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Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

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Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por demons. el Sáb 31 Ago 2013, 3:27 pm

Prom?


El baile de graduación. Vestidos caros, autos lujosos y actitudes arrogantes.
Así son los preparativos. Mujeres luchando por ser la reina del baile y hombres desesperados por ir con la chica más linda.
El baile es una tradición de cada año. La organiza el comité estudiantil y siempre se desea que todo sea perfecto. Y la mayoría de las veces, por no decir siempre, pasa de ese modo.
Claro que siempre hay excepciones.
Y es así como este año un grupo de estudiantes se rebelan contra la directora exigiéndoles un mejor trato.
El problema es que esta directora es todo menos amable, y como venganza cancela el baile, supuestamente, de manera permanente.
Y ahí entran todos los estudiantes. Nerds, chicos malos, populares, deportistas. Todos deciden unirse para que el baile no se cancele.
¿Que estarán dispuestos a hacer para recuperar su baile?

Reglas y Aclaraciones


{#} A pesar de que son Inscripciones, no se reserva. El que llegue primero se lo queda. Así de fácil.
{#} Uno de los requisitos para dejarte entrar es que me presentes un capítulo o prólogo tuyo. Yo analizaré tu forma de escribir y si me parece correcta y demás, estás dentro.
{#} En esta colectiva voy a necesitar a varias chicas, así que no te apures en dejarme tu capítulo, lee las reglas y la trama tranquila para entender todo.
{#} Hay un code para reservar, que debes respetar.
{#} Hablando de respeto, lo necesito.
{#} Me fijo mucho en la ortografía y redacción. Así que tengan en cuenta eso para ver si participan o no.
{#} Es una novela colectiva. Busco escritoras.
{#} Si leíste todo, quiero un gif de Lucy Hale. Pero recuerda que es mía.

Reservas


{#} Lucy Hale | Logan Lerman {May.}
{#} Nina Dobrev | Harry Styles  {Deby.}
{#} Lily Collins | Louis tomlinson  {Derphantasie.}
{#} Lauren Jauregui | Drew Roy {Vicky.}
{#} Barbara Palvin | Zayn Malik {Rachel.}
{#} Sasha Pieterse. | Niall Horan. {Britt.}
{#} Ariana Grande | Jai Brooks { Ana. }
{#}Liz Gillies | Liam Payne {Angie}


Código para reservar



Código:
[center][color=#ffffff][font=Verdana]{#} Nombre de la representante femenina | Nombre del personaje masculino [color=#ff3333]{Tu nombre}[/color]
[/font][/color][/center]


_____________________________

Holasa! Yo soy May, se me ocurrió esta idea y bueno... inscríbanse(?)


Última edición por GreenSky♥ el Dom 01 Sep 2013, 4:06 pm, editado 8 veces
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por Derphantasie el Sáb 31 Ago 2013, 3:35 pm

Yo quiero :c Deja que busque un capítulo lindo para que puedas leer /o/ (no sé si se puede - a pesar de que leí todas las reglas, como el que tengo que poner un gif de Lucy - pero quiero a Harry Styles, pero como dije, deja que busque un cap. lindo para poder audicionar bien con el código y todo).
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por Invitado el Sáb 31 Ago 2013, 3:39 pm

Capítulo.:

Capítulo 11
Narrador Omniciente|El secuestro Parte I/V


El sonido de una puerta cerrarse y el motor encendido era el sonido que en eco sonaba dentro de la cabeza de Amelia. Hace un segundo, era capaz de pedir auxilio. Mas la cinta que cubría sus labios, no se lo permitía. Una bolsa fue puesta en su cabeza. Por lo que no veía nada. Trataba de patalear, pero no era posible. Un cuerpo sosteniéndola con fuerza. Al siguiente segundo, sus manos y pies estaban fuertemente atados. Estaba, oficialmente, entrando en pánico.

Su cuerpo dio con una superficie no muy sólida, más bien algo acolchado. Supuso que estaba dentro del auto. Se podían oír los ruidos de las bocinas de los autos a su alrededor. Los típicos sonidos de la ciudad de Londres. Poco a poco, los sonidos fueron desapareciendo. El auto ya no giraba ni frenaba. Solo viajaba. Sus mejillas, empapadas de tanto llorar. Sollozando sin nada más que hacer, sin temor de que su secuestrador la oyera. Este no habló en todo el viaje. En su mente, Amelia intentaba reconocer el rostro de quien vio fuera del auto, antes de que su mirada fuera tapada. Aun así, nada llegaba a sus recuerdos. Bueno, no pudo mantener suficientes rasgos en su memoria como para tener por donde guiarse. Perdida en sus pensamientos, se olvidó de la actual situación.

Sus manos y pies atados, su boca tapada, su cabeza cubierta y su cara contra el asiento sin oportunidad de acomodarse. Siguió sollozando, rogando por salir de allí con vida. El miedo la consumía al pensar en qué podrían hacerle.

Por otro lado, miles de sentimientos volaban en el interior de Harry. La adrenalina ya había crecido mientras perseguía a su víctima. La astucia lo invadió al planear su secuestro. Una pequeña pizca de nerviosismo pudo colarse entre sus pensamientos al tenerla allí, parada bajo la luz de la luna. Se veía tan malditamente hermosa… El diablo vestido de un joven ángel. Pero ninguna de aquellas emociones superaba la perturbación que le causaban los sollozos de ella. Deseaba aparcar el auto ahí mismo, quitarle la bolsa y decirle que aun la amaba. Que estaba profundamente enamorado de ella y que no era capaz de hacerle daño. Sacudió su cabeza ante este pensamiento, haciendo que alguno de sus rizos se desacomodaban en su frente. No podía ser tan débil. Apenas había visto su rostro y ya pensaba rendirse ¿Cómo sería luego? Trajo a memoria las veces que fue humillado por ella y el rencor lo llenó. El deseo de vengarse lo consumió. Las ganas de decirle todo lo que sentía, desde hace tantos años.

Iban por la ruta, solo eran el sonido del viento golpeando el auto los sollozos de Amelia. Pronto estarían llegando al complejo… o al “Paraíso de la Tortura” como Niall le había dicho bromeando en ciertas ocasiones.  7 cabañas conformaban este complejo, mas 5 de ellas iban a ser utilizadas para estos 5 ex adolescentes humillados y vengativos… Nadie residía allí, nadie iba allí en años. Nadie era capaz de llegar hasta ese lugar ni por error. Louis, que era vendedor de bienes raíces, era el dueño de este lugar. Desde que comenzó con aquella carrera, se aseguró de resguardar este lugar en la soledad desconocida para los pueblerinos. Otorgándole la privacidad necesaria para todo tipo de actividades… Un grito ahogado se escuchó desde la parte atrás del auto. Harry volteó, comprobando el impacto entre el cuerpo de la chica y el suelo. Gruñó para sí mismo.

-Quédate quieta- Una voz ridículamente fingida y ronca, hizo que la chica continuara con sus sollozos en silencio.

Minutos después, luego de un viaje infinito para el rizado y torturador para ella, llegaron a la estancia. Un auto negro se veía aparcado, lo que significaba que uno de sus amigos ya estaba en el complejo, disfrutando de su venganza… O al menos preparando a la víctima para ello.

Aparcó el auto frente a una de las cabañas. Amelia comenzó a preocuparse al sentir como se detenía el auto. Harry salió, dejándola en el silencio por un tiempo. Al no poder hablar ni oír nada, su sentido de la audición se agudizaba cada vez más, logrando percibir cada pequeño sonido que se producía en el lugar.

Grillos, pasos en el suelo de tierra. Un auto que se acercaba y alguien que gritaba. Las lágrimas eran incontables. ¿Es que no era la única? ¿Había más chicas allí? ¿Era algo como trata de mujeres? Trató de acomodarse aun en el suelo del auto, pero antes de poder hacer algo, dos brazos estaban rodeándola, sacándola de allí, provocando que ella gritara –con la boca tapada- del susto.

-Deja de moverte- Aquella voz habló. No se escuchaba como la que había oído hace un rato. Harry se mordió la lengua al haber utilizado su voz, en vez de fingir. Bufó y subió a la chica en sus hombros, esta pataleaba, pero eso no era impedimento para Harry.

Amelia fue sentada. Si bien Harry tenía la suficiente fuerza como para mantener el control sobre su persona, era irritante las continuas intenciones que esta tenía de escapar. “Luego no querrás irte” aseguró él en la perturbación de su mente. Una vez que esta estuvo atada y asegurada, venía la parte más difícil… Descubrir su cabeza, para que pudiera ver.

Ella ya no lloraba ni sollozaba, aunque lágrimas seguían cayendo, su principal objetivo era reconocer algún sonido que le permitiera deducir algo… útil. Harry dio unos pasos hacia adelante, pero en el momento que iba  a sacarle el saco de la cabeza, retrocedió. Frotó sus manos con nerviosismo. Había estado planeando esto por mucho tiempo, pero aun así no la veía desde hace años. No sabía si iba  soportarlo, aunque confiaba en que las cicatrices que guardaba muy en su interior, lo habían hecho lo suficientemente fuerte como para confrontarlo.

Acomodó sus rizos y miró su ropa. No se había percatado en su vestimenta. No parecía un asesino ni violador, solo un joven. Llevaba una camiseta blanca con una camisa a cuadros encima, de color azul. Unos jeans y… sus zapatos. Maldijo por lo bajo al no haber tomado en cuenta ese detalle. Pero era tarde, no había tiempo de nada, Amelia estaba allí. Contempló su pequeño cuerpo, en la única luz que había en esa habitación. Sus tobillos atados y cruzados debajo de la silla. Aún en la desesperación, él sabía que la castaña guardaría la calma para mantenerse femenina y elegante como siempre, aunque por dentro esté derrumbándose, sus modales eran irrompibles frente a las circunstancias. Suspiró, lentamente se acercó tomó la bolsa y la quitó…


Ella mantenía sus ojos cerrados, por lo que pudo retirarse a la seguridad de la oscuridad, antes de que pudiera ser visto. Un nudo se presentó en su estómago al ver la escena frente a sus ojos. Tenía rencor, sí. Pero aunque no quisiera admitirlo, estaba lastimado… lastimado porque amaba a esa mujer. Ahora, ella estaba allí, sometida… vulnerable. Quería protegerla pero, ¿De quién? ¿De él mismo? Su cabello suelto y un poco despeinado. Su cabeza gacha y sus ojos fuertemente cerrados. Pocos segundos después de contemplarla, notó que había comenzado a temblar, pero no se dignaba a levantar la mirada.

-Mírame- soltó Harry. Amelia se atemorizó ante su voz, aunque no fuera fingidamente grave. Seguía temblando, además de tener frío, el miedo la consumía. Levemente negó con la cabeza –Amelia, mírame- se estremeció ante su orden. No quería saber, no quería verlo. Sabía que no soportaría el temor y la intimidad que le provocaría ver los oscuros ojos de quien la había raptado. Volvió a negar, sometiendo su propia seguridad, a causa del temor. -¡Maldición! ¡Amelia quiero ver tus ojos! Mírame- Al  oír su grito, rebotó en la silla. Lentamente levantó su mirada. Este hombre tenía el control aquí, y no le convenía mirarlo. Quizá alguien más valiente se atrevería a confrontarlo, pero ella estaba lo suficientemente atemorizada como para hacer lo que le pidan, con tal de no ser lastimada. Una de sus grandes características, era ser ilusa. Pero no le importaba, por lo menos mantendría feliz a quien tenía el poder de terminar con su vida.

