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Dark Secrets |N.C| {Resultados

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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por mindless el Miér 22 Ene 2014, 12:40 am

Rene Thirdwall



x Nombre Completo: Rene Thirdwall Cliff.
x Nombre de tu representante: Perrie Edwards
x Chico y rol: Evan Peters - Modelo por obligación.

Capítulo de tu autoría:



The Art of Passion


—¡Zayn! ¡¿No piensas ayudarme?!– me grita mi mejor amigo, Harry.
No le prestaba atención, estaba vaciando la memoria de mi cámara a mi computadora. Es impresionante que todas estas fotos las haya tomado en 3 días, es un nuevo récord personal. 
Wow... No sabía que Oregon sería tan magnífico. La considerare un punto de inspiración.
—Zayn– me habla Harry desde el otro lado de mi puerta. —Si no vienes a ayudarme, te juro que romperé esa cámara– 
—Esta bien– le contesto molesto. –Ya voy–
Me levanto de mi silla y abro la puerta, en el cual al otro lado de este, está un rulado color café, alto, ojos verdes y bronceado amigo recargado en la pared, con los brazos cruzados.
—Ayúdame a llevarme este sillón a la sala– apunta hacia el sillón,
—¿Este pequeño sillón? Si que eres un debilucho, Styles– me burlo de él. Pone sus ojos en blanco. 
—No molestes– lo levantamos al mismo tiempo. –Hagamoslo rápido. Tengo una cita en 10 minutos.–
—¿Cuándo no tienes una?– me burlo una vez más.
—Deja de joder– responde ya molesto. –Espero que esta sea la chica que he esperado.–
—Eso mismo has dicho de las otras... ¿qué? ¿Mil chicas?– pone sus ojos en blanco de nuevo.
Llegamos a la sala, acomodamos el sillón y Harry sale disparado hacia la entrada.
—¡Nos vemos, idiota!– se despide.
—¡Claro, y de nada eh!– le contesto, pero este ya no responde.



—¡Al fin!– grito, terminando de pasar todas las fotos en Oregon.
Miro a mi reloj. 09:22 pm.... Al parecer hoy es una noche de suerte para Harry. Bien por el. ¿Desde cuándo no he tenido una relación? Cierto... Desde qué me escapé de la casa de mis hermanos.
Odio recordarlo. Pero es casi imposible dejar de pensar en ello.  


—¡No me retes, marica!– me abofetea.
La rabia se va directo a mis ojos, llenándolos de lágrimas enfurecidas. Ahora corren desesperadamente por mis mejillas.
—Jaja, mira...– se burla mi hermano mayor. – ...el marica esta llorando.–
Mis tres hermanos están borrachos, como siempre. Posiblemente también se drogaron. No me importa. Con tal de que se mueran y me dejen en paz.
—¡Eh!– Jason, el segundo de mis hermanos, golpea el hombro del tercero, Lucas –Las putas ya debieron de haber llegado hace 20 minutos–
—Cierto– afirma Chris, el primero. –Ahora volvemos, estúpido.–
Salen al fin. Como los odio...


Desde qué mis padres murieron, me empezaron a tratar así. O más bien, desde antes, pero menos violentos. Yo era el preferido de los demás.
Cuando murieron, en la herencia, ellos fueron los menos beneficiados. Y con su ingratitud, gastaron todo en putas, drogas y alcohol.
En cambio, yo obtuve el 60% de toda la herencia. Pero no me lo pudieron entregar hasta tener la mayoría de edad. Entonces es cuando tuve que soportar todos los maltratos de mis hermanos por cuatro años. 
¿Cómo es que ellos no me lo quitaron? Era obvio que le dije al abogado de mis padres que no dijera nada sobre mi herencia, para que mis hermanos no me lo quitaran. 

—¡Ya regrese!– grita mi enrulado amigo.
—Hoy no fue tu día de suerte, ¿verdad amigo?– salí por la puerta y me le quede viendo con una sonrisa burlona.
—Y con suerte te refieres a sexo, ¿verdad?–
—Claro, ¿a qué más?– suelta una pequeña risa y voltea a verme con una gran sonrisa. –¿Qué?–
—Es la chica– frunzo el ceño confundido.
—¿Cómo? ¿Porqué?–
—Fuimos a su departamento para tener sexo, pero ella me rechazó.– dijo con una sonrisa aún más grande y un brillo en los ojos.
—Entonces...– me siento en una de las sillas de la barra en la cocina. –... ella te rechazo y ¿eso la convierte en la chica de tus sueños? Creo que no te entiendo–
—Ninguna chica me rechaza para el sexo, y ella sin dudar me dijo que no– sonríe aún más. –Eso significa que debo luchar por ello– le vuelvo a fruncir el ceño. –No te esfuerces en entenderlo ahora, cuando te enamores, ya lo comprenderás–
—Claro– me levanto y me estiro. –Me iré a dormir, que tengas una buena noche–
—Oh, claro que la tendré– nos reímos un poco.

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Espero que me aceptes, porque enserio ame la ideaa    
Espero respuesta  :aah:
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Bloom. el Miér 22 Ene 2014, 12:35 pm

Halo. 
Me encanto la idea  Participare, cuando tenga por quien porque no me convence que a mi hombre lo hayan violado  
Y quería al hermano del narcotraficante pero la Pau va por el y yo no me meto con la Pau .
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Kida el Miér 22 Ene 2014, 12:51 pm

de acuerdo.. esperamos tu ficha!! creo q miry aceptará sus fichas... es que no hemos hablado de quien las acepta

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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Invitado el Miér 22 Ene 2014, 2:32 pm

Síp, yo aceptaré. Esperenme que me acomodo(?).
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Kida el Miér 22 Ene 2014, 3:05 pm

de acuerdo ;)

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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Invitado el Miér 22 Ene 2014, 3:39 pm

**Little skyscraper** escribió:
Vianey Anderson



x Nombre Completo: Vianey Anderson Brown
x Nombre de tu representante: Lucy Hale
x Chico y rol: Skandar Keynes, el hermano del narcotraficante.

Capítulo de tu autoría:
Ojos de Cristal



Había permanecido en la banca del parque desde las cinco de la tarde, me sentía confundida  e irritada por todo y todos, mis manos aun estaban vendadas y el inmenso ardor de mis quemaduras aun estaba atrapado  en aquella tela blanca, el ambiente era frio, ya había oscurecido desde hacia unos minutos, así que la única fuente de luz eran las viejas lámparas de la calle. Gire mi cabeza hacia la izquierda y luego hacia la derecha, saque un suspiro y me acomode en el asiento.

-¿Qué? –Pregunte de mala gana al chico que había aparecido a mi lado.

-Solo vine a pensar –Contesto mientras miraba hacia el frente, hacia la nada.

-Londres es mas bonito en las noches ¿No te parece? –Dijo seguido de una honda respiración, podía oír como todo el aire iba metiéndose en sus pulmones lentamente y podía ver como su pecho se iba alzando con el progresar de su esfuerzo.

-Lo extrañare todo –Dije finalmente mientras me colocaba mi capucha negra.

-¿Te iras? Pensé que eras más fuerte –Respondió con una pisca de sorpresa en su voz, quería clavarme una espina para que aceptara mi encomienda, ¡Que se pudra!

-Ahórrate tus juegos baratos, no vas a convencerme –Metí mis manos en la bolsa cangurera de mi chamarra, el frio se estaba incrementando.

-No son juegos, pero ya olvídalo, después de todo, no te necesito –Sonreí sarcásticamente y mordí mi labio mientras mi sonrisa se extendía.

-Eres un idiota –Dije calmada para después pararme de la incomoda banca de metal.

-¿Se te entumió el trasero? –Voltee a verlo y rodee los ojos, tal vez era un idiota y mil y un de
adjetivos despreciativos mas, pero definitivamente, el iba ser al que mas extrañaría.

-Cuídate sapo –Dije mientras le sacudía el cabello con mi mano, el la tomo y se levanto.

-No dejes que te venza –Me dijo mientras apretaba mi mano con fuerza- Perdiste una batalla, no la guerra.

Saque mi mano de su agarre lentamente, mordí mi mejilla interior, sentí las lagrimas acumularse en mis pupilas, tome una enorme bocanada de aire y sonreí, pero incluso yo podía sentir mi inútil intento de esconderlo todo.

-Ya es tarde –Dije con una voz aguda por el nudo en mi garganta.

-No, no lo es, no si no quieres –Pude sentir la tristeza en su voz, si no lo conociera bien, podría decir que lloraría.

-Perdón –Susurre con la cabeza baja, di media vuelta y comencé a caminar. Miraba mis pasos, arrastrados y cansados, no me quería ir, pero era lo mejor. No entendía muy bien por que lo hacia, así como no entendía por que no quería hacerlo. "Estúpido miedo" pensé mientras apretaba mis ojos y mis puños, en un débil intento de sentirme fuerte y firme.

-¡No me dejes! –Escuche la varonil voz de mi amigo gritar, el no hacia ese tipo de cosas, no era ese tipo de chico, Luck tenia Razón, yo soy su talón de Aquiles, yo lo estoy matando. Apreté mis labios con fuerza y finalmente las lágrimas salieron de mis ojos.

"Jamás lo haría ojitos de cristal, jamás lo haría"

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¡Aceptada!


Omg, me gusta tu forma de escribir, no ha faltado ningún acento, y tu redacción es linda. Lástima por la rayita de guión, a mí me gusta la larga, pero qué más da eso no cambia que escribes bello. ¡suerte!
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Invitado el Miér 22 Ene 2014, 3:46 pm

Priscilla.- escribió:
Lucy Evans



x Nombre Completo: Lucielle Jane Evans
x Nombre de tu representante: Lily Collins
x Chico y rol: Niall Horan  | Abusado por el jefe de su padre.

Capítulo de tu autoría:

By.Ally

¡Aceptada!


Oh deoh Prics, creo que ya te había dicho que amo cómo escribes. Omg, vas a hacer a Niall todo triste ;-; bb.
Estás más que aceptada, ostia. ¡Suerte!
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Invitado el Miér 22 Ene 2014, 3:59 pm

SHADOW escribió:
Rene Thirdwall



x Nombre Completo: Rene Thirdwall Cliff.
x Nombre de tu representante: Perrie Edwards
x Chico y rol: Evan Peters - Modelo por obligación.

Capítulo de tu autoría:



The Art of Passion


—¡Zayn! ¡¿No piensas ayudarme?!– me grita mi mejor amigo, Harry.
No le prestaba atención, estaba vaciando la memoria de mi cámara a mi computadora. Es impresionante que todas estas fotos las haya tomado en 3 días, es un nuevo récord personal. 
Wow... No sabía que Oregon sería tan magnífico. La considerare un punto de inspiración.
—Zayn– me habla Harry desde el otro lado de mi puerta. —Si no vienes a ayudarme, te juro que romperé esa cámara– 
—Esta bien– le contesto molesto. –Ya voy–
Me levanto de mi silla y abro la puerta, en el cual al otro lado de este, está un rulado color café, alto, ojos verdes y bronceado amigo recargado en la pared, con los brazos cruzados.
—Ayúdame a llevarme este sillón a la sala– apunta hacia el sillón,
—¿Este pequeño sillón? Si que eres un debilucho, Styles– me burlo de él. Pone sus ojos en blanco. 
—No molestes– lo levantamos al mismo tiempo. –Hagamoslo rápido. Tengo una cita en 10 minutos.–
—¿Cuándo no tienes una?– me burlo una vez más.
—Deja de joder– responde ya molesto. –Espero que esta sea la chica que he esperado.–
—Eso mismo has dicho de las otras... ¿qué? ¿Mil chicas?– pone sus ojos en blanco de nuevo.
Llegamos a la sala, acomodamos el sillón y Harry sale disparado hacia la entrada.
—¡Nos vemos, idiota!– se despide.
—¡Claro, y de nada eh!– le contesto, pero este ya no responde.



—¡Al fin!– grito, terminando de pasar todas las fotos en Oregon.
Miro a mi reloj. 09:22 pm.... Al parecer hoy es una noche de suerte para Harry. Bien por el. ¿Desde cuándo no he tenido una relación? Cierto... Desde qué me escapé de la casa de mis hermanos.
Odio recordarlo. Pero es casi imposible dejar de pensar en ello.  


—¡No me retes, marica!– me abofetea.
La rabia se va directo a mis ojos, llenándolos de lágrimas enfurecidas. Ahora corren desesperadamente por mis mejillas.
—Jaja, mira...– se burla mi hermano mayor. – ...el marica esta llorando.–
Mis tres hermanos están borrachos, como siempre. Posiblemente también se drogaron. No me importa. Con tal de que se mueran y me dejen en paz.
—¡Eh!– Jason, el segundo de mis hermanos, golpea el hombro del tercero, Lucas –Las putas ya debieron de haber llegado hace 20 minutos–
—Cierto– afirma Chris, el primero. –Ahora volvemos, estúpido.–
Salen al fin. Como los odio...


