O W N
¡Conéctate y ven a divertirte con nosotr@s! :)
Si no estás registrado, hazlo y forma parte de nuestra gran comunidad.
¡La administración ha modificado otra vez el foro, y los Invitados ya pueden ver todas las secciones! Aún así, para comentar y crear temas debes tener una cuenta.

Cualquier duda, queja o sugerencia que quieras darle al staff, éste es nuestro facebook: https://www.facebook.com/onlywebnovels

¡IMPORTANTE!, los Mensajes Privados de los Invitados no serán respondidos por la administración. Te esperamos en nuestro facebook (:

Atte: Staff OnlyWns.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Mover y Borrar Temas |11|
Hoy a las 4:01 pm por Carstairs

» être dans la lune.
Hoy a las 4:00 pm por Ongniel

» Instituto Fénix. (Muro interactivo) | N.C.
Hoy a las 3:55 pm por Carstairs

» #UCLAshit
Hoy a las 3:53 pm por bomb.

» monmouth manufacturing
Hoy a las 3:37 pm por greywaren

» hypocrates
Hoy a las 3:33 pm por chihiro

» Heroes. (Colectiva)
Hoy a las 3:29 pm por Jones.

» daydreamin'. ♡
Hoy a las 3:24 pm por bwiyomi.

» Survive. (RESULTADOS)
Hoy a las 3:23 pm por Jones.

novedades

00 . 01 Anuncios del mes febrero.
00 . 02 Actualización del PROTOCOLO, nueva medida obligatoria de avatares.
00 . 03 Remodelación del foro febrero del 2017.
00 . 00 Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit.
administradora
Rumplestiltskin. ϟ Jenn.
miembros del staff
Beta readers
ϟ hypatia.
aka Kate.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ dépayser
aka Lea.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ youngjae
aka .
MP ϟ Ver perfil.
ϟ Stark.
aka Cande.
MP ϟ Ver perfil.
Equipo de Baneo
ϟ Ariel.
aka Dani.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ ceonella.
aka Cami.
MP ϟ Ver perfil.
Equipo de Ayuda
ϟ Ritza.
aka Ems.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ Charlie.
aka idk.
MP ϟ Ver perfil.
Equipo de Limpieza
ϟ Legendary.
aka Steph.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ chihiro
aka Zoe.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ Kurisu
aka Teph.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ Calore
aka idk.
MP ϟ Ver perfil.
Equipo de Eventos
ϟ ego.
aka Kalgh/Charlie.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ Asclepio.
aka Gina.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ mieczyslaw
aka Alec.
MP ϟ Ver perfil.
Equipo de Tutoriales
ϟ Kida.
aka Ally.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ Spencer.
aka Angy.
MP ϟ Ver perfil.
Equipo de Diseño
ϟ insxne.
aka Mile.
MP ϟ Ver perfil.
ϟ yoongi.
aka Valu.
MP ϟ Ver perfil.
créditos.
Skin hecho por Hardrock de Captain Knows Best. Personalización del skin por Insxne.

Gráficos por y codes hechos por Kaffei e Insxne.

Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Página 1 de 3. 1, 2, 3  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Jue 12 Dic 2013, 5:21 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Ostento un arma intensa, poderosa. Arma que puedo empuñar cuando todo mí alrededor se cae a pedazos en un tóxico y viciado ambiente impregnado de adolescencia. Éste arma, que cuido recelosa, me permite viajar a lugares desconocidos, imaginar con libertad y expresar hasta el más minúsculo de mis pensamientos, por muy mundanos, incomprensibles u oscuros que éstos sean. Me refiero, por supuesto, a la escritura.
---
En este tema, daré a conocer cada uno de mis escritos, terminados o no y, además, si os gusta mi "trabajo", tendréis la posibilidad de pedirme un texto. De cualquier género, cualquier tema, cualquier personaje y cualquier ambiente.   Aunque bueno, no creo que eso tenga mucho éxito, so... si no llega ningún "pedido", simplemente me limitaré a subir lo que ya tengo.  🍌 


bárbara | 16 años | chilena | escritora... mediocre.
no muerdo, nada, o bueno... un poquito.
Si, puedes comentar, cualquier duda... ¡solo pregunta! *-*


Última edición por Bárb el Lun 17 Feb 2014, 12:58 am, editado 1 vez
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Jue 12 Dic 2013, 5:39 pm

Hola, me presento ante ti, enviándote lo último que escribiré en la vida (Luego lo entenderás)
No te diré quién soy, pero lo sabrás, y, aún si no lo haces, lo sospecharás, sé que lo harás.
La vida contigo fue fantástica, casi mágica. Tanto que jamás pude volver a vivir algo parecido a la alegría que tú me provocabas. ¿Recuerdas cuando cada vez después de mirarme fíjamente a los ojos, no podías evitar preguntar a qué le temía? En ese entonces yo no lo sabía, pero ahora estoy segura, mi mayor temor, el más grande de mis miedos es y siempre fue estar sin ti, lejos de tu calor y fuera del alcance de tu sonrisa. Éso es lo que me llevó a la autodestrucción. Nos separamos, abandonaste mi lado y emprendiste un nuevo camino, con nuevas personas y un nuevo ambiente. ¿Cómo podría yo competir con eso? Ni siquiera lo intenté, porque era una batalla perdida sin apenas haberla empezado. Hoy con ésta carta estoy removiendo lo que tenías como pasado y lo que aún sigue siendo el presente para mi. Sé que no estás entendiendo nada, en realidad ni siquiera yo sé qué está pasando, pero te deseo una vida próspera. Aprovecha todas las buenas oportunidades que tengas y no desperdicies el cariño de las personas que te rodean. Lucha por lo que quieres, no te dejes vencer como yo lo hice. Eres la única persona a la que le dedicaré mis últimos pensamientos, porque estoy sola en el mundo y tu cariño, ese que alguna vez me tuviste, será la única cosa a la que me aferraré durante toda mi eternidad. En este momento ya no hay solución alguna para mi alma, la salvación de la muerte es la única que puedo alcanzar. Mi cuerpo está cansado, mi corazón débil y mi alma herida. Bajaré los brazos, detendré mi lucha, descansaré en paz y, para cuando leas esto, simplemente... ya me habré ido.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Jue 12 Dic 2013, 5:56 pm

Con las manos temblorosas, abrí el pequeño trozo de papel doblado y se me encogió el corazón al reconocer la desordenada letra de Kyle. Quise dejar a un lado el papel y no leer siquiera una palabra, porque presentía lo que vendría después de esto: Dolor, más dolor del que yo pudiera soportar y tenía miedo de enfrentar la cruda realidad. La solitaria y grisácea realidad que se repetía ante mí como un amargo vídeo que se reproducía un millón de veces en mi vida, sin tener fin.
Suspiré, tomando valor y sentí que en esa nimia exhalación se me removía el alma, rasgando mi interior. Allí, en el inicio de la carta, estaba mi nombre, junto a aquel infantil apodo que él había insistido en ponerme y, de verdad, jamás sentí un sentimiento tan amargo al leerlo, sabiendo quién lo había escrito y porqué. La primera lágrima, de muchas que vendrían tras ella, rodó veloz por mi mejilla, dando inicio a una lluvia salada que recorría mi rostro y yo no hice nada para pararla. El llanto desahoga, ahuyenta a nuestra locura. resonó en mi mente con la misma voz de quién me lo dijo, destrozándome un poco más.

«Lenna, pequeño narciso.

