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Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por chihiro el Lun 28 Oct 2013, 2:35 pm

aww mis hermosas chicas os deseo :oops: 

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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por Invitado el Lun 28 Oct 2013, 2:57 pm

hola aquí caro.. espero que no se hayan olvidado de mi
ya les vuelvo a subir mi ficha ;) 
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por Hop. el Lun 28 Oct 2013, 3:03 pm

¿Hola!? Bueno vengo a audicionar ya que me fascino la idea y en unos momentos pongo todo lo que pidieron c:


¡Besos!
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por chihiro el Lun 28 Oct 2013, 3:05 pm

okey sepsi

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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por .wonderwall. el Lun 28 Oct 2013, 3:09 pm

Gracias a todas las que vais a audicionar :)
Obvio no nos olvidamos de las que audicionastéis en el otro tema, sexy ladieees :DD
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por Invitado el Lun 28 Oct 2013, 3:15 pm

Sexy gif:


Sexy pez:





Chloe Phillips Muller

Dejaré la historia que les puse en la ficha pasada.. y un capítulo de mi autoría. ;)
besosxx

Historia:
Puede que la niña no haya nacido en las mejores condiciones, pero siempre tuvo lo necesario, tanto ella como sus hermanos. Notar el esfuerzo por parte de ambos de sus padres hizo que Chloe fuera siempre una persona responsable, incluso de niña, conocía los límites y se divertía pero sin sobrepasarlos. Además siempre había tratado de hacer que sus padres se sientan orgullosos de ella. Cosa que ha logrado hasta la actualidad. Toda su vida ha sido perfeccionista, no le gustan que las cosas salgan mal y se desilucionen de ella. En el instituto siempre tuvo las mejores notas, principalmente porque estaba concentrada el el estudio y no en los muchachos, ya que ninguno cumplia con sus espectativas de pareja. Desde el instituto, siempre ha logrado conseguir lo que quiere, prinicpalmente manipulando a la gente, y debido a su atractivo no le era tan dificil maniùlar a los hombres. Debido a sus sobresalientes notas, logró entran con una beca a una de las mejores universidades, estudiando diseño de modas y diseño de interiores. Su inteligencia, pasión y descición hiceron que fuera una de las más jovenes en graduarse obteniendo las mejores notas, nuevamente. Era una de las más reconozidas y era admirada por su trabajo, rápidamente adquirió fama y dinero, siendo capaz de devolverle a sus padres todo lo que en un principio le dieron, además de darles una mejor vida, aunque el costo para ellos fuera no estar tanto tiempo con su hija. En el momento en le que le imformaron de el trabajo para la boda de Kate, lo aceptó, y en proceso, formó una gran amistad, siendo más tarde una de las damas de honor. Pero esta boda no le daría únicamente nuevas amistades, si no también le ayudaría a cambiar su concepto de amor y perfección.

Capítulo "Bring me to life":
Capítulo 01
Thank you for helping me.


»Camile Jones

Un constante e irritante sonido me hizo despertar de mi sueño. Me encontraba apoyada en el escritorio del apartamento. Mi cabeza apoyada en ambos de mis brazos. La levanté y mi cuello protestó, al igual que mi espalda y todos los demás músculos de mi cuerpo. Un gemido de dolor escapó de mi garganta. Coloqué mi mano en el cuello tratando de apaciguar el dolor, pero no funcionaba. Miré las hojas que se encontraban esparcidas por el escritorio, debí quedarme dormida mientras estudiaba. El sonido continuaba, luego de unos segundos pude ver que se trataba del teléfono. Lo busqué entre las hojas hasta que lo encontré, pero para ese momento ya habían colgado la llamada. Coloqué el teléfono en la mesa y froté mis ojos con las manos mientras un bostezo escapaba de mis labios. Me levanté de la silla y miré de reojo el reloj. 9:18 a.m. Mis ojos se abrieron al tope, se supone que recogería a mi tía a las ocho. Corrí al baño, me duché, me cepillé los dientes y el cabello y me vestí, no necesariamente en ese orden. Tomé las llaves del auto de la mesa que se encontraba tras el sillón y recogí mi teléfono de la “mesa de estudio”. Tomé mi abrigo, mi bufanda y mi cámara para colocármelos, salí del apartamento y cerré la puerta con llave.

Baje los seis pisos por la escalera corriendo. Me tropecé más de una vez, pero gracias a la baranda no fue nada grave. Al llegar al primer piso me despedí del portero y me dirigí al estacionamiento de los apartamentos. Monté mi auto y tomé la ruta hacia la clínica donde se encontraba mi tía.

Llegué a las grandes puertas de acero negro a las 9:53 a.m. Atravesé los jardines hasta la recepción. La verdad este era un lugar muy lindo. Grandes jardines repletos de rosas y aves que le dan vida al lugar. Los pasillos son grandes y de un color terracota y algunos detalles crema. Hay plantas y decoración a cualquier lado que veas. Las habitaciones son grandes con un ventanal que tiene vista al jardín, unas mesitas de caoba al lado de la cama y una lámpara encima de cada una. La atención que brindaban también era de las mejores, no dejaban a los adultos mayores solos y velaban por su salud e incluso entretenimiento. Ellos le podían dar a mi tía lo que yo no, mi apartamento era muy pequeño, con apenas lo básico y yo no podría estar todo el día pendiente de ella, entre los estudios y el trabajo se me complicaba mucho, además que su enfermedad necesita tratamiento, por eso utilicé todo el dinero de la herencia de mis padres para internarla aquí y cuiden de ella. Puede que me deje con mayor esfuerzo a mí, pero mientras mi tía esté bien, no me interesa.

