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are you the one? | audiciones cerradas.

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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por hemmo. el Jue 30 Ene 2014, 11:21 am

Hola mia ♡ soy lali x las dudas ah jajaj encontré esto de casualidad yvme parece una buena idea:3 agajgsja bueno no tengo una película favorita pero amo con locura y pasión (???) Las de Harry Potter ): la que más mg son las tres últimas y eso ): agajgsja.  Dsp edito y te dejo algo escrito por mi pq a decir verdad estoy del velu y no puedo copiar ni pegar nada ): aún no se que ships usaría pero bueno ); seguramente ashton irwin y elle fanning o jack h y zoe s o o o idk ): o un ship nuevo y eso ): ily mia :c
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por hemmo. el Jue 30 Ene 2014, 11:21 am

Omg pasé de pagina yay. ♡ ):
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Jue 30 Ene 2014, 11:24 am

Jodeme ._________. JODEME, LA PUTA MADRE jksdvnsjdkvn yo iba a hacer una nc de la misma serie u.u i hate you .l.
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por khaleesi. el Jue 30 Ene 2014, 11:37 am


ay, me crees si te digo que yo tenía pensado hacer una nc de lo mismo? xd. sé que Deby se arrepiente de no haberlo hecho antes, y yo tmbn .|. ahque. idk, no se si me inscribo, o no sé .|.
de igual manera, suerte mia-mor (?) eso, y idk, incríbanse .|.
ily.<3
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por bigtimerush. el Jue 30 Ene 2014, 1:18 pm

esta gente abre audiciones y no avisa, nada weón. esto no se puede así, ñaw. es obvio que participo bc me encanta la idea bc please, you're mía bc i'm you're bella bc i'm you're sunshine. (?)
sabes que escribes de ensueño, eso no hay que recordartelo.
me iré por nathaniel y kristen bc es tu ship y me encanta, siempre y cuando me dejes usarlo. y si no, te lo robaré. no.
so, espero quedar perras, un besito♡
oh, y mi película favorita es new moon — twilight.

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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por bigtimerush. el Jue 30 Ene 2014, 1:23 pm

JAJAJAJAJAJAAAAJAJAJAAJAJAJAJAJAAJAJAJAAJAJAAJAJAJAJAJAAJ, WTF.   
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por Azalea. el Jue 30 Ene 2014, 1:58 pm

Holi bueno adore la idea me recordo a la del reality show y bueno quisiera audicionar te enviare la ficha cuando decida con que ship ire estaba pensando en Zhloe o Biam pero aun no lo se.
Alice in Wonderland



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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por bigtimerush. el Jue 30 Ene 2014, 2:02 pm

¿briam, quieeres decir? ¿es tú ship?
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Jue 30 Ene 2014, 2:12 pm

