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I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por bigtimerush. el Lun 14 Oct 2013, 4:21 pm

Hola guapas. He venido aquí por cuestiones de recomendación. He de decir que cuando Deby me planteó la idea me quedé en shock con la idea, pues, ¡fue tan genial! en realidad había visto el tema, pero el potencial de algunas chicas me baja, ¿entienden? Ya. Me encantaría presentarte mi audición, dentro de unas horas, dando tiempo a que la inspiración venga a mi (?) así que espérala bc es más que obvio que espero quedar y así<3. Me gustaría cambiar el ship de Lily con Payne, haré Briam o Lashley, idk, por supuesto, sólo si me lo permites; de lo contrario, estará bien. Te completo la ficha, el gif y todo lo que pediste adjuntado a ella. Oh, y no le hagas caso a Deby, suele exagerar)? jajaja, te amo si lees esto, Deby, no dije nada<3. La presentación, tonta... Soy Mey, de Venezuela, 14 años escritora mediocre en proceso, hermana gemela de déborah.♡
pd.;que orgullo que mi bebé haya quedado, añumio, lloraré):
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por Invitado el Lun 14 Oct 2013, 4:30 pm

Asjkasjk estas acá
Creo que el papel es tuyo(?)
¡No exagero! Stankeenla, van a ver(?) SI VOS ESCRIBIS PERFECTO MEY
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por california. el Lun 14 Oct 2013, 5:55 pm

worldwide with you♡ escribió:
Hola guapas. He venido aquí por cuestiones de recomendación. He de decir que cuando Deby me planteó la idea me quedé en shock con la idea, pues, ¡fue tan genial! en realidad había visto el tema, pero el potencial de algunas chicas me baja, ¿entienden? Ya. Me encantaría presentarte mi audición, dentro de unas horas, dando tiempo a que la inspiración venga a mi (?) así que espérala bc es más que obvio que espero quedar y así<3. Me gustaría cambiar el ship de Lily con Payne, haré Briam o Lashley, idk, por supuesto, sólo si me lo permites; de lo contrario, estará bien. Te completo la ficha, el gif y todo lo que pediste adjuntado a ella. Oh, y no le hagas caso a Deby, suele exagerar)? jajaja, te amo si lees esto, Deby, no dije nada<3. La presentación, tonta... Soy Mey, de Venezuela, 14 años escritora mediocre en proceso, hermana gemela de déborah.♡
pd.;que orgullo que mi bebé haya quedado, añumio, lloraré):
Claro que lo puedes cambiar :chkt: 
Vale espero   No le haré caso a Deby Debs te amouc: Hola Mey, <3
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por Invitado el Lun 14 Oct 2013, 6:17 pm

No dejes que te engañe su adorabilidad D: Lo que dije es cierto D:
ah
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por california. el Lun 14 Oct 2013, 6:28 pm

Deby. escribió:No dejes que te engañe su adorabilidad D: Lo que dije es cierto D:
ah
JAJAJAJA Ya la stalkeé, grr  
Es tan perrrfecta xd 
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por Invitado el Lun 14 Oct 2013, 6:57 pm

Sí, pero es mía :meh:
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por california. el Lun 14 Oct 2013, 7:52 pm

¡EL MURO YA ESTÁ LISTO! <3 AHÍ COMENTEN BELLAS grrr.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por bigtimerush. el Lun 14 Oct 2013, 8:47 pm

Code by Furia Nocturna.
Rosette Wilson.
«Es cuestión de tomar decisiones correctas y la elección del camino adecuado».

