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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por Invitado el Dom 24 Nov 2013, 12:20 pm

vinna, vos qué decís. ¿cerramos o no?
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por Invitado el Dom 24 Nov 2013, 12:25 pm

sfjhasiufhasjnsjdviyuhdasieuisgr pobre Gene y pobre, ¿quién? xd, sjdhfdij nadie se enterará ¬¬' No lo permitiré, ahqué xdd Espérame, pero desnuda  asifoaujsifeg eres mi amante bandido, bandido(8) (??)idk... Sí, que me han quitado más de 500 mensajes las del staff, ¡estaba a punto de llegar a 5000! ¬¬ estoy muy enfadada en ese tema. asfjais ily<33
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Mensaje por disappear. el Dom 24 Nov 2013, 12:29 pm

Frazer. escribió:vinna, vos qué decís. ¿cerramos o no?
Yo creo que podríamos esperar unos días más, no lo sé dos o tres y ahí cerrar. No sé, ¿qué te parece vinna?
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por disappear. el Dom 24 Nov 2013, 12:32 pm

Helenna escribió:
sfjhasiufhasjnsjdviyuhdasieuisgr pobre Gene y pobre, ¿quién? xd, sjdhfdij nadie se enterará ¬¬' No lo permitiré, ahqué xdd Espérame, pero desnuda  asifoaujsifeg eres mi amante bandido, bandido(8) (??)idk... Sí, que me han quitado más de 500 mensajes las del staff, ¡estaba a punto de llegar a 5000! ¬¬ estoy muy enfadada en ese tema. asfjais ily<33
kjsadnaks está bien, nadie se enterara de nuestra pequeña travesura xd claro, cuando quieras bebé<333 sadkjn y tú eres mi amante también porque... Velenna rlz xd, no no sé me ocurre otro nombre xd kajdbaks ¿de verdad te sacaron tantos mensajes? Creo que a mí me agarra un paro cardíaco xd ksadnsak pobre de mi amante:'ccc pero ya volverán, con nuestros mensajes sucios(?) ilysm too<333333
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por Invitado el Dom 24 Nov 2013, 12:34 pm

claro, no hay problema. c:
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por Invitado el Dom 24 Nov 2013, 12:37 pm

Debo de decir que amo la firma de la de arriba ...
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por wade wilson. el Vie 06 Dic 2013, 5:49 pm

omg, se puede audicionar todavía? 
realmente amé la idea :BBB


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Mensaje por disappear. el Vie 06 Dic 2013, 6:01 pm

sí bby, claro que aún se puede<3333 nos alegra que te haya gustado<333
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por Invitado el Vie 06 Dic 2013, 6:46 pm

Amé la idea *-* ¿Puedo audicionar todavía? *-*
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por disappear. el Vie 06 Dic 2013, 6:58 pm

Sí Danni, ¡claro que se puede! nos alegra mucho que te haya gustado<333
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por Invitado el Vie 06 Dic 2013, 7:07 pm

Ahora mismo subo todo<3 Gracias *-*
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Re: in the land of monsters. {inscripciones abiertas}

Mensaje por Invitado el Vie 06 Dic 2013, 7:37 pm


Erin Heatherton {ninfa | Harry Styles {licántropo


Cap.:

Capítulo 02.


Nicole Lowelt || Edward Starkson


La castaña se encontraba en el hospital curando a los heridos más graves, nadie entendía aún cómo hacía para curar a los enfermos tan rápidamente, mientras que ella solo fingía ponerles alcohol y una vendas para que no notaran que con tan solo tocarles la herida estaban curados.
— Nicole, ya te puedes ir —Dijo uno de los enfermeros— Es muy tarde para que una muchacha ande en la calle.
— Claro, Tom —Dijo la chica, mientras se despedía de los pacientes.
Ya en la calle caminó en dirección a su casa, sintió unos pasos detrás de ella que la alarmaron, pero siguió caminando cómo si nada, no quería leerles la mente, pero no le quedaba otra opción.
"Creo que ya notó que la seguimos"
Al oír eso decidió llamar a alguien, así creerían que la esperaban en algún lugar y se irían.
— ¿Aló? —Se puso el teléfono en la oreja, haciéndoles creer que había alguien en la otra línea— Claro, te espero ahí.
"Mierda, la vendrán a buscar, el plan falló."
Sintió un gran alivio al leerle la mente a uno de ellos, sintió cómo se alejaban y suspiró aliviada.
—Creo que esta vez me salvé —Dijo para sí misma.
— Deberías tener más cuidado, Nicki —Dijo alguien detrás de ella.
Aquel muchacho de ojos color esmeralda y muchos rulos se encontraba con las manos en los bolsillos y su característica sonrisa pícara en los labios.
— ¿Qué haces aquí, Edward? —Dijo la chica algo exasperada, la presencia del ojiverde nunca ha sido de su agrado, odia su arrogancia y ego.
— Pues iba a una fiesta, pero vi que estabas en aprietos y vine a ayudarte, aunque tal parece te las arreglaste sola —Dijo el chico sin dejar de sonreír— ¿Quieres acompañarme a la fiesta? ¿O te irás a estudiar para alguna prueba que tengas la próxima semana?
Nicole levantó una de sus delgadas cejas, sabía que la estaba molestando -cómo siempre-, adoraba hacerla enojar.
— La verdad es que tengo cosas más importantes que hacer hoy, Edwarcito, no toda mi vida gira alrededor de los estudios —Dijo cruzándose de brazos.
— ¿Y que se supone que es lo que debes hacer? —Preguntó, no sabía por qué sentía tanta curiosidad por saber la vida de la chica.
— No es de tu incumbencia —Dijo cortante— Ahora me iré, adiós. Diviértete en tu fiestecita.
La chica dio media vuelta y cruzó la calle corriendo, mientras que el chico ojiverde la contempló por unos segundos.
— ¿Qué me estás haciendo, Nicole? —Susurró el chico agachando la mirada.
Si bien nunca lo reconocería frente a nadie, sabía que Nicole no le era indiferente, incluso podía sentir cómo unos sentimientos un poco más fuertes empezaban a florecer.
— La chica nos engañó —Dijo un hombre detrás, pero más bien tenía una voz demoníaca— No sabíamos que podía leer la mente, ni mucho menos que era la hija de Atenea.
Edward trató de acercarse un poco más a los tipos, al parecer habían sido enviados por alguien para que le hicieran algo a Nicole. Apretó los puños al pensar tan solo que pudieran hacerle daño a la muchacha.
¡Tráiganla par de imbéciles! La necesitamos, al igual que a los otros, esa chica tiene el poder de la sabiduría. Nos sería de gran ayuda. Escuchó que decían a través del teléfono.
— Está bien señor —Dijeron al unísono, para luego cortar.
Edward corrió en la dirección en la que había visto irse a Nicole, si veían que estaba acompañada no le harían nada. Sin embargo, aún tenía la duda de quién o qué quería a la chica.
— ¡Nicole! —Gritó en cuanto vio la cabellera negra de la chica— ¡Espérame!
La chica volteó extrañada y detuvo su tranquilo caminar, ¿qué querría este chico ahora?
— ¿Qué haces? —Le preguntó extrañada cuando lo tuvo en frente con las manos en las rodillas y tratando de recuperar el aire perdido.
— No quería que te fueras sola a casa, es muy tarde y te puede pasar algo —Dijo cuándo recuperó el aliento.
— Me puedo cuidar sola, Starkson. No necesito que tú ni nadie venga a cuidarme —Dijo ella para darse la vuelta y seguir caminando.
Nicole no era malvada ni mucho menos cruel, pero odiaba que todos la creyeran una dama en peligro que siempre necesitaba de un caballero para rescatarla, ella sabía que podía hacer todo sola.
— Lo siento —Dijo rascándose la nuca, sintiéndose tonto al humillarse ante una chica, pero Nicole no era una muchacha cualquiera, era "ella"
La chica volteó y recapacitó un poco, quizá esta vez, el ojiverde quería ser amable con ella, ya que desde que lo conoció fue un arrogante y molestoso con ella, lo más extraño es que solo con ella se comportaba así.
— Está bien —Dijo con una sonrisa a medias, debía aprovechar los momentos amables de Edward.
El chico sonrió y comenzaron a caminar juntos, al principio se formó un silencio un tanto incómodo, pero la chica lo rompió cuando comenzó a hablar.
— ¿Y tú fiesta? —Le preguntó.
— Decidí no ir, quiero ver cómo las chicas lloran por mí —Dijo con un sonrisa.
La chica soltó una risita, lo cual también hizo reír a Edward. Ambos tenían una química especial cuando estaban juntos.
— ¿Y desde cuándo eres tan amable conmigo? —Preguntó la chica curiosa.
— Pues... —"Porque siempre me has gustado, pero quería demostrar que te odiaba y por ello te molestaba, ahora tan solo quiero conquistarte"— No lo sé.
Nicole no estuvo satisfecha con la respuesta, pero no quería insistirle, volvieron a ese silencio, pero esta vez no era incómodo, aunque nuevamente fue roto por el celular del ruloso.
— ¿Hola? ¡Percy! Estoy con ella. Claro vamos para allá. Adiós —Dijo el chico, respondiendo las preguntas de su amigo por teléfono para luego cortar en la última palabra— Era Percy, dice que debemos volver hoy.
La chica asintió y juntos comenzaron a correr a los alejados bosques de Long Island, los cuales no estaban muy alejados de donde ellos estaban.