Si alguna vez me pasa algo por protegerte y debo salir de tu vida de manera imprevista, por favor, no intentes dañarte ni llores tampoco, eres fuerte y mi ausencia no logrará derrumbarte, creo en ti como tú creíste en mí durante toda nuestra historia. Sólo te pido que hagas valer mi sacrificio, amándote y cuidándote como sabes que yo lo haría. Siempre debes recordar que por ti doy la vida y mucho más.»
Después de esto, debería llorar a mares para mantener a la locura lejos de mí, para evitar que ella siga corrompiendo mi mente como antes, porque ya no había nada por lo que seguir luchando.
El maldito psiquiátrico había terminado con la vida de muchos internos y se habían llevado a Victoria, dándole comienzo a nuestra lucha de dos locos contra un completo servicio de guardias y médicos,  la que, luego de mucho pelear, perdimos por una estúpida equivocación de cálculos y un descontrol de nuestras enloquecidas mentes. Kyle ya no estaba, Vita ya no estaba, sólo yo sobrevivía y… no era una buena vida. Que se joda todo el mundo, ya estoy loca, no me importaba luchar más, pero... ¿qué podía hacer? Sólo quedaba una opción en toda esta oscuridad, una pequeña luz, algo a lo que aferrarse... El recuerdo de Kyle. De eso me valdría para sacar todavía más las garras y los dientes, para dar lucha digna de una guerrera... una guerrera loca, sin miedo a nada, sin nada que perder y totalmente imparable.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por Guest el Jue 12 Dic 2013, 6:36 pm

PRIMERA. (?)
¿por dónde empiezo? ay, bárb...no tienes idea de lo mucho que me gusta lo que escribes. ¿algo más hermoso? no, no creo que exista. imposible. no hay nada que se asemeje.
¿cómo es que no habías creado este tema antes? ahora te leeré más seguido.  no sabes cómo me emociona eso. 
bueno, soy bastante mala con las palabras y las críticas constructivas y eso...que sé yo, ni idea de por qué estoy en el foro. ¿será porque sabía que encontraría gente como tú? no, espera, ¿como tú? nadie.
bueno, te amo. :c y escribe más, por favor. :c y si quieres dedicarme algo...yo no digo nada, eh.  (?) ah
te amo. <3333333333




pd: primera, primera, ¡PRIMERA! (?)
pd2: de paso, qué mensaje más pedorro...(?)
Guest



Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por khaleesi. el Jue 12 Dic 2013, 6:47 pm

*dice el nombre completo de Barb* aish, me daba cosa comentar but la gato comentó, so eso me dio confianza (?)
Que te puedo decir que no te digan ya? Escribís hermoso weon, tenés un futuro enorme por delante y idk, no se comentar muchos obre las escrituras, pero lo digo de corazón (? Me encanta la profundidad, pero a la vez la simpleza que encuentro en tus escritos. Es fácil comprender los sentimientos y la emoción en las palabras, y eso no es algo que logran muchos
Te dije que entré como cuatro veces acá, so con esto son cinco vistos en este tema (?) te stalkeo compulsivamente y esop. 
te quiero mucho mucho Barbu  
Besotes, ily <33333
pd: quizas te pida algo, o cuando se me dé de caradura te obligue a dedicarme algo (?) ah.
avatar


Ver perfil de usuario
---
---

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Jue 12 Dic 2013, 7:53 pm

¿Qué tan fuerte serías si tu vida se estuviera derrumbando poco a poco, día a día y en pedazos? ¿Crees que soportarías la presión de millones de peleas con tus padres, bajas notas en el instituto y verse obligada a madurar de golpe? Quizás no, quizás explotarías al primer día de vivir ese calvario, pero hay una chica, como muchas otras, que lidia día a día con esa prueba del destino.

A estas alturas, sin duda alguna me veía más perdida que nunca, detestaba todo esto. Las cosas últimamente iban de mal en peor, las peleas en casa con mis padres habían aumentado y mis notas en el instituto estaban bajando cada vez más. Poco a poco, veía ante mis ojos como todo se sumergía en una especia de mar de agua turbia y sucia, que cubría lentamente las cosas a mi alrededor, inundando mis sentimientos y sacando a flote todo lo malo, desapareciendo por completo las cosas buenas que solía ver de la vida. No sabía qué hacer, pensaba que pronto mi cabeza explotaría en pedazos, o que al otro día mis ojos no podrían abrirse de nuevo, dejándome destinada a estar muerta en vida, en una oscuridad completa.
Me llevé un cigarrillo a la boca, suspiré profundamente y lo encendí, estuve con los ojos cerrados unos momentos y luego de abrirlos, exhalé sacando el humo desde mis pulmones y me dediqué a observar todo lo que se veía desde el techo de mi casa; el jardín trasero, con el césped descuidado y enmalezado, la vaya que marcaba el límite de nuestro terreno con la vía pública, en donde se podía apreciar la calle alumbrada por la luz de dos faroles iluminados, mientras que más allá había un tercero parpadeante, luchando por no apagarse, me sentí identificada con ése candil, ya que era exactamente así como me sentía ahora, parpadeante y por momentos apagada.
El techo de mi casa era mi guarida, subía hasta él siempre cuando tenía demasiados problemas, cuando me sentía ahogada y sin salida, lo que era casi todos los días, ya se me había hecho una rutina. Últimamente allí se me hacía mucho más visitado que otras veces, porque últimamente estaba más perdida que nunca y mi mente no cesaba de pedirme un descanso, una forma de escapar al calvario que estaba viviendo, ésa era la única manera de despejarme un poco de todo aquello, no había más.
Muchas veces había pensado en qué pasaría si me arrojara de esta altura, que era considerable al ser una casa de tres pisos, arrojarme al duro cemento que cubría la entrada al jardín trasero, volar unos segundos por el aire, me imaginaba el viento golpeando mi cara vertiginosamente sintiendo su fuerza, y luego de que la fuerza de gravedad hubiera hecho lo suyo, ya no saber nada del mundo. Pero luego de pensarlo bien, sopesarlo durante unos minutos, desechaba la idea porque no me atrevía, porque era una cobarde, una cobarde que no tenía el valor de terminar con esa mierda de vida que llevaba, una cobarde que no era capaz de acabar con su miserable sufrimiento.
Intenté pensar, discernir qué hacer en ese momento, tomar un camino para llevar a lo largo de lo que me quedaba de existencia o por lo menos por un tiempo, pero todas las cosas en mi mente estaban desordenadas, sin ningún patrón, todo estaba vuelto al revés, no entendía nada ni de mi vida ni de mi ambiente, sólo quería morir, pero no iba a dejarme vencer, no después de estar 18 años luchando por ganarle al destino, aunque siguiera sin saber qué hacer con mi vida, tenía una cosa clara desde siempre; el suicidio no era una opción, ni ahora ni nunca, no importaba qué tan mal estuvieran las cosas, no lo haría.
Estuve unos minutos sin hacer nada, quieta y sólo pensando –Aunque mis pensamientos no tuvieran congruencia alguna–, mientras que el sonido de los automóviles al pasar, me servía como una improvisada música de fondo. Le di una última calada a mi cigarrillo y lo apagué, para después arrojarlo despreocupadamente a cualquier lado, me puse de pie e intenté mantener equilibrio, muchas veces había estado al borde de caerme, pero por alguna razón jamás lo había hecho y no iba a ser esta la excepción. Luego con paso titubeante bajé del techo por la oxidada escalera para incendios y me arrojé sin un ápice de delicadeza hacia la ventana abierta para entrar a mi sofocante habitación, que consistía en una cama de una plaza, con un edredón color púrpura que tenía una que otra quemadura de cigarrillo, echas casualmente cuando fumaba encima de él, las paredes estaban empapeladas en fotografías, en algún recuerdo de mi mente sabía de qué color eran las paredes antes de que aquellas fotos de todos los portes y todas sacadas por mí, unas alegres y otras tristes, una que otra sin sentido alguno y más de alguna con un significado especial, ocuparan todo el lugar, estaban pegadas unas a otras, muy juntas, había comenzado a pegarlas hace más o menos un año y ahora, tres de las cuatro pareces de mi habitación, estaban atiborradas completamente de fotos, por donde quiera que mirase y la cuarta pared, estaba ya por la mitad, me faltaba muy poco para terminar de llenarla, entonces reconocí el color crema gastado que se alzaba en la mitad de esa cuarta pared, ése era el color que antes predominaba en mi habitación.
Irónicamente, en todas esas fotos, había muchos ojos mirándome, atentos e inmóviles, miles incluso acompañado y viendo cada uno de mis movimientos, pero aún así una familiar sensación de vacío y soledad me recorrió por completo y un escalofrío nació en mi cuello para desaparecer en mi columna baja. Noté, sin sorprenderme, que el ambiente cambiara radicalmente entre el despejado y liviano aire del techo, al aire lleno de presión e incomodidad que me daba entrar en la casa.
Luego de darle una repasada rápida a las paredes, me fijé en mi escritorio, pasé la vista por la laptop que descansaba en él –los dos regalos de mi tía Javiera, por mi cumpleaños número 17– Me estremecí mientras suspiraba, a esas horas estaba todo extrañamente callado, era raro, porque en aquella casa las veinticuatro horas del día habían gritos y malos tratos por todos lados.
Miré el reloj que estaba sobre mi mesita de luz, en donde rezaba "22:10 p.m", me sorprendí al notar que había pasado más de tres horas en el techo y el tiempo había pasado como si nada.


