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Un día en la vida de una Nerd.

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Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Miér 05 Feb 2014, 3:44 pm



Mis propias reflexiones.
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Gracias por pasarte y leer(:



Última edición por Deby. el Mar 11 Feb 2014, 10:31 am, editado 4 veces
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Jue 06 Feb 2014, 10:01 am

BEST FRIENDS FOREVER.

Aquella denominación está tan usada, tan gastada, y hasta tan trillada, que a uno se le hace imposible creer que finalmente ha encontrado a esa persona especial. ¿Qué es un amigo para ti? Hay demasiados conceptos, muchos de ellos incorrectos o incompletos. Tal vez, nadie podrá definir a un amigo en un simple conjunto de palabras. Si eso te pasa, entonces has encontrado a la persona indicada.

La búsqueda de un amigo suele ser difícil para algunas personas, hay quienes han pasado mucho más tiempo del que podemos imaginar en busca de un simple ser humano dispuesto a escucharlo, apoyarlo, comprenderlo y ayudarlo. Es lamentable, porque los buenos amigos no se encuentran fácilmente y en el momento más inoportuno, ¡aparece de la nada! Luego están quienes dicen no necesitar de nadie. No quieren acercarse a las personas ni que ellas se acerquen. ¿Un amigo? ¿Para qué? dicen ellos. Si piensas que tener un amigo no es algo indispensable... Podrías tener razón, o no. ¿Cómo saberlo? Yo solo tengo catorce años. Pero ¿Sabes? Nunca hablaría más en serio, si te digo que sin mi mejor amiga... Si mi mejor amiga no hubiera estado ahí cuando la necesité, no sé qué sería de mí ahora. ¿Nunca has vivido de esos momentos en los que te sientes caer, caer y caer? En depresión, en mal humor, en desesperación, en soledad... En todas esas cosas. ¿Nunca? Wow, eso es buena vida. En mi caso, no fue así. Varias veces viví experiencias que... no matarían a nadie pero hubiera sido lindo no haberlas vivido. Sin embargo, no es mi decisión, es parte de la vida. ¿Por qué Dios me dejó vivir esos momentos tan malos? Porque sabía que, aunque sea detrás de una pantalla a miles de kilómetros, había alguien que vendría en mi ayuda. De otra manera, no lo hubiera permitido. ¡Pero, claro! Si él fue quien puso a esa persona en mi camino.

Aunque algunos no lo crean, todos somos dignos de tener un mejor amigo. Las personas malas, las buenas, la que han vivido feos momentos, las que han disfrutado de su vida. Las que no saben valorar a un buen amigo, las que le entregan su vida... Cada uno, merece tener a alguien con quien compartir todo lo que tenemos dentro. No somos solo carne, hueso, venas y sangre ¿Lo sabían? Tenemos alma y espíritu. Alma, donde guardamos nuestros sentimientos. Llámenme loca, pero acumular ahí adentro demasiados sentimientos feos no es sano. Para nadie. Algunos les cuesta confiar en esa persona, otros lo hacen demasiado rápido y quizás no ha sido la mejor elección de tu vida. Hahaha, ¿No te pasó? Qué suerte. Quizás no pueda definir con exactitud lo que es un amigo, pero puedo decir lo que no es.

No te juzga, jamás lo hará. Si hay algo malo en tu forma de pensar, lo aceptará o en el mejor de los casos, te ayudará a cambiarlo (solo si es por tu bien). Cuidará de ti, de tus sentimientos, de tus secretos. Por supuesto que comete errores, no lo dudes; pero luego de cometerlos, te pedirá perdón, porque si es tu amigo... créeme, no será fácil hacer como si nada hubiera pasado. No solo logrará que confíes en él, él confiará en ti. Esa persona que ha dado una palabra de aliento en un mal momento... ¡Vamos! Ese no es tu mejor amigo. Mira bien, es una buena persona que te ha ayudado. Lamento tu ilusión, pero debes tener más cuidado la próxima vez. Para reconocerlo, debe pasar tiempo, mucho más que un mal momento y unas palabras lindas. Se empieza con opiniones en común, luego te das cuenta de que con él puedes sincerarte... ¡Vaya! Y te comprende... Bueno, podrías seguir buscando o investigar más dentro de esa persona ¿Quién sabe? Quizás dentro de unos años descubras que por fin has encontrado a tu mejor amigo.

Hahahaha, solo bromeo. No debe pasar tanto tiempo, tú solo lo sabrás.
En fin, un mejor amigo es algo verdaderamente hermoso. Yo... creo que he encontrado a mi mejor amiga. ¿Dije creo? Dios quiera que sea ella, porque no quiero dejarla, por nada del mundo. Si no lo tienes, ¡no te lamentes aún! Puedes distraerte y entonces se presentará y no te darás ni cuenta de que es la persona. ¿Lo es? ¿Tienes un mejor amigo? Disfrútalo, a cada momento. Confíale tus secretos, cuéntale de todas las cosas que te pasan, ¡Yo juro que no se aburrirá! No hay nada más divertido que escuchar a tu mejor amiga contarte de su día, de su vida... Bueno, la mayor parte de las veces.

No lo mezquines, sé que lo quieres pero... Puede haber otra persona necesitada de un mejor amigo, ¿Y quién sabe? Quizás, si dejas que la vida actúe, se consiga dos. ¿Ves a la persona al lado tuyo? Tiene un mejor amigo, ¿Quién eres para dudarlo? En fin, creo que no le importa demasiado ¡Está hablando con él en este instante!
Ten mucho cuidado y asegúrate (varias veces, si es posible) que esa persona, es tu amigo. No querrás contarle tus secretos para luego arrepentirte ¿O sí?
Nada es para siempre, pero tu mejor amigo... Bueno, solo será el resto de tu vida. :)

{d&h}


Última edición por Deby. el Lun 10 Feb 2014, 11:49 am, editado 2 veces
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Jue 06 Feb 2014, 10:22 am

¡QUÉ INMADURO!

Tan solo tengo catorce años. En ese periodo de tiempo, no es como si vivieras una vida entera y aprendieras los secretos del universo. Pero, ¿saben? Me considero alguien muy detallista. Las personas detallistas pueden aprender algo más que aquellos que no le dan importancia a nada en la vida. ¿Por ejemplo? La gente tiene un muy mal concepto de la madurez. Primero y principal, no. Yo no sé qué es la madurez, lamentablemente el concepto del diccionario no me deja satisfecha. Segundo y también muy importante: Ser maduro no es ser aburrido o aguafiestas. ¡Rayos! ¿Quién te dijo eso? Pues, no, no es eso. Una persona que ha sufrido mucho en su vida, no tiene por qué ser maduro. Simplemente es una persona muy sufrida, que tuvo que aprender de la mala manera y... bueno, que Dios pueda ayudarlo. Hay gente que sufre y sufre los golpes de la vida y aun así, ¡no entiende! ¿Maduro? No lo creo. Luego están esas personas que piensan que, por haberlo vivido, han ganado el premio madurez. No-oh. Lamentablemente, te queda mucho camino que recorrer. ¿La edad, tal vez? ¡No, para nada! Hay niños mucho más maduros que algunos adultos. ¡Hablo en serio! Yo los vi. No debería ser así, pero...

