzó la cosa.
Los niños "inocentes" se metían con el pequeño Ismel por su acento heredado de su madre y su nombre. "¿Qué haces aquí? ¡Regresa a tu planeta, alien!" "Miren, allí va el chico extraño" "Me dijeron que si me acercaba a él su idiotez se me contagiaría y comenzaría a hablar como lo hace él". A medida que pasaba el tiempo, los insultos se hacían peores, pero lo único que él podía hacer era soportarlo hasta que terminó la primaria.
Cuando comenzó la secundaria en otra escuela se encontró con que el mundo lo ignoraba. "¿Ismel? ¿Quién es él? No lo conozco". Ya a nadie le importaba si tenía ascendencia extranjera o si su nombre era extraño. Directamente, a nadie le importaba él.
Él odiaba estar solo, odiaba que a nadie le importara si le pasara algo, odiaba ser una persona invisible ante los ojos de los demás, pero lo que más odiaba era que nadie pudiera entenderlo. De hecho, nadie intentaba, y eso era lo que más le irritaba. ¿Qué tenía de malo? ¿Qué hizo él para ser marginado de esa manera? No es que él no pudiera hablar con nadie, es sólo que nadie le prestaba atención cuando lo hacía, y por eso dejó de hacerlo.
Este hecho lo volvió un marginado social, pero no es como si él odiara totalmente su posición. Pensándolo objetivamente, podría ser un golpe de suerte terminar así. Puedes escuchar conversaciones, mirar eventos en primera fila, husmear secretos y no preocuparse con que alguien lo descubra. Y él, al darse cuenta de eso, lo utilizó a su favor.
"Extorsiones. Chantajes. Información. ¿Quieres acabar con tu enemigo? ¿Asegurarte que nunca vuelva a meter un dedo en tu vida? Ve con Isa. Él puede lograrlo."
En el fondo de un pasillo al que no llegaba la luz del sol, en una esquina donde el moho se acumuló y donde podían verse manchas de sangre sin limpiar, allí es donde está Isa. El mejor informador en toda la escuela. Si podías pagar la suma, incluso podrías gobernar la escuela con tan solo un poco de información proveniente de la boca del chico de cabello negro.
Ismel se había ganado la vida con el trabajo de informante; aunque ese trabajo le haya hecho desarrollar una mentalidad algo retorcida, pero valía la pena. Bajo el seudónimo de Isa podía ser quien moviera los hilos detrás de todo el ámbito escolar. Profesores, alumnos, empleados, inclusive el director, todos danzando en la palma de su mano y todo por el simple hecho de que él había visto o escuchado algo que no debía. Todo fue perfecto hasta que terminó la escuela.
No sabía qué hacer ahora que había terminado la graduación. Todos seguían festejando el fin de su estadía en la escuela, al menos los que eran como él y no planeaban ir a la universidad, pero no tenía ganas de unírseles. Solo estaba allí, en una esquina, mirando a todos sonreír y hablar entre ellos, y él también sonreía, porque no los odiaba y la felicidad de ellos era la suya, de una manera retorcida y tal vez hasta masoquista, pero al fin y al cabo era feliz. El solo pensar que ellos alguna vez no sabían de su existencia y ahora casi dependían de él lo alegraba.
—Disculpe —un hombre de mediana edad vestido de negro se dirigió a él manteniendo su distancia, acompañado de un hombre más joven que parecía estar alerta, con una mano en su bolsillo, dispuesto a sacar lo que sea que tuviera en ella, esperando el momento exacto.
—¿Qué pasa, abuelos? —respondió Ismel con una sonrisa despreciable en el rostro, la misma que utilizaron sus compañeros contra él en algún momento.
—¿Es usted Isa? —el hombre sacó un papel arrugado con varias letras en él y una firma al final, donde se veía claramente el nombre Isa y unos garabatos.
—Ooh, así que soy famoso —mantuvo su sonrisa mientras ladeaba la cabeza entrecerrando los ojos, en una postura egocéntrica que podría irritar a los sujetos, el cuál es su objetivo.
—Por favor, venga con nosotros —el hombre miró a su compañero, asintió y al parecer, esa era la señal que esperaba. El joven sacó un arma blanca de su bolsillo, lo posible para ser comparada con una navaja, y con ésta amenazó a Ismel, con el claro mensaje de "no tienes otra opción".
Pero Ismel no se inmutó.
—Oye —dijo el hombre—, muévete, ¿qué no viste el arma?, ¿eres ciego o qué?
—Lo siento, abuelo, pero no planeo ir a ningún lado —Ismel dejó de recostarse en la pared para pararse frente a los hombres, guardando cierta distancia.
—Chico… —el joven amagó con acercarse y, al ver que Ismel no se inmutaba de ello, atacó.
Ismel había aprendido que al ser informante, no muchos estarían satisfechos por el trabajo, por lo que practicó artes marciales para estos casos, y estaba seguro de que podría vencer al muchacho aún si éste tenía un arma blanca. Pero no hizo nada. Se quedó absorto mirando por sobre el hombro del anciano. Esa fue la primera vez que la vio.