{***}
 
Al llegar se encontraron con todo el campamento en silencio, al parecer todos dormían. Notaron un bulto en el suelo y se sorprendieron al ver al dragón que tantos años buscaron, sobre él una muchacha con una capucha, ambos dormían plácidamente.
— ¿Quién es ella? —Preguntó Edward, acercándose un poco a la chica— Nunca la había visto aquí, en el campamento.
— Beezus Donovan, hija de Hefesto y nueva en el campamento —Dijo Nicole mirando a la chica fijamente.
— Con qué, hija de Hefesto —Dijo Edward— Al parecer tendré una nueva conquista este año —Eso lo había dicho más bien para poner celosa a Nicole.
— Le advertiré de antemano que eres un conquistador de lo peor, Starkson —Dijo la chica, sin dejar de mirar curiosa a su "nueva compañera". Nunca le había llamado la atención sus compañeros del campamento, quizá sea el hecho de que el padre de la Beezus recibió a la madre de Nicole cuando nació de la cabeza de Zeus.
— Yo me iré a dormir, buenas noches —Dijo Edward, dándole un beso en la mejilla a Nicole. Él no lo notó por la oscuridad de la noche que los cubría, pero la chica se sonrojó un poco.
— Buenas noches, Starkson —Dijo ella, tratando de ignorar el calor de sus mejillas.
Ambos fueron a sus respectivas habitaciones, las cuales no se encontraban muy lejos la una de la otra.
Edward se recostó y puso sus manos en la nuca, pensando en los sentimientos que tenían por su "amiga". Cuando llegó desde Nueva Zelanda, o más bien cuando Zeus lo tomó de una oreja y se llevó al campamento, Nicole había sido la única chica que no había caído ante sus encantos, por más que le insistiera. Notó que ella era diferente, por lo que se volvió molestoso con ella, adoraba llevarle la contraria y sobre todo verla enojada, aunque más de una vez se le pasó la mano y tuvo que disculparse. No supo en que momento dejó de verla cómo una conquista y comenzó a sentir otras cosas, se ponía nervioso cuando estaba junto a ella, buscaba por todos los medios que Nicole lo notara, se ponía muy celoso cuando algún chico se le acercaba, aunque ninguno de sus compañeros y amigos del campamento saben que ella le gusta.

{***}

A la mañana siguiente, luego de que descubrieran a Beezus, las clases comenzaron. Para la suerte de Starkson, le tocaba con Nicole la primera clase, que era "Literatura: Control e historia de poderes"
— Bien, ahora haremos un ejercicio en parejas —Dijo Simon con su rostro serio— Tratarán de mostrarle a sus compañeros los poderes que poseen y este a su vez tendrán que anotarlos, tienen que buscar quién fue la primera persona en tener ese poder. Hagan las parejas ahora.
Nicole se encontraba en su asiento sin moverse, mientras que sus compañeros se movían de un lado a otro buscando compañeros. Observó de reojo a Edward, el cual tenía a las chicas sobre él diciéndole, o más bien rogándole, que trabajaran con ellas.
— Lo siento, estoy con Nicole —Dijo, las chicas solo soltaron un suspiro triste y se dispersaron.
— ¿Qué te hace creer que lo haré contigo? —Dijo Nicole al ver al ojiverde frente a ella.
— No queda nadie solo, así que tendrás la gran suerte de hacerlo conmigo —Dijo Edward tomando asiento junto a ella.
— Querrás decir la desgracia —Dijo la chica— Esto me da miedo —Dijo al ver cómo sus compañeras la miraban con los ojos entrecerrados, molestas de que el ruloso la escogiera a ella.
— ¿Comenzamos? —Dijo Edward, cuando vio que Nicole se acomodó frente a él— Las damas primero.
Nicole comenzó haciendo crecer una de las plantas que se encontraban afuera, ya que podían salir al patio. Luego comenzó a tocar algunos instrumentos musicales a la perfección, también comenzó a decir la historia de algunas cosas que Edward iba nombrándole de a poco, luego curó una herida que ella misma se había hecho para mostrarle a su compañero y finalmente empezó a leer la mente de algunos de los que pasaban por ahí.
— ¿Qué piensa ese? —Dijo Edward señalando a un chico pelirrojo.
— Quiere salir de aquí, está aburrido —Dijo Nicole mirándolo.
— ¿Es divertido leer la mente de las personas? —Le preguntó Edward, mientras anotaba en su cuaderno.
— A veces, aunque no me gusta mucho hacerlo —Dijo Nicole.
— ¿Por qué? Debe ser genial saber lo que las personas piensan de ti o simplemente saber cosas.
— Sí, bueno, es divertido, pero me gusta más conocer a las personas en el interior. Uno ve la inteligencia, no la esencia de las personas —Dijo Nicole sabiamente— Tu turno.
El chico, al igual que ella, comenzó a mostrar sus poderes, construyó un mueble en un segundo con unas maderas que había cerca, miró a una muchacha fijamente a los ojos y ella se enamoró completamente de él y finalmente le borró esa parte de la memoria para que se olvidara de aquello.
— ¿Solo eso? —Le preguntó burlesca Nicole.
— Trata de leerme la mente —Dijo Edward frente a ella.
— ¿Para qué? ¿Me dirás una grosería mentalmente?
— No —Dijo él con una sonrisa— Tan solo trata de leerme la mente.
Nicole suspiró y lo miró a los ojos, trataba de leer lo que el chico pensaba, pero no había nada.
— Es imposible que no pienses nada —Dijo Nicole— Piensa en algo —Dijo tratando con más fuerza de leerle la mente.
— Pienso muchas cosas, vamos Nicole, no me digas que no puedes —Dijo burlesco.
La chica se rindió finalmente, le había comenzado a doler la cabeza de tanto forzarla.
— ¿Por qué no pude? —Le preguntó a Edward.
— Puedo bloquear cualquier poder que usen contra mí, claro, si así lo deseo.
— ¿Eso quiere decir que si deseas que te lea la mente lo podré hacer? —Preguntó Nicole.
— Así es mi pequeña.