Desde qué mis padres murieron, me empezaron a tratar así. O más bien, desde antes, pero menos violentos. Yo era el preferido de los demás.
Cuando murieron, en la herencia, ellos fueron los menos beneficiados. Y con su ingratitud, gastaron todo en putas, drogas y alcohol.
En cambio, yo obtuve el 60% de toda la herencia. Pero no me lo pudieron entregar hasta tener la mayoría de edad. Entonces es cuando tuve que soportar todos los maltratos de mis hermanos por cuatro años. 
¿Cómo es que ellos no me lo quitaron? Era obvio que le dije al abogado de mis padres que no dijera nada sobre mi herencia, para que mis hermanos no me lo quitaran. 

—¡Ya regrese!– grita mi enrulado amigo.
—Hoy no fue tu día de suerte, ¿verdad amigo?– salí por la puerta y me le quede viendo con una sonrisa burlona.
—Y con suerte te refieres a sexo, ¿verdad?–
—Claro, ¿a qué más?– suelta una pequeña risa y voltea a verme con una gran sonrisa. –¿Qué?–
—Es la chica– frunzo el ceño confundido.
—¿Cómo? ¿Porqué?–
—Fuimos a su departamento para tener sexo, pero ella me rechazó.– dijo con una sonrisa aún más grande y un brillo en los ojos.
—Entonces...– me siento en una de las sillas de la barra en la cocina. –... ella te rechazo y ¿eso la convierte en la chica de tus sueños? Creo que no te entiendo–
—Ninguna chica me rechaza para el sexo, y ella sin dudar me dijo que no– sonríe aún más. –Eso significa que debo luchar por ello– le vuelvo a fruncir el ceño. –No te esfuerces en entenderlo ahora, cuando te enamores, ya lo comprenderás–
—Claro– me levanto y me estiro. –Me iré a dormir, que tengas una buena noche–
—Oh, claro que la tendré– nos reímos un poco.

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Espero que me aceptes, porque enserio ame la ideaa    
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Ostia que me ha encantado tu ficha. Usaste el guión largo. :3 me gustó tu ortografía y redacción <3 ¡suerte!
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por mindless el Miér 22 Ene 2014, 4:36 pm

Miry escribió:
SHADOW escribió:
Rene Thirdwall



x Nombre Completo: Rene Thirdwall Cliff.
x Nombre de tu representante: Perrie Edwards
x Chico y rol: Evan Peters - Modelo por obligación.

Capítulo de tu autoría:



The Art of Passion


—¡Zayn! ¡¿No piensas ayudarme?!– me grita mi mejor amigo, Harry.
No le prestaba atención, estaba vaciando la memoria de mi cámara a mi computadora. Es impresionante que todas estas fotos las haya tomado en 3 días, es un nuevo récord personal. 
Wow... No sabía que Oregon sería tan magnífico. La considerare un punto de inspiración.
—Zayn– me habla Harry desde el otro lado de mi puerta. —Si no vienes a ayudarme, te juro que romperé esa cámara– 
—Esta bien– le contesto molesto. –Ya voy–
Me levanto de mi silla y abro la puerta, en el cual al otro lado de este, está un rulado color café, alto, ojos verdes y bronceado amigo recargado en la pared, con los brazos cruzados.
—Ayúdame a llevarme este sillón a la sala– apunta hacia el sillón,
—¿Este pequeño sillón? Si que eres un debilucho, Styles– me burlo de él. Pone sus ojos en blanco. 
—No molestes– lo levantamos al mismo tiempo. –Hagamoslo rápido. Tengo una cita en 10 minutos.–
—¿Cuándo no tienes una?– me burlo una vez más.
—Deja de joder– responde ya molesto. –Espero que esta sea la chica que he esperado.–
—Eso mismo has dicho de las otras... ¿qué? ¿Mil chicas?– pone sus ojos en blanco de nuevo.
Llegamos a la sala, acomodamos el sillón y Harry sale disparado hacia la entrada.
—¡Nos vemos, idiota!– se despide.
—¡Claro, y de nada eh!– le contesto, pero este ya no responde.



—¡Al fin!– grito, terminando de pasar todas las fotos en Oregon.
Miro a mi reloj. 09:22 pm.... Al parecer hoy es una noche de suerte para Harry. Bien por el. ¿Desde cuándo no he tenido una relación? Cierto... Desde qué me escapé de la casa de mis hermanos.
Odio recordarlo. Pero es casi imposible dejar de pensar en ello.  


—¡No me retes, marica!– me abofetea.
La rabia se va directo a mis ojos, llenándolos de lágrimas enfurecidas. Ahora corren desesperadamente por mis mejillas.
—Jaja, mira...– se burla mi hermano mayor. – ...el marica esta llorando.–
Mis tres hermanos están borrachos, como siempre. Posiblemente también se drogaron. No me importa. Con tal de que se mueran y me dejen en paz.
—¡Eh!– Jason, el segundo de mis hermanos, golpea el hombro del tercero, Lucas –Las putas ya debieron de haber llegado hace 20 minutos–
—Cierto– afirma Chris, el primero. –Ahora volvemos, estúpido.–
Salen al fin. Como los odio...


Desde qué mis padres murieron, me empezaron a tratar así. O más bien, desde antes, pero menos violentos. Yo era el preferido de los demás.
Cuando murieron, en la herencia, ellos fueron los menos beneficiados. Y con su ingratitud, gastaron todo en putas, drogas y alcohol.
En cambio, yo obtuve el 60% de toda la herencia. Pero no me lo pudieron entregar hasta tener la mayoría de edad. Entonces es cuando tuve que soportar todos los maltratos de mis hermanos por cuatro años. 
¿Cómo es que ellos no me lo quitaron? Era obvio que le dije al abogado de mis padres que no dijera nada sobre mi herencia, para que mis hermanos no me lo quitaran. 

—¡Ya regrese!– grita mi enrulado amigo.
—Hoy no fue tu día de suerte, ¿verdad amigo?– salí por la puerta y me le quede viendo con una sonrisa burlona.
—Y con suerte te refieres a sexo, ¿verdad?–
—Claro, ¿a qué más?– suelta una pequeña risa y voltea a verme con una gran sonrisa. –¿Qué?–
—Es la chica– frunzo el ceño confundido.
—¿Cómo? ¿Porqué?–
—Fuimos a su departamento para tener sexo, pero ella me rechazó.– dijo con una sonrisa aún más grande y un brillo en los ojos.
—Entonces...– me siento en una de las sillas de la barra en la cocina. –... ella te rechazo y ¿eso la convierte en la chica de tus sueños? Creo que no te entiendo–
—Ninguna chica me rechaza para el sexo, y ella sin dudar me dijo que no– sonríe aún más. –Eso significa que debo luchar por ello– le vuelvo a fruncir el ceño. –No te esfuerces en entenderlo ahora, cuando te enamores, ya lo comprenderás–
—Claro– me levanto y me estiro. –Me iré a dormir, que tengas una buena noche–
—Oh, claro que la tendré– nos reímos un poco.

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Espero que me aceptes, porque enserio ame la ideaa    
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Ostia que me ha encantado tu ficha. Usaste el guión largo. :3 me gustó tu ortografía y redacción <3 ¡suerte!

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Graciaaas! Te amodoro! 
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Viany. el Miér 22 Ene 2014, 5:48 pm

Miry escribió:
**Little skyscraper** escribió:
Vianey Anderson



x Nombre Completo: Vianey Anderson Brown
x Nombre de tu representante: Lucy Hale
x Chico y rol: Skandar Keynes, el hermano del narcotraficante.

Capítulo de tu autoría:
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Ojos de Cristal



Había permanecido en la banca del parque desde las cinco de la tarde, me sentía confundida  e irritada por todo y todos, mis manos aun estaban vendadas y el inmenso ardor de mis quemaduras aun estaba atrapado  en aquella tela blanca, el ambiente era frio, ya había oscurecido desde hacia unos minutos, así que la única fuente de luz eran las viejas lámparas de la calle. Gire mi cabeza hacia la izquierda y luego hacia la derecha, saque un suspiro y me acomode en el asiento.

-¿Qué? –Pregunte de mala gana al chico que había aparecido a mi lado.

-Solo vine a pensar –Contesto mientras miraba hacia el frente, hacia la nada.

-Londres es mas bonito en las noches ¿No te parece? –Dijo seguido de una honda respiración, podía oír como todo el aire iba metiéndose en sus pulmones lentamente y podía ver como su pecho se iba alzando con el progresar de su esfuerzo.

-Lo extrañare todo –Dije finalmente mientras me colocaba mi capucha negra.

-¿Te iras? Pensé que eras más fuerte –Respondió con una pisca de sorpresa en su voz, quería clavarme una espina para que aceptara mi encomienda, ¡Que se pudra!

-Ahórrate tus juegos baratos, no vas a convencerme –Metí mis manos en la bolsa cangurera de mi chamarra, el frio se estaba incrementando.

-No son juegos, pero ya olvídalo, después de todo, no te necesito –Sonreí sarcásticamente y mordí mi labio mientras mi sonrisa se extendía.

-Eres un idiota –Dije calmada para después pararme de la incomoda banca de metal.

-¿Se te entumió el trasero? –Voltee a verlo y rodee los ojos, tal vez era un idiota y mil y un de
adjetivos despreciativos mas, pero definitivamente, el iba ser al que mas extrañaría.

-Cuídate sapo –Dije mientras le sacudía el cabello con mi mano, el la tomo y se levanto.

-No dejes que te venza –Me dijo mientras apretaba mi mano con fuerza- Perdiste una batalla, no la guerra.

Saque mi mano de su agarre lentamente, mordí mi mejilla interior, sentí las lagrimas acumularse en mis pupilas, tome una enorme bocanada de aire y sonreí, pero incluso yo podía sentir mi inútil intento de esconderlo todo.

-Ya es tarde –Dije con una voz aguda por el nudo en mi garganta.

-No, no lo es, no si no quieres –Pude sentir la tristeza en su voz, si no lo conociera bien, podría decir que lloraría.

-Perdón –Susurre con la cabeza baja, di media vuelta y comencé a caminar. Miraba mis pasos, arrastrados y cansados, no me quería ir, pero era lo mejor. No entendía muy bien por que lo hacia, así como no entendía por que no quería hacerlo. "Estúpido miedo" pensé mientras apretaba mis ojos y mis puños, en un débil intento de sentirme fuerte y firme.

-¡No me dejes! –Escuche la varonil voz de mi amigo gritar, el no hacia ese tipo de cosas, no era ese tipo de chico, Luck tenia Razón, yo soy su talón de Aquiles, yo lo estoy matando. Apreté mis labios con fuerza y finalmente las lágrimas salieron de mis ojos.

"Jamás lo haría ojitos de cristal, jamás lo haría"

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Omg, me gusta tu forma de escribir, no ha faltado ningún acento, y tu redacción es linda. Lástima por la rayita de guión, a mí me gusta la larga, pero qué más da eso no cambia que escribes bello. ¡suerte!
asdfghjkl ¡gracias! lo se el guión largo es la ley :) pero mi maquina no me deja escribirlo por alguna extraña razón   bueh esperare ansiosa !!!  
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por bwiyomi. el Miér 22 Ene 2014, 6:56 pm

deje algunos caps bc i'm not sure:c las amo bbys<3

Nicole Fitzgerald.


       

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       x Chico y rol: Louis Tomlinson | Modelo por obligación.

       
Dating Losses | NC:
Desperté por los odiosos rayos del sol que alumbraban mi cara completa, siempre olvidaba ponerle la cortina a la ventana y gracias a eso amanecía de mal humor más se me quitaba cada vez que me daban algo de comer; algo extraño pero así soy yo. Hoy sería un largo día, primero tendría que encargarme de mi papa, está demasiado enfermo y necesita ayuda médica, lástima que no tenemos el dinero suficiente así que yo lo tengo que atender, luego me iría hacia la cafetería en cual trabajo todas las tardes. Mire la hora de mi reloj y eran exactamente las diez de la mañana, primero le haría el desayuno a mi papa y luego me daría una refrescante ducha. Decidí hacerle unos Hot Cakes ya que era su desayuno favorito y también el mío, mi madre me enseño a cocinarlos cuando era pequeña, siempre cocinábamos juntas antes de venirme con mi papa a Estados Unidos. Cuando tenía todo preparado de una vez, agarre una charola y puse todo su desayuno allí, tenía muchas complicaciones al caminar y todas las mañanas él come su desayuno en cama, para evitar cualquier accidente que lo pueda llegar a perjudicar. Toque levemente su puerta y al no recibir respuesta alguna, opte por abrir la puerta, note que estaba profundamente dormido y la imagen me enterneció, se veía demasiado delicado en su cama, tan frágil, no lo digo porque este viejo; al contrario, mi padre tiene 41 años. No quise interrumpirlo y mejor le deje su desayuno en el mueble que estaba alado de la cama, me retire lentamente y me encamine hacia mi regadera para darme una relajada ducha, amaba sentir el agua caer por toda mi espalda y quitarme todo el estrés que estaba sintiendo, ya tengo 22 años pero sigo viviendo con mi padre y no tengo dinero suficiente para mejorar su salud, por eso trabajo en la cafetería aunque aun así, no gano el dinero suficiente. Había quedado de juntarme con mi mejor amiga Emily, tenía que apurarme, ella siempre se quejaba por cualquier detalle que ocurriera pero aun así, la amaba mucho.


