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Tell your story |nc|

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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Ariel. el Miér 06 Jul 2016, 9:21 pm

Que bellaaaaaaaaaaa

Ariel.
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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Megara. el Miér 06 Jul 2016, 10:34 pm

geniaaaaaal

Megara.
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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Mess. el Vie 08 Jul 2016, 10:44 pm


Capítulo 16
Bonnie Ayleen Beverly.


 
Escucharla decir mi nombre nuevamente me descolocó de manera impresionante. Podía sentir como la sangre comenzaba a acumularse en mi cabeza con fuerza haciendo que esta palpitara.
 
La nena no se movía de su asiento. Pareciera como si verme le provocara absolutamente nada.
 
– Isla, nena, te acuerdas de mi ¿verdad? – Asintió – ¿Pues entonces que esperas para venir aquí y darme un abrazo? – Le sonreí. Me puse en cuclillas y abrí mis brazos a la espera de que fuera hacia mí. Sin embargo la pequeña ni se inmutó. – Sucede algo, cariño? – Le pregunté confundida. Su rostro no denotaba expresión, parecía como si no tuviera emociones por demostrar.
 
– La ultima vez que te vi me dijiste que esperara en el cuarto y que no saliera por nada del mundo – habló. Mi mente retrocedió al día en que todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Ese día estaba planeado que los detectives que venían investigando mi caso hace meses me sacaran de la casa de Anna y Patrick. – Te obedecí Bonnie, me dijiste que volverías por mi cuando todo terminara – Me recordó. Nunca volví… – Y nunca volviste por mi. Luego llegaron esos hombres vestidos todos iguales y me sacaron de casa. Le dije que irías a por mi pero me dijeron que te habías ido. –Finalizó. Al escucharla decir eso se me formo un enorme nudo en mi estómago. Le había mentido, abandonado, olvidado… le había fallado.
 
– Yo… – Me quedé sin palabras.
– Las dejaré a solas un momento – Dijo Garrett. Le miré y asentí con la cabeza. Volví mi mirada hacia Isla que aguardaba por una respuesta.
– Escucha nena – Le llamé la atención – Ese día las cosas no salieron como lo planeé – Le confesé – Unos sujetos me trajeron directamente aquí y no me dejaron volver a ingresar a la casa .
– ¿Fueron los mismos que se llevaron a mami y papi y me pusieron en ese horrible lugar? – Preguntó la pequeña mientras asomaba un puchero. En el momento en que mi hermana pequeña se echó a llorar mis sospechas se comprobaron: Isla esta sufriendo en el hogar de menores y encima extrañaba a los asquerosos de Anna y Patrick.
– ¿No te gusta ese lugar? – Le pregunté la mismo tiempo que le secaba las lágrimas. Ella solo negó con la cabeza. Me comenzó a inundar una sensación de desesperación. ¿Cómo sacarla de allí si estaba encerrada en este lugar y no tenía chance de salir? Me entraron las ganas de llorar pero no podía hacerlo en ese momento. Tenía que transmitirle algo de seguridad.
En mi desesperación de encontrar alguna forma de sacar a Isla del hogar de menores comencé a pensar en algún posible familiar que recordara, algún familiar directo de Anna y Patrick pero por más que lo hacía, no recordaba a nadie. Después de todo Anna y Patrick eran de Checos y jamás habíamos tenido contacto con ellos. La única persona sería Raphaella, la tía abuela de Anna que los había recibido aquí cuando escaparon de Praga. Sin embargo esa idea quedo nula de inmediato puesto que esa mujer se ganaba la plata con su casa de putas a las que llamaba “damas de compañía”. Me puse a pensar en alguna posible persona de confianza que hubiera dejado allá afuera, pero la idea fue desechada inmediatamente puesto que yo jamás había tenido amigos, mi educación siempre fue en casa ya que pasaba la mayor parte satisfaciendo las ansias de dinero de Anna y Patrick. Sin embargo… había alguien a quien estaba olvidando. Ese alguien me había contenido en mis peores momentos, mi pequeño pedacito de cielo ubicado al centro de mi inferno… Gabriel, el ángel de mis sueños adolescentes.
–Voy a sacarte de ahí, Isla – Le dije de repente. –Dame 15 días, te prometo que te sacaré de allí. – Finalicé.
– ¿Cómo harás eso? Estas aquí encerrada, Bonnie – Sollozó la pequeña.
–No recuerdas lo que decías cuando dormíamos juntas? Bonnie lo puede todo, pequeña – Le sonreí dándole un poco de aliento. Sin embargo hasta a mí me costó tragarme la sonrisa.
 

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“Artículo 13.020 de decreto nº 18: El mandante puede acreditar un tutor solo y solo si tiene alguna relación interfamiliar con el menor en cuestión.
 
– En caso que se acredite que el mandante no se encuentre en condiciones para hacerse cago del menor en cuestión por motivos de discapacidad física o mental, siendo la primera de categoría no invalidante y la segunda tratándose de categoría no psicótica de tercer grado,  se acredita la facultad para que el mandante asigne un tutor temporal para el menor hasta que éste se encuentre en las óptimas condiciones físico–mentales para poder retomar en sus manos la custodia del menor en cuestión. Ésta facultad solo será válida hasta que el menor en cuestión alcance la mayoría de edad legal en el Reino Unido y demuestre con pruebas claras y contundentes de que posee las capacidades para sobrellevar su autonomía por si solo.
– La facultad acreditada se puede ver modificada si es que algún otro mandante con lazos interfamiliares con el menor en cuestión pida la custodia de éste. En el caso señalado se procederá a levantar una sesión judicial en que los mandantes con relaciones interfamiliares con el menor en cuestión deberán estipular sus razones para mantener la custodia del menor en cuestión. En caso de que el mandante poseedor de la custodia del menor en cuestión aún no se encuentre en condiciones integrales para mantener la custodia del menor en cuestión, debe proceder a hacer entrega de la custodia mediante documento firmado ante el tribunal, levantando así la sesión judicial, quedando el menor en cuestión bajo custodia absoluta del nuevo tutor.
 
*El tutor asignado antiguamente no posee facultades sobre la menor para presentar una apelación por su custodia temporal.
 
*En mandante discapacitado puede apelar a la decisión del tribunal dentro de un plazo de tres meses demostrando su reintegración en sociedad con salud integral mediante documento escrito firmado por el profesional tratante.”

