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Memorias de una vida miserable |Terminada|

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Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Sáb 01 Feb 2014, 10:04 am


Ficha de la serie
Noveserie: Memorias De Una Vida Miserable.
Autora: Angela Pérez.
Adaptación: No. Viene derivada de mi otra novela, pero no hace falta leerla para entender esta.
Género: Drama.
Contenido: Crimen, algo de violencia.
Advertencias: Aunque haya un poco de violencia, no hay nada tan fuerte.
Otras páginas: Wattpad.


 
A lo largo de mi vida, he pasado por muchas situaciones, la mayoría desearía borrarlas. He sufrido de todo, incluso terminé en un lugar al que nunca imaginé llegar, simplemente me era imposible esa idea, pero gracias a mi estado para ese momento, esas fueron las consecuencias. Actualmente, ya no me encuentro ahí, salí hace unos meses atrás. Sin embargo, mi mente no deja de recordar todo lo que viví en aquel sitio, las historias que no puedo cambiar mas sí explicar, esos sucesos que no debieron pasar nunca y que si pudiera, los eliminaría.


Última edición por Spencer el Vie 17 Feb 2017, 10:12 am, editado 3 veces
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Sáb 01 Feb 2014, 10:14 am

Prólogo.

Primero que nada, me presento. Mi nombre es Leonardo Molander, aunque prefiero ser llamado Leo. Actualmente tengo 21 años y mi vida es totalmente distinta a como lo era hace más de un año, cuando todo pasó. Ahora debo ir hacia atrás para que todo esto tenga sentido.

Yo solía ser un chico normal. Salía con mis amigos, bromeaba con mi hermano, ayudaba a mis padres en los quehaceres, iba a clases y todo lo que un muchacho promedio hace. Siempre fui el hijo modelo, a mi hermano era al que le decían eso de "¿Por qué no eres tan 'tal cosa' como Leonardo?", sólo unas pocas veces llegaron a preguntarme eso y eran cosas como "¿Por qué te preocupas tanto? Deberías ser un poco más como Marc en ese sentido", y siempre venía por parte de mi padre. Mis notas siempre fueron excelentes, incluso llegué a ser el primero de la clase en la graduación, pero justo una semana antes de eso, todo cambió. Mi madre murió de cáncer. Ni siquiera sabíamos que estaba enferma hasta ese mismo día, una hora antes de que partiera. Desde ese día, nunca volví a ser el mismo de antes.


Al pasar los días, pasé de ser el hijo modelo, el chico alegre y divertido, el que ayudaba a los demás, a ser el hijo que debía intentar ser como su hermano, el chico triste y deprimido, el que necesitaba ayuda. No aceptaba hablar con nadie, ni siquiera con mi padre. Me aislé, los únicos que tenían derecho a comunicarse conmigo eran Marc y Daniela. Ella no duró mucho, pues se fue a Nueva York dos semanas después, y como no miraba ni a mi celular, perdí el contacto con ella. Sólo me quedó mi hermano, tampoco por mucho, pues se inscribió en el entrenamiento policial un mes después y sólo lo veía de noche porque su turno era en la tarde y yo me la pasaba durmiendo hasta la hora del almuerzo, momento en el que Marc ya se había ido.


Me cerré casi por completo, mi padre no se preocupaba por mí, de broma me preguntaba cómo me estaba sintiendo, aunque eso no era novedad, él siempre fue así conmigo. Al menos, mi hermano apenas regresaba iba a mi cuarto y no salía de ahí hasta lograr hacerme hablar y convencerme de ir a la cocina a cenar. Él sí se preocupaba por mí, no importaba el poco tiempo que tuviese disponible.

Así fueron las cosas durante dos años. Sí, dos largos años de no hacer nada, así de mal me sentía. ¿Qué puedo decir? De verdad era muy apegado a mi madre. Tampoco es que haya sido igual todo el tiempo, no. El primer año fui empeorando por cada mes que pasaba, eso sí, pero el segundo año fui recobrando lo que era, fui superándolo poco a poco hasta que decidí entrar a la universidad. Presenté la prueba y me aceptaron en Comunicación Social en la Universidad de Miami. Al fin parecía que mi vida volvería a ser normal.

Para ser sincero, me encantaba eso de ser universitario, de verdad necesitaba volver a la sociedad, y eso me hizo bastante bien. Esa decisión fue un favor que yo mismo me hice. Volví a ser de los primeros de la clase, varios de mis compañeros se quedaron asombrados al descubrir que un Molander estudiaría junto a ellos. No lo digo por ser modesto, no. De verdad tengo razones para decirlo. Mi familia es muy reconocida en Florida y en gran parte del país. Pero fue justo ese detalle el que me hundió al finalizar el segundo semestre.

Llegamos a una parte que era dedicada al periodismo, por lo que todos esperaban grandes aportaciones de mi parte. Las daba, todos se fascinaban con mis ensayos. El gran problema fue la razón: mi madre era periodista. En realidad, trabajaba en todo lo que tuviera que ver con noticieros y parte de la televisión, lo que pasa es que el periodismo era su principal labor. Incluso, era tan excelente en lo que hacía que aún hoy en día sigue en la lista de los mejores, después de casi cinco años sin la posibilidad de algo nuevo de su parte.

Por ese motivo, la mayoría empezó a preguntarme sobre ella, cómo era y ese tipo de cosas. Al inicio no me molestó. Al pasar unas semanas, ya me afectó. Uno de mis amigos lo notó e intentó calmarme, luego intentó detener a los demás, le fue imposible. De repente, me volví uno del montón, ya no sobresalía. Era como si tuviera una nube gris a punto de llover sobre mi cabeza. Los rayos ya estaban cayendo y resonando en mí, hasta que un día, la nube precipitó. Volví a lo que era antes de ingresar. Decidí que ya era suficiente, terminaría el semestre y me retiraría.

Por suerte, quedaba muy poco para acabar, así que no fue mucho el tiempo que tuve que simular como si nada me pasara aunque fuera muy obvio. Presenté mis últimos exámenes, entregué mis últimos trabajos y abandoné todo. Jamás regresé. Al empezar el siguiente lapso, ni me buscaron, nadie fue capaz de siquiera preguntar qué había pasado conmigo. Al parecer, ser el hijo de Rose Ascenzo no me hizo ser tan relevante como para que se interesaran lo suficiente en mí. Sólo les importó tenerme entre sus estudiantes como para decir "aquí estuvo un Molander", sin tomar en cuenta que ni terminé la carrera. Interesados. De nuevo, no culpo a los amigos que hice allá, como no revisaba nada y no aceptaba visitas, de seguro intentaron algunas veces y se rindieron.

Y de repente, ya me había aislado otra vez, pero fue diferente y peor, porque estaba solo. La primera vez, fue en la casa de mi padre, al menos estaba con él aunque ni lo notara y con mi hermano, pero ahora estaba totalmente solo. ¿Cómo se me ocurrió mudarme solo? Nunca serví para eso. Rechacé a cualquiera que intentara hacer contacto conmigo, sólo Marc tuvo la oportunidad y sólo porque es mi hermano. No iba a dejarlo ahí afuera esperando como un perro por su comida. Él no se rendía, era capaz de quedarse ahí por horas, o quizás, si ya había llegado a la parte del entrenamiento en la que les enseñan a patear puertas para abrirlas como se ve en la televisión, creo que también llegaba a ese extremo. Es más, creo que la primera vez me convenció de abrirle así, amenazando con hacer eso. En fin, mi mundo volvió a derrumbarse, ¿cómo se me ocurrió meterme a estudiar algo que era obvio que en algún momento me afectaría por ser lo que hacía mi madre y me acordaría de ella? Qué gran error cometí, debí estudiar otra cosa, quizás todo sería distinto de haberlo hecho.

Este aislamiento, por peor que aparentara ser, duró mucho menos. Al poco tiempo ya salía de mi casa. En una de esas salidas fue que pasó lo que causó que mi siguiente parada fuera la más inesperada. Un día, salí simplemente a caminar, sólo a eso. Quería caminar por las calles de la ciudad. El día estaba soleado, era muy bonito, lo que me ayudaba a sentirme mejor de vez en cuando. Ese fue el caso esa vez, me estaba sintiendo excelente. El simple hecho de salir a andar por ahí ya era una señal de mi mejora.

Ya iba de vuelta a casa, faltaba poco para llegar, cuando de repente me pareció ver una cara conocida en malas condiciones. Me acerqué a ella. ¡No podía ser! Era Pauline, pero estaba tan mal, tan distinta. Ella fue una compañera de clase desde la primaria hasta terminar el colegio. Empezamos siendo amigos, luego de la nada empecé a sentirme atraído hacia ella, cosa que no debí hacer. Creí que podríamos estar juntos, y cuando regresamos a clases para tercer año, ella tenía a un nuevo amigo. Qué decir amigo, novio. De paso, me humilló frente a gran parte del colegio, por lo que se ganó algo difícil en mí: mi desprecio.


Regreso a lo que iba. La vi ahí, parada en la calle con una pinta que jamás le había visto. Estaba gastada, esa es la palabra. Llamé su atención y me miró. Sus ojos, sus ojos siempre habían sido hermosos, ahora eran como un adorno navideño dañado, con rojo y verde en tonos espantosos. Era como si se hubiese estado drogando. ¿Pauline era capaz de eso? Quisiera decir que no, pero debo admitir que en los últimos meses que la vi, era similar, sólo que no tan exageradamente, y eso fue cuando aún íbamos a la secundaria. Sus notas bajaron, pasó de ser la eterna primera de la clase a ser el tercer lugar. No está mal, aunque igual era algo raro. Todos sospechaban que era porque se había metido en algo malo. Yo sí sabía qué era, y sí. Se fue con unos tipos que la metieron a un mundo terrible. No podía creer que siguiera con ellos.


Ella se sorprendió al verme. Yo me enojé al verla. Me molestó saber que seguía con esos tipos. Incluso cuando yo la despreciaba, una pequeña parte de mí hacía lo contrario, no porque fuera un enamorado resentido, para esos días aún no había sentido amor de verdad hacia una chica, pero sí era algo que me ponía de mal humor. Creo que llegó a asustarse al ver cómo me torné, no la culpo, porque me enfurecí tanto que me la llevé a mi casa sin su permiso y no la dejé salir, o como normalmente se dice aunque suene más feo, la secuestré.


Última edición por Angelacpm el Sáb 09 Ago 2014, 2:22 pm, editado 1 vez
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Sáb 01 Feb 2014, 6:23 pm

Capítulo #1.

¿Qué rayos hice? Cuatro o cinco días atrás, estaba en mi casa. De la nada, estaba preso. Veamos. Oh, sí. Secuestré a Pauline, no le hice más nada, sólo le impedí salir de un cuarto del sótano de mi casa por tres días. Iba a dejarla ir pronto, pero mi hermano me sorprendió enormemente. ¡No sabía que ya era detective y de paso en su grupo investigan secuestros!
 
Todo pasó así: el día que me la llevé, llamé y aproveché que puedo imitar voces para que Patrick no reconociera mi voz, avisando que estaba raptada. El día siguiente, fui a visitar a Marc y me dijo que Patrick le había llamado diciendo que su hermana fue secuestrada. Tuve que actuar como si no supiera nada frente a él aunque yo era esa persona que marcó su número. Al tercer día, sólo estaba dejándole un poco de agua, salí de ese cuarto y de la nada mi hermano se apareció ahí preguntándome qué estaba haciendo. Entré en pánico, nunca estuve tan nervioso. Iba bien, hasta que Pauline gritó pidiendo ayuda. Rayos.
 
Entonces fue cuando Marc llamó a Alex y a Matías, sus compañeros, de paso también los conocía, ellos son mis amigos desde hace años. ¿Cuándo todos se habían hecho detectives? Me asusté mucho más de lo que ya estaba, y saqué un arma que ni sé para qué la tenía, quizás era de Marc cuando entrenaba y la dejó ahí un día, y les apunté, no para dispararles, lo menos que quería era dañarles, sino para ahuyentarlos. En un montón de actos que casi ni entendí, terminé en el suelo debajo de Alex. Me había caído encima de alguna manera inexplicable, al menos en ese momento. Ahí aprovechó para esposarme. Me atraparon. ¿Qué hice? Vi a Marc en el suelo, inmóvil, sangrando. No podía ser, disparé. Recuerdo haber disparado mas no para herirlo, sólo para alejarlo del lugar. La cosa salió mal, le di, y le di en un mal sitio. Liberaron a Pauline, ahora todos me acusaban de matar a mi hermano. ¿¡Qué!? ¿¡Lo maté!? ¡No! No era posible, yo no era un asesino, ¿o sí?
 