Nombre Completo: Rosette Christine Wilson.
Edad: 19 años.
Fecha de nacimiento: Martes 03 de Septiembre, a. 1994.
Lugar procedente: Italia.
Chico: Liam Payne.
Descripción física: Las palabras medidas y exactas que definen de manera precisa sus facetas de atractivo físico, son la perfección en cada una de sus facciones generales y la belleza que en ellos preside con gran potencial. A simple vista, se podría determinar con facilidad lo hermosa qué es, corroborando así una mala imagen de su persona; es decir, parece un ángel caído del cielo, con la inocencia tatuada en el rostro y con la sonrisa que da a entender el nivel genuino y único que resalta entre las demás cuando te detienes a observarlo, pero eso no quiere decir que en lo que respecte a su temperamento, sea lo observable correcto. Se supone, bajo las circunstancias de lo que sería normal, que todos poseen algún defecto que deja caer abajo su intelecto o hermosura, más Rosette carece de defecto alguno que deje en evidencia alguna imperfección. Sus ojos cafés y brillantes son totalmente encantadores, hipnotizantes en cada pestañeo y suspicaces ante un tipo de mirada sútil que esconde mucho más de lo que te bastaría saber; tan acaramelados y dulces que a los hombres se le es difícil su vista de ellos; los ojos de Rosette, en este caso, no pueden ser las ventanas de su alma, pues ella no la tiene en todos los sentidos, aunque, se valen las preposiciones de un futuro inmediato, ¿a que sí? cabe destacar, que sus nueces se congelan con tal rapidez que ni siquiera sé es consciente de eso, matando a una mosca con su frialdad, ¿como es posible que alguien tan pequeñita y menuda pueda quemarte a través de un vistazo rápido? Con pómulos de proporción netamente beneficiosa, una sonrisa espectacular destaca y sobresale de ellos cuán solo de llama abrasador en verano, tal cuál. Muy pocas veces sonríe realmente, pero cuando lo hace, no tienes más opción que ceder como perrito faldero a sus propósitos, aumentando más la intensidad de superioridad. Labios notoriamente delgados y armoniosos, suaves y sonrosodados, tímidos y audaces, carnosos y provocativos. Sus sonrisas sólo tiene un propósito en sí, por lo que suelen ser del todo falsas; mostrando sus perfectos, blancos y alineados dientes al compás de sus palabras. Nariz diminuta y delicada, casi pasa desapercibida, suele tornarse de un color rojizo carmín cuando se ruboriza, muy pocas veces. Caderas esplendidas, envidiables para las chicas que velan por que sean bendecidas de tal manera; pequeñas pero tan rítmicas y llamativas que atraen más de un mirada, complaciendo la vista de encanto de quiénes se atreven a mirarle. Su piel es sólo un punto más que se convierte en una ola de perfección, ayudándola con la belleza que evidentemente todas desean, una piel tan suave como un algodón de azúcar, tan sencilla como una prenda de verano y tan delicada como una pieza de porcelana china, sumamente delicada al más mínimo roce, se tiñe de un rosado claro con el más pequeño intento de forcejeo. Brazos finos como los de una barbie modelada, justamente al igual que sus torneadas, trabajadas y pálidas piernas, agregándole que se le ve maravilloso a la luz del sol. Orejas diminutas y blandas, que la mayoría de las veces van adornadas con una agraciada perla o cualquier otro pendiente de su gusto en particular. Busto de talla normal, no es exagerado ni mucho menos no la deja ver o respirar, tan excitantes como cualquier otra parte de su cuerpo. Manos tan dóciles y sumisas como un pan recien salido del horno de una panadería, tan chicos y finos, trabajados y adornada con un estilo y preparación diferente cada día. En último lugar, no cabe a dudas que su extraordinaria cabellera rubia le agrega un dote más de refinamiento y exquisitez, de igual manera, es medianamente largo pero tan sedoso como el de los comerciales, contiene un brillo inigualable, una esencia a rosas y vainilla y, una presencie que hace que todos suspiren de fascinación.
Descripción psicológica: Las facetas perspectivas de su temperamento, están más que claras, al menos para las personas que la catalogan sin saber absolutamente nada de ella. No pasa percibida como un pan de miel todo el tiempo, existen altibajos que la hacen decaer y, finalmente, su índole se intensifica a tal punto de frenesí y la verdadera muestra de su interior. Un profundo hoyo de sentimientos sensibles y amables a cualquier estímulo que le incrementen, que es ahogado con la fuerza de un torbellino de extravagancia y el sentimiento de superioridad que es fundamental para ella, agregándole sin más, su frialdad y despectividad. Su corazón sufre de incrementos de compasión y sentimentalismo; pero nada de lo que sienta será suficientemente fuerte como para que, de una vez por todas, sea quién quiere ser, aunque la decisiones que ha tomado la han llevado a lo que es, prohibiéndole de ante mano un regreso atrás. Es muy fácil que Rosette se quiebre bajo presión, pues su fuerza desciende cuando su ego y el orgullo que la caracterizan se ve alarmado por una sorpresa ingrata y sorpresiva; la respuesta a cualquier incito es objetiva e hipócrita, demostrando que absolutamente nada le afecta, cuando las cosas se abalanzan a ella con agobio, impidiéndole respirar. Es muy, pero muy dificil observarla llorar o tal vez presenciar junto a ella sus momentos mas complicados, razón por cual, no tiene ningún tipo de lazo más allá de lo interesado con las personas; se siente una porquería la mayoría del tiempo, pero el destino puso en su camino esa actitud de la que tanto se lamenta, pero la que ha perfeccionado durante años, y, efectivamente, no ha habido nadie que la haga cambiar de una manera tan drástica como para que ella misma se perdone lo que hace. Claramente, dicho ya antes, el arrepentimiento y desilusión de su persona se hace presente casi siempre, pero con el apoyo de su egocentrismo y seguridad logra dejar a un lado las pesadumbres que la embargan. Se podría comentar que si no es entre las sabanas de un hotel caro y sofisticado, está mayoritariamente sola, sin nada. Irrevocablemente convertida en una bestia que ataca con manipulaciones, prejuicios, mentiras y falsas sonrisas de satisfacción. Las acciones que va a tomar las analiza con intrepidez y valentía, por un mundo falso que quiere construir con tanto esmero, aparentado, bajando poco a poco su indice de felicidad que pronto llegará a cero. Madura y perspicaz en ocasiones que requieran de su alto rango de intelecto.
Cuando no se ve presionada por los prototipos de la sociedad que espera algo más de ella, se da el lujo de ser la dulce pero enfurruñada Rosette que siempre va cargado de alegría cualquier ambiente. Es importante destacar, que esta característica tan propia de ella sale en momentos subjetivos y restrictivos, con una persona que amerite de su lado bueno, pero, a lo largo de 15 años no ha contado nunca con esa persona, por lo que desde la muerte de su madre, se convirtió en quién es actualmente. Nada de sonrisas simpáticas ni cordiales, nada de ser obligada a sonreír con educación en el momento preciso, los cambios que sufre su personalidad son tan variantes, que nunca se dan, causa por la cual borra todo rastro de esperanza en las personas que esperan ver más de ella. Rosette muestra lo que quiere, cuando así lo desee; mientras mas presión ejerzas, menos se abrirá contigo. Tomando en cuenta todas estos aspectos, se llega a la pre conclusión de que totalmente liberal y dominante al mismo tiempo. Algo resaltante y de esencial información es lo impaciente e intolerante que puede llegar a ser, dependiendo de la situación, cambiando con algunas personas, detesta la espera de algo que valga o no la pena, igualmente, su cerebro puede ser tan cohibido al extremo de no entender situaciones personales de la vida de otro individuo, centrándose en ella. Con los pies en la tierra, más realista que optimista, más vale considerar la verdad un fantasía lejana.
Rosette tiene un don en particular, el don de la sensatez y la madurez, que vendría siendo lo mismo para ella; se detiene a pensar muchísimo cuando algo en especifico atraiga su atención. Abarca matizar que, no hay sujeto que no haya pasado por su vida que sea placentero para su vista, aunque las cosas cambian con demasiada rapidez como para ser capaz de notarlo.
Testaruda al cien por ciento, siempre tiene que tener la razón, nadie puede desmentirla.
Sabe percibir casi a la perfección —pues siempre hay excepciones, no reglas—, cuando una persona necesita algo que es desconocido para su mente, pero tan conocido para su corazón, el amor. Siempre sintió la necesidad de dar amor verdadero, aunque no recibiera nada, aunque su corazón se desvaneciera por ella, aunque le costara decir un te quiero, aunque la vida se le fuera diciéndole un te amo a esa persona que algún día la va a hacer feliz... Una persona, que pese a el ajetreo que su vida le aplicaba, la iba a entender y la iba a amar; aunque no existiera, viviría su vida esperándolo, sin dar atisbo de esperanza, pero con el corazón puesto en las manos de un generoso destino.
Existen facetas de su personalidad que ni ella misma sabía que poseía, pues es fundamental sobrevivir con su ego intacto, el orgullo no herido y una vida superficial perfecta, sin rastro de debilidad.
Historia: Rosette nació una tarde lluviosa y espesa oscurana, en Roma, Italia, un 03 de sept. de 1994. Fue una pequeña muy deseada por parte de sus cálidos familiares italianos, pero sobretodo por su madre primeriza en todo el asunto de el cuestionamiento de como criar a su próxima hija; su padre, permanecía junto a ella, le daba el apoyo con todo su corazón, la amaba desde que la conoció hasta el momento en que de su vientre salió el tesoro más preciado de su vida, la pequeña que le daría vida ésta, la razón de su existencia, la razón de su arriesgo, entregando el todo por el todo por lo que sería, su próxima familia. Pero había algo de lo que Candace, su novia, no estaba consciente, algo que destruiría la unión familiar en segundos, que cambiaría sus vidas; algo de lo que estaban al tanto sus familiares y por supuesto, su amado, Jake. Llegó el momento del parto, la emoción brillaba en los ojos de su próxima familia, más en los ojos de Jake, a pesar de esta felicidad tan grande que lo embargaba, no pudo evitar dejar de pensar en lo que pasaría después de que Candace se enterara de lo que tanto dolor le causaba él, de la posible causa del desenfreno de su vida y quizás el final de ésta. Con el temor grabado en el semblante bajo la mascara que era del todo cierto, contempló con amor paternal detrás de la fría vidriera del quirófano como su novia daba luz a su primer hija, su preciada Rosette. Más una chispa de afecto incondicional prendió una luz en su interior, dándole aun mas fuerzas para afrontar lo que se avecinaba.
Intentó grabarse el rostro conmovido de su esposa con la más potente de las tintas en su memoria, respiró profundo y entró a la habitación 202, dónde su novia se encontraba adormilada por la morfina aún. Su hija gimoteaba muy bajito desde la encubadora. Se preguntó para sus adentros que sería de sus vidas a partir de ahora, le preocupaba enormemente la reacción de su esposa y lo que esto pudiera causarle. Candace no se percató de que su novio, Jake, miraba en su dirección con los ojos dilatados por la angustia; se removió en el frío colchón de hospital y le susurró que se acercara. Jake obedientemente cedió y se sentó en la orilla de la angosta cama, por suerte su esposa no era tan ancha, incluso después del embarazo. Tomó su mano y cerró los ojos con fuerza, sonriéndole con dulzura, haciéndola prometer que no importaba que pasara, el la amaba con toda sus fuerzas y concebir a una hija fue lo más maravilloso que pudo haber experimentado en toda su vida. Candace soltó algunas lagrimas de agobio sin razón, ni causa alguna, sólo con saber que a Jake algo le preocupaba intensamente, a ella le afectaba, pues Jake no se ponía sentimental de la nada, ni mucho menos reflejaba sus temores. Debía ser algo muy grande y en efecto, así era. Los gritos roncos de la adolescente herida retumbaron con dureza en la cabeza de Jake, obligándolo a callar, a soportar todo su ira y a perderlo todo también. Rosette empezó a llorar incesablemente, sintiendo como se desgarraban sus cuerdas vocales. La enfermera entró rápidamente a la habitación, Jake se marchó con el corazón quebrantado, con un hilo que pendía de él, a Candace le dio un paro respiratorio, murió en frente de los ojos inocentes de su hija. Todo acabo, todo perdió su sentido y por primera vez en mucho tiempo, la vida de Jake se vio color gris, nada de colores hasta que su hermosa hija Rosette sonreía para ofrecerle su apoyo. Más las cosas no encajaron como antes. ¿Qué era lo que había provocado la muerte de su madre? Nadie lo sabe, salvo Jake y sus familiares, no incluyendo a Rosette.
La familia Wilson estaba devastada, destruida sin más. Jake se sentía culpable. Pero el encanto y el aura de Rossete le daban ánimos, seguía con el deseo de seguir respirando.
La infancia de Rosette, cuando tenía aproximadamente cuatro años, se vió reflejada con todo el amor de un padre que se esforzaba por sonreír todo los días, dando a entender así que nada iba mal, cuando lo contrario predominaba en su corazón. Nada le faltó, todo se le fue atribuido. Su nana, Jennette, que fue contratada por su padre y recomendada con afán por su familia, velaba día y noche por la felicidad de su niña, Rosette, más que su empleo y medio de vida, era su pasión cuidar de ella.
Rosette fue criada en Roma hasta que su padre por cuestiones mercantiles, decidió viajar y mudarse de una vez a Inglaterra, olvidando su pasado en Italia, intentado marcar un nuevo rumbo en su vida. Para bendición de Dios, a Rosette, la niña de seis años, le encantó la idea de mudarse a un nuevo continente. Jennette, los acompañó en su travesía, dispuesta a seguir con lo que más le gustaba hacer. Dejando atrás el dolor de la perdida de su novia, se instalaron en Inglaterra. Su padre tenía todo el éxito del mundo ahí, las cosas marchaban bien. Incluso, su padre pagó una tutoria en casa para que Rosette aprendiera a hablar inglés con fluidez, como otra inglesa más.
Tras el paso de los años, las cosas no podían ir mejor. Rosette era muy feliz y eso era lo que importaba, realmente. Su padre fue mejorando con el tiempo, al fin fue feliz. A Rosette la inscribieron en un instituto prestigioso, quizás el mas sofisticado. El mundo de la falsedad, la presión de ser perfecta y el afán de superarse hizo que descendiera hasta convertirse en una rubia plástica sin corazón, totalmente indiferente a los sucesos. Le rompieron el corazón más de una vez en la preparatoria, obligándola a casi tatuarse en la frente lo inservible que era enamorarse, que era de inútil intento ser feliz con eso.
16 años y la vida de Rosette tomaba un giro inesperado y terrible para ella. Descubrió lo que su padre con tanto esfuerzo lograba ocultarle, mintiéndole acerca de la verdadera razón de la muerte de su joven y hermosa madre. La verdad salió a flote y derrumbó todo a su paso. Todo se acumuló e hicieron que explotara de una vez por todas. Su vida, prácticamente, se derrumbó con la misma rapidez de un suspiro vencido. Su padre aceptó la realidad del cambio que se accionó en su hija y, dejó de insistir en que eso no tenía por qué afectarle, pero fue de inútil intento. Él sabía que tarde o temprano pasaría y no intervino más.
De viaje en viaje, su padre se ausentaba por largas temporadas, dejando a Rosette con un gran vacío en el pecho, que fue rellenado con falsedad, egocentrismo, arrogancia, frialdad, indiferencia y falta de cariño. Chico tras chico pasaba por debajo de sus sabanas, aun con la esperanza de que alguien la quisiera al fin, pero siempre se encontraba con lo mismo, más lo continúo haciendo, era su naturaleza. Todo esto la noqueó en seguida y notó que se había convertido en su vida ya. Estaba sola y absolutamente nadie podía sacarla de ese hoyo.
Extras:
+ Para expresar su notorio nerviosismo, se muerde el cabello con desesperación; aunque parezca extraño es totalmente efectivo.
+ Considera que, a pesar de las ilusiones vanas, el amor es sobre valorado, inservible y sólo una forma más de sufrir innecesariamente.
+ Le encanta tomar su café especial sobrecargado de almendras, vainilla, coco y doble nata.
+ Sabe que, los pequeños detalles son los que conforman una relación en grande.
Gustos:
+ Cupcakes de red velvet, extra chocolate, y panquesitos simples de vainilla y limón.
+ Sonrisas sinceras, caricias apasionadas y besos dulces.
+ Maratones en casa, sola, de twilight la saga completa y Beatiful Criatures.
+ Jugar al soccer con sus compañeros de instituto.
+ Leer libros, de preferencia románticos, ficción o con drama incluido.
Disgustos:
+ Hostilidad, mal genio.
+ Tener el cabello esponjado y que se le corra el maquillaje debido al sudor que provocó el calor.
+ Malos vicios, como drogas, alcohol o cigarrillo.
+ Comedidas románticas y películas de terror.
+ Cualquier mal habito que le cause irritación.