Al mirar, se encontró con el vacío. La oscuridad llenaba el ambiente. Y aunque percibía la presencia de alguien allí, no podía verlo. Giró para ver el panorama. Una habitación, común y corriente, no como el depósito húmedo sucio y frío que imaginó. Una ventana adornada con cortinas cubría la luz de la luna.

Harry no podía quitar la vista de aquellos ojos marrones. Por una milésima de segundo, se sintió como un idiota, por hacerle daño a una chica tan inocente. Al verla allí, llena de miedo, estuvo a punto de caer… Pero luego, imágenes de su pasado volvían para hacerlo fuerte, tal y como lo habían hecho hasta ahora. El enojo lo consumió, pero rápidamente intentó calmarse, para no cometer una estupidez.
-¿Tienes miedo?- Su genio le ganó, y la pregunta que debilitaba sus peores recuerdos salió de sus labios sin previo aviso. Amelia no respondió su pregunta, solo se dedicó a buscarlo con la mirada.

Era una pesadilla, quería que el maldito le dijera lo que quería que haga para dejarla en libertad e irse. Miraba el lugar desde donde aquella voz provenía, pero nada podía verse, más que al atemorizante figura de su secuestrador.

-Al fin, vuelvo a verte- Poco a poco, parecía que aquella voz se acercaba a sí. Una lágrima corriendo por su mejilla, frente al pánico que estaba invadiéndola. Ese hombre, apareció entre las sombras, acobardándola del todo. Debía medir 1,80 o más, ya que debía levantar su mirada para verlo. Desde el momento en que vio sus rizos, pensó en aquel empresario en la calle de Oxford.

Entonces pudo ver su rostro. De no haber estado tan asustada, podría admirar la dureza y belleza de sus rasgos. Unos ojos verdes se opacaban al mismo tiempo que iluminaban aquel cuarto. Era como un ángel… con pensamiento demoníaco.
-¿No me recuerdas?- preguntó él. Esto abrió más la curiosidad en Amelia, a pesar de encontrarse en aquella situación. Comenzó a buscar en su memoria, aquellos rasgos. Nada venía a su mente. El joven se paseó a su alrededor, tal y como sucedía en las películas que había visto. Brincó en su asiento cuando la mano de este hizo contacto con su  mejilla. Lo siguiente fue verlo arrodillado frente a ella, para quedar a la misma altura. Tenerlo tan cerca… estaba incomodándola. –No podrías olvidarme- susurró, antes de mostrar su sonrisa.

Entonces todos los recuerdos vinieron golpeando su cerebro. Aquellos hoyuelos eran inconfundibles entre todos los hombres que alguna vez había conocido. Sus ojos se abrieron al contemplar el cambio entre aquel Nerd que conoció en la secundaria, y este hombre, que además de atractivo, guardaba en sí un gran rencor. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Cómo él estaba aquí? ¿Cómo mierda pudo encontrarla? No podía despegar su mirada de él, al igual que el rizado. No era consciente de su nombre, aun. Se perdió en sus intentos de recordar en medio del nerviosismo, siendo sobresaltada al oír su voz ronca nuevamente.
-Harry Styles… ¿Nos conocemos?


Perfecta Hale c::
Nina Dobrev || Harry Styles|| Deby.
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por Invitado el Sáb 31 Ago 2013, 3:42 pm

May  Sé que dijiste que no nos apresuremos, pero entendí la trama y me encantó. Soy malota y te mandé un cap :meh: Ya tenía uno preparado para entregar en caso de que me pidieran :c Y bueno, pedí mi ship :c Espero que no te enojes :c Te amo<3
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por Derphantasie el Sáb 31 Ago 2013, 3:46 pm

Capítulo:

—Recoge tu ropa –oyó que le decían, pero Harry siguió con la mirada clavada en la hoja de papel que se extendía sobre su escritorio. Había dibujado trazos con carboncillo, curvas suaves y sombras pronunciadas, pero su dibujo aún no parecía tomar forma y se había quedado hasta la madrugada en un impulso artístico.
—En un rato, mamá –dijo con la voz adormecida y con el tono que decía “no estoy de humor”. Pero eso nunca le funcionaba con su madre y ella entró a su cuarto esquivando la ropa sucia desparramada por el suelo. Sobre la cama de Harry se extendía una montaña más de prendas y una caja de pizza vacía asomaba por debajo de esta.
—Harry Styles, pareciera que vive un cerdo en este cuarto –le recriminó su madre y Harry se limitó a poner los ojos en blanco. Pero antes de poder seguir con su dibujo, Anne le golpeó la cabeza con una mano para que le prestara atención—. No estoy bromeando, limpia tu cuarto y recoge tu ropa o no la lavaré y no tendrás nada qué ponerte para mañana.
—Mamá, estoy en medio de un dibujo, ¿qué te he dicho sobre eso? –refunfuñó con el ceño fruncido. Harry se volteó para que su madre viera su expresión, pero la mujer le pellizcó una mejilla con suavidad haciendo que se enfadara más.
—Que nadie te moleste mientras estás con un lápiz en la mano, pero también nadie puede molestarte cuando estás con el control del Wii en la mano, o cuando estás con un tenedor o un peine en la mano. Estás hecho todo un chico quisquilloso –suspiró Anne y le soltó la mejilla, caminando hasta el umbral de la puerta y saliendo del cuarto de Harry. Pero antes de perderse por el pasillo hacia las escaleras, asomó la cabeza y le dijo con un deje de anhelo—: A veces extrañó al niño que lloraba cuando veía a una mariposa pensando que era un monstruo.
—Como digas, mamá –le respondió Harry y se volvió a enfrascar en su dibujo.
Las líneas que hacía cada vez le gustaban menos y para cuando su hermana le gritó desde el primer piso que se apresurara si no quería irse caminando a la escuela, arrugó la hoja y la tiró al bote de basura que su madre le había comprado la semana pasada, cuando encontró miles de hojas rasgadas y rayadas debajo de la cama de Harry. Él sabía que no tenía que ser tan apático con ella, lo quería mucho y lo único que trataba de hacer era infundirle responsabilidades y, por lo general, Harry era respetuoso y cariñoso con su familia. Sin embargo, solo había dormido tres horas esa noche y el mal humor que lo rodeaba era palpable. Tenía los ojos hinchados y la vista nublosa, no sonreía como acostumbraba y se había vestido con algo que parecía haber sido aplastado por un tractor y un camión de basura. Ese no era su día, pensó con amargura, y odiaba cuando por las mañanas iba a la escuela con ese ánimo porque siempre le ocurrían cosas malas y era casi inevitable que los demás lo notaran.
Resopló frustrado y agarró su mochila, colgándosela en un hombro. Miró con atención su habitación, su madre tenía razón, el cuarto parecía una pocilga y solo faltaban ratones para hacerlo peor. Las paredes azul pastel parecían amargadas y podridas y su cama lucía como un monstruo que cobraría vida en cualquier momento. Se prometió a sí mismo ordenar y limpiar todo en cuanto llegara de clases, era increíble que no se hubiese dado cuenta de que estuvo encerrado allí todo el fin de semana, apestando a calcetines sucios y con la alfombra manchada de tinta y comida.
Cuando estuvo a punto de bajar las escaleras, la imagen de su dibujo sin forma volvió a su cabeza, y se devolvió para agarrar un lápiz de carboncillo y un block mediano de dibujo. Sabía de antemano que no prestaría ni la más mínima atención a las clases ese día, así que no se esforzaría en tomar apuntes y se la pasaría dibujando para disipar el sueño.
—¡Harry, Gemma se fue! –oyó de pronto y como si hubiese sido un grito de guerra, salió corriendo de su habitación con las cosas en la mano. Bajó las escaleras a trompicones, casi se cayó de bruces al suelo en el último escalón, pero logró sujetarse del pasamanos. Cuando llegó al primer piso y vio desolado la puerta principal abierta, con la secuencia de Gemma arrancando el auto, se mordió la lengua con tanta fuerza que por un segundo estuvo a punto de probar su propia sangre.
Su día había comenzado.
—Si quieres puedes irte en  la bicicleta –sugirió su madre cuando salió de la cocina con una bolsa de papel marrón y una manzana en las manos. Harry le recibió la bolsa en silencio y guardó su almuerzo sin ánimos, dejando la manzana como desayuno.
—Mamá, es rosada y tiene un canasto con luces –le recriminó Harry.
—Perfecto para llevar tu block, ¿no te parece? –Anne sonrió con gusto y se adentró a la cocina otra vez, dejando a un desconcertado Harry al pie de la escalera.
Le dio un mordisco a la manzana y guardó su block y su lápiz, para resignarse a ir a pie a la escuela. Lo más probable es que llegara tarde a la primera clase, pero como tampoco estaba en plan de soportar las cátedras de los maestros, camino a paso ligero.
Seguramente, ir a pie a la escuela no supondría un problema para otras personas, incluso, en una ciudad sería divertido y hasta se podría esperar el autobús. Pero en la localidad donde vivía Harry eso no era posible: con una sola escuela secundaria, todos se conocían entre todos, los chismes eran los mismos de siempre y era casi imposible que algo genial te sucediera, a menos que formaras parte de la élite de chicos populares tan típicos de las películas. El lugar era la fiel copia de un film de los noventa, con las porristas rubias y los deportistas que solo pensaban en beber y en acostarse con todo lo que se moviera, con los nerds que no hacían otra cosa más que desvivirse por sacar las mejores calificaciones y el grupo de chicos anarquistas inconformes con la sociedad. Y en medio de todos ellos, se encontraba Harry, el chico que no era nerd, que no era deportista ni anarquista, el chico sin lugar, el chico sin identidad que todos pasaban por alto porque era como un grano de arena en medio de una costa. Y, aunque a Harry no le importaba en lo más mínimo formar su propio club de chicos invisibles, admitía que a veces se sentía solo y que no le vendría mal tener un amigo que comprendiera su obsesión por los impulsos artísticos que le daban a medianoche, o por los videojuegos que tanto le apasionaban. Pero no, estaba en medio del pueblo más aburrido que pudiera existir con las personas más aburridas que pudiera conocer.
El camino a la escuela era una tortura, debía cruzar un sendero cerca del bosque donde la calle no estaba pavimentada, cercada de árboles siniestros que nunca parecían estar verdes. Las hojas crujían bajo sus pies y cada vez que tropezaba con una roca en medio del camino, maldecía para sus adentros a Gemma por no haberlo esperado cinco segundos más.
Para cuando llegó a la escuela no había nadie afuera. Consultó el reloj de su teléfono y vio que llevaba media hora atrasado. Tenía suerte si no lo castigaban. Tiró lo que le quedaba de la manzana a un tarro de basura ecológico que habían instalado a la entrada los chicos anarquistas, con el fin de cuidar el medio ambiente. A veces Harry se cuestionaba el nombre que les tenía a esos chicos, pero era lo que más les caracterizaba. Algunos parecían hippies, otros iban vestidos completamente de negro, mientras que otros iban al más puro estilo de Kurt Cobain, con las camisas leñadoras, los jeans rasgados y las botas desgastadas, pero casi todos se ponían de acuerdo cuando había que protestar por algo o ir en contra del director de la escuela. A Harry le gustaría pertenecer a ese grupo de personas, usar camisas rojas con cuadrados, no lavarse el cabello y fumar afuera de la escuela, desafiando al sistema, pero sabía que no era lo suficientemente valiente como para hacerlo ni tampoco estaba muy seguro de si lo aceptarían. Por otro lado, jamás se le había pasado por la cabeza formar parte de los deportistas, sabía muy bien que para eso, en principio, debía ser bueno en deportes y, considerando que había reprobado dos años seguidos esa asignatura, no tenía muchas esperanzas. Harry quería ser alguien, eso lo sabía, aunque aún no estaba muy seguro de “quién”.
Cuando estuvo frente a la puerta del salón de su clase, respiró profundo. Tocó con suavidad la madera y a los segundos, el profesor de Historia lo recibió con el ceño fruncido y el bigote negro vibrándole sobre los labios en una fea mueca.
—¿Sabe a qué hora se entra a clases? –le preguntó con sequedad.
—A las ocho de la mañana –respondió Harry, con la voz temblorosa. No podía hablarle de la misma forma a los demás a como lo hacía con su madre, le resultaba algo imposible.
—¿Y sabe qué hora es?
—Las ocho cuarenta y cinco, profesor.
—Cuarenta y cinco minutos de retraso, se ha perdido de todo el primer bloque, ¿por qué? ¿Por quedarse dormido? ¿Por no querer soltar las sábanas? Pase, señor Styles, y que no se repita este retraso –espetó el hombre y se movió de la puerta para dejarle un espacio a Harry.
—Sí, profesor –murmuró Harry, con el miedo en la voz. Estaba por sentir alivio cuando todas las miradas de la clase se clavaron en él, como si fuera un bicho raro o un experimento en demostración de un laboratorio. Quería decirles “¿Qué tanto miran?” o “No soy el payaso de la clase para entretenerlos, regresen a lo suyo”, pero bajó la mirada con resignación y caminó hasta su puesto, en un rincón al lado de la ventana donde podría distraerse mirando el bosque que se extendía al lado de la escuela.
—Señor Styles… —dijeron de pronto y, antes de sentarse en su refugio, Harry se volteó con el pánico en la mirada—. Para asegurarme de que no repetirá este retraso, una hora de castigo después de clases en el salón de detención –el hombre le dedicó una sonrisa severa y en menos de dos segundos continuó su charla sobre una de las Guerras Mundiales.
Harry se sentó y se golpeó la frente con la fría madera de la mesa. Era lo que le faltaba, un castigo. No le hubiese importado si hubiese sido mañana o el próximo fin de semana, pero ese día, precisamente ese día lo único que quería era estar solo en un rincón apartado de cualquier tipo de contacto humano, y dormir. Todo el sueño que no había aparecido esa noche llegó de golpe después de diez minutos escuchando al profesor de Historia.
Harry cabeceó toda la clase, haciendo pausas al parpadear más largas de lo normal, y para cuando oyó el timbre, el sonido le llegó como si estuviera debajo del agua. Ni siquiera había sacado el cuaderno, se mantuvo el resto de la hora mirando la palabra “Muertes” escrita en el pizarrón. Había llamado su atención desde que fijó la vista al frente y algo en su cabeza, como una luz parpadeante e intermitente, rondaba por las paredes de su mente cada vez que leía esa palabra.
Sus próximas clases fueron iguales de aburridas y estresantes que la primera. No fue hasta la hora de almuerzo cuando se dio cuenta que, con una manzana en el estómago toda la mañana, no bastaba para mantenerse despierto. Su madre le había preparado un emparedado de lechuga con tomate, no era su favorito y no entendía por qué él tenía que seguir la dieta de su madre, así que comiendo y saboreando la poca sal que tenía la lechuga, pensó que para el día siguiente llevaría dinero para comprar algo. Maldijo otra vez a Gemma por no esperarlo, ella no necesitaba tanto el auto como él, su jefe no la castigaría si llegaba unos minutos atrasada, y al menos a ella le pagaban por despertarse temprano.
Sin embargo, cuando terminó de comer y se alejó de la mesa en que la había almorzado igual de solo desde que comenzó el año, algo ocurrió. Fue el tipo de cosa que le hubiese gustado fotografiar para luego analizar en silencio en su cuarto, mirando cada detalle de la escena frente a sus ojos. Oyó un estruendo y cuando se volteó para mirar qué pasaba, en el fondo de la cafetería vio a dos chicos peleándose. Las peleas en su escuela no eran nada del otro mundo, a menudo se armaban esos conflictos entre deportistas que se robaban una novia y que a los minutos de darse contra los estómagos, volvían a ser tan amigos e idiotas como siempre. Pero ahora la pelea era diferente. Era un deportista y un chico de los anarquistas.
Por lo general los anarquistas eran pacíficos en cierta medida. Si nadie se metía en sus asuntos, no molestaban a nadie, y si se burlaban de ellos, pasaban de las risas como si nada les afectara –otra razón por la cual a Harry le gustaban-, pero siempre evitaban meterse con los deportistas porque por muy rebeldes o revolucionarios que fueran, tenían pocas probabilidades de salir ilesos.
Pero ahí estaba ese chico, con jeans negros y una chaqueta de mezclilla azul cubierta de salsa de tomate. Había una bandeja en el suelo, con un plato de espaguetis notoriamente aplastado, seguro le habían hecho caer y por eso estaban peleando ahora.
Antes de que pudiera llegar cualquier maestro asignado para vigilar en ese momento, el chico se le tiró al deportista encima y le dio un golpe en la nariz, haciendo que este se tambaleara y se tuviera que afirmar del borde de la mesa en la que estaban sus amigos. Las chicas comenzaron a susurrar, otras a gritar y las porristas empezaron a gritarle insultos al chico anarquista, advirtiéndole que era hombre muerto. Pero, para sorpresa de Harry y de todos en la cafetería, el chico sonrió de medio lado y se le acercó con elegancia al deportista, que aún no se podía reponer del golpe.
Le susurró algo y la cara del deportista palideció por unos segundos, para pasar a la rabia en sí misma. Harry miraba todo eso como si estuviera en el cine, sentado en una butaca y con un paquete de palomitas en la mano, solo que en realidad estaba parado con un pie afuera de la cafetería y con las manos temblorosas. Las miradas de ambos chicos eran aterradoras, prometían una revancha y un nuevo encuentro más violento.
Harry salió de su estupor cuando la voz potente de un maestro irrumpió en la habitación. Parecía un eco a los oídos de Harry, quien aún estaba perdido en medio de la acción, como si fuera un alga que se movía con la espuma de las olas. Vio ajeno a todo cómo el maestro regañaba frente a la mitad de la escuela al chico anarquista y cómo él se encogía de hombros como si no fuera la gran cosa. Después el maestro regaño al deportista, que ahora que Harry miraba bien, era rubio y con un rostro familiar. “Él está en mi clase de francés”, recordó de pronto y supo que era Niall, uno de los pocos deportistas que en realidad no eran unos idiotas con mayúscula.
El maestro agarró a los dos chicos del antebrazo y los arrastró hasta la salida, seguro para informar al director de aquel incidente. Y Harry no se dio cuenta hasta que estuvieron a dos metros de él que se acercaban a donde él estaba parado desde hace un rato. Cuando pasaron por su lado, el chico anarquista le dedicó una mirada de insignificancia a Harry, pero con una sonrisa burlesca. Él sabía que Harry había disfrutado del espectáculo, y también sabía que ahora debía temerle, porque Harry había palidecido igual que Niall antes de que llegara el maestro.
El rumor de la pelea se extendió por toda la escuela, y era inevitable detenerlo tanto como el susurro de las hojas contra el viento de otoño. La última clase de Harry, la de Filosofía, estuvo muy inquieta y algunas chicas no paraban de hablar sobre que habría represalias para ambos chicos. Harry se dejó llevar por la inquietud de esa clase para mantenerse despierto, el cansancio estaba sobre sus parpados como una espada que amenazaba con cortar su concentración y la nitidez de su visión. Ya comenzaba a ver borroso y sabía que si no dormía pronto, se dormiría de pie cuando caminara hasta el salón de detención.
Como no tenía con quién opinar sobre lo ocurrido, se limitó a escuchar las conversaciones de los demás. Le daba envidia ver cómo todos gesticulaban y movían los labios para soltar palabras, como si fuera fácil poder decir todo lo que tenían atorado en la garganta. Para Harry era más difícil, estaba tan acostumbrado a ser del mismo color y forma que la mesa y silla en la que encontraba, que creía que si hablaba rompería una especia de hechizo en la que todos le mirarían como un feo sapo al que el mundo le lanzaría piedras. Estaba bien con sus dibujos, era su forma de hablar y de contar sin filtros todo lo que opinaba, era la máxima expresión que tenía y agradecía poder tener dos manos para hacerlo, aunque solo usara una en teoría.

~°~

Es un fragmento, porque el capítulo completo tiene 14 hojas en word.

Hey, Lucy:


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Última edición por Derphantasie el Sáb 31 Ago 2013, 4:06 pm, editado 2 veces
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por demons. el Sáb 31 Ago 2013, 3:53 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Yo quiero :c Deja que busque un capítulo lindo para que puedas leer /o/ (no sé si se puede - a pesar de que leí todas las reglas, como el que tengo que poner un gif de Lucy - pero quiero a Harry Styles, pero como dije, deja que busque un cap. lindo para poder audicionar bien con el código y todo).
Hola! Si,mira, es el que llega primero y entra, se lo queda. Ya me mandaron un cap antes para Haza y está aceptado. Si puedes elegir otro chico todo estaría perfecto c:
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por demons. el Sáb 31 Ago 2013, 3:56 pm

Deby. escribió:
Capítulo.:

Capítulo 11
Narrador Omniciente|El secuestro Parte I/V


El sonido de una puerta cerrarse y el motor encendido era el sonido que en eco sonaba dentro de la cabeza de Amelia. Hace un segundo, era capaz de pedir auxilio. Mas la cinta que cubría sus labios, no se lo permitía. Una bolsa fue puesta en su cabeza. Por lo que no veía nada. Trataba de patalear, pero no era posible. Un cuerpo sosteniéndola con fuerza. Al siguiente segundo, sus manos y pies estaban fuertemente atados. Estaba, oficialmente, entrando en pánico.

Su cuerpo dio con una superficie no muy sólida, más bien algo acolchado. Supuso que estaba dentro del auto. Se podían oír los ruidos de las bocinas de los autos a su alrededor. Los típicos sonidos de la ciudad de Londres. Poco a poco, los sonidos fueron desapareciendo. El auto ya no giraba ni frenaba. Solo viajaba. Sus mejillas, empapadas de tanto llorar. Sollozando sin nada más que hacer, sin temor de que su secuestrador la oyera. Este no habló en todo el viaje. En su mente, Amelia intentaba reconocer el rostro de quien vio fuera del auto, antes de que su mirada fuera tapada. Aun así, nada llegaba a sus recuerdos. Bueno, no pudo mantener suficientes rasgos en su memoria como para tener por donde guiarse. Perdida en sus pensamientos, se olvidó de la actual situación.

Sus manos y pies atados, su boca tapada, su cabeza cubierta y su cara contra el asiento sin oportunidad de acomodarse. Siguió sollozando, rogando por salir de allí con vida. El miedo la consumía al pensar en qué podrían hacerle.

