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California | Audiciones abiertas.

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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Vie 13 Dic 2013, 1:45 pm

"I hate the beach, but i stand in California with my toes in the sand."
Soph, Deby. ya había leído la idea, solo que no tenía mucha imaginación para un comentario, además estoy entre sí y no bc estoy audicionando en muchas colectivas y temo defraudarlas. Este, me comprometeré, y prometo no defraudarlas. Ah y antes que lo olvide, ame la idea. Iré por Chace Crawford, Bella Heathcote, Kaylee DeFer, Louis Tomlinson.
capítulo:
Vanessa abrió los ojos con desilusión y reprimió un suspiro de rabia. La meditación no estaba funcionando. Pese a que creía estar concentrada y lo más en calma que podría estar en un momento como ése, era más que evidente que, lejos de tranquilizarse y pensar con objetividad, sólo estaba enardeciendo sus emociones; se sentía más inestable que antes, fruto lógico de estar dándole vueltas al asunto durante su meditación. Tocó el piso con los pies —pues estaba sobre uno de los muebles de su ventana— y trató de decidir qué hacer a continuación.

¿Por qué siempre tengo que pelearme con él por estupideces?, se preguntó la morena con frustración. Era algo que no entendía. ¿Por qué simplemente no quedarse callada e ignorarla? ¿Por qué siempre esa suerte de necesidad de contestarle, como si fuera un modo de defenderse de sus reproches? Porque eso habían sido sus palabras, reproches, sólo reproches contra lo que era, lo que hacía y lo que decía. Vanessa admitió que también había caído en el juego y le había contestado del mismo mal modo, pero creía no tener la culpa de lo sucedido.

¿O la tenía? Negó con la cabeza y, en vista del fracaso de la meditación, Vanessa se dispuso a utilizar el último recurso de relajación e introspección con que contaba: escribir. No le había contado nunca a ninguno de sus amigos esa particular afición, ya que la consideraba su último refugio personal, pero era posible que lo dedujeran de sus hábitos de lectura. La morena dirigió sus ojos a una estantería de su habitación, de la cual sacó un cuaderno gris, sencillo, sin ninguna rotulación y, sentándose cómodamente en su cama a la vez que sacaba un bolígrafo de su velador, se dispuso a escribir.

No era un tipo de escritura autorreferente, en donde simplemente se dirigiera a un destinatario invisible y le contara sus problemas. No era su estilo. Prefería simplemente armar una breve historia, donde los eventuales personajes sintieran lo mismo que ella sentía y, mediante la resolución del conflicto, lograra una especie de liberación. Siempre lo había hecho del mismo modo y se había convertido en un modo seguro de desplegar aquellas emociones que se arrastraban en su interior, sin correr el riesgo de liberarlas en el proceso. Porque en eso residía la magia del método: al hacer que sus propios tormentos los sufrieran personajes ficticios, los problemas se volvían menos reales al mismo tiempo, como si pertenecieran a un mundo de ficción, donde ella podía hacerlos desaparecer o manipularlos a su antojo. Y así el dolor de su alma se aplacaba o, como en aquellos momentos, la ira iba aflojando su corazón, poco a poco.

Lo único lamentable era que en el momento mismo en que apoyaba el lápiz en la hoja limpia de papel, los recuerdos la azotaban y durante un instante, la dejaban sin aliento, amenazando su frágil y perseverante control. Y, tal como siempre, aquella vez no fue la excepción.

— Siempre crees que eres la que más sufre, ese es tu problema. ¡Pues te doy una noticia! ¡Todos tenemos nuestros asuntos! ¡Todos tenemos nuestros problemas y penas! ¡Y no nos enterramos en la depresión y la oscuridad! Seguimos con nuestra vida, reímos, vivimos.
— Sabes perfectamente que yo no puedo hacer eso —musitó Vanessa, sintiendo que la ira estaba siendo desplazada por el dolor—. Sabes que yo no soy capaz de nada de eso. Eres una irreverente y una desconsiderada. Sabes que no puedo.
— Sí puedes, sólo no quieres. Disfruta el presente alguna vez y deja de pensar en todo lo que no puedes hacer.
— ¡¿Crees que si pudiera no lo haría?! No tienes idea de lo que estás hablando —repitió—. Sólo eres una niña que habla sin pensar.
— Al menos yo estoy viva —replicó ella con la mirada dura—. Y creo que es más de lo que puedo decir de ti.
— Idiota.
— Amargada.

Vanessa dejó el bolígrafo a un lado de la cama con una sonrisa irónica en su rostro. No había escrito ni dos páginas, pero ya estaba segura de que era suficiente. Por eso era que no se preocupaba a la hora de escribir, porque sabía que nunca acababa los escritos en medio de una tormenta emocional. Sólo le servía para relajarse, pues toda la ira, la tristeza o la decepción que pudiera sentir era absorbida por las palabras, pese a que la historia —una batahola literaria irrelevante sobre una chica llamada Mercedes y un joven de nombre Max— estaba apenas comenzando. Sólo era una forma de meditación.

Nessa suspiró. Se sentía cansada. Por muy ilógico que pareciera, esas continuas introspecciones y análisis la dejaban bastante agotada, ya que no sólo requerían de una excepcional concentración, sino también de la evocación de muchos recuerdos, en ocasiones, desagradables, lo que la extenuaba emocionalmente.

Magali era risa y ruido. Su vida se definía en bromas, juegos, peleas y comida china. Era una verdadera héroe, con su propio modo de enfrentar el mundo. Y ella lo admiraba por eso, pero no compartía su modo de vida. La tolerancia era el primer peldaño a la paz, sin embargo. Si quería convivir tranquila con su hermana y con el resto de sus amigos, debería aprender a respetar y a comprender. Comprender profunda y sinceramente que cada uno tenía un modo distinto de pensar y que ese modo, mientras no afectara negativamente o atentara contra otros, estaba bien y merecía respeto. Hasta ese entonces, Vanessa había soportado los estilos de sus amigos, pero nunca los había comprendido. Y también ése era el error de todos, no solamente el de ella. Nessa sabía que era algo particularmente difícil; para la morena, era doblemente duro, ya que su orgullo y su herencia demoníaca obstaculizaban sus deseos de solidarizar con sus amigos.

Vanessa se levantó de la cama, más decidida que nunca a hacer de la convivencia en la casa algo más placentero que de costumbre. Ya libre del tormento de su cumpleaños y, asombrosamente, aún con vida, no iba a desperdiciar la oportunidad que se le había regalado. Dirigió una pequeña sonrisa a la historia inconclusa de Mercedes y Maximilian, la que había logrado calmar su mente, y se prometió a sí misma que la acabaría. Le alegraba que esta vez su escritura y meditación la hubiesen llevado a un resultado concreto, ya que muchas veces sólo la hacían filosofar.

Se disculparía con Magali, algo que nunca había hecho antes. Un ligero nerviosismo la poseía, pero estaba dispuesta a llegar hasta el final. Paz, tolerancia, amistad, hermandad, respeto, cariño… ¿todas esas cosas, en conjunto, no eran más fuerte que la soberbia?

Encontró a la castaña jugando videojuegos en la sala principal. Vanessa elevó sus cejas al máximo; Su hermana seguía molesta y algo sentida, si bien lo controlaba con su propia terapia y a su modo.

