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travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Dom 23 Feb 2014, 6:59 am

Violet Harmon. escribió:
@Stiles. escribió:
Violet Harmon. escribió:
@Stiles. escribió:
Violet Harmon. escribió:
@Stiles. escribió:
Violet Harmon. escribió:
@Stiles. escribió:
Violet Harmon. escribió:
@Stiles. escribió:
Violet Harmon. escribió:
@Stiles. escribió:
Violet Harmon. escribió:Mis padres también se creen adolescentes .-. creo que es porque me tuvieron en la adolescencia y aun no superan esa etapa     
mi mama fue la que me tuvo adolescente, pero mi papa estaba re viejo. debe ser por eso que se creen pelaitos.
Podrias creer que YO soy la madura de mi casa
si, créeme que te puedo creer. ¿cuantos años tienen tus papas? si se puede saber, claro.
Mi mamá va a cumplir 32 en octubre y mi papá va a cumplir 33 en junio  
mi mamá tiene 33, y mi padrastro 30. mi papa no se, ewe.
¿cuantos años tienes tu?
14, ¿y tu?
17 (ya estoy vieja)
ah si, ahora que me acuerdo tu habías dicho tu edad antes, hum. eres gringa, ¿no? (?) mas chevere ahq.
Si soy gringa y a mucha honra? okay no, me gustaría ser latina ;-;
que va, yo quiero ser gringa. :c 
Te cambio la nacionalidad
la acepto, yo te doy a mi hermano entonces.
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por wasteland el Dom 23 Feb 2014, 7:02 am

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Violet Harmon. escribió:
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Violet Harmon. escribió:
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Violet Harmon. escribió:Mis padres también se creen adolescentes .-. creo que es porque me tuvieron en la adolescencia y aun no superan esa etapa     
mi mama fue la que me tuvo adolescente, pero mi papa estaba re viejo. debe ser por eso que se creen pelaitos.
Podrias creer que YO soy la madura de mi casa
si, créeme que te puedo creer. ¿cuantos años tienen tus papas? si se puede saber, claro.
Mi mamá va a cumplir 32 en octubre y mi papá va a cumplir 33 en junio  
mi mamá tiene 33, y mi padrastro 30. mi papa no se, ewe.
¿cuantos años tienes tu?
14, ¿y tu?
17 (ya estoy vieja)
ah si, ahora que me acuerdo tu habías dicho tu edad antes, hum. eres gringa, ¿no? (?) mas chevere ahq.
Si soy gringa y a mucha honra? okay no, me gustaría ser latina ;-;
que va, yo quiero ser gringa. :c 
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la acepto, yo te doy a mi hermano entonces.
Aparte de latina con un hermano asdfgjkñ
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Dom 23 Feb 2014, 7:05 am

Violet Harmon. escribió:Aparte de latina con un hermano asdfgjkñ
JAJAJAJA mira todo el spam que estamos haciendo coco lol. 
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por wasteland el Dom 23 Feb 2014, 7:06 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Violet Harmon. escribió:Aparte de latina con un hermano asdfgjkñ
JAJAJAJA mira todo el spam que estamos haciendo coco lol. 
jajaja
si .-.
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Vicky. el Dom 23 Feb 2014, 7:11 am

¡Hola!, mi nombre es Victoria c: me encantó su idea, ahorita dejo mi ficha.
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Dom 23 Feb 2014, 7:15 am

@Vicky. escribió:¡Hola!, mi nombre es Victoria c: me encantó su idea, ahorita dejo mi ficha.
Hola Vicky, esperamos tu ficha c:
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Vicky. el Dom 23 Feb 2014, 7:23 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Emily Gaffigan
— Nombre completo: Emily Kay Gaffigan.
— Representante: Lauren Jauregui.
— Chico: Drew Roy.
— ¿Por qué quieres participar?: Porque me gusto mucho la idea, no soy buena para este tipo de preguntas, pero sí, es porque me gusto mucho la idea y realmente me encantaría escribir en ella.
— Capítulo o Fic de tu autoria:
Capítulo:

Capítulo 11.

Estaba ahí, no había podido dormir, como todo los años desde que cumplí doce.

Hoy es el día de la cosecha, un día muy importante… para saber sí morirás o te quedarás pasando hambre un año más. Hoy, es el día en el que los padres dan un fuerte apretón a sus hijos, pues, no sabrían si ellos volverían a casa. Hoy, un desafortunado tributo, o bueno, dos desafortunados tributos, se irán del distrito once para irse al Capitolio, y seguramente morirán en un par de semanas.

Salí de mi habitación para asomarme en la de mis dos hermanos; seguían dormidos. Lucy y Ryan, los gemelos que más amo en el mundo. Luego, me asomé a la otra habitación. Mi padre también estaba dormido, estaba tocando el otro lado de la cama, casi abrazándolo, estaba tocando el lado donde dormía mi madre. Después de la muerte de ella nunca volvió a ser el mismo, se volvió una persona insegura y sensible, seguramente es porque se siente culpable.

Recuerdo muy bien lo ocurrido; era un día muy diferente a otros, mi padre no había podido conseguir comida, a mi corta edad de once años no preocupé por el asunto a pesar del enorme antojo que tenía de al menos comer unas bayas, pero, mi madre murió a causa del hambre, un muerte muy común en Panem, excluyendo a El Capitolio y  algunos distritos, en estos últimos no es una rareza como en el capitolio, pero es más común aquí. Mi madre fue una gran luchadora y nunca estuvo de acuerdo con los juegos del hambre, trabajaba en los huertos día y noche, la admiré mucho y lo sigo haciendo por su fuerte deseo de poner fin a los juegos. Desde ese día mi padre dejo de alimentarnos, estaba echado todo el día con la mirada perdida, mi padre trabajaba y volvía a casa a volver a echarse y poner nuevamente la mirada perdida. Nunca más se preocupó por alimentar a sus hijos y eso hace que lo odie, de todas maneras me preocupo por él.

Desde ese momento me convertí en el padre y madre de mis hermanos. Ellos dependen de mí tanto como yo de ellos.

Me coloqué mis botas de cuero, una blusa blanca y unos pantalones grisáceos. Hoy iría al mercado, tal vez consiga vender algunas cosas.


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


Llegué a casa cabizbaja, no había conseguido vender nada, me encontré con mis dos hermanos esperándome en el comedor. Este sería su segundo año, estaban muy nerviosos.

― ¿Qué ocurre?–pregunté–, ¿acaso no saben que ponerse?–coloqué mis manos en la cintura.

― ¿Podrías ayudarnos?–respondió Lucy.

― ¡Por supuesto que sí!

Los tomé a ambos de las manos. A pesar de que están un poco “grandes” con trece años para estar con niñerías, yo los consentía muchísimo y los trataba como niños pequeños. A veces se enojaban porque hacía lo mismo en el colegio, pero no me importa.

Busqué y encontré un hermoso vestido rosa opaco para Lucy y un traje para Ryan de color gris.

― Bueno, creo que ya debo irme a cambiar, es un poco tarde–dije–. Vístanse y espérenme en la cocina–ambos simplemente asintieron a la vez y se marcharon.

Tomé un baño, fue muy rápido, no quería malgastar el agua, pues, cuando volviera seguramente me daría otro baño, sí es que volvía. Hoy era el único día del año en el que nos dábamos ese lujo.

En mi cama yacía un vestido beige, muy hermoso, me lo coloque junto con una zapatillas y luego me hice un moño. No me veía perfecta y ni lo más cercano a ella, pero debo admitir que me veía bien.

Salí de la habitación. Mis hermanos se despidieron de mi padre quien irá unos minutos más tarde. Yo simplemente lo ignoré, como siempre lo he hecho.


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


Llegamos a la plaza, un lugar muy bonito, se podría decir que el más bonito del distrito. Caminábamos tomados de las manos. Llegó el momento de separarnos, esperaba que sólo fuera por un rato. Debíamos ficharnos.

― ¡Tengo miedo Ellie! –exclamó Ryan, deteniéndose y así también deteniendo el bululú, provocando empujones y pisotones de los demás hacia nosotros. Me muevo un poco para no estar entre la gente y evitar así que nos sigan atropellando.

― Yo también–se le une Lucy.

― No se preocupen, todo saldrá bien–dije–. No es su primero año–añadí.

― Es que… tengo un mal presentimiento–masculló Ryan. Sentí un vuelco en mi estómago, siempre que tenía un mal presentimiento, era por alguna razón, pero no podía mostrar mucho interés por eso ante ellos, se angustiarían. Decidí mostrar indiferencia, no podía hacer más nada.

― Tranquilo, seguro que no pasará nada.


Después de ficharnos nos encontrábamos esperando las palabras repetitivas y aburridas que siempre decían. Yo me encontraba de pie con los chicos de mi edad, todos estaban tensos, se percibía, ¿y quién no?

Alrededor de nosotros se encontraban, detrás de una cinta, los familiares. Muchos tenían una angustia enorme, unos con una cara inexpresiva, otros sólo apostaban –pues no tendrían nada que perder–  para ver que jóvenes irán a los juegos del hambre, de qué edad serán, e incluso sí serán unos debiluchos o uno fortachones. Nadie quería hacer tratos con esos tipos, pues, podrían ser informantes del capitolio, podrían pegarte un tiro todos los días por infringir la ley, y pues… ¿quién no lo ha hecho al menos una vez?