En fin, si alguno de estos conceptos es el que tenías... Ve descartándolo y comienza a observar mejor, quizás crees una idea mucho más completa de la madurez. Y cuando lo hagas, ¡Subirás otro nivel, te habrás hecho más maduro!
¿Porqué piensas que un tomate verde, se le dice "Inmaduro"? ¿Por qué el de color rojo está maduro? Fácil, el verde no puede comerse, no está listo. El rojo, por otro lado, está preparado para usarse, en lo que necesites. En el caso de un tomate, será... ¡Comer, obvio! Tal vez no sea el ejemplo más claro, pero... en mi opinión se acerca mucho. Sin dudas, ni inseguridades, ni escrúpulos, una persona madura está lista. ¿Para qué? Para Vivir. Con la madurez, se hace fuerte, se hace inteligente, sabio y racional. Entonces, llegan esos grandes obstáculos y golpes de la vida. Pero esa persona estará preparada para soportarlos. Por el simple hecho de que maduró. Las personas maduras también son muy realistas. No les sorprende que la vida y el destino quieran hacer de las suyas y arruinar nuestros planes, o lastimarnos para enseñarnos a soportarlos. No, ellos lo entendieron y ahora están listos.

Toma este ejemplo: El profesor de Historia les avisa a todos sus alumnos en el comienzo del año lectivo, que todos los días deberán estudiar para la siguiente clase, aunque no tengan un examen. ¡Por supuesto, nadie lo hará! Somos adolescentes, ¿Quién haría eso? Supongamos que... hay alguien. Que todos los días le resta a su tiempo libre, una patética hora en la que se pasa leyendo su libro de Historia. Casualmente, a la mañana siguiente, el profesor anuncia un examen sorpresa. Hahahaha, los alumnos no se quejan ¡Están exasperando! Pero, ¿Qué hace él? espera pacientemente a que le entreguen su examen, listo para responder cualquier pregunta, listo para lo que venga. (No puedo creer que se me haya ocurrido tal ejemplo, ¡Pero si el zapato le quedó genial!)

Los conceptos no deben mezclarse. Una persona madura, (que vaya a saber cómo logró tener esa madurez) es inteligente y astuto, ahora sabe defenderse de los golpes de la vida, los recibe y los devuelve con más fuerza, está preparado de antemano y al final, sale victorioso.
Nuestro deber no es competir, no es pensar en quién es más maduro, o repeler la madurez porque pensamos que sería convertirse en un aburrido, o regodearnos diciendo que somos más maduros que el resto. No.  Nuestro deber (especialmente como adolescentes, aunque sería muy raro si alguien lo hace) es buscar la madurez, buscar ser más maduros, buscar  buscar esa inteligencia, astucia, sabiduría... esa preparación. Cuando hayas madurado, ni te darás cuenta, sino hasta que se presente una situación y ¡Zap! de repente, manejarla es mucho más fácil que antes.

Como dije antes: tengo 14 (cortos, sencillos, pero muy bien aprendidos) años. Me queda tanto por vivir (o eso espero) Como así también, espero encontrar pronto esa madurez... Aun no la he conseguido, pero noté que es muy útil para sobrevivir en esto que le dicen vida. Y obvio, se las recomiendo a todo el mundo.

{d&h}


Última edición por Deby. el Lun 10 Feb 2014, 11:51 am, editado 1 vez
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Jue 06 Feb 2014, 10:37 am

ESO QUE LLAMAMOS AMOR

¡Whoa! Lo siento, pero no me siento en condiciones de hablar de ese tema. ¿Te cuento un secreto? ¡Aun no sé carajos es el amor! ¡No sé qué carajos le pasa! Actualmente, mi plan es averiguarlo, pero para mi desgracia, lo único que puedo hacer ahora es seguir soportando que juegue conmigo a su manera. ¡Vuelve pronto! Quizás dentro de un tiempo tenga algo bueno que decir al respecto :)

{d&h}


Última edición por Deby. el Lun 10 Feb 2014, 11:47 am, editado 1 vez
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Jue 06 Feb 2014, 11:03 am


¿QUÉ DEMONIOS HAGO CON MI VIDA?

Aprovecharé este beneficio de poseer un tema para escribir lo que se me de la gana, y comentaré un tema que me tiene muy agobiada. ¿Quién sabe? Tal vez reciba un consejo útil... ¡Pero no se esfuercen mucho! Mi vida, en verdad, en verdad es un desastre.

Primero que nada, quiero aclarar que: Sí, podría ser muchísimo peor, pero ¡Vamos! Déjame exagerar.
Es horrible mirar para atrás y no ver nada. Mirar para atrás en mi vida, en los cortitos catorece años que viví y no encontrar nada útil. Luego, llegan los problemas y las escenas que he vivido surgen ¡En el peor momento! Actualmente, siento que vivo parada sobre la nada misma. Mi ser, todo mi yo, espera algo. ¿Qué espera? No tengo ni la más mínima idea. Un cambio, probablemente. Lo peor es que no puedo hacer nada para descubrirlo. Es algo muy parecido a no sé qué necesito, pero lo necesito ya. ¿Me explico? agh. (Un desastre, ¡lo dije!) Tengo un terrible caracter que me hace agrandar los problemas y hacerlos mucho más grandes de lo que ya son. Entonces, esos pequeños errores que cometo, las consecuencias que vienen después, las circunstancias que vivo, los obstáculos que se me presentan, los dolores que debo sufrir para aprender... ¡Todo es el doble de grande! Y todo ese mal irreal no me deja ver esas cosas buenas que aunque no me de cuenta, están ahí. Como lo que me sucede actualmente. Siento que toda mi vida está desordenada, desorganizada y parada sobre una base sin fundamentos, cuando: Podría ser ciega, podría ser paralítica, podría tener una rara enfermedad, ¡Podría estar muerta! Y no, estoy completamente sana, haciéndome problemas por algo que no vale la pena.
¿Y qué hago? En vez de expresarlo, aunque sea una estupidez, me lo guardo. Y esa estupidez crece en importancia hasta hacerse un verdadero problema que al final de la historia se desinfla y se muestra como en verdad es: una estupidez.

Me considero alguien muy ambiciosa. Mis padres dicen "inconformista". Y sí, puede ser. Pero tengo una visión, un objetivo. Hay un punto al que quiero llegar. Una meta en la que quiero mirar a mi al rededor y sentirme dichosa de todo lo que tengo (material o no). Pero, se hace de verdad difícil conseguirlo. Llegar a esa buena vida. No basta simplemente con desearlo. Hay algo que debo hacer... ¡Pero no sé qué es! O tal vez lo sé y no me doy cuenta. Pedir ayuda, aunque sea para saber, no me ha servido hasta ahora. Nadie logró comprenderme como desearía.

¿Lo ven? Ahí está, de nuevo. nadie me comprende como deseo. ¡Nada de lo que pasa, pasa como deseo! Y comienzo a creer que mis padres tienen razón. La ambición y la inconformidad no es mi problema, sino el capricho. Pero, qué más da. No me pondré a cambiar eso ahora, lo único que quiero es llegar a obtener eso que deseo, a cumplir ese sueño de una vida buena.(¿O debería decir, "vida perfecta"?) Entonces, todos los días (o al menos en los que tengo ánimos) me paro frente a ese sueño/deseo y me pregunto qué debo hacer para estar un paso más cerca. ¿Y qué creen? Siempre resulta ser un cambio. En mí, en mi manera de pensar, en mi vida cotidiana o en mis costumbres. Cambios, cambios, cambios. ¡Volvemos al primer punto! Lo que necesito, es un cambio. Y quiero hacerlo, pero no puedo.