-Hola Cami- Saludo Danna, la recepcionista- Creímos que esta vez no vendrías.
-Lo siento, me quedé dormida, ¿Cómo esta mi tía?- apoyé mis codos en la mesa de recepción.
-Amaneció bien, te esperó unos quince minutos y luego se puso a jugar damas con los demás.- se encogió de hombros.
-Bueno, le iré a avisar que llegué, la traeré de vuelta a las tres.- por mi me quedaría todo el día con ella, pero uno de los problemas de la clínica es que tiene horas de salida y de entrada. Por eso aprovechaba de ocho de la mañana a tres de la tarde, bueno excepto hoy.
-Claro, pasa adelante- asintió. Caminé en dirección al salón, saludaba a los conocidos enfermeros en el trayecto e incluso uno que otro señor o señora que pasaba a mi lado. Empujé las puertas blancas de madera para entrar en el salón, mi tía estaba en su silla de ruedas jugando a las damas, tal y como habían dicho. Me acerqué a ella, mientras la veía reír.
-Hola tía- deposité un beso en su mejilla.
-Hola cariño, ¿cómo estás?- tomó mi mano entre una de las suyas mientras con la otra movía la pieza del juego.
-Bien, disculpa por llegar tan tarde, me quedé dormida- admití apenada.
-No te preocupes por eso cielo, se que estás cansada, ya te he dicho que no tienes que venir a verme todos los días, solo con que vengas los fines de semana es suficiente, no tenías que venir hoy- apretó mi mano.
-Uno, si vendré todos los días porque te quiero y mucho y dos, hoy es sábado, tía.- expliqué.
-¿Lo es? Que rápido pasa el tiempo- rió y yo reí con ella.- bueno en ese caso, vamos. –asentí y tomé su silla por detrás.- Después terminamos el juego Julie, te salvas de que mi sobrina me haya sacado antes de ganarte. – ambas rieron. Luego de eso la saqué del salón, en la recepción me dieron las pastillas, que las guardé en i bolso, la bufanda, el abrigo, los guantes y el gorro de mi tía. Me puse en cuclillas y se los coloqué con cuidado y al final deposité otro beso en su mejilla, haciéndola reír. Me levanté, me despedí de Danna y salí del lugar. Con ayuda de uno de los enfermeros la monté en el auto, y coloqué la silla de ruedas atrás.
-Bueno- hablé al montarme en el auto y colocarme el cinturón. - ¿Qué quieres hacer hoy?
-¿Recuerdas aquél parque que te llevaba junto con tus padres cuando era niña?- me preguntó con un destello en sus ojos.
-Sí- asentí emocionada.- ¿Ahí quieres ir?- asintió.
-Me gustaría recordar viejos tiempos.- Sonrió y encendí el auto para tomar dirección al lugar que se encontraba en las afueras de la cuidad. En el camino escuchábamos música, le conté de mi semana, mi trabajo, como me va en los estudios, me dijo lo mucho que le gustaba estar conmigo. Entre risas y bromas llegamos al lugar, eran aproximadamente las 11:30 a.m. Me estacioné frente al parque.

Al salir de mi lado del auto, admiré el lugar, hace mucho no venía aquí, siendo sincera, la última vez que vine fue el último verano que pase con mis padres, unos meses después murieron en el accidente. Suspiré y nuevamente sonreí. Abrí la puerta trasera del auto y saqué la silla. Al tenerla fuera, la abrí y me dirigí al lado de mi tía. Abrí la puerta, le quité el cinturón de seguridad y la ayudé a pasarse a la silla. Cerré la puerta del auto y le puse el seguro.

Agarré la silla y comencé a caminar, al adentrarnos en el parqué admiré mejor el lugar, los árboles eran grandes y debido a que era otoño las hojas se encontraban teñidas por tonos anaranjados, al igual que las hojas que se posaban en el suelo le daban color. A la derecha, unos metros más lejos se encontraba el lago. Las bancas de madera estaban repartidas a lo largo de todo el lugar. Unos cuantos juegos para niños se encontraban a nuestro lado.

Mi tía me pidió ir por los árboles y así lo hice, las hojas caían sobre nosotras y la brisa nos envolvía. Esto es lo más relajada que he logrado estar en la semana, se puede decir que en el mes. Los recuerdos de todas las veces que había venido aquí con mis padres llenaban mi mente. Todas las sonrisas, todas las bromas, todos los juegos que mi padre hacía para entretenerme. Cosas que había olvidado y aunque me duelan son cosas que me recuerdan el amor que sentían por mí. Una sonrisa nostálgica se posó en mis labios, pero al fin y al cabo una sonrisa de todas maneras.

-Recuerdo aquél día, tu padre corría detrás de ti. Queriendo atraparte y tu reías, reías sin preocupaciones, sin obligaciones. Tenías unos seis años. Tenías el cabello suelto, era largo, siempre has tenido el cabello largo. Tu madre y yo preparábamos el almuerzo encima de una manta, debajo de los árboles. Tu madre reía ante la imagen de tu padre persiguiéndote y haciéndote reír. Pero resbalaste, y te raspaste tu rodilla- no sé por qué eso no extrañaba, siempre había sido un poco torpe. – tu mamá salió corriendo mientras tu papá intentaba calmar tus lágrimas. El amor y la preocupación que se reflejaban en los ojos de tus padres siempre se quedarán impresos en mi memoria. Ellos te amaban Cami y estoy segura que todavía lo hacen, donde quieran que estén. –Una lágrima escapó de mis ojos y se deslizó por mi mejilla mientras recreaba la escena en mi mente, pero la sonrisa no se iba de mis labios, limpié la lágrima y le di otro beso en la mejilla a mi tía. – No quiero verte así mi niña- me arrodille a su lado. – Tan cansada, tan agotada, tan estresada, tan tensa, deja de preocuparte por los demás un momento y preocúpate por ti misma, date un respiro de todo.- Acarició mi mejilla.
-Ya me lo diste tu tía. Me diste el respiro que necesitaba, esto es muy relajante, gracias. –Coloqué mi mano encima de la de ella y cerré los ojos, disfrutando el tacto.
-Me recuerdo también que la forma para calmarte de tu padre fue darte su cámara. Pasaste todo el resto de la tarde tomando fotos y luego de ese día nunca te despegaste de ese aparto, incluso aún no lo haces- rió y yo me encogí de hombros divertida. – ¿Trajiste la cámara?
-Sí, pero la dejé en el auto. – abrí mis ojos de nuevo.
-Ve a traerla, yo te espero aquí- mi tía apartó la mano de mi mejilla.
-No te quiero dejar sola- negué con la cabeza.
-Por dios Camile no te comportes como los enfermeros, mira ahí está el auto- señaló detrás de la reja que se encontraba a unos veinte metros. –Puedes ir, y me ves desde ahí, yo no me moveré de aquí lo prometo.