Podía ver a varias personas en frente de mí: al alcalde, a la excéntrica acompañante del distrito recién llegada del capitolio, y al mentor del distrito 11. Había dos urnas; una de las chicas y otra de los chicos, en una de ellas estaba mi nombre 20 veces. Debería salir pocas veces, pero saldrá más veces debido a las teselas; un suministro anual de aceite y cereales; a partir de los doce años (el año en el que mi nombre estuvo en la urna por primera vez) empecé a pedir teselas, por lo que saldré más veces de las que debería. Aun que, según mi punto de vista, es un truco muy sucio, pues los hijos del alcalde y los hijos de los comerciantes son unos privilegiados, no se ven en la necesidad de pedir teselas y su nombre sale muy pocas veces. Pero cuando una persona está necesitada se ve en la obligación de pedirlas, como lo hice yo.

Empezó a hablar el alcalde sobre como el distrito se levantó de las cenizas y… bla, bla, bla.

No presté la más mínima atención, hasta que escuché mi nombre:

― Elizabeth Hawthorne.

Yo simplemente me quedé perpleja. Rápidamente todos se apartaron, abriéndome el paso, camine lentamente y subí los escalones. El resto de lo que dijeron no lo escuché, estaba tan aturdida y sin mis cinco sentidos en ese momento que ni siquiera me enteré de quien era el varón, hasta que voltee y supe quién era.


«¿Por qué justo tenía que ser él?–pensé–. De todos los chicos que hay en el distrito, justo tenía que ser él.»

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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Dom 23 Feb 2014, 8:02 am

@Vicky. escribió:
Emily Gaffigan
— Nombre completo: Emily Kay Gaffigan.
— Representante: Lauren Jauregui.
— Chico: Drew Roy.
— ¿Por qué quieres participar?: Porque me gusto mucho la idea, no soy buena para este tipo de preguntas, pero sí, es porque me gusto mucho la idea y realmente me encantaría escribir en ella.
— Capítulo o Fic de tu autoria:
Capítulo:

Capítulo 11.

Estaba ahí, no había podido dormir, como todo los años desde que cumplí doce.

Hoy es el día de la cosecha, un día muy importante… para saber sí morirás o te quedarás pasando hambre un año más. Hoy, es el día en el que los padres dan un fuerte apretón a sus hijos, pues, no sabrían si ellos volverían a casa. Hoy, un desafortunado tributo, o bueno, dos desafortunados tributos, se irán del distrito once para irse al Capitolio, y seguramente morirán en un par de semanas.

Salí de mi habitación para asomarme en la de mis dos hermanos; seguían dormidos. Lucy y Ryan, los gemelos que más amo en el mundo. Luego, me asomé a la otra habitación. Mi padre también estaba dormido, estaba tocando el otro lado de la cama, casi abrazándolo, estaba tocando el lado donde dormía mi madre. Después de la muerte de ella nunca volvió a ser el mismo, se volvió una persona insegura y sensible, seguramente es porque se siente culpable.

Recuerdo muy bien lo ocurrido; era un día muy diferente a otros, mi padre no había podido conseguir comida, a mi corta edad de once años no preocupé por el asunto a pesar del enorme antojo que tenía de al menos comer unas bayas, pero, mi madre murió a causa del hambre, un muerte muy común en Panem, excluyendo a El Capitolio y  algunos distritos, en estos últimos no es una rareza como en el capitolio, pero es más común aquí. Mi madre fue una gran luchadora y nunca estuvo de acuerdo con los juegos del hambre, trabajaba en los huertos día y noche, la admiré mucho y lo sigo haciendo por su fuerte deseo de poner fin a los juegos. Desde ese día mi padre dejo de alimentarnos, estaba echado todo el día con la mirada perdida, mi padre trabajaba y volvía a casa a volver a echarse y poner nuevamente la mirada perdida. Nunca más se preocupó por alimentar a sus hijos y eso hace que lo odie, de todas maneras me preocupo por él.

Desde ese momento me convertí en el padre y madre de mis hermanos. Ellos dependen de mí tanto como yo de ellos.

Me coloqué mis botas de cuero, una blusa blanca y unos pantalones grisáceos. Hoy iría al mercado, tal vez consiga vender algunas cosas.




Llegué a casa cabizbaja, no había conseguido vender nada, me encontré con mis dos hermanos esperándome en el comedor. Este sería su segundo año, estaban muy nerviosos.

― ¿Qué ocurre?–pregunté–, ¿acaso no saben que ponerse?–coloqué mis manos en la cintura.

― ¿Podrías ayudarnos?–respondió Lucy.

― ¡Por supuesto que sí!

Los tomé a ambos de las manos. A pesar de que están un poco “grandes” con trece años para estar con niñerías, yo los consentía muchísimo y los trataba como niños pequeños. A veces se enojaban porque hacía lo mismo en el colegio, pero no me importa.

Busqué y encontré un hermoso vestido rosa opaco para Lucy y un traje para Ryan de color gris.

― Bueno, creo que ya debo irme a cambiar, es un poco tarde–dije–. Vístanse y espérenme en la cocina–ambos simplemente asintieron a la vez y se marcharon.

Tomé un baño, fue muy rápido, no quería malgastar el agua, pues, cuando volviera seguramente me daría otro baño, sí es que volvía. Hoy era el único día del año en el que nos dábamos ese lujo.

En mi cama yacía un vestido beige, muy hermoso, me lo coloque junto con una zapatillas y luego me hice un moño. No me veía perfecta y ni lo más cercano a ella, pero debo admitir que me veía bien.

Salí de la habitación. Mis hermanos se despidieron de mi padre quien irá unos minutos más tarde. Yo simplemente lo ignoré, como siempre lo he hecho.




Llegamos a la plaza, un lugar muy bonito, se podría decir que el más bonito del distrito. Caminábamos tomados de las manos. Llegó el momento de separarnos, esperaba que sólo fuera por un rato. Debíamos ficharnos.

― ¡Tengo miedo Ellie! –exclamó Ryan, deteniéndose y así también deteniendo el bululú, provocando empujones y pisotones de los demás hacia nosotros. Me muevo un poco para no estar entre la gente y evitar así que nos sigan atropellando.

― Yo también–se le une Lucy.

― No se preocupen, todo saldrá bien–dije–. No es su primero año–añadí.

― Es que… tengo un mal presentimiento–masculló Ryan. Sentí un vuelco en mi estómago, siempre que tenía un mal presentimiento, era por alguna razón, pero no podía mostrar mucho interés por eso ante ellos, se angustiarían. Decidí mostrar indiferencia, no podía hacer más nada.

― Tranquilo, seguro que no pasará nada.


Después de ficharnos nos encontrábamos esperando las palabras repetitivas y aburridas que siempre decían. Yo me encontraba de pie con los chicos de mi edad, todos estaban tensos, se percibía, ¿y quién no?

Alrededor de nosotros se encontraban, detrás de una cinta, los familiares. Muchos tenían una angustia enorme, unos con una cara inexpresiva, otros sólo apostaban –pues no tendrían nada que perder–  para ver que jóvenes irán a los juegos del hambre, de qué edad serán, e incluso sí serán unos debiluchos o uno fortachones. Nadie quería hacer tratos con esos tipos, pues, podrían ser informantes del capitolio, podrían pegarte un tiro todos los días por infringir la ley, y pues… ¿quién no lo ha hecho al menos una vez?

Podía ver a varias personas en frente de mí: al alcalde, a la excéntrica acompañante del distrito recién llegada del capitolio, y al mentor del distrito 11. Había dos urnas; una de las chicas y otra de los chicos, en una de ellas estaba mi nombre 20 veces. Debería salir pocas veces, pero saldrá más veces debido a las teselas; un suministro anual de aceite y cereales; a partir de los doce años (el año en el que mi nombre estuvo en la urna por primera vez) empecé a pedir teselas, por lo que saldré más veces de las que debería. Aun que, según mi punto de vista, es un truco muy sucio, pues los hijos del alcalde y los hijos de los comerciantes son unos privilegiados, no se ven en la necesidad de pedir teselas y su nombre sale muy pocas veces. Pero cuando una persona está necesitada se ve en la obligación de pedirlas, como lo hice yo.

Empezó a hablar el alcalde sobre como el distrito se levantó de las cenizas y… bla, bla, bla.

No presté la más mínima atención, hasta que escuché mi nombre:

― Elizabeth Hawthorne.

Yo simplemente me quedé perpleja. Rápidamente todos se apartaron, abriéndome el paso, camine lentamente y subí los escalones. El resto de lo que dijeron no lo escuché, estaba tan aturdida y sin mis cinco sentidos en ese momento que ni siquiera me enteré de quien era el varón, hasta que voltee y supe quién era.