Este es un ejemplo muy simple: Es como caminar un camino, en una superficie llana. Encontrarse con una piedra (es decir, un cambio) y rodearla, saltarla, ¡No importa! Lo importante es que la dejé atrás. (es decir, ya cambié) pero luego, aparece una pared. Intento rodearla, atravesarla, treparala, pero es imposible. ¿Qué significa esto? No puedes cambiar eso, porque eso eres tú.
Entonces, ¿Cómo llegaré a mi objetivo final (detrás de esa pared)? Para mí, es una advertencia: No harás eso, porque ese sueño no concuerda contigo. La que está allí, no eres tú y no puedes cambiarte a ti misma, no en ese aspecto.
¿Ven, mi problema? Entonces, les diré qué hago. Busco. Busco incansablemente algo que me haga sentir o bien, o cerca de ese objetivo. Al fin y al cabo ¡Solo quiero sentirme completa y feliz! No dejo que esa ambición se ponga por delante de mi felicidad. (O al menos no quiero hacer eso) Pero no lo encuentro... en ningún lado. No encuentro ese algo que le falta a mi vida, y mientras tanto no sé qué hacer.

{d&h}


Última edición por Deby. el Lun 10 Feb 2014, 11:46 am, editado 1 vez
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Jue 06 Feb 2014, 12:40 pm

NO ME PIDAS QUE NO LO CUENTE.

Secretos. Agh, los odio. ¿Porqué? Creo que un secreto, es lo más parecido a una mentira... sin serlo. ¡Y es detestable! ¿Por qué no puedo decirlo? ¿Qué tiene de malo? Los secretos siempre vienen acompañados de algo más grande... y mal. No lo sé, ¿No se han dado cuenta? De una u otra manera los secretos perjudican, siempre terminan perjudicando. No me imagino un mundo en el que todos sepan la vida de los otros, pero... ¿Ocultar? ¿Es necesario? Quizás sí, quizás no. En fin, yo prefiero no hacerlo. Lo irónico es que de mi boca han salido secretos. He pedido que no lo cuenten, y mis oídos han escuchado cosas que no deberían haber escuchado. O simples secretos que yo debía guardar. Es tan sencillo decir la verdad, ¿Por qué secretos? ¿Mencioné que vienen con "presión" de regalo? :) Creo que no.
En fin, no tengo mucho que decir al respecto, solo quería descargar la leve molestia que me causan (y que acabo de descubrir) Mi recomendación: no guarden secretos, ¡Evítenlos a toda costa! Traen problemas, siempre los traen.

{d&h}


Última edición por Deby. el Lun 10 Feb 2014, 11:44 am, editado 1 vez
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Dom 09 Feb 2014, 7:00 pm

UN BATIDO DE SENTIMIENTOS

—Yo… debo cambiarme. —En su cabeza, comenzó a planear sus posibilidades de entrar al departamento y no salir hasta que él se fuera. Cuando se trataba de Harry, por más poco que sea el tiempo que se conocían, la llenaba un profundo temor… Temor a ser humillada frente a él, a decepcionarlo.

—¡Te llevaré de compras! —Hasta ahora, la hermana de Harry desconocía la profesión de Charlotte y la causa verdadera por la que estaba allí. Inconscientemente, comenzó a crear fantasías de su hermano enamorado de aquella joven, disfrutaba de entrometerse y más que nada arreglar todo para que así sucediera. —Será divertido, vamos.

—Gemms, no creo que sea buena idea. —El susurro lo depositó en el oído de su hermana con un tono de molestia, nuevamente. Que Charlotte y su hermana fueran de compras no era lo que tenía exactamente en sus planes. Pensaba en algo mejor como usar todo lo que sabía de romanticismo para lograr conquistar a la castaña.

—Es eso, o la pierdes. —Contraatacó Gemma. No hizo falta considerarlo dos veces, pero Harry pudo disimular su instantánea decisión. Asintió en modo de resignación dándole a su pariente el gusto de presumir una sonrisa victoriosa en su rostro. —¡Perfecto! Vámonos, será estupendo.

—Lo siento, pero no puedo. Yo… debo trabajar, y además no… —Suspiró pesadamente. —No tengo dinero para ir de compras ahora. —Confesó sin una gota de titubeos. O al menos eso pensó, y es que en realidad sonaba totalmente insegura.

—¡Tonterías! Será un regalo. Apresúrate, Charlie. ¡Será muy divertido! —A pesar de que Gemma era un par de años mayor que ambos, la juventud y la alegría que vestía su rostro le ganaba a la edad, convirtiéndola en toda una adolescente. O aunque sea una mujer con espíritu joven.


***


—Wow. —Ninguno de los halagos que le venían a la mente alcanzaban para hacerle saber a su invitada favorita lo bien que se veía ahora mismo. El gusto de su hermana parecía ser el mejor y agradeció mil veces acceder a que salieran juntas.

—Lo sé, ¿No soy una genia? —Gemma rodeó a la castaña quien suprimía su sonrisa de emoción, bajó la cabeza siendo víctima de la mirada de los hermanos Styles. Aquellos dos pares de ojos esmeraldas lograron hacer que el calor que nacía en su nuca se expandiera por su rostro ruborizando sus mejillas.

—T-te ves… Preciosa. —Sus palabras generaron un revoloteo en su estómago. ¿De dónde había sacado el poder de hacer eso? En mil años habría creído la posibilidad de haber vivido una experiencia como la de hoy. Gemma se comportó muy amablemente con ella y jamás creyó que conocería lo que sería comprar y derrochar como ella lo había hecho aquella mañana. Sus ojos se habían cristalizado y la castaña Styles se encargó de cogerla en sus brazos para calmarla, las recordaba a ambas en medio de la tienda montando una escena más que sentimental. Ahora, se veía a sí misma usando aquella ropa tan sofisticada y recordó (por más difícil que le pareciera) la última vez que se sintió tan bien consigo misma. La voz que le repetía incansablemente que debía irse ya no se escuchaba tan fuertemente como la que crecía cada vez más en su interior diciéndole que disfrutara.

Había pasado la mayor parte del camino repitiendo la palabra “gracias” mientras Gemma respondía a todas ellas con un “fue un placer”. Miró los zapatos que la calzaban, la ropa hermosa que la vestía con etiquetas por todas partes, como si los clientes quisieran presumirlas. Miró a su alrededor y se sintió parte, por tan solo un segundo. Mientras acariciaba su cabello con nerviosismo, atesorando ese momento en el que ser ella misma se sentía bien. La mirada prepotente del joven Harry no podía despegarse de su cuerpo. Recorrió cada curva, analizó su color de pie y se detuvo en su rostro.

—No era necesario, Gemma. Muchas gracias, de nuevo. —Su voz era suave, baja, también muy tímida. Gemms se despidió de su hermano y de la huésped que atesoraba como diamante, mientras la gran y pesada mano de Harry se posaba con delicadeza sobre el hombro de Charlotte, esperando ansiosamente a la ausencia de su hermana.

