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Zombieland | Segunda Temporada |

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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Nαtαlíα. el Miér 16 Oct 2013, 7:07 pm

NAT HEREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE.
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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Invitado el Miér 16 Oct 2013, 11:47 pm

Mily.. No conocía esa faceta tuya  Me has dado miedo.. JAJAJAJA.
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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Rumplestiltskin. el Sáb 19 Oct 2013, 12:32 am

Nato Tomato!    


Hoy subo mi cap    :shimi: :shakeitbb:    :eaea:

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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Invitado el Sáb 19 Oct 2013, 1:34 am

Mentira, no lo veo :c
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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Ritza. el Sáb 19 Oct 2013, 8:30 am

Helenna escribió:Mily.. No conocía esa faceta tuya  Me has dado miedo.. JAJAJAJA.
¿De qué hablas?  
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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Rumplestiltskin. el Sáb 19 Oct 2013, 8:33 am

En la noche... Hora México, pueh xDD



PD: Sí la conocieras está loca, es una sádica desquiciada

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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Ritza. el Sáb 19 Oct 2013, 8:37 am

Jen, creo que estás hablando de ti Rolling Eyes
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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Rumplestiltskin. el Sáb 19 Oct 2013, 9:00 am

Es tan grosera e irrespetuosa como te das cuenta y bueno, se enoja de todo y cuando sucede eso las ganas de asesinar le vienen así que debes alejarte hasta del monitor porque no se sabe sí su navaja asesina alcance a atravesar la pantalla pero así es nuestra Emilyano
No tenemos otra mas que soportarla así Rolling Eyes

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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Miluh. el Sáb 19 Oct 2013, 10:21 am

Yo lo leeré mañana, hoy tengo una fiesta de 15 años y hasta las seis, seis y media, no llego :c
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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Rumplestiltskin. el Sáb 19 Oct 2013, 11:00 am

Diviértete Miluh, todo con medida, ¿eh?
fjdoihdsljsaljdslkdañ
Espero les guste mi cap xDD ténganle paciencia porque es MUY largo, qué cosas, ¿no?
Primero no tenía inspiración y después no dejaba de escribir

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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Ritza. el Sáb 19 Oct 2013, 11:05 am

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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Ritza. el Sáb 19 Oct 2013, 9:52 pm

 
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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Rumplestiltskin. el Sáb 19 Oct 2013, 10:33 pm

Ya va, pero creo que es demasiado largo, sí no lo puedo mandar completo lo dividiré en dos partes :DD

 

PD: Imaginen que la persona del gif es una mujer y es mi personaje xDD

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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Rumplestiltskin. el Sáb 19 Oct 2013, 11:03 pm

Capítulo Uno


Jennifer Adams


Las gotas de lluvia siguen haciendo al clima más frío de lo normal, el tren avanza rápidamente abandonando el condado de Kane y por consiguiente el estado de Utah. Jamás había estado en Cononino, Arizona; no es nada del otro mundo, sigue siendo igual de apestoso y siniestro que todos los Estados Unidos justo ahora.
Me recargo en el muro de acero y siento la cabeza temblar debido al movimiento del tren, suspiro con alivio y preparo en mi mente el plan para largarme de una vez por todas de aquí. En cuanto el chiquillo estacione el jodido tren para buscar más provisiones; abro como pueda la enorme puerta, entro a mi camioneta y arranco con destino a la libertad… o la muerte pero prefiero que sea a la libertad.

- ¿En qué piensas? – pregunta Nessa sentándose a mi lado.
- En nada, cosas sin importancia – me encojo de hombros.
- Bien – se recarga y cierra los ojos dispuesta a dormir.

Doy un vistazo al interior del vagón, Kate duerme sobre una manta en el piso mientras los tres chiflados carcajean como si estuviesen bebiendo una cerveza en la playa, no entiendo cómo es que pueden estar así de tranquilos cuando todo se ha ido a la mierda. No puedo evitar revolotear los ojos y resoplar con fastidio, me cabrea demasiado seguir aquí.

- ¡Ya casi llegamos! – grita Joey por una bocina.

Sonrío como boba y comienzo a caminar hacia el siguiente vagón del tren, ahí se encuentra mi preciada camioneta negra, blindada y con vidrios polarizados, perfecta para este mundo del coño.
Me recargo en el cofre del auto y espero a que el tren pare del todo sin embargo antes de que eso suceda, una cabellera rizada y de un color castaño claro entra por la puerta, revoloteo los ojos ante la sonrisa de Hazza.

- Sé lo que piensas hacer – se cruza de brazos.
- Mentira, no eres tan inteligente como para pensar – con mi mano derecha sostengo mi barbilla.
- Soy lo suficientemente inteligente como para hacerlo – dice ofendido.
- ¡Oh! ¡El hijo perdido de Einstein!...No lo creo, duraste como dos semanas para cambiar tu nombre por un apodo de mierda que revela tu jodido nombre de cualquier modo – aplaudo – ¡Bravo!
- ¡Oye! Eso es cruel – se encoje de hombros.
- Sí, como sea. ¿Por qué no vas a ver si ya puso la marrana? – le hago señas con la mano para que se largue.

Me mira entrecerrando los ojos y después echa un vistazo a la puerta, vuelve la mirada a mí y revolotea los ojos, intuyo que piensa que soy muy debilucha como para abrir la puerta de acero pero no lo soy en lo absoluto. Una vez que el tren se detiene por completo espero un momento, hasta que veo que todos están fuera. Los veo perderse en una cuadra y me acerco hacia la jodida puerta para abrirla.
Es cierto, es muy pesada como para abrirla yo sola pero no es imposible hacerlo, con todas mis fuerzas empujo moviéndola lentamente. En este momento desearía ser un hombre ejercitado para que se abra más rápido, el sonido que hace el fierro atraerá a los humanos que por ahora son más enfadosos que los no muertos. Veo mis manos ponerse rojas debido al esfuerzo, me coloco en el pequeño espacio que se ha abierto y sigo empujando.

Una vez que hay un espacio considerable para que quepa la estúpida camioneta reviso si hay mucha distancia entre el tren y el pavimento, creo que Dios está conmigo en este momento porque tan sólo unos diez centímetros de distancia los separan. Entro a mi camioneta, busco la llave en mi bolsa y la coloco en el contacto, la enciendo y arranco sin importarme el ruido que hace el rugido del motor. Bajo la ventanilla y puedo sentir el aire chocar contra mi cara, en otro tiempo me hubiera gustado porque ahora el aire es hediondo y lo único que te provoca es querer vomitar sin parar durante dos semanas. Por el espejo retrovisor observo mis provisiones y sonrío satisfecha, no me había sentido así en días.
A unos treinta minutos de camino me detengo, debo captar esto porque simplemente es maravilloso. De mi bolsa tomo mi cámara de video y la coloco encima del tablero de la camioneta, la enciendo y volteo la pantalla, puedo notar mis ojeras y mis ojos cansados, estoy pálida y mis pómulos están marcados, debería comer más.

- Hola otra vez, cámara. Quiero darte una muy buena noticia – sonrío – Al fin he escapado de aquellos imbéciles, no soportaba más convivir con la malacarienta Kate. Te juro que la odio y no la soporto en lo absoluto pero ahora… ¡soy libre! – levanto mis brazos al aire – Buscaré el albergue, las radios decían que se encuentra en el condado de Gila, pero ahora voy sola y sin preocupaciones, tengo buen armamento, comida, agua y lo más importante… mi preciada y estúpida camioneta.

Me detengo al darme cuenta que en la esquina superior derecha de la pantalla parpadea una figura que no puedo distinguir pero es color roja, me acerco para ver bien y es la batería. Esto no puede suceder, tal vez soy una ridícula pero la cámara y la camioneta son todo para mí en este momento.
Resoplo con fastidio y echo un vistazo hacia fuera, todo se ve tranquilo pero las gotas de lluvia no se han detenido, no hay rayos gracias al cielo pero la lluvia es de esa fina que parece no mojarte pero te empapa en minutos. Busco en la camioneta con la esperanza de encontrar un impermeable, sin embargo hasta yo sé que ahí no se encuentra ni la imitación más barata de uno. Observo unas cuantas bolsas de plástico, las tomo y meto la cámara en dos de ellas para cuando salga no se moje, me cuelgo el morral y una mochila en mis hombros la cual contiene unos cuantos paquetes de galletas y papas fritas, dos botellas de litro y medio de agua, una pistola con una carga completa de balas, mi ballesta y a mi queridísima Lola.