Asentí y caminé a paso rápido a la salida, ya en la acera, comencé a correr, pero mi torpeza y el agua no son buena combinación. Sentí como caía hacia atrás, y cerré los ojos esperando chocar con el duro y frío suelo. En lugar de eso, sentí dos manos apoyarse en mis caderas y jalándome a sus brazos, mis brazos que estaban doblado quedaron apoyados en algo duro, pero no era el suelo, había una tela suave rozando contra ellos y el agarre de mi cintura se hizo más fuerte haciéndome recuperar el equilibrio, luego de unos segundo abrí mis ojos. Mis brazos se encontraban apoyados contra el torso de alguien. Subí mi vista y mis ojos se toparon con otros. Eran de un color azul, tirando a verde, con pequeños destellos de ambos colores. Bajé mi mirada a sus labios, eran rosados y delgados, pero aún así eran tentadores, muy tentadores. Una sonrisa se posó en ellos. Estaba muy cerca y su agarre me mantenía pegada a su cuerpo. Recuperé mi cordura y apoyé mis manos en su pecho, en su muy trabajado pecho y moviendo mí cabeza apartando cualquier pensamiento indebido me aparté de él. Su agarre se soltó y sus brazos cayeron a sus lados.

-Gracias- hablé luego de unos momentos.
-De nada. Deberías tener más cuidado.- su voz era suave pero muy varonil.
-Sí, lo sé, tienes razón, soy un poco torpe, igual si me hubiera caído no es la primera vez que me pasa, pero aún así gracias por ayudarme. – dije rápido, el me miró divertido.
-Por supuesto, igual me alegra que haya podido ayudarte a tiempo y que todavía tenga algo de reflejos. - guardó sus manos en sus bolsillos.
-Sí, gracias de nuevo, por cierto, me llamo Camile- tendí mi mano. Sacó una de las suyas del bolsillo y la estrechó con la mía.
-Louis- asintió con la cabeza y se comenzó a alejar. Caminó unos pasos y se dio media vuelta- Camina con cuidado Camile.- asentí y el continuó caminando.
Moví mi cabeza tratando de entender que había pasado recién y luego retomé mi camino al auto. Encontré la cámara en el asiento trasero y cerrando el auto volví donde mi tía, esta vez cuidando mis pasos. Al llegar a su lado una sonrisa traviesa se posaba en sus labios y supe que lo había visto todo.
-Quieres cuidarme a mi cuando no puedes ni cuidar tu trasero- reprochó.
-Tía- la regañé por su vocabulario.
-Que ya tenga mis años de más no significa que no pueda decir ese tipo de palabras- rió- pero ¿te digo la verdad? En vez de cuidar mi trasero o el tuyo deberías comenzar a cuidar el trasero de ese tipo, por qué ni para que te digo.- mis mejillas se tornaron de un color carmesí.
-No tienes remedio- negaba con mi cabeza mientras reía.
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por • B r o o k ✌ el Lun 28 Oct 2013, 3:55 pm

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Chloe Harris Johnson


Pues mi Hell & mi Zoe decidí ir por ese papel porque me llamo mucho la atención a final de cuentas ambas saben como escribo :3 pero si es necesario poner algo ya saben, aquí esta su Katt. Kisses
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por Hop. el Lun 28 Oct 2013, 5:33 pm

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Abril Grey Smith




Capitulo:


La lluvia corría por mi cara, se sentía tan bien, tan fresco, tan relajante. Tal vez mi vida cambiaria, un sueño hecho realidad se cumpliría y estaba  más feliz que nunca.
**
-Abril!- Escuche la voz de mi madre quien gritaba desde la sala –ES HORA DE LEVANTARSE- Grito de nuevo mi madre, odiaba que me despertaran en la mañana
-YA VOY-  Y al instante me pare, con demasiada flojera me estire, ya que si no mi madre querida viene y me empieza a regañar.
Aun me faltaban cosas por empacar, asi que comencé, estaba tan distraída, en mi propio mundo escuchando música que para cuando me di cuenta ya había terminado de empacar las cosas que aún faltaban.
**
 -Abril ya tienes todo listo?-
-Si madre-
-¿Estas segura?- Volvió a preguntar mi madre
-Si…- Dije ya irritada
-Bueno ahora despídete de la casa y sube tus maletas al carro- Mi madre salió de la casa –Ya se había despedido- y se subió al auto
-Te extrañare casita- La verdad yo no me quería mudar, aquí en esta casa había crecido, jugado, reído, llorado.
-Listo, vámonos- Mi madre arranco directo al aeropuerto nosotras llegaríamos antes que la mudanza  (si se puede decir asi).
**
“Pasajeros del vuelo 3562, favor de abordar por la puerta lateral D, última llamada”  ese era nuestro vuelo
-¿Lista para un cambio de vida hija?- Dijo mi madre con una sonrisa en la cara yo solo me limite a sonreír.
No quería mudarme a Bradford estaba feliz en Bristol; estaba feliz en mi ciudad natal, tenía a mis amigos, mi familia y no quería dejar mi ciudad.
Pero gracias al nuevo trabajo que encontró mi madre nos mudaremos a Bradford.
Estaba sentada junto a la ventana –El avión ya había despegado- admirando el hermoso paisaje que se veía desde arriba mientras escuchaba la nueva canción de Katy Perry “Roar”
Y asi fue como una nueva vida me esperaría y quien sabe tal vez alguna aventura me esperaría…

 
 
 
 



 
 







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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por Hop. el Lun 28 Oct 2013, 5:34 pm

Lo siento pero luego pongo todo correctamente
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por holiscrayolis el Mar 29 Oct 2013, 6:21 am

¡Hola chicas! La verdad es que ya había visto las anteriores audiciones pero no audicioné por que me daba flojerita hacer
Pero ahora sí y como ya me ganaron al rubeo sensualon iré por los libres con Logan Lerman y Shailene Woodley Son míos así que a nadie se le ocurra elegirlos ahque.
Bueno el punto es que audicionaré, luego dejaré mi audición con lo de las reglas porque ahorita no lo puedo poner.
Saludos
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por holiscrayolis el Mar 29 Oct 2013, 9:29 am

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Julie Edwards.

Capítulo:
Capítulo 02
The place of my unhappiness.


»Stephanie Marie Brown.

Abrí los ojos con miedo y la luz del día me encandiló, de inmediato los cerré y me los tallé con mis manos para que bajara el ardor. Después de unos 15 minutos seguía sin descubrir mis ojos, tenía miedo que al volver abrirlos amaneciera en el bosque de siempre, como los días anteriores.

— Que esté en mi cuarto, que sea mi casa. — Murmuraba constantemente para mí misma, bueno creo que eso es muy obvio, estaba sola y al parecer siempre lo estaría.  

