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lunar phase | audiciones cerradas.

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Re: lunar phase | audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Miér 01 Ene 2014, 3:08 pm

C.J. Potter escribió:Demasiada presión, es cierto.. ESTÁ ACEPTANDO LAS FICHAS!  

¡sí, lo está haciendo! Y te deseo mucha suerte, porque somos los siguientes (y sí, así, seguiditos xd) suerte suerte suerte suerte SUERTE
A esto se le llama estrés xd
Invitado



Invitado

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Re: lunar phase | audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Miér 01 Ene 2014, 3:08 pm

C.J. Potter escribió:Jo, siempre engancho las cosas buenas a último momento. Supongo que es mejor que directamente perdérmelas...

"Mátame, si así lo deseas".



Lexi J. Fire


Nombre del Representante: Danielle Pannabaker. Amo a esta mujer.
Nombre personaje: Alexia 'Lexi' Jane Fire.
Pareja: Hazza Styles.
Edad: 19 {según lo prestablecido, claro}
Escrito hecho por ti:

Spoiler:



"Bonnie"


Relato corto de terror.


La historia que les relataré ahora no ha salido nunca antes de mi memoria. Nadie más lo sabe; no deben saberlo. La ignorancia es felicidad, ¿no? Así que queda bajo su responsabilidad leerme o no, creerme o no, temer o no.

Fue en el noventa y nueve. En aquel tiempo mi familia y yo seguíamos viviendo en el mismo lugar en el que nací, un pueblo pequeño al sur de Kansas. Ya saben, caballos, acentos sureños, sombreros de vaquero y viejas chismosas en cada ventana; nada fuera de lo normal. Tenía aproximadamente quince años por ese entonces, y ya era un feliz alumno de la preparatoria. También estaba pensando en unirme al equipo de futbol, pues ese verano finalmente había dejado de ser escuálido y larguirucho, e incluso mi voz ya sonaba como de hombre. Me sentía tan vivo y listo para vivir…

Pero al parecer la vida tenía otros planes para mí.

Mi casa quedaba algo alejada del centro del pueblo. Era una de esas estancias con fachada victoriana, de después de la guerra civil, con establos al fondo y grandes árboles por los cuales trepar en verano. Me gustaba mi hogar. Y me gustaba tener a Bonnie como única vecina.

Bonnie Clockwind. Pelirroja, pecosa, menuda, delgada, inteligente, graciosa, adorablemente dulce, y sobre todo: mi mejor amiga de toda la vida. Amaba a Bonn. Literalmente, la amaba. Creo que me enamoré de ella cerca de los doce años, cuando la rescaté de ahogarse en el lago y ella me dio un beso en los labios (mi primer beso) como agradecimiento. La chica era francamente perfecta…, salvo por algo: su enfermiza obsesión por la muerte.

Cuando Bonnie tenía trece años su hermana mayor, Gabriella, murió frente a sus ojos, asesinada por su novio, Puck (un tipo un par de años mayor y con pinta de gótico reprimido). Lo recuerdo bien. Ella estaba traumada, de veras, al estilo “mirada desquiciada” y “no como ni duermo ni rió”; aunque no era para menos. Fue horrible… Intenté ayudarla como pude, pero ella estuvo distante y deprimida durante al menos cinco meses, y ya ni siquiera me hablaba. Todos en la escuela cuchicheaban como ratas a sus espaldas, dándole miradas lastimeras o chasquidos de desaprobación. Durante aquel lapso de tiempo fue que conocí a Mark, quien luego terminó siendo mi mejor amigo; él era uno de los que entendía a Bonnie, pues su madre había muerto hacía unos años.

Entonces, un día ella llegó al salón de clases con una sonrisa en el rostro, sí, sonrisa.  Creí que había muerto y resucitado, o algo así.

De pronto ella volvió a ser la misma Bonnie de siempre. Encantadora, carismática, y llena de luz. Sólo que no lo era, no del todo… Aquella tarde fue a mi casa, tal y como solía ser antes de la muerte de Gabriella. Tenía la mirada risueña y la sonrisa fresca, tal y como la recordaba. Creí que todo había acabado, y que mi mejor amiga estaba de vuelta. Pero no.
Allí comenzaron las cosas raras.

— ¡Nath! ¿A que no sabes qué descubrí?— Había chillado, emocionada, saltando a sentarse sobre mi cama. Yo me había encogido de hombros despreocupadamente, tomando asiento en la silla de mi escritorio para mirarla mejor. — ¿Ni siquiera intentarás adivinar? ¡Qué aburrido! Bien, entonces te diré… Ayer, durante la misa, me escabullí. — Yo asentí, pues de hecho sí la había visto escapándose bajo los pies de su madre—. Afuera estaba esa anciana, ¿la recuerdas? ¿La que todos dicen que está loca?—  Otra vez asentí, ya sin gustarme qué rumbo tomaban las cosas. Ella ensanchó su sonrisa—. Se llama Bathsheeva. Me dijo que ella podía ayudarme a hablar con mi hermana.

Quizás debí haberme dado cuenta de que ella no estaba sana en aquel momento, pero realmente no lo hice. Podría decir que en aquel momento me reí de ella y le dije que estaba loca, pero tampoco sucedió. En cambio, la apoyé. ¿Qué puedo decir? Era un muchachito que quería recuperar a su mejor amiga, a cualquier costo. Al igual que Bonnie, que era una niña traumada que quería recuperar a su hermana, a cualquier costo.