Con precaución salgo de la camioneta y pongo los seguros, antes de empezar a caminar le echo un vistazo. Los focos del alumbrado público parpadean constantemente al igual que los de las tiendas y el viento choca contra los edificios haciendo sonar un ruido un tanto tétrico. Camino por una banqueta, procurando que la lluvia no me moje demasiado, observo con precaución intentando localizar algún local en el que pueda encontrar repuestos de baterías pero al parecer se esconden de mí. Acomodo mi boina al sentir frío en mis orejas, acto seguido me abrazo y continuo caminando, estoy yendo al centro y sé que soy una estúpida pero no puedo parar.
Echo un vistazo a mi camioneta pero he avanzado tanto que la he perdido de vista, miro una vez más al frente y continuo mi camino, me detengo en una esquina y giro la cabeza hacia ambos lados de la calle; solas, tétricas y frías. Me debato unos segundos entre ir a la izquierda o a la derecha por lo que hago el juego del “tín marín” y la derecha resulta ganadora. Doblo la esquina y sigo caminando, a unas dos cuadras alcanzo a ver un anuncio parpadeando, sin embargo distingo la palabra “Electrodomésticos” y corro hasta ahí.
Giro la manija de la puerta y despacio entro al lugar, las luces parpadean y no me permiten ver con claridad. Tomo la ballesta de mi mochila y me encamino a revisar el lugar, tal parece que hace más frío dentro que fuera porque mi piel se eriza aquí, entro a un cuarto y en el piso distingo una persona a medio comer, hago un gesto de asco y salgo de ahí, hay otra habitación pero ésta se encuentra cerrada, me acerco a la puerta y giro lentamente la manija hasta dar un portazo y apuntar con la ballesta, se encuentra vacío por lo que sigo mi camino hasta encontrar lo que deseo. Regreso al cuarto del pobre tipo a medio comer y meto en mi bolsa unas cuantas linternas así como repuestos de baterías, busco baterías para la cámara pero no las encuentro, me dirijo hacia la otra habitación y ¡Bam! Ahí se encuentran.
Tomo las que mi mano puede sostener y las meto al morral que cruza mi pecho, camino unos cuantos metros para tomar un desarmador con mango de goma, me servirá para algo. Veo unos cuantos clavos, creo que debería llevarlos, quizá me sirvan para clavar zombies como cuadros en la nueva casa que encuentre, en la cual viviré con Johnny Deep y Taylor Lautner si es que…

¡Coño! ¿Qué ha sido eso?

Me quedo inmóvil ante los ruidos que he escuchado, camino rápido hacia la puerta abierta y asomo un poco la cabeza, las putas luces no me ayudan en lo absoluto porque siguen parpadeando como desquiciadas pero puedo ver las sombras en la pared. ¿Serán no muertos?
Siento que el corazón me palpita con fuerza e intento calmar mi respiración porque estoy segura de que si me pongo loca me dará un paro cardiaco, salgo lentamente aferrándome a la pared, me recargo en el muro para ver qué es aquello, me asomo rápidamente y maldigo al ver lo que hay ahí, ¿cómo carajo entró? Recuerdo haber cerrado la puerta… creo.

Echo otro vistazo y noto dos no muertos más, el primero se encuentra dentro del mostrador que forma el perímetro de un cuadrado por lo tanto tardará en alcanzarme si me ve, los otros dos están fuera pero un tanto cerca de la puerta de salida. Bien, sé lo que haré y lo haré rápido. Me pongo en cuclillas y echo un último vistazo por el vidrio del mostrador, la puerta se encuentra entre abierta, creo que eso me da más posibilidades de salir de aquí siendo aún humana. Empiezo a gatear echando miradas a los no muertos que caminan como estúpidos en círculos mientras gruñen, intento gatear un poco más rápido pero mi rodilla me lo impide, me duele quien sabe por qué.
Giro la primer esquina del mostrador y continúo avanzando sin perder de vista la puerta y a los no muertos, tan sólo me quedan unos cuantos metros para salir de ahí. A unos dos metros de llegar a la bendita puerta ésta se abre dejándome ver dos figuras, a uno le falta un ojo mientras que el otro tiene una mejilla colgando, bendito Dios que me ha dejado vivir tan poco tiempo. Me quedo inmóvil sin dejar de verlos, aún no me han notado pero eso no tarda porque el tuerto comienza a olfatear haciéndome rezar mil veces el padre nuestro, detengo mi respiración y me pego todo lo que puedo al mostrador, esto es tan jodido que si pudiera alcanzar mi arma ahora mismo me daba un tiro y termino con toda esta porquería.

Repaso mis posibilidades de salir de ahí siendo yo, al parecer son casi nulas pero no está de más intentarlo, si me muerden podría darme un flechazo en la cabeza, apuesto a que dolería menos que el ser comido vivo. Aferro mis uñas al azulejo sucio, puedo sentir que el polvo entra en mis uñas dejándolas más sucias de lo que ya están. Miro el jodido foco cuando me doy cuenta de que comienza a funcionar a la perfección y maldigo sin parar en mi interior, comienzo a sospechar que el destino me quiere muerta porque cada mierda sucede en el lugar y momento más inoportuno.

El tuerto me mira con su ojo bueno y se lanza hacia mí junto al de la mejilla colgando mientras levantan las manos y gruñen, tal y como si estuviesen festejando porque después de tanto tiempo comerán un buen festín. Me levanto como de rayo y al no tener la maldita ballesta a la mano tomo a Lola y le pego un golpe tremendamente fuerte al de la mejilla rasgada, tan fuerte que el trozo colgante de su rostro sale volando hasta otro cuarto, los demás zombies empiezan a caminar hacia mí y a pesar de que son lentos yo siento como si fuesen el mismísimo Usain Bolt, no puedo evitar pegar un grito y lanzar batazos a lo idiota. Puedo ver cómo en la puerta se amontonan más criaturas para poder entrar, la adrenalina recorre mi cuerpo y siento mis manos y pies calentarse. Sin pensarlo dos veces corro hasta la ventana y me lanzo a la misma esperando que los vidrios no estén blindados porque de otro modo me convertiré en mierda de zombie y mi carne quedará por meses incrustada en sus asquerosas bocas. Siento un poco de alivio cuando el vidrio se rompe y caigo fuera del local, sin embargo el alivio se va cuando una punzada de dolor hace presencia en mi hombro izquierdo, ni siquiera quiero mirar porque puedo sentir cuán grande es el vidrio que tengo dentro mas no es momento de quejarme, al menos no hasta que esté lejos de los no muertos.

Si adentro comenzaba a llenarse, afuera parece estar infestado. Me levanto y empiezo a correr sin rumbo esquivando aquellos cuerpos duros y malolientes, mis manos se aferran a Lola y golpeo todo lo que se me atraviesa. Al menos son ex humanos y no ex perros porque ya me hubieran alcanzado, jadeo sin parar porque mi condición por ahora es pésima, veo un local obscuro y me adentro cerrando la puerta con fuerza. Los no muertos se amontonan en la puerta y en las ventanas, golpetean mientras gruñen sin embargo ni la puerta ni las ventanas ceden ante ellos. Retrocedo con el bate en manos, una vez que sé que no entrarán me giro para intentar ver algo pero es demasiado obscuro. Camino lentamente para no tropezar, obligo a mis ojos para que vean algo sin embargo la luz de la luna no se filtra en lo absoluto por la ventana. Me detengo y de la bolsa que cuelga en mi espalda tomo una de las linternas, el paquete se niega a abrirse por lo que usaré la fuerza bruta de mis dientes. Cuando por fin se abre tiro la envoltura y busco el botón que encienda el foco, doy unos cuantos pasos y antes de que pueda encender la lámpara unas luces salen del fondo del local, noto una silueta que apunta en mi dirección y al instante me escondo detrás del mostrador, si pensaban que es más trágico morir ante un zombie que un vivo están realmente equivocados.