 
– El mandante puede acreditar un tutor… – Repetí. Eso quería decir que podría entregar la custodia temporal de Isla a Gabriel puesto que yo mantenía lazos interfamiliares con ella, bueno, quizá no consanguíneamente pero ante la ley, yo era hija de Anna y Patrick, por lo tanto no había forma que esto no pudiera resultar. Ahora solo faltaba contactar a Gabriel, el problema era como.
 
Ya había pasado un día desde la visita de Isla y no podía seguir perdiendo el tiempo. Había odio que dentro del Borya había una especie de traficantes que conseguían drogas y otras cosas, por lo que supuse que conseguir un número y un celular para llamar no sería muy difícil.
 
Tomé los libros que tenía sobre la mesa y los dejé en el área de derecho civil. Salí de la biblioteca y me dispuse a caminar hacia el piso de los chicos para encontrar a la única persona que podía ayudarme. Caminado sigilosa y rápidamente por los pasillos buscando la forma de que no me pudieran descubrir los inspectores, llegué a la puerta de la habitación de Louis. Toqué rápidamente con la esperanza de que estuviera allí. De pronto la puerta se abrió y no me di el tiempo de saber quien la había abierto, solo me limité en empujar la puerta y al chico que la había abierto tomándolo de su cintura arrugando su camiseta entre mis manos mientras cerraba la puerta tras de mí con mi pie derecho.
– ¿Qué demonios…? – Protestó el chico. Levanté la mirada y me caí en la cuenta de mi error garrafal. Sus labios no estaban curvados ofreciendo una sonrisa como siempre sino que estaban hechos una línea recta, su labio inferior no estaba impecable sino que estaba adornado por un piercing, su nariz no era ancha sino delgada y adornada por una argolla en el borde de su fosa nasal derecha, sus ojos no eran celestes sino grises, su cabello no era castaño sino rubio, no era Louis Tomlinson sino Cambriel Lewis.
Me tomó un par de segundos reaccionar y quitar mis manos de su cintura. Me bastó con que el chico alzara una de sus cejas en modo de pregunta para alejarme. Me aclaré la garganta entes de hablar.
– Lo… lo l…la…mento –Tartamudeé pasando la palma de mis manos por la parte superior de mis muslos para secármelas debido a que estaban húmedas.
– ¿Qué haces aquí? – preguntó un tanto enfadado. –Si buscas sexo no lo conseguirás conmigo – Sentenció antes de girarse y caminar hacia su cama aún mas enfadado.
– No busco tener… sexo – Escupí las palabras. El solo hecho de recordar lo que implicaba el acto sexual me retorcía el estómago provocándome nauseas.
– ¿Y que se supone que hagas en la habitación de un chico? – Preguntó lanzándose en su cama.
– No eres a quién busco – susurré.
– Por supuesto, ¿Buscas a Tomlinson?, es obvio que yo no soy el indicado para satisfacer tus deseos de zorrilla.
– Hijo de la puta – susurré al momento en que me daba la media vuelta para salir de la habitación. Sentía un terrible dolor en el pecho. Sabía lo que era, lo había sido desde pequeña pero nadie me lo había dicho a al cara. Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos pidiendo a gritos salir. Sin embargo cuando comencé a girar la manilla su manos detuvo la mía. Estaba tan cerca que podía sentir su respiración en mi cuello erizándome la piel, pero no de la manera bonita en que las chicas se imaginan, sino que de manera aterradora. Me aterraba la idea de que me estuviera deteniendo para mantenerme en la habitación y así conseguir lo que según él yo andaba buscando. Mi respiración se volvió pesada y entrecortada.
– Lo lamento… –Susurró. – No quise llamarte así. Si no te pareció bien en verdad lo lamento.
– ¿A quién podría parecerle bien que un tipo la llamara zorra? – Pregunté.
– ¿Estás llorando? – Preguntó arrugando el entrecejo. – Oh, vamos, no fue para tanto.
– No, no fue para tanto. Después de todo tienes la razón en parte. – Le dije antes de apartar su mano de un manotazo para girar la manilla y salir dando un portazo que seguramente se sintió hasta en el piso de abajo. Se me escapó un sollozo y no hallé mejor consuelo que abrazarme con mis propios brazos.
Todos lo sabían, llevaba un cartel puesto con el título de Zorra y no podría quitármelo nunca más en mi vida. Lo peor es que ni siquiera había sido por voluntad. Me habían obligado a ser así a la fuerza. Me sentía sucia nuevamente, utilizada. Podía sentir la voz de esos asquerosos hombres sobreponerse una sobre otra llamándome “zorrita” mientras hacían con mi cuerpo de niña lo que a ellos se les antojaba. Y yo sin poder defenderme, sin poder apartar sus manos ni sus asquerosas bocas de mi cuerpo.
Todo a mi alrededor giraba. No sabía hacia que dirección dirigirme. Los pasillos giraban y pareciera como si se multiplicaran. Intenté caminar y no hice más que chocar contra una de las paredes. Retrocedí sintiéndome aún más desorientada. Sus voces eran cada vez más fuertes. Podía incluso apostar que podía verlos a mi alrededor tirando de mis ropas, buscando desnudarme como tantas veces lo hicieron, dejándome vulnerable frente a ellos como tanto les gustaba.
– “Así me gusta, calladita”.
–“Si… Princesita, así me encanta”.
–“Haz tu trabajo, mocosa”.
–“Vaya que estrechita eres”.
–“Lo único malo es que apenas tienes tetas”.
–“Si… si…”.
–”Chilla”.
–“Di que te encanta”.
–“Grita”.
–“Juro que volveremos a vernos”.
–“¡Grita!”.
– ¡Cállate! – Grité con todas mis fuerzas mientras tomaba mi cabeza entre mis manos. Estaba perdiendo el control. Entre vueltas pude ver que una puerta se abría y alguien corría a tomarme por los brazos.
–Hey… – me habló por sobre las voces en mi cabeza logrando que bajara un poco la intensidad.
– No… – susurré. A pesar que las voces comenzaban a esfumarse, el mundo no dejaba de darme vueltas y las arcadas hacían acto de presencia al momento en que caía al piso.
–Respira… – susurró.
– Suéltame – le pedí. El chico hizo caso omiso y se sentó hincó en el piso justo a mi lado para envolverme con sus brazos. –Suéltame – Sollocé levantándome del piso. Obviamente mis piernas fallaron al levantarse y fui a parar al piso nuevamente, justo al lado de la pared. Me afirmé de ésta para poder levantarme e intentar volver a caminar. A medida que daba un mísero paso mis piernas parecían flaquear. Intenté enfocar la vista para encontrar el camino que seguía el camino original. El problema es que entre tantas vueltas no lograba descifrar cual era el real y cuales eran producto del mareo.
– ¡¿Bonnie?! – Me llamó una voz desde la dirección contraria en que estaba caminando. Esa voz la concia. Erala razón por la que había subido hasta esa maldita habitación. Louis corrió hacia mí y me envolvió con sus brazos. No me resistí, podía confiar en él, en el poco tiempo que llevaba en Borya se podría decir que es la persona que más aprecio, puesto que había sido capaz de contarle muchas cosas sobre mi, cosas que ni las chicas sabían.
Me aferré a él y cerré los ojos para tratar de calmar los mareos. Hace mucha tiempo que no me venía una crisis de pánico de estas.
– Haz que se callen… haz que se vayan, que se alejen de mí –Le pedí.
– Aquí no hay nadie, Bonnie Ponny, ellos se han ido hace tiempo y ya es hora de que te des cuenta de ello – Sentenció. Abrí los ojos y me di cuenta de que todo estaba aconteciendo bajo la atenta mirada de Cambiel Lewis.
 