capítulo uno, novela... sin terminar. jgh
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por Blue• el Vie 13 Dic 2013, 8:39 am

Tercera 🍌 okno.-.
bien... ¿como decirte que escribes GENIAL? bueno: ¡ESCRIBES GENIAL WEON!
Escribes re cúl, muy profundo todo, la verdad tenes talento... mucho... [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]Espero sigas escribiendo, tal vez te pida algo luego :bye:
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 9:04 am

Renné Randford, Nightmares.

Al llegar a su destino, Renné miró la puerta de entrada de la avejentada casa y pensó de inmediato que esa construcción había sido hermosa en sus primeros años. Ahora, el tiempo la había desgastado, y en ese momento lucía un lúgubre color rojo ladrillo.
Despejando su mente de aquellos pensamientos, fijó la mirada al frente y, simplemente, entró. Ella no necesitaba llamar a la puerta para anunciar su llegada ni pedir permiso a nadie, solo atravesaba todo y a todos. Porque claro, su condición de fantasma atada a la tierra le traía ventajas como esa. Al estar dentro de la casa, sintió una extraña sensación de que todo le era conocido, algo en la decoración, en los pequeños detalles… le decía que ella había estado allí en más de una oportunidad, quizás en su vida aún terrenal, pero no llegó a descubrirlo. La curiosidad le picó, empujándola a inspeccionar la casa y pensando en que tendría toda su eternidad para hacerlo, caminó por cada lugar con deliberada lentitud.
Revisó todos los lugares de la planta baja, y no se encontró con nadie, quizás ni siquiera el muchacho al que venía a ver estuviera allí y tendría que volver en otro momento o esperar hasta que él llegase. Aunque la verdad, poco le importaba hacerlo.
Subió las escaleras, sintiendo aún esa rara familiaridad con todo, y se encontró con un largo pasillo. Al estar allí, escuchó inmediatamente música a todo volumen, pero no música común y corriente, sino que… música clásica. Se dejó guiar por el sonido y se encontró con una puerta y, al acercarse y ver el cartel que decía "Matthew", sonrió, atravesando sin más la delgada puerta de madera.
A esas horas llovía, una gran tormenta se avecinaba, aunque recién estaban apareciendo los primeros signos del aguacero. La mayoría de los niños en sus casas lloraba por ver su Halloween arruinado. En la habitación de Matthew, no se oía nada más que la lírica voz de una soprano a todo volumen, a él no le importaba el Halloween, ni los dulces, mucho menos los pequeños llorando por no poder salir, el ruido de la lluvia no alcanzaba a colarse a los oídos del muchacho, quién estaba con sus ojos cerrados y sintiendo la música en todo su cuerpo, relajado y pacífico, sólo concentrado en ello.
Renné se movió por la habitación con pasos lentos, hasta llegar a una de las esquinas, manteniéndose quieta y atenta, solo para mirar y anhelar lo que Matthew estaba viviendo. Entonces, al recordar que ella ya no vivía más para poder disfrutar de las pequeñas cosas como lo estaba haciendo él, un hilo de celos e ira se coló en su mente y, gracias a eso, le dio el pase a Joaquina para poder actuar, siempre pasaba sin previo aviso, Joaquina, aquel maldito otro yo del que no se había podido deshacer ni siquiera en la muerte, dominaba su mente ahora. Los intereses de ella eran distintos a los de Renné, ella quería hacer daño, infringir temor. Se limitó a quedar observando cada mínimo movimiento del muchacho, intentando buscar su punto débil, algo con que molestarlo. Luego de un rato, dado que la búsqueda de debilidades fue infructuosa porque Matthew estaba demasiado pasivo, se decidió a jugar con sus cosas. Levantar retratos, aventar almohadas, algo que le diera a entender al chico que ella estaba allí, que algo sobrenatural lo estaba visitando, pero no quería mostrarse ante él, por lo menos no todavía.
La sonrisa en la cara de Joaquina era perversa, ella se sentía hecha para hacer el mal, nada más que el mal. Avanzó con paso firme hasta un lado del muchacho, y levantó una fotografía, ésta enmarcaba a una pequeña niñita, la hermanita fallecida del muchacho, sospechó ella y, al pensarlo, le dio mucha más satisfacción. La miró por unos segundos y, sonriendo, la lanzó con fuerza a una de las paredes. El vidrio del marco se hizo añicos y el ruido alcanzó a sobreponerse a la música y escucharse en los oídos de Matt, quien abrió los ojos de inmediato, asustado. La música se detuvo, los ojos se le cristalizaron y no sabía qué hacer, ¿Qué sucedió?, se preguntó él pensando. No alcanzó a decir nada cuando una figurita de su mesita de noche voló por los aires estrellándose a su lado. Una risa que se escuchó de la nada lo alertó, era una risa seca, rasposa. La misma que todas las noches lo atormentaba hasta derrumbarlo, burlándose de él, castigándolo por… por ser gay.
— ¿Otra vez tú? —Preguntó acelerado. Estaba solo en la habitación, él lo sabía, pero también creía firmemente que no todas las cosas tienen que verse para saber que allí están. — ¡Déjame en paz de una puta vez! —Gritó. Fue en vano, ya que en ese momento, ya lo atormentaban más voces sumándose a aquella macabra risa. Podía escuchar la voz dura y autoritaria de su madre, la joven risa de su pequeña hermana y otras que no conocía, pero todas con un objetivo claro: burlarse de él, llevarlo a la locura por ser un maldito homosexual y él estaba seguro de ello. Por su parte, la malvada Joaquina, seguía arrojando cosas en todas direcciones, sin piedad, silenciosa, permitiendo que las voces en la cabeza de Matthew hicieran más gracioso todo el espectáculo.
De repente, alguien abrió de golpe la puerta de la habitación, era un hombre, parecía desesperado. Joaquina no se esperaba aquella visita y detuvo su pequeño jueguito de la locura. Vio cómo el hombre abrazó a Matt, intentando calmarlo, diciéndole repetidamente "Todo va a estar bien”. Fue ahí donde vio su rostro, más bien, sus ojos. Esos grandes ojos azules que tanto conocía. Su pasado, aquel que llevaba años siendo el mismo, aquel que se congeló el día de su muerte, brotó en su mente como un rayo, recordando momentos ya olvidados que sin duda había vivido con el hombre que se encontraba frente a ella. Era Joseph, su amigo de toda la vida, el que por años había con ella contra sus demonios, al que le dedicó sus últimos pensamientos en el momento de arrojarse a las vías del tren y terminar con su vida, al que le debía millones de sonrisas. Renné controlaba otra vez su mente, la adrenalina de volver a ver a alguien de su pasado la hizo sobreponerse a su otro yo, lo observó junto al que parecía ser su hijo. Ahora sí que podía el parecido de ellos. Matt era la viva imagen de un Joe joven pero atormentado, el hombre ahora era un cuarentón, el tiempo había calado hondo en sus facciones, varias arrugas surcaban su rostro y aquel peinado juvenil que a ella tanto le gustaba había abandonado su cabeza, siendo ahora remplazado por un recto corte de oficinista. Ella tuvo la tentación de mostrarse ante ellos, hablar otra vez con Joseph, contarle cuán difícil habían sido estos años, decirle todo lo mucho que le extrañaba y necesitaba, pero no, se quedó en silencio, viendo cómo le daba consejos a su hijo. Sus ojos mostraban preocupación, dolor. Ella miró a su alrededor y se dio cuenta que muchas cosas estaba en el suelo, destruidas y se maldijo mil veces por cargar a Joaquina en sus espaldas, nunca se sabía qué iba a hacer ni cómo iba a reaccionar. Ahora lo único que sabía era que debía cuidar de ese chico para de alguna forma devolverle el favor a su viejo amigo, y así lo haría, aunque tuviera que pelear hasta con ella misma.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 10:00 am

Renné Randford, Nightmares, capítulo 2. Narrado por ella.