- ¡Mierda! Scott, ven acá – se queja una voz masculina. Mi brazo parece estar húmedo, lo observo y recuerdo la caída, no puedo poner la luz sobre mí ya que sería descubierta por lo que me trago el dolor un rato – Sé que hay alguien detrás del mostrador – ¡Carajo! – Sal ahora y te dejaré vivir – tomo la ballesta intentando no hacer ruido al igual que guardo a Lola.
- Tú no eres nadie para decidir acerca de mi vida, hijo de perra – me levanto y lo apunto, puedo verlo gracias a la linterna que sostiene con su mano derecha.
- ¿Quién eres? – entrecierra los ojos.
- La pregunta aquí es, ¿quién eres tú? – trago saliva queriendo verme un poco más ruda y sin dolor, el chico suelta una carcajada y se rasca la cabeza.
- ¿Qué pasa?... ¡Carajo! – dice otro chico sin percatarse de mi presencia – ¿Cómo fue que llegaron aquí?
- No sé, pregúntale a ella – me señala con la linterna y el castaño se voltea hacia mí.

Enseguida abre los ojos pero no alcanzo a distinguirlo bien debido a que la luz me da directo a la cara, da unos cuantos pasos hacia mí y lo apunto con la ballesta, de inmediato se detiene.

- Tranquila, no tienes por qué exaltarte – suelta una leve risa.
- ¿Quién carajo eres? – entrecierro los ojos – ¡Coño! ¡Quita esa maldita luz de mi cara!
- Hazlo Chris – le pide, acto seguido él toma una linterna de su bolsillo y la apunta a su rostro permitiéndome ver su atractivo rostro – Soy Chace – el corazón me comienza a palpitar con ganas, es Chace, mi mejor amigo Chace. Esto es jodidamente perfecto, no importa que ahí afuera nos quieran comer vivos, simplemente es perfecto.
- ¡Chace! – coloco la ballesta sobre el mostrador y salto sobre el mismo para después correr hacia mi amigo y abrazarlo – Creí que tú…
- ¿Que yo estaba muerto? – pregunta quitándome las palabras de la boca y asiento con ganas sin dejar de abrazarlo – Yo creí que tú estabas…
- ¿Comiendo personas en este momento? – asiente en mi hombro – Creí que lo estaría hace unos minutos.
- Estas sangrando – se separa de mí y observa su mano cubierta de un líquido rojo, ni siquiera noté que el tocó mi herida, estaba tan distraída abrazándolo que apenas comienza a dolerme.
- Si yo… siento traer todo eso – apunto a los no muertos que se amontonan afuera – Hasta aquí.
- ¿Te mordieron? – se aleja de mí con los ojos muy abiertos llenos de miedo y sorpresa.
- ¡No! Yo simplemente salí por la ventana… quebrándola y un vidrio se enterró en mi hombro – explico, en cambio Chace y Chris dan un suspiro de alivio.
- Ven, vámonos de aquí, debemos curar esa herida – me toma de la mano mi amigo y me guía por el pasillo.
- Siento haberte dicho hijo de perra – me disculpo con Chris quien va detrás de mí.
- No hay problema, creo que eso fue gracioso y tenía mucho tiempo sin reír – despeina mi cabello.

Caminamos por un extenso pasillo hasta llegar a una habitación, sobre el piso hay una maleta con víveres y uno que otro cuchillo.

- ¿Quién es ella? – pregunta el rubio apuntándome.
- Es una amiga, debemos irnos de aquí – ordena Chace.
- Hay una salida por atrás, Scott. Parece estar libre de esas cosas – anuncia Chris.
- Bien, vamos por ahí – Chace me toma la mano y comienza a caminar.
- ¡Espera! No hemos terminado, ten – el rubio lanza una maleta vacía a mi amigo quien inmediatamente revolotea los ojos.
- Acompáñame – me pide y lo sigo tomando mi pobre hombro lastimado, lo siento arder y escurrir de sangre. Nos detenemos en un estante que contiene galletas y unos cuantos chocolates – Ten cómelo – me lanza un Milky Way.
- ¿Quieres que te ayude? – le pregunto rompiendo la envoltura.
- No, tú concéntrate en comer eso – dice mientras arroja todo lo que ve a la maleta.
- Así que eres Scott, ¿no? – le pregunto burlona – Creo que prefiero decirte León – carcajeo.
- ¿León? ¿Por qué? – me mira levantando una ceja.
- León Scott Kennedy de Resident Evil – sonrío y el chico pone los ojos en blanco además de soltar una ligera carcajada.
- Eso no es gracioso, Jenn – niega divertido y continúa con lo que hacía minutos atrás.
- Claro que lo es León – me siento sobre el piso y me recargo en un estante.
- Okay, dime León y yo te diré Jill – me lanza unas galletas.
- No me gusta mucho Jill Valentine – hago un gesto de desagrado – Prefiero a Sherry Birkin.
- Eres Jill y punto. A menos que prefieras llamarme Scott – me mira divertido – Por cierto, ¿qué nombre te pertenece ahora?
- Es vergonzoso – frunce el entrecejo.
- Si lo dices así entonces doy por sentado que tu apodo es “Galletas con chispas de chocolate” – me dice haciéndome soltar una fuerte carcajada.
- No es ése – muerdo el chocolate.
- Entonces, ¿cuál es? – se queda quieto y me mira. Dudo unos segundos antes de darle una pista.
- Es de hecho un apodo que Dalia me puso – bajo la mirada recordando a la pelirroja.
- Entiendo… Entonces eres “Osito de peluche” – le lanzo la envoltura del chocolate, el chico sabe cómo levantarme el ánimo – Mentira, intuyo que aquél apodo comienza con “J” y termina con “wow” y sé el por qué – ríe.
- Así es… León – me mira y revolotea los ojos con diversión.
- Pásame esa caja de paletas que está detrás de ti, Jill – giro la cabeza y le doy lo que pidió – Vámonos – me levanto y antes de irme detrás de él tomo una caja que contiene gomitas de arcoíris y la guardo en mi mochila.

Caminamos hasta llegar con los otros chicos, Chace me dice que tome un arma antes de salir y obedezco. Camino detrás de mi amigo quien se asegura junto a los otros dos chicos que el lugar está despejado. Salimos corriendo hasta llegar al final de la cuadra, observo a ambos lados y antes de poder despegarme de los chicos, Chace toma mi mano haciéndome seguirlos; salgo de una para entrar a otra.
Doblamos a la derecha y giro hacia atrás para ver si algún no muerto está persiguiéndonos pero el lugar parece estar vacío o quizá yo esté un tanto ciega y gracias a las parpadeantes luces del alumbrado público no distingo absolutamente nada. Corremos aproximadamente unas cinco cuadras más, creo que olvidé dónde dejé la camioneta y eso me pone mal. Nos detenemos ante un almacén gigante de etiquita, de esos en los que las personas de dinero se abastecen, ahora el dinero importa un comino y puedes tomar lo que te apetezca de donde quieras.
Entramos por una puerta la cual se encuentra vigilada por una chica de ojos verdes y cabello castaño, la escucho quejarse de la sangre que corre por mi brazo.

- ¡Dios mío! Se te caerá el brazo – grita agudizando la vista en mi hombro, acto seguido Chris le tapa la boca y la voltea para que deje de ver, supongo que es una de esas personas que le tienen miedo a la sangre.

Continúo caminando hasta llegar a una habitación repleta de ropa para bebé, en una de las esquinas una rubia se abraza las piernas y suelta pequeñas lágrimas, me echa un vistazo y después me ignora para seguir siendo una Magdalena llorona.

- Espera aquí, iré por un botiquín – dice Chace, sale del lugar y me quedo ahí, me quito la mochila que cuelga en mi espalda así como la que cruza mi pecho y las pongo en el piso.

Observo unos segundos a la chica, no deja de llorar, pareciera como si fuera a deshidratarse de tanto líquido que sale por sus lagrimales. Intento ignorar sus sollozos observando la ropa para bebés, son tan pequeñas que me provocan ansias el tocarlas, observo el marco de la puerta al escuchar pasos dirigirse hacia acá, una chica de ojos azules y cabello castaño pasa, me da un vistazo y sigue su camino… ¡Carajo! Yo conozco a esa chica, llegué a verla unas cinco veces en la facultad, ella y el hermano de Chace eran amigos, si no me equivoco. No pasan ni cinco segundos cuando el rostro de la chica se asoma por el marco de la puerta, sus ojos y su boca están abiertos, parece estar sorprendida.

