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Memorias de una vida miserable |Terminada|

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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Vie 06 Jun 2014, 7:33 pm

@Emily Rawson escribió:SI VES
ESTE
COMENTARIO
SERÁ
GENIAL
MILAGRO
AAAAAAAAAAAAAAAALELUYA
EMILY IS HERE
*a quien la quería*
Holi (:
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*suspenso*
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*suspenso de nuevo*
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...
Okno, esto es muy tonto.
Vamos a lo serio
Primero, debo admitirlo, estoy asustada con lo de Leo. Tal vez ahora le pasa algo y PUF, ojála lo saquen de la cárcel pronto ya me duele mucho que sufra así por todo D': 
Los JJ XD
Uh, me estaban cayendo un poco mejor cuando en el último cap no le golpeaban tanto a Leo, si no que de alguna manera muy obvia le decían que querían cagarlo a piñas. Pero eran más cordiales. Eso era lo mejor. El punto es que me estaban cayendo mejor hasta que...LO DEL FINAL LPM
COMO LE VAN A DECIR ESO?
QUE HDP
NO
HERMANOSPRIMATICOSSOBRINATICOSNOVIOSLOKOS KE LES PASA? JJ CHAU.
D:
NO
POR DEO
NO
LEITO
RESISTE
CORAZON
NO
AGUANTEREX (?)
LEO
POR
AY
COMO SON TAN DEMENTES DE DECIRLE ESO!?
LLEGARON A SU PUNTO DEBIL
HDP
NO PUEDEN
Además que Leo estaba bien, les contestaba pero se controlaba
Y
AHORA
ESTOS
DOS
LA
CAGAN
CON
AY
LOS ODIO. BAI.

En serio, perdón por TARDARME TANTO. Eso que he leído los capítulos xD Pero no los comentaba (que tarada)

Siguela pronto sí

PD: Sé que la vas a seguir, recuerda: tú actualizas-yo actualizo, yo actualizo-tú actualizas ;) Es nuestra conexión, ahque

Besitos, cuidate!
AAALEEELUUUYAAA  :canto: 


El suspenso me mata   


Ok literalmente he quedado   con lo de que te estaban cayendo mejor aunque la explicación me aclaró todo. Es claro, le dan la indirecta  :lovely: 
JA, ES QUE ME ENCANTAN LOS FINALES CAMBIANTES  :jojojo:  
PRIMATICOSSOBRINATICOSNOVIOSLOKOS, JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA   
Leito, no sé, pero siempre me parecerá gracioso  :xd: 
Rex siempre presente   
Pues sí, Leo intenta defenderse como puede para mantenerse tranquilo y estará bien mientras no lleguen a uno de sus temas prohibidos.
Del agrado en su primera fase al odio en cinco segundos, ahh lo adoro  :jojojo: 


Pues... No he empezado el siguiente  :fiu: me he distraído tanto escribiendo el capítulo especial tipo OS que hasta a MQCDP en sus originales (los del cuaderno, por donde voy en realidad) la tengo REABANDONADA (es raro que pase más de dos días sin tocar ese cuaderno, ahora llevaba UNA SEMANA SIN SIQUIERA ABRIRLO hasta que hoy se me ocurrió reanudar, je...) Así que no sé si vaya a publicar taaan pronto, pero quién sabe, a MDUVM los últimos capítulos los he escrito en sólo un día  


Hablando del especial, ya hasta estoy buscándole imagen, sólo que tengo una idea mas no del todo clara. Hasta ahora he visto una que PFF LA ADORO pero no sé si usarla, así que en eso también tardaré,   wait esta era la cara que veía como pedófila O.O, bah, ya no tanto


Por cierto, estás releyendo en Wattpad que vi comentarios en el capítulo 6? :bye:
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Emily Rawson el Vie 13 Jun 2014, 9:19 am

AÚN NO PUBLICAS EL CAP 17 AQUÍ? 

Yo con mi comentario super preparado y cap 17 aún no está :'(

Comentaré igual. Así que está página será un lío jajajaja.
Estará al revés, yo comentaré lo que aún no publicas, loly :3

Ok, sobre el cap 17 que aún no está en el foro:

Bien, sobre la publicidad, amigos y persuación. Ay, eres una genia xD Tienes toda la razón! Es decir, sí, las malditas publicidades que viven mintiendo para que solo compres un producto y te decepciones cuando veas que no tiene nada de lo que promocionaba. Consejo: LEER SIEMPRE LAS LETRAS PEQUEÑAS D:

Lo de los amigos también es cierto... "SERÁ DIVERTIDO", puedes terminar sin una pierna por hacer lo que ellos digan -.-

Yendo al capítulo...

No, Leito, Leo, no, pobre. No le pueden hacer esto! 
Son unos dementes!
QUÉ LES PASA!?
ME VOY ENOJANDO DE A POCO...
PERO ES QUE  ES LA VERDAD! SON UNOS DEMENTES!
NO HAY CÁMARAS EN EL GIMNASIO!?
ALGÚN MALDITO GUARDIA DEBERÍA HABER ESTADO AHÍ PARA IMPEDIR ESE ASESINATOSUFRIMIENTOSO (?) palabranuevaparamidiccionarioinexistente.
LEO NO SE MERECE ESTAR SUFRIENDO ASÍ
1-SU ENFERMEDAD
2-ESTOS DOS QUE "ME ESTABAN CAYENDO MEJOR", osh. Son unos locos de mierda.
No pueden tratar a una persona asi!
Voy a seguir sufriendo tanto con esto :(
Leo no se merece toda esa mierda que le dan. Putos todos.
*me van a denunciar por insultar*
pERO ES QUE........ME HACEN ASAR. ASÍ. DEO. NO. MALDITOS JJ.
Aunque yo me pregunto exactamente lo mismo al final...

¿POR QUÉ TANTO EMPEÑO EN ACABAR CON LEO?

¿POR QUÉ?

¿WHY? WHY?

D":

Leo no les hizo nada para que esos dos le peguen así como así -.-

Ay los detesto.

Me voy a calmar...


TIENES QUE SEGUIRLA!

REALMENTE QUIERO ENCONTRAR LA RESPUESTA A ESA PREGUNTA. EN SERIO. 


Ahora sobre la respuesta de mi comentario anterior... ¿Comenté el capítulo 6?

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.....Te cuento lo que pasó:

Vi a la querida ls y a su amiga carrot. Nos saludamos, me contaron que terminaron de leer la novela POR MI CUENTA y bue, nos pusimos a hablar de la cárcel, del cardioma, de que Marc debía estar re bueno, de Rexy♥, de los JJ, del guardia...de todo. Hasta que recordé que todo lo habían leído POR MI CUENTA...

Yo: ¿Leyeron otra cosa?
C: No tenemos ni idea de como se ocupa esta cosa
LS: Pero es re fácil, mira, entras acá (click en biblioteca) y ves todo lo que Emily lee, entras acá (click en mis obras) y está todo lo que escribe Emily... ¿Tú escribiste eso (señaló el chico de la plaza)?
Yo: Se´
LS: Me lo recomendaron! Pero no lo leí (se rié)
Yo: Chiwass, ¿Puedo cerrar mi cuenta?
C: Nah, queremos ver que pasa con Leo
Yo: Yo también, pero pueden leerlo sin tener una cuenta

De ahí seguimos hablando bien, de todo un poco, hasta que decidí tomar el celular e intenter cerrar mi cuenta...Pero terminamos siendo tres chicas sobre un celular tecleando vaya uno a saber qué...Pensé que no se había publicado nada xD Pero si se publicó algo...Fue por eso jajajaja.

Al final me dejaron cerrar mi cuenta, hablamos sobre el video Zouis, tocó el timbre, las saludé, les di un caramelo que tenía en mi bolsillo, nos volvimos a saludar, me disculpé por arrebatar su celular, y ellas se disculparon por meterse en mi cuenta y se fue cada una a su curso jajajaja.

Esa es la gran historia de los comentarios raritos del cap 6, ahque. Jajajajajaa.

Como sea, siguela!

Besitos, cuidate!
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Vie 13 Jun 2014, 12:06 pm

Capítulo #17.


¿Un método de persuasión? Fastidiar hasta que a la otra persona se le agote la paciencia y no le quede de otra más que aceptar.



¿Lo he aplicado? Debo admitir que sí, ¿aunque quién no lo ha hecho?


¿Me lo han aplicado? Sí, muchas veces, ¿aunque quién puede contar con una paciencia tan enorme para no caer en esa trampa alguna vez?


¿Me he arrepentido de ceder? Por supuesto.


Algo tan simple como convencer a alguien de hacer o no hacer algo puede acabar tanto bien como mal. A veces, la persona persuadida se sentirá agradecida de serlo. En otras, puede llegar a odiarse por haberse dejado.


¿Mi caso? Me declaro culpable de haber gastado mi dinero en una máquina para hacer helados que terminó siendo una fábrica de sal fría con un sabor agregado de lo salados que quedaban. ¡En el comercial parecía espectacular, jamas hubiese imaginado tal porquería! Creo que es el típico ejemplo de cómo somos víctimas de algo muy convincente que en realidad es todo lo contrario a lo que se nos prometió, porque casi nadie se libra de comprar un producto inútil creyendo que era lo máximo por su publicidad.


También está el caso de las locuras que tus amigos prácticamente te obligan a cometer. "Será divertido", "no te pasará nada", "no nos descubrirán", "no nos castigarán" y "si no lo haces..." son sólo algunas de las palabras utilizadas para cambiar tu opinión. Casi llegan a extorsionarte para obtener tu aprobación. Este es el tipo de situación que suele ser seguida por el arrepentimiento.


¿Qué llegaría a pasar si uno de estos métodos es aplicado en prisión? De seguro nada bueno se asomará entre las ideas, y es que esa es la verdad.


A ver, ya he mencionado que los JJ habían vuelto a sus andadas. Nada de contacto físico, pero sí con sus indirectas a querer pasar a eso. Sabía que no debía aceptar sus propuestas si no quería acabar mal, quién sabía de qué serían capaces si estaban solos conmigo en el gimnasio.


Era mi misión de cada día, evitar quedarme a solas con esos hermanos -sí, finalmente lo descubrí en una de esas tantas conversaciones- en donde fuera. Daría igual si era en el pasillo o en el patio, no seríamos nosotros tres nada más en un mismo lugar. 


Todo iba bien hasta que mi paciencia se agotó.


Ni siquiera les hizo falta hablar mucho ese día. No sé qué pasó conmigo exactamente ese día. Aprendí a hacerles caso a mis malos presentimientos ese día.
 
El precio no fueron unos simples dólares esa vez.
 
Accedí a ir al gimnasio a "ejercitar". Al inicio sí fue eso, a decir verdad, pero cuando empecé a notarme algo cansado y fastidiado, sacaron partido de las condiciones.
 
—Joseph, ¿sabes qué? —inquirió Jason luego de negarme a continuar—, ya que no quiere hacerlo, nosotros haremos que lo haga, aunque no exactamente eso...
 
Eso no sonó para nada bien desde un principio. Todo lo que pude hacer fue confundirme. ¿Qué quería decir? Antes de pensar una buena opción, ya estaba tirado en el suelo boca abajo. Ni siquiera entendía cómo terminé ahí, aunque considerando mi posición, supuse que golpearon fuertemente el saco de boxeo que tenía atrás para derribarme.
 
Seguido, sentí otro golpe más en mi espalda, algo me lanzaron para tumbarme y lograr atarme unas mancuernas, las más pesadas que encontraron, en mis muñecas y tobillos. No pude hacer nada para defenderme, no con un tipo más pesado que yo encima. Fuera lo que fuera que estuviesen planeando, no me gustaría.
 
—¡¿Qué me están haciendo?!
 
—Preparándote para que hagas los ejercicios.
 
—¡¿Cómo voy a hacerlos con esto en las muñecas y tobillos?! —aún no estaba del todo en problemas y ya gritaba. Debía conseguir que alguien me escuchara afuera.
 
—Ya verás.
 
No, no, no. ¿Qué querían de mí? O mejor dicho, ¿qué querían hacer conmigo?
 
—Bien, la cosa es que tienes que hacer los ejercicios sea como sea, y ya que no quieres, buscamos la manera para obligarte —explicación uno: miedo.
 
—Lo que tienes que hacer es sencillo. Sólo debes tratar de levantar un poco tus brazos y piernas. Eso nos contará como levantar las mancuernas —explicación dos: esto saldrá mal.
 
—Y si puedes, levántate con ellas puestas —explicación tres: soy hombre muerto.
 
No había manera para un principiante en las mancuernas como yo en esos momentos pudiese levantarlas para aunque fuera pasárselas a alguien más. Por más que intentara, sería imposible. Quedé ahí como una tonelada en el piso. ¿Qué más podía hacer?
 
Me miraron como si lo hubiesen esperado en silencio, sin comentarios, nada de nada hasta que me rendí y admití que no podía. Creo que casi se rieron ante la declaración.
 
—Debemos decirte que nosotros no toleramos a los débiles como tú, así que... —haciendo énfasis en la negación, aumentó el temor que de por sí ya sentía.
 
"Así que..." puede ir seguido de tantas cosas. "Así que jamás volveremos a invitarte a una ronda de gimnasio", "así que ahora te ignoraremos por completo", "así que esperaremos a que te hagas fuerte para buscarte de nuevo" serían algunas de las opciones que me hubiesen agradado oír, pero claro, aquí todo se daba de la manera menos deseada, al menos por mí.
 
—Ya que no quieres participar, nosotros estamos haciendo que participes como un saco humano para golpear —Jason aclaró apenas inició el "dos contra uno".
 
Sí, así de malo como se lee fue. Era totalmente inútil hacer el intento por defenderme, no era capaz de levantar las manos ni un par de centímetros del suelo. Sólo me restaba gritar con esperanzas de ser escuchado y salvado por algún vigilante, porque dudaba que otro reo se prestara a eso, más bien, creo que se hubiese unido y habría sido un "tres contra uno".
 
Sus puños en todas partes, sus pies donde cayeran, mi cuerpo arrastrado y chocado contra cualquier objeto en el camino, mi único intento de detenerlos, mancuernas y balones medicinales impactando mis brazos para que me soltara de las patas de la mesa. Aturdido y debilitado, me tomaron y me pusieron de pie para soltarme, haciéndome caer al de nuevo al instante, burlándose de la facilidad con la que vine abajo, repitiéndolo tantas veces les placieron.
 
De un momento a otro, mis gritos dejaron de ser llamados de ayuda. Pasaron a ser expresiones de dolor.
 
Nadie estaba cerca, a nadie se le ocurrió caminar por ahí justamente en ese receso. ¿Por qué siempre cuando algo me ocurría?
 
¿Lograr hacerme gritar por el dolor, cosa difícil en mí, fue suficiente? Por supuesto que no, eso se quedaba corto a sus verdaderas intenciones.
 
Quedé sentado a un lado del casillero donde se guardaban las colchonetas, mancuernas, pelotas y otros materiales, aún sin movilidad en mis brazos y piernas. En un momento creí que hasta ahí llegaría todo, que ya no tendría que sufrir más, sólo soportar las consecuencias.
 
La verdad nunca es lo que esperas.
 
