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El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

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El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por heartcore. el Sáb 19 Oct 2013, 11:29 am

FICHA:
 
Ficha de la serie


• Titulo: El atardecer en San Francisco.
• Autor: MissNothing.
• Adaptación: Nop.
• Género: Romance/hot.
! • Advertencias: No sé cuándo cerraré las audiciones, pero avisaré con dos días de antelación.
• Otras páginas: Nop.

 
 

El atardecer en San Francisco.



¿No es irónico lo contradictorio que es el amor? Muchas personas personas piensan que el amor sólo se basa en besos y sexo, otras en sentimientos, otras opinan que hay que reír como amigos y proteger como hermanos... Quizá deberíamos callar a esas personas. Callar a las voces que critican y las que halagan, callar hasta tus propios pensamientos.
El amor quizá sea como un enredo en el pelo un domingo por la mañana, da pereza desenredarlo. Y si lo sigues dejando, llegará un momento en el que ni el peine más resistente podrá desenredar lo enredado... y habrá que cortar por lo sano.




Personajes


"Éramos la perfecta solución a la depresión. Teníamos el chocolate y lo calentamos hasta en las noches más frías, le añadimos nata fría y supimos encontrar la perfecta armonía... Pero quizá lo dejamos enfriar durante mucho tiempo. Tú te terminaste el contenido de la taza y yo la rompí. La nata nunca supo satisfacer a ninguno..."
Ed Sheeran || La nostálgica; Amanda Seyfried. || MÍOS.
"Aún guardo las más de cincuenta fotos que nos hicimos en una caja junto a un paquete de cerillas. Cuando me acuerdo de ti, quemo una fotografía. Cuando llegue a la última desaparecerás de mi vida. Dicen que si juegas con fuego te acabas quemando..."
? || La tierna; ? || ?
"Tú fuiste mi barra de labios en nuestras noches más intensas, yo sólo le di color. Pero todo lo que empieza, acaba. Al igual que mi barra de labios rojo pasión, tú y yo acabamos, te tiré a la basura junto con el rojo intenso de nuestras noches..."
? || La impetuosa; ? || ?
"Estuvimos en una sala a oscuras, nunca supimos si había algo realmente o no. Encendí la luz que me llevaba directamente a ti, allí fue cuando me di cuenta de que si la luz penetra en la oscuridad, la sombra es llamada."
? || La suicida; ? || ?


Reglas


Ni que decir tiene que son audiciones, no se reserva y te comprometes con el personaje y la historia desde el primer "quedas en la novela".
Buena ortografía. No quiero que scrbais asi ni mucho menos que eScRiiBais AsII. Si queréis usad word para los capítulos.
Una vez que escojáis representante y chico, escribid un capítulo y dejadlo en spoiler. Como en todas las audiciones, ya sabréis cómo va.
No quiero peleas de "me ha plagiado el CODE" o "ese representante era mío". Sinceramente, me da igual quién ha plagiado el CODE de quién, es lo que menos me importa con tal de que nadie plagie un capítulo de otra persona. Ante todo quiero que os lo paséis bien jugando y manipulando a vuestros personajes.

ACLARACIONES:
Cada "descripción" (por así llamarlo) de las chicas tiene un doble sentido. Estas "descripciones" NO se pueden cambiar.
El chico, la representante y el nombre del personaje son modificables tanto ahora como después de las audiciones, pero NO a mitad de la novela.
El rol NO se puede cambiar. Aunque si se te ocurre otro diferente con una "descripción" parecida a las que he puesto arriba, estoy abierta a sugerencias.
El gif es de la película Dear John pero NO tiene nada que ver con la novela.
Como ya he puesto, no me importa que uséis CODE, pero eso no quiere decir que las que pongan CODE tengan más ventajas. Con tal de que quede bonito (aún sin CODE) y legible me sirve.
___________________________________________
¡HOLA! Aquí Claudia/MissNothing con otra novela. Es mi primera novela colectiva, so... tampoco seáis malas conmigo. No he escrito muchas reglas porque no me parecían tan indispensables. Obviamente cuando escoja a las chicas pondré unas nuevas reglas más acordes a la novela.
Aún así espero que os guste la trama (tampoco es tan mala... ¿no?) e intentéis participar. Nada más por ahora. No se me dan bien las despedidas, así que simplemente voy a dejar de escribir.
Ahora...
Ahora...
Ya.
Ese "ya" era lo último.
Ah... mierda.
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por heartcore. el Sáb 19 Oct 2013, 12:28 pm

¿NADIE? :meh: 
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por heartcore. el Sáb 19 Oct 2013, 12:43 pm

SÉ QUE QUERÉIS AUDICIONAR.
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por Zarry HorTomPay :) el Lun 21 Oct 2013, 4:49 pm

Tranquila girl, ya llegué yo :meh:Soy Aida y vengo a audicionar para la impetuosa, pero ni idea de con qué chico o chica, ajsksjk, ya verás mi ficha sorpresa También tengo una pregunta, ¿En la ficha sólo ponemos la imagen de nuestra la representante y el chico, junto a un capítulo nuestro? ¿No hace falta poner la personalidad ni nada por el estilo?
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por heartcore. el Mar 22 Oct 2013, 2:16 am

Zarry HorTomPay :) escribió:Tranquila girl, ya llegué yo :meh:Soy Aida y vengo a audicionar para la impetuosa, pero ni idea de con qué chico o chica, ajsksjk, ya verás mi ficha sorpresa :A:También tengo una pregunta, ¿En la ficha sólo ponemos la imagen de nuestra la representante y el chico, junto a un capítulo nuestro? ¿No hace falta poner la personalidad ni nada por el estilo?
¡HOLA, PRECIOSA!
Ya creía que me iba a quedar con la idea sin poder hacer novela.
Sólo el capítulo y la representante con su chico. No, no hace falta. La personalidad, el físico y la historia de la chica se van a ver en la novela, ya que cada una escribirá el capítulo de su personaje, no el de los demás. Y... bueno, hay muchas más cosas que, cuando tenga los resultados y haga el muro de la novela y la novela, pondré.
Audiciona por quien quieras, puede ser de TW, de 1D, de Janoskians... Quien quieras. Aadsdjasjdaksdkla. Espero tu ficha.  
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por Zarry HorTomPay :) el Mar 22 Oct 2013, 7:44 am

Ficha pocha D:
Raise Zephire Chevalier.


Kristen Stewart |  La impetuosa:
La navidad estaba por todas partes. Mirase donde mirase. 
Cuando paseaba por las calles, mirando la cara de los niños, éstos corrían libremente por el parque, sin miedo al frío y con la ilusión en sus ojos. 
Hacía tiempo que la navidad ya no era una novedad para mí. Sólo era un día más donde estar con la familia pero, tampoco tenía eso. Ahora, estaba sola en un frío apartamento, no me reencontraría con mi familia, hasta fin de año.
Quedaban muy lejos aquellos días de creer en los milagros navideños.
Di varias vueltas en mi pequeño sofá, era día veinticuatro y aquella noche a las doce, muchas familias, parejas, amigos se desearían feliz navidad.  
Miré a mí alrededor y decidí darle un poco de alegría a aquel triste apartamento. Cogí un anorak y salí por aquella puerta. Las tiendas seguían abiertas aunque, hoy cerrarían más pronto. Me acerqué al centro y entré en un pequeño establecimiento de decoraciones.
Estaba vacío, muchas personas iban con prisa a comprar juguetes para sus hijos y comida para su espectacular cena navideña. En caja, había una joven muchacha asiática sonriente que clavaba en mí, sus rasgados ojos. 
Cogí algunas decoraciones y un curioso peluche en forma de reno. 

–Esta noche es nuestra, pequeño. – Murmuré sonriente a aquel adorable peluche. Él sería mi única compañía en el día de hoy. 


Me acerqué a caja y pagué aquellos complementos. Sonreí modestamente y salí con una bolsa que se rompió nada más girar la esquina. 

–Maldita suerte la mía…– Suspiré, haciendo de mi bocanada de aire una pequeña nube.

Llevé la bolsa como si fuese una de aquellas bolsas americanas. Abrazada a ella, sentía el suave tacto de aquel pequeño peluche.  
Era tarde, las tiendas ya estaban cerrando. Había salido justo a tiempo para comprar todo aquello. Si hubiese tardado un poco más, no lo hubiese logrado.
Entré en el edificio y, posteriormente,  entré en mi apartamento.  Dejé la bolsa en la mesa y empecé a decorar la habitación. La habitación empezó a tomar un nuevo color, una nueva luz. Sonreí ingenuamente. Sería verdad que la navidad es una época llena de alegría. 
Puse aquel curioso peluche en la entrada y le sonreí.

–Espero que Papá Noel se alegre de encontrarte.– Sonreí.  –Aunque, eso no vaya a pasar.–

Me retiré y encendí el televisor. Los canales estaban llenos de programas grabados hace tiempo pero, que se emitían en este día. Era mejor que nada; aunque, a veces, me entraban ganas de coger un DVD y cambiarlos por una película cualquiera.
Mi teléfono empezó a sonar vivazmente. No tenía mucha prisa en cogerlo. Seguramente, era mi madre preguntando por cómo se presentaba aquella noche. Me equivocaba. Su nombre estaba escrito en la pantalla y el móvil empezaba a sonar más fuerte. Una cálida sensación invadió mi corazón. ¿Podría ser posible…?

–¿Zayn?– Descolgué y esperé encontrar su voz.
–¡Por fin contestas!– Una melodiosa y femenina voz sonó desde el otro lado. –¡Soy Eleanor! ¿Qué estás haciendo ahora?–
–¿Eleanor…? ¿Qué haces con el móvil de…?– Muchas preguntas venían a mi cabeza. 
–¡Harry!– Gritó. –¡No! Esa bandeja tiene que estar hacía el otro lado. ¡Tiene que estar todo perfecto!

¿Harry? ¿Eleanor? ¿Móvil de Zayn? Poco a poco, las piezas iban encajando y las dudas se disipaban. Se estaban reuniendo para celebrar algo pero, su llamada…

–Perdona...– Habló nuevamente. –¿Qué estabas haciendo?–
–Realmente, no estaba…– Empecé a explicarme.
–¡Oye! Me vas a gastar el dinero de mi teléfono.– Se oyó replicar su fogosa voz. Ahí estaba; él también, Zayn.
–¡Shhht! Dejad de distraerme.– Sentenciaba Eleanor. –Oye, ¿Quieres venir? Vamos a celebrar la navidad en la trastienda de Louis. Lo estamos colocando todo y… ¡Louis dale eso a Zayn, por favor!– Se interrumpía ella misma. –Bueno, ¿Qué me dices?– Pude sentir como su voz transmitía una cálida sonrisa.
–¡Claro que me gustaría ir!– Exclamé. Me hacía mucha ilusión; aunque, se me hacía raro… No es que nos conociéramos mucho pero, fue un noble acto por parte de Eleanor. Sólo tenía un problema. –Pero, … Yo no sé dónde queda esa tienda exactamente.–
–¡Tranquila no hay problema!– Exclamó. Tapó un poco el móvil pero, se le escuchó claramente hablar. –¡Zayn ve a buscarla!–
–¿Qué? ¿Por qué tengo que ir yo?– Se quejaba el moreno. –¡Que vaya Harry!–
–¿Eh?– Exclamó Harry. –Por mí, no hay problema pero, … Estoy ayudando a Louis, Niall y Liam con esto.–
–¡No! Zayn, agarra lo que te dio Louis y ve.– Le ordenó Eleanor. Realmente, era una chica clara y estricta. Muy convincente. Destapó el móvil y volvió a hablarme. –¿Estás? Ahora te mando a Zayn, en media hora está ahí. ¡Zayn espabila!– Exclamó finalmente.  –¡Hasta ahora!–
–Hasta…– No me dio tiempo a acabar la frase. Al otro lado, sólo se oía un repetitivo y molesto sonido. –¿Qué ha pasado?– Me pregunté. Bajé mi teléfono y miré mi reflejo. –¡Oh no! ¡Tengo que arreglarme un poco!–

Fui a mi habitación y revolví todo el armario. No podía ponerme excesivamente elegante, ni tampoco totalmente informal. No sabía que elegir y el reloj, cada vez, marcaba una hora más próxima a la llegada de aquel moreno que hacia temblar mis piernas.
Finalmente, me puse unas medias lanosas grises y recogí un largo jersey negro que caía suavemente de un hombro. El calzado que me acompañaría serían unas cómodas botas altas negras.  
Corrí rápidamente. Fui al baño. Me peiné. Probé miles de peinados pero, me amargué y acabé por volcarme todo el cabello hacía un lado. Me maquillé los ojos más detalladamente de lo que solía hacer e incluso remarqué mis labios con un tono bastante rojizo. Ya estaba lista.