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– Si, es obvio que hay de esos aquí adentro pero no creo que te conozcan los suficiente como para realizar ese favor. Además, siempre piden algo a cambio para poder hacer el mandato – Me explico Louis luego de que le explicara el motivo por el que estaba buscándolo. Hice un mueca de disgusto ante su negativa.
– ¿No eres amigo de alguno de ellos? – Le pregunté mientras tomaba con fuerza la lata de Sprite Zero que tenía en mis manos. Los temblores aún seguían presentes pero mucho menos severos que hace un rato atrás.
– Amigo no, cercano… se podría decir que un poco – Se encogió de hombros.
– ¿Quién?
– Malik.
– A la mierda. Jamás conseguiré algo con él, es demasiado cerrado, no estará dispuesto a ayudarme y menos a cambio de nada – Suspiré dejando caer todo mi peso en el respaldo de la silla en signo de derrota.
– Debe haber alguna otra forma, estoy seguro que encontraremos la manera – Me sonrió. Le devolví la sonrisa de vuelta, sin embargo fue la sonrisa más falsa que había esbozado en mi vida.
 

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Los días pasaban y no había forma de conseguir contactar a Gabriel.
 
Dentro de lo acontecido estos días destacaba el hecho de que Cleo hizo que Tim, Louis y el chico ese con el que solíamos molestara. Ese día descubrimos que Tim si tiene un límite y puede explotar cuando se satura en exceso, y por exceso me refiero a la bomba atómica que resulta de la unión de Cleo y Louis. Y es que Cleo no tenía remedio. Si seguía metiéndose en problemas el tiempo que se demoraría en salir de Borya no sería a causa de su rehabilitación, sino por el exceso de horas de castigo que la atarían a este lugar por siempre. Y es precisamente por culpa de ella que recibí mi primer castigo y los primeros cuatro puntos quirúrgicos de mi vida y todo gracias a que nuestro amado entrenador tuvo la maravillosa ocurrencia de realizar partidas de tenis dobles de cinco minutos por lado. Como era de costumbre, la mayoría de las chicas de Borya sabían lo polvorita que podía ser la chica y que provocarla era muy fácil, por lo tanto, para ganar la maldita partida de tenis comenzaron con sus provocaciones verbales. Para evitar la furia de Cleo me limité a dar media vuelta para tranquilizar los ánimos de la chica y evitar que se ganara un nuevo castigo, pero ya era demasiado tarde, la chica alzaba el saque y golpeaba la pelota con todas sus fuerzas. Aún así la fuerza de la chica fue mal calculada y en vez de atravesar la malla, dio de lleno en mi ceja izquierda. La potencia de esa pelota fue de tal magnitud que fue suficiente para que en enfermería tuvieran que ponerme los venditos cuatro puntos.
Como si no fuera suficiente irme de ceja cortada, me gané el maravilloso castigo que tanto había esperado. Irónicamente hablando, claro.
 
Por suerte el castigo significaba pasar horas extras en la biblioteca, lo malo… limpiando las estanterías y reubicando los libros prestados.
 
Por otro lado, el día de ayer Garrett irrumpió en nuestra habitación para recordarnos que nos estábamos asistiendo a las miles de actividades que se programaban en el Instituto y para decirnos que habíamos sido asignadas a un nuevo grupo de apoyo de “apoyo”, obra de nuestra nueva y hermosa psicóloga. Por ende, hoy era nuestro primer día de terapia para depresivos.
 
Estaba en el escritorio dibujando en mi libreta pensando en lo acontecido hace dos días atrás. No podía dejar de pensar en como era posible haber perdido los estribos a tal punto de sentir sus voces susurrando y gritando en mis oídos, en como era posible que el mundo girara de esa forma cuando de tiene los pies en la tierra.
Jamás había sufrido un crisis de esas. Generalmente no era más que una crisis de pánico con los síntomas comunes y corriente: La baja de presión, los temblores en el cuerpo, el sudor frío, los síntomas digestivos y la terrible sensación de estar muriendo.
 
De pronto el golpe de la puerta contra el marco me saca de mis pensamientos. Se trataba de Becca que venía ingresando a la habitación con aires de cabreada y la razón no podía ser más que el solo hecho de pensar que debíamos ir al grupo de depresivos.

– ¿Ya? —digo con mala gana a lo que ella responde con un movimiento de cabeza.
– Una maldita hora a la semana —resopló al tiempo que ponía las manos en su cadera.
– Apresúrate o vendrá Garrett a buscarnos – En el momento en que Becca lo nombra me levanto de la silla rápidamente y me calzo las zapatillas. Siempre he pensado que el solo hecho de nombrarlo es la mejor forma de invocarlo.

