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Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Sophia. el Miér 11 Dic 2013, 8:39 am

Yo quiero Siempre he tenido cierta debilidad por la fantasía. Aun más cuando se trata de guerras, ay. Busco el capitulo y en un rato dejo todo.
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Sophia. el Miér 11 Dic 2013, 9:05 am

Zayn Malik | M.H | Nicholas Hoult | Sophie Turner
que no se note mi poca imaginación con los ships.
capitulo:

No pasaron dos minutos para que el atónito silencio que se había instalado entre nosotros se disipara, tal cual lo hicieron las nubes, dejando al descubierto la imponente luna que colgaba en las alturas.

—¿Qué parte de «debemos mantenernos unidos», no comprenden? —nos pregunta, claramente exacerbada—. Momentos como estos son los que debemos mantener nuestras fuerzas unidas, protegiéndonos hasta de nuestros mismos demonios.

Keyla alzó ambos brazos cansinamente.

—¡Vamos! Todos sabemos lo que somos capaces de hacer,  dejan de ser tan idiotas —dijo, sin ningún ápice de humor presente en el tono de su voz—. Podemos irnos a casa, cada uno sabrá entonces como defenderse.

Sus ojos recorren los cuerpos de los individuos que aún se encontraban presentas, implantando cierta cantidad de miedo ajena a la situación. Detuvo su mirada en sus dos amigos: Lucas y Louis. Ambos se miraron por un pequeño lapso, pero sus labios permanecieron sellados. Su mirada luego pasó por mi cuerpo.

«¡Claro! —pensé— ante la ausencia de Keira la va a tomar conmigo».

—¡Keyla! —ladró Raissa, dando un paso al frente—. No hagas eso. Esto es realmente importante.

—¿Qué?

Claro que sabía lo que estaba haciendo. Durante el poco tiempo que había podido analizarla minuciosamente, había comprendido fácilmente, que ella sabía utilizar a la perfección sus «dones», sacándoles un gran provecho propio.

El pequeño destello de tranquilidad, que segundos atrás había alumbrado, se esclareciera con ligereza. Aunque sea algo difícil de admitir, la presencia de Keira me provocaba cierto grado de tranquilidad. Pero, ahora que no estaba, su presencia había sido reemplazada por uno de los tan petulantes castaños que nos acompañaban, en mi caso por Connor.

—¿Qué se supone que debemos hacer ahora? —inquirió Alice, frotándose ambos brazos con las manos.

—Debemos encontrarlos. —El semblante (hasta ahora tranquilo) que mantenía Raissa se vio un poco desmoronado, incitándonos a creer que era solo por el efecto del frio. La inquietud claramente no hacía parte del comportamiento de ella, o mínimamente en aquellos casos, que eran los que nos habían dado la oportunidad de conocerla con simpleza—. Por el bien de todos nosotros, debemos encontrarlos.

Intenté ahogarme en el mar de mis pensamientos, aspirando a pasar inadvertida, como lo había hecho la gran parte de la noche. Las situaciones como esa, eran capaz de agobiarme casi por completo, y estaba segura que no halaría solo por mí misma si lo hubiera dicho en voz alta.

—¿Cómo sabremos dónde están? —preguntó Harry; provocando un ruidoso bufido por parte de la muchacha que se encontraba a su lado.

—Raissa…

La vi cerrar los ojos, casi como si estuviera librando una verdadera batalla en su interior. Tanto su mandíbula, como sus puños se tensaron, estos últimos cerrándose simultáneamente. Pronto, una sutil capa de sudor apareció, dándole a su rostro un aspecto perlado.

Noah, quien era el ser más próximo a la muchacha, trató de sostenerla con firmeza; con ayuda de Liam. La castaña se removió ente el par de brazos, incapaz de profesar alguna palabra concreta, o mínimamente algún tipo de exclamación al aire.

Veintidós segundos. Tan solo veintidós segundos más tarde, Raissa abrió los ojos. Mi mirada (al igual que la del resto de presentes) cayó inmediatamente sobre sus ojos; desabridos en un principio, para luego tomar un bello e impactante azul, que a la luz de la luna se le percibía como un verde fulgente.

—No… No sé con exactitud qué es lo que ocurre —masculló entre dientes—; mis pensamientos están aparentemente bloqueados.

—Vamos Raissa, sabes que tú eres la única que puede localizarlos así de fácil —bramé, chasqueando mis dedos frente a sus ojos.

¿Qué acaso no podía invertir los hechos a nuestro favor en un parpadeo? Bien, justo cuando por un momento mi neurosis me había obligado a profesar la información que todo el tiempo nos habían suministrado, cae la tormenta sobre nosotros, acompañada de rayos; suprimiendo todo rasgo de tranquilidad del aire; casi haciéndonos implorar por clemencia.

Caminé unos pasos, dejandome embriagar por mis pensamientos.

Desvié mi camino, para observar la magnitud que la ciudad imponía ante nuestros ojos. Quizá nunca me había dado el tiempo de apreciarlo como se debía, enfrascada vagamente en la pequeña burbuja a la que solo unos días antes habían explotado sin ton ni son, viéndome enfrentada a un grupo de chicos aparentemente similares a mí, o al menos eso trataba de creer.