La lluvia no había parado en ningún momento de la noche y yo cada vez me impacientaba más, no sabía qué hacer. Estaba totalmente aburrida, tanto que terminé cantando una estúpida cancioncilla de niños, esa que dice "Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña..." ¡Llegué hasta los 235 elefantes!, era un estúpido intento de mantener mi mente algo ocupada para no sentirme horrible al estar provocándole tan cruel pesadilla al muchacho que tenía frente a mí, pero nada podía yo hacer. Cada vez que lo miraba, Matt se revolvía entre sus sábanas inquieto, sudando y gimiendo un par de veces; lo observé por mucho tiempo, atenta, evaluando sus rasgos, de verdad se parecía a Joseph, al mejor amigo que tuve alguna vez, a ese hombre con corazón de oro al que mi memoria ya gastada casi había olvidado por completo. Me senté a su lado y comencé a pensar. ¿Cómo fue la vida de Joe después de mi muerte?, ¿Se había casado, era Matt su único hijo?, había muchas preguntas en mi mente, que si pudieran, me matarían otra vez. Una de las características más típicas mías era la gran curiosidad que siempre he tenido. Y, para mi desgracia, más de alguna vez había comprobado la veracidad de la frase "La curiosidad mató al gato", enterándome de muchas cosas que no debería por esa estúpida necesidad de saber todo. Me levanté de donde estaba y miré a mí alrededor. Todo estaba en perfecto orden ahora, pero había menos cosas, porque muchas de ellas se habían hecho trizas por mi culpa, más bien, por la culpa de Joaquina. Joseph tardó mucho tiempo en poder calmar a Matt, poco después de que él entrara y lo abrazara, el muchacho empezó a gritar descontroladamente y se revolvió incontrolado entre los brazos de su padre.
Joe tuvo que inyectarle un sedante, lo que dejó a Matt en una pasividad forzada pero absoluta. Y, cuando al fin se durmió del todo, pude observar cómo Joe, como un buen padre, lo dejó en su cama, lo arropó cuidadosamente y dándole en un susurro las buenas noches, salió en silencio. Me sentí realmente mal, más que antes, al pensar en todo lo que había ocasionado en sólo la primera noche que pasaba con ellos, entonces quise salir de allí y despejarme. Debía hacerlo. Atravesé la pared y me encaminé por un oscuro pasillo, sin bajar del segundo piso. No sabía a dónde conducía, ni mucho menos, pero quería caminar. Al momento de pasar al frente de una puerta enmarcada con pequeñas manchitas de colores, sentí una presencia, tan fría que me recorrió un escalofrío, lo pensé unos segundos y entré.
Cuando la abrí, mis ojos se ensancharon. No había pensado encontrarme con algo como lo que veía. Simplemente, sii hubiera estado viva, mi grito de horror se escucharía por toda la casa, pero no, pues gracias a estar muerta, no sentí nada, y más bien... ahora que lo pensaba, ya casi ni recordaba cómo se sentía experimentar algún sentimiento, no de aquellos fingidos ni por mera inercia como yo solía tenerlos, sino reales y verdaderos, de esos que se parece a que quemaran tu interior de tan solo sentirlos. Pero aunque fuera poco lo que recordaba de ellos, sentí el pequeño cosquilleo en la nuca que sucede cuando algo es desagradable, ese que te recuerda que estás en el lugar equivocado, el que te dice "Sal de allí, vete, corre y escóndete.", no le hice caso y me quedé observando que allí en ese pequeño cuarto, arrodillada en el suelo, se encontraba una pequeña, llorando desconsoladamente, rogando piedad a gritos. ¿A quién le pedía piedad si sólo estaba ella y yo en aquella habitación? Me acerqué y su llanto era cada vez más ensordecedor.
—Mami, por favor. Te amo, no lo hagas, mami no... ¡No, mami, me lastimas, mamita! — Repetía con tal desespero que quise correr a abrazarla y decirle que todo estaría bien. Me acerqué lo suficiente para que me notara y me miró, sus ojos estaban desorbitados y sin vida, totalmente vacíos.
—Pequeña, ¿Quién eres tú, cómo te llamas?—Le pregunté con cautela, era obvio que era un espíritu, al igual que yo, pero no sabía quién era o qué hacía allí, mi curiosidad fue más grande que mi instinto de salir corriendo, además de que ella me parecía algo conocida, en alguna parte la había visto y no sabía dónde. Ella se levantó con un movimiento ligero y controlado, como si quisiera mantener la calma, pero giró hacia un lado la cabeza con brusquedad y luego la volvió hacia el frente, mirándome mientras respiraba frenéticamente.
—Mi nombre... ¡Pues ya no lo recuerdo! — Elevó las manos y las movió efusivamente. Entonces en su muñeca izquierda notó un brazalete y lo miró con mucha atención. —Mi nombre... ¡Claro! mi nombre es Bryanne. — Respondió secamente, pero con un casi imperceptible toque de infantil inocencia. Me miró con el sufrimiento destellando en sus pequeños ojos azules. —¿Sabes por qué mami me ha hecho esto?, ¡Yo no he sido mala chica, yo amo a mi mami! — No sabía de qué hablaba y la estudié. Llevaba un vestido de mangas largas color celeste pálido, me fijé de que una de las mangas estaba arriba, además de que en su delgado y blanco brazo se veía un pequeño pero feo cardenal. En el cabello llevaba dos moñitos atados con unas coletas a los lados de su cabeza, estaba descalza y no medía más de un metro y medio, no sabía qué debía hacer, de mala manera había aprendido que un espíritu perturbado como era obvio que estaba Bryanne podía traer problemas, pero considerando lo pequeña que la niña era, pensé que podría controlar la situación.
—Está bien, tu nombre es Bry... ahora cuéntame, ¿Qué te ha pasado? — Le pregunté mientras me acercaba más a la pequeña, ésta ni siquiera se molestó en moverse. Ahora que me encontraba más cerca, noté que el cardenal de su brazo era a causa de un aguijonazo, pues en el centro de él se había formado una pequeña pústula de sangre.
—Yo estaba dormida y mi mami me levantó fuerte de un brazo, sacándome de la cama, eso lo recuerdo clarísimo, luego me dijo "Haz sido una niña mala, Bryanne. Si llegas a salir marica como tu hermano, no sé qué haré..." también recuerdo sus palabras clarísimas, ¿sabes?, yo lloraba, aún siento mis lágrimas en las mejillas, las siento aquí, siempre conmigo.— Era pequeña, pero sus palabras y gestos demostraban mucha más edad, quizás se debía a los años que llevaba siendo espíritu, que quién sabe cuántos eran. —Luego de decirme eso, me golpeó el rostro tan duro que sentí como si me quemaran con un cigarrillo, cosa que ya había hecho conmigo más de una vez, me miró sonriendo, sus ojos se burlaban de mí, me besó la frente y me puso el vestido que ahora llevo, yo no sabía qué pasaba, estaba tan asustada, le pregunté qué haría y me dijo "Cállate" mientras me daba una bofetada en cada mejilla. — Dijo sollozando, se tapó los ojos con las manos y quedó gimiendo unos momentos, luego, levantó la cabeza bruscamente y gritó sin medición alguna. — ¡Oh, esa maldita hija de perra! — Se enfureció de manera muy repentina, tanto que me pilló desprevenida y me hizo caer. Me levanté rápidamente y vi cómo ella ardía en furia. — ¡No tenía derecho alguno, su puta madre! ¿Por qué me dañó? ¿¡Por qué me mató!? — Los ojos de la pequeña destilaban odio puro. Luego de mirarme por unos segundos, se abalanzó sobre mí, intentando golpearme. No sabía por qué, ni cómo, pero ella estaba golpeándome duramente, tenía fuerza y no podía pararla, no sabía cómo detenerla. —¡Ella debe pagar, lo debe pagar! ¡¡Yo la haré pagar, ya sea en mil años o en mi otra vida, lo juro, lo prometo!!- Gritó jadeante, mi respiración era entrecortada, no sabía cómo responder y sólo atiné a correr de ella, luego de alcanzar ventaja, atravesé la pared y llegué a otra habitación, pero la furibunda Bryanne no demoró en seguirme, y atacarme de nuevo, pero esta vez, estaba preparada e intenté tranquilizarla.
—Cálmate, por favor. ¡No soy tu madre, tu madre no está aquí!— Le dije, ella lo pensó un momento y dejó de golpear mi estómago. Se alejó de mí unos pasos y me miró. Hubo un silencio, pero no incómodo. Me miró con sus ojos cristalizados, su pequeña carita estaba acongojada, me sentí tan mal por ella. ¿Por qué seguía allí, si ella no se había matado?, no debería estar todavía en la tierra, o quizás, algo la ataba allá, sin dejarla ir. —Bryanne, ¿Tú sabes que estás muerta, verdad?— Temblé cuando me miró bruscamente y pensé que nuevamente iba a explotar, pero no, sólo asintió lentamente y en silencio, entonces proseguí. —Entonces, ¿Por qué sigues aquí, por qué no te marchas?— Le volví a preguntar. No era una de las mejores opciones de los fantasmas quedarse en la Tierra, aquí lo único que lográbamos era obtener melancolía y almacenar ira, al comprender que ya nunca volveríamos a hacer las cosas normales que millones del mundo sí podían hacer. Por eso me pareció en extremo raro que Bryanne no quisiera marcharse. Ella suspiró quedamente.
—Es por mi hermano, él está mal... ¿Sabes?, él es quién no me deja partir, todos los días estoy en su memoria y me tiene atada a esta casa, aunque quisiera no puedo salir— Dijo sentándose en el suelo, la miré y la imité, ella jugaba distraídamente con sus pequeñas manitos.
—¿Hace cuantos años estás acá?— Me atreví a preguntarle, ella trató de sonreír pero lo que consiguió fue sólo una rara mueca de disgusto.
-Pues... creo que son ya diez años, mi hermano tenía dos años cuando yo nací, y cuando fuimos creciendo nos hicimos muy amigos, éramos unidos, nada nos separaba, lo único que logró separar nuestros caminos fue la muerte, pero en realidad... ni siquiera así pudieron separarnos, mi hermano aún me recuerda y no me deja partir, es como si de uno u otro modo aún estuviéramos juntos. — Sonrió con melancolía. —A veces por las noches, suelo acercarme a su cama, hay veces en las que hablamos. Él piensa que está soñando, pero soy real y estoy a su lado siempre. Me gustaría aparecer frente a él un día, cuando esté lúcido, que no tenga dudas al pensar que estoy aquí, pero sé que eso le haría mal, porque yo algún día tendré que partir y cuando lo haga, él quedaría destrozado. — Entonces, por mi mente cruzó una fugaz idea, ¿Qué pasaría si yo ayudara a que Matt dejara partir a Bryanne? Ambos necesitaban ayuda y, después de todo, por eso yo estaba allí, ayudar a Matt era mi trabajo y, si de paso, podía lograr que Bry encontrara la paz, pues mucho mejor.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 10:06 am