«¿Por qué justo tenía que ser él?–pensé–. De todos los chicos que hay en el distrito, justo tenía que ser él.»


ficha aceptada.
Vicky, me gusto mucho te escrito, thg, me encanta esa trilogía;<333 pues bueno, sobre lo de "¿por que quieres audicionar para esta nc?" lo se, a mi tampoco me gusta, veré si lo quito bc no parece ser necesario, en fin, como que mi mucha vuelta; el caso es que tu ficha esta aceptada. ¡Suerte.
Invitado



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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por vendetta. el Dom 23 Feb 2014, 12:17 pm

SÍ, SEÑORES, LA RUTH ESTÁ AQUÍ(?) dugh, participad, quiero empezar ya. plz.
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por hypatia. el Dom 23 Feb 2014, 2:40 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
India Rose.
ღ Nombre completo:India Rose Holt.
ღ Representante:
Emma Watson.
ღ Pareja:
Harry Styles.
ღ Capítulo o Fic de tu autoria:
one shot:
Era un bonito día para hacer un picnic en el parque, para dar un paseo o simplemente asomarse a la ventana a disfrutar de los rayos de sol. Era uno de esos días que escaseaban en la ciudad, normalmente encapotada y gris. Normal que Inglaterra tenga uno de los índices más altos de suicidio, con este tiempo… ¿quién no se suicidaría por disfrutar de un poco de luz, aunque solo fuera esa que supuestamente ves antes de morir?, pensaba con frecuencia Bryony.  

Sí, definitivamente era un buen día para hacer casi cualquier cosa al aire libre. Menos para asistir a un funeral. Una gran cantidad de gente vestida de negro se encontraba congregada en la parte oeste del cementerio, alrededor de una bonita tumba de caoba rodeada de coronas de flores de diversos colores. A su lado, un caballete de madera portaba la fotografía de una mujer mayor que bajo sus innumerables y adorables arrugas escondía unos bonitos ojos verdes acompañados por una sonrisa del tamaño de América, como mínimo. Mientras el reverendo Roy entonaba las plegarias, algunos de los presentes lloraban, unos miraban a la nada y los más mayores decían repetidamente; él siguiente soy yo, seguro que  no llego a las próximas Navidades. Salvo Bryony, ella sostenía la rosa blanca bien aferrada entre sus manos,  provocando que las espinas penetraran en su piel. Parecía que el dolor físico y el emocional estaban enzarzados en una ridícula competición por ver cuál le causaba más daño. No lloraba, ya no le quedaban lágrimas que soltar. Se sentía seca y vacía, como un desierto. La melodía alegre y alentadora de Here comes the sun proporcionaba a la situación un toque irónico.

Florence Relish dejaba el mundo en un día magnífico. Seguro que si Bryony pudiera oír la voz de su abuela diría algo como; ¡Aquí os quedáis pringados, pudriros en este mundo decrépito mientras yo me lo paso bomba de uno de esos banquetes celestiales! La chica fue incapaz de retener la risa y sus labios se elevaron hacia arriba, pero segundos después las lágrimas volvieron a asomarse por debajo de sus gafas negras. ¿Qué haría a partir de ese momento sin su adoraba abuela?, nunca había conocido a otra familia. Siempre caminó agarrada de su mano y con su presencia el mundo parecía un poco menos malo, menos enfermo. Pero las cosas buenas tienen su final antes o después, solía decir Florence y el cáncer terminó con una de las pocas cosas buenas que tenía Bryony.

Sus hombros empezaron a convulsionarse arriba y abajo. Inmediatamente un fuerte brazo rodeó su cuerpo con firmeza, ayudando a que continuará quieta en medio de ese tumulto de emociones que la
acosaban.

-Si estas adorables ancianitas siguen lamentándose de esa forma, seré yo quien se meta en ese agujero
–susurró el chico en su oído con tono burlón.

Bryony tampoco pudo contener la risa en esa ocasión. Se deshizo de las gafas de sol dejando al descubierto los dos moratones bajo sus ojos marrones, empequeñecidos por el sol y el cansancio. Miró a su amigo, que le sonreía desde todo lo alto que era con una dentadura perfecta. Zayn Malik había sido su mejor amigo desde que entró a trabajar a la redacción de la revista Hot News hacía tres años. Era de esas personas puras, de las que solía hablar su abuela. De ese tipo que iba por la vida regalando sonrisas, buen humor y bondad sin esperar recibir una recompensa. No se había separado de él desde aquel día. Zayn era la otra cosa buena que tenía en el mundo, cuando estaban juntos todo lo demás carecía de importancia. Era un bonito descanso de la realidad. Y muy en el fondo sabía que sus sentimientos hacia él superaban los límites de la amistad. No se trataba de amor, hacía tiempo que dejó atrás su faceta de adolescente que se enamoraba hasta de una flor. Pero podía calificar sus sentimientos como una atracción irrefrenable por sus labios, su sonrisa, sus ojos e incluso de la arruga que se formaba en su barbilla cuando se enfadaba. Sin embargo, su miedo a perderle y que él no sintiera lo mismo frenaba todos esos impulsos. Necesitaba a Zayn en su vida, de la forma que fuera. Sobre todo en ese momento, ya no quedaba nadie en la tierra que le importase de verdad. Ni siquiera las personas que fingían ser sus amigas.

-Gracias por estar aquí, eres un buen amigo –descansó su mejilla en el brazo de Zayn.

-Apreciaba a tu abuela, y tú me necesitas, merece la pena perder un día de trabajo por esto –depositó un beso en la coronilla de la muchacha con ternura.

El silencio volvió a tornarse sobre todos los presentes, era el momento de dedicar unas palabras a la fallecida, pero Bryony deshizo la idea. Se sentía sin fuerzas para hablar de ella en pasado, de contar como la enfermedad la fue consumiendo hasta la muerte. Las personas aquí presentes sabían cómo era, no necesitan un recordatorio absurdo. Durante el descenso del ataúd Bryony tuvo que reprimir sus ganas de tirarse tras él, sacar a su abuela y regañarla porque su broma dejó de tener gracia hacía unas horas. Pero su raciocinio la ayudó a controlarse. Una hora más tarde tenía entumecidos los huesos de la mano derecha de tantos apretones, olía a una mezcla de los perfumes empalagosos de las amigas de su abuela y sentía la necesidad de dormir durante una semana. Aunque sabía que una vez en la cama no podría pegar ojo.

Metió la llave dentro de la cerradura del pequeño piso que compartía con su abuela cerca de Piccadilly Circus. Al abrir la puerta una ráfaga de recuerdos la invadió. El pequeño salón comedor se encontraba bien iluminado e igual de acogedor que siempre. Las flores de su abuela no se habían marchitado (como iban a hacerlo, si solo había sido una noche) y en el aire todavía podía apreciarse un leve olor a las magdalenas de arándanos de Florence. Para la chica el mundo se vino abajo de nuevo y ella caía junto con él.

-Puedes venir a mi casa unos días, hasta que sepas que vas a hacer –Zayn la rescató de nuevo y con delicadeza condujo su cuerpo hasta el sofá de color morado.

Se desplomó en él embriagada por el dolor de sus piernas por haber pasado tantas horas en pie. Dejó caer la cabeza en el respaldo y cerró los ojos momentáneamente. Su amigo esperó paciente a que se recompusiera.

-He vivido aquí con ella toda mi vida… -dijo Bryony poco después, reprimiendo las lágrimas incipientes -, no sé, es como si ya no tuviera sentido estar aquí.

Apoyó los codos sobre sus rodillas y enterró la cara entre las manos. Su abuela nunca fue una persona con un poder monetario elevado, de hecho siempre habían vivido con lo justo y necesario. El piso era lo único que le pertenecía por completo, y sin embargo sin ella no quería nada de lo que había en ese lugar. Ni siquiera los recuerdos, si pudiera los dejaría encerrados ahí dentro bajo siete candados.

-¿Piensas venderlo? –preguntó el chico, como si hubiera leído los pensamientos de su amiga.

-Quizá, creo que es una decisión que debo tomar con la cabeza un poco despejada y tras al menos diez horas de sueño seguido. Pero creo que la respuesta es casi evidente, no tengo donde ir y mi sueldo de periodista no me da para cogerme un piso decente que no cargue con tres compañeros de piso. Esto es mío, al fin y al cabo… -abrió los brazos queriendo abarcar toda la amplitud de su casa.

-La proposición de antes era seria, puedes venir a mi casa, por un tiempo indefinido –sus ojos mostraban una intensidad sobrecogedora.

Lo rechazó con una sonrisa y una leve negación de cabeza. Apreciaba su preocupación, y la hubiera aceptado si se tratara de un amigo “cualquiera”. Bryony conocía de primera mano la inestable vida amorosa de Zayn, no solía pasar solo la mayoría de las noches. Y con sus sentimientos a flor de piel, no se creía capaz de soportar con frialdad una de esas escenas.

-Como he dicho, es algo que debo pensar con detenimiento. Lo tendré en cuenta –sonrió de la manera más amplia que pudo.

Zayn notó crecer la impotencia en su estómago. Verla de esa manera le mataba de una forma que no quería conocer. Bryony, de por sí tan alegre y alocada parecía consumirse por segundos. Podía notar ese dolor como si se tratase del suyo propio. La quería, de una forma antes desconocida para él. Por eso nunca se había atrevido a ir más allá, porque temía que su corazón se destrozará si esa muchacha no sentía lo mismo.

-¿Necesitas que me quede, quieres comer algo…?

Bryony río ante el nerviosismo de su amigo, estaba desacostumbrado a no poder hacer nada para solucionar los problemas de los demás. Él era así… y le encantaba.