— ¡Toma eso, babosa asquerosa! —gritaba, petrificada en la pantalla de la televisión—. ¡Marilyn se merece el premio novel, no tu!

Vanessa insinuó una sonrisa. Televisión v/s escritura. Cada una tenía sus métodos, sin duda. Le satisfizo comprobar que sus emociones estaban tranquilas y receptivas, que se sentía bien. La morena se situó junto a la castaña, que al notarla la miró entre curioso e incómodo.

— Tenemos que hablar —dijo ella, quizás más bruscamente de lo que había pretendido.
— Mira, Vanessa, nosotras… —La voz tajante de la castaña la hizo probar de nuevo.
— Tenemos que hablar —repitió—. Por favor…

Esa última palabra fue lo que la hizo considerar la conversación. Lo cortés no quita lo valiente, pensó la joven. Vanessa se sentó a su lado y se armó de valor para, al fin, doblegar su terco y estúpido orgullo.

— Quería disculparme contigo, Magali —susurró mirándola a sus brillantes y sorprendidos ojos azules—. Te traté injustamente cuando tú sólo deseabas compartir un momento conmigo. Tú no tenías por qué saber que estaba algo susceptible y de poco ánimo y yo no debí decirte todo lo que te dije. Lo siento.
— Vaya —Parpadeó, aturdida—. Nunca creí que viviría lo suficiente para escucharte disculpándote sobre algo.
— No es algo particularmente fácil, Maggie. —Suspiró con fastidio—. Te agradecería si me ayudaras.
— ¡Esta bien! —sonrió con nerviosismo— Tu también perdóname, Nessa. Estabas en un momento de meditación, y siempre nos estas diciendo que no te molestemos cuando estas leyendo.
— No tienes porque, Maggie. Últimamente me eh comportado como no debería contigo, eres mi hermana menor... —suspiro cansadamente— No soy una buena hermana, ¿verdad?
— De hecho, no, no lo eres —Vanessa bajo la cabeza— Pero te quiero con defectos y todo, ademas, eres mi hermana, Vanessa. Te quiero tal y como eres, y lo sabes.

Hay cosas que no cambiarían, definitivamente, pero era parte de la vida, de esta vida llena de horizontes y esperanzas que ahora tenía en sus manos, aceptar estas locuras. ¿Qué seria de la vida sin una mínima gota de locura? Lo mismo que una vida sin un suspiro de prudencia. Porque ambas son necesarias, porque ambas son distintas. Mezcla a tu prudencia un grano de locura, dijo Horacio. Y tenía razón. Era sólo cuestión de compatibilizar, ser flexible y respetar al otro. Porque Vanessa era más prudencia que locura y Magali más locura que prudencia, pero eran hermanas. Y en el opuesto está la verdad.
one shot:
Ni un milímetro de agua, ni un centímetro de tierra, ni un bocado de aire, ni una lagrima que salga de mis ojos, ni una molécula de saliva que se cuele en su dulce boca se puede comparar al inmenso amor que llevo a cargas de mi pecho, mi espalda y mi conciencia. Suplico porque algún día todas esas frases de aliento y compasión se hagan realidad y se acabe ese sosiego que siempre debo de recordar y alimentar cuando veo sus fotos pegadas en mi cuarto. Podrán preguntarse qué me mueve a escribir una canción que solo habla de un amor perdido por la capacidad del egocentrismo, es más; ¿el egocentrismo cuenta cómo capacidad? y, sobre todo, ¿desde cuándo me lamento por una relación rota? Conozco bastante bien el alma humana para prever que pensarán en la vanidad. Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me importan un bledo la opinión y la palabras de la gente. Supongan, pues, que publico esta historia por vanidad. Al fin de cuentas estoy hecho de carne, huesos, pelo y uñas como cualquier otro hombre y me parecería muy injusto que exigiesen de mí, precisamente de mí, cualidades especiales; uno se cree a veces un superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido. De la vanidad no digo nada: creo que nadie está desprovisto de este notable motor del Progreso Humano. Me hacen reír esos señores que salen con la modestia de Einstein o gente por el estilo; respuesta: es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto. Aun cuando se imagina que no existe en absoluto, se la descubre de pronto en su forma más sutil: la vanidad de la modestia. ¡Cuántas veces tropezamos con esa clase de individuos! Hasta un hombre, real o simbólico, pronunció palabras sugeridas por la vanidad o al menos por la soberbia. Resulta inquietante verlo de alguna forma parecida al tema de mi desamor, de mi ruptura o de cualquier forma llamada o existente.

Todo se encuentra en donde menos uno se lo espera, inclusive el gran problema llamada: vanidad. Un estado del cual todos pueden quejarse la misma forma en la que ella siempre se quejaba de mí. Sin embargo no recuerdo ningún argumento en el que hallamos discutido esa verdad, ni mucho menos que haya encontrado otra persona a la que amar.

Después, está el asunto de la vanidad, otra de las características que menos soporto. Basta examinar cualquiera de los ejemplos: el superdotado, el especial, el popular, la guapa. No tengo preferencias; todos me son repugnantes. Tomo el ejemplo que se me ocurre en este momento: el superdotado. Louis y lo creía un verdadero amigo, hasta tal punto que sufrí un terrible desengaño cuando todos empezaron a perseguirme y él se unió a esa gentuza; pero dejemos esto. Un día, apenas llegué a la cafetería, Louis me dijo que debía salir y me invitó a ir con él:

— No comprendo porque lo hizo, no comprendo la razón por la que decidió de inmediato dejarme sin decir más —comencé con empatía y cierto desanime en mi tono de voz. Claro que, siempre fui justo y consiente de mis actos; esa pregunta me martillaría por mucho tiempo.

— Las razones son muchas, Zayn —gruño Louis, casi insatisfecho por mi quejar de la perdida de Luana. Fruncí el ceño exageradamente, al punto de intimidar a una abuelita que pasaba por mi lado.

— ¿Cómo cuáles? —pregunté con oculta ironía, pues me revienta esa forma de emplear el artículo determinado que tienen todos ellos.

— Tu debes de tener un pista de cuales me refiero.

— No tengo ni idea, Lou —ladre enfurecido.— Por favor, ¡ilumíname!

— ¡Esa es una de las primeras! —me miro con cólera y desesperación. Me di cuenta muy tarde a que se refería con que era una de la primera. Descendí.— Tienes un carácter de mil demonios, Zayn. Contradecirme no te servirá de nada, porque estoy más que seguro de que de eso tú eres consiente.

Bajo un oculto destierro de llamas ofuscántes; mi orgullo se retorcía diabólicamente de la cólera y la verdad seguía martillando fuertemente mis ojos. No lloraría, era simplemente absurdo y torpe tener resentimiento hacia un hombre que soporto esos defectos durante 20 años. Prefería oponerse a las devastadoras pesadillas de él escapando de alguien, pero cuando se giraba solo veía a Luana llorar.

— Me tengo que ir, Lou… —él chico bufo fuertemente, casi sobresaltándome.

— Huyendo de la verdad, como si fuera algo extraño en ti.

— ¡Vete al demonio, Louis! No es de tu incumbencia como deba o no de comportarme —dije lo suficientemente fuerte— A fin de cuentas nunca te preocupaste por cambiar eso cuando pequeños.

— Yo no soy quién toma las decisiones de tu carácter, Zayn —suavizo su mirada— Eres tú quién debe de proponerse cambiar de actitud.