- Yo te conozco – me apunta.
- No lo creo, quizás me confundes con alguien más – digo tartamudeando.
- Claro que no, eres amiga de Chace. Yo era amiga de Edder, íbamos a visitarlo a la facultad, te vi ahí – sonríe como si hubiese encontrado a un familiar.
- Soy Zulay, puedes decirme Zuka – estira su mano.
- Acabas de romper la regla más importante – me quejo como la rara que soy, antes me importaban un coño las reglas pero ahora dependo de ellas para sobrevivir.
- ¡Vamos! Estamos en confianza, jamás te haría daño y creo que tú a mí tampoco, ¿cierto? – pregunta encogiéndose de hombros.
- Eso creo – estrecho su mano.
- ¿Todo bien, Keke? – le pregunta a la chica que sigue sentada en el piso, ella asiente.
- Llegué – entra Chace sosteniendo un botiquín de primeros auxilios.
- ¿Quién es tu amiga, Chace? – le pregunta la chica a mi amigo.
- Ella es Jill – sonríe. Revoloteo los ojos con fastidio – También es Jwow.
- Si eres tú – me apunta con el dedo – No te preocupes, sé quién eres y si es tan importante para ti no revelaré a nadie tu nombre, ni siquiera a mi hermano.
- ¿Tienes hermanos? – le pregunto desconcertada.
- Chris es mi hermano – sonríe.
- Genial, tienen los mismos ojos – la miro detenidamente, es una chica linda y parece como si hubiese acabado de tomar una ducha, su rostro tiene una capa fina de maquillaje y su cabello suelto cae en ondas hechas con una pinza eléctrica; al parecer ni con el apocalipsis zombie pierde el glamour.
- Creo que te va a doler – frunce el entrecejo Chace.
- No me digas – le digo con sarcasmo.
- Quítate la sudadera y la blusa que tengas – lo miro fijamente y revoloteo los ojos – Tan sólo es para limpiarte, para nada más – se excusa.
- Más te vale – me quito la sudadera y acto seguido la blusa de manga larga, esto duele demasiado.
- ¡Demonios! – exclaman Chace y Zuka al mismo tiempo, observo mi hombro y distingo la punta del vidrio sobresalir, no puedo evitar soltar un grito.
- ¿Qué pasó? – entran de inmediato Chris y el chico rubio.
- Fuera de aquí, pervertidos – grita Zuka lanzándoles mi sudadera al momento que los chicos se quedan ahí viéndome en brasier, con mi hombro sangriento, quiero pensar que fue la sangre lo que los dejó quietos y no otra cosa.
- Esta cosa no tiene pinzas, ¿hay alguna sección médica aquí? – le pregunta a la castaña.
- No sé, si hay duchas supongo que también hay una sección médica – contesta pensativa – ¿Quieres que revise?
- Por favor – la chica sale del lugar – Puedes sentarte si quieres – asiento y me dejo caer sobre el piso.
- Vaya, esto sí que es una porquería – suspiro cansada.
- ¿Te duele mucho? – me pregunta mordiendo su labio con preocupación.
- Creo que me dolerá más cuando saques el vidrio – contesto recargando la cabeza en el muro blanco.
- Te pondré lidocaína – se acerca al botiquín y en una torunda de algodón rocía un poco del líquido anestésico, acto seguido da pequeños toques alrededor de la herida.
- No creo que eso sea suficiente, deberías drogarme con algo de diazepam o quizá unas cuantas copas de vino – le digo burlona.
- Graciosita, aunque creo que tienes razón. Keke – la chica voltea – ¿Podrías buscar algo de vino, tequila o vodka? – le pide, la rubia lo mira como si estuviese loco y después niega.
- Ni que estuviera loca, no iré sola – se encoje de hombros.
- Dile a Dylan que vaya contigo – la chica niega – Por favor – pide.
- Bien – revolotea los ojos antes de levantarse y salir por la puerta a regañadientes.
- ¡No olvides los vasos! – grita para que la rubia alcance a escucharlo y ésta gruñe con fastidio haciéndonos reír.
- ¿Qué le pasa? ¿Por qué lloraba? – pregunto curiosa.
- Es una miedosa – carcajeo – Literalmente lo es y no la culpo, hay muchas cosas que me dan muchísimo miedo ahora.
- Te entiendo, nada es ni será igual que antes. Creo que definitivamente quiero esas copas de vino o tequila, el que llegue primero – Chace carcajea y se quita su playera para dármela.
- Póntela pero deja ese hombro descubierto – obedezco y echo un vistazo a mi hombro. Tengo miedo de que pueda tener alguna hemorragia si el vidrio por ahora cubre la salida de sangre de alguna vena rota pero creo que esto no es lo peor que pudiera sucederme, lo peor sería ser comida viva por un jodido no muerto.
- ¡Llegué! – anuncia Zuka con la respiración entrecortada, de una bolsa saca varios paquetes – Encontré bisturís y pinzas quirúrgicas, traje más cosas no sé cuáles puedan servirte.
- Perfecto. Gracias, Zuka – agradece Chace.
- Llegamos – anuncia con fastidio el rubio dejando unas cuantas botellas en el piso y llevándose otras.
- ¿Y esto? – pregunta la castaña.
- Parece que festejamos – se queja la rubia.
- Da igual – dice Zulay tomando un vaso y preparando una bebida, vaya que chica.
- Toma de aquí – Chace me da una botella de tequila, me da gracia que afuera sea una mierda y aquí yo deba ponerme ebria para no sentir tanto cuando el chico saque el vidrio de mi hombro.

Empiezo a beberlo y me da asco el horrible sabor, no es que lo odie pero jamás lo había tomado solo. Me arde en la garganta pero después de quince minutos de darle largos tragos estoy comenzando a sentir el efecto del alcohol en mí. Doy un vistazo y las chicas platican con entusiasmo, bueno, sólo Zuka lo hace, Keke parece tenerle miedo hasta a su propia sombra.

- ¿Ya me vez borroso? – pregunta Chace y yo asiento – Perfecto, vamos a sacar ese jodido vidrio.

Se pone unos guantes blancos de látex y toma una torunda de algodón, la moja con mucha agua oxigenada y empieza a limpiar el área. No duele, supongo que es porque se trata de agua oxigenada, estoy ebria y la lidocaína hizo su efecto en mi piel. Tira la torunda en una bolsa y toma otra, ahora la moja con alcohol, me da una mirada de compasión y comprendo el por qué, ni porque estoy ebria o mi hombro tiene anestesia pasaré por esto sin ardor. Comienza a dar toques en el área y mientras la torunda más toca mi piel, mis labios más tocan la boca de la botella ingiriendo más alcohol.

¡Con una mierda! Esto duele horrible. ¡Me arde, coño! ¡Me arde!

Cierro los ojos con fuerza pero no dejo de beber alcohol en ningún momento.

- Tienes tierra, Jill. Debo limpiar una vez más – y para terminarla de joder sigue llamándome Jill.
- Sólo hazlo – le digo como puedo.

Hago el esfuerzo de poner mi mente en blanco y no pensar en el dolor. Una imagen se hace presente en mí, curiosamente es una imagen de Zayn, ése maldito bastardo que robó mi camioneta junto a Ricitos de oro. Como quisiera jalar su ridículo cabello rizado y quisiera darle un batazo al moreno, los odio tanto sin embargo debo admitir que son chicos bien parecidos, en especial el estúpido engreído de Zayn. Tiene los ojos más lindos que haya visto en mi vida, claro después de los de Chace. Pero es un maldito chico guapo, lo aborrezco tanto que creo que voy a…
¡Carajo! Eso me dolió.