Jason consiguió una cuerda no sé de dónde, ya de seguro se tiene una idea de lo siguiente. Se agachó y rodeó mi cuelllo con ella, ejerciendo algo más de presión a cada cierto tiempo.
 
Sí, ellos querían matarme.
 
Tuve suerte de que procedió lentamente, el aire no se me acabó tan rápido y mi garganta no llegó a aplastarse. Lo que me salvó fue eso de lo que siempre me quejé: el timbre. Por increíble que suene, cuando ya casi estaba quedándome sin más que dar y sin más fuerza para luchar, cuando ya me había resignado a hacerme el muerto para que liberaran mi cuello, la alarma de entrada a las celdas se activó, obligándolos a abortar o acelerar el proceso.
 
Menos mal que optaron por abandonar. No lo hicieron de inmediato, no querían rendirse, querían estar seguros de que mi vida ya no existía. Me soltaron unos segundos antes de que terminara el aviso, si tardaban más probablemente los descubrirían. Antes de devolverse a su lugar, me encerraron dentro del casillero para ocultarme por si acaso y luego volver en el próximo tiempo libre para rematar el trabajo.
 
Así tal cual, encerrado dentro de un casillero. No apto para claustrofóbicos. Nada cómodo, menos considerando que no tenía forma de moverme y que estaba adolorido por todas partes. Ni siquiera entiendo cómo hicieron para meterme ahí, quizás el espacio era más grande de lo que aparentaba desde afuera.
 
Y esto es lo que intentaba explicar desde el principio: ser persuadido no siempre trae el bien. Todo eso se dio por dejarme convencer. Después de un mes de evasión exitosa, en menos de media hora se perdió todo mi esfuerzo y casi fui asesinado por lo mismo.
 
La gran interrogante ahora, ¿por qué tanto empeño en acabar conmigo?
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Vie 13 Jun 2014, 12:50 pm

@Emily Rawson escribió:AÚN NO PUBLICAS EL CAP 17 AQUÍ? 

Yo con mi comentario super preparado y cap 17 aún no está :'(

Comentaré igual. Así que está página será un lío jajajaja.
Estará al revés, yo comentaré lo que aún no publicas, loly :3

Ok, sobre el cap 17 que aún no está en el foro:

Bien, sobre la publicidad, amigos y persuación. Ay, eres una genia xD Tienes toda la razón! Es decir, sí, las malditas publicidades que viven mintiendo para que solo compres un producto y te decepciones cuando veas que no tiene nada de lo que promocionaba. Consejo: LEER SIEMPRE LAS LETRAS PEQUEÑAS D:

Lo de los amigos también es cierto... "SERÁ DIVERTIDO", puedes terminar sin una pierna por hacer lo que ellos digan -.-

Yendo al capítulo...

No, Leito, Leo, no, pobre. No le pueden hacer esto! 
Son unos dementes!
QUÉ LES PASA!?
ME VOY ENOJANDO DE A POCO...
PERO ES QUE  ES LA VERDAD! SON UNOS DEMENTES!
NO HAY CÁMARAS EN EL GIMNASIO!?
ALGÚN MALDITO GUARDIA DEBERÍA HABER ESTADO AHÍ PARA IMPEDIR ESE ASESINATOSUFRIMIENTOSO (?) palabranuevaparamidiccionarioinexistente.
LEO NO SE MERECE ESTAR SUFRIENDO ASÍ
1-SU ENFERMEDAD
2-ESTOS DOS QUE "ME ESTABAN CAYENDO MEJOR", osh. Son unos locos de mierda.
No pueden tratar a una persona asi!
Voy a seguir sufriendo tanto con esto :(
Leo no se merece toda esa mierda que le dan. Putos todos.
*me van a denunciar por insultar*
pERO ES QUE........ME HACEN ASAR. ASÍ. DEO. NO. MALDITOS JJ.
Aunque yo me pregunto exactamente lo mismo al final...

¿POR QUÉ TANTO EMPEÑO EN ACABAR CON LEO?

¿POR QUÉ?

¿WHY? WHY?

D":

Leo no les hizo nada para que esos dos le peguen así como así -.-

Ay los detesto.

Me voy a calmar...


TIENES QUE SEGUIRLA!

REALMENTE QUIERO ENCONTRAR LA RESPUESTA A ESA PREGUNTA. EN SERIO. 


Ahora sobre la respuesta de mi comentario anterior... ¿Comenté el capítulo 6?

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.....Te cuento lo que pasó:

Vi a la querida ls y a su amiga carrot. Nos saludamos, me contaron que terminaron de leer la novela POR MI CUENTA y bue, nos pusimos a hablar de la cárcel, del cardioma, de que Marc debía estar re bueno, de Rexy♥️, de los JJ, del guardia...de todo. Hasta que recordé que todo lo habían leído POR MI CUENTA...

Yo: ¿Leyeron otra cosa?
C: No tenemos ni idea de como se ocupa esta cosa
LS: Pero es re fácil, mira, entras acá (click en biblioteca) y ves todo lo que Emily lee, entras acá (click en mis obras) y está todo lo que escribe Emily... ¿Tú escribiste eso (señaló el chico de la plaza)?
Yo: Se´
LS: Me lo recomendaron! Pero no lo leí (se rié)
Yo: Chiwass, ¿Puedo cerrar mi cuenta?
C: Nah, queremos ver que pasa con Leo
Yo: Yo también, pero pueden leerlo sin tener una cuenta

De ahí seguimos hablando bien, de todo un poco, hasta que decidí tomar el celular e intenter cerrar mi cuenta...Pero terminamos siendo tres chicas sobre un celular tecleando vaya uno a saber qué...Pensé que no se había publicado nada xD Pero si se publicó algo...Fue por eso jajajaja.

Al final me dejaron cerrar mi cuenta, hablamos sobre el video Zouis, tocó el timbre, las saludé, les di un caramelo que tenía en mi bolsillo, nos volvimos a saludar, me disculpé por arrebatar su celular, y ellas se disculparon por meterse en mi cuenta y se fue cada una a su curso jajajaja.

Esa es la gran historia de los comentarios raritos del cap 6, ahque. Jajajajajaa.

Como sea, siguela!

Besitos, cuidate!
Nuevo orden: comentario-capítulo-respuesta *no apto para los que leen los comentarios de los demás por posible contenido spoiler*


Iba a publicarlo ayer, pero tuve el problema de que hace tres días se me venció Word   (la versión de prueba que viene con la laptop). No hallaba qué hacer, de broma me deja abrir los archivos, NI SIQUIERA LOS PUEDO COPIAR Y PEGAR EN OTRA PARTE! En fin, te imaginas lo mucho que improvisé con los otros programas para lograr copiar lo que tenía hecho del capítulo especial en Wattpad. Este es oficialmente el primero que escribí directamente en Wattpad y no en Word, por eso fue que ayer no lo publiqué aquí, se me olvidó copiarlo ahora tendré que escribir todo directamente ahí, no sé qué haré con MQCDP porque no me gusta mucho hacer eso


El ejemplo lo saqué de hechos reales. No hay nadie que conozca incluyéndome D: que tenga una máquina de helados y no le haya quedado S A L A D O ! Sólo que yo no gasté el dinero de mi mamá, a mí me la regalaron se deshicieron de la estafa. Recuerdo que también mi mamá compró el coso ese para cortar frutas/verduras que es como presionando la parte de arriba para que bajen unas cuchillas (?, sirve pero según  mi mamá es muy duro y terminas cansándote más, estuve a punto de agarrar algo así como el ejemplo pero lo de los helados es mucho más cotidiano   
SIN UNA PIERNA?! Ok, amigos súper extremos esos XP


Entonces vienes y colocas Leito y yo pierdo toda la seriedad que se supone tiene el asunto   Ahora entiendes mi reacción a cuando dijiste que te estaban cayendo mejor? Era como un "si supiera lo que viene..."  :maloso: 
En el siguiente capítulo se responderán dudas   


Con razón estaba raro, era como un G, en otro nia, en otro otra cosa y no sé jajajaajjaja, sólo que la página no los incluyó en las estadísticas de los comentarios .-.


Cárcel, cardioma... DE QUE MARC DEBÍA ESTAR RE BUENO, JAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAJA NO ME ESPERÉ ESA    aunque en realidad..., y eso que en esta que recuerde no he descrito a Marc, creo que sólo datos básicos como que es algo más bajo que Leo y que es zurdo, de resto... O es que les dijiste lo que recuerdas de MQCDP?   
*Conversación formato capítulo original/de cuaderno de MQCDP :'D*
LE RECOMENDARON TU OS   
Queremos ver qué pasa con Leo  :aah: 


Así que salieron a lo loco, ahora todo tiene sentido :-w-: 


El nuevo no creo tardarme tanto a menos que el tema del examen de física se me complique/me pidan demasiado para explicar, aunque tengo que ver qué haré para recuperar Word   


Ahora a ver el mundial España vs Holanda, eso estará bueno y hoy creo que me pondré con el capítulo especial,  :bye: 
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Mar 17 Jun 2014, 11:17 pm

Capítulo #18.


Siempre recordaré a aquel casillero como el peor sitio para quedar encerrado. Bueno, no quedé encerrado, me metieron en él, pero cuenta.
 
Apenas mantenía los ojos abiertos, apenas lograba respirar, era doloroso. No podía moverme, nada de espacio para eso y las mancuernas seguían atadas a mí. Oscuridad casi plena, la poca luz disponible entraba por pequeñas aberturas en la puerta, para nada útil, su única ventaja sería la de impedir que me quedara sin oxígeno de no ser encontrado rápidamente.
 
No pensé eso en el momento, estaba totalmente en blanco, mi cabeza de milagro funcionaba, y considerándolo bien, vivía de milagro. ¿Qué hubiese sido de mí si no fuera por esa alarma en ese preciso instante? Probablemente ni habría llegado a formular esa pregunta.
 
El tiempo que pasé ahí fue menor por mucho al tiempo de golpiza. Quizás fueron unos cinco minutos después cuando sentí a alguien cerca, unos pasos que se aproximaban a mi ubicación.
 
Oh, no. ¿Serán ellos de vuelta?
 
—Por favor, no… no me… no me mates… no… por favor, no me… mates…
 
Un pánico colosal me invadió. Imaginaba lo peor, que Jason y Joseph de alguna manera habían regresado por mí a acabar con su objetivo antes de que alguien más lo interrumpiese e hiciera de él algo imposible. Debo admitir que ni en la mitad de los paros cardíacos que he sufrido me he sentido tan cerca y tan asustado de morir, el hecho de estar consciente posiblemente sea la explicación a ello. Sólo hay una experiencia que de seguro le gana a absolutamente todas, pero no tiene nada que ver aquí. Así de aterrorizado estaba.
 
—No… me… mates… por favor… no me… me…
 
Ni siquiera mi voz funcionaba. Era un susurro, algo ligeramente perceptible. Entrecortada, no muchas palabras fluían juntas. Temblorosa. Suplicante.
 
—Por favor, no… no… por… favor, no… no…
 
Los pasos estaban cada vez a una distancia más escasa del casillero. Iban a un ritmo bastante lento, como si revisara o buscara algo perdido.
 
—No… me mates…
 
Finalmente, cesaron al frente del mueble.
 
—¿Por qué te haría eso? —y con ellos, mi temor a ser atacado una vez más.
 
—Marc… ¿eres tú? —se notó el cambio en el tono a pesar de ser uno bastante bajo— ¡Qué alivio!
 
—¿Qué pasó? ¿Por qué estás…? —preguntó mientras abría la puerta del compartimiento— ¡¿Qué te hicieron?! —se alarmó. Verme en esas condiciones sería algo totalmente inesperado y que jamás hubiese deseado ni en fotografía.
 
—Intentaron… intentaron matarme.
 
—¡¿Quién?! —observaba el área para saber cómo sacarme.
 
—Esos dos… que siempre… siempre me andan molestando —Marc entendería con eso de inmediato. No dijo nada, sólo procedió a ponerme en un mejor sitio fuera de ese diminuto. Vaya que dolió el solo contacto de sus manos.
 
Luego intentó pararme, pidiéndole yo que se detuviera de inmediato. Me quedaría sentando en el piso, no importaba. Sólo quería devolver el movimiento a mis brazos y piernas. Desató las cuerdas y guardó las mancuernas en su sitio, liberando un gran peso de encima, literalmente. Intenté moverme, dolía demasiado para lo que podía soportar.
 
—Creo que es mejor que no lo hagas —recomendó al oír mis quejas—. Creo que me tocará cargarte ya que no puedes caminar.
 
—Hazlo —le di el permiso, aunque lo denegué al ser doloroso. No aguantaría ninguna clase de contacto.
 
Suerte que el vigilante se asomó en ese momento, preguntando lo ocurrido y yendo a buscar a los de la enfermería. Tendrían que llevarme allá para…
 
Oh, no. No la enfermería de nuevo.
 
Deseé con todas mis ganas que me trasladaran al hospital, incluso se lo mencioné a Marc, pero él mismo me explicó que jamás lo aceptarían a menos de ser una total emergencia o no contar con el equipamiento necesario. Como si casi ser asesinado no fuese tan grave.
 
A calarme algún otro doctor antipático.
 
Otra suerte más. Ese que no me atendió bien la otra vez no fue el que tocó ese día, por lo que no hizo falta tener la paciencia para tolerar a alguien no muy competente. Eso sí, no sé cómo hice para resistir mientras aún no me daban un analgésico.
 
Después de varios exámenes, no dieron con fracturas ni nada tan absolutamente malo como se suponía. Lo único que resaltaba era un ligero aplastamiento en mi garganta causado por el ahorcamiento que de haber durado –según sus cálculos- unos diez segundos más como máximo, me hubiese matado. Por eso era que respiraba a duras penas y mucho menos hablaba.
 
Les sorprendió enormemente la ausencia de huesos rotos o de hemorragias internas después de tal paliza. A decir verdad, a mí también. Mi cuerpo dolía tanto que la única explicación que le hallaba era alguna fractura. Sin embargo, dedujeron que pasaría de unos diez a quince días en cama antes de recuperarme.
 
Al momento de terminar, dejaron a Marc entrar a la habitación como visitante y con otra sorpresa a sus espaldas. Varios de sus compañeros, también mis amigos, estaban con él. De alguna manera logró que le permitieran hacer una visita con más de dos personas. Lástima que hablar me era difícil, no me imagino cuánto hubiésemos conversado de haber tenido la garganta en buen estado.
 
En el curso del reencuentro, Harold hizo su aparición y participó de una manera que nos dejó a todos boquiabiertos. ¿Cómo podía ser verdad todo lo que enunció?
 
—Tengo noticias —fue el inicio de su discurso—. Esos dos que trataron de matarte van a estar en las celdas de aislamiento durante un mes.
 
Por si acaso, una celda de aislamiento es aquella que de broma tiene alguna ventanilla para que llegue el sol y algo de aire. Una puerta de metal muy bien asegurada con un mínimo espacio como una pequeña puerta por la que se pasa la comida y el agua a consumir. No se les permite la salida ni visitas por el tiempo asignado, sólo para bañarse tienen el permiso, de ahí el nombre. Están totalmente aislados, no se comparten. Es un castigo dentro del castigo.
 