–¡Tiempo récord!– Suspiré. Me senté en el sofá. Esperaba el momento con los nervios a flor de piel. Tenía todo preparado. Sólo tenía que oír el timbre, exclamar un “ya voy” y salir. Pero, a la salida estaría él. Aquel moreno que me tenía loca.

El timbre sonó. Pegué un brinco, recogí las cosas y cogí el telefonillo con el pulso temblando.

–¿Sí?– Pregunté. “¡Estúpida!” murmuró mi consciencia. ¿Para qué preguntaba? Sólo podría ser él.
–Soy yo.– Sentenció algo malhumorado.  –Baja, anda.–
–Voy…– Colgué y me puse una chaqueta gorda. Busqué las llaves en el bolso y abrí la puerta.

La puerta se fue cerrando, poco a poco, puse la llave para cerrarla bien. De repente, ante mis ojos estaba aquel reno de peluche. Sonreí, con una amplia sonrisa.

–Parece ser que los milagros existen después de todo…– Le confesé, figurándoseme que me contestaba con una sonrisa ingenua.

Salí por el portal y ahí estaba. Mirando al cielo estrellado con sus castaños ojos. Las bocanadas de aire de su boca salían lentamente. Oyó la puerta cerrar y miró hacia mí. Su fría mirada se encontró, nuevamente, con la mía. Otra vez, solos. Otra vez, tú y yo.

–Buenas. Disculpa por…– Empecé a tartamudear.
–Toma.– Dictó. Tendiéndome una bolsa. –Eleanor y Danielle me dijeron que era indispensable…– Suspiró molesto. –Que chicas más molestas…– Murmuré.


Abrí aquella bolsa. En ella, había dos graciosos gorros de navidad. Uno simple y el otro con cuernitos de reno incluidos. Me eché a reír ingenuamente, saqué el segundo y comenté.


–¡Son adorables!– Le enseñé a Zayn. 
–¡Son horribles!– Exclamó él. Seguí riéndome. –¿Qué te parece tan gracioso?– Preguntó.

Cogí el gorro y me lo puse en la cabeza. Le tendí la bolsa a Zayn y sonreí.


–Sólo te imaginaba con el gorro puesto…– Murmuré y sus cejas fueron frunciéndose. –Pero, no creo que seas capaz de ponértelo.– Le tenté.
–¡Por supuesto que no! No porque no sea capaz. Simplemente, porque me parecen horribles.– Cogióla bolsa y echó a andar. –Venga, vamos.–

Le seguí desde atrás. El joven llevaba un anorak negro y unos pantalones negros. Sus bambas rojas y blancas pero, vislumbré una camisa blanca, tras aquel anorak. Zayn, se había arreglado mínimamente para el momento. Seguramente, Eleanor o Danielle le habrían obligado. Volví a sonreír. 
Era mágico pasear por esas calles llenas de ilusión y color con él. Zayn se detuvo en el semáforo para pasar. Yo calculé mal y me golpeé con su espalda, por culpa de mi falta de atención.

–Perdona…– Murmuré. Realmente, era un chico alto y corpulento. Cada vez que lo miraba me gustaba más.


Zayn me miró de reojo, se giró lentamente. Con su mirada me contempló detenidamente. Me eché las manos a la cara y empecé a soplar. Se me había olvidado equiparme unos guantes y empezaba a tenerlas congeladas. El semáforo cambió a verde. 

–Ya podemos…– Empecé a murmurar. 


Zayn se giró por completo y agarró mi mano. La puso en su cara y la mía cambió de color completamente. Su cálida y fina tez ardía comparada con mis gélidas manos. El chico cerró los ojos y deslizó suavemente su mano junto a la mía.

–Estás helada. Te has arreglado tanto y, no has pensado en unos guantes?– Preguntó con la cara seria.
–No, bueno… Se me pasó por alto y…– Mis ojos fueron descendiendo y clavándose en nuestras entrelazadas manos. –Y...–

Zayn sonrió con su perversa sonrisa. Tiró levemente de mi mano y se la metió en el bolsillo junto a la suya. Echó a andar y yo tras él.

–Vamos, antes de que el semáforo se ponga rojo de nuevo.– Comentó. Andando como siempre. Como si no sucediera nada.

Aquel paso de peatones se me hizo eterno. El semáforo parpadeó, volvió a cambiar de color. Está vez, me sentía más identificada con él. Empecé a sonreír estúpidamente. Era como si el frío no hubiese existido nunca. Debajo de aquella gorda capa de ropa nuestras manos estaban unidas. Su mano cubría la mía sin problema alguno y, la mía, ingenua como yo, empezaba a temblar un poco. El moreno no preguntó el porqué. Seguramente pensaba que era por el frío pero, el culpable era él. Siempre él.
Llegamos al local. Zayn dejó su mano salir y soltó la mía fuera del bolsillo.

–Es aquí.– Dijo. Agarró y picó la cobertura de metal que usaban las tiendas para evitar robos.

La puerta empezó a abrirse. El tiempo que tardó fue suficiente para disfrutar de aquel momento que acababan de regalarme. Eché mi mano a la cara y me acaricié con su dorso. La sonrisa en mi rostro parecía ser permanente. 
La calidad esencia y el varonil aroma de Zayn, envolvían aquella pequeña parte de mi cuerpo. Sólo una voz, la suya, pudo despertarme de lo que se me estaba empezando a figurar como un sueño.

–¿Vamos?– Preguntó el moreno. 

Lo seguí, pasé por aquella puerta y un chico con el mismo color de ojos que Louis pero, de cabello rubio me sonrió. Se quedó cerrando la puerta y yo seguí a Zayn.

–¡Por fin llegas!– Exclamó Eleanor. –¿Y el gorro?– Agarró su bolsa. –¡Zayn póntelo! ¡Mira ella lo lleva puesto!–


Entré en una trastienda decorada con amor e ilusión. Eleanor le gritaba a Zayn y éste se defendía. Harry sonreía y Louis, Liam, Niall y Danielle se incorporaba a seguir colocando cosas.
Junté mis manos, como dos polos opuestos que se atraían. Mezclando la temperatura de ambas y tapándome la sonrisa con ellas.

–Feliz navidad, pequeña…– Me murmuré, increíblemente feliz.
–¡Oye!– Gritó Zayn, sacándose el anorak. –No te quedes ahí y pasa.– Sentenció.

Asentí con la cabeza y entré en aquel pequeño Edén, lleno de una efímera y curiosa felicidad.
Zayn Malik | El mujeriego:
Parte dos.
Capítulo Once.




/recuerdos de Zayn/


Me perdí en sus ojos azulados. En esos ojos tan vivos, tan resplandecientes.
Desde el primer momento en que la vi, supe que ella estaba hecha para mí.
Era alegre, todos los chicos perdían la cabeza por ella y su cuerpo.
Estaba en el instituto, era un par de años mayor que yo pero, eso no me detuvo.

–¿En qué piensas ahora?– Su voz interfirió en mis pensamientos. –Siempre en tu pequeño mundo, Zayncito.– Pese a que odiaba esos sobrenombres, en su voz sonaba perfectamente tierno y dulce.
–Lo siento, pierdo la cabeza cuando estoy contigo.– La besé suavemente en el cuello y empecé a deslizar mi lengua por su clavícula. Su angelical sonrisa podía romper mis tímpanos, la sentía cerca de mi oído, ella estaba ahí, estaba conmigo. –¡Para! Sabes que me haces cosquillas.– La chica de melena rubia, miró el reloj. –Vaya... Se me ha hecho muy tarde. Tengo que irme.–

La abracé, no la quería dejar escapar de mis brazos. Se veía tan frágil, tan pequeña... Sólo tenía ganas de abrazarla fuerte, nada más.

–Zayn, venga vamos... Tengo que irme... De verdad.– Me besó en la mejilla.
–Hoy no te vas a ir tan fácilmente y lo sabes...– Le mordí suavemente el lóbulo de su oreja, sabía que le encantaba. Enterré mis manos en su calido cuerpo. La besé, la besé muchísimo. –No te puedo dejar ir tan fácilmente.– Le murmuré.

Sus risas sonaron en eco, gritó mi nombre, sus jadeos me ponían loco. Nadie me había llenado tanto como ella…

–Te amo.– Susurré.


En la oscuridad, antes del amanecer, me encontré nuevamente esperando su “yo también”. Ella no estaba ahí. Ya hacía tiempo que se había ido.
Me levanté, posé mis pies en el frío suelo. La cabeza me daba vueltas.
La noche anterior, había bebido como nunca... No era tan fácil olvidarla.
Me senté en el sofá, me eché las manos a la cabeza, apreté fuerte... Parecía que iba a explotar. Cuando abrí los ojos, ahí estaba. Una pequeña revista local de rock. En primicia el cotilleo del día. ¿Qué tienen esos otros labios que no tengan los míos?
Arrojé la revista contra la pared. La rabia me invadió por dentro. Todo el calor que pude sentir un día; ahora, me volvió frío. Y, es que nadie, nunca, me había dejado tan vacío.
Su cariño había desaparecido, su cuerpo le pertenecía a otro pero, no sólo eso, su sonrisa ya no era para mí. Después de todo el tiempo que pasamos juntos... Se fue con un famosillo cantante de la zona y ahí estaba, en aquella revista, cómo el muy imbécil mostraba abiertamente su relación.
Celos. Siempre fueron los celos. Siempre fui una mierda de persona, un egoísta, un seco, un borde... Estoy solo, desde hace mucho tiempo. Demonio era mi única compañía.
El animal posó su cabeza en mis pies y relamía mis manos suavemente.

–Estoy bien pequeño... Estoy...–

Unas lágrimas descendieron  lentamente por mis mejillas. No pude ni acabar la frase. ¿A quién quería convencer? Lo había dado todo, lo mejor de mí. Por alguien que sólo buscaba ser reconocida frente a los demás. Alguien que sólo buscaba fama. ¿Una buscona? No tenía palabras...
«La culpa no es de ella, es tuya. Eres un maldito cobarde.» Resonó en mi cabeza.

–¿Qué parte de todo aquello fue real?– Susurré, esperando una respuesta. Miré la revista de reojo. –Sólo necesito que me digas que tus palabras eran sinceras... Sólo dímelo...–

Miré al blanco techo, las lágrimas corrieron por mis mejillas. Cambié lo que pude, di lo mejor de mí. ¿De qué me sirvió?
El corazón empezó a endurecerse día tras día. Un vacío me llenaba por dentro. Nunca nadie volvería a llenarlo... Mis palabras eran cada vez más vacías, cada vez más insensibles.