Mi mente divagó un sinnúmero de situaciones en mi infancia, encajando todos los pequeños cabos sueltos que llevaba conmigo desde aquella época. Siempre supe que las situaciones a la que alguna vez me había enfrentado no tenían lugar dentro de una realidad centrada en las explicaciones explicitas e informativas a más no poder.

También estaba entonces los recuerdos de Daniel (el estúpido chico que había sido el detonante que me llevó a descubrir mis poderes, aquella parte de mí que nunca la sentí propia, tal como lo demostraban otros de los afectados). Aquella extraña fotografía que me había brindado la información que mis pensamientos solicitaban en silencio, sin ningún ápice de divulgarlos.

—Bien —me dijo Connor, tomando asiento a mi lado—, al parecer las cosas no van mejor. Debemos encontrarlos, pero no podemos arriesgarnos a correr por allí separados. Como Raissa ya ha dicho, debemos mantenernos unidos.

—Bueno… —refunfuñé entre dientes, ante la falta de movimientos asertivos por nuestra parte.

—Solo queda esperar.

Bufé en repuesta, sellando mis labios después.

También estaba aún ese pequeño detalle: la gestión de la situación. Cada acción que realizáramos conllevaba una respuesta (la mayoría negativas, basándome en el cortejo de experiencias ya vividas). Tal vez si nos hubiéramos preocupado por nuestras acciones en un primer plano, las respuestas no habrían sido perjudiciales para nosotros, o mínimamente Charlotte seguiría ahí, a nuestro lado.

Mis manos se cerraron en torno a mi teléfono celular, después de la casi quincuagésima vez que la otra línea me cortaba de inmediato. Bien, para que Keira haya contestado su teléfono en una situación como aquella (enfatizando dicho momento), debía haber ocurrido algo.

Mis ojos observaron el aparato por unos cuantos segundos, para luego seguirlo en su recorrido a la nada, después de haberlo arrojado con el ímpetu de una jugadora de béisbol. Mi mirada siguió su recorrido, estancándose en la sombra negra alrededor de mi muñeca.

El dichoso brazalete de Keira, el cual había tomado días después de la estúpida fiesta. Al parecer, mis intenciones hasta el momento no habían recorrido la idea de devolvérselo, o bueno, no próximamente. Por alguna razón, mi razonamiento llegó al borde de mis pensamientos, terminado por arremeterse sobre mis acciones y tomar rápidamente el material trenzado en un extraño patrón que se encontraba alrededor de mi muñeca.

Estrujé con fuerza el material entre mis manos. De alguna manera (tal vez no del todo consiente), estaba segura de mi misma, y de mis poderes por ende.

La fuerza de la reacción me secó la boca, dejándome sin palabras.

» Tres siluetas aparecieron a mi vista, aunque no todas eran féminas, había un muchacho entre ellas. Claro, ¿quién más podría ser? Keira, Zayn y Charlotte. Mínimamente tenía la satisfacción de que se encontraban juntos, era algo bueno.

Las paredes eran de un color grisáceo, destruidas en ciertos puntos. El olor a rancio con una pizca de amoniaco, produjo un sabor bilioso en mi garganta. Era una especie de bodega, o eso esperaba yo.

De pronto, un largo cortejo de imágenes, paso antes mis ojos: la calle, totalmente desolada; las luces de las casas adornaban en la lejanía, tal vez demasiado lejanas; los pocos vehículos que habían esparcidos, eran grandes e imponentes, la mayoría con cierto estilo antiguo, dado por la gran cantidad de años sobre sus latas. Estaban en la zona industrial de la ciudad.

Un estruendo azotó la totalidad de la imagen. La destrucción inmediata del metal, hizo que mis oídos dolieran.

Tosí por instinto, tratando de retoma la compostura y continuar. Las cosas no iban nada bien, en definitiva.

La imagen en mi cabeza se vio más borrosa que en un comienzo, tejida entre líneas. Las voces también se distorsionaron, cosa que me hizo apretar con más ímpetu el brazalete; podía sentir mis uñas clavándose en el interior de mi mano. ¡Demonios!


La imagen desapareció, justo cuando mis ojos se abrieron, dejándome como última imagen presente, una borrosa mancha de agua.

—¿Estás bien? —me preguntó Connor, aun a mi lado—. Estas en un momento… ida.

Parpadeé. ¿Acaso había estado extasiada en mis pensamientos, mientras el sinfín de imágenes e reproducían en mi cabeza, aun con los ojos abiertos?

Humedecí mis labios antes de responder.

—Sí, yo… Sí, estoy bien—le respondí rápidamente—. Mejor que nunca.

Sus manos trazaron un recorrido desde el puente de su nariz, hasta su cabello. Un movimiento que denotó la fuerte presencia de nervios.

—¿Qué tienes ahí?

Dirigí mi vista a donde sus manos apuntaban: el brazalete.

—Es de Keira. Lo tomé prestado hace unos días, aun no se lo devuelvo.

Claramente, mi respuesta sin ningún ápice de ironía, tampoco sarcasmo no era de esperarse. Debía admitir que últimamente, la necesidad de mirar sobre su hombro, sintiéndome superior (de alguna manera) no me atraía tanto. Quizá debido a las situaciones recientes por las que habíamos enfrentado todos juntos. Todos estábamos cambiando, o al menos, abriendo nuestro pensamiento a ello.

La vaga idea de narrarle aquellas imágenes reproducidas en mi cabeza, era simplemente impensable. Aunque no cabía duda, que si continuábamos en ese mismo estado, la pesadilla sería interminable.