Lo primero que intentó fue un tonto rito a medianoche con sangre de cabra y rosas blancas. No funcionó. Como tampoco lo hicieron los otros inútiles juegos de fantasmas de los siguientes dos años; eso, sin embargo, no provocó su rendición. Al contrario, la hacía empecinarse obstinadamente, decidida a contactar con su hermana muerta a como diera lugar. Sí, quizás entonces debí haberme dado cuenta de que ella ya estaba loca… Pero cada vez que intenté abandonar su cometido, ella había logrado convencerme de nuevo con un revoloteo de pestañas o un puchero bien practicado. Repito: estaba enamorado.

A medida que pasó el tiempo ella comenzó a cambiar. Ya no era sociable, divertida y amable; pasó de ser una brisa fresca de verano a un vendaval de tormenta, como para metaforizar un poco. Usaba delineadores en gruesas capas bajo los ojos, se ataviaba con ropajes negros y lúgubres, escuchaba música pesada y estridente sobre suicidios y muerte, sonreía cada vez menos, y casi siempre lucía unas profundas ojeras que ella bien sabía ocultar con maquillaje. Su obsesión la estaba consumiendo. Estaba perdiéndola, pero no supe reaccionar a tiempo.

Fue en agosto de año que todo se desbarató.

Lo recuerdo perfectamente. Acababa de tomar un baño, pues esa tarde había tenido que hacer las pruebas para el equipo. Mamá y papá habían ido a cenar, y yo había escapado sólo porque alegué que estaba cansado o algo así. Como todas las tardes, ella tocó mi puerta. Como todas las tardes, yo la recibí con una sonrisa. Como todas las tardes, ella lucía esa mirada brillante y algo desquiciada que se atribuía a una nueva idea. Sólo que esa vez ella llevaba una caja de madera entre sus pálidos brazos, una caja que desde el primer momento me resultó de mal augurio.

— Adivina qué, Nath—  dijo ella, caminando hasta la mesa del comedor, dejando la caja encima con un ruido seco. Lucía eufórica. Me temí la respuesta desde aquel instante.
— ¿Qué, conejito?—  Había tratado de sonar tranquilo, apelando incluso a su sobrenombre, aunque mi mirada no podía dejar de escabullirse hasta la polvorienta caja de madera. Ella pareció haberlo notado, porque enseguida sonrió; esa sonrisa que no pronosticaba flores y dulces.
— He encontrado una nueva manera. Y esta vez sí funcionará, lo sé. Podré hablar con Gab ésta vez. — Nuevamente había ese brillo en su mirada, algo macabro teniendo en cuenta lo que estaba diciendo. Pero como las veces anteriores, lo pasé por alto; estaba ciego.
— ¿Qué es ahora?— Pregunté resignado, tomando asiento en una de las sillas de madera. Ella parecía complacida por mi aprobación, supongo. Tomó asiento frente a mí, y dijo:
— Juego de la copa.

Vale, esa vez sí reaccioné. Amplié los ojos unas cinco veces más de lo normal, y me eché para atrás en mi asiento, como si la palabra fuese contagiosa. Ella dejó de sonreír de golpe.

— ¿Juego de la copa? ¿Estás loca? ¡Por Dios, Bonnie, eso es demasiado!—  Bueno, quizás teniendo en cuenta el historial que llevábamos no era lo que podría decirse “demasiado”. Pero para mí lo era.

Una vez, durante una cena familiar, cuando mis tíos ya estaban algo excedidos de copas, comenzaron a relatar sucesos paranormales. Es como una parte vital de toda conversación extensa; de una forma u otra, la gente termina hablando del asunto. Y mi familia no era la excepción. Estaba acostumbrado a oír siempre las mismas historias, exageradas un poco más cada vez, y de vez en cuando una nueva llegaba a mis oídos quizás… pero esa noche mi abuelo abrió la boca. Contó su historia, una que nunca antes había siquiera mencionado. Cuando él tenía diecinueve años y marchó en busca de aventuras como todo joven adulto que busca independizarse, jugó al famoso Juego de la Copa con sus amigos. Resultó mal; la copa voló, se levanto viento, y dos de las letras del abecedario volaron fuera de la mesa; G y D. George y Dylan murieron al día siguiente, en un accidente automovilístico.

Fue extrañamente shockeante enterarme de ello, y desde entonces (había sucedido aquel verano) comenzaba a ponerme algo reacio con las ideas lóbregas de mi amiga. Pero aquel juego… Definitivamente no podía consentir eso. Y ella pareció notarlo.

— Por favor, Nath— suplicó, haciendo morritos. No funcionó, así que pasó al plan B—. Necesito hacer esto, y no puedo hacerlo sola. — Puso cara de cachorro; tampoco sirvió.
— No. No lo haré. Esto es una locura, Bonn. No podemos seguir, tú no puedes. No es lo que Gabriella hubiera querido— determiné, cruzándome hoscamente de brazos. Su rostro pasó de lucir tristemente tierno a parecer más como una máscara furibunda.
— ¡Tú no sabes lo que ella querría!—  Bramó, luciendo fuera de sí, parándose de manera que su silla se desplazó hasta casi caer. Pero se calmó casi tan rápido como se molestó, y volvió a desplomarse en su asiento, abatida—. Es mi última opción, Nath— murmuró, desviando la mirada a la textura de la madera—. Luego de esto, ya habré hecho todo. Y no podría soportarlo… Debo hablarle una última vez.