–Soy patético...– Murmuré, finalmente.




/fin de los recuerdos de Zayn/


–¿Zayn?– Tragué profundamente. La situación se puso bastante tensa. «¿Por qué tuviste que abrir la boca?» Me pregunté.

El moreno, parpadeó un par de veces. Su rostro, que siempre había sido tan varonil y fuerte, se me figuró algo delicado y débil. ¿Qué le estaba sucediendo?
Sacudió su cabeza y me miró seriamente, con una mirada fría que acompañó perfectamente a sus palabras.

–¿Amar? ¿Quién puede creer en algo así?– Acabó preguntando. –Yo creo que nadie.– Se respondió.

Zayn se incorporó y entró en una de las habitaciones. Creo que se trataba de la cocina.
Mi cuerpo quedó petrificado. ¿Quién cree en algo así? Yo creía en algo así. Los mechones que me había colocado tras la oreja se dejaron caer.
Alguien dijo alguna vez “Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal”*.
El amor es inocente al principio, te enamoras sin darte cuenta. A veces, otras personas se percatan antes que tú y la otra parte implicada. Yo sabía perfectamente que el joven moreno tenía un noséqué que me hacía perder el norte. Nunca me había parado a pensar qué era lo que él tenía pero, sabía muy bien que ese qué tampoco me importaba.
Quizás, él no se había dado cuenta; cada vez intentaba ser más próxima a él, poder algún día... ¿Gustarle siquiera? Quién sabe. Lo que era seguro es que quería conocerle mejor, saber el por qué de sus ofensivas defensas.
Un flash vino a mi cabeza y recordé aquellas frases: «Yo también tengo uno ¿Sabes? Aunque no lo parezca.» y «Sois todos iguales.».
Tardé en comprender. Sobre el corazón de Zayn pesaba una espina tan grande como una estaca. Era signo del desamor y la desesperanza. Llevaba atado a él una cadena de dolor de la cuál no quería deshacerse. Y, ese dolor, no le hacía más fuerte como el creía si no... Más débil.



/narrador omnisciente/


En la cocina el joven moreno se mojó el cuello y el rostro con agua. Miró hacia el vació y escuchó el silencio que llenaba su casa. Sus ojos avellanas se perdieron entre la nostalgia de sus recuerdos. Sus cadenas empezaron a balancearse. Él las miró con repugnancia, las agarró con fuerza... Quería arrancárselas.

–No puedo...– Murmuró.

Bajó las manos. Se mordió el labio, cogió una pequeña taza y la llenó de agua. Salió de aquel cuarto y volvió al comedor.



/narra la protagonista/


Noté su presencia, sabía que había vuelto. Un nudo en la garganta me impediría hablar con claridad. Mi cabeza tampoco pensaba muy ágil.
El joven moreno se sentó a mi lado, me tendió la taza y dijo:

–¿Quieres?– Sonrió hipócritamente, pareciendo ser fuerte. –No tengo otra cosa.– Me mordí la lengua. Asentí con la cabeza. Recogí la taza y di un sorbo.
–Vaya mierda de trabajo nos ha tocado...– Bostezó. –Será mejor que lo terminemos pronto.–

Miré mi reflejo gris en aquella taza. Mi mirada estaba perdida, sumergida en esos pensamientos de duda e incertidumbre.

–¿Estás bien?– Murmuró Zayn acercándose. Preocupado de que no reaccionara. –Oye...– Su cuerpo estaba más cerca, su cara se quedó muy próxima, posó su mano sobre mi hombro.

Puse mis ojos en los suyos. Esos ojos marrones no eran nada comparados con mi oscura lucha interior. Entreabrí los labios sin poder articular palabra. No me puse roja, pese a tenerlo tan cerca... Me sentía triste. Triste por él.
Posé mi mano sobre la suya, Zayn se quedó observando la situación, pegó un pequeño brinco. Empezaba a sentirse incómodo. Le apreté con mi fría mano, aquella mano tan caliente.

–¿Estás bien? ¿Tienes frío...?– Empezó a preocuparse más seriamente. –Oye, contesta.–
–Yo...– Empecé a murmurar.

Zayn se quedó en blanco. De todas las reacciones que podía tener una persona esa, precisamente esa, era la que menos esperaba.
Sonreí, como una ingenua. Tonta, aguantando mi dolor.
Dicen que cuando te enamoras ciegamente, pese a los celos, el egoísmo y otras derivadas, la felicidad del otro es lo que realmente debería importarte.

–Yo sí creo en él.– Concluí sonriente. Con la otra mano acaricié su rostro. Zayn empezó a esbozar una cara de debilidad aún mayor. Apreté levemente y estiré. –Lo que no mata, te tiene que hacer más fuerte, Zayn.–

Volví a incorporarme, empecé a escribir en mi portátil. Zayn se echó la mano a la cara. Le dolía. Como aquella vez en el callejón; esta vez, fui yo quién le despertó de su sueño; o más bien, pesadilla. El chico esbozó una sonrisa endemoniada. Le brillaron los ojos, frunció el ceño y estiró mi mejilla.

–¿Te pensabas que iba a quedar esto así? ¡Pues no!– Dijo, divertido. Con la boca abierta, los ojos entrecerrados, sentí que empezaba a caer mi baba por la abertura que me había generado ese permanente estirón.
–Shain eshtate crietho...– Puse mis manos en su cara. Parecíamos niños, peleándonos. –¡Mghej gueljeeeee!–

El moreno empezó a reírse de mí. Volviendo a ser el mismo Zayn que conocía. Yo intentaba darle golpes con mis manos hasta que aguantó una con las suyas. Dejó de hacer fuerza con la otra. Me miró en silencio.

–Ay... ¡Eso ha dolido, tonto!– Articulé finalmente.

Zayn apenas parpadeó. Se quedó inmóvil mirándome. Sujetando con una mano uno de mis pequeños puños. La otra, la posó sobre mi hombro y, poco a poco, fue descendiendo hasta caer en el sofá. Fue una sutil caricia pero, consiguió hacerme reaccionar. Estábamos demasiado cerca, demasiado juntos... Demasiado ¿Conectados?
Mi corazón empezó a acelerarse, cada vez más, cuanto más pensaba en que debía calmarme; más rápido latía. Temía que hasta Zayn pudiese oírlo latir con tanta fuerza.
Él se aproximo hacía mí... Tragué profundo. Fui entrecerrando los ojos. ¿A quién iba a engañar? El moreno y yo, ya nos habíamos encontrado en situaciones parecidas... Por eso mismo, no quería hacerme la ilusión de que nos iba a unir un fogoso beso. Eso no podría pasar en esa situación por mucho que lo desease.
Zayn sopló, levemente, en mis ojos. Los cerré de la impresión. Soltó mi mano lentamente y se incorporó.

–¿A quién llamas tonto?– Resopló. –Vamos a acabar esto, antes que se nos haga tarde.– Concluyó seriamente.

Lo sabía. Nunca, nunca... Por muy desmotivante que sonara, nunca podría esperar de sus labios una reacción mejor a las que ya había recibido. Por mucho que lo quisiera.
Solté toda la presión exhalando el aire que había retenido. Empecé a teclear...
Por muy raro que sonase, Zayn tenía ideas muy buenas a la hora de interpretar el poema. Debía ser la costumbre, por componer canciones. Aunque su manera de expresarse dejara mucho que desear, conseguimos congeniar perfectamente y acabar el trabajo mejor de lo que esperábamos.
Miré la ventana y ya se veía más oscuro que de costumbre. Se oía algún tímido sonido de lluvia. Habíamos estado tan compenetrados y concentrados en el tema que apenas nos fijamos en nada más. Miré el reloj, era algo tarde, la hora de cenar. Quizás, empezaba a ser hora de marcharse. Al trabajo sólo le hacia falta una relectura para corregir pequeños fallos.
Me estiré y sonreí.

–¿Ves que no ha sido tan difícil?– Le acabé preguntando.
–Menos mal que ya está.– Zayn echó un vistazo al reloj del portátil. –Uf, ya decía yo que tenía hambre.– Se pasó la mano por la barriga.
–Bueno, empieza a ser hora que me empiece a ir, entonces.– Realmente, me moría de ganas que el moreno me insistiera en que me quedara con él pero, simplemente bostezó y se quedó mirando como recogía. «Qué poco cortés eres» Pensé.

Las luces empezaron a parpadear un poco. Miré a Zayn y seguidamente los dos miramos hacia la ventana. Empezó a sonar una lluvia un poco más agitada que la que nos había acompañado durante todo el trabajo.

–No fastidies...– Murmuré.

La luz se fue. En esa pequeña sala solo nos iluminaba la luz de las farolas. Miré a Zayn con cara de preocupación. El joven moreno no me había ofrecido que me quedase aún... Una rabia interna empezó a fluir en mi, suspiré intentándome calmar. ¿Es que a caso iba a dejar que me fuese con ese panorama?
Sus ojos se quedaron mirando la ventana y se entrecerraron. Suspiró.

–Oye, Zayn...– Empecé a entonar, dispuesta a echarle un pequeño sermón sobre modales.
–¿Te gusta la pasta?– Me interrumpió.



{...}


Sin querer darme cuenta, estábamos los dos comiendo una pasta fría de la nevera. No me disgustaba, prefería esa clase de comida más como ensalada y no como plato caliente. Le había puesto algo de tomate y queso. Zayn apenas ponía pegas y parecía comerse cualquier cosa. ¿Era eso parte de su rutina?
En silencio, a la luz de una vela casi destrozada, comimos juntos. No podía parar de sonreír ingenuamente. ¿El karma me había empezado a querer un poco?
Ambos acabamos de saborear la comida, yo no pude con todo, el estomago se me había cerrado bastante entre la emoción y los nervios. Zayn se incorporó a llevar su plato.

–Espera, te ayudo a recoger...– Me levanté dispuesta a seguirle con mi plato y vaso.

Una de las cosas que me había enseñado mi madre, era el típico hecho de: “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Muchas veces, creía que tenía razón, pensaba que todo tiene su recompensa y su castigo.
Me incorporé y anduve apenas medio comedor. Un mal presentimiento recorrió por mi cuerpo. Demonio, el pequeño gran diablillo de la casa, se relamía el hocico y empezó a acelerar su paso hacia a mi. Retrocedí un poco.

–¿Demonio…? Tranquilo, chi... ¡Aaaaaaaah!– Grité muy fuerte.

Un tremendo ruido se oyó por todo el piso. Zayn salió de la cocina rápidamente para averiguar que era lo que había sucedido.

–¿Qué ha…?– Sus mejillas se inflaron, escupió una enorme carcajada. Se echó a reír desesperadamente. –¿Demonio que has hecho?– Prosiguió riendo.

Estaba tendida en el suelo, el plato estaba encima de mi ropa. Demonio relamía mis brazos y parte del suelo. Con la cara hinchada, sentí la sensación que debió sentir Verónica cuando le deleité con la misma situación. Ni más, ni menos. El juguetón Demonio me había devuelto mi jugarreta. Miré mi ropa, estaba bastante sucia. La situación no me ayudaba de ninguna manera.
Ayudé a Zayn a recoger todo el estropicio, Demonio quedó castigado en el recibidor. El joven moreno no podía aguantarse la risa y, algunas veces, volvía a reírse solo. Yo, simplemente, quería esconderme de mi desgracia. No había forma que pudiera darle una buena imagen de mí. Me quedé de pie, esperando a que se secara un poco mi ropa. Zayn apareció con una camisa que se veía bastante grande.