En efecto, terminó con una puñalada a un costado del abdomen. Por suerte no fue nada grave, pero terminó hospitalizado un tiempo y se sentía terriblemente avergonzado por eso, aunque lo superó rápidamente al pasar de los días, en tal vez una semana, máximo. Lo que sí, se sentía desconcertado. ¿Por qué no pudo evitar el ataque? Se había quedado paralizado viendo a otro lado, a una chica. Esa chica. ¿Quién era? No recordaba del todo su cara, lo único que podía recordar con exactitud era su broche en forma de mariposa que adornaba su hermoso cabello castaño.
En fin, los hombres, luego de llevarlo a una camioneta donde pararon el sangrado y le vendaron, lo trasladaron a un gran edificio que alguna vez fue un hotel. Allí se encontraba uno de los jefes de la venta clandestina que se hacía en Londres en esa época. El hijo de su hermano había tratado con Isa y quería que él fuera su informante, un trato que aceptó.
Ahora pasaron casi 7 años de ese acontecimiento. Ismel, ahora conocido como Isaya por distintas razones, se convirtió en el mayor informante de toda Londres y alrededores. No había nada que él no supiera, y todo el mundo sabía eso. Una de las reglas al llegar a la ciudad era “no meterse con Isaya si no es estrictamente necesario”. Él era conocido como el número uno en la lista de personas de las que no había que hacerse enemigo, y no le desagradaba esa idea. Lo malo de eso, era que ese puesto era solitario. Pero a él no le importaba, después de todo, ¿a quién necesitaría él? ¿Por qué pasaría tiempo con alguien? Toda su vida estuvo solo, y eso no tendría por qué cambiar ahora.
Abrió el celular y entró al grupo de chat en el que se encontraba. Lo había utilizado como pasatiempo en algún momento, y aunque cambiaba rápido de intereses, ahora se volvió a interesar y pensó que volver a hablar con completos extraños sería divertido hasta que el cliente que tenía que ver ahora llegara de una buena vez al café.
“-- Has entrado a la sala --
Magenta: Miren quién volvió, hace tiempo que no te pasabas por aquí, Moon.
Ganstah: Pasó tiempo Moon, ¿tan ocupado como para no pasarte de vez en cuándo?
Tú (Moon): Lo siento, ¿me perdí de algo?
Ganstah: No mucho, pero Magenta se mudó a Londres hace poco.
Tú (Moon): ¿Volviste?
Magenta: Sí, al final logré librarme de mis deudas con mi hermano y volví. Nada ha cambiado.
Ganstah: Oye Moon, ¿qué tú no vivías en Londres?
Tú (Moon): Oh sí, quién sabe, tal vez nos encontremos.
Magenta: Lo dudo.”

Ismel tomó de su vaso de café mientras revisaba la hora. El cliente estaba llegando ya casi 40 minutos tarde y no lo esperaría por mucho más. Tenía mejores negocios que hacer y podría descartar este, pero decidió que lo esperaría unos 10 minutos más y luego se largaría, después de todo, el escuchar a las chicas chillar en la mesa de al lado ya le ponía de los nervios, aunque era divertido escucharlas hablar de otras personas a sus espaldas.
Las miró de reojo mientras le daba otro sorbo a su café. Eran cuatro chicas de su edad, de las cuales tres estaban siendo unas perras totales con sus chismes, y su apariencia no ayudaba mucho. La cuarta parecía normal, simplemente tomaba de su café mientras revisaba su celular, ajena a las otras.
Su celular vibró.
“Magenta: Tal vez me vuelva a ir.
Ganstah: ¿Por?
Magenta: No soporto a la gente de aquí
Tú (Moon): Acabas de llegar, ¿ya te quieres ir?
Magenta: Si estuvieras al lado de estas chicas querrías que comprara un boleto de avión extra para acompañarme.”

Volvió a tomar un sorbo de su café y miró la hora nuevamente. No habían pasado ni dos minutos. En serio, no volvería a hacer negocios con ese hombre nunca más, y las chicas seguían cotilleando cosas casi inentendibles por sus risas chillonas lo que le daba menos ganas de trabajar.
Dejó el café en la mesa y revisó su celular.
“Magenta: ¿Creen que la policía me deje libre si les explico que maté a estas chicas por insoportables?
Ganstah: Probablemente no.
Magenta: Me voy a cortar con una galleta, lo juro.
Tú (Moon): Tranquila, puedes seguir adelante, ahora suelta esa galleta, mójala en leche y cómetela, campeona.”

La chica de la mesa de al lado, la normal y para nada chillona, comenzó a reírse mientras las demás hablaban. La miró por el rabillo del ojo mientras ella escribía algo en su celular y pronto recibió una respuesta.
“Magenta: Es lindo porque no tengo galletas.
Tú (Moon): ¿Tienes agua cerca?”
La chica miró a su alrededor y negó como para sí misma, luego bajó la mirada a su celular y volvió a escribir.
“Magenta: No, ¿por?”