Fue un difícil momento para mi voluntad, el verla tan triste y vulnerable. Pero cuando estaba a punto de ceder, la voz severa de mi abuelo diciendo que la inicial de su nombre también había tambaleado al filo de la mesa, retumbó en mi cabeza. Y me enderecé.

— No. No esta vez, Bonn. Lo siento. Debes dejar esto. — Soné tan firme y determinado, que cualquiera habría creído que me salí con la mía, que ella se enfurruñó y se marchó, pero que al día siguiente regresó ya resignada, nuevamente siendo agradable y dulce, y que quizás luego nos casamos y tuvimos dos hijos y un perro o algo así. Bueno, al menos yo lo hubiese creído en mi fantasiosa mente de adolescente. Pero no sucedió así.

Ella asimiló mis palabras con una mueca, pero poco a poco comenzó a sonreír, una sonrisa un poco más bonita que las otras. Entonces simplemente se puso de pie, se sentó en mi regazo, y me besó. Y esta vez no fue como cuando teníamos doce años. Honestamente, allí acabó de irse mi fuerza de voluntad, y mientras mis barreras iban siendo derribadas le devolví el beso, deleitándome con su olor y tacto, su dulzura y cariño. En aquel momento verdaderamente creí que ella correspondía mi loco amor platónico, y cuando se separó de mí, con ojos brillantes y las mejillas encendidas, yo hubiese cedido hasta a tirarme de un abismo por ella.

— ¿Por favor, Nath?— Intentó una vez más, aún con sus pequeñas manos frías en mis mejillas.

Y, aunque me avergüence de decirlo, yo asentí, como un vil autómata.

Armamos la mesa según sus indicaciones. La caja de madera contenía todo lo necesario; letras de la “A” a la “Z”, los números del 0 al 9, un “SÍ” y un “NO”, e incluso una vieja copa. Todo lucía viejo, y ella me confesó que la vieja bruja Bathsheeva se lo había prestado; no me extrañó en absoluto. Dispusimos las letras y los números en un círculo, los sí y no en el medio, dos velas a cada lado de la mesa para alumbrar en las penumbras, y luego la copa, dada vuelta. Para ese momento yo ya estaba nervioso, pero entonces mis ojos se cruzaban con los de Bonnie y lograba convencerme de que todo estaría bien; este juego tampoco resultaría, y para el día siguiente ella y yo seríamos novios. Felicidad eterna.

Ella se sentó frente a mí en la mesa. Lucía entusiasmada, esperanzada, feliz… como cada vez que intentábamos una de estas cosas. Luego todo eso se iría, al tiempo que la decepción llegaba, y entonces volvería a quedar vacía y triste. Pensaba encargarme de que eso no volviera  a suceder.

Ambos colocamos apenas un dedo sobre la base de la copa. La luz de las velas centellaban, produciendo sombras macabras en su rostro. Fue ella quien habló: — Queremos invocar a Gabriella Clockwind. ¿Gabriella, estás ahí?

Al principio no sucedió nada. Podía ver la decepción comenzar a arremolinarse en sus ojos, y el alivio inundar mi pecho. Entonces se movió. Un desplazamiento lento y tortuoso hasta el SÍ, seguido por nuestros incrédulos ojos. Ambos intercambiamos una mirada; yo de alarma, ella de excitación. No coordinábamos.

— Bien…—  susurró ella, y sabía que no entraba en sí de la emoción—. ¿Quieres hablarnos?—  Preguntó, siguiendo el protocolo.
Nuevamente, trazó un círculo y regresó al SÍ. Ahora los ojos de Bonnie chispeaban. — ¿Cómo te encuentras?

Suponía que esa sería su primera pregunta. El vaso se movió hasta conformar la palabra “molesta”. La sangre abandonó mi rostro, y ella se removió un poco. — ¿Por qué?
Movimientos. Y al final: “quiero regresar”. Bonnie soltó una risita nerviosa.
— Bonn…— había susurrado yo como advertencia. Ella me dedicó un guiño confiado.
— ¿Cómo podemos hacer eso?—  Indagó la pelirroja. Recuerdo haber puesto una mirada de horror al verla tan resuelta, ignorando mi reacción. El vaso se desplazó, demorando más de lo usual. “Sangre”.
— Es suficiente— grazné nervioso, tentado a sacar ya el dedo y acabar con todo ese circo. Ella negó frenéticamente con la cabeza en mi dirección.
— ¡Yo te la daré!—  Había exclamado, y en un movimiento que no vi venir llevó su mano libre a su rodete, sacando una hebilla, y la raspó bruscamente sobre su muñeca. No pude evitar eso. El líquido carmesí bulló como magma en un volcán, y salpicó la superficie de la mesa en un movimiento que me pareció eterno.

Todo se descontroló. Sentí una respiración fría en mi nuca, y luego las llamas de las velas parpadearon, para después crecer hasta parecer llamaradas, y finalmente apagarse, mientras la habitación entera se sacudía y mi amiga pegaba un grito desgarrador. Maldije tanto que a mi madre le hubiese dado un ataque, y de inmediato quité mi dedo. Oí la copa volar y estrellarse contra algo.