Me subieron al auto y me llevaron a la comisaría. Estaba destrozado, todos dieron por muerto a Marc. No podía creerlo, ¿de verdad había matado a la única persona que estuvo ahí para mí durante todo este tiempo? Me parecía imposible, pero las pruebas dictaban lo contrario. ¿Cómo fui capaz de hacerlo? ¡Fue un accidente! Secuestrador y asesino, de paso maté a mi hermano, y era un policía, lo que lo hace peor. ¿Cuándo me convertí en esa escoria? Cómo pueden cambiar las cosas en sólo una semana. Lloré por todo el trayecto. Bien, al menos aún tenía sentimientos.  Llegamos a la comisaría, me metieron en una sala de interrogatorios. Alex y Matías me preguntaron cómo ocurrió todo, yo sólo pude llorar e insistir que fue un accidente. Nunca quise matar a nadie, menos a mi hermano. Se asomó el tema de la condena. ¿Qué me merecía? En mi mente existía una única opción: la pena de muerte.
 
Así de mal me encontraba, que lo único que quería era morir. No aceptaría vivir el resto de mis días preso, o quizás libre, pero no con la carga de haber acabado con la vida de Marc. Quería a ese muchacho un montón, tan buen hermano mayor que fue conmigo y así le pagué.  En tres años había perdido a las dos personas más importantes para mí, él y mi mamá. Antes de que lograran articular cualquier palabra, solté todo lo que tenía dentro. Confesé querer que me ejecutaran lo más pronto posible. Resultó que aunque no lo solicitara, eso harían conmigo pues la pena de muerte es la condena para todo aquel que asesine a un oficial. Se desharían de mí al siguiente día a las diez en punto de la mañana. Eso fue perfecto, al fin algo había salido bien, por raro que suene.
 
De allí, me llevaron al Centro Penitenciario de Miami en ese autobús de la prisión. Me sorprendí, no sabía que eso existía, un autobús hecho especialmente para transportar a los de uniforme naranja a su próxima residencia. El uniforme te lo dan desde la comisaría, incluso antes de interrogarte para obtener tu testimonio si ya saben que eres el culpable. Más que un autobús, parece una cosa de locos. Los asientos no están posicionados como los de uno normal, que vendrían siendo asientos para dos o tres personas uno delante del otro en dos filas dejando un espacio en el medio para quienes no lograron sentarse o los que buscan asiento, no. Los asientos van a los lados, como si fuera una ambulancia. Una fila a cada costado del vehículo, otras dos en el medio, porque está dividido en dos, supuse que era para ubicar a las personas según el riesgo que representaba cada uno. En esas filas cabían diecisiete personas, así que el total sería de sesenta y ocho, y justo esa era la cantidad que había la vez que me tocó. ¿Tantos delincuentes hay?
 
Sigo describiendo la estructura del autobús. La entrada sí está donde se acostumbra, con sus escaleras. Si siguieras derecho, te encontrarías con una pared antes del asiento del chofer, es más, su lugar está rodeado de paredes, me imagino que es para que no lo ataquen o algo así. Si cruzas a la izquierda, otra pared, pero ésta tiene su puerta abierta, al pasar, entras al área de los naranjas. Me ubicaron en el puesto ocho de la fila de la izquierda. Bien, si esa es la fila que está justo detrás del conductor, me imaginé que era la de los más tranquilos. Qué equivocado estaba.
 
A mis lados tenía a dos hombres más grandes que yo en el sentido de musculatura y al frente a otro más que daba miedo con sus tatuajes cubriendo sus brazos y parte de su cuello, cabeza calva y mirada de no muchos amigos. Yo parecía un niñito de preescolar metido ahí porque perdió a sus padres en el camino. Sólo hay que imaginar, casi todos los que me rodeaban eran enormes y sus caras no transmitían mucha confianza, de esos que no deseas encontrarte de noche si vas caminando solo. En cambio, yo parezco menor de lo que soy, siempre me han creído tres años menor, por lo que de seguro ellos estaban pensando "¿qué hace este niño de dieciséis aquí?", porque mi imagen no tiene nada que ver con la suya, quizás sólo que también soy hombre, soy alto y usaba la misma camisa y pantalón de color naranja.
 
Era un simple chico ahí, comparado con los demás. Mi cabello castaño liso y bien peinado, mis ojos azules que resaltan por la oscuridad de mi cabello, mi falta de contextura muscular para ese momento y mi delgadez, ni siquiera tenía algún tipo de vello facial además de mis cejas ni de vello corporal, todo me hacía parecer un infiltrado ahí, incluso un actor que se coló al equivocarse de camión pues subió al real y no al del rodaje, pero no, de verdad iba a ir al mismo sitio que todos los demás. El hombre de los tatuajes fue el primero en notar mi físico para nada concorde. Él se inclinó algo hacia adelante para detallarme mejor, me incomodé y miré hacia abajo. Aún sentía esas ganas profundas de llorar, aunque aquí debería aguantar, si apenas se lograran notar mis deseos, sería un desastre, todos se abalanzarían sobre mí al ver mi debilidad. El hombre casi se rió cuando bajé la vista. ¿Qué le sucedía? ¿Quién se ríe por eso? Ah, claro, él.
 
—Tú, niño, ¿le robaste el dinero a tus padres para comprarte unos zapatos? —se burló. Rió ante su propio comentario, luego se le unieron algunos que lograron escuchar. Yo sólo pude verlo con una mala cara—. No, unos zapatos son algo demasiado corriente para un niño ricachón. ¿Lo robaste para comprarte el celular último modelo que no te dejaban tener? —rieron aun más. Yo lo miré aun peor—. ¿Tampoco? ¿Qué otra cosa puede hacer un niño rico? ¡Oh! ¿Intentaste matar a alguien para quedarte con la gran herencia de su parte? —terminó de burlarse, ya todos alrededor eran risas, excepto yo. Yo ya estaba rabiando—. Oh, lo siento, ¿te recordé que ahora van a desheredarte y que ya no eres bienvenido a tu familia adinerada?
 
¡Suficiente! Este tipo fue el primero en mucho tiempo que ganó mi desprecio. Ni lo volvería a ver, pero sus bromas me hartaron. A eso me refería, mi imagen es de lugares de buena pinta, aunque nunca pensé que transmitiera "soy el menor de mi familia millonaria", aunque en parte es verdad, soy el menor de una familia con mucho dinero, pero no me gusta alardear. Mis cejas estuvieron a punto de unirse, podría hasta echar humo por las orejas.
 
—¿Crees que vas a asustarme? Nunca darás miedo mientras sigas siendo tan... consentido, por más que unas tus cejas e intentes que tus ojos miren fijo al punto de tu enojo. Esas cejas que parecen sacadas y tus ojos azules, aunque no sean claros, son intensos, sólo me hacen pensar en esos personajes tipo hombre lobo o vampiro de hoy en día, que intentan dar miedo pero sólo atraen a un montón de niñas locas.
 
¿¡Qué!? Se volvió loco, definitivamente. Ahora sí que reían a carcajadas y mi expresión enojada se combinó con una sorprendida, lo que les dio aun más risa. ¿Cómo era posible que se rieran más y más? Ahora sí se equivocó. Primero, no soy consentido. Segundo, mis cejas son así naturalmente, no tengo la culpa de que tengan forma. Cómo me molesta que hablen sin saber.
 
—Dinos, ¿qué fue lo que hiciste? A ver si dejamos de burlarnos.
 
—Eso no te incumbe —si lo recordaba, iba a llorar.
 
—Eso me hace pensar que de verdad hiciste algo estúpido. ¿Hiciste alguna de las cosas que dije?
 
—¿Te encontraron bebiendo alcohol? —oh no, comenzaron a unirse.
 
—¡Cierto! No debes pasar de 18 años, a lo mejor esa es tu edad porque sino no estarías aquí, sería ilegal. Y como la edad legal para el alcohol es de 21... ¿Te emborrachaste y te delataste?
 
—¿Te encontraron con botellas de vodka?
 
—¿Descubrieron tu identificación falsa para comprar alcohol?
 
Y así comenzaron a hacerse un montón de suposiciones de cómo terminé ahí, todas relacionadas con el alcohol. Si tan sólo supieran que jamás he probado ni una gota de vino y ni me interesa, además de que ahora no puedo hacerlo por ciertas razones de salud. Me sentí ofendido, el tan sólo pensar que yo entraría al mundo de las bebidas alcohólicas era una ofensa. No es que repugne a quien beba, no, más bien me siento incómodo bebiendo refresco en fiestas y reuniones, pero eso no va conmigo. Aunque... preferiría que mi cargo fuera de posesión de alcohol o parecidos a lo que en realidad era.
 
—No responde, a lo mejor es eso.
 
—También pudo ser por drogas.
 
—¿Un niño como él? El alcohol está más probable. Aunque... ¿Te descubrieron con marihuana, heroína, coca o lo que sea droga en tu auto y te excusaste con eso de "es de un amigo, le presté el auto, lo dejó ahí y yo no sabía"?
 
¿Cuándo pensaban detenerse? Esa opción era mucho peor. Conozco a muchos "aficionados" al alcohol, varios que han llegado a la borrachera y otros que se cuidan, incluso, mi hermano entraba en ese grupo. Pero, ¿drogadictos? Eso hasta ofendía a mis conocidos, no sólo a mí.
 
—Miren, volvió a poner su cara de intento de susto. ¿Quieres saber qué da miedo de verdad? —si esa frase de por sí ya daba miedo, no quería saber—. Todos, enséñenle qué da miedo.
 
Eso no sonaba bien, no para mí. De repente, todos pusieron su peor cara, todos viéndome. Lentamente, mi cara enojada fue suavizándose hasta ser una espantada, no pude evitar mostrar mi miedo. Me echaba para atrás mientras todos se acercaban a mí, sentía sus miradas penetrándome. Algunos medio sonrieron, les parecía gracioso. El que empezó todo, el tatuado, volvió su mano derecha un puño mientras la izquierda lo cubría. Oh no, ¿me caerían a golpes en pleno autobús? Varios repitieron su acción. No, no, no, no, no, no. ¡No! Entré en pánico, de un segundo al otro estaba debajo del asiento. Espera, ¿qué? ¿Cómo llegué ahí? Sólo sabía que sus expresiones bravuconas volvieron a soltarse y rieron más fuerte que nunca.
 
—¿Vieron lo que hizo? ¡Se escondió bajo el banco! ¡Qué cobarde! Ni siquiera íbamos a hacerte algo, ¿cierto? —todos negaron.
 
—Tendrás que mejorar si vas a ir a prisión. Vas a ser el muñeco maltratado de todos si sigues por ese camino.
 
—Es cobarde, se quedará así. Jamás sacará su valentía, si es que la tiene. Típico adinerado, cobarde hasta en los huesos.
 
Y siguieron comentando injustamente sobre mí. Intenté salir de mi escondite varias veces, pero ellos me bloquearon la salida todas las veces con sus piernas. Incluso llegaron a patearme para dejarme ahí adentro, o mejor dicho, ahí abajo. ¿Qué hice para merecerme todo eso? Ah, cierto... Secuestré a Pauline y maté a Marc. Estuve ahí durante todo el resto del trayecto escuchando burlas y risas. Hablaban como si ya no estuviera ahí. Por favor, sólo estaba debajo de ellos, no salí por la ventana. Cuando al fin llegamos al lugar, me dejaron salir antes de que alguien se diera cuenta de que estaba ahí. Me llevaron a una pequeña celda  en la que pasaría mi última noche.
 
La noche que tuve que esperar fue eterna. Aún no lograba controlar mis lágrimas, casi ni pude dormir, hasta que finalmente Alex llegó por mí. Él sería quien me llevara a la silla eléctrica y quien la activaría. ¿Cómo habrán decidido eso? Por su propia voluntad no lo fue, de eso estoy seguro, aunque eso ya no me importaba. No me importaba nada, sólo quería hallar mi destino, para mí ya no quedaba nada. Llegamos. Me explicó cómo funcionaba, tomé asiento, y supuse que ese sería el inicio de mi final. Me sentía triste, no imaginé que me iría tan rápido, pero eso era lo correcto. Empeoró cuando sólo faltaba una correa. Mis ojos se hicieron agua, pronto estaría llorando, aunque no duraría mucho tiempo en llanto. Sentí cómo me ajustó el casco, de inmediato una lágrima cayó, no aguanté. Eso era todo, el siguiente paso era la descarga final. De ella sentí su primera parte, fue una descarga eléctrica bastante fuerte, con la potencia para dejarme sin fuerzas y probablemente sin rastros de vida.