Ismel sonrió y escribió en su celular antes de cerrarlo y salir del local con un café a medio terminar, mirando una última vez por sobre su hombro a aquella mesa y a la chica mirando con el seño fruncido su celular.
“Tú (Moon): Por nada, por cierto, lindo broche.
-- Has salido de la sala --”.
escrito 2:

Caspar había estado viviendo en Francia hasta sus 10 años. Su madre había conseguido que la reasignaran y, aunque al principio iba a ser en Sudáfrica, la terminaron trasladando a un edificio de la compañía en la que trabajaba en Inglaterra. La noticia fue abrumadora, y aunque él quería seguir viviendo en Francia, terminó acompañando a sus padres, deseando lo mejor para ellos; su madre estaba muy emocionada por este trabajo, y él no quería arruinar su felicidad.
Cuando llegó no fue aceptado inmediatamente por los chicos de su barrio. Su acento era raro y muchas veces terminaba hablando francés al no saber qué palabras utilizar en inglés. Sus vecinos no eran del todo pacientes y por eso prefirieron no hablar con él, al menos hasta que pudiera hablar inglés decentemente.
El hecho de que nadie en su cuadra quería hablar con él lo volvió un poco antisocial y le fue difícil relacionarse con otras personas cuando comenzó la escuela. A veces se llenaba de valor y le dirigía la palabra a alguno de sus compañeros, pero este sólo le ignoraba. Nadie tenía la mínima intención de relacionarse con el extranjero. Un tiempo después, Caspar aceptó la realidad y también dejó de intentar hablar con otros.
El mantenerse aislado de la socialización logró que Caspar desarrollara gustos algo extraños. Lo único que él hacía era dormir todo el día y estar en la computadora de madrugada. También su actitud al hablar con alguien no era la mejor, por lo que prefería mostrarse indiferente, aún cuando le estuvieran hablando. Ya que ni sus padres soportaban su horrible personalidad, le dieron todos los lujos que él quisiera, con tal de permanecer alejado de ellos lo mayormente posible. A Caspar ya le daba igual eso, él tenía todo lo que quería y necesitaba.
Aún siendo una persona antisocial, mal educada y caprichosa, él seguía siendo Caspar, un chico de 13 años que quería vivir como un adolescente normal, con amigos, risas y diversión. Por eso, una solución para el problema de su incapacidad para socializar fue internet. Él tenía miles de amigos en línea, muchos de ellos medianamente famosos en sus ciudades por razones que nunca le dijeron a Caspar. Ellos eran la solución perfecta para la vida horrible y desastrosa en la que Caspar vivía. Pero aún si eran la solución, sólo eran una fantasía con la que hablar en la noche y en los recesos de la escuela. Caspar no podía escapar de su realidad siendo una persona solitaria.
Un día, uno de sus amigos, el más cercano a Caspar, le aconsejó que pusiera un poco de su parte cuando hablara con otros. “Si tú te sigues manteniendo indiferente nadie va a querer hablarte, y en parte es por eso que nadie te habla y tú te muestras indiferente. Como un círculo vicioso” había dicho. Caspar se mantuvo pensando en ello toda la noche y parte de la madrugada. Tenía razón. Nunca lograría nada mostrándose así. Ese mismo día, Caspar amaneció con una gran sonrisa en el rostro, para luego volver a dormir como hacía normalmente.