—Bien, esta vez no podrás negarte. Tengo todo listo para esta noche, podremos terminar con nuestra charla pendiente. —Los oídos de Charlie se deleitaron con el tono grave y el acento inglés de Harry. Este se movía de adelante hacia atrás con las manos en los bolsillos una vez que logró que la castaña tomara asiento en la sala. Ella quiso negarse, pero la mano de Harry le impidió proseguir. —Debo ir a trabajar y tú no podrás salir de aquí. —Los ojos de Charlotte se abrieron de par en par e instantáneamente pensó lo peor. ¿Quería secuestrarla? ¿Era por eso que hacía lo que hacía? ¿La tomaría de rehén? ¿Quién con tanto dinero lo haría para conseguir más? ¿Y si era solo para satisfacción personal? Tantas preguntas le dieron la impotencia de ponerse de pie contra el joven, quedando varios centímetros en desventaja. Al notarlo, se arrepintió y dio un paso hacia atrás con temor. —¿Acaso crees que te dejaré ir sabiendo que estás en peligro? No sabes si ese hombre puede andar por allí y aparecer en cualquier rincón. —Sus palabras le parecieron ridículas, pero aún muy tiernas. —Me pasé el día haciendo reservaciones, así que te quedarás con Peisley hasta que vuelva de trabajar. Prometo que después de la cena, dejaré que te vayas… —Los brazos de Charlotte se cruzaron inconscientemente sobre su pecho y soltó un bufido de resignación. —Si aun quieres hacerlo, claro. —La conclusión de su oración la dejó muy desconcertada, pero antes de poder pronunciar palabra, Harry planteó un beso en su frente. Tan inesperado como eso, desapareció rápidamente por el umbral de la sala para prepararse e ir al trabajo. Se quedó estática sintiendo su suave tacto y el gesto de cariño que le había dado, a pesar de ser una desconocida. Aquello de dejarla con la palabra en la boca se estaba haciendo una costumbre que no le gustaba, pero no tenía las agallas de cambiarlo.

Aún le quedaba mucho por conocer de él, y obviamente Harry moría por conocer un poco más de ella. Grande sería la sorpresa que se llevaría si lograra descubrir su verdadero ser. Volteó a su derecha y el amigable hombre cuarentón llamado Peisley esperaba pacientemente a su lado.

—Estoy bien, gracias. —Dedujo la castaña con una sonrisa a lo que el hombre respondió con un asentimiento caballeroso y se retiró de la habitación.


***


—¿Y esa cara, Sr. Styles? —A Daphne, la secretaria del joven empresario, no le cupo duda de que había algo diferente en el semblante de su jefe.

Diferente y bueno.

—¿No es un lindo día, Daph? —Los hoyuelos de Harry se marcaban sin temor en sus mejillas cuando caminaba animado y apresurado a su oficina con el maletín en mano. Subió con la pelirroja al ascensor y arregló su corbata en el espejo del mismo, sonriéndose a sí mismo por su apariencia.

—¿Puedo preguntar por qué tanta felicidad, Sr. Styles? —Jugueteó patéticamente con un bucle color fuego que caía sobre su hombro y sonrió exageradamente —quizás más de lo normal— esperando su respuesta.

—No, no puedes Daph. —La secretaria recibió un guiño de parte del codicioso rizado y suspiró hasta caer en cuenta de su contestación. Harry se dirigió a las puertas de la oficina al llegar al último piso de la torre y tomó asiento en la silla detrás de su escritorio.

—Amigo, qué día de mierda. —Louis apareció en medio de las dos puertas por las que hacía minutos él había entrado. Harry soltó una risa en tanto encendía el computador y le indicaba a su amigo que tomara asiento frente a él.

—No sé de qué hablas, Lou. Todo-está-saliendo-de-maravilla. —Marcó palabra por palabra en tanto tecleaba su computadora. La ceja derecha del oji-azul se elevó en busca de respuestas, justo las que Daphne ansiaba conocer momentos atrás. Luego de un par de cálculos en su mente, Louis se atrevió a preguntar dejando la pésima noche que había tenido de lado, ahora curioso por la de su amigo.

—Cuéntame. ¿Qué tal te fue anoche? Te fuiste con ella, ¿Verdad? —A juzgar por la mirada perspicaz que su amigo castaño le brindaba pudo deducir que estaba en lo correcto. —¿Y? ¿Es buena?

—Ella es… —Pensó una buena respuesta pero se detuvo. —Espera, ¿A qué te refieres?

—Vamos, amigo. ¿Me dirás que no te acostaste con Charlotte? —La intrepidez de Louis casi lo deja sin habla, de no ser porque hace años venía luchando con ella, conociendo cada día un poco más la cara-durez de su amigo. Negó un par de veces riendo ante la pregunta de él y se dignó a responderle.

—Pues no, no lo hice. —Contestó finalmente con un sentimiento muy difícil de descifrar, incluso para él mismo. —La atacaron y la llevé a casa. Ella se durmió y yo… simplemente me fui.

—Luego de mirarla por media hora. —Quiso adivinar erróneamente en forma de chiste, logrando avergonzarlo un poco más. —¿Qué te ocurrió? ¿Al fin encontré una chica que se resiste a los encantos de Styles?

—Yo no diría eso precisamente. —Se estiró sobre el escritorio indicándole que se acerque un poco más, casi como para contarle un secreto. —Yo diría que le gusto. —Sus típicos aires de soberbia ahora se convertían en ilusión. Louis sostuvo la mirada un par de segundos intentando saber si el brillo que él mostraba en realidad estaba allí… o era tan solo esa chispa de carisma que Harry siempre mantenía. Lo observó tan detenidamente que Harry se percató de ello, incomodándose un poco luego de darse cuenta de sus actitudes.

—Amigo, con todo el respeto que se merece, no debes olvidar que: es una prostituta. —Las palabras le cayeron como balde de agua fría sobre la cabeza y el rostro de felicidad desapareció de sus facciones convirtiéndose en uno de irritación.

—No necesito que me lo recuerdes, lo sé perfectamente. —Su barbilla se elevó tal y como sucedía cuando algo le molestaba. Así lograba intimidar a las personas… pero no a su mejor amigo. —Ninguno de nosotros sabe la verdadera historia de esa chica. Quiero conocerla mejor, Lou. Necesito saberlo porque nada en ella me dice que es una puta. Es todo lo contrario a eso y debo rescatarlo de toda la mierda que la rodea. Lo siento como mi deber, ¿Me entiendes? —Sus primeras palabras sonaron frías, pero a medida que la imagen de la muchacha reaparecía en su memoria se fueron suavizando hasta alcanzar un tono cómplice con su amigo, un tono que pedía comprensión de parte de él.

Louis volvió a observarlo, pero esta vez Harry mantuvo firme la quijada y su mirada verde y brillante venció la perseverancia del joven de cabello castaño claro. Este asintió meditando en lo que él decía y no pudo evitar dejar entrar ese sentimiento de preocupación.

—Sabes que te apoyo en todo. —Fue lo que dijo finalmente, antes de levantarse de su asiento. Ahora el rostro de Louis determinaba que algo malo sucedía y eso estaba venciendo la determinación de Harry. Lo miró preocupado, cambiando su mueca a una de incertidumbre, confusión y una pequeña petición de ayuda ante lo que debía hacer. —Ambos sabemos que lo harás aunque yo no quiera.