Me encontraba comiendo en un local de comida rápida con Emily, las dos éramos fanáticas de la comida rápida por una rara razón: amábamos comer pura grasa, asqueroso pero cierto. Solamente veía como Emily se atragantaba con su hamburguesa, no sé qué trataba de hacer pero la hamburguesa completa no le cabria por toda la boca, solté una ruidosa carcajada y me gane la mirada de la rubia.

— ¿Y ahora de que te ríes rojita? —rojita era un apodo que ella me había puesto en la secundaria, que buenos tiempos.
— Emily, comes como una puerca —volví a echarme a reír. Ella hizo cara de ofendida y luego se unió a mis risas.
— Que conste ¿eh? cuando tú comías como animal nunca te dije nada.

Siempre teníamos unas peleas demasiadas raras, nos ganábamos miradas confusas de la gente y creo que hemos llegado a asustar a la gente, somos demasiado raras para nuestra edad. Compartimos aún más risas y Emily me había comentado que su novio Alex vendría a pasar el tiempo con nosotras, yo gustosa acepte aunque creo que luego de un rato me arrepentí. Se mostraban su cariño todo el santo tiempo que íbamos caminando por la calle, se besaban, se agarraban de la mano y me dejaban atrás todo el tiempo, sentí una oleada de ¿celos? No, no y más NO o quizá si…a quien engaño, sentía celos pero no de ella si no de su relación en general, eran novios y podían tratarse como mejores amigos sin importar que mientras que yo, una chica de 22 años ha estado soltera toda su vida preparándose para ser monja. Baje la mirada y me sentí decepcionada de mi misma, no era que necesitara un hombre pero ¿saben? Se siente lindo que alguien te haga sentir hermosa, que te haga cariños, que te de regalos y por alguna vez en la vida quisiera experimentar eso, al menos una sola vez. Emily y Alex se despidieron de mi cuando ya habíamos llegado al café, entre y me puse mi delantal que marcaba con negritas mi nombre — Olly — la gente se la vivía burlándose de mi nombre, ha habido veces donde me dicen Olla, ni que fuera una olla de oro o algo por el estilo, era algo irritante la mayoría de las veces.



Trabajaba con suma dedicación, ya casi acababa mi turno y me sentí feliz al saber que podría pasar tiempo con mi padre, hoy era noche de películas, le dejaba elegir una y nos sentábamos a verla en su cuarto hasta que el cayera en brazos de Morfeo. Me despedí de mis compañeros de trabajo y me encamine felizmente hacia mi casa, por alguna razón en las mañanas empezaba con mi notorio mal humor para que luego en la noche, me calmara y terminara sonriendo a todo dar, algo que presiento que debe de ser al revés. Fije mi mirada en la entrada de la casa de mi papa y yo, introduje la llave y lo primero que vi fueron todas las luces apagadas a excepción de una: el cuarto de mi papa, me quite los zapatos rápidamente y subí corriendo las escaleras para luego pasar a su cuarto y darle un abrazo reconfortante que al instante el correspondió, sentía que en cualquier momento podría perderlo y luego dejaba de pensar en eso ya que no me lo quería imaginar por nada del mundo.

— ¿Cómo te fue en el trabajo pequeña?
— ¡Muy bien papá! El señor Evans me dio dinero extra por ver mi notorio desempeño —dije con orgullo.
— Me alegro pequeña —me dedico una pequeña sonrisa. — Espero que no se te haya olvidado nuestra noche de películas.
— Me ofendes William, nunca podría olvidar algo con tanta importancia como esto, al final ¿Por cuál te decidiste?
— Tenía muchas ganas de ver alguna de Disney ¿alguna sugerencia?
— Oh no, yo no te ayudare, quedamos que tú eras el que la escogería esta vez —siempre nos turnábamos para ver quien elegía la película, en este caso le toca a él.
— Está bien, está bien —se quedó pensando por un largo rato hasta que al fin se dignó a escoger una de las tantas de Disney. — ¡Hay que ver Monsters Inc! —me dijo como si de un niño chiquito se tratara, yo solo asentí con la cabeza y me fui a preparar las palomitas, las cuales no tenían el mínimo chiste en hacerse.

Al tener todo listo, nos dedicamos a ver la película e inconscientemente a cada segundo de la película me la pase sonriendo ampliamente, no sé si era por la película o por el simple hecho de que estuviera pasando tiempo con mi papá. A la mitad de la película voltee a ver a mi papá y efectivamente había caído en brazos de Morfeo, me pare y lo tape con sus sabanas, le di un beso en su frente y salí de la habitación, un sonido parlante me saco de mis pensamientos, era mi celular. ¿Quién llamaría tan tarde?

— Emily ¿Qué son esas horas de llamar? —le reclame a la chica.
— ¿Viste lo que yo pienso que viste? —me interrumpió sin contestar mi pregunta.
— ¿A qué te refieres con eso? —cuestione algo confundida.
— Argh, a veces pienso que nunca te informas de nada.
— Si bueno, ¿Qué era lo que querías decirme?
— Okay, luego de que Alex y yo hayamos ido a dejarte en la cafetería, chocamos contra un chico y notamos que algo se le había caído ¿Adivina que era? —su tono de voz era de emoción, no entiendo nada.
— ¿Un sándwich?
— ¡Dios mío! Jesucristo perdónala, eres terrible adivinando; era un folleto.
— Emily ve al grano —estaba demasiado nerviosa ¿Qué quería decirme?
— Se basa en concurso ubicado en Londres ¡Un concurso de citas!
— ¿Hasta Londres? ¡¿Te has dado cuenta de que no lo sé, vivimos en Estados Unidos?!
— Te van a salir arrugas, cálmate —respire hondo y negué con la cabeza mientras pensaba en la locura que mi amiga estaba planeando. — Ya te hace falta salir con alguien ¿No crees?
— Pues sí pero… —Emily no me dejo hablar más.
— ¡Ya quedamos! Comenzare a planear todo —después de decir eso, me colgó, me había dejado con la palabra en la boca, deje de pensar en esa locura y me recosté en mi cama hasta caer rendida en brazos de Morfeo.
Back to the way it was | OS:
Pequeñas lágrimas caían por su cara, esas fotos lo estaban matando sin darse cuenta, fue un total estúpido al terminar con ella y muchísimo más al haberlo hecho desde un mensaje de texto. La había perdido y no la iba a tener de vuelta. Se sentía tan inseguro, estúpido, egocéntrico, asustado, las fans de ella no lo querían y lo habrían mostrado mediante todas las cosas horrendas que ponían del chico. 'Es un irrespetuoso' 'Ella es demasiado para él' 'No hace más que ser un inepto' esas eran frases que el recibía y ya no lo soportaba. Ahora que ellos ya no están juntos, sus fans están más que satisfechos, se insultaban mutuamente y podía notarse que les agrada más el nuevo chico con el que estaba saliendo. Lo último que vio el chico fue una foto de su ex-novia agarrada de la mano con ese tal Nathan, el chico con el cual había escrito una de sus más recientes canciones. Desde que ese video se publicó en la internet, el miedo se cruzó por todo el cuerpo del chico, todos comenzaron a crear conclusiones de que eran pareja y el chico no lo soporto, además de que ya no pasaban tanto tiempo juntos. Finalmente corto con ella mediante un mensaje de texto y se arrepentía, se arrepentía demasiado porque la quería de vuelta.

— ¡Vamos Jai! Tenemos una entrevista con MTV y no podemos llegar tarde —se escuchó una voz a lo lejos, el recién mencionado, cerro la computadora y se puso una almohada en la cara. — ¿Jai? —al no obtener respuesta, opto por la opción de entrar a su habitación. — ¡Woah! ¿Qué te pasa? —pregunto su amigo preocupado al ya poder ver su cara, tenía los ojos rojos de la irritación y sus cachetes mojados, las lágrimas seguían saliendo. Jai simplemente salto corriendo hacia los brazos de su amigo y saco todo lo que tenía dentro, sollozaba tan alto que llego a asustar a su amigo, le dolía verlo así, era como un hermano para él y que esté sufriendo de esa manera no era del todo justo.
— La necesito más de lo que pensaba James —seguía sollozando Jai, tenía un dolor desgarrador en su corazón y alma.
— Shhhh, tranquilo Jai, ya te encontraras a alguien más —trato de consolarlo.
— Ese él es problema, si no es ella entonces no quiero a nadie.
— Mira, tu solo respira y trata de no pensar en ello, le avisare a los chicos que no iras porque estas enfermo ¿está bien? —Jai solo asintió con la cabeza, para los ojos del chico, James siempre fue como un padre, aún recuerda ese video donde le enseño a afeitarse. James se retiró cautelosamente, no sin antes darle un beso en la cabeza.

Después de haber escuchado el sonido de una camioneta irse, se dignó en bajar a la cocina y comer aunque sea un aperitivo. Agarro una manzana y regreso a su cuarto para luego tirarse en la cama y taparse con todas las cobijas. No tenía ganas de nada, así que luego de acabarse su manzana, cayó en brazos de Morfeo.



Mil recuerdos pasaron por la mente del chico, ese momento donde Ariana y él se habían conocido, fue simplemente perfecto, él era fan de la chica y cada vez que podía, le twitteaba cosas con la pequeña esperanza de que ella le respondiera y así fue, ella le respondía los tweets y ahí fue donde los ojos de Jai tomaron un brillo nunca antes visto. También recuerda esa vez que se vieron en año nuevo, como olvidar la mejor noche de sus vidas.

El chico estaba más emocionado que nunca y la sonrisa de estúpido no se le quitaba de la cara, vería a su novia después de un largo tiempo y no sabe cómo reaccionar. Noto el hotel donde se encontrarían y corrió a toda velocidad, podía sentir como la adrenalina se apoderaba de todo su cuerpo, cuando llego, la vio adentro del hotel, con sus orejas de Minnie Mouse, tan tierna, tan hermosa, tan…perfecta. Ella aun no lo notaba, así que entro por la puerta y al instante ella sonrió ampliamente, pero un movimiento del chico hizo que cayera al piso mientras ella trataba de agarrarlo. Se sonrojo inmediatamente y se tapó la boca con la mano, ese acto no pudo haber sido más torpe, trato de levantarse y se tambaleo un poco pero luego sintió unos cálidos brazos rodearlo por el cuello, él le devolvió el abrazo y la tomo por la cintura mientras aspiraba el bello olor de su perfume, hubiese querido que ese momento durara para siempre. Terminaron el abrazo y se tomaron fuertemente de las manos, Jai tenía miedo de que eso no fuera real, alguno que otro fotógrafo se acercaba y les tomaba una foto mientras que las fans solo querían ver a Ariana. Jai había tomado la decisión de que fueran a una pista de hielo y ella solo le sonrió en respuesta, llegaron, tomaron sus patines y por fin tocaron el hielo, los dos se sostenían mutuamente, si uno se caía, el otro también, al ya haber pasado demasiado tiempo ahí, los dos twittearon al mismo tiempo 'La mejor noche de mi vida'. Esa noche compartieron risas, abrazos, besos, cariño, esa noche se entregaron todo lo que sentían, uno por el otro.

Aún más lágrimas cayeron ante tal recuerdo, no podía creer como una chica lo ponía así, pero no era simplemente una chica. Era la chica de sus sueños. La que estuvo buscando todo este tiempo, la única que lo aceptaba tal y como era el castaño. No quería creer el hecho de que ya no estén juntos, había aunque sea unas fans que si los apoyaban, que ellas acepten su relación, era demasiado para Jai pero ya todo había acabado así que ese apoyo ya no le podría beneficiar en nada.



Otro día de sufrimiento pasó para Jai, mientras que para Ariana era el día de fingir para todos. Cuando Jai, rompió con Ariana ella cayó en un hoyo de depresión, ella pensaba que todo estaba bien entre los dos pero al parecer no fue así, literalmente la obligaron a salir con Nathan, porque según todos habían amado esa pareja y ella no podía hacer nada más que dar sonrisas falsas, pasaron todo un día juntos en Disney y no puede negar que ese día le encanto pero no se podía sacar de la cabeza a Jai y para ella siempre estará ese día tan especial que tuvo con Jai, cuando ambos se maquillaron.

Ariana había invitado a Jai a pasar la noche con ella, comieron, vieron películas y lo mejor de todo, ¡Pasaron el tiempo juntos! La noche había llegado y tuvieron una idea ¿Por qué no hacer esos retos donde tu novio te maquilla y tú lo maquillas a él? Tomaron una cámara y se prepararon, trajeron todo el maquillaje y Jai no creía el hecho de que enserio estén haciendo esto. Al principio, él tenía que maquillarla a ella pero era un total inexperto y le puso todo por doquier, hubo un momento donde él le aplicaba suavemente algo en la cara y de pronto, la beso en la mejilla, un acto demasiado tierno para la mayoría de los expectantes que vio el video, cuando por fin acabo de maquillarla, ella abrió los ojos y quedo sorprendida.

— Oh por dios, me veo como Luke —dijo la chica más para sí misma que para Jai, Luke era uno de los hermanos de Jai.