Esa primera parte me cayó como dormir cuanto quisiera: de maravilla. No tendría ni por qué verlos por un mes entero. Un mes de más calma.
 
Después pregunté lo que más deseaba saber: ¿por qué trataron de matarme?
 
—No te extrañes, pero ellos matan por diversión.
 
¿Qué es lo que acabo de oír?
 
—Sí, como lo dije. Esos dos ya han matado a tres presos y casi lo hacen con otros dos y con Leonardo.
 
Así que esto no es nada nuevo…
 
Explicó el proceso entero, desde la elección de la víctima hasta el proceso de rutina para acabar con el elegido. Parece que otros cinco ya habían caído en sus trampas de persuasión, tres de ellos pagando muy fuertemente su impaciencia. También resaltó que los impredecibles son sus candidatos preferidos a ser sus objetivos, por lo que debía mantenerme en cuidado cuando se les acabara el aislamiento.
 
Ahora todo cobraba sentido. Ellos siempre remarcaban el hecho de mi impredecibilidad cada vez que les era posible. Su conversación del primer día que me encontraron, en ella mencionaron algo de no hacer todo el mismo día, que eso iba por partes. Su insistencia, nunca los vi molestando a otro, yo era el único impredecible en esa prisión. La advertencia de Harold, “créeme, la mayoría no termina bien”. Todo, definitivamente todo lo entendí en ese instante.
 
Para ellos era sólo uno más de su lista de presas de su diversión. No les importaba ponerle punto y final a una vida, su entretenimiento era lo válido. Supuse que en libertad, antes de ser arrestados, eran asesinos en serie. Dos hermanos que mataban juntos. Los JJ, el dúo asesino. ¿A cuántos habrán silenciado en el pasado? Ya llevaban tres en la cuenta más dos intentos y eso sólo en dos años de cárcel, lo cual diría es bastante considerando la vigilancia, las cámaras de seguridad y, si mantenían el patrón, la continuidad con la que un impredecible era encarcelado.
 
Hablando de las cámaras, otra razón por la que no me salvé antes causó un despido. Normalmente, un empleado se encarga de ver los videos de seguridad en vivo para informar sobre alguna actividad irregular o una posible pelea o ataque. Esa vez, al haber sido durante el receso del mediodía, el responsable de las grabaciones salió a buscar a su hija del colegio.
 
Ese no fue el del error, sino el siguiente.
 
El suplente, quien se reportó antes de la partida del primero, aparentemente no había almorzado en su casa por lo que se presentó totalmente hambriento en el trabajo. Su horario era corto, no más de una hora mientras su compañero iba a recoger a su hija, la dejaba en casa y compraba su comida. No más de media hora, tiempo soportable, más si su colega portaría alimentos que fácilmente podría brindarle al volver.
 
Él no se aguantó.
 
Faltando alrededor de veinte minutos para el fin de la hora libre de las doce, la más peligrosa de todas al contar con el mayor número de incidencias, de paso, abandonó su salón y se fue a comer. Quizás no hubiese sido tan grave, se entiende que uno no pueda pensar bien aguantando hambre, pero en el momento en el cual dejó el lugar, ya estábamos en el gimnasio, “ejercitando”, pero estábamos en el gimnasio. Eso dio con una omisión bastante importante: tal parece que los vigilantes tenían el comunicado y la orden de no quitar la vista de encima de la cámara del gimnasio si Jason y Joseph se encontraban ahí con sólo una persona más.
 
Qué mala suerte, ¿verdad?
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Emily Rawson el Jue 19 Jun 2014, 2:48 pm

Leí el capítulo viendo Uruguay-Inglaterra....AY QUE PARTIDO POR DEO!
En este momento van 2-1 (gana Uruguay (; )
Pero vaya a saber cómo van los resultados...

Ahora sí, sobre Leo...POBRE CORAZÓN :'(
GRACIAS A DIOS, GRACIAS AL SOL, GRACIAS A LAS ROSAS, GRACIAS AL MUNDIAL, GRACIAS A MARC LEO ESTÁ BIEN. QUE BUENO QUE ÉL LO ENCONTRÓ Y LO SACÓ DE ALLÍ!

Aunque...malditos JJ!
"Matan por diversión"...Cuando Jason y el otro salgan de su celda acorralada...la de aislamiento...VAN A HACER PAPILLA A LEO :'(

Y ahora otra vez en enfermería...EN SERIO NO LES COSTABA NADA LLEVARLO AL HOSPITAL!

Marc y sus friends :3...No está Rex? Ahque jajaja.

Y lo del gimnasio -.- TODO POR CULPA DEL PADRE RESPONSABLE Y DEL HAMBRIENTO...aunque, siendo sinceros, si yo fuera el hambriento, me iba a comer cómo lo hizo xD

Ya va a venir la suerte para Leo...Ya va a llegar...Algún día...va a llegar...

En fin, publica pronto Angy :3

Cuidate, un besote!
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Vie 20 Jun 2014, 12:54 pm

@Emily Rawson escribió:Leí el capítulo viendo Uruguay-Inglaterra....AY QUE PARTIDO POR DEO!
En este momento van 2-1 (gana Uruguay (; )
Pero vaya a saber cómo van los resultados...

Ahora sí, sobre Leo...POBRE CORAZÓN :'(
GRACIAS A DIOS, GRACIAS AL SOL, GRACIAS A LAS ROSAS, GRACIAS AL MUNDIAL, GRACIAS A MARC LEO ESTÁ BIEN. QUE BUENO QUE ÉL LO ENCONTRÓ Y LO SACÓ DE ALLÍ!

Aunque...malditos JJ!
"Matan por diversión"...Cuando Jason y el otro salgan de su celda acorralada...la de aislamiento...VAN A HACER PAPILLA A LEO :'(

Y ahora otra vez en enfermería...EN SERIO NO LES COSTABA NADA LLEVARLO AL HOSPITAL!

Marc y sus friends :3...No está Rex? Ahque jajaja.

Y lo del gimnasio -.- TODO POR CULPA DEL PADRE RESPONSABLE Y DEL HAMBRIENTO...aunque, siendo sinceros, si yo fuera el hambriento, me iba a comer cómo lo hizo xD

Ya va a venir la suerte para Leo...Ya va a llegar...Algún día...va a llegar...

En fin, publica pronto Angy :3

Cuidate, un besote!
No sabes cuánto tuve que aguantarme ayer responder este comentario, en serio. Tenía demasiado apuro en unas láminas y no me decidía si responder o si dibujar, mi lado responsable ganó y pasé HASTA LAS DOS DE LA MAÑANA en las benditas láminas   te odio dibujo técnico, soy tan feliz de que en menos de tres semanas te acabaré y jamás volveré a verte :)


*a lo que iba*


También estaba viendo el juego! Y vaya, Inglaterra está fuera también! Y COSTA RICA CLASIFICÓ PRIMERO CUANDO SE CREÍA QUE ERA EL QUE MENOS PODÍA PASAR    ahora Italia y Uruguay tienen que vérselas entre ellos y los dos me gustan y el que pierda queda fuera T.T Este mundial está rarísimo, en serio.


*Anécdota rara de ese juego* No vi el primer tiempo porque:
1) colegio, salí cuando el juego llevaba 15 minutos.
2) Le di la cola o sea, dar la carrera/aventón/llevar a su casa a una amiga, y aquí lo que pasó: llegué a mi casa cuando iban como por el minuto 36, pero no definitivo porque era que tenía que buscar una hoja rosada que le iba a dar a mi amiga mi casa queda camino a la suya y por eso paramos para que hiciera la portada del trabajo de las láminas esas, el televisor estaba prendido en el partido y me puse a verlo, iba 0 a 0 en ese momento. Recordé que estaban esperándome afuera   así que decidí salir. JUSTO CUANDO CERRÉ LA PUERTA URUGUAY METIÓ EL GOL!!!!  :wut: 


Gracias a las rosas y gracias al mundial  :xd: 
Eso ya lo veremos, no me decido aún cómo haré ese mes   
Casos de emergencia, irá a saber qué es emergencia para ellos que no llevaron a Leo  
Sí, sí está Rex, no lo dejaron solo con Paula   
El hambre le gana a todo, nada puede con ella   


Lo próximo será MQCDP, está EXTREMADAMENTE abandonada, y ya empecé el capítulo y creo que es corto es uno que no me gusta tanto así que no tardará mucho más :P 
:bye:
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Dom 22 Jun 2014, 9:31 pm

Capítulo #19.


Exceptuando por algún paro que tuve por el cardioma, probablemente esas dos semanas –o al menos por ahí calculo por lo poco que podía ubicarme en el tiempo- fueron de las más tranquilas.
 
Creo que fueron dos semanas, me parece que hubo dos días de limpieza en ese tiempo, dos domingos. Bueno, el punto es que la cantidad de días que hayan sido fueron más calmados.
 
¿Hubo algún momento que no fue tan así? Claro, un impredecible en prisión no puede mantener la calma por mucho, más acercándose esas fechas.
 
Me refiero a diciembre, un mes que definitivamente es mi favorito. Es el último del año, el número doce, el cierre del año y el inicio de la bienvenida del siguiente. Puede que en ese mes suela sucederle algo a un Molander, casi nunca ha habido un año en el que diciembre no haya sido accidentado para alguno de nosotros, pero me encanta.
 
Es decir, ¡hay demasiadas fechas! Muchas celebraciones, reuniones, adornos, regalos, canciones, y sobre todo lo mejor: vacaciones. Estando en otra parte, podría dormir cuanto quisiera -¿se esperaba otra cosa? Siempre celebro poder descansar-. Estando preso da igual, así que pasaré esto por alto.
 
A lo que iba, aquí el recuento de por qué me gusta tanto diciembre:
 
1) El primero es mi cumpleaños -¿hace falta que lo explique?
2) A mediados del diez eres libre hasta después del Día de Reyes –aunque de nuevo, esto no cuenta en la cárcel.
3) A partir de ese día se empieza a decorar –me encanta tanto que incluso soy voluntario a ayudar en otras casas.
4) Eres libre de elegir lo que quieres hacer: viajar, quedarte en casa, ir a visitar a tu familia o lo que sea –otra que no cuenta en prisión.
5) Comprar regalos y comida -¿gastar dinero? La gran cosa.
6) Recibir regalos y comer –mentiroso el que no incluya esto aunque no le guste la Navidad.
7) Nochebuena y Navidad –la razón seis entra en parte en la explicación de esta.
8) Noche Vieja y Año Nuevo –todas sus costumbres, desde las uvas que no entiendo cómo se supone que se comen doce con las campanadas hasta los fuegos artificiales.
 
En fin, para mí es una época divertida. Vuelvo a ser un niño, me emociono demasiado. No me aburre ni me fastidia eso de estar con la familia, más bien me agrada. Somos una familia pequeña, en realidad, con decir que Marc y yo somos los primeros hermanos que ha habido del lado Molander lo digo todo, y aun así es difícil que estemos todos juntos, así que los días navideños son de los pocos en los que nos vemos y por eso es que me gusta esa parte.
 
No poder disfrutar de todos esos momentos me estaba perturbando. Ni siquiera iba a poder pasar un buen cumpleaños, ¿qué sería del resto?
 
Me centraré en la primera fecha de todas. El día número uno del mes doce es el día en el que se celebra el nacimiento de este que está narrando. Ese año en específico iba a cumplir veinte, de paso. Un número que me hubiese encantado festejar lo pasaría encerrado de lo más bonito.
 
Ni siquiera llevaba bien la cuenta de cuánto faltaba para el primero, saber la fecha exacta estando encarcelado es algo complicado. Fue por una de las visitas que me hicieron que recordé que mi cumpleaños estaba a pocos días de llegar. Calculé que tocaría un miércoles, así ya no se me olvidaría. Contaría los días de limpieza y les agregaría tres más.
 
Me decían que irían a visitarme durante varias de las fechas para que no me sintiera tan solo, me rehusaba a aceptar, no quería que desperdiciaran su tiempo en alguien que no merecía regalos esa vez. De todos modos, no me hacían caso e iban algunos, alegrándome un poco al comprobar que mis teorías de las primeras semanas eran falsas: no todo el mundo me abandonaría.
 
A diferencia de lo que imaginé, no fue tan malo ese día. La visita en la que hasta Rex, el perro de mi hermano estuvo fue entretenida sin importar lo corta que se me hizo. Unos minutos de distracción al día eran suficientes para estar alegre hasta acostarse en un lugar así.
 
Eso sí, el día siguiente tuvo un incidente totalmente inesperado que menos mal –y que por poco- no se llevó a cabo en mi cumpleaños.
 
Cerca de la hora del almuerzo, recibí una visita doble también inesperada, aunque eso no es a lo que me refiero arriba, igual cuenta al tener un poco que ver.
 
Eran Diana y Daniela, ambas amigas mías desde pequeño, siendo la segunda la que tomó el mayor puesto antes y la primera la que aún guardaba contacto conmigo desde antes de ese día y de las que me había visitado antes junto a Marc. Fue una sorpresa, nunca había recibido una visita en la que mi hermano no estuviese, y más cuando Daniela era algo así como decir su reemplazo.
 
Jamás me hubiese esperado verla, no porque consideraba que ella sería del grupo que se alejaría de mí, sino porque vivía en Nueva York desde hacía años y no creía que se enteraría. No se vio incómoda ni nada, un alivio más. Haber perdido a una amiga como ella habría sido un golpe demasiado fuerte.
 
Estábamos conversando tranquilamente hasta que a ella se le ha ocurrido incluir este tema.
 
—¿Qué les gustaría hacer? Quiero decir, en unos cuantos años y cuando estés libre.
 
—Yo sigo insistiendo que ni idea —ese fui yo.
 
—A mí me gustaría encontrar la cura de alguna enfermedad —olvidaba decir que Daniela se fue a Nueva York para ser doctora. En ese entonces, era residente creo que de segundo año—. Siendo de Cardiología, me gustaría alguna que tenga que ver. Hace poco, una compañera tuvo un caso de esa enfermedad que hace que den muchos paros y en uno se forma un tumor. ¿Saben cuál es?
 
Definitivamente sí.
 
Me quedé callado para prestar mucha atención a la explicación que venía.
 
—Bueno, ella me contó que nadie ha logrado vivir a eso porque o no soportan tantos paros o porque como el tumor crece muy rápido una vez formado, o no se puede sacar o se infecta la sangre, y si se saca, el paciente se desangra. Bueno, me gustaría encontrar la cura de eso.
 
Sí, está hablando del cardioma.
 
Diana, por su parte, reconoció la enfermedad mas no recordó su nombre, por lo que agregó un poco de información que Daniela afirmó era cierta, información que yo ya sabía, no por haberla escuchado o leído por casualidad, sino por ser uno de esos candidatos a morir sin remedio.
 
—Es el cardioma, ¿no? —participé de una vez, no por comprobar una duda, sino por decir algo y no parecer tan raro al no hablar.
 
—Esa misma —asintió—. ¿Es que tú te imaginas? Pasar hasta cinco años soportando el montón de paros, porque te digo que los pacientes dicen que los síntomas antes de un paro son horribles y que llegan de repente, y que luego de sufrir todo eso morir sin ningún otro remedio debe ser espantoso.
 