Hay mucha hermosura en la lluvia, de esa que no todos pueden apreciar.  Ésta hace perfecto un paseo simple, inspira a un escritor desencantado, ambienta una noche de películas y sale al encuentro de los solitarios para que tengan compañía. También ayuda a disimular lágrimas en los momentos difíciles. Pero… ¿saben algo?, no hay nada más bello de todo aquello que la lluvia pueda provocar que un beso. De esos en los que el mundo alrededor desaparece, donde sólo hay dos protagonistas y una espectadora incondicional, haciendo del momento mágico.
Por eso salgo los días lluviosos a vagar por la ciudad. Sueño con que algún día llegue ese chico que hará mis ojos brillar y mi corazón acelerar, quién en un día como éste, empapados a más no poder, me haría sentir única y enamorada; con un inolvidable beso bajo el manto cristalino de la lluvia.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 10:08 am

El feroz y silencioso filo del cuchillo rasgó sin apenas esfuerzo la delicada piel del cuello. La muchacha, incapaz de reaccionar, sólo alcanzó a soltar el libro que mantenía en sus manos, haciéndolo caer hasta sus piernas, empapado en sangre. "Piensa en cosas felices" le susurraron con malicia y ella alcanzó a notar la enorme sonrisa de satisfacción que se extendía en el rostro de su asesino antes de que se perdiera en la negrura de un viaje sin retorno. Ella se durmió satisfecha, porque ya no tendría que preocuparse por la culpa, ya que otra persona había acabado con sus pensamientos suicidas, el juego había terminado y ella, ella había ganado.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 10:16 am

—Mírame a los ojos y dime algo que salga desde tu corazón, realmente lo necesito, necesito saber que eres humana, que no estás hecha de piedra.— Me dijo, más bien, me ordenó, él con sus ojos chispeantes de desesperación. Le miré con una sonrisa irónica en los labios y contesté con la verdad.
—¿Algo que salga de mi corazón? Pues... sangre. Eso es lo único que sale de él, todo lo demás, lo tengo aquí.— Dije apuntando a mi cabeza, él abrió más de la cuenta los ojos, sonrió divertido mientras toda la desesperación se borraba de sus ojos, levantó la cabeza hacia el cielo y suspiró largamente, luego volvió su vista a mi rostro. Ahora Kyle estaba relajado, se le veía raramente feliz.
—Tú, ¡Tú algún día me vas a matar! pero correré el riesgo, por favor, déjame correrlo.— Me pidió mientras sus manos volaban a mis hombros y me clavaba como dagas sus ojos en los míos. El exquisito escalofrío que me produjo su tacto me lo dijo, más bien, me lo confirmó; él era lo que tanto había buscado, era mi chico, mi felicidad. Y en ese momento, todas mis barreras bajaron, todo el sarcasmo que me caracterizaba fue reducido a nada, toda la rebeldía se guardó en mi interior, sólo con él podía ser como quería sin miedos, sin inseguridades; sólo yo.
—Está bien, corramos este riesgo juntos, pero no me hago cargo si en el camino te vuelves loco, porque por mucho que te quiera, no cambiaré porque tú así lo quieras— Le contesté mientras lo miraba profundamente, nunca había sido de las chicas que corren la vista al sentirse tímidas, aunque ese era el momento más intimidante de toda mi vida. Él me miró sin poder creerlo y abrió la boca.
—¿Me quieres?— Preguntó con desespero y alegría, haciendo ningún caso a lo demás que le dije, yo solo asentí mientras reía. Él parecía no poder más de felicidad. —¡¡Tú me quieres!!— Gritó mientras me abrazaba.
—Claro que te quiero, más que a mi misma...— Le dije, él paró de abrazarme, me miró a los ojos y sonrió. Miré sus labios mientras pestañeaba excesivamente; estaba muy nerviosa. Pero cuando pasó, cuando él me besó, todo el mundo se hizo invisible, sólo eramos él y yo, disfrutando de nuestro Primer beso.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 10:25 am

El otoño avanzaba rápido y por la ventana del estudio de la gran casa se podía apreciar sin esfuerzo cómo las hojas rodaban tranquilas por el césped del parque que había enfrente, empujadas sin prisa alguna por el viento. Emilia miraba hacia afuera con los ojos repletos de lágrimas, sintiéndose impotente, inútil.
Ella quería salir, sentir la brisa jugar con su pelo, correr. Pero sabía que no era posible, no después de aquel accidente. Estaba condenada a la silla de ruedas ¡Y ella sabía que era para siempre! ¿Cómo podría moverse si sus piernas estaban atrofiadas, inmóviles y totalmente inútiles? "¡Imposible, simplemente imposible!" Se gritaba mentalmente mientras apretaba con fuerza sus labios, temblando de impotencia y retiraba con brusquedad una solitaria lágrima que se había escapado. Jamás se permitía llorar, no se perdonaría ser débil ni en un millón de años.
La vida se le había quedado estancada, esa no era la forma de vivir que quería, ¡Necesitaba moverse, caminar, bailar, sentirse viva otra vez! Pero no, ella ya estaba muerta en vida. Ella no se podía imaginar en qué cualquier otra situación podría haber estado más mal consigo misma como lo estaba ahora, estaba rota, con el alma quebrada.