shay mitchell; liam payne; lucy hale; max irons

elite:
El despertador de Jane sonó, lo cual le obligo a levantarse de su cómoda cama, a regañadientes. Camino con lentitud hacia lo que era el tocador de su cuarto; las paredes eran blancas, y el granito adornaba gran parte del baño de Jane. Soltó un pequeño gruñido, su cabello era un desastre; definitivamente no volvería a dormir con el cabello húmedo, había aprendido la lección. Intento, de todas las formas posibles, arreglar su larga cabellera castaña, pero no logro nada; al final, se dio por vencida, y opto por recoger su cabellera en una coleta alta.
Aun en pijama, J.J salió del su baño, bajo las escaleras que conectaban el tercer piso con el segundo, y después bajo las otras, que conectaban el segundo piso con el primero. Camino por el living de su casa, no había nadie, y Jane estaba más que segura de ello. Empujo la puerta de la cocina, y se dirigió hacia su nevera; de ella saco un yogurt francés bajo en grasa que le había traído su madre hace un día, cuando había vuelto de Paris de hacer algunas compras en Gucci.
Volvió después de quince minutos a su recamara, abrió su ropero, y comenzó a observar con detenimiento la ropa dentro de ella. Dejo reposar en el colchón una falda color negro, bastante pequeña; una camisa color blanco ajustada al cuerpo; y sus tacones Christian Louboutin color negro, Christian Louboutin era uno de sus diseñadores favoritos.
{xoxo}
__ Linda, Jane. ¡He llegado! __ La chillona voz de su madre sonó a través del living de su mansión. Jane arrugo la nariz, y soltó un bufido; su madre estaba borracha, de nuevo.
__ Dios mamá, ¿Cuánto has bebido esta vez? __ J.J recogió entre sus brazos a su madre, que con suerte no se había caído caminando con aquello tacones de más de diez centímetros.
 __ Dos, tres, tal vez cuatro botellas de vodka… ¿o era whisky? __ Jane saco uno de los mechones de cabello de su rostro, y dejo salir de sus labios un bufido frustrado. Cuando J.J pensó que nada podía ser peor, su madre comenzó a reírse de una forma escandalosa, por lo que tuvo que coger medidas… un poco drásticas.
Entonces ella saco su parte egoísta y cruel. Con un poco de esfuerzo, arrastro a su ebria madre hacia una silla, y la dejo sentada en ella; camino hacia una de las alacenas, y de ella saco cinta de embalaje. Saco grandes tiras de la cinta,  mientras la rodeaba a su madre, dejándola atada a ella.
__ ¿Jane que haces? __ entre su delirio, Lisa se había dado cuenta de que estaba atada e incómoda. Jane la ignoro. Se acercó a ella, y saco una tira de cinta de nuevo, pero esta vez, pego en su boca el pedazo de cinta, dando por fin silencio a su hogar.
Jane miro su reloj, y se dio cuenta de que era demasiado tarde.
__ Bien mamá, me debo ir. Ya es tarde.__ J.J despego su mirada de su reloj, y le dio una sonrisa a su madre; esta estaba gritando, pero solo se escuchaban pequeños murmullos que lograban pasar atreves de la cinta.
__ No te preocupes, no estarás así todo el día. Chelsy viene a las doce. __ Grito mientras se alejaba de la cocina, salía de su casa, y entraba en su lujoso deportivo rojo. Regalo de su abuelo por sus 19 años.
{xoxo}
El camino se había vuelto un tanto… difícil, pero a pesar del tráfico J.J estaba llegando al Constance Billard en una hora predecible, predecible para J.J. Una abundante sonrisa se formó en sus labios al ver la abundante cabellera de su mejor amiga, Winter, mientras peleaba con Spike, su hermanastro. J.J se estación en la vereda de la calle, a medio metro de Spike y Winter. La castaña escuchaba la conversación mientras dejaba escapar pequeñas risitas, inaudibles ante el oído de Win y Spike. Cuando Spike se alejó junto a una sonrisa victoriosa, J.J supo que tendría que hacer su buena acción del día. Que mejor cosa que salvar a Winter de ensuciar su limpio reporte de atrasos y faltas.
__ ¿Te llevo? __ pregunto J.J después de hacer sonar su claxon. Winter subió sin ningún problema al deportivo rojo de J.J.
__ ¿Me contaras lo que sucedió? __ La castaña intento parecer indiferente, como si no hubiese escuchado nada. Winter no solía soltar las cosas tan rápido, por lo que la castaña se sorprendió un tanto cuando Winter le conto con una suma rabia en su voz lo que había sucedido.
__ Sera un imbécil y todo lo que quieras, pero no le quita lo bueno que esta.
 {xoxo}
Jane camino a lo largo de los pasillos del Constance Billard, mientras las demás chicas estaban escuchando la tediosa charla de Lesbiana McLean, o bueno, así era como la había apodado J.J. Su teléfono sonó, y Jane lo saco de su bolso, dejando al descubierto su IPhone 5s, al cual la pantalla le brillaba conjunto a: “ZM”. Jane respondió la llamada, y dirigió el teléfono a su oreja izquierda.
__ ¿Sí? __ pregunto la castaña con voz inocente.
__ ¡No tienes la menor idea de cuánto te odio! __ la voz de su primo en su oído fue tan fuerte, que tuvo que alejarlo un poco de su oído.
__ Auch. Que duro eres. __ una pequeña risa logro escapar de los labios de J.J, delatándola, a ella y su falsa inocencia.
__ ¡Un internado en Nueva Zelanda por cinco años! __ J.J seguía con el teléfono alejado de su oreja, mientras miraba para otro lado, ignorando por completo el enfado de su primo.
 __ Te visitare. Algún día. Lo prometo. __ La respiración de Zayn parecía calmarse, mas su furia seguía albergando en su cuerpo.
__ ¿Cómo lo haces? __ La rabia en la voz de Zayn era más que una prueba de que seguía enojado, pero que se las estaba guardando.
__ Tengo mis métodos. __ Jane se miró las uñas, notando que debía si o si pintárselas de otro color. Tal vez gris, pensó.
__ ¿Sabes qué? Esta conversación me esta hartando. Adiosito. __ Colgó la llamada aunque los insultos de su primo aún seguían escuchándose.
Guardo su teléfono de nuevo en su bolso. Camino al baño, habían dos, el Constance era una secundaria grande, los baños también, pero todo se llena rápido, en especial, porque él segundo baño era para los no-elite, como los apodaban en Upper East Side. Se adentró en las profundidades del lujoso baño, y se miró en el espejo, y las lágrimas picotearon en sus ojos. Se miró en el espejo, y se preguntó: ¿Por qué no puedo ser como Charlotte? ¿O como Tifanny? ¡Incluso como Rachel!  
Porque no eres perfecta, le repitió su cerebro.
Casi como en un instinto, el yogurt que J.J había tomado en la mañana, se puso en la punta de su garganta. Corrió y se agacho en la taza del inodoro, y expulso toda la poca comida que había ingerido en la mañana, y se limpió con una pequeña servilleta de estampados que la castaña siempre llevaba en su bolso. Gracias a dios que no había nadie en los pasillos. Jalo la palanca del inodoro, y se sentó en el suelo del limpio baño, y se unto un poco de antibacterial en las manos, y sin evitarlo, empezó a llorar.
Estaba rota en todos los sentidos de la palabra.
{xoxo}
El día de clases había terminado y J.J conducía en su deportivo rojo. Entonces una pequeña sonrisa satisfactoria atravesó por sus labios al ver caminar a Blaire Finlay. Al fin y al cabo, tendría con quien desquitarse. Sus llantas hicieron todo el trabajo, embarrando completamente a su mayor enemiga, y haciéndola caer en el asfalto. Había descargado toda su furia y rencor en alguien que no tenía nada que ver con sus problemas.