Abandone el lugar, dándome por vencido de que todo el mundo solo me quiere ver tras las rejas, bajo un ataúd o simplemente naufragando en el mar atlántico. La sociedad solo es una secta de malandros egoístas, incluyendo a Luana y a Louis.

Los días siguientes fueron agitados. En mi precipitación no había preguntado cuándo volvería Luana; el mismo día de mi visita volví a hablar por teléfono para averiguarlo; la mucama me dijo que no sabía nada; entonces le pedí la dirección de la casa.

Esa misma noche escribí una carta desesperada, preguntándole la fecha de su regreso y pidiéndole que me hablara por teléfono en cuanto llegase a su casa o que me escribiese. Fui hasta el Correo Central y la hice certificar, para disminuir al mínimo los riesgos.

— Deberías olvidarme… —esa voz chillona tan característica lo hizo abrir los ojos par a par, esperando ver la silueta de algún espectro buscándolo para hacer con él hasta escoba. Se escabullo entre la gente y su brazo fue mordaz para ser una simple chica de veinticinco años.

— Olvídate de eso, Luana —sus ojos verde pasto me miraban especulantes, casi atribuyendo mi temor a sus fuertes palabras. Una orden muy difícil de acatar.

— ¿Recuerdas la vez en que nos conocimos? —asentí frenéticamente— Esa vez no me había convencido de tus palabras de caramelo. Te dije una vez que no creía en las palabras, sino en los hechos. En algún momento loco de mi vida, quise recobrar mi juventud teniendo una aventura extraña contigo. Creí que si lo hacía podría olvidar el remordimiento de hacerme vieja cada vez más… —suspiro— Consideraba los veintiún años de edad como vejes. Me atasque en una historia sin remedio, de sufrimientos, egoísmo y superficialidad.

— ¿A qué te refieres? —mis ojos martillaban y mi cabeza dolía. Pese a eso tenía temor a escuchar de su propia boca las palabras más inalcanzables de mi corazón destruido.

— Creí que era amor, Zayn… Me equivoque. Ahora quiero volver a intentarlo, ahora comprendo el sentido de la vejes, y quiero hacerlo. Esto me ha causado todo tipo de riesgos, riesgos que yo misma eh asumido. No voy a arruinar eso, y por tal razón quiero que seas libre. No te aferres a mí, porque no estaré ya más. Me casaré…

— ¡Cállate! —cerré los ojos fuertemente, sintiendo venir las lágrimas desbordando mis ojos como cascadas abiertas.

— La vida me dio una oportunidad de superarte, Zayn. Disfruta de ello también, quiero que seas feliz… Pero la clave para el éxito son tus mismas intenciones. Mírate —abrí los ojos recayentes— Tus acciones solo te llevan a más problemas. Tu carácter es de un demonio y no sabes apreciar lo que todos te brindan. Louis es un hombre inigualable, un gran amigo tuyo que siempre te soporto… Dime, ¿qué has hecho por él?

— Nada… —tuve el sentido común de rendirme frente a mi orgullo. Quizás si tenían razón.

— Acepta tus errores, corrígelos y haz una nueva vida en otro lugar. Enamórate, pero hazlo con el corazón.

Como decía, pasé unos días muy agitados y mil veces volvieron a mi cabeza las ideas oscuras que me atormentaban después de la visita a la calle Posadas en mi encuentro con Luana. Tuve este sueño: visitaba de noche una vieja casa solitaria. Era una casa en cierto modo conocida e infinitamente ansiada por mí desde la infancia, de manera que al entrar en ella me guiaban algunos recuerdos. Pero a veces me encontraba perdido en la oscuridad o tenía la impresión de enemigos escondidos que podían asaltarme por detrás o de gentes que cuchicheaban y se burlaban de mí, de mi ingenuidad. ¿Quiénes eran esas gentes y qué querían? Y sin embargo, y a pesar de todo, sentía que en esa casa renacían en mí los antiguos amores de la adolescencia, con los mismos temblores y esa sensación de suave locura, de temor y de alegría. Cuando me desperté, comprendí que la casa del sueño era María, mi amiga de la cafetería.
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Legendary. el Vie 13 Dic 2013, 1:51 pm

spam spam

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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por nessie. el Vie 13 Dic 2013, 2:23 pm

¡Hola! OMG, desde el principio hasta al fin quedé atrapada con el prólogo o sinopsis o lo que sea (?) Audicionaré por Justin Bieber y Taylor Hill.<3.


I hate the beach, but i stand in California with my toes in the sand
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Julianne. el Vie 13 Dic 2013, 2:27 pm

nooooooo loreeeeeeeee, DD: no quiero competir con vos :((
fué, cambio mi personaje varón, algun dia tenia que cambiar al lucho. Todo por no pelear con mi esposa (?)


Última edición por .Juli. el Vie 13 Dic 2013, 3:07 pm, editado 1 vez
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Vie 13 Dic 2013, 3:03 pm

Lore audicionó *----*
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Vie 13 Dic 2013, 3:09 pm

Prometo aceptarte Lore, cuando mi computadora ande(?)
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Sophia. el Vie 13 Dic 2013, 6:40 pm

Audicionen que Deby acepta xd.
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Vie 13 Dic 2013, 7:25 pm

ya voy sorry.
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Vie 13 Dic 2013, 7:29 pm

Auditore escribió:“I hate the beach, but i stand in California with my toes in the sand”
Hola, me llamo Bea y me encantó la idea. Me enamoré de la sinopsis así que obviamente tenía que audicionar

Kaya Scodelario||Logan Lerman

Stay the night {One Shot.:

Stay the night.

Ninguno de los dos hablaba, solo veían la televisión recostados en el sofá pero no le prestaban atención. Estaban demasiado ocupados en sus propios pensamientos. “Ya nada es igual” era el que más los atormentada por lo cierto que era. Ya nada era igual para ellos dos. Se tocaban pero no se sentían, se hablaban pero no se escuchaban, se querían pero ya no se amaban. El apartamento de Louis, que había sido el lugar para compartir tantos secretos y amor, se había transformó en un lugar aburrido y sin sentimiento.

Estaban abrazados, pero las mariposas que antes sentían, desaparecieron poco a poco hasta dejar un vacío. Sus ojos se cruzaron, pero ya no tenían la misma chispa que antes.

Un incómodo silencio reinó entre los dos cuando Jane apagó el televisor. Querían hablar, pero no tenían las palabras correctas. Así que Louis hizo lo que siempre hacía cuando no sabía qué hacer, la besó. Se dejaron llevar por el momento y disfrutaron del beso lleno de sentimientos confusos e inseguridades.

-¿Por qué lloras? –preguntó Louis secando la mejilla de Jane con su pulgar al terminar el beso.

-¿Qué nos pasó Louis? –Jane se aferró a la mano de Louis en su mejilla.

-No lo sé –respondió con sinceridad.

Las lágrimas de Jane fueron incrementándose y sus quejidos también. Louis acariciaba su cabello y lentamente la fue recostando en su pecho. Él también quería llorar, Jane era una de las chicas más maravillosas que había conocido en toda su vida y que más había amado. No quería dejarla, pero era hora de hacerlo. Hacía ya tiempo que la sentía lejana, apartada de él. Las cosquillas que sentía cuando le hacía el amor quedaron sepultadas bajo un extraño sentimiento de vacío.