Última edición por Angelacpm el Sáb 09 Ago 2014, 2:31 pm, editado 2 veces
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Emily Rawson el Miér 05 Feb 2014, 5:14 am

Hola (:
Aquí estoy! Llego MDUVM en OWN :'D YEY!
Primer capítulo y es genial ¿Ya te dije que amo como narra Leo?
Ahora cierra todo básicamente, el por qué del secuestro, como Leo llegó hasta allí, todo esta genial. Aunque vaya que sí debe ser difícil ser Leo, bueno, ¡más que difícil si se supone que eres un criminal y asesinaste a tu hermano! Si supieran esos bravucones que se hacían los machotes en el autobús lo arrepentido y buena persona que es Leo, no que es cobarde y eso, al contrario, creo que es bastante fuerte como para haber sobrevivido ese viaje y cumplir su pena de muerte sin quejas. Ya quiero leer el segundo cap ¿En wattpad o OWN? De todas formas, comentaré aquí, porque...no lo sé, podría hasta comentar en los dos sitios pero sí, tienes razón, aquí tienes más lugar para escribir y para expresarte, bueno, es un foro ¿No? Okey, sea como sea, publica pronto el segundo cap! Besitos!
PD: AH! Y Casi me olvidaba...El diseño de la ficha y la descripción te quedó genial! Me encanta :D
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Miér 05 Feb 2014, 4:30 pm

Emily Rawson escribió:Hola (:
Aquí estoy! Llego MDUVM en OWN :'D YEY!
Primer capítulo y es genial ¿Ya te dije que amo como narra Leo?
Ahora cierra todo básicamente, el por qué del secuestro, como Leo llegó hasta allí, todo esta genial. Aunque vaya que sí debe ser difícil ser Leo, bueno, ¡más que difícil si se supone que eres un criminal y asesinaste a tu hermano! Si supieran esos bravucones que se hacían los machotes en el autobús lo arrepentido y buena persona que es Leo, no que es cobarde y eso, al contrario, creo que es bastante fuerte como para haber sobrevivido ese viaje y cumplir su pena de muerte sin quejas. Ya quiero leer el segundo cap ¿En wattpad o OWN? De todas formas, comentaré aquí, porque...no lo sé, podría hasta comentar en los dos sitios pero sí, tienes razón, aquí tienes más lugar para escribir y para expresarte, bueno, es un foro ¿No? Okey, sea como sea, publica pronto el segundo cap! Besitos!
PD: AH! Y Casi me olvidaba...El diseño de la ficha y la descripción te quedó genial! Me encanta :D
Sí, MDUVM ha llegado :rawraw:! (AMO cuando hay nuevos emoticones aunque este es irónico porque me recuerda a Paula)
Digamos que la parte de cómo llegó (lo del autobús) fue de lo principal por lo que quise hacer esto una novela, necesitaba escribirlo, y eso que dice Leo de que no sabía que eso existía fue por parte mía porque descubrí eso hace unos meses. Y sí, totalmente de acuerdo. Amo este comentario, has captado tan bien a Leo   No podía parar de leerlo ni camino al colegio ni en el colegio (sí, en el colegio, la clase de premilitar, nah...) hasta que se me descargó el iPod por mis amigas enviciadas con Flappy Bird. El segundo capítulo en minutos, sólo por Wattpad *inserte la voz del de Sony anunciando cualquier serie a punto de empezar  *
Wattpad para leer y votar (sí, me gusta mucho más leer por ahí), Only para comentar.
Esa ficha fue de las cosas que hice en mi ataque de sin oficio en vacaciones de Navidad, je... Y sí, aunque hubo algo que me quedó mal ahí, pero es un error tan pequeño que logré disimularlo y casi no se nota (es la linea verde, si te das cuenta, no hay bordes a sus lados, pero se ve medio hecho a propósito así que  ). Y gracias!
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Jue 06 Feb 2014, 2:42 pm

Capítulo #2.


¿Dónde estaba? Desperté en una camilla ubicada a un costado de una pequeña habitación que parecía ser de hospital, pero… Aún tenía el uniforme naranja de la prisión puesto, ¿se arrepintieron de procesarme? No, ¿cómo sería eso? Yo estaba seguro de que sentí la electricidad en mí y que todo se puso negro en sólo instantes. ¿No morí? ¿Morí y eso de Cielo e Infierno es falso y lo que te pasa es que te mandan a una clase de hospital con lo último que llevabas puesto? ¿Detuvieron la descarga eléctrica antes de que lograra acabar conmigo y me mandaron a un hospital a hacerme no sé qué? Estaba totalmente confundido, de paso, no veía a nadie alrededor. ¿Estaba soñando? No, sino no tendría el uniforme. ¿Sería que todo esto de la ejecución fue un sueño y acababa de despertar en un hospital porque iban a hacerme un chequeo antes de encarcelarme? No entendía nada, y cuando eso sucede, mi cabeza inventa las teorías más remotas que pueda imaginar.
 
Luego de unos segundos, alguien apareció por la puerta. Al fin me aclararían las dudas y mi cabeza dejaría de imaginar. Era un doctor, se presentó como Walter Sheperd. Me explicó todo.
 
—De seguro estás muy confundido. Te explicaré lo que pasó. ¿Lo último que recuerdas es haber estado en una silla eléctrica siendo ejecutado? —asentí—. Te preguntarás entonces cómo es que estás en un hospital completamente vivo. Pues, la silla fue activada con un voltaje que sólo alcanza para dejar inconsciente a un hombre como tú, jamás te habría matado.
 
¿Alex se equivocó de voltaje? Genial, ahora tendría que repetirlo todo, no pensaba vivir así y esperaba que ellos tampoco planearan dejarme así.
 
—Por eso es que estás vivo y en un hospital. Estamos por hacerte unas cuentas pruebas —¿Pruebas? ¿Para qué si me procesarían? Genial, pensaban mantenerme con vida—. Ya no van a ejecutarte, son buenas noticias —por supuesto, excelentes noticias. Ahora pasaría el resto de mi vida encerrado, ¿eso es bueno? Preferiría dejarme matar ahí adentro, aunque eso significara más dolor—. Hey, ¿por qué pones mala cara? ¿No quieres vivir?
 
—Me iban a ejecutar porque asesiné a mi hermano —respondí para que notara mi mal humor.
 
—Oh, de eso… No asesinaste a tu hermano, él fue el que se dio cuenta de que su compañero puso el voltaje equivocado.
 
¿¡QUÉ!? Ok, ¿me acababa de decir que estaba vivo? ¿Cómo era posible? Mi cara quedó con una expresión mucho más confundida de la que tenía antes de que el doctor se presentara.
 
—¿Está vivo?
 
—Sí. Resulta que entró en un estado de muerte aparente, sus signos vitales bajaron tanto que eran prácticamente imperceptibles, pero cuando llegó aquí descubrimos que seguía con vida. La bala le atravesó el brazo izquierdo y se alojó entre sus costillas, sólo tuvimos que extraerla y colocarle un yeso porque se fracturó el brazo. Él está afuera, en la sala de espera justo ahora, esperando a que terminemos de examinarte.
 
Quizás sea la mejor noticia que he oído en años. ¡No maté a Marc! Nadie jamás entenderá lo feliz que me sentí en ese momento. No era un asesino, Marc seguía vivo y yo sobreviví como si de un milagro se tratara. Qué suerte tuve, pude morir en vano ahí si no fuera por Alex. Debía darle las gracias luego.
 
—¿No puedo verlo ahora?
 
—No. Lo verás cuando terminemos los exámenes. No son muchos, lo aseguro.
 
Bueno, al menos lo vería. Necesitaba hacerlo luego de semejante susto. El doctor me llevó hasta el área de… ¿Psicología? Espera, ¿me creían loco o algo así? Sé que no todos los que necesitan de ayuda psicológica están locos, cuando era niño llegaron a llevarme a una para que superara algunos traumas, pero… ¿Ahora? ¿Qué se suponía que tenía mal ahora? Caminamos hasta un consultorio donde había dos personas más, un hombre y una mujer que al fin no me vieron con mala cara. Todos en el camino me miraron con desprecio, odio, terror, miedo, pena, vergüenza y todo lo que se me puede ocurrir por mi uniforme naranja y zapatos de goma blancos típicos de la prisión. En fin, ellos fueron los primeros en verme como alguien normal. Me senté en un sillón a un costado del sofá donde estaban ellos. De inmediato, me llenaron de preguntas, querían saber de todo. Cómo eran las cosas por mi casa y en mi familia, si tenía algún trauma o fobia, experiencias traumáticas…
 
Luego del interrogatorio, el cual duró algo más de lo que esperaban porque si alguien ha vivido traumas desafortunadamente soy yo, me sacaron del consultorio y me llevaron de vuelta a la habitación anterior para realizarme un examen físico, un simple chequeo médico. Seguía confundido por lo de los psicólogos, de paso eran dos, no sólo uno. ¿Qué quería decir eso? No me respondieron más que cosas como “por cómo nos contaron todo, algo descuadraba, queríamos comprobar”, lo que me desconcertaba más. Después de varios minutos, concluyeron. La pareja de especialistas regresó para contarme que soy impredecible con un gran sermón para que no me alarmara, como si enterarse de tener una enfermedad mental fuera tan sencillo. No me lo tomé tan mal, más bien, ahora entendía ciertas cosas, pero igual, pasar de creer que todo lo que sientes es normal a saber la razón no es nada ligero.
 
Explico, la impredecibilidad es como si tomaras a un bipolar y lo cambiaras un poco. Está muy poco estudiada, por lo que tampoco es que pueda explicar muy bien y eso que soy uno. Lo que puedo decir es que provoca que tus emociones te controlen, por eso pasó todo. Yo secuestré a Pauline porque mi emoción de enojo me dominó y me hizo raptarla, no porque haya querido hacerlo. No me estoy justificando, para nada, pero creo que es el ejemplo perfecto de cómo los sentimientos controlan a un impredecible, porque jamás habría ni pensado en encerrarla siendo sano. Otro ejemplo para dejarlo claro: mi pánico. Que tomara una pistola, apuntara a todos y que incluso llegara a disparar sólo para alejar a Marc de la puerta es otra cosa que jamás habría hecho ni pensado. El miedo me controló y actué bajo sus órdenes.
 
Me quedé impactado los primeros minutos, me gustaba que todo eso no lo hubiese hecho por voluntad propia, pero a la vez no me gustaba eso de tener mal la cabeza. Luego pensé qué harían conmigo ahora que descubrieron que todo lo hice bajo un estado de inestabilidad mental y no por mí mismo. Si algo he aprendido porque mi padre es un abogado fiscal, es que en esos casos todo cambia. No duré mucho con la duda, pues dejaron que Marc entrara a verme junto a sus compañeros y les pregunté. Me respondieron que no pasaría más de un año apartado del mundo, que serían alrededor de cuatro meses por secuestro y seis meses por agresión a un oficial de policía. Al final, ser impredecible en ese momento me dio más beneficios de los que esperaba, porque de no haberlo sido, quizás me habrían dado la de veinticinco años a perpetua en vez de los casi diez meses que tuve que pasar en ese terrible lugar del cual hablaré más tarde.


Última edición por Angelacpm el Vie 10 Oct 2014, 9:56 pm, editado 4 veces
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Mar 11 Feb 2014, 3:45 pm

Capítulo #3.

Tuve que pasar el día entero en el hospital. Siguieron haciéndome pruebas, pues antes de ser ingresado a una prisión se debe visitar al médico, además de otros procedimientos. En realidad, ese es el último paso junto a algunas entrevistas, pero aprovecharon que ya estaba ahí. Los otros cuatro pasos sí se llevaron a cabo en orden.

El primero de ellos es la identificación personal. Consiste en una reseña en tres pasos. Obviamente, preguntaron por mi nombre para ubicarme en la M, pues el registro es en orden alfabético por apellidos. Luego me tomaron las huellas dactilares para así comprobarlo y de último, la foto. Sí, esas fotos que se suelen ver en la que sale la persona con un cuadro con sus datos y detrás aparece una pared con números que indican la altura, yo por mala fortuna tengo una. No me dijeron nada de cómo salir en esa foto, no es como cuando te sacas la identificación que te piden el montón de requisitos “no sonreír, no hacer muecas, no poner caras, accesorios notorios prohibidos al igual que el maquillaje excesivo”, no. Tal parece que se puede salir como lo deseas, pero, ¿yo de qué otra manera iba a posar? Salí de lo más serio, creo que hasta un poco preocupado. Es una situación totalmente incómoda.


El segundo paso es la inscripción y apertura del expediente. Eso es simplemente recoger la información ordenada cronológicamente de todas las incidencias penitenciarias, penales y demás. La mía obviamente fue la del secuestro y agresión a un oficial de policía. Es lo único que está escrito en mi expediente y espero que se mantenga así, que no se agregue nada más, que no haga falta abrirlo de nuevo, al igual que la foto y todo lo del primer paso que se utilizan para identificar a la persona si reincide, pero no, espero que se mantengan ahí como unas más del montón, que se queden olvidadas, que no haga falta revisarlas y que no aparezcan mis datos en medio de otro caso. Que se queden ahí y que no sea necesario renovar la imagen.

El tercer paso es el cacheo y registro de pertenencias. Es el momento en el que te quitan todo lo que no está autorizado, como el celular, para ser guardado y poder ser retirado ya sea por la misma persona al salir o por un familiar designado. En mi caso, como lo único que tuvieron que quitarme fue mi ropa para cambiarla por el uniforme, decidí que se la quedaran, así no tendría que pedir que Marc pasara a darme ropa en julio cuando me pusieran en libertad. Práctico, ¿no?