Fue el turno de la pelirroja, ahora el solo estaba algo nervioso pero a gusto de estar con la chica que amaba, de vez en cuando se veía para ver el progreso y lo único que hacía era una mueca que hacia reír a su novia, ella había acabado y cuando noto el resultado, simplemente se quedó callado ya que no podía creer que su novia lo haya hecho ver como una chica, ella se rio y el la acompaño. Jai se fue por un momento para ponerse un saco que era de ella y empezó a hacer poses de mujer frente a la cámara, echaba besos y la pelirroja reía a todo dar. Querían enseñárselo al hermano de Ariana pero se encontraba dormido así que prefirieron no despertarlo.


Ese día fue sin duda, uno de los más graciosos para ambos, pero ahora los dos tienen perspectivas diferentes, Jai creyendo que Ariana ya no lo ama más, y ella pensando que él se había hartado de ella, cuando todo en realidad era lo contrario, se necesitaban más que nunca y nadie les haría entender que se siguen amando, preferían creer todo lo que la internet decía, que lo que sus corazones decían, creyeron todas esas mentiras que les contaron y no quisieron escuchar y ¿ahora? Los dos estaban cayendo a un abismo de depresión, un abismo donde durarían por mucho tiempo ya que lo único que quieren es que todo vuelva a ser como era antes.
fairy tale | nc:
Los rayos del sol pegaron fuertemente sobre la cara de Emily. Soltó unos pequeños ruidos cuando comenzó a abrir los ojos, se estiro y se quedó allí recostada boca abajo por cinco minutos que parecieron milenios. Abrió los ojos repentinamente y se fijó en su pequeño reloj que estaba al lado de su cama. Se asustó al instante cuando vio la hora y corrió al baño con mucha velocidad. ¡Se le había hecho tarde! Prendió la regadera y trato de bañarse lo más rápido que pudo, ni si quiera le importo que tuviera un poco de shampoo en su cabello. El estilo de Emily era muy femenino, le encantaba usar vestidos de colores claros, usaba la ropa con la que se sentía cómoda. Se puso un vestido de color azul claro que le llegaba un poco más arriba de la rodilla y un suéter color blanco, se dejó su pelo rubio suelto y dejo que este se acomodara como quisiera. Bajo las escaleras y solo agarro una manzana para calmar su apetito. Era una tonta, por quedarse recostada en su cama se le había hecho tarde para ir a la universidad, su maestra la mataría, ni si quiera habría lugar para estacionarse, la iban a...espera ¿qué? Emily vio el calendario que tenía en su cocina y se fijó en la fecha, ¡era sábado! La rubia solo hizo una expresión rara ante su falta de atención, se sentó sobre la mesa que estaba en la cocina y recargo su cabeza sobre ella mientras cerraba los ojos. Comenzó a reírse de sí misma y mejor le llamo a su hermana Marley, hace mucho que no salía con ella e ir de compras no le hacía daño a nadie.

— ¿Si? —se escuchó la dulce voz de su hermana desde la otra línea. Emily visitaba dos veces a la semana a Marley, se la pasaban muy bien y esta vez no sería la excepción.
— ¡Marley! Soy Emily, quería saber si no se, ¿quisieras salir de compras conmigo? Hace mucho que no salimos y enserio tengo muchísimas ganas de verte —por alguna razón, sintió la sonrisa de Marley sobre el teléfono.
— Emily, sabes que me encanta salir contigo; ven por mí en una media hora, te amo —Marley río al final de la frase, se despidieron y después de una media hora; Emily recogió a Marley.


Las dos hermanas caminaban alegremente en el centro comercial, iban tomadas de la mano, parecían niñas chiquitas pero no le dieron importancia. Iban de tienda en tienda, regalando sonrisas, su felicidad estaba al máximo. Después de eso, las dos decidieron ir a comer algo en un restaurante, así podrían platicar un poco sobre sus vidas y disfrutar de una buen comida juntas.

— ¿Que ha sido de tu vida pequeña Emily? Quiero que me lo cuentes todito.
— Pues, ¿Que te puedo contar? ¿Algo que quieras saber en específico?
— Mmm... —hizo una expresión pensativa hasta que se le ocurrió algo. — ¡Ya se! Cuéntame sobre tus relaciones sentimentales ¿Algún pretendiente? ¿Novio? ¿Algo? —la rubia se tensó ante el comentario de su hermana. Hablar sobre sus relaciones la ponía nerviosa y un poco incomoda, pero le contaría a Marley sobre este chico.
— Pues de hecho esta este chico llamado Logan, tiene unos bonitos ojos claros, cabello entre castaño fuerte y negro, en fin, creo que es muy lindo. Viene al café donde trabajo todos los días por alguna razón y cuando le preguntan él dice que viene a visitarme. Siempre me regala sonrisas y e-es muy tierno —la rubia acabado tartamudeando la frase y se sonrojo salvajemente.
— ¡Awww, Emily! —grito emocionada Marley, la gente que estaba alrededor las voltearon a ver raro pero Marley ni se dio cuenta. — ¡Estoy tan feliz por ti! ¿Ya son novios?
— Yo no, yo no quiero nada con el —la expresión de Marley cambio completamente.
— ¿Porque?
— Yo tengo miedo de enamorarme Marley, no quiero sufrir por cosas del amor y no creo estar lista para una relación.
— Emily, tienes veinte años, puede que tu creas que no estar lista pero tu corazón dice lo contrario. Sigue tu corazón Emily, quiero ver a alguien a tu lado. ¿No te has dado cuenta de cómo brillan tus ojos cuando hablas de el? —la rubia bajo la cabeza, estaba roja como un tomate.
— Gracias Marley.

Al final de la conversación, las dos hermanas se dieron un abrazo. Marley siempre sabía que decir y Emily la admiraba, era una mujer con mucho éxito en su vida, era alguien dulce y graciosa, alguien fuerte. Emily deseaba ser como ella cuando fuera mayor, no una mesera en una cafetería donde el sueldo era mínimo. Pero con las condiciones que tenía la rubia, era en lo único que podía trabajar por el momento. Las dos hermanas se despidieron, pues se estaba haciendo un poco tarde.



Emily se quedó pensando en la conversación que habían tenido Marley y ella esa tarde. ¿Le gustaba Logan? La chica suspiro con mucha frustración ya que no tenía ni la menor idea de que le estaba pasando. En el camino hacia su casa, la rubia paro en la cafetería, tenía un aviso que dar. Cuando entro por la puerta trasera, camino hacia la encargada del lugar que a decir verdad; era su amiga.

— Hola Sally, quería saber si me podía tomar el Viernes que viene, yo trabajaría mañana así no cambia nada. Quisiera descansar ese día, espero entiendas.
— ¡Pero qué cosas preguntas! Tu sabes que puedes hacer lo que tú quieras Emily —le contesto su jefa con una sonrisa en la boca.
— Muchísimas gracias Sally, te debo una —la rubia estaba preparada para irse cuando Sally la tomo delicadamente del brazo.
— Este chico... ¿cómo se llamaba? Ah sí, Logan, ha estado esperándote, se veía realmente nervioso y ha estado aquí todo el día.
— ¿Dónde se encuentra en estos momentos? —Emily trataba de ocultar su nerviosismo pero no era muy buena haciéndolo.
— Esta afuera cariño.

Después de esa rara conversación, Emily quería que la tierra la tragara. No quería encontrarse con Logan, nunca había hablado con el antes y su estado de ánimo estaba algo complicado. Pensó mil maneras para salir de ahí sin que la viera pero nada se le ocurría. Igual podría salirse por la puerta trasera como anteriormente lo había hecho pero el estacionamiento estaba en la parte delantera y de igual manera la vería. Mordió su labio inferior repetidas veces antes de salir por la puerta. No había señales de Logan —uff— pensó Emily. De un momento a otro, sintió como un brazo la tomaba delicadamente, dirigió la vista hacia esa persona y no era nada más ni nada menos que ese lindo chico con ojos azules como el mar. Emily se le quedo viendo a los ojos sin nada que decir, trato de hacerse la tonta.

— ¿Se le ofrece algo? —su voz sonaba un poco débil a decir verdad.
— Yo...yo quería saber si querías salir un día conmigo Emily —le dedico una hermosa sonrisa que hizo que Emily se sonrojara hasta las orejas. — Awww, te ves tan linda sonrojada —Logan sintió que podía morir en ese mismo momento, le estaba hablando a esa hermosa chica a la cual ha querido hablarle desde hace un gran tiempo y que ahora se sonrojara con un comentario suyo, era la muerte para él.
— Pero ni si quiera te conozco —Emily sabía que no era cierto pero no
— Por un lado me ofende que digas eso ya que te visito todos los días a la cafetería pero es completamente entendible. Para eso es la cita Emily, sé que sabes mi nombre pero eso podría ayudarnos a conocernos mejor, enserio estoy interesado en ti.
— Esta bien, no te ves como un mal chico, es más; eres lindo —se le había salido completamente de las manos, no supo de donde salió eso. — Q-quiero decir, y-yo no me refiera a eso, este...
— No te preocupes linda —el oji-azul le acaricio la mejilla suavemente. — Nos vemos aquí, el viernes a las 2:30 de la tarde, serás tratada como una princesa todo el día así que ni te preocupes por traer dinero, es así como mereces ser tratada Emily —Logan le beso la mano como si de una princesa se tratara y se retiró.

Emily sonrió ampliamente y comenzó a dar saltos descontrolados por todo el lugar. ¡Tendría una cita con Logan!

       
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por Invitado el Miér 22 Ene 2014, 7:18 pm

Gracias Miry.
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por bigtimerush. el Miér 22 Ene 2014, 7:41 pm

sin duda alguna de mi racional amorío con las novelas colectivas, de una manera obsesiva, tengan por seguro que audicionaré y ganaré. espero (?) me ha encantado la idea, srsly. hermosa sinopsis, roles y trama atrayentes. ya no sé que comentar bc i feel soo stalker with ally bc en todas las inscripciones que abre, estoy ahí, inscribiendome, ah. de una forma u otra, me encantan todas sus nc's y me considero adicta a ellas.
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por bigtimerush. el Miér 22 Ene 2014, 7:45 pm

ani está aquí   un honorifico placer conocerte, miry no habíamos tenido la oportunidad de hablar, but i know who you are, ah (?) por cierto, amo la tablilla de ally, is so perfect ♡
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Re: Dark Secrets |N.C| {Resultados

Mensaje por bigtimerush. el Miér 22 Ene 2014, 8:25 pm

Meck D. Rose

x♡ Nombre Completo: Meck Dylan Rose.
x♡ Nombre de tu representante: G.P.
x♡ Chico y rol: Hermano del narcotraficante { James Maslow.
Capítulo de tu autoría:
special ladies — sinopsis {nc}:

Debatiendo entre jugar a favor de lo inevitable o tal vez dejarse llevar por sus convicciones, que eran el lado positivo de todo este desaliento, en otras palabras el atisbo de esperanza que estas chicas poco agraciadas esperaban… optaron por silenciar sus ideales mediante el correcto lineamiento que se había acordado previamente a la penúltima fase de todo este casi cotidiano plan macabro.
Algo de lo que no estaban conscientes era de qué parte de su cabeza era atormentada por la mínima y comprensiva voz que retumbaba en sus oídos, exigiendo con una fuerza que creían muy convincente a pesar de que consideraron que se estaban volviendo locos, que se detuvieran a pensar un poco lo que estaban haciendo. ¿Eran tan egoístas y subestimados como para vender la libertad de cualquiera de esas chicas? Eso no lo sabían en concreto, pero el más feroz y vivaz deseo de protección se plantó desde la punta de sus cabellos hasta el tuétano de su ultimo hueso, concediendo el beneficio de la duda y flaqueando poco a poco con su uso de la razón, teniendo en cuenta que ese era el camino correcto y por ende el más viable, aunque esa excusa solo era factible para eliminar todo rastro de culpa. Intento erróneo.
Pero luego de tantas drásticas sacudidas de emociones interactuadas, su vida toma un giro realmente inesperado, sus malas acciones pasaron como flashbacks frente a sus ojos, sus prioridades se reacomodaron dando pie a un único rumbo, y por último, esa pequeña vocecita en sus cabezas es escuchada, dando paso a la certeza de un futuro totalmente diferente al que alguna vez planificaron tener. Percibieron esa nota de temor que invadía sus ojos al mirarlos, sintieron esa lastima evidentemente palpable –aversión de sí mismas–, se dieron cuenta de que estaban cometiendo el error mar imperdonable y misero que jamás hayan imaginado… y una chispa de audacia cobró postura y determinación en estos seis jóvenes, llevándolos a la última opción, una opción que pondría en peligro sus vidas, pero nada de eso era de vital importancia para ellos.
Lucharían por sus damas especiales, asumiendo riesgos y aceptando efectos, escapando de una flota de narcotraficantes que se escondían en las sombras impidiendo su felicidad y la libertad que anhelaban estas seis chicas.