Conté mentalmente hasta tres y finalmente me decidí por enfrentar la realidad, al terminar de observar mi alrededor me desilusioné,  árboles por aquí y por allá, yo me encontraba debajo de uno con flores rosadas, era el más hermoso de todo el lugar, la única parte que estaba lo suficientemente lejos y solitario como para poder lastimar a alguien.
Mis manos me temblaban al igual que mi labio inferior, estas eran señas de que me iba a echar a llorar, pero tenía que ser fuerte, tengo que ser fuerte.  Sin embargo no lo logré. Se escapó un sollozo de mi boca seguido de muchas lágrimas que lograron empapar todo mi rostro, odiaba esta vida.  
Cuando logré calmarme me puse el conjunto que tenía el día anterior que constaba de un vestido blanco con algunas flores que lo adornaba y me llegaba arriba de la rodilla, una chaqueta de cuero beige y unos tacones negros, lo había dejado detrás de una piedra para que no se me arruinara ya que después de cada transformación si la conservaba puesta terminaría rota; traté de acomodarme el cabello lo mejor posible, tomé mi bolso  y me encaminé a mi departamento, que sólo utilizaba para cambiarme de ropa o para asearme, casi ni estoy ahí, en el día trabajando y en la noche merodeando en el bosque.
Duré caminando una hora y me arrepentí de haber llevado unos tacones tan altos, me dolían los pies y creo que al día siguiente tendría ampollas en ellos. Me paré cuatro cuadras antes para llegar a mi vivienda y me sobé los pies, realmente me dolían, decidí quitarme los tacones, los tomé  con la mano derecha mientras que con la otra agarraba mi bolso y continué con mi camino.
Llegué al edificio donde se encontraba mi departamento, entré y saludé a Tom, el portero del edificio, y tomé el ascensor, estaba demasiado exhausta, lo último que quería hacer era subir escaleras, oprimí el número 5 y este comenzó a elevarse. Se abrieron las puertas y al instante salí ansiosa por tirarme a mi cama y dormir todo el día, pero eso no era posible porque a las 12 del mediodía  tenía que ir a trabajar.
Saqué el llavero de mi bolso e inserté la llave en la puerta. En cuanto entre tiré todo lo que tenía cargando,  corrí a la cama y me lancé encima de esta. Agarré mi celular del mueble de al lado de mi cama, me acomodé boca abajo poniendo una almohada debajo de mi barbilla y revisé la hora. 10:30 a.m. Marcaba la pantalla de este. ¿Tan rápido se pasó el tiempo?
Me levanté de la cama perezosamente y me metí a la ducha para relajarme porque lo necesitaba, salí con mi bata rosa puesta y busqué mi uniforme con el logo del lugar, que tenía que usar. Me cambié, me agarré el cabello en una coleta mal hecha con una liga, metí mis pies en unos zapatos MUCHO más cómodos que esos horribles tacones altos que había utilizado, e hice todas esas cosas para estar limpia y verme presentable.
Al terminar agarré otro bolso que tenía y metí en este todo lo que necesitaba que, por cierto, no era mucho. Salí del edificio y tomé un taxi, el trabajo estaba muy lejos como para ir caminando aparte seguía cansada, a veces suelo ser muy perezosa.
Luego de cuarenta minutos de camino muy aburrido, al fin llegamos a “Il piacere di mangiare”, que quiere decir, “El placer de comer”.  Le pagué al taxista y me introduje al lugar. Era el restaurant más famoso de la ciudad, por lo tanto siempre tenía mucha clientela y hoy no sería la excepción, llegué con Marie, que era la hija del dueño del restaurant, ella estaba detrás del mostrador cobrando las órdenes, estaba muy ocupada pero tenía que informarle que ya había llegado si no me contaba como falta y me descontarían eso de mi salario.

— Hola Marie. — dije tocándole el hombro para que se diera cuenta de mi presencia. — Perdona la interrupción, sólo quería avisarte que he llegado a mi turno.
— ¡Oh!, no te preocupes Steph. — dijo comprensiva. — Que bueno que has llegado porque hoy hay mucho trabajo que hacer.
— Eso no es novedad. — musité pero al parecer ella me escuchó.
— Ya lo sé, pero ¿quién nos culpa por hacer la mejor comida Italiana de todo el mundo?
Reímos, a veces Marie era muy exagerada.  Su padre llegó e interrumpió la charla, si así podría llamarse, que teníamos.
— Bueno señoritas,  basta de charlar. Menos plática y más acción. — Cuando dijo esto dio dos aplausos que hizo que me exaltara.
— Steph, ya oíste al señor gruñon. — Sólto una risa por el apodo que se le ocurrió ponerle a su papá, mientras que él hacía cara de ofendido, yo sólo reía por los gestos que hacían. — ¡Manos  a la obra!
Tomé un mandil para colocármelo y agarré de uno de los cajones del mostrador una libreta y una pluma y me puse en marcha con mi trabajo.


{…}


Platos por aquí, comida por allá, ordenes por acá. Había demasiado trabajo, pero siempre tiene que terminar.

— ¡Hey! — Escuché a lo lejos, pero no distinguía de quien era la voz. — Steph. — Y eso contestó mi duda, Marie era la única que me llamaba así. — Ten, come algo, es momento de que descanses. A parte ya casi no hay clientes.
Me arrimó un plato de spaguetti, mi favorito. Con todo el ajetreo del día ni siquiera desayuné ni comí, creo que era hora de llenar el hueco que tenía en el estómago.
— Gracias. — le dije con una sonrisa en el rostro y empecé a comer la delicia que había en el plato.

Me tocaron el hombro y volteé, era Marie.

— Steph, perdona que te interrumpa, pero en la mesa dos hay un nuevo cliente y tú sabes que no se atenderlos bien.
Huy que si no sabía atenderlos. La última vez que repartió las órdenes terminó echándoles encima la comida y se ganó un gran regaño de parte de su padre.
— Tranquila, está bien. Yo voy — dije para que se tranquilizara. — De todos modos, ese es mi trabajo.
Llegué a la mesa dos donde se encontraba un chico como de mi edad, era muy apuesto.
— ¡Bienvenido a Il piacere di mangiare! —comencé con el típico saludo pero con la cabeza gacha, sólo estaba ahí para atender no para socializar. — ¿Qué desea pedir?
— Primero quisiera saber el nombre de la hermosa señorita que me está atendiendo.
Volteé a verlo, él tenía una sonrisa de lado en el rostro, de inmediato me ruboricé y volví mi vista al suelo.
— Stephanie. — Murmuré entredientes, una de las reglas del restaurant era no platicar con los clientes dentro del trabajo.
— Bonito nombre de una hermosa chica. — Dijo viéndome fijamente.
Yo me encontraba totalmente roja.
— Gracias. — Susurré.
— Creo que ya sé que pedir. — Vio el menú y luego se dirigió hacia mí. — Stephanie sería muy amable de traerme una pizza de pepperoni con extra queso para llevar.