El cuarto paso y último para mí fue la información al interno. Ahí me informaron de mis derechos y obligaciones por escrito. Es como una clase, tu libro del manual de convivencia. Parece que nadie lo lee o nadie le hace caso, porque al menos las personas con las que me tocó “compartir”, la mayoría rompía casi todas esas reglas. Si alguna parte del folleto no es entendida, hay un educador al que le puedes preguntar sobre todas tus dudas. No me hizo falta, decidí aprender por mi cuenta a sobrevivir en ese lugar.


Finalmente, me asignaron mi celda, la 24B1. Traducción, la celda número 24 del área B del piso 1. Decidieron que sería bueno que mi hermano estuviera por ahí para darme algo de apoyo, así que él mismo fue uno de los que me llevó allá. Mucho más incómodo aún, mi hermano policía acompañando a su hermano a punto de ser preso camino a su celda, auch. Estaba que me daba algo, pasaba frente a un montón de celdas y no llegábamos a la mía, pero lo que veía no me gustaba. Todas eran pequeñísimas, creo que de milagro alcanzaban a ser de 2x2. Si la 24B1 era así, sería terrible para mí. Toda mi vida he estado en lugares grandes, mi casa es grande, ni siquiera sus baños son pequeños como suele acostumbrarse, mi colegio era grande, casi todos los sitios en los que he vivido o ido frecuentemente son amplios. Estaba esperando a que alguna celda más grande apareciera. De paso, todas con un retrete a la vista en un rincón, ¡NO! Deseaba privacidad, ese era uno de mis derechos, ¿no?

Pasamos frente a las celdas, los típicos reos viendo al nuevo, algunos como si acecharan a su próxima presa. Sí, me dio algo de miedo, pero mi deseo por ver algún espacio mayor era más grande así que no se notó mucho. Recorrimos un pasillo entero y nada. Me estaba desesperando, quería parar, no soportaba estar entre un montón de naranjas ni un minuto más y tendría que hacerlo por diez meses. Quería salir corriendo, quería volver a llorar, me iba a dar un ataque de pánico. Me encogí de hombros. Marc se dio cuenta de inmediato, en respuesta apoyó su mano derecha en mi hombro izquierdo ejerciendo algo de fuerza para que lo bajara. Luego se acercó más a mí y repitió el proceso del otro lado.


—No demuestres miedo. Cuando llegan nuevos, los miran fijamente para clasificarlos de inmediato, y si sigues así, quedarás como una presa fácil. No querrás eso —susurró casi a mi oído. Luego se separó de mí, estaba rodeando mis hombros con su brazo. Como que se dio cuenta de que la imagen de un obvio detective “abrazando” a un preso podría significar varias cosas para nada convenientes. Menos mal que lo hizo por su cuenta, estaba por decírselo y eso se habría visto aun más raro—. Ya estamos llegando al área B, aguanta un poco.


Al final, creo que sí fue buena idea que Marc me acompañara. Me calmó un poco, además de aconsejarme. Llegamos al área B, era totalmente distinto. Me pareció que era algo mejor, celdas un tanto más grandes y con el retrete aparte en algún lado que aún no lograba ver. Bien, mi zona parecía más quieta, no me miraban como los del A, sólo me siguieron algunos con la vista. Nos detuvimos frente a una celda vacía.

—Celda 24B1, llegamos —alguien activó la puerta y se abrió. De inmediato, el oficial que iba detrás de nosotros me metió y cerró la puerta, impidiéndole hacer cualquier cosa que Marc tuviera en mente. Se le notó, puso cara de confusión como si diciendo “¿y a este tipo qué?”, porque se alejó apurado sin decir nada más ni dar explicaciones. Luego me vio, se acercó lo más que pudo. Yo sólo me quedé parado frente a él, ni volteé a detallar el lugar.

—No puedo creer que esto esté pasando. Es más, no puedo creer los últimos días.


—Yo tampoco —también me habría acercado lo más posible, pero… Habríamos quedado con una imagen típica de una pareja que está por separarse por la distancia durante mucho tiempo, porque Marc casi metía su cabeza en medio de dos de los barrotes y su mano derecha sostenía uno de ellos. De no ser por el yeso, estoy seguro de que la izquierda también habría agarrado un barrote—. No sé lo que estaba pensando, nunca quise terminar aquí... 


—No, detente —me interrumpió—. No fue tu culpa, aunque eso parezca. ¿Sabes lo que estar en el área B significa? Que sea lo que sea la infracción que se cometió, no fue intencional. Que fue un accidente, que fueron extorsionados o convencidos bajo fuertes situaciones de hacer lo que hicieron, que una enfermedad los controló, lo que sea que indique que no fue por voluntad propia. Tú no eres esto, no eres un criminal.

—Pero estoy aquí…

 —Eso no significa nada —Marc no iba a dejar que dijera algo en mi propia contra—. Eres más que esto, que estés aquí no quiere decir que seas malo.


Sin dudas, Marc no quería verme mal. Decía cualquier cosa para hacerme sentir mejor. Si yo hablaba, en sólo tres palabras sabía que me atacaría a mí mismo y me callaba para seguir animándome. No hace falta decir que me quiere mucho, y yo a él, somos demasiado unidos. Siempre ha sido así conmigo, no permite que me pase algo malo, pero si llega a suceder, no permite que eso me destruya, y si ve que ya es casi imposible, no se detiene, no se rinde, no se queda tranquilo, no se calla hasta al menos ver que estoy un poco mejor. Siguió en su intento de calmarme, pero yo no lo podía aguantar, no por más tiempo. Estaba a punto de liberar mis lágrimas una vez más.

—… No te sientas basura por estar aquí, sigues siendo… ¿Qué? ¡No! ¡No, no, no! ¡No llores! —se alteró al notar mis ganas. Intentó algo con su brazo izquierdo, era obvio que no lo lograría por el yeso, así que puso una cara adolorida y luego extendió su brazo derecho rápidamente hacia mí, alcanzando mi cara—. En estos momentos, no quisiera ser parte de esa minoría de la población que es zurda en el mundo, la costumbre… —comentó, supongo que para hacerme reír, funcionó por un segundo, mas volví a tener expresión de querer llorar—. Hey, no, por favor, no. Di lo que quieras, pero no llores, por favor.

Mi dolor pasó a ser suyo, no soportaba verme así y ya no hallaba qué hacer para evitar mi llanto. Podía ver su preocupación, pero no muy bien, se me estaba nublando la vista por el agua en mis ojos a punto de caer. Él hizo lo posible por tomar mi cara en su mano, y digo “lo posible” porque es torpe al usar su mano derecha, igual lo logró. Me acercó un poco primero, luego sí colocó su mano bajo mi mentón. Ni sé que pretendía lograr con eso, sólo sé que lo hizo por alguna razón que debía tener lógica en su cabeza.

—Es que… es que… Siento como si ya no tuviera vida y… y que… —el nudo en mi garganta se desató en mis ojos.

—¡No! ¡No, no, no, no! Detente —intentaba secar mis mejillas, pero al momento que lo hacía, volvían a humedecerse—. Mira, si lo dices por estar aquí… No deberías estarlo, me refiero a que se supone que debiste haber muerto, pero no, sobreviviste. ¿No crees que sea por algo? No creo que hayas vivido por pura casualidad, debe haber una razón oculta por ahí. Sí, puede que sea terrible el hecho de estar aquí, pero más terrible hubiese sido que murieras. Si sigues vivo, algo debe estar esperando por ti, y el tiempo que pases encerrado será sólo lo que deberás esperar para darte cuenta de qué o para empezar a hacer la diferencia. Será el tiempo que deberás esperar para que tu segunda oportunidad llegue.

—¿Otra más? Marc, ya he tenido como tres segundas oportunidades. 


—Lo sé, esta es tu tercera segunda oportunidad si te refieres a eso de “debería haber muerto pero sigo aquí”, pero hablo en serio. Piénsalo así, como una segunda oportunidad, o cuarta como parece que quieres pensarlo, mientras sea otra oportunidad, me vale el número. Es un nuevo chance de vivir, cuando salgas todo estará mejor, sólo debes tener paciencia.

Ya me estaba convenciendo, me gustaba esa idea aunque ya era repetitiva para mí. Dos veces más había pasado por situaciones en las que debí morir pero sobreviví, aunque esta creo que fue la definitiva, la que de verdad me hizo creer. Yo antes pensaba que era sólo casualidad, que no había razón alguna, pero esta vez sí lo creí, debía haber alguna razón que descubriría luego. Poco a poco me fui tranquilizando, ya no lloraba, decidí creerle. 


—¿Ya estás mejor? —liberó su mano.

—Pensaré así, una segunda oportunidad que tendré que descubrir para qué luego.

—Excelente —sonrió.


—¡Usted! —escuchamos la voz de un vigilante a la distancia—. ¿Qué está haciendo? ¡No tiene permiso a estar ahí!


—¡Soy detective! —Marc sacó su placa y se la mostró, no sin antes volver a confundirse y tratar de hacerlo con el brazo izquierdo.

—Ah, entonces puede quedarse hasta que termine —se alejó. Marc guardó su placa.


—En serio, ¿por qué tuve que salir zurdo? —sobó su brazo.


—Esa no es la pregunta. Es “¿por qué justo el brazo izquierdo?” —nos reímos un poco.

—Cierto, no me molesta ser zurdo, me gusta. Fuera de bromas, ¿puedo irme sabiendo que no vas a ponerte mal apenas lo haga?

—Sí, puedes hacerlo.


—Bien, porque vine con una compañera que al parecer no soporta estar acá, la estoy viendo desde aquí y parece estar desesperándose y molesta. No me extraña, creo que no le agradan los delincuentes de ningún tipo. Quizás por eso se metió a policía, para encerrarlos ella misma. 


—¿Y por qué viniste justo con ella si lo sabías?

—Alex y Matías están ocupados con el papeleo, ella estaba libre así que me podía traer —hizo ciertas señas, al parecer su compañera lo estaba apurando y él le estaba diciendo que esperara un poco más.

—¿Te está apurando?


—Sí, mejor me voy. Recuerda, es una segunda oportunidad.

—Lo haré —afirmé y luego nos abrazamos. Sí, no importaba que hubiese una reja entre nosotros. Nos abrazamos y punto. 


—Creo que no fue una buena idea —oí a Marc con voz adolorida antes de soltarse—. Mi brazo en el medio recibió toda la presión y ahora me duele más.

—Y sólo ha pasado un día desde que te lo pusieron.

—No sé cómo sobreviviré a tres semanas con el brazo enyesado.


—No abrazando a nadie y pensando antes de hacer algo que implique mover un brazo.


—Gracias —respondió sarcástico a mi consejo, se dio cuenta de que en parte me estaba burlando. Me reí un poco—. Hasta luego.

—Hasta luego…

Y se fue. Ahora sí empezaba la realidad de estar solo en ese lugar. Lo primero que vi fue la celda de al frente, no había nadie, o por lo menos, quien estuviese ahí estaba bien escondido. Luego vi atrás revisando mi espacio. Me parece que medía 2,5x2,5 porque me acosté en la cama y sólo por unos diez centímetros mis pies no se salían. Suponiendo que la cama medía un metro noventa y tanto, sobraba algo más de medio metro entre la pared y la misma, así que el espacio debía medir dos metros y medio. Sí, me puse a sacar cuentas raras para no pensar en lo triste de estar ahí. Me levanté, esa cama era algo incómoda.

Noté la falta del “baño” exterior que vi en las otras celdas y ya me estaba preguntando si era que tendría que orinar en un balde o en el piso o la pared y ni quise imaginar el otro caso. Después fue que me di cuenta de que había una pequeña puerta al final que si la abría, daba con el baño. ¡Bien! Sólo era el retrete y el lavamanos, lo básico. ¿Y la ducha? Oh, no… No quería saberlo, si era como lo que había visto en cine y televisión, no iba a agradarme para nada. Me senté en la cama para poder pensar en otra cosa, no me perturbaría antes de tiempo.