Shot:

karma

La única ley de causa y efecto. No te preocupes, porque el que te hizo daño, las pagará peor.


La luz de la laptop iluminaba su rostro delicado y fino. No había nada interesante en aquella página, pero algo hizo que su rostro se sorprendiera. Una solicitud de amistad le llegó de repente de una persona a la cual solo había escuchado de nombre, pero nunca la vio en persona. Estaba insegura, pero algo en su interior le dijo que la aceptara, total solo era una simple solicitud ¿no?
Al otro día, conversando con un amigo se abrió una nueva ventana del chat, al ver el nombre se sorprendió un poco, era el chico del día anterior que había aceptado.
Comenzaron a hablar todos los días, los ojos de ambos brillaban cuando veían el nombre del otro aparecer en aquellas ventanas de chat. Las risas, los secretos y los infaltables "te quiero mucho" no tardaron en llegar.
Un amor comenzó a surgir de aquellas conversaciones, ¿y cómo no hacerlo? Se hacían tan feliz el uno al otro, con cada palabra reconfortante y broma infantil se enamoraban cada vez más. Ella cada día se iba ilusionando más con cada palabra dulce y su amistad inquebrantable. El nombre Harry Styles no paraba de dar vueltas en su cabeza.
Un día Michelle salió del colegio y se fue hasta el metro con sus amigas, ya que saldrían a pasar un buen rato en el centro comercial. Mientras esperaban que el metro llegara pronto hasta su destino, la muchacha de cabellera castaña clara comenzó a observar a las personas que se encontraban a su alrededor, pero notó que en el otro vagón iba nada más ni nada menos que Harry. Su corazón comenzó a latir rápidamente, sus mejillas se colorearon de un fuerte carmesí y su respiración se hizo más fuerte. Era la primera vez que lo veía en persona, aunque él no se haya dado cuenta aún que ella se encontraba tan solo a un vagón de distancia.
— ¿Te encuentras bien? —Le preguntó Cassandra, una de sus amigas.
— Mira quién está en el otro vagón —Dijo ella como pudo.
Cassy miró hacia donde su amiga ojiverde le había indicado y en su rostro se formó una sonrisa maliciosa al ver aquella peculiar cabellera llena de rulos.
— Oh, ya veo —Le dijo para luego comenzar a reírse, lo que avergonzó aún más a la castaña.
— No te rías —Dijo finalmente Mizzy, como le decían sus amigas.
— ¡Michelle! —Escuchó que la llamaron desde atrás.
Al darse la vuelta se encontró con un chico de la otra escuela, Marcus, el más casanova y mujeriego de todos. Creía que con aquella sonrisa de comercial, ojos color esmeralda/azulados y cabellos dorados conquistaría a cualquiera, excepto a Michelle. La chica siempre le resultó difícil de engatusar, lo que la hacía aún más deseable.
— ¿Marcus? —Preguntó ella algo incómoda.
El chico no alcanzó a acercarse a ella, ya que Cassey la "arrastró" fuera del vagón, porque ya habían llegado a su destino. A Mizzy no le quedó más que despedirse con la mano de aquel muchacho, que si bien no era de su total agrado, podía llegar a ser muy tierno cuando se lo proponía.
— Mizzy —Susurró su amiga, sacándola de la despedida que estaba dando.
La muchacha miró a su amiga para ver qué era lo que quería, pero su corazón dio un vuelco cuando notó a Harry caminando hacia ella con su peculiar sonrisa perfecta, sus ojos brillando a no más poder y cabellera perfecta moviéndose a una perfecta sintonía con su andar.
— Aún no lo creo —Dijo él para sí mismo— Sabía que eras tú, ya que me miraste a ojos y te iba a saludar de todas formas aunque no te hubieses bajado.
Michelle ya estaba que se desmayaba ahí mismo, el muchacho que tantas veces le quitaba el aliento con tan solo ver su nombre en el chat estaba enfrente, era real, de carne y hueso.
Al parecer Harry estaba aguantando abrazarla, pero no se resistió un segundo más y la acercó, la abrazó durante largos minutos, en donde Michelle tiritaba de lo nerviosa que estaba y Cassy estaba completamente excluida.
Comenzó a oler su aroma, a recordarlo en sus fosas nasales y en sus recuerdos, aquel día ya se le había arreglado completamente. Nunca había estado tan nerviosa, asustada, feliz y emocionada, tanta mezcla de sentimientos en su interior la mareo un poco, pero aquel abrazo la reconfortaba y la hacía olvidar todo.
— Creo que debemos irnos —Dijo Louis, el amigo con el cual Harry estaba.
— Al fin nos conocemos —Dijo Harry soltándola y mirándola a los ojos, ignorando por completo a su amigo.
— Sí —Fue lo único que pudo decir la muchacha, que estaba un tanto sonrojada.
Finalmente ambos se despidieron y se alejaron, no sin antes mirarse "disimuladamente", no podían dejar que el recuerdo de aquel día se borrara de sus mentes. Se guardaría en la memoria de ambos como una joya que nunca perderían.
Siguieron hablando como siempre, pero ahora con un poco más de cariño. Las demostraciones de afecto comenzaron a hacerse más frecuentes y el amor por parte de ambos se hacía más y más grande con el tiempo.
Cassy se hizo amiga de Harry por la simple razón de que quería que Mizzy y él estuvieran juntos y fueran felices. Es así como un día frío de Junio los tres se juntaron para salir por el cumpleaños de la ojiverde. A Cassy le costó un poco que su amiga aceptara ir, recibiendo rotundos no de su parte, hasta que finalmente tanta insistencia la terminó por cansar y con un desganado sí aceptó la propuesta de su amiga.
Ambas llegaron hasta el lugar de encuentro, no pasó mucho tiempo hasta que el de rulos hizo acto de presencia. Llevaba una chaqueta marrón, jeans clásicos y zapatillas sucias que en verdad eran blancas, pero para Michelle se veía perfecto y hermoso, aunque claramente no lo demostraría.
— Creo que me he demorado un poco —Dijo él.
— Nosotras recién llegamos, no te preocupes —Dijo Mizzy.
Ambos se miraron a los ojos, y una sonrisa se les formó ante la mirada expectante de Cassey que esperaba acción por parte de alguno de ellos.
— Que bella pareja hacen —Dijo una anciana que por allí pasaba.
Ambos se sonrojaron y trataron de explicarle a la señora que solo eran amigos, lo cual fue imposible, ya que ella seguía su rumbo.