–Toma, ponte esto y dame lo que llevas.– Me la tiró y recogí al aire.
–Gracias... Pero, no hace falta...– Murmuré nerviosa.
–Vamos, eres una chica, seguro que no te gusta ir así por la calle.– Me miró de arriba a bajo. –Y encima con esa lluvia. ¡Eso sí que sería todo un show!– Se echó a reír maliciosamente y me señaló con la mano el baño.

Su fragancia no era ni dulce, ni violenta. Zayn olía bien. Olía a hombre, tenía un aroma muy peculiar. Aquella camisa desprendía el mismo perfume que toda su ropa. Me quité los pantalones y la camiseta, los doblé. En aquel espejo me visioné y repasé mi cuerpo. Me había puesto una ropa interior bonita, ahora me había dado cuenta. ¿Qué se me había pasado por la cabeza? Seguramente, lo había hecho adrede. Un conjunto sencillo y negro, tampoco era algo sobresaliente pero, sí bastante aceptable para la función que podría desempeñar. Me puse la camisa y fui abrochando los botones, poco a poco. Cerré los ojos y me imaginé abrochándoselos a Zayn de la misma forma.

–Lo que no me pase a mí...– Suspiré.

Me miré al espejo. Un aspecto bastante deplorable. Siempre sabía como dar la peor imagen delante de Zayn. No es que tuviese altos complejos de mi cuerpo pero, todos tenemos defectos. Y, personalmente, me daba mucha vergüenza ir por ahí enseñándolos.
La “larga” camisa, resultó no ser tan larga, sobraba aún media pierna para llegar a la rodilla. ¿Lo habría hecho apropósito?

–¿Za-Zayn?– Salí del cuarto de baño con la ropa cogida con una mano y la otra estirando la camisa para abajo todo el rato.

Zayn apareció y le tendí la ropa sin apenas mirarle. El chico arqueó las cejas, mezcló algo que llevaba en las manos con mi ropa para lavarlo.

–Vaya...– Se mordió el labio inferior y me hizo un descarado repaso. –No pensaba que le fuese a encontrar un uso tan útil a esa camisa que me regaló mi madre.– Sonrió, arqueó las cejas insinuando algo y se marchó.

Me fui al comedor. Me senté como pude en el sofá. «Cálmate, cálmate…¡Cálmate, por favor!» Mi cabeza iba estallar. La situación se estaba yendo de mis manos. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podía pasearme así frente al chico que me gustaba? Dios, los nervios y la vergüenza se apoderaban de mí. «Sé valiente, sé valiente...» Acabé dictándome y suspiré.
Toda aquella situación se me asemejaba a una comedia romántica barata, ¿Por qué tenía que pasarme eso justamente hoy?
Una manta cayó sobre mí. Zayn me miró desde lo alto, tras el sofá.

–Eso no se va a secar.– Añadió.
–¿Pero...?– Entonces, «¿Qué iba a hacer yo?» Pensé.
–Está lloviendo, ¿Qué esperabas?– Se cruzó de brazos.

Cogí el móvil y miré la hora. El tiempo se nos había ido de las manos, ya casi eran las doce de la noche. No tenía ropa para irme y estaba lloviendo. Estaba en la casa del chico que me gustaba, con su ropa puesta... ¿Qué más podía pedir? Claramente, la situación no era perfecta pero, me estaba surgiendo una oportunidad. Aunque, no me veía muy convencida de que debiera aprovecharla.

–¿Qué hora es?– Me preguntó.
–Las doce, casi...– Respondí, suspirando. Zayn, soltó un frustrado suspiro y me miró con los brazos cruzados.
–Siéntete afortunada, puedes quedarte ahí esta noche, si quieres.– Bostezó. –No todo el mundo puede dormir en mi casa.– Sonrió pícaramente, dándole un doble sentido a la frase.

¡Zayn! Maldito moreno seductor. Me mordí el labio. Le encantaba jugar con fuego, sin saber que el fuego te quema. Estaba bien. Mi orgullo salió a flote. Si a él le gustaba jugar conmigo, que ya llevaba unas cuantas acumuladas, era hora de devolverle la jugada. Pero, primero, tenía que plantarle cara.

–¡Eres muy descortés!– Me puse de pie y lo miré desafiante. Zayn abrió los ojos como platos.
–¿Perdona?– Frunció las cejas, como si no le hubiese hecho gracia. Hinché mis mejillas me acerqué a él y le dije, por muy infantil que sonara:
–¿Por qué tengo que dormir en el sofá? Y...– Miré la puerta del recibidor, el chico la había abierto ya y Demonio estaba ansioso de entrar cuando su dueño se marchara. –¿Y si Demonio se me echa encima desafiantemente? ¡Piensa un poco!– Me puse a dar botes. Cuando me irritaba mucho tendía a ponerme muy hiperactiva. Una actitud muy contraria a la que tenía con los enfados porque,  por muy estúpido que suene, la manera de calmarlos era a través del llanto.

La cara de Zayn era un poema. Resopló con una carcajada ahogada. Me miró y volvió a resoplar. Señaló con su dedo hacía mi cuerpo y sentenció.

–Te esperaba algo... Distinta.– Seguí su señal. Algunos botones desabrochados dejaban ver de más y, además, los botecitos seguramente ayudaron a que eso sucediera.

El moreno sonrió maliciosamente. Le di un pequeño empujón y me metí en su habitación. Le saqué la lengua.

–¡Pervertido!– Le cerré la puerta en la cara y la mantuve aguantando por si intentaba entrar. Escuché a Zayn resoplar.
–¡Si querías dormir en mi cama, sólo tenías que decirlo! ¡No hacía falta hacer tanto teatro!– Se escuchó un ruido pequeño, como si se apoyase contra la puerta. –¿Quién tiene la mente pervertida ahora?–
–¡No te escucho! ¡Buenas noches!– Miré el interior de la habitación. Era un caos, lleno de su ropa y cosas tiradas, su guitarra también estaba ahí, en un rincón. De fondo, Zayn se echó a reír y llamó a Demonio. Escuché como se sentaba en el sofá. Me acomodé en su cama y sonreí. –Gracias...– Murmuré; mientras, acariciaba su almohada.



{...}


Aquella misma noche, pensé que nunca iba a acabar. El olor de Zayn estaba en cada rincón, aquellas sábanas también lo habían envuelto a él. Me sentía en un pequeño Edén. No podía dormir, quería disfrutar de toda aquella fragancia y situación. Quizás, nunca más podría dormir en esa cama... Quizás, yo no sería la chica que Zayn besaría con pasión ahí mismo. Por eso, sólo me quedaba aprovechar aquel momento, para almacenar todos aquellos detalles tan suyos que... Nunca me pertenecerían.

*Madre Teresa de Calcuta (1910-1997).
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por heartcore. el Miér 23 Oct 2013, 7:55 am

Zarry HorTomPay :) escribió:
Ficha pocha D:
Raise Zephire Chevalier.


Kristen Stewart |  La impetuosa:
La navidad estaba por todas partes. Mirase donde mirase. 
Cuando paseaba por las calles, mirando la cara de los niños, éstos corrían libremente por el parque, sin miedo al frío y con la ilusión en sus ojos. 
Hacía tiempo que la navidad ya no era una novedad para mí. Sólo era un día más donde estar con la familia pero, tampoco tenía eso. Ahora, estaba sola en un frío apartamento, no me reencontraría con mi familia, hasta fin de año.
Quedaban muy lejos aquellos días de creer en los milagros navideños.
Di varias vueltas en mi pequeño sofá, era día veinticuatro y aquella noche a las doce, muchas familias, parejas, amigos se desearían feliz navidad.  
Miré a mí alrededor y decidí darle un poco de alegría a aquel triste apartamento. Cogí un anorak y salí por aquella puerta. Las tiendas seguían abiertas aunque, hoy cerrarían más pronto. Me acerqué al centro y entré en un pequeño establecimiento de decoraciones.
Estaba vacío, muchas personas iban con prisa a comprar juguetes para sus hijos y comida para su espectacular cena navideña. En caja, había una joven muchacha asiática sonriente que clavaba en mí, sus rasgados ojos. 
Cogí algunas decoraciones y un curioso peluche en forma de reno. 

–Esta noche es nuestra, pequeño. – Murmuré sonriente a aquel adorable peluche. Él sería mi única compañía en el día de hoy. 


Me acerqué a caja y pagué aquellos complementos. Sonreí modestamente y salí con una bolsa que se rompió nada más girar la esquina. 

–Maldita suerte la mía…– Suspiré, haciendo de mi bocanada de aire una pequeña nube.

Llevé la bolsa como si fuese una de aquellas bolsas americanas. Abrazada a ella, sentía el suave tacto de aquel pequeño peluche.  
Era tarde, las tiendas ya estaban cerrando. Había salido justo a tiempo para comprar todo aquello. Si hubiese tardado un poco más, no lo hubiese logrado.
Entré en el edificio y, posteriormente,  entré en mi apartamento.  Dejé la bolsa en la mesa y empecé a decorar la habitación. La habitación empezó a tomar un nuevo color, una nueva luz. Sonreí ingenuamente. Sería verdad que la navidad es una época llena de alegría. 
Puse aquel curioso peluche en la entrada y le sonreí.

–Espero que Papá Noel se alegre de encontrarte.– Sonreí.  –Aunque, eso no vaya a pasar.–

Me retiré y encendí el televisor. Los canales estaban llenos de programas grabados hace tiempo pero, que se emitían en este día. Era mejor que nada; aunque, a veces, me entraban ganas de coger un DVD y cambiarlos por una película cualquiera.
Mi teléfono empezó a sonar vivazmente. No tenía mucha prisa en cogerlo. Seguramente, era mi madre preguntando por cómo se presentaba aquella noche. Me equivocaba. Su nombre estaba escrito en la pantalla y el móvil empezaba a sonar más fuerte. Una cálida sensación invadió mi corazón. ¿Podría ser posible…?

–¿Zayn?– Descolgué y esperé encontrar su voz.
–¡Por fin contestas!– Una melodiosa y femenina voz sonó desde el otro lado. –¡Soy Eleanor! ¿Qué estás haciendo ahora?–
–¿Eleanor…? ¿Qué haces con el móvil de…?– Muchas preguntas venían a mi cabeza. 
–¡Harry!– Gritó. –¡No! Esa bandeja tiene que estar hacía el otro lado. ¡Tiene que estar todo perfecto!

