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Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:02 pm

Hallarse encerrado en una constante redundancia era cosa de todos los días para Zayn. Desde siempre había vivido en la misma ciudad, en el mismo barrio y tenido a su alrededor, prácticamente, siempre a los mismos vecinos. El paisaje desde la ventana de su departamento así años que era siempre el mismo, el recorrido que hacía en tren subterráneo hasta su trabajo, cada día era igual y, aunque muy poca gente lograba hacerlo, él había conservado a sus amigos desde su más tierna infancia. Pero en realidad, nada de esto le importaba demasiado porque los cambios no lo hacían sentir cómodo y además, agradecía profundamente hacer todos los días un mismo viaje, porque, cada vez que se subía al tren, allí estaba Lilly, no esperándolo ni mirando a ver si él aparecía, sino que simplemente allí estaba, sentada, a veces leyendo un libro o bebiendo su café de la mañana, otras veces con el rostro preocupado o con una perpetua sonrisa. Ambos se sentaban próximos, pero jamás se habían hablado. Se enamoraron con miradas y así se quedó. Cada día y cuantas veces podían, se dedicaban miradas, miradas cómplices y llenas de ternura. Ninguno se había atrevido a dirigirse la palabra, con miedo a romper la magia que los rodeaba cuando cruzaban la vista. Era un amor como pocos habían existido, de aquellos que debías contarles a tus nietos y ellos, a sus hijos, de ese tipo de amor que crece silencioso pero fuerte y que no hay forma de ignorar.
Cada día que pasaba, Zayn se confirmaba más a sí mismo que debía hablar con Lilly, deseaba tenerla en sus brazos, acariciarla, oírla reír y, por supuesto, lo más que necesitaba era oírle decir de sus propios labios, que ella lo amaba.
Así empezó este amor, callado, sin palabras innecesarias ni frases ya gastadas, con miradas cargadas de Te amo y sonrisas que llevaban en ellas la complicidad de su situación, hasta que un día, el moreno se atrevió. Se acercó, temblando de la emoción, el ansia y el nerviosismo, hablaron por largo rato, se olvidaron de todo y sólo existían ellos dos, su amor y su antiguo silencio compartido. El recorrido del tren parecía interminable y ellos no se bajaron en ninguna de las estaciones, no querían separarse, no podían hacerlo.
Lilly lo miró a los ojos y ambos sonrieron. Ella se sonrojaba cada vez más frecuentemente y Zayn besó sus mejillas, rosadas y vibrantes por el fuego interior en ellas.
—Me amas. ¿Real o no? —Pregunta Zayn, con el corazón latiendo desaforado en su pecho y la voz en un susurro.
Lilly espera y sonríe.
—Real. — Su primer beso se acerca y ambos se sentían completos. Por lo menos, la rutina servía de algo, el amor se podía encontrar en cualquier parte, incluso en el silencio de una mirada en el tren.

Dedicado a Geeeeen<3 hace tiempo. jkdhs.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:03 pm

Antes de comenzar todo esto, quiero confesar desde la mísera parte cuerda de mi mente, que jamás pensé atreverme siquiera a hacer el intento de compartir con el mundo ésta historia que acongoja a mi apesadumbrado corazón. Pero, sincerándome, creo que sería deshonroso de mi parte no desvelar cada una de las intrigantes partes de este rompecabezas. El cual, una vez expuesto ante ti, queda a tu merced para unir sus cabos sueltos.
Desde el primer momento, había decidido sufrir en silencio y no crear cómplices; porque debes saber que, desde ahora, en eso te convertirás. En un cómplice de esta loca, cruel y desquiciada historia y desde ahora, cada vez que mencione aquella palabra, estaré haciendo referencia exclusivamente a ti. Para empezar, quiero ser completamente sincero, y reconocer, con el dolor de mi castigada alma, que éste relato tiene que ver conmigo y el inhumano ser que llevo dentro, sin embargo, no veo la necesidad de exhibir aquí mi nombre, ya que mi lóbrega persona no merece ni el más minúsculo reconocimiento.
Pues bien, de aquí en más, he de andarme sin rodeos. La historia tiene fecha un 24 de Abril, en cierto año remoto que se ha perdido en mi memoria y, como buena historia de pesares, tiene como protagonista a aquel sentimiento maltrecho y enfermizo que hace a nuestra raza volverse de cabeza. Aquel sentimiento que hace florecer nuestros instintos más perversos y mundanos. Hablo, por supuesto, del amor; un arma de doble filo que, si la dejas cerca de ti lo suficiente, te rebanará justo en el pescuezo una vez hayas sido absorbido por una ilusión de perfección, aunque, en realidad, lo único que estés haciendo es cavar tu propia tumba.

Sin terminar. >:c
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:05 pm




A mi pequeña Bárbara, que aún está dentro de mi:

No esperes mucho de los que te rodean, ni siquiera de tu familia. Todos ellos tienen un carácter muy fuerte y es seguro que dañarán tus delicados sentimientos, derrumbándote. Desde ya debo decirlo; Tu infancia no será fácil, pero estará llena de alegrías.