Su vista voló a la puerta corrediza, la que acababa de ser golpeada por alguien. Ella cerró sus ojos con fuerza, respiró hondo y apuñó sus manos. "No llores, no llores" siseó.
—Adelante. —Pronunció casi en un susurro, aún con sus ojos cerrados. La puerta se abrió y recién ahí los abrió para ver cómo su madre entraba con paso lento, llegando a su lado y posando sus manos en los hombros de ella.
—Cariño, tu nuevo terapeuta ha llegado, está esperándote en la sala. — Le avisó con cautela, no quería que explotara en ira como lo había echo la última vez, cuando había estallado en gritos, llantos y malas palabras, haciendo todo un alboroto y echando a la calle al antiguo terapeuta porque no había logrado hacer un ejercicio.
—Bueno, vamos... Veamos a qué inútil me has traído ahora. — Dijo amargamente Emilia, mientras empujaba su silla con ambas manos, llegó a la sala y se sorprendió con lo que vio. Un joven, alto y rubio, que se veía de su misma edad, la esperaba con una sonrisa incrustada en el rostro. Ella quedó sin habla, sólo podía pensar en que realmente era bellísimo. También se fijó en que vestía con el uniforme que llevan los kinesiólogos que la atendían; él era su terapeuta, ¡Y menudo terapeuta le habían traído! se dijo con un poco de picardía.
—¡Hola, Emilia! — La saludó energéticamente, regalándole una hermosa sonrisa. Una sensación de satisfacción recorrió su columna al escuchar su nombre en la boca de él. Sonrió sin darse cuenta y le respondió.
—¡Hola! — Le saludó, sorpresivamente, con su voz llena de júbilo y alegría.
—Mi nombre es Jordán, te ayudaré con las terapias, ya verás que volverás a caminar muy pronto, todo lo que debes hacer es poner un poco de tu esfuerzo y seguir todos los pasos de tu terapia, ¿vale? — Entonces sucedió. La inspiración, el empujoncito que ella necesitaba para impulsarse a salir adelante, llegó al fin y mirando a los ojos a Jordán, ella supo que sí podría volver a caminar, que todo era posible porque… la vida era milagrosa, ¿no?.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 11:59 am

Apenas estaba oscureciendo y el centro de Dazzle ya era un verdadero hervidero de vida. Todo era luces, colores y personas por todos lados. Claro, era sábado y los de por aquí no se podían aguantar más tiempo por salir de la rutina que los envolvía los días de semana.
Hacía bastante frío, pero la gente a mi alrededor no parecía darse cuenta de aquello o simplemente trataba de ignorarlo, ya que no estaban dispuestos a dejar que nada arruinara su noche de juerga y diversión. Me hundí en la gran chaqueta que me cubría, metiendo mis manos lo más que podía en sus bolsillos. Jamás había tolerado bien el clima invernal y hoy no era la excepción. Caminé en silencio, calmada y con una sonrisa pequeña clavada al rostro, disfrutando de la soledad y la música que salía de mis audífonos.

Llegué a mi destino: El Café Sucré y al alcanzar el mostrador, quité los audífonos de mis oídos para poder hacer mi orden. Hoy estaba de turno Lissa, una mujer de unos cuarenta y tantos años que era atenta y maternal con todos los clientes. Le sonreí abiertamente, contenta de encontrármela.
—Buenas noches, Lissa. — Le saludé, mientras paraba la música de mi celular y lo volvía a guardar en uno de los bolsillos delanteros de mis jeans. Ella me devolvió la sonrisa que le di al entrar y me miró con ternura.
—Buenas noches, Reeva. — Repitió. — ¿Lo mismo de siempre, cariño?— Asentí y ella anotó ágilmente mi pedido de siempre en una libreta; Frapuccino con poca azúcar y un paquete grande de muffins de chocolate, todo para llevar.
Luego de unos breves momentos de espera, me entregó todo y, pagando, me despedí.

Ya tenía todo lo que quería, así que tomé el rumbo hacia los callejones, en donde estaba la entrada escondida a uno de los tantos túneles bajo tierra que conectaban a Dazzle con Stash.
Antes de entrar a él, escuché un ruido en la oscuridad que me llamó la atención. Giré mí cabeza, intentando reconocer de dónde había venido el sonido. Me sorprendí al ver salir desde unos arbustos a un pequeño cachorro negro, que se acercaba agitando su cola hacia mí. Por Dios, ¡no otra vez!, pensé mientras soltaba un suspiro resignado y me ponía a la altura del tierno perrito. Era cariñoso e inquieto.
—Hey, ¿estás perdido o no tienes a dónde ir?— Le pregunté, sabiendo que no obtendría respuesta alguna por su parte. Esto ya me había pasado por lo menos tres veces antes, siempre terminaba haciéndome cargo de perros abandonados porque no tenía corazón para dejarlos en la calle, solos y sin comida. El cachorro no tenía collar y parecía hambriento. Le di uno de los muffins que pensaba llevar para mis Stone y se lo devoró en segundos. Lo miré con pena. —Pobrecillo. — Dije, dudando unos momentos. ¿Me lo llevaba a Stash o lo dejaba allí? Se me encogió el corazón al pensar en dejarlo solo, así que lo tomé en brazos y me lo llevé a la guarida Stone. Ya me encargaría después de buscarle un nuevo y responsable hogar como había hecho con los otros.