¿Cómo pudo retratar todos y cada uno de los detalles de tener cardioma? Lo sé, es doctora en esa área, pero fue demasiado acertada como para no haber tenido un paciente antes.
 
—No me lo imagino —la conversación se estaba tornando incómoda. No quería decir tan fácilmente que yo padezco de cardioma, no quería decirle en absoluto. Debía disimular que no estaba para nada afectado—. ¿Al menos se sabe cómo se transmite eso? —era mi oportunidad de responder algunas preguntas. No se vería tan interesado, sería sólo curiosidad del momento.
 
—Aún no se sabe muy bien —quedé en las mismas. Dijo algo sobre una posible característica hereditaria, pero era una simple teoría.
 
—Sería muy bueno que descubrieras una cura. Salvarías a mucha gente —ella escuchó de mí sin saber que entre “mucha gente” me incluía a mí mismo.
 
—Por eso es que quiero. Esa enfermedad es un poco rara pero últimamente se ven más casos. Apenas me asciendan a cirujana empezaré a investigar más. Espero que a ninguno le dé eso antes de que descubran la cura, no quiero perderlos.
 
Eso fue el colmo. Se sintió extremadamente horrible. Era como si me hablase indirectamente. Por primera vez sentí el impacto de querer mantener mi enfermedad en secreto.
 
—Ni después —completó Diana.
 
—¡Claro! Ese sufrimiento no se lo deseo ni a mi peor enemigo
 
—¿Así de horrible es? —continué con mis preguntas por comentar algo y no por no saber.
 
—Sí. He visto a varios pacientes, los pobres sufren demasiado y todo en vano. Sufrir tanto en los últimos años de vida, no me lo imagino.
 
—Creo que te dolería mucho que a un amigo le diera eso —no sé cómo hice para no mostrar ni una señal de dolor. Me estaba hiriendo sin darse cuenta, todo por no contarle la verdad, así que la culpa sería mía a fin de cuentas.
 
—Ni te imaginas cuánto. Ver a alguno de ustedes sufrir tanto me partiría el alma en mil pedazos. Y con cualquier otra enfermedad grave igual. Ver cómo se desvanece alguien a quien quieres demasiado sin poder hacer nada para evitarlo es muy duro.
 
—Eso es muy cierto, es de lo peor, sobre todo si un poco antes todo estaba perfectamente bien —punto y final. Con eso que dije se dieron cuenta de que la cosa me estaba recordando a la época en la que mi vida comenzó a irse en picada. Debían cambiar el tema lo más rápido posible.
 
¿Quién lo diría? Una de mis razones principales para mantener el cardioma como algo personal es la de evitar que mis más apegados se entristezcan, e irónicamente terminó lastimándome más de lo que creí.
 
Sin embargo, esta no fue la situación totalmente inesperada que agradecí no ocurrió en mi cumpleaños.
 
Pocos minutos después, cuando Diana y Daniela ya se estaban yendo porque su tiempo se había agotado y porque de todos modos la hora del receso estaba a punto de comenzar, el timbre sonó y cada uno salió de su celda a almorzar.
 
O al menos eso era a lo que se suponía debían salir.
 
Era la rutina. Sonaba el timbre, ibas a la cafetería a buscar una bandeja y el resto era elegir qué se veía digerible. No sé qué fue lo que pasó esa vez, pero antes de que lograse llegar ahí, una pelea se había originado ya en el lugar. Era como si hubiese estado planeada. Una alarma distinta a cualquiera que había escuchado antes resonaba por todo el establecimiento.
 
Una pelea era señal de “aléjate de inmediato”. Recién me había recuperado de la anterior hacía una semana, no me iba a meter en otra y de mucha más gente, una en la que si no me mataban, de veras que de alguna manera soy casi invencible. Tan pronto como vi a la multitud, hui hacia el lado contrario, donde me encontré a Diana y a Daniela de nuevo. ¿Qué hacían aún adentro? Era demasiado peligroso, incluso cuando una de ellas era detective.
 
Me preguntaron qué pasaba, estaban tan perdidas como yo. Escucharon la misma alarma y por eso se devolvieron a ver qué pasaba. Temerarias, quién sabe lo que podían ser capaces de hacerles si las cachaban.
 
Luego llegó Harold a solicitar la ayuda de Diana, la conocía un poco así que confiaba lo suficiente como para pedirle algún tipo de apoyo. No sé qué hicieron exactamente, aunque sí me lo imagino.
 
No lo sé porque me estaba alejando aun más cuando fui atraído a una posible pelea aparte.
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Jue 03 Jul 2014, 2:46 pm

Capítulo #20.


¿Qué debo hacer ahora?
 
Es algo estresante cuando intentas huir de una situación y terminas cayendo en exactamente lo mismo como si eso estuviese escrito con tinta permanente en tu destino.
 
Rebobinando, recién había salido a almorzar y me encontré con una pelea en la cafetería, por lo que debía alejarme lo antes posible para no acabar en medio de ella, pero de todos modos me llevaron a otra parte en la que seguramente me esperaba algo similar.
 
En el interior de una sala a la que jamás había entrado hasta ese día, una que prácticamente estaba vacía como si estuviese en remodelación o por ser desmantelada, me enteré de que no fue cualquiera el que me apartó del montón. Quizás he debido decir “no fueron”, porque para mi sorpresa y casi desgracia, Jason y Joseph eran los autores de dicho aislamiento.
 
Espera… ¿Ellos no eran los que estaban aislados?
 
Lo primero de lo que me pude dar cuenta fue de lo ilógico del momento. Ellos no habían cumplido el tiempo en solitario, aún les faltaba como la mitad del castigo y de la nada aparecían caminando por los pasillos como inocentes, por así decirlo. Los reincidentes una vez adentro de la cárcel iban situados más arriba, no en el primer piso. ¿Cómo lograron escapar?
 
—¡¿Y ustedes no estaban aparte?!
 
—Estábamos, tú lo has dicho.
 
Era mi manera de preguntar disimuladamente cómo hicieron, cosa que nunca descubrí. No me lo dijeron, no me enteré. Simplemente hallaron un método para infiltrarse.
 
—¿Saben que si los encuentran, van a alargarles la…?
 
—Sí, sí —Joseph me interrumpió con mofa, incluso cuando lo que decía era de su conveniencia y no de la mía. Ahora que lo pienso, ni siquiera sé para qué iba a advertirles si era mejor que los dejaran más tiempo alejados de mí—, soy el educado de este lugar.
 
—Yo sólo quiero salir lo más pronto posible de aquí y meterme en problemas no me conviene —no debo meterme en problemas, mi lema a seguir desde el primer día, el mayor consejo que Marc pudo darme, ese que debía seguir al pie de la letra.
 
—Pues nosotros haremos eso.
 
—Nos enteramos de que sobreviviste y nos delataste, así que nos engañaste.
 
—Te hiciste el muerto para que te dejáramos.
 
—Realmente, el timbre me salvó, porque ustedes siguieron ahorcándome —actué con normalidad, pero sí me extrañó que supiesen de eso. A lo mejor les contaron cuando les explicaron por qué los metieron al aislamiento, ¿pero con tantos detalles?
 
—Como sea, nos delataste.
 
—¿Qué querían, que dijera que me golpeé solo? —sí claro, sobre todo. Puede que sea impredecible, mas a ese nivel de locura no llego, no tan fácilmente.
 
—No, que te quedaras ahí sin hacer ruido.
 
—Claro, ¿y dejarme matar? Nunca.
 
—¿Acaso no pediste que te ejecutaran cuando…?
 
—Sí, pero era porque estaba bajo un brote —¿y cómo sabían eso también? Me estaban dando miedo.
 
No respondieron. De seguro creían que yo tenía tendencias suicidas cuando era todo mentira, por lo que se quedaron en blanco al notar la falsedad de sus teorías. Sólo había pasado una vez para esos días. De haber pasado un año luego, quizás les daba por cierta a medias la creencia, aunque para esas fechas ya les sería imposible por más de una razón lógica.
 
El silencio me estaba fastidiando, así que, por raro que suene, me puse a cantar cualquier canción que se paseó por mi memoria en el instante. Suelo hacer eso cuando me aburro, quizás por eso no me parezca tan extraño. No intenté escapar porque ellos daban hacia la puerta.
 
—Cantas bien, ¿eh?
 
—De seguro no quieres que a esa voz le pase algo, ¿cierto?
 
—Cierto… —típica preocupación falsa que me levanta sospechas.
 
—Entonces no grites, eso te pondría afónico.
 
—¿Y qué tiene que ver? Yo ya sé eso —mejor de lo que imaginaban. Una vez llegué a creer que jamás volvería a hablar en mi vida porque mi voz se desvaneció de un momento al otro por ponerme a gritar con la garganta no muy bien que digamos.
 
—Sólo te avisábamos para que no grites ahora.
 
—Oh no, no de nuevo… —y como lo pensé, sus intenciones eran poner en acción sus puños.
 
¿Querían rematarme? ¿Revancha? ¿Nueva oportunidad para terminar lo que no pudieron semanas atrás? ¿Escaparon especialmente para completar lo que los encerró ahí? La lógica de algunos sinceramente me abruma.
 
—Nos encontrarán, ya verán.
 
—No necesariamente. No hay oficiales.
 
—Eso es lo que creen —me basé en mi idea de que quizás Diana llamó a sus compañeros para reforzar a los pocos oficiales. De alguna manera los intimidaría.
 
—¿Ah sí? Oye, ¿a ti no te da pena que tu hermano sea policía, tu papá abogado y que tú estés preso?
 
—¡¿Cómo sabes de ellos?! —miedo, miedo de verdad. Sabían demasiado de mí y no tenía idea de cómo.
 
—Tu padre fue el abogado fiscal de nuestro juicio —finalmente, finalmente había hallado la explicación a todo.
 
—Ya veo porqué me odian tanto. Ya que no le pueden hacer nada a él, se desquitan conmigo.
 
—Es posible.
 
El abogado fiscal es el que va a favor de la policía, ese que lucha por la condena del acusado, el contrario al defensor el cual negocia la libertad de su cliente. Mi papá, como creo que he mencionado antes, es de los abogados fiscales más destacados por aquí y por eso es que todos reconocen a un Molander con sólo escuchar su nombre. Su promedio de casos exitosos es bastante alto, un perfil excelente, ninguna mancha personal, jamás se ha visto en medio de una controversia a pesar del puesto que ejerce. En general, es muy respetado por muchos, incluso por aquellos que sólo lo conocen por artículos del periódico.
 
Ahora que lo recuerdo, papá tuvo un caso bastante importante hace dos años, el tiempo concuerda con el que llevan ellos presos. Piensa, piensa, piensa, ¿algún caso de unos hermanos asesinos te suena conocido? Hace algo más de dos años me encontraba en la última etapa de mi primera fase depresiva, el caso se llevó a cabo dos meses antes de que mamá cumpliese un año muerta…
 
Me acuerdo de que estaba muy dentro de él, de verdad deseaba cerrarlo con broche de oro porque un dúo llevaba meses atemorizando a la ciudad, no podía permitir equivocarse. Ganar o perder el juicio tendría un gran significado: la superación. Papá llevaba meses sin hacerse cargo de un caso de tanto nivel, ese sería su primero desde que enviudó, por lo que muchos ya estaban a la expectativa. Algunos creían que no lo lograría porque su inactividad y su falta de práctica de las semanas anteriores harían efecto, otros aseguraban que Carlos Molander seguiría siendo el mismo que jamás fallaba en encerrar a los verdaderos culpables de crímenes de portada.
 
Poniéndole mucho empeño y estudiando cada detalle, papá fue capaz de completar exitosamente su primer caso importante en meses, saliendo en exclusivas la condena de los hermanos Conrad, asesinos de al menos diez personas identificadas en el tiempo previo a su captura.
 
¿Acaso son ellos los hermanos Conrad que mi papá tanto estudió para lograr apartarlos de la sociedad y que tanto celebró al saber que ya no tendrían derecho a la libertad?
 
En qué lío estaba. De ser eso cierto, la razón por la que tanto insistían acabar conmigo era por alguna clase de venganza. Al serles imposible aunque fuese lastimar a mi papá lo suficiente como para dejarle un moretón, se irían por la segunda opción: atacar a sus cercanos, en este caso, a su hijo, metiéndose así indirectamente con él.
 
Ellos vieron mi pulsera de interno, de inmediato supieron quién era yo por mucho más que sólo leer mi nombre y aprendérselo. Me identificaron como el menor de la línea familiar de aquel que los metió presos, aquel que acabó con su diversión de acabar vidas libremente y cuando se les antojara. Debían aprovechar la oportunidad, ¿qué mejor que herir a los allegados de tus seres despreciados? No sólo herir, matarlo, así sería para más colmo, pagándole al que te prohibió con eso que creía jamás cometerías de nuevo.
 
Quizás yo no sea el punto débil de mi papá, porque puedo asegurar que Marc sí lo es, pero un hijo es un hijo, por más que no hayas querido aceptarlo al principio. Si alcanzaban su objetivo, las consecuencias serían altas desde muchos puntos de vista.
 
Dio la casualidad de que también soy impredecible, para rematar. Si por el simple hecho de ser Molander ya tendrían algo en mi contra, siendo impredecible estaba prácticamente perdido. Dos motivos por lo que los JJ osarían de matarme sin remordimiento.
 
Regresando a lo que iba, a pesar de que ya sentía sus puños golpeándome de vez en cuando, ninguna pelea se había formado. O se estaban tomando su tiempo, o sólo querían asustarme; o se preparaban para un ataque más fuerte, distrayéndome para hacerme creer que no pasarían a la gran cosa.
 
Me parece que la última fue la verdadera intención, porque de repente intensificaron la situación. Esta vez, les di una pequeña sorpresa: contraataqué.
 
Resulté no estar tan por las nubes como planeaban, así que mi defensa fue exitosa porque a la final fui yo quien los tomó por desprevenidos.
 
Poco a poco, los golpes de ambos lados se multiplicaron, siendo un dos contra uno en realidad parejo, aunque sea difícil de creer. Llegó un momento en el que incluso los detuve con mis brazos extendidos hacia los lados, sólo que salió mal porque uno de ellos me lo dobló.
 
—¡Mi brazo! —exclamé al agarrármelo donde dolió—. ¡Ya verán lo que haré!
 
—¡Ay, qué miedo! Mira cómo tiemblo… —se burló de mi tono enojado, momento perfecto para empujarlo contra la pared—. ¡Oye!
 
—¡¿Cómo te atreves a reclamar por algo insignificante en comparación a lo que me han hecho?! —¿chocar de repente la espalda con una pared? La gran cosa.
 
—¡Pero no te enojes!
 
—¡¿Cómo quieres que no lo haga?! —hablé con un tono bastante elevado, lo suficiente como para decir “gritando”.
 
—Creo que tiene un brote de enojo —uno comentó al otro.
 
—Oh no…
 
A partir de ahí, lideré la riña por completo. Lástima que no duró mucho, de golpe estaba entre la puerta y la pared.
 
—¡Policía! ¡Paren la…! —aviso de Marc interrumpido por mi grito de queja—. ¿Te aplasté?
 
—¡¿Tú qué crees?! ¡Abre la puerta! —error. Algo que jamás debes hacer por tu bien: pedirle a Marc que te abra la puerta si por alguna razón te golpeó con una al abrirla. Nunca, nunca se debe cometer esa estupidez—. ¡No! ¡Ahora me aplastas más!
 