__ ¡Eres una maldita perra J.J! __ Jane rio un poco, la dulce y cariñosa Rachel sacaba las garras cuando tenía que ver con su mejor amiga. Con su ventana abierta, dejo salir su mano, conjunto a su dedo de en medio levantado.
__ Oh, dulce humillación. __ se susurró a sí misma, arrancando de nuevo el auto.
“Al parecer, J decidió desquitar todas sus lágrimas en la pobre y becada B. ¿Cuándo dejaras de fingir sonrisas J? tal vez tu ebria madre pueda ayudarte.” Conjunto al mensaje había dos fotos, una de su madre saliendo de su auto completamente ebria, y la otra de Jane llorando en las paredes estrechas del baño.
__ Maldita perra.
And... who i am?:
El cuerpo de Marie se balanceaba ante el constante movimiento que surgía de sus manos y piernas; la danza no era algo fácil, se necesitaba destreza, astucia, y flexibilidad, y Marie tenía todas ellas. La música paro, al igual que su cuerpo y todas las demás chicas en las sala. Marie se enderezo, mientras la maestra lanzaba halagos a unas, y reproches a otras.
__ Marie, ¿Qué puedo decir de ti? ¡Eres una increíble bailarina!  __ La señora Whitemore tomo las manos de la castaña, mientras esta se sonrojaba. Siempre había sido muy vergonzosa, y odia por completo los halagos.
__ Gracias señorita Whitemore. __ Marie hizo una pequeña reverencia, mientras con su delicado tutu corría hacia el vestidor de mujeres. Eran las cinco y media de la tarde, y estaba completamente cansada.
__ Marie, June y yo iremos al centro comercial, ¿quieres venir? __ La castaña le sonrió, y junto su brazo con la rubia chica, June.
__ Lo siento, Pamela, pero tengo que ir a casa. Cena familiar. __ Marie, mintió descaradamente. No es que Pamela y June no le agradaran, era el simple hecho, de que quería llegar a casa y dormir hasta el día siguiente.
__ Entendemos. __ June sonrió con dulzura, y se despidieron las dos con la mano. Ahora se sentía mal por rechazar su invitación. En lo más recóndito del bolsillo derecho del pantalón de Marie, sonó su teléfono con la tonada de Get Lucky, de Daft Punk.
__ ¡Hey linda! __ La voz de su padre la hizo sonreír__ No podré recogerte hoy. Lo siento.
{***}
El cuerpo de Marie se movía de un lado a otro, y esta vez no era por sus clases de baile; aunque ella odiara por completo ir en tren hacia casa, no le quedaba otra opción, el carro de su padre se había averiado e ir de  Brooklyn a Houston, no era nada fácil.
El tren paro en su última estación, pero Marie se asustó, de una gran forma, cuando se dio cuenta de un pequeño error suyo: había cogido el tren equivocado, y ahora estaba al sur de Houston, muy lejos de su hogar. Se estaba comenzando a arrepentir de rechazar la propuesta de Pamela. Apretó su bolso__ casi como instinto de niña rica__ hacia ella, y lo mantuvo pegado así misma hasta que estuvo casi en la salida del lugar, pero una mano, helada como las frías calles de un lugar que ella no conocía.
__ Nunca pensé llegar a ver a una Van der Vaart. __ Marie estaba en shock por la ronca voz del hombre que la sujetaba. Su cerebro reacciono dos segundos después, haciendo que ella se soltara bruscamente del agarre del gran hombre.
__ No sé de quién hablas. __ La chica intento retroceder, pero se vio en un pequeño problema: estaba entre la espada y la pared, o mejor dicho, el hombre la pared.
__ Claro que sabes de quien hablo. Tu eres la gran Aliet2 Van der Vaart. __ Marie estaba en shock, aun más cuando un pequeño castillo llego a sus recuerdos, un castillo que ella no conocía.
__ Por desgracia, estoy encargado de matarte. __ Su antebrazo se posó en su cuello, ahogando a Marie; sintió unos segundos después, el rozar de un cuchillo bien afilado.
Comenzó a batallar por su vida, esquivando cada vez más rápido el cuchillo que intentaba atravesar su cuerpo. Entonces, en un intento de alejarlo, lo empujo con todas sus fuerzas; pensando que no lograría nada, Marie espero su súbita muerte, pero nunca llego. Abrió sus ojos de par en par, y vio al hombre, muerto y ensangrentado, tirado en el piso como un pañuelo; a su lado vio la pared, rota, malditamente destrozada.
Con un grito ahogado, Marie poso su mano en su boca, y segundos después, salió corriendo, como si nada hubiera pasando. Pero ella sabía que eso sería difícil, y que tal vez nunca pasaría.
The Fenix:
Mi mano se sumergió en el fondo del agua, la saque de ella, y comencé a jugar con las gotas que pasaban de un lugar a otro en el aire. Tenía un libro en mis piernas, la saga de Lindas mentirosas2 siendo más exacta. A veces me sorprendía el hecho de lo tranquila que podía estar ante los problemas que ocurrían a mí alrededor. Alterarme siempre me pareció bastante estúpido. Nadie ganaba nada volviéndose loco. Los auriculares apretaban un tanto fuerte en mis oídos, mientras la voz de Dan Smith cantaba sleepsong, o simplemente, bastille, una de mis bandas favoritas.
__ And it scares you being alone. __ Susurre mientras me adentraba más al libro.
El agua aún se sentía en la punta de mis dedos, yendo de un lado a otro. Un vago recuerdo pasó de forma fugaz por mi mente.
Mi visión era borrosa, mientras me preguntaba cuanto tiempo llevaba sentada en el fondo de aquella piscina. ¿Quince, veinte minutos? Dios, cuanto me encantaba estar sumergida en el agua. Salí de la piscina, y cogí la toalla que estaba en la silla de descanso cerca de mí. El aire estaba tan helado, que quería volver a meterme dentro del agua.
__ ¡June! ¡Tengo una sorpresa para ti! __ Mi hermano pequeño corría frente a mí, conjunto a una gran jarra del agua, que por su posición supuse que estaba por tirármela. Estaba completamente seca, y él lo sabía. Hijo de la misma madre.
Alzo sus fuertes brazos, y tiro el agua hacia mí… o lo intento. Mi mano, por instinto, se levantó con fuerza. Mi hermano soltó un pequeño grito ahogado, no entendía el por qué ya que tenía los ojos cerrados. Y cuando los abrí, entendí el porqué de su miedo. Porque yo también tuve miedo.
__  Dios, Santo. __ La voz de mi madre a mis espaldas me asusto. Volví mi mano un puño, y el agua cayó al piso, salpicándonos a los tres.
Entonces escuche los pasos, pasos remotamente fuertes, y demasiado rápidos. Ocho hombres entraron por el umbral del jardín, y golpearon a mi hermano, y a madre; mi padre, recién llegado del trabajo, intento detenerlos, mientras estaba en shock. Entonces, por un momento, se me vino la idea a la mente, de que tal vez yo era más fuerte que ellos. Y lo era, lo sentí, me sentí realmente fuerte, pero ya era tarde. Mis padres estaban muertos, y mi hermano inconsciente; y yo tenía una bolsa en la cabeza.
__ No es tan difícil estar aquí ahora, creo. Espero. __  me susurre de nuevo. No había nadie a mí alrededor. Espero.
Soy la paciente alma, que camina como fantasma en pena por la única piscina del lugar. Soy la chica, un tanto solitaria, que camina por los pasillos. Soy la chica que te observa. Soy la chica que sabe tus secretos. Soy la chica en que puedes confiar. Soy la chica que no te puede traicionar. No se mentir. No se ser cruel. No se escuchar. Yo me llamo June Mine.   
Lindas mentirosas: Saga de libros escritos por Sara Shepard.