Última edición por Angelacpm el Sáb 09 Ago 2014, 2:45 pm, editado 1 vez
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Emily Rawson el Jue 13 Feb 2014, 12:07 pm

Como a tí te paso...OWN no me avisó que había un nuevo mensaje aquí. Por eso te pregunté si habías publicado...Bueno, después de todo, decidí meterme aquí para comprobarlo yo misma...y sí, el capítulo ya esta en OWN!
Leí como es tu agenda: Publicar en wattpad, luego aquí y después un capítulo nuevo de MQCDP :) Eres ordenada, y eso te mantiene bien.
En fin, el capítulo, me encantó. Es decir, a Leo le costará seguir esa "segunda-o cuarta-oportunidad" bien a pie, pero tiene que escuchar a Marc, que es un genial hermano y lo esta ayudando muchísimo. Sólo...tiene que verle el lado positivo y seguir adelante :D
Uh...sobre los 4 primeros pasos antes de que le dieran su celda...Lo de la foto, puede que sea lo más sencillo, pero sí, es incómodo y básicamente horrible cuando es una foto que tiene tanto significado en cosas importantes. Refiriendome a la de DNI básicamente ¡No conozco a alguien que salga bien en una foto de documentación! Es como si estuvieran hechas para escrachar al mundo entero...Maldita foto...
Bueno, aquí esta mi super comentario (?) okno, siento haber llegado tan tarde, como te conté, problemas con el internet, diu, y lo mismo de siempre.
Espero que publiques pronto!
Besitos!
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Vie 14 Feb 2014, 5:23 pm

Emily Rawson escribió:Como a tí te paso...OWN no me avisó que había un nuevo mensaje aquí. Por eso te pregunté si habías publicado...Bueno, después de todo, decidí meterme aquí para comprobarlo yo misma...y sí, el capítulo ya esta en OWN!
Leí como es tu agenda: Publicar en wattpad, luego aquí y después un capítulo nuevo de MQCDP :) Eres ordenada, y eso te mantiene bien.
En fin, el capítulo, me encantó. Es decir, a Leo le costará seguir esa "segunda-o cuarta-oportunidad" bien a pie, pero tiene que escuchar a Marc, que es un genial hermano y lo esta ayudando muchísimo. Sólo...tiene que verle el lado positivo y seguir adelante :D
Uh...sobre los 4 primeros pasos antes de que le dieran su celda...Lo de la foto, puede que sea lo más sencillo, pero sí, es incómodo y básicamente horrible cuando es una foto que tiene tanto significado en cosas importantes. Refiriendome a la de DNI básicamente ¡No conozco a alguien que salga bien en una foto de documentación! Es como si estuvieran hechas para escrachar al mundo entero...Maldita foto...
Bueno, aquí esta mi super comentario (?) okno, siento haber llegado tan tarde, como te conté, problemas con el internet, diu, y lo mismo de siempre.
Espero que publiques pronto!
Besitos!
Sí, le costará y bastante, sobretodo estando tan solo.
La DNI (aquí le dicen cédula pero para que sea reconocible, identificación), sólo he visto a UNA persona que salió más o menos bien y es la profesora que me dio Artística   De resto, todos salen algo así   
Y la foto son tres fotos, la cosa es que Leo sólo ha tomado en cuenta la de frente que es la más traumante. Las otras son las de perfil.
Bueno, no sé qué me ha pasado hoy además de estar pensando que es domingo por no haber tenido clase en tres días que no sé qué decir .-. Y eso que hoy estoy inspirada con MQCDP y un dibujo del capítulo anterior, quizás se me vaciaron las ideas con eso.
La rutina de la agenda empezará mañana de nuevo!
 :bye: 
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Dom 16 Feb 2014, 5:10 pm

Capítulo #4.


Los primeros minutos dentro de la celda fueron totalmente incómodos, lo admito. Quiero decir, ¿qué se puede hacer? Sólo piensas en qué se supone que harás para intentar no aburrirte y cómo serán las cosas. Yo pensaba en la segunda, ¿cómo serán las cosas? Si algo tenía seguro, era que no me gustarían. Lo que más me preocupaba: el baño. ¿Cómo iba a bañarme? Tenía miedo de que fuera como había visto en pantallas, que los meten a todos en un baño grande y todos se asean a la vez. No, qué asco, qué pena, qué vergüenza. Me daba repulsión. No, no lo haría, preferiría hacer lo posible por bañarme con el agua del lavamanos y el jabón líquido del mini baño de la celda antes que eso. Es decir, ¿bañarse frente a un numeroso grupo de personas? ¿No se suponía que el derecho a la privacidad se mantenía?
 
Mi cabeza ya había empezado a imaginar cualquier tipo de opciones, ya hasta me había convencido de intentar lo del lavamanos, me parecía perfecto, aunque significara tener que pedir mucho jabón a cada rato. Me preguntaba a qué hora tocaría el baño, no soportaba más las imágenes que aparecían en mi mente. Opté por pensar otra cosa, terminé escribiendo mentalmente una lista de razones por las que el uniforme es naranja: 1) Les gustó el color. 2) Era el que tenían o el más barato. 3) Era llamativo. 4) Como en Florida hay naranjas, le pusieron el color de la fruta. Sí, no sé cómo se me ocurrieron algunas, pero era obvio que lo llamativo del color tenía que ser la razón. Así reconocerían fácilmente a los presos y si uno llegaba a huir con el uniforme puesto, sería descubierto de inmediato. En resumen: para no perderlos de vista.
 
Debía seguir pensando en cosas locas o inusuales para mantener mi cabeza ocupada y alejarla del tema del baño. ¿Por qué el uniforme tiene bolsillos? Eso sí que nunca lo logré responder, no le vi lógica. Comencé a pensar y recordé algo, soy impredecible. ¿Cómo iba a cambiar mi vida por eso? Ya tenía la primera parte, estaba preso. Pero, ¿y luego? Unos pensamientos bastante serios se asomaron, así que dejé el tema aparte, creo que me habría deprimido de haber seguido con el tema. Volvió el del baño, ¿por qué? ¿Por qué tendría que ser así? Qué más da, me tendría que acostumbrar aunque no estuviese nada de acuerdo.
 
Sé que a varios no les parece la gran cosa, que si son todos hombres, ni que hubiese una mujer, sólo tendrías que cuidarte si tienes a un depravado sexual cerca… Pero para mí, tan sólo pensarlo me parecía repugnante. Siempre he sido muy reservado, ni siquiera me gusta que me vean sin camisa y no me gusta mucho usar shorts a menos que vaya a la piscina o a la playa. Ni en mi casa ando así, a menos que el calor sea muy exagerado y no tenga ganas de encerrarme en mi cuarto con el aire acondicionado bien frío. Siendo así, jamás aceptaría la idea de bañarme cerca de una multitud en las mismas condiciones.
 
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un leve rugido. Genial, ahora me había dado hambre. Era cerca del mediodía, así que no tendría que esperar mucho, aunque a la vez eso quería decir que tendría que pasar más tiempo evadiendo mis ideas sobre el baño. Me ocupé pensando sobre la comida. ¿Cómo sería la comida? Esperaba que al menos no fuera insípida, me conformaba con eso, tampoco pediría la gran cosa, y que variaran un poco el menú, tampoco quería comer lo mismo una y otra vez todos los días. A los pocos minutos, escuché una pequeña alarma, como un timbre. Era la hora del almuerzo.
 
Fui a la cafetería. Muchos hacían una formación buscando unas bandejas. Supuse que también tendría que hacerla. Recogí una bandeja, era verde oscura al igual que el resto, ese color no me lo esperaba, creí que iban a ser grises, negras, plateadas, marrones, cualquier color excepto verde. Más adelante, vi otra fila. Esa era a un lado de un pasillo con los típicos empleados tomando una parte de una comida y colocándola sobre la bandeja. Igual a como me lo imaginé, al fin mi cabeza no había pensado equivocadamente. Veía que se podía escoger qué comer y qué no. Vi detalladamente cada cubo de comida a ver qué se me apetecía más, aunque nada lucía tan bueno. Terminé eligiendo una “ensalada”, sí, “ensalada”, estaba malísima. Fue un debut y despedida, más nunca volví a comer una ahí.
 
Cuando terminé –por el bien de mi boca y mi estómago-, me dirigí de vuelta al pasillo de mi área, pero no había nadie cerca, lo que me pareció raro porque estaba casi seguro de que vi al que tenía en la celda de al frente levantarse y no volver cuando acabó de almorzar. No fue hasta que me conseguí a un vigilante que entendí. Me explicó que hay un receso al mediodía de una hora, en la que además de llenarse, se es libre de caminar por los pasillos asignados e ir al patio. Le pregunté dónde quedaba todo eso, de inmediato notó que era nuevo.
 
— ¿Por casualidad llegaste hoy aquí? —Asentí— Se nota… ¡Oh! Espera, ¡eres Molander! —Me reconoció, yo no quería eso, quería permanecer anónimo o al menos sólo como “Leonardo”. Puse una cara de decepción, no porque así me sentía por ser uno, no, sino por el hecho de que supo quién era— Ya veo…  Hey, igual sabría tu nombre en cualquier momento, soy el vigilante del área B. El patio queda yendo hacia el fondo de la cafetería. Ahí verás una puerta y un pasillo. Pasas por la puerta y ahí está. El pasillo es uno de los permitidos, ahí hay un gimnasio y cosas así. De resto, no creo que te pierdas.
 
—Gracias…
 
—De nada —Volvió a su trabajo.
 
Fui al patio. Era una cancha casi literalmente. Al aire libre, rejado y cables eléctricos con alambre de púas arriba para quien intentara escapar por ahí. Tenía una parte en la que se jugaba básquet, otra con camillas para levantar pesas y cosas así. Al menos había básquet, me podía incorporar en un juego, aunque todos se encontraban levantando pesas, quizás era por el calor del mediodía. No me veía haciendo eso, menos en frente de tanta gente, sólo se burlarían del niño intentando ser adulto. Miré alrededor buscando dónde estaban los balones, no vi ninguno. Supuse que podrían estar en el gimnasio y habría que ir a sacarlos. Antes de parecer un vigilante más disfrazado de preso, me fui al pasillo.
 
No caminé mucho, el gimnasio quedaba a pocos metros después de entrar al pasillo, la segunda puerta. Entré, me extrañó no ver a nadie adentro. Bueno, ni tan raro era, casi todos se iban al patio o se quedaban alrededor de las mesas. Era un cuarto bastante grande con lo típico de un gimnasio, claro, sin lo electrónico. Vi unos casilleros al fondo, a lo mejor ahí estaban los balones guardados. Los abrí, no llevaban llave, y definitivamente estaban adentro. Saqué uno, cerré el casillero y me dirigí a la salida. Justo cuando estaba a algo más de un metro de la puerta, alguien la abrió. Me frené de inmediato, unos centímetros más y me habría dado un portazo. Esperaba a una persona, pero entraron dos hombres con una pinta poco deseable si estás solo con nadie más cerca.
 
¿Por qué lo digo? Bien, ¿por dónde empiezo? Eran dos hombres grandes, musculosos, de cabeza rapada y cara de pocos amigos. Uno usaba barba, no larga, normal, el otro no. Ambos tenían tatuajes de esos que se notan que fueron hechos en prisión y que tienen un significado especial dentro de eso. No sabía qué significaban, pero sabía de su existencia, y alguien con tatuajes hechos en prisión no me causa mucha confianza, más bien, me da miedo, porque si fue capaz de marcar en su piel para siempre algo que indique que estuvo en la cárcel, es porque o no le da pena decirlo, o porque de cierto modo está orgulloso de eso y quiere demostrárselo al mundo. ¿Acaso no es algo para desconfiar?
 
En fin, lo primero que pensé fue que estaba en problemas, lo que menos quería en mi primer día. Quise salir, pero bloquearon la puerta, estaban parados en todo el medio del camino. Intenté apartarlos educadamente pidiéndoles permiso mientras avanzaba para que lo notaran.
 
—Hey, hey. No —Ni me dejó decirlo. Apenas vio que moví una pierna, me detuvo. Dio unos pasos adelante, el otro cerró la puerta, quedando los tres adentro. El de la barba comenzó a verme detalladamente, de pies a cabeza, de cabeza a pies— A ti no te había visto antes.
 
—Es bueno saberlo.
 
—No respondas si no pedimos tu opinión. Creo que ni tienes edad para estar aquí. ¿Cuántos años tienes? —No le hice caso. Lo miré algo molesto— Entiendo, no es de mi incumbencia…
 
Terminó de decirlo y lo siguiente que oí fue el rebote del balón que tenía agarrado seguido por mi cuerpo contra la mesa. Sin darme cuenta, me habían empujado y caí boca abajo sobre el mueble, quedando con las piernas en el aire. Antes de que intentara levantarme, uno de ellos se metió de lado en medio de mis piernas, mientras el otro se sentó en mi espalda, inmovilizándome. Casi ni podía respirar, tenía demasiado peso sobre mí, literalmente. El que tenía encima me tomó el brazo izquierdo y lo levantó bruscamente. Giró una pulsera que tenía puesta para que quedara derecha justo en lo que quería leer. Luego me soltó el brazo, dejándolo caer de la misma manera que lo elevó. El dolor del golpe no me importó, sólo quería respirar como se debe de nuevo.
 
— ¡Si ni a veinte has llegado! Era de esperarse —Sentí que el hombre que estaba parado entre mis piernas salió. Ese no me interesaba, el que de verdad deseaba aparte seguía ahí.
 
— ¿Qué pasa, no puedes respirar? —Se agachó frente a mí y preguntó burlescamente. Le respondí con una cara molesta, él sólo se rió. ¿Qué les pasaba a todos que yo les daba risa? El tipo se levantó y dio la vuelta, poniéndose al frente del otro— Suficiente, no queremos hacer todo el primer día, ¿no?
 