A medida que caminábamos lentamente hacia la sala asignada, íbamos preguntándonos cuál sería el menú de comer que nos darían. Al igual que yo, Becca decía tener un hambre terrible, tanto así que nuestros estómagos no dejaron de sonar en el camino a la sala causándonos gracia.
 
Mi compañera de cuarto fue la primera en ingresar y como yo iba con la mirada fija en el piso por miedo a que hubiera demasiada gente en la habitación, no me di cuanta que Becca comenzaba a retroceder chocando contra mí. Me afirmé de sus brazos para no caer y levanté la vista. Ahora comprendía por qué Becca había comenzado a retroceder con intención de salir corriendo.
– Llegan tarde —Habla Tabitha, la encargada del área artística del instituto. Se notaba molesta y no era para menos, habíamos llegado con mas de quince minutos de retraso.
Sin embargo no era algo que me preocupara.
– Lo siento —digo desde atrás de Becca escondiéndome los más posible pero de manera disimulada.
– Siéntense, por favor —dice Savanna que también estaba presente en el lugar justo al centro del circulo de internados.
En vista de que no habían asientos juntos, tuvimos que separarnos separadas. A mi lado derecho había un chica de cabello rosado que masticaba chicle como si fuera un caballo comiendo pasto y no paraba de hacer enormes globos que hacían que me alejara un poco de ella en cada reventón. A mi lado izquierdo había un chico que no paraba de mirarme con unos lentes enormes y gruesos que hacían que los ojos se le vieran diminutos.
­– Por favor, preséntate a tus compañeros de grupo de apoyo emocional. Los verán por un largo tiempo – Dice mirando a Becca. Ésta carraspea para aclararse la garganta con actitud indiferente.
– ¿Becca? – Le llama Savanna incitándola a ser la primera.
– ¿Es necesario?
– Sí.
– Adicción – Dice sin rodeos. La razón por la que ella estaba aquí nunca le había avergonzado. Nunca tenía problemas para decirlo. Sin embargo lo mío era otra cosa.
La psicóloga se da la media vuelta buscándome hasta que me encuentra y fija su mirada en mi.
– ¿Bonnie? – Me llama. – Tu turno – Dice sonriendo. No puedo creer que esté sonriendo. Ella, como mi psicóloga sabe perfectamente la razón por la que estoy aquí y se me imagina que por sus años ejerciendo su carrera sabrá que no es fácil decir frente a un grupo de desconocidos que estás internada en un instituto de rehabilitación porque tus padres vendían tu cuerpo desde que tienes memoria. Me sudan las manos. Se me dificulta la respiración. No quiero estar aquí.
– Mi nombre es Bonnie, tengo diecisiete años y estoy aquí por adicción a la heroína. – Finalizo intentando de que mi relato haya sonado lo más convincente posible. La psicóloga ladea su cabeza hacia un lado con el ceño fruncido. No tenía ni la más puta idea de lo que había hablado. Aún confundida comienza a caminar y a explicar en que consistía la primera actividad. Nos hace realizar una fila para tomar una bandeja de comida y nos hace ir a sentarnos a una de las 6 mesas que estaban distribuidas por la sala.
La actividad consistía en sentarnos con algunos de los internos, interactuar y hablar sobre nuestras hermosas vidas durante 10 minutos par luego cambiar de persona. Como si estuviera de ánimos para escuchar las historias suicidas de los internos.
 
Una vez que tengo la bandeja en mis manos procedo a caminar hasta Becca pero Savanna me detiene a medio camino tomándome del brazo y me guía hacia la mesa del fondo junto a la ventana donde está el chico de los lentes enormes y ojos enanos.
 
– Hola, Bonnie – Me sonríe. Sus dientes similares a los de un caballo me perturban. Su mandíbula superior está más afuera que la inferior dándole un toque cómico a su rostro adornado con acné. Era el prototipo de chino nerd del que las chicas huyen.
– Hola… – Le devuelvo el saludo.
– ¿Quieres contarme algo? – Sigue sonriéndome.
– Nnnop.
– Ah – Su sonrisa se borra y mira sus manos posadas en la mesa. Por un momento siento lástima. Suspiro.
– No quiero contarte cosas sobre mi pero tu puedes contarme cosas sobre ti – Le dije intentando sonar amigable. Me mira nuevamente y me sonríe.
– Yo… se que probablemente estabas incomoda sentada a mi lado. Lo lamento mucho si fue así pero te pareces mucho a mi mamá – La sonrisa disminuyo su tamaño y pareciera como si algún pensamiento nostálgico viniera a su mente. – Te pareces mucho a mi mamá.
– ¿Me ves cara de vieja? – enarco una ceja. Eso no era un alago ni por alcance.
– ¡No! Dios, no. El parecido es cuando ella era más joven, aunque ahora también lo es – Su sonrisa no se borra.
– ¿Qué edad tiene? – Le pregunto mirándome las uñas. Si coopero, el tiempo pasará mucho mas rápido.  Me llevo un trozo de tarta de verduras.
– Tiene veintinueve años – La tarta se atora en mi garganta.
– ¿Q…que edad tienes tú? – Pregunto antes de tomar un sorbo de jugo.
– Dieciséis – Responde serio.
– ¡Te tuvo a los 13! – Grité llevándome las manos a la boca. Esto estaba resultando más interesante de lo que parecía.
– Sí, sin embargo no es que haya sido una perra precoz. No la juzgues. No la juzgues ni por haberme tenido a esa edad ni por haberme abandonado. Yo no la culpo por eso, ni por haberme intentado matar tres veces pensando que era el anticristo – Le miro con los ojos y la boca abiertos a tope. – Cuando eres hijo de tu propio tío y su hermana menor  no debe ser nada fácil aceptarte – Finalizo levantándose al tiempo que Savanna hacía sonar una campanilla. Dios, eso había sido intenso.
 