Special Ladies. {Capítulo I}♡:
Justin Bieber || Dylan Schmidt || 1era ronda.
En medio de mi letargo y profundo escape continuo de la realidad, sentí un hormigueo recorrer mi cara poco a poco, provocando que mi rostro se contrajera precipitadamente en una sonrisa de satisfacción.
—Abre los ojos ya hermanita. Despierta antes de que se te haga más tarde. Mira que mi paciencia se agota y no quiero golpearte —escuché a lo lejos, un murmullo casi inaudible que tensó mi cuerpo.
Abrí los ojos de golpe tras gruñir sonoramente y tratar de tomar el rostro de Kendall y pellizcarlo hasta que quedaran marcas sangrantes, pero no pude; el fue más ágil que yo.
—Vaya, que sutil eres, Kendall —disipé con sarcasmo.
Estrujé mis ojos y tuve que pestañear varias veces antes de que mis grandes ojos color cielo se abrieran e inspeccionaran el rostro sonriente de mi hermano mayor. Lo tomé por la cintura y choqué su cuerpo contra el mío; mis ojos se cerraron con fuerza antes de captar su loción tan exquisita. Sus brazos envolvieron mi pequeño y frágil cuerpo en un dulce fortunio de su parte. La relación que manteníamos Kendall y yo sufría de un tormentoso temperamento, faceta que solo sirvió para que se uniera e intensificara aún más con el pasar de los años, logrando que a pesar de los defectos y las malas situaciones que teníamos que soportar, sirvieran de hincapié a un afecto mutuo y quizás sobreprotector.
La tenue y hasta casi indescifrable luz del sol que se colaba por mis ventanas, avisándonos sin emplear palabras clave que el día daba pie a su resplandor desde temprano, lo que quería decir que ya eran más de las seis en punto.
—Debo ir a trabajar, cariño —cortó Kendall deshaciendo el abrazo y obsequiándome, a su vez, el tierno brillo de sus ojos al observarme.
Asentí en consentimiento y me levante de la cama algo aturdida; mis pies se colocaron de puntillas y despeiné su cabello que hasta ese momento permanecía perfectamente peinado de forma causal y moderna.
—Ñoña, ve a ducharte —su mano ejerció presión en mi espalda impulsándome a entrar al baño de sopetón.
Una carcajada fue lo que bastó para mi mente se concentrara solo en ella. Mi aseo personal no requería de más de dos horas, como en los casos de las chicas normales en particular. En menos de media hora, estuve lista para otro tedioso día laborioso. Me posicione en frente del espejo de mi habitación y pude mirar una sonrisa totalmente falsa que esperaba a la soledad para derrumbarse, y, por fin, no aparecer hasta que nadie sospeche por lo que pasó. Sacudí mi cabello y retire la gorra con el logo de la franquicia digitalizado de mi escritorio, al mismo tiempo que la colocaba sobre mi cabeza.
—Vamos a ver que tanto hueles a frituras hoy, Dylan —me susurré a mí misma.
Siempre me consolaba el hecho de que lo que hacía, lo realizaba por una buena y única causa: mi familia. La razón de mi esfuerzo y dedicación, la raíz de mi esperanza. Desde que mis padre nos abandonó cuan caja llena de cachorritos mugrientos, nuestras vidas se vieron afectadas abruptamente con su partida y no solo el dolor emocional demandó territorio en nuestro hogar, sino que también se fue maximizando a tal punto de hacer deprimir muchísimo a mi madre, causándole una enfermedad de gravedad mortal. Agregando sin más que nuestra solvencia económica descendió a cero, dejándonos en la ruina, obligándonos a Kendall y a mí que adquiriésemos un trabajo para el sustento de todos.
Aún conservaba las esperanzas vagas de que, a pesar de las adversidades que se lanzaban hacia nosotros, pudiésemos tener una vida tranquila y muy dentro de las características de la alegría y el amor, del que carecíamos estos últimos días; pero sobretodo, albergaba la fe de que mi madre sobreviviera a su terrible enfermedad. Mis ojos se cristalizaron al instante de considerar mi razonamiento totalmente ilógico y fuera de lo real, a realidad me golpeaba con fuerza todas las mañanas al abrir mis ojos. Pero no cabía dudas de que mi descontrol de la situación demostraba mediante lágrimas que de mis ojos brotaban, que esta vez la cruda realidad había absorbido la poca fuerza que poseía.
El sonido de la puerta cerrarse contra el umbral de ésta, hizo eco en mi cabeza y con la mano debajo de mis ojos para limpiar las lágrimas, ladeé la cabeza y me encontré con un par de esmeraldas muy pequeñas, apagadas bajo el espesor de sus largas pestañas, enfocándome con atención.
—Sam, ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar ya con Kendall en la pastelería? —inquirí fingiendo una sonrisa genuina mientras me acercaba a mi hermanito menor.
Flexione las piernas hasta quedar a una altura frente a frente con Samuel, tomé su pequeña mano entre la mía y la besé, infundiéndole confianza.
—Te oí llorar y quería venir a verte antes de marcharme —se excusó aun con la misma mirada inicial, bajando su cabeza.
—Oh… No-no estaba lloran… —tartamudeé antes de que un siseo me hiciera cortar el rumbo de la mentira que estuve a punto de justificarle a Sam.
—No me mientas más, Dy —espetó en una melodía infantil muy madura a pesar de su corta edad.
—¿Qué dices, Samuel? Estoy bien —le mentí—. Mira —apunté con la barbilla la ranura de la puerta de la puerta, que estaba entreabierta dejando ver con claridad el perfil de Kendall—, te está esperando, anda.
Sus ojitos no se convencieron, pero aun así acercó su mano a mi rostro, limpiando las lágrimas de mis mejillas cuidadosamente; como si del juguete más preciado, hasta su favorito, se tratase.
—¿Me prometes que ya no lloraras más, Dy? Yo te puedo hacer feliz, estoy aquí contigo, ¿sí? —con la misma mano, acaricio mi cabello y yo solo pude tomar aire en un suspiro y asentir.
—Tu eres todo lo que necesite para sonreír, Sammy —repliqué besando sonoramente la coronilla de su cabellera rubia, como el oro en solido que lo representaba tal cual.
Me levanté de la cuclillas en la que me había puesto, y finalmente, entrelacé sus dedos entre los míos dirigiéndolo hacia mi puerta, a la espera de Kendizle.
—Sam, ve a buscar el almuerzo y tus juguetes, luego espérame en la cocina, ¿podrías? —Kendall chocó su puño con el de mi hermanito.
—De acuerdo. Nos vemos, Dy —me lanzó un beso pequeño para que Kendall no lo pudiera ver.
Le guiñé un ojo en respuesta. En unos segundos más, ya Sammy había desaparecido del pasillo principal que daba con los pares de habitaciones.
Seguramente había descifrado mal el brillo ansioso en los ojos de Kendall, la desilusión y todo rastro de esperanza se consumieron en un pestañeo, invocando mis lágrimas a salir.
—Mamá está empeorando, Dy. Hoy la llevare al médico, pero no es seguro que puedan atenderla. Esta mañana convulsionó de fiebre en mis manos y en realidad, está matándome a mí también —sollozó entre frases entrecortadas que provocaban que no llegara a sentir mi corazón palpitar.
No me gustó para nada que Kendall se mostrara débil ante mí, eso me daba a entender que ya le estaba afectando demasiado. Él no podía dejarme sola, no podía dejarme sucumbir. Mi roca de salvación no podía huir de mí, ni mucho menos hundirse a profundidades inalcanzables.
—Volveré lo más temprano posible del trabajo y te prometo que juntos la llevaremos a revisar con el esposo de la tía Molly. Todo va a estar bien, solo dame fuerza y una sonrisa, ¿vale?
Acerqué su pecho al mío, con mis dedos limpie el camino de lágrimas que ya tenían lugar en sus pálidas mejillas.
—Cuídate mucho, cielo. Nos veremos a la hora de la cena, traeré helado de chocolate suizo, Sammy te hará brownies y los cuatro veremos la trilogía de crespúsculo, ¿te parece? —me preguntó, ahora con el tono de voz más feliz, de cierta manera.
Deposito un beso sonoro y mojado en mi frente.
Carcajeé y le mostré una sonrisa única y especial, a la que solo tenían acceso completo Sam, Kendall y mi madre.
{…}
«Dylan, espero que todo marche bien. Quiero verte después del trabajo, aunque tenía pensado ir a comer una hamburguesa con Zack dentro de un rato. Te manda un beso. Cualquier improvisto, te estoy avisando. Te amamos. Clara.»
Apagué la pantalla del móvil, pero aunque este no reflejara nada, salvo la sombra de un rostro demacrado, no pare de contemplarla.
El olor a hamburguesas, pollo, carne frita, patatas y helados al mismo tiempo no suponía ningún tipo de fastidio alguno para mí, pero si me irritaba sobremanera el balbuceo incesante de la clientela. Me desagradaban los bullicios y las conversaciones fuera de tono y aunque llevara dos meses de contrato, intentaba sin éxito acostumbrarme por completo, tal vez ni una pizca. Soy más de esas chicas a las que les gusta el silencio y la música clásica de fondo en cualquier ambiente. Me entraron unas ganas tremendas de llevar las palmas de mis manos a los oídos para evitar escuchar el gorgoteo que no paraba de aquellas personas, más el choque de dos manos juntarse hizo que ladeara mi cabeza inconscientemente.
—Menos distracción, mas ingreso, señorita Schmidt —exigió la jocosa y anticuada voz de mi jefe, Rafael Jewkins.
La postura soberbia y por supuesto, superior que mantenía me intimidó un poco, lo suficiente como para que concentrara mi atención el maquina manufacturera y el monitor que llevaba a sucesión las cuentas que requerían un chequeo. Luego de asesorarse de que todo estuviera bajo control con la despistada chica, se esfumó del lugar de la caja registradora, mi sección especificada de trabajo. Entorné los ojos y con un poco de mala suerte, las ganas de soportar algo que tanto detestaba no se largaron de mi secuencia pensativa.
La puerta de la franquicia de comida rápida se abrió de par en par, alborotando las hormonas de las chicas que darían suspiros de admiración y más por respirar el mismo aire que respira cualquier sujeto de atractivo parecido a una pila de perfección en su expresión más pura. Un hombre de, calculándole a simple vista, unos cuarenta y pico de años irrumpió en el lugar con elegancia y un porte que daba a indicar de forma inmediata, su nivel de riqueza económica; junto con otro joven que escondía debajo de una chaqueta negra su rostro y otro acompañante rizado que sonreía abiertamente de mejilla a mejilla, cautivando a más de una chica del lugar con sus adorables hoyuelos, debía apreciar.
Para mi cuestionamiento interno, nada común por cierto, era la primera vez que gente de ese tipo de vida llegara como de la nada a un restaurant de hamburguesas grasientas y patatas adictivas. Me sorprendió un poco, mas debido a mi conocimiento sobre esas personas, el tema dejo de opacar mi cabeza.
Después, todo recobró el sentido anterior de bienvenida en mi persona; y podía jurar y perjurar que las ganas que tenia de huir de semejante escena me pedían a gritos ser tomadas en cuenta. Lastimosamente, mis zapatos parecían haberse pegado al suelo con cemento, por ejemplo. Los miré deseando quemarlos con la mirada.
El joven de la chaqueta de cuero con capucha negra arrastró sus pies a la caja en donde yo yacia petrificada y lentamente, dejo caer su capucha hacia atrás. Posos sus manos en el mostrador y antes de que articulara palabra alguna, yo hablé primero:
—Buen día. ¿Qué se le ofrece? —imité la voz que estaba grabada en mi cerebro para cuando un cliente hacia su orden.
Monótona y repetitiva.
—Soy Justin Bieber, así que también es un placer —apuntó con una carcajada frustrada y seca al mismo tiempo.
¿Para qué se presentaba? Yo solo deseaba con ansias su orden y desapareciera de su vista; su sonrisa fuera más irónica y yo pudiera comenzar a respirar sin dificultad. Clavé los ojos en el monitor del computador y esperé no parecer una tonta.
—¿Se le ofrece algo? —repetí de nuevo, sin cambiar nada a mi expresión anterior.
Sus nudillos golpearon con suavidad en la mesa.
—Me podrías decir tú nombre.
Respingué, vencida, y pensé que lo mejor sería darle la cara y que se marchara de una buena vez por todas. Mis ojos impactaron con amabilidad en los suyos y parecí haberme hundido en una especie de ensoñación ridícula propia de los adolescentes.
El sujeto carraspeó, divirtiéndose con el asunto de ser jodidamente tentador en todos los sentidos.
—Dylan Schmidt —dije, sin más, siendo algo indiferente a lo que respectaba su belleza—. ¿Va a ordenar algo, joven?
—Dylan, es un placer muy grato, pero desearía que me llamaras por mi nombre, si no es mucho pedir.
Alzó una de sus rubias cejas y esperó pacientemente a que cumpliera con lo que él quería escuchar.
—Justin… —musité frunciendo los labios—. ¿Qué quieres?
No lo pensó dos veces antes de contestarme, mordiéndose el labio, poniendo en un hilo mi paciencia:
—Una sonrisa de tú parte, querida.
No pude evitar arrugar la nariz; comenzaba a fastidiarme, en verdad.