***

Luego de pasar una gran tarde, en donde Harry le había tirado papeles, Mizzy batió una bebida y le explotó al ojiverde y Cassey solo había estado armando alboroto, llegó la hora de irse.
— Creo que es hora de que te entregue tu regalo —Dijo Harry sacando algo de su mochila.
Michelle sabía que era un oso, quería un panda, pero según Harry ya no quedaban, así que se conformó con uno marrón.
— Gracias —Dijo Mizzy viendo al oso.
Harry la abrazó con todas sus fuerzas, lo cual sorprendió un poco a la castaña, que poco tiempo después le devolvió el abrazo. Era cálido estar entre sus brazos y que su aroma inundara su nariz, deleitándola con cada inhalación que daba a su perfume varonil.
— Te quiero, en verdad te quiero mucho —Le susurró Harry a la muchacha.
Michelle se sonrojó, su corazón comenzó a latir más rápido de lo que ya estaba y comenzó a tiritar de lo nerviosa que se había puesto. Nunca en sus 16 años de vida un chico le había dicho con tanta sinceridad y afecto que la quería, sin contar a su hermano mayor claro.
— ¡Se me rompió una uña! —Interrumpió Cassey el momento. Ambos se separaron asustados por el grito que la chica había dado.
— ¡Mata pasiones! —Le gritó Harry, a lo cual ambas chicas rieron.
Finalmente el día terminó y cada quien se fue a su casa. Michelle sabía que este había sido un momento mágico que siempre mantendría en su corazón. Nunca olvidaría su sonrisa, su aroma, su voz y como no, la hermosa sonrisa que la enamoró desde el primer instante.
Las cosas comenzaron a cambiar mucho, ya no hablaban tan seguido como antes y si lo hacían no pasaba más allá del "¿Cómo estás?". Michelle empezó a ir a clases de guitarra, lo cual le impedía conectarse los viernes. Menos se conectaba, menos hablaban.
Un día viernes, antes de partir a su clase de guitarra, Michelle se conectó a aquella red social que tan feliz la hacía. Como siempre una ventana se abrió, dejando ver el nombre "Harry Styles" en la parte superior. Comenzaron a hablar un poco más, recordando hace cuanto no hablaban y cosas así.
— Hace tiempo que no hablamos —Le escribió el ojiverde.
— Si, ¿cómo has estado? —Le envió Michelle.
— Bien, súper feliz —Le respondió él— Tengo novia, es Kristen Carod, ¿la conoces?
Como no conocer a aquella chica, era la más popular y suelta de todo el universo. Tendrían que ser muy anormales para no haber escuchado de ella.
— Sí la conozco —Le respondió Michelle— Bueno me tengo que ir. Qué bueno que estés con Kristen. Adiós.
Cerró su computador lentamente y lo lanzó a su cama, comenzó lentamente a sentarse en el suelo mirando un punto fijo de la nada. Las lágrimas, que ya habían surgido después de leer aquello, se hicieron más fuertes y constantes. El dolor en su pecho se volvía insoportable y los sollozos más fuertes a medida que pasaba el tiempo.
Se levantó como pudo y fue al baño, se miró al espejo y se sintió estúpida, tonta. Siempre la quiso a ella, no sabía cómo se le había pasado por la mente que la notaría. ¡Por Dios! Ella siempre sería la amiga estúpida a la cual le confiaba sus cosas y nada más.
Tomó su guitarra y salió de su casa camino al taller de guitarra. Las lágrimas no le dejaban ver el camino, el dolor del pecho cada vez le hacía más difícil caminar y sus pensamientos se volvieron angustiosos y nostálgicos. Recordaba las veces que lo había mirado a sus profundos ojos verdes, sus enormes ojos verdes que siempre brillaban e irradiaban felicidad, sus gigantes sonrisas de oreja a oreja con sus característicos hoyuelos y muchos detalles que ella recordaba a la perfección.
Al llegar al taller, no sabía cómo, se sentó y comenzó a tocar unos acordes. Su profesor no tardó en verla y caminar hasta ella con una sonrisa dulce.
— ¡Michelle! —Dijo alegre, hasta que notó el estado en que la chica se encontraba, su rostro se tornó serio— ¿Qué te sucedió?
Michelle quería desahogarse y por lo menos dejar que su corazón tuviera tanto peso encima, por lo que le contó un poco la historia al profesor, el cual solo asentía y le limpiaba una que otra lágrima traviesa que se le escapaba conforme avanzaba la historia.
Al terminar el hombre la miró por unos minutos y luego de suspirar le dijo dulce aquellas palabras que ella nunca olvidaría.
— Michelle, no tienes que llorar, menos por hombres. Nosotros somos tontos, lo digo por experiencia. A veces nosotros buscamos a las chicas que no nos quieren o a las más fáciles y dejamos chicas lindas que realmente nos quieren, tú, a tu edad no te preocupes de hombres. Se feliz, sal con amigas, escucha música, disfruta. Eres linda y hay muchos hombres por delante, de verdad, Sonríe
Sus palabras le llegaron a lo más profundos, y ahora, un año después las recuerda: "Sonríe". Ese era su lema.
Sus días eran tristes, muy tristes, pensaba en Harry y no se conectaba, ¿para qué? ¿Para ver como se publicaban cosas lindas? ¿Cómo se decían las mismas palabras que ellos se repetían una y otra vez tiempo atrás? El tiempo pasaba y ya no lo veía en el metro o al tomar el bus, a veces deseaba encontrárselo, solo mirarlo por última vez, pero sabía que era ser masoquista y ya no quería sufrir más.
Ya no hablaban, ni siquiera un "hola", nada. Luego de que el tiempo pasara, ella comenzó a ser feliz y a darse cuenta de que en verdad existía el karma. El ojiverde no era feliz junto a la putita esa, pero eso le pasaba por haberla hecho sufrir. Al fin y al cabo, todo se devuelve ¿no?
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Mensaje por wade wilson. el Sáb 07 Dic 2013, 5:31 pm

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daniel sharman {pesadilla}
dylan o'brien {sátiro}
india eisley {fénix}



CAP:

Alguien la observaba.

Al abrir sus ojos se incorporó rápidamente, con el corazón latiéndole desbocado, errático, cómo si quisiera salir huyendo de ahí. Trató de retener los fragmentos de lo que la tenía tan acelerada, pero lo único que consiguió fue formularse más preguntas que responderlas, así que cayó exahusta segundos después.

Apagó el estridente ruido del despertador con un manotazo. Este marcaba las ocho en punto. Suspiró cansinamente. No había dormido nada, nada bien.

Se quedó quieta, mirando el techo. El azul estaba espolvoreado de lo que simulaban ser nubes esponjosas, en su más fiel imitación al firmamento. Su mamá lo había pintado de aquel modo aún cuándo Agnes era todavía una pequeña semilla en su vientre. Toda la parte superior del cuarto era así, exceptuando por un poster de John Lennon que interrumpia el panorama justo encima de su cabeza, exponiendo al cantante con los parpádos cerrados. Era una sensación extraña entre esos dos conjuntos, pero por algún motivo, mirar el techo hizo que se calmara, más no que se durmiera.

Frustrada, echó a un lado el edredón y dejó sus pálidas piernas al descubierto. Se acercó al gran ventanal que daba al jardín del frente. No se preocupaba de que alguien pudiera verla por que vivían en mitad de la nada misma y de todas maneras, con la neblina que había, no llegarían a verla desde una distancia más lejana del jardín.

“Niebla” fue lo primero que pensó. El bosque adquiría un aspecto más siniestro y misterioso cuándo el manto blanco se arremolinaba sobre él. Pero se iría pronto: nada que fuera fresco o húmedo duraba mucho en Belton. Se alejó de la ventana, se colocó algo encima y bajó las escaleras de su casa de dos en dos.

Sus papás estaban en la cocina. La cosa le sorprendió mucho por que ella siempre llegaba a la cocina antes que ellos. Su mamá estaba sentada en la mecedora, Mags le dio un beso en la frente. Se dirigió a la alacena y preguntó:

―¿Despertándose temprano esta vez? ―lo dijo con una sonrisa.
Su papá suspiro. 