No desprecies el cariño de tu padre:
Él se mantiene siempre a raya de todo, en las sombras, cuidando anónimamente de que nada te pase. Luego de unos años te darás cuenta que el rencor que le tenías era estúpido y egoísta, ruégale a tu madre para que te lleve donde él está y abrázalo como si no hubiera mañana, él te recibirá sin esperar nada más que un cariño, eres su propia alegría.
Pídele que te lea un cuento, uno de tus favoritos e incluyelo nuevamente en tu vida, porque el amor de él será muy importante para cuando ya no sepas que hacer. Cada día cuando te despiertes, corre con la cara llena de risa a saludarlo y darle los buenos días, él siempre tendrá sus brazos abiertos para recibirte en un cálido abrazo.

Carpe Diem; Aprovecha el día:
Este consejo es uno de los más importantes, pequeña yo, tus padres ahora están juntos y felices. Has todo lo posible por todos los días decirles cuanto los amas, sal con ellos, pregúntales todas las dudas que tengas, sé feliz en familia. Luego, en algunos años sufrirás su separación y quizás sea difícil pero aferrate a las pequeñas cosas, a los recuerdos felices, al amor de tu familia.

Sonríe y llora cuanto quieras.
Si algo te alegra, no le niegues al mundo tu bella sonrisa, ¡Toda sonrisa es hermosa! y más si es de una pequeña, sé que aún no has aprendido a llevarle el ritmo a tu vida tan llena de emociones, pero siempre, siempre cuando quieras llorar simplemente hazlo, nadie debe juzgarte por ello y no importa si alguien te dice llorona, una lágrima también es importante, ayudan a saber que tu alma sigue viva. Tu corazón todavía es muy frágil, no debes guardarte nada, especialmente debes decir aquello malo que haya sucedido, tus padres deben ser tus consejeros, no te discriminarán ni juzgarán por lo que pudo ser una mala jugada de tu destino.

Nadie más que tú sabe lo que quieres
Cuando te encuentres perdida, sin saber a dónde ir, sólo cierra los ojos y pídele a tu alma que te de la respuesta a tus interrogantes, ella siempre sabrá qué decirte, pero recuerda lo que tu abuelo te decía antes de dormir El alma habla sólo cuando tú sabes escuchar, ella es confiable, por favor no la lastimes.

Tu inocencia no debe apagarse:
La vida te ha golpeado, y realmente muy fuerte, pero los niños son niños no solo por su edad, sino por su impresionante y cautivadora inocencia, tú no debes permitir que aquella característica tuya se apague, no debes madurar más rápido que los demás sólo porque así lo dice tu madre, cuando sientas que tu niña interior se está extinguiendo, ¡Corre a jugar con tus muñecas, a hacer pasteles de lodo y a leer Peter Pan! Sé que es tu libro favorito y que lo encuentras incomprensiblemente emocionante, lo lees a escondidas porque los demás pequeños no lo hacen y no quieres parecer extraña. Si quieres mi consejo, ser distinto a todos es el mejor regalo que puedes tener, no lo niegues a los demás, marca la diferencia por una hermosura a tu manera, no hagas lo que los demás quieren si tú no lo crees correcto o emocionante, sólo se tú.

No dejes de lado tu amor por los libros:
Sé cuanto amas los libros y también sé que por ello tus amigos se han burlado, ha esta edad los niños siempre son crueles, no te dejes llevar por lo que ellos piensen. En tu casa hay muchos libros, demasiados. Léelos todos, sé que te encantarán y te maravillarás con las sorpresas que en ellos encontrarás.  

Tus verdaderos amigos son pocos:
Tu vida será algo solitaria, amigos no te faltarán pero verdaderos amigos en tu vida tendrás muy pocos; hasta ahora sólo una, a la que en tu infancia ignorarás pero en la adolescencia te ayudará tanto como una hermana y la amarás como tal, cuida aquella amistad con tu vida, porque si ella no está, seguramente estarás perdida.

Estos son mis consejos,
Por favor no los desperdicies, la vida no viene con instrucciones, está permitido caerse pero es obligación volver a levantarse, eres hermosa y única a tu manera, no debes cambiar por los demás, sólo se tú y la vida te sonreirá, si no corres riesgos, cuando seas abuela y tu cabellera ya no sea el manto castaño que es ahora, sino que esté tan blanco como la nieve, no tendrás historias emocionantes con las que cautivar a tus nietos.