—Bien puedes mover el trasero hacia la salida y olvidarte de tus coqueteos por un segundo u ordenar de una buena vez, querido —contesté balbuceando cada palabra con inquietud.
Parpadeó confundido y me miró por un largo minuto, no creyéndose el fallo intento de sus tácticas seductoras ridículas; por mi parte, bien podría largarse y dejar de jugar con mi persona.
—Está bien.
Su respuesta hizo que sonreirá levemente, victoriosa. Nunca estaba de más esfumar el ego de un chico con un par de palabras grotescas. Más mi victoria respecto al desplome de su ego, no significo ningún tipo de gratitud en mí. Era medianamente imposible impedir que mis pensamientos de detuvieran y me dejaran el subconsciente en silencio, a diferencia de mi día a día, donde en mi mundo interpretaba las cosas de una forma más puntual y diferente, donde miles de vocecillas pequeñas atacaban mi subconsciente con cuestionamientos que eran de relevancia personal, atormentándome, pero controlando mis emociones lo que nos llevaría a una gama de decisiones más completas y de mayor rango racional, claro está.
El joven seductor de rizos alborotados y extraños, miraba la escena con una mueca claramente burlona tatuada en el semblante y los ojos enfocados hacia nuestra dirección, sin interés alguno en mostrar discreción. Me pregunte en mi fuero interno si aquel chico era su hermano y el hombre de aspecto moderno pero mayor era su padre; así, cabía destacar, que entre los dos muchachos no había parecido alguno que los asemejara con un parentesco.
Desvié la mirada hacia la nómina de pago que estaba resolviendo sin éxito, pues mi imprudencia provocaba varias preguntas sobre ellos se pasara por mi mente, atacando hechos y con eso, determinando conclusiones que ni yo sabía si eran acertadas al cien por ciento.
De repente, sentí como una mano rugosa me tomaba del antebrazo con soltura, lastimándome al contacto. Volteé, dispuesta a descifrar de quien se trataba y cuando lo hice, me topé con los oscuros y no muy amables ojos de Jewkins. ¿Qué estaba haciendo? No fui capaz de mirar a Justin, pues supuse que él ya se habría ido. Me equivoqué.
—Oiga, la está lastimando, déjela en paz —demandó Justin en un gruñido receloso.
—Suélteme ya —me defendí tratando de zafarme de su agarre.
—Vendrás conmigo, tengo que hablarte sobre algunas cosas —me soltó a regañadientes al intercambiar una mirada de duda con Bieber.
Me cuestioné que habría visto a través de ellos.
—Que sea la última vez que me pone un solo dedo encima —le dije sin perder los cabales del respeto.
Aunque me haya tratado inadecuadamente, no podía permitirme perder los buenos modales de una dama que mama me había inculcado con tanto esmero.
—Vale, vale. Acompáñame, Dylan —había cambiado por completo el tono de su voz, transformándolo en uno más cordial y menos agresivo.
Todavía Justin no le quitaba los ojos de encima, evidentemente hostil. Yo estaba en el medio de un altercado de miradas llenas de ira entre los dos, no sabía que parte de la conversación me había perdido.
{…}
Las lágrimas se golpeaban en mis ojos con furor de decepción. Mi rostro estaba contraído en una mueca de indecisión. ¿Cómo se suponía que se lo diría a Kendall? Arruinaría lo que con tanto esfuerzo nos logró construir, estaríamos casi o igual que al principio. El sueldo pobre de Kendall no bastaba para todo un mes de sustento, cuidado y sólo duraba para una semana. Me regañaba mentalmente por haber perdido un empleo tan valioso, y no para mí, sino para mi familia. Veía a través de mis ojos, como el futuro estaba deslizándose en un abismo sin fondo; no sabía que haría. Jugueteé con mis dedos, el temor se apoderó de mí aunque no quise aceptarlo en ningún momento. Debía mantenerme fuerte, aunque yo misma sabía que todo cristal se quebraba.
Lleve las manos sudorosas a mi rostro y despegué de él los cabellos que se habían adherido a mi frente, que estaba perlada de sudor. Tenía que buscar una manera de irme a casa, sonreír con todas mis fuerzas y asegurar que todo cambiaria, que todo estaba bien, pero… no había nada que mi fe de que las cosas mejorasen pudiera hacer. Me sentía tan inútil, no tenía ningún poder sobre el destino y eso me afectaba. El contrapeso de la mejoría con el dolor se inclinaba al agobio, dejando tocar al suelo la mejoría. No quería que Sam se criara en un vecindario de mala muerte, quería que mantuviera presente los valores que le habíamos enseñado, pero la situación era tan critica que hasta eso iba a cambiar.
Finalmente, visualicé un rincón oscuro cerca de la salida trasera del local, ignoré que Jewkins me hubiera prohibido volver a pisar ese terreno; me senté en el duro y caliente asfalto, abrazándome a mí misma, dándome consuelo. Eso ocurría cuando no tenías a absolutamente nadie que te prometiera que las cosas estaban bien, que algún día la felicidad tocaría nuestros corazones… Kendall estaba lejos, inalcanzable, casi sentía su desesperanza, su decepción quemar mi pecho, mis ojos, mi corazón…
Una sola pregunta invadía mi razón, ¿Qué sería de nosotros? ¿Hasta dónde llegaríamos?
Mis ojos se cerraron lentamente, mi corazón se precipitó a detener su ritmo acelerado, mis piernas se debilitaban y mis ganas de seguir con vida se desvanecían.
—Dylan… —me había llamado con la voz apagada, casi desolada.
No obtuve el ánimo suficiente para volverme a ver su cara de ángel caído del cielo. Simplemente, no des adopté mi postura.
—Schmidt, el destino es algo tan… acertado y calculado. ¿Quién diría que hoy me toparía contigo? Siempre me ha afectado la debilidad de las chicas en sus momentos más difíciles, pero, eso algo totalmente natural, tomando en cuenta que es lo que te lastimó —un suspiro escapó de sus labios y percibí como la tonada de su voz era tan compasiva y sutil—. Tu hermano es una persona maravillosa, a decir verdad, uno de los mejores amigos que he tenido —me paralicé ante la mención de Kendall. Justin río levemente, para luego justificar sus palabras—: Lo conocí en la primaria pero nunca llegué a imaginar que tendría una hermana. Al principio me pareciste conocida, pero, nada que ver con algún tipo de asemejo, hasta que la determinación de tu voz te delató. Eres tan igual a él…
Mi mente estaba en blanco. Aferré mis rodillas a mi cuerpo en débil, solo que sin derramar ninguna lagrima, ya se había extinguido hace mucho.
—¿Eres alguien que me mandaron para minimizar mis agobios o… te burlaras de mí? —inquirí en un susurro, que al final, se quebró en la sintonía de aparentar ser lo que nunca seré: lo suficientemente fuerte.
—Yo seré lo que tú quieras que sea —me dijo, agregándole una pizca de dulzura.
Mi corazón se achicó por algo que no pude explicar mediante simples palabras ordinarias. Después de todo, siempre llega ese alguien que logra provocar en ti, un pequeño atisbo de luz que creías inexistente. Esa pizca del complemento del que carecías.
Estiré mis piernas y destapé mi rostro de la burbuja personal en la que me había sumido.
Me miró con ternura, traté de sonreírle lo mejor que pude. Me sentí culpable por el prototipo que le definí.
—Te conozco desde hace… —miró el reloj de su muñeca y se volvió hacia mí— aproximadamente, cuarenta minutos, por lo que no me has dicho que tipo de café te gusta, aunque permíteme predecir que es… —hizo un gesto pensativo y se colocó la mano en la barbilla.
—Moca late con crema de chocolate y una ración almendras endulzadas —adivinamos al unísono.
—Hay cosas que nunca cambian —admitió soltando una carcajada suave.
—Es el favorito de Kendall —le recordé mostrando la sinceridad de una sonrisa simple…
…. aunque no sabía por qué, él se merecía mucho más.
—Vamos al Starbucks más cercano, esta solo a unas cuadras —propuso él levantándose de mi rincón y tendiéndome la mano para ayudar.
—Me encantaría ir contigo, Bieber.
{…}
—Lamento mucho lo de tu madre, Dy. En verdad no sabía, porque si hubiese sido lo contrario… no te lo habría siquiera recordado.
Se disculpó con una sonrisa de pena automática. Me acaricio la mano por encima de la mesa; sí que se sentía culpable.
—Gracias… por preocuparte de tal manera, Justin —agradecí y tomé su mano entre la mía, acariciándola con lentitud.
—No tienes por qué agradecer. Todo lo que hago, lo hago de corazón.
Le propiné una sonrisa encantadora. Tomé un sorbo de mi café, aunque me quemé la garganta y la lengua, no podía despegar la vista de la ventana. Aun me preocupaba la reacción de Kendall, nuestro futuro tan incierto…
Mi cerebro no podía analizar nada, estaba totalmente cegado por el giro inesperado que tomaron las cosas.
El respetó mi silencio, y lo interpreto como la toma de un segundo para volver a la realidad de nuestro mundo alejado de ella. Le miré de reojo, cuidando que no se percatara de esa pequeña acción. No sabía si era un agite falso de algún tipo de preocupación o quizás temor, pero no sabía por qué. Su mirada reflejaba una mezcla de estas dos emociones al él mirar la pantalla de su móvil. ¿Había recibido una mala noticia?
Mi estómago sufrió un retorcijón de emociones confusas. Ya no estaba el pasivo o seductor Justin, estaba un Justin atemorizado. Su nariz tenía pequeñas gotitas de sudor y sus labios estaban hinchados de tanto morderlos. Noté que quería gritarme algo, pero no podía, por alguna razón en específico.
Opté por no preguntar nada, y evadir ese detalle. No quería obligarlo a inventar una excusa para no comentar nada.
—Debo irme, Justin, fue un placer haber compartido la tarde contigo. Le mandaré tus saludos a Kendall. Con permiso —me levanté de mi asiento y le dirigí una sonrisa como despedida.
Su rapidez me dejo pasmada, me tomó abruptamente por el codo haciéndome girar sobre mis talones.
—No te puedes ir, Dylan.
—¿Por qué no? Tengo que ir a casa, ya es tarde —repliqué mirándole con confusión.
Soltó mi brazo con la expresión vacía.
—Lo siento, no… no quiero que te vayas… —alzó sus cejas en modo de respuesta.
Me apresuré a negar con la cabeza varias veces.
—Me quedaría, pero no puedo. Aunque si gustas, podrías venir conmigo y te quedas a cenar —ofrecí con la voz ronca a causa del improvisto de mi propuesta.
—Vale, vale. Me haría bien conversar con Kendall —aceptó, nervioso.
Sus ojos transmitían un mensaje, pero no supe cuál era. Tal vez era algo inconsciente y no tenía por qué preocuparme…
… todos mis intentos de evasión acerca de su evidente reflejo de angustia, decayeron con la rapidez con la que cae un vaso y se estrella contra el piso, rompiéndose en miles de pedazos. Mis ojos fueron los emisores de mi pronto miedo, lo que me causó un estremecimiento de pies a cabeza desagradable. Súbitamente, mis piernas perdieron su fuerza e impactaron contra el suelo en un golpe seco. Un grito desgarrador alarmó mis sentidos, a pesar de que me estaba consumiendo por el temor que me invadía.
—¡Dylan! —me llamó en el retumbo más alejado que noté de su voz— ¡Déjenla en paz!
Un hombre de aspecto fortachón y espeluznante, con violencia, golpeó mi mejilla. El líquido corrió de la parte derecha de mi rostro. Gemí de dolor y pataleé alejándome del sujeto que quería tomarme de alguna manera. Visualicé a lo lejos como Justin me miraba sin expresar emoción alguna, sin querer acercarse a ayudarme. No pude reprimir las ganas de llorar desconsoladamente, y las lágrimas me impidieron ver con claridad cómo se desataba la situación.
¿Por qué no me ayudaba? ¿Es que había fingido todo este tiempo?
Mi corazón no soportó por mucho ver su indiferencia, mis ojos se cerraban con pesadez, mis piernas se cansaban de forcejear… mis pulmones de respirar.
No le di tiempo a mi sensatez de interpretar todo, pues un pañuelo mojado fue posado sobre mi nariz.
Sammy, mi madre Ellen, Kendall…
Todo pasó como un flashback por mi memoria… y no salí a la superficie.
♡:
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____________________________________
¿Qué puedo decir? A parte de que me ha encantado participar en esta n.c y aunque no quede, les deseo toda la suerte del mundo<3. Tardé tres horas enteras en crear esto, en verdad espero que les guste a a quién lo lea, y agradecería su opinión. Es la primera vez que hago una ficha con el carácter de Rosette, pues ella es zorra con clase)? y la mayoría de mis personajes son netamente dulces y tímidos, así que tuve que exprimir mi cerebro en algunas cosas. Sólo les pido que no sean duras y qué por favor, no roben el ship de Briam si lo hacen les irá muy mal)? sentirán la ira de stephy y la mía :scratch: eh, creo que es todo. Como dije antes, un placer, nos vemos pronto, las quiero m.
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por Invitado el Lun 14 Oct 2013, 8:59 pm