-Estoy bien, me enfundaré una sudadera que me llegue hasta las rodillas y unos leggins y me echaré en la cama hasta que consiga descansar un poco. Vete a casa, ya es tarde y mañana tienes que ir a trabajar. Todo estará bien por aquí.

Zayn perdió unos segundos mirando el rostro aceitunado de la muchacha y sus profundos ojos marrones surcados de ojeras y dolor. Suspiró con pesar, cuando Bryony quería estar sola, era mejor respetar su decisión. Agarró una de sus pequeñas manos entre las suyas por unos momentos.

-Llámame si necesitas cualquier cosa, vendré corriendo.

-Gracias, estaré bien de verdad. Quita esa cara de muerto, que no te sienta nada bien –disfrutó del contacto de sus pieles un poco más.

Finalmente Zayn se levantó, depositó un beso de despedida en su mejilla y a regañadientes, abandonó el piso.

A la mañana siguiente todo volvió a la normalidad, el cielo estaba cubierto por la neblina de cada día y los rayos de sol no habían dejado ningún rastro de haber existido. Londres volvía a ser la ciudad enferma y gris en la que creció. Bryony tenía la sensación de haber dormido por algunos años ya que a cada rincón que miraba todo le resultaba desconocido. Esa sensación radicaba en una sola cosa, la muerte de su abuela. Al abrir los ojos deseó que todo lo del día anterior fuera una tomadura de pelo, que su abuela entrara en su dormitorio tarareando la melodía de la canción de cuna que solía cantarle de pequeña, levantara la persiana y le arrancara las sábanas de entre las manos. Sin embargo, la habitación continuó en penumbra con ella hecha un ovillo bajo las sábanas mientras esperaba algo que no llegaría.

¿Qué hago ahora?

Se repetía incansablemente en su mente buscando la respuesta en algún lugar de su cerebro. Y cada vez que creía obtener la respuesta una nueva preguntaba caía en su mente, ¿por qué venimos a un mundo como esté?, ¿qué finalidad tiene existir si luego puede venir una enfermedad y matarnos?, la muerte de su abuela le estaba haciendo plantearse tantas cosas… se sentía tan perdida y no encontraba ninguna vía de escape que la hiciera volver a poner los pies en la tierra. Tenía la ligera sensación de llevar días encerrada en esa habitación. Cuando pensó que ya no llegaría a levantarse nunca más las palabras que le dijo su abuela cuando Peter, su último novio, la dejó acuden a su mente. En la vida nada será como pretendas que sea, las personas pasarán por tu vida como tú pasas los canales de la televisión. Por eso no puedes permitir perder ni un solo día de tu vida lamentándote por nadie, porque esas personas no se quedarán en la cama lamentándose por ti.

Con una fuerza que no parecía suya se levantó de la cama y se metió en la ducha. Fue como bañarse en un manantial de agua caliente que la rejuveneció al menos tres años. El dolor de sus huesos desapareció y se lamentó porque el de su interior no lo hizo. Con tranquilidad secó su pelo con el secador. Aunque le hubiera gustado que el motivo de sus vacaciones en la redacción fuera otro, agradeció tener unos cuantos días para ella sin tener que ir con prisas en todo lo que hacía. Una vez vestida salió de su habitación, decidida a enfrentarse a los recuerdos intensos que la llevaban acosando horas. Hasta que no llegó al salón no se dio cuenta de lo vacío que resultaba todo sin la presencia de Florence. A través del único ventanal de la sala comprobó que llovía y parecía hacerlo de una forma más intensa que de costumbre, como si lo hiciera con rabia. Los cielos también lloran tu pérdida, se dijo así misma. Como no tenía hambre se acurrucó en el sofá con los brazos apretados contra el estómago tratando de hacer desaparecer esa sensación de nervios, vacío y dolor que había en ella. Sin resultados.

Tenía que vender esa casa, o al menos alquilarla hasta que no fuera tan duro estar metida dentro de esas cuatro paredes. Si tenía suerte podría salir de allí en menos de una semana, varias chicas de la redacción estaban pensando en independizarse y el piso estaba bien localizado. No sería difícil, pero qué pensaría su abuela, ¿pensaría que estaba huyendo como un cachorrito asustado?

Su teléfono comenzó a vibrar poco después y la foto de un sonriente Zayn apareció en la pantalla. Durante la noche había tenido la necesidad de llamarle en innumerables ocasiones solo que se contuvo. Seguro que Zayn había aprovechado su día libre para quedar con alguna chica, aunque le dolía sabía que no tenía derecho a sentirse así porque solo eran amigos y Zayn se ofreció a quedarse con ella muchas veces antes de marcharse anoche.

-Buenos días –saludó una agradable voz desde el otro lado de la línea. -¿Has descansado algo?

Bryony sonrió y notó que el peso de su estómago desaparecía parcialmente.

-Pude hacerlo después de pasar horas y horas dando vueltas en la cama.

Un suspiró de descontento llegó desde el otro lado de la línea telefónica.

-Debiste haberme llamado, te lo dije –la regañó Zayn como si fuera una niña pequeña, lo que le sacó de quicio, eso es lo único que odiaba de él. Que a veces la hablara como si estuviera tratando con una niña pequeña.

-¿No deberías estar trabajando? –decidió cambiar de tema.

-Hoy también me he tomado el día libre, me sentía culpable por dejarte sola… -el pequeño enfado de antes se volatizó al escuchar sus palabras.

-Gracias, pero no era necesario –dijo ella.

-Claro que es necesario, me necesitas aunque no quieras reconocerlo. No te conviene estar sola, puedo ir a tu casa si quieres.

Bryony miró  a su alrededor y sus ojos volvieron a anegarse por las lágrimas. Estaba totalmente decidido, alquilaría al piso y se marcharía de allí. No podía sobrellevar la situación levantándose cada día en esa casa.

-¿Me ayudarías a guardar todo en cajas?, quiero marcharme cuanto antes.

Tras esas palabras no podría dar marcha atrás y no estaba segura de querer hacerlo. Puede que un cambio de aires le viniera bien. Vivir en una parte más relajada de la ciudad… sí, es una buena decisión se mire por donde se mire, se convenció.

-Veo que has decidido venderla, ¿sabes a dónde irás? –pregunto él en lo que Bryony entendió en un tono de emoción.

-Si me dejas, me gustaría quedarme en tu casa hasta que encuentre algo y a alguien que quiera el piso. –Si bien no le hacía gracias ver a Zayn con otras chicas, menos gracias le hacía gastarse sus escasos ahorros en un hotel.

-Por supuesto que sí, y sabes de sobra que no hace falta que busques un piso –su insistencia por irse a vivir con él indefinidamente le molestaba un poco, ¿acaso quería que viera con sus propios ojos la influencia que tenía en las mujeres?

-Lo iremos viendo, ¿a qué hora vienes?

-Trataré de tardar lo menos posible, nos vemos en un rato.

Colgó el teléfono y se quedó observando la pantalla. Necesitaba urgentemente una distracción hasta que su amigo viniera, porque si no corría el riesgo de tirarse por la ventana. No se atrevía a sacar las cajas y guardar las cosas de su abuela ella sola. Entonces algo acudió a su mente. Se vestiría con el viejo jersey de lana blanco de Florence. Cuando era una niña, su abuela, para llegar a fin de mes trabajaba por las noches en un bar algunos días por semana y dejaba a Bryony con una niñera. La niña solía tener pesadillas en esa época por la reciente muerte de sus padres. La señora, para evitar esos episodios de terror le dijo a su nieta que se metiera dentro del jersey, impregnado en su olor a lavanda, cerrara los ojos e imaginara que la estaba abrazando. Tal vez,  ese suave contacto la calmara en esos momentos.

Sin detenerse a pensarlo se levantó y caminó hacia la habitación de su abuela. Una vez dentro trató de no fijarse mucho en todo lo que allí había, esa habitación era la que más recuerdos portaba. Cogió el taburete de madera y del estante más alto del armario saco la prenda bien doblada. Una vez en el suelo se sentó en la cama y lo desdobló con cuidado. Para la sorpresa de Bryony dentro había un sobre blanco con su nombre escrito con la inconfundible letra de Florence. Su corazón comenzó a palpitar dentro de su cuerpo desenfrenadamente. Se echó hacia atrás para poder cruzar las piernas sobre la cama y con manos temblorosas abrió el sobre. Desdobló la hoja con cuidado y con una mezcla de sensaciones se decidió a leer. En la cabecera del folio estaban escritos con letra grande una serie de dígitos. Y después, comenzaba a hablar su abuela:

“Para mi querida y hermosa nieta:

Te escribo para darte mi último regalo y mi último consejo, dos cosas que espero que te cambien la vida radicalmente. Pero antes de nada, un pequeño paréntesis, como esos que solían hacer en las escenas de alta tensión de las películas que veíamos los domingos, ¿lo recuerdas?... deseo que sigas con nuestro ritual aunque yo no esté.

Antes de guardar la carta en el jersey pasé un día entero pensando en el escondite perfecto para ella, temía que la encontraras antes de que muriera. Supe que este era el lugar idóneo porque sabía acudirías a la prenda buscando uno de mis abrazos. Siempre fuiste una niña asustada, con el espíritu más valiente que he conocido. He tratado de criarte ajena a todas las maldades del mundo, creo que lo hice bien, porque te has convertido en una mujer decidida, sincera y atrevida, cualidades que si se emplean bien te harán llegar a lugares que el resto del mundo no se atreve a imaginar. Solo te falta usar ese valor y perderle miedo a vivir.