Hasta ahora no había tenido oportunidad de poner en práctica lo que había decidido hacer hace unas semanas. Nadie le había hablado más que sus padres, y no había tenido oportunidad de entablar una conversación con ellos, aunque no es como si quisiera. Pero había intentado, sin logro alguno.
Estaba por darse por vencido. Era como si él no existiera, y nadie hablaría con un fantasma, ¿no? No, nadie lo haría. Esto estaba claro para él.
Se encontraba en el banco de una plaza que daba hacia la calle. Hacía calor y él se encontraba comiendo un cono de helado mientras revisaba su celular. No había nadie en línea, por lo que lo guardó y siguió comiendo su cono. Se imaginó a sí mismo en esa situación, pero a los ojos de otra persona, y era simplemente patético. Entendía el por qué nadie le hablaba.
Volvió a revisar su celular. Nadie en línea.
Había un silencio extraño en el lugar. Cada tanto pasaban uno o dos autos por esa calle, y lo único que podía escucharse era el cantar de algunas pocas aves, algo extraño para la ajetreaba ciudad en la que se encontraba. Tanto silencio lo estaba desesperando, pero tenía un helado que comer y él era muy estricto con la comida. A pesar de estar delgado, comía mucho y nunca dejaba una comida a medio comer. Más ahora, con el calor que hacía solo un helado podía refrescarte.
Escuchó unos pasos extraños a lo lejos que iban acercándose y miró de dónde provenían. Una chica linda venía corriendo por la vereda; parecía apurada, pero por esa misma razón, Caspar la ignoró. Estaba lamiendo la punta de su helado de vainilla cuando escuchó un ruido sordo proviniendo de enfrente de él. La chica se había caído, y parecía que se había lastimado.
Caspar reaccionó al instante. Dejó su helado a un lado y se paró para ayudarla, sin importarle que el cono se había volteado y ahora estaba desparramado por toda la banca.
—¿Estás bien? —dijo, sosteniéndola por los brazos. Ella estaba media arrodillada en el piso, mirando una de sus rodillas raspadas. Su cara de dolor había preocupado a Caspar—. Estás herida.
—Sí —la chica de nombre desconocido tenía el seño fruncido y miraba con dolor su rodilla.
—Espera —Caspar sacó la servilleta que venía con el helado que había guardado en uno de los bolsillos de su pantalón y se lo ofreció a la chica—. Toma.
Ella lo aceptó con gusto pronunciando un “Gracias” y comenzó a limpiar su herida, para luego presionar sobre ella intentando parar el leve sangrado que tenía. La chica levantó la cabeza para mirar a quien la había ayudado para encontrarse con el rostro de un chico manchado en la zona de la barbilla con lo que parecía helado. No pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Perdón —volvió a mirar al chico que estaba confundido del por qué la risa—, pero, ¿no hubiera sido mejor guardarte la servilleta? —comentó mirando con una sonrisa a Caspar.
Él frunció el seño mientras ella señalaba su boca. Él la tocó para encontrar helado derretido en sus dedos y se sonrojó fuertemente por la vergüenza –aunque también podría haber sido por la sonrisa de la chica–.
La muchacha quitó el papel de su herida y, al ver que no sangraba más, abrió la servilleta y limpió la comida de la cara del chico con delicadeza mientras éste se sonrojaba. Cuando se aseguró de que ya no estaba manchado volvió a doblar la servilleta y se paró, ofreciendo su mano para que el chico también se levantara. Él, aún sonrojado, la aceptó y pronto ambos estuvieron frente a frente sin decir ni una palabra.
—Eh… —Caspar quiso decir algo, pero las palabras simplemente no salían.
—Gracias por ayudarme —dijo ella, al ver que él no diría nada— y perdón por molestarte mientras estabas comiendo; algún día te pagaré ese helado.
—Oh no, no es necesario —negó rápidamente.
—Por favor —ella sonrió y él no pudo negarse al ver esos ojos que demostraban que en serio quería pagar por molestarlo, aunque no había sido ninguna molestia.
—E-está bien… si tú lo dices.
—Bueno, lamento mucho lo que pasó, pero debo irme. Adiós.
Sin decir una palabra más, ella le dio una última sonrisa y luego se alejó caminando hacia donde se dirigía, intentando no forzar su pierna. Caspar la miró alejarse hasta que la perdió de vista.

Esa noche Caspar no dejó de pensar en el encuentro con ella. Su cuerpo había actuado por sí sólo, y se sentía tremendamente avergonzado. Una chica lo había visto en las condiciones en las que se encontraba, tal y como él se había imaginado: patético. Si pudiera, desearía que esa chica nunca se hubiera caído, y él nunca la hubiera ayudado. Pero no podía, lo único que podía hacer era pretender que nunca pasó, pero sería inútil si ella no hacía lo mismo.
Aún así, lo hizo. Con el tiempo, se olvidó de lo que había ocurrido, tanto como la vergüenza que pasó, como la sonrisa de la chica linda de cabellos castaños que había sido amable con él.



Reservados!

Oh como decirte que no, ame tus escritos me ha gustado mucho mas el primero fue el mejor a mi parecer. Yo si soy selenator es tan daksdkjhaksjdhkasd y también amo esa linda y sensualona canción, más el ritmo no se por que pero me encanta. Yo también tengo algo raro que hace que me encanta ese tema es muy interesante. Que si soy Brat? Amo, la adoro, sueño y idolatro a Cher sensaluona Lloyd es la best, yo tengo un año mas desde el 2012 soy Brat. De donde eres?




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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Invitado el Mar 25 Mar 2014, 5:45 pm

Karou. escribió:
Mainstream. escribió:
Ficha.:

♡ Lizzie Adams ♡ Finn Harries ♡ Jack Harries ♡
Representante: Kendall Jenner.
Nombre: Elizabeth Jane Adams {Champion.
Representante: Finn Harries.
Nombre: Finnegan Harries {Marginado.
Representante: Jack Harries.
Nombre: Jackson Harries {Deportista.
escrito 1:

Esta historia relata la vida de un chico de ciudad.
Su nombre era Ismel, un chico de nacionalidad británica y raíces extranjeras. Su madre, Stefania, había decidido que el nombre de su primer hijo sería el de su abuelo, sin pensar en las consecuencias que eso traería en la vida de ese niño.
Todo empezó normal, con los típicos cumplidos de "Que bebé más hermoso" y "De grande será un chico muy apuesto". Lo típico. Pero un comentario de una prima lejana desconcertó a su madre: "Que nombre más extraño tiene, ¿no?". Allí fue cuando comenzó la cosa.
Los niños "inocentes" se metían con el pequeño Ismel por su acento heredado de su madre y su nombre. "¿Qué haces aquí? ¡Regresa a tu planeta, alien!" "Miren, allí va el chico extraño" "Me dijeron que si me acercaba a él su idiotez se me contagiaría y comenzaría a hablar como lo hace él". A medida que pasaba el tiempo, los insultos se hacían peores, pero lo único que él podía hacer era soportarlo hasta que terminó la primaria.
Cuando comenzó la secundaria en otra escuela se encontró con que el mundo lo ignoraba. "¿Ismel? ¿Quién es él? No lo conozco". Ya a nadie le importaba si tenía ascendencia extranjera o si su nombre era extraño. Directamente, a nadie le importaba él.
Él odiaba estar solo, odiaba que a nadie le importara si le pasara algo, odiaba ser una persona invisible ante los ojos de los demás, pero lo que más odiaba era que nadie pudiera entenderlo. De hecho, nadie intentaba, y eso era lo que más le irritaba. ¿Qué tenía de malo? ¿Qué hizo él para ser marginado de esa manera? No es que él no pudiera hablar con nadie, es sólo que nadie le prestaba atención cuando lo hacía, y por eso dejó de hacerlo.
Este hecho lo volvió un marginado social, pero no es como si él odiara totalmente su posición. Pensándolo objetivamente, podría ser un golpe de suerte terminar así. Puedes escuchar conversaciones, mirar eventos en primera fila, husmear secretos y no preocuparse con que alguien lo descubra. Y él, al darse cuenta de eso, lo utilizó a su favor.
"Extorsiones. Chantajes. Información. ¿Quieres acabar con tu enemigo? ¿Asegurarte que nunca vuelva a meter un dedo en tu vida? Ve con Isa. Él puede lograrlo."
En el fondo de un pasillo al que no llegaba la luz del sol, en una esquina donde el moho se acumuló y donde podían verse manchas de sangre sin limpiar, allí es donde está Isa. El mejor informador en toda la escuela. Si podías pagar la suma, incluso podrías gobernar la escuela con tan solo un poco de información proveniente de la boca del chico de cabello negro.
Ismel se había ganado la vida con el trabajo de informante; aunque ese trabajo le haya hecho desarrollar una mentalidad algo retorcida, pero valía la pena. Bajo el seudónimo de Isa podía ser quien moviera los hilos detrás de todo el ámbito escolar. Profesores, alumnos, empleados, inclusive el director, todos danzando en la palma de su mano y todo por el simple hecho de que él había visto o escuchado algo que no debía. Todo fue perfecto hasta que terminó la escuela.
No sabía qué hacer ahora que había terminado la graduación. Todos seguían festejando el fin de su estadía en la escuela, al menos los que eran como él y no planeaban ir a la universidad, pero no tenía ganas de unírseles. Solo estaba allí, en una esquina, mirando a todos sonreír y hablar entre ellos, y él también sonreía, porque no los odiaba y la felicidad de ellos era la suya, de una manera retorcida y tal vez hasta masoquista, pero al fin y al cabo era feliz. El solo pensar que ellos alguna vez no sabían de su existencia y ahora casi dependían de él lo alegraba.
—Disculpe —un hombre de mediana edad vestido de negro se dirigió a él manteniendo su distancia, acompañado de un hombre más joven que parecía estar alerta, con una mano en su bolsillo, dispuesto a sacar lo que sea que tuviera en ella, esperando el momento exacto.
—¿Qué pasa, abuelos? —respondió Ismel con una sonrisa despreciable en el rostro, la misma que utilizaron sus compañeros contra él en algún momento.
—¿Es usted Isa? —el hombre sacó un papel arrugado con varias letras en él y una firma al final, donde se veía claramente el nombre Isa y unos garabatos.
—Ooh, así que soy famoso —mantuvo su sonrisa mientras ladeaba la cabeza entrecerrando los ojos, en una postura egocéntrica que podría irritar a los sujetos, el cuál es su objetivo.
—Por favor, venga con nosotros —el hombre miró a su compañero, asintió y al parecer, esa era la señal que esperaba. El joven sacó un arma blanca de su bolsillo, lo posible para ser comparada con una navaja, y con ésta amenazó a Ismel, con el claro mensaje de "no tienes otra opción".
Pero Ismel no se inmutó.
—Oye —dijo el hombre—, muévete, ¿qué no viste el arma?, ¿eres ciego o qué?
—Lo siento, abuelo, pero no planeo ir a ningún lado —Ismel dejó de recostarse en la pared para pararse frente a los hombres, guardando cierta distancia.
—Chico… —el joven amagó con acercarse y, al ver que Ismel no se inmutaba de ello, atacó.
Ismel había aprendido que al ser informante, no muchos estarían satisfechos por el trabajo, por lo que practicó artes marciales para estos casos, y estaba seguro de que podría vencer al muchacho aún si éste tenía un arma blanca. Pero no hizo nada. Se quedó absorto mirando por sobre el hombro del anciano. Esa fue la primera vez que la vio.