Harry desvió la mirada y supo que era imposible seguir debatiendo el tema. Por más que quisiera un tipo de consejo, lo que en verdad quería era que Louis le dijera que lo que hacía era lo correcto. Si le dijera que debía conquistarla, enamorarla y hacer lo que fuera para que fuera suya, él estaría totalmente satisfecho. —Lo sé. —Fue lo único que pronunció sin siquiera mirar sus ojos azules. Louis salió de la oficina sin decir una sola palabra más, no sin antes quedarse parado frente a él estudiando sus movimientos para convencerse de que su amigo no se estaba... enamorando. Pasó su mano por su mentón con barba de hace 3 días y suspiró pesadamente, era una improbabilidad. Solo debía darle tiempo al tiempo y descubrir los verdaderos sentimientos de Harry para poder ayudarlo, que ahora se veía como todo un dilema.

{d&h}
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Mar 11 Feb 2014, 8:57 am

DIARIES OF HARRY'S GIRL.



Tus ojos son la razón de mi sonrisa.
Las personas que me conocen lo saben, y las que no se van enterando desde ahora. Hace dos años lo ví en televisión e instantáneamente me sentí flechada. Estoy al tanto de que soy una más de las millones de chicas que aman al gran Harry Styles, pero ¿Saben? ni siquiera eso ha podido detener el doloroso sentimiento de amarlo tanto, aunque ni siquiera lo he visto en persona.

No solo creo que es hermoso (Porque vamos, es perfecto) lo considero una de las mejores personas que pude haber conocido. Al principio, por mucho tiempo, tuve un concepto equivocado de su forma de ser. Como dije, nunca lo había visto en persona así que solo puedo guiarme por las veces que puedo verlo en internet, revistas o televisión. Luego de la última película que sacó One Direction, en ese documental pude conocer al verdadero Harry Styles. ¿Qué creen? Es mejor persona de lo que yo me imaginaba (y eso que lo puse sobre un pedestal). Su sentido del humor es el más grande que he visto en una celebridad, su manera de parecer callado, reservado y demasiado despreocupado no es del todo completa. Luego de lo que comprobé, Harry es un chico muy sencillo, con el humor y la energía de un niño de 5 años, pero que posee la madurez de un adulto mayor que él y que además no le importa absolutamente nada de lo que los demás piensen... O eso aparenta, porque bien recuerdo que no se creía capaz de eso.

En fin, al chico de la foto lo vi crecer. No toda su vida, pero... Es fuerte el hecho de que crece rápido, ¿saben? Cambió su look bastantes veces porque, chicas, Harry Styles es el chico con más estilo, coquetería y personalidad que haya pisado un escenario. O al menos es así para mí. En fin, vi su cabello pasar por múltiples estados, cortes, gel y agua. Aunque no lo crean, el paso de tener 18 recién cumplidos, a cumplir 20 años puede ser difícil de aceptar en una adolescente que sin verlo cara a cara le ha entregado todo.

Lo más gracioso es que hay muchas chicas (Bueno, ni que tantas me conocieran) que dudan acerca del amor que siento por él. No las culpo, yo hago exactamente lo mismo por todas. Y es que... si no es fácil compartir al chico que te gusta más difícil será compartir a tu amor platónico. Creo que (para mí, obvio) es la desventaja de que él sea famoso.

Su talento es inigualable, ¿Ya lo han oído? ¿Su voz? No se compara a nada que pueda haber escuchado antes. Cada vez que lo escucho cantar o hablar... No, no siento mariposas en el estómago y eso. Siento, literalmente, una estampida de elefantes por todo el cuerpo. Su sonrisa tiene el poder de paralizarme, y el verde en sus ojos de hipnotizarme. Pero es difícil... aunque no lo crean jamás, lo es. Duele amarlo tanto. Por el simple hecho de que ese amor no para, y sigue creciendo a medida que pasa el tiempo, y cuando me doy cuenta me veo como una estúpida ilusionada cuando la realidad es que con mucha suerte podré hablarle alguna vez en la vida.

Pero, ¿No es la emoción de un amor platónico? Aquel que es inalcanzable para ti, el que deseas con todas tus fuerzas y aun así es imposible de alcanzar. Tal vez muchas se sientan identificadas, y no faltarán aquellas que protesten diciendo que sus sentimientos son mucho más fuertes y reales que los míos. Hoy no me importa, la verdad no. Es un poco molesto que te junten con el otro millón, pero intento no pensar en eso. Porque él es único para mí, la única celebridad que amo y banco hasta la muerte, así que... Lo demás, no interesa.

Les contaré algo. Cuando recién entré a este foro, solo leía novelas de Harry. En realidad, siempre lo hice. Más por el hecho de que en algunas novelas, por ejemplo, de Niall, buscaban parejas para todos los demás. Yo nunca soporté leer cómo relataban la historia de una de las chicas lectoras y Harry, y para evitarlo simplemente no las leía. También siempre leí con "________" ya que era como leer su nombre junto al mío, y era verdaderamente hermoso para una Directioner "novata". Luego me costó un poco ponerle nombre a las protagonistas, pero lo hice. Y hasta el día de hoy, no les pongo cualquier nombre, solo los que me hacen sentir identificada. (yo sola me entiendo) Actualmente, me cuesta mucho escribir en una colectiva si mi personaje no está con él, solo porque mi inspiración es mucho mejor al imaginar que... es Harry Styles.

Y... Tengo mucho más que decir, pero no me alcanza el tiempo.O las palabras. No espro que lo comprendan, es un sentimiento que quería descargar. Yo lo amo, amo a Harry Styles.

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Última edición por Deby. el Mar 11 Feb 2014, 1:18 pm, editado 1 vez
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Mar 11 Feb 2014, 1:09 pm

LILY JAMES AS THE PRINCESS





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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por demons. el Mar 11 Feb 2014, 1:13 pm

coincido en mucho de lo que decís, debu. te amo mucho<3 ¿no sabés donde está mey? hace mucho que no la veo. :c comento bc dijiste que podía, arriba, ahrre.
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Mar 11 Feb 2014, 1:16 pm

GreenSky♥ escribió:coincido en mucho de lo que decís, debu. te amo mucho<3 ¿no sabés donde está mey? hace mucho que no la veo. :c comento bc dijiste que podía, arriba, ahrre.
Gracias, May. Te amo muchisisísimo más<3 Casi no se conecta, es que está muy ocupada por el colegio :c obvio podes, bby. Ilysm, Mayu c:
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por demons. el Mar 11 Feb 2014, 1:24 pm

Deby. escribió:
GreenSky♥ escribió:coincido en mucho de lo que decís, debu. te amo mucho<3 ¿no sabés donde está mey? hace mucho que no la veo. :c comento bc dijiste que podía, arriba, ahrre.
Gracias, May. Te amo muchisisísimo más<3 Casi no se conecta, es que está muy ocupada por el colegio :c obvio podes, bby. Ilysm, Mayu c:
aw<333 que mal, yo hace mucho que no hablo con ana y la extraño:c vine a compartir mi pena con voz. |?| JAJAJAJA mayu xd. vas a ser la única del foro que me diga así mayu y debu.
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Mar 11 Feb 2014, 1:50 pm

GreenSky♥ escribió:
Deby. escribió:
GreenSky♥ escribió:coincido en mucho de lo que decís, debu. te amo mucho<3 ¿no sabés donde está mey? hace mucho que no la veo. :c comento bc dijiste que podía, arriba, ahrre.
Gracias, May. Te amo muchisisísimo más<3 Casi no se conecta, es que está muy ocupada por el colegio :c obvio podes, bby. Ilysm, Mayu c:
aw<333 que mal, yo hace mucho que no hablo con ana y la extraño:c vine a compartir mi pena con voz. |?| JAJAJAJA mayu xd. vas a ser la única del foro que me diga así :tic:mayu y debu.
Sep, extraño charlar con ella. Qué irónico, ella está ausente y se supone que yo era la que se iba a ir(?) mayu y debu, las mejores cuñadas rlz<3
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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Mar 11 Feb 2014, 1:53 pm

NIALLER HORAN



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Re: Un día en la vida de una Nerd.