special ladies — cap. 001 {nc}:
En medio de mi letargo y profundo escape continuo de la realidad, sentí un hormigueo recorrer mi cara poco a poco, provocando que mi rostro se contrajera precipitadamente en una sonrisa de satisfacción.
—Abre los ojos ya hermanita. Despierta antes de que se te haga más tarde. Mira que mi paciencia se agota y no quiero golpearte —escuché a lo lejos, un murmullo casi inaudible que tensó mi cuerpo.
Abrí los ojos de golpe tras gruñir sonoramente y tratar de tomar el rostro de Kendall y pellizcarlo hasta que quedaran marcas sangrantes, pero no pude; el fue más ágil que yo.
—Vaya, que sutil eres, Kendall —disipé con sarcasmo.
Estrujé mis ojos y tuve que pestañear varias veces antes de que mis grandes ojos color cielo se abrieran e inspeccionaran el rostro sonriente de mi hermano mayor. Lo tomé por la cintura y choqué su cuerpo contra el mío; mis ojos se cerraron con fuerza antes de captar su loción tan exquisita. Sus brazos envolvieron mi pequeño y frágil cuerpo en un dulce fortunio de su parte. La relación que manteníamos Kendall y yo sufría de un tormentoso temperamento, faceta que solo sirvió para que se uniera e intensificara aún más con el pasar de los años, logrando que a pesar de los defectos y las malas situaciones que teníamos que soportar, sirvieran de hincapié a un afecto mutuo y quizás sobreprotector.
La tenue y hasta casi indescifrable luz del sol que se colaba por mis ventanas, avisándonos sin emplear palabras clave que el día daba pie a su resplandor desde temprano, lo que quería decir que ya eran más de las seis en punto.
—Debo ir a trabajar, cariño —cortó Kendall deshaciendo el abrazo y obsequiándome, a su vez, el tierno brillo de sus ojos al observarme.
Asentí en consentimiento y me levante de la cama algo aturdida; mis pies se colocaron de puntillas y despeiné su cabello que hasta ese momento permanecía perfectamente peinado de forma causal y moderna.
—Ñoña, ve a ducharte —su mano ejerció presión en mi espalda impulsándome a entrar al baño de sopetón.
Una carcajada fue lo que bastó para mi mente se concentrara solo en ella. Mi aseo personal no requería de más de dos horas, como en los casos de las chicas normales en particular. En menos de media hora, estuve lista para otro tedioso día laborioso. Me posicioné en frente del espejo de mi habitación y pude mirar una sonrisa totalmente falsa que esperaba a la soledad para derrumbarse, y, por fin, no aparecer hasta que nadie sospeche por lo que pasó. Sacudí mi cabello y retire la gorra con el logo de la franquicia digitalizado de mi escritorio, al mismo tiempo que la colocaba sobre mi cabeza.
—Vamos a ver que tanto hueles a frituras hoy, Dylan —me susurré a mí misma.
Siempre me consolaba el hecho de que lo que hacía, lo realizaba por una buena y única causa: mi familia. La razón de mi esfuerzo y dedicación, la raíz de mi esperanza. Desde que mis padre nos abandonó cuan caja llena de cachorritos mugrientos, nuestras vidas se vieron afectadas abruptamente con su partida y no solo el dolor emocional demandó territorio en nuestro hogar, sino que también se fue maximizando a tal punto de hacer deprimir muchísimo a mi madre, causándole una enfermedad de gravedad mortal. Agregando sin más que nuestra solvencia económica descendió a cero, dejándonos en la ruina, obligándonos a Kendall y a mí que adquiriésemos un trabajo para el sustento de todos.
Aún conservaba las esperanzas vagas de que, a pesar de las adversidades que se lanzaban hacia nosotros, pudiésemos tener una vida tranquila y muy dentro de las características de la alegría y el amor, del que carecíamos estos últimos días; pero sobretodo, albergaba la fe de que mi madre sobreviviera a su terrible enfermedad. Mis ojos se cristalizaron al instante de considerar mi razonamiento totalmente ilógico y fuera de lo real, a realidad me golpeaba con fuerza todas las mañanas al abrir mis ojos. Pero no cabía dudas de que mi descontrol de la situación demostraba mediante lágrimas que de mis ojos brotaban, que esta vez la cruda realidad había absorbido la poca fuerza que poseía.
El sonido de la puerta cerrarse contra el umbral de ésta, hizo eco en mi cabeza y con la mano debajo de mis ojos para limpiar las lágrimas, ladeé la cabeza y me encontré con un par de esmeraldas muy pequeñas, apagadas bajo el espesor de sus largas pestañas, enfocándome con atención.
—Sam, ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar ya con Kendall en la pastelería? —inquirí fingiendo una sonrisa genuina mientras me acercaba a mi hermanito menor.
Flexione las piernas hasta quedar a una altura frente a frente con Samuel, tomé su pequeña mano entre la mía y la besé, infundiéndole confianza.
—Te oí llorar y quería venir a verte antes de marcharme —se excusó aun con la misma mirada inicial, bajando su cabeza.
—Oh… No-no estaba lloran… —tartamudeé antes de que un siseo me hiciera cortar el rumbo de la mentira que estuve a punto de justificarle a Sam.
—No me mientas más, Dy —espetó en una melodía infantil muy madura a pesar de su corta edad.
—¿Qué dices, Samuel? Estoy bien —le mentí—. Mira —apunté con la barbilla la ranura de la puerta de la puerta, que estaba entreabierta dejando ver con claridad el perfil de Kendall—, te está esperando, anda.
Sus ojitos no se convencieron, pero aun así acercó su mano a mi rostro, limpiando las lágrimas de mis mejillas cuidadosamente; como si del juguete más preciado, hasta su favorito, se tratase.
—¿Me prometes que ya no lloraras más, Dy? Yo te puedo hacer feliz, estoy aquí contigo, ¿sí? —con la misma mano, acaricio mi cabello y yo solo pude tomar aire en un suspiro y asentir.
—Tu eres todo lo que necesite para sonreír, Sammy —repliqué besando sonoramente la coronilla de su cabellera rubia, como el oro en solido que lo representaba tal cual.
Me levanté de la cuclillas en la que me había puesto, y finalmente, entrelacé sus dedos entre los míos dirigiéndolo hacia mi puerta, a la espera de Kendizle.
—Sam, ve a buscar el almuerzo y tus juguetes, luego espérame en la cocina, ¿podrías? —Kendall chocó su puño con el de mi hermanito.
—De acuerdo. Nos vemos, Dy —me lanzó un beso pequeño para que Kendall no lo pudiera ver.
Le guiñé un ojo en respuesta. En unos segundos más, ya Sammy había desaparecido del pasillo principal que daba con los pares de habitaciones.
Seguramente había descifrado mal el brillo ansioso en los ojos de Kendall, la desilusión y todo rastro de esperanza se consumieron en un pestañeo, invocando mis lágrimas a salir.
—Mamá está empeorando, Dy. Hoy la llevare al médico, pero no es seguro que puedan atenderla. Esta mañana convulsionó de fiebre en mis manos y en realidad, está matándome a mí también —sollozó entre frases entrecortadas que provocaban que no llegara a sentir mi corazón palpitar.
No me gustó para nada que Kendall se mostrara débil ante mí, eso me daba a entender que ya le estaba afectando demasiado. Él no podía dejarme sola, no podía dejarme sucumbir. Mi roca de salvación no podía huir de mí, ni mucho menos hundirse a profundidades inalcanzables.
—Volveré lo más temprano posible del trabajo y te prometo que juntos la llevaremos a revisar con el esposo de la tía Molly. Todo va a estar bien, solo dame fuerza y una sonrisa, ¿vale?
Acerqué su pecho al mío, con mis dedos limpie el camino de lágrimas que ya tenían lugar en sus pálidas mejillas.
—Cuídate mucho, cielo. Nos veremos a la hora de la cena, traeré helado de chocolate suizo, Sammy te hará brownies y los cuatro veremos la trilogía de crespúsculo, ¿te parece? —me preguntó, ahora con el tono de voz más feliz, de cierta manera.
Deposito un beso sonoro y mojado en mi frente.
Carcajeé y le mostré una sonrisa única y especial, a la que solo tenían acceso completo Sam, Kendall y mi madre.
{…}
«Dylan, espero que todo marche bien. Quiero verte después del trabajo, aunque tenía pensado ir a comer una hamburguesa con Zack dentro de un rato. Te manda un beso. Cualquier improvisto, te estoy avisando. Te amamos. Clara.»
Apagué la pantalla del móvil, pero aunque este no reflejara nada, salvo la sombra de un rostro demacrado, no pare de contemplarla.
El olor a hamburguesas, pollo, carne frita, patatas y helados al mismo tiempo no suponía ningún tipo de fastidio alguno para mí, pero si me irritaba sobremanera el balbuceo incesante de la clientela. Me desagradaban los bullicios y las conversaciones fuera de tono y aunque llevara dos meses de contrato, intentaba sin éxito acostumbrarme por completo, tal vez ni una pizca. Soy más de esas chicas a las que les gusta el silencio y la música clásica de fondo en cualquier ambiente. Me entraron unas ganas tremendas de llevar las palmas de mis manos a los oídos para evitar escuchar el gorgoteo que no paraba de aquellas personas, más el choque de dos manos juntarse hizo que ladeara mi cabeza inconscientemente.
—Menos distracción, mas ingreso, señorita Schmidt —exigió la jocosa y anticuada voz de mi jefe, Rafael Jewkins.
La postura soberbia y por supuesto, superior que mantenía me intimidó un poco, lo suficiente como para que concentrara mi atención el maquina manufacturera y el monitor que llevaba a sucesión las cuentas que requerían un chequeo. Luego de asesorarse de que todo estuviera bajo control con la despistada chica, se esfumó del lugar de la caja registradora, mi sección especificada de trabajo. Entorné los ojos y con un poco de mala suerte, las ganas de soportar algo que tanto detestaba no se largaron de mi secuencia pensativa.
La puerta de la franquicia de comida rápida se abrió de par en par, alborotando las hormonas de las chicas que darían suspiros de admiración y más por respirar el mismo aire que respira cualquier sujeto de atractivo parecido a una pila de perfección en su expresión más pura. Un hombre de, calculándole a simple vista, unos cuarenta y pico de años irrumpió en el lugar con elegancia y un porte que daba a indicar de forma inmediata, su nivel de riqueza económica; junto con otro joven que escondía debajo de una chaqueta negra su rostro y otro acompañante rizado que sonreía abiertamente de mejilla a mejilla, cautivando a más de una chica del lugar con sus adorables hoyuelos, debía apreciar.
Para mi cuestionamiento interno, nada común por cierto, era la primera vez que gente de ese tipo de vida llegara como de la nada a un restaurant de hamburguesas grasientas y patatas adictivas. Me sorprendió un poco, mas debido a mi conocimiento sobre esas personas, el tema dejo de opacar mi cabeza.
Después, todo recobró el sentido anterior de bienvenida en mi persona; y podía jurar y perjurar que las ganas que tenia de huir de semejante escena me pedían a gritos ser tomadas en cuenta. Lastimosamente, mis zapatos parecían haberse pegado al suelo con cemento, por ejemplo. Los miré deseando quemarlos con la mirada.
El joven de la chaqueta de cuero con capucha negra arrastró sus pies a la caja en donde yo yacia petrificada y lentamente, dejo caer su capucha hacia atrás. Posó sus manos en el mostrador y antes de que articulara palabra alguna, yo hablé primero:
—Buen día. ¿Qué se le ofrece? —imité la voz que estaba grabada en mi cerebro para cuando un cliente hacia su orden.
Monótona y repetitiva.
—Soy Justin Bieber, así que también es un placer —apuntó con una carcajada frustrada y seca al mismo tiempo.
¿Para qué se presentaba? Yo solo deseaba con ansias su orden y desapareciera de su vista; su sonrisa fuera más irónica y yo pudiera comenzar a respirar sin dificultad. Clavé los ojos en el monitor del computador y esperé no parecer una tonta.
—¿Se le ofrece algo? —repetí de nuevo, sin cambiar nada a mi expresión anterior.
Sus nudillos golpearon con suavidad en la mesa.
—Me podrías decir tú nombre.
Respingué, vencida, y pensé que lo mejor sería darle la cara y que se marchara de una buena vez por todas. Mis ojos impactaron con amabilidad en los suyos y parecí haberme hundido en una especie de ensoñación ridícula propia de los adolescentes.
El sujeto carraspeó, divirtiéndose con el asunto de ser jodidamente tentador en todos los sentidos.
—Dylan Schmidt —dije, sin más, siendo algo indiferente a lo que respectaba su belleza—. ¿Va a ordenar algo, joven?