— ¡ES SUFICIENTE!—  Había exclamado en un intento de parecer llevar el control de la situación, poniéndome de pie de un salto. Corrí hasta el interruptor y encendí la luz. Deseé no haberlo hecho.

Allí estaba mi pelirroja, pecosa, menuda, delgada, inteligente, graciosa, adorablemente dulce, y ahora muerta mejor amiga de toda la vida. Su cabello rizado, rojo como la sangre que goteaba en su muñeca herida, estaba suelto a su alrededor, enmarcando su pálida cara de dulces rasgos, ahora fríos y congelados en una mueca de dolor. Sus ojos estaban fijos en algún punto tras la silla que antes yo había ocupado, y sus labios aún rosados entreabiertos en un último grito.

Yo temblaba como una maldita gelatina. Estaba devastado y paralizado a la vez. Me desplomé allí mismo en el piso y lloré viendo su cadáver hasta que mis padres llegaron, cuatro horas después. Para aquel momento su tez era de un enfermizo gris.

Fue todo un revuelo; todos creían que yo había sido el culpable. Demoraron un mes en comprobar que yo no tenía nada que ver en absoluto, y de hecho el caso nunca fue resuelto. Nadie sabía qué le había pasado a la pobre niña, cuyos padres habían terminado por abandonar el pueblo en busca de consuelo. Nadie logró sacarme una palabra sobre aquel día; nada. No podía decirlo. No podía decir que había sido mi culpa por no haberlo detenido cuando pude, por ser tan débil.

Tiempo después, cuando hicieron el último intento por interrogarme, logré enterarme que el cuerpo de Bonnie había sido drenado totalmente. Nada de sangre en sus venas. No sé cómo interpretar esto. Así como tampoco sé que pensar sobre la súbita desaparición de la vieja bruja loca Bathsheeva, apenas un día después de la muerte de mi mejor amiga.

Nunca supe qué pensar.



Last first kiss - Prólogo:


Last first kiss


Prólogo




Películas. Son increíblemente infalibles para una primera cita. Es por eso que no comprendo cómo demonios se las arregla Kyle Fanning para hacer de estos los peores noventa minutos de toda mi existencia. ¡Juro que mataré a Megan cuando la vea! “Él es genial, Rox. Te va a dar el mejor primer beso de tu vida”. Sí. Puede que el estúpido de Kyle de unos besos espectaculares –cosa que aún no compruebo-, pero no puede mantener una conversación de más de un minuto sin insertar las palabras “trasero” o “tetas”, o cualquier otra perversión que su boca de perfectos dientes blancos pueda articular.
 
—  Entonces, ¿qué te parece si vamos un rato a mi casa, muñeca? —  Pregunta, doblando a la izquierda. Hago una mueca, tratando de no matarlo allí mismo dentro de su camioneta con olor a limón. “Muñeca”. ¿Acaso existe algo más despectivo? Toleraría más si me dijera “inepta”, “idiota”, “horrenda”. Pero, ¿muñeca? ¿Qué? ¿Soy un maldito objeto? Y sí, por si se lo preguntan, soy algo obseso-feminista.
—  Yo creo que no. ¿Puedes llevarme a casa? —  Trato de sonar cortés, pero fallo en el intento. No es como si alguna parte de mí quisiera de verdad ser agradable con él. Mi primer beso merece esperar, con tal de no tener nada que ver con este rubio estúpido-hueco-jugador-de-futbol.
 
¿Qué más da si tengo diecisiete, estoy en el sénior, y aún no besé a nadie? Pff, siempre puedo ser madre superiora de algún convento.
 
—  ¿Segura? Podemos divertirnos un rato, ya sabes, para compensar la película.
 
Ugh. Juro que si vuelvo a escuchar ese tono sugerente de su boca, vomitaré. Puedo sentir que comienza a impacientarse, y quizás tiene que ver con el hecho de que he pasado aquellos 90 minutos de una sosa película romántica evitando que abrazara mis hombros, o toqueteara “accidentalmente” mis senos, ¡y ni hablar de que me besara! Parece ser que Kyle tenía expectativas de esta noche.
Y no me extraña. Sigo siendo la inalcanzable Roxanne Horan. Todos en la escuela saben que soy virgen (aunque no que ni siquiera besé a un mísero muchacho, gracias al cielo, eso sólo lo sabe Megan), y meterse en mis pantalones parece haberse vuelto la mayor competencia de Holmes Chapel Comprehensive School. Otro motivo para que mi séquito de guardaespaldas (alias, los amigos de mi hermano, que por ende son como mis hermanos), me persigan a todas mis malditas citas. Aún no he visto el auto de ninguno de ellos, lo cual no sé si es aliviador o alarmante; quizás decidieron escuchar mi última rabieta.
 
—  Lo digo en serio, Kyle. Llévame a casa—  repito, más dura esta vez. Ya ni siquiera me esfuerzo por parecer agradable. Él toma una respiración fuerte, y parece que su máscara juguetona también cae, porque enseguida luce frustrado y ceñudo. Molesto. Frena de golpe a un costado de la acera, apagando las luces delanteras.
 