—¿Sabes? —Enfrenté su mirada—. Creo que ya sé dónde están.


✖✖✖


Los pasos firmes de Raissa guiaron nuestro recorrido a pie.

Las instalaciones estaban más deterioradas que la vieja capilla que había cerca de casa. Y el infaltable olor a putrefacción estaba presente, tal cual lo había predicho. Nuevamente tuve que controlar el desagradable sabor bilioso que se instaló en mi garganta, seguro que no había sido la única.

«Bien —razoné—. Qué mejor lugar que uno donde nadie en su sano juicio estaría dispuesto a acercarse»

—¡Eh! ¡Manada de idiotas! —gritó Lucas, sonriendo—. La puerta está por aquí.

Rodé fugazmente los ojos. Todavía guardaba las ganas de arremeterme sobre él y dejarle un buen ojo morado. Aunque, pensándolo mejor, no sería una buena idea.

Caminamos en conjunto. A mi lado derecho estaba Alice, seguida por Noah, que torneaba su brazo alrededor del de su compañera. Más adelante estaba Louis, seguido por Keyla, la cual de vez en cuando no tenía problema en expresar la disconformidad que sentía en aquel momento.  Bien, y a mi izquierda estaba Connor, ensimismado desde que habíamos partido.

El insufrible hedor seso una vez ingresamos por la puerta (la cual había crujido intensamente con el más simple movimiento). Las paredes eran grisáceas, al igual que el suelo, construidos ambos del más puro cemento recién hecho.

—¡Los estábamos esperando!

La gruesa e inusual voz nos sorprendió a todos. Venía acompañada de un extraño pitido, que produjo rápidamente un agudo dolor en mis odios.

De repente, un sinfín de sombras llenó el lugar, arremetiéndonos a cada uno por separado y estampándonos sobre las paredes.

Jadeé en respuesta, para después observar como una fina ola de oscuridad inundó lo que quedaba de luz.


   


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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por dragón. el Miér 11 Dic 2013, 9:21 am

Hola Lore..no se si me recuerdas pero bueno vengo a audicionar me gusta esta trama.. nunca he representado una papel donde fuera ficcion.. asi que ahora lo hare..
no se con exactitud por cual ir..es decir Deby hara la trama con Nina..y shopia agrego a nicholas hermoso hoult..
asi que debo usar otro ship..y bueno pensare cual..
ya es tarde y debo prepararme para ir al instituto..te quiero y dejare todo lo que corresponde luego..
att. la lizzie de boo
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 1:07 pm

Sophia. escribió:
Zayn Malik | M.H | Nicholas Hoult | Sophie Turner
que no se note mi poca imaginación con los ships.
capitulo:

No pasaron dos minutos para que el atónito silencio que se había instalado entre nosotros se disipara, tal cual lo hicieron las nubes, dejando al descubierto la imponente luna que colgaba en las alturas.

—¿Qué parte de «debemos mantenernos unidos», no comprenden? —nos pregunta, claramente exacerbada—. Momentos como estos son los que debemos mantener nuestras fuerzas unidas, protegiéndonos hasta de nuestros mismos demonios.

Keyla alzó ambos brazos cansinamente.

—¡Vamos! Todos sabemos lo que somos capaces de hacer,  dejan de ser tan idiotas —dijo, sin ningún ápice de humor presente en el tono de su voz—. Podemos irnos a casa, cada uno sabrá entonces como defenderse.

Sus ojos recorren los cuerpos de los individuos que aún se encontraban presentas, implantando cierta cantidad de miedo ajena a la situación. Detuvo su mirada en sus dos amigos: Lucas y Louis. Ambos se miraron por un pequeño lapso, pero sus labios permanecieron sellados. Su mirada luego pasó por mi cuerpo.

«¡Claro! —pensé— ante la ausencia de Keira la va a tomar conmigo».

—¡Keyla! —ladró Raissa, dando un paso al frente—. No hagas eso. Esto es realmente importante.

—¿Qué?

Claro que sabía lo que estaba haciendo. Durante el poco tiempo que había podido analizarla minuciosamente, había comprendido fácilmente, que ella sabía utilizar a la perfección sus «dones», sacándoles un gran provecho propio.

El pequeño destello de tranquilidad, que segundos atrás había alumbrado, se esclareciera con ligereza. Aunque sea algo difícil de admitir, la presencia de Keira me provocaba cierto grado de tranquilidad. Pero, ahora que no estaba, su presencia había sido reemplazada por uno de los tan petulantes castaños que nos acompañaban, en mi caso por Connor.

—¿Qué se supone que debemos hacer ahora? —inquirió Alice, frotándose ambos brazos con las manos.

—Debemos encontrarlos. —El semblante (hasta ahora tranquilo) que mantenía Raissa se vio un poco desmoronado, incitándonos a creer que era solo por el efecto del frio. La inquietud claramente no hacía parte del comportamiento de ella, o mínimamente en aquellos casos, que eran los que nos habían dado la oportunidad de conocerla con simpleza—. Por el bien de todos nosotros, debemos encontrarlos.

Intenté ahogarme en el mar de mis pensamientos, aspirando a pasar inadvertida, como lo había hecho la gran parte de la noche. Las situaciones como esa, eran capaz de agobiarme casi por completo, y estaba segura que no halaría solo por mí misma si lo hubiera dicho en voz alta.