Mensaje por Invitado el Miér 12 Feb 2014, 12:41 pm

DESENLACE INOPORTUNO.

Charlotte recostó sus labios sobre la fría y brillante pantalla del portátil, absolutamente vencida por los nervios que la invadían. Mañana… otro día nuevo en toda sus relevancias generales, segundo día de clases que pondría a prueba su capacidad de ajustarse a todo lo nuevo que la presionaba. Ella no quería eso, en cierta forma, su vida anterior era manejable y arriesgarse a empezar de nuevo le aterraba; cualquier error podría ser de gravedad para su propio juicio. Pero, ¿Eso qué importaba? Ya era muy tarde para refutar los planes de su familia, y muy tarde para maldecir el comienzo de su presente.

Apartó sus labios de la pantalla. No se percibía nada, solo el frágil quiebre de sus esperanzas le volvía loca. Con sus manos, cerró fuertemente la portátil y se llevó los dedos a los lados de su cabeza. No podía tolerar su falta de estimación por mucho tiempo.

En la mesa de noche contigua a su cama, el reloj marcaba las once y media de la noche. ¿El tiempo que restaba sería igual de quejoso? Creía pensar que no. Su madre no se encontraba en casa, por lo que estaba sola, sola en su privado avance a la locura.

Como el remedio esencial que necesitaba pero se declinaba a admitir en sí, el timbre de la entrada fue presionado una prolongada vez, retumbando cada rincón de su cuerpo.

Harry, en la sequedad de una noche intensa y con fines ocultos, aguardaba en la entrada, practicando repetidas veces su clásica sonrisa de seducción, apoyando el brazo en el umbral resbaladizo de la puerta.

Cuadró sus hombros, era ilógico; hacia mucho que no sentía de esa manera, tan… inestable.

Los leves pasos llegaron desde el otro lado, vacilantes, y entonces, cada terminación nerviosa de la chica se abrió paso en la corta distancia que mantenían, exponiéndola ridículamente al mirar los labios fruncidos y las dulces mejillas de Harry al reemplazar su antigua expresión por una sonrisa agraciada.

Antes de que Charlie se reanudara ante ese estimulo tan inesperado, Harry decidió hablar, con una desventaja debajo de la seguridad que lo condescendía:

—Charlotte, ¿Cómo  estás? —Charlie intentó sonreír, exigiéndose a recordar cómo hacerlo—. Me preguntaba si querrías salir conmigo hoy.

La pregunta le tomó por desprevenida y no pudo evitar fruncir el ceño, buscando una razón en definido.

—Lo sé, es muy extraño —carcajeó, retirando el brazo del umbral e introduciéndolas casualmente en los bolsillos delanteros. Estaban sudando—. Pero en verdad quisiera que me acompañaras, sería muy importante para mí.

Sus pestañas se elevaron, revelando unos ojos tan verdes y brillantes que no podían ser reales. Eran de un intenso color esmeralda que destacaban en contraste con su piel perfectamente bronceada.

—Vaya, esto está pasando —se aclaró a sí misma, afanándose en evitar ruborizarse más—. Vas muy rápido.

—En realidad, no. Esto es lo que se acostumbra a hacer cuando te atrae una chica y no estoy dispuesto a perder más tiempo.

Meck Rose.

[02:00 am – Londres]

Caminé doblando la comisura de los labios hacia abajo; pasos firmes, la sangre me hervía. Podía oír la madera crujir debajo de mis pies descalzos; había olvidado calzar las zapatillas de cuero negro. No era razonable la situación en la que me encontraba, era desvariadamente injusta.

Sólo acogía la esperanza de que mi madre estuviera durmiendo colmadamente, ignorando de manera no intencional mi prolongado escape a… —miré mi reloj de muñeca y el rostro se me descompuso—… las dos en punto de la mañana.

No era la falta de consideración de Charlotte hacia mis destinadas ocho horas de descanso nocturno lo que me enojaba en su gran mayoría, pues la noche se me consumía por la preocupación constante hacia ella, sino su impotente y de una manera u otra sutil rebeldía repentina a siempre jugar en mi contra. Pero, no estaba entre mis planes dejarla sola, aún más sabiendo en donde se había metido esta vez; y, sinceramente ya tenía una idea, tomando en cuenta la monotonía predecible de Styles.

The Fifteen, bar nocturno con un par de mesas de billar gastadas y meseras de aspecto ridículo y sumamente grosero, mejor conocido como «pasatiempo netamente peligroso con indicios de incorrectas conductas», al menos para mí. El estrafalario lugar se denominaba así por pura cuestión de fama urbana, al no poseer un nombre en específico, la gente que acudía allí con frecuencia le etiquetó con ese nombre, pues se ubicaba en la décima quinta avenida principal al noreste de la ciudad de Londres. El dueño de dicha desgracia nocturna era Big Mike, el enorme mariscal de campo que cursaba último año  —al igual que yo—, aquel chico que intimidaba a los estudiantes con una hojeada agresiva acompañada de una mueca en el rostro no muy amable; tenía diecinueve años y pertenecía al narcisista pero típico grupo de los populares. Nunca me había dirigido la palabra en el año que habíamos compartido en el mismo instituto, a pesar de que coincidiéramos en varias clases (Matemáticas, Historia Universal y Biología). Supuse que esto se debía a que sería perjudicante para su impecable reputación.

Me detuve en seco en la sala principal de la casa y el pecho se me contrajo de miedo al oír como unas pisadas demandaban cercanía a mí en su son. Ansié forzar mi cerebro a soltar una excusa ágilmente, algo convincente que fuera suficiente para despistar la atención sonámbula de cualquiera que estaba por destruir la poca paciencia que le quedaba.

Bueno, mamá, ¡No sabes! Se me ha olvidado tomar mis píldoras para dormir; es que he estado algo conmocionada por el regreso a clases y necesitaba un empujón a la comodidad.

Muy lentamente y con los vellos del cuello erizados, me volví a mis espaldas con los ojos abiertos como platos; los pies parecían haberse petrificado en la madera fría debajo de mi temor. Las luces permanecían apagadas, como era lo normal, y no fui capaz de distinguir quién demonios se hallaba en la penumbra hasta que su voz me provocó una sacudida de pies a cabeza.

—¡Por el amor de Dios, Nathaniel! —exclamé en un susurro, histérica; trajiné con nerviosismo hacia su relajada posición perpendicularmente a un metro de mí.

Un amargado Buzolic, aguardó un segundo antes de apretar mis mejillas con sus grandes manos tibias y fruncir los labios en una fina línea que separaba el desconcierto con la fatiga.