—No, eso va por partes —Se puso de pie, ¡al fin! Logré respirar. Me quedé en el mismo lugar en la misma posición, me dolía la espalda. Tomé bastante aire, respiraba como si hubiese corrido una maratón— No creo que nos cueste, empezando con que hay un buen motivo y un punto débil —Hasta ahí los escuché. Salieron del gimnasio.
 
Cuando recuperé la fuerza, me levanté y revisé alrededor. No vi el balón en ninguna parte, se lo llevaron. Abrí el casillero de nuevo, pero cuando estuve a punto de sacar otro, me arrepentí. Pensé que era mejor no pasar por el patio, porque si se llevaron el balón, eso quería decir que se fueron allá. No estaría en el mismo lugar que ellos, no de nuevo y menos sabiendo que me los encontraría. Sólo lo aceptaría si me los cruzaba por casualidad. Cerré el casillero y me fui a la cafetería, me quedaría por ahí cerca. Me puse a pensar, esos dos dijeron algo que no entendí antes de salir. ¿A qué se referían con lo del buen motivo y el punto débil? Esperaba que no tuviera que ver conmigo. Lo único que tenía claro era que llevaban ventaja. Ellos leyeron mi pulsera de interno, así que ya sabían mi nombre, mi edad y mi razón de estar ahí. Yo, yo no sabía nada de ellos.
 
El receso pasó rápido después de eso. Sonó un timbre indicando que debíamos regresar a nuestras celdas. Era hora de pensar otra vez. No sé cómo no me dieron náuseas ni indigestión por esa “ensalada”, jamás lo entendí. Ni quería recordar la asquerosidad que comí, capaz ahí sí me daba algo, así que el tema del baño regresó. Ya sabía todo: la comida, los recesos, cómo ir al baño por las necesidades esenciales, sólo faltaba saber cómo se asea. Pasaron tres o cuatro horas -ahí adentro no tenía mucha noción del tiempo- hasta que al fin un oficial se detuvo frente a mi celda, abriéndola.
 
—Es hora de bañarse —Anunció al estilo de las madres cuando notan que sus hijos planean de todo, excepto ducharse.
 
Me levanté de la incómoda cama y salí. De inmediato, el oficial me tomó del brazo para asegurarse de que no me alejara y me guió hasta los baños. Oí el agua cayendo al suelo. ¡No! Me meterían con el montón. Si pensaba que lo peor había pasado cuando casi me asfixio por aplastamiento, me había equivocado. Esto iba a ser lo peor del día.
 
Pasamos de largo, de seguro primero debía pasar por otro cuarto donde me desvestiría y luego entraría al salón de la vergüenza, mejor conocido como “el baño de la prisión”. El oficial abrió una puerta, me metió de un empujón y cerró, yéndose. ¿Por qué se fue? ¿Cómo saldría de ahí? Me respondí sin ayuda al detallar el lugar donde estaba. ¡Era un baño! ¡Un baño entero! ¡Sin nadie más adentro! Me alivié del todo, no podía creerlo, ¿cómo es que había un baño individual? Era como el de una casa. Lavamanos, espejo, inodoro, una barra para dejar la ropa, otra para la toalla y el espacio para bañarse. ¿Era que el agua que oí antes era de otro baño como este? No lo creí, no creía que hubiese la cantidad necesaria de baños para toda la población de internos, así que, ¿cuál era la explicación?
 
Decidí no mortificarme por mis dudas, debía disfrutar el momento después de haber sufrido por mi propia imaginación. Disfrutar el momento, porque me gusta asearme. No soporto estar sucio. No es que apenas sude me meto directo a la ducha, no. Permito ensuciarme, no tengo problema con eso. Lo que no soporto es permanecer sucio. Dejé el uniforme en la barra y entré al compartimiento en el que corresponde la regadera, abrí la llave del agua y empecé la limpieza. El agua era algo fría, pero soportable. El resto no tengo por qué explicarlo.
 
Las demás horas de mi primer día fueron iguales. Pensando para entretener mi mente. La cena fue mejor que el almuerzo. Ofrecían variedad de frutas, escogí la típica manzana. Hubo un momento en el que me sentí observado, aunque no hice caso. En el tiempo de la cena, apenas terminas de comer, de vuelta a la celda, así que no duré mucho tiempo antes de regresar ahí. Pocas horas después, las luces fueron apagadas, indicando que ya era hora de dormir. Si algo pude concluir, fue que esta sería mi rutina diaria durante los diez meses siguientes.
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Vie 21 Feb 2014, 9:36 pm

Capítulo #5.


Desperté por culpa de una alarma espantosa. Espantosa, se escuchaba en todo el edificio como si su origen fuera en cada metro del establecimiento. Se oía exactamente igual de espantosa en cada rincón. Era un timbre de escuela empeorado. Era un despertador empeorado. Empeorado, sonaba con más potencia y no había manera de detenerlo. Cómo odio todo lo que existe con el propósito, el terrible propósito de obligar a romper la relación entre uno y el lugar, por incómodo que sea, en el que se olvida de todo por un tiempo placentero, o como es más sencillo decirlo, cualquier cosa que está hecha para despertar.
 
Soy un fanático del descanso desde siempre. Dormir es una manera de ir a otro mundo sin ningún esfuerzo. Es el momento en el que todo desaparece y no hay preocupaciones, porque el único trabajo que hará la mente será el de crear sueños, de los cuales casi ninguno es recordado y los pocos que permanecen vivos son muy buenos recuerdos, a menos que haya sido una pesadilla. Dormir es como el modo de recarga, porque se recupera la energía limitada del instante en el que el sueño ganó. Podría dar muchos ejemplos más, pero mi punto creo que ya se entendió. No me importa lo que me digan, seguiré siendo un admirador.
 
¡Eran las ocho de la mañana! ¡Las ocho! ¡OCHO! Quiero decir, no, no, y no. ¡No! Jamás despertaría a esa hora yo solo. A las ocho yo sigo ahí, acostado, arropado, en mi propio mundo, no en otra parte, despierto, caminando, en el mundo real. Sé que no es tan temprano, que una reacción así a muchos les parecerá una exageración, pero para alguien que está acostumbrado a dormir hasta la hora que se le pegue la gana mientras ésta supere a las diez de la mañana, las ocho es un insulto. Nadie ni nada debe hacerme salir del sueño si no quiere conocer mi lado más chocante.
 
¿Por qué a las ocho? ¿Por qué no a las nueve? Las nueve suena más bonito. Las nueve es mucho más aceptable. Pero no, tenía que ser a las ocho. Y pensar que tendría que despertar todos los días durante diez meses a esa hora, ¡todos los días! ¡Diez meses son como trescientos días! Unos trescientos días con mínimo dos horas de sueño perdidas, desperdiciadas, dos horas menos cada día. Serían unas seiscientas horas menos en total. Quizás, quizás debía ponerme a dormir un poco antes de que apagaran las luces, pero… No, no soy de dormir temprano tampoco. Me acuesto tarde, me levanto tarde.
 
Lo admito, esos días ahí adentro descubrí que saco más cuentas raras de lo normal cuando me estreso o me aburro. En fin, la alarma, la horrenda alarma que insistía tres minutos enteros, indicaba la hora de pararse e ir a desayunar. La dejaban sonando para que todos despertaran, luego iban abriendo las celdas para que nos dirigiéramos a la cafetería. Mientras, si algún rezagado se había quedado dormido, alguien con el sueño muy profundo, un vigilante los despertaba también. No había manera de salvarse. Había que ir a llenarse el estómago. Llenarse el estómago, casi nada de lo que se servía debía ser catalogado como “comida” o siquiera “comestible”.
 
Saqué una conclusión errada el día anterior. No había conocido por completo cómo sería mi nueva rutina diaria. En ese momento, supuse que sí, porque ya casi llevaba veinticuatro horas encerrado. Ya había tenido cada una de las tres comidas, ya había dormido, ya me había bañado, ya había ido al baño, ¿qué más faltaba? Mi cabeza pensativa me dio una mala jugada esa vez. Me faltaba compañía. La cárcel es un lugar repleto de gente, pero si algo sentí de verdad casi todos los días, fue soledad. Ni siquiera me sentí así el año que viví solo. La explicación es más simple de lo que podría aparentar.
 
El tipo de soledad que se siente es ese en el que en realidad no estás solo, ese en el que puedes estar rodeado de personas, puedes estar en todo el medio de ellas, puedes estar siempre viendo a otros, puedes en realidad no estar solo en el sentido literal de la palabra, pero así te sientes al no conocer ni contar con nadie. Estar alrededor de muchos e igual sentir como si no hubiese nadie es de lo peor. Todos dan igual, uno se siente apartado. Nadie a quien contarle lo que está en tu cabeza, nadie a quien pedirle una opinión, sólo eres tú y tu mismo, uno es su propia compañía.
 
Y siendo yo uno de esos que necesita comunicarse, uno de esos que disfruta charlar, la soledad fue algo que no tardó mucho en afectarme. Lo más que había hablado en todo un día fueron los minutos que Marc estuvo ahí, del otro lado de las rejas intentando de todo para subirme el ánimo. De resto, mi voz no se hizo notar en casi nada del tiempo siguiente. Me provocaba usar uno de esos teléfonos que había, pero no, no lo haría. Pienso que son para situaciones más urgentes, no para una simple sensación de tristeza al no tener con quién intercambiar palabras. Me aguantaría.
 
Me di cuenta de que nadie se devolvía a sus celdas. Otro receso más. ¿Cuándo terminaría de conocer las costumbres? Ah, sí, cuando alguien fuera a visitarme. Me dirigí hacia el patio. Recién había desayunado, pero quería hacer algo para terminar de despertar. Celebré por dentro, un grupo pequeño jugaba básquet. Me acercaba cuando fui detenido.
 
—Mira a quién me acabo de encontrar —El tipo de la barba del día anterior llamó a su compañero. Tenía una ligera sospecha de que eran hermanos, se parecían mucho.
 
—Mira, si es el niño de ayer. ¿Cómo sigue tu espalda? ¿Has logrado recuperar la respiración?
 
—Ja, ja —Reí con sarcasmo incluido— No fue algo como para morirse.
 
En realidad, sí lo fue, se puede morir por asfixia causada por aplastamiento, pero debía hacerles notar dos cosas: que estaba totalmente fastidiado por su presencia y que no les tenía miedo.
 
—Hey, sólo estaba siendo considerado.
 
—Sí, claro. Considerado. ¿Cómo es que no has ganado el Nobel de la Paz?
 
—Sí, no sé cómo no lo han pensado.
 
— ¿Qué vienes a hacer aquí?
 
—Eso no les interesa.
 
—Era para avisarte que no levantaras pesas. Hasta la más liviana es más pesada que tú —Se alejaron riéndose de su burla.
 
¡No! Estaba seguro de que estos dos iban a fastidiarme todo el tiempo que estuviese ahí si no los liberaban antes. Me quedé parado en el mismo lugar viendo cómo iban a otra parte, pero luego noté que a mi alrededor muchos me estaban mirando raro, como con lástima, como si se hubiesen enterado de algo horrible. Dejaron de hacerlo al darse cuenta de que los observaba e hicieron como si nada hubiese pasado. Ese momento me dejó confundido. ¿Por qué me estarían mirando así? ¿Qué razón tenían? Me sentí incómodo, por lo que terminé yendo adentro.
 
La incomodidad siguió por el resto del receso y el siguiente, no sabía qué les sucedía, no dejaban de mirarme de la misma manera y de hacer como si nada cuando yo les devolvía una vista extrañada. ¿Acaso veían así a cualquiera que hablara con esos dos? No entendía. ¿Tendría que ver con eso que dijeron cuando salieron del gimnasio y no supe a qué se referían? Mejor dejaba de preguntarme, mejor ignoraba el asunto, quizás así me dejaban quieto. No fue así, las miradas siguieron en el corto tiempo de la cena. Fueron tantas que incluso aun me sentía observado cuando apagaron las luces.
 
¿Qué tenían esos dos? Sólo sabía que parecían hermanos y que de seguro estaban encarcelados por el mismo motivo, probablemente eran un equipo antes de ser atrapados. Lo que fuera que hubiesen hecho, no creía que fuera algo simple. Tenían pinta de llegar a los extremos, y que miraran así a quien hablara con ellos a solas me era sospechoso. Quizás sólo exageraban. No quería preocuparme antes de tiempo, menos en esos días en los que aun no entendía bien mi situación como impredecible. Temía que pensar demasiado en algo no muy agradable me volviera a lo que fui esos días antes de entrar.
 