—Dylan, es un placer muy grato, pero desearía que me llamaras por mi nombre, si no es mucho pedir.
Alzó una de sus rubias cejas y esperó pacientemente a que cumpliera con lo que él quería escuchar.
—Justin… —musité frunciendo los labios—. ¿Qué quieres?
No lo pensó dos veces antes de contestarme, mordiéndose el labio, poniendo en un hilo mi paciencia:
—Una sonrisa de tú parte, querida.
No pude evitar arrugar la nariz; comenzaba a fastidiarme, en verdad.
—Bien puedes mover el trasero hacia la salida y olvidarte de tus coqueteos por un segundo u ordenar de una buena vez, querido —contesté balbuceando cada palabra con inquietud.
Parpadeó confundido y me miró por un largo minuto, no creyéndose el fallo intento de sus tácticas seductoras ridículas; por mi parte, bien podría largarse y dejar de jugar con mi persona.
—Está bien.
Su respuesta hizo que sonreirá levemente, victoriosa. Nunca estaba de más esfumar el ego de un chico con un par de palabras grotescas. Más mi victoria respecto al desplome de su ego, no significo ningún tipo de gratitud en mí. Era medianamente imposible impedir que mis pensamientos de detuvieran y me dejaran el subconsciente en silencio, a diferencia de mi día a día, donde en mi mundo interpretaba las cosas de una forma más puntual y diferente, donde miles de vocecillas pequeñas atacaban mi subconsciente con cuestionamientos que eran de relevancia personal, atormentándome, pero controlando mis emociones lo que nos llevaría a una gama de decisiones más completas y de mayor rango racional, claro está.
El joven seductor de rizos alborotados y extraños, miraba la escena con una mueca claramente burlona tatuada en el semblante y los ojos enfocados hacia nuestra dirección, sin interés alguno en mostrar discreción. Me pregunte en mi fuero interno si aquel chico era su hermano y el hombre de aspecto moderno pero mayor era su padre; así, cabía destacar, que entre los dos muchachos no había parecido alguno que los asemejara con un parentesco.
Desvié la mirada hacia la nómina de pago que estaba resolviendo sin éxito, pues mi imprudencia provocaba varias preguntas sobre ellos se pasara por mi mente, atacando hechos y con eso, determinando conclusiones que ni yo sabía si eran acertadas al cien por ciento.
De repente, sentí como una mano rugosa me tomaba del antebrazo con soltura, lastimándome al contacto. Volteé, dispuesta a descifrar de quien se trataba y cuando lo hice, me topé con los oscuros y no muy amables ojos de Jewkins. ¿Qué estaba haciendo? No fui capaz de mirar a Justin, pues supuse que él ya se habría ido. Me equivoqué.
—Oiga, la está lastimando, déjela en paz —demandó Justin en un gruñido receloso.
—Suélteme ya —me defendí tratando de zafarme de su agarre.
—Vendrás conmigo, tengo que hablarte sobre algunas cosas —me soltó a regañadientes al intercambiar una mirada de duda con Bieber.
Me cuestioné que habría visto a través de ellos.
—Que sea la última vez que me pone un solo dedo encima —le dije sin perder los cabales del respeto.
Aunque me haya tratado inadecuadamente, no podía permitirme perder los buenos modales de una dama que mama me había inculcado con tanto esmero.
—Vale, vale. Acompáñame, Dylan —había cambiado por completo el tono de su voz, transformándolo en uno más cordial y menos agresivo.
Todavía Justin no le quitaba los ojos de encima, evidentemente hostil. Yo estaba en el medio de un altercado de miradas llenas de ira entre los dos, no sabía que parte de la conversación me había perdido.
{…}
Las lágrimas se golpeaban en mis ojos con furor de decepción. Mi rostro estaba contraído en una mueca de indecisión. ¿Cómo se suponía que se lo diría a Kendall? Arruinaría lo que con tanto esfuerzo nos logró construir, estaríamos casi o igual que al principio. El sueldo pobre de Kendall no bastaba para todo un mes de sustento, cuidado y sólo duraba para una semana. Me regañaba mentalmente por haber perdido un empleo tan valioso, y no para mí, sino para mi familia. Veía a través de mis ojos, como el futuro estaba deslizándose en un abismo sin fondo; no sabía que haría. Jugueteé con mis dedos, el temor se apoderó de mí aunque no quise aceptarlo en ningún momento. Debía mantenerme fuerte, aunque yo misma sabía que todo cristal se quebraba.
Lleve las manos sudorosas a mi rostro y despegué de él los cabellos que se habían adherido a mi frente, que estaba perlada de sudor. Tenía que buscar  una manera de irme a casa, sonreír con todas mis fuerzas y asegurar que todo cambiaria, que todo estaba bien, pero… no había nada que mi fe de que las cosas mejorasen pudiera hacer. Me sentía tan inútil, no tenía ningún poder sobre el destino y eso me afectaba. El contrapeso de la mejoría con el dolor se inclinaba al agobio, dejando tocar al suelo la mejoría. No quería que Sam se criara en un vecindario de mala muerte, quería que mantuviera presente los valores que le habíamos enseñado, pero la situación era tan critica que hasta eso iba a cambiar.
Finalmente, visualicé un rincón oscuro cerca de la salida trasera del local, ignoré que Jewkins me hubiera prohibido volver a pisar ese terreno; me senté en el duro y caliente asfalto, abrazándome a mí misma, dándome consuelo. Eso ocurría cuando no tenías a absolutamente nadie que te prometiera que las cosas estaban bien, que algún día la felicidad tocaría nuestros corazones… Kendall estaba lejos, inalcanzable, casi sentía su desesperanza, su decepción quemar mi pecho, mis ojos, mi corazón…
Una sola pregunta invadía mi razón, ¿Hasta dónde llegaríamos?
Mis ojos se cerraron lentamente, mi corazón se precipitó a detener su ritmo acelerado, mis piernas se debilitaban y mis ganas de seguir con vida se desvanecían.
—Dylan… —me había llamado con la voz apagada, casi desolada.
No obtuve el ánimo suficiente para volverme a ver su cara de ángel caído del cielo. Simplemente, no des adopté mi postura.
—Schmidt, el destino es algo tan… acertado y calculado. ¿Quién diría que hoy me toparía contigo? Siempre me ha afectado la debilidad de las chicas en sus momentos más difíciles, pero, eso algo totalmente natural, tomando en cuenta que es lo que te lastimó —un suspiro escapó de sus labios y percibí como la tonada de su voz era tan compasiva y sutil—. Tu hermano es una persona maravillosa, a decir verdad, uno de los mejores amigos que he tenido —me paralicé ante la mención de Kendall. Justin río levemente, para luego justificar sus palabras—: Lo conocí en la primaria pero nunca llegué a imaginar que tendría una hermana. Al principio me pareciste conocida, pero, nada que ver con algún tipo de asemejo, hasta que la determinación de tu voz te delató. Eres tan igual a él…
Mi mente estaba en blanco. Aferré mis rodillas a mi cuerpo en débil, solo que sin derramar ninguna lagrima, ya se había extinguido hace mucho.
—¿Eres alguien que me mandaron para minimizar mis agobios o… te burlaras de mí? —inquirí en un susurro, que al final, se quebró en la sintonía de aparentar ser lo que nunca seré: lo suficientemente fuerte.
—Yo seré lo que tú quieras que sea —me dijo, agregándole una pizca de dulzura.
Mi corazón se achicó por algo que no pude explicar mediante simples palabras ordinarias. Después de todo, siempre llega ese alguien que logra provocar en ti, un pequeño atisbo de luz que creías inexistente. Esa pizca del complemento del que carecías.
Estiré mis piernas y destapé mi rostro de la burbuja personal en la que me había sumido.
Me miró con ternura, traté de sonreírle lo mejor que pude. Me sentí culpable por el prototipo que le definí.
—Te conozco desde hace… —miró el reloj de su muñeca y se volvió hacia mí— aproximadamente, cuarenta minutos, por lo que no me has dicho que tipo de café te gusta, aunque permíteme predecir que es… —hizo un gesto pensativo y se colocó la mano en la barbilla.
—Moca late con crema de chocolate y una ración almendras endulzadas —adivinamos al unísono.
—Hay cosas que nunca cambian —admitió soltando una carcajada suave.
—Es el favorito de Kendall —le recordé mostrando la sinceridad de una sonrisa simple…
…. aunque no sabía por qué, él se merecía mucho más.
—Vamos al Starbucks más cercano, esta solo a unas cuadras —propuso él levantándose de mi rincón y tendiéndome la mano para ayudar.
—Me encantaría ir contigo, Bieber.
{…}
—Lamento mucho lo de tu madre, Dy. En verdad no sabía, porque si hubiese sido lo contrario… no te lo habría siquiera recordado.
Se disculpó con una sonrisa de pena automática. Me acaricio la mano por encima de la mesa; sí que se sentía culpable.
—Gracias… por preocuparte de tal manera, Justin —agradecí y tomé su mano entre la mía, acariciándola con lentitud.
—No tienes por qué agradecer. Todo lo que hago, lo hago de corazón.
Le propiné una sonrisa encantadora. Tomé un sorbo de mi café, aunque me quemé la garganta y la lengua, no podía despegar la vista de la ventana. Aun me preocupaba la reacción de Kendall, nuestro futuro tan incierto…
Mi cerebro no podía analizar nada, estaba totalmente cegado por el giro inesperado que tomaron las cosas.
El respetó mi silencio, y lo interpreto como la toma de un segundo para volver a la realidad de nuestro mundo alejado de ella. Le miré de reojo, cuidando que no se percatara de esa pequeña acción. No sabía si era un agite falso de algún tipo de preocupación o quizás temor, pero no sabía por qué. Su mirada reflejaba una mezcla de estas dos emociones al él mirar la pantalla de su móvil. ¿Había recibido una mala noticia?
Mi estómago sufrió un retorcijón de emociones confusas. Ya no estaba el pasivo o seductor Justin, estaba un Justin atemorizado. Su nariz tenía pequeñas gotitas de sudor y sus labios estaban hinchados de tanto morderlos. Noté que quería gritarme algo, pero no podía, por alguna razón en específico.
Opté por no preguntar nada, y evadir ese detalle. No quería obligarlo a inventar una excusa para no comentar nada.
—Debo irme, Justin, fue un placer haber compartido la tarde contigo. Le mandaré tus saludos a Kendall. Con permiso —me levanté de mi asiento y le dirigí una sonrisa como despedida.
Su rapidez me dejo pasmada, me tomó abruptamente por el codo haciéndome girar sobre mis talones.
—No te puedes ir, Dylan.
—¿Por qué no? Tengo que ir a casa, ya es tarde —repliqué mirándole con confusión.
Soltó mi brazo con la expresión vacía.
—Lo siento, no… no quiero que te vayas… —alzó sus cejas en modo de respuesta.
Me apresuré a negar con la cabeza varias veces.
—Me quedaría, pero no puedo. Aunque si gustas, podrías venir conmigo y te quedas a cenar —ofrecí con la voz ronca a causa del improvisto de mi propuesta.
—Vale, vale. Me haría bien conversar con Kendall —aceptó, nervioso.
Sus ojos transmitían un mensaje, pero no supe cuál era. Tal vez era algo inconsciente y no tenía por qué preocuparme…
… todos mis intentos de evasión acerca de su evidente reflejo de angustia, decayeron con la rapidez con la que cae un vaso y se estrella contra el piso, rompiéndose en miles de pedazos. Mis ojos fueron los emisores de mi pronto miedo, lo que me causó un estremecimiento de pies a cabeza desagradable. Súbitamente, mis piernas perdieron su fuerza e impactaron contra el suelo en un golpe seco. Un grito desgarrador alarmó mis sentidos, a pesar de que me estaba consumiendo por el temor que me invadía.
—¡Dylan! —me llamó en el retumbo más alejado que noté de su voz— ¡Déjenla en paz!
Un hombre de aspecto fortachón y espeluznante, con violencia, golpeó mi mejilla. El líquido corrió de la parte derecha de mi rostro. Gemí de dolor y pataleé alejándome del sujeto que quería tomarme de alguna manera. Visualicé a lo lejos como Justin me miraba sin expresar emoción alguna, sin querer acercarse a ayudarme. No pude reprimir las ganas de llorar desconsoladamente, y las lágrimas me impidieron ver con claridad cómo se desataba la situación.
¿Por qué no me ayudaba? ¿Es que había fingido todo este tiempo?
Mi corazón no soportó por mucho ver su indiferencia, mis ojos se cerraban con pesadez, mis piernas se cansaban de forcejear… mis pulmones de respirar.
No le di tiempo a mi sensatez de interpretar todo, pues un pañuelo mojado fue posado sobre mi nariz.
Sammy, mi madre Ellen, Kendall…
Todo pasó como un flashback por mi memoria… y no salí a la superficie.