—No te atrevas a pensar de que podrás salir a mitad de la noche y vendrás sin más, pequeña —advirtió, con ese tan peculiar tono paternal del que solo hacía uso cuando estaba por hacer algo en contra de sus reglas.

Nathaniel Buzolic, dieciocho años, atractivo mejor amigo desde la infancia y chef profesional a mis caprichos veinticuatro por siete. Nunca se encontraría una palabra para definir la relación que manteníamos Charlotte, él y yo… sencillez y sobreprotección, quizás. Nos complementábamos de una forma u otra, aunque la idea de que fuera uno de los importantes eslabones en el equipo de fútbol y por ende, de la ya sobrestimada selección de rangos populares me agobiaba en cierto modo.

Había olvidado —como ponerme las zapatillas—, que mi madre lo había invitado a quedarse a dormir en la casa luego de que cenáramos los tres en el comedor, como esa familia que nunca llegaríamos a ser, justamente por razones que no venían al caso; me parecía mejor esquivar el tema transitoriamente.

Era presumiblemente extraño que mi madre, Abby, lo estimara de tal forma, a tal punto de dirigirle un trato quizás mejor que el que me sentenciaba. Sin embargo, cada vez que mi madre nos llevaba al instituto era gratificante mirar como aceptaba que en medio de todos mis dramas diarios prolongables, él me podía obsequiar la calma con un par de palabras; aun así, justo antes de traspasar el gran umbral que daba con las instalaciones internas del instituto, se alejaba en contra de su voluntad de mí y, lastimosamente, odiar más sus pretextos superficiales para alejarse parecía una opción razonable.

—No lo harías, ¿verdad? Porque se supone que eres mi amigo y mi activo contrastador de travesuras —le recordé, recorriendo la sala principal en busca de las botas beige que creía haber dejado anoche en the movie time.

Comenzaba a tener la necesidad de cambiar de opinión, pero una serie de factores presionaban el poner en pie el plan de escape, a pesar de todo, se trataba de mi mejor amiga y su inocencia, lo que podría ultimarle un par de problemas.

—Algún día quedaras sin cabello, no lo hagas —aconsejó, en voz baja, prediciendo mi mal hábito antes de que siquiera lo hiciera; con frecuencia, solía mordía un mechón de cabello como apta señal de desesperación. Lo escuchaba lejano, estaba a la otra mitad de la gran habitación—. Mantén la calma. Nos iremos en mi auto y llegaremos antes de que pueda arrepentirme de no atarte de manos y pies a la cama.

—Lo hacemos por Charlotte, recuérdalo —le dije, experimentado un ácido deslizarse por mi garganta.

Se rascó la nuca y asintió repetidas veces, convenciéndose.

—Lo sé, lo sé —realizó una pausa e inspeccionó la sala—. Busca debajo de la mesa y apresúrate, Meck.

Refunfuñé en silencio, sosteniéndome de la pared más cercana para evitar colapsar.

—Oh —articulé, mirando las brillantes botas justo en lugar en donde él había predicho.




Nathaniel estacionó su flamante Audi R8 Coupé en la acera derecha que daba con un edificio aparentemente en ruinas. En ruinas porque parecía que lo hubiesen desmantelado y vuelto a reconstruir, pero quedándose en el proceso; grandes ventanales cubiertos con una voluminosa capa de polvo y un pedazo de tela negra que se encontraba detrás de esta, como si trataran de esa forma esconder algo; era de un alto sorprendente, como varios pisos que parecían derrumbarse por su propio peso en cualquier momento y, por supuesto, el grandulón supervisor de entrada se encontraba al pie del umbral del edificio, como principal factor que indica que no todo el mundo podía ingresar al club; no sabía su nombre, me pareció no haberlo visto nunca.

Un largo suspiro se me escapó de los labios, frotándome las cienes con el dedo y al mismo tiempo aplastando inmediatamente las ganas de marcharme y descansar por lo menos cinco horas antes de enfrentar el primer día de clases; primer día en lo que a mi ausencia concernía.

Aun así, me rehusé a cambiar de rumbo.

El reloj del tablero del auto de Nathaniel señalaba las dos y media de la mañana en letras rojas y titilantes, un elemento que me distraía de la idea original.

—Pase lo que pase, no te alejes de mi lado, ¿vale? Ya he entrado aquí antes y una chica como tú podría salir… —dejó la frase en suspensión y sacudió la cabeza, golpeando el volante en un seco impacto.

—Está bien, lo prometo.

Me arremangué la sudadera gris hasta los codos, traté de relajarme y evitar entrar en un ataque de pánico o tal vez empezar a morder mi cabello. Quién sabía con qué me podría encontrar; la llamada perturbada de Harry me había alterado las terminaciones nerviosas y siendo así, la información que me proveyó no fue muy productiva.

—¿Sí? —había contestado, con la voz ronca y los ojos presionando contra los parpados ante el nombre que se exhibía en la pantalla del móvil.

—Meck —saludó, impasiblemente;  lo percibí—. Necesito que vengas a The Fifteen ya mismo.

—¿Disculpa? ¿Qué rayos iba a ser yo allí? —cuestioné, alzando una tonada la voz y sacudiéndome las sabanas que hace un segundo me envolvían.

Se oyeron un par de segundos muertos.

—Es Charlotte, ella está aquí —gruñó a media voz, tomando una íntima respiración…
… y colgó.

¿En realidad confiaba en Harry Styles?

No lo sabía, pero mis potentes gana de saberlo me afectaban paulatinamente; ¿Desde cuándo tenía que confiar en el chico?

El zumbido de la música penetró en mis oídos, el hombre de la puerta mostró una sonrisa relampagueante, casi acertada en mi dirección una vez que me acercaba a la entrada; francamente, oscuridad y descontrol iban bien para puntualizar a la situación. Mientras más vueltas le daba al asunto, más me convencía de la locura en la que me encontraba; pero no era tiempo de regresar y abandonar a Charlie, tenía que armarme de valor y conservar la idea de que mi única razón era la de Harry: ella. La noche estaba sumida bajo el contra sonido del club y un cielo sin estrella alguna que me consolara de alguna forma.

Ninguno de los dos habló en la corta caminata hacia la irrelevante mueca del sujeto frente a mí. Sólo esperaba ingresar y salir muy rápido.

Nathaniel se posicionó delante de mí, en defensa de cualquier cosa, obstaculizándome la vista. Creí que era mucha sobreprotección, pero no lo era considerando donde estábamos esa noche.

—Buzolic, hermano, ¿Cómo estás? —gesticuló con la voz grave y juguetona.

Dos segundos y Nathaniel no desertaba su lugar; podría haber apostado toda mi mesada a que no se había movido ni un solo centímetro. La  deliberada confianza del sujeto hacia Nathaniel se incumbía a algo y es cognición abarcaba que probablemente, pertenecían al mismo rango de importancia social.

—Matthew —asintió secamente, recurriendo a un tono de voz elevado y casi amenazante.

No fui consciente de como mi mejor amigo tomaba mi mano en la suya, esta vez fría e innegable, sin vacilar.

—Busco a Harry Styles —le participé atentamente, orientándome por encima del hombro del chico.

Nathe apretó la mandíbula, más yo me pateé mentalmente por la voz ridículamente turbada que poseía.

—¿Styles? Allá adentro —me dirigió una mirada agradable pero cautelosa al mismo tiempo—. ¿Lo están buscando?