―Tu madre y yo hemos ido al médico. 

El vaso que Agnes sostenía corrió un peligro mortal de caerse, pero logró salvarlo.

―Ah ―dijo, reprimiendo un sonido ahogado en su garganta y sacando el cuenco para los cereales.

La madre de Agnes tenía cáncer. No estaba en su peor etapa y podía curarse, pero ella no era tonta: sabía que empeoraba día a día. Y tenía la firme sospecha de que los tratamientos no hacían más que agravar su condición.

Sólo se sirvió leche con cereales y un poco de zumo de naranja. En situaciones normales hubiera preparado tostadas y algo de yogurt pero esa vez el hambre se le había ido repentinamente. Los Kenneth eran de la creencia que un buen desayuno equivalía a un buen día. No se equivocaban. Después de fregar los platos terminó por subir a su habitación para gastar horas sabiamente.

Puso una música de fondo, suave y tranquila. Prendió la luz amarillenta que le proporcionó algo de calidez a aquella habitación azul y se dirigió con tranquilidad al pequeño santuario que tenía frente a su cama. Su pequeña biblioteca.

Claro que el adjetivo pequeño le quedaba chico. Falk Kenneth no había tenido miramientos ni dudas a la hora de instalarla allí en el undécimo cumpleaños de Agnes. Ni siquiera su reputación de rico-que-no-despilfarra-dinero-si-puede-evitarlo le había puesto frenos cuándo tomó la descición de que su hija debería tener su propia colección de libros. No es que ella se quejara, tampoco. La cosa ocupaba casi la mitad de la pared de enfrente y llegaba hasta el techo. Agnes no habría podido llenarla por completo si no fuera por los libros que había robado de la enorme colección de su padre a escondidas cuándo aún tenía la edad para ser perdonada por ello.

Evaluó con la mirada entre los libros de aventura y ciencia ficción. Eran sus favoritos y no los cambiaría por nada del mundo. Tenía unos cuántos de romance y varios de terror o de fantasía, más algunos que por obligación colocó cómo los de álgebra avanzada. “Puaj” pensó ella. Examinando más detenidamente se decantó por uno por el cuál ya se había decantado varias veces: Harry Potter.

“Sip, otra vez tú”. La tapa mostraba a un joven de brillantes ojos y peculiar cicatriz; détras había un majestuoso castillo que refulgía a la luz de un atardecer cercano.

Harry Potter significaba mucho para Ness en su vida, demasiado. La gente podría considerar estúpido que sintiera sentimientos tan fuertes hacia un libro, pero para ella no era sólo un libro: para ella era real y la ayudaba a escapar de todo aquello que en su vida representaba un tormento.

Abrió el cuarto libro de la saga en medio de cualquier lugar. Este era su favorito y hace mucho que no lo había leído. Las palabras la situaron en un escenario muy diferente al que ahora se encontraba pero ella pudo adaptarse a la perfección: el cementerio. 

«Harry seguía observando a su alrededor. Tenía otra vez la extraña sensación de que los vigilaban. 
—Alguien viene —dijo de pronto. 
Escudriñando en la oscuridad, vislumbraron una figura que se acercaba caminando derecho hacia ellos por entre las tumbas. Harry no podía distinguirle la cara; pero, por la forma en que andaba y la postura de los brazos, pensó que llevaba algo en ellos. Quienquiera que fuera, era de pequeña estatura, y llevaba sobre la cabeza una capa con capucha que le ocultaba el rostro. La distancia entre ellos se acortaba a cada paso, permitiéndoles ver que lo que llevaba el encapuchado parecía un bebé... ¿o era simplemente una túnica arrebujada?»



En este punto no tendría que sentirse asustada, no debería. Pero aquellas palabras hacían que tu corazón se acelerase pero no con temor, si no con una especie rara de ansiedad, a pesar de ya saber el final de los siete libros. Se dijo a si misma que debería calmarse cuándo Colagusano, fiel vasallo de Voldemort asesinó cruelmente a Cedric con un maleficio. Sin miramientos, sin piedad. Se lo dijo mientras Colagusano hacia ofrendas para volver a su amo a la vida.

«El hombre delgado salió del caldero, mirando a Harry fijamente... y Harry contempló el rostro que había nutrido sus pesadillas durante los últimos tres años. Más blanco que una calavera, con ojos de un rojo amoratado, y la nariz tan aplastada como la de una serpiente, con pequeñas rajas en ella en vez de orificios. 
Lord Voldemort había vuelto.»



Hubo algo inquietante en esa última frase a pesar de que en los siete años que llevaba leyendo, ese momento había sido uno de sus preferidos. Intentó recordar qué, pero no pudo conseguirlo, y, de algúna estúpida manera pensó que estaba relacionado con su sueño. “Es estúpido” clamó una vocecita en su mente, enojada, y ella estuvo de acuerdo. Cerró el libro con fastidio. Por vez primera en su vida, se había quedado sin ganas de leerlo. 

No pudo pensar mucho en ello pues en aquel momento el timbre de su celular sonó, sacandóla de sus cavilaciones. Maldijo por lo bajo; odiaba los celulares. La pantalla iluminó su rostro y ella leyó el nombre. Era Lucy.

―Humm, ¿Lucy? 

―Hola, y no, no soy Lucy, boba. Soy Kate. ―respondió su amiga, cómo si por el color de voz fuera demasiado fácil de deducir.

Lucy y Kate eran gemelas. De esas típicas gemelas idénticas de físico pero no de actitud. Lu era risueña, era común verla sonreír a todo el mundo. Kate era muy diferente, completamente cambiante desde misteriosa y desconfiada hasta chillona y parlante. 

―¿Y por qué me llamas desde el celular de Lucy? ―inquirió la joven, pero su amiga la acalló.

―Eso no importa ahora ―sonaba levemente irritada ―.Ahora escucha, hoy es noche de pijamadas y palomitas. Vienes o te mato.

A pesar de la amenaza, Agnes sopesó los pros y los contras de ir. 

―Allí estaré ―prometió. No quería tener que enfrentarse a sus padres, no esa noche.

―Bien. ¿Podrías avisarle a Lorraine? Últimamente no contesta a sus llamadas y le he dejado varios mensajes.

La castaña suspiró. Lorrie no tenía remedio.

―Debe haber perdido el cargador o algo así. Ya sabes cómo es Lor. ―sonaba la excusa perfecta para encubrir a su amiga ―Tranquila, yo le aviso.

Ya se encargaría de Lorraine más tarde.

―Gracias. ―oyó una exhalación de alivio. ―Nos vemos esta noche.

Después de que Kate colgara, Agnes se pusó lo primero que encontró, una camiseta púrpura con la cara de un lobo, vaqueros y zapatillas. Tomó algo de abrigo, su mochila y se dispuso a salir de casa.

―¿A dónde vas? ―preguntó su mamá, sentada en la silla mecedora dónde solía permanecer últimamente. 

La joven la miró, y un nudo se formó en su garganta. Tuvo que aclararse para volver a hablar. 

―A la casa de Lorrie. No tardaré mucho.

Y sonrió. No supo de dónde diantres sacaba fuerzas para sonreírle a su madre, pero lo único que sabía era que no quería que viera cuanto le afectaba su enfermedad. No quería que su madre tuviera más preocupaciones.