[…]
Stash estaba iluminado, lo que significaba que había roquitas rondando por allí. Entré aún con el perro en mis manos y lo dejé en el piso, para ir a dejar la bolsa de papel con el café y los muffins en la mesa.
— ¡Chicos, estoy de vuelta!— La casa estaba silenciosa, pero la mayoría de las veces estaba así a estas horas, excepto cuando hacíamos fiestas o organizábamos cualquier estupidez para animarnos. Escuché unos saludos desde las habitaciones como "Hey, Reeva" o “Hola, Roquita”, e incluso escuché un "La líder ha vuelto, la líder ha vuelto", que me hizo soltar una risa.
Saqué el café de la bolsa y bebí, agradeciendo el calor que me entregó. —Joshua, ¿estás por ahí?— Vociferé, mientras me volvía a mirar la nueva mascota de la casa que había traído recién, me acerqué y le acaricié la cabeza. Pasó un rato y sentí pasos detrás de mí, sabiendo de quién se trataba. Me di la vuelta y vi el rostro somnoliento de mi amigo. Rodé los ojos, ¿había estado durmiendo tan temprano?. —Traje muffins de chocolate, aún están calien...— Me callé, viendo cómo Joshua se animaba rápidamente y se dirigía sin perder tiempo a la bolsa en la mesa. Antes de terminar mi frase él ya estaba comiendo. Alzó una ceja cuando notó al pequeño cachorro que ahora descansaba en la alfombra de la sala. Apuntó con un dedo hacia él, con la boca llena de comida y yo me encogí de hombros. —Me lo encontré al venir hacia acá, no lo iba a dejar solo ni de broma y... pues aquí lo tienes, ¡Un nuevo Stone!— Le expliqué, sonriendo y gesticulando con mis manos. Él me dirigió una mirada significativa, yo sabía a qué se refería; siempre me veía metida en rescates de animales como esos. Volví a encogerme de hombros, quitándole importancia. Me moví por la habitación hasta la cocina y vertí leche en un pequeño recipiente, entregándosela al cachorro quién casi igualaba a Joshua de lo comelón que era. — ¿Tienes más muffins?— Preguntó Josh, limpiando su boca llena de chocolate con una servilleta. Me reí. No, estaba equivocada, definitivamente Joshua le ganaba por lejos al cachorro en cuanto a ser comelón. Él hizo un mohín desilusionado cuando negué con mi cabeza; se había comido más de media docena de muffins en menos de 15 minutos y todavía quería más. —Eres un verdadero barril sin fondo, roca. — Aseguré, sonriéndole. Los demás chicos que estaban en la casa no estarían muy felices al saber que no había quedado ningún pastelillo para que ellos comieran. Joshua sobó su estómago teatralmente, suspirando con satisfacción. — ¿Qué puedo decir? Amo la comida, ¿acaso no la amas tú?— Preguntó, mientras se acercaba a mí y al pequeño cachorro que estaba en el suelo aún bebiendo de la leche a mi lado. Joshua se agachó y lo acarició; el perro se dejó acariciar y comenzó a juguetear inquietamente con los dedos de Josh. Entrecerré los ojos, cuando una idea surgió en mi mente. — ¡Roca! Tú no tienes mascotas, ¿verdad?— Le pregunté, con gesto pensativo.
Él desvió la atención del cachorro y levantó su mirada hacia mí, notoriamente confundido. —No, no tengo... ¿Por qué la pregunta?— Le sonreí con complicidad y le indiqué con mi mano al perrito. — ¡Pues adivina qué! Ya tienes un perro del cual hacerte cargo. — Él me miró boquiabierto por unos segundos y luego sus ojos se iluminaron, con esperanza quizás. Yo sabía que a él le encantaban los animales y no podría imaginar mejor dueño para el perrito que a Joshua.
— ¿Es enserio, Reeva? ¿No estás jugando conmigo? Dios, eso sería asombroso. — Aseguró, mientras tomaba al pequeño cachorro en sus brazos. —Le buscaré un nombre y todo. ¡Esto será genial!— Acaricié por última vez la cabeza del perro, antes de que Joshua se lo llevara emocionado hacia una de las tantas habitaciones.
Me quedé sola en la sala y tuve que renunciar a mi café, que para esos momentos ya estaba helado. Lavé el platillo que el cachorro había usado y me fui a recostar un rato al sofá. Me relajé, no había un ruido y si no supiera lo silenciosos que podrían ser mis chicos a veces, me habría parecido que estaba totalmente sola.
Cerré mis ojos y por un momento todo estuvo en calma; sólo por un momento porque mi celular empezó a sonar una y otra y otra vez, obligándome a sacarlo del bolsillo. Eran muchos, muchos mensajes de David que llegaban y llegaban uno tras de otro. Sonreí y solté una carcajada.
“Reeva, estoy en la Plaza central y una paloma me está mirando raro. Creo que quiere matarme.”
“¿Sabías que mi gata es una perra? Irónico, ¿no?”
“Hey, hey, me aburro como la mierda. Ven y entretenme, ahora, yo te lo ordeno.”
“Oh, Reeva-sama, yo te invoco.”
“¿DÓNDE CARAJOS ESTÁS QUE NO RESPONDES, EH, EH? SERÁ MEJOR QUE RESPONDAS. NO ME GUSTA USAR MAYÚSCULAS CHILLONAS, NIÑA.”
Él era un idiota, ¡Pero cómo me hacía reír con sus estupideces! Le contesté cuando ya estuve segura de que no enviaría más mensajes.
“ESTABA ESPERANDO A QUE TERMINARAS DE MENSAJEARME, NIÑO, YA TE ESTOY RESPONDIENDO. Joder, ya sé que no puedes vivir sin mí, pero que no se note tanto, David. XD Eres un tarado, ya voy para allá, trata de no morir mientras llego.” Metí el celular a mi bolsillo y me levanté del sofá. Miré el reloj de la pared, no era demasiado tarde, pero el frío estaría para calar los huesos, así que me cambié de chaqueta a una más gruesa y me puse una bufanda al cuello.
—¡Me voy otra vez, chicos! Joshua se comió todos los muffins que les había traído, como siempre. ¡Los quiero! — Les avisé a los Stone que pocas señales de vida me daban. Antes de cerrar la puerta de entrada, escuché quejas y comentarios en contra de Josh, seguro lo harían pagar por eso.

[…]
Cuando llegué a la Plaza Central, 15 minutos después, no me fue difícil encontrar a David. Estaba sentado en un banco, con gesto aburrido y mirando fijamente a las palomas que estaban esparcidas por el lugar. Me acerqué a él y en cuanto me vio, saltó de su asiento, corriendo rápidamente en dirección hacia mí. Me reí a carcajadas, de un momento a otro ya estaba tirada en el césped con David encima de mí.
— ¡Reeva-sempai!— Me saludó con ánimo. — ¡Creí que ya no vendrías, creí que me habías abandonado!—Dijo entre falsos llantos. Yo reí nuevamente y me levanté del suelo. Él se quedó allí sentado y se abrazó a una de mis piernas. —Nunca me abandones, la soledad no es para este hombre. — Exageró.
—Ya párate, prometo no abandonarte. ¡Oh, hombre que no está hecho para la soledad, aquí estoy yo para hacerte compañía! — Lo jodí, mientras lo ayudaba a levantarse. Él quedó pensativo un rato y luego dijo…
—Ust. — Susurró y me miró. Yo me acerqué y le despeiné un poco el cabello, para después ir juntos a sentarnos en el banco donde él había estado antes. Poco a poco el ambiente se hizo más tranquilo y relajado entre ambos. Él se acomodó y se recostó en el asiento, usando mis piernas como almohada. Rodé los ojos con una sonrisa.
— ¿Estás cómodo, Walsh? — Le pregunté, a lo que él contestó con un “ajá” y un asentimiento de cabeza. Lo dejé allí y traté de no jugar demasiado con su pelo, porque no quería que se durmiera allí mismo. Recordé la última conversación que habíamos tenido hacía unos días y quise ver qué tan bien estaba llevando aquello. — ¿Qué ha sido de tu vida estos días? ¿Has cumplido tu promesa? — No me gustaba ni un poco que él estuviera aproblemado por su pasado, por volver a ser como era antes y haría todo lo que estuviera en mis manos para ayudarlo. Yo lo entendía totalmente porque ya había pasado por algo parecido.
—Hmmm… sí. —Me contestó él con una expresión algo seria. — ¿Acaso no confías en mí? —Pregunta con falsa indignación en su voz.
—Tonto, claro que confío en ti. —Aseguré con una sonrisa auténtica y mirándolo a los ojos. —Es sólo que… sé que cumplir algo como eso no es fácil, aunque yo sé que tú puedes lograrlo. — Digo mientras le guiño un ojo, encogiéndome de hombros. Alcé mi cabeza y miré hacia un punto fijo en la nada, para después suspirar levemente. Así nos pasamos algunas horas, hasta que decidimos ir a casa. Yo decidí acompañarlo hasta Galaxy y me fui pegada como lapa a él, porque el frío me estaba calando los huesos.

[…]
—Fue divertido verte otra vez, Walsh. —Le dije cuando nos detuvimos en la entrada de la casa Blam. Le sonreí y él me devolvió la sonrisa.
—Ajám, nos vemos otro día, Reeva-sempai. Seguro que Raspby me regaña por llegar tan tarde. ¡Esa gata es un grano en el culo! — Dijo David, despidiéndose muy al estilo suyo. Luego de besar mi mejilla, se metió dentro de la gran casona, desapareciendo de mi vista.
Me di la vuelta, e inmediatamente choqué con una persona que se interpuso en mi camino. Al tomar distancia supe que era una chica, pero jamás la había visto por allí antes. Seguramente era la chica nueva de la que había oído hablar días atrás. Era una nueva integrante de los Blam.