En vista de que el chico se había levantado de la mesa, me quedé en el lugar esperando a que alguien llegara. Para mi mala suerte, la persona que se sentó frente a mi fue Lewis. Fue inevitable no sentir calos fríos por lo acontecido hace un par de días atrás.
– Ah, no – Dije al memento que tomaba mi bandeja con fuerza y me levantaba.
– No, necesito hablar contigo –Me midió tomándome la muñeca.
– No quiero. – Le fulminé intentando zafarme. En el momento que mire su mano sosteniendo la mía pude ver su brazo derecho. Era aterrador del solo hecho de mirarlo. Estaba lleno de cicatrices. De cortes interminables que parecían dar la vuelta completa a la circunferencia del brazo. Automáticamente mi mente voló hacia seis años atrás, cuando Emma, una de las chicas con las que trabajaba que comenzó a auto provocarse heridas con un corta cartón, justo cuando se enteró de que estaba infectada con el virus de inmunodeficiencia humana más conocida como VIH. Tenía solo 11 años…
Emma era una de las niñas más linda que había visto, sin embargo, el estado de deterioro en el que se encontraba en los últimos meses se había llevado todo rastro de  belleza. Era Búlgara y era propiedad de unos proxenetas Rusos que se encargaban de secuestrar niñas para usarlas en su beneficio. Éstos la había encontrado en Turquía cuando andaba de vacaciones con sus padres.
Aún recuerdo ese fatídico veintitrés de marzo en que una bacteria infectó unos de sus cortes. A la gente normal esa bacteria no causaría más estragos que provocar fiebre, dolor y excreción purulenta localizada. Sin embargo, el sistema inmunológico de Emma estaba tan deteriorado debido al SIDA que se declaró luego de un tiempo con VIH. Murió en solo tres días.
 
Observé la chico por un minuto y en su cara asomaba un sentimiento de culpabilidad. No era para menos, por culpa suya había gatillado mi crisis. Me senté nuevamente y lo mire con cara de “te escucho”.
– Quería pedirte disculpas por lo del otro día – Dijo serio.
– Está bien – Me crucé de brazos.
– Enserio lo siento mucho, Beverly. Nunca fue mi intención que te sucediera… lo que te sucedió. Por lo general a las chicas no les da eso cuando uno las llama de esa manera.
– Pues a mi no me parece que me llamen así. No soy ese tipo de mujeres.
– Te estoy diciendo que lo lamento, ¿ok? ¿Que tan difícil puede ser aceptar una disculpa para una mujer como tu?
– ¿Como van, chicos? – Preguntó Savanna dejándome con la boca abierta con la respuesta atorada en la garganta.
– Beverly no está cooperando. No quiere hablar – Dijo el muy desgraciado adelantándose a los hechos
– Vamos Bonnie, coopera un poco, ¿si? Esto es por tu propio bien. Lo que estamos haciendo por ustedes en este lugar no es por nosotros, sino que es para su propio bien. Pero si no pones de tu parte no podemos hacer nada más.
– ¿De que forma podría ayudarme hablar con un desconocido y desagradable sobre mis problemas? Eso es solo una forma de auto vulnerarte, dándoles la oportunidad de destruirte. – Le dije enfadada – ¿Cuál es el puto punto que todo el maldito instituto sepa la razón por la que estoy aquí? – Agregué molesta.
– Saber afrontar tu pasado y que no te detenga en tu desarrollo personal – Respondió seria. – Si no eres capaz de déjalo ir pasarás el resto de tus días encerrada en este lugar y que yo sepa no es algo que quieras mucho. Garrett me habló sobre tu hermanita, que quieres sacarla del hogar de menores. – Miré de reojo a Cambriel que miraba atentamente la discusión. – Si no eres capaz de sanar por tu propia persona ¿Cómo serás capaz de cuidar de una niña de cuatro años que está en pleno desarrollo personal? – Me espetó comenzando a enfadarse – Recuerda que para tener un reporte en el avance de tu recuperación psicológica debes obtener un certificado de aprobación. Pero si yo considero que aún no estas del todo sanada no puedo darte la facilidad de hacerte cargo de una niña si no estas en condiciones. Sería netamente negligencia mía y atente contra mi ética profesional. Por lo tanto la única que puede ayudarte eres tu misma. Tú decides – Finalizó.
– Tu solo hablas desde afuera. Cuando tu vida ha sido fácil, cuando todo se te ha dado es muy sencillo juzgar a los demás – Dije molesta mirando hacia la ventana. No quería mirarle. Me estaba amenazando con mantenerme encerrada aquí sabiendo que necesitaba salir para hacerme cargo de Isla.
– Tu no sabes nada de mí, niña. Pides que no te juzguen sin conocerte pero tu no haces más que juzgar. Continúen con la actividad, tendrán diez minutos más juntos – Sentenció antes de irse. Desgraciada.
– ¿Tienes una hermana en el hogar de menores? – Pregunto Cambriel luego de un instante de silencio.
– Eso no te importa.
– Escucha… si quieres deshacerte de mi tienes que ayudarme, ¿Sí? Savanna nos está mirando fijamente. – Miré de reojo y afirmativamente estaba observándonos.
– Su nombre es Isla. Llegó allí por errores de personas adultas que supuestamente debían protegerla. – Le dije – Ahora necesito sacarla de ahí, tengo doce días para hacerlo y necesito un puto numero telefónico más un teléfono.
– Habla con Malik, he visto que tu y tu grupito de amigas se lleva de maravilla con él. Seguramente te hará ese favor. Él tiene contactos. – Dijo señalando con la cabeza a Zayn que estaba sentado con la chica del cabello rosa chicle.
– No nos llevamos de maravilla. De todas formas Louis dijo que no era muy probable que consiguiera algo con él.
– Quizá la chica anoréxica pueda ayudarte. Al parecer se lleva muy bien con él – Dijo encogiéndose de hombros.
– ¿Te refieres a Kiara? – Le pregunté.
– Si, a ella. Parece estimarla mucho. – En eso tenía razón. – ¿Qué te sucedió en la ceja?– Me preguntó luego de un momento de pausa.
– Una de mis amigas me golpeó con una pelota de tenis – Le dije sin pensarlo. Estaba ocupada pensando en que quizá Kiara realmente pudiera ayudarme.
– Un tanto salvaje tu amiguita – Se acercó un poco a mi para observar de más cerca. –¡Tienes puntos! – Exclamó.
– Fue sin querer – Le resté importancia.
– ¡Pero te abrió la ceja!
– Cleo suele ser así. – Me encogí de hombros. – Oye tú, todos dicen que eres bastante antisocial, ¿por qué te interesa tanto hablar conmigo? – Pregunté, ya habían sido muchas preguntas hacia mi, por lo tanto era mi turno. Se encogió en su silla y justo en ese momento Savanna hizo sonar nuevamente la campanilla. Maldita sea.