—Dijiste que la abriera.
 
—¡Me confundí! ¡¿OK?¡ ¡Ciérrala un poco!
 
—Ya lo hago —otro error a tomar en cuenta: nunca solicitar cerrarla “un poco”. Exagera lo diminuto de la cantidad.
 
—¡No la cerraste!
 
—¡Calma! ¡Dijiste un poco!
 
—No te tiro la puerta porque eres policía y me amonestarían —en serio, de haber pasado en casa, mi hermano ya hubiese estado contra el piso desde hacía rato por haberle devuelto el juego.
 
—¿Qué te pasa?
 
—¡Nada! Sólo abre…
 
—Ok —más errores: de nuevo, ni se te ocurra, ni siquiera pienses en pronunciar “abrir”. Apenas la percibe, estás aplastado.
 
—¡¡Ah, no, cierra la puerta!!
 
—Ustedes dos parecen niños —opinó Matías, uno de los compañeros de equipo de Marc.
 
No mucho después de eso, al fin me dejó salir de ese espacio apretado.
 
—Ya ibas a dejarme plano como una hoja.
 
—Imposible. Arresten a los…
 
—Ya —Alex, su otro compañero, y Matías respondieron al unísono, sosteniendo a Jason y a Joseph cada uno.
 
—¿Eh? Pero… —se confundió—. ¿Cuándo lo hicieron?
 
—Mientras peleaban —el precio de distraerse por echarle broma a su hermano, ¡ja!


En fin, terminé siendo parte de una pelea más pequeña, pero lo fui cuando mi plan original era escapar de eso. Por suerte, quedé a salvo, nada grave me pasó como la vez anterior, y en cuanto a ellos, su tiempo en las celdas de aislamiento fue alargado por fugarse y meterse con alguien en el proceso. Mejor para mí, eso se traducía en más días para disfrutar la tranquilidad de no soportar a esos asesinos en serie que ahora sabía concretamente sus fundamentos para querer hacer de mí su siguiente víctima.
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Emily Rawson el Vie 04 Jul 2014, 6:41 am

Capítulo 19:


Diana y Daniela :3

Yo también amo diciembre, mejor dicho AMO LAS VACACIONES DE VERANO. El mes me da igual, ahque. 

Que feo, tu cumpleaños y ahí encerrado con cardioma y escuchando a tu amiga doctora hablando sobre eso...

Se me partió el alma cuando le dijo sobre el cardioma y que la gente moría, y que casi no habían sobrevivientes a la enfermedad.

Shoro. Shoro. Shoro y shoro.

Pobre Leo :'( 

NOMBRASTE A REX EN EL CAP, ASÍ SE ESTE SERÁ MI NUEVO CAP FAVORITO (?)


Capítulo 20


MALDITOS JJ, siempre obteniendo alguna idea para escapar. No pueden, además, tanto odio le tienen al padre de Leo que son capaces de matarlo...

Pobre. De nuevo, shoro, porque, ay, shoro. Shoro y shoro, es como que la muerte lo persigue. :'( 

AL MENOS APARECIÓ MARC! Y pudo, o trato (ya que con la puerta se hizo tanto lío xD) de sacarlo de ahí.

A los JJ deberían encadenarlos, no sé. Son capaces de escaparse de nuevo, es así -.-

Respuesta a tu respuesta anterior, ue


ESO ES TAN TÍPICO!
TE DAS VUELTA, NO LE DAS PELOTA AL PARTIDO. Y HACEN UN GOL.
En el partido de Suiza-Argentina, me puse a charlar con una amiga de la nada y de pronto: GOOOOOOOOOOOOOL. Al menos vi la repetición x3

Hoy empiezan los cuartos de final! VAMOS COLOMBIA. INSISTO. 
Si me dan a elegir Alemania o Francia, creo que eligo Francia. Alemania son de sacarnos del mundial muy seguido :c
Bueno y entre Brasil y Colombia...Ya sabes la respuesta.

Okey, el sábado se viene Costa Rica y Holanda, y a pesar de que Holanda tenga jugadores tan pero tan tan tan buenos y que todos amen Holanda y que Holanda sea naranja y que en Holanda se filmó Bajo la misma estrella y a pesar de que Holanda sea precioso como país, voy a alentar a Costa Rica. Vamos latinoamerica, wi :)

Bueno, y el último que quedaría en cuartos: Argentina-Bélgica. 
TENEMOS QUE GANAR. NO SÉ QUE HAGO SI ARGENTINA SE VA. Bélgica está jugando muy bien. Pero tenemos que ganar, insisto. Tenemos. Que. Ganar.

Bueno, me habías dicho que te fue excelente con los dibujos! Así que! Felicitaciones! Hay que dibujar los músculos y el corazón bien!

¿Ya empezaste con las vacaciones o te queda una semana? Ya perdí la cuenta, lol.

En fin, siguela pronto :)

Besitos y cuidate!
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Vie 04 Jul 2014, 12:52 pm

@Emily Rawson escribió:Capítulo 19:


Diana y Daniela :3

Yo también amo diciembre, mejor dicho AMO LAS VACACIONES DE VERANO. El mes me da igual, ahque. 

Que feo, tu cumpleaños y ahí encerrado con cardioma y escuchando a tu amiga doctora hablando sobre eso...

Se me partió el alma cuando le dijo sobre el cardioma y que la gente moría, y que casi no habían sobrevivientes a la enfermedad.

Shoro. Shoro. Shoro y shoro.

Pobre Leo :'( 

NOMBRASTE A REX EN EL CAP, ASÍ SE ESTE SERÁ MI NUEVO CAP FAVORITO (?)


Capítulo 20


MALDITOS JJ, siempre obteniendo alguna idea para escapar. No pueden, además, tanto odio le tienen al padre de Leo que son capaces de matarlo...

Pobre. De nuevo, shoro, porque, ay, shoro. Shoro y shoro, es como que la muerte lo persigue. :'( 

AL MENOS APARECIÓ MARC! Y pudo, o trato (ya que con la puerta se hizo tanto lío xD) de sacarlo de ahí.

A los JJ deberían encadenarlos, no sé. Son capaces de escaparse de nuevo, es así -.-

Respuesta a tu respuesta anterior, ue


ESO ES TAN TÍPICO!
TE DAS VUELTA, NO LE DAS PELOTA AL PARTIDO. Y HACEN UN GOL.
En el partido de Suiza-Argentina, me puse a charlar con una amiga de la nada y de pronto: GOOOOOOOOOOOOOL. Al menos vi la repetición x3

Hoy empiezan los cuartos de final! VAMOS COLOMBIA. INSISTO. 
Si me dan a elegir Alemania o Francia, creo que eligo Francia. Alemania son de sacarnos del mundial muy seguido :c
Bueno y entre Brasil y Colombia...Ya sabes la respuesta.

Okey, el sábado se viene Costa Rica y Holanda, y a pesar de que Holanda tenga jugadores tan pero tan tan tan buenos y que todos amen Holanda y que Holanda sea naranja y que en Holanda se filmó Bajo la misma estrella y a pesar de que Holanda sea precioso como país, voy a alentar a Costa Rica. Vamos latinoamerica, wi :)

Bueno, y el último que quedaría en cuartos: Argentina-Bélgica. 
TENEMOS QUE GANAR. NO SÉ QUE HAGO SI ARGENTINA SE VA. Bélgica está jugando muy bien. Pero tenemos que ganar, insisto. Tenemos. Que. Ganar.

Bueno, me habías dicho que te fue excelente con los dibujos! Así que! Felicitaciones! Hay que dibujar los músculos y el corazón bien!

¿Ya empezaste con las vacaciones o te queda una semana? Ya perdí la cuenta, lol.

En fin, siguela pronto :)

Besitos y cuidate!
Me desorienté con lo de vacaciones de verano hasta que recordé que en Argentina es al revés, je... En mi caso, vacaciones de Navidad (? sólo duran tres semanas, pero nah, SON VACACIONES  baba 


Cada vez que Rex aparexca será una celebración :'D
ok, me vengo dando cuenta de un error de tipeo pero lo dejaré por lo cómico que queda ahí, a ver si lo notas


FRASE PARA ENMARCAR, "es como que la muerte lo persigue", bien pensado   
Marc también sería otra celebración aunque no tan grande como la de Rex! :'D que por cierto le conté a Sara lo de "de que Marc debía estar re bueno" y también le dio risa pero concordó con la teoría   
*Momento Paula* Los JJ no deberían ni estar en el mundo    *fin del momento Paula*


Justo en el partido de ahorita le pasó eso a mi tío, pero es que también, CÓMO VAS A VOLTEAR CUANDO VAN A HACER UN TIRO LIBRE!? En su defensa, "los alemanes no son buenos en los tiros libres". DE TODOS MODOS, N O DEJAS DE VER JUSTO EN ESE MOMENTO, ES COMO DEJAR DE VER UN PENALTI!


De los cuartos, en este me daba medio igual, me gusta Alemania pero tampoco es que les ligue, si ganaba Francia estaba bien. Brasil-Colombia, Colombia necesita ganar   aunque me da miedo que sería Alemania vs Colombia luego. Holanda-Costa Rica, POR QUÉ, POR QUÉ HOLANDA TIENE QUE JUGAR CONTRA PAÍSES QUE TAMBIÉN QUIERO QUE PASEN!?   creo que S U F R I R É el año que Venezuela clasifique al mundial tus razones, me ha dado risa. Agregando todo eso que medio concuerda con mis datos, hubo una época en la que no sé por qué rayos creía que mi segundo apellido venía de Holanda (? Creo que fue alguna confusión de que habrán mencionado a Holanda cuando pregunté eso y no sé, pero en serio yo juraba que era de allá y de la nada me entero que es de las Islas Canarias, que hasta hay UN PUEBLO QUE SE LLAMA COMO MI SEGUNDO APELLIDO EN UNA DE LAS ISLAS! Cualquiera que gane el partido está bien, sólo que cualquiera que pierda me va a doler   Bélgica-Argentina, ARGENTINA PORFIPLIJ!


Sacamos 19 no sé de dónde nos quitó el punto que quedaba, ese profesor nunca pone la razón cuando es 19    y no se dio cuenta del mega error que cometí cuando remarqué los nombres de las partes del corazón en tinta china eso es lo otro, Dibujo Técnico de 4to año es con tinta china, había puesto Aurícula derecha donde iba la izquierda, TE PODRÁS IMAGINAR MI PÁNICO INTENTANDO BORRAR LA TINTA! ERA LA ÚLTIMA PALABRA, DE PASO, LAS DOS DE LA MAÑANA, EL TRABAJO ERA PARA EL DÍA SIGUIENTE, NO IBA A HACER OTRO CORAZÓN, TENÍA QUE BORRARSE! Al final logré borrarla lo suficiente como para escribir "izquierda" arriba sin que se notara (a menos que detalles demasiado) el "derecha" abajo   
Y me queda UNA SEMANA, EN EXACTAMENTE UNA SEMANA SERÉ LIBRE HASTA OCTUBRE/ÚLTIMA SEMANA DE SEPTIEMBRE   aunque para mí contará desde el lunes porque el lunes es el último examen (si no hay recuperativo de física) del año y yo cuento desde que no me haga falta estudiar   


Ayer me la pasé el día entero escribiendo, en serio, y todo en MDUVM. Este cap y el siguiente hasta que vi que era la una y no me había acostado y si no me apuraba sólo dormiría cuatro horas, je que también lo adelanté bastante y seguiré hoy capaz publique rapidísimo como tú en SDLD, estaba demasiado inspirada y además es un capítulo que llevo planeado hace tiempo  


Bye!
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Sáb 05 Jul 2014, 10:07 pm

Capítulo #21.


Me dan unas ganas de matarme… No literalmente, nada de qué alarmarse, pero en serio, ¡¿qué me ha pasado?! Simplemente no, imposible perdonarme, totalmente imposible.
 
Me he enfocado tanto en las peleas, discusiones y desgracias que me he olvidado por completo de lo bueno, de lo rescatable. He saltado lo que cambió el curso de mis días preso con un descaro que no merece perdón de nadie, ni siquiera creo poder disculparme yo mismo. Aun así, voy a tomar el atrevimiento de pedirlo.
 
No importa dónde estés ahora, desde donde sea que te encuentres en la inmensidad de este mundo, por favor, por favor, por favor, perdóname por pasarte por alto tan horriblemente.
 
Puede que suene exagerado que casi esté muriéndome de culpa por haber dejado algo atrás, pero es que este es una clase de tema que me es inevitable ignorar. Lo digo porque fue muy importante y tuvo un papel determinante en lo que probablemente fue mi supervivencia.
 
Dicen que en la cárcel no tienes amigos, ellos no existen. Las alianzas son ideas de estúpidos e inadaptados que desconocen de la crueldad de la gente. Sólo eres tú y tu mundo, y si no eres lo suficientemente fuerte, estás frito. No hay lugar para los débiles. Pues, yo digo que esto no es del todo cierto. Es complicado, mas no imposible hacer amistades. Tener aliados te hace aun más resistente. Sólo debes buscar muy bien o tener mucha suerte.
 
La semana anterior a mi cumpleaños, recién me había recuperado de las heridas del intento de asesinato. Era la hora del almuerzo, una más que pasaba en solitario. A pesar de eso de que los amigos eran una especie extinta en prisión, todos comían agrupados en mesas, siempre los mismos en el mismo lugar y se les veía hablando como tales. Es más, el único que se quedaba solo era yo. Sin embargo, ese día noté algo bastante raro: no era el único solitario esa vez.
 
A unos cinco metros a mi derecha, un uniformado de naranja que jamás había visto se sentaba a solas en una de las mesas que daban con la pared. No sólo eso, además de la bandeja con “alimentos”, contaba con una especie de manual, el cual reconocí como el que te dan cuando ingresas por primera vez.
 
Un nuevo, con razón su cara no se me hacía conocida, y con razón se encontraba solo.
 
Volví a lo mío, debía llenar mi estómago para que no rugiera, sólo que era tan espantoso saborear aquello que pretendía ser carne. Los demás también distraían, todos fueron notando al nuevo, lo veían como a mí cuando caminé por los pasillos por primera vez: como examinando a su próxima presa, detallando cada uno de sus rasgos para concluir a base de ellos si aparentaba ser fuerte, débil, un líder o un pasivo.
 
En cambio, él ni se percataba de las miradas clavadas en su persona, o al menos eso daba a entender con su tranquilidad. Me sorprendió, admito que si a mí me hubiese tocado así, me habría muerto de nervios.
 
Pocos segundos luego, los pocos que no lo miraban le echaron un vistazo, y como buen curioso que no deseaba comer esa basura, paré y también dirigí mi vista hacia allá. Harold lo acompañaba, se sentó a su lado y abrió el manual. Supuse que eso era por la opción que decliné de que alguien me explicara su contenido.
 
De ahí, ya no le presté tanta atención. Al fin y al cabo que no me interesaba mucho, era uno más del montón que quebrantó la ley y fue capturado, y yo no era del tipo de acosar al novato.
 