Amable, educado y apuesto. ¿Qué más puedo pedir?
¡¿Pero qué diablos estoy pensando?!
¡Concéntrate Steph!
Vaya, creo que me estoy volviendo loca, hablando conmigo misma.

— Si quiere puede decirme Steph. — ¡¿Qué?!, enserio creo que estoy perdiendo la cabeza. — Enseguida se la traigo.

Llegué a la cocina donde dejé el pedido a Lore, la cocinera. Marie llegó a mí lado y me jaló a un lugar apartado.

— Hey, picarona. ¿Qué pasó? —Preguntó, como siempre tan curiosa.
— ¿Qué pasó de qué? — Me hice la que no sabía nada, no quería hablar del tema.
— Steph, no te hagas, tu sabes bien a lo que me refiero. Yo vi todo.
— Sólo me pidió que le dijera mi nombre, una pizza y ya. ¿Contenta?
— Heeey, si que eres ciega. El chico claramente estaba coqueteando contigo.
El sonido de la campanita de la concina nos interrumpió.
— Bueno ya está el pedido. — Y corrí hasta la cocina para librarme de esa incómoda charla.
— ¡TE SALVÓ LA CAMPANA! — Gritó y yo sólo reí.

Tomé la pizza mientras tomaba la nota donde decía el precio que era. Fui hasta la mesa donde se encontraba el chico apuesto, este en cuando me vio una sonrisa se plasmó en su rostro.

— Aquí está su pedido. — dije mientras le entregaba todo.
— Gracias linda. — Me entregó el dinero y aparte una nota. Se retiró del lugar con una sonrisa en el rostro y dejándome confundida.

Llegué al mostrador para acomodar el dinero pero me di cuenta de que era más de lo que costaba la pizza, luego vi la nota que tenía en la mano y la leí.

Steph:
Gracias por atenderme, ya sé que te di dinero de más así que quédate con el cambio.
Eres muy hermosa y quisiera salir contigo.
Espero tu llamada. 3335362315
Por cierto, me llamo Liam.


Al terminar de leer me llevé la nota al pecho, creo que no pude estar más roja y no sé por qué tenía una sonrisa plasmada en el rostro.
Guardé la nota en mi bolso, pero estoy muy segura de que no la utilizaré.


{…}


Ya había terminado mi turno y estaba a punto de anochecer, me apresuré a tomar mis cosas para tomar rumbo al lugar de siempre, al lugar de mi infelicidad.

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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por Invitado el Mar 29 Oct 2013, 10:38 am

Hola..... Llego la Prisc a molestar. okno. Vengo a audicionar por que... idk. Me encanto la idea. Voy por el artista libre. Me gusta, me parece interesante.
Lo hare con mi nuevo ship, ah que, no es mio pero bueno... Jaime y Lily.

Spoiler:




Regalo para Hell por que no peleamos feo.

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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por Invitado el Mar 29 Oct 2013, 10:54 am



Clary Miller



Me haces bien:
 
Prologo


“Un esquizofrénico es una persona que ya tiene una tendencia natural para ausentarse de este mundo, hasta que un hecho-grave o superficial, dependiendo de cada caso hace que  cree una realidad solo para el. El caso puede evolucionar hasta un punto en que el paciente te ausenta totalmente de la realidad, que llamamos catatota, o por el contrario puede ir mejorando y permitir que el paciente trabaje y desarrolle una vida prácticamente normal. Depende tan solo de un factor: el ambiente. ”- Verónica decide morir, Pablo Coelho.

“Veinticinco, veinticuatro, veintitrés, veintidós, veintiuno, veinte…”. La castaña contaba los minutos para marcharse de ese horrible lugar. Había pasado tres años de su vida concurriendo a esas monótonas sesiones con su psicólogo en aquella oficina gris que solo contaba con un gran ventanal, dos amplios sillones negros y una biblioteca repleta de libros, algo viejos y polvorientos.
Estaba aburrida. Nunca había logrado entender como el joven de no mas de veintiocho años podía llevar una vida tan organizada y meticulosamente planeada.
Se podía identificar que era un hombre estructurado de familia adinerada, seguramente casado, y con uno o dos hijos. Su psicólogo no era la persona mas divertida del mundo, al igual que sus sesiones no eran tan gratas como las de la Doctora Smith, su psiquiatra.
Pero la había ayudado, ese hombre que estaba sentado frente a ella, observándola, con una mano sobre su pierna, sujetando un anotador y una lapicera, y la otra alrededor de su barbilla, con su dedo índice cruzándole los labios, la había ayudado.

-Aun faltan un par de minutos Coraline… Entiendo que consideres que ya estas curada, es una patología muy común… Pero tu madre…-

-Mi madre cree que aun es conveniente que asista para afinar asperezas-lo interrumpió la castaña con voz suave y algo pausada- Se cual es su opinión, ella misma se encarga de dejarme bien en claro que mi locura ha afectado su vida hasta el punto de llegar a corromper su matrimonio, con mi padre…-continuo, fijando su vista en algún punto indeterminado en la pared.

-Ya hemos hablado acerca de eso Cora-dijo su psicólogo.- Creí que habíamos dejado en claro que lo que te paso debe quedar en el pasado…  Ni tu ni nadie podrá remediarlo-

-Lo se.-susurro Coraline mordiéndose el labio inferior para seguir conectada con esa realidad que todo el mundo compartía, pero que para ella solo era un pasatiempo, luego de su sesión, probablemente volvería a su realidad, esa donde se sentía segura.-Pero mi madre se encarga de recordármelo todos los días, ¿Usted no puede hablar con ella?-pregunto.

-¿Y que quieres que le diga, Cora?-pregunto el psicólogo escribiendo rápidamente cada palabra que salía por la boca de la castaña junto con alguna que otra observación que luego lo ayudarían a analizar su progreso.
Si algo estaba seguro era que su comportamiento era influenciado, en gran parte, por su madre.
Susan, no era no persona mal. Simplemente no había podido perdonar a su hija por cosas que, como bien sabia, no había hecho intencionalmente. Pero la odio y el rencor que sintió en ese momento la cegó, desquitándose con Coraline.