Con un cariño inmenso y esperando que te sirva de algo;
La Bárbara mayor, tu futuro yo.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:05 pm

Sucedió cuando me volví demente, cuando el aire quemaba en mi garganta, cuando la sangre intentaba escapar de mis venas y mi corazón se cansaba de latir. ¿Me ves? ¿Notas quién soy o también te dejas engañar por mi propia mentira? Soy como un hoyo negro, ¿no me crees? Pues acércate, acércate un poco y verás toda la destrucción que provoco a mi alrededor. Quiéreme y no podrás escapar, soy peligrosa, peligrosa como lenguas de fuego y el filo de un cuchillo, peligrosa como una madre al ver en peligro a su hijo, peligrosa como un perro rabioso a tres centímetros de tu palpitante yugular. No me conoces ni jamás lo harás, ¿cómo hacerlo si ni yo misma lo he logrado aún? Mantente atento, cauteloso. En cualquier momento puedo sorprenderte y atacar. Témeme, estoy en las sombras esperando, ni siquiera alcanzarás a pestañear cuando tu fin haya llegado.

Tranquilo, mi ojo perverso aún no se ha posado en ti. Sigues a salvo.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:06 pm

— ¿Qué te pasa? — Anna lo miró y Bastian se encogió en el banco.
—No sé cómo decírtelo... — Aseguró él, nervioso.
—Intenta explicarlo. Estás raro, más de lo normal. — Bromeó Anna, despreocupada. Bastian la miró y supo que era ahora o nunca.
—Es difícil, pero bien, sígueme… — Le pidió, yendo hacia los juegos de la plaza. —Siéntate en el columpio, hazme caso, solo así lo entenderás... — Anna lo miró sin comprender, pero le hizo caso.
—Bien, ¿Ahora qué? — Preguntó ella, mirándolo.
—Comienza a columpiarte, una vez cogido impulso... cierra los ojos, ¿Notas esas cosquillas en el estómago? — Ella asintió lentamente, en silencio y con los ojos aún cerrados. —A mí no me hace falta columpiarme para sentirlas; ellas llegan cada vez que te veo, cada vez que me hablas, cada vez que oigo tu nombre. — Anna contuvo el aliento, sorprendida, y no se atrevió a mirarlo.
— ¿De verdad? No sé qué decir... — Dijo, completamente sonrojada.
—Aun no acaba, no abras los ojos, ¡Sigue cogiendo impulso! Ahora... Suelta una mano. — Anna frunció el ceño, él sonrió tímidamente.
— ¿Qué? ¿Tú quieres matarme, Bastian? — Preguntó confusa, sin abrir sus ojos.
— Hazme caso, confía en mí... Suelta una mano. ¿Has visto que sensación? Parece que te vayas a caer, se te corta el aire y se te acelera el corazón. Eso me pasa cada vez que te separas de mi, cada vez que te noto distante.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:08 pm

Al principio de nuestra historia, me presento ante ti como una completa extraña. Una vez que llego a tus manos, me convierto en tu amiga y, sin que te des cuenta, ya no podrás escapar del hoyo negro al que te arrastro lentamente.
¿No me crees? Pues acércate, acércate un poco y verás toda la destrucción que provoco a mi alrededor. Puedo hacer que tú mismo te desmorones apropósito y sin saberlo. Si así lo quiero, puedo convertirme en la destrucción de todo tu mundo.
Quiéreme y no podrás escapar, soy peligrosa, peligrosa como lenguas de fuego y como un perro rabioso a tres centímetros de tu palpitante yugular. Me querrás, necesitarás de mi compañía y aunque ruegues, no podrás separarme de ti. A tu lado soy el arma con la que robarás tu pasaje sin regreso a la locura y con la que te darán el pase al descanso eterno, aunque quizás termines en un lugar que no te gustaría conocer.
Si lo miras de otra forma, puede que yo te resulte una verdadera amiga porque, en un momento determinado, sólo con llamarme acabarás el dolor que sientes de una vez por todas y para siempre. No pido demasiado, sólo quiero tomar tu vida y llevármela lejos. No debes ser egoísta, dámela y a cambio tú recibirás el freno de tu dolor, es un buen trato para ambos, sólo debes tener el valor para recibir mi amistad y todo estará hecho.
Si quieres mantenerme alejada no bajes los brazos, no pares de luchar y nutre tu mente de inteligencia porque amo los juegos mentales y puedo hacerte caer en alguno con la facilidad de un humano para respirar. Te lo aseguro, yo no persigo a nadie, sólo espero entre las sombras para lograr mi objetivo, callada, silenciosa, observadora como un tigre esperando para darse un festín con su presa. Mantente atento, cauteloso y no dejes nunca de dudar en tu alrededor, porque puedo irrumpir en tu vida de improviso, con cualquier paso en falso que des. Puedo venir regalada de parte de amistades malintencionadas o simples jugadas del destino, pero cuidado, porque en cada paso que das yo tengo puesta mi mirada de filo. Nadie puede recordar demasiado bien el momento en el que me volví indispensable, pero todos pueden asegurarte que los llevo a un mismo final. Un grandioso final que termina con los sufridos años de cualquier persona. Me valgo de eso para sobrevivir y, sin miedo a decirlo, esto me encanta. ¿Ya sabes quién soy? Soy tu amiga, la navaja.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:09 pm