Continué masticando la “carne” como en cualquier otro día, queriendo que se acabara tan pronto como fuese posible, no con mucho éxito, porque Harold llegó por mí cuando iba por la mitad. Se detuvo al frente de mí como si fuese a hablar conmigo.
 
—No sabía que dabas clases —me adelanté.
 
—Ah, sí. Me encargo del área B y de las orientaciones a los nuevos, que por cierto, no pediste eso.
 
—No, quise aprender por mi cuenta.
 
—¿Sabes? Creo que podrías llevarte con el nuevo.
 
—¿Llevarme bien? —arqueé una ceja—. ¿Por qué lo crees?
 
—Porque siento que así será. Ve a hablar con él.
 
—¿Por qué está aquí?
 
—Dejó morir a alguien —contestó con tranquilidad, a lo que yo levanté la otra ceja y lo miré fijamente.
 
—Ja, sí claro. Iré a conocer a otro más que podría irse en mi contra.
 
—Hey, no des prejuicios —regañó—. Ve y háblale.
 
—¿Por qué insistes tanto?
 
—Porque sé que se van a entender.
 
—Primero crees, después sientes y ahora sabes. ¿A qué le creo?
 
—Ah —bufó—, sólo ve. No pierdes nada.
 
—De acuerdo, sólo si así me dejas quieto.
 
Se quedó esperando a que hiciera algo.
 
—¿Qué? No iré justo ahora, se vería raro. Déjame comer aunque sea.
 
—Entendido. Me dices qué tal luego —se fue a seguir con su trabajo de vigilante.
 
Bien, Harold estaba muy, muy extraño. ¿A qué se debía tanta insistencia? Sólo era uno más, ¿qué podía tener de diferente? De paso, con lo que me dijo no es que me haya quedado una buena impresión. Incluso cuando no me dejo llevar tan frecuentemente por las primeras impresiones, ¿quién no se asustaría si le dicen que alguien dejó morir a otro?
 
Dejar morir, suena agrede, ¿no? A propósito, no lo planeabas así cuando ocurrió el accidente, pero decidiste abandonar a la persona a su suerte, la cual dictaba una obvia muerte. Esa es mi sinopsis para esas palabras. “Traición”, posible título de la trama.
 
Agradeciendo haber acabado el almuerzo, dejé la bandeja y me aproximé a la mesa donde el novato tomaba los últimos sorbos de su vaso de agua. Se percató de mí al dejar el mismo sobre la tabla, mirándome un tanto confundido.
 
—¿Quién eres tú? —frunció levemente el ceño.
 
Por favor, díganme que no está enojado.
 
—Leonardo, ¿y tú? —hice lo posible por sonar natural.
 
—Richard.
 
No pregunta más nada, ¿no quiere seguir la conversación?
 
—Veo que eres nuevo —señalé con un gesto al manual.
 
—Ah, sí… Me atraparon ayer, pero la cosa se complicó por algo que descubrieron al final. Por eso es que me vinieron trayendo hace como una hora.
 
—¿Y qué fue lo que hiciste?
 
—Alguien murió por mi culpa.
 
Cabeza baja, tono y declaración de culpabilidad. Suena a arrepentimiento.
 
—¿Por tu culpa?
 
—Sí… Fue más circunstancial que otra cosa. Verás, yo era bombero, como podrás haber sospechado por mi corte —recorrió su cabello rubio y corto con su mano.
 
—No, en realidad —interrumpí.
 
—Ah, cómo sea —le restó importancia—. Era bombero bajo cuidado porque en realidad no debí serlo por mi historial emocional. Me enojo con relativa facilidad y eso no era muy conveniente, pero de alguna manera aceptaron tenerme bajo vigilancia en un buen escuadrón. Era bueno, nunca tuve ningún inconveniente, hasta anteayer. Un incendio en uno de los edificios riesgosos, de esos que están marcados con un punto rojo en nuestro mapa de la ciudad. Todo iba bien, rescatamos a la gente que se había quedado atrapada, sólo que mi encargado de ese día quedó atorado al derrumbarse parte de las escaleras. Digamos que él y yo nunca nos llevamos, él sentía cierto desprecio hacia mí porque no consideraba que me mereciera el trabajo y que era un peligro y una carga para el equipo, así que todo el lunes estuvimos discutiendo. Al momento de pedirme ayuda, lo hizo gritándome cualquier cosa, lo que terminó de hacerme explotar y, en vez de darle una mano porque de verdad quedaba tiempo de sobra para salvarlo, lo dejé ahí aun sabiendo que éramos los últimos que quedábamos por salir.
 
—Nadie podría regresar por él.
 
—Exacto. No había nadie atrás, nadie cerca para escuchar sus gritos. Cuando estábamos todos afuera, el teniente se dio cuenta de que él faltaba, así que él mismo entró para chequear las posibilidades. Rescatarlo fue imposible, las demás escaleras también se estaban yendo abajo y las que lo atraparon se desplomaron por completo encima de él justo cuando el teniente alcanzó a verlo de lejos.
 
—¿Cómo llegaron a ti?
 
—Primero, porque no debía alejarme más de tres metros de mi encargado, por lo que no había manera de que no me hubiese enterado de que se atascó. Segundo, porque sabían que estuvimos peleando. Tercero, tal parece que usó sus últimas palabras para acusarme. Cuarto, pudieron comprobar que estaba molesto.
 
—Lo dejaste morir así no más —saqué una conclusión.
 
—Cuando aún había chance de sacarlo —completó—. Por eso fue que me levantaron cargos, porque de haber sido por imposibilidad, nada me habría pasado. Mi licencia fue retirada y me condenaron a prisión, así que cuando salga tendré que buscar otro empleo.
 
—¿Te van a dejar salir rápidamente con un cargo de homicidio culposo?
 
—Aún no termino de explicar. Iban a traerme aquí ayer, pero no. ¿Recuerdas el dato de mi enojo repentino? Bueno, ayer, durante el montón de exámenes que te hacen antes de ingresar, me llevaron a una sala con dos psicólogos por órdenes del teniente, ya que él creía que yo debía sufrir de algo más que un simple episodio de enojo eventual. ¿Sabes con qué dieron? Resulta que era cierto, no era tan simple, porque terminé siendo impredecible.
 
Así que impredecible, ¿ah? Ahora entiendo tu insistencia, Harold.
 
—¿Eres impredecible? —me tomó por sorpresa.
 
—Sí. ¿Sabes lo que es? Espera… No vas a agarrar algo en mi contra por eso, ¿cierto? No me estás sacando información para atacarme, ¿verdad?
 
—Perfectamente, y no, no te preocupes. Supongo que no te dieron más de un año.
 
—Eso mismo, un año por enfermedad mental. Yo que creía que cada vez que la gente me decía que exageraba ciertas emociones era porque jamás habían visto a una persona verdaderamente en ese estado y resulta ser que de verdad padezco de algo que exagera todo lo que sientes… —suspiró. No aparentaba haber asimilado su nueva condición aún—. Ya te conté mi historia, ahora te toca a ti. ¿Por qué estás aquí?
 
—También soy del área B…
 
—Espera, ¿cómo sabes que soy de ahí?
 
—Porque todos los que estamos aquí por algo que hicimos involuntariamente, a causa de un padecimiento, chantaje o extorsión somos asignados al área B. Mi caso fue que secuestré a una excompañera de clase en mi casa por tres días y cuando fueron a arrestarme, casi maté a mi hermano quien resultó ser uno de los detectives.
 
—¿No sabías que tu hermano era detective?
 
—No, creía que aún seguía en la patrulla.
 
—No entiendo lo involuntario de lo tuyo.
 
—Lo hice porque también soy impredecible y no tenía idea de eso. También creía que mis repentinos episodios de enojo y depresión eran normales, no una enfermedad. Me dieron diez meses.
 
—¿Así que hay más de un impredecible aquí?
 
—No, sólo nosotros. Te enseñaré todo lo que debes saber para sobrevivir aquí.
 
—¿Cuánto tiempo llevas?
 
—Dos meses, pero créeme, se aprende un montón en muy poco tiempo.
 
En dos meses no se forma un maestro, pero un alumno puede enseñarle a otro, ¿no?
 
—Ese Lawley creo que era…
 
—Sí, Harold. Es el vigilante de la B.
 
—Bueno, él me explicó lo básico. Ubicaciones de sitios frecuentados, los horarios, las limpiezas y eso.
 
—¿No te dijo nada acerca de qué debes evitar siendo impredecible?
 
—No sé nada de eso.
 
—Te contaré primero de eso. Veo que te preocupa que se pongan en tu contra por ser impredecible, ¿cierto? —asintió—. No son todos, es un grupo el que te caerá encima por eso, y sólo dos a los que debes tenerles sumo cuidado. Si llegas a ver a unos tipos de más o menos mi tamaño, rapados, uno rasurado y el otro no y con tatuajes en los brazos, son ellos. Siempre están juntos, se parecen, son hermanos, los identificarás fácilmente. Se llaman Jason y Joseph, aún no sé su apellido.
 
—¡¿Ellos están aquí?! —casi no pudo evitar alarmarse, aunque supo cómo susurrar. Claramente, reconoció el caso.
 
—Sí, están aquí. Son extremadamente peligrosos, es más, hace una semana intentaron matarme y casi lo logran. Se la agarraron en mi contra desde que supieron que soy impredecible, y aquí otro dato: si llegan a hacer contacto contigo, jamás, jamás —enfaticé— te dejes ver la pulsera de interno. Así fue como me descubrieron porque la pulsera dice de todo, desde tu nombre hasta la razón por la que la condena es tan corta. La mía dice “Nombre: Leonardo Molander. Edad: 19 años. Cargo(s): secuestro y agresión a un oficial. Condena: diez meses por impredecibilidad”. La tuya también debe tener algo así.
 
—A ver… —buscó—. Ah, sí. “Edad: 23 años. Cargo(s): homicidio culposo. Condena: un año por impredecibilidad”.
 
—Por eso digo. Deja que sepan tu nombre, tu edad, hasta tu celda si quieres, pero ni se te ocurra dejarles saber que eres impredecible. Han matado a tres ya, parece que me quieren hacer el cuarto.
 
—Así que supongo que probablemente tendré que alejarme cuando vayan por ti.
 
—Suena feo, pero eso te iba a aconsejar. No pasará esta semana, ni la que viene. Están en aislamiento ahora por casi matarme, saldrán en tres semanas de ahí, así que no tienes mucho de qué preocuparte ahora.
 
—Tiempo para adaptarme en calma —se alivió.
 
—Sí, algo así.
 
—Por cierto, ¿oí mal o dijiste que eras Molander?
 
—No lo digas en voz alta, por favor. Es un secreto, nadie debe enterarse. Se me escapó por estar leyendo, pero creo que puedo confiar en que no lo divulgarás.
 
—Descuida.
 
Y así pasó el receso entero. Por primera vez estaba hablando con alguien que también usaba un uniforme naranja con total normalidad. Sólo tuve miedo al inicio, cuando no tenía idea de lo que había pasado. No obstante, al conocer su historia, fue desvanecido, convirtiéndose en algo que podíamos comparar al ambos haber terminado encarcelados por la misma causa: un brote de enojo que salió mal.
 
Le conté todo lo que debía saber, desde prevenciones y estar pendiente de qué día de la semana era para que no se olvidara de sacar sus sábanas los domingos hasta las razones por las que un impredecible va al baño solo y no en comunidad. Comprendió cada uno de los puntos, le conté algunos extras y volvimos a compartir historias comparables.
 
—¿Esa es la entrada? —preguntó al escuchar el timbre.
 
—Sí, es hora de regresar a la celda —me levanté de la silla—. No debes tardarte mucho si no quieres que piensen que vas a fugarte.
 
—De acuerdo —abandonó el asiento—. Aún quiero aclarar algunos temas, ¿te busco en la próxima salida?
 
—La de la cena no es muy larga, apenas te da tiempo para comer, aunque siempre me siento ahí —apunté a la mesa donde estaba al principio.
 
—Creo que la recordaré.
 
—Vayamos. Aún recuerdas dónde vas, ¿no?
 
—Eso creo. Sé que es la 31B1.
 
—Ah, esa celda está a siete de la mía. Sólo cuenta si te desorientas —aconsejé.
 
Caminamos hasta llegar a mi bloque, donde me detuve y avisé que ya no debía seguir avanzando porque había llegado a mi lugar.
 
A partir de ese día, no fui el único impredecible en la prisión. Un nuevo equipo se había formado sin darnos cuenta, puesto a que no hubo receso en los siguientes días en el que no me encontrase con Richard y no hablara con él de cualquier cosa.
 
Una persona a la que le temí momentáneamente al saber su razón de estar allá se convirtió en la única de la misma clase que no me trató como a basura o que no me ignoró. Formé una alianza, aquello que según todos era una fantasía, y más importante aun, conseguí un amigo. Puede que en ese primer día haya sido yo quien lo instruyó, quien prácticamente le enseñó el manual de supervivencia, pero terminó siendo él quien me salvó más de una vez. Por eso es que lo considero tan importante y por eso es que no me es posible perdonarme por no relatar esto cuando era debido y no ahora porque recordé que no lo había puesto.
 
De nuevo, perdóname, sé que no lo merezco y aun así lo solicito. Mi conciencia pesa demasiado por este descuido, no puedo creer haber pasado por alto algo tan significativo para mí, porque estoy seguro de que mi vida se habría acabado de no ser por tu ayuda. Gracias por todo, prometo guardarte muy bien en mi memoria de ahora en adelante.
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Miér 16 Jul 2014, 10:53 am

Capítulo #22.




La época navideña fue bastante tranquila, quizás sea porque los JJ estuvieron aislados la mayor parte del mes. Si elimino los dos paros que tuve, uno en Nochebuena a sólo hora y media de Navidad, de paso, lo que más resaltó entre los problemas fueron las dos visitas de dos personas que se les notaba eran inexpertas en esto de tratar con un impredecible.
 
Ya lo he dicho varias veces, cada impredecible tiene su tema prohibido, ese que jamás le debes mencionar o profundizar en caso de ser él mismo el que lo trajo a la conversación. También cuenta con alguna clase de código, algunas palabras serán tomadas fuera de contexto dependiendo de los temas sensibles de aquel inestable. Me es muy común entender algo totalmente distinto a lo que la persona me quiso decir cuando mi impredecibilidad está predispuesta a activarse.
 
Las dos personas fueron Cristian Bouchard, podría decir que de mis amigos fue el primero que conocí al ser el hijo de la mejor amiga de mi mamá, y nadie más ni nadie menos que Carlos Molander, sí, mi padre.
 
En orden, Cristian fue el primero en aparecer. Fue pocos días después de la pelea en la cafetería en la que Richard se dislocó el brazo y casi se lo fracturan al haber estado en medio cuando empezó, y en la que al fin logré llevarles la delantera después de tanto tiempo a los Conrad. Estaba acompañado por Marc, quien lo presentó como “la voz de mi nuevo medio colega” cuando no adiviné quién era, debido a que es abogado de la fiscalía. Por ese lado es que fue el error.
 