¿Ven? A eso me refería :meh:
*aplausos*
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por bigtimerush. el Lun 14 Oct 2013, 9:12 pm

 :oops: 
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Re: I will survive | N.C | ¡Audiciones cerradas!

Mensaje por california. el Lun 14 Oct 2013, 9:40 pm

worldwide with you♡ escribió:
Code by Furia Nocturna.
Rosette Wilson.
«Es cuestión de tomar decisiones correctas y la elección del camino adecuado».


Nombre Completo: Rosette Christine Wilson.
Edad: 19 años.
Fecha de nacimiento: Martes 03 de Septiembre, a. 1994.
Lugar procedente: Italia.
Chico: Liam Payne.
Descripción física: Las palabras medidas y exactas que definen de manera precisa sus facetas de atractivo físico, son la perfección en cada una de sus facciones generales y la belleza que en ellos preside con gran potencial. A simple vista, se podría determinar con facilidad lo hermosa qué es, corroborando así una mala imagen de su persona; es decir, parece un ángel caído del cielo, con la inocencia tatuada en el rostro y con la sonrisa que da a entender el nivel genuino y único que resalta entre las demás cuando te detienes a observarlo, pero eso no quiere decir que en lo que respecte a su temperamento, sea lo observable correcto. Se supone, bajo las circunstancias de lo que sería normal, que todos poseen algún defecto que deja caer abajo su intelecto o hermosura, más Rosette carece de defecto alguno que deje en evidencia alguna imperfección. Sus ojos cafés y brillantes son totalmente encantadores, hipnotizantes en cada pestañeo y suspicaces ante un tipo de mirada sútil que esconde mucho más de lo que te bastaría saber; tan acaramelados y dulces que a los hombres se le es difícil su vista de ellos; los ojos de Rosette, en este caso, no pueden ser las ventanas de su alma, pues ella no la tiene en todos los sentidos, aunque, se valen las preposiciones de un futuro inmediato, ¿a que sí? cabe destacar, que sus nueces se congelan con tal rapidez que ni siquiera sé es consciente de eso, matando a una mosca con su frialdad, ¿como es posible que alguien tan pequeñita y menuda pueda quemarte a través de un vistazo rápido? Con pómulos de proporción netamente beneficiosa, una sonrisa espectacular destaca y sobresale de ellos cuán solo de llama abrasador en verano, tal cuál. Muy pocas veces sonríe realmente, pero cuando lo hace, no tienes más opción que ceder como perrito faldero a sus propósitos, aumentando más la intensidad de superioridad. Labios notoriamente delgados y armoniosos, suaves y sonrosodados, tímidos y audaces, carnosos y provocativos. Sus sonrisas sólo tiene un propósito en sí, por lo que suelen ser del todo falsas; mostrando sus perfectos, blancos y alineados dientes al compás de sus palabras. Nariz diminuta y delicada, casi pasa desapercibida, suele tornarse de un color rojizo carmín cuando se ruboriza, muy pocas veces. Caderas esplendidas, envidiables para las chicas que velan por que sean bendecidas de tal manera; pequeñas pero tan rítmicas y llamativas que atraen más de un mirada, complaciendo la vista de encanto de quiénes se atreven a mirarle. Su piel es sólo un punto más que se convierte en una ola de perfección, ayudándola con la belleza que evidentemente todas desean, una piel tan suave como un algodón de azúcar, tan sencilla como una prenda de verano y tan delicada como una pieza de porcelana china, sumamente delicada al más mínimo roce, se tiñe de un rosado claro con el más pequeño intento de forcejeo. Brazos finos como los de una barbie modelada, justamente al igual que sus torneadas, trabajadas y pálidas piernas, agregándole que se le ve maravilloso a la luz del sol. Orejas diminutas y blandas, que la mayoría de las veces van adornadas con una agraciada perla o cualquier otro pendiente de su gusto en particular. Busto de talla normal, no es exagerado ni mucho menos no la deja ver o respirar, tan excitantes como cualquier otra parte de su cuerpo. Manos tan dóciles y sumisas como un pan recien salido del horno de una panadería, tan chicos y finos, trabajados y adornada con un estilo y preparación diferente cada día. En último lugar, no cabe a dudas que su extraordinaria cabellera rubia le agrega un dote más de refinamiento y exquisitez, de igual manera, es medianamente largo pero tan sedoso como el de los comerciales, contiene un brillo inigualable, una esencia a rosas y vainilla y, una presencie que hace que todos suspiren de fascinación.
Descripción psicológica: Las facetas perspectivas de su temperamento, están más que claras, al menos para las personas que la catalogan sin saber absolutamente nada de ella. No pasa percibida como un pan de miel todo el tiempo, existen altibajos que la hacen decaer y, finalmente, su índole se intensifica a tal punto de frenesí y la verdadera muestra de su interior. Un profundo hoyo de sentimientos sensibles y amables a cualquier estímulo que le incrementen, que es ahogado con la fuerza de un torbellino de extravagancia y el sentimiento de superioridad que es fundamental para ella, agregándole sin más, su frialdad y despectividad. Su corazón sufre de incrementos de compasión y sentimentalismo; pero nada de lo que sienta será suficientemente fuerte como para que, de una vez por todas, sea quién quiere ser, aunque la decisiones que ha tomado la han llevado a lo que es, prohibiéndole de ante mano un regreso atrás. Es muy fácil que Rosette se quiebre bajo presión, pues su fuerza desciende cuando su ego y el orgullo que la caracterizan se ve alarmado por una sorpresa ingrata y sorpresiva; la respuesta a cualquier incito es objetiva e hipócrita, demostrando que absolutamente nada le afecta, cuando las cosas se abalanzan a ella con agobio, impidiéndole respirar. Es muy, pero muy dificil observarla llorar o tal vez presenciar junto a ella sus momentos mas complicados, razón por cual, no tiene ningún tipo de lazo más allá de lo interesado con las personas; se siente una porquería la mayoría del tiempo, pero el destino puso en su camino esa actitud de la que tanto se lamenta, pero la que ha perfeccionado durante años, y, efectivamente, no ha habido nadie que la haga cambiar de una manera tan drástica como para que ella misma se perdone lo que hace. Claramente, dicho ya antes, el arrepentimiento y desilusión de su persona se hace presente casi siempre, pero con el apoyo de su egocentrismo y seguridad logra dejar a un lado las pesadumbres que la embargan. Se podría comentar que si no es entre las sabanas de un hotel caro y sofisticado, está mayoritariamente sola, sin nada. Irrevocablemente convertida en una bestia que ataca con manipulaciones, prejuicios, mentiras y falsas sonrisas de satisfacción. Las acciones que va a tomar las analiza con intrepidez y valentía, por un mundo falso que quiere construir con tanto esmero, aparentado, bajando poco a poco su indice de felicidad que pronto llegará a cero. Madura y perspicaz en ocasiones que requieran de su alto rango de intelecto.
Cuando no se ve presionada por los prototipos de la sociedad que espera algo más de ella, se da el lujo de ser la dulce pero enfurruñada Rosette que siempre va cargado de alegría cualquier ambiente. Es importante destacar, que esta característica tan propia de ella sale en momentos subjetivos y restrictivos, con una persona que amerite de su lado bueno, pero, a lo largo de 15 años no ha contado nunca con esa persona, por lo que desde la muerte de su madre, se convirtió en quién es actualmente. Nada de sonrisas simpáticas ni cordiales, nada de ser obligada a sonreír con educación en el momento preciso, los cambios que sufre su personalidad son tan variantes, que nunca se dan, causa por la cual borra todo rastro de esperanza en las personas que esperan ver más de ella. Rosette muestra lo que quiere, cuando así lo desee; mientras mas presión ejerzas, menos se abrirá contigo. Tomando en cuenta todas estos aspectos, se llega a la pre conclusión de que totalmente liberal y dominante al mismo tiempo. Algo resaltante y de esencial información es lo impaciente e intolerante que puede llegar a ser, dependiendo de la situación, cambiando con algunas personas, detesta la espera de algo que valga o no la pena, igualmente, su cerebro puede ser tan cohibido al extremo de no entender situaciones personales de la vida de otro individuo, centrándose en ella. Con los pies en la tierra, más realista que optimista, más vale considerar la verdad un fantasía lejana.
Rosette tiene un don en particular, el don de la sensatez y la madurez, que vendría siendo lo mismo para ella; se detiene a pensar muchísimo cuando algo en especifico atraiga su atención. Abarca matizar que, no hay sujeto que no haya pasado por su vida que sea placentero para su vista, aunque las cosas cambian con demasiada rapidez como para ser capaz de notarlo.