You know, shiam rlz the world <33
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por Azalea. el Jue 30 Ene 2014, 2:48 pm

worldwide with you♡ escribió:¿briam, quieeres decir? ¿es tú ship?
no no no me refiero a biam (barabara y liam)
y bueno ships es lo que tengo para regalar esta lellie(louis y ellie), fhloe(finn y Chloe), Sharry(Shay y harry) y Tiall(TaylorH. y NIall)



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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Jue 30 Ene 2014, 2:55 pm

idk, shiam rlz the world <333
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por Sunrise. el Jue 30 Ene 2014, 5:55 pm

me da paja contestarles a todas, asdasdasd. but apu está aceptada y síp, mey, sí te presto mi ship bc ahora vos vas a ser mi kristew y yo tu nathaniel ;-;
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por valkyrie. el Jue 30 Ene 2014, 6:08 pm

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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por holiscrayolis el Jue 30 Ene 2014, 6:25 pm

Hola Mía Me ha encantado tu idea así que luego dejo la audición. También paso para informarte que me encanta como escribes, en verdad tienes talento. No tengo película favorita pero creo que me gusta la de Buscando a nemo y Monsters Inc. Saludos
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Re: are you the one? | audiciones cerradas.

Mensaje por aurelia. el Vie 31 Ene 2014, 2:41 pm

alex pettyfer | rosie t.

Capítulo:
El susurro del viento pareció sonar más fuerte en mi pequeña cabaña ubicada en frente de la playa. La noche era tenebrosa, pero parecía ser más tenebrosa para mí, una chica de dieciséis años nombrada Ágata. Lo único que podía hacer era morderme las uñas esperando alguna señal de paz, que la promesa de mi madre se cumpliera y poder disfrutar de aquel verano como cualquier otro.  

Desgraciadamente, el destino tenía otros planes para la pobre de mí. La puerta de entrada comenzó a sonar, primero débilmente, como un pequeño golpe que se da con el puño, unos minutos después, comenzó a sonar fuertemente, ahora pareciendo que la estuvieran derribando con patadas.  

Corrí hacia mi habitación, y cerré la puerta de esta con llave, colocando todo el peso posible para que les fuera imposible entrar. En cuanto sentí pasos en la cabaña, me sujeté a la cortina de mi ventana, deseando que fuera cualquier otra cosa, menos un humano.  

— Te tenemos —gruñó el hombre ya adentro de mi habitación.

— ¿Qué quieren hacer conmigo? Por favor, déjenme sola, no tengo nada que les pueda servir, lo juro —supliqué tratando de hacerlos entrar en razón.  