Me estremecí de pies a cabeza, comenzaba a altercar el contexto.

—Mis saludos a Big Mike, Matthew; nos vemos pronto —se despidió Nathaniel con la tonada un poco más cálida y el pecho más rígido.

Tiró de mí con su mano hasta hacerme chocar con su espalda.

El ambiente era pesado a esa hora, la esencia de alcohol no se camuflaba con absolutamente nada y las ganas de golpear a Styles por meterme en tal complicación arrastrando a Charlie se extendieron dentro de mí.

Una barra de bebidas se extendía a lo largo de la derecha superior del local, con diversidad de botellas con liquido de muchos colores; la gente se aproximaba y el barman, eufórico, los atendía a todos tanto como su agilidad le permitía. No habían luces de neón y ningún indicio de modernidad ahí, solo —como lo predije— un par de mesas de billar, sillones gastados de cuero marrón alrededor y una pista de baile no muy grande, en la que se concentraba la mayoría de las personas agitando sus cuerpos por la influencia de quién sabe qué sustancias. La luz era  escasa en su totalidad, el lugar tenía un discreto olor a algún tipo de hierba, del cual no quería ser reflexiva.

En un abrir y cerrar de ojos, percibí el aliento de Nathaniel chocar contra mi mejilla; al segundo, me susurró:

—Ya vi a Harry, no parece muy sensato, por lo tanto, deberás mantener la calma y evitar ser agresiva.

Solté un bufido y mis manos rozaron despacio contra su mejilla; su reparo había provocado esas ganas incesantes en mí de llevarle la contraria y actuar de acuerdo a mis convicciones, temerario y estúpido, aunque facetas que me consentían.

—Vete al demonio, Nathe —musité, dirigiendo mi cabeza a un costado y aspirando el fuerte pestilencia a alcohol.

Evadí su mirada amenazante y me aveciné meneando las caderas descaradamente hacia la barra. Era absurdo que de un momento a otro ya mi recelo por lo ineludible se haya disipado, y esta vez, actuara de manera elocuente y torpemente sensual.

Agité la cabeza a la derecha, zarandeando mi cabello a un lado de mi cuello; se sentía pegajoso y desagradable, el ambiente estaba colmado de un calor abrasador impresionante.
—¿Qué vas a ordenar, preciosa? —inquirió un chico con sus ojos azules traspasando los míos y pude notar, en mi demencia, su aliento a menta y jarabe de fresa.

Disparé una hojeada por encima del hombro y no pude ver a mi mejor amigo por ningún lado, así que opté por pedir un trago y escanear las posibilidades de arrepentirme en un nano segundo.

—Me gustaría… un martini doble con extra de almíbar de frambuesa, por favor —empleé un movimiento divertido de pestañas y el chico se conmovió por el gesto.

Una vez que estuvo de espaldas a mí, sirviendo mi trago, repasé el objetivo y me despedí de la imagen de regresar a casa sola.

Tarde.

En un cerrar de ojos, mis labios estaban mojados por el alcohol, mi autocontrol estaba pisoteado y las pretensiones de que la salida de Charlie pasara por debajo de la mesa iban en descenso. ¡Era incomprensible!

Pellizqué mis labios con los dedos helados y temblorosos, prestando atención a cada rostro que se me exhibía, imponiéndole mi nublada vista a captar un rostro conocido para así descargarme, esperaba que Harry se apareciera y así, no tendría que gritarle a nadie más.

Súbitamente, unas suaves y fuertes manos me atraparon la cintura y se negaban a ser más amables; por detrás, el pecho de alguien tropezaba hacia mi espalda y era una sensación extrañamente… interesante, el aliento de dicha persona estaba excedido y fogoso, no obstante, su posición era tangible y atrevida.

—¿Qué demonios…? —exclamé, frunciendo el ceño, confundida.

—Uhm, esto es más difícil de lo qué pensé —murmuró por primera vez el chico, aprovechándose de su exquisita voz masculina para provocarme delirios inminentemente.

No sabía la razón, pero la sangre dentro de mi organismo dio una sacudida y me alteré por el simple hecho de que pensara que podía tener algún tipo de influencia en mí. Dispuesta a patearle al trasero a quién quiera que ejerciera presión en mi cintura, ahora, totalmente en convulsión, tomé su mano entre las mías y las aparté bruscamente.

—No sé quién te creas que eres, pero a mí no se me toca de esa manera, ¿está…?  —las palabras se atascaron en mi garganta, y entonces, se me hizo difícil recordar como respirar.

«Santa mierda», exclamé para mis adentros. Contuve la respiración furtivamente y mi corazón sufrió un ataque de adrenalina y atracción.

Damon Stack.

[02:42 am – Londres, UK]

—¿Se te perdió algo, linda? —inquirí, alzando una ceja en respuesta a su abrumada expresión de encanto inevitable.

Mis sentidos estaban colapsados por esas poderosas y fascinantes esmeraldas radiantes que me sondeaban con una mezcla de gracia y arrebato. Tenía, definitivamente, todo lo que a otras les faltaban; más allá de lo que se podía apreciar superficialmente, su espléndida figura y contextura adecuada, sin dudas, inmovilizaba mis técnicas de facilidad con suma precipitación.

—En realidad, sí —admitió, configurando su expresión para que no delatara algún signo de jerarquía hacia mí—. Y no estoy dispuesta a perder más tiempo.

«Melodía recóndita y frustrada», descubrí.  

—Precisamente por ello estoy aquí, no debes buscar más.

Rechacé las posibilidades de comportarme con un signo de delicadeza y cortesía, aunque no fuera evidente, le provocaba una especie de alteración al inspeccionarme precavidamente, como si ya hubiese objetado una aversión disparatada de mí.

—¿Qué tratas de decirme? —cuestionó, relamiendo sus labios de una manera poco discreta.

—Soy Damon Stack —cambié de tema, ofreciéndole una sonrisa de lado—. Y es un placer conocerte.

Meck no des adoptó su postura indiferente y divertida, en cierto modo.

—Sí, sí, me alegro de conocerte, también —contestó sarcástica, enterrando sus manos nerviosas dentro de la sudadera gris.

—Está bien —carraspeé—. Harry, Charlotte y Buzolic están arreglando un par de problemas que se presentaron y tu presencia no es exactamente requerida allí, por lo que, tendré que llevarte a casa conmigo —le anuncié, demandante, imperturbable y convincente.

Junté esos aspectos por el que las chicas estremecían de disgusto y ventilé a juzgar por su expresión que tendría que llevarla a la fuerza.

—¿Hablas jodidamente en serio? —la mandíbula se le tensó y sus ojos se desorbitaron.

Antes de que si quiera intentara protestar, la tomé en mis brazos y la puse en mi hombro cuán costal de harina; luchaba con sus minúsculas piernas, pero era casi imposible derrumbarme a pesar de que sus ganas de matarme fueran muy lejos.  

—¡Voy a matar a Charlie, juro por Dios que lo hago! —chilló, aferrando sus uñas a mi espalda.

Carcajeándome, alcanzamos la entrada de The Fifteen. Matthew, aguardaba con la puerta abierta, vacilante a estallar en carcajadas y negando repetidas veces con la cabeza.

Styles me debía una grande.


Capítulo escrito por Mey para Little White Lies.

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