¿Harry? ¿Eleanor? ¿Móvil de Zayn? Poco a poco, las piezas iban encajando y las dudas se disipaban. Se estaban reuniendo para celebrar algo pero, su llamada…

–Perdona...– Habló nuevamente. –¿Qué estabas haciendo?–
–Realmente, no estaba…– Empecé a explicarme.
–¡Oye! Me vas a gastar el dinero de mi teléfono.– Se oyó replicar su fogosa voz. Ahí estaba; él también, Zayn.
–¡Shhht! Dejad de distraerme.– Sentenciaba Eleanor. –Oye, ¿Quieres venir? Vamos a celebrar la navidad en la trastienda de Louis. Lo estamos colocando todo y… ¡Louis dale eso a Zayn, por favor!– Se interrumpía ella misma. –Bueno, ¿Qué me dices?– Pude sentir como su voz transmitía una cálida sonrisa.
–¡Claro que me gustaría ir!– Exclamé. Me hacía mucha ilusión; aunque, se me hacía raro… No es que nos conociéramos mucho pero, fue un noble acto por parte de Eleanor. Sólo tenía un problema. –Pero, … Yo no sé dónde queda esa tienda exactamente.–
–¡Tranquila no hay problema!– Exclamó. Tapó un poco el móvil pero, se le escuchó claramente hablar. –¡Zayn ve a buscarla!–
–¿Qué? ¿Por qué tengo que ir yo?– Se quejaba el moreno. –¡Que vaya Harry!–
–¿Eh?– Exclamó Harry. –Por mí, no hay problema pero, … Estoy ayudando a Louis, Niall y Liam con esto.–
–¡No! Zayn, agarra lo que te dio Louis y ve.– Le ordenó Eleanor. Realmente, era una chica clara y estricta. Muy convincente. Destapó el móvil y volvió a hablarme. –¿Estás? Ahora te mando a Zayn, en media hora está ahí. ¡Zayn espabila!– Exclamó finalmente.  –¡Hasta ahora!–
–Hasta…– No me dio tiempo a acabar la frase. Al otro lado, sólo se oía un repetitivo y molesto sonido. –¿Qué ha pasado?– Me pregunté. Bajé mi teléfono y miré mi reflejo. –¡Oh no! ¡Tengo que arreglarme un poco!–

Fui a mi habitación y revolví todo el armario. No podía ponerme excesivamente elegante, ni tampoco totalmente informal. No sabía que elegir y el reloj, cada vez, marcaba una hora más próxima a la llegada de aquel moreno que hacia temblar mis piernas.
Finalmente, me puse unas medias lanosas grises y recogí un largo jersey negro que caía suavemente de un hombro. El calzado que me acompañaría serían unas cómodas botas altas negras.  
Corrí rápidamente. Fui al baño. Me peiné. Probé miles de peinados pero, me amargué y acabé por volcarme todo el cabello hacía un lado. Me maquillé los ojos más detalladamente de lo que solía hacer e incluso remarqué mis labios con un tono bastante rojizo. Ya estaba lista.

–¡Tiempo récord!– Suspiré. Me senté en el sofá. Esperaba el momento con los nervios a flor de piel. Tenía todo preparado. Sólo tenía que oír el timbre, exclamar un “ya voy” y salir. Pero, a la salida estaría él. Aquel moreno que me tenía loca.

El timbre sonó. Pegué un brinco, recogí las cosas y cogí el telefonillo con el pulso temblando.

–¿Sí?– Pregunté. “¡Estúpida!” murmuró mi consciencia. ¿Para qué preguntaba? Sólo podría ser él.
–Soy yo.– Sentenció algo malhumorado.  –Baja, anda.–
–Voy…– Colgué y me puse una chaqueta gorda. Busqué las llaves en el bolso y abrí la puerta.

La puerta se fue cerrando, poco a poco, puse la llave para cerrarla bien. De repente, ante mis ojos estaba aquel reno de peluche. Sonreí, con una amplia sonrisa.

–Parece ser que los milagros existen después de todo…– Le confesé, figurándoseme que me contestaba con una sonrisa ingenua.

Salí por el portal y ahí estaba. Mirando al cielo estrellado con sus castaños ojos. Las bocanadas de aire de su boca salían lentamente. Oyó la puerta cerrar y miró hacia mí. Su fría mirada se encontró, nuevamente, con la mía. Otra vez, solos. Otra vez, tú y yo.

–Buenas. Disculpa por…– Empecé a tartamudear.
–Toma.– Dictó. Tendiéndome una bolsa. –Eleanor y Danielle me dijeron que era indispensable…– Suspiró molesto. –Que chicas más molestas…– Murmuré.


Abrí aquella bolsa. En ella, había dos graciosos gorros de navidad. Uno simple y el otro con cuernitos de reno incluidos. Me eché a reír ingenuamente, saqué el segundo y comenté.


–¡Son adorables!– Le enseñé a Zayn. 
–¡Son horribles!– Exclamó él. Seguí riéndome. –¿Qué te parece tan gracioso?– Preguntó.

Cogí el gorro y me lo puse en la cabeza. Le tendí la bolsa a Zayn y sonreí.


–Sólo te imaginaba con el gorro puesto…– Murmuré y sus cejas fueron frunciéndose. –Pero, no creo que seas capaz de ponértelo.– Le tenté.
–¡Por supuesto que no! No porque no sea capaz. Simplemente, porque me parecen horribles.– Cogióla bolsa y echó a andar. –Venga, vamos.–

Le seguí desde atrás. El joven llevaba un anorak negro y unos pantalones negros. Sus bambas rojas y blancas pero, vislumbré una camisa blanca, tras aquel anorak. Zayn, se había arreglado mínimamente para el momento. Seguramente, Eleanor o Danielle le habrían obligado. Volví a sonreír. 
Era mágico pasear por esas calles llenas de ilusión y color con él. Zayn se detuvo en el semáforo para pasar. Yo calculé mal y me golpeé con su espalda, por culpa de mi falta de atención.

–Perdona…– Murmuré. Realmente, era un chico alto y corpulento. Cada vez que lo miraba me gustaba más.


Zayn me miró de reojo, se giró lentamente. Con su mirada me contempló detenidamente. Me eché las manos a la cara y empecé a soplar. Se me había olvidado equiparme unos guantes y empezaba a tenerlas congeladas. El semáforo cambió a verde. 

–Ya podemos…– Empecé a murmurar. 


Zayn se giró por completo y agarró mi mano. La puso en su cara y la mía cambió de color completamente. Su cálida y fina tez ardía comparada con mis gélidas manos. El chico cerró los ojos y deslizó suavemente su mano junto a la mía.

–Estás helada. Te has arreglado tanto y, no has pensado en unos guantes?– Preguntó con la cara seria.
–No, bueno… Se me pasó por alto y…– Mis ojos fueron descendiendo y clavándose en nuestras entrelazadas manos. –Y...–

Zayn sonrió con su perversa sonrisa. Tiró levemente de mi mano y se la metió en el bolsillo junto a la suya. Echó a andar y yo tras él.

–Vamos, antes de que el semáforo se ponga rojo de nuevo.– Comentó. Andando como siempre. Como si no sucediera nada.

Aquel paso de peatones se me hizo eterno. El semáforo parpadeó, volvió a cambiar de color. Está vez, me sentía más identificada con él. Empecé a sonreír estúpidamente. Era como si el frío no hubiese existido nunca. Debajo de aquella gorda capa de ropa nuestras manos estaban unidas. Su mano cubría la mía sin problema alguno y, la mía, ingenua como yo, empezaba a temblar un poco. El moreno no preguntó el porqué. Seguramente pensaba que era por el frío pero, el culpable era él. Siempre él.
Llegamos al local. Zayn dejó su mano salir y soltó la mía fuera del bolsillo.

–Es aquí.– Dijo. Agarró y picó la cobertura de metal que usaban las tiendas para evitar robos.

La puerta empezó a abrirse. El tiempo que tardó fue suficiente para disfrutar de aquel momento que acababan de regalarme. Eché mi mano a la cara y me acaricié con su dorso. La sonrisa en mi rostro parecía ser permanente. 
La calidad esencia y el varonil aroma de Zayn, envolvían aquella pequeña parte de mi cuerpo. Sólo una voz, la suya, pudo despertarme de lo que se me estaba empezando a figurar como un sueño.

–¿Vamos?– Preguntó el moreno. 

Lo seguí, pasé por aquella puerta y un chico con el mismo color de ojos que Louis pero, de cabello rubio me sonrió. Se quedó cerrando la puerta y yo seguí a Zayn.

–¡Por fin llegas!– Exclamó Eleanor. –¿Y el gorro?– Agarró su bolsa. –¡Zayn póntelo! ¡Mira ella lo lleva puesto!–


Entré en una trastienda decorada con amor e ilusión. Eleanor le gritaba a Zayn y éste se defendía. Harry sonreía y Louis, Liam, Niall y Danielle se incorporaba a seguir colocando cosas.
Junté mis manos, como dos polos opuestos que se atraían. Mezclando la temperatura de ambas y tapándome la sonrisa con ellas.

–Feliz navidad, pequeña…– Me murmuré, increíblemente feliz.
–¡Oye!– Gritó Zayn, sacándose el anorak. –No te quedes ahí y pasa.– Sentenció.

Asentí con la cabeza y entré en aquel pequeño Edén, lleno de una efímera y curiosa felicidad.
Zayn Malik | El mujeriego:
Parte dos.
Capítulo Once.




/recuerdos de Zayn/


Me perdí en sus ojos azulados. En esos ojos tan vivos, tan resplandecientes.
Desde el primer momento en que la vi, supe que ella estaba hecha para mí.
Era alegre, todos los chicos perdían la cabeza por ella y su cuerpo.
Estaba en el instituto, era un par de años mayor que yo pero, eso no me detuvo.

–¿En qué piensas ahora?– Su voz interfirió en mis pensamientos. –Siempre en tu pequeño mundo, Zayncito.– Pese a que odiaba esos sobrenombres, en su voz sonaba perfectamente tierno y dulce.
–Lo siento, pierdo la cabeza cuando estoy contigo.– La besé suavemente en el cuello y empecé a deslizar mi lengua por su clavícula. Su angelical sonrisa podía romper mis tímpanos, la sentía cerca de mi oído, ella estaba ahí, estaba conmigo. –¡Para! Sabes que me haces cosquillas.– La chica de melena rubia, miró el reloj. –Vaya... Se me ha hecho muy tarde. Tengo que irme.–

La abracé, no la quería dejar escapar de mis brazos. Se veía tan frágil, tan pequeña... Sólo tenía ganas de abrazarla fuerte, nada más.

–Zayn, venga vamos... Tengo que irme... De verdad.– Me besó en la mejilla.
–Hoy no te vas a ir tan fácilmente y lo sabes...– Le mordí suavemente el lóbulo de su oreja, sabía que le encantaba. Enterré mis manos en su calido cuerpo. La besé, la besé muchísimo. –No te puedo dejar ir tan fácilmente.– Le murmuré.

Sus risas sonaron en eco, gritó mi nombre, sus jadeos me ponían loco. Nadie me había llenado tanto como ella…

–Te amo.– Susurré.


En la oscuridad, antes del amanecer, me encontré nuevamente esperando su “yo también”. Ella no estaba ahí. Ya hacía tiempo que se había ido.
Me levanté, posé mis pies en el frío suelo. La cabeza me daba vueltas.
La noche anterior, había bebido como nunca... No era tan fácil olvidarla.
Me senté en el sofá, me eché las manos a la cabeza, apreté fuerte... Parecía que iba a explotar. Cuando abrí los ojos, ahí estaba. Una pequeña revista local de rock. En primicia el cotilleo del día. ¿Qué tienen esos otros labios que no tengan los míos?
Arrojé la revista contra la pared. La rabia me invadió por dentro. Todo el calor que pude sentir un día; ahora, me volvió frío. Y, es que nadie, nunca, me había dejado tan vacío.
Su cariño había desaparecido, su cuerpo le pertenecía a otro pero, no sólo eso, su sonrisa ya no era para mí. Después de todo el tiempo que pasamos juntos... Se fue con un famosillo cantante de la zona y ahí estaba, en aquella revista, cómo el muy imbécil mostraba abiertamente su relación.
Celos. Siempre fueron los celos. Siempre fui una mierda de persona, un egoísta, un seco, un borde... Estoy solo, desde hace mucho tiempo. Demonio era mi única compañía.
El animal posó su cabeza en mis pies y relamía mis manos suavemente.

–Estoy bien pequeño... Estoy...–

Unas lágrimas descendieron  lentamente por mis mejillas. No pude ni acabar la frase. ¿A quién quería convencer? Lo había dado todo, lo mejor de mí. Por alguien que sólo buscaba ser reconocida frente a los demás. Alguien que sólo buscaba fama. ¿Una buscona? No tenía palabras...
«La culpa no es de ella, es tuya. Eres un maldito cobarde.» Resonó en mi cabeza.