Los tres hombres sólo rieron, y sacando una jeringa con algún tipo de líquido adentro, se acercaron a mí rápidamente, como si tuvieran miedo de que usara algún tipo de poder. Sin darme cuenta, colocaron la aguja en mi brazo, e inyectaron el líquido como si se tratara de una vacuna. Tragué saliva mientras sentía un gran peso encima de mí, haciendo que cayera lentamente al piso. Miré a los hombres, que cada vez se hacían más borrosos y adaptaban una forma monstruosa, con los ojos tan rojos que me sobresalté. Bajé la mirada a mi pierna, y vi un gran cuchillo en el muslo.

Gemí, pero ya estaba perdiendo el sentido, ¿es que no me ayudarían?, al parecer no. Caí sentada al piso y sin poder pensar algo más, me sumí en un profundo sueño, lleno de estrellas danzando y burlándose de mi debilidad.  

— Ya está, llévensela antes de que despierte —escuché que una estrella decía.  




Desperté más sobresaltada de lo que estaba hace unas horas. La traspiración corría por mi frente, cayendo en mi cabello castaño, el cual también estaba traspirado. Desconocí el lugar en donde estaba, sólo habían paredes blancas, una pequeña ventana en un extremo, dos cámaras observando fijamente mis movimientos, y lo más raro, no había ninguna puerta. Sin preocuparme mucho de eso, miré rápidamente mi pierna, la cual hace unas horas había visto con un cuchillo en el muslo. Pero no tenía nada, y cuando me refiero a nada, me refiero a nada de nada. Estaba sana, sin ningún corte, sin ninguna venda, sólo cubierta por el vestido, bata, o lo que fuera que llevaba puesto. ¿Era esto un hospital? No, no lo creía, no creía que algún hospital dejara a sus pacientes encerrados con tan solo una cama y una ventana pequeña.  

Me levanté de la cama en donde estaba, y di una vuelta en círculo tratando de ver alguna salida, aunque fuera inútil. Debo salir de aquí, debo encontrar a mi madre, pensé en cuanto reviví lo sucedido la noche anterior. Comencé a tocar las paredes, tratando de encontrar alguna puerta invisible o un sensor, aunque muy dentro de mí sabía que no encontraría nada, sabía perfectamente que estaba encerrada y creía saber las razones por la cual lo estaba.  

— ¿Alguien ahí? —pregunté con toda mis fuerzas—. ¿Hay alguien?  

Esperé unos segundos, pero nadie ni nada respondió, y me sentí aún más exasperada. Agarré mi cabello con desesperación, y me mordí el labio, esperando a que alguien me viniera a buscar, o que todavía estuviera en mi sueño de estrellitas.  

Un ruido se sintió en la sala, haciendo que diera un salto del susto. Me volví rápidamente con los puños cerrados, observando a la persona que estaba en frente de mí y que había pasado por algo parecido a una puerta invisible. El hombre me miraba fijamente con sus ojos azules, mientras yo me fijé en su cabello canoso, en sus cejas algo tupidas, y en sus labios finos.  

— Ágata, es un gusto conocerla. Me han hablado mucho de usted, con lujo de detalles —él soltó una carcajada, yo le miré inexpresiva—. Así que, ¿trataste de detener a unos fortachones con muebles en la puerta?

— Para mí no es un gusto conocerle, además, ¿cómo es que sabe mi nombre? —pregunté alterada, este señor no me gustaba para nada—, y, tampoco es de su interés saber cómo traté de detener a esos fortachones.  

— Cuando acepté este trabajo no pensé que sería tan difícil —suspiró, como si estuviera cansado de una rutina—. Ágata, querida, ¿alguna vez tu madre te contó quién es tu padre?

¿Es que acaso quería saber de mi vida? No, no, y no. No era apropiado hacer esto, ellos me habían secuestrado, dejado en una habitación con una puerta invisible, y además, ahora querían saber sobre mi pasado, mi presente, y quién sabe, quizá mi futuro. Rodé los ojos, algo no muy común en mí, pero que ahora, con esta situación, requería de uno de ellos. Alcé una ceja mirándolo detalladamente, pensando en cómo sería atacarlo y amenazar a las cámaras con que si no me dejaban salir lo mataría.

Desgraciadamente no era una muy buena idea, pues al salir me detendrían aquellos hombres fortachones, y quizá me harían soñar con las estrellitas burlistas.  

— ¿Qué le importa a usted lo que mi madre me haya o no me haya contado? —pregunté toscamente, escupiendo la rabia que llevaba dentro.

— Me importa, porque si tú cooperas, algún día, podríamos sacarte de aquí, y podrías volver a ser feliz con tus amigas.  

— Digamos que yo coopero con lo que usted necesita —caminé de un lado a otro—, ¿usted me dejaría salir realmente?  

Miró fijamente a mis ojos, como si tratara de adivinar lo que sentía. Se acercó lentamente a mí, tocó mi cabello, mi frente, y luego sonrió con una sonrisa tan irritante que si fuera por mi se la arrancaría junto con toda su cara. Siempre había entendido de que no se podía faltar el respeto a un adulto mayor por muy irritante que fuera, pero este no era irritante, era un manipulador, secuestrador, quizá acosador, y para más, irritante.  

— Al parecer necesitas una ducha, no creo que quieras quedarte con todo ese sudor en tu cuerpo —susurró—. ¡De todas formas, jamás te liberaremos, pequeña Ágata! ¿Cómo puedes creer que te dejaríamos salir? Eres muy importante para nosotros, ¡eres la clave de nuestro éxito!  