Por otro lado, miles de sentimientos volaban en el interior de Harry. La adrenalina ya había crecido mientras perseguía a su víctima. La astucia lo invadió al planear su secuestro. Una pequeña pizca de nerviosismo pudo colarse entre sus pensamientos al tenerla allí, parada bajo la luz de la luna. Se veía tan malditamente hermosa… El diablo vestido de un joven ángel. Pero ninguna de aquellas emociones superaba la perturbación que le causaban los sollozos de ella. Deseaba aparcar el auto ahí mismo, quitarle la bolsa y decirle que aun la amaba. Que estaba profundamente enamorado de ella y que no era capaz de hacerle daño. Sacudió su cabeza ante este pensamiento, haciendo que alguno de sus rizos se desacomodaban en su frente. No podía ser tan débil. Apenas había visto su rostro y ya pensaba rendirse ¿Cómo sería luego? Trajo a memoria las veces que fue humillado por ella y el rencor lo llenó. El deseo de vengarse lo consumió. Las ganas de decirle todo lo que sentía, desde hace tantos años.

Iban por la ruta, solo eran el sonido del viento golpeando el auto los sollozos de Amelia. Pronto estarían llegando al complejo… o al “Paraíso de la Tortura” como Niall le había dicho bromeando en ciertas ocasiones.  7 cabañas conformaban este complejo, mas 5 de ellas iban a ser utilizadas para estos 5 ex adolescentes humillados y vengativos… Nadie residía allí, nadie iba allí en años. Nadie era capaz de llegar hasta ese lugar ni por error. Louis, que era vendedor de bienes raíces, era el dueño de este lugar. Desde que comenzó con aquella carrera, se aseguró de resguardar este lugar en la soledad desconocida para los pueblerinos. Otorgándole la privacidad necesaria para todo tipo de actividades… Un grito ahogado se escuchó desde la parte atrás del auto. Harry volteó, comprobando el impacto entre el cuerpo de la chica y el suelo. Gruñó para sí mismo.

-Quédate quieta- Una voz ridículamente fingida y ronca, hizo que la chica continuara con sus sollozos en silencio.

Minutos después, luego de un viaje infinito para el rizado y torturador para ella, llegaron a la estancia. Un auto negro se veía aparcado, lo que significaba que uno de sus amigos ya estaba en el complejo, disfrutando de su venganza… O al menos preparando a la víctima para ello.

Aparcó el auto frente a una de las cabañas. Amelia comenzó a preocuparse al sentir como se detenía el auto. Harry salió, dejándola en el silencio por un tiempo. Al no poder hablar ni oír nada, su sentido de la audición se agudizaba cada vez más, logrando percibir cada pequeño sonido que se producía en el lugar.

Grillos, pasos en el suelo de tierra. Un auto que se acercaba y alguien que gritaba. Las lágrimas eran incontables. ¿Es que no era la única? ¿Había más chicas allí? ¿Era algo como trata de mujeres? Trató de acomodarse aun en el suelo del auto, pero antes de poder hacer algo, dos brazos estaban rodeándola, sacándola de allí, provocando que ella gritara –con la boca tapada- del susto.

-Deja de moverte- Aquella voz habló. No se escuchaba como la que había oído hace un rato. Harry se mordió la lengua al haber utilizado su voz, en vez de fingir. Bufó y subió a la chica en sus hombros, esta pataleaba, pero eso no era impedimento para Harry.

Amelia fue sentada. Si bien Harry tenía la suficiente fuerza como para mantener el control sobre su persona, era irritante las continuas intenciones que esta tenía de escapar. “Luego no querrás irte” aseguró él en la perturbación de su mente. Una vez que esta estuvo atada y asegurada, venía la parte más difícil… Descubrir su cabeza, para que pudiera ver.

Ella ya no lloraba ni sollozaba, aunque lágrimas seguían cayendo, su principal objetivo era reconocer algún sonido que le permitiera deducir algo… útil. Harry dio unos pasos hacia adelante, pero en el momento que iba  a sacarle el saco de la cabeza, retrocedió. Frotó sus manos con nerviosismo. Había estado planeando esto por mucho tiempo, pero aun así no la veía desde hace años. No sabía si iba  soportarlo, aunque confiaba en que las cicatrices que guardaba muy en su interior, lo habían hecho lo suficientemente fuerte como para confrontarlo.

Acomodó sus rizos y miró su ropa. No se había percatado en su vestimenta. No parecía un asesino ni violador, solo un joven. Llevaba una camiseta blanca con una camisa a cuadros encima, de color azul. Unos jeans y… sus zapatos. Maldijo por lo bajo al no haber tomado en cuenta ese detalle. Pero era tarde, no había tiempo de nada, Amelia estaba allí. Contempló su pequeño cuerpo, en la única luz que había en esa habitación. Sus tobillos atados y cruzados debajo de la silla. Aún en la desesperación, él sabía que la castaña guardaría la calma para mantenerse femenina y elegante como siempre, aunque por dentro esté derrumbándose, sus modales eran irrompibles frente a las circunstancias. Suspiró, lentamente se acercó tomó la bolsa y la quitó…


Ella mantenía sus ojos cerrados, por lo que pudo retirarse a la seguridad de la oscuridad, antes de que pudiera ser visto. Un nudo se presentó en su estómago al ver la escena frente a sus ojos. Tenía rencor, sí. Pero aunque no quisiera admitirlo, estaba lastimado… lastimado porque amaba a esa mujer. Ahora, ella estaba allí, sometida… vulnerable. Quería protegerla pero, ¿De quién? ¿De él mismo? Su cabello suelto y un poco despeinado. Su cabeza gacha y sus ojos fuertemente cerrados. Pocos segundos después de contemplarla, notó que había comenzado a temblar, pero no se dignaba a levantar la mirada.

-Mírame- soltó Harry. Amelia se atemorizó ante su voz, aunque no fuera fingidamente grave. Seguía temblando, además de tener frío, el miedo la consumía. Levemente negó con la cabeza –Amelia, mírame- se estremeció ante su orden. No quería saber, no quería verlo. Sabía que no soportaría el temor y la intimidad que le provocaría ver los oscuros ojos de quien la había raptado. Volvió a negar, sometiendo su propia seguridad, a causa del temor. -¡Maldición! ¡Amelia quiero ver tus ojos! Mírame- Al  oír su grito, rebotó en la silla. Lentamente levantó su mirada. Este hombre tenía el control aquí, y no le convenía mirarlo. Quizá alguien más valiente se atrevería a confrontarlo, pero ella estaba lo suficientemente atemorizada como para hacer lo que le pidan, con tal de no ser lastimada. Una de sus grandes características, era ser ilusa. Pero no le importaba, por lo menos mantendría feliz a quien tenía el poder de terminar con su vida.

Al mirar, se encontró con el vacío. La oscuridad llenaba el ambiente. Y aunque percibía la presencia de alguien allí, no podía verlo. Giró para ver el panorama. Una habitación, común y corriente, no como el depósito húmedo sucio y frío que imaginó. Una ventana adornada con cortinas cubría la luz de la luna.

Harry no podía quitar la vista de aquellos ojos marrones. Por una milésima de segundo, se sintió como un idiota, por hacerle daño a una chica tan inocente. Al verla allí, llena de miedo, estuvo a punto de caer… Pero luego, imágenes de su pasado volvían para hacerlo fuerte, tal y como lo habían hecho hasta ahora. El enojo lo consumió, pero rápidamente intentó calmarse, para no cometer una estupidez.
-¿Tienes miedo?- Su genio le ganó, y la pregunta que debilitaba sus peores recuerdos salió de sus labios sin previo aviso. Amelia no respondió su pregunta, solo se dedicó a buscarlo con la mirada.

Era una pesadilla, quería que el maldito le dijera lo que quería que haga para dejarla en libertad e irse. Miraba el lugar desde donde aquella voz provenía, pero nada podía verse, más que al atemorizante figura de su secuestrador.

-Al fin, vuelvo a verte- Poco a poco, parecía que aquella voz se acercaba a sí. Una lágrima corriendo por su mejilla, frente al pánico que estaba invadiéndola. Ese hombre, apareció entre las sombras, acobardándola del todo. Debía medir 1,80 o más, ya que debía levantar su mirada para verlo. Desde el momento en que vio sus rizos, pensó en aquel empresario en la calle de Oxford.

Entonces pudo ver su rostro. De no haber estado tan asustada, podría admirar la dureza y belleza de sus rasgos. Unos ojos verdes se opacaban al mismo tiempo que iluminaban aquel cuarto. Era como un ángel… con pensamiento demoníaco.
-¿No me recuerdas?- preguntó él. Esto abrió más la curiosidad en Amelia, a pesar de encontrarse en aquella situación. Comenzó a buscar en su memoria, aquellos rasgos. Nada venía a su mente. El joven se paseó a su alrededor, tal y como sucedía en las películas que había visto. Brincó en su asiento cuando la mano de este hizo contacto con su  mejilla. Lo siguiente fue verlo arrodillado frente a ella, para quedar a la misma altura. Tenerlo tan cerca… estaba incomodándola. –No podrías olvidarme- susurró, antes de mostrar su sonrisa.

Entonces todos los recuerdos vinieron golpeando su cerebro. Aquellos hoyuelos eran inconfundibles entre todos los hombres que alguna vez había conocido. Sus ojos se abrieron al contemplar el cambio entre aquel Nerd que conoció en la secundaria, y este hombre, que además de atractivo, guardaba en sí un gran rencor. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Cómo él estaba aquí? ¿Cómo mierda pudo encontrarla? No podía despegar su mirada de él, al igual que el rizado. No era consciente de su nombre, aun. Se perdió en sus intentos de recordar en medio del nerviosismo, siendo sobresaltada al oír su voz ronca nuevamente.
-Harry Styles… ¿Nos conocemos?


Perfecta Hale c:

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Nina Dobrev || Harry Styles|| Deby.
¡Debs! No necesito leer tu cap, está aceptado.
Tu manera de escribir es genial y todo eso<333
Ya edito todo!

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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por Derphantasie el Sáb 31 Ago 2013, 3:57 pm

GreenSky♥ escribió:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Yo quiero :c Deja que busque un capítulo lindo para que puedas leer /o/ (no sé si se puede - a pesar de que leí todas las reglas, como el que tengo que poner un gif de Lucy - pero quiero a Harry Styles, pero como dije, deja que busque un cap. lindo para poder audicionar bien con el código y todo).
Hola! Si,mira, es el que llega primero y entra, se lo queda. Ya me mandaron un cap antes para Haza y está aceptado. Si puedes elegir otro chico todo estaría perfecto c:
Perdona las molestias!
*lanza todo del escritorio* *quema todo* Okno, me gusta ser dramática. A ver... Pues... Louis entonces c: con Lily Collins.
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por Vicky. el Sáb 31 Ago 2013, 4:01 pm

¡Hola!, sinceramente me encantó la trama, necesitaba dejarte mi capítulo ya, así que bueno, espero que te guste y que tengas un lindo día. :)

Capítulo: Are You Alice?:
Svitlana se encontraba sentada en el sillón de la casa de Drew – el dragón -, mientras peleaba consigo misma sobre si lo que estaba pasando era real o no, iba ganando la idea que todo era un sueño del cual despertaría; cosa que varias Alices creen, y si el sueño fuera real, preferiría caer en la locura que ser una Alice. El dragón se encontraba, como de costumbre, escuchando a Lana, después de escuchar la idea de Lana de enloquecer reaccionó.

- ¿Alice, quieres enloquecer? – salió de su escondite.

- ¿Me estabas espiando? – preguntó mirando de reojo al dragón. – ¡Y mi nombre no es Alice!

- Ese no es el caso, tú no debes enloquecer. – cuestionó el pelinegro

- ¿Y por qué no debería hacerlo?

- No es recomendable, Alice, podrías nunca volver de donde provienes. – la chica pensó, y luego reaccionó.