—¿Cómo sabremos dónde están? —preguntó Harry; provocando un ruidoso bufido por parte de la muchacha que se encontraba a su lado.

—Raissa…

La vi cerrar los ojos, casi como si estuviera librando una verdadera batalla en su interior. Tanto su mandíbula, como sus puños se tensaron, estos últimos cerrándose simultáneamente. Pronto, una sutil capa de sudor apareció, dándole a su rostro un aspecto perlado.

Noah, quien era el ser más próximo a la muchacha, trató de sostenerla con firmeza; con ayuda de Liam. La castaña se removió ente el par de brazos, incapaz de profesar alguna palabra concreta, o mínimamente algún tipo de exclamación al aire.

Veintidós segundos. Tan solo veintidós segundos más tarde, Raissa abrió los ojos. Mi mirada (al igual que la del resto de presentes) cayó inmediatamente sobre sus ojos; desabridos en un principio, para luego tomar un bello e impactante azul, que a la luz de la luna se le percibía como un verde fulgente.

—No… No sé con exactitud qué es lo que ocurre —masculló entre dientes—; mis pensamientos están aparentemente bloqueados.

—Vamos Raissa, sabes que tú eres la única que puede localizarlos así de fácil —bramé, chasqueando mis dedos frente a sus ojos.

¿Qué acaso no podía invertir los hechos a nuestro favor en un parpadeo? Bien, justo cuando por un momento mi neurosis me había obligado a profesar la información que todo el tiempo nos habían suministrado, cae la tormenta sobre nosotros, acompañada de rayos; suprimiendo todo rasgo de tranquilidad del aire; casi haciéndonos implorar por clemencia.

Caminé unos pasos, dejandome embriagar por mis pensamientos.

Desvié mi camino, para observar la magnitud que la ciudad imponía ante nuestros ojos. Quizá nunca me había dado el tiempo de apreciarlo como se debía, enfrascada vagamente en la pequeña burbuja a la que solo unos días antes habían explotado sin ton ni son, viéndome enfrentada a un grupo de chicos aparentemente similares a mí, o al menos eso trataba de creer.

Mi mente divagó un sinnúmero de situaciones en mi infancia, encajando todos los pequeños cabos sueltos que llevaba conmigo desde aquella época. Siempre supe que las situaciones a la que alguna vez me había enfrentado no tenían lugar dentro de una realidad centrada en las explicaciones explicitas e informativas a más no poder.

También estaba entonces los recuerdos de Daniel (el estúpido chico que había sido el detonante que me llevó a descubrir mis poderes, aquella parte de mí que nunca la sentí propia, tal como lo demostraban otros de los afectados). Aquella extraña fotografía que me había brindado la información que mis pensamientos solicitaban en silencio, sin ningún ápice de divulgarlos.

—Bien —me dijo Connor, tomando asiento a mi lado—, al parecer las cosas no van mejor. Debemos encontrarlos, pero no podemos arriesgarnos a correr por allí separados. Como Raissa ya ha dicho, debemos mantenernos unidos.

—Bueno… —refunfuñé entre dientes, ante la falta de movimientos asertivos por nuestra parte.

—Solo queda esperar.

Bufé en repuesta, sellando mis labios después.

También estaba aún ese pequeño detalle: la gestión de la situación. Cada acción que realizáramos conllevaba una respuesta (la mayoría negativas, basándome en el cortejo de experiencias ya vividas). Tal vez si nos hubiéramos preocupado por nuestras acciones en un primer plano, las respuestas no habrían sido perjudiciales para nosotros, o mínimamente Charlotte seguiría ahí, a nuestro lado.

Mis manos se cerraron en torno a mi teléfono celular, después de la casi quincuagésima vez que la otra línea me cortaba de inmediato. Bien, para que Keira haya contestado su teléfono en una situación como aquella (enfatizando dicho momento), debía haber ocurrido algo.

Mis ojos observaron el aparato por unos cuantos segundos, para luego seguirlo en su recorrido a la nada, después de haberlo arrojado con el ímpetu de una jugadora de béisbol. Mi mirada siguió su recorrido, estancándose en la sombra negra alrededor de mi muñeca.

El dichoso brazalete de Keira, el cual había tomado días después de la estúpida fiesta. Al parecer, mis intenciones hasta el momento no habían recorrido la idea de devolvérselo, o bueno, no próximamente. Por alguna razón, mi razonamiento llegó al borde de mis pensamientos, terminado por arremeterse sobre mis acciones y tomar rápidamente el material trenzado en un extraño patrón que se encontraba alrededor de mi muñeca.

Estrujé con fuerza el material entre mis manos. De alguna manera (tal vez no del todo consiente), estaba segura de mi misma, y de mis poderes por ende.

La fuerza de la reacción me secó la boca, dejándome sin palabras.

» Tres siluetas aparecieron a mi vista, aunque no todas eran féminas, había un muchacho entre ellas. Claro, ¿quién más podría ser? Keira, Zayn y Charlotte. Mínimamente tenía la satisfacción de que se encontraban juntos, era algo bueno.

Las paredes eran de un color grisáceo, destruidas en ciertos puntos. El olor a rancio con una pizca de amoniaco, produjo un sabor bilioso en mi garganta. Era una especie de bodega, o eso esperaba yo.