Le miré con una mezcla de confusión y rabia. Yo no era un juguete, tampoco era una muestra de experimento, mucho menos una esclava o algo parecido.  

— Perdón, ¿ha dicho lo que he escuchado? —pregunté, enojada—. No soy la clave de su éxito, señor, y si me permite, me gustaría darme una ducha.  

No era mucho de ser malhumorada, ni mucho menos era de las chicas malas y groseras. Solía ser muy tranquila y pasiva, pero este señor me había hecho enojar como nunca. Lo peor es que ni si quiera sabía quién era, no sabía su nombre, lo que hacía aquí, o lo que hacía hablando conmigo, porque en su cara se demostraba que no era feliz estando conmigo. Él me estiró su mano, pero yo la rechacé.  

— Ven conmigo, te llevaré a los baños para que te duches —dijo pronunciando cada palabra lentamente, como si fuera una chica que no entendía lo que me decían.  

Estiró nuevamente su mano, y yo, con desprecio y asco, la tomé. Caminamos a través de la puerta invisible, aunque ahora que la veía bien, se abría sólo cuando pasaba aquel hombre que caminaba a mi lado. Atravesamos varios pasillos, llenos de puertas que seguramente, los del interior no veían. Divise a chicas y muchachos desmayados siendo arrastrados a lo que serían sus habitaciones, soñando con estrellitas burlonas. También vi una sala en la cual había un chico sentado, y al instante en que le iban a inyectar un líquido comenzaba a temblar entero. Cuando le vi los ojos, me miró como si supiera que le estaba observando, y susurró algo parecido a un ayuda, aunque no pude entender bien por la distancia que había entre nosotros.  

— ¿Qué es lo que le hacen? —le pregunté al hombre canoso.  

— Ese muchacho es un fenómeno, pero no se le puede inyectar nada, por alguna razón comienza a temblar y sólo se detiene cuando los enfermeros se van, asustados por su comportamiento.  

— ¿Un…?

Sonreí cuando me di cuenta de lo que en verdad hacía aquel chico. Las inyecciones no le hacían mal, tampoco le tenía fobia a las agujas, sólo se comportaba de esa manera porque no quería que le inyectaran líquidos. Su plan al parecer funcionaba, pues las enfermeras se iban sin inyectarle nada, asustadas por el comportamiento del muchacho.  

Al entrar en el baño vi a muchas chicas, pero fijé la vista en una que observaba fijamente los movimientos de cada adolescente que caminaba por los pasillos de la habitación en que nos encontrábamos. Aunque fuera menuda, resaltaba entre las demás con sus ojos verdes ahora llorosos por las lágrimas que caían en sus mejillas. Insegura caminé hacia ella, y me senté a su lado.

— Hola —susurré, mirándola de perfil.  

— ¿Qué quieres? —preguntó con su voz quebrada.

— Nada, no quiero nada —respondí, miró a mis ojos—. Sólo, quería una amiga con quién hablar.  

— No soy muy buena hablando —musitó tímidamente—, lo siento.  

— Oh, ¿eres tímida? —ella asintió levemente—. Soy Ágata, puedes llamarme como quieras.  

— Calypso —dijo ella, con sus ojos brillantes—, me llamo Calypso, y hasta ahora no tengo apodos.  

— Calypso es un lindo nombre, ¿Cuántos años tienes? Te ves muy pequeña.  

— Catorce años recién cumplidos —se encogió de hombros, yo parpadeé dos veces seguidas—. Asesinaron a mi padre... ¿Cuál es tu historia, y tu edad?

Le tomé la mano, en señal de apoyo. Se veía totalmente triste, y no era que sintiera pena por ella, sólo quería que supiera que no estaba sola, y de alguna forma, quería saber que yo no estaba sola.  

— Dieciséis años, no sé lo que sucedió con mi madre, ella salió y no volvió más.

— ¿Nos veremos de nuevo? Ya me debo ir, o me castigarán.

— Seguro que nos veremos de nuevo. Mañana, aquí mismo, ¿te parece?  

Me sonrió y asintió, parecía segura de si misma y de su decisión. Se despidió con la mano, y desapareció por la puerta, mientras, yo apoyé las manos a ambos lados de mis piernas, me paré y caminé hacia una de las duchas. Fuera de una de ellas había una toalla, así que supuse que estaba vacía.  

Y así era, la ducha estaba vacía, completamente para mí. Entré en esta, tratando de abrir la llave, lo cual me llevó unos minutos. Apoyé mi cabeza en la pared, dejando que el agua recorriera mi cuerpo, y en el momento menos pensado, un sollozo se escapó de mi boca, seguido de otro, y otro. Lo único que podía pensar era en mi madre, ¿estaría bien? ¿la tendrían capturada? ¿muerta? El último pensamiento me asustó, me espantó, y hizo que quisiera salir de aquí. ¿Era esto lo que sentía Calypso? no, seguramente ella estaría pensando en cómo llegar a su padre, lo cual también me aterraba. No era de aquellas que se creían grandes sólo por tener dieciséis años, pero Calypso tenía catorce años, aún era una niña a la que le arrebataron todo lo que tenía; su padre.  