Jane se separó y lo contempló con ojos llorosos.  Antes de conocer a Louis era una chica insegura y aterrada del mundo, pero él lo cambió todo. La hizo sentirse amada por primera vez, sus inseguridades desaparecieron junto a su miedo y alegró su vida más que cualquier otra persona. Pero todo había desaparecido, había perdido a Louis por completo.

Bajaron la mirada al mismo tiempo pensando en lo que podrían decir o callar. Suspiraron fuertemente aceptando la triste realidad.

-Ya nada es lo mismo ¿verdad? –preguntó Louis al fin.

-No –respondió Jane hablando por los dos

-¿Entonces ahora qué? –ambos temían por la respuesta.

-Supongo que debería irme –Jane se levantó y las piernas le flanquearon.

-Todavía no –Louis se aferró a su muñeca. Sabía que no podía hacer nada para reparar la situación, pero no quería perderla todavía.

Jane lo miró extrañada. Ya todo había acabado ¿Por qué la retenía? ¿A caso quería hacerla sufrir aún más?

-¿Pasarías la noche conmigo? –preguntó al tiempo que las lágrimas al fin salían por sus ojos azules.

-Louis yo… -comenzó Jane, el chico se levantó y la abrazó fuertemente.

-Quédate. Una última noche juntos por favor –propuso con la voz quebrada.

-Está bien –Jane correspondió a su abrazo apretando su rostro contra el cuello de él.

Louis levantó su mentón y vio sus hermosos ojos cafés cristalinos, pasó su vista a sus labios y los devoró en un instante en un beso lento y doloroso. Quería apreciar todo en ella antes de que se fuera. Recorrió sus manos por todo el cuerpo de Jane con el propósito de hacerla suya una última vez.

Se fueron yendo a su habitación lentamente. La ropa sobró en ese momento y la noche fue perfecta para despedirse.


{***}


Cuando Louis despertó Jane ya no estaba, pero la esencia de su cuerpo todavía se sentía en la cama. Ella ya se había ido, dejándolo con el corazón destrozado. Vio una pequeña carta en la mesita de noche y la abrió lentamente, la perfecta caligrafía de Jane se hacía presente.

Querido Louis:

Durante 5 años me hiciste sentir cosas que nunca había sentido, me amaste como nunca nadie me había amado y te amé como nunca creo llegar amar a alguien más. Me diste seguridad y confianza en mí misma. Tus bromas y chistes me hicieron reír tanto que pensé que quedaría afónica. Pero lamentablemente todo acabo. Tal vez fuimos hechos para terminar, o tal vez no. Lo único que tengo que decirte es: gracias. Gracias por los 5 años más maravillosos de toda mi vida.

Jane.



Louis releyó la carta más veces de las que podría contar y lloró como nunca antes. Porque nada volvería a ser igual. Todo había terminado.

Una sonrisa como la tuya {Harry Styles.:


Capítulo 1.


lately i've been waking up alone.

El despertador sonó con su desesperante y agudo pitido anunciando el inicio de un nuevo día. Varias botellas de alcohol se estrellaron contra el piso cuando Harry se levantó de su cama para apagar el aparato.

Se metió a la ducha tratando de que el horrendo dolor de cabeza se esfumara para ir a trabajar. Se fijó en las grandes ojeras que tenía debajo de los ojos al verse en el espejo, pero no podía esperar nada más, desde hace 3 años que tenía la misma rutina. Volver del trabajo con más de 10 botellas de cerveza y lamentarse hasta muy entrada la madrugada por la muerte de su novia April. En pocas palabras, su vida se había vuelto deprimente y llena de alcohol.

Se tambaleó hasta llegar a la pequeña cocina y se preparó una taza de café mientras se secaba el cabello. Hasta su apartamento se había vuelto deprimente, ya no era de ese color azul cielo que tanto le gustaba a April como a Harry, las paredes se habían decolorado y raído, ahora solo quedaba un color gris oscuro con pedazos blancos. Había destrozado todos los pequeños adornos que tenía el día de su muerte, ahora estaban en cajas regadas en el piso. Las fotografías de April fue una gran discusión decidir dónde ponerlas. Así que optó por dejar una en la mesita que tenía al lado de su cama, otras 2 en la cocina y una más en la mesita que estaba al lado de su puerta. Cuando el café estuvo listo Harry le agregó una considerable cantidad de whisky y lo bebió de un sorbo.

Salió de su apartamento bajo la mirada de pena de los vecinos. Ellos se preocupaban por Harry, después de la muerte de April ya no era el mismo. Ya no sonreía con la misma calidez de antes, en realidad, ya no sonreía para nada. Dejó de saludar con un “buenos días” a todos y hasta se atrasaba con la renta. Sus ganas de seguir viviendo se habían esfumado junto con April, y de no ser por la promesa que le hizo seguramente se habría quitado la vida hace ya tiempo. Y lo de encontrar a la chica perfecta lo había intentado varias veces, pero simplemente ninguna se comparaba con April, ninguna era tan hermosa, tan buena, y definitivamente ninguna tenía una sonrisa como la suya.

Al llegar al trabajo, los demás empleados lo recibieron con la misma mirada de lástima que sus vecinos. Ya nadie hablaba con él, había alejado a todas las personas que se preocupaban por él, a sus amigos y conocidos.

-Hola Harry –saludó Cathy, una secretaria y lo más parecido que tenía de una amiga.

El castaño solamente soltó un bufido, la rubia lo siguió con unos papeles en la mano, seguramente trabajo.

-Esto es lo de hoy –dejó caer las carpetas en el escritorio del muchacho.

-Gracias –dijo entre dientes bajando la vista al trabajo.

-¡Oh vamos! –exclamó la rubia dándole un golpe a Harry en la cabeza- Harry no puedes seguir así –Cathy se posó frente a él- Ya pasaron 3 años, creo que es tiempo suficiente para estar de luto,
ahora ve a vivir tu vida.

-No quiero vivir mi vida –alegó el castaño sin verla- No sin ella.

Cathy suspiró pesadamente. Realmente le dolía ver a Harry de esa manera, él había sido su mejor amigo desde siempre.

-Esto no es lo que ella hubiera querido –la oji-azul se dio la vuelta dejando a Harry sumido en sus pensamientos.

La última frase de Cathy dejó pensando a Harry durante toda la tarde, tal vez tenía razón. April no hubiera querido que él se convirtiera en un maldito alcohólico que había alejado a todos lo que trataron de ayudarlo. Exceptuando a Cathy, sabía que ella no se iría ni aunque le apuntara con un arma, siempre se mantendría con Harry pasara lo que pasara. Pero es que simplemente no podía evitarlo, extrañaba a April, demasiado. No podía dejar de pensar en ella, de soñarla, de recordarla en cada chica pelirroja que veía. Simplemente no podía. Había amado a April más de lo que había podido llegar a alguien más, incluso más que a su propia vida, y entonces la vida decidió quitársela un día anunciando que tenía cáncer en un pulmón. Intentó ser fuerte por ella, pero April había decidido ya su destino. Ella no intentó luchar, no quiso ser fuerte, no tenía ninguna ilusión de seguir viviendo. ¿La razón? Nadie lo sabía, pero las consecuencias habían sido inevitables.

-¿Quieres ir a cenar? –Harry apagaba su computadora cuando Cathy apareció.