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Última edición por Mess. el Mar 19 Jul 2016, 11:24 am, editado 1 vez

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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Mess. el Vie 08 Jul 2016, 10:55 pm


Capítulo 16/2
Bonnie Ayleen Beverly.


  
   
– Bien, debiluchas – Grita Rogers deteniendo el trote. Llevo mis manos a las rodillas intentando no caer al piso. Me limpio el sudor y me enderezo. – Ahora elijan una compañera y pónganse a hacer abdominales y con pelota – Sentencia por sobre el abucheo de mis compañeras de gimnasia. Hago movimientos con las piernas para no acalambrarme y apenas empiezo Becca me agarra de los hombros y me lleva a las colchonetas para que sea su compañera. Me recuesto junto a Tim que ha formado pareja con la salvaje Cleo.
– ¿Como está esa ceja? – Me murmura Tim para que Cleo no escuche.
– Progresando – Le sonrío. Me acomodo mirando a Becca mientras esta pones sus rodillas en mis empeines para no levantar los pies cuando comience con los abdominales. Eran tres series de veinte y tenía que lanzarle la pelota a mi compañera al momento de levantarme.
– ¿Qué tal la clase de apoyo? – Pregunta Tim con la respiración entrecortada.
– Una jodida mierda – Dice Becca antes de que yo pueda responder. Se lo agradezco, recién llevo quince abdominales y ya me estoy quedando sin respiración.
– ¿Tan malo fue? – Pregunta Cleo esta vez arrugando el entrecejo.
–De lo peor, Cleo – Le contesto dejando que el poco aire que me queda se escape – Savanna no nos dejó sentarnos juntas.
– ¿Qué, es acaso tu novia? – Se burla Cleo seguida de una risita de proveniente de Tim.
–Quería cenar tranquila. Tuvimos que sentarnos cinco minutos con cada uno de allí y comer de a poco, para colmo hablar. Fue molesto – Le digo.
– ¿Habían conocidos? – Pregunta Tim esta vez. Estaba siendo acabada por el ejercio.
– Estaban Cambiel Lewis, y el idiota de Malik – Toma la palabra Becca.
– Y Malik hizo un escándalo cuando se fue – Rio al recordar la mesa volando por los aires.
-Cuéntame más, estoy intrigada – Cleo no deja de mirar a Becca. En ese momento nos tomamos un descanso.
– Pues, estábamos a punto de terminar la actividad y él tiro un banco y arraso con todo lo que veía hasta llegar a la salida. —Le informo mientras me apoyo en mis codos. –¿Te dijo algo, Becca? La última vez se sentó contigo. La chica se sonroja y da vuelta la mirada.
– Uyy, creo que alguien tiene un tipo de amor loco con Malik, jujuju – se ríe Cleo burlándose de mi compañera de cuarto.
– ¿Es enserio, Becca? – Pregunta Tim sonriendo
Becca me lanza una mirada asesina. Oh, Oh, la he cagado. Me tapo la boca simulando terror, esquivo su mirada y llevo una de mis manos hasta mi cabeza como queriendo decir “Aquí no ha pasado nada”. La chica toma la pelota y me la lanza en la cabeza, justo al lado de la ceja.
– ¡Auch! – Me quejo del dolor. Sentí como si la herida de la ceja hubiera vuelto a abrirse. Las chicas comienzan a reir de manera estridente. Tomo la pelota de vuelta y se la lanzo de vuelta dándole en el brazo.
– ¡Eh! ¿Que se supone que están haciendo? ¡Vuelvan al trabajo! – nos grita Roger y hacemos lo que nos manda pero no sin antes mostrarle la lengua a Becca a lo que ella responde de la misma manera.
– Ya, dame jugosos detalles – insiste Cleo. Becca suspira. Se ha vuelto el blanco de las burlas.
–No pasa nada con ese idiota. Solo es un imbécil. – Le responde.
– ¿Y entonces por qué se puso tan loco? 
– Porque le dije que era un maricón. 
– Y lo es, mira cómo se puso —comento continuendo con mis abdominales. – ¿Todavía no se ha disculpado con Kiara?
– No, sigue igual de bastardo —responde.
– No entiendo por qué la trata así ¿Acaso Kiara le hizo algo?
– Claro que no, Tim. Kiara sería incapaz de hacerle algo a alguien– Replica Becca.
– Los tipos son estúpidos, no hay que sorprenderse. —dice Cleo a lo que todas asentimos.
– ¿Y qué hay de ese Dominic? – pregunta Becca para desviar el tema.
– ¿Qué pasa con él? – Dice Leo pondiendose a la defensiva. Ahora el blanco de las burlas será ella.

– No sé, han estado muy cerca uno del otro – El comentario de Becca la descoloca.
– Deja de decir estupideces ¡Es porque tengo que trabajar en esa mierda de cafetería!
– Vuelves de mejor humor después del trabajo – Se mete Tim.

Cleo le tira la pelota y le rebota en la cabeza. Conozco los golpes de pelotas de Cleo y no son para nada sutiles.
– Chismosa de mierda.
– ¡Gallaway! –Grita Rogers. Nos llevaremos un buen sermón. – Te está esperando tu novio, apúrate.
La castaña frunce el ceño y se gira para ver de quien se trata, miramos todas en la dirección que Rogers indica y allí está el chico del que estábamos hablando recientemente. Dominic estaba saludándola con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro.
– Uy, tu novio – La molesta Becca.