–¿Qué parte de todo aquello fue real?– Susurré, esperando una respuesta. Miré la revista de reojo. –Sólo necesito que me digas que tus palabras eran sinceras... Sólo dímelo...–

Miré al blanco techo, las lágrimas corrieron por mis mejillas. Cambié lo que pude, di lo mejor de mí. ¿De qué me sirvió?
El corazón empezó a endurecerse día tras día. Un vacío me llenaba por dentro. Nunca nadie volvería a llenarlo... Mis palabras eran cada vez más vacías, cada vez más insensibles.

–Soy patético...– Murmuré, finalmente.




/fin de los recuerdos de Zayn/


–¿Zayn?– Tragué profundamente. La situación se puso bastante tensa. «¿Por qué tuviste que abrir la boca?» Me pregunté.

El moreno, parpadeó un par de veces. Su rostro, que siempre había sido tan varonil y fuerte, se me figuró algo delicado y débil. ¿Qué le estaba sucediendo?
Sacudió su cabeza y me miró seriamente, con una mirada fría que acompañó perfectamente a sus palabras.

–¿Amar? ¿Quién puede creer en algo así?– Acabó preguntando. –Yo creo que nadie.– Se respondió.

Zayn se incorporó y entró en una de las habitaciones. Creo que se trataba de la cocina.
Mi cuerpo quedó petrificado. ¿Quién cree en algo así? Yo creía en algo así. Los mechones que me había colocado tras la oreja se dejaron caer.
Alguien dijo alguna vez “Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal”*.
El amor es inocente al principio, te enamoras sin darte cuenta. A veces, otras personas se percatan antes que tú y la otra parte implicada. Yo sabía perfectamente que el joven moreno tenía un noséqué que me hacía perder el norte. Nunca me había parado a pensar qué era lo que él tenía pero, sabía muy bien que ese qué tampoco me importaba.
Quizás, él no se había dado cuenta; cada vez intentaba ser más próxima a él, poder algún día... ¿Gustarle siquiera? Quién sabe. Lo que era seguro es que quería conocerle mejor, saber el por qué de sus ofensivas defensas.
Un flash vino a mi cabeza y recordé aquellas frases: «Yo también tengo uno ¿Sabes? Aunque no lo parezca.» y «Sois todos iguales.».
Tardé en comprender. Sobre el corazón de Zayn pesaba una espina tan grande como una estaca. Era signo del desamor y la desesperanza. Llevaba atado a él una cadena de dolor de la cuál no quería deshacerse. Y, ese dolor, no le hacía más fuerte como el creía si no... Más débil.



/narrador omnisciente/


En la cocina el joven moreno se mojó el cuello y el rostro con agua. Miró hacia el vació y escuchó el silencio que llenaba su casa. Sus ojos avellanas se perdieron entre la nostalgia de sus recuerdos. Sus cadenas empezaron a balancearse. Él las miró con repugnancia, las agarró con fuerza... Quería arrancárselas.

–No puedo...– Murmuró.

Bajó las manos. Se mordió el labio, cogió una pequeña taza y la llenó de agua. Salió de aquel cuarto y volvió al comedor.



/narra la protagonista/


Noté su presencia, sabía que había vuelto. Un nudo en la garganta me impediría hablar con claridad. Mi cabeza tampoco pensaba muy ágil.
El joven moreno se sentó a mi lado, me tendió la taza y dijo:

–¿Quieres?– Sonrió hipócritamente, pareciendo ser fuerte. –No tengo otra cosa.– Me mordí la lengua. Asentí con la cabeza. Recogí la taza y di un sorbo.
–Vaya mierda de trabajo nos ha tocado...– Bostezó. –Será mejor que lo terminemos pronto.–

Miré mi reflejo gris en aquella taza. Mi mirada estaba perdida, sumergida en esos pensamientos de duda e incertidumbre.

–¿Estás bien?– Murmuró Zayn acercándose. Preocupado de que no reaccionara. –Oye...– Su cuerpo estaba más cerca, su cara se quedó muy próxima, posó su mano sobre mi hombro.

Puse mis ojos en los suyos. Esos ojos marrones no eran nada comparados con mi oscura lucha interior. Entreabrí los labios sin poder articular palabra. No me puse roja, pese a tenerlo tan cerca... Me sentía triste. Triste por él.
Posé mi mano sobre la suya, Zayn se quedó observando la situación, pegó un pequeño brinco. Empezaba a sentirse incómodo. Le apreté con mi fría mano, aquella mano tan caliente.

–¿Estás bien? ¿Tienes frío...?– Empezó a preocuparse más seriamente. –Oye, contesta.–
–Yo...– Empecé a murmurar.

Zayn se quedó en blanco. De todas las reacciones que podía tener una persona esa, precisamente esa, era la que menos esperaba.
Sonreí, como una ingenua. Tonta, aguantando mi dolor.
Dicen que cuando te enamoras ciegamente, pese a los celos, el egoísmo y otras derivadas, la felicidad del otro es lo que realmente debería importarte.

–Yo sí creo en él.– Concluí sonriente. Con la otra mano acaricié su rostro. Zayn empezó a esbozar una cara de debilidad aún mayor. Apreté levemente y estiré. –Lo que no mata, te tiene que hacer más fuerte, Zayn.–

Volví a incorporarme, empecé a escribir en mi portátil. Zayn se echó la mano a la cara. Le dolía. Como aquella vez en el callejón; esta vez, fui yo quién le despertó de su sueño; o más bien, pesadilla. El chico esbozó una sonrisa endemoniada. Le brillaron los ojos, frunció el ceño y estiró mi mejilla.

–¿Te pensabas que iba a quedar esto así? ¡Pues no!– Dijo, divertido. Con la boca abierta, los ojos entrecerrados, sentí que empezaba a caer mi baba por la abertura que me había generado ese permanente estirón.
–Shain eshtate crietho...– Puse mis manos en su cara. Parecíamos niños, peleándonos. –¡Mghej gueljeeeee!–

El moreno empezó a reírse de mí. Volviendo a ser el mismo Zayn que conocía. Yo intentaba darle golpes con mis manos hasta que aguantó una con las suyas. Dejó de hacer fuerza con la otra. Me miró en silencio.

–Ay... ¡Eso ha dolido, tonto!– Articulé finalmente.

Zayn apenas parpadeó. Se quedó inmóvil mirándome. Sujetando con una mano uno de mis pequeños puños. La otra, la posó sobre mi hombro y, poco a poco, fue descendiendo hasta caer en el sofá. Fue una sutil caricia pero, consiguió hacerme reaccionar. Estábamos demasiado cerca, demasiado juntos... Demasiado ¿Conectados?
Mi corazón empezó a acelerarse, cada vez más, cuanto más pensaba en que debía calmarme; más rápido latía. Temía que hasta Zayn pudiese oírlo latir con tanta fuerza.
Él se aproximo hacía mí... Tragué profundo. Fui entrecerrando los ojos. ¿A quién iba a engañar? El moreno y yo, ya nos habíamos encontrado en situaciones parecidas... Por eso mismo, no quería hacerme la ilusión de que nos iba a unir un fogoso beso. Eso no podría pasar en esa situación por mucho que lo desease.
Zayn sopló, levemente, en mis ojos. Los cerré de la impresión. Soltó mi mano lentamente y se incorporó.

–¿A quién llamas tonto?– Resopló. –Vamos a acabar esto, antes que se nos haga tarde.– Concluyó seriamente.

Lo sabía. Nunca, nunca... Por muy desmotivante que sonara, nunca podría esperar de sus labios una reacción mejor a las que ya había recibido. Por mucho que lo quisiera.
Solté toda la presión exhalando el aire que había retenido. Empecé a teclear...
Por muy raro que sonase, Zayn tenía ideas muy buenas a la hora de interpretar el poema. Debía ser la costumbre, por componer canciones. Aunque su manera de expresarse dejara mucho que desear, conseguimos congeniar perfectamente y acabar el trabajo mejor de lo que esperábamos.
Miré la ventana y ya se veía más oscuro que de costumbre. Se oía algún tímido sonido de lluvia. Habíamos estado tan compenetrados y concentrados en el tema que apenas nos fijamos en nada más. Miré el reloj, era algo tarde, la hora de cenar. Quizás, empezaba a ser hora de marcharse. Al trabajo sólo le hacia falta una relectura para corregir pequeños fallos.
Me estiré y sonreí.

–¿Ves que no ha sido tan difícil?– Le acabé preguntando.
–Menos mal que ya está.– Zayn echó un vistazo al reloj del portátil. –Uf, ya decía yo que tenía hambre.– Se pasó la mano por la barriga.
–Bueno, empieza a ser hora que me empiece a ir, entonces.– Realmente, me moría de ganas que el moreno me insistiera en que me quedara con él pero, simplemente bostezó y se quedó mirando como recogía. «Qué poco cortés eres» Pensé.

Las luces empezaron a parpadear un poco. Miré a Zayn y seguidamente los dos miramos hacia la ventana. Empezó a sonar una lluvia un poco más agitada que la que nos había acompañado durante todo el trabajo.

–No fastidies...– Murmuré.

La luz se fue. En esa pequeña sala solo nos iluminaba la luz de las farolas. Miré a Zayn con cara de preocupación. El joven moreno no me había ofrecido que me quedase aún... Una rabia interna empezó a fluir en mi, suspiré intentándome calmar. ¿Es que a caso iba a dejar que me fuese con ese panorama?
Sus ojos se quedaron mirando la ventana y se entrecerraron. Suspiró.

–Oye, Zayn...– Empecé a entonar, dispuesta a echarle un pequeño sermón sobre modales.
–¿Te gusta la pasta?– Me interrumpió.



{...}


Sin querer darme cuenta, estábamos los dos comiendo una pasta fría de la nevera. No me disgustaba, prefería esa clase de comida más como ensalada y no como plato caliente. Le había puesto algo de tomate y queso. Zayn apenas ponía pegas y parecía comerse cualquier cosa. ¿Era eso parte de su rutina?
En silencio, a la luz de una vela casi destrozada, comimos juntos. No podía parar de sonreír ingenuamente. ¿El karma me había empezado a querer un poco?
Ambos acabamos de saborear la comida, yo no pude con todo, el estomago se me había cerrado bastante entre la emoción y los nervios. Zayn se incorporó a llevar su plato.

–Espera, te ayudo a recoger...– Me levanté dispuesta a seguirle con mi plato y vaso.

Una de las cosas que me había enseñado mi madre, era el típico hecho de: “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Muchas veces, creía que tenía razón, pensaba que todo tiene su recompensa y su castigo.
Me incorporé y anduve apenas medio comedor. Un mal presentimiento recorrió por mi cuerpo. Demonio, el pequeño gran diablillo de la casa, se relamía el hocico y empezó a acelerar su paso hacia a mi. Retrocedí un poco.

–¿Demonio…? Tranquilo, chi... ¡Aaaaaaaah!– Grité muy fuerte.

Un tremendo ruido se oyó por todo el piso. Zayn salió de la cocina rápidamente para averiguar que era lo que había sucedido.

–¿Qué ha…?– Sus mejillas se inflaron, escupió una enorme carcajada. Se echó a reír desesperadamente. –¿Demonio que has hecho?– Prosiguió riendo.