Testaruda al cien por ciento, siempre tiene que tener la razón, nadie puede desmentirla.
Sabe percibir casi a la perfección —pues siempre hay excepciones, no reglas—, cuando una persona necesita algo que es desconocido para su mente, pero tan conocido para su corazón, el amor. Siempre sintió la necesidad de dar amor verdadero, aunque no recibiera nada, aunque su corazón se desvaneciera por ella, aunque le costara decir un te quiero, aunque la vida se le fuera diciéndole un te amo a esa persona que algún día la va a hacer feliz... Una persona, que pese a el ajetreo que su vida le aplicaba, la iba a entender y la iba a amar; aunque no existiera, viviría su vida esperándolo, sin dar atisbo de esperanza, pero con el corazón puesto en las manos de un generoso destino.
Existen facetas de su personalidad que ni ella misma sabía que poseía, pues es fundamental sobrevivir con su ego intacto, el orgullo no herido y una vida superficial perfecta, sin rastro de debilidad.
Historia: Rosette nació una tarde lluviosa y espesa oscurana, en Roma, Italia, un 03 de sept. de 1994. Fue una pequeña muy deseada por parte de sus cálidos familiares italianos, pero sobretodo por su madre primeriza en todo el asunto de el cuestionamiento de como criar a su próxima hija; su padre, permanecía junto a ella, le daba el apoyo con todo su corazón, la amaba desde que la conoció hasta el momento en que de su vientre salió el tesoro más preciado de su vida, la pequeña que le daría vida ésta, la razón de su existencia, la razón de su arriesgo, entregando el todo por el todo por lo que sería, su próxima familia. Pero había algo de lo que Candace, su novia, no estaba consciente, algo que destruiría la unión familiar en segundos, que cambiaría sus vidas; algo de lo que estaban al tanto sus familiares y por supuesto, su amado, Jake. Llegó el momento del parto, la emoción brillaba en los ojos de su próxima familia, más en los ojos de Jake, a pesar de esta felicidad tan grande que lo embargaba, no pudo evitar dejar de pensar en lo que pasaría después de que Candace se enterara de lo que tanto dolor le causaba él, de la posible causa del desenfreno de su vida y quizás el final de ésta. Con el temor grabado en el semblante bajo la mascara que era del todo cierto, contempló con amor paternal detrás de la fría vidriera del quirófano como su novia daba luz a su primer hija, su preciada Rosette. Más una chispa de afecto incondicional prendió una luz en su interior, dándole aun mas fuerzas para afrontar lo que se avecinaba.
Intentó grabarse el rostro conmovido de su esposa con la más potente de las tintas en su memoria, respiró profundo y entró a la habitación 202, dónde su novia se encontraba adormilada por la morfina aún. Su hija gimoteaba muy bajito desde la encubadora. Se preguntó para sus adentros que sería de sus vidas a partir de ahora, le preocupaba enormemente la reacción de su esposa y lo que esto pudiera causarle. Candace no se percató de que su novio, Jake, miraba en su dirección con los ojos dilatados por la angustia; se removió en el frío colchón de hospital y le susurró que se acercara. Jake obedientemente cedió y se sentó en la orilla de la angosta cama, por suerte su esposa no era tan ancha, incluso después del embarazo. Tomó su mano y cerró los ojos con fuerza, sonriéndole con dulzura, haciéndola prometer que no importaba que pasara, el la amaba con toda sus fuerzas y concebir a una hija fue lo más maravilloso que pudo haber experimentado en toda su vida. Candace soltó algunas lagrimas de agobio sin razón, ni causa alguna, sólo con saber que a Jake algo le preocupaba intensamente, a ella le afectaba, pues Jake no se ponía sentimental de la nada, ni mucho menos reflejaba sus temores. Debía ser algo muy grande y en efecto, así era. Los gritos roncos de la adolescente herida retumbaron con dureza en la cabeza de Jake, obligándolo a callar, a soportar todo su ira y a perderlo todo también. Rosette empezó a llorar incesablemente, sintiendo como se desgarraban sus cuerdas vocales. La enfermera entró rápidamente a la habitación, Jake se marchó con el corazón quebrantado, con un hilo que pendía de él, a Candace le dio un paro respiratorio, murió en frente de los ojos inocentes de su hija. Todo acabo, todo perdió su sentido y por primera vez en mucho tiempo, la vida de Jake se vio color gris, nada de colores hasta que su hermosa hija Rosette sonreía para ofrecerle su apoyo. Más las cosas no encajaron como antes. ¿Qué era lo que había provocado la muerte de su madre? Nadie lo sabe, salvo Jake y sus familiares, no incluyendo a Rosette.
La familia Wilson estaba devastada, destruida sin más. Jake se sentía culpable. Pero el encanto y el aura de Rossete le daban ánimos, seguía con el deseo de seguir respirando.
La infancia de Rosette, cuando tenía aproximadamente cuatro años, se vió reflejada con todo el amor de un padre que se esforzaba por sonreír todo los días, dando a entender así que nada iba mal, cuando lo contrario predominaba en su corazón. Nada le faltó, todo se le fue atribuido. Su nana, Jennette, que fue contratada por su padre y recomendada con afán por su familia, velaba día y noche por la felicidad de su niña, Rosette, más que su empleo y medio de vida, era su pasión cuidar de ella.
Rosette fue criada en Roma hasta que su padre por cuestiones mercantiles, decidió viajar y mudarse de una vez a Inglaterra, olvidando su pasado en Italia, intentado marcar un nuevo rumbo en su vida. Para bendición de Dios, a Rosette, la niña de seis años, le encantó la idea de mudarse a un nuevo continente. Jennette, los acompañó en su travesía, dispuesta a seguir con lo que más le gustaba hacer. Dejando atrás el dolor de la perdida de su novia, se instalaron en Inglaterra. Su padre tenía todo el éxito del mundo ahí, las cosas marchaban bien. Incluso, su padre pagó una tutoria en casa para que Rosette aprendiera a hablar inglés con fluidez, como otra inglesa más.
Tras el paso de los años, las cosas no podían ir mejor. Rosette era muy feliz y eso era lo que importaba, realmente. Su padre fue mejorando con el tiempo, al fin fue feliz. A Rosette la inscribieron en un instituto prestigioso, quizás el mas sofisticado. El mundo de la falsedad, la presión de ser perfecta y el afán de superarse hizo que descendiera hasta convertirse en una rubia plástica sin corazón, totalmente indiferente a los sucesos. Le rompieron el corazón más de una vez en la preparatoria, obligándola a casi tatuarse en la frente lo inservible que era enamorarse, que era de inútil intento ser feliz con eso.
16 años y la vida de Rosette tomaba un giro inesperado y terrible para ella. Descubrió lo que su padre con tanto esfuerzo lograba ocultarle, mintiéndole acerca de la verdadera razón de la muerte de su joven y hermosa madre. La verdad salió a flote y derrumbó todo a su paso. Todo se acumuló e hicieron que explotara de una vez por todas. Su vida, prácticamente, se derrumbó con la misma rapidez de un suspiro vencido. Su padre aceptó la realidad del cambio que se accionó en su hija y, dejó de insistir en que eso no tenía por qué afectarle, pero fue de inútil intento. Él sabía que tarde o temprano pasaría y no intervino más.
De viaje en viaje, su padre se ausentaba por largas temporadas, dejando a Rosette con un gran vacío en el pecho, que fue rellenado con falsedad, egocentrismo, arrogancia, frialdad, indiferencia y falta de cariño. Chico tras chico pasaba por debajo de sus sabanas, aun con la esperanza de que alguien la quisiera al fin, pero siempre se encontraba con lo mismo, más lo continúo haciendo, era su naturaleza. Todo esto la noqueó en seguida y notó que se había convertido en su vida ya. Estaba sola y absolutamente nadie podía sacarla de ese hoyo.
Extras:
+ Para expresar su notorio nerviosismo, se muerde el cabello con desesperación; aunque parezca extraño es totalmente efectivo.
+ Considera que, a pesar de las ilusiones vanas, el amor es sobre valorado, inservible y sólo una forma más de sufrir innecesariamente.
+ Le encanta tomar su café especial sobrecargado de almendras, vainilla, coco y doble nata.
+ Sabe que, los pequeños detalles son los que conforman una relación en grande.
Gustos:
+ Cupcakes de red velvet, extra chocolate, y panquesitos simples de vainilla y limón.
+ Sonrisas sinceras, caricias apasionadas y besos dulces.
+ Maratones en casa, sola, de twilight la saga completa y Beatiful Criatures.
+ Jugar al soccer con sus compañeros de instituto.
+ Leer libros, de preferencia románticos, ficción o con drama incluido.
Disgustos:
+ Hostilidad, mal genio.
+ Tener el cabello esponjado y que se le corra el maquillaje debido al sudor que provocó el calor.
+ Malos vicios, como drogas, alcohol o cigarrillo.
+ Comedidas románticas y películas de terror.
+ Cualquier mal habito que le cause irritación.