Me preocupo sólo un poco.
 
—  Escucha, muñeca—  musita con voz tensa, girando en su asiento para verme de frente. Sí, efectivamente está enojado. Inconscientemente me inclino para atrás en mi asiento —. He soportado esa maldita película, te he llevado a cenar, y no me has dado ni un maldito beso. Deja de jugar a la imposible, y colabora con esto.
 
Tomo una respiración lenta, mirándolo sin inmutarme. Bien, esto ya sucedió unas veces. El chico se descontrola, me grita, lo ignoro, y sigue su camino para luego no volver a verme a la cara en la escuela. Una semana de soportar las preguntas de sus divertidos amigos queriendo saber detalles de mi rechazo, y ya está. Bueno, puedo con esto, aunque es la última vez que acepto que Megan me escoja una cita.
 
—  No me hago la difícil, sólo no quiero nada contigo, Kyle—  digo francamente, sin abandonar mi postura indiferente. Sus labios se vuelven una fina línea.
—  Eso es imposible. Todas me desean, y tú no serás la estúpida excepción. ¿Qué es esto? ¿Algo para que tu fachada de niña virgen e intocable se mantenga? Porque yo no creo que seas una santa, Roxanne. No, tú eres una puta como tu amiga Meg, ¿verdad? Sólo finges para tu imbécil hermano, lo sé. —  Su voz aumenta el tono unas octavas hasta casi gritar, pero el pánico sólo me llega cuando una de sus manos se posa sobre mi muslo.
 
Maldición, maldición, maldición.
 
—  ¡No hables así de mi mejor amiga, pedazo de imbécil! —  Chillo, dándole una sonora bofetada que consigue que corra su mano de pasada. Me apresuro a tratar de abrir la puerta, indignada y asustada a la vez, pero ésta está bloqueada. El muy perro ha bloqueado las puertas.
—  ¡Nunca me golpees, maldita zorra! —  Brama, ya definitivamente furioso. De pronto el ocioso pensamiento de “no debería haber permitido que tomara cerveza durante la cena” cruza por mi mente, pero ya es tarde porque esta sosteniéndome por las muñecas mientras grito.
 
Un grito agudo y chillón, digno de Penélope Hangblott, alias “la Gran Perra de Holmes Chapel Institute”.
 
Sostiene ambos brazos sobre mi cabeza con una mano, y con la que queda libre toca descaradamente uno de mis pechos. Grito aún más fuerte, y trato de patearlo, pero él ni siquiera se inmuta. ¡MALDICIÓN! ¡Si sólo pudiera darle en su punto débil!
 
—  ¡DÉJAME AHORA! ¡SUÉLTAME! —  Chillo otra vez, sonando más desesperada de lo que pretendía. Él ríe. Estúpido, estúpido, estúpido. ¡Lo golpearía tanto si pudiera! ¿¡Por qué no tomé clases de defensa personal este verano, tal como Greg quería!? ¡PERO NO, yo tenía que ir a broncearme como la adolescente inconsciente que soy!
—  Tranquila muñeca, te gustará, lo prometo. — Y su cara de rasgos asquerosamente ordinarios se acerca a la mía. Ahí es cuando el pánico definitivamente me llega. No quiero que mi primer beso resulte de algo que bien podría ser una violación.
 
Suceden varias cosas a la vez. En primer lugar, ahora que está medio a gatas para estar plenamente encima de mí, mi rodilla consigue dar en su entrepierna pulcramente. En segunda, él grita. En tercera, la puerta de su lado se abre. En cuarta, una mano misteriosa surge de la nada y tira de la parte trasera de su chaqueta de jugador de futbol, lanzándolo hacia la oscuridad de la noche, librándome de él. Y finalmente, rompo en llanto, shockeada.
 
Nunca antes he llorado en público, así que mi primer impulso es taparme el rostro con las manos. Me siento verdaderamente tonta por haber dejado que todo esto sucediera. Escucho una maldición, y luego una voz familiar pregunta: —  ¿Estás bien, preciosa?
 
Quito mis manos del rostro en cuestión de un milisegundo, encontrándome con mi par de ojos verdes favoritos sólo a un par de centímetros de los míos; lucen preocupados. No pierdo un segundo en echar mis brazos alrededor del cuello de Harry, sintiéndome aliviada, salvada, segura. Por primera vez agradezco que Niall y los otros cuatro idiotas sean tan sobre protectores.
 
— Tenías… tenías razón… ¡Lo siento! —  Sollozo, agradeciendo sus brazos a mí alrededor. Él suspira, y pasa una gentil mano sobre mi cabello.
—  Tranquila, todo está bien. Luego me encargaré de decirte “te lo dije”… —  Aclara, como para hacerme saber que no me culpa, pero sí se burlará. Me suelta suavemente, y sale de la camioneta guiándome con él. Recién entonces oigo unos gemidos que vienen de un bulto de cabello rubio y chaqueta roja que está en el suelo boca abajo. Kyle. Casi podría besar a Harry por salvarme.
 
Dejo los tontos pensamientos sobre besos con el inalcanzable ruloso, y lo dejo guiarme hasta su coche, un audi negro escondido estratégicamente bajo un frondoso árbol. Me abre la puerta del piloto, y espera a que me siente para volver a hablar.
 —  Ahora, tengo que encargarme de algo. Enseguida vuelvo. —  Y con una de sus deslumbrantes sonrisas -esas que logran hacer que me sienta bien sin importar qué-, cierra la puerta dejándome sola en su auto.
 