Frunció los labios y lo meditó un segundo. Una noche acompañado después de 3 años de estar solo, sonaba bastante bien para él.

-Claro –dijo sin muchos ánimos. Cathy por su parte se puso eufórica dando saltitos y aplaudiendo sin parar- Pero tú pagas –la rubia dejó de saltar y su expresión cambió a una de desconcierto. Harry estuvo a punto de sonreír por su expresión, pero se abstuvo.

-Bien –refunfuñó Cathy. Se echó su bolso al hombro y ambos salieron del gran edificio.


{***}



Por el hecho de haber ido a cenar con Cathy no iba a cambiar la rutina que Harry se había puesto. Así que armado con 15 latas de cerveza entró al apartamento de un portazo ignorando el grito del dueño del complejo de apartamentos, advirtiéndole por tercera vez en la semana de su paga atrasada. No tenía ganas de discutir con él de nuevo. Se lo pagaría, tal vez mañana.

Una a una las latas fueron quedando vacías, mientras Harry estaba más ebrio y olvidaba más cosas. Excepto el hecho de ser un completo miserable que estaba completamente solo. Las lágrimas se juntaban en sus ojos y él dejaba que corrieran hasta estamparse contra la mesa de madera.
Le dio una calada al cigarro que tenía en la mano, bebió un poco de su lata y soltó el humo guardado en sus pulmones.

Seguramente si Cathy se enteraba de lo que hacía todas las noches, lo ahorcaría y luego lo internaría en un centro de rehabilitación y no lo dejaría salir hasta que estuviera segura de que no lo volvería a hacer. Harry apreciaba mucho a Cathy, más de lo que admitía, y es que ella lo había apoyado en tantos momentos de su vida, no importando el temperamento de Harry, ella siempre estaba allí. Y es que Harry se comportaba algunas veces como un grandísimo idiota, se enoja con facilidad y por cualquier cosa, es muy estricto cuando se trata del orden de las cosas y le gusta quedarse con lo seguro. Era terco, si algo se le mete en la cabeza jamás lograrás sacárselo y lo peor, orgulloso en extremo.

Comenzaba a quedarse dormido cuando alguien comenzó a tocar la puerta estruendosamente, casi como si quisiera botarla. Harry decidió ignorarlos, pero los golpes no se detuvieron, y si no quería que la cabeza le estallara del dolor debía abrirla. Se tambaleó y casi calló un par de veces, pero al fin pudo abrir la puerta encontrándose con el dueño.

-Mañana vendrá alguien para ver el apartamento de al lado –el señor Cooper señaló el apartamento, Harry solo alzó una ceja- Y no quiero que salgas ebrio como la última vez –lo reprendió. Harry asintió
y volvió a cerrar la puerta en las narices del hombre.

Harry maldijo por dentro. ¿Solo por eso lo molestaba? Pero en realidad, el señor Cooper tenía razón en molestarlo. Ya que la última vez que un chico vio el apartamento Harry salió violentamente a arrojar una botella de vino vacía a la cabeza del joven, que con suerte logró esquivarla. Pero es que
Harry no quería a nadie en el apartamento de al lado, las paredes eran delgadas y podían escuchar las conversaciones que las personas tenían, o la televisión, o la radio. Para Harry era muy molesto.

Bostezó, el reloj marcaba las 2:00am, tal vez había sido suficiente por un día. Se fue arrastrando los pies hasta la incómoda cama y se dejó caer con un suspiro pesado. Minutos después cayó en los brazos de Morfeo.


Bea<333 slkjdv perdón por la tardanza, esta mañana leí todo pero no pude aceptar ;-; Me encantó toda tu audición, ambos escritos estuvieron increíbles<3 El shot me llenó de feels bc no terminaron juntos, but me dejaron con las esperanzas y ahora soñaré que lo hacen después de todo xd Y el cap de la fic de Hazza omg, me quedé con ganas de leer la fic, srsly<3333 Pobre, que haya quedado así de mal :c definitivamente tengo que leer más, no se puede quedar asó(?) Tu redacción es perfecta e impecable, escribís demasiado bien. Me encantó todo, ¡Muchísima suerte! Ya estás participando, bella<3333
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Vie 13 Dic 2013, 7:46 pm

Lore. escribió:
"I hate the beach, but i stand in California with my toes in the sand."
Soph, Deby. :AA:ya había leído la idea, solo que no tenía mucha imaginación para un comentario, además estoy entre sí y no bc estoy audicionando en muchas colectivas y temo defraudarlas. Este, me comprometeré, y prometo no defraudarlas. Ah y antes que lo olvide, ame la idea. Iré por Chace Crawford, Bella Heathcote, Kaylee DeFer, Louis Tomlinson.
capítulo:

Vanessa abrió los ojos con desilusión y reprimió un suspiro de rabia. La meditación no estaba funcionando. Pese a que creía estar concentrada y lo más en calma que podría estar en un momento como ése, era más que evidente que, lejos de tranquilizarse y pensar con objetividad, sólo estaba enardeciendo sus emociones; se sentía más inestable que antes, fruto lógico de estar dándole vueltas al asunto durante su meditación. Tocó el piso con los pies —pues estaba sobre uno de los muebles de su ventana— y trató de decidir qué hacer a continuación.

¿Por qué siempre tengo que pelearme con él por estupideces?, se preguntó la morena con frustración. Era algo que no entendía. ¿Por qué simplemente no quedarse callada e ignorarla? ¿Por qué siempre esa suerte de necesidad de contestarle, como si fuera un modo de defenderse de sus reproches? Porque eso habían sido sus palabras, reproches, sólo reproches contra lo que era, lo que hacía y lo que decía. Vanessa admitió que también había caído en el juego y le había contestado del mismo mal modo, pero creía no tener la culpa de lo sucedido.

¿O la tenía? Negó con la cabeza y, en vista del fracaso de la meditación, Vanessa se dispuso a utilizar el último recurso de relajación e introspección con que contaba: escribir. No le había contado nunca a ninguno de sus amigos esa particular afición, ya que la consideraba su último refugio personal, pero era posible que lo dedujeran de sus hábitos de lectura. La morena dirigió sus ojos a una estantería de su habitación, de la cual sacó un cuaderno gris, sencillo, sin ninguna rotulación y, sentándose cómodamente en su cama a la vez que sacaba un bolígrafo de su velador, se dispuso a escribir.

No era un tipo de escritura autorreferente, en donde simplemente se dirigiera a un destinatario invisible y le contara sus problemas. No era su estilo. Prefería simplemente armar una breve historia, donde los eventuales personajes sintieran lo mismo que ella sentía y, mediante la resolución del conflicto, lograra una especie de liberación. Siempre lo había hecho del mismo modo y se había convertido en un modo seguro de desplegar aquellas emociones que se arrastraban en su interior, sin correr el riesgo de liberarlas en el proceso. Porque en eso residía la magia del método: al hacer que sus propios tormentos los sufrieran personajes ficticios, los problemas se volvían menos reales al mismo tiempo, como si pertenecieran a un mundo de ficción, donde ella podía hacerlos desaparecer o manipularlos a su antojo. Y así el dolor de su alma se aplacaba o, como en aquellos momentos, la ira iba aflojando su corazón, poco a poco.

Lo único lamentable era que en el momento mismo en que apoyaba el lápiz en la hoja limpia de papel, los recuerdos la azotaban y durante un instante, la dejaban sin aliento, amenazando su frágil y perseverante control. Y, tal como siempre, aquella vez no fue la excepción.