La fulmina con la mirada haciéndole saber que esto no quedará así. Luego pasea su mirada por mí y Cleo.
– ¿Que sucedió? – Pregunta Kiara acercándose a nosotras junto con Annie.
– Cleo —dice Tim en respuesta con una risita saliendo de sus labios. Esa chica pareciera que vive en un mundo de rosas. Aún no entiendo a ciencia cierta el por qué está aquí.
 – ¡Ey Cleo! – Le grita Becca. Cleo se da media vuelta con el ceño fruncido. – ¡Diviértete con tu novio! – Agrega. La cara de la chica se descompone. Nos comenzamos a reír.
– Ustedes – nos amenaza  y nos señala con el dedo para luego llevarse un dedo al cuello en señal de estar cortándose con una navaja. – Están muertas. – Nos señala.
– Nos va a matar ¿cierto? – pregunta Annie mientras la vemos caminar hacia adentro del instituto.
– Sep. – Respondemos todas al unísono. El grupo comienza a dispersarse y yo sigo a Kiara.
– Hey, Kiara – Le tome el hombro.
– ¿Qué tal, Bonnie? – Me sonríe mientras continúa su camino.
– Yo… necesitaba pedirte un mini favor. – Le dije sintiéndome aprovechadora. Por lo general no hablaba mucho con ella y sentía que era un abuso pedirle un favor.
– ¡Claro! Si puedo hacerlo, ¿Por qué no? – Me sonrió nuevamente. Esta vez se detuvo.
– Veras, necesito conseguir un numero de teléfono y un teléfono. Es urgente. Se trata de mi hermana pequeña – Le hablé rápidamente. – Me quedan muy pocos días para poder rescatarla del hogar de menores y la persona a la que necesito contactar es la única que puede ayudarme – Finalice.
– Pero Bonnie… ¿Cómo podría ayudarte yo con eso? – Me pregunta sin quitar la sonrisa pero arrugando el entrecejo.
– Le caes bien a Malik, y el es el único que puede ayudarme. – Me queda mirando confundida. Luego de un momento asiente. Ha accedido.
 
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– Tienes diez minutos, Beverly – Me amenaza Malik señalándome con un dedo muy cerca de mi rostro. Asiento.
El chico comienza a caminar por los pasillos hasta el final para vigilar que no haya moros en la costa.
Miro el teléfono que tengo en mi mano derecha. Tiemblo de miedo. No se como iría a reaccionar él ante un llamado mío.
Marco el numero que está en el papel que me dio Zayn junto con el teléfono y me llevo el último hacia mi oído. Luego de tres pitidos el teléfono deja de sonar y una voz de mujer habla del otro lado de la línea.
– Oficina del doctor Dawson, ¿en que le puedo servir? – Dice la mujer.
– Buenas tardes, ¿Podía darme con el doctor, por favor? Es por unos exámenes, es confidencial – Le digo.
– Por supuesto, la transfiero. No corte el teléfono, por favor. – Le agradezco. Comienza a sonar una música típica de los call center. Luego de contar veintiséis segundos la música deja de sonar.
– ¿Diga? – Dios mío. Es él… Es su voz. No ha cambiado en nada.
– ¿Gabriel Dawson? – Pregunto con voz temblorosa. No me lo puedo creer.
– Si, ¿Con quien hablo? – Pregunta.
– Bonnie, Es Bonnie Beverly – Le respondo sin rodeos.
– Bonnie…–

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Mis manos no paraban de sudar. Ya era la quinta vez que me las secaba con los Jeans. Hoy era día de visita y yo no estaba acostumbrada a recibirlas, puesto que no tenía más familia que Anna, Patrick e Isla, pero como era de esperar, ellos no llegarían a visitarme.
Normalmente los días de visita solía encerrarme en la biblioteca sin ánimos de salir a los pasillos a ver como los demás internos recibían la atención de sus amigos y familiares. Yo ni amigos tenía. Me habían privado de ello y mucho más.
Muchas veces estando en la biblioteca escondiéndome durante los días de visitas me pregunté que sería de mi madre, que sería de mi padre. Obviamente ellos no estaban juntos, si hubiera sido así mamá no me hubiera abandonado en las puertas de un convento. Al menos allí es donde Anna y Patrick habían ido a dar conmigo.
 
Doblé en el pasillo hacia la sala de reuniones, donde todos buscaban a sus visitas para después dispersarse por el instituto durante dos horas, justo hasta cuando Garrett hacía sonar la “campana de la despedida”. Muchas veces había visto a chicos y chicas llorar por culpa de esa bendita campana.
 
Comienzo a sentir el zumbido dela mezcla de las voces de las personas que ya se encontraban allí adentro. Cada vez que daba un paso hacia la enrome puerta de vidrios opacos el zumbido comenzaba a disiparse y hacerse más claro y fuerte.
Me detuve un instante frente a ésta con la mano apoyada en la manilla. ¿Cómo iría a reaccionar al verme? Hace mucho tiempo que no nos veíamos, más de tres años. Y no me podía creer la remota posibilidad de que él estuviera esperando al otro lado de la puerta atendiendo una llamada de una pobre pendeja que hace más de tres años no veía. Seguramente para él no fui mas que una carga, que al deshacerse de mi se quitó un enorme peso de encima. Y resulta que ahora llegaba yo una vez más irrumpiendo en su vida soñada y serena para pedirle un favor que no correspondía. Ya bastante había hecho por mi cuando era una pequeña desamparada regalándome un pedacito de cielo.
 
Siento que alguien me da unas palmaditas en la espada y me obliga a abrir la puerta. Es Tim. La miro nerviosa. No puedo hacerlo y le transmito esto con la mirada.
– Tu puedes, Bonnie – Me alienta con esa sonrisa tan bonita y amable que tanto la caracteriza. Asiento igual de nerviosa que antes. En realidad no logró calmarme en absoluto.
 Bajo la manilla y ella empuja la puerta para pasar. La sigo.
El lugar estaba repleto. Al parecer nadie se había movido aún en busca de algún escondijo donde pasar el momento. Comienzo a mirar nerviosa a mi alrededor en busca de un hombre que se parezca a lo que era Gabriel en el momento en que me rescató por primera vez. Paseo la mirada pero nadie está solo, todos están con sus respectivos internos. Todos menos un hombre que mira atentamente las fotografías de la evolución del instituto con sus respectivos años. El hombre me daba la espalda. Estaba vestido de traje y llevaba un maletín de cuero en sus manos. Definitivamente debía ser él. Era la única persona en la sala con pinta de médico.
 
Me acerco con el cuerpo cortado y levanto mi brazo tembloroso por sobre la altura de mi hombros para llegar al suyo. Dudo un par de segundos hasta que finalmente me decido por tocarle. El hombre se da vuelta y me mira con ojos sorprendidos por detrás de anteojos. Mis piernas tiemblan una vez más amenazando con flaquear. Hace tanto tiempo que no veía una cara conocida que no fuera Isla.
 