Prefiero no ver a qué se refiere Harry con “encargarme de algo”, y cierro los ojos reposando mi cabeza contra el asiento de cuero. Bon Jovi suena de fondo, aislándome de lo que puede estar sucediendo afuera, así que aprovecho el momento e inhalo. Olor a Harry Styles. Colonia, jabón y algo que puede ser el cuero del coche. Amo aquella fragancia.
Para cuando la puerta del piloto se abre, ya he logrado calmarme. Lanzo una veloz mirada hacia donde estaba la camioneta de Kyle, pero ésta ya ha desaparecido; bien, al menos sé que no lo mató o algo así. Harry pone sus manos sobre el volante, como frustrado, y suelta un suspiro.
 
—  Debería haber ido a revisar antes. No te hizo nada, ¿cierto? —  Pregunta, ahora sí luciendo realmente preocupado. Trago fuertemente, y niego con la cabeza. Él vuelve a suspirar, pero luce más tranquilo. —  Te dije que era un idiota.
—  Lo sé. Gracias por recordarme lo evidente—  mascullo, sin poder evitar mostrarme molesta ante sus aires de “soy más inteligente que tú”. Puede haberme ayudado justo a tiempo del cerdo, pero no deja de ser el engreído Harry-soy-lo-mejor-de-lo-mejor.
—  No puedo creer que te molestes conmigo. Yo debería enojarme, no tú—  se queja, mirándome ceñudo. Si no fuera por la luz de la luna colándose por el parabrisas y la ventana, no podría verlo; agradezco esa iluminación arcaica, pues su rostro se ve aún más endiabladamente hermoso con aquellos ángulos marcados por la mezcla de sombras y luces.
—  ¿Tú? Tú estabas espiándome. ¿Eso no es motivo para que me enoje? —  Espeto, aunque sé que es una tontería lo que estoy fundamentando. Suelo decir incoherencias cuando estoy frente a él, sólo para llevarle la contraria.
—  ¿Hablas en serio? ¡Hasta hace unos minutos estabas disculpándote conmigo! —  Exclama, como exasperado. —  ¿Qué demonios te sucede, Horan? —  Ahora está entrecerrando los ojos, tratando de ver qué va mal en mí de esa manera. Me encojo de hombros, sin remover mi ceño fruncido.
—  Estoy molesta contigo y los chicos por seguir persiguiéndome. Aunque gracias por ayudarme con Kyle, Styles. —  No sé por qué tengo esa manía de mostrarme tan reacia con él. Es decir, me llevo tan bien con los otros -especialmente con Louis-. ¿Qué con Styles?
 
Oh claro, me gusta desde que tengo uso de la razón, y me ignora desde más o menos el mismo tiempo.
 
—  No me refiero a eso, Roxanne—  musita seriamente. Enarco una ceja. ¿Desde cuándo me dice Roxanne? Para él o soy Rox o soy Horan—. Hablo de tu reciente adicción a salir con cualquier idiota que se te cruce en el camino.
 
Oh. Se han dado cuenta.
 
Bueno, no es como si de repente hubiera comenzado a andar con cualquiera como indica él. No, sólo fueron… Um… ¿16? Sí, dieciséis. ¿En cuánto? ¿Un mes? Hm… Quizás sí me excedí un poco, pero Megan y yo decidimos (ok, quizás sólo Megan) iniciar el plan “Primer beso de Roxie” hace exactamente aquella cantidad de tiempo. ¿Qué tiene que quiera dejar de ser la Casta Rox? No es como si fuera de desvirgarme con cualquiera, sólo es un maldito beso. El problema es que ninguna de mis citas valió la pena lo suficiente. Todos buscaban más.
 
—  ¿Vas a decirme o no? —  Insiste Harry, sacándome de mi ensimismamiento. Trago con fuerza. Bueno, bueno, al fin y al cabo Styles es el único de los chicos que no me tiene como un bebé. Él entenderá, ¿cierto?
—  No he dado mi primer beso. — Y ya lo he dicho. Ahora Styles sabe que no soy la misma Roxanne Horan ‘cautivadora-de-hombres’ que todos creen que soy. Eso comienza a parecerme aterrador. ¿Y si me delata frente a todos como una de sus bromas?
 
Pero no parece divertido, ni malicioso. Al contrario, su rostro refleja confusión, como si tratara de asimilar mis palabras o su significado. La voz de Jon Bon Jovi suena calmadamente desde los parlantes, al son de Always. Pasan diez latidos de corazón hasta que finalmente sus labios se entreabren en comprensión; luce sorprendido.
 
—  ¿Esperabas que alguno de esos chicos con los que saliste te diera tu primer beso? ¿Es broma? Tienes como… ¿dieciocho, verdad? Llevas esperando todo este tiempo, y ahora sólo… ¿Sólo quieres besar a cualquiera? —  La arruga entre sus ojos se profundiza, y siento el color llegar a mi rostro.
 
Él tiene razón. Eso mismo le dije a Megan, pero ella pudo con mis convicciones insistiendo con que si alguien se enteraba de eso estaría muerta frente a la sociedad de la secundaria. Tiene razón, pero Harry también. Es un maldito dilema.
 