Hablábamos sobre su experiencia como “entrenado” de mi papá, puesto que, como era su primer día desde que lo contrataron en la misma comisaría, él se encargó de presentarle a quienes tenía que conocer, enseñarle lo que debía saber y le mostró el lugar. Era una oportunidad de oro que cualquiera habría deseado, ser instruido por alguien tan reconocido y respetado como él, y por supuesto que Cristian la consideraba como tal, era un suertudo. A la vez, lo sentía raro porque después de todo, era mi papá quien lo estaba guiando, un hombre al que ha visto desde que era un bebé, una situación un tanto incómoda trabajar con su padrino.
 
Siendo mi padre de quien se trataba, de seguro le habría dado un montón de discursos. Si algo le gusta, es eso y sermonear, más en modo de desahogo que de otra cosa. Y sí, como lo supuse, dio un discurso sobre mantener una imagen limpia, así que me dispuse a imitar su voz en lo que fue mi versión del mismo.
 
—“Mantener un historial limpio incluye hasta cómo es tu familia. Si algún pariente cercano cometió una falta como ser detenido por tener drogas, alcohol, andar ebrio, multas o cosas más serias como terminar en la cárcel por secuestro, robo, homicidio y otra infracción, puede ser usado en tu contra como ‘si tu familiar lo hizo, ¿por qué tendría que creer que tú no?’ pero es peor si es un hijo, porque te dirían algo como ‘si tu hijo hizo tal cosa, quiere decir que usted lo educó mal, es un mal padre. Si no pudo enseñarle o hacerle creer a su hijo algo, ¿por qué lo intenta con nosotros?’, así que ten mucho cuidado…” —y eso sólo fue el inicio.
 
Cristian hizo un comentario sobre mi imitación porque le pareció perfecta, luego continué por donde quedé.
 
—“… porque a mí ya me pueden decir eso por culpa del muchachito de Leonardo que está preso por secuestro y por agredir a un policía. ¿Sabes lo mucho que podría afectarme eso? ¡Mucho! Yo pensaba que él no me daría problemas y resulta que es al revés. No sé qué pensar de Leonardo, sólo sé que… No sé cómo decirlo”. Y de seguro no dijo “me avergüenzo” o “me decepciona” porque eres mi amigo. Sólo por eso.
 
—Yo pensé y pienso igual…
 
Cristian, ¿qué has hecho?
 
—¡Entonces, ¿dijo todo eso?! —lo que acababa de actuar era simplemente eso, una actuación de lo que quizás diría, no una adivinación de la realidad, por lo que, aunque me basé en lo que creía posible, me tomó por sorpresa esa declaración.
 
Marc le susurró algo, al parecer en un volumen muy bajo, porque no le hizo nada de caso.
 
—Como si hubieras escuchado.
 
La pusiste, simplemente la pusiste.
 
Mi hermano se llevó su mano izquierda a la frente, y ahí fue cuando el rubio despistado se dio cuenta de lo que cometió.
 
Yo ya estaba sumido en lo que era pensar que era la oveja negra de la familia, lo inútil que sería al salir de ahí; la vergüenza de ser el de peor rango entre tantos parientes exitosos y con buenos empleos, que se hacían respetar. Todo lo que me dijeran sería utilizado por mí en mi propia contra y casi nada sería capaz de devolverme la calma.
 
Marc le explicaba cómo recuperarme. Si él me había provocado el brote, él tendría que sacarme de ese estado. Por más recomendaciones que le dio, ninguna le fue útil porque más bien terminó empeorando todo al hacerme tocar fondo con el tema prohibido: ¿qué pensaría mi mamá?
 
Durante todo ese tiempo, jamás me había pasado por la cabeza eso. ¿Qué pensaría mi mamá de mí si viviera? Recuerdo perfectamente que una de nuestras últimas charlas fue bromeando acerca de la decisión de Marc de unirse a la policía, no porque nos pareciera una estupidez, es más, mi mamá lo felicitó por tener la valentía de serlo y de oponerse a papá, quien no quería que alguno de nosotros tuviese un trabajo relacionado con el suyo, sino porque deseábamos que no se presentara el caso de hermano policía, hermano delincuente.
 
Ya se sabe lo que sucedió.
 
Era de temerse que el brote se profundizara tanto, así que finalmente Marc participó y al primer intento me estabilizó, dejando a Cristian sorprendido por la facilidad con la que lo hizo. Tuvo mucha suerte, porque un brote con ese tema como el principal ha podido ser una pesadilla tanto para mí como para los demás.
 
Otro tipo de fortuna fue la de mi papá la primera vez que se apareció allá, también con mi hermano como acompañante. Probablemente sabía que era imposible que me visitara sin causar problemas. Todo comenzó apenas abrió la boca.
 
—Y sí, pero ya sabes, épocas navideñas, todo se deja atrás y no quiero estar enfadado con mi hijo —pretendió que con eso olvidaría que estaba molesto conmigo. Sí, cómo no, papá.
 
Amo la Navidad, en verdad que sí, pero si hay algo que incluso odio de ella, es lo hipócritas que algunas personas llegan a convertirse en esos días sólo por el espíritu navideño. Si estás enojado con alguien, ¿por qué tendrías que estar como si nada de un día para el otro sólo por la fecha? Es como amar a tu enemigo sólo porque es su cumpleaños y luego volver a odiarlo cuando se te pase la fiebre de ese día. Si no soportas a una persona, no la soportas y punto, nada de estar simulando que te llevas de maravilla con ella sólo por lo que se conmemora un día en especial.
 
—¡Entonces, si no fuera por eso, ¿seguirías enojado?! —era sólo la segunda vez que me dirigía la palabra y ya lo había arruinado.
 
No entendió. De nuevo, Marc tuvo que resumir los conocimientos necesarios antes de que lo estropeara más.
 
—¡¿Por qué no respondes?! —brote de enojo: activado.
 
—Calma… ¿Cuál era la pregunta?
 
—Oh, además de no responder, no me prestas atención. Si no fuera Navidad, ¿seguirías molesto? —puse a prueba mi teoría. No contestó, enfureciéndome más— ¡¿Ves?! ¡No saber responder es igual a “seguiría molesto”! ¡Lo que estás haciendo es ser falso! ¡Hacer algo por la época no es lo mismo que por ti mismo!
 
—Auch, eso me dolió… —susurró, aunque lo oí perfectamente.
 
—¡Tal y como a mí me ha dolido tu desinterés por mi vida! Sé que es enojo, pero no para tanto. Sabes de todo lo que me ha pasado y lo único que piensas es “ese chico lo que da es vergüenza. ¿Cómo voy a perdonarle una así? ¡Es una decepción para mí!”, y eso me duele, no sabes cuánto —admití en un estado de transición de enojo a tristeza.
 
—¿De verdad sientes eso?
 
—No sabes lo horrible que se siente pasar de ser lo mejor, la persona con más oportunidades en la familia, a ser de lo peor de la vida. Y peor es cuando no se tiene ni el apoyo del propio padre —ya no gritaba. En ese momento, hasta mi garganta se anudaba. Mi papá sólo bajó la cabeza— ¿No sabes qué decir? ¿Qué tal? Callé a uno de los mejores abogados del estado, su propio hijo preso sin méritos por ser un enfermo loco mental. No hace falta que digas algo. Gracias por hacer el intento —me acosté en la incómoda cama y les di la espalda para no prestarles atención, ya había tenido suficiente.
 
No planeaba seguir discutiendo, incluso yo mismo me estaba dando cuenta de que estaba mal, empezando con que tuve dos brotes en menos de un minuto. Los escuché hablar, mas no sé exactamente de qué. Mis emociones revoloteaban por todas partes, dejándome indeciso de cuál sería la que dominaría y saldría al aire cuando me expresara. Sólo estoy seguro de que me decidí cuando papá intentaba remendar las cosas, interrumpiéndolo con un ánimo distinto, más serio.
 
—¿Sabes? Hay algo que creo que deberías saber —ambos se extrañaron, sobresaliendo Marc por su cara sorprendida, ya que sabía a lo que me refería.
 
No sé cómo, pero terminé contándole la verdad: le revelé mi enfermedad, el cardioma. No sé por qué a él, no sé por qué en ese momento, sólo pasó entre mis tantos brotes de esa visita. Ni siquiera recuerdo bien cómo fue su reacción, así de repentina fue la confesión de mi padecimiento.
 
Creo, sólo creo que lo que pretendía con eso era poner en práctica otra teoría: ¿qué pasaría si mi papá supiera que mi recta final ha arrancado? ¿Comenzaría a quererme repentinamente o no cambiaría nada?
 
Hoy en día, parte de mi teoría sigue en juego, aunque la práctica se ha intensificado y sólo he probado algunos aspectos.
 


¿De verdad comienzan a apreciarte cuando saben que partirás con brevedad?
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Lun 28 Jul 2014, 2:25 pm

Capítulo #23.




Quizás, la época navideña no fue tan tranquila como dije antes. Lo fue según lo que recuerdo, sólo que del veinticinco al veintisiete tuve que usar una gasa en la frente por un golpe que ni siquiera me acuerdo cómo fue. ¿Cómo me hice esa herida? Fácil, no fui yo, fueron ellos, o al menos eso es lo que me han contado unido a lo poco que permanece en mi memoria.
 
Era Navidad, no se sentía como Navidad. Estaba solo, no sé dónde se metió Richard, seguramente lo visitaron o algo. Yo no recibiría visitas hasta unas horas después. Era como regresar a la costumbre de mis primeras semanas: vagar solo por ahí hasta encontrar algo que hacer. Iba cerca del gimnasio, quizás aún habría algún balón de básquet, y como no era un riesgo entrar ahí, ¿por qué no? De repente me animaba a hacer algo más de ejercicio.
 
—¿Por qué tan solo? —sólo me faltaban unos tres pasos para estar adentro, ¿por qué no pude ser un poco más rápido para que no me hubiesen visto y no tener un vacío en mis recuerdos?
 
—¡Ustedes! —reclamé, lo menos que quería era cruzarme con ellos.
 
Resultó que a los JJ los soltaron de las celdas de aislamiento justamente en Navidad. Qué precioso regalo, ¿verdad?
 
—¿Vinieron a saludarme o tienen algo planeado? —era demasiado obvio que algo tendrían en mente, sólo esperaba descubrir qué tan rápido lo pondrían en marcha.
 
—¿Por qué malinterpretas nuestras acciones? No siempre tenemos que hacer algo malo —traducción: nos desenmascaraste.
 
—Entonces supongo que puedo entrar aquí sin preocuparme —y eso es lo último que contaría si nadie hubiese atestiguado lo siguiente.
 
Desperté en una camilla de la enfermería con una venda en la cabeza, totalmente desorientado. No hallaba explicaciones de por qué debería estar ahí y por qué una venda cubría parte de mi frente. Volteé hacia un lado y mi papá estaba sentado en algún banquito de la habitación. Yo estaba tan perdido que ni siquiera me extrañé por su presencia, ya todo era raro, una cosa más no haría mucha diferencia. Le pregunté qué pasó, y por eso es que será posible la continuación a lo anterior.
 
Según lo que vio, ellos estaban dentro del gimnasio y yo algo más adelante, dándoles la espalda. Quiso apurarse en llegar porque sabía que algo sucedería si no intervenía pronto, sólo que no fue lo suficientemente veloz para evitar que Joseph arrojara una pelota medicinal, la cual me golpeó y me hizo caer, chocando con el borde de una mesa en el proceso y por eso es que no recuerdo nada. De acuerdo a sus suposiciones, habrían aprovechado la oportunidad de vengarse finalmente.
 
El conveniente reencuentro entre acusados y fiscal en su máxima expresión. Los atrapó estando a punto —supuestamente— de cometer una repetición de lo que los encerró con su hijo como la víctima. De paso, cuando los confrontó, fingieron no saber nada acerca de nuestro parentesco y que lo recién ocurrido fue un accidente. No les creyó ni una palabra, de inmediato llamó a un vigilante y se los llevaron de vuelta al aislamiento por una semana más. Ahora sí estaba bonito el regalo de Navidad.
 
Ese incidente y un paro del día anterior fueron lo único que manchó la tranquilidad de la última semana del año, uno de ellos no sabría de él si no me lo relataban, con más razón me dejo decir que fueron días calmados. Incluso no sufrí ningún brote, por sorpresivo que parezca. De verdad creía que tendría varios por eso de estar encerrado y no disfrutar de mi época favorita, pero no se dio, por suerte. No preocupé a nadie de más, no me preocupé de más. Eso sí, las cosas cambiaron al iniciar el año nuevo.
 
Primero de enero, arranque de trescientos sesenta y cinco días más de un conjunto, liberación del par insoportable de nuevo. Estaba en las mesas de la cafetería conversando con Richard acerca de lo que solíamos hacer en ese día cuando algo le llamó la atención.
 
—Hey —bajó el tono de su voz, casi susurraba—, ¿por casualidad esos dos son los que dices que no deben descubrir que soy impredecible?
 
Miré lentamente hacia donde señalaban sus ojos, divisé a la distancia a los dos fortachones tatuados.
 
—Sí, hoy se les acababa el castigo otra vez, y quizás definitiva si es que no se les ocurre buscar problemas hoy.
 
—Así que ya debo empezar a tener cuidado.
 
—Sí, incluso estar conmigo supone un riesgo. Podrían creer que eres impredecible sólo por eso.
 
—Sí, pero mientras no lo confirmen, no veo el problema. No te voy a dejar solo porque haya dos tipos en busca de venganza.
 
—¿Y si te descubren?
 
—No me dejaré matar tan fácilmente. Vamos, te preocupas demasiado. Si sigues así, creo que vas a delatarme. Haz como si no supieras y ya.
 
—Claro —no me convencía mucho, por alguna razón presentía que sería descubierto y eso me inquietaba.
 
A veces era como si en serio yo fuese muy mortificado y él demasiado relajado. Casi no había manera de hacerlo alarmar, a menos que se tratara de algún brote.
 
Me di cuenta de que Jason y Joseph observaron un par de veces hacia nuestra ubicación algo extrañados, porque hasta ese día, no me habían visto acompañado por alguien que no fuese del personal. Lo examinaban como a un nuevo en su primer día, y es que para ellos, Richard era un recién ingresado. Y por supuesto, yo era el que se percataba de todo y él de lo más distraído.
 
Hasta aquí todo parece ir relativamente bien, ¿no?
 
Pasaron varios días, ellos regresaron a sus andanzas de molestarme, aunque sólo verbalmente y nada excesivamente grave, se mantenían dentro de un límite que lograba soportar. Me aseguraba de que no se metieran con Richard como me era posible. Me alejaba de él, los despistaba, cualquier método que funcionara para ocuparlos en otros asuntos. Cuando me deshacía de ellos, lo buscaba y le explicaba qué sucedió, terminando siempre con alguna disculpa suya por no ayudarme y un “descuida” de mi parte.
 
De veras, lidiar con los JJ ya me era costumbre, no me importaba si no se tornaban violentos. El problema se presentaría aquel día en el que se atrevieran a atentar contra mi vida una vez más.
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Sáb 09 Ago 2014, 2:11 pm

¡Hola! No suelo o creo que esta es la primera vez que lo hago escribir nada extra antes de un capítulo aquí, pero es que esto es simplemente emocionante. En Wattpad, esta novela ha llegado al ranking de los mil primeros en Al Azar en el puesto #706 ayer   


Actualización 10/08: Apenas ayer le he colocado la clasificación de Ficción General (ayer descubrí que existía  ) y YA ESTÁ EN EL PUESTO #478, NO SÓLO LOS MIL PRIMEROS SINO QUINIENTOS! GRACIAAAAAAS (sé que probablemente no sean los mismos pero como allá no coloco notas...)   