i love you — cap. 001 {nc}:
Aparté la vista y me dediqué a observar el suelo con el ceño fruncido y los labios entreabiertos. Pequeños cuadros blancos, grises y negros se entrelazaban entre sí.

—Meck —me había llamado, atrayendo mi perdida atención—, ¿Te sucede algo? —lidió con la voz baja y controlada.

Toda la cafetería se mantuvo en silencio ante el casual encuentro que disfrutaban con la vista, más para mí fue el infierno en su máximo esplendor. La cabeza me empezó a dar vueltas, girando sobre su eje de una manera poco coherente, de manera incesable ante sus ojos, nuevamente dilatados por la preocupación que demacraba su rostro.

Fue hasta a ese momento es que me percaté de que temblaba de pies a cabeza, temblaba tanto que mi cuerpo vibraba hasta que finalmente, me castañearon los dientes, la cafetería puso en marcha su movimiento y se me nubló la vista. ¿Era posible que mi cuerpo se comportara de esa manera, allí, parada en donde estaba? Llegué a pensar que mi razonamiento no tenía nada que ver con lo que mi cuerpo experimentaba, aquella sensación de inseguridad y temor.

Escuché un murmullo y noté, aturdida en todos los sentidos, una presión en mi mano derecha, que yacía con timidez sujetando mis libros al pecho. El temblor me distraía lo suficiente para impedirme determinar la procedencia de la ligera fuerza, tanto oral como corporal, que me bloqueaba la precisión que debía haber tenido para zafarme con rapidez.

Deseé ser invisible, así no tendría la necesidad de trastornar mi cerebro con la melancolía que me embargaría luego de que mis pensamientos fluyeran con claridad.

—Me parece que se está pasando de histérica. Sería mucho mejor que le aventaran una bofetada a ver si no entra en estado coma —insinuó una voz afina e imperceptible cerca de mí.

Lo suficientemente cerca como para que Liam gruñera por encima de esas voces que no cesaban, al menos fuera de la burbuja protectora que me permitía olvidar todo el suceso por un segundo.

Lastimosamente… ese segundo de maravillosa compasión pasó y me dejó sin aliento.

Forcejeé los pulmones en busca de aire para que pudiera respirar con más facilidad, mi pecho se contraía en busca de oxígeno y mi nariz parecía congelarse, de hecho, consideraba intentarlo aunque supiera que era una idiotez.

—Hubiera deseado que las cosas se desarrollaran de una manera… diferente y menos perjudicante para ti.

Entonces lo comprendí. Oh. Su mano se acoplaba a la mía en un entrelace desesperado por tirar de ella y arrastrarme lejos de aquel lugar.

No supe a qué se refería, así que esperé a que sus labios si quiera se movieran y me dieran una pista clave para comprender lo que desde tanto tiempo deseaba oír.

—Todo está bien, estás a salvo, todo está bien —entonaba él una y otra vez.

El persistente olor a pasto y la sensación rústica bajo mis pies me permitió darme cuenta de que ya habíamos atravesado medio campus central. Sus pies se movían con suma rapidez, tal vez quería tanto como yo huir de la realidad que consumía las alientas, escabulléndome junto a él. Cada paso que daba en firme se convertía en un suspiro de alivio para mí. Mi cabeza chocaba con su pecho a medida de que se aproximaba a un destino en específico, pero no parecía importarle.

Me atreví a mirarle el rostro y no me inmute de manera idiota ante lo que me daba a entender  mediante sus escrúpulos y la idea de un significado que no quería responder, que mi mente no quería procesar, no ahora. ¿Qué era lo que yo había esperado, a parte del deseo que partió más allá de lo evidente? Era un desperdicio, una locura, tener los ojos tan llenos de lágrimas y aparentar creer que todo iba de maravillas.

Las paredes protectoras de mármol que traté de construir a mi alrededor, tan fuertes por fuera, pero tan ligeras al roce infranqueable, se derrumbaron más rápido de lo que había llegado a imaginar jamás. Siempre albergué la esperanza de una reserva de fuerzas que me dieran valor para afrontar cualquier cosa, pero… ya no existían.

El temor me acechaba y las ilusiones me destruían.

Un pequeño pero turbador lugar con olor a flores silvestres y clavitos de madera, se abrió paso tras una puerta de cristal que atravesamos sin pensarlo. La necesidad de protección se hizo presente, y arriesgamos encontrarnos con cualquier tipo de cosa, con la esperanza de sentirnos seguros, protegidos, por lo menos una vez en la vida. Tuve que bajar la cabeza para que pudieran entrar sin golpearme.

Tardé más o menos diez segundos eternos en acostumbrar la vista a la oscuridad que nos brindaba con confianza el lugar. Me pregunté cuanto habíamos caminado para llegar a esa habitación.

—¿Qué piensas hacer? —tartamudeé una vez que me sentó en su regazo, al final de lo que parecía un hueco muy mínimo, acariciándome cabello sin parar, aún sin esbozar expresión alguna.

La inmovilidad y rigidez que conservaba expresó la confusión que me suspendía.

Me sentí consternada por el gesto, pero al mismo tiempo desdichada. Una sencilla escapada de lo inevitable no significaba nada y por ende, no dejé que mis pensamientos fluyeran y me trasmitieran una idea equivocada a la original.

—Es duro… —realizó una pausa y, por primera vez desde el impasse me miró a los ojos—: ¿Cómo puedes soportarlo?

Sus ojos conmovieron mi roto corazón de una tristeza y pena casi absoluta. Él conocía mi dolor, sabia más que nadie por lo que estaba pasando y esa conexión visual me sirvió para ser fuerte durante ese momento… por él, para él, tragaría ese nudo en la garganta y me arriesgaría a hundirme en el cruel abismo de la desesperación, si eso era vital para su supervivencia.

Pegué mi cabeza a su pecho, y él empezó, de nuevo, a acariciarme el cabello, descendiendo por mi frente y mejillas.

Ya estaba listo para escucharme. Una pieza muy pequeña que enmendaba mi corazón, se partió, débilmente, por el recuerdo de mi padre, Brian; respiré hondo y pronto, el calor humano inconsciente que irradiaba Liam me arropó en su delicadeza.

—El cielo permanece oscuro cuando así lo deseamos, sin puntos esenciales para alumbrar los días y bajar las desesperanzas. Cuando nuestra idea de seguir adelante se enciende, también lo hacen las estrellas en el cielo, pequeños refuerzos de apoyo para casi alcanzar el bienestar. Así es mi vida, tan sombría y oscura como la noche, pero aun así contiene esas pequeñas luces que me dan vida, un poco, pero lo hacen —le dije, sintiendo como el alma se sublevaba dentro de mí y me causaba escalofríos.

»Nunca había compartido nada con nadie. Mi mente tenía respuestas mecánicas a los impulsos cotidianos, sabían predecir las preguntas y soltar las respuestas. Todo estaba sistematizado, desde la muerte de mi padre, no había querido sacar a la luz mis sentimientos y por esto, sabía, con antelación, que las iba a pagar muy caro, me estrellaría contra la pared de la agonía.

Presioné los ojos con fuerza y mis dedos se deslizaron inconscientemente por la muñeca de mi brazo, lugar de múltiples medios para drenar el agobio. Mi corazón tembló.

—Siempre existen altibajos, claro, tan abruptos e inesperados como un golpe en el estómago que te quita la respiración, pero su recuperación es tan reconfortante como un suspiro.
—¿Y qué pasa cuando no existen esos puntos de iluminación? —sonsacó, con la voz áspera y algo raspada.
—Nunca te faltaran, estarán ahí —atesté, carraspeando suavemente.

Deseé con todas mis fuerzas haberme asegurado de que mi mano no descansara sobre la muñeca, que, bajo el sweater azul cielono estuviera la evidencia de mi debilidad, el centro de mi vulnerabilidad.

—¿Meck? —inquirió con la voz sorpresivamente quebrada—. Explícame, por favor, qué es eso —demandó, ahora con la voz en un tono más elevado y exigente.

¿Sería capaz de mirar a través de la tela que recubría mis heridas? No le miré el rostro, no pude ser capaz de hacerlo. Apreté la muñeca, maltándome en exceso las heridas sonrosadas que se encontraban en proceso de sanación.

Gemí de dolor, y con ello, el flashback de la noche más arrebatadora y atroz de mi vida, me barrió la mente. Mi cuerpo se transportó al suceso y para mi desgracia, en esta inoportuna ocasión, no lo pude evitar.

—Ya —había gritado, al ver un auto que entraba en el estacionamiento, flaqueada de árboles—. A lo mejor es papá, que ha llegado ya.

Pero el coche que se detuvo ante nuestra puerta era blanco, no verde, como el de mi padre. Y encima tenía una de esas luces rojas giratorias, y en un lado se leía POLICÍA DEL ESTADO.

Mamá sofocó un grito cuando dos policías de uniforme azul se acercaron a la puerta principal de nuestra casa y tocaron el timbre repetidas veces.

Parecía congelada. La mano le temblaba al apoyarla contra la garganta; el corazón le salía casi por los ojos oscureciéndolos. En mi corazón, sólo de observarla, despuntaba algo siniestro y espantoso.

Fue Jim Payne, el hermano mayor del padre de Liam, quién abrió la puerta e hizo entrar a los dos policías, que miraban a su alrededor nerviosamente, dándose cuenta sin duda alguna que aquella era una reunión de cumpleaños. Les bastaba con echar una ojeada al comedor y ver la mesa, preparada para una fiesta, los globos colgados de la araña y los regalos que había sobre el estante de cristal principal.

—¿Señora Henderson? —le había preguntado el más viejo de los dos a mi madre.

Mamá hizo un rígido ademán. Yo me acerqué a ella, como también Logan.

Jim permanecía con el rostro inescrutable y la mandíbula apretada. Tal vez él sabía lo que estaba ocurriendo, pues su hermano, el padre de Liam, quizás lo había llamado y advertido.

—Señora Henderson —comenzó a decir con una voz monótona que, inmediatamente, me llenó el corazón de temor—, lo sentimos muchísimo, pero ha ocurrido un accidente en la carretera Greenfield.
—¡Oh…! —suspiró mamá, tendiendo las manos para acercarnos a mí y a Logan hacia ella. Yo sentía temblar todo su cuerpo al igual que temblaba yo. Mis ojos estaban como hipnotizados por los botones de bronce de sus uniformes; no conseguía apartar la vista de ellos.
—En el accidente se vio implicado también su marido, señora Henderson —continúo el policía.

De la garganta sofocada de mamá se escapó un largo suspiro. Se tambaleó y habría caído de no ser porque Logan y yo la sostuvimos.
¿Es que no podrían dejarse de rodeos?

—Hemos interrogado a unos motoristas que vieron el accidente y, desde luego, no fue en absoluto culpa de su marido, señora Henderson —seguía recitando la voz del policía, sin mostrar emoción alguna—. Según nuestra versión del accidente, del que ya hemos informado, había un conductor con un «Ford» azul, que no hacía más que entrar y salir del carril izquierdo, según dicen borracho, y que chocó de frente contra el vehículo de su marido. Sumándole, al parecer que el daño fue demasiado grave como para salir intacto de éste suceso, por lo que perdió la vida instantáneamente.

Me sorprendió la desconsideración con la que expulsaban las palabras de su acostumbrada boca a las tragedias, no esperé que mostraran un poco de sensibilidad, pero tampoco impedía sutileza. La cuestión era, que los oídos me zumbaban y no podía bajo ninguna circunstancia poder escuchar más de lo que quería, y claro, lo que quería escuchar era la voz de mi padre suplicando que le besemos el rostro en cuanto llegase. No quería ser parte de la realidad que ya era un hecho, me negaba afrontarlo y obligar a mi cerebro a analizar sus palabras.

Nunca había visto una habitación llena de gente en que tan rápidamente reinara un espeso y abrumador silencio.

El rostro de Jim Payne parecía hacer conjeturas de sus palabras. Quizá, intentaba buscar una solución menos trágica para el desenlace de… de… el infortunio. El acompañamiento de su hermano junto a mi padre tenía que suponer algo para él y su familia, algo que incluían los mismos hechos que gritaban las conclusiones seguras.

—¿Y mi hermano..? —Jim le miró al policía, con el rostro ceniciento y los ojos cristalizados—. No está… no está… muerto, ¿verdad?
—Joven —declaró el policía de las canas notorias y las cejas hundidas, muy solemnemente—, no sabe usted cuanto lamento tener que darle tan malas noticias, y precisamente en un día como parecer ser éste —se detuvo un momento y observo a su alrededor, lleno de turbación—, lo siento muchísimo, joven…, todo el mundo hizo lo humanamente posible, pero, supongo que Dios ya lo tenía preparado, como todo.

Alguien que estaba sentado en el sofá, lanzó un grito, cargado con el pesar de la revelación.

Mamá no gritó. Sus ojos se volvieron oscuros, como distantes. La desesperación el dejo el precioso rostro sin su radiante colorido; se diría que se había convertido en una máscara. Yo la miraba fijamente, tratando de decirle con los ojos que nada de aquello podía ser verdad. ¡No, papá no estaba muerto! ¡No, mi papá no estaba muerto! ¡No podía estar muerto… no, no era posible! La muerte era para la gente vieja, para las personas enfermas… no para alguien tan querido y tan necesario y tan joven.

Y, sin embargo, mi madre estaba allí, con el rostro contraído en la concentración de su dolor, y a cada segundo que pasaba, veía como sus ojos parecían perderse más y más en la agonía de su rostro.

Me eché a llorar. Miles de lágrimas de las que no fui consciente retener, se golpeaban unas con otras y salían sin necesidad de inducirlas de mis ojos.

—Señora, tenemos unas cosas suyas que saltaron del auto al primer impacto. Hemos recuperado todo cuanto nos fue posible.
—¡Váyanse de aquí! —le grité al policía con la voz ronca por el nudo que se atascó en mi garganta—. ¡Váyanse de aquí! ¡No es mi papá! ¡Estoy segura de ello! Se ha parado en alguna tienda a comprar un helado y llegará de un momento a otro… ¡Váyanse de aquí! —me lancé contra el policía y le golpeé el pecho.