-No lo se… Que ya me ha dado el alta-respondió Coraline haciendo una mueca que bien podía interpretarse como sonrisa, pero que no lo era del todo, aun se podía ver el dolor detrás de sus ojos.

-No puedo hacer eso… Eres tu la que debe decirle cuando parar.-dijo el, observando como la castaña ponía los ojos en blanco.

-¿A usted le parece fácil?-soltó Coraline sin prestarle atención a la pequeña sonrisa que surcaba los labios de su psicólogo.

-¿Fácil?-repitió el- Debemos primero analizar su significado. Es una palabra muy amplia que debe ser usada con respeto… Depende de quien lo mire sera mas o menos fácil, Cora... Por ejemplo, para algunos amar es fácil, pero hay quienes, pasan su vida buscando a quien amar, a su alma gemela o a un gran amigo con quien compartir momentos y nunca lo consiguen... Y eso, no es por falta de sentimientos o por que no sean seres humanos... Ese "algo" llamado destino lo quiso así... Y ellos no tienen otra opción mas que aceptarlo.... Por eso, fácil, no es la palabra que yo usaría Coraline.-explico el hombre parándose de su asiento para servirse un poco de café que lo esperaba, caliente, sobre una pequeña mesa a la orilla de la puerta de entrada.

-Entonces… ¿Qué palabra usaría?-pregunto la castaña, volviendo a repasar lo minutos que le faltaban para salir corriendo de ese lugar.

-Preparado… Yo me preguntaría si ya estoy preparado-le respondió dando un sorbo a su café.

-¿Estoy preparada para ponerle un limite a mi madre?-dijo ella pensando seriamente en las palabras que el hombro le había dicho- No, no estoy preparada… Aun no.

-¿Entonces?-

-¿Entonces, que?-

-Entonces por que sigues quejándote de tus secciones semanales conmigo, si aun no eres capaz de enfrentar a tu propia madre…-le respondió el, quitándole las palabras de la boca a la castaña, que ya sabia de antemano cual seria su respuesta.
En esos tres años había llegado a analizar al joven hombre mas que a cualquier otra persona. No lo conocía… ¡Por supuesto que no lo conocía!, pero ella podía ver a través de sus ojos azules cuando el estaba alegre o triste, e incluso cual seria el rumbo de su conversación.

-¿Cree usted que seré capaz de encontrar a mi alma gemela?-pregunto la castaña cambiando de tema. Esa pregunta le había quedado rondado en su mente luego que el mencionara la palabra "amor", además, Cora ya estaba cansada del mismo discurso. No quería hablar de su madre, ni de su pasado.

-¿Es fácil para ti el amor?-respondió el psicólogo, aun de pie frente a la puerta. Cora advirtió que esas serian las ultimas palabras que cruzarían por esa semana. El reloj ya había marcado las cuatro en punto y sus sesión acababa de terminar.

-Yo amo a alguien-soltó la castaña, esta vez formando una verdadera sonrisa.

-Afortunada seas Coraline, no hay nada mas saludable en esta vida que al amor…-

-¿Pero usted cree que alguien pueda llegar a amarme? Soy una esquizofrenia en pleno proceso de rehabilitación… Es casi imposible-hablo Cora, recordando las palabras que su madre le había dicho en mas de una ocasión sobre amar y ser amada.

-Cualquier ser en este mundo que posea sentimiento es libre de amar Coraline… Y ya te he dicho que no me trates de usted, me haces sentir viejo, y solo tengo seis años mas que vos…-dijo el joven, revisando su reloj pulsera para asegurarse que aun le quedaban un par de minutos para llegar a la importante reunión planificada por su prometida desde, hacia ya, un mes.

-Lo siento, Niall. No volverá a pasar, lo prometo-dijo la castaña, poniéndose de pie para despedirse de su psicólogo hasta la siguiente semana.
El joven, rubio y de grandes ojos azules del color del cielo luego de una tormenta, le abrió la puerta a su ultima paciente. Coraline, la joven que había llegado hasta su consultorio un frió día de invierno, inmersa en su propia realidad intentando salir adelante luego de su traumática experiencia.
"Ayuda", fue lo primero que escucho salir de sus labios, y automáticamente, Niall Horan entendió que ella lo necesitaba.  

Me haces bien:
 
Capitulo 1


Deje mi alma presa en el pasado, mientras mi cuerpo vaga en este presente incierto en busca de un futuro mejor.


El frío viento de esa noche de verano entraba por la habitación de la pequeña Coraline interrumpiendo sus sueños.
Se sentía indefensa en ese gran cuarto de paredes rosas, cama con dosel, y millones de juguetes que su madre le compraba a diario para hacerla sentir mejor.
Pero lo que nadie entendía, era que la pequeña solo necesitaba el amor de su padre. Solo eso.
Como la noche anterior, la anterior a esa, y todas las noches desde hacia ya un año, su padres discutían en la planta baja, inconscientes de que su hija de apenas doce años los estaba escuchando, culpándose a si misma por ser la causante de todas sus discusiones.
“Eso es lo que dice mi padre”, se repitió una vez mas, cerrando sus ojos mientras se escurría una pequeña lagrima. “Es mi culpa, todo esto es mi culpa”. Presiono sus pequeñas manos sobre sus oídos tratando de callar a su propia mente, pero no tuvo suerte.
Ella tenia la culpa.
Coraline sintió como unos fuertes pasos subían las escaleras y se aproximaban hacia ella.
“Otra vez no”, sollozo la pequeña haciéndose un ovillo para protegerse de lo que iba a suceder.
La puerta blanca se abrió de par en par dejando ver a su progenitor. A su maldito y borracho progenitor.  

-Déjala  Norbert, te lo pido por favor… ¡Déjala!-grito su madre detrás de el mientras hacia fuerza para detener al hombre de casi cuarenta años.

-No te metas en esto, Susan-logro articular el hombre mirando a la  niña que se hacia mas y mas pequeña sobre su cama.

-Norbert, ¡es tu hija!-insistió la mujer intentado detenerlo. El hombre giro sobre si mismo tomando entre sus manos el cuello de su esposa. En un rápido y ágil movimiento la mujer colisiono contra la pared del pasillo y callo al suelo casi inconsciente.

-Es mi hija…-susurro entrando a la habitación para luego cerrar la puerta, que tenia detrás de el, con llave. Coraline ahogo un grito ante la acción de su padre. No quería enfrentase a eso nuevamente.