Afuera estaba fresco, inusualmente fresco. La espesura del bosque se veía hasta peligrosa pero ella lo conocía bien, caminar por él durante doce años había dado sus frutos. Empezó a pasearse por el sinuoso sendero, para luego desviarse de él. Apartó ramas y esquivó malezas, procurando no caerse. Su ritmo cardíaco se aceleró al igual que sus piernas. Este juego era excitante desde que era niña, salirse del sendero antes suponía todo un reto pero ahora era aburrido incluso con niebla. 

Al llegar hasta cierto punto tuvo que aminorar la marcha. Le dolían las piernas y se sentía cansada. Se sentó sobre un árbol caído recientemente, metió su cabeza entre sus piernas y acompasó su respiración.

Crack.

Una rama rota.

Crack, crack.

Dos, tres ramas rotas.

Miró en todas las direcciones.

Últimamente se sentía extraña. No lo suficiente cómo para hacer consciente de ello a quiénes la rodeaban, pero tampoco lo suficiente como para sentirse cómo si nada la estuviera observando, cómo si las paredes no tuvieran ojos, cómo si alguien no estuviera exhalando su aliento en su cuello y fuera capaz de perseguirla hasta en sus pesadillas.

Crack.

Se levantó y echó a correr. Creyó haberse perdido en varios momentos, pero de alguna forma u otra, encontraría la salida. No supondría mucho esfuerzo. 

Pero seguía sintiéndose observada.

Ella creía que eran imaginaciones suyas, cómo ese día que había visto una película de terror asiática con sus amigas, que tenía tan buenos efectos que al llegar a casa se podía imaginar por las noches cómo la mujer fantasma se asomaba la esquina de su cama. Nunca había demostrado su miedo hacia esas cosas, pero que los ocultara no significaba que no estaban allí. Pensó en el libro, en el cementerio y la vaga sensación que Harry tenía de sentirse vigilado. Era justo lo que ella sentía en aquellos momentos. Suponía que sus sueños la tenían tan asustada que casi todo alrededor le inquietaba. Había empezado a volverse realmente paranoica. 

Aún así, apretó el paso. “Volveré en autobús” pensó.

Entonces vió el sol, y las primeras casas del vecindario dónde su amiga vivía. Empezó a calmarse. Una vez Lisset, otra de sus amigas le había dicho a Agnes que había un nuevo club llamado “sociedad” y que la familia Kenneth podría unirse. No podía estar más de acuerdo con ella en esos momentos. 

Una vez en contacto con la gente que pasaba por allí, dejó de sentirse asustada. Y hasta parecía que su paranoia era más una alucinación. La señora Werts, de la tienda de productos orgánicos le sonrió y Agnes le devolvió la sonrisa.

No le costó encontrar la casa a la que tantas veces había ido cuándo era pequeña. Tocó la puerta y una joven adulta la atendió.

―¡Agnes! ―exclamó.

―Hola, Patrice ―respondió tímidamente la aludida. ―¿Esta Lorrie?

―Oh, sí. ―dijo, entreabriendo la puerta, y dejándola entrar ―Está en su habitación, pasa, pasa. Puedes dejar tu mochila ahí, si quieres ―señaló una silla y la chica le obedeció.

Ness subió corriendo las escaleras, y sopesó por unos segundos delante de la puerta cómo debería despertar a su amiga. 

―¡Es hora de levantarse, pilla! ―gritó. Lorrie, que parecía más cómo un zombi aquella mañana se enredó entre las sabánas y cayó al suelo con un estruendo. ―¿Eres muy torpe, lo sabías? 

Lorrie y Mags eran amigas desde los diez u once años. Ambas se habían conocido por un milagro. Un milagro que respondía al nombre de Harry Potter, que para ellas era casi cómo una religión y por otra parte, el único chico del que habían logrado enamorarse de verdad. 

Le comunicó lo de la fiesta, a lo que Lorrie estuvo de acuerdo en ir, y luego…
Agnes odiaba que las personas le mintieran aunque ya no le sorprendía, pero cuándo venía de Lorrie…

―¡Por favor, Lorraine! ―exclamó, ya sin ningún atisbo de paciencia ―Teconozco demasiado para saber que estas mintiendo. 

―¿Qué? Acaso vienes a acosarme o ¿Eres una especie de detective? ― soltó Lorrie y Agnes rodó los ojos.

Cuando las personas ocultaban algo, por lo general, ella no insistía. Esperaría el momento adecuado para que le contasen lo que sea que le tuviesen que decir. Lamentablemente, no podía tener esa paciencia con Lorrie.

―Ese no es el punto ―rebatió.

―El punto es que te preocupas demasiado ―le respondió Lorraine, y a Agnes le entristeció un poco.
Le entristeció la manera en la que Lorraine le recordaba a ella, ocultandólo todo. No le gustaba y sentía que se alejaba de su mejor amiga. Eso, y el hecho de no poder contarle lo de sentirse observada. 







―¿Qué dices? ¿Beige o azul? 

Lorraine preguntó eso luego de la discusión. Después de que se hubiese duchado Agnes se sentó en el suelo de madera, examinando un par de CD’s. 

―Mmmh ―dudó un momento. ―Beige.

Lorrie pareció estar de acuerdo y se colocó la prenda.

El caos reinaba en su habitación, pero a Ness no le importaba. Descubrió su cubo de basura llenó de papeles. Leyó uno y se le dibujó una sonrisa.

―Deberías seguir con eso, ¿sabes? ―dijo, y por un momento ambas hicieron silencio ―.Me refiero a la escritura.

Lori suspiró al espejo mientras se peinaba el cabello.

―Sabes que nunca lo terminaría. ―respondió finalmente.

―Pero podrías ―convinó Agnes. ―.Sólo tienes que dedicarle un poco más de tiempo.

―¿Por qué no lo haces tú? ―esquivó Lorrie ―.Tienes buenas ideas de aventuras y ciencia ficción.

―Me encantaría, pero no le tengo paciencia a escribir ―respondió, mientras observaba los otros papeles. Le dio pena que Lorrie tuviera aquel cubo repleto de escritos que podrían hacer feliz a quién los leyera.
Entonces vió un extraño dibujo, y tuvo sus dudas de que Lori lo dibujara. Lo tomó.

―Eh, Lor ―la aludida se giró ―¿Tú dibujaste esto?

Lorraine se acercó y lo sostuvó entre sus manos.

―Ah, sí. Espantoso ¿no crees? ―volvió a su tocador.

―No tanto. ―Agnes seguía mirándolo, completamente sumida en sus reflexiones.

―¿Por qué preguntas?

―Oh, por nada ―respondió nerviosa, y dejó el dibujo en el suelo.

Pero no era nada. 

Aquel par de ojos negros que Lorrie había dibujado la habían observado desde sus sueños.

Aquel par de ojos negros que la habían observado en el bosque y esta mañana.

Aquel par de ojos, qué, aunque no podía verlos, la miraba desde algún lugar justo en esos momentos.


CAP 2:

Se encontraba en su habitación, acariciando su pelo húmedo. Una canción, Taxman, sonaba por los altavoces. La chica de ojos indecisos tenía su mirada clavada en el armario de caoba empotrado, decidiendo que ponerse.
Lorrie, por su parte, ojeaba los libros de la biblioteca de su amiga , sentada en la cama, mientras movía su pie al ritmo de la adictiva melodía a pesar de que no conociera aquella canción de los años sesenta.
Habían hecho una parada en la casa de Agnes, por que ella necesitaba ducharse y cambiarse, además, en su mochila no estaba el pijama para aquella noche.
Se decantó por una remera mangas largas con la estampa de su cantante preferido ya que afuera corria un poco de viento, unos pantaloncillos de vaquero gris y los mismos tenis blancos que había utilizado antes. Dejó que su cabello se secara y luego lo ató en una coleta, dejando que algunos mechones rizados le cayeran con libertad por el rostro.
—¿Estás lista? —le preguntó a Lorrie, tomando su mochila de colores claros.
—¿Huh? —inquirió, sin despegarse de un libro que estaba ahí —.Lo siento, estaba leyendo.
—Te lo presto si quieres, pero debemos apresurarnos o Kate nos asesinará.