- Ya salió – anuncia Chace e intento no concentrarme en su voz, aprieta mi hombro con algo y cuando abro los ojos me doy cuenta que es una gasa, esto es tan jodido.
- ¿Necesito puntadas? – pregunto.
- No lo creo, te pondré algo de tela adhesiva para unir la herida – responde concentrándose en lo que hace.
- Sus palabras médicas me provocan querer dormir – se queja la chica que vi cuando entré.
- ¡Koco! – regaña Zuka.
- ¿Qué? No les entiendo un carajo – se cruza de hombros – ¿Puedo probar el vodka?
- Ni lo pienses, niña – dice ahora Chris – Eres menor de edad y no puedes hacerlo.
- ¡Oh, por favor! Todos aquí, menos tú, son menores de edad y sí no te has dado cuenta la chica a la que se le saldrán las tripas por el hombro está más que ebria – se excusa.
- Eres una mocosa escandalosa y fastidiosa – se queja Dylan.
- Tú eres un fastidioso de lo peor, ahora sí me lo permiten probaré el maldito vodka – avanza para tomar la botella.
- Chace… – llama Keke a mi amigo seguramente para que regañe a la mocosa.
- Déjenla que haga lo que quiera – dice Chace con fastidio.
- Iré a vigilar la puerta – se retira Koco de ahí llevándose la botella, un jugo y un vaso. No se va sin antes lanzarles un “Ja-Ja” a Dylan y a Chris.


✘✘✘


Veo mi reloj y marca las 3:00 am, Chace me trajo un colchón, dos cobijas y un cobertor, mi brazo está vendado por lo que me recargo en mi hombro bueno, merezco dormir un poco después de tener tanta mierda en un solo día. Cierro los ojos durante un momento y pongo mi mente en blanco para así poder dormir.

La poca luz que llega a filtrarse por los espacios sin ocultar de las ventanas caen precisamente en mi rostro, es tan jodido que suceda eso; tanto espacio en el lugar y precisamente en mis ojos. Me levanto maldiciendo, echo un vistazo y está vacío, yo soy la única aquí. Me siento en el colchón y tomo mi cabeza, me duele como los mil demonios.
A lo lejos puedo ver mis mochilas y suelto un suspiro de alivio, seguramente Chace les dijo a los demás que no las tocaran, lo digo porque esa Koco es muy rara y apuesto a que le hubiese gustado ver qué es lo que hay ahí, aunque con la borrachera que se ha de haber puesto ayer creo que ni por la cabeza se le pasó. Observo mi hombro izquierdo el cual está vendado hasta el antebrazo, me duele un poco pero creo que todo está controlado y sólo necesita que la herida cicatrice.

- Hola – saluda entrando al lugar Zuka.
- ¿Qué hay? – contesto el saludo limpiándome los ojos.
- ¿Cómo te sientes? – me encojo de hombros – Te preparé la ducha y escogí ropa para ti, ¿vamos?

Le asiento y me levanto para seguirla, llegamos hasta el lugar en el que el personal de la tienda se preparaba para entrar o salir de un turno. Zulay me da una bata y una toalla para secarme, en una banca puedo ver crema corporal, loción y un combinado de jeans, una blusa con flores y unos botines de piel.

- ¿Qué es eso? – le pregunto como si estuviese horrorizada.
- La ropa que escogí para ti – contesta con una sonrisa.
- Es un tanto… no sé – me rasco la cabeza con confusión – ¿Femenina?
- Así es – aplaude entusiasmada – Se te verá genial, anda a bañarte.
- Okay – contesto insegura pero aun así obedezco.

¡Dios! Esto es tan relajante, tenía días que no me duchaba, creo que comenzaba a tener asco de mí misma. Tomo el estropajo y lo impregno con jabón relajante de olor a fresas al igual que el shampoo, me siento como una nenita, tal y como Zuka, como si estuviese haciendo esto porque saldré de fiesta cuando en realidad saldré al infierno.

- Puedes durar el tiempo que gustes, vuelvo en un momento – me grita Zuka desde afuera.

Tallo una vez más mi cuerpo teniendo precaución de no lastimar mi herida a la vez que coloco más shampoo en mi cabello. Como quisiera que el shampoo también lavara mis pensamientos, me quedo bajo el agua hasta que se torna fría, supongo que se acabó el agua caliente por hoy, quizá por siempre pero se ha terminado. Asomo la cabeza por la cortina para asegurarme de que nadie se encuentre ahí, tomo la bata y la toalla, la primera me la pongo y la segunda la enredo en mi cabello. Salgo de ahí y echo otro vistazo a la ropa que Zuka me ha traído, no es para nada mi estilo pero en cuanto llegue a mi camioneta puedo cambiarme la ropa y eso será muy pronto.
Me visto y me miro al espejo, parece que un ponycornio princeso del arcoíris me vomitó encima.

- ¡Se te ve genial! – me dice entusiasmada Zeta.
- Gracias – la miro y me doy cuenta que el estilo que llevo puesto lo lleva ella también.
- Vamos, debes comer algo – me jala del brazo hasta llegar con los demás, esto se siente extraño.
- ¿Qué tal dormiste? – pregunta Chace mientras come papas fritas de una bolsa.
- Bien, gracias – me siento a su lado y el chico me ofrece de la bolsa metálica.
- Me duele la cabeza – se queja Koco.
- Eso es por beberte toda la jodida botella, niña – regaña Chris.
- ¡Hey! Me la merecía – lo apunta como esperando que del dedo salga un rayo láser y lo atraviese.
- Entonces también te mereces el dolor de cabeza – se levanta y sale del lugar.
- Es un… – nos observa antes de terminar de hablar – Me largo – se levanta y antes de empezar a caminar toma una bolsa de papas, una de galletas y un jugo de mango.
- Y esto es todos los días – habla por fin la rubia.

Parecen una verdadera familia en la que Chace y Chris son los padres, Zuka la hija mayor, Mariela la nada porque todos la ignoran al igual que a Sasha, una chica pelirroja llena de pecas, Keke sería como la emo que se la pasa llorando, Dylan al que le quitaron el lugar de hijo menor y que siempre pelea con Koco quien sería la pequeña enfadosa y escandalosa.
Observo mi reloj que indica las cuatro y treinta de la tarde, ¡carajo! ¿Acaso dormí tanto tiempo? Lo sentí como si hubiesen sido tan sólo unas horas.

- Creo que iremos a buscar más víveres – dice Chace levantándose del piso y rascándose la cabeza con frustración.
- Yo puedo acompañarlos, es lo menos que puedo hacer por su hospitalidad – todo eso se traduce a un “ya me quiero ir de aquí, bola de maricones”.
- Tú no irás, Jill – se cruza de hombros mi amigo.
- No soy Jill y claro que iré, León – me acerco un poco – Y no podrás hacer nada para evitarlo.
- En ese caso también yo iré – se levanta Zuka – Y Keke también irá.
- ¿Qué? ¿Por qué yo? No he hecho nada malo, ¿o sí? – dice la rubia llevándose la mano al pecho, noto que se ha puesto pálida.
- Bien, diré que sí sólo porque ustedes dan miedo – revolotea los ojos.
- ¡Ja! Marica – lo señalo con el dedo índice insultándolo como en los viejos tiempos que eran hace un mes y medio.

Zuka se acerca a Keke y le dice algo en el oído que no puedo descifrar porque no alcanzo a leer sus labios pero supongo que anima a la chica pálida, sus ojos parecen que se saldrán de sus órbitas pero en este mundo el ser un miedoso quiere decir que serás de los primeros en irte a la mierda. No niego que yo no tenga miedo pero al menos sé controlarlo, en cambio a la rubia la consume por completo, pobre.

Camino a la habitación en la que dejé mis cosas, por ahora tan sólo llevaré mi morral con lo necesario que es la ballesta, la pistola, mi querida Lola, mi cámara y las baterías, exageré en traer comida sabiendo que encontraría en cualquier local de golosinas así que no me sirve, por el contrario lo único que hará es lastimarme el hombro.

- Jill – me llama Chace a mis espaldas.
- ¿Qué quieres, León? – contesto un tanto burlona.
- Sólo vine a vendarte el hombro – muestra unas cuantas vendas entre sus manos.

Revoloteo los ojos y me acerco a él, bajo el tirante de la blusa que Zuka me dio y el chico empieza a hacer lo suyo. Escucho a Zulay llamarme a dos cuartos de donde estoy, me cuelgo el morral y camino en dirección a su llamado, me acerco hasta ella y me mira con una larga sonrisa la cual me da miedo, a su lado Keke pone rímel en sus pestañas manchándose el párpado del ojo debido a que sus manos tiemblan con un chihuahua en la nieve.