—  B-bueno… Yo…—  balbuceo, tratando de encontrar excusas. No hallo ninguna, y acabo apartando mi mirada de la suya, demasiado abochornada como para hacerle frente —. Tienes razón. Pero yo sólo quería… sacarme ese peso de encima.
 
Sí, la excusa más necia que he dado alguna vez. De seguro en cualquier momento él comienza a desternillarse de la risa, a decirme lo boba que soy, lo tan plástica que me he vuelto con la secundaria. Lo espero, lo espero… Pero no llega. Sólo silencio, y la voz de Jon coreando.
 
—  Si alguien te diera ese beso, ¿dejarías de salir con cualquiera? —  Cuestiona, en un murmullo que de no ser por la quietud de su auto no se hubiese oído. Volteo a verlo, sin comprender. Sin embargo asiento.
—  Supongo que sí, pero no sé por qué tú…—  Comienzo a decir, pero me detengo al ver que se humedece los labios.
 
Oh. Por. Dios.
 
Se ve tan sexy haciendo eso’. Pero lo más importante, ¿qué pretende hacer? ¿Acaso él…? ¿Piensa besarme? ¿Ahora? ¿Ya? ¿Él?
 
¡POR TODOS LOS SANTOS! ¡Harry Styles va a besarme, él va a darme mi primer…!
 
—  Procura no decirle a nadie de esto. — Y luego de esas solemnes palabras, él acorta la poca distancia entre nosotros, y efectivamente sus labios se encuentran con los míos. Me quedo sin pensamiento. Como, en serio, sin pensamientos.
 
Su boca sabe demasiado bien (como a chocolate y fresas), y he soñado tantas veces este momento que tardo unos cuantos segundos en salir del shock. Cuando reacciono, no pierdo un momento en devolverle el beso y colocar mis brazos alrededor de su cuello para acercarlo más a mí, intentando hacer lo mejor que puedo basándome en las comedias románticas que he digerido en toneladas estos últimos años. De ninguna maldita manera desperdiciaré este momento.
Él parece sorprendido de mi devoción, pero tampoco tarda en cumplir mi pedido de cercanía, e inclinándose más contra mi asiento me aprieta por la cintura, acelerando el ritmo de lo que pretendía ser un inocente primer beso. ¡Por Dios! ¡Besa tan bien! Definitivamente este sí es un digno primer beso. Valió la pena esperar.
Deslizo mis manos hasta su cabello, deleitándome al rastrillar mis dedos entre sus suaves rizos. Demonios que siempre quise tocarlos así. Él parece entender mi mensaje de ‘quiero más’, porque sus manos comienzan a recorrer de arriba abajo mi espalda, quemándome por encima de la ropa, sacándome un tonto gemido que hace que me avergüence. Ahí es cuando mi evidente virginidad sale a flote.
A Harry parece no molestarle que sea tan inocente, pues se limita a sonreír sobre mis labios; una mano se cuela por debajo de mi blusa para acariciar piel con piel; esta vez no quema, sino que arde y genera millones de destellos por cada centímetro que sus dedos tocan. Oh mi dios. Podría seguir así el resto de mi existencia, y no comprendo cómo pude vivir hasta ahora sin haber probado uno de los besos de Styles.
Nos separamos para tomar aire, agitados, justo al tiempo en que Always deja de sonar en los parlantes, y es entonces cuando él parece reaccionar. Se aleja de mí impecablemente rápido y, aún respirando agitadamente, sostiene el volante sin introducir la llave. Doy un sonoro jadeo. Eso ha sido… Vaya. ¿Son así todos los besos? ¿O de hecho los rumores sobre lo gran besador que es Hazza son ciertos? Por alguna razón me inclino por la segunda opción.
 
—  Harry, yo…—  Trato de hablar. De decirle cuánto me gustó el beso. De cuánto me gusta él. Es como si aquel gesto hubiera hecho que me espabilara; él tiene que saberlo ya, por alguna razón.
 
Pero Styles enciende el auto interrumpiéndome a la mitad con el ruido del motor, y hace de cuenta como si no hubiera dicho nada realmente. Eso me da mala espina, y uno de mis órganos internos se retuerce. Bien, si así lo quiere; yo no soy del tipo que ruega. Doy un suspiro, y me acomodo en mi asiento, cruzándome de brazos mientras él recorre las calles de los suburbios de Holmes Chapel en completo silencio.
Aún siento el cosquilleo en los labios, el ardor en la piel de mi espalda, la adrenalina, la emoción y el revoloteo creciente en mi estómago –y en una parte un poco más baja. No puedo creerlo aún, es tan… imposible. Él nunca dio el menor atisbo de interesarse en mí y ahora… Bah, estoy exagerando. Un beso para Harry Styles puede no significar absolutamente nada. ¿Cierto? Él está acostumbrado a besar a cientos de chicas desesperadas por probar sus labios.
 
Este pensamiento acaba con mi entusiasmo, y la sonrisa se borra de mi rostro dejándome gusto agrio.
 