Estaba tendida en el suelo, el plato estaba encima de mi ropa. Demonio relamía mis brazos y parte del suelo. Con la cara hinchada, sentí la sensación que debió sentir Verónica cuando le deleité con la misma situación. Ni más, ni menos. El juguetón Demonio me había devuelto mi jugarreta. Miré mi ropa, estaba bastante sucia. La situación no me ayudaba de ninguna manera.
Ayudé a Zayn a recoger todo el estropicio, Demonio quedó castigado en el recibidor. El joven moreno no podía aguantarse la risa y, algunas veces, volvía a reírse solo. Yo, simplemente, quería esconderme de mi desgracia. No había forma que pudiera darle una buena imagen de mí. Me quedé de pie, esperando a que se secara un poco mi ropa. Zayn apareció con una camisa que se veía bastante grande.

–Toma, ponte esto y dame lo que llevas.– Me la tiró y recogí al aire.
–Gracias... Pero, no hace falta...– Murmuré nerviosa.
–Vamos, eres una chica, seguro que no te gusta ir así por la calle.– Me miró de arriba a bajo. –Y encima con esa lluvia. ¡Eso sí que sería todo un show!– Se echó a reír maliciosamente y me señaló con la mano el baño.

Su fragancia no era ni dulce, ni violenta. Zayn olía bien. Olía a hombre, tenía un aroma muy peculiar. Aquella camisa desprendía el mismo perfume que toda su ropa. Me quité los pantalones y la camiseta, los doblé. En aquel espejo me visioné y repasé mi cuerpo. Me había puesto una ropa interior bonita, ahora me había dado cuenta. ¿Qué se me había pasado por la cabeza? Seguramente, lo había hecho adrede. Un conjunto sencillo y negro, tampoco era algo sobresaliente pero, sí bastante aceptable para la función que podría desempeñar. Me puse la camisa y fui abrochando los botones, poco a poco. Cerré los ojos y me imaginé abrochándoselos a Zayn de la misma forma.

–Lo que no me pase a mí...– Suspiré.

Me miré al espejo. Un aspecto bastante deplorable. Siempre sabía como dar la peor imagen delante de Zayn. No es que tuviese altos complejos de mi cuerpo pero, todos tenemos defectos. Y, personalmente, me daba mucha vergüenza ir por ahí enseñándolos.
La “larga” camisa, resultó no ser tan larga, sobraba aún media pierna para llegar a la rodilla. ¿Lo habría hecho apropósito?

–¿Za-Zayn?– Salí del cuarto de baño con la ropa cogida con una mano y la otra estirando la camisa para abajo todo el rato.

Zayn apareció y le tendí la ropa sin apenas mirarle. El chico arqueó las cejas, mezcló algo que llevaba en las manos con mi ropa para lavarlo.

–Vaya...– Se mordió el labio inferior y me hizo un descarado repaso. –No pensaba que le fuese a encontrar un uso tan útil a esa camisa que me regaló mi madre.– Sonrió, arqueó las cejas insinuando algo y se marchó.

Me fui al comedor. Me senté como pude en el sofá. «Cálmate, cálmate…¡Cálmate, por favor!» Mi cabeza iba estallar. La situación se estaba yendo de mis manos. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podía pasearme así frente al chico que me gustaba? Dios, los nervios y la vergüenza se apoderaban de mí. «Sé valiente, sé valiente...» Acabé dictándome y suspiré.
Toda aquella situación se me asemejaba a una comedia romántica barata, ¿Por qué tenía que pasarme eso justamente hoy?
Una manta cayó sobre mí. Zayn me miró desde lo alto, tras el sofá.

–Eso no se va a secar.– Añadió.
–¿Pero...?– Entonces, «¿Qué iba a hacer yo?» Pensé.
–Está lloviendo, ¿Qué esperabas?– Se cruzó de brazos.

Cogí el móvil y miré la hora. El tiempo se nos había ido de las manos, ya casi eran las doce de la noche. No tenía ropa para irme y estaba lloviendo. Estaba en la casa del chico que me gustaba, con su ropa puesta... ¿Qué más podía pedir? Claramente, la situación no era perfecta pero, me estaba surgiendo una oportunidad. Aunque, no me veía muy convencida de que debiera aprovecharla.

–¿Qué hora es?– Me preguntó.
–Las doce, casi...– Respondí, suspirando. Zayn, soltó un frustrado suspiro y me miró con los brazos cruzados.
–Siéntete afortunada, puedes quedarte ahí esta noche, si quieres.– Bostezó. –No todo el mundo puede dormir en mi casa.– Sonrió pícaramente, dándole un doble sentido a la frase.

¡Zayn! Maldito moreno seductor. Me mordí el labio. Le encantaba jugar con fuego, sin saber que el fuego te quema. Estaba bien. Mi orgullo salió a flote. Si a él le gustaba jugar conmigo, que ya llevaba unas cuantas acumuladas, era hora de devolverle la jugada. Pero, primero, tenía que plantarle cara.

–¡Eres muy descortés!– Me puse de pie y lo miré desafiante. Zayn abrió los ojos como platos.
–¿Perdona?– Frunció las cejas, como si no le hubiese hecho gracia. Hinché mis mejillas me acerqué a él y le dije, por muy infantil que sonara:
–¿Por qué tengo que dormir en el sofá? Y...– Miré la puerta del recibidor, el chico la había abierto ya y Demonio estaba ansioso de entrar cuando su dueño se marchara. –¿Y si Demonio se me echa encima desafiantemente? ¡Piensa un poco!– Me puse a dar botes. Cuando me irritaba mucho tendía a ponerme muy hiperactiva. Una actitud muy contraria a la que tenía con los enfados porque,  por muy estúpido que suene, la manera de calmarlos era a través del llanto.

La cara de Zayn era un poema. Resopló con una carcajada ahogada. Me miró y volvió a resoplar. Señaló con su dedo hacía mi cuerpo y sentenció.

–Te esperaba algo... Distinta.– Seguí su señal. Algunos botones desabrochados dejaban ver de más y, además, los botecitos seguramente ayudaron a que eso sucediera.

El moreno sonrió maliciosamente. Le di un pequeño empujón y me metí en su habitación. Le saqué la lengua.

–¡Pervertido!– Le cerré la puerta en la cara y la mantuve aguantando por si intentaba entrar. Escuché a Zayn resoplar.
–¡Si querías dormir en mi cama, sólo tenías que decirlo! ¡No hacía falta hacer tanto teatro!– Se escuchó un ruido pequeño, como si se apoyase contra la puerta. –¿Quién tiene la mente pervertida ahora?–
–¡No te escucho! ¡Buenas noches!– Miré el interior de la habitación. Era un caos, lleno de su ropa y cosas tiradas, su guitarra también estaba ahí, en un rincón. De fondo, Zayn se echó a reír y llamó a Demonio. Escuché como se sentaba en el sofá. Me acomodé en su cama y sonreí. –Gracias...– Murmuré; mientras, acariciaba su almohada.



{...}


Aquella misma noche, pensé que nunca iba a acabar. El olor de Zayn estaba en cada rincón, aquellas sábanas también lo habían envuelto a él. Me sentía en un pequeño Edén. No podía dormir, quería disfrutar de toda aquella fragancia y situación. Quizás, nunca más podría dormir en esa cama... Quizás, yo no sería la chica que Zayn besaría con pasión ahí mismo. Por eso, sólo me quedaba aprovechar aquel momento, para almacenar todos aquellos detalles tan suyos que... Nunca me pertenecerían.

*Madre Teresa de Calcuta (1910-1997).
¡Ficha aceptada!

Con el primer texto que me has puesto me era suficiente, pero no pasa nada porque lo hayas alargado. Pensaba que me iba a ser eterno leerlo todo, pero ha sido bastante fluido. No sé, a mí me ha encantado y ha sido muy ashdjkashdkashdkas


Última edición por MissNothing el Miér 23 Oct 2013, 8:09 am, editado 1 vez
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por heartcore. el Miér 23 Oct 2013, 7:58 am

AnnyStylesHoranJonas escribió:tengo una duda, hay que escribir un cap para la novela o puede ser un cap de cualquier novela que tenga?
¡HOLA!
Es un capítulo para la novela, si no tienes tiempo o lo has escrito, se te ha borrado y no te apetece repetirlo, puedes perfectamente coger uno que ya tengas hecho. Pero tienes más posibilidades de quedar haciendo uno para la novela.
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por Invitado el Dom 27 Oct 2013, 11:23 am

Hola Clau te dije que vendría a audicionar  pero tengo algunas dudillas(?), ¿tengo que escribir dos capítulos? osea, uno de ella y uno de él; y ¿tengo que escoger la personalidad del chico? Yo no entender :c Espero tu respuesta
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por heartcore. el Dom 27 Oct 2013, 11:41 am

november. escribió:
Hola Clau :A:te dije que vendría a audicionar  pero tengo algunas dudillas(?), ¿tengo que escribir dos capítulos? osea, uno de ella y uno de él; y ¿tengo que escoger la personalidad del chico? Yo no entender :c Espero tu respuesta
¡HOOOOLA!  
En teoría sobre ella, pero otra chica escribió la versión de ella y de él. Y la personalidad del chico tampoco es necesaria.
ASDHAJKHDKS, por fin te veo por aquí .
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por Invitado el Dom 27 Oct 2013, 9:19 pm

Papel: La tierna:
Mis pb's son Cher Lloyd y Justin Bieber.

Minerva Loveless

El día estaba nublado, últimamente había estado así. Caminó por las solitarias calles de Londres pensando en que si tal vez ella fuera más extrovertida tuviera más oportunidad con los chicos. Pero no, tampoco quería parecerse a las arpías de sus compañeras de curso que con un simple ‘Hola’ ya se les caían las bragas y tenían sexo con cualquiera; o que usaban toneladas de maquillaje en el rostro. Algo hizo que saliera de sus pensamientos: una pequeña gota de agua que cayó en su mejilla. Alzó la vista hacia el cielo y se percató de que había comenzado a llover. Apresuró su paso, no quería terminar empapada por el agua y tenía que llegar a tiempo a la secundaria, un retraso más y tendría que ir a detención. Todo era culpa de Jaz, si no la hubiera ayudado a escabullirse de casa para irse con su novio, tal vez hubiera llegado a tiempo, pero era su mejor amiga y la tenía que ayudar en sus sucios planes.

—¿Sabes qué horas son? –preguntó el guardia de la entrada, mirando el reloj de su muñeca.

—Lo siento –dijo agitada–. La lluvia hizo que me retrasara un poco –mintió. Gracias a la lluvia, había llegado más “temprano”, ya que tuvo que correr.

—Tengo ordenes estrictas de no dejar pasar a nadie después del timbre –se cruzó de brazos. Sí que se tomaba su trabajo en serio.

—Solo por esta vez, ¿sí? –rogó la castaña. Nunca había estado en detención, y para ser sinceros, le aterraba ir.

—Ordenes son ordenes, señorita –tomó una pequeña libreta, escribió algo y se lo entregó.

—Un pase de castigo, genial –susurró, tomándolo.

Entornó los ojos y se dirigió hacía el aula A-08, pero unas pequeñas risas hicieron que se volviera hacia la puerta de la entrada. No podía ser cierto. Sus compañeras de clase ‘Las plásticas’ coqueteaban con el guardia, y parecían divertirse. Sintió la sangre hervirle al ver cómo las dejaba pasar sin problema alguno. Ellas tenían más retardos que maquillaje en el rostro, y a ella solo por llegar tres veces un poco tarde, le sucedía eso.

—¡Oh, miren! –exclamó una rubia, pasando a un lado de ella– ¿Iras a castigo? Pobre de ti –hizo un puchero.

—Y no es justo que a ustedes no –bufó molesta.