Mírate. Apenas respirando, con la conciencia gastada y tus sueños muriendo entre alaridos en el piso. ¿Por qué no te levantas? Has algo más que pestañear, alza la voz y grita. Si no te decides y lo haces de una vez, no lo harás nunca.
El tiempo es esa cosa intangible que se escapa en cada exhalación, en cada instante y que, a diferencia de la inerte figura en la que te has convertido, no espera.
¿Qué pasó con todas las ilusiones que imaginaste cuando pequeño? Olvidaste tu pasado alegre y con ello, olvidaste incluso cómo sonreír. Las aventuras que alguna vez deseaste vivir quedaron congeladas en tu mente, condenadas a morir y tu creatividad, se quebró al crecer.
Has pasado a ser un simple objeto decorativo de un mundo que no duerme y, como el tiempo, no espera. ¿La persona que fuiste en tu niñez, estaría conforme con lo que eres ahora?
Tu humanidad se perdió en un lapsus del camino entre los tiernos años infantiles y las duras épocas de adolescencia. Ahora eres un ser gris, implacable, con un corazón de escarcha y con nada a lo que aferrarse en esta vida.
¡Eres joven! ¿Por qué no haces algo? Si te quedas ahí, como siempre lo has hecho, nada cambiará, todo seguirá tal cual estaba esta mañana, o ayer, o hace muchos meses atrás.
¿Sabes qué? No deberías presentarte ante la vida tan débil. Eres un humano, tienes poder, tienes mente y tienes un cuerpo para hacer posible todo lo que quieras. Pero no, esperas y esperas, aunque sabes que nada, excepto el tiempo y tu valiosa vida, pasará. ¿Sabes qué? ¡Olvida todo lo que te he dicho, no vales la pena!

En ese preciso instante, cuando aquella voz cesó su interminable cuchicheo al fin, fue como si el cuerpo de Eleazar volviera a la vida. Su conciencia se había apoderado de su alrededor, tomándolo preso y, todo lo que le había dicho en simples segundos, era completamente cierto. Había dejado de luchar, incluso de vivir. Era un objeto decorativo del mundo pero, ¿qué más daba? Ya no haría nada, se dedicaría a esperar a que las cosas cambien. Quizás, sólo quizás, el futuro le tuviera destinado algo más que una vida paralizada e inmóvil.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:12 pm

"En su más tierna infancia, Weronika, hija única de un matrimonio extramadamente católico, sufrió un trauma devastador. Pero aquello no fue suficiente para curarla de su locura. Ella amaba estar loca y lo mejor era que... la locura la amaba a ella.
Me han dicho demente, como si fuera un insulto. ¡Pero por supuesto que no, en cambio, pensar que me ofendería ante aquel reconocimiento sí que lo es!"

"¿Tener dulces sueños? ¿Qué sucede contigo, mujer, quieres que tenga un mal dormir? ¡Ruega a que sueñe con cadáveres, muerte, sangre, mutilación, tortura y más delicias de aquellas! Solo así tendré una noche de tranquila locura, como debe ser."
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:15 pm

Aquí sigo, aferrada a la vida porque me di cuenta que es la única alternativa que tengo. No hay más. No tengo qué elegir, simplemente acoplarme a mi destino y seguir existiendo. A veces pienso que la vida es demasiado frágil, demasiado silenciosa, demasiado efímera como para lograr todo lo que me propongo y que no me alcanzaría ni esta ni otra vida para terminar todo bien, así que ruego por seguir aquí por mucho tiempo, pero otras veces… otras veces es como si mi existencia fuera una maldita habitación de cuatro paredes, de aquellas que se comprimen y comprimen a cada segundo, conmigo dentro, asfixiándome, dejándome sin el aire que necesito y haciéndome implorar para que todo se detenga, para poder escapar, cosa que no puedo, porque no hay un lugar a donde huir del destino.
Sí, aquí sigo, pero hay épocas en las que me debilito, el llanto es mi mejor amigo y la soledad, la fría soledad se apega a mi alma formando un manto que, por mucho que yo luche, aún pasa y deja helado todo a mi alrededor. Hoy, mi ahora, es una de aquellas épocas. Me rendí, bajé los brazos y dejé de luchar. ¡Sólo quiero descansar! ¿y la verdad? Ojalá fuera un descanso para siempre. Pero sé que el descanso perpetuo no es para mí todavía porque lo toqué, me arrojé a la negrura de un viaje sin regreso, me atreví a buscar alguna salida definitiva, pero la gocé tan poco que pareció un simple sueño, la breve alegría que se siente con una bella canción, un pestañeo largo cuando estás cansado. No fue suficiente, claro, pero la vida me persiguió, arrojó hacia mí su lazo y me atrapó justo por el cuello, arrastrándome de nuevo hacia la cordura del día a día. ¡Estoy otra vez en mi mente! Y desearía que, en el lapso en que ya no estuve, mis recuerdos se hubieran borrado o incluso mi antigua vida.
Pero aquí me tienen, con mis pasadas aventuras intactas, con la misma familia tan disfuncional como siempre y a la que tanto amo, con exactamente los mismos amigos, y claro, ¿cómo olvidarlo? Aquí, conmigo, clavados justo en el centro de mi cabeza, abrazados a la fuerza en mi alma y grabados a fuego en mi piel, siguen mis temores. Los de siempre y también los que no conocía hasta ahora. Crecen con el tiempo, se agigantan y toman fuerza para aventar mi ánimo al piso y destruir poco a poco todo lo que me interesa, dentro de mí.
¡Pero vamos! Aquí sigo, no se preocupen, el destino, tan puto como es, no permitirá que me deje vencer porque aún me queda mucho que sentir, mucho que sufrir, mucho que vivir.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:16 pm