— Siempre crees que eres la que más sufre, ese es tu problema. ¡Pues te doy una noticia! ¡Todos tenemos nuestros asuntos! ¡Todos tenemos nuestros problemas y penas! ¡Y no nos enterramos en la depresión y la oscuridad! Seguimos con nuestra vida, reímos, vivimos.
— Sabes perfectamente que yo no puedo hacer eso —musitó Vanessa, sintiendo que la ira estaba siendo desplazada por el dolor—. Sabes que yo no soy capaz de nada de eso. Eres una irreverente y una desconsiderada. Sabes que no puedo.
— Sí puedes, sólo no quieres. Disfruta el presente alguna vez y deja de pensar en todo lo que no puedes hacer.
— ¡¿Crees que si pudiera no lo haría?! No tienes idea de lo que estás hablando —repitió—. Sólo eres una niña que habla sin pensar.
— Al menos yo estoy viva —replicó ella con la mirada dura—. Y creo que es más de lo que puedo decir de ti.
— Idiota.
— Amargada.

Vanessa dejó el bolígrafo a un lado de la cama con una sonrisa irónica en su rostro. No había escrito ni dos páginas, pero ya estaba segura de que era suficiente. Por eso era que no se preocupaba a la hora de escribir, porque sabía que nunca acababa los escritos en medio de una tormenta emocional. Sólo le servía para relajarse, pues toda la ira, la tristeza o la decepción que pudiera sentir era absorbida por las palabras, pese a que la historia —una batahola literaria irrelevante sobre una chica llamada Mercedes y un joven de nombre Max— estaba apenas comenzando. Sólo era una forma de meditación.

Nessa suspiró. Se sentía cansada. Por muy ilógico que pareciera, esas continuas introspecciones y análisis la dejaban bastante agotada, ya que no sólo requerían de una excepcional concentración, sino también de la evocación de muchos recuerdos, en ocasiones, desagradables, lo que la extenuaba emocionalmente.

Magali era risa y ruido. Su vida se definía en bromas, juegos, peleas y comida china. Era una verdadera héroe, con su propio modo de enfrentar el mundo. Y ella lo admiraba por eso, pero no compartía su modo de vida. La tolerancia era el primer peldaño a la paz, sin embargo. Si quería convivir tranquila con su hermana y con el resto de sus amigos, debería aprender a respetar y a comprender. Comprender profunda y sinceramente que cada uno tenía un modo distinto de pensar y que ese modo, mientras no afectara negativamente o atentara contra otros, estaba bien y merecía respeto. Hasta ese entonces, Vanessa había soportado los estilos de sus amigos, pero nunca los había comprendido. Y también ése era el error de todos, no solamente el de ella. Nessa sabía que era algo particularmente difícil; para la morena, era doblemente duro, ya que su orgullo y su herencia demoníaca obstaculizaban sus deseos de solidarizar con sus amigos.

Vanessa se levantó de la cama, más decidida que nunca a hacer de la convivencia en la casa algo más placentero que de costumbre. Ya libre del tormento de su cumpleaños y, asombrosamente, aún con vida, no iba a desperdiciar la oportunidad que se le había regalado. Dirigió una pequeña sonrisa a la historia inconclusa de Mercedes y Maximilian, la que había logrado calmar su mente, y se prometió a sí misma que la acabaría. Le alegraba que esta vez su escritura y meditación la hubiesen llevado a un resultado concreto, ya que muchas veces sólo la hacían filosofar.

Se disculparía con Magali, algo que nunca había hecho antes. Un ligero nerviosismo la poseía, pero estaba dispuesta a llegar hasta el final. Paz, tolerancia, amistad, hermandad, respeto, cariño… ¿todas esas cosas, en conjunto, no eran más fuerte que la soberbia?

Encontró a la castaña jugando videojuegos en la sala principal. Vanessa elevó sus cejas al máximo; Su hermana seguía molesta y algo sentida, si bien lo controlaba con su propia terapia y a su modo.

— ¡Toma eso, babosa asquerosa! —gritaba, petrificada en la pantalla de la televisión—. ¡Marilyn se merece el premio novel, no tu!

Vanessa insinuó una sonrisa. Televisión v/s escritura. Cada una tenía sus métodos, sin duda. Le satisfizo comprobar que sus emociones estaban tranquilas y receptivas, que se sentía bien. La morena se situó junto a la castaña, que al notarla la miró entre curioso e incómodo.

— Tenemos que hablar —dijo ella, quizás más bruscamente de lo que había pretendido.
— Mira, Vanessa, nosotras… —La voz tajante de la castaña la hizo probar de nuevo.
— Tenemos que hablar —repitió—. Por favor…

Esa última palabra fue lo que la hizo considerar la conversación. Lo cortés no quita lo valiente, pensó la joven. Vanessa se sentó a su lado y se armó de valor para, al fin, doblegar su terco y estúpido orgullo.

— Quería disculparme contigo, Magali —susurró mirándola a sus brillantes y sorprendidos ojos azules—. Te traté injustamente cuando tú sólo deseabas compartir un momento conmigo. Tú no tenías por qué saber que estaba algo susceptible y de poco ánimo y yo no debí decirte todo lo que te dije. Lo siento.
— Vaya —Parpadeó, aturdida—. Nunca creí que viviría lo suficiente para escucharte disculpándote sobre algo.
— No es algo particularmente fácil, Maggie. —Suspiró con fastidio—. Te agradecería si me ayudaras.
— ¡Esta bien! —sonrió con nerviosismo— Tu también perdóname, Nessa. Estabas en un momento de meditación, y siempre nos estas diciendo que no te molestemos cuando estas leyendo.
— No tienes porque, Maggie. Últimamente me eh comportado como no debería contigo, eres mi hermana menor... —suspiro cansadamente— No soy una buena hermana, ¿verdad?
— De hecho, no, no lo eres —Vanessa bajo la cabeza— Pero te quiero con defectos y todo, ademas, eres mi hermana, Vanessa. Te quiero tal y como eres, y lo sabes.

Hay cosas que no cambiarían, definitivamente, pero era parte de la vida, de esta vida llena de horizontes y esperanzas que ahora tenía en sus manos, aceptar estas locuras. ¿Qué seria de la vida sin una mínima gota de locura? Lo mismo que una vida sin un suspiro de prudencia. Porque ambas son necesarias, porque ambas son distintas. Mezcla a tu prudencia un grano de locura, dijo Horacio. Y tenía razón. Era sólo cuestión de compatibilizar, ser flexible y respetar al otro. Porque Vanessa era más prudencia que locura y Magali más locura que prudencia, pero eran hermanas. Y en el opuesto está la verdad.
one shot:

Ni un milímetro de agua, ni un centímetro de tierra, ni un bocado de aire, ni una lagrima que salga de mis ojos, ni una molécula de saliva que se cuele en su dulce boca se puede comparar al inmenso amor que llevo a cargas de mi pecho, mi espalda y mi conciencia. Suplico porque algún día todas esas frases de aliento y compasión se hagan realidad y se acabe ese sosiego que siempre debo de recordar y alimentar cuando veo sus fotos pegadas en mi cuarto. Podrán preguntarse qué me mueve a escribir una canción que solo habla de un amor perdido por la capacidad del egocentrismo, es más; ¿el egocentrismo cuenta cómo capacidad? y, sobre todo, ¿desde cuándo me lamento por una relación rota? Conozco bastante bien el alma humana para prever que pensarán en la vanidad. Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me importan un bledo la opinión y la palabras de la gente. Supongan, pues, que publico esta historia por vanidad. Al fin de cuentas estoy hecho de carne, huesos, pelo y uñas como cualquier otro hombre y me parecería muy injusto que exigiesen de mí, precisamente de mí, cualidades especiales; uno se cree a veces un superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido. De la vanidad no digo nada: creo que nadie está desprovisto de este notable motor del Progreso Humano. Me hacen reír esos señores que salen con la modestia de Einstein o gente por el estilo; respuesta: es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto. Aun cuando se imagina que no existe en absoluto, se la descubre de pronto en su forma más sutil: la vanidad de la modestia. ¡Cuántas veces tropezamos con esa clase de individuos! Hasta un hombre, real o simbólico, pronunció palabras sugeridas por la vanidad o al menos por la soberbia. Resulta inquietante verlo de alguna forma parecida al tema de mi desamor, de mi ruptura o de cualquier forma llamada o existente.

Todo se encuentra en donde menos uno se lo espera, inclusive el gran problema llamada: vanidad. Un estado del cual todos pueden quejarse la misma forma en la que ella siempre se quejaba de mí. Sin embargo no recuerdo ningún argumento en el que hallamos discutido esa verdad, ni mucho menos que haya encontrado otra persona a la que amar.

Después, está el asunto de la vanidad, otra de las características que menos soporto. Basta examinar cualquiera de los ejemplos: el superdotado, el especial, el popular, la guapa. No tengo preferencias; todos me son repugnantes. Tomo el ejemplo que se me ocurre en este momento: el superdotado. Louis y lo creía un verdadero amigo, hasta tal punto que sufrí un terrible desengaño cuando todos empezaron a perseguirme y él se unió a esa gentuza; pero dejemos esto. Un día, apenas llegué a la cafetería, Louis me dijo que debía salir y me invitó a ir con él:

— No comprendo porque lo hizo, no comprendo la razón por la que decidió de inmediato dejarme sin decir más —comencé con empatía y cierto desanime en mi tono de voz. Claro que, siempre fui justo y consiente de mis actos; esa pregunta me martillaría por mucho tiempo.

— Las razones son muchas, Zayn —gruño Louis, casi insatisfecho por mi quejar de la perdida de Luana. Fruncí el ceño exageradamente, al punto de intimidar a una abuelita que pasaba por mi lado.

— ¿Cómo cuáles? —pregunté con oculta ironía, pues me revienta esa forma de emplear el artículo determinado que tienen todos ellos.

— Tu debes de tener un pista de cuales me refiero.

— No tengo ni idea, Lou —ladre enfurecido.— Por favor, ¡ilumíname!

— ¡Esa es una de las primeras! —me miro con cólera y desesperación. Me di cuenta muy tarde a que se refería con que era una de la primera. Descendí.— Tienes un carácter de mil demonios, Zayn. Contradecirme no te servirá de nada, porque estoy más que seguro de que de eso tú eres consiente.

Bajo un oculto destierro de llamas ofuscántes; mi orgullo se retorcía diabólicamente de la cólera y la verdad seguía martillando fuertemente mis ojos. No lloraría, era simplemente absurdo y torpe tener resentimiento hacia un hombre que soporto esos defectos durante 20 años. Prefería oponerse a las devastadoras pesadillas de él escapando de alguien, pero cuando se giraba solo veía a Luana llorar.

— Me tengo que ir, Lou… —él chico bufo fuertemente, casi sobresaltándome.

— Huyendo de la verdad, como si fuera algo extraño en ti.

— ¡Vete al demonio, Louis! No es de tu incumbencia como deba o no de comportarme —dije lo suficientemente fuerte— A fin de cuentas nunca te preocupaste por cambiar eso cuando pequeños.

— Yo no soy quién toma las decisiones de tu carácter, Zayn —suavizo su mirada— Eres tú quién debe de proponerse cambiar de actitud.  

Abandone el lugar, dándome por vencido de que todo el mundo solo me quiere ver tras las rejas, bajo un ataúd o simplemente naufragando en el mar atlántico. La sociedad solo es una secta de malandros egoístas, incluyendo a Luana y a Louis.

Los días siguientes fueron agitados. En mi precipitación no había preguntado cuándo volvería Luana; el mismo día de mi visita volví a hablar por teléfono para averiguarlo; la mucama me dijo que no sabía nada; entonces le pedí la dirección de la casa.

Esa misma noche escribí una carta desesperada, preguntándole la fecha de su regreso y pidiéndole que me hablara por teléfono en cuanto llegase a su casa o que me escribiese. Fui hasta el Correo Central y la hice certificar, para disminuir al mínimo los riesgos.

— Deberías olvidarme… —esa voz chillona tan característica lo hizo abrir los ojos par a par, esperando ver la silueta de algún espectro buscándolo para hacer con él hasta escoba. Se escabullo entre la gente y su brazo fue mordaz para ser una simple chica de veinticinco años.

— Olvídate de eso, Luana —sus ojos verde pasto me miraban especulantes, casi atribuyendo mi temor a sus fuertes palabras. Una orden muy difícil de acatar.

— ¿Recuerdas la vez en que nos conocimos? —asentí frenéticamente— Esa vez no me había convencido de tus palabras de caramelo. Te dije una vez que no creía en las palabras, sino en los hechos. En algún momento loco de mi vida, quise recobrar mi juventud teniendo una aventura extraña contigo. Creí que si lo hacía podría olvidar el remordimiento de hacerme vieja cada vez más… —suspiro— Consideraba los veintiún años de edad como vejes. Me atasque en una historia sin remedio, de sufrimientos, egoísmo y superficialidad.

— ¿A qué te refieres? —mis ojos martillaban y mi cabeza dolía. Pese a eso tenía temor a escuchar de su propia boca las palabras más inalcanzables de mi corazón destruido.

— Creí que era amor, Zayn… Me equivoque. Ahora quiero volver a intentarlo, ahora comprendo el sentido de la vejes, y quiero hacerlo. Esto me ha causado todo tipo de riesgos, riesgos que yo misma eh asumido. No voy a arruinar eso, y por tal razón quiero que seas libre. No te aferres a mí, porque no estaré ya más. Me casaré…

— ¡Cállate! —cerré los ojos fuertemente, sintiendo venir las lágrimas desbordando mis ojos como cascadas abiertas.

— La vida me dio una oportunidad de superarte, Zayn. Disfruta de ello también, quiero que seas feliz… Pero la clave para el éxito son tus mismas intenciones. Mírate —abrí los ojos recayentes— Tus acciones solo te llevan a más problemas. Tu carácter es de un demonio y no sabes apreciar lo que todos te brindan. Louis es un hombre inigualable, un gran amigo tuyo que siempre te soporto… Dime, ¿qué has hecho por él?

— Nada… —tuve el sentido común de rendirme frente a mi orgullo. Quizás si tenían razón.

— Acepta tus errores, corrígelos y haz una nueva vida en otro lugar. Enamórate, pero hazlo con el corazón.