- ¿Qué? – respondo sin ganas.
- Siéntate aquí – sin siquiera dejarme contestar me sienta en una silla colocada a un lado de la rubia.
- ¿Qué carajo haces? – le pregunto cuando enchufa una pinza rizadora de pelo.
- Cállate – toma un mechón de pelo y lo enreda en la pinza – Cada vez que salgamos debemos lucir bien, no sabemos sí podamos encontrarnos con un chico lindo.

¿Chico lindo? Eso es pura mierda, esto es tan ridículo que ni siquiera puedo asimilarlo, la chica continúa rizando mi cabello y yo ni siquiera puedo moverme de tanta estupidez que ha salido de sus labios. Es como si me perdiera en mi propia mente intentando encontrar algo lógico en las palabras que la chica ha dicho, como si ahora importara el lucir bien ante los demás que parecen vagabundos también, creo que esta chica es una loca al igual que la rubia y la chiquilla gritona, sin duda alguna me largo justo ahora de aquí. ¡Dios! Esto es tan ridículo.

- Estás lista – habla Zuka llamando mi atención.

Me miro al espejo y ahora parece que fuera a una pasarela de modas en la que sí un no muerto me ve se enamorará de mí y no me comerá, ¡carajo! Hasta yo pienso un montón de idioteces. Me levanto como si alguien más estuviera en mi cuerpo, mi cabello esta rizado, mis pestañas tienen rímel y hay una pequeña línea de delineador en mis párpados, mis mejillas tienen un color obscuro pronunciando mis pómulos y por encima y color coral que me hace ver como idiota, mis labios tienen un color rosado y mucho brillo los hace ver luminosos, ¿cuánto tiempo estuve haciéndome la idiota para que ella hiciera todo esto? Me veo tan tonta.

Sin siquiera agradecer me levanto de ahí y me encamino hasta donde Chace, Chris y Dylan esperan. Chace me mira sorprendido y después burlón, juro que le patearé las bolas antes de largarme de aquí, me giro y me cruzo de brazos a esperar a las demás chicas. Las ondas del cabello de Zuka suben y bajan conforme ella camina, en cambio el cabello extra lacio de Keke se mueve de un lado a otro, es como aquella escena en la que Miss Simpatía o Sandra Bullock, la que sea, camina toda sensual y de pronto se cae, sí ellas cayeran sería épico y yo quizá quitaría mi cara de abuela amargada sin embargo la vida no es tan bella como la televisión lo hacía creer, la vida es una mierda colmada de más mierda y ahora es mucho peor.
Lo único que puedo hacer es revolotear los ojos ante aquella escena tan cursi, toco mi hombro al sentir un poco de ardor pero lo ignoro cuando estamos a punto de salir.

- Vuelvan vivas, chicas súper poderosas – grita con ánimos la chiquilla – Y con todo su cuerpo como esta – carcajea y susurra un “estúpidas” para después sentarse en la silla que estaba y continuar leyendo una revista de moda.
- Ya no la soporto – se queja Dylan sobándose las sienes, supongo que él es una versión masculina de mí.
- Vámonos – ordena Chace y obedecemos.

Parece que el clima está de nuestro lado por ahora pero apuesto a que en la noche el clima estará como ayer, lo intuyo por las nubes negras que se alcanzan a ver a lo lejos. Camino junto a las chicas, Zuka parece estar preparada para lo que venga, en cambio Keke camina con una inseguridad que se alcanzaría a ver a kilómetros, las ignoro y adelanto mi paso hasta llegar a un lado de Chace.

- ¿Por qué no consiguen algo en que moverse? – pregunto asegurándome de que Lola esté bien sujeta al morral.
- Los autos son ruidosos – contesta sin mirarme.
- Y rápidos, tal vez no lo hayas notado – le digo con sarcasmo observando todo el lugar, está vacío.
- Que graciosa – me sonríe de una manera exagerada y falsa cosa que me provoca carcajear.

El camino es sin platica y creo que es mucho mejor, así puedes enfocar todos tus sentidos a tu alrededor, nunca se sabe si un no muerto está escondido por ahí o acostado en el piso y de repente te salte y te convierta en su cena. Empiezo a reconocer el lugar, mi camioneta debe estar cerca de aquí.

- Vayan por allá, nosotros iremos a la derecha – dice Chris, Zuka jala del brazo a Keke y yo las sigo.

Caminamos aproximadamente unas cinco cuadras, veo un súper y lo señalo para que las demás lo vean. Con sigilo nos acercamos hasta el local, la puerta y ventanales de vidrio están rotas y las paredes tienen hoyuelos causados por balas, cuando Keke los ve sus ojos se abren demasiado y la chica empieza a hiperventilar aferrándose más al bate de baseball que sostiene entre sus manos, me acerco y le doy una palmada en la espalda para que se relaje, el lugar está vacío, debería preocuparse cuando zombies estén dentro caminando como idiotas.
Entro apuntando como puedo con la ballesta, las vendas me molestan y la jodida herida me duele, cuando me aseguro de que el lugar está vacío me quito el morral y lo dejo a un lado de la caja registradora al igual que la ballesta, tomo unas cuantas bolsas de las más grandes que veo y me adentro al lugar metiendo todo lo que se me cruza. Observo la pequeña farmacia y meto los medicamentos que quedan ahí.

- ¿Esto también? – pregunta Keke sosteniendo una caja de condones.
- ¡Claro! Nunca sabes cuándo se te ofrezca – contesta Zuka con una sonrisa, se acerca a ella y toma la caja para leer lo que sea que diga ahí.
- Eres tan cerda – le dice la rubia con mala cara.
- Sólo bromeaba – la rubia revolotea los ojos – De cualquier modo debemos llevarlos – los guarda en su bolsa y continúa haciendo lo mismo.

Con las bolsas llenas nos encaminamos a la caja pero nos detenemos frente a los estantes, dos no muertos merodean la entrada y se dirigen hacia donde estamos nosotras, seguramente habrán más de esas cosas pestilentes, siempre van en grupo. Siento la sangre irse hasta mis pies, echo un vistazo a mi alrededor hasta detener la vista en mi ballesta que yace junto a la navaja de Zuka y el bate de baseball de Keke. ¡Carajo! La situación se ha puesto jodida.

Veo a Keke empalidecer y a Zulay tomarse el pecho asustada, a la mierda, también yo estoy asustada, no tenemos a dónde correr. Frente a nosotras hay cinco filas de estantes llenos de golosinas y otras cosas, al ver caminar a uno de ellos me recargo en el estante de en medio para cubrir mi cuerpo, Zuka y Keke imitan mi acción, me siento e intento controlar mi respiración.

- ¿Qué haremos? – susurra casi inaudible Zuka, la miro y niego con la cabeza, la verdad es que no tengo una jodida idea de qué hacer, ni siquiera sé si ya entraron más no muertos. Escucho los sollozos de Keke y al instante volteo a verla.
- ¡Shhh! – le susurro, tal parece que la chica quiere ser alimento de zombie. Le clavo la mirada a la pobre rubia que llora mientras se abraza de las piernas, ¡Dios! – ¡Deja de hacer ruido! – la regaño, en cambio Keke lo único que hace es cubrir su boca con las manos pero eso hace que su respiración sea más escandalosa.
- ¡Dios mío! – escucho decir a Zulay, la miro y la chica tiene la mano en su frente, como si estuviese frustrada, incluso yo lo estoy con esta chica tan llorona. Me coloco en cuclillas y observo a mi lado izquierdo, la fila se encuentra vacía sin embargo puedo ver al no muerto cerca de la caja de cobro. Me asomo a mi derecha y un no muerto camina lentamente y se detiene a ver no sé qué cosa.
- ¿Alcanzas tu navaja? – le pregunto a Zuka y ella niega – Mira a tu izquierda, a mi derecha hay uno y entre nosotras puedo ver al segundo no muerto.
- Bien – responde, acto seguido con cuidado gira su rostro hacia su izquierda – Está vacío.
- Será mejor que intentes tomar un arma, si salgo por cualquier lado estoy segura de que me verán – le digo y la chica me asiente, después dobla a su derecha y dejo de ponerle atención – Keke – la llamo pero la chica sigue llorando mientras su rostro está entre sus piernas y con sus brazos se cubre la cabeza – Keke, voltea – la llamo una vez más captando su atención – Debes revisar si aquél pasillo está vacío.
- No – responde mientras sigue llorando.
- Debes hacerlo si no quieres que nos coman a ambas – la chica niega y con una de sus manos limpia sus lágrimas. Vuelve a negar obligándome a hablarle mal.
- Debes hacerlo, estúpida. No quiero ser comida para cosas pestilente sólo porque tú eres una maldita cobarde, hazlo ahora sino yo misma te lanzo a ellos para poder huir – le digo lo más silencioso que puedo, la chica me mira con resentimiento sin embargo obedece, gira un poco hacia su derecha y me da una mirada reprochadora antes de irse, creo que me encontré con una Kate cobarde y llorona.