Te estarás preguntando que son los dígitos que hay escritos arriba. Bueno, esos números son tu pasaporte a una vida mejor. Cuando tus padres murieron te dejaron una herencia y yo he ido aportando durante estos años todo lo que he podido. Sí hija, has pasado de una dura lucha para llegar a fin de mes a ser millonaria, ¿de verdad pensabas que te dejaríamos así sin más? No tendrás problemas en el banco, el señor Collins conocía mis deseos, te entregará la tarjeta de crédito en cuanto acudas a buscarla. Solo has de decir tu nombre y enseñarle la pulsera de oro de cuando eras una niña.
Y después de ello, quiero que cumplas mi última voluntad.

Has pasado la mayoría de tu vida estudiando, trabajando y soportando las puñaladas traperas de la gente. Este mundo te está contaminando poco a poco las malas energías. Por eso quiero que cojas el dinero y huyas de esta ciudad enferma. Recorre el mundo, conoce gente, culturas y aprende el verdadero sentido de vivir. Necesito que a partir de ahora, vivas tu vida sin rendirle cuentas a nadie. Porque tú, mi adorada niña, no viniste al mundo a sufrir, sino a ser feliz. Y sé que tu felicidad solo empezará cuando huyas de este lugar.  

No merece la pena que te compadezcas de mí, he dejado de ser una esclava del trabajo  y de la maldad de las personas. Estaré bien, en donde quiera que me encuentre.

Y antes de irte, te obligo a que hagas una cosa. Dile a ese encantador muchacho todo lo que sientes por él, merece la pena gastar un par de segundos en confesarle tu amor a Zayn. Tienes que perderle el miedo a la vida, Bryony. Di lo que te plazca, siente lo que te plazca y nunca ocultes tus sentimientos. ¿Qué es lo peor que te puede pasar si te rechaza?, nada. Porque si lo hace significará que hay otra persona en el mundo destinada para ti. De verdad, espero que uses ese espíritu valiente que tienes escondido y te lances a la piscina.

Siempre estaré a tu lado, mi niña querida. Y si alguna vez me echas de menos, eleva la vista y yo seré el trozo de cielo que veas en ese momento. Te quiero.”


Tras la última palabra, las lágrimas cayeron sobre el papel haciendo que la tinta se corriera. Por supuesto que su abuela no se iría así sin más. Bryony se encontraba en un dulce estado de shock. Florence le estaba dando la oportunidad de vivir la vida como quisiera. Ya no debería vivir para sobrevivir, sino para disfrutar. ¡Por Dios, era asquerosamente rica!

Se puso el jersey sobre la camiseta de tirantes blanca, así su abuela la acompañaría. Rápidamente fue a su habitación y de debajo de la cama sacó su maleta. La puso encima de la cama, la abrió y empezó a echar montones de ropa. Haría caso a su abuela, perdería el miedo a vivir y a partir de ese momento sería como ella quisiera.

Y la mejor forma de empezar era confesando a Zayn que llevaba loco por él tanto tiempo como se conocían. Le pediría que se marchara con ella, que huyeran juntos. Era una idea descabellada, tal vez él se riera de ella, pero la vida se basaba en locuras. Y deseaba con todas sus fuerzas que Zayn formara parte de su nueva locura.

Los minutos comenzaron a pasar con una tortuosa lentitud. En su interior sentía que se avecinaba tormenta y lo que más le aquejaba era la calma que precedía a ese hecho. Para evitar tirarse por la ventana comenzó a prepararlo todo. Dejó la maleta al lado del sofá y se fue en busca del pasaporte en blanco. Se emocionó como una niña pequeña al pensar en todos los sitios que visitaría. Tal vez encontrara inspiración para escribir. Había tantos tal vez que le gustaría convertir en realidad y en todos ellos se imaginaba a Zayn al lado. Se sentó a esperar y poco después sonó el telefonillo. Corrió a abrir y dejó la puerta entornada.

Sus piernas se habían convertido en mantequilla y las manos le sudaban de una forma descomunal. Este es tu momento, date una oportunidad, saca ese espíritu valiente que tu abuela dice que posees. Escuchó el sonido de unos pasos y al verle entrar con su radiante sonrisa su corazón dio una voltereta lateral. Vestía con ropa oscura que acentuaba aún más sus preciosos ojos. Le dedicó una sonrisa que acto seguido se esfumó al ver la enorme maleta.

-¿Y eso? –preguntó sentándose en la mesilla de madera, frente a Bryony.

La chica decidió empezar por lo más sencillo de contar. Poco a poco, todo sería más fácil, trataba de convencerse a sí misma.

-Me marcho –dijo simplemente, con uno enorme nudo en la garganta, era como si sus cuerdas vocales estuvieran agarradas con una goma del pelo, impidiendo hablar claro.

-¿Cómo qué te vas,  a dónde te vas? –preguntó con tono de alarma el chico.

-Pues había pensado en empezar por Roma, sabes que siempre me ha gustado…

-¡Te vas de la ciudad, pero no te mudabas conmigo!

En pánico comenzó a dominar el cuerpo de Zayn. Ella no podía irse y dejarle allí, simplemente no podía.

-Tengo una herencia de millones de libras, soy asquerosamente rica.

Bryony apretaba sus manos y miraba a Zayn con los ojos empequeñecidos. Tenía que decírselo de una vez, ¡díselo de una vez!, se gritaba a sí misma.

-Ser rica no te obliga a irte de la ciudad –su miedo a perderla se había transforma en enfado, hacía sí mismo, por no atreverse a decir todo lo que sentía.

-No me voy por ser rica. Lo hago por mi abuela y por mí… -tomó aire tres veces, ese era el momento, el espíritu valiente era liberado por fin –Pero antes tengo que hacer una cosa, bueno, más bien decir una cosa. –Zayn la miraba atentamente, y por alguna razón, perdió cualquier miedo que hasta entonces había tenido –Me gustas… no de la forma que te gusta un amigo, sino como algo más. Me gustas siempre, cuando estás enfadado, cuando sonríes. Me gustas desde todas las perspectivas que sea posible mirarte y…

Antes de que tuviera la oportunidad de exponer por completo sus sentimientos. Los labios de Zayn la hicieron callar. Primero fue un contacto suave, de reconocimiento. Se miraron a los ojos por unos instantes y está vez fue Bryony quien se lanzó a sus labios. Eran como las imperfectas piezas de un puzle, sus lenguas encajaban la una con la otra como si ninguna de ellas estuviera hecha para nadie más. Ninguno de los dos cabía en su cuerpo de felicidad al comprobar que el otro sentía lo mismo. Si tenían algo que reprocharse, eran esos tres años de miedo a exponer sus sentimientos. Florence tenía razón; la vida va demasiado deprisa como para pararse un solo segundo a esperar.
Minutos después se separaron a regañadientes, aunque solo lo suficiente para poder hablar. Sus frentes seguían unidas y Zayn frotó con delicadeza su nariz sobre la de la chica. Ninguno abrió los ojos, queriendo disfrutar de ese momento.

-Huye conmigo –susurró Bryony con la respiración agitada –Ven a vivir a mi lado, lejos de todo el mundo.

Zayn pensé que se la había parado el corazón momentáneamente. ¿Irse con ella, dejar toda su vida de lado así de un día para otro? Abrió los ojos y se vio reflejado en los suyos marrones. Sí… merecía la pena dejar todo por ella.

-Sí –aceptó volviendo a unir sus labios, como si se tratara de una sello –Me voy contigo a donde sea, de la forma que sea. Solo me importa estar a tu lado.

Y así se marcharon lejos de las ataduras a las que les tenía atados la sociedad. Juntos, como llevaban tanto tiempo deseando. Dejando a todo el mundo con la boca abierta, tachados como locos. Una decisión precipitada. Pero la vida era una montaña rusa, y ellos se encontraban en la primera fila del vagón a puntos de ser lanzados hacia un nuevo capítulo de su vida, un capítulo mejor. Y todo gracias a una mujer, la valiente y especial Florence Relish.

P.D: Yo quiero ir a Ámsterdam.


Última edición por Kathe. el Dom 23 Feb 2014, 3:00 pm, editado 2 veces

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I've seen what pain does to people. This isn't pain. It is... nothing, an empty nothing {aurora raven, coven of salem.
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Dom 23 Feb 2014, 2:44 pm

Hola, santo cielo. Que genial, que genial. Esto es difícil de creer, tan difícil: por dios Ámsterdam. Mi bella Ámsterdam, hecha una colectiva. Les haré un monumento, chicas. Obviamente audicionare.
Me muero por la primera frase: «Algún día iremos a Ámsterdam y nos beberemos las estrellas. »' de alguna manera! me recordó a The Faul In Our Stars, y morí.
Yo quiero ir a Ámsterdam, mi bella ciudad de la libertad.
Esperen mi ficha.
PD: Soy Dallas. Aquí, Adry me conoce. solo que cambie mi nombre de usuario.
Bai, besos.
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Dom 23 Feb 2014, 4:24 pm

mathers. escribió:SÍ, SEÑORES, LA RUTH ESTÁ AQUÍ(?) dugh, participad, quiero empezar ya. plz.
hola ruthie;<3
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Dom 23 Feb 2014, 4:26 pm

@Kathe. escribió:
India Rose.
ღ Nombre completo:India Rose Holt.
ღ Representante:
Emma Watson.
ღ Pareja:
Harry Styles.
ღ Capítulo o Fic de tu autoria:
one shot:
Era un bonito día para hacer un picnic en el parque, para dar un paseo o simplemente asomarse a la ventana a disfrutar de los rayos de sol. Era uno de esos días que escaseaban en la ciudad, normalmente encapotada y gris. Normal que Inglaterra tenga uno de los índices más altos de suicidio, con este tiempo… ¿quién no se suicidaría por disfrutar de un poco de luz, aunque solo fuera esa que supuestamente ves antes de morir?, pensaba con frecuencia Bryony.  