– Pequeña… – Susurra. Su voz me estremece por dentro. Me recuerda todas las veces que estaba destinadas a pasarlas con un cerdo asqueroso y aparecía él a salvarme. Un enorme nudo se comenzó a formar en mi garganta. No sabía que hacer. Tener un elemento propio de mi pasado frente a mi me estaba haciendo perder la razón. Un gemido se escapó de mi garganta junto con un sollozo y seguido de un sin fin de lágrimas. No pude controlarme. Simplemente me lancé a sus brazos a llorar.
 
Hace tanto tiempo que alguien no me abrazaba para tranquilizarme, para hacerme sentí segura, para refugiarme de todo mi sufrimiento.
 
Él no lo pensó dos veces, dejo caer su maleta al piso y me envolvió con sus brazos al tiempo que posaba sus labios en mi cabeza en signo de cariño. Me sentía tan pequeña entre sus brazos… Volvía a tener trece años.
 
“– No quiero volver – Sollozaba amarrada a su cintura. No quería volver con Anna ni Patrick.
– Lo siento mucho, Bonnie, pero no puedo quedarme contigo otra vez. Sospecharán y no te dejarán volver – Intentó tranquilizarme. Me daban ataques de pánico cada vez que tenía que abandonar su casa. Pero realmente no podíamos quedarnos por otro día, hace un par de días Anna me había dicho que había algo raro en Gabriel. Me pedía que le diera detalles sucios de nuestras relaciones sexuales y eso me provocaba nauseas. Yo sabía que a ella no le importaba eso, solo me ponía en aprietos para que yo le dijera la verdad.
– ¿Volverás a llamar por mí? – Le pregunté.
– Obviamente, pequeña – Me tranquilizó. Por supuesto que lo haría. Pero no estaba dentro de los planes de Anna y Patrick volver a venderme a él.”


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– Entonces Isla está en un hogar de menores. – Afirmó.
–Así es – Asentí – Ella está sufriendo, Gabbe, una ves tuve que estar una semana en uno de aquellos porque los policías estaban investigando a mis padres adoptivos. Fue la peor experiencia de mi vida y ella solo tiene cuatro años. – Agregué desesperadamente – No te estaría pidiendo esto si no fuera realmente importante. Se que ya no soy tu problema e Isla tampoco pero realmente no tengo a nadie a quien recurrir. No puedo salir de aquí y la darán en adopción. No puede correr la misma suerte que corrí yo, Gabriel. Te juro que haré lo posible por salir de aquí y hacerme cargo yo. Estuve investigando y… –
– Bonnie – Me interrumpió posando sus manos sobre los documentos fotografiados del código penal que había estado leyendo. – Yo me haré cargo de esto. Dame tres días e Isla estará en manos mías y de mi novia.
¿Novia? Vaya… Eso no me los esperaba. Sin embargo eso fue lo menos que me importó. Gabriel sacaría a Isla del hogar de menores y en menos días que el plazo que le había pedido a la pequeña. Y para más encima tendría un figura femenina a su lado. Conocía a Gabriel y no era capaz de buscarse una perra que no supiera cuidar una niña. Seguramente era una chica agradable que adoraba a los niños. Algo en su sonrisa me dio seguridad. Isla estaba a salvo. 

Abreme!:
Bueeeno chicas, por fin les tengo el cap. Me hubiera gustado hacerlo más largo, más entretenido y no tan mierda pero ando un poco pillada de tiempo y no quería retrasarlas más. Lamento la irresponsabilidad y espero que no les desagrade tanto U_U


Última edición por Mess. el Mar 19 Jul 2016, 1:07 pm, editado 1 vez

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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Megara. el Sáb 09 Jul 2016, 8:25 am

¡Meliii! Me encantó tu capítulo, mujer No podré comentar lindo hasta más adelante porque estoy ocupada, pero LO AMÉ MUCHO Ya extrañaba leer sobre Bonnie, y adjakdjakda la instroducción de Cam y cómo se conocieron Amo tanto la amistad que ella tiene con Louis, en serio Y el hecho de que algo le esté saliendo bien, que su hermana se va con alguien decente. No fue para nada desagradable, mujer

Megara.
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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Ariel. el Sáb 16 Jul 2016, 10:55 pm

Meliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii T.T Recuerdo que lo ame muchisimo!!!
Tengo que volver a leerlo para hacerte un comentario lindo. Solo quiero mencionar dos cosas: AMO LA RELACION DE BONNIE Y LOUIS y la segunda es ESE CHICO NUEVO DEOXXX se esta poniendo ON FIRE la cosa ISLAAA es tan linda T.T dios, amo todas las historias de esta fic.
Como cosa no tan rara, obviamente volvere a leer el cap y editare mi cpmentario para resaltar ciertas cositas que me encantaron De verdad que muy bueno el cap. y me sorprende que a penas aparecistes y dijistes: AQUI ESTOYYYY NO MORIII. solo te tomo algo de tiempo subir. Eso lo ame mucho mas que cualquier otra cosa!!


Espero a Emilia

Ariel.
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Mensaje por Megara. el Dom 17 Jul 2016, 8:00 am

SIGO YOOOOO???????

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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Ariel. el Dom 17 Jul 2016, 9:33 am

Obvio, o tu o cata. Cata no creo que suba,ñ. Y luego vengo yo que soy la ultima. El orden era becca, bonie, tim, cleo y kiara

Ariel.
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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Stark. el Lun 18 Jul 2016, 8:05 am

Que onda Cata?? por que no aparece???

Stark.
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Mensaje por Ariel. el Mar 20 Sep 2016, 2:37 pm


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Mensaje por Mess. el Mar 20 Sep 2016, 5:36 pm


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Mensaje por Ariel. el Mar 20 Sep 2016, 5:51 pm

jajajajajajaajjaajajajjaajjajaja ya termine la parte di kiara. calmaaa pueblo. Sus ideas ya saben que tienen que mandarmelas

Ariel.
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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Mess. el Mar 20 Sep 2016, 6:12 pm

Yo estoy al dia con eso:zezycat:

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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Megara. el Mar 20 Sep 2016, 10:26 pm

POBRE KI ESTÚPIDA MOLLY POR QUÉ LE QUITAN SU AMULETO DE LA TRANQUILIDAD

Megara.
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Re: Tell your story |nc|

Mensaje por Mess. el Sáb 01 Oct 2016, 10:07 am


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