En efecto, terminó con una puñalada a un costado del abdomen. Por suerte no fue nada grave, pero terminó hospitalizado un tiempo y se sentía terriblemente avergonzado por eso, aunque lo superó rápidamente al pasar de los días, en tal vez una semana, máximo. Lo que sí, se sentía desconcertado. ¿Por qué no pudo evitar el ataque? Se había quedado paralizado viendo a otro lado, a una chica. Esa chica. ¿Quién era? No recordaba del todo su cara, lo único que podía recordar con exactitud era su broche en forma de mariposa que adornaba su hermoso cabello castaño.
En fin, los hombres, luego de llevarlo a una camioneta donde pararon el sangrado y le vendaron, lo trasladaron a un gran edificio que alguna vez fue un hotel. Allí se encontraba uno de los jefes de la venta clandestina que se hacía en Londres en esa época. El hijo de su hermano había tratado con Isa y quería que él fuera su informante, un trato que aceptó.
Ahora pasaron casi 7 años de ese acontecimiento. Ismel, ahora conocido como Isaya por distintas razones, se convirtió en el mayor informante de toda Londres y alrededores. No había nada que él no supiera, y todo el mundo sabía eso. Una de las reglas al llegar a la ciudad era “no meterse con Isaya si no es estrictamente necesario”. Él era conocido como el número uno en la lista de personas de las que no había que hacerse enemigo, y no le desagradaba esa idea. Lo malo de eso, era que ese puesto era solitario. Pero a él no le importaba, después de todo, ¿a quién necesitaría él? ¿Por qué pasaría tiempo con alguien? Toda su vida estuvo solo, y eso no tendría por qué cambiar ahora.
Abrió el celular y entró al grupo de chat en el que se encontraba. Lo había utilizado como pasatiempo en algún momento, y aunque cambiaba rápido de intereses, ahora se volvió a interesar y pensó que volver a hablar con completos extraños sería divertido hasta que el cliente que tenía que ver ahora llegara de una buena vez al café.
“-- Has entrado a la sala --
Magenta: Miren quién volvió, hace tiempo que no te pasabas por aquí, Moon.
Ganstah: Pasó tiempo Moon, ¿tan ocupado como para no pasarte de vez en cuándo?
Tú (Moon): Lo siento, ¿me perdí de algo?
Ganstah: No mucho, pero Magenta se mudó a Londres hace poco.
Tú (Moon): ¿Volviste?
Magenta: Sí, al final logré librarme de mis deudas con mi hermano y volví. Nada ha cambiado.
Ganstah: Oye Moon, ¿qué tú no vivías en Londres?
Tú (Moon): Oh sí, quién sabe, tal vez nos encontremos.
Magenta: Lo dudo.”

Ismel tomó de su vaso de café mientras revisaba la hora. El cliente estaba llegando ya casi 40 minutos tarde y no lo esperaría por mucho más. Tenía mejores negocios que hacer y podría descartar este, pero decidió que lo esperaría unos 10 minutos más y luego se largaría, después de todo, el escuchar a las chicas chillar en la mesa de al lado ya le ponía de los nervios, aunque era divertido escucharlas hablar de otras personas a sus espaldas.
Las miró de reojo mientras le daba otro sorbo a su café. Eran cuatro chicas de su edad, de las cuales tres estaban siendo unas perras totales con sus chismes, y su apariencia no ayudaba mucho. La cuarta parecía normal, simplemente tomaba de su café mientras revisaba su celular, ajena a las otras.
Su celular vibró.
“Magenta: Tal vez me vuelva a ir.
Ganstah: ¿Por?
Magenta: No soporto a la gente de aquí
Tú (Moon): Acabas de llegar, ¿ya te quieres ir?
Magenta: Si estuvieras al lado de estas chicas querrías que comprara un boleto de avión extra para acompañarme.”

Volvió a tomar un sorbo de su café y miró la hora nuevamente. No habían pasado ni dos minutos. En serio, no volvería a hacer negocios con ese hombre nunca más, y las chicas seguían cotilleando cosas casi inentendibles por sus risas chillonas lo que le daba menos ganas de trabajar.
Dejó el café en la mesa y revisó su celular.
“Magenta: ¿Creen que la policía me deje libre si les explico que maté a estas chicas por insoportables?
Ganstah: Probablemente no.
Magenta: Me voy a cortar con una galleta, lo juro.
Tú (Moon): Tranquila, puedes seguir adelante, ahora suelta esa galleta, mójala en leche y cómetela, campeona.”

La chica de la mesa de al lado, la normal y para nada chillona, comenzó a reírse mientras las demás hablaban. La miró por el rabillo del ojo mientras ella escribía algo en su celular y pronto recibió una respuesta.
“Magenta: Es lindo porque no tengo galletas.
Tú (Moon): ¿Tienes agua cerca?”
La chica miró a su alrededor y negó como para sí misma, luego bajó la mirada a su celular y volvió a escribir.
“Magenta: No, ¿por?”