Special Ladies. {Capítulo I}♡:

Justin Bieber || Dylan Schmidt || 1era ronda.

En medio de mi letargo y profundo escape continuo de la realidad, sentí un hormigueo recorrer mi cara poco a poco, provocando que mi rostro se contrajera precipitadamente en una sonrisa de satisfacción.
—Abre los ojos ya hermanita. Despierta antes de que se te haga más tarde. Mira que mi paciencia se agota y no quiero golpearte —escuché a lo lejos, un murmullo casi inaudible que tensó mi cuerpo.
Abrí los ojos de golpe tras gruñir sonoramente y tratar de tomar el rostro de Kendall y pellizcarlo hasta que quedaran marcas sangrantes, pero no pude; el fue más ágil que yo.
—Vaya, que sutil eres, Kendall —disipé con sarcasmo.
Estrujé mis ojos y tuve que pestañear varias veces antes de que mis grandes ojos color cielo se abrieran e inspeccionaran el rostro sonriente de mi hermano mayor. Lo tomé por la cintura y choqué su cuerpo contra el mío; mis ojos se cerraron con fuerza antes de captar su loción tan exquisita. Sus brazos envolvieron mi pequeño y frágil cuerpo en un dulce fortunio de su parte. La relación que manteníamos Kendall y yo sufría de un tormentoso temperamento, faceta que solo sirvió para que se uniera e intensificara aún más con el pasar de los años, logrando que a pesar de los defectos y las malas situaciones que teníamos que soportar, sirvieran de hincapié a un afecto mutuo y quizás sobreprotector.
La tenue y hasta casi indescifrable luz del sol que se colaba por mis ventanas, avisándonos sin emplear palabras clave que el día daba pie a su resplandor desde temprano, lo que quería decir que ya eran más de las seis en punto.
—Debo ir a trabajar, cariño —cortó Kendall deshaciendo el abrazo y obsequiándome, a su vez, el tierno brillo de sus ojos al observarme.
Asentí en consentimiento y me levante de la cama algo aturdida; mis pies se colocaron de puntillas y despeiné su cabello que hasta ese momento permanecía perfectamente peinado de forma causal y moderna.
—Ñoña, ve a ducharte —su mano ejerció presión en mi espalda impulsándome a entrar al baño de sopetón.
Una carcajada fue lo que bastó para mi mente se concentrara solo en ella. Mi aseo personal no requería de más de dos horas, como en los casos de las chicas normales en particular. En menos de media hora, estuve lista para otro tedioso día laborioso. Me posicione en frente del espejo de mi habitación y pude mirar una sonrisa totalmente falsa que esperaba a la soledad para derrumbarse, y, por fin, no aparecer hasta que nadie sospeche por lo que pasó. Sacudí mi cabello y retire la gorra con el logo de la franquicia digitalizado de mi escritorio, al mismo tiempo que la colocaba sobre mi cabeza.
—Vamos a ver que tanto hueles a frituras hoy, Dylan —me susurré a mí misma.
Siempre me consolaba el hecho de que lo que hacía, lo realizaba por una buena y única causa: mi familia. La razón de mi esfuerzo y dedicación, la raíz de mi esperanza. Desde que mis padre nos abandonó cuan caja llena de cachorritos mugrientos, nuestras vidas se vieron afectadas abruptamente con su partida y no solo el dolor emocional demandó territorio en nuestro hogar, sino que también se fue maximizando a tal punto de hacer deprimir muchísimo a mi madre, causándole una enfermedad de gravedad mortal. Agregando sin más que nuestra solvencia económica descendió a cero, dejándonos en la ruina, obligándonos a Kendall y a mí que adquiriésemos un trabajo para el sustento de todos.
Aún conservaba las esperanzas vagas de que, a pesar de las adversidades que se lanzaban hacia nosotros, pudiésemos tener una vida tranquila y muy dentro de las características de la alegría y el amor, del que carecíamos estos últimos días; pero sobretodo, albergaba la fe de que mi madre sobreviviera a su terrible enfermedad. Mis ojos se cristalizaron al instante de considerar mi razonamiento totalmente ilógico y fuera de lo real, a realidad me golpeaba con fuerza todas las mañanas al abrir mis ojos. Pero no cabía dudas de que mi descontrol de la situación demostraba mediante lágrimas que de mis ojos brotaban, que esta vez la cruda realidad había absorbido la poca fuerza que poseía.
El sonido de la puerta cerrarse contra el umbral de ésta, hizo eco en mi cabeza y con la mano debajo de mis ojos para limpiar las lágrimas, ladeé la cabeza y me encontré con un par de esmeraldas muy pequeñas, apagadas bajo el espesor de sus largas pestañas, enfocándome con atención.
—Sam, ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar ya con Kendall en la pastelería? —inquirí fingiendo una sonrisa genuina mientras me acercaba a mi hermanito menor.
Flexione las piernas hasta quedar a una altura frente a frente con Samuel, tomé su pequeña mano entre la mía y la besé, infundiéndole confianza.
—Te oí llorar y quería venir a verte antes de marcharme —se excusó aun con la misma mirada inicial, bajando su cabeza.
—Oh… No-no estaba lloran… —tartamudeé antes de que un siseo me hiciera cortar el rumbo de la mentira que estuve a punto de justificarle a Sam.
—No me mientas más, Dy —espetó en una melodía infantil muy madura a pesar de su corta edad.
—¿Qué dices, Samuel? Estoy bien —le mentí—. Mira —apunté con la barbilla la ranura de la puerta de la puerta, que estaba entreabierta dejando ver con claridad el perfil de Kendall—, te está esperando, anda.
Sus ojitos no se convencieron, pero aun así acercó su mano a mi rostro, limpiando las lágrimas de mis mejillas cuidadosamente; como si del juguete más preciado, hasta su favorito, se tratase.
—¿Me prometes que ya no lloraras más, Dy? Yo te puedo hacer feliz, estoy aquí contigo, ¿sí? —con la misma mano, acaricio mi cabello y yo solo pude tomar aire en un suspiro y asentir.
—Tu eres todo lo que necesite para sonreír, Sammy —repliqué besando sonoramente la coronilla de su cabellera rubia, como el oro en solido que lo representaba tal cual.
Me levanté de la cuclillas en la que me había puesto, y finalmente, entrelacé sus dedos entre los míos dirigiéndolo hacia mi puerta, a la espera de Kendizle.
—Sam, ve a buscar el almuerzo y tus juguetes, luego espérame en la cocina, ¿podrías? —Kendall chocó su puño con el de mi hermanito.
—De acuerdo. Nos vemos, Dy —me lanzó un beso pequeño para que Kendall no lo pudiera ver.
Le guiñé un ojo en respuesta. En unos segundos más, ya Sammy había desaparecido del pasillo principal que daba con los pares de habitaciones.
Seguramente había descifrado mal el brillo ansioso en los ojos de Kendall, la desilusión y todo rastro de esperanza se consumieron en un pestañeo, invocando mis lágrimas a salir.
—Mamá está empeorando, Dy. Hoy la llevare al médico, pero no es seguro que puedan atenderla. Esta mañana convulsionó de fiebre en mis manos y en realidad, está matándome a mí también —sollozó entre frases entrecortadas que provocaban que no llegara a sentir mi corazón palpitar.
No me gustó para nada que Kendall se mostrara débil ante mí, eso me daba a entender que ya le estaba afectando demasiado. Él no podía dejarme sola, no podía dejarme sucumbir. Mi roca de salvación no podía huir de mí, ni mucho menos hundirse a profundidades inalcanzables.
—Volveré lo más temprano posible del trabajo y te prometo que juntos la llevaremos a revisar con el esposo de la tía Molly. Todo va a estar bien, solo dame fuerza y una sonrisa, ¿vale?
Acerqué su pecho al mío, con mis dedos limpie el camino de lágrimas que ya tenían lugar en sus pálidas mejillas.
—Cuídate mucho, cielo. Nos veremos a la hora de la cena, traeré helado de chocolate suizo, Sammy te hará brownies y los cuatro veremos la trilogía de crespúsculo, ¿te parece? —me preguntó, ahora con el tono de voz más feliz, de cierta manera.
Deposito un beso sonoro y mojado en mi frente.
Carcajeé y le mostré una sonrisa única y especial, a la que solo tenían acceso completo Sam, Kendall y mi madre.

{…}
«Dylan, espero que todo marche bien. Quiero verte después del trabajo, aunque tenía pensado ir a comer una hamburguesa con Zack dentro de un rato. Te manda un beso. Cualquier improvisto, te estoy avisando. Te amamos. Clara.»
Apagué la pantalla del móvil, pero aunque este no reflejara nada, salvo la sombra de un rostro demacrado, no pare de contemplarla.
El olor a hamburguesas, pollo, carne frita, patatas y helados al mismo tiempo no suponía ningún tipo de fastidio alguno para mí, pero si me irritaba sobremanera el balbuceo incesante de la clientela. Me desagradaban los bullicios y las conversaciones fuera de tono y aunque llevara dos meses de contrato, intentaba sin éxito acostumbrarme por completo, tal vez ni una pizca. Soy más de esas chicas a las que les gusta el silencio y la música clásica de fondo en cualquier ambiente. Me entraron unas ganas tremendas de llevar las palmas de mis manos a los oídos para evitar escuchar el gorgoteo que no paraba de aquellas personas, más el choque de dos manos juntarse hizo que ladeara mi cabeza inconscientemente.
—Menos distracción, mas ingreso, señorita Schmidt —exigió la jocosa y anticuada voz de mi jefe, Rafael Jewkins.
La postura soberbia y por supuesto, superior que mantenía me intimidó un poco, lo suficiente como para que concentrara mi atención el maquina manufacturera y el monitor que llevaba a sucesión las cuentas que requerían un chequeo. Luego de asesorarse de que todo estuviera bajo control con la despistada chica, se esfumó del lugar de la caja registradora, mi sección especificada de trabajo. Entorné los ojos y con un poco de mala suerte, las ganas de soportar algo que tanto detestaba no se largaron de mi secuencia pensativa.
La puerta de la franquicia de comida rápida se abrió de par en par, alborotando las hormonas de las chicas que darían suspiros de admiración y más por respirar el mismo aire que respira cualquier sujeto de atractivo parecido a una pila de perfección en su expresión más pura. Un hombre de, calculándole a simple vista, unos cuarenta y pico de años irrumpió en el lugar con elegancia y un porte que daba a indicar de forma inmediata, su nivel de riqueza económica; junto con otro joven que escondía debajo de una chaqueta negra su rostro y otro acompañante rizado que sonreía abiertamente de mejilla a mejilla, cautivando a más de una chica del lugar con sus adorables hoyuelos, debía apreciar.
Para mi cuestionamiento interno, nada común por cierto, era la primera vez que gente de ese tipo de vida llegara como de la nada a un restaurant de hamburguesas grasientas y patatas adictivas. Me sorprendió un poco, mas debido a mi conocimiento sobre esas personas, el tema dejo de opacar mi cabeza.
Después, todo recobró el sentido anterior de bienvenida en mi persona; y podía jurar y perjurar que las ganas que tenia de huir de semejante escena me pedían a gritos ser tomadas en cuenta. Lastimosamente, mis zapatos parecían haberse pegado al suelo con cemento, por ejemplo. Los miré deseando quemarlos con la mirada.
El joven de la chaqueta de cuero con capucha negra arrastró sus pies a la caja en donde yo yacia petrificada y lentamente, dejo caer su capucha hacia atrás. Posos sus manos en el mostrador y antes de que articulara palabra alguna, yo hablé primero:
—Buen día. ¿Qué se le ofrece? —imité la voz que estaba grabada en mi cerebro para cuando un cliente hacia su orden.
Monótona y repetitiva.
—Soy Justin Bieber, así que también es un placer —apuntó con una carcajada frustrada y seca al mismo tiempo.
¿Para qué se presentaba? Yo solo deseaba con ansias su orden y desapareciera de su vista; su sonrisa fuera más irónica y yo pudiera comenzar a respirar sin dificultad. Clavé los ojos en el monitor del computador y esperé no parecer una tonta.
—¿Se le ofrece algo? —repetí de nuevo, sin cambiar nada a mi expresión anterior.
Sus nudillos golpearon con suavidad en la mesa.
—Me podrías decir tú nombre.
Respingué, vencida, y pensé que lo mejor sería darle la cara y que se marchara de una buena vez por todas. Mis ojos impactaron con amabilidad en los suyos y parecí haberme hundido en una especie de ensoñación ridícula propia de los adolescentes.
El sujeto carraspeó, divirtiéndose con el asunto de ser jodidamente tentador en todos los sentidos.
—Dylan Schmidt —dije, sin más, siendo algo indiferente a lo que respectaba su belleza—. ¿Va a ordenar algo, joven?
—Dylan, es un placer muy grato, pero desearía que me llamaras por mi nombre, si no es mucho pedir.
Alzó una de sus rubias cejas y esperó pacientemente a que cumpliera con lo que él quería escuchar.
—Justin… —musité frunciendo los labios—. ¿Qué quieres?
No lo pensó dos veces antes de contestarme, mordiéndose el labio, poniendo en un hilo mi paciencia:
—Una sonrisa de tú parte, querida.
No pude evitar arrugar la nariz; comenzaba a fastidiarme, en verdad.
—Bien puedes mover el trasero hacia la salida y olvidarte de tus coqueteos por un segundo u ordenar de una buena vez, querido —contesté balbuceando cada palabra con inquietud.
Parpadeó confundido y me miró por un largo minuto, no creyéndose el fallo intento de sus tácticas seductoras ridículas; por mi parte, bien podría largarse y dejar de jugar con mi persona.
—Está bien.
Su respuesta hizo que sonreirá levemente, victoriosa. Nunca estaba de más esfumar el ego de un chico con un par de palabras grotescas. Más mi victoria respecto al desplome de su ego, no significo ningún tipo de gratitud en mí. Era medianamente imposible impedir que mis pensamientos de detuvieran y me dejaran el subconsciente en silencio, a diferencia de mi día a día, donde en mi mundo interpretaba las cosas de una forma más puntual y diferente, donde miles de vocecillas pequeñas atacaban mi subconsciente con cuestionamientos que eran de relevancia personal, atormentándome, pero controlando mis emociones lo que nos llevaría a una gama de decisiones más completas y de mayor rango racional, claro está.
El joven seductor de rizos alborotados y extraños, miraba la escena con una mueca claramente burlona tatuada en el semblante y los ojos enfocados hacia nuestra dirección, sin interés alguno en mostrar discreción. Me pregunte en mi fuero interno si aquel chico era su hermano y el hombre de aspecto moderno pero mayor era su padre; así, cabía destacar, que entre los dos muchachos no había parecido alguno que los asemejara con un parentesco.
Desvié la mirada hacia la nómina de pago que estaba resolviendo sin éxito, pues mi imprudencia provocaba varias preguntas sobre ellos se pasara por mi mente, atacando hechos y con eso, determinando conclusiones que ni yo sabía si eran acertadas al cien por ciento.
De repente, sentí como una mano rugosa me tomaba del antebrazo con soltura, lastimándome al contacto. Volteé, dispuesta a descifrar de quien se trataba y cuando lo hice, me topé con los oscuros y no muy amables ojos de Jewkins. ¿Qué estaba haciendo? No fui capaz de mirar a Justin, pues supuse que él ya se habría ido. Me equivoqué.
—Oiga, la está lastimando, déjela en paz —demandó Justin en un gruñido receloso.
—Suélteme ya —me defendí tratando de zafarme de su agarre.
—Vendrás conmigo, tengo que hablarte sobre algunas cosas —me soltó a regañadientes al intercambiar una mirada de duda con Bieber.
Me cuestioné que habría visto a través de ellos.
—Que sea la última vez que me pone un solo dedo encima —le dije sin perder los cabales del respeto.
Aunque me haya tratado inadecuadamente, no podía permitirme perder los buenos modales de una dama que mama me había inculcado con tanto esmero.
—Vale, vale. Acompáñame, Dylan —había cambiado por completo el tono de su voz, transformándolo en uno más cordial y menos agresivo.
Todavía Justin no le quitaba los ojos de encima, evidentemente hostil. Yo estaba en el medio de un altercado de miradas llenas de ira entre los dos, no sabía que parte de la conversación me había perdido.