De pronto, un largo cortejo de imágenes, paso antes mis ojos: la calle, totalmente desolada; las luces de las casas adornaban en la lejanía, tal vez demasiado lejanas; los pocos vehículos que habían esparcidos, eran grandes e imponentes, la mayoría con cierto estilo antiguo, dado por la gran cantidad de años sobre sus latas. Estaban en la zona industrial de la ciudad.

Un estruendo azotó la totalidad de la imagen. La destrucción inmediata del metal, hizo que mis oídos dolieran.

Tosí por instinto, tratando de retoma la compostura y continuar. Las cosas no iban nada bien, en definitiva.

La imagen en mi cabeza se vio más borrosa que en un comienzo, tejida entre líneas. Las voces también se distorsionaron, cosa que me hizo apretar con más ímpetu el brazalete; podía sentir mis uñas clavándose en el interior de mi mano. ¡Demonios!


La imagen desapareció, justo cuando mis ojos se abrieron, dejándome como última imagen presente, una borrosa mancha de agua.

—¿Estás bien? —me preguntó Connor, aun a mi lado—. Estas en un momento… ida.

Parpadeé. ¿Acaso había estado extasiada en mis pensamientos, mientras el sinfín de imágenes e reproducían en mi cabeza, aun con los ojos abiertos?

Humedecí mis labios antes de responder.

—Sí, yo… Sí, estoy bien—le respondí rápidamente—. Mejor que nunca.

Sus manos trazaron un recorrido desde el puente de su nariz, hasta su cabello. Un movimiento que denotó la fuerte presencia de nervios.

—¿Qué tienes ahí?

Dirigí mi vista a donde sus manos apuntaban: el brazalete.

—Es de Keira. Lo tomé prestado hace unos días, aun no se lo devuelvo.

Claramente, mi respuesta sin ningún ápice de ironía, tampoco sarcasmo no era de esperarse. Debía admitir que últimamente, la necesidad de mirar sobre su hombro, sintiéndome superior (de alguna manera) no me atraía tanto. Quizá debido a las situaciones recientes por las que habíamos enfrentado todos juntos. Todos estábamos cambiando, o al menos, abriendo nuestro pensamiento a ello.

La vaga idea de narrarle aquellas imágenes reproducidas en mi cabeza, era simplemente impensable. Aunque no cabía duda, que si continuábamos en ese mismo estado, la pesadilla sería interminable.

—¿Sabes? —Enfrenté su mirada—. Creo que ya sé dónde están.


✖✖✖


Los pasos firmes de Raissa guiaron nuestro recorrido a pie.

Las instalaciones estaban más deterioradas que la vieja capilla que había cerca de casa. Y el infaltable olor a putrefacción estaba presente, tal cual lo había predicho. Nuevamente tuve que controlar el desagradable sabor bilioso que se instaló en mi garganta, seguro que no había sido la única.

«Bien —razoné—. Qué mejor lugar que uno donde nadie en su sano juicio estaría dispuesto a acercarse»

—¡Eh! ¡Manada de idiotas! —gritó Lucas, sonriendo—. La puerta está por aquí.

Rodé fugazmente los ojos. Todavía guardaba las ganas de arremeterme sobre él y dejarle un buen ojo morado. Aunque, pensándolo mejor, no sería una buena idea.

Caminamos en conjunto. A mi lado derecho estaba Alice, seguida por Noah, que torneaba su brazo alrededor del de su compañera. Más adelante estaba Louis, seguido por Keyla, la cual de vez en cuando no tenía problema en expresar la disconformidad que sentía en aquel momento.  Bien, y a mi izquierda estaba Connor, ensimismado desde que habíamos partido.

El insufrible hedor seso una vez ingresamos por la puerta (la cual había crujido intensamente con el más simple movimiento). Las paredes eran grisáceas, al igual que el suelo, construidos ambos del más puro cemento recién hecho.

—¡Los estábamos esperando!

La gruesa e inusual voz nos sorprendió a todos. Venía acompañada de un extraño pitido, que produjo rápidamente un agudo dolor en mis odios.

De repente, un sinfín de sombras llenó el lugar, arremetiéndonos a cada uno por separado y estampándonos sobre las paredes.

Jadeé en respuesta, para después observar como una fina ola de oscuridad inundó lo que quedaba de luz.


   


Estás dentro, soph. me alegro que te guste la idea.
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 1:08 pm

Las espero chicas, y me alegro que les guste.
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 2:28 pm

Ian S. | Daniela R. | Dean G. | Kate B.

Edito poniéndote el capítulo cuando suba en D.G. Que estoy a punto de subir c: asfijhaiofa Amé tu idea, Lore. Si necesitas un escrito antes de que suba en D.G. dímelo y te pongo otro c:  
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 2:51 pm

Liam Payne|Shay Mitchell|Emma Watson|Logan Lerma



Pd:el cap esta en lo ultimo de la pagina.
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 4:28 pm

  justo estaba buscando colectivas para audicionar, pero la gran mayoría ya estaban por cerrar o era muy obvio que no me eligirían ni aunque fuera la mejor escritora. Ahora te dejo mi escrito y los reservados *---*.
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 4:39 pm

Te dije que vendrían c':
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Sophia. el Miér 11 Dic 2013, 4:49 pm

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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por sampaio. el Miér 11 Dic 2013, 4:51 pm

omg, yo quiero.
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 5:02 pm

Daniel Sharman | Dasha S. | Kristina R. | Ash Stymest.
escrito:

El suceso que llegó a ser llamado popularmente El Comienzo de la Nueva Era comenzó no pasadas las siete de la tarde del día 30 de octubre. Los dos pelotones (cada uno de aproximadamente 35 soldados) fueron trasladados por un helicóptero al Punto en Rojo que había sobre el edificio Hancok de al menos 50 pisos el 31 a las doce de la madrugada. “Las Aguilas” iba hacia el Oste (en rango de al me 20 manzanas) donde tendrían que localizar a los “supuestos” sobrevivientes que se habían agrupado en su propio Punto de Encuentro y traerlos al puerto de helicópteros. Otros tres batallones se ocupaban de los diferentes puntos cardinales, incluyendo “Caballo de Troya”.
Hace más de dos horas un avión de las Fuerzas Aéreas había anunciado a través de un megáfono en pleno vuelo información sobre los Puntos de Encuentro donde los unidades rescatarían a los civiles, por lo que había una gran esperanza de que los civiles hubieran sido los suficientemente consientes para, al menos, intentar llegar a alguno.
La vista era impresionante desde allí arriba; había autos arrinconados los unos contra los otros en toda la calle, pequeños incendios y locales con vidrieras rotas (muchos habían utilizado la distracción de los muertos-caminantes para saquear tiendas de electrodomésticos, pero de poco les servirían ahora, que la electricidad había sido cortada). También había enormes salpicaduras rojas manchando paredes, suelos y todo tipo de superficie.
Era increíble el poco tiempo que podía tardar una ciudad en ponerse de patas arriba.