Sí, definitivamente era un buen día para hacer casi cualquier cosa al aire libre. Menos para asistir a un funeral. Una gran cantidad de gente vestida de negro se encontraba congregada en la parte oeste del cementerio, alrededor de una bonita tumba de caoba rodeada de coronas de flores de diversos colores. A su lado, un caballete de madera portaba la fotografía de una mujer mayor que bajo sus innumerables y adorables arrugas escondía unos bonitos ojos verdes acompañados por una sonrisa del tamaño de América, como mínimo. Mientras el reverendo Roy entonaba las plegarias, algunos de los presentes lloraban, unos miraban a la nada y los más mayores decían repetidamente; él siguiente soy yo, seguro que  no llego a las próximas Navidades. Salvo Bryony, ella sostenía la rosa blanca bien aferrada entre sus manos,  provocando que las espinas penetraran en su piel. Parecía que el dolor físico y el emocional estaban enzarzados en una ridícula competición por ver cuál le causaba más daño. No lloraba, ya no le quedaban lágrimas que soltar. Se sentía seca y vacía, como un desierto. La melodía alegre y alentadora de Here comes the sun proporcionaba a la situación un toque irónico.

Florence Relish dejaba el mundo en un día magnífico. Seguro que si Bryony pudiera oír la voz de su abuela diría algo como; ¡Aquí os quedáis pringados, pudriros en este mundo decrépito mientras yo me lo paso bomba de uno de esos banquetes celestiales! La chica fue incapaz de retener la risa y sus labios se elevaron hacia arriba, pero segundos después las lágrimas volvieron a asomarse por debajo de sus gafas negras. ¿Qué haría a partir de ese momento sin su adoraba abuela?, nunca había conocido a otra familia. Siempre caminó agarrada de su mano y con su presencia el mundo parecía un poco menos malo, menos enfermo. Pero las cosas buenas tienen su final antes o después, solía decir Florence y el cáncer terminó con una de las pocas cosas buenas que tenía Bryony.

Sus hombros empezaron a convulsionarse arriba y abajo. Inmediatamente un fuerte brazo rodeó su cuerpo con firmeza, ayudando a que continuará quieta en medio de ese tumulto de emociones que la
acosaban.

-Si estas adorables ancianitas siguen lamentándose de esa forma, seré yo quien se meta en ese agujero
–susurró el chico en su oído con tono burlón.

Bryony tampoco pudo contener la risa en esa ocasión. Se deshizo de las gafas de sol dejando al descubierto los dos moratones bajo sus ojos marrones, empequeñecidos por el sol y el cansancio. Miró a su amigo, que le sonreía desde todo lo alto que era con una dentadura perfecta. Zayn Malik había sido su mejor amigo desde que entró a trabajar a la redacción de la revista Hot News hacía tres años. Era de esas personas puras, de las que solía hablar su abuela. De ese tipo que iba por la vida regalando sonrisas, buen humor y bondad sin esperar recibir una recompensa. No se había separado de él desde aquel día. Zayn era la otra cosa buena que tenía en el mundo, cuando estaban juntos todo lo demás carecía de importancia. Era un bonito descanso de la realidad. Y muy en el fondo sabía que sus sentimientos hacia él superaban los límites de la amistad. No se trataba de amor, hacía tiempo que dejó atrás su faceta de adolescente que se enamoraba hasta de una flor. Pero podía calificar sus sentimientos como una atracción irrefrenable por sus labios, su sonrisa, sus ojos e incluso de la arruga que se formaba en su barbilla cuando se enfadaba. Sin embargo, su miedo a perderle y que él no sintiera lo mismo frenaba todos esos impulsos. Necesitaba a Zayn en su vida, de la forma que fuera. Sobre todo en ese momento, ya no quedaba nadie en la tierra que le importase de verdad. Ni siquiera las personas que fingían ser sus amigas.

-Gracias por estar aquí, eres un buen amigo –descansó su mejilla en el brazo de Zayn.

-Apreciaba a tu abuela, y tú me necesitas, merece la pena perder un día de trabajo por esto –depositó un beso en la coronilla de la muchacha con ternura.

El silencio volvió a tornarse sobre todos los presentes, era el momento de dedicar unas palabras a la fallecida, pero Bryony deshizo la idea. Se sentía sin fuerzas para hablar de ella en pasado, de contar como la enfermedad la fue consumiendo hasta la muerte. Las personas aquí presentes sabían cómo era, no necesitan un recordatorio absurdo. Durante el descenso del ataúd Bryony tuvo que reprimir sus ganas de tirarse tras él, sacar a su abuela y regañarla porque su broma dejó de tener gracia hacía unas horas. Pero su raciocinio la ayudó a controlarse. Una hora más tarde tenía entumecidos los huesos de la mano derecha de tantos apretones, olía a una mezcla de los perfumes empalagosos de las amigas de su abuela y sentía la necesidad de dormir durante una semana. Aunque sabía que una vez en la cama no podría pegar ojo.

Metió la llave dentro de la cerradura del pequeño piso que compartía con su abuela cerca de Piccadilly Circus. Al abrir la puerta una ráfaga de recuerdos la invadió. El pequeño salón comedor se encontraba bien iluminado e igual de acogedor que siempre. Las flores de su abuela no se habían marchitado (como iban a hacerlo, si solo había sido una noche) y en el aire todavía podía apreciarse un leve olor a las magdalenas de arándanos de Florence. Para la chica el mundo se vino abajo de nuevo y ella caía junto con él.

-Puedes venir a mi casa unos días, hasta que sepas que vas a hacer –Zayn la rescató de nuevo y con delicadeza condujo su cuerpo hasta el sofá de color morado.

Se desplomó en él embriagada por el dolor de sus piernas por haber pasado tantas horas en pie. Dejó caer la cabeza en el respaldo y cerró los ojos momentáneamente. Su amigo esperó paciente a que se recompusiera.

-He vivido aquí con ella toda mi vida… -dijo Bryony poco después, reprimiendo las lágrimas incipientes -, no sé, es como si ya no tuviera sentido estar aquí.

Apoyó los codos sobre sus rodillas y enterró la cara entre las manos. Su abuela nunca fue una persona con un poder monetario elevado, de hecho siempre habían vivido con lo justo y necesario. El piso era lo único que le pertenecía por completo, y sin embargo sin ella no quería nada de lo que había en ese lugar. Ni siquiera los recuerdos, si pudiera los dejaría encerrados ahí dentro bajo siete candados.

-¿Piensas venderlo? –preguntó el chico, como si hubiera leído los pensamientos de su amiga.

-Quizá, creo que es una decisión que debo tomar con la cabeza un poco despejada y tras al menos diez horas de sueño seguido. Pero creo que la respuesta es casi evidente, no tengo donde ir y mi sueldo de periodista no me da para cogerme un piso decente que no cargue con tres compañeros de piso. Esto es mío, al fin y al cabo… -abrió los brazos queriendo abarcar toda la amplitud de su casa.

-La proposición de antes era seria, puedes venir a mi casa, por un tiempo indefinido –sus ojos mostraban una intensidad sobrecogedora.

Lo rechazó con una sonrisa y una leve negación de cabeza. Apreciaba su preocupación, y la hubiera aceptado si se tratara de un amigo “cualquiera”. Bryony conocía de primera mano la inestable vida amorosa de Zayn, no solía pasar solo la mayoría de las noches. Y con sus sentimientos a flor de piel, no se creía capaz de soportar con frialdad una de esas escenas.

-Como he dicho, es algo que debo pensar con detenimiento. Lo tendré en cuenta –sonrió de la manera más amplia que pudo.

Zayn notó crecer la impotencia en su estómago. Verla de esa manera le mataba de una forma que no quería conocer. Bryony, de por sí tan alegre y alocada parecía consumirse por segundos. Podía notar ese dolor como si se tratase del suyo propio. La quería, de una forma antes desconocida para él. Por eso nunca se había atrevido a ir más allá, porque temía que su corazón se destrozará si esa muchacha no sentía lo mismo.

-¿Necesitas que me quede, quieres comer algo…?

Bryony río ante el nerviosismo de su amigo, estaba desacostumbrado a no poder hacer nada para solucionar los problemas de los demás. Él era así… y le encantaba.