Carter lo miró, con los ojos entrecerrados y apretó las manos en puños. Frunció el ceño, bufando, cuando una sonrisa ladina apareció en el rostro de Harry.
—¡Eres imposible, eres... un... ¡Un patán!— Rugió, gesticulando con sus delgados brazos. La respiración se le había agitado y actuaba con fiereza. Harry en ese momento la miró con gesto serio, era la primera vez que eso sucedía desde que él había aparecido en su vida, lo que desconcertó a Carter y la hizo enmudecer al instante. Él bufó y ella se encogió, ahora nerviosa, ¿qué le sucedía, por qué aquel repentino enojo?.
—Si te sigues alterando, te pondrás mal. Dios, ¿Qué tan inconsciente eres, Carter?— Ella rodó los ojos. Así que eso era. En su interior se removió algo, muy parecido a la ternura. ¡El chico estaba preocupado por ella! Aunque claro, era razonable, considerando que él era el culpable de que ella estuviera en ese estado.
—No soy tan inconsciente como para exponer mi vida en carreras ilegales y estúpidas, eso te lo doy firmado.— Lo provocó, mientras se cruzaba los brazos al pecho, haciéndola parecer una niña en medio de un berrinche.
—Chica infantil.— Le respondió Harry, sin inmutarse ni sentirse mal ante la mención de las carreras. Antes le habría afectado, y mucho, pero ahora estaba convencido que, de no haber sido por el choque de automóviles que habían tenido ambos, jamás se habrían conocido.
—Chico patán.— Rebatió ella, no pudiendo rehuir a una sonrisa que se le escapó de los labios. Miró hacia un lado, avergonzada y a Harry se le antojó que era la chica más bella del mundo. Sus labios palpitaron, rogándole a gritos que robara un beso a aquella muchacha molesta. Miró al suelo por medio segundo, dudando, y luego sin más, se acercó a la cama de hospital en la que Carter estaba recostada y localizó su rostro, para depositar un lento beso en su boca, que ella no dudó un segundo en responder.
No importaba cómo se habían conocido, no importaba lo que él le había causado, lo único que realmente importaba era que estaban juntos en el aquí y el ahora.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:21 pm

—Doctor, ¿qué le sucede a Azure?
El doctor mira hacia ella y se encoge de hombros.
—No es algo que se pueda curar con medicina. Es un problema del alma.
Kari siente que su corazón se le hace pequeño en el pecho. Su hermana se veía como un espectro en la cama.
—¿Cómo dice? ¿Del alma, doctor?
—Es algo difícil de explicar. ¿Sabe? La vida puede golpear fuerte a algunas personas; tanto que aquellos golpes les destrozan el alma.
—Yo... no sé qué decir. ¿Cómo sabe que eso le está pasando a ella?
Él suspiró y luego de una pausa, miró el aparentemente inerte cuerpo de Azure.
—Los síntomas son claros; ella está inmóvil, ¿verdad? pero si escucha con cuidado, podrá oír los alaridos que se agolpan en su interior. Si se acerca lo suficiente, sentirá la brisa melancólica que producen sus dañadas alas rotas intentando emprender un nuevo vuelo a la libertad. Y, ¿ve aquellos ojos cerrados, con apariencia gastada y frágil? Se mantienen así sólo para aguantar todas sus lágrimas contenidas porque, una vez que los abra, llorará un río y mucho más. Son las señales claras de un guerrero con el alma rota.
—Mi hermana es fuerte, ¿verdad? Ella logrará salir adelante, su alma deberá sanar.
—Realmente, no puedo asegurarle que sobrevivirá a esto. Hay bastantes posibilidades de que no salga con vida y muchas maneras para morir; las palabras que nunca dijo pueden atorársele en la garganta hasta quitarle todo el aire, su corazón herido puede dejar de latir repentinamente, los miedos que la dejaron alguna vez congelada, pueden terminar de matarla por hipotermia o, incluso, los pensamientos que la atormentan pueden terminar ahogándola en un mar de complicaciones.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:29 pm