{…}
Las lágrimas se golpeaban en mis ojos con furor de decepción. Mi rostro estaba contraído en una mueca de indecisión. ¿Cómo se suponía que se lo diría a Kendall? Arruinaría lo que con tanto esfuerzo nos logró construir, estaríamos casi o igual que al principio. El sueldo pobre de Kendall no bastaba para todo un mes de sustento, cuidado y sólo duraba para una semana. Me regañaba mentalmente por haber perdido un empleo tan valioso, y no para mí, sino para mi familia. Veía a través de mis ojos, como el futuro estaba deslizándose en un abismo sin fondo; no sabía que haría. Jugueteé con mis dedos, el temor se apoderó de mí aunque no quise aceptarlo en ningún momento. Debía mantenerme fuerte, aunque yo misma sabía que todo cristal se quebraba.
Lleve las manos sudorosas a mi rostro y despegué de él los cabellos que se habían adherido a mi frente, que estaba perlada de sudor. Tenía que buscar  una manera de irme a casa, sonreír con todas mis fuerzas y asegurar que todo cambiaria, que todo estaba bien, pero… no había nada que mi fe de que las cosas mejorasen pudiera hacer. Me sentía tan inútil, no tenía ningún poder sobre el destino y eso me afectaba. El contrapeso de la mejoría con el dolor se inclinaba al agobio, dejando tocar al suelo la mejoría. No quería que Sam se criara en un vecindario de mala muerte, quería que mantuviera presente los valores que le habíamos enseñado, pero la situación era tan critica que hasta eso iba a cambiar.
Finalmente, visualicé un rincón oscuro cerca de la salida trasera del local, ignoré que Jewkins me hubiera prohibido volver a pisar ese terreno; me senté en el duro y caliente asfalto, abrazándome a mí misma, dándome consuelo. Eso ocurría cuando no tenías a absolutamente nadie que te prometiera que las cosas estaban bien, que algún día la felicidad tocaría nuestros corazones… Kendall estaba lejos, inalcanzable, casi sentía su desesperanza, su decepción quemar mi pecho, mis ojos, mi corazón…
Una sola pregunta invadía mi razón, ¿Qué sería de nosotros? ¿Hasta dónde llegaríamos?
Mis ojos se cerraron lentamente, mi corazón se precipitó a detener su ritmo acelerado, mis piernas se debilitaban y mis ganas de seguir con vida se desvanecían.
—Dylan… —me había llamado con la voz apagada, casi desolada.
No obtuve el ánimo suficiente para volverme a ver su cara de ángel caído del cielo. Simplemente, no des adopté mi postura.
—Schmidt, el destino es algo tan… acertado y calculado. ¿Quién diría que hoy me toparía contigo? Siempre me ha afectado la debilidad de las chicas en sus momentos más difíciles, pero, eso algo totalmente natural, tomando en cuenta que es lo que te lastimó —un suspiro escapó de sus labios y percibí como la tonada de su voz era tan compasiva y sutil—. Tu hermano es una persona maravillosa, a decir verdad, uno de los mejores amigos que he tenido —me paralicé ante la mención de Kendall. Justin río levemente, para luego justificar sus palabras—: Lo conocí en la primaria pero nunca llegué a imaginar que tendría una hermana. Al principio me pareciste conocida, pero, nada que ver con algún tipo de asemejo, hasta que la determinación de tu voz te delató. Eres tan igual a él…
Mi mente estaba en blanco. Aferré mis rodillas a mi cuerpo en débil, solo que sin derramar ninguna lagrima, ya se había extinguido hace mucho.
—¿Eres alguien que me mandaron para minimizar mis agobios o… te burlaras de mí? —inquirí en un susurro, que al final, se quebró en la sintonía de aparentar ser lo que nunca seré: lo suficientemente fuerte.
—Yo seré lo que tú quieras que sea —me dijo, agregándole una pizca de dulzura.
Mi corazón se achicó por algo que no pude explicar mediante simples palabras ordinarias. Después de todo, siempre llega ese alguien que logra provocar en ti, un pequeño atisbo de luz que creías inexistente. Esa pizca del complemento del que carecías.
Estiré mis piernas y destapé mi rostro de la burbuja personal en la que me había sumido.
Me miró con ternura, traté de sonreírle lo mejor que pude. Me sentí culpable por el prototipo que le definí.
—Te conozco desde hace… —miró el reloj de su muñeca y se volvió hacia mí— aproximadamente, cuarenta minutos, por lo que no me has dicho que tipo de café te gusta, aunque permíteme predecir que es… —hizo un gesto pensativo y se colocó la mano en la barbilla.
—Moca late con crema de chocolate y una ración almendras endulzadas —adivinamos al unísono.
—Hay cosas que nunca cambian —admitió soltando una carcajada suave.
—Es el favorito de Kendall —le recordé mostrando la sinceridad de una sonrisa simple…
…. aunque no sabía por qué, él se merecía mucho más.
—Vamos al Starbucks más cercano, esta solo a unas cuadras —propuso él levantándose de mi rincón y tendiéndome la mano para ayudar.
—Me encantaría ir contigo, Bieber.

{…}
—Lamento mucho lo de tu madre, Dy. En verdad no sabía, porque si hubiese sido lo contrario… no te lo habría siquiera recordado.
Se disculpó con una sonrisa de pena automática. Me acaricio la mano por encima de la mesa; sí que se sentía culpable.
—Gracias… por preocuparte de tal manera, Justin —agradecí y tomé su mano entre la mía, acariciándola con lentitud.
—No tienes por qué agradecer. Todo lo que hago, lo hago de corazón.
Le propiné una sonrisa encantadora. Tomé un sorbo de mi café, aunque me quemé la garganta y la lengua, no podía despegar la vista de la ventana. Aun me preocupaba la reacción de Kendall, nuestro futuro tan incierto…
Mi cerebro no podía analizar nada, estaba totalmente cegado por el giro inesperado que tomaron las cosas.
El respetó mi silencio, y lo interpreto como la toma de un segundo para volver a la realidad de nuestro mundo alejado de ella. Le miré de reojo, cuidando que no se percatara de esa pequeña acción. No sabía si era un agite falso de algún tipo de preocupación o quizás temor, pero no sabía por qué. Su mirada reflejaba una mezcla de estas dos emociones al él mirar la pantalla de su móvil. ¿Había recibido una mala noticia?
Mi estómago sufrió un retorcijón de emociones confusas. Ya no estaba el pasivo o seductor Justin, estaba un Justin atemorizado. Su nariz tenía pequeñas gotitas de sudor y sus labios estaban hinchados de tanto morderlos. Noté que quería gritarme algo, pero no podía, por alguna razón en específico.
Opté por no preguntar nada, y evadir ese detalle. No quería obligarlo a inventar una excusa para no comentar nada.
—Debo irme, Justin, fue un placer haber compartido la tarde contigo. Le mandaré tus saludos a Kendall. Con permiso —me levanté de mi asiento y le dirigí una sonrisa como despedida.
Su rapidez me dejo pasmada, me tomó abruptamente por el codo haciéndome girar sobre mis talones.
—No te puedes ir, Dylan.
—¿Por qué no? Tengo que ir a casa, ya es tarde —repliqué mirándole con confusión.
Soltó mi brazo con la expresión vacía.
—Lo siento, no… no quiero que te vayas… —alzó sus cejas en modo de respuesta.
Me apresuré a negar con la cabeza varias veces.
—Me quedaría, pero no puedo. Aunque si gustas, podrías venir conmigo y te quedas a cenar —ofrecí con la voz ronca a causa del improvisto de mi propuesta.
—Vale, vale. Me haría bien conversar con Kendall —aceptó, nervioso.
Sus ojos transmitían un mensaje, pero no supe cuál era. Tal vez era algo inconsciente y no tenía por qué preocuparme…
… todos mis intentos de evasión acerca de su evidente reflejo de angustia, decayeron con la rapidez con la que cae un vaso y se estrella contra el piso, rompiéndose en miles de pedazos. Mis ojos fueron los emisores de mi pronto miedo, lo que me causó un estremecimiento de pies a cabeza desagradable. Súbitamente, mis piernas perdieron su fuerza e impactaron contra el suelo en un golpe seco. Un grito desgarrador alarmó mis sentidos, a pesar de que me estaba consumiendo por el temor que me invadía.
—¡Dylan! —me llamó en el retumbo más alejado que noté de su voz— ¡Déjenla en paz!
Un hombre de aspecto fortachón y espeluznante, con violencia, golpeó mi mejilla. El líquido corrió de la parte derecha de mi rostro. Gemí de dolor y pataleé alejándome del sujeto que quería tomarme de alguna manera. Visualicé a lo lejos como Justin me miraba sin expresar emoción alguna, sin querer acercarse a ayudarme. No pude reprimir las ganas de llorar desconsoladamente, y las lágrimas me impidieron ver con claridad cómo se desataba la situación.
¿Por qué no me ayudaba? ¿Es que había fingido todo este tiempo?
Mi corazón no soportó por mucho ver su indiferencia, mis ojos se cerraban con pesadez, mis piernas se cansaban de forcejear… mis pulmones de respirar.
No le di tiempo a mi sensatez de interpretar todo, pues un pañuelo mojado fue posado sobre mi nariz.
Sammy, mi madre Ellen, Kendall…
Todo pasó como un flashback por mi memoria… y no salí a la superficie.
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¿Qué puedo decir? A parte de que me ha encantado participar en esta n.c y aunque no quede, les deseo toda la suerte del mundo<3. Tardé tres horas enteras en crear esto, en verdad espero que les guste a a quién lo lea, y agradecería su opinión. Es la primera vez que hago una ficha con el carácter de Rosette, pues ella es zorra con clase)? y la mayoría de mis personajes son netamente dulces y tímidos, así que tuve que exprimir mi cerebro en algunas cosas. Sólo les pido que no sean duras y qué por favor, no roben el ship de Briam si lo hacen les irá muy mal)? sentirán la ira de stephy y la mía :scratch: eh, creo que es todo. Como dije antes, un placer, nos vemos pronto, las quiero m.
¡Ficha Aceptada!
¿Cómo que no vas a quedar?   Obviamente quedas y no te vas xd. Me encantó, la adoré y me dieron ganas de abrazarla {abachos :( } Rosette es cool asdfghjklñ<3 
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Mensaje por california. el Lun 14 Oct 2013, 9:46 pm

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