Tampoco era que dejaría de ser impredecible si evitaba pensarlo, pero no quería arriesgarme. No sabía bien cómo funcionaba, me daba miedo terminar con un brote y no poder salir de él hasta que me hicieran desmayar, tal y como pasó unos días atrás, cuando inicié enojado, luego asustado y por último deprimido sin un período tranquilo de por medio. Y si me volvía a pasar lo mismo, ¿cómo me devolverían la calma? Deseaba que me hubiesen explicado con lujo de detalles mi nueva condición. Esa era mi nueva preocupación, me olvidaría de esos dos que aparentaban que iban a ser mis principales maltratadores.
 
Una preocupación que no fue muy notable, pensaba que contaba con todo el tiempo del mundo para descubrirlo. Después de todo, lo impredecible jamás se me quitará, es algo que tendré por el resto de mi vida. Sí, puede que sea algo importante igualmente por eso, que padecer de una enfermedad mental es algo para preocuparse y detenerse a pensar en ello, pero para mí no era prioridad. Sí, puede que sintiera temor por lo mismo, que tenía ganas de investigar y saberlo todo para entender mi nueva forma de ser, pero era lo más insignificante para mí en ese momento.
 
 Era algo que quería y no quería saber al mismo tiempo. Saber para entender, no saber para no asustarme y terminar peor. Ya estaba afectado por la soledad, no deseaba afectarme al doble por descubrir algo que podía quedar para después, pero es que sentía una desesperación por tener conocimiento de aquello que ya casi no podía pensar en otra cosa. Me salvé de mortificarme por ser tan tarde que las luces ya habían sido apagadas, por lo que las ideas aparecieron en el proceso de quedarme dormido, y en algún momento sin que me enterara, el sueño ganó y ya no tendría riesgos de estresarme hasta la próxima alarma.
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Emily Rawson el Lun 24 Feb 2014, 1:08 pm

Tarde de nuevo, si te tuviera que contar todo lo que estuve haciendo no alcanzaría para un solo comentario. Así que lo resumo: estuve demasiada ocupada. Pero mejor pasarme tarde antes que nunca? Verdad? ;)
En fin, voy a dividir el mensaje en dos, o tres, no sé, tú sólo lee:
Capítulo 4.
Ay los pensamientos de Leo en la cárcel, pensaba cualquier cosa para por lo menos entretenerse solito.
Que bueno lo del baño! Lástima lo de la comida, es horrible la comida horrible (LOL)
Che, tiene como un imán de 'matones' el chico, no? xD Pobre xc
Capítulo 5.
¡Es detestable despertarse con una alarma! Al menos yo tengo 'Wings' de little mix y bueno...no es tan malo como los ruidos que vienen incluidos en el teléfono, o los 'peep' del reloj, o las trompetitas de los campamentos o el timbre de la escuela. 
Bueno, esos 2 matones/tal vez hermanos, traman algo y es obvio ¿Por qué se la agarran con Leo? Espero que a pesar de que la duda lo este consumiendo pueda saber a que se debían esas miradas y esos tratos x/
Siguela pronto por favor, sabes que me encanta!

Sobre la situación actual de Venezuela, sé lo que es un cacerolazo y todo eso, ha pasado en la Argentina, aunque no sé bien que es lo que esta pasando exactamente en tu país. Pero a pesar de eso espero que todo mejore y que te cuides. Cuidarse siempre sirve.

En fin, espero que OWN me avisé cuando publiques cap nuevo, besitos!
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Lun 24 Feb 2014, 2:15 pm

Emily Rawson escribió:Tarde de nuevo, si te tuviera que contar todo lo que estuve haciendo no alcanzaría para un solo comentario. Así que lo resumo: estuve demasiada ocupada. Pero mejor pasarme tarde antes que nunca? Verdad? ;)
En fin, voy a dividir el mensaje en dos, o tres, no sé, tú sólo lee:
Capítulo 4.
Ay los pensamientos de Leo en la cárcel, pensaba cualquier cosa para por lo menos entretenerse solito.
Que bueno lo del baño! Lástima lo de la comida, es horrible la comida horrible (LOL)
Che, tiene como un imán de 'matones' el chico, no? xD Pobre xc
Capítulo 5.
¡Es detestable despertarse con una alarma! Al menos yo tengo 'Wings' de little mix y bueno...no es tan malo como los ruidos que vienen incluidos en el teléfono, o los 'peep' del reloj, o las trompetitas de los campamentos o el timbre de la escuela. 
Bueno, esos 2 matones/tal vez hermanos, traman algo y es obvio ¿Por qué se la agarran con Leo? Espero que a pesar de que la duda lo este consumiendo pueda saber a que se debían esas miradas y esos tratos x/
Siguela pronto por favor, sabes que me encanta!

Sobre la situación actual de Venezuela, sé lo que es un cacerolazo y todo eso, ha pasado en la Argentina, aunque no sé bien que es lo que esta pasando exactamente en tu país. Pero a pesar de eso espero que todo mejore y que te cuides. Cuidarse siempre sirve.

En fin, espero que OWN me avisé cuando publiques cap nuevo, besitos!
Ok, la manera en la que salen los colores a escoger para escribir aquí cambió, ahora sale hasta el nombre del color en código  Creo que hasta estoy usando un naranja más claro al que suelo usar, pero bueno, es naranja.
Ahora estás ocupada y yo estoy totalmente libre hasta que se acomode la situación...
Capítulo 4: (hey, me gusta esa manera de separarlos) Imán de matones   Sí, su primera comida ni eso la consideró y lo que sea por no aburrirse!
Capítulo 5: Yo tengo la del celular, siempre me ha dado fastidio cambiar los tonos de cualquier cosa. Si no fuera porque el papá de una amiga una vez que escuchó el riiiiiing del tono de llamada dijo "ay y ese teléfono viejo?" y mi mamá diciendo siempre "ay pero que horrible", jamás habría cambiado eso. Eso es algo que descubrirá luego de alguna manera quizás normal u obligada  :maloso: 
Mañana en Wattpad, pasado aquí! Y después no sé porque estoy escribiendo el 7   


Oh, yo pensaba que eso era algo único de aquí... Y en resumen (si te lo explicara sería MUY largo para un comentario y bueno, odio la política y la historia así que me pondría chocante), lo que está pasando es que NADIE bueno, prácticamente nadie, hay que excluir a unas personas ahí que no piensan QUIERE AL "PRESIDENTE" otra quizás larga explicación, por lo que al fin se decidieron a protestar y marchar y demás para que renuncie. Ya van casi dos semanas de eso y bueno, en partes la cosa es fea porque ponen a militares a atacar a la multitud y en otras normal. En el caso de donde vivo nada pasa, sólo trancan la avenida y ya, está demasiado tranquilo, pero hacia el centro y norte de la misma urbanización (vivo en el sur casi que en el límite de la urbanización con la siguiente) está feo porque hasta se meten a los edificios con perdigones y gas lacrimógeno. Lo único es que no se puede salir porque o te encuentras con una barricada, te arriesgas a que pase la Guardia Nacional o encontrarte con una marcha, que te ataquen, etcetcetc (aquí tiran vidrios en frente de uno para que no pases). Sí, que se solucione o sea, QUE RENUNCIE DE UNA VEZ POR TODAS! pronto. Yo me cuido quedándome en mi casa, salgo sólo para lo necesario y como tengo una panadería, un centro comercial y una tienda que tiene de todo al lado, no me arriesgo mucho :lovely: (vale, ya hasta han puesto caras de Facebook aquí)


Más vale que avise! De todos modos, ya sabes, pasado mañana aquí ;)
 :bye:  
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Re: Memorias de una vida miserable |Terminada|

Mensaje por Spencer el Miér 26 Feb 2014, 9:08 pm

Capítulo #6.



Pasaron tres días, ese sería mi quinto día adentro. Como siempre, la alarma sonó y desperté a la fuerza. Esa vez, sólo abrí los ojos y me acosté apoyándome sobre la espalda, no tenía ganas de nada. Tenía una flojera inmensa. Los días anteriores fueron una repetición de lo mismo. El despertar, el desayuno, el receso, de regreso, el almuerzo, los demás viéndome raro, los dos fastidiosos que aún no sabía ni sus nombres, de regreso, el baño, de regreso, la cena, de regreso, apagado de luces, dormir. Todo es una rutina, casi nada varía, sólo el tipo de maltrato que se puede llegar a sufrir.
 
No hay mucho que hacer ahí adentro. Quiero decir, lo único que hay es un gimnasio y el patio, más nada. La cárcel que me tocó no es como otras que tienen hasta para trabajar en línea o un salón para ver televisión. En la que estuve no había nada de eso, el único entretenimiento era el deporte. Si alguien que no fuera atleta de cierto modo terminaba ahí, estaba perdido con una condena extra: aburrimiento extremo. Puede que me guste hacer deporte, pero… ¿Todos los días? No, tampoco para tanto, necesito variar. Por eso ya estaba así en tan sólo cinco días, quería un cambio, algo nuevo.
 
Así que ahí estaba, acostado viendo al techo sin los ojos abiertos del todo, adormilado y fastidiado a la vez por empezar un nuevo día de cosas viejas. Iba a quedarme hasta que fueran a buscarme, ni estar de pie quería, pero ese día la alarma me estaba irritando más que en los anteriores, así que no aguanté y levantándome de una sola vez entré al compartimiento del baño y me encerré ahí. Qué buena idea fue esa, descubrí que ahí adentro el escándalo no era tan notorio, pues se escuchaba como la sirena de una ambulancia o de una patrulla a la distancia estando dentro de un auto.
 
Cuando el ruido cesó, salí y me dirigí hacia la cafetería para una nueva ronda de ingerir algo “comestible” que según debería ser comida sólo con la función de mantener el estómago lleno y no morir de hambre. Lo único rescatable eran los jugos cuando los servían, esos sí eran buenos, pero la oportunidad se daba que si los sábados y un día en medio de la semana. Era viernes, tendría que esperar un día más para saborear algo bueno. Qué fastidio, no quería hacerlo, ni siquiera quería estar en la cafetería ni quería estar despierto ni quería absolutamente nada. Estaba totalmente irritado sin razón alguna ni aparente.
 
Quizás, llevar días levantándome a una hora para nada aceptada por mí era una razón. La “comida” del lugar, la gente, la poca variedad, la alarma, la cama, el espacio, el aislamiento, todo entraba en mi lista de desagrado. ¿Qué me pasaba? Yo no soy así. Suelo hacer lo posible por disfrutar, no por odiar todo. Sentía un desprecio total hacia todo, nada me gustaba, nada me parecía que pudiese tener algo bueno, ni el simple hecho de estar despierto me animaba. Nada. Todo era horrible y malo, para espantarse. Todo. Ni la pequeña distracción que el gimnasio o la cancha de básquet podían brindar era suficiente.
 
Salí a tomar el sol, o mejor dicho, al patio. ¡Pero qué sol tan molesto! Siendo Miami, no era extraño que hubiese sol y calor, mas esa vez estaba para quemarse, o eso me pareció. Cubrí mi vista antes de ser cegado por esos rayos que en ese momento más que nunca me estaban afectando. Caminé un poco. No entendía cómo los demás estaban de lo más normal. No se les veía incómodos por el resplandor, ni los ojos entrecerrados tenían. ¿Qué les pasaba? ¿Cómo estar tan normal con semejante impacto solar? ¿Sería que yo estaba exagerando? Lo dudaba. No suelo quejarme del tiempo, así que debía estar fuerte como para ponerme así.
 
Seguí avanzando. A cada paso que daba, más intenso era el calor. Los demás volvieron con su rutina de verme raro. Otra razón para irritarme. Les devolví esa mirada, sólo que con un toque de molestia. Desviaron sus miradas hacia otras partes, me funcionó, aunque eso no quiso decir que mi enfado había sido calmado. El sol seguía siendo un fastidioso. Vi a un par levantando pesas en un rincón. Dios mío, ¿cómo agarraban las pesas? Quiero decir, por donde se sostienen es de metal, ¿no? Con el calor que hacía, eso debía estar que ardía. Se estarían cocinando las manos, pensaba.
 
¿Qué estaba sucediendo conmigo? Me quejaba y criticaba todo, ese no soy yo. De repente el calor me estaba pegando, así que decidí entrar antes de que empezara a sudar. Quién sabe si de la nada eso llegaba a molestarme también, y con lo malhumorado que andaba, creo que pudo pasar. Pasé por los pasillos y me calmé un poco, pero ese sentimiento de molestia seguía en mí. Las luces, algunas dañadas y otras a medio encender, unas totalmente brillantes, incluso unas cuantas rotas. Las paredes, algunas rayadas y otras peladas, unas recién pintadas, incluso unas cuantas algo rotas. La incomodidad del malestar regresó.
 
Toda cosa fuera de sitio era mi nueva molestia, y con tantas paredes y tantas luces en ese estado, nada era favorable. Me desesperaba, quería entrar a mi celda de una vez para intentar calmarme, el gran problema era que faltaban cuarenta minutos para eso. No, no, no. Cada vez estaba peor, más enojado sin razones. Simplemente lo estaba, y punto. No entendía, ¿cómo estar así por nada? A lo mejor sí había un motivo que no conocía o el cual no consideraba como tal, aunque nada cuadraba, todo había sido como solía ser. Entonces, ¿cuál era la razón de ese gruñón que en mí aparecía?
 