Al salir de la ducha, limpia y fresca, agarré una bata limpia y me la coloqué. Suspiré tratando de eliminar cualquier pensamiento aterrador, y me dispuse a caminar por el gran pasillo, deseando no encontrarme con el hombre canoso, el cual aún no me había dado su nombre. De todas formas, no era como si me importara su nombre, de seguro era igual de horrible que su personalidad.  

Mis deseos no estaban haciéndose realidad, pues al salir me encontré con su cara burlista de nuevo.  

— Al parecer estás lista, ahora, si nos haces el favor, ven con nosotros.  

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que habían dos personas más junto a él. Aunque ya no sabía si llamarles personas, no sabía si eran humanos, no sabía nada, y eso me hacía sentir estúpida. Dejé que me tomaran los brazos, pues si no me dejaba, me obligarían, y estaba casi segura de que eso dolería más de lo que dolía ahora. El canoso avanzó por delante de nosotros, y cuando llegamos a nuestro destino, quise romper en llanto.  

Mi madre estaba con una jeringa, a punto de inyectar el líquido en el muchacho que anteriormente temblaba para evitar una inyección. Al parecer el chico se había dado por vencido, pero no me preocupaba eso, me preocupaba la pregunta que se repetía en mi mente.  

— ¿Mamá? —pregunté en un susurro que sólo el canoso escuchó.  

— Como verás, Ágata, no puedes confiar en nadie, ni si quiera en tu madre —me susurró en el oído—. Date por vencida, que nadie te está tratando de ayudar.  

El canoso soltó una carcajada muy molesta, y se retiró junto a los dos fortachones, dejándome sola. Observé al muchacho tratando de luchar con la mano de mi madre, pero la fuerza se le acababa, y la jeringa estaba cada vez más cerca de su brazo. Cerré los ojos y cuando los abrí la jeringa estaba entrando por el brazo del muchacho. Él gritó, para luego caer dormido en el asiento.  

No lograba entender nada, de un momento a otro mi madre estaba del lado de ellos. Esperen, ¿estaba realmente del lado de ellos?, suponía que sí, ella había inyectado esa jeringa en el brazo del muchacho, ella era un monstruo, como todos los que habitaban aquí. Tampoco entendía el por qué estaba aquí, nunca había sido destacada en mi escuela, menos en los deportes, era, como muchos me habían dicho, una buena para nada.  

Recordé a Calypso y su leve sonrisa, le recordé diciendo que su padre estaba muerto, asesinado por estos estúpidos hombres. Sentía rabia, frustración, y sobre todo, sentía pena. Aquel canoso me había dicho que nadie iba a estar conmigo, que nadie me iba a ayudar, que me debía dar por vencida, pero, ¿debía hacerlo? No estaba completamente segura. Antes de que mi madre pudiera darse cuenta de que estaba allí, escapé de ese lugar, tratando de encontrar mi habitación. Seguramente si hubiera estado muy enojada, habría ido a encarar a mi madre, pero no tenía ánimos, y él único lugar que al parecer estaba de acuerdo a mis emociones, era la habitación.  

Paré cuando me di por vencida, era un edificio grande, y no encontraría tan fácilmente mi habitación. Coloqué mis manos en la cara, mientras trataba de calmarme, respirar profundamente, y hacer el esfuerzo por no llorar.  

— ¿Qué haces aquí tan sola? —preguntó una voz grave—, ¿te ocurre algo?  

— Déjame sola, seas quién seas, déjame sola —saqué lentamente las manos de mi cara.  

Delante de mí había un adolescente vestido con un delantal y gafas. Seguramente alguien de la institución, pensé en cuanto vi una especie de carnet en su delantal, el cual decía: Alex O'Connor, médico especializado. Rodé los ojos por segunda vez en el día, y me dije a mi misma que no lo haría de nuevo.  

— Sólo estoy tratando de ayudar —se encogió de hombros.

— ¿Ayudar? oh, ¿hay alguien aquí que desea ayudar? —pregunté sarcásticamente.  

— No soy como ellos —colocó su mano en mi hombro—. Estoy aquí por obligación.

— ¿Obligación? —levanté una ceja—, ¿quién te obliga?

— Mi padre es uno de los más importantes aquí, y necesitaba que su niñito estuviera junto a él. Es estúpido, lo sé, pero digamos que mi padre es un estúpido total, así que... ¿dejarás que te ayude?

— No hasta que me digas tu edad, tu nombre completo, y de donde vienes.  

Sonrió, y tomó mi mano fuertemente, pero no de una forma amenazadora, si no que de una forma reconfortante. Caminamos un largo trayecto hasta llegar a una sala desconocida para mí, por lo que comencé a asustarme. ¿Qué pasaba si me había traído hasta acá para inyectarme algo?, o quizá, ¿para torturarme?  

Me hizo pasar, divise dos asientos a cada lado de una pequeña mesa. El lugar estaba lleno de libros, estanterías, y cosas antiguas. Estiró un delantal hacia mi, y yo, con inseguridad, lo tomé, suponiendo que era para pasar desapercibida por si alguien entraba a esta habitación. Me senté en uno de los asientos, mientras él hacía lo mismo en el otro, tomando un libro y colocándolo en la mesa, justo en frente mío.  

— Ábrelo —ordenó suavemente.  

— ¿Qué es?, ¿de qué trata? —pregunté, algo confundida.  