Una de las pocas debilidades que Valquiria se reconocía a sí misma era que nunca había tolerado demasiado bien los climas fríos y, para su eterna desdicha, la habitación en la que permanecía recluida estaba muy helada, tanto que una nube de vaho se elevaba ante sus ojos cada vez que exhalaba.
Hizo a un lado su propio malestar, concentrándose en otra cosa y se mantuvo completamente en silencio, controlando lo que más pudiera los espasmos involuntarios que la sacudían levemente por la falta de calor.
No podía revelar que en realidad por dentro se estaba congelando, porque jamás, ni en un millón de años, demostraría debilidad ante nadie, no valía la pena, todos eran incalculablemente inferiores a ella y no se lo merecían.
Su vista estaba fija en la mesa metálica que tenía frente a sí misma. Nada en rededor llamaba realmente su atención, nada estimulaba su vista ni era digno de observar, mucho menos el hombre que se encontraba allí, intentando taladrar la cabeza de ella con su mirada que, desinteresadamente, Valquiria ignoraba.
— ¿Necesito preguntar una vez más, Valquiria?— Bramó él.
Al fin, luego de mucho tiempo, el policía había vuelto a hablar. La rubia sonrió, casi despiadada, sin levantar la vista. Él era débil y estaba perdiendo la paciencia. Ella estaba ganando sin siquiera decir una mísera sílaba. No era un rival digno, hasta parecía cómico que lo hubieran asignado a él para aquel caso en particular.
— ¿Quién asesinó a Dylan Lefebvre?— Preguntó el hombre; su voz intentó sonar poderosa, pero estaba cargada de temblores y miedo. La pregunta sólo hizo que la sonrisa anclada al rostro de la muchacha se hiciera un poco más grande. Era, por lo menos, la novena vez que lo había preguntado desde que habían empezado con aquella loca escena. Valquiria decidió que era momento de examinarlo más a fondo, así que levantó la mirada y la dirigió directamente a los ojos de él, quién, penosamente, respondió con un sobresalto. Su rostro estaba sonrojado al extremo por la ira contenida, claro, era obvio. Valquiria tenía pleno conocimiento de que se iba a encontrar con aquel escenario por la forma en que él gesticulaba por la habitación con movimientos bruscos y cortos cuando hablaba.
Entonces, sucedió. Ella pudo notar, mientras lo examinaba, que una gruesa cosa de sudor rodaba por la calva y blanca cabeza del hombre, la cual, luego de un perezoso descenso, se perdió detrás de su oreja derecha. Inmediatamente el desagrado se hizo presente en el juvenil rostro de Quiria, quien lo hizo evidente con una mueca de profundo asco.
— ¡¡Cerdo asqueroso!!— Vociferó, al tiempo que le dedicaba una mirada venenosa. ¿Cómo se atrevía?, pensó en aquel momento ella, asegurándose a sí misma que estando en su presencia él no debería atreverse ni a hablar, aún así, ella le había permitido inclusive gritarle únicamente en pos de su propia y privada diversión ¿pero aquello? ¿Permitirse sudar y contaminar el ambiente en el que ella se encontraba, por el sólo hecho de ser demasiado débil y sentirse atormentado por la presencia de Valquiria? Eso era pasarse por mucho de la raya y fue en ese preciso instante cuando se enfureció, perdiendo su controlado estado de ánimo. Se puso rápidamente a la altura de él y, si era posible, aquel pobre estúpido se puso más nervioso de lo que ya había estado antes.
—Si vas presentarte frente a mí, si quieres siquiera que yo respire el mismo aire que tú, has de hacer, por lo menos, el intento de fingir ser digno de mi presencia, perro. — Ella lo fulminó con la mirada y él quiso escapar, pero la misma puerta que anteriormente él en persona había cerrado para que ella no pudiera abandonar la habitación, fue su perdición, porque sólo le tomó a ella un momento llegar a su lado. Valquiria sintió cómo el corazón del viejo se aceleró, como si quisiera salir de su pecho y esconderse en algún lugar seguro de la habitación. No existía aquel lugar. No con aquella muchacha cerca. No existía forma alguna de salir de allí y Valquiria se aprovechó de ello. Lo miró sólo por unos segundos y luego, sonriendo lánguidamente, despidiéndose tenebrosamente de él con la mirada, se agachó hasta llegar a su pantorrilla, desenvainando la pequeña navaja que tenía escondida recelosamente en su larga bota. Si no actuaba rápido vendrían a por ella y no tendría escapatoria, así que, sin perder ni un segundo, se precipitó hacia el cuello del hombre, localizó su inflamada yugular y cortó, profundamente, hasta que todo se bañó de sangre caliente.
—Te haré una confesión, viejo sudoroso. Maté a Dylan y acabé contigo, puedo acabar con todos si así lo quisiera. — Habló al aire, con gesto siniestro. La puerta se abrió y dos guardias la inmovilizaron en un abrir y cerrar de ojos. Qué lentos, pensó ella, podría acabar con estos dos viciados sin más esfuerzo del que empleé con el gordo