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▲▼▲▼▲▼






—¿No tienes hambre? —Agnes habló luego de un tiempo de caminata en silencio. El sol se ocultaba en el horizonte y el viento mecía plácidamente las ramas de los árboles.
—Lo que tengo es sed —respondió cansinamente Lorrie. 
Otro silencio prolongado, sus pies andaban sobre la grava con ruidos secos.
—Cuéntame algo, muero de aburrimiento —pidió Lor.
—Ok, ¿escuchaste la historia de lo que les pasó a Noel y a Pam? 
Noel y Pam eran dos compañeros de escuela.
—No, ¿qué pasó? —inquirió curiosa Lorraine.
—Estaban los dos juntos y no se les ocurrió un mejor lugar para besarse que el cementerio.
—Cualquier lugar para ellos dos es perfecto para besarse, cualquiera. —recordó Lor.
—Exacto. Y entonces estaban haciendo sus rídiculas muestras de amor en tierra de difuntos y…
—¿Y? —preguntó Lorrie, impaciente. No le gustaba cuándo Mags le ponía suspenso a las cosas.
—¡La puerta del mausoleo se abrió y una mano negra agarro a Noel por el cuello! —exclamó Ness, dirigiendo bruscamente su mano al cabello de Lorrie, revolviéndoselo. 
—¡Agnes! —gritó Lorraine, mientras golpeaba a su amiga en el hombro. La aludida solo rió.


Divisaron un negocio cuándo aún faltaba para llegar al hogar de las chicas. Era pequeño, pero sin duda, ofrecía algo que podría hacer más llevadera la larga caminata. 
Lorrie exhaló con gusto luego de tomar su bebida de naranja y dijo:
—Definitivamente, estoy mucho mejor. 
Agnes pagó su bolsa de patatas fritas y sonrió.
—Me alegra que te gustara —añadió, dirigiéndose a la salida.
—Así que, ¿era cierto? ¿Lo de Pam y Noel? —preguntó dudosa Lori, mientras Agnes ingería las frituras.
—Sí. Por lo que sé, Pam se puso a gritar como loca y Noel se fue corriendo, dejándola completamente sola. Eso dijo su hermano. ¿Todo un caballero, no?
—¿Y se puede saber que hacías tú hablando con Eric Kent? —Lorrie levanta una ceja inquisitiva y mira divertida a su amiga.
Ella sonrió.
—¿Recuerdas el club de costura de mi mamá? —preguntó.
—Ajá.
—Eric está a ahí siempre y no es para acosar a ancianitas de sesenta años, eso te lo aseguro.
Ambas se miraron y empezaron a desternillarse de la risa, tanto que el dueño del negocio las miró con mala cara.


—¡¿Estás de broma?! —chilló Lor, luego de un rato y dirigiéndose a la salida —Es decir, quién creería que Eric…¡Oh, mira que bonito!
Un estante colocado precariamente al lado del local había llamado su atención. El escaparate contenía anillos de piedra de colores exóticos, al igual que colgantes. Lorrie sostenía un anillo de metal y de una extraña piedra violeta. Éstos estaban acompañados de un juego de cartas del Tarot y una bola de cristal. 


—Ese es contra la envidia, cielo — dijo una voz rasposa y una señora regordeta y de estrafalaria cinta en la cabeza miró a Lorraine —Tres dólares.
—Oh, no, sólo estábamos mirando, pero gracias —se excusó Lorrie.
—Podría predecir su futuro o tirarles las cartas del Tarot —ofreció ella, no dándose por vencida.
Agnes observó más detenidamente el mantel “Madame Dorea, profeta tarotista”. La mujer tenía una mata de cabello entrecano y ondulado. Su voz detonaba que había estado fumado por probablemente mucho tiempo.
—No tenemos dinero suficiente —le atajó Mags.
La mujer chasqueó la lengua.
—Eso no es problema —dijo, y acto seguido tomo la mano de Lorrie y empezó a examinar sus lineas. —Gozarás de buena salud —afirmó, y pasó sus llamativas uñas pintadas de bermellón por las palmas de la chica —El dinero escaseará un poco pero siempre se puede arreglar, y ¡que es esto que veo aquí! —bramó, y Lorrie se sobresaltó —Tú línea en el amor dice que no estás con nadie ¡pero eso esta por terminar! 
Lorraine le sonrió avergonzada a Madame Dorea y ésta hizo un ademán a Agnes para que le diera su mano.
—Dame tu mano, linda —pidió. 
—Disculpe, pero no creo en nada de esto —respondió la susodicha para zafar de la situación. 
— Una escéptica —susurró Dorea, alzando una ceja y agarró su mano antes de que esta pudiera estar fuera de su alcance. —Buena salud, muy buena salud. —concretó y siguió viendo —Estás sola y probablemente te quedés así y…
Entonces la mirada de Madame Dorea se tornó perdida entre algún punto en frente a ella.


—Negros, ojos negros —alcanzó a susurrar —Morirás joven…y pronto.
Luego de aquella escalofriante visión se recompuso. Agnes se zafó de su agarre, molesta. Ella y Lorrie tenían la vista clavada en la mujer, cómo pidiendo explicaciones.
—Tengan cuidado, niñas, sobre todo si ven un perro negro. —les dijo sombríamente. Agnes tomó el brazó de Lorrie y juntas se fueron de allí.


—Fraude —soltó Mags —Además, los gatos negros son los de la mala suerte ¡no los perros!
Lorraine suspiró.
—No le hagas caso, Mags, nada de lo que dice es cierto.
—¿Cómo puedes saberlo? —indagó su amiga.
—Por que dijo que morirías joven y pronto pero le faltó especificar si morirías virgen —convino la ojiavellana y Ness la golpeó en el brazo —.Además dijo que mi soltería terminaría pronto y para ser sincera dudo que eso vaya a suceder.
—Tienes razón —admitió Agnes, y le sonrió a su amiga.
—Ah, y Agnes.
—¿Qué?
—¡El cementerio esta justo detrás de ti!


Mags chilló y se tapó el rostro, para luego descubrir que lo que su amiga había dicho no era verdad. Lorrie rió.




▲▼▲▼▲▼


— Anoche soñé con Logan Lerman. — confiesa Lisset
— ¿Y estaba sin camisa? — se entromete Mags.
— ¡Pues claro! ¿Qué tipo de sueño de Logan Lerman sería si tuviera camisa? — responde ella.


La pijamada fue justo lo que esperaban, llena de diversión, charlas y palomitas. Por eso es que las fiestas de las gemelas eran las mejores siempre.
Hablaron de todo, de las compañeras del colegio, de películas y de chicos. Por lo general Agnes no participaba de las conversaciones sobre los chicos que le parecían lindos a sus amigas. Cada vez que un chico lograba llamar la atención de Agnes resultaba siendo un idiota al final, así que a la edad de trece años –edad muy temprana para dimitir a ello- renunció a los chicos y a cualquier relación que implicara besarse y decirse cursilerías.
Su mayor amor eran los libros, y con libros se refería a Harry Potter.