-No papá, no…-dijo casi en un susurro llevando sus rodilla hasta su pecho aun mas. Por mas que quisiera, no podía huir. Ya lo había intentado una vez, y su suerte empeoro aun mas.

-Shhh-la callo el hombre aproximándose hasta su cama- Te prometo que todo va a estar bien.


La castaña despertó agitada en esa gran cama con dosel y con lagrimas en su rostro. Otra vez había soñado con su progenitor, con ese hombre que la había llevado a aislarse del mundo y hasta de su propia familia.
Casi sin pensarlo, se levanto de su cama y corrió hasta las latas de pintura que había sobre lo que antes supo ser un escritorio.
Su cuarto había cambiado, y mucho. Las paredes ya no eran rosas, grande manchas de colores las cubrían dejándole a Coraline un recordatorio de todos su ataques de nervios, pero sobre todo, de cada pesadilla donde Norbert se hacia presente.
El único mobiliario que había en la habitación era la cama, un pequeño ropero, y el escritorio… tapado por potes de pintura, pinceles y las demás cosa que ella utilizaba a diario para plasmar su arte.
Cora tomo un pincel entre sus manos y lo unto en la pintura negra, para luego llevarlo hacia la pared mas cercana y perderse en cada trazo que iba dando a medida que una nueva figura se formaba. Se sentía sucia, desesperada… adolorida, al igual que todas esas noche en la que se enfrentaba a su padre.
Las lagrimas no dejaban de caer por sus mejillas a medida que avanzaba dejando rastros de su horrible pesadilla. Su mano viajaba por la pared que utilizaba como lienzo y a medida que de pintaba sentía como su peso se alivianaba y volvía a ser la misma Coraline… o lo que quedaba de ella.
La castaña se sobre salto al sentir un ruido seco en la puerta. Dejo caer el pincel volviendo a la realidad. Su madre la estaba llamando.

-Coraline… Ya es tarde. Debes estar a las nueve en el negocio… ¡Te quedan quince minutos!-grito Susan desde el otro lado de la puerta. Rápidamente Cora se limpio las lagrimas que humedecían sus mejillas y comenzó a juntar sus cosas para prepararse para su trabajo.
Louis Tomlinson había sido muy generoso en dejarla trabajar en su tienda de música. Casi la mitad de la cuidad la había rechazado solo por conocer su historia, sin mencionar sus antecedentes en la Clínica Psiquiátrica de New Porland. Coraline estaría eternamente agradecida con el.
Giro sobre sus talones y camino hacia su pequeño armario donde guardaba las pocas prendas que se había comprado después de salir de ese horrible lugar donde solo usaba batas y camisones blancos.  
Corrió los cuadros que obstruían el paso, deteniéndose a observarlos atentamente. Ninguno de ellos le gustaban. Aun no había alcanzado la perfección. Coraline sabia que aun le faltaba algo.
La simetría del rostro estaba perfecta al igual que el tono de piel. El cabello alborotado, pero a su vez refinado y profesional eran del color exacto, lo sabia. Pero los ojos… Aun no había conseguido encontrar ese color azul… Ese que solo se encuentra entre el limite de una tormenta y el arco iris. Esos ojos aun no eran nada parecidos a los de el.  

-¡Apúrate Coraline!-volvió a gritar su madre, esta vez desde la planta baja.

-Enseguida bajo-se limito de decir ella dejando de lado los cuadros.
Se puso una remera blanca y una camisa a cuadros junto con un par de jeans negro y algo desgastados. Acomodo un poco su cabello y se cepillo los dientes para luego bajar corriendo las escaleras para buscar sus converse negras que su madre había puesto a lavar.
Una vez lista, salio al patio trasero en busca de su vieja bicicleta que se madre le había comprado para que pudiera trasladarse hacia su trabajo.
Amaba sentir el sol sobre su rostro o como el viento jugaba con su cabello. Eso la hacia sentir viva, y que todavía había una esperanza.
Llego en un abrir y cerrar de ojos hasta Tomlinson’s, el negocio de música donde trabajaba y donde estaba su único y mejor amigo. Encadeno la bicicleta a uno de los árboles que estaban afuera del local y saludo desde afuera a su amigo que comenzaba a levantar la persiana de la ventana.
Soltó un largo y pesado suspiro levantando la mirada hacia el enorme edificio que estaba en frente donde asistía semanalmente a sus sesiones con Niall, su psicólogo… y salvador. Sonrío al darse cuenta que solo le quedaban dos días para volverlo a ver. A pesar que se aburría demasiado en ese lugar, el simple hecho de que el estuviese ahí escuchándola, le hacia bien.

-¡No piensas entrar?-dijo Louis abriéndole la puerta.

-En un segundo-le contesto ella terminando de asegurar su bicicleta.

-Este será un gran día-exclamo su amigo mientra acomodaba un par de cajas que obstruían el paso. El local no era muy gran, pero Louis se había encargado que luciera lo suficientemente bien para atraer a los clientes.

-¿Por qué lo dices?-pregunto Coraline colocándose la ridícula gorra que Louis le hacia usar como uniforme.

-Por que estamos en temporada de verano. Todos los chicos están de vacaciones y no tendrán nada que hacer mas que venir a comprar un par de discos…-explico el chico sonriente.

-Oh-soltó Coraline sin darle mucha importancia a sus palabras. Louis podía ser su amigo, pero muchas veces era mas inmaduro que ella misma.-Yo que pensaba no esforzarme tanto-comento haciendo reír al castaño.

-Pues… No tendrás suerte hoy… ¡Mira, ya llego el primer cliente!-soltó irónico dándole un empujoncito para que se acercara a la chica rubia que acaba de entrar. Coraline soltó un bufido y de mala gana camino hacia ella.

-¿En que te puedo ayudar?-pregunto la chica haciendo el intento de su mejor sonrisa.

-Estaba buscando el nuevo disco de Coldplay… No es para, se lo quiero regalar a alguien muy importante para mi, así que estoy desesperada… De verdad necesito encontrarlo…-dijo la rubia rápidamente y con una voz un tanto chillona para Coraline.

-Claro… Podrás encontrarlo en la sección de 12. Creo que llego un pedido el otro día-dijo Coraline de la mejor manera posible. Esa chica le producía nauseas.
Observo como la rubia contorneo sus cadera hacia el lugar atenta a cada numero que tenían escritos los estantes llenos de discos, hasta que finalmente llego. Paso el dedo entre ellos buscando el indicado y cuando lo encontró soltó un pequeño grito de victoria. Camino de vuelta hacia Coraline que se encontraba detrás de un pequeño mostrador y le sonrío con gratitud.