- ¡Pero si esto no es real! – exclamó – y por milésima vez, mi nombre no es Alice.

- Esto es muy real, tan real como tú y yo. – la palabra tú y yo sonó una y otra vez en la cabeza de Svitlana.

- Está bien cómo tú digas. ¿Podrías llevarme a ver las flores que hablan? – todo el plan de la chica, empezó. Drew dejó los ojos en blanco para luego asentir con la cabeza y tomar la mano de Svitlana.

{***}

En el prado de flores todo era increíble, realmente asombroso, no solo porque las flores parloteaban, sino que sus alrededores eran bellísimos, un ambiente lleno de armonía y paz, lo que ella detestaba.

- Tengo una duda… ¿Por qué vinimos aquí?

- Quería dibujar este lugar, es hermoso.

- ¿y cómo lo dibujaras? – Lana rodó los ojos y saco un trozo de tela blanco y pintura roja y naranja.

- Es increíble lo que puedes hacer con un trozo de tela que me robé del castillo del rey y una par de bayas. – Lana sonrió, luego el también.

- Si se enteran te cortaran la cabeza. – soltó una carcajada el chico.

- No me importa, tendrá que aguantar escucharla parlotear. – carcajearon ambos.

- Ni yo te aguanto – dijo un riendo – creo que su majestad menos lo hará.

- Tienes razón.

Después de que Svitlana terminara su dibujo, empezaron a hablar con las flores parlantes, una de ellas alagaba en exceso al dragón, cosa que provocó que Svitlana cortara sigilosamente uno de sus preciosos pétalos rosados, raramente esta no logró saber quién corto su pétalo. Anocheció y seguían en el mismo lugar, de pronto vieron a Perrie, hablando como psicópata, escuchando de su problema y de cómo hipnotizaba al gato. Decidieron largarse de allí porque Perrie noto su presencia, pero Svitlana se dio cuenta de algo, que si tal vez, solo tal vez ella era la Alice correcta, no dejaría el camino libre a Perrie para que destruyera el lugar, aunque ciertamente, ya todos estaban dementes allí. El dúo se dirigió a su choza, cercana al castillo y tomaron un poco de té.

- ¿Y?... qué opinas de lo que pasó allí - preguntó – Ella, esta demente – aludió el joven, no tan joven.

- Pues creo, que si quiero seguir en la competencia por ser la Alice correcta…

- ¿Alice, crees que debamos informarle a alguien sobre lo que escuchamos? – tomó un sorbo de té.

- No lo sé.

- Pero ella está loca, sería mejor que la devolvieran de donde vino, puede que arruine todo Wonderland. – La chica pensó, y se dio cuenta de que sería divertido unirse al plan de Perrie.

- Olvidémoslo. – comentó sin importancia Lana.

- ¿Qué? – se alteró, levantándose de su silla.

- No te alteres, no creo que haga nada.

- Cómo tú digas… - dijo inseguro Drew.

{***}

La mañana siguiente Svitlana se dirigió a la casa de los gemelos para platicar con Perrie, lo cual le costó mucho ya que Drew no la dejaría salir sola. Pero encontró la forma de entretenerlo, con los gemelos.

- ¿Puedo pasar? – Dijo tocando la puerta.

- ¿Quién es?

- Lana…

- ¡¿Pasa?! – gritó, seguido a eso entró rápidamente - ¿Dime?


<3:

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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por demons. el Sáb 31 Ago 2013, 4:04 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
Capítulo:

—Recoge tu ropa –oyó que le decían, pero Harry siguió con la mirada clavada en la hoja de papel que se extendía sobre su escritorio. Había dibujado trazos con carboncillo, curvas suaves y sombras pronunciadas, pero su dibujo aún no parecía tomar forma y se había quedado hasta la madrugada en un impulso artístico.
—En un rato, mamá –dijo con la voz adormecida y con el tono que decía “no estoy de humor”. Pero eso nunca le funcionaba con su madre y ella entró a su cuarto esquivando la ropa sucia desparramada por el suelo. Sobre la cama de Harry se extendía una montaña más de prendas y una caja de pizza vacía asomaba por debajo de esta.
—Harry Styles, pareciera que vive un cerdo en este cuarto –le recriminó su madre y Harry se limitó a poner los ojos en blanco. Pero antes de poder seguir con su dibujo, Anne le golpeó la cabeza con una mano para que le prestara atención—. No estoy bromeando, limpia tu cuarto y recoge tu ropa o no la lavaré y no tendrás nada qué ponerte para mañana.
—Mamá, estoy en medio de un dibujo, ¿qué te he dicho sobre eso? –refunfuñó con el ceño fruncido. Harry se volteó para que su madre viera su expresión, pero la mujer le pellizcó una mejilla con suavidad haciendo que se enfadara más.
—Que nadie te moleste mientras estás con un lápiz en la mano, pero también nadie puede molestarte cuando estás con el control del Wii en la mano, o cuando estás con un tenedor o un peine en la mano. Estás hecho todo un chico quisquilloso –suspiró Anne y le soltó la mejilla, caminando hasta el umbral de la puerta y saliendo del cuarto de Harry. Pero antes de perderse por el pasillo hacia las escaleras, asomó la cabeza y le dijo con un deje de anhelo—: A veces extrañó al niño que lloraba cuando veía a una mariposa pensando que era un monstruo.
—Como digas, mamá –le respondió Harry y se volvió a enfrascar en su dibujo.
Las líneas que hacía cada vez le gustaban menos y para cuando su hermana le gritó desde el primer piso que se apresurara si no quería irse caminando a la escuela, arrugó la hoja y la tiró al bote de basura que su madre le había comprado la semana pasada, cuando encontró miles de hojas rasgadas y rayadas debajo de la cama de Harry. Él sabía que no tenía que ser tan apático con ella, lo quería mucho y lo único que trataba de hacer era infundirle responsabilidades y, por lo general, Harry era respetuoso y cariñoso con su familia. Sin embargo, solo había dormido tres horas esa noche y el mal humor que lo rodeaba era palpable. Tenía los ojos hinchados y la vista nublosa, no sonreía como acostumbraba y se había vestido con algo que parecía haber sido aplastado por un tractor y un camión de basura. Ese no era su día, pensó con amargura, y odiaba cuando por las mañanas iba a la escuela con ese ánimo porque siempre le ocurrían cosas malas y era casi inevitable que los demás lo notaran.
Resopló frustrado y agarró su mochila, colgándosela en un hombro. Miró con atención su habitación, su madre tenía razón, el cuarto parecía una pocilga y solo faltaban ratones para hacerlo peor. Las paredes azul pastel parecían amargadas y podridas y su cama lucía como un monstruo que cobraría vida en cualquier momento. Se prometió a sí mismo ordenar y limpiar todo en cuanto llegara de clases, era increíble que no se hubiese dado cuenta de que estuvo encerrado allí todo el fin de semana, apestando a calcetines sucios y con la alfombra manchada de tinta y comida.
Cuando estuvo a punto de bajar las escaleras, la imagen de su dibujo sin forma volvió a su cabeza, y se devolvió para agarrar un lápiz de carboncillo y un block mediano de dibujo. Sabía de antemano que no prestaría ni la más mínima atención a las clases ese día, así que no se esforzaría en tomar apuntes y se la pasaría dibujando para disipar el sueño.
—¡Harry, Gemma se fue! –oyó de pronto y como si hubiese sido un grito de guerra, salió corriendo de su habitación con las cosas en la mano. Bajó las escaleras a trompicones, casi se cayó de bruces al suelo en el último escalón, pero logró sujetarse del pasamanos. Cuando llegó al primer piso y vio desolado la puerta principal abierta, con la secuencia de Gemma arrancando el auto, se mordió la lengua con tanta fuerza que por un segundo estuvo a punto de probar su propia sangre.
Su día había comenzado.
—Si quieres puedes irte en  la bicicleta –sugirió su madre cuando salió de la cocina con una bolsa de papel marrón y una manzana en las manos. Harry le recibió la bolsa en silencio y guardó su almuerzo sin ánimos, dejando la manzana como desayuno.
—Mamá, es rosada y tiene un canasto con luces –le recriminó Harry.
—Perfecto para llevar tu block, ¿no te parece? –Anne sonrió con gusto y se adentró a la cocina otra vez, dejando a un desconcertado Harry al pie de la escalera.
Le dio un mordisco a la manzana y guardó su block y su lápiz, para resignarse a ir a pie a la escuela. Lo más probable es que llegara tarde a la primera clase, pero como tampoco estaba en plan de soportar las cátedras de los maestros, camino a paso ligero.
Seguramente, ir a pie a la escuela no supondría un problema para otras personas, incluso, en una ciudad sería divertido y hasta se podría esperar el autobús. Pero en la localidad donde vivía Harry eso no era posible: con una sola escuela secundaria, todos se conocían entre todos, los chismes eran los mismos de siempre y era casi imposible que algo genial te sucediera, a menos que formaras parte de la élite de chicos populares tan típicos de las películas. El lugar era la fiel copia de un film de los noventa, con las porristas rubias y los deportistas que solo pensaban en beber y en acostarse con todo lo que se moviera, con los nerds que no hacían otra cosa más que desvivirse por sacar las mejores calificaciones y el grupo de chicos anarquistas inconformes con la sociedad. Y en medio de todos ellos, se encontraba Harry, el chico que no era nerd, que no era deportista ni anarquista, el chico sin lugar, el chico sin identidad que todos pasaban por alto porque era como un grano de arena en medio de una costa. Y, aunque a Harry no le importaba en lo más mínimo formar su propio club de chicos invisibles, admitía que a veces se sentía solo y que no le vendría mal tener un amigo que comprendiera su obsesión por los impulsos artísticos que le daban a medianoche, o por los videojuegos que tanto le apasionaban. Pero no, estaba en medio del pueblo más aburrido que pudiera existir con las personas más aburridas que pudiera conocer.
El camino a la escuela era una tortura, debía cruzar un sendero cerca del bosque donde la calle no estaba pavimentada, cercada de árboles siniestros que nunca parecían estar verdes. Las hojas crujían bajo sus pies y cada vez que tropezaba con una roca en medio del camino, maldecía para sus adentros a Gemma por no haberlo esperado cinco segundos más.
Para cuando llegó a la escuela no había nadie afuera. Consultó el reloj de su teléfono y vio que llevaba media hora atrasado. Tenía suerte si no lo castigaban. Tiró lo que le quedaba de la manzana a un tarro de basura ecológico que habían instalado a la entrada los chicos anarquistas, con el fin de cuidar el medio ambiente. A veces Harry se cuestionaba el nombre que les tenía a esos chicos, pero era lo que más les caracterizaba. Algunos parecían hippies, otros iban vestidos completamente de negro, mientras que otros iban al más puro estilo de Kurt Cobain, con las camisas leñadoras, los jeans rasgados y las botas desgastadas, pero casi todos se ponían de acuerdo cuando había que protestar por algo o ir en contra del director de la escuela. A Harry le gustaría pertenecer a ese grupo de personas, usar camisas rojas con cuadrados, no lavarse el cabello y fumar afuera de la escuela, desafiando al sistema, pero sabía que no era lo suficientemente valiente como para hacerlo ni tampoco estaba muy seguro de si lo aceptarían. Por otro lado, jamás se le había pasado por la cabeza formar parte de los deportistas, sabía muy bien que para eso, en principio, debía ser bueno en deportes y, considerando que había reprobado dos años seguidos esa asignatura, no tenía muchas esperanzas. Harry quería ser alguien, eso lo sabía, aunque aún no estaba muy seguro de “quién”.
Cuando estuvo frente a la puerta del salón de su clase, respiró profundo. Tocó con suavidad la madera y a los segundos, el profesor de Historia lo recibió con el ceño fruncido y el bigote negro vibrándole sobre los labios en una fea mueca.
—¿Sabe a qué hora se entra a clases? –le preguntó con sequedad.
—A las ocho de la mañana –respondió Harry, con la voz temblorosa. No podía hablarle de la misma forma a los demás a como lo hacía con su madre, le resultaba algo imposible.
—¿Y sabe qué hora es?
—Las ocho cuarenta y cinco, profesor.
—Cuarenta y cinco minutos de retraso, se ha perdido de todo el primer bloque, ¿por qué? ¿Por quedarse dormido? ¿Por no querer soltar las sábanas? Pase, señor Styles, y que no se repita este retraso –espetó el hombre y se movió de la puerta para dejarle un espacio a Harry.
—Sí, profesor –murmuró Harry, con el miedo en la voz. Estaba por sentir alivio cuando todas las miradas de la clase se clavaron en él, como si fuera un bicho raro o un experimento en demostración de un laboratorio. Quería decirles “¿Qué tanto miran?” o “No soy el payaso de la clase para entretenerlos, regresen a lo suyo”, pero bajó la mirada con resignación y caminó hasta su puesto, en un rincón al lado de la ventana donde podría distraerse mirando el bosque que se extendía al lado de la escuela.
—Señor Styles… —dijeron de pronto y, antes de sentarse en su refugio, Harry se volteó con el pánico en la mirada—. Para asegurarme de que no repetirá este retraso, una hora de castigo después de clases en el salón de detención –el hombre le dedicó una sonrisa severa y en menos de dos segundos continuó su charla sobre una de las Guerras Mundiales.
Harry se sentó y se golpeó la frente con la fría madera de la mesa. Era lo que le faltaba, un castigo. No le hubiese importado si hubiese sido mañana o el próximo fin de semana, pero ese día, precisamente ese día lo único que quería era estar solo en un rincón apartado de cualquier tipo de contacto humano, y dormir. Todo el sueño que no había aparecido esa noche llegó de golpe después de diez minutos escuchando al profesor de Historia.
Harry cabeceó toda la clase, haciendo pausas al parpadear más largas de lo normal, y para cuando oyó el timbre, el sonido le llegó como si estuviera debajo del agua. Ni siquiera había sacado el cuaderno, se mantuvo el resto de la hora mirando la palabra “Muertes” escrita en el pizarrón. Había llamado su atención desde que fijó la vista al frente y algo en su cabeza, como una luz parpadeante e intermitente, rondaba por las paredes de su mente cada vez que leía esa palabra.
Sus próximas clases fueron iguales de aburridas y estresantes que la primera. No fue hasta la hora de almuerzo cuando se dio cuenta que, con una manzana en el estómago toda la mañana, no bastaba para mantenerse despierto. Su madre le había preparado un emparedado de lechuga con tomate, no era su favorito y no entendía por qué él tenía que seguir la dieta de su madre, así que comiendo y saboreando la poca sal que tenía la lechuga, pensó que para el día siguiente llevaría dinero para comprar algo. Maldijo otra vez a Gemma por no esperarlo, ella no necesitaba tanto el auto como él, su jefe no la castigaría si llegaba unos minutos atrasada, y al menos a ella le pagaban por despertarse temprano.
Sin embargo, cuando terminó de comer y se alejó de la mesa en que la había almorzado igual de solo desde que comenzó el año, algo ocurrió. Fue el tipo de cosa que le hubiese gustado fotografiar para luego analizar en silencio en su cuarto, mirando cada detalle de la escena frente a sus ojos. Oyó un estruendo y cuando se volteó para mirar qué pasaba, en el fondo de la cafetería vio a dos chicos peleándose. Las peleas en su escuela no eran nada del otro mundo, a menudo se armaban esos conflictos entre deportistas que se robaban una novia y que a los minutos de darse contra los estómagos, volvían a ser tan amigos e idiotas como siempre. Pero ahora la pelea era diferente. Era un deportista y un chico de los anarquistas.
Por lo general los anarquistas eran pacíficos en cierta medida. Si nadie se metía en sus asuntos, no molestaban a nadie, y si se burlaban de ellos, pasaban de las risas como si nada les afectara –otra razón por la cual a Harry le gustaban-, pero siempre evitaban meterse con los deportistas porque por muy rebeldes o revolucionarios que fueran, tenían pocas probabilidades de salir ilesos.
Pero ahí estaba ese chico, con jeans negros y una chaqueta de mezclilla azul cubierta de salsa de tomate. Había una bandeja en el suelo, con un plato de espaguetis notoriamente aplastado, seguro le habían hecho caer y por eso estaban peleando ahora.
Antes de que pudiera llegar cualquier maestro asignado para vigilar en ese momento, el chico se le tiró al deportista encima y le dio un golpe en la nariz, haciendo que este se tambaleara y se tuviera que afirmar del borde de la mesa en la que estaban sus amigos. Las chicas comenzaron a susurrar, otras a gritar y las porristas empezaron a gritarle insultos al chico anarquista, advirtiéndole que era hombre muerto. Pero, para sorpresa de Harry y de todos en la cafetería, el chico sonrió de medio lado y se le acercó con elegancia al deportista, que aún no se podía reponer del golpe.
Le susurró algo y la cara del deportista palideció por unos segundos, para pasar a la rabia en sí misma. Harry miraba todo eso como si estuviera en el cine, sentado en una butaca y con un paquete de palomitas en la mano, solo que en realidad estaba parado con un pie afuera de la cafetería y con las manos temblorosas. Las miradas de ambos chicos eran aterradoras, prometían una revancha y un nuevo encuentro más violento.
Harry salió de su estupor cuando la voz potente de un maestro irrumpió en la habitación. Parecía un eco a los oídos de Harry, quien aún estaba perdido en medio de la acción, como si fuera un alga que se movía con la espuma de las olas. Vio ajeno a todo cómo el maestro regañaba frente a la mitad de la escuela al chico anarquista y cómo él se encogía de hombros como si no fuera la gran cosa. Después el maestro regaño al deportista, que ahora que Harry miraba bien, era rubio y con un rostro familiar. “Él está en mi clase de francés”, recordó de pronto y supo que era Niall, uno de los pocos deportistas que en realidad no eran unos idiotas con mayúscula.
El maestro agarró a los dos chicos del antebrazo y los arrastró hasta la salida, seguro para informar al director de aquel incidente. Y Harry no se dio cuenta hasta que estuvieron a dos metros de él que se acercaban a donde él estaba parado desde hace un rato. Cuando pasaron por su lado, el chico anarquista le dedicó una mirada de insignificancia a Harry, pero con una sonrisa burlesca. Él sabía que Harry había disfrutado del espectáculo, y también sabía que ahora debía temerle, porque Harry había palidecido igual que Niall antes de que llegara el maestro.
El rumor de la pelea se extendió por toda la escuela, y era inevitable detenerlo tanto como el susurro de las hojas contra el viento de otoño. La última clase de Harry, la de Filosofía, estuvo muy inquieta y algunas chicas no paraban de hablar sobre que habría represalias para ambos chicos. Harry se dejó llevar por la inquietud de esa clase para mantenerse despierto, el cansancio estaba sobre sus parpados como una espada que amenazaba con cortar su concentración y la nitidez de su visión. Ya comenzaba a ver borroso y sabía que si no dormía pronto, se dormiría de pie cuando caminara hasta el salón de detención.
Como no tenía con quién opinar sobre lo ocurrido, se limitó a escuchar las conversaciones de los demás. Le daba envidia ver cómo todos gesticulaban y movían los labios para soltar palabras, como si fuera fácil poder decir todo lo que tenían atorado en la garganta. Para Harry era más difícil, estaba tan acostumbrado a ser del mismo color y forma que la mesa y silla en la que encontraba, que creía que si hablaba rompería una especia de hechizo en la que todos le mirarían como un feo sapo al que el mundo le lanzaría piedras. Estaba bien con sus dibujos, era su forma de hablar y de contar sin filtros todo lo que opinaba, era la máxima expresión que tenía y agradecía poder tener dos manos para hacerlo, aunque solo usara una en teoría.

~°~

Es un fragmento, porque el capítulo completo tiene 14 hojas en word.

Hey, Lucy:


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Lily Collins || Harry Styles || Derphantasie
Epaaa, y yo que pensé que el capítulo de por sí ya era largo(?)
Bueno, vengo a anunciarte que tu escrito está aceptado. Tu manera de narrar es verdaderamente buena.
El único problema es que llegó otra chica y posteó antes su capítulo para Harry.
Como dije antes, solo debes cambiar el chico y todo estará en orden c:
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Mensaje por Invitado el Sáb 31 Ago 2013, 4:05 pm

Barbara Palvin || Zayn Malik || Rachel Richards

Capi:
La cabeza de Harry ya estaba dando vueltas, debido a los porros. Inhalaba, exhalaba, inhalaba.. y asi sucesivamente. Estaba harto, completamente harto. Hoy con los chicos se habían juntado, habían estado discutiendo, debido a su falta de tiempo y de ganas de no estar con los chicos. Harry últimamente ha estado faltando ha entrevistas, encuentros con otras bandas. Y los chicos obviamente estaban preocupado, estuvieron discutiendo sobre, por que falta tanto aquellos encuentros entre amigos, Harry no iba a decir "Pues miren he estado fumando y drogándome ¿Vale?" Obvio que no. Pero ya estaba frustrado de tanto vigilancia que le pegan los chicos, y eso le desesperaba y lo conllevaba a fumar y drogarse. Harry cuando se sentía derrumbado o desesperado por algún motivo, se drogaba, y por un momento, tan solo por un momento, se olvidaba de aquellos problemas. Su vida últimamente no ha sido fácil. Se ha sentido vació, sin ganas de hacer nada, solo fumar y fumar. Solo fumar. A eso se dedicaba, compraba 5 veces a la semana porros y drogas a Karl, su provedor.
-Dios mio- sonrió Harry con autosuficiencia después de haberse fumado un porro-Que bien me siento- dio un pequeño bostezo. Se estaba comenzando a dimir cuando olle unos gritos  "Déjenme, déjenme verlo" oyó la voz de Zayn aproximándose. ¿A quien quería ver? Se pregunto Harry a si mismo. Cuando de golpe se abrió la puerta, dando paso a Zayn con una mirada desgarradora. Se aproximo rápidamente hacia el. Lo cogió por la camisa, Harry vio por encima de los hombros de Zayn, a los chicos. Hasta que reacciono.
-¿Pero que te pasa, imbécil?-grito Harry, al ver a Zayn con cara de poco amigos.
-¡Que, que pasa!- le devolvió el grito, los gritos de Zayn retumbaron en los oidos del rizado. Zayn lo tiro a la cama y rebusco entre sus bolsillos, hasta que susurro así mismo "Aquí esta", miro a Harry nuevamente.
-¡Que coño es esto!-le aventó un paquete con algo dentro.
-¡Cocaína!-grito Harry fuertemente haciendo que los demás chicos los miraran y se acercaran apresurada mente.
-¡Eres un maldito drogadicto!- exclamo Zayn con una mirada fría y dura.
-¡Eres un imbecil!- Harry se levanto de un salto, y ahora el lo cogió a el -¡No soy un drogadicto!.
-¡Si lo eres! ¡Mirate Harry!- Zayn señalo a Harry, para que el se viese -¡Por esta mierda has estado faltando! ¡Por esta mierda! - los chicos miraban esta escena expectante.
-¡Y que con eso! ¡Es mi vida no la tuya!- grito Harry empujando a Zayn.
-¡También nos involucra a nosotros! ¡Somos una banda! - Zayn enfatizo la ultima palabra.
-¡Lárgate a la misma mierda!- Grto Harry empujando nuevamente a Zayn, pero esta vez mas duro.
-Chicos, chicos- intervino Niall, intento calmarles. Interponiéndose entre los dos.
-¡No te metas Niall!- le susurro Harry mirando a su amigo.
-Harry, tío, ya basta- dijo Liam, mirando a Harry fijamente a los ojos.
-Pero esto fue suficiente, Harry ¡Suficiente!- dijo Zayn incorporándose- Esta es la ultima vez que te drogas, ¡Te iras a un reformatorio! -sentencio Zayn después de unos minutos. La habitación solo estaba llena de silencio.
- ¿Pero que dices?- pregunto Harry incrédulo.
-Que te iras a un reformatorio- repito Zayn, ya mas calmado.
-¡No puedes hacerme esto, Zayn!- el rizado se acerco hasta Zayn.
-Harry es por tu bien- Louis puso un brazo encima de la espalda del rizado.
-Harry no queremos verte mas asi- Liam le toco los rizos.
-Tu puedes hacerlo Harry- intervino esta vez el rubio.
-Por favor- suplico Zayn.
-¡Pero es que no estoy loco!-respondió el rizado.
-Pero es por tu propio bien, Harry- le explico Zayn.
-Acepta por favor ¿Si?- le pregunto Niall, con esa ternura que solo el la tiene.
Harry pensó en todo, en lo que le había pasado. Pensó en como se sentía cuando fumaba o se drogaba. Verdaderamente solo funcionaba por unos minutos, pensaba en los chicos, en como ellos se preocupaban tanto por. Pensaba en su familia, en como se sentirá su madre si lo viera en ese estado. ¡Se decepcionaría!. Y por ultimo pensaba en si mismo, drogarse o fumar, solo lo conllevaba mas y mas a ser adicto. Y por una vez en su vida pensó que podría ser mejor dejarse tratar por aquellos doctores o psiquiatras. Que acabo aceptando.