Ismel sonrió y escribió en su celular antes de cerrarlo y salir del local con un café a medio terminar, mirando una última vez por sobre su hombro a aquella mesa y a la chica mirando con el seño fruncido su celular.
“Tú (Moon): Por nada, por cierto, lindo broche.
-- Has salido de la sala --”.
escrito 2:

Caspar había estado viviendo en Francia hasta sus 10 años. Su madre había conseguido que la reasignaran y, aunque al principio iba a ser en Sudáfrica, la terminaron trasladando a un edificio de la compañía en la que trabajaba en Inglaterra. La noticia fue abrumadora, y aunque él quería seguir viviendo en Francia, terminó acompañando a sus padres, deseando lo mejor para ellos; su madre estaba muy emocionada por este trabajo, y él no quería arruinar su felicidad.
Cuando llegó no fue aceptado inmediatamente por los chicos de su barrio. Su acento era raro y muchas veces terminaba hablando francés al no saber qué palabras utilizar en inglés. Sus vecinos no eran del todo pacientes y por eso prefirieron no hablar con él, al menos hasta que pudiera hablar inglés decentemente.
El hecho de que nadie en su cuadra quería hablar con él lo volvió un poco antisocial y le fue difícil relacionarse con otras personas cuando comenzó la escuela. A veces se llenaba de valor y le dirigía la palabra a alguno de sus compañeros, pero este sólo le ignoraba. Nadie tenía la mínima intención de relacionarse con el extranjero. Un tiempo después, Caspar aceptó la realidad y también dejó de intentar hablar con otros.
El mantenerse aislado de la socialización logró que Caspar desarrollara gustos algo extraños. Lo único que él hacía era dormir todo el día y estar en la computadora de madrugada. También su actitud al hablar con alguien no era la mejor, por lo que prefería mostrarse indiferente, aún cuando le estuvieran hablando. Ya que ni sus padres soportaban su horrible personalidad, le dieron todos los lujos que él quisiera, con tal de permanecer alejado de ellos lo mayormente posible. A Caspar ya le daba igual eso, él tenía todo lo que quería y necesitaba.
Aún siendo una persona antisocial, mal educada y caprichosa, él seguía siendo Caspar, un chico de 13 años que quería vivir como un adolescente normal, con amigos, risas y diversión. Por eso, una solución para el problema de su incapacidad para socializar fue internet. Él tenía miles de amigos en línea, muchos de ellos medianamente famosos en sus ciudades por razones que nunca le dijeron a Caspar. Ellos eran la solución perfecta para la vida horrible y desastrosa en la que Caspar vivía. Pero aún si eran la solución, sólo eran una fantasía con la que hablar en la noche y en los recesos de la escuela. Caspar no podía escapar de su realidad siendo una persona solitaria.
Un día, uno de sus amigos, el más cercano a Caspar, le aconsejó que pusiera un poco de su parte cuando hablara con otros. “Si tú te sigues manteniendo indiferente nadie va a querer hablarte, y en parte es por eso que nadie te habla y tú te muestras indiferente. Como un círculo vicioso” había dicho. Caspar se mantuvo pensando en ello toda la noche y parte de la madrugada. Tenía razón. Nunca lograría nada mostrándose así. Ese mismo día, Caspar amaneció con una gran sonrisa en el rostro, para luego volver a dormir como hacía normalmente.

Hasta ahora no había tenido oportunidad de poner en práctica lo que había decidido hacer hace unas semanas. Nadie le había hablado más que sus padres, y no había tenido oportunidad de entablar una conversación con ellos, aunque no es como si quisiera. Pero había intentado, sin logro alguno.
Estaba por darse por vencido. Era como si él no existiera, y nadie hablaría con un fantasma, ¿no? No, nadie lo haría. Esto estaba claro para él.
Se encontraba en el banco de una plaza que daba hacia la calle. Hacía calor y él se encontraba comiendo un cono de helado mientras revisaba su celular. No había nadie en línea, por lo que lo guardó y siguió comiendo su cono. Se imaginó a sí mismo en esa situación, pero a los ojos de otra persona, y era simplemente patético. Entendía el por qué nadie le hablaba.
Volvió a revisar su celular. Nadie en línea.
Había un silencio extraño en el lugar. Cada tanto pasaban uno o dos autos por esa calle, y lo único que podía escucharse era el cantar de algunas pocas aves, algo extraño para la ajetreaba ciudad en la que se encontraba. Tanto silencio lo estaba desesperando, pero tenía un helado que comer y él era muy estricto con la comida. A pesar de estar delgado, comía mucho y nunca dejaba una comida a medio comer. Más ahora, con el calor que hacía solo un helado podía refrescarte.
Escuchó unos pasos extraños a lo lejos que iban acercándose y miró de dónde provenían. Una chica linda venía corriendo por la vereda; parecía apurada, pero por esa misma razón, Caspar la ignoró. Estaba lamiendo la punta de su helado de vainilla cuando escuchó un ruido sordo proviniendo de enfrente de él. La chica se había caído, y parecía que se había lastimado.
Caspar reaccionó al instante. Dejó su helado a un lado y se paró para ayudarla, sin importarle que el cono se había volteado y ahora estaba desparramado por toda la banca.
—¿Estás bien? —dijo, sosteniéndola por los brazos. Ella estaba media arrodillada en el piso, mirando una de sus rodillas raspadas. Su cara de dolor había preocupado a Caspar—. Estás herida.
—Sí —la chica de nombre desconocido tenía el seño fruncido y miraba con dolor su rodilla.
—Espera —Caspar sacó la servilleta que venía con el helado que había guardado en uno de los bolsillos de su pantalón y se lo ofreció a la chica—. Toma.
Ella lo aceptó con gusto pronunciando un “Gracias” y comenzó a limpiar su herida, para luego presionar sobre ella intentando parar el leve sangrado que tenía. La chica levantó la cabeza para mirar a quien la había ayudado para encontrarse con el rostro de un chico manchado en la zona de la barbilla con lo que parecía helado. No pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Perdón —volvió a mirar al chico que estaba confundido del por qué la risa—, pero, ¿no hubiera sido mejor guardarte la servilleta? —comentó mirando con una sonrisa a Caspar.
Él frunció el seño mientras ella señalaba su boca. Él la tocó para encontrar helado derretido en sus dedos y se sonrojó fuertemente por la vergüenza –aunque también podría haber sido por la sonrisa de la chica–.
La muchacha quitó el papel de su herida y, al ver que no sangraba más, abrió la servilleta y limpió la comida de la cara del chico con delicadeza mientras éste se sonrojaba. Cuando se aseguró de que ya no estaba manchado volvió a doblar la servilleta y se paró, ofreciendo su mano para que el chico también se levantara. Él, aún sonrojado, la aceptó y pronto ambos estuvieron frente a frente sin decir ni una palabra.
—Eh… —Caspar quiso decir algo, pero las palabras simplemente no salían.
—Gracias por ayudarme —dijo ella, al ver que él no diría nada— y perdón por molestarte mientras estabas comiendo; algún día te pagaré ese helado.
—Oh no, no es necesario —negó rápidamente.
—Por favor —ella sonrió y él no pudo negarse al ver esos ojos que demostraban que en serio quería pagar por molestarlo, aunque no había sido ninguna molestia.
—E-está bien… si tú lo dices.
—Bueno, lamento mucho lo que pasó, pero debo irme. Adiós.
Sin decir una palabra más, ella le dio una última sonrisa y luego se alejó caminando hacia donde se dirigía, intentando no forzar su pierna. Caspar la miró alejarse hasta que la perdió de vista.