Capítulo #24.

Creo que esto debería convertirse en una regla, algo que todos deberían obedecer o al menos hacer un poco de caso porque cada vez que sucede, pasa. Me refiero a que cuando presiento algo, por más incompleto que sea, se cumple. Puedo dar ejemplos, como ese sentimiento de que algo iba a estar muy mal pocos días antes de que mi mamá muriera. Sabía que no estaría bien, que sería algo grave, incluso lo dije y sólo lo evadieron porque desde siempre he sido demasiado preocupado, creyeron que era una más de mis ideas rebuscadas y eso que no tenía ni idea de cuál iba a ser el daño ni para quién.
 
Creo que debería empezar a decir “hazme caso, mis presentimientos soy muy acertados”.
 
Primer par de semanas del año, no recuerdo exactamente la fecha, pero entre esos días fue. Desperté con el presagio de que algo no saldría como lo esperaba. Bueno, quizás no apenas abrí los ojos.
 
¿Qué estaba pensando en aquellos días? ¿Había algo que quería que saliera de alguna manera? Debía descubrir rápido lo que probablemente terminaría mal. ¿A qué aspiraba en esos días?
 
—Leo, ¿sucede algo? —Richard me sacó de mis ideas.
 
—¿Por qué lo dices?
 
—Estás viendo fijo a la comida sin hacer más nada.
 
—Ah, ¿en serio?
 
—¿No estarás en un brote o algo?
 
—No, no… Debe ser que no tengo muchas ganas de comer arroz otra vez —inventé.
 
—¿Para qué lo elegiste, entonces?
 
Levanté los hombros lentamente mientras buscaba alguna otra respuesta para explicar el posible error de la anterior.
 
—Era lo que tenía mejor aspecto —espero que no haya visto algo que le ganara.
 
—Sí, tienes razón. Por eso también lo escogí  —gracias, no me había fijado en su plato—. ¿No crees que sería mejor comerlo antes de que se enfríe?
 
—A eso iba, ni siquiera me dejaste agarrar el tenedor.
 
Tocando el tema de los cubiertos, ¿algo que quería de verdad comer? Carne, pero me refiero a carne de verdad, no sé, un bistec o algo así, aunque jamás iban a servirlo porque nunca darían cuchillos por razones más que obvias y menos mal, cuántas veces habría entrado en brote de sólo ver a muchos naranjas con esos filos en sus manos.
 
Volviendo a lo que iba, Richard casi me descubrió. No le iba a decir nada si no hallaba una explicación, sino alegaría que era sólo producto de mi cabeza mortificada. ¿Qué podía salir mal? Mi mente a veces me castiga con demasiadas opciones; en otras me juega sucio, quedándose en blanco.
 
Caminamos por los pasillos, decidí olvidarme del tema para relajarme y luego considerarlo mejor, sin saber que no tendría una segunda oportunidad.
 
Ah, sí. Algo que aprendí en prisión: no mantengas la misma rutina por más de una semana. Es algo primordial si quieres evitar a ciertos individuos. Admito que a veces lo olvido y en mi casa hago lo mismo al levantarme casi todos los días, tanto así que mi hermano ya se aprendió mis movimientos, aunque ahí no es la gran cosa. En la cárcel es el caso contrario. Debes cambiar lo que haces seguido, y no siempre a cada mismo tiempo, porque entonces de nuevo estableces una rutina. Es algo complicado, hay que agarrarle el ritmo y no confundirse.
 
¿Por qué? Es sencillo. Si alguien está en tu contra y desea dañarte, observará cada una de tus acciones para conocer tus patrones y tu itinerario. Sabrá cuándo será el momento perfecto para tomarte desprevenido. Aplica para la vida real en la calle, incluso si no sospechas que estés bajo vigilancia. Otro ejemplo por experiencia: cuando cursaba sexto grado, iba al colegio caminando con mi hermano y mis amigos. Casi siempre era el último en entrar, y si veía que alguien necesitaba ayuda —dándose a entender con esto algún anciano queriendo cruzar la calle o un visitante perdido—, le daba una mano. Fui secuestrado por una estrategia que aprovechó mi solidaridad como un punto débil. Un tipo se hizo pasar por ciego, el resto es imaginable.
 
Para ese día en específico, llevaba varios yendo al baño del pasillo del gimnasio a lavarme las manos. Tal parece que tardé demasiado en modificar el orden, porque Jason y Joseph me encontraron.
 
¿Será esto lo que presentía?
 
—¿Quién en una celda con baño se lava las manos afuera? —Jason preguntó en modo de burla.
 
—Tenía que ser Leonardo, ¿no?
 
Ignóralos, sólo intentan provocarte. No te estás lavando las manos para ensuciarlas tan rápido, ¿o sí?
 
Me concentré en restregar el jabón el tiempo que fuese necesario para acabar con su paciencia. Si los desesperaba, perderían el interés y se irían, o al menos eso era lo que planeaba.
 
—¿En qué metiste tus manos? No hay nada tan asqueroso aquí.
 
—A menos que las hayas metido en el inodoro, eso sí es sucio.
 
Ja, sí claro. Apenas hacía eso en mi casa y sólo porque había que hacerlo cuando lo limpiaba, sino ni por un millón de dólares.
 
Seguí ignorándolos, así ganaría, o eso suponía.
 
—¡No te hagas el sordo! —Joseph contrarió la película que rodaba en mi imaginación. Sin darme chance de por lo menos enjuagar mis manos, su puño me llevó al suelo.
 
¿Qué es lo que acaba de pasar?
 
Fue astuto, con las manos enjabonadas estaba en desventaja. Sin dudarlo, se fue abajo a continuar la golpiza.
 
¿Esto fue lo que salió mal? Aún no, hay más.
 
Esa vez, a diferencia de otras en las que logré separarme lo más posible de Richard para que no se metieran con él, a sólo unos metros, en una de las cabinas, se encontraba escuchando todo, por lo que se enteró de lo que sucedía y tendría que elegir entre dos opciones: quedarse escondido ahí adentro con los pies sobre el inodoro para no ser descubierto, o arriesgarse a defenderme. No existía la de salir y escapar, porque eso sería imposible.
 
En mi interior, rogaba que se quedara ahí adentro, ya hallaría la manera de huir, no importaba si parecía perdido porque dos hombres más fuertes que yo se estaban descargando en mi contra al mismo tiempo en un espacio tan pequeño como lo es entre el piso y la pared, ya que ponerme de pie no era factible. Me escurriría por algún hueco que quedara abierto entre sus piernas o les golpearía una sola vez en esa zona para valerme de su dolor y correr.
 
De nuevo, mis presentimientos son fuertes. Si estoy casi seguro de que algo saldrá mal, saldrá mal.
 
Halándome del cabello, me pararon y apoyaron de frente contra la pared. Bien, al menos ya pisaba el suelo. No hacían más que apretarme, si no hubiese sido porque aún me sostenían la cabeza, habría intentado algo más, aunque se me ocurrió una buena idea en ese instante. Mis manos aún seguían resbalosas, por lo que quedaba jabón en ellas. ¿Por qué no buscar la forma de que les cayera en los ojos? No fallaría, era perfecto, excepto por el detalle de que nunca pasó.
 
Oí una puerta, no le presté mucha atención, estaba más pendiente de descubrir el momento adecuado para mi atentado a su vista. Sentí que uno de ellos se alejó y el otro me soltó, esa era mi oportunidad. Me di media vuelta y lo que visualicé era lo que tanto evitaba.
 
A dos metros, los hermanos estaban siendo controlados por Richard. Sí, no era tan malo para mí, pero aun así no me gustaba, eso terminaría mal. Improvisé haciendo como si no lo conocía, no lo iba a detener, sino preguntarían quién era y hasta ahí llegaba, o eso era lo que iba a suceder según mi teoría.
 
—Espera, espera, espera —Jason se separó de la disputa, también apartó a Joseph—. No me gusta pelear si ni siquiera sé el nombre de mi víctima —comentó, altanero.
 
—Sí, a mí tampoco. No había notado que eras un desconocido.
 
—¿Cómo te llamas?
 
—Richard —aún no entiendo cómo era tan tranquilo, más si ya lo trataban como víctima.
 
—¿Sin apellido?
 
—No hará mucha diferencia.
 
—Jason Conrad.
 
—Joseph Conrad.
 
—Somos hermanos. Yo soy el mayor, le llevo un año.
 
—Ahora sabes nuestros nombres, tu turno —listos, un método tan sencillo como un intercambio equivalente.
 
—Richard Clay.
 
—Así está mejor. Ahora, ¿de dónde saliste?
 
—Estaba aquí mismo.
 
—Ah, ¿y te gusta dar pelea o es que querías defenderlo?
 
—Preferiría no estar aquí ahora mismo.
 
—¿Te refieres a aquí en el baño hablando con nosotros o aquí?
 
—Ambas.
 
—Claro, claro. ¿Quién no quiere libertad? Fue una pregunta algo estúpida. Así que no te gusta el combate.
 
—Lo hago si es necesario —no, por favor. Que esto no conduzca a donde creo que lo hará.
 
—¿Ah? ¿Si es necesario?
 
—Así que de verdad lo estabas defendiendo.
 
—Sí, ¿y? —Richard, recuerda, no des información de más.
 
—¿Por qué? —agregó un tono confundido.
 
La respuesta a eso podría ser la desencadenante de tantas cosas. No sabía ya qué esperar, prefería mantenerme en blanco porque todo iba por el sentido que no me gustaba. Miraba con miedo cada uno de sus perfiles. Jason con su toque soberbio, Joseph demostrando curiosidad y Richard siempre en calma.
 
—Porque quiero —¡gracias!
 
Joseph asintió lentamente y me echó un vistazo. Yo no era capaz de moverme de la pared. Luego vio a Richard y de nuevo a mí de reojo, como si recordara algo.
 
—¿Tú no eres el nuevo que anda con Leonardo? —cruzó los brazos.
 
—Sí.
 
—¡Richard! —exclamé apenas afirmó. Estaba llegando demasiado lejos.
 
—Ni pienses que voy a dejarte a tu suerte —contestó como si le insultara que creyera en eso.
 
—¡Recuerda lo que…!
 
—Interesante, Leonardo encontró a un amigo.
 
—¿Por casualidad…?
 
—Sí…
 
—¡No! —por favor, que no sea la pregunta que creo—. ¡No les…!
 
—… Soy impredecible —confesó sin temor alguno, con total seguridad.
 
—Richard… —soné como a quien le han roto una promesa, y es que eso acababa de suceder.
 
—¡Impredecible! ¿Escuchaste, Jason? ¡El tipo es impredecible! —sus sonrisas me enojaban, eran sólo por una razón demasiado horrible propia de unos asesinos como ellos.
 
—Esto va a estar mejor que nunca, es la primera vez que hay dos al mismo tiempo.
 
—Será divertido.
 
—Definitivamente —la maldad en su expresión era exageradamente indiscutible—. Los dejaremos, disfruten el día tanto como nosotros. ¡Adiós! —se despidió y ambos se fueron casi triunfantes.
 
—¡¿Qué acabas de hacer?!
 
—Decirles la verdad.
 
—¡Ni siquiera tuvieron intenciones de revisarte la pulsera! ¡¿Sabes la suerte que tenías?!
 
—¿Lo de la pulsera se lo hacen a todo el mundo?
 
—¡Sí! ¡¿Fuiste el más afortunado de todos y lo desperdiciaste así?! —gritaba, me dio demasiada rabia—. ¡Desde un principio te dije que no les dijeras que eres impredecible! ¡Podían saber cuanta información les diera la gana excepto esa! ¡No sospecharon nada hasta que admitiste que me defendías!
 
—Hey, tranquilo…
 
—¡No! —interrumpí—. ¡¿Cómo puedes estar tan calmado?! ¡¿Cómo puedes desobedecer a algo tan simple como no decirles nada?!
 
—No les tengo miedo.
 
—¡¿No ves que ya te consideran una víctima?! ¡Ya están planeando cómo van a matarte!
 
—Les va a costar, dudo que puedan.
 
—¡De todos modos! ¡Son unos asesinos en serie de quienes estamos hablando! ¡Mataron a diez personas antes de ser atrapados! ¡Mataron a tres presos e intentaron con otros tres en sólo dos años! ¡Soy uno de sus pocos sobrevivientes, mi papá los encerró aquí, por esa misma razón me quieren más muerto aun, sé de lo que hablo! ¡Si te conté de ellos, era para protegerte y evitar que peligraras más de lo que ya lo haces por el simple hecho de estar entre un montón de criminales!
 
—Y si por algo no te hice caso, fue para protegerte también.
 
—¡¿Ofreciendo tu propia vida?! ¡Apenas me conociste hace un mes! ¡¿Qué razones tienes?!
 
—En todo caso, tampoco tenías razones de protegerme desde el primer día.
 
—Es distinto. Sólo quiero evitar que alguien muera por algo que yo sé y puedo contar.
 
—Y entonces, ¿qué fue lo de los últimos días?
 
—Evitaba que te descubrieran —ya me había desahogado, mi tono de voz ya era el normal.
 
—¿Por qué si como dijiste, apenas me conociste hace un mes?
 
—Porque te considero un amigo y lo menos que quiero que te pase es que te maten.
 
—Exacto, ahí está mi respuesta también. ¿Qué clase de amigo abandona al otro cuando no le conviene estar cerca?
 
—Tampoco es para que arriesgues tu vida.
 
—Por favor —rio un poco—. Mi trabajo era arriesgar mi vida para salvar a desconocidos. ¿Cuál es la diferencia, que antes luchaba contra fuego y ahora contra dos hombres? El fuego es más indomable.
 
—Ten cuidado.
 
—Lo tendré. Seremos dos contra dos, ya está parejo.
 
—Saldré de aquí casi cuatro meses antes que tú, ¿qué harás cuando me vaya? Serán dos contra uno de nuevo.
 
—Me las arreglaré como pueda. Ya lo dije, no me dejaré matar tan fácilmente. Si me toca morir aquí, primero pelearé con todo.
 
—Más te vale.
 
—Eso sí, mientras estemos los dos aquí, esos tipos se olvidarán de lo que es acabar con alguien.
 
—Seríamos de los pocos impredecibles que han logrado salir de aquí.
 
—Terminaremos con ese mal historial. ¿Qué te parece?
 
—Lo máximo.
 
—¿Equipo impredecibles? —mostró su puño quieto.
 
—Equipo impredecibles —choqué mi puño con el suyo.

No es que las cosas hayan salido tan mal después de todo, porque los JJ no me hicieron el gran daño y a Richard tampoco, más bien, gané un compañero de lucha, un defensor, formamos un equipo, cada uno se encargaría de proteger al otro en caso de ataques, una alianza para nuestra supervivencia durante los próximos meses. No suena nada mal cuando se cuenta así, pero a que sí es muy distinto si agrego que no podía parar de pensar si era buena idea decirle que tenía el presentimiento de que no le iría muy bien una vez yo no estuviese más.
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