<<¡Maldita sea!>> me digo a mismo. Estoy recostado en la cama de mi habitación, << ¿Porque me pasa esto a mi?>> me digo nuevamente a mismo. Desde el incidente con Zayn ya han pasado cinco días, y estoy verdaderamente preocupado y nervioso. No sé qué haré en ese lugar, será algo nuevo para mí, ya que nunca en mis dieciocho años he ido a un reformatorio, y más para personas que sufren problemas como yo. Mi vida siempre ha sido difícil, mis padres cuando tenía ocho años, se separaron. Y trágica mente a mi me afecto mucho. Amaba el hogar que formábamos. Se suponía que éramos la familia perfecta. Éramos. Mama siempre discutía con mi padre, eso realmente lo veía con mis propios ojos, claramente pensaba que eran solo discusiones de pareja, y que luego se reconciliarían. Pero eso solo fueron unas cuantas veces, hasta que mama pudo descubrir que el desgraciado de Des, le era infiel. Aun recuerdo como mama, lloraba y lloraba por el infeliz de mi padre, Des por su parte no negó que le era infiel a mi madre, sino que lo acepto. Mi madre entro en una depresión grande, Gemma y yo la cuidamos durante ese tiempo, yo por mi parte siempre apoye a mi madre en todo. Mi madre es como el gran pilar de toda mi vida, gracias a ella, yo pude conocer a estos chicos.


Gemma mi hermana, mi adorable hermana, ya tiene veintidós años, ya es mayor de edad, pero aun así, los dos nos comportábamos como niños de cinco años. Gemma siempre estuvo ahí, es mi vida, para arreglar todos aquellos problemas, que yo no podía solucionar. Si mi madre y Gemma se enteraran de cómo soy ahora, se llevarían una gran decepción, mi madre sufriría nuevamente. Y eso no quería para ella. Por eso, casi nunca la visito, prefiero llamarla por teléfono. No quisiera ocasionarle otro problema más.
Harry estaba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta que uno de sus amigos estaba ya, al lado de él.
Quizá esta sea la solución, poder ir a ese reformatorio, y recuperarme, por ellas. Por mama y Gemma. Quizá tan solo quizá, pueda acostumbrarme y hacer un esfuerzo por estar bien ahí.
-¿En qué piensas?- Harry dio un pequeño salto, giro su cabeza y pudo ver a Louis. Este vestía un ramera con un logo de una zanahoria y unos jeans ajustados.
-¡Louis! ¿Desde cuándo estas aquí?- le pregunto el rizado a su amigo.
-Desde unos- mira su reloj- cinco o diez minutos- le respondió el oji-verde.
Harry tenso su cuerpo, pero aun seguía frustrado por el “Quizá”.
-Hazza, ¿Qué te pasa?- le pregunto con inquietud Louis, al ver a su amigo como se tensaba.
Louis y el eran amigos desde la infancia, sus padres se conocieron en un pequeño parque – el favorito de Harry -, al principio los dos niños no se llevaban bien, habían las típicas peleas, de, “Dame es juguete es mío” “No me molestes, quiero estar solo”, en fin. Solo eran peleas de unos niños. Pero en cuanto crecieron más, fueron reemplazando la enemistad, hasta convertirla en una bella y hermosa amistad. Harry desde siempre ha confiado en Lou – Claro está, que no le contó su pequeño problema -. Quizá tan solo quizá, podría desahogarse con su amiga. Por algo Louis era su mejor amigo.
-Nada Lou- respondió Harry aun con el cuerpo tensado.
-No me mientas, Harry- le recrimino su amigo – Vamos Hazz, cuéntamelo, soy tu mejor amigo.
-Louis me siento raro- exclamo el rizado.
-¿Raro? ¿En qué sentido?- le cuestiono el oji-verde.
-Con lo del reformatorio- Harry bajo su mirada, hasta el piso. Tenía vergüenza.
-Harry, es por tu propio bien, todos queremos verte bien- le respondió Louis con total sinceridad.
-Si lo sé, solo que no sé qué me pasa- Harry bajo nuevamente la cabeza, sus pequeñas esmeraldas comenzaron a aguarse.
-Harry,  ¿Por qué lo hacías?- le pregunto Louis. Sinceramente se preocupaba por su amigo.
-Lou, las drogas y las bebidas eran como un mundo para mí – cayo un momento – Las drogas, me hacían llevar a otro mundo, un mundo en donde solo existía la felicidad- sus ojitos comenzaron a expulsar y expulsar lagrima. El oji-verde al ver a su amigo, en esa situación, decidió darle un fuerte abrazo- Mama tiene muchos problemas sentimentales,  y yo Lou…yo no soy fuerte, como creía- prosiguió Harry sollozando en el hombro de Louis- Verla en ese estado, me dan ganas de matarme a mí mismo.
-Entonces Harry, hazlo por tu madre – le animo Louis – Hazlo para que ella se vea feliz, y crea nuevamente que eres el hijo perfecto- Lo apretó mas contra él.
-Si Louis- el rizado se separo – Lo hare por ella, porque la amo- se limpio las lagrimas con su pulgares.
-Así se habla, amigo- exclamo Louis, Harry le enseño una perfecta sonrisa, Lou le extendió los brazos, y nuevamente se estrecharon en un hermoso abrazo, entre amigos.
Lou claramente era su mejor amigo, y lo había animado a salir adelante. Y claro que lo haría, ahora no hay “Quizá”, sino que lo “Hará. Lo hará por su madre, por Anne. Porque sobre todas las cosas, primeramente se encuentra su madre.
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Mensaje por demons. el Sáb 31 Ago 2013, 4:07 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:
GreenSky♥ escribió:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Yo quiero :c Deja que busque un capítulo lindo para que puedas leer /o/ (no sé si se puede - a pesar de que leí todas las reglas, como el que tengo que poner un gif de Lucy - pero quiero a Harry Styles, pero como dije, deja que busque un cap. lindo para poder audicionar bien con el código y todo).
Hola! Si,mira, es el que llega primero y entra, se lo queda. Ya me mandaron un cap antes para Haza y está aceptado. Si puedes elegir otro chico todo estaría perfecto c:
Perdona las molestias!
*lanza todo del escritorio* *quema todo* Okno, me gusta ser dramática. A ver... Pues... Louis entonces c: con Lily Collins.
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA Deos, me hiciste reir<333
Con el Louis será(?)
Ya edito la cosita*-*
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por demons. el Sáb 31 Ago 2013, 4:09 pm

Vicky2001 escribió:¡Hola!, sinceramente me encantó la trama, necesitaba dejarte mi capítulo ya, así que bueno, espero que te guste y que tengas un lindo día. :)

Capítulo:

Svitlana se encontraba sentada en el sillón de la casa de Drew – el dragón -, mientras peleaba consigo misma sobre si lo que estaba pasando era real o no, iba ganando la idea que todo era un sueño del cual despertaría; cosa que varias Alices creen, y si el sueño fuera real, preferiría caer en la locura que ser una Alice. El dragón se encontraba, como de costumbre, escuchando a Lana, después de escuchar la idea de Lana de enloquecer reaccionó.

- ¿Alice, quieres enloquecer? – salió de su escondite.

- ¿Me estabas espiando? – preguntó mirando de reojo al dragón. – ¡Y mi nombre no es Alice!

- Ese no es el caso, tú no debes enloquecer. – cuestionó el pelinegro

- ¿Y por qué no debería hacerlo?

- No es recomendable, Alice, podrías nunca volver de donde provienes. – la chica pensó, y luego reaccionó.

- ¡Pero si esto no es real! – exclamó – y por milésima vez, mi nombre no es Alice.

- Esto es muy real, tan real como tú y yo. – la palabra tú y yo sonó una y otra vez en la cabeza de Svitlana.

- Está bien cómo tú digas. ¿Podrías llevarme a ver las flores que hablan? – todo el plan de la chica, empezó. Drew dejó los ojos en blanco para luego asentir con la cabeza y tomar la mano de Svitlana.

{***}

En el prado de flores todo era increíble, realmente asombroso, no solo porque las flores parloteaban, sino que sus alrededores eran bellísimos, un ambiente lleno de armonía y paz, lo que ella detestaba.

- Tengo una duda… ¿Por qué vinimos aquí?

- Quería dibujar este lugar, es hermoso.

- ¿y cómo lo dibujaras? – Lana rodó los ojos y saco un trozo de tela blanco y pintura roja y naranja.

- Es increíble lo que puedes hacer con un trozo de tela que me robé del castillo del rey y una par de bayas. – Lana sonrió, luego el también.

- Si se enteran te cortaran la cabeza. – soltó una carcajada el chico.

- No me importa, tendrá que aguantar escucharla parlotear. – carcajearon ambos.

- Ni yo te aguanto – dijo un riendo – creo que su majestad menos lo hará.

- Tienes razón.