Seguí caminando por lo que se permite. Iba a quedarme sentado en la cafetería, pero ese par del que aún no conocía ni sus nombres estaba por ahí. Debía evitarlos, ellos podían ser los causantes de un enojo mayor de mi parte, y como Marc y sus compañeros me habían aconsejado, evitaría meterme en problemas para pasar el menor tiempo posible en prisión. Decidí ir al gimnasio, quizás necesitaba golpear un saco de boxeo para liberar mis frustraciones. Si eso no funcionaba, no tendría ni idea de qué hacer para volver a la normalidad. No soportaba estar tan amargado.
 
Llegué al gimnasio, estaba solo como casi siempre. Nunca entendí la razón por la que era así, quiero decir, los gimnasios afuera siempre tienen gente y eso que hay que pagarlos. En cambio, este que era gratis y de libre elección, era muy poco común verlo con más de una persona usándolo. Aunque para ese momento, era mejor de esa manera, solo, sin nadie que me viera, sin nadie que me interrumpiera, sin nadie que pudiese llegar a burlarse de mí, sólo yo. De haber estado alguien, probablemente no me habría molestado en pasar sólo para seguir esa idea. “No debo meterme en problemas”.
 
 Cerré la puerta apenas entré, me dirigí hacia los casilleros a buscar esas vendas que deben ser colocadas alrededor de las manos en caso de no contar con guantes, me las coloqué y opté por golpear uno de los más livianos. Sólo hubo un problema: apenas me posicioné al frente del saco, ya no sentí ganas de continuar. No sentí la necesidad de usar mis puños ni de estar en ese cuarto. Aun sentía el enojo, pero no era el mismo. Si seguía cambiando de opinión tan seguido, pronto sentiría una gran molestia hacia mí mismo. Me quedé parado en el mismo lugar mientras me daba cuenta del cambio.
 
¡¿Qué me estaba pasando?! ¡Qué desesperante fui ese día, y no lo digo porque alguien más lo confesó, lo digo por mi propia cuenta porque ni yo mismo me soportaba! ¡¿Por qué era tan cambiante?! ¡¿Por qué me sentía tan enfadado si no había pasado nada?! ¡¿Por qué todo era molesto?! ¡¿Por qué de un momento a otro quería cosas distintas?! ¡Sí, que se note mi desesperación! ¡Sí, que se sienta como si gritara porque eso era lo único que lograba hacer en ese momento! ¡No, no me importa que todo esté entre signos de exclamación, en fin, ellos son para demostrar algún tipo de emoción y eso es lo que deseo ahora!
 
Ya, me he ido por la tangente, pero es que en serio necesito demostrar lo mal que me sentía, y no “mal” de estar deprimido o triste o sentirse enfermo. “Mal” de estar confundido por tanto enojo inexplicable, “mal” de no entenderse a uno mismo. Ahora, lo único en mi mente era un garabato de ideas que no hallaban cómo desenredarse, y que obviamente no lo harían solas. Requerían de ayuda, una gran ayuda, una ayuda que no cualquier persona podría proporcionarme, porque si algo era cierto, era que no podría hacerlo por mi cuenta. Lo único que necesitaba era a alguien que me escuchara. ¿Dónde conseguirla en un lugar así?
 
Fuera de lo que rondaba por mi cabeza, empecé a actuar. Me alejé del saco, me acerqué al casillero, me quité las vendas, volví a enrollarlas y las guardé. Vi los bebederos, aproveché de beber bastante agua. No sé si a alguien más le funcione, pero eso me calma de vez en cuando. Bebí tanta agua consideré que podría sin terminar con la sensación de ser un vaso a punto de derramarse. Lamentablemente, era tibia, por lo que su efecto, si es que lo hacía, no duraría mucho. De todos modos, mi mente se calló por unos momentos hasta que salí y volví a ver a todos tan normalmente mientras mi mundo parecía hacer lo contrario a estabilizarse.
 
Mirada perdida, cabeza baja, expresión recta, brazos cruzados, paso lento y descuidado. Esa era la perfecta descripción gráfica de mí por los pasillos. No me importaba si eso me haría ver débil, que se fueran a donde les pegara la gana las opiniones. Si alguna libertad tenía, era la de expresar mis emociones si era de manera pacífica, y si estaba mal, ni modo que me encontrarían brincando, con la frente en alto, sonriéndole a todo y cantándole a la felicidad mientras bailaba La Macarena. No soy de sonreír cuando quiero llorar a menos que sea del todo necesario. Soy totalmente expresivo y de demostrar mi estado.
 
¿Te das cuenta de lo que pasa? Sólo mira a tu alrededor. Sólo mira tu ropa. ¿Por qué ese uniforme? Mira, te has convertido en todo lo contrario de lo que es tu familia. Dueño de una línea importante de clubes, estilista, periodista, abogado fiscal, detective… Preso. Pudiste ser y hacer un montón de cosas, tenías el futuro asegurado, un nombre reconocible, ¿y esto es lo que has hecho? Tiraste todo a la basura. Eso te pasa por ser tan débil. Mírate ahora, eres un completo desastre, no sabes qué pasa contigo, ni siquiera te entiendes, ni siquiera sabes por qué te sientes como lo haces. Qué miserable eres ahora.
 
Por favor, como si ya era suficiente soportar mis emociones sin sentido, ahora tendría que intentar no caer en depresión por mis pensamientos. Ni siquiera eran voluntarios, o al menos no los consideré así, pero eran muy, muy, muy hirientes. De nuevo, ¿qué me pasaba? Era como si fuera mi propio enemigo. Trataba de distraerme para callar mi cabeza, incluso quise cantar o tararear algo en voz baja. Me fue imposible, mi mente dominaba. Como suelo decir, tenía una nube sobre mí a punto de llover pues los rayos ya resonaban con fuerza, sólo que esta vez era por enojo y no por tristeza.
 
Seguía caminando sin fijarme de nada, pensando profundamente qué podía estar sucediendo, intentando no atacarme con alguna idea. Mi discusión interna iba bien. Si tan sólo no hubiese tenido que exteriorizarse…
 
—Mira, deberías ver por donde andas —Una voz conocida me habló con algo que no logré identificar entre burla, sugerencia o molestia luego de un golpe en el hombro.
 
—Sí, nunca sabrás con qué o quién podrías conseguirte —Otra voz conocida participó.
 
No. No podía estar pasando. Ese dúo que tanto quise evitar me alcanzó y de seguro estaban listos para molestarme, mucho más con mi notorio estado inestable. Quería salir corriendo, aunque sabía que eso sería peor por la innumerable cantidad de burlas que recibiría. Sólo pude levantar la vista lo suficiente para verlos. Sus caras lo decían todo, estaban preparados para una nueva ronda de humillación.
 
—Puedo andar como se me antoje.
 
—No es que no puedas, es que no debes.
 
— ¿Por qué no? ¿Porque van a pensar mal de mí? Qué me interesa eso.
 
—Que serás tratado así —Uno de ellos se abalanzó sobre mí, provocando que casi saliera disparado hacia la pared. Sí, mi espalda y parte de mi cabeza alcanzaron a sentir la dureza del concreto, incluso llegué a perder un poco el equilibrio. Cerré los ojos, pero sabía perfectamente que se acercaban con algún tipo de sonrisa burlona.
 
— ¿Cómo puede ser tan débil? Míralo, tiene que apoyarse de la pared para no caerse y de paso intenta agarrarse a ella —Sí, claro, agarrarme a ella. Si tan sólo hubiese sabido lo que en realidad hacía.
 
—Esto será más fácil que el primero de aquí.
 
—Ten eso asegurado.
 
Fruncí el ceño, mi paciencia estaba por colmarse. Lo que ellos pensaban que era un intento por agarrar la pared, en realidad era un apretón de dedos, o más sencillo, cerraba mis manos para formar mis puños. Mi respiración se volvió irregular.
 
— ¿Cuánto lleva pegado a la pared?
 
—No lo sé, pero es como si estuviese fusionado a ella.
 
—Así será aun más fácil.
 
Y apenas los sentí aproximarse, abrí mis ojos y afirmé mi creencia. Uno de ellos se acercaba peligrosamente. De un momento a otro, ya no era así. La cosa se había volteado. Él era el pegado a la pared y yo el que lo empujó con toda su fuerza. Le dolió, oí cómo se quejó. ¿Creía que yo sería el único que se quejaría? Pues aquí les acababa de demostrar lo equivocado que estaba. Es más, fui con tanta fuerza que incluso estando ya contra la pared, aún seguía agarrándolo de los hombros.
 
— ¿Y a ti qué te pasa? —El otro iba a lanzarse sobre mi espalda, pero antes de que lograra estar lo suficientemente cerca, me volteé y repetí lo anterior, sólo que quedó del lado contrario y con mi mano derecha halando el cuello de su camisa. Otra demostración de que no era tan inofensivo como lo imaginaban.
 
Sentí al primero tomándome de los lados, y antes de poder reaccionar, ya me había tirado al suelo. A la vez, me di cuenta de la cantidad de presos que se encontraban alrededor. Se acumularon como estudiantes presenciando una pelea en los pasillos. Básicamente, sí era una pelea de pasillo, sólo que de personas más peligrosas. Me puse de pie antes de que posiblemente me cayeran encima o me patearan. Uno de los espectadores tuvo intenciones de unirse, yendo directamente a mi posición, pero falló. Lancé un puñetazo de lado que impactó en su pecho, echándolo para atrás.
 
Se escuchó un alboroto, no se esperaban eso de mi parte, supongo. Luego fue el turno de los dos anteriores. Se acercaron simultáneamente. Intenté hacerles lo mismo, pero uno de ellos bloqueó el golpe y llevó mi brazo hacia el lado contrario, casi doblándolo. El otro aprovechó para empujarme contra la pared, quedando aplastado con todo su peso, siendo justamente mi brazo adolorido el que estaba junto a la pared. Se aseguró de apretarme lo más posible. Era imposible defenderme, mis brazos estaban inmovilizados, mis piernas apenas lograban mantenerme de pie.
 
Comencé a perder. No tenía escapatoria. Si llegaba a mover mis pies, caería, pues apenas tenía equilibrio. Lo comprobé cuando se separó y mis pies se resbalaron de lado como acción inmediata. En menos de tres segundos, mi nueva posición era acostada en el suelo. Algunos hacían sonidos de sorpresa, otros hacían comentarios, unos reían.
 
—Mira qué patético. Perdió la fuerza con sólo ser apretado contra el muro.
 
—No puedo creer lo fácil que será.
 
— ¿Qué esperas de alguien como él?
 
—En realidad… —Y ellos dos se burlaban dándome la espalda. Error.
 
Todos creerían que ese era el fin de la contienda, que ya me había rendido, que quedaría tendido en el piso mientras ellos celebraban su aparente victoria. Vi cómo se agarraron las manos mutuamente y las levantaron como si de la anunciación del ganador de una ronda de boxeo se tratara y a la vez cómo todos aplaudían y gritaban, algunos ya alejándose. Lo que no sabían era que aún faltaba algo más. Recobré la fuerza y me levanté. Me aproximé lo suficiente como para alcanzar con mis puños la base de sus cuellos y hacerlos caer como papel con el viento.
 
Un silencio se apoderó del pasillo. Extraño, la ausencia de ruidos en prisión era un milagro. Pocos segundos después, la reacción fue en cadena. Varios aplaudieron y hasta silbaron. Una expresión triunfante apareció en mi cara sin darme cuenta. No duró mucho. La celebración fue bajando de volumen hasta ser sólo un murmullo. No entendí qué pasaba hasta oír la voz de alguien detrás de mí.
 
— ¿Qué ha pasado aquí?
 
No, no, no. ¡No! Lo reconocí de inmediato a pesar de haber intercambiado palabras con él sólo un par de veces en los días anteriores. Mi cara se volvió en una sorprendida, de esas cuando se es descubierto haciendo algo indebido. Me giré sólo por comprobar mi inquietud. Un uniformado azul marino con los brazos cruzados fue lo que vi.
 
Mira, ahora te has metido en problemas.
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Mensaje por Emily Rawson el Jue 27 Feb 2014, 12:24 pm

Ay pobre Leo! En todos los sentidos
Sentirse mal con uno mismo es lo peor, y viendo lo que le pasaba ahora todo tiene sentido. Los ladrones/bandidos/asesinos/o los que pararon en la cárcel, se suponen que están ahí para arrepentirse, para recapacitar, pero el lugar en sí ya te pone peor, es decir, Leo lo estaba llevando bien hasta que no lo aguantó más. Y ahora el pobre en problemas por esos dos sinnombre! En fin, tienes que seguirla!
Besitos!
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