Ver las calles frente a frente era incluso más morboso, un cuerpo yacía ensangrentado a metros de la entrada del Hancok, sus brazos estaban despatarrados a su alrededor y lucían mordeduras profundas y animales, al igual que todo su cuerpo. Un pequeño agujero de bala atravesaba su frente; seguramente había despejado el área para que ellos pudieran salir más “tranquilos”. Pero el Tipo no era el único, más de veinte cuerpos como el suyo (carcomidos y ensangrentados, con una bala atravesando su cráneo) reposaban sobre la calle, los capós de los autos e incluso, algunos de ellos, estaban con sus espaldas apoyadas en las paredes, con sus rostros contorsionados en rictus de apetito bestial. Erik avanzó tratando de actuar lo más inhumanamente posible, había visto cuerpos descuartizados antes, había visto soldados volar por los cielos cuando pisaban una mina, y ni hablar de a los que él mismo había disparado. Podía con esto, por más extraño que fuera.
Un tipo llamado Gilbert Gilbertson (el mero hecho de estar en medio de una apocalipsis zombi no había detenido a los soldados de reír cuando se presentó) condujo a los batallones hacía la entrada de unas alcantarillas de sección circular que dirigirían a los soldados a los diferentes Puntos de Encuentro. El olor a mierda, agua podrida y suciedad hizo retroceder a la gran mayoría, pero Erik, tratando de incentivarlos, avanzó, respirando por la boca los olores ácidos y abriéndose paso a través de las aguas marrón oscuro. Un tipo a sus espaldas sufrió de una arcada y Erik no se sintió sorprendido de que los demás lo siguieran, a pesar de todo. Por minutos lo único que escuchar fue el vaivén del líquido amierdado, los pasos vacilantes de sus camaradas y el sonido de intercaladas gotas cayendo.
Pero entonces llegaron al final y tuvieron que subir a la superficie, donde la cosa estaba mucho peor que en el Hancok. Si había personas mordisqueadas y ensangrentadas, con miembros faltantes, pero ellas caminaban y atacaban.
Antes de que Erik pudiera advertir, uno de los tipos de su batallón cerró la alcantarilla, provocando un ruido estridente y muy llamativo. Y eso fue suficiente.
La mayoría de las cosas se voltearon hacia ellos y comenzaron a caminar, extendiendo sus brazos hacia delante, no parecían humanos para nada.
Erik hizo una seña que decía claramente «muévanse» y, todos formando una fila de uno, corrieron detrás de él hasta adentrarse en el almacén donde suponían estar los sobrevivientes. No había nadie. O al menos no a la vista.
Top-Gun, uno de los soldados más antiguos, junto con Vásquez cerraron la puerta con rapidez y la trabaron con una escoba. Luego arrastraron un estante (sin antes tirar las cajas que este sostenía) hacia la puerta para que los caminantes hambrientos no entraran. Pero, de todas maneras, la puerta seguía sacudiéndose a medida que más cuerpos semi-muertos se abalanzaban contra ella.
— ¿No deberían de estar aquí los tipos? —pregunta con resignación Vásquez, mirando a Erik fijamente, lista para acatar órdenes.
— Es muy probable que se hallan adentrado más en la estructura, el almacén es un lugar grande. Más lejos de ellos —señaló a los caminantes— mejor.
— Entonces qué esperamos.
Erik desnudó un cuchillo aserruchado, que exhibía un pequeño e intrincado dibujo de águila en el mango (una pequeña marca de patriotismo), al igual que todos los demás. En la conferencia había especificado que los bichos se sentían atraídos por los mínimos ruidos; disparar haría que se les abalanzaran encima.  
Probó con las tres puertas que había del lado norte del almacén, estaban todas cerradas, y cuando las abría, no eran más que pequeños depósitos.
Minutos pasaron, en los que la desesperación lo corroía. Si nadie había ido, ellos serían culpados.
Entonces escuchó voces, no tenía idea de donde provenían pero estaba seguro de que eran reales. Entonces se escuchó un sollozo. No era su imaginación, era real, lo supo en el momento que sus compañeros alzaron sus cabezas, como perros de caza.
Provenía del suelo, bueno, no el suelo prácticamente, sino más halla. Erik cerró un ojo y trató de mirar entre las rendijas que había entre las tablas de madera que conformaban el suelo. Se puso de cuclillas y escuchó. Era el sollozo de una niña.
Eso lo exasperó.
Hizo que los demás integrantes de su batallón se le acercaran y les murmuró que buscaran alguna puerta en el suelo que llevara el sótano del lugar. Pero no fue de mucha ayuda, ya que lo encontró él solito.
Debajo de uno de los mostradores había una pequeña portezuela cuadrada, pero le bastó con darle una ojeada para saber que estaba trabada por dentro. Probablemente lo que estaba a punto de hacer los asustaría, pero no tenía tiempo. Las puertas del almacén estaban siendo aporreadas por centenas de manos ensangrentadas.
Luego de correr el escritorio con rapidez saltó encima de la puertecilla de madera, lo hizo fuerte y rápido, eso bastó para que se rompiera y, junto con él, cayera al sótano con un estruendo, en un revoltijo de polvo y madera.  
Lo que pasó luego fue demasiado rápido para que lo pudiera recordar con claridad, aterrizó sobre algo blando y a la vez duro, un cuerpo atado a una silla. Cuando la miró, supo que era un caminante, lucía una piel grisácea, en estado de descomposición y los gigantescos y amarillentos ojos estaban hundidos sobre sus cuencas. Pensó con rapidez y le clavó el cuchillo, que mágicamente había caído a su lado, en la frente, justo cuando la infectada se aproximaba a su yugular.
Casi lo había mordido, se había salvado por milímetros.
Casi muero. Casi muero. Casi muero. Casi muero. Casi muero.
Se escuchó otro sollozo infantil y el levantó la cabeza, con la mano todavía cerrada alrededor del mango de su cuchillo clavado.
El sótano era pequeño, contaba con una habitación de pocos metros cuadrados y las paredes estaban cubiertas de estantes con suministros de papel higiénico, servilletas, vasos de telgopor y bolsitas de café en polvo.
Había más de 18 personas acurrucadas contra las paredes, muchas de ellas estaban sucias o ensangrentadas (sangre que no parecía de ellos), como si hubieran permanecido en el mismo lugar por un largo tiempo. El aire olía a sudor y vómito y el único sonido era el de las respiraciones y las palabras que intercambiaban sus compañeros en la superficie. «¿Qué bicho le picó?» decían.
Frente a él había una pequeña, echa un bollito en unas de las esquinas de la habitación. Llevaba un vestido blanco (que ahora era un mezcla de negro y rojo) y el cabello rubio platino corto y enmarañado.
Ella era la de los sollozos. Pero nadie se le acercaba para consolarla, todos yacían solos o con sus respectivos familiares, sumidos en profunda tristeza.
Erik se iba a acercar justo cuando la adolescente histérica se abalanzó sobre él, gritando y pataleando. Erik no tardó en suponer que la infectada que acababa de exterminar era su madre.
— ¡Maldito hijo de puta! ¡Maldito hijo de puta! ¡Maldito hijo de puta! —sollozó, tratando de golpearlo. Erik desencajó sus golpes con suaves movimientos manuales y la sujetó por los antebrazos repitiendo «tranquilízate» repetidas veces. Había luchado contra Israelíes armados pero no podía tranquilizar a una adolescente histérica.
Pero entonces ella vio las estrellas doradas que había adheridas al hombro de su uniforme negro: su expresión de enojo se demacró y los golpes eran más pausados y suaves.
— Eres de los tipos que nos salvarán ¿cierto? —dijo una voz a sus espaldas, un hombre de metro setenta y un negro bigote veteado con blanco lo miraba despectivamente. Unos anteojos de montura dorada descansaban sobre el puente de su nariz; uno de los lentes estaba ligeramente roto.
Erik casi se echa a reír — Nos han mandado a llevarlos al puerto de helicópteros.
Todos los de la sala se tensaron. — No podemos salir, mi mami no volvió.
La niña rompió el silencio, poseía una voz adorable e infantil que provocaba a Erik querer abrazarla y cuidar de ella. Antes de alistarse en el ejército el podaba el césped para una señora mayor llamada Lis, estaba seguro que la vieja solo lo había contratado para verlo sudado y sin remera, pero la paga estaba bien y le servía para comprar drogas. Lis tenía una nieta de 5 años que se llamaba Alice y era la cosita más dulce del mundo, había llegado a tener un enorme cariño por ella, cada vez que volvía a casa por sus vacaciones le traía un regalo comprado en el país en el que lo había ubicado. Era muy probable que ella estuviera muerta ahora. Ver a esa versión rubia de Alice activó su lado fraternal.
Erik se puso de cuclillas y le extendió la mano para que se acercara, pero la niñita se irguió como un gato, apretándose contra la pared. Ella estaba mirando a su mano, la mano que sostenía el cuchillo. Lo soltó y se le acercó con pasos cortos y vacilantes y, para su sorpresa, la niña se abalanzó sobre él, rodeándolo con huesudos y pálidos brazos. — Quiero a mi mami.