— Puedes verlo por ti misma, sólo ábrelo —musitó, tomando un lápiz—. Las reglas dicen que no puedo explicar lo que ustedes hacen aquí, pero nadie ha dicho que no puedo mostrarlo.  

Reí por primera vez en el día, y me sentí feliz, feliz de tener a alguien que no hacía daño, porque ahora estaba casi segura de que Alex no era el enemigo. Abrí lentamente el libro, tenía la sensación de querer abrirlo, pero a la vez no quería hacerlo. Tenía curiosidad, como también sentía miedo, pero, ¿de qué?, ¿de qué tenía miedo?

Sentí las manos de Alex en el libro, y comenzó a pasar de página, una, otra, y otra vez. Se detuvo en una, y sacó las manos. Comencé a leer, primero con miedo, luego más segura de mi misma. Leí unos cuantos párrafos, pero ya había entendido todo.  

Cerré el libro de un golpe, no necesitaba saber más. Negué con la cabeza.  

— Esto es completamente ridículo —le espeté—, me refiero a que, ¿de un día para otro aparezco en una cárcel, y dicen que somos Dioses?  

— No son Dioses —negó con la cabeza—. Héroes, ustedes son héroes, semidioses.

— Es imposible —dije, bajando la cabeza.  

— Puedes creer que es imposible —él se paró y se sentó en la mesa, al lado mío—, pero tarde o temprano te darás cuenta de que es verdad.  

— No soy una heroína, si lo fuera, estaría volando a un lugar donde no me encontraran.  

— Cree lo que quieras, pero es por eso que te tienen aquí.  

— Pues están locos, los semidioses existieron hace miles de años —¿estaba exagerando?—. Yo no soy hija de un Dios. Soy hija de mi mamá, y de mi papá, ambos, desgraciadamente, humanos. Ahora, si me permites, ¿podrías mostrarme el camino a mi cárcel?, no quiero que el canoso se de cuenta de que he estado una hora fuera de esa prisión.

— No es una prisión, es una habitación —suspiró fuertemente—. Pero si es lo que deseas, te llevaré allí.  

— Claro que es una prisión, o dime, ¿en tu casa te tienen encerrado durante todo el día, con tan sólo una cama y sin puerta? porque a mi nunca me han dejado así, ni si quiera cuando me castigaban.  

— Debes agradecer que te tienen con agua, alimento y duchas, en un principio querían dejarlos sin duchas, y con una comida al día.  

— ¿Cuál es tu nombre? Sé que te llamas Alex, pero no lo he escuchado de tí —pregunté curiosamente—. Así que, dime, ¿cuál es tu nombre y cuántos años tienes?

— Mi nombre es Alex O'Connor, tengo dieciocho años, ¿y tú?  

— Espera, si tienes dieciocho, ¿cómo se supone que eres médico especializado? —antes de que respondiera le advertí—, no mientas.  

— Ya te he explicado, mi padre quiere que esté a su lado las veinticuatro horas del día.

— Uh, que buen padre —susurré para mi misma.  

— ¿Me dirás tu nombre y tu edad? —preguntó bruscamente.  

— Ágata, dieciséis años, un gusto, supongo —me miró confuso—. ¿Qué? Para mi es un gusto conocer a alguien que no sea un monstruo.

— Ven, te llevaré a tu habitación —estiró su mano.  

— Cárcel —corregí yo, sacándome mi delantal.  

— Está bien, cárcel. Es que, no sabes lo horrendo que es estar allí, es peor que estar castigada —imitó mi tono de voz y golpeé levemente su brazo.

Reímos y salimos de aquella habitación. Caminamos en silencio, pero esta vez no era un silencio incómodo, si no que un silencio más lindo, si es que puede decirse así. Recordé a Calypso y pensativa, pregunté:

— ¿Conoces a Calypso? —pregunté, me miró algo confundido—, una chica baja, delgada, de ojos verdes y cabello castaño.  

— Claro que la conozco, es mi paciente —ahora fui yo la que le miré confundida—. Cada médico tiene un paciente, o semidiós, como prefieras llamarle.  

— Entonces, ¿el canoso es mi médico? —pregunté asqueada—. Hubiera preferido mil veces que fueras tú.  

— El canoso es John —me dijo, revelando el nombre del anciano—, y es una especie de psicólogo, aunque creo que está loco.  

Pensé en todas sus muecas, en todo lo que él hacía, y me dije a mi misma que no estaba loco. Lo que él tenía era otra cosa, era maldad.  

— Él no es un loco, es malo, muy malvado, como aquellos villanos que salen en películas de... —me interrumpí al pensar en lo que iba a decir.  

— ¿Superhéroes?  

Asentí, mientras agradecía por haber llegado a mi habitación, o mejor dicho, cárcel. Pasamos por la puerta que sólo se abría porque estaba Alex, y me senté en la cama que se encontraba allí.  

— ¿Cómo sabes que esta es mi habitación? —pregunté.  

— Lo supuse —respondió como si nada.  

— Entiendo.  

— Debo irme, así que, adiós —besó mi mejilla.  

— Adiós, O'Connor.  

Sonrió por última vez, y salió por la puerta ahora invisible. Suspiré y me recosté en la cama, pensando que quizá, había una buena persona en todo este edificio.


Última edición por Magda. el Vie 31 Ene 2014, 4:43 pm, editado 1 vez (Razón : había colocado el apellido de rosie, omg :o)
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