Ahora es mi turno, ni de loca me quedo ahí, observo una vez más a mi derecha y el no muerto está cada vez más cerca, resoplo fastidiada y volteo a mi izquierda, el no muerto sigue ahí pero se encuentra distraído por lo que me pongo a gatas y rápido avanzo hasta el siguiente estante, doblo a mi izquierda y me encuentro a Zuka a unos cuantos metros de ahí, me levanto y camino inclinándome para que no me vean.

- ¿Qué pasa? – le pregunto asustándola – Disculpa, no fue mi intención asustarte.
- Hay uno ahí, entraron dos más y se encuentran cerca de la caja.
- ¡Carajo! Los distraeré – digo más para mí que para ella.
- ¿Cómo? – pregunta rascándose la cabeza.
- Me iré hasta al fondo y haré ruido, corre rápido hasta la caja, toma la ballesta y dispárales a esos malnacidos – le pido y ella asiente.

Esto de ser carnada humana se me ha olvidado un poco, regreso hasta donde estaba. Observo el lugar y creo que será conveniente que los atraiga desde la farmacia por lo que me adentro en la misma y comienzo a golpear los estantes de metal.

- ¡Hey, apestosos! Por aquí, hay comida fresca, anoche dormí bien así que tengo un buen sabor – grito mientras sonrío por las estupideces que digo. Ellos me miran y al instante empiezan a caminar hasta mí.

Veo a los cuatro caminar lo más rápido que sus pies chuecos les permiten, más de lo normal, uno de ellos entra a la fila donde Keke dio vuelta y al instante un nudo se forma en mi estómago, sí la cobarde se quedó ahí está perdida. Golpeo con más fuerza el estante intentando que el no muerto cambie de dirección, sin embargo Keke se levanta gritando como loca y corre en mi dirección hasta colocarse detrás de mí y usarme como escudo humano.

Veo a los cuatro caminar lo más rápido que sus pies chuecos les permiten, más de lo normal, uno de ellos entra a la fila donde Keke dio vuelta y al instante un nudo se forma en mi estómago, sí la cobarde se quedó ahí está perdida. Golpeo con más fuerza el estante intentando que el no muerto cambie de dirección, sin embargo Keke se levanta gritando como loca y corre en mi dirección hasta colocarse detrás de mí y usarme como escudo humano.

- ¡Zuka! – grito al no ver que la chica aparezca salvándonos la vida, sin embargo de ella ni sus luces se ven – ¡Mierda!

Me hago hacia atrás empujando a Keke, si no ayuda que por favor deje de estorbar. Continúo retrocediendo hasta que me topo con Keke y ella con la pared. ¡Vamos, Zulay! ¿Dónde coño estás?
El no muerto más cercano está a tan sólo metro y medio de nosotras, creo que comenzaré a gritar pero antes de poder hacerlo una flecha atraviesa el cráneo del maldito. Suspiro con alivio al ver que Zuka aparece como toda una heroína rematando a los no muertos, una vez que todos tienen una flecha atravesando sus cabezas camino hasta donde dejé las bolsas y las llevo hasta la caja, cosa que las demás imitan.

- Creo que es muy poco, deberíamos tomar más – hablo como toda una mentirosa profesional – Vaya que es bueno tu rímel – digo con sarcasmo a la rubia que sigue igual de maquillada pero con los ojos rojos al igual que su nariz y sus mejillas después de tanto llorar.

Les doy más bolsas y ellas se van al fondo a seguir con lo suyo, me acerco a mi morral y me lo coloco sin que ellas me vean, es momento de salir corriendo de aquí, tomo mi ballesta y me aseguro que no me vean antes de irme. Afuera parece estar desierto, camino por la calle hasta reconocer la avenida en la que dejé mi camioneta.
La ira se apodera de mí en el momento que no veo aquella Suburban negra, en su lugar hay una carcacha horrible, asiento muy enojada y coloco mi bolsa en el piso junto a la ballesta, tomo a mi querida Lola y con todas mis fuerzas comienzo a darle de batazos al estúpido auto, ni siquiera me importa que me lastime el hombro, estoy tan enojada que quisiera arrancármelo a mordidas. ¡Maldito sea el que se lo llevo!

- ¡Son unos malditos pendejos! – golpeo el parabrisas – ¿Por qué mierda se llevan mi puto auto?

Ni siquiera asimilo lo que digo, mi boca habla sin parar y no dejo de golpear el jodido auto hasta que me canso. Me siento sobre el maletero y sin dejar de golpearlo pienso a dónde es que iré. No debe estar muy lejos, tenía poca gasolina por lo que me levanto y empiezo a caminar por la banqueta que tiene sombra, dejo a Lola donde estaba asegurándome de que esté bien amarrada y me aferro a la ballesta mientras coloco unas cuantas flechas más. Odio todo esto, odio más a los malditos vivos que a los no muertos.
¡Carajo! Tengo sed y no tengo una jodida botella de agua a la mano, a lo lejos veo un anuncio de local de abarrotes por lo que camino más rápido hasta llegar ahí, observo el lugar y al ver que se encuentra desértico relleno los espacios vacíos de mi bolsa con cosas comestibles, salgo de la jodida tienda y observo el lugar. A unas cuantas cuadras puedo ver zombies caminando como idiotas por lo que sigo mi camino. Dos, cuatro, ocho, once, quince cuadras y no puedo ver una jodida gasolinera. Distingo una avenida en la cual la carretera tiene salida al condado de Navajo por lo que intuyo que una puta gasolinera se encuentra cerca. Suspiro con pesadez para caminar una vez más.


✘✘✘


Doblo la esquina a la izquierda y ahí se encuentra, sucia y llena de polvo pero sigue reluciendo.
¡Oh Dios! Es tan bello encontrarla por tercera vez. Camino con algo de rapidez hasta ella, pero me detengo al ver que alguien husmea dentro, la puerta trasera se encuentra abierta y un chico tiene medio cuerpo dentro mientras come galletas y revisa lo que hay ahí.

- ¡Hey! Eso es mío – grito muy enojada a unos metros de él. El chico sale y me mira de arriba abajo con expresión arrogante.
- No veo tu nombre escrito en ella, así que vete de aquí – me responde cínicamente.
- ¿Quién te crees que eres, imbécil? Esa puta camioneta es mía y de nadie más, también todo lo que lleva dentro, incluso las galletas que tragas son mías – levanta una ceja.
- Vaya boquita que tienes – entrecierra los ojos – Ni pareces señorita, deberías irte de aquí si no quieres que te dispare – toma un rifle y lo apunto hacia mí. Levanto la ballesta pero las flechas que tenía las acabo de gastar con algunos no muertos que encontré atrás y no la recargué – ¿Qué? ¿Me dispararás flechas invisibles?
- Maldito bastardo – el chico suelta una carcajada y continúa husmeando en el interior del auto. Minutos después me echa un vistazo.
- Arriba las manos – dice entrecerrando los ojos – Quiero ver tus manos lejos de la bolsa. Coloca la ballesta con flechas invisibles sobre el piso y después levanta las manos.
- No lo haré, idiota – el loco tira un balazo a menos de un metro de mí por lo que al instante obedezco, conozco a los tipos como él y no creo que se toque el corazón para volarme los sesos.

El chico recarga el arma y la sigue apuntando hacia mí mientras continúa metiendo sus narices en lo que no le importa y se atraganta con galletas. El sol me ha mareado y necesito un poco de agua, sin embargo, no creo que pueda tomarla.