Fue en ese momento, cuando todo empezó, ¿y cómo terminaba aquella locura? Con un juicio fallando en contra de Valquiria Kraven, quién sería llevada a la brevedad a un centro psiquiátrico de alto prestigio para ser tratada y controlada por especialistas de renombre e íntegramente capacitados para mantenerla a raya de la sociedad. Lo que nadie sospechaba era que, en el centro psiquiátrico donde Valquiria iba a ser ingresada, había doctores que estaban igual o más desquiciados que la propia rubia de sonrisa macabra que había matado a dos hombres en menos de una semana y sin ningún rastro de piedad.
(***)
Los recuerdos de aquel día se habían grabado a fuego en la cabeza de Valquiria y ella, cada vez que podía, los volvía a rememorar. Le gustaba imaginar que aquel hombre tenía una familia, que sufría al vivir constantemente con el vacío que había dejado aquel padre, esposo u hermano ausente.
— ¿Otra vez sumergida en tu trastornada mente, Quiria? —La voz demasiado dulce de Lorraine le desagradó a Valquiria en el preciso instante que la escuchó. Era estúpido que tuviera voz de hada, cuando en realidad era una bruja dispuesta a darte en la cabeza con algún objeto si no estabas totalmente alerta.
La rubia se enderezó en su cama, haciendo un pequeño ruido de resortes. Pestañeó unos segundos incorporándose a su realidad con soltura y rapidez. Miró a los profundos ojos de la mujer y le sonrió sin humor alguno. Todos los días era lo mismo.
—A veces me entretengo pensando en cuál sería la forma más dolorosa de matarte, pelinegra. —La voz con la que Valquiria habló, estaba cuidadosamente entonada para que no revelara emoción alguna cuando se escuchaba. La enfermera rió, acostumbrada a ese trato por parte de ella y le tendió un vaso blanco de espuma con tres pastillas dentro y otro, de plástico, con agua. Val alzó una ceja, tratando de parecer sorprendida. —Sólo tres hoy, ¿es que acaso estoy mejorando? —Intentó bromear con su enfermera. Lorraine la miró, con aire de falsa y plástica familiaridad, siguiéndole el juego.
— ¿Mejorar, tú? No hables tonterías, mujer. Seguro que son de cianuro, por eso hay más de una; para que no tengas posibilidades de quedar viva. Morirás antes de darte cuenta. —Aseguró, mirándola fijamente. Valquiria sopesó la idea por un segundo o menos que eso y, en un reto silencioso hacia la mujer que tenía al frente, se tomó las pastillas junto con el agua sin quitar la vista de los grandes ojos que la miraban atentamente. Una sonrisa, que pareció genuina, atravesó el rostro de Lorraine y asintió, a nada en particular, mientras se retiraba.
—Estás desquiciada, Valquiria. — Fue su única despedida, mientras desaparecía por el pasillo.
—Yo también te tengo mucho aprecio, perra manipuladora. — Gritó la rubia hacia la nada, esperando que la haya escuchado. El sonido del cerrojo al unirse con la llave se escuchó, haciendo que Valquiria sonriera. Todos los días era lo mismo, nunca fallaba. Era un ciclo de medicar a la loca; encerrarla para que no cometiera estupideces; volver a medicarla y así sucesivamente. A Valquiria no le importaba, hacía tiempo había aprendido a actuar incluso bajo los efectos de las píldoras.
(***)
La hora de la liberación había llegado. Cuando Valquiria salió, no se molestó en dar una mirada rápida a su alrededor. Caminaba con aire relajado, manteniendo una postura desinteresada. Ni ahora ni nunca las cosas que sucedían dentro de aquel estúpido lugar le habían importado. Siempre era lo mismo, había estado en tres centros psiquiátricos y todos eran iguales, lo único que cambiaba en ése en particular, era su macabra e innovadora forma de sanar a sus pacientes. Competición.
Cuando la rubia entró en la gran sala, sintió la punzante necesidad de que todos notaran su presencia, que la observaran y supieran que Valquiria Kraven había entrado a la estancia, pero no se esforzó por ello, un público de personas chifladas no era la audiencia preferida para ella.
Tomó asiento en silencio, sin mirar a ninguna parte en particular.
Luego de unos minutos, una insistente sensación de ser observada le taladraba la nuca. Levantó la cabeza, robándose algunas miradas asustadas.
La persona que la miraba con fijeza se encontraba detrás de ella. Era una chica desagradable que no hacía más que sonreír.
— ¿Qué miras, bicho? — Siseó dándose la vuelta, aún sentada. La chica miró ansiosamente a su alrededor, pero no dijo nada.
— ¿Siempre estás enojada? —Preguntó la muchacha, con aire inocente. Valquiria rodó los ojos y bufó. La chica aparentemente tendría unos veintitantos años, pero su forma de desenvolverse en su entorno era la de un crío de 9. Algo demasiado infantil para Valquiria, las edades de sólo un dígito le traían demasiados malos recuerdos, Azrael seguía en su memoria.
—Te golpearía si los guardias no estuvieran vigilando, pendeja. —En aquella frase, Valquiria se permitió un tono siniestro, lo que produjo un cambio instantáneo en el rostro de la chica. En él se revelaron sentimientos entre nerviosismo, extrañeza y temor. Un carraspeo de garganta que se escuchó al lado de Valquiria la detuvo de seguir atormentando a la chica, quien a la primera oportunidad, salió corriendo en busca de cualquier otro asiento.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:30 pm