Después de que Svitlana terminara su dibujo, empezaron a hablar con las flores parlantes, una de ellas alagaba en exceso al dragón, cosa que provocó que Svitlana cortara sigilosamente uno de sus preciosos pétalos rosados, raramente esta no logró saber quién corto su pétalo. Anocheció y seguían en el mismo lugar, de pronto vieron a Perrie, hablando como psicópata, escuchando de su problema y de cómo hipnotizaba al gato. Decidieron largarse de allí porque Perrie noto su presencia, pero Svitlana se dio cuenta de algo, que si tal vez, solo tal vez ella era la Alice correcta, no dejaría el camino libre a Perrie para que destruyera el lugar, aunque ciertamente, ya todos estaban dementes allí. El dúo se dirigió a su choza, cercana al castillo y tomaron un poco de té.

- ¿Y?... qué opinas de lo que pasó allí - preguntó – Ella, esta demente – aludió el joven, no tan joven.

- Pues creo, que si quiero seguir en la competencia por ser la Alice correcta…

- ¿Alice, crees que debamos informarle a alguien sobre lo que escuchamos? – tomó un sorbo de té.

- No lo sé.

- Pero ella está loca, sería mejor que la devolvieran de donde vino, puede que arruine todo Wonderland. – La chica pensó, y se dio cuenta de que sería divertido unirse al plan de Perrie.

- Olvidémoslo. – comentó sin importancia Lana.

- ¿Qué? – se alteró, levantándose de su silla.

- No te alteres, no creo que haga nada.

- Cómo tú digas… - dijo inseguro Drew.

{***}

La mañana siguiente Svitlana se dirigió a la casa de los gemelos para platicar con Perrie, lo cual le costó mucho ya que Drew no la dejaría salir sola. Pero encontró la forma de entretenerlo, con los gemelos.

- ¿Puedo pasar? – Dijo tocando la puerta.

- ¿Quién es?

- Lana…

- ¡¿Pasa?! – gritó, seguido a eso entró rápidamente - ¿Dime?


<3:


Lauren Jauregui || Drew Roy || Vicky.
Bah, yo soy lectora de Are you Alice, ya había leído tu capítulo. Entonces, está de más decir que está aceptado.
Ya edito la cosita esa donde están las reservas e.e
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por demons. el Sáb 31 Ago 2013, 4:12 pm

¡Nea! escribió:
Barbara Palvin || Zayn Malik || Rachel Richards

Capi:
La cabeza de Harry ya estaba dando vueltas, debido a los porros. Inhalaba, exhalaba, inhalaba.. y asi sucesivamente. Estaba harto, completamente harto. Hoy con los chicos se habían juntado, habían estado discutiendo, debido a su falta de tiempo y de ganas de no estar con los chicos. Harry últimamente ha estado faltando ha entrevistas, encuentros con otras bandas. Y los chicos obviamente estaban preocupado, estuvieron discutiendo sobre, por que falta tanto aquellos encuentros entre amigos, Harry no iba a decir "Pues miren he estado fumando y drogándome ¿Vale?" Obvio que no. Pero ya estaba frustrado de tanto vigilancia que le pegan los chicos, y eso le desesperaba y lo conllevaba a fumar y drogarse. Harry cuando se sentía derrumbado o desesperado por algún motivo, se drogaba, y por un momento, tan solo por un momento, se olvidaba de aquellos problemas. Su vida últimamente no ha sido fácil. Se ha sentido vació, sin ganas de hacer nada, solo fumar y fumar. Solo fumar. A eso se dedicaba, compraba 5 veces a la semana porros y drogas a Karl, su provedor.
-Dios mio- sonrió Harry con autosuficiencia después de haberse fumado un porro-Que bien me siento- dio un pequeño bostezo. Se estaba comenzando a dimir cuando olle unos gritos  "Déjenme, déjenme verlo" oyó la voz de Zayn aproximándose. ¿A quien quería ver? Se pregunto Harry a si mismo. Cuando de golpe se abrió la puerta, dando paso a Zayn con una mirada desgarradora. Se aproximo rápidamente hacia el. Lo cogió por la camisa, Harry vio por encima de los hombros de Zayn, a los chicos. Hasta que reacciono.
-¿Pero que te pasa, imbécil?-grito Harry, al ver a Zayn con cara de poco amigos.
-¡Que, que pasa!- le devolvió el grito, los gritos de Zayn retumbaron en los oidos del rizado. Zayn lo tiro a la cama y rebusco entre sus bolsillos, hasta que susurro así mismo "Aquí esta", miro a Harry nuevamente.
-¡Que coño es esto!-le aventó un paquete con algo dentro.
-¡Cocaína!-grito Harry fuertemente haciendo que los demás chicos los miraran y se acercaran apresurada mente.
-¡Eres un maldito drogadicto!- exclamo Zayn con una mirada fría y dura.
-¡Eres un imbecil!- Harry se levanto de un salto, y ahora el lo cogió a el -¡No soy un drogadicto!.
-¡Si lo eres! ¡Mirate Harry!- Zayn señalo a Harry, para que el se viese -¡Por esta mierda has estado faltando! ¡Por esta mierda! - los chicos miraban esta escena expectante.
-¡Y que con eso! ¡Es mi vida no la tuya!- grito Harry empujando a Zayn.
-¡También nos involucra a nosotros! ¡Somos una banda! - Zayn enfatizo la ultima palabra.
-¡Lárgate a la misma mierda!- Grto Harry empujando nuevamente a Zayn, pero esta vez mas duro.
-Chicos, chicos- intervino Niall, intento calmarles. Interponiéndose entre los dos.
-¡No te metas Niall!- le susurro Harry mirando a su amigo.
-Harry, tío, ya basta- dijo Liam, mirando a Harry fijamente a los ojos.
-Pero esto fue suficiente, Harry ¡Suficiente!- dijo Zayn incorporándose- Esta es la ultima vez que te drogas, ¡Te iras a un reformatorio! -sentencio Zayn después de unos minutos. La habitación solo estaba llena de silencio.
- ¿Pero que dices?- pregunto Harry incrédulo.
-Que te iras a un reformatorio- repito Zayn, ya mas calmado.
-¡No puedes hacerme esto, Zayn!- el rizado se acerco hasta Zayn.
-Harry es por tu bien- Louis puso un brazo encima de la espalda del rizado.
-Harry no queremos verte mas asi- Liam le toco los rizos.
-Tu puedes hacerlo Harry- intervino esta vez el rubio.
-Por favor- suplico Zayn.
-¡Pero es que no estoy loco!-respondió el rizado.
-Pero es por tu propio bien, Harry- le explico Zayn.
-Acepta por favor ¿Si?- le pregunto Niall, con esa ternura que solo el la tiene.
Harry pensó en todo, en lo que le había pasado. Pensó en como se sentía cuando fumaba o se drogaba. Verdaderamente solo funcionaba por unos minutos, pensaba en los chicos, en como ellos se preocupaban tanto por. Pensaba en su familia, en como se sentirá su madre si lo viera en ese estado. ¡Se decepcionaría!. Y por ultimo pensaba en si mismo, drogarse o fumar, solo lo conllevaba mas y mas a ser adicto. Y por una vez en su vida pensó que podría ser mejor dejarse tratar por aquellos doctores o psiquiatras. Que acabo aceptando.

<<¡Maldita sea!>> me digo a mismo. Estoy recostado en la cama de mi habitación, << ¿Porque me pasa esto a mi?>> me digo nuevamente a mismo. Desde el incidente con Zayn ya han pasado cinco días, y estoy verdaderamente preocupado y nervioso. No sé qué haré en ese lugar, será algo nuevo para mí, ya que nunca en mis dieciocho años he ido a un reformatorio, y más para personas que sufren problemas como yo. Mi vida siempre ha sido difícil, mis padres cuando tenía ocho años, se separaron. Y trágica mente a mi me afecto mucho. Amaba el hogar que formábamos. Se suponía que éramos la familia perfecta. Éramos. Mama siempre discutía con mi padre, eso realmente lo veía con mis propios ojos, claramente pensaba que eran solo discusiones de pareja, y que luego se reconciliarían. Pero eso solo fueron unas cuantas veces, hasta que mama pudo descubrir que el desgraciado de Des, le era infiel. Aun recuerdo como mama, lloraba y lloraba por el infeliz de mi padre, Des por su parte no negó que le era infiel a mi madre, sino que lo acepto. Mi madre entro en una depresión grande, Gemma y yo la cuidamos durante ese tiempo, yo por mi parte siempre apoye a mi madre en todo. Mi madre es como el gran pilar de toda mi vida, gracias a ella, yo pude conocer a estos chicos.


Gemma mi hermana, mi adorable hermana, ya tiene veintidós años, ya es mayor de edad, pero aun así, los dos nos comportábamos como niños de cinco años. Gemma siempre estuvo ahí, es mi vida, para arreglar todos aquellos problemas, que yo no podía solucionar. Si mi madre y Gemma se enteraran de cómo soy ahora, se llevarían una gran decepción, mi madre sufriría nuevamente. Y eso no quería para ella. Por eso, casi nunca la visito, prefiero llamarla por teléfono. No quisiera ocasionarle otro problema más.
Harry estaba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta que uno de sus amigos estaba ya, al lado de él.
Quizá esta sea la solución, poder ir a ese reformatorio, y recuperarme, por ellas. Por mama y Gemma. Quizá tan solo quizá, pueda acostumbrarme y hacer un esfuerzo por estar bien ahí.
-¿En qué piensas?- Harry dio un pequeño salto, giro su cabeza y pudo ver a Louis. Este vestía un ramera con un logo de una zanahoria y unos jeans ajustados.
-¡Louis! ¿Desde cuándo estas aquí?- le pregunto el rizado a su amigo.
-Desde unos- mira su reloj- cinco o diez minutos- le respondió el oji-verde.
Harry tenso su cuerpo, pero aun seguía frustrado por el “Quizá”.
-Hazza, ¿Qué te pasa?- le pregunto con inquietud Louis, al ver a su amigo como se tensaba.
Louis y el eran amigos desde la infancia, sus padres se conocieron en un pequeño parque – el favorito de Harry -, al principio los dos niños no se llevaban bien, habían las típicas peleas, de, “Dame es juguete es mío” “No me molestes, quiero estar solo”, en fin. Solo eran peleas de unos niños. Pero en cuanto crecieron más, fueron reemplazando la enemistad, hasta convertirla en una bella y hermosa amistad. Harry desde siempre ha confiado en Lou – Claro está, que no le contó su pequeño problema -. Quizá tan solo quizá, podría desahogarse con su amiga. Por algo Louis era su mejor amigo.
-Nada Lou- respondió Harry aun con el cuerpo tensado.
-No me mientas, Harry- le recrimino su amigo – Vamos Hazz, cuéntamelo, soy tu mejor amigo.
-Louis me siento raro- exclamo el rizado.
-¿Raro? ¿En qué sentido?- le cuestiono el oji-verde.
-Con lo del reformatorio- Harry bajo su mirada, hasta el piso. Tenía vergüenza.
-Harry, es por tu propio bien, todos queremos verte bien- le respondió Louis con total sinceridad.
-Si lo sé, solo que no sé qué me pasa- Harry bajo nuevamente la cabeza, sus pequeñas esmeraldas comenzaron a aguarse.
-Harry,  ¿Por qué lo hacías?- le pregunto Louis. Sinceramente se preocupaba por su amigo.
-Lou, las drogas y las bebidas eran como un mundo para mí – cayo un momento – Las drogas, me hacían llevar a otro mundo, un mundo en donde solo existía la felicidad- sus ojitos comenzaron a expulsar y expulsar lagrima. El oji-verde al ver a su amigo, en esa situación, decidió darle un fuerte abrazo- Mama tiene muchos problemas sentimentales,  y yo Lou…