Mags prestó más atención cuándo Lissy dijo algo de hacer el ridículo frente al chico “más lindo de Belton.” Estaba algo triste, en realidad.
—Oh, no importa —convino cuándo la ojiazul terminó su relato —Igualmente no era una buena opción.
—¿Porqué? —inquirió Liss, sorprendida de que Agnes lo dijera con tanta desición cuando ella poco o nada acotaba sobre aquellos temas.
—Ness lo vió en el club de costura de su mamá —finalizó Lorrie, y todas la miraron sorprendidas para luego echarse a reír.
—¿Ahora te sientes mejor, Lissy? —preguntó Rosie, mirando a Lisset fijamente. Esta, entre risas, respondió:
—Sí, ahora estoy mucho mejor.


Luego vino la hora de películas, en dónde por votación casi unánime –Lisset se opuso casi suplicando- decidieron ver Scream la del asesino con máscara que te pregunta cuál es tu película de terror favorita antes de apuñalarte.
Empezó con Drew Barrymore, asustada mientras Ghostface –el asesino- la acosaba con preguntas al teléfono antes de matarla.


“—¿Qué quieres? 
—Ver cómo son tus entrañas.”




Lisset chilló, y trató de usar a Lorraine como escudo cuándo el asesinó embistió contra su víctima. Agnes, quién estaba sentada con su brazo enlazado al de Rosie, padeció de un estremecimiento de cuerpo completo cuándo Lisset gritó en un momento culminante de la película. Al parecer a su pelirroja amiga le había sucedido lo mismo por que ambas observaron a Lisset, quién estaba détras de ellas.
—Lissy, cariño te queremos, pero vas a dejarnos sordas si no paras —le dijo Rose.
—L-lo siento— se excusó ella —Saben que odio las peliculas de terror.
—Lo sabemos.
—Por eso fue que la elegimos —concluyó Agnes y Liss las miró con los ojos entrecerrados. 
—Ustedes son malvadas —acusó, pero al menos, sus gritos disminuyeron un poco.


A medida que transcurría el film, Agnes dejó de prestarle atención, pues ya lo había visto. Todo estaba en silencio a excepción de el sonido que causaba un cuchillo al insertarse en una anatomía, sangre artificial saliendo a borbotones y gritos provenientes de la tele –y alguno ocasional de Lissy—. Se mantuvo así hasta que Agnes se percató de un ruido. No le prestó atención. Se hizo más repetitivo, molesto pero la rizada estaba dispuesta a ignorarlo. “Las casas como éstas suelen tener este tipo de ruidos” razonó.




Pero quién no parecía ignorarlo era Scarlett, quién estaba a su lado y cerca de la ventana. La morena miro hacia el techo, la ventana y hasta en las paredes, tratando de determinar la procedencia del sonido.
—¡Chicas, chicas, silencio! ¿no escuchan eso? 
—¿De qué hablas? — se inquietó Lorraine.
Guardaron silencio y prestaron atención al ruido. Era cómo algo raspando un vidrio, cómo una ventana pero nadie pudo especificar cuál.
—¿Qué ha sido eso? —Agnes estaba sorprendida por la claridad del sonido. Lo había confundido con el chirrido de una puerta.
—Prendan las luces —pidió Lisset.
—No, no lo hagan —dijo Scarlett.
—Letti tiene razón —acotó Ness —Si es un ladrón tomará medidas más efectivas para atacarnos.
—Cómo un cuchillo.
—O un revolver. —finalizó Kate
—Llamaré a la policía —Lucy sonaba alarmada.
—¿Pero si sólo es una rama que golpea la ventana? No llamaremos a la policía por algo cómo eso…
Mientras las chicas decidían que demonios hacer con el supuesto ladrón –o asesino, según Liss- que aporreaba las ventanas. Rose se había acercado a la más cercana, mirando para el exterior.
—Chicas —la voz palideció, destrozó el silencio. Sus pecas se perdieron entre su cara cada vez más blanquecina —Hay algo afuera.
—¿Qué? —inquirió Agnes.
—¿Qué ves, Rosie? —preguntó Lorrie.
—No sé distingue muy bien. Pero podría ser una persona —agregó mientras se apartaba.
—Oh, no —Lucy ocultó el rostro entre sus manos.
—¿Qué hacemos? —Lisset parecía al borde de un ataque de nervios.
—Necesitamos algo para defendernos —dijo Scar, sumida en sus reflexiones sobre el asunto —.Algo para noquear…lo que sea que eso fuere.
—Bien, necesitamos un palo, mejor si es de madera —acotó Agnes.
—¿Lucy? —llamó Kate.
—El bate de béisbol de papá. Está en su habitación—ella corrió a buscarlo.


Dos minutos después Ness mantenía su mano algo trémula en el pomo de la puerta del patio trasero. Scarlett sostenía el bate del señor Williams en su mano, lista para dar un golpe certero.
—¿Estás lista? —le preguntó Agnes.
—Sí.
—Ay, Dios —gimió Lucy.
—Iremos justo détras de ustedes —prometió Lorrie.
—¿Están seguras de que quieren hacer esto? —el rostro de Kate se había enseriado de verdad.
Agnes suspiró.
—¿Quieres que unos matones vuelvan a entrar a tu casa? —espetó, y consiguió acallarla. —Ahora, Scar. Uno, dos…— la aludida se aferró más al mango del bate —¡Tres!
Abrió la puerta de sopetón y Scarlett bateó.


El golpe no fue dirigido a nadie en especifico, pero eso no importaba por que ambas se distrajeron viendo algo negro correr hacia ellas. Contuvieron un grito, y antes de que Scarlett pudiera golpear, la cosa aterrizo sobre Agnes, dándole lengüetazos en la cara.
La chica se zafó inmediatamente de su agarre y lo contempló fijamente. Era un perro.
—Eh, Kate ¿Ese perro no era tuyo? —indagó Scarlett, molesta por el susto.
—¿Qué? —comentó la aludida, dirigiéndose al jardín trasero con premura. —No, yo nunca he visto a ese perro en mi vida.
—¡Así que este pequeño era el causante de todo el lío! —esa era Rosie, cuyo miedo y misterio se habían evaporado con sólo ver al animal. Se dirigió hacia el y empezó a acariciarlo. —Oh, Nessie, ¿no es lindo?


“Más bien no” pensó Agnes, mirando con recelo al perro negro. Negro, tal y cómo había dicho la profeta tarotista.
—¿Qué sucedió? —preguntó Lorrie, acercándose a las chicas.
—Este perrito quería algo de comida así que araño la ventana ¿ven? —Rose mostró cómo la ventana estaba llena de arañazos que seguramente habrían producido esos ruidos.
—Y supongo que la entrada para gatos en la puerta fue muy pequeña para él —reflexionó Lucy, y todas parecieron de acuerdo.
—No puedo creer que me asustara por un perro pulgoso —espetó Lisset.


Y entonces, cuándo Rose abría la boca para rebatirle la última palabra a Lisset, una figura, encorvada y robusta se apareció en medio del patio, salida de los árboles y dando alaridos insoportables.


Todas gritaron.

IDK:
Emmm, no sé si era obligatorio poner un 1shoot o no, pero yo no tengo ninguno, y de colectivas sólo tengo éstos, ya que en las demás todavía no es mi turno o no hemos empezado aún.
Aparte de eso, espero que las fichas estén bien.

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