]«Confieso que estoy asustada y cansada, no creo poder salir de ésta... ya no.»

Dejó caer el lápiz a su lado, haciendo un pequeño ruido mientras éste rodaba por el suelo y con una mano temblando, cogió un pequeño bote de pastillas que descansaba en la mesa a su lado. Las contempló por unos momentos, dudando, viendo a través del cristal aquellas blancas píldoras de escape, aquellas que la liberarían de los problemas y la soltarían en la negrura de un abismo anestesiado para siempre. La vida se le derrumbaba con cada respiración, con sólo pestañear veía cómo todo se caía a pedazos a su alrededor. Por 17 años había luchado con garras y dientes, pero se había hartado de todo, necesitaba al fin un descanso. En realidad no, no un simple descanso. Eso no bastaría. Ella iba por la vía de escape, en busca de una salida definitiva, sin vuelta atrás.
Las cosas se volvieron borrosas por algunos instantes, no supo qué pasó a su alrededor, pero cuando se recuperó de su ensoñación, el agitamiento y el miedo eran palpables.
Estaba algo desorientada y jadeando por la ansiosa expectación de saber que algo malo ocurriría. Profirió un grito de sorpresa cuando, en la puerta de la sala que permanecía abierta, apareció ante ella un hombre, que navaja en mano, la miraba con perversa satisfacción. Jamás lo había visto ni tampoco sabía cómo había llegado hasta allí, pero estaba segura de que su vida corría riesgo y, de improviso, toda idea de querer terminar con su existencia ella misma, perdió valor y se reemplazó en su interior por un miedo irracional al imaginar que no volvería a abrir los ojos nunca más. Dio gracias al cielo de no haberse tomado las pastillas, porque ella estaba convencida de no habérselas tomado, no lo recordaba, ¿o sí?. Gimió.
El hombre avanzó lento, como un depredador que, sagaz y calculador, no ve la necesidad de apresurarse para llegar hasta su presa y acabarla. La joven trató de correr, pero sus piernas no le respondieron. Esconderse ya no era una opción. ¿Gritar por ayuda, quizás? No, ya no estaba a salvo, su fin se acercaba porque nada fue lo bastante rápido como para huir del hombre.
Él la sujetó con fuerza y la atrajo hacia su cuerpo, de espaldas, mientras que, sin esperar nada, el feroz y silencioso filo del cuchillo rasgó sin apenas esfuerzo la delicada piel de su joven cuello. Pero entonces, cuando él le golpeó el rostro con una pesada bofetada, ella abrió los ojos e inhaló con fuerza el aire que parecía faltarle. Estaba sola en la habitación y la sangre que veía por todos lados no provenía de su cuello, que supuestamente había sido cortado, sino que provenía de al menos diez cortes, finos, profundos y definidos en sus muñecas. Gimió nuevamente, como recordaba haberlo hecho en presencia del hombre. No tenía idea de qué sucedía y cómo llegó a autolastimarse. Miró a su alrededor, sollozando, perdida y sin saber qué hacer. A su lado, en el suelo, descansaba abierto el frasco de pastillas que ella había
Entonces, atando los cabos sus pensamientos se fueron aclarando y supo a ciencia cierta que su mente había jugado con ella y que jamás hubo un hombre, ni existió en su rostro una perversa mirada de satisfacción, sino que había sido ella misma la que, viéndose acorralada por todo y todos, decidió, ensimismada, terminar con su vida. Una pequeña lágrima, esa última que sus ojos llorarían, se fue deslizando por una de sus mejillas mientras sentía que sus fuerzas la abandonaban y se perdía en la negrura de un viaje sin retorno. El juego había terminado, los problemas habían vencido.
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:32 pm

—Los ojos, —Dice Castiel a Dorian, con voz imperial. —Los ojos, según aquel libro, son la ventana al alma. ¿Cómo, entonces, nosotros vamos a merecerlos, si no poseemos alma? Aquellas ventanas, abiertas de par en par, sólo dejarán ver nuestro cascarón interior vacío. O, peor aún, ¡Dejarán a la luz nuestro infierno de entrañas! Debemos buscar un artefacto, algún modo de eliminar los ojos de nuestro pueblo.— Tomó un pequeño botón de la alacena y se lo enseñó, moviéndose por la habitación teatralmente. —Desde ahora, querido Dorian, desde este preciso momento, a todo ser que habite nuestras tierras se le reemplazarán los ojos por ésto. Dolerá, sí, pero es una pequeña cuota a pagar para todo nuestro reino de Ashes, si les tapamos los ojos, nadie podrá ver nunca más sus vergonzosos pensamientos más oscuros. ¡Botones, esa es la nueva ley y, quién no la respete, será castigado con la tortura eterna en Monte Ayma!
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Sáb 14 Dic 2013, 1:30 pm

Terminé, no hay más. o:
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Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

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