Como decía, pasé unos días muy agitados y mil veces volvieron a mi cabeza las ideas oscuras que me atormentaban después de la visita a la calle Posadas en mi encuentro con Luana. Tuve este sueño: visitaba de noche una vieja casa solitaria. Era una casa en cierto modo conocida e infinitamente ansiada por mí desde la infancia, de manera que al entrar en ella me guiaban algunos recuerdos. Pero a veces me encontraba perdido en la oscuridad o tenía la impresión de enemigos escondidos que podían asaltarme por detrás o de gentes que cuchicheaban y se burlaban de mí, de mi ingenuidad. ¿Quiénes eran esas gentes y qué querían? Y sin embargo, y a pesar de todo, sentía que en esa casa renacían en mí los antiguos amores de la adolescencia, con los mismos temblores y esa sensación de suave locura, de temor y de alegría. Cuando me desperté, comprendí que la casa del sueño era María, mi amiga de la cafetería.
Lore, por Dios. Me dejaste, literalmente, sin palabras. Ambos escritos fueron demasiados para mi corta capacidad de percepción(?) No sé qué decirte, más que me encantó todo. No solo... las situaciones que describiste, sino también tu redacción. ¡Dios mío! Tu redacción es perfecta, tu gramática y ortografía, maravillosas. Eres una gran escritora, de eso no hay duda. Estás más que aceptada y te deseo toda la suerte del mundo, ¡estás participando!
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Cam el Sáb 14 Dic 2013, 9:37 am

Holaaa :D
Me llamo Cam. Me he quedado obsecionada con la idea asi que despues de mucho pensarlo voy a audicionar. En serio que me ha encantado :3 Vi la firma y me ha encantado igual y me dije: Absolutamente tengo que ver de que trata y pues si aqui me tienes :P

Quiero audicionar para Ariana Grande y George Shelley <3

ABREME!:


Prólogo:



"La chiquilla de 9 años recién cumplidos no paraba de sonreír y bailar celebrando que ese día era su cumpleaños, lo cual hacia más difícil el trabajo de su madre en peinar su cabello en dos coletas.

-____, quédate quieta linda ya voy a terminar- Dijo de una forma suave.
La pequeña solo rió e hizo lo que su mama le pidió, pero sólo el tiempo justo para que su madre terminara de atar su cabello, pues en el instante en que finalizo la niña salió disparada hacia el jardín trasero de su casa donde se encontraba su padre, haciendo los últimos preparativos para su fiesta antes que llegaran sus amigos de la primaria.

-Hola muñequita- Le dijo sonriendo y alzándola en sus brazos- ¿Quien te hizo ese peinado?- Pregunto, aunque ya sabía la respuesta.
-Fue mami- Dijo la castaña, con una sonrisa de oreja a oreja.
-Estas hermosa princesa- Le dijo su padre bajándola para poder seguir acomodando unos globos.
-¿Quieres ayuda cielo?- Pregunto la madre apenas entrando al jardín. Era un auténtico clon de su hija, o más bien al revés.
-Lo tengo todo controlado- Dijo el padre con una sonrisa.
-De acuerdo- La mama de la pequeña volvió hacia la casa- Traeré el pastel- Anuncio- ____ mira ya llegaron tus amigos.
En menos de tres segundos _____ ya estaba abrazando a su mejor amigo, Zayn.
-Hola Zayn- Dijo la pequeña _____ entre el abrazo.
-Hola ____-le respondió el chico, el cual tenía el cabello negro, al igual que ella, piel morena y ojos color ámbar. En cuanto se separaron El Niño extendió sus brazos hacia la chica, con un precioso regalo en sus manos.- Feliz cumpleaños- Dijo sonriente.
-Gracias- Respondió ____ devolviéndole la sonrisa y dándole un beso en la mejilla.

Y así transcurrió la fiesta, todo fue muy divertido, pero lo que pasó después no lo fue tanto...

-¿Nena te divertiste?-Le pregunto la madre a la pequeña mientras lavaba unos platos.
-Claro que sí mami- Respondió la chiquilla, que estaba sentada en una silla y sus pies no tocaban el piso por lo cual los movía de lado a lado.
De repente se escucho un ruido afuera, donde se encontraba su padre terminando de recoger. La madre un poco asustada se asomó por la ventana y vio como dos hombres amenazaban a su marido con un par de pistolas. Enseguida corrió hacia donde estaba su hija y la alzo en brazos mientras esta preguntaba que sucedía.

-No pasa nada cielo, no te preocupes- dijo bajándola en cuanto estuvieron en el cuarto de ella y su esposo.-Sólo quédate aquí y cierra la puerta con seguro, no te salgas y no abras la puerta y pase lo que pase recuerda que tu padre y yo te amamos.- le dijo dándole un beso en la frente y marchándose.
-Mami!-Reclamo la pequeña sin entender, pero sin embargo hizo lo que su mama pidió, siempre fue muy obediente.
Justo cuando se sentó en la cama, u disparo sonó, asustándola mucho, quería averiguar que había pasado, sabía que no podía ser nada bueno. Pero se quedo encerrada como su mama le dijo.  Un segundo y un tercer disparo se oyeron unos minutos después y la pequeña comenzó a llorar, pero silenciosamente. Creía saber que había pasado, esperaba que no fuera verdad.
Pronto las sirenas de la policía comenzaron a oírse, seguramente algún vecino los había llamado. _____ se asomó por la ventana y vio que habían atrapado a los dos hombres y los metían a la patrulla. Luego entraron a la casa la cual aún tenía la puerta abierta. Subieron las escaleras y entraron a todos los cuartos, de último al que ella se encontraba. No sabía como habían abierto la puerta.

-Hola nena- Le dijo uno de ellos, eran 3.- No te preocupes, ahora ya estas a salvo."


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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por nessie. el Sáb 14 Dic 2013, 10:47 am

No sé, he estado leyendo las demás audiciones y me siento.. rara. Porque lo que yo tengo escrito no es nada a comparación de esas audiciones. ¡DIOS! Que talento tienen, de verdad. Me siento una hormiga al lado de ellas u.u
Así que quizá no participe, mejor para no romperme el corazón e.e sabiendo que no iba a quedar...
Como dije, les deseo suerte. Sé que la nc estará genial. 
Adiós, y espero que les vaya bien en la novela :)
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por totoro. el Sáb 14 Dic 2013, 11:39 am

Gracias por aceptar mi ficha Debz y decir todo eso sobre mi escritura alsjdflsdfhkgjh<3, si quieres te dejo el link de la novela [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]
Besos y gracias una vez más por aceptar mi ficha.
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Sáb 14 Dic 2013, 11:45 am

ness'ofkidrauhl. escribió:No sé, he estado leyendo las demás audiciones y me siento.. rara. Porque lo que yo tengo escrito no es nada a comparación de esas audiciones. ¡DIOS! Que talento tienen, de verdad. Me siento una hormiga al lado de ellas u.u
Así que quizá no participe, mejor para no romperme el corazón e.e sabiendo que no iba a quedar...
Como dije, les deseo suerte. Sé que la nc estará genial. 
Adiós, y espero que les vaya bien en la novela :)
Vane, todas tienen oportunidad :c todavía ni hemos decidido, es tu desición, pero estás a la altura de todas. Todas aquí son maravillosas escritoras :c
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Re: California | Audiciones abiertas.

Mensaje por Cami el Lun 16 Dic 2013, 11:54 pm

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Re: California | Audiciones abiertas.

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