-Estoy bien, me enfundaré una sudadera que me llegue hasta las rodillas y unos leggins y me echaré en la cama hasta que consiga descansar un poco. Vete a casa, ya es tarde y mañana tienes que ir a trabajar. Todo estará bien por aquí.

Zayn perdió unos segundos mirando el rostro aceitunado de la muchacha y sus profundos ojos marrones surcados de ojeras y dolor. Suspiró con pesar, cuando Bryony quería estar sola, era mejor respetar su decisión. Agarró una de sus pequeñas manos entre las suyas por unos momentos.

-Llámame si necesitas cualquier cosa, vendré corriendo.

-Gracias, estaré bien de verdad. Quita esa cara de muerto, que no te sienta nada bien –disfrutó del contacto de sus pieles un poco más.

Finalmente Zayn se levantó, depositó un beso de despedida en su mejilla y a regañadientes, abandonó el piso.

A la mañana siguiente todo volvió a la normalidad, el cielo estaba cubierto por la neblina de cada día y los rayos de sol no habían dejado ningún rastro de haber existido. Londres volvía a ser la ciudad enferma y gris en la que creció. Bryony tenía la sensación de haber dormido por algunos años ya que a cada rincón que miraba todo le resultaba desconocido. Esa sensación radicaba en una sola cosa, la muerte de su abuela. Al abrir los ojos deseó que todo lo del día anterior fuera una tomadura de pelo, que su abuela entrara en su dormitorio tarareando la melodía de la canción de cuna que solía cantarle de pequeña, levantara la persiana y le arrancara las sábanas de entre las manos. Sin embargo, la habitación continuó en penumbra con ella hecha un ovillo bajo las sábanas mientras esperaba algo que no llegaría.

¿Qué hago ahora?

Se repetía incansablemente en su mente buscando la respuesta en algún lugar de su cerebro. Y cada vez que creía obtener la respuesta una nueva preguntaba caía en su mente, ¿por qué venimos a un mundo como esté?, ¿qué finalidad tiene existir si luego puede venir una enfermedad y matarnos?, la muerte de su abuela le estaba haciendo plantearse tantas cosas… se sentía tan perdida y no encontraba ninguna vía de escape que la hiciera volver a poner los pies en la tierra. Tenía la ligera sensación de llevar días encerrada en esa habitación. Cuando pensó que ya no llegaría a levantarse nunca más las palabras que le dijo su abuela cuando Peter, su último novio, la dejó acuden a su mente. En la vida nada será como pretendas que sea, las personas pasarán por tu vida como tú pasas los canales de la televisión. Por eso no puedes permitir perder ni un solo día de tu vida lamentándote por nadie, porque esas personas no se quedarán en la cama lamentándose por ti.

Con una fuerza que no parecía suya se levantó de la cama y se metió en la ducha. Fue como bañarse en un manantial de agua caliente que la rejuveneció al menos tres años. El dolor de sus huesos desapareció y se lamentó porque el de su interior no lo hizo. Con tranquilidad secó su pelo con el secador. Aunque le hubiera gustado que el motivo de sus vacaciones en la redacción fuera otro, agradeció tener unos cuantos días para ella sin tener que ir con prisas en todo lo que hacía. Una vez vestida salió de su habitación, decidida a enfrentarse a los recuerdos intensos que la llevaban acosando horas. Hasta que no llegó al salón no se dio cuenta de lo vacío que resultaba todo sin la presencia de Florence. A través del único ventanal de la sala comprobó que llovía y parecía hacerlo de una forma más intensa que de costumbre, como si lo hiciera con rabia. Los cielos también lloran tu pérdida, se dijo así misma. Como no tenía hambre se acurrucó en el sofá con los brazos apretados contra el estómago tratando de hacer desaparecer esa sensación de nervios, vacío y dolor que había en ella. Sin resultados.

Tenía que vender esa casa, o al menos alquilarla hasta que no fuera tan duro estar metida dentro de esas cuatro paredes. Si tenía suerte podría salir de allí en menos de una semana, varias chicas de la redacción estaban pensando en independizarse y el piso estaba bien localizado. No sería difícil, pero qué pensaría su abuela, ¿pensaría que estaba huyendo como un cachorrito asustado?

Su teléfono comenzó a vibrar poco después y la foto de un sonriente Zayn apareció en la pantalla. Durante la noche había tenido la necesidad de llamarle en innumerables ocasiones solo que se contuvo. Seguro que Zayn había aprovechado su día libre para quedar con alguna chica, aunque le dolía sabía que no tenía derecho a sentirse así porque solo eran amigos y Zayn se ofreció a quedarse con ella muchas veces antes de marcharse anoche.

-Buenos días –saludó una agradable voz desde el otro lado de la línea. -¿Has descansado algo?

Bryony sonrió y notó que el peso de su estómago desaparecía parcialmente.

-Pude hacerlo después de pasar horas y horas dando vueltas en la cama.

Un suspiró de descontento llegó desde el otro lado de la línea telefónica.

-Debiste haberme llamado, te lo dije –la regañó Zayn como si fuera una niña pequeña, lo que le sacó de quicio, eso es lo único que odiaba de él. Que a veces la hablara como si estuviera tratando con una niña pequeña.

-¿No deberías estar trabajando? –decidió cambiar de tema.

-Hoy también me he tomado el día libre, me sentía culpable por dejarte sola… -el pequeño enfado de antes se volatizó al escuchar sus palabras.

-Gracias, pero no era necesario –dijo ella.

-Claro que es necesario, me necesitas aunque no quieras reconocerlo. No te conviene estar sola, puedo ir a tu casa si quieres.

Bryony miró  a su alrededor y sus ojos volvieron a anegarse por las lágrimas. Estaba totalmente decidido, alquilaría al piso y se marcharía de allí. No podía sobrellevar la situación levantándose cada día en esa casa.

-¿Me ayudarías a guardar todo en cajas?, quiero marcharme cuanto antes.

Tras esas palabras no podría dar marcha atrás y no estaba segura de querer hacerlo. Puede que un cambio de aires le viniera bien. Vivir en una parte más relajada de la ciudad… sí, es una buena decisión se mire por donde se mire, se convenció.

-Veo que has decidido venderla, ¿sabes a dónde irás? –pregunto él en lo que Bryony entendió en un tono de emoción.

-Si me dejas, me gustaría quedarme en tu casa hasta que encuentre algo y a alguien que quiera el piso. –Si bien no le hacía gracias ver a Zayn con otras chicas, menos gracias le hacía gastarse sus escasos ahorros en un hotel.

-Por supuesto que sí, y sabes de sobra que no hace falta que busques un piso –su insistencia por irse a vivir con él indefinidamente le molestaba un poco, ¿acaso quería que viera con sus propios ojos la influencia que tenía en las mujeres?

-Lo iremos viendo, ¿a qué hora vienes?

-Trataré de tardar lo menos posible, nos vemos en un rato.

Colgó el teléfono y se quedó observando la pantalla. Necesitaba urgentemente una distracción hasta que su amigo viniera, porque si no corría el riesgo de tirarse por la ventana. No se atrevía a sacar las cajas y guardar las cosas de su abuela ella sola. Entonces algo acudió a su mente. Se vestiría con el viejo jersey de lana blanco de Florence. Cuando era una niña, su abuela, para llegar a fin de mes trabajaba por las noches en un bar algunos días por semana y dejaba a Bryony con una niñera. La niña solía tener pesadillas en esa época por la reciente muerte de sus padres. La señora, para evitar esos episodios de terror le dijo a su nieta que se metiera dentro del jersey, impregnado en su olor a lavanda, cerrara los ojos e imaginara que la estaba abrazando. Tal vez,  ese suave contacto la calmara en esos momentos.

Sin detenerse a pensarlo se levantó y caminó hacia la habitación de su abuela. Una vez dentro trató de no fijarse mucho en todo lo que allí había, esa habitación era la que más recuerdos portaba. Cogió el taburete de madera y del estante más alto del armario saco la prenda bien doblada. Una vez en el suelo se sentó en la cama y lo desdobló con cuidado. Para la sorpresa de Bryony dentro había un sobre blanco con su nombre escrito con la inconfundible letra de Florence. Su corazón comenzó a palpitar dentro de su cuerpo desenfrenadamente. Se echó hacia atrás para poder cruzar las piernas sobre la cama y con manos temblorosas abrió el sobre. Desdobló la hoja con cuidado y con una mezcla de sensaciones se decidió a leer. En la cabecera del folio estaban escritos con letra grande una serie de dígitos. Y después, comenzaba a hablar su abuela:

“Para mi querida y hermosa nieta:

Te escribo para darte mi último regalo y mi último consejo, dos cosas que espero que te cambien la vida radicalmente. Pero antes de nada, un pequeño paréntesis, como esos que solían hacer en las escenas de alta tensión de las películas que veíamos los domingos, ¿lo recuerdas?... deseo que sigas con nuestro ritual aunque yo no esté.

Antes de guardar la carta en el jersey pasé un día entero pensando en el escondite perfecto para ella, temía que la encontraras antes de que muriera. Supe que este era el lugar idóneo porque sabía acudirías a la prenda buscando uno de mis abrazos. Siempre fuiste una niña asustada, con el espíritu más valiente que he conocido. He tratado de criarte ajena a todas las maldades del mundo, creo que lo hice bien, porque te has convertido en una mujer decidida, sincera y atrevida, cualidades que si se emplean bien te harán llegar a lugares que el resto del mundo no se atreve a imaginar. Solo te falta usar ese valor y perderle miedo a vivir.