—Hey, ¡lo siento!— Me disculpé, al tiempo que la evaluaba. Ella bufó levemente y me miró, algo disgustada. Pero bueeeno, pensé, no es una nueva muy cordial. Rodé los ojos.
—Ya qué. No todos estamos atentos a fijarnos por donde vamos— Dijo simplemente con voz fría y arrogante. Ahora yo fui la que bufó por lo bajo, no me lo podía creer.
—Bueno, en realidad, yo me disculpé simplemente por educación, cosa que veo tú no tienes. —Le dije, doblando su arrogancia. Ella ni siquiera se inmutó. Y me dedicó una mirada segura.
—No me importa demostrar educación ante personas completamente desconocidas para mi, rubia. — Espetó creídamente. Yo me mantuve en silencio por unos momentos y luego le dediqué una sonrisa altanera.
—Mi nombre es Reeva, no “rubia” y créeme; pronto me conocerás, chica nueva. — Sin decir más, la dejé sola, avanzando lentamente hacia el otro lado de la calle y perdiéndome en la noche, para luego volver al calor hogareño de Stash, en la cima de nuestra montaña.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por ivashkova. el Vie 13 Dic 2013, 12:01 pm

Desde siempre se había dado por hecho qué, después de que en algún momento, el sol se apagara totalmente, la vida en la tierra desaparecería sin excepción, que nada ni nadie sobreviviría a esa catástrofe, pero aquellos que lo decían, estaban muy equivocados. Pues las únicas que desaparecieron fueron esas plantas que necesitaban la vitamina E, vitamina del sol, para sobrevivir -Fueron casi la totalidad de toda la flora mundial- ¿Por qué lo sé? Pues… en el año 5023 el sol realmente se apagó completamente, gracias a toda la porquería que existía tanto en el espacio como en la tierra. Toda ésta soltada por los humanos, claro. Aunque todos los científicos, profetas y demás gente entendida en la materia -O por lo menos que decían entenderla-, pedían medición de los excesos y preocupación por la ecología, las personas seguían arrojando mierda para todos lados, ajena al problema que se les estaba acercando y que ellos mismos estaban provocándose.

Luego de que todo pasara y que el sol ya no diera más, ellos -Los humanos- seguían allí, como una plaga, pero ahora más que nunca estaba claro que su extinción era segura, porque la guerra entre humanos y vampiros estaba desatada, en todo el mundo era matar o morir. El minúsculo porcentaje de paz y respeto que existía en aquel antiguo y lejano mundo hacía milenios estaba extinguido. En esos años, el recién descubierto mundo vampiro estaba decidido a acabar con todo rastro de humanidad que se mantenía en ese entonces. Estos seres de la oscuridad estaban seguros de que eliminar a todos los humanos era una forma rápida de mejorar el planeta, ya que ellos -Los vampiros- creían en que los humanos eran solo una raza inferior y una débil copia a medias de lo que ellos habían sido en el más antiguo de sus pasados. El apocalipsis humanoide había llegado y todo era una completa locura. A cada segundo, un vampiro se encargaba del poco rastro de la llama de vida que débilmente se encendía en lo más profundo de algún humano desafortunado o en contadas ocasiones -Muy poco probables- la cosa era al revés. Todo estaba en penumbras, sólo en contados lugares la luz artificial de parpadeantes y débiles faroles otorgaba un poco de claridad a los ojos humanos, mientras que los vampiros, con su vista mejorada, hacían lo que quisiesen, sin tener a ninguna ley o persona que los detuviera. Antes de que me enterara de que yo tenía la vista mejorada como un vampiro y solo necesitaba entrecerrar un poco mis ojos para lograr una vista precisa y clara, lo único que veía en todas partes era oscuridad, oscuridad y más maldita oscuridad. Ahora, ya habían pasado años desde que todo empezó y la vida como se conocía era ahora solo un borroso y nostálgico recuerdo en las mentes humanas. En esos momentos, la mayoría de las personas que decidieron no unirse a los vampiros ni tampoco luchar contra ellos, vivían bajo tierra, en pequeños refugios que sólo contaban con una pequeña bombilla de luz y una ración de por vida de asquerosa comida deshidratada. Con la extinción del sol, los humanos -Y ciertamente los vampiros también- respiraban con oxigeno artificial, obtenido de unas plantas genéticamente adaptadas por científicos, preparadas para sobrevivir y producir oxigeno sin necesidad de la luz solar. Aún así, respirando con normalidad, los humanos no pudieron "Mejorarse" y todavía necesitaban con urgencia la vitamina E, que se obtiene de los rayos solares. Cómo no la tenían, ellos estaban esqueléticos, enfermos y débiles -Excepto algunos, que decidieron unirse a la Armada Humanoide. A ellos se les inyectaron vitaminas de hierro, manteniéndolos fuertes y nutridos para poder hacerle frente a la lucha vampira-. La raza vampírica no tiene necesidad de la vitamina E, pero también respiran oxigeno, por ello también dependen de Cressenta para vivir -La única planta de la que ahora se obtiene oxigeno- en la superficie. Yo odiaba todo esto, era simplemente una pobre mierda post-apocalipsis.

Me llamo Memphis Lancaster, y soy una de las muchas hijas bastardas del gran 'Poderoso' -Así llamaban todos a mi padre, ya que él mantenía la cordura entre los pocos humanos que quedábamos. Aunque, realmente no sabría decir si es que yo encajo en la categoría 'Humano' porque mi madre era una guerrera vampira y mi padre, bueno... era él- y yo, lamentablemente, soy un híbrido, mitad humano, mitad vampiro, eso es lo único que me diferencia de las otras hijas e hijos de mi padre que fueron concebidos dentro de su Arém personal de mujeres, eran más de veinte mujeres a su disposición, que tenía cuando quisiera dentro de sus sábanas, era retorcido y asqueroso, claro, como todo el maldito mundo de hoy en día. Mientras que yo fui producto de un simple desliz de mi madre y un momento de 'Debilidad viríl' de mi padre. Según todos los humanos, no tengo alma y no puedo sentir nada. Mi padre renegó de mí -Cosa que realmente me tuvo, me tiene y me tendrá siempre totalmente sin cuidado- el muy chiflado siempre juega a ser Dios, castiga a los que no creen en él y va por el mundo profesando tener la última palabra para curar al mundo y acabar de una vez con los aborrecidos 'Seres de la noche eterna'. Yo siempre he creído que la resistencia comandada por ese pobre viejo loco no es más que una simple estupidez que los vampiros no han decidido acabar solo por considerar que no es un peligro latente para ellos, porque si fuera de otra manera y el Congreso Vampiro los consideraran una amenaza, pobre de mi padre y sus seguidores, porque hace mucho tiempo que habrían comprado un pasaje sin vuelta a ser parte del pasado.

Odio a mi padre pero tengo su ADN en la mayor parte de las células en mi cuerpo. Amo a mi madre pero murió pocos años después de que yo naciera, en la guerra Humano-Vampiro. Odio a los humanos, pero estoy enamorada de uno de ellos. Qué vida más fácil tengo, ¿verdad? La cosa es así; cuando un vampiro -Sea hembra o macho- cumple la mayoría de edad y se califica como apto para luchar, se le asigna un humano, un 'némesis', o sea, un enemigo. Yo tuve la mala suerte de enamorarme de aquel enemigo. Justamente del tipo de enemigo que detesta a los vampiros -Y por ende, me detesta a mí- y se encarga de desaparecerlos. Aunque él es mi enemigo, aún no nos conocemos, porque el Congreso Vampiro aún no lo ha marcado como una amenaza. Ellos eligen día a día el momento específico para atacar a ese humano designado; es algo así como que ellos ven cuando se vuelven una 'Amenaza' y deciden destruirlo, simple, sólo que por estas estúpidas cosas del amor, eso tan simple de Esperar-El-Momento-Y-Atacar se me ha vuelto todo un lío. Aunque quién sabe, yo tengo solo veinte años, mi ADN vampírico me otorga una belleza jodidamente envidiada, inteligencia mayor al IQ humano y agilidad total, además de mi notada simpatía, solo tengo el problema de ser malditamente terca y llevada a mi idea, aún así, no descarto la posibilidad de que ese Ángel-Demonio de arremolinado cabello castaño, se fije en mí.
avatar


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Yo soy el arquitecto... de mi propia destrucción. ∆

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado



Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 3. 1, 2, 3  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.