No hay nadie fuera a estas horas, por lo que al llegar a casa me encuentro con que las señales de vida son inexistentes, ni una luz puede verse. Me extraña por unos momentos que papá, Niall y Greg no me estén esperando, hasta que recuerdo que de seguro ellos saben que estoy bajo el cuidado de Harry. Ellos confían en Styles como en ninguno (bueno, quizás como confían en Louis, Zayn y Liam).
Apaga el motor del auto, y otra vez mi único compañero es Bon Jovi, esta vez cantando This ain’t a love song. Reconozco que se trata del cd favorito de Niall, y sí, de pronto soy más consciente de todo a mí alrededor. Trago fuertemente y comienzo a tirar de la punta de mi falda negra con manía, sin saber cómo decirle lo que me he estado replanteando. Sería sencillo confesar que me gusta, pero sólo luego de saber si él siente lo mismo o si sólo me besó para acabar con mis tontos caprichos de adolescente. Abro la boca para preguntar, pero él me gana.
 
—  Eso no significó nada, lo sabes, ¿verdad?
 
Siete palabras dichas por su sexy voz. Siete palabras que pudieron darme una bofetada increíble sin siquiera tocarme. Siete palabras que desmoronaron mis esperanzas como una casa de naipes tras un soplido. Siete palabras que lograron romper mi corazón.
Presiono la mandíbula con fuerza, y suelto mi falda de golpe, levantando la cabeza en su dirección para lanzarle una mirada mortífera. Él pestañea varias veces, confundido, y veo que está a punto de decir algo; pero ya no me interesa en absoluto qué pueda decir.
 
—  Lo sé. Gracias por mi beso, Styles. Ahora puedo besar libremente a quien se me dé la gana sin inconvenientes. Adiós—  musito con rabia incontenida, y me bajo del coche impetuosamente, cerrando de un fuerte portazo que da como resultado que la luz de la sala de estar se encienda.
 
Entro a casa sin mirar atrás, y sigo de largo cuando un adormilado Greg me abre la puerta, directo a las escaleras, con las lágrimas que se deslizan libremente por mi rostro. Ignoro sus preguntas, y cierro con fuerza la puerta de mi habitación para luego desplomarme en mi cama.
Estúpido Styles. Podría haber encontrado alguien más para darme ese beso, y entonces no tendría que haberme hecho ninguna maldita ilusión. Estúpida yo, también. ¿Cómo lo veré a la cara mañana? Me da pánico hasta pensar en verlo. No, no, no. Esto no puede ser así. No puede.


¿Por qué quieres quedar?: Bueno, en primer lugar, porque, mujer, tu sinopsis está jodidamente buena. En segundo, porque tenía ganas de meterme en una n.c. Ya sabes, interactuar con seres humanos, ampliar horizontes, bla bla bla (?). Eso. En tercero, porque amo escribir, y no le digo que no a las nuevas experiencias como esta.
Lo sé, mis motivos son medios flojos, pero aún así créeme que tengo muchas ganas (?) TANTAS ganas, que aunque la primera vez que quise subir la ficha me saltó "mensaje muy largo" y perdí TODO lo que había hecho, volví a hacerla enterita. Seh, así de genial soy   Y sin asesinar a nadie ni nada eh...  JAAJAJAJAJAAJA, bueno, ya está. Me voy antes de seguir escribiendo y arruinando mi oportunidad de entrar.


Ficha aceptada.


por  la  santa  mierda  a la mierda, a la mierda, a la mierda  pásame el puto link de last first kiss porque la quiero leer  ahqué. no sabes cuánto amé tu ficha. amo el género de terror y tú has dado en el blanco. el primer escrito me ha encantado, lo amé, fue hermoso  tienes un don  un don que a mí me gustaría tener para escribir ese tipo de cosas, but, idk, no soy suertuda. edgar allan poe se arrodillaría ante ti, y besaría tus pies, srsly. al igual que yo, dejo mi dignidad de lado para decirte que besaría tus pies y sería tu esclava de por vida. el segundo escrito ha estado simplemente perfecto  ese harry todo un loquillo  y, ay, dios mío :'c haría mi comentario muchísimo más largo, but mi computador ya casi no tiene batería y estoy sin luz :'c. sólo quiero decirte que comenzaré a stalkearte desde ahora  estaré donde estés tú siempre  siempre seré tu sombra |?|. si me necesitas, sólo comenta mi nombre y ahí estaré|?|  tu ortografía y redacción me han dejado inválida|?|. cómo describes y narras todo me hace querer besarte|?|  ahquéesono. ay, me encantó tu ficha, seamos amigas :'c ahqué. ya siento que te amo  no te desearé suerte porque no la necesitas en absoluto  te  amo  bai  *se suicida*
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Re: lunar phase | audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Miér 01 Ene 2014, 3:14 pm

¡Nea! escribió:Lilúnka ya casi son las 61 páginas :1313:vete creando el nuevo tema
igjtrie nooooo  
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Re: lunar phase | audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Miér 01 Ene 2014, 3:15 pm

AnaPaulaHoran escribió:lily por tu culpa mi papá cree que estoy loca bc pasó demasiado tiempo en el ordenador y cree que tengo una adicción.
ghgtirdfs dile que es algo importante  ahqué.
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Re: lunar phase | audiciones cerradas.

Mensaje por Invitado el Miér 01 Ene 2014, 3:17 pm


Segundo tema.


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Re: lunar phase | audiciones cerradas.

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