Te estarás preguntando que son los dígitos que hay escritos arriba. Bueno, esos números son tu pasaporte a una vida mejor. Cuando tus padres murieron te dejaron una herencia y yo he ido aportando durante estos años todo lo que he podido. Sí hija, has pasado de una dura lucha para llegar a fin de mes a ser millonaria, ¿de verdad pensabas que te dejaríamos así sin más? No tendrás problemas en el banco, el señor Collins conocía mis deseos, te entregará la tarjeta de crédito en cuanto acudas a buscarla. Solo has de decir tu nombre y enseñarle la pulsera de oro de cuando eras una niña.
Y después de ello, quiero que cumplas mi última voluntad.

Has pasado la mayoría de tu vida estudiando, trabajando y soportando las puñaladas traperas de la gente. Este mundo te está contaminando poco a poco las malas energías. Por eso quiero que cojas el dinero y huyas de esta ciudad enferma. Recorre el mundo, conoce gente, culturas y aprende el verdadero sentido de vivir. Necesito que a partir de ahora, vivas tu vida sin rendirle cuentas a nadie. Porque tú, mi adorada niña, no viniste al mundo a sufrir, sino a ser feliz. Y sé que tu felicidad solo empezará cuando huyas de este lugar.  

No merece la pena que te compadezcas de mí, he dejado de ser una esclava del trabajo  y de la maldad de las personas. Estaré bien, en donde quiera que me encuentre.

Y antes de irte, te obligo a que hagas una cosa. Dile a ese encantador muchacho todo lo que sientes por él, merece la pena gastar un par de segundos en confesarle tu amor a Zayn. Tienes que perderle el miedo a la vida, Bryony. Di lo que te plazca, siente lo que te plazca y nunca ocultes tus sentimientos. ¿Qué es lo peor que te puede pasar si te rechaza?, nada. Porque si lo hace significará que hay otra persona en el mundo destinada para ti. De verdad, espero que uses ese espíritu valiente que tienes escondido y te lances a la piscina.

Siempre estaré a tu lado, mi niña querida. Y si alguna vez me echas de menos, eleva la vista y yo seré el trozo de cielo que veas en ese momento. Te quiero.”


Tras la última palabra, las lágrimas cayeron sobre el papel haciendo que la tinta se corriera. Por supuesto que su abuela no se iría así sin más. Bryony se encontraba en un dulce estado de shock. Florence le estaba dando la oportunidad de vivir la vida como quisiera. Ya no debería vivir para sobrevivir, sino para disfrutar. ¡Por Dios, era asquerosamente rica!

Se puso el jersey sobre la camiseta de tirantes blanca, así su abuela la acompañaría. Rápidamente fue a su habitación y de debajo de la cama sacó su maleta. La puso encima de la cama, la abrió y empezó a echar montones de ropa. Haría caso a su abuela, perdería el miedo a vivir y a partir de ese momento sería como ella quisiera.

Y la mejor forma de empezar era confesando a Zayn que llevaba loco por él tanto tiempo como se conocían. Le pediría que se marchara con ella, que huyeran juntos. Era una idea descabellada, tal vez él se riera de ella, pero la vida se basaba en locuras. Y deseaba con todas sus fuerzas que Zayn formara parte de su nueva locura.

Los minutos comenzaron a pasar con una tortuosa lentitud. En su interior sentía que se avecinaba tormenta y lo que más le aquejaba era la calma que precedía a ese hecho. Para evitar tirarse por la ventana comenzó a prepararlo todo. Dejó la maleta al lado del sofá y se fue en busca del pasaporte en blanco. Se emocionó como una niña pequeña al pensar en todos los sitios que visitaría. Tal vez encontrara inspiración para escribir. Había tantos tal vez que le gustaría convertir en realidad y en todos ellos se imaginaba a Zayn al lado. Se sentó a esperar y poco después sonó el telefonillo. Corrió a abrir y dejó la puerta entornada.

Sus piernas se habían convertido en mantequilla y las manos le sudaban de una forma descomunal. Este es tu momento, date una oportunidad, saca ese espíritu valiente que tu abuela dice que posees. Escuchó el sonido de unos pasos y al verle entrar con su radiante sonrisa su corazón dio una voltereta lateral. Vestía con ropa oscura que acentuaba aún más sus preciosos ojos. Le dedicó una sonrisa que acto seguido se esfumó al ver la enorme maleta.

-¿Y eso? –preguntó sentándose en la mesilla de madera, frente a Bryony.

La chica decidió empezar por lo más sencillo de contar. Poco a poco, todo sería más fácil, trataba de convencerse a sí misma.

-Me marcho –dijo simplemente, con uno enorme nudo en la garganta, era como si sus cuerdas vocales estuvieran agarradas con una goma del pelo, impidiendo hablar claro.

-¿Cómo qué te vas,  a dónde te vas? –preguntó con tono de alarma el chico.

-Pues había pensado en empezar por Roma, sabes que siempre me ha gustado…

-¡Te vas de la ciudad, pero no te mudabas conmigo!

En pánico comenzó a dominar el cuerpo de Zayn. Ella no podía irse y dejarle allí, simplemente no podía.

-Tengo una herencia de millones de libras, soy asquerosamente rica.

Bryony apretaba sus manos y miraba a Zayn con los ojos empequeñecidos. Tenía que decírselo de una vez, ¡díselo de una vez!, se gritaba a sí misma.

-Ser rica no te obliga a irte de la ciudad –su miedo a perderla se había transforma en enfado, hacía sí mismo, por no atreverse a decir todo lo que sentía.

-No me voy por ser rica. Lo hago por mi abuela y por mí… -tomó aire tres veces, ese era el momento, el espíritu valiente era liberado por fin –Pero antes tengo que hacer una cosa, bueno, más bien decir una cosa. –Zayn la miraba atentamente, y por alguna razón, perdió cualquier miedo que hasta entonces había tenido –Me gustas… no de la forma que te gusta un amigo, sino como algo más. Me gustas siempre, cuando estás enfadado, cuando sonríes. Me gustas desde todas las perspectivas que sea posible mirarte y…

Antes de que tuviera la oportunidad de exponer por completo sus sentimientos. Los labios de Zayn la hicieron callar. Primero fue un contacto suave, de reconocimiento. Se miraron a los ojos por unos instantes y está vez fue Bryony quien se lanzó a sus labios. Eran como las imperfectas piezas de un puzle, sus lenguas encajaban la una con la otra como si ninguna de ellas estuviera hecha para nadie más. Ninguno de los dos cabía en su cuerpo de felicidad al comprobar que el otro sentía lo mismo. Si tenían algo que reprocharse, eran esos tres años de miedo a exponer sus sentimientos. Florence tenía razón; la vida va demasiado deprisa como para pararse un solo segundo a esperar.
Minutos después se separaron a regañadientes, aunque solo lo suficiente para poder hablar. Sus frentes seguían unidas y Zayn frotó con delicadeza su nariz sobre la de la chica. Ninguno abrió los ojos, queriendo disfrutar de ese momento.

-Huye conmigo –susurró Bryony con la respiración agitada –Ven a vivir a mi lado, lejos de todo el mundo.

Zayn pensé que se la había parado el corazón momentáneamente. ¿Irse con ella, dejar toda su vida de lado así de un día para otro? Abrió los ojos y se vio reflejado en los suyos marrones. Sí… merecía la pena dejar todo por ella.

-Sí –aceptó volviendo a unir sus labios, como si se tratara de una sello –Me voy contigo a donde sea, de la forma que sea. Solo me importa estar a tu lado.

Y así se marcharon lejos de las ataduras a las que les tenía atados la sociedad. Juntos, como llevaban tanto tiempo deseando. Dejando a todo el mundo con la boca abierta, tachados como locos. Una decisión precipitada. Pero la vida era una montaña rusa, y ellos se encontraban en la primera fila del vagón a puntos de ser lanzados hacia un nuevo capítulo de su vida, un capítulo mejor. Y todo gracias a una mujer, la valiente y especial Florence Relish.

P.D: Yo quiero ir a Ámsterdam.

ficha aceptada.
vaya que redactas bello, obvio estas participado ¡Suerte!
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Dom 23 Feb 2014, 4:27 pm

Dalls. escribió:
Hola, santo cielo. Que genial, que genial. Esto es difícil de creer, tan difícil: por dios Ámsterdam. Mi bella Ámsterdam, hecha una colectiva. Les haré un monumento, chicas. Obviamente audicionare.
Me muero por la primera frase: «Algún día iremos a Ámsterdam y nos beberemos las estrellas. »' de alguna manera! me recordó a The Faul In Our Stars, y morí.
Yo quiero ir a Ámsterdam, mi bella ciudad de la libertad.
Esperen mi ficha.
PD: Soy Dallas. Aquí, Adry me conoce. solo que cambie mi nombre de usuario.
Bai, besos.
¡Dalls! que bueno que estés aquí y te haya gustado la idea, esperamos tu ficha. besos;<3
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Lun 24 Feb 2014, 7:59 am

¿nadie mas?
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Re: travelling to ámsterdam {nc|audiciones cerradas.

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