El hombre trato de mantenerse a distancias y, Logan se acercó también y tiró de mí.

—Haga el favor —pidió el policía—. ¿No podría alguien hacerse cargo de esta niña?

Los brazos de mi madre me rodearon los hombros, y me acercó a ella, apretándome. Los invitados murmuraban, conmocionados, y susurraban; la comida comenzaba a oler a quemado en el horno.

Esperaba a que alguien llegara de pronto y me cogiese de la mano y me dijese que Dios no se llevaba la vida de un hombre como mi padre, pero nadie se acercaba a mí. Solo Logan se me acercó, me rodeó la cintura con el brazo, y así nos encontramos los tres juntos: mamá, Logan y yo.

Fue Logan quién, finalmente, hizo un esfuerzo para hablar, y su voz era extraña, sin potencia vocal:

—¿Están completamente seguros de que la muerte fue instantánea? Habían tres personas implicadas, podía haber una posible confusión —el policía le miró a Logan, indignado por su acusación. Logan le ignoro olímpicamente—. Si el auto de papá se incendió, como naturalmente debió haber hecho, el que estaba dentro tuvo que quedar muy quemado, así que puede ser otra persona, no papá.

Gemidos hondos, ásperos, brotaron de la garganta de mi madre, como desgarrándola, pero a sus ojos no se asomó ninguna lagrima. ¡Ella sí creía! ¡Creía que aquellos hombres decían la verdad!

Los invitados, que habían venido elegantemente vestidos a la fiesta, nos rodearon, pronunciando esas frases consoladoras que dice la gente cuando la verdad no hay nada que decir.

—No sabes cuánto lo sentimos, Gemma, estamos verdaderamente horrorizados… es, terrible.
—¡Qué le haya pasado una cosa tan horrible a Brian!
—Nuestros días en la Tierra están contados; así es la vida, desde el mismo momento en que nacemos, nuestros días están contados.

Y así continuaron, lentos, como el agua filtrándose en cemento solidificado con el polvo de la desesperación. Papá estaba muerto, de verdad. Ya nunca más le veríamos vivo. Solo le veríamos en ese ataúd, tendido en una caja que acabaría hundiéndose en la tierra, con una lápida de mármol con su nombre y el día de su nacimiento, y el día de su muerte. Todos iguales, excepto el año.

Mis ojos y los de Logan se encontraron. El parecía tan sumido en la misma pesadilla que yo, su joven rostro parecía pálido y muy conmocionado; una expresión de vacío sombreaba sus ojos, impidiéndome ver más allá de lo que él quería revelarme.

—Alguien tiene que identificar el cadáver —dijo el policía.

Entonces me rendí ante la evidencia.

Salí corriendo de la habitación, salí huyendo de aquellas cosas que me desgarraban el corazón y me infundían un dolor mayor que cualquier otro dolor de los que había sentido hasta entonces. Salí huyendo de la enorme casa que me restregaba en la cara un sinfín de recuerdos inmensurables, corría y mi corazón no parecía detenerse y darme esa paz que tanto anhelaba, corrí y llegue al jardín, donde millones de estrellas brillaban a mitad de la noche y la brisa soplaba suavemente cargada de recientes fragancias primaverales.

Mis ojos parecían rocas, querían cerrarse y sucumbir, pero algo me lo impedía a toda costa. Visualicé entre la penumbra de la noche, una figura de mi tamaño, quizás un poco más grande, recargada en la puerta que conectaba nuestra casa con el jardín de los Payne. Había un sonido en particular, un sonido que no descifré… gemidos, tal vez.

¿Era que me estaba volviendo loca? Me preguntaba una y otra vez en el hilo de mis pensamientos, conforme con pasos lentos y temerosos me acercaba a aquella figura.

La tenue luz de la luna me permitió ver con dificultad de quién se trataba y el resultado de la visión, me dejo estupefacta. Aun así, nada de lo que pudiera llegar a sentir en aquel momento era comparado con el dolor que mi corazón gritaba, pero que mi mente no captaba.

—¿Liam? —pregunté, acercándome un poco más y así logrando ver sus mejillas blanquecinas impregnadas de un olor fuerte a sal y un brillo que las adornaba.

Había estado llorando, eso se podía notar. Sus labios se contraían en una línea dura; sus mejillas, tan regordetas y sonrosadas, no paraban de filtrar esas pequeñas lágrimas que de sus ojos se escapaban.
Sacudí la cabeza.

—Mi padre ha muerto —anunció, con la voz melancólica y entrecortada, una voz que a final, se quebró.

Aquello había sido un golpe en el estómago y un dolor de cabeza inmediato. Mi corazón, por unos segundos, detuvo su ritmo y se congeló en la espera de algún estimulo que me permitiera saber si aquel era el final.

Se me hacía muy difícil tratar de calmar mi respiración, por lo que hiperventilaba en mi interior y me preguntaba cuando esa presión en el pecho me dejaría de atormentar.

Mis labios iban a articular un «déjame en paz», pero su fuerza brutal me impidió siquiera pronunciar algo. Sus brazos, me envolvieron la cintura ágilmente, concentrando sus fuerzas en aquel agarre desesperado. No sentía la sangre circular, más no me importó. Mis manos se dirigieron rápidamente a su nuca, acariciándole el cabello y con cada pedazo de mi corazón roto, lloraba en silencio, sin que él llegara a poder oírme. Respiró hondo y eso se vio reflejado en mi pecho, segundos después, sentí como mi hombro se escurría de lágrimas sin detenerse.

No me fue posible guardar ese dolor desgarrador en el pecho y me vencí ante el alivio de saber que alguien, en medio de todo el mundo, entendía una mínima parte de lo que sentía.

Algo notable dentro de mí se removió con agite, lo que sirvió a duras penas para traerme a la realidad. Respiré hondo por la boca e intenté controlar mi sistema nervioso, que se desató irrevocablemente.

Todo permanecía igual, nada había cambiado. Liam seguía con la vista apuntando a ver mis ojos, pero a la vez sin ver nada, con los puños apretados con firmeza a sus costados y una delgada línea en sus labios que separaba la indiferencia con la preocupación.

Liam retiró mi mano del brazo y con delicadeza, logró levantarme de su tibio regazo, para así, poder tomar mis hombros entre sus manos temblorosas y sacudirme lo suficientemente fuerte como para que la cabeza se me descontrolara y mis ojos se desorbitaran, al mismo tiempo que una minúscula lagrima se acumulaba en su ojo.

No me sostuvo la mirada por mucho tiempo, la apartó instantáneamente y limpió con el dorso de su mano la lágrima que en su ojo, estuvo a punto de deslizarse. Tal vez lo menos que quería ahora era mostrarse débil, aunque fuera del todo incontrolable.

Le resté importancia a la sangre que de mis brazos brotaba como lago sin caudal, hasta llegar a empaparme el pantalón de mezclilla. Olía desagradablemente a una fusión esperada de óxido y sal, casi una esencia metálica; mi muñeca se estremeció por la sensación espesa y pesada que dejaba la sangre.

Payne parecía verdaderamente alarmado, miraba con los ojos abiertos como platos la sangre que se escurría por mi brazo, poco a poco y muy lentamente, notándose así al exterior del sweater. Reparó su mirada en mí, paralizado por el momento y perplejo.

—¿Qué? ¿Nunca habías visto a alguien sangrar? —intenté bromear, con la voz seducida por el deseo de que no me juzgara, no él, no ahora.

Suspiré al ver como no reaccionaba. Opté por arremangar el sweater hasta mi codo, pero la punzada de dolor que me invadió, provocó que se me escapara un quejido de los labios.

Luego de que de un minuto de fijación en la cuenta inmediata del asunto, quitó su camisa de mangas azul oscuro y su torso desnudo se exhibía ante mí.

Traté de acompasar la respiración a un ritmo común y corriente, evitando sobremanera agitar mi respiración y perder la poca calma que me restaba.

—Nunca te había visto a ti hacerlo, Meck —replicó.
Su camisa se encontraba llena de sangre por mis heridas. El proceso de sanación seria difícil. Las limpiaba una a una y se detenía observarlas por no más de tres segundos, con los ojos ardiéndole como fuego, bajo una careta de condescendencia.

—Fui una completa estupidez lo que hiciste —dijo, apretando la mandíbula.

…como si me odiara por ello y, no lo culpaba. Aun así, sentí la terrible necesidad de excusar mi comportamiento, por muy impulsivo e inútil de mi parte, todo tenía una razón que justificaba mis actos y precisamente, era algo injusto que pronunciara un par de palabras y aparentara conocerme.

—Viéndolo desde otra perspectiva, no lo es.

longing irrevocable — prefacio {fanfiction}:
Si con dar un solo golpe se atajaran las consecuencias y el éxito fuera seguro..., yo me lanzaría de cabeza desde el escollo de la duda al mar de una existencia nueva.
Macbeth, Acto I, escena VII.

—¿Lograremos llegar a lo que deseamos ser? No me permito pensar en la idea de caer, incluso si es contigo.

La voz temblorosa de Susie llegó a derrumbar el silencio que predominaba en la oscuridad de la noche, sumergiéndola así en un sinfín de interrogantes. Más que una pregunta para el moreno, era una de las incompetentes dudas que conservaba Susie. Ella podía ser capaz de ver a través de su ojos miel lo que su mente procesaba, aunque claro, Zayn tenía la capacidad del riesgo más potencializada, y a diferencia de ella, él tenía en claro la situación.

Más Susie percibía como el temor aplastaba fuertemente la decisión que la había hecho llegar hasta a ese punto, dejando en el vacío su idea principal de un escape peligroso.

Y entonces, con tan solo un vistazo al alma de Zayn, encontró de inmediato la respuesta que agotaba con el razonamiento de su suspicaz e inocente cerebro. Sus ojos chispearon con audacia, había descubierto la razón por la cual su mano se aferraba a la puerta del copiloto con la expresión de inseguridad, su mente enfocó el tema y no lo dejó escapar, analizando al mismo tiempo:

«Todo el sentimiento de confusión que esté presente ahora da sus orígenes en la juventud, las hormonas que transmiten información a tu cuerpo en general se activan al cien por ciento, debilitando cuestionar lo que es correcto o no. Yo puedo deducir con éxito que el amor no es correcto, al menos cuando restas más y sumas menos, cuando tus lagrimas brotan por las más mínima cosa que te debilita, significando así que venderías tu corazón a unas pocas palabras cariñosas, que no importaba como, pero arriesgarías tu felicidad condescendiendo con el afecto recíproco que siempre, pero siempre existirá entre esas dos personas. Desde luego, la palabra “amar” se convierte en un único sentimiento, dos almas que se embargan de un amor irrevocable se juntan y generan una lucha entre detenerse y abandonarlo todo o sucumbir.»

Retiró su mano del cuero que cubría la puerta, iba en contra de sus predicciones la palabra «arrepentimiento». Miró al cielo con una sonrisa victoriosa que demarcaba felicidad en su delicado rostro a la luz de la luna, tan rellena y regordeta de un amor sin fronteras, avisando mediante el espesor de su deslumbre brillantez que tal vez, las personas si tenían el poder de tomar esas buenas decisiones que las llevarían al lugar correcto… un lugar tan soñado, agregándole ese peculiar temor a la decepción absoluta.

—Es que no caeremos — le replicó Malik. Un segundo quedó en el pasado y el rostro de Susie permanecía con un atisbo de inseguridad, con temor al siguiente paso. Zayn le obsequió una hermosa sonrisa de lado—. Tú y yo hacemos un equipo invencible. ¿Es que no te he demostrado todo lo que soy capaz de sentir por ti, Sausam? Si es así, dímelo por favor —aunque sus palabras fueran aterciopeladas y tan sutiles como un roce de labios, entornó sus manos al volante con una fuerza casi abrupta—. No querré a nadie más que a ti, Susie, lo sé…, tengo esa sensación, solo nosotros, siempre.

Las pálidas y friolentas manos de Susie se aferraron con maravilla a la mano de Zayn, sobre el tablero del auto que temblaba suavemente al deslizarse por el asfalto. Sus labios presionaron con suma simpatía en los nudillos de él. Un gesto y el calor de sus manos juntas bastaron para que el corazón de ambos se llenara de dicha.

Zayn aceptó con una resignación afectuosa que la historia se repite y cada retentiva se hacía presente conforme se convencía sí mismo de esta locura de adolescentes… como en los viejos tiempos, solo que esta vez, aquel deseo que pronto se convertiría en un hecho, era tan irrevocable en todos los sentidos.

Susie, antes de cerrar sus parpados con cansancio, pensó: «En nuestros locos intentos de escapar de una realidad absurda, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser».

Habría que ser muy tontos como para no darse cuenta del amor que sentía el uno por el otro. Pero esperen, ¿Seáis lo suficientemente tontos como para creer en un «felices para siempre»?
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Última edición por worldwide with you♡ el Jue 23 Ene 2014, 9:06 pm, editado 4 veces
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