-Lo encontré-dijo feliz.

-Que bueno.. ¿Vas a llegarlo?-pregunto la castaña.

-Por supuesto que si no sabes hace cuanto lo estoy buscando…-

-Son veinte dólares- la interrumpió Coraline tecleando un par de números en la caja registradora. La rubia saco de su fina billetera el dinero y se lo dio a Coraline. La castaña lo acepto y luego metió el CD en una bolsa roja con el logo del lugar, para luego dárselo a ella. Quería deshacerse de ella lo mas rápido posible. Hasta su perfume la empalagaba.

-Gracias y que tengas un buen día, Coraline- dijo ella agarrando el paquete.
¿Quién era esa mujer, y como la conocía?, se pregunto la castaña observando atentamente como se marchaba del negocio moviendo sus caderas al copas de sus tacones negros.
Lo único que sabia era que no le agradaba, para nada.  

Prologo. NC.:
By 'Mily.♡

Prologo


El doctor Joseph Robertson, psicólogo reconocido, se encontraba devastado. Su hijo, su pequeño y único hijo.  
¿Qué iban a pensar de el ahora? Si no había sido capaz de rescatar a sus propio hijo ¿Cómo iba a poder rescatar a sus pacientes?
Se dejo caer en el sillón de cuero negro de la biblioteca, que también utilizaba como escritorio, con un vaso de whisky, a medio tomar, descansando en su mano.
Había pasado dos años desde que su hijo había entrado en el vicio de las drogas, y el, como padre y profesional se había encargado de devolverlo a la vida.
Lo llevo a los mejores especialistas, a las mejores instituciones. Pago terapias carísimas, y hasta el mismo intervino, todo por salvarlo.
Pensó que lo había hecho, que lo había logrado. Hasta hace un mes atrás…
Su hijo nunca había abandonado esa vida, el seguía no solo consumiendo, sino también cometiendo delitos para conseguir un par de píldoras.
A sus veintiún años había sido condenado a ocho años de prisión, luego que la policía lo arrestara por comenzar una pelea callejera, que termino sacando al descubierto la verdadera identidad de Matthew Robertson, su hijo.
Joseph se encontraba tan ensimismado en su pensamiento que no se percato de la presencia de su esposa en la habitación.
Molly lo miraba con el ceño fruncido apoyada en el lumbral de la puerta. Su esposo había estado así desde que la sentencia de su hijo, y la mujer no lo lograba entender.

-Dijiste que lo volverías a tomar, Joseph…-le reprocho su esposa. El hombre, cansado de su actitud, dejo el vaso sobre la pequeña mesita ratona que tenia enfrente.

-¿Y que quieres que haga? ¿Quieres que haga como si nada hubiese pasado? ¿Quieres que actúe como vos?-pregunto Joseph con exasperación.

-Yo no actúo como si nada hubiese pasado… También es mi hijo-respondió la mujer.

-Pues… No parece-
-Es lo mejor, Joseph…-

-¿Lo mejor? ¡Ahí adentro lo van a tratar de la peor manera! ¿Cuándo va a abrir los ojos?-soltó el hombre levantándose de golpe. Molly mantenía la misma postura tranquila, mientra el dolor se reflejaba en su rostro.

-Es mejor que lo castiguen ahí adentro antes que lo terminen matando acá afuera… O peor aun, que se muera por una sobredosis-dijo Molly mirando seriamente a su esposo, que parecía desorientado.

-Molly…-

-Ser cocientes de todo lo que perdimos o podemos perder incrementa nuestra ganas de salir adelante, Joe.. Y vos mas que nadie debería saberlo…-se limito a decir.

-¿Que?-

-Que prefiero que este en la cárcel, antes que termine en un cajón muerto Joseph... Es la única manera que tenemos para que el se de cuenta de lo que estaba haciendo... ¿No funciona así en la psicología? Es como hacer terapia...-dijo la mujer. El doctor Robertson miro sorprendió a su esposa. Nunca, en sus veinte años de casados, ella se había metido con su profesión o había hecho algún comentario que se le relacionara.... y aunque le costase admitirlo, tenia razón.
Sus palabras eran tan sabias que sintió admiración por ella. El, el psicólogo reconocido, no había sido capaz de entenderlo hasta ahora... O quizás su dolor lo había impedido.

-Como una terapia-repitió, caminando hacia su esposa que lo miraba como si fuera un loco. El hombre la tomo pos la cintura y le planto un apasionado beso en los labios-Eres un genio, ¿Lo sabias?-soltó, liberándola de sus brazos para luego caminar hasta su escritorio y sentarse tras el mismo en su silla de cuero.

-¿Acaso te volviste loco Joseph?-pregunto Molly sorprendida. Su esposo levanto la mirada y negó con la cabeza para luego volver a su tarea. Había comenzado a escribir teorías que podrían servirle como argumentos cuando lo presentara ante el Ministerio.-La comida estará en una hora-se limito a decir su esposa, aun sin entender que le pasaba. Salio de la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos.

-Como una terapia-volvió a repetir.
Su objetivo en cada una de sus terapias era justamente esa: Hacerles ver a sus pacientes cual era su error, o hacia donde debían dirigirse. Eso debía hacer ahora.
No ganaría nada quedándose de brazos cruzados durante ocho largos años, tampoco podrida revertir el hecho de que su hijo se encontrara preso. Quizás podría hacer otra cosa... Ayudar.
Si era capaz de salvar a los adolescentes descarrilados que estaban tirando sus vidas a la basura, seria capaz de perdonarse a si mismo por no haber podido salvar a su propio hijo. Les demostraría que la vida no era como ellos creían.
La droga, el alcohol, y la violencia no eran el camino. Y la única forma era haciéndolos caer. Porque después de todo, uno nunca sabe lo que tiene, hasta que lo pierde.

-Buenas noches Peter, tengo algo importante que decirte...-dijo Joseph luego de haber marcado el numero de su amigo y colega. La terapia de shock seria su próximo experimento.



Última edición por Priscilla.- el Vie 01 Nov 2013, 4:08 pm, editado 1 vez
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

Mensaje por Invitado el Mar 29 Oct 2013, 12:20 pm

Hola bella
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Re: Los imprevistos de una boda N.C {Resultados Puestos}

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