—Chicas, no tiene sentido pelear con esta –la miró con desprecio–. Ella no es nadie –rieron sonoramente, y se marcharon dejándola con un nudo en la garganta.

Auch. Eso le dolió. Nunca nadie la había tratado así. Tal vez porque no se metía con nadie. No le gustaba estar en problemas y prefería evitarlos. Pero, ¿qué les había hecho para que la trataran así? ¿el no ser igual a ellas? Suspiró pesadamente, no se deprimiría, no ahora. Siguió hacia su destino. Perdería una hora de clases… Jaz la pagaría, muy caro. Tocó dos veces la puerta y abrió un profesor.

—Pase –se hizo a un lado, sin preguntar siquiera el motivo por el cual ella se encontraba ahí. Quizás ya estaba acostumbrado.

Se sentó en una de los asientos de atrás. No había muchos alumnos, y los que estaban parecían estar perdidos en su mundo. Apoyó su mejilla en la mano, no pasaron ni 5 minutos y ya estaba aburrida. Entonces, se abrió la puerta de nuevo, y un chico de cabello castaño-rubio entró. Él sintió la mirada de alguien y se giró para encontrase con Minerva. Le sonrió cálidamente, ella no supo que hacer y solamente bajó la mirada. «Fue lo más cobarde que pude haber hecho» pensó la castaña.

—Hola –sonrió aquel chico. De tantos asientos disponibles, tuvo que situarse junto a ella.

Rayos.

—Eh, hola –dijo un poco nerviosa.

—Me llamo Justin, ¿y tú? –él no parecía notar el evidente nerviosismo de ella. Y si lo notaba, tal vez lo hacía para molestarla.

—Minerva –sonrió de lado–. Pero mis amigos me dicen Min –de hecho, solo Jaz y su familia le decían así, pues no tenía más amigos. No era algo que le molestara realmente, prefería tener una sola amiga verdadera, que millones falsas.

—Veo que no eres de muchas palabras, Min –dijo Justin–. Si no te molesta, ¿por qué estás aquí, en detención? Pareces ser una chica buena.

Dudó en contestarle, pero al final le dijo. No era nada malo, ¿cierto?

—Tengo tres retardos –se sonrojó un poco. Viéndolo de esa forma, era un poco tonto.

—Oh –reprimió una risa.

—Y bueno, ¿tú por qué estás aquí? –habló un poco molesta.

—Créeme que no fue tan malo como lo tuyo –bromeó. Ella frunció el entrecejo–. Solo estaba jugando –soltó una carcajada–. Me peleé con un tipo –se encogió de hombros–. Lo vi besarse con… mi ex novia.

—Lo siento –dijo Min, con un poco de vergüenza ajena.

—No lo sientas, yo no lo hago –se volvió a encoger de hombros.

—Me parece que sí –él la miró confundido–. Me contaste sobre tu problema y… olvídalo –no quiso terminar la oración. ¿Quién era ella para juzgarlo?–. Creo que esa chica se arrepentirá.

—No lo creo, desde hace tiempo andaba algo mal entre nosotros –torció la boca–. Aparte hay chicas más lindas que ella –subió y bajó sus cejas.

Min se sonrojó levemente. Sabía que lo decía en broma, pero no podía evitar que la sangre se le estancara en la cara.

—¿Estás coqueteando conmigo? –dijo burlonamente, y un poco nerviosa.

—Aún no he empezado a hacerlo.

***

—¡Tú! –gritó la castaña. Jaz se voltió–. Por tu culpa tuve que ir a detención una hora Jazmyn McCurdy –chilló.

—No debió de haber sido tan malo –rió nerviosa. Min parecía realmente molesta.

—Tienes suerte que la hora completa me la pasé conversando con un chico.

—¿Qué? ¿un chico? ¿quién? –la atacó con preguntas. Su amiga era tímida y no era de fijarse en muchos chicos,  por eso estaba muy sorprendida.

—Se llama Justin –dijo la castaña. Y, de un momento a otro, el rostro de Jaz cambió repentinamente.

—Oh no –negó con la cabeza–. Min, él no te conviene.

—¿De qué estás hablando? –preguntó sin entender–. Cuando hablamos parecía muy simpático.

—No, él es un rompe-corazones.


Ahí está mi audición Clau
Espero que te haya gustado el capítulo bc lo escribí especialmente para la novela aunque no me termina de convencer :c but lo tenía que terminar hoy bc después no puedo por la escuela, u know :c Bueno, ya me voy. Byee <3
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

Mensaje por heartcore. el Lun 28 Oct 2013, 1:09 pm

november. escribió:
Papel:
Mis pb's son Cher Lloyd y Justin Bieber.
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Minerva Loveless

El día estaba nublado, últimamente había estado así. Caminó por las solitarias calles de Londres pensando en que si tal vez ella fuera más extrovertida tuviera más oportunidad con los chicos. Pero no, tampoco quería parecerse a las arpías de sus compañeras de curso que con un simple ‘Hola’ ya se les caían las bragas y tenían sexo con cualquiera; o que usaban toneladas de maquillaje en el rostro. Algo hizo que saliera de sus pensamientos: una pequeña gota de agua que cayó en su mejilla. Alzó la vista hacia el cielo y se percató de que había comenzado a llover. Apresuró su paso, no quería terminar empapada por el agua y tenía que llegar a tiempo a la secundaria, un retraso más y tendría que ir a detención. Todo era culpa de Jaz, si no la hubiera ayudado a escabullirse de casa para irse con su novio, tal vez hubiera llegado a tiempo, pero era su mejor amiga y la tenía que ayudar en sus sucios planes.

—¿Sabes qué horas son? –preguntó el guardia de la entrada, mirando el reloj de su muñeca.

—Lo siento –dijo agitada–. La lluvia hizo que me retrasara un poco –mintió. Gracias a la lluvia, había llegado más “temprano”, ya que tuvo que correr.

—Tengo ordenes estrictas de no dejar pasar a nadie después del timbre –se cruzó de brazos. Sí que se tomaba su trabajo en serio.

—Solo por esta vez, ¿sí? –rogó la castaña. Nunca había estado en detención, y para ser sinceros, le aterraba ir.

—Ordenes son ordenes, señorita –tomó una pequeña libreta, escribió algo y se lo entregó.

—Un pase de castigo, genial –susurró, tomándolo.

Entornó los ojos y se dirigió hacía el aula A-08, pero unas pequeñas risas hicieron que se volviera hacia la puerta de la entrada. No podía ser cierto. Sus compañeras de clase ‘Las plásticas’ coqueteaban con el guardia, y parecían divertirse. Sintió la sangre hervirle al ver cómo las dejaba pasar sin problema alguno. Ellas tenían más retardos que maquillaje en el rostro, y a ella solo por llegar tres veces un poco tarde, le sucedía eso.

—¡Oh, miren! –exclamó una rubia, pasando a un lado de ella– ¿Iras a castigo? Pobre de ti –hizo un puchero.

—Y no es justo que a ustedes no –bufó molesta.

—Chicas, no tiene sentido pelear con esta –la miró con desprecio–. Ella no es nadie –rieron sonoramente, y se marcharon dejándola con un nudo en la garganta.

Auch. Eso le dolió. Nunca nadie la había tratado así. Tal vez porque no se metía con nadie. No le gustaba estar en problemas y prefería evitarlos. Pero, ¿qué les había hecho para que la trataran así? ¿el no ser igual a ellas? Suspiró pesadamente, no se deprimiría, no ahora. Siguió hacia su destino. Perdería una hora de clases… Jaz la pagaría, muy caro. Tocó dos veces la puerta y abrió un profesor.

—Pase –se hizo a un lado, sin preguntar siquiera el motivo por el cual ella se encontraba ahí. Quizás ya estaba acostumbrado.

Se sentó en una de los asientos de atrás. No había muchos alumnos, y los que estaban parecían estar perdidos en su mundo. Apoyó su mejilla en la mano, no pasaron ni 5 minutos y ya estaba aburrida. Entonces, se abrió la puerta de nuevo, y un chico de cabello castaño-rubio entró. Él sintió la mirada de alguien y se giró para encontrase con Minerva. Le sonrió cálidamente, ella no supo que hacer y solamente bajó la mirada. «Fue lo más cobarde que pude haber hecho» pensó la castaña.

—Hola –sonrió aquel chico. De tantos asientos disponibles, tuvo que situarse junto a ella.

Rayos.

—Eh, hola –dijo un poco nerviosa.

—Me llamo Justin, ¿y tú? –él no parecía notar el evidente nerviosismo de ella. Y si lo notaba, tal vez lo hacía para molestarla.

—Minerva –sonrió de lado–. Pero mis amigos me dicen Min –de hecho, solo Jaz y su familia le decían así, pues no tenía más amigos. No era algo que le molestara realmente, prefería tener una sola amiga verdadera, que millones falsas.

—Veo que no eres de muchas palabras, Min –dijo Justin–. Si no te molesta, ¿por qué estás aquí, en detención? Pareces ser una chica buena.

Dudó en contestarle, pero al final le dijo. No era nada malo, ¿cierto?

—Tengo tres retardos –se sonrojó un poco. Viéndolo de esa forma, era un poco tonto.

—Oh –reprimió una risa.

—Y bueno, ¿tú por qué estás aquí? –habló un poco molesta.

—Créeme que no fue tan malo como lo tuyo –bromeó. Ella frunció el entrecejo–. Solo estaba jugando –soltó una carcajada–. Me peleé con un tipo –se encogió de hombros–. Lo vi besarse con… mi ex novia.

—Lo siento –dijo Min, con un poco de vergüenza ajena.

—No lo sientas, yo no lo hago –se volvió a encoger de hombros.

—Me parece que sí –él la miró confundido–. Me contaste sobre tu problema y… olvídalo –no quiso terminar la oración. ¿Quién era ella para juzgarlo?–. Creo que esa chica se arrepentirá.

—No lo creo, desde hace tiempo andaba algo mal entre nosotros –torció la boca–. Aparte hay chicas más lindas que ella –subió y bajó sus cejas.

Min se sonrojó levemente. Sabía que lo decía en broma, pero no podía evitar que la sangre se le estancara en la cara.

—¿Estás coqueteando conmigo? –dijo burlonamente, y un poco nerviosa.

—Aún no he empezado a hacerlo.


***


—¡Tú! –gritó la castaña. Jaz se voltió–. Por tu culpa tuve que ir a detención una hora Jazmyn McCurdy –chilló.

—No debió de haber sido tan malo –rió nerviosa. Min parecía realmente molesta.

—Tienes suerte que la hora completa me la pasé conversando con un chico.

—¿Qué? ¿un chico? ¿quién? –la atacó con preguntas. Su amiga era tímida y no era de fijarse en muchos chicos,  por eso estaba muy sorprendida.

—Se llama Justin –dijo la castaña. Y, de un momento a otro, el rostro de Jaz cambió repentinamente.

—Oh no –negó con la cabeza–. Min, él no te conviene.

—¿De qué estás hablando? –preguntó sin entender–. Cuando hablamos parecía muy simpático.

—No, él es un rompe-corazones.



Ahí está mi audición Clau
Espero que te haya gustado el capítulo bc lo escribí especialmente para la novela :why:aunque no me termina de convencer :c but lo tenía que terminar hoy bc después no puedo por la escuela, u know :c Bueno, ya me voy. Byee <3
¡Ficha aceptada!

He sentido ternura, idk. Y que el guardia dejara pasar a esas... me han entrado ganas de matarlo. Y Justin es tan awww.. Me ha encantado, dios.
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Re: El atardecer en San Francisco. {nc} AUDICIONES ABIERTAS.

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