Esa noche Caspar no dejó de pensar en el encuentro con ella. Su cuerpo había actuado por sí sólo, y se sentía tremendamente avergonzado. Una chica lo había visto en las condiciones en las que se encontraba, tal y como él se había imaginado: patético. Si pudiera, desearía que esa chica nunca se hubiera caído, y él nunca la hubiera ayudado. Pero no podía, lo único que podía hacer era pretender que nunca pasó, pero sería inútil si ella no hacía lo mismo.
Aún así, lo hizo. Con el tiempo, se olvidó de lo que había ocurrido, tanto como la vergüenza que pasó, como la sonrisa de la chica linda de cabellos castaños que había sido amable con él.



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Oh como decirte que no, ame tus escritos me ha gustado mucho mas el primero fue el mejor a mi parecer. Yo si soy selenator es tan daksdkjhaksjdhkasd y también amo esa linda y sensualona canción, más el ritmo no se por que pero me encanta. Yo también tengo algo raro que hace que me encanta ese tema es muy interesante. Que si soy Brat? Amo, la adoro, sueño y idolatro a Cher sensaluona Lloyd es la best, yo tengo un año mas desde el 2012 :A:soy Brat. De donde eres?

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Mensaje por Karou. el Mar 25 Mar 2014, 6:17 pm

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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Invitado el Mar 25 Mar 2014, 6:23 pm

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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Karou. el Mar 25 Mar 2014, 6:48 pm

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UH amo!Soph o Many los dos me encantan para ti. Te gusta el anime verdad? a mi igual aunque no soy una loca fanática me gusta! Karou es el personaje de uno de mis libros favoritos y me gusta mucho tus apodos Ahora que escucho many me acuerdo de many el mamut de la era de hielo jajja okno pero si
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Mensaje por Invitado el Miér 26 Mar 2014, 2:55 am

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Mensaje por Karou. el Miér 26 Mar 2014, 5:31 pm

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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Karou. el Jue 27 Mar 2014, 5:50 pm

Solo quiero a una personita del amor mas. Quiero cerrar ya!
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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Invitado el Jue 27 Mar 2014, 9:10 pm

vamos! audicionen!  
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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Invitado el Vie 28 Mar 2014, 2:37 am

Audicionen así Ka-chan cierra
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Re: Like a Champion {I. cerradas

Mensaje por Invitado el Vie 28 Mar 2014, 2:51 am

Ahora que lo pienso no puse mi libro y canción favorita perdonar karou-kun, no me pegues *shora* ah mi libro es odd thomas *amaba a stormy daskgdakda porq ue se murio? DDDDDDD:* y mi canción favorita... ah tengo muchas, no puedo elegir una sola, y te diria la que mas escucho pero como que de esas siempre cambio la que mas escucho so, te dejo una listita:
-Respect for the Dead Men by Pay Money For My Pain
-Mobile by Avril Lavigne
-Wires by The Neighborhood
-Inspire by Throttle
-Y mi sueper random lleno de canciones de THE NBHD, covers masculinos de cantantes femeninas y remixes son más de 20 canciones, y no voy a dejarlas todas por pura paja
-Ah en realidad mis favoritos son mas que nada canciones que usan en MEPs, amo los MEPs dakjsdgakjda sobre todo los de dangan ronpa y super dangan ronpa 2, y tambien veo los de yaoi revolution studios 7u7
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