Cuando todos sus soldados hubieron bajado se reunieron en una ronda. Un chico de 25 años vestido con una gorra de los Yankees había sido cajero del almacén, por lo que les contó sobre la distribución del lugar y las salidas. La del frente no era una opción y la que había en el sótano (por donde había salido la madre de Boo—Alice Rubia) dirigía al segundo piso del almacén. Era lo único que les quedaba.
— Bueno, el plan es subir al segundo piso y dirigirnos a la azotea, la mayoría de las estructuras que hay en la manzana son de techos bajos, así que podemos saltar entre cada una y bajar cuando no haya más.
— Y encontraremos a mi mami ¿cierto?
— Cierto.

Erik podía escuchar como todos parloteaban a su alrededor. Sabía el nombre de pocos, el de la gorra de los Yankees se llamaba Bob, la adolescente histérica se había negado a hablar pero Charlie (el tipo de los anteojos) la había llamado Melanie.
Los demás, que en total eran diecisiete, no había dicho palabra desde que Erik mató a la infectada. Se habían limitado a asentir cuando Vásquez dio una leve explicación de lo que estaba sucediendo.
Todo su batallón se desarmó para repartir las armas entre todos, quedándose solo con cuchillos y pistolas. Boo fue la única que no recibió una, a lo que parecía frustrada.
Ella solo le hablaba a Erik, tanto que, cuando estaban por salir de la habitación, él tuvo que pedirle que se callara.
La puerta dirigía a un conjunto de escaleras grises y todos se sintieron agradecidos de que no hubiera ningún infectado cerca. Avanzaron en dos grupos, Erik, Vásquez, Top-Gun y Tom fueron primero, mirando la zona y listos para despejarla. Para su sorpresa, nada pasó. El grupo de civiles era rodeado por lo que quedaba del batallón, avanzaban de a poco y con mucho cuidado. Cuando llegaron a la azotea, esta estaba vacía, bueno, casi. Había un cuerpo con la cabeza aplastada yaciendo sobre un escalón. Era un infectado, un caminante.
Erik suspiro de alivio, no era la mamá de Boo, era un hombre. Cuando todos estuvieron allí, Erik miró hacia abajo sorprendido por el ruido, los caminantes había atravesado la puerta del almacén.

No había forma de que todos llegaran a la azotea del edificio contiguo, el espacio entre ellos era ancho y poco accesible para personas normales. Vásquez había saltado ya y miraba  su reloj repetidas veces, ansiosa. Erik estaba seguro de que si se acercaba el final de la segunda hora, ella los abandonaría.
— No es tan difícil, solo no miren abajo. —sugirió Bete (un miembro del batallón) a una pareja de mediana edad que estaba aterrorizada.
Los dos asintieron, casi al unísono y se balancearon en el borde el edificio. — ¿Juntos?
Pero la mujer fue la única que saltó, apenas llegó a sujetarse del barandal del otro edificio, pero lo logró. Vásquez la ayudó a subir lo demás de su cuerpo y ella quedó del otro lado, dirigiéndole una mirada vencedora y enojada a su pareja.
— Gente ¡GENTE! Apúrense, un par de ellos cayeron al sótano y están subiendo.
Eso fue suficiente, la mayoría saltó y llegó al otro lado, Melanie erró por unos centímetros y cayó dos pisos, aterrizando en el suelo sobre sus piernas rígidas.
«Mal» pensó Erik antes de que una horda de caminantes se abalanzara sobre ella y se la comiera viva. Charlie también cayó, no hacía falta mirarlo dos veces para darse cuenta de que no lo lograría. Era dueño una enorme barriga endurecida y grasienta que demostraba que no estaba en forma. Siquiera pudo saltar la mitad de la longitud.
Solo quedaban, Erik, Boo, Bob y Bete, los demás soldados habían saltado.
Vásquez miró su reloj y dijo fríamente —: Debemos irnos, solo nos queda media hora.
Top-Gun los miró a los tres con algo de tristeza. — Salten.
Pero sabía que no lo harían, Bob estaba petrificado y temblaba deliberadamente, era imposible que Boo llegara al otro lado y Erik no saltaría si ella no lo hacía. Y Bete se quedaría si así lo hacía Erik, era fiel hasta la muerte.
— No lo harán, vamonos.
Ninguno de los presentes protestó ante las palabras de Vásquez, solo se dieron vuelta y saltaron hasta el otro edificio.
Erik levantó el arma y apuntó a la cabeza de Vásquez, esa maldita hija de puta se las iba a pagar. Pero entonces, la manito de Boo le tocó la pierna y señaló al otro lado.
— Es mi mami.
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 5:30 pm

Kris omg
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 5:35 pm

Deby. escribió:Kris omg
Tenía que shippearla con Daniel, souri(?)
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Re: Tales of Volmoria {Audiciones abiertas.

Mensaje por Invitado el Miér 11 Dic 2013, 5:41 pm

Helenna escribió:
Ian S. | Daniela R. | Dean G. | Kate B.

Edito poniéndote el capítulo cuando suba en D.G. Que estoy a punto de subir c: asfijhaiofa Amé tu idea, Lore. Si necesitas un escrito antes de que suba en D.G. dímelo y te pongo otro c:  
Helalu, ya se como escribes, obvio estás dentro.
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