No dejo de observarlo y querer arrancarle los ojos para después lanzarlo a un grupo de no muertos, se ve tan fastidioso que me provoca gritarle hasta de lo que se va a morir. Mi respiración aumenta debido al enojo que se ha formado en mi pecho por pensar en el idiota, segundos después siento una presencia cerca de mí, me pregunto si es un no muerto pero lo descarto al momento que veo la punta de un rifle colocarse entre mi mano izquierda levantada y mi cabeza, de inmediato me asusto y no quiero ni voltear a ver, acto seguido otra punta de rifle se coloca de igual manera pero del lado derecho.

- ¡Alto ahí, vaquero! – esa voz yo la conozco… es de… ¡Oh Dios! Todos menos ellos. El chico voltea al instante, sus manos tiemblan mientras sostiene el rifle sin saber a quién apuntar. Giro a mi izquierda y me encuentro con el maricón Zayn y a mi derecha con Ricitos de Oro Harry.
- ¿Creíste que ibas a deshacerte de nosotros tan fácilmente? – pregunta el castaño de pelo rizado, lo único que puedo hacer es abrir la boca como tonta – Incluso Niall te vino a buscar. Por cierto, déjame decirte lo linda que te ves, ahora sí pareces mujer, no como antes que parecías vagabunda. ¿Tus uñas tienen esmalte amarillo?

Idiota. Revoloteo los ojos con fastidio, Zayn baja mis manos y se coloca a un lado de mí, del otro se encuentra Harry y a su lado Niall. Los tres lo apuntan con armas, recojo mi ballesta, la cargo y de igual manera lo apunto.

- Te dije que esa camioneta es mía – ahora si digo burlona aprovechándome de la situación de cuatro contra uno.
- ¡Hey! Alto, tranquilos por favor – dice un chico saliendo del pequeño local de la gasolinera – No tenemos por qué pelear, es sólo una camioneta, hay miles de vehículos por aquí así que tranquilos.
- Pues busca la tuya, amigo – dice Hazza – Esta nos pertenece.
- Me pertenece – corrijo.
- ¿Por qué no viajamos todos juntos? – ofrece el chico que minutos antes salió del local colocándose a un lado del castaño de ojos marrones – Pueden decirme Boo Bear, él es mi amigo Ele. Saluda Ele – lo codea, sin embargo su amigo tiene una cara de pocos amigos épica.
- Puedes buscar un vehículo e irte junto a tu amigo – le dice Zayn.
- Deberíamos ir todos juntos, apuesto a que ustedes también buscan el albergue. No deberíamos pelear cuando podemos ser un grupo y cubrirnos las espaldas entre todos – dice el chico Boo Bear.
- Nosotros encontramos la camioneta así que nos pertenece – habla por fin Ele.
- No lo creo, es mía y punto – me acerco. Saco las llaves de la camioneta y abro la puerta delantera – ¿Ves?
- Es de ella, Liam – le dice el amigo quien después de decir su nombre nos voltea a ver con cara de idiota – Digo, Ele. Será mejor que vayamos a buscar un auto.
- Chicos – habla Niall – Creo que el chico con apodo de gay tiene la razón.
- ¡Hey! ¿A quién le dices apodo de gay? – lo apunta el castaño de ojos azules.
- Creo que sería mejor que viajemos todos juntos – todos lo miramos como si estuviese demente, ¿acaso es un marica para querer más compañía?
- Eso es una estupidez – le digo.
- Estupidez es lo que tú piensas – me ataca el rubio.
- ¡Nialler! – regaña Zayn.
- Es lo que creo – se cruza de hombros, en cambio yo revoloteo los ojos.
- ¡¿Ven?! Incluso Nialler piensa como yo, deberíamos viajar juntos. Les prometo que ni Ele ni yo seremos molestia para ustedes – estoy dispuesta a decir que no pero Zayn habla antes que yo.
- Bien, viajaremos juntos – mi mandíbula se abre de manera exagerada igual que la de Hazza.
- Es mi camioneta y yo decido, no tú, metiche. Además yo decido que viajaré sola, sin ti – apunto a Zayn – Sin ti y sin ti – hago lo mismo con Niall y Harry.
- No puedes hacer eso, ahora somos un grupo – me señala con el dedo índice Hazza, es tan fastidioso.
- ¡Eso es lo que tú piensas, yo no formo parte de ningún grupo! Y menos de un grupo de idiotas como el suyo – me cruzo de hombros molesta.

Hemos discutido durante un buen tiempo, quiénes se creen como para decidir sobre mí en mis cosas. Escucho cerca un motor, busco con la mirada y veo acercarse una camioneta Explorer de color azul marino, enfoco la vista y en el asiento del piloto alcanzo a distinguir a Chace. El chico estaciona la camioneta junto a la mía y observa al grupo de chicos que ni siquiera se han percatado de la presencia del grupo de mi amigo.

- ¿Qué pasa, Jill? – me saluda llamando la atención de los demás.
- ¿Tú quién eres? – pregunta Harry.
- Scott – responde moviendo la camioneta, acto seguido se baja y con la manguera de gasolina comienza a llenar el tanque – Será mejor que nos vayamos de aquí, una horda de no muertos se acerca.
- ¿Los atrajiste? – dice exaltado Ele.
- No, ya venían hacia acá, simplemente aceleré para llenar el tanque y tomar más provisiones – señala el súper de la gasolinera y puedo ver a Zuka saludándome junto a Chris y Koco, en cambio Keke mantiene una cara de abuela amargada que vive con doscientos gatos y me hace una seña no tan amistosa, revoloteo los ojos y les devuelvo el saludo a la chiquilla enfadosa, a Zulay y a Chris. Chace se coloca a mi lado y pasa un brazo sobre mis hombros – ¿Cómo sigues? – me toca el hombro herido.
- Bien, supongo – hago un gesto de desagrado.
- Traje algunas cosas, supuse que te encontraría así que en cuanto lleguemos a un lugar estable te cambiaré las vendas – me sonríe y me abraza nuevamente.
- ¿Hay algo de lo que no esté enterado? – pregunta el moreno cruzado de brazos.
- Nada que te importe – revoloteo los ojos – ¿El tanque está lleno? – le pregunto a Boo Bear y el asiente – Entonces vamos, no hay tiempo que perder. Te sigo León – le digo burlona a Chace.
- Muy bien, Jill – camina hasta su camioneta.
- ¡Hey! Mi camioneta, yo manejo – detengo a Harold quien a regañadientes se va al asiento del copiloto quitándoselo a Zayn.

Me coloco el cinturón de seguridad, enciendo el motor y echo un vistazo por el espejo retrovisor, hasta atrás se encuentran Ele y Boo Bear, en los asientos que siguen Niall y Zayn quien me mira con cara de pocos amigos, y a mi lado Ricitos de Oro. Una vez que veo a Chace arrancar su vehículo imito su acción y voy detrás de él.

Leer, chiquillas del mal:
Bueno, eso que han leído fue lo que salió en todos estos días de mi cabecita rara .___. Espero les haya gustado y agregué un nuevo apodo a mi personaje so... Ya lo vieron. Yo quererlas... Por cierto, olvidé agregar a las reglas que los capítulos deben ser de 4 hojas en Word como mínimo, a mí me salieron 18 y poquito de otra Rolling Eyes me re fui

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Re: Zombieland | Segunda Temporada |

Mensaje por Invitado el Dom 20 Oct 2013, 5:23 am

¡Joder! Sí , eh, te ha salido largo, ¡muy largo! Ahora me dejarás mal, demasiado mal :c ¡Dios mío! Que alguien me ayude, ¡mi personaje está como una chota! ¿A quién coño se le ocurre maquillarse y arreglarse para ir a matar zombies? ¡A mi personaje!  Si estuviera ahí con ellas, le habría dado con una sartén en la cabeza y luego le habría atado y dejado que los zombies se la comieran. Creo que Chris será el más normal :meh: asfiajhgfuidajgfiwg, me encantó el capítulo, la espera valió la pena. ¡Roko! No sé por qué no me cayó muy bien.. ¡Dios mío! A Keke también le daba con una sartén en la cabeza, jurado. sdigudigrih ¡LIAM! Pero que malote que es  afiuagiwtgw, que emoción, me toca escribir. ¡Ahora mismo me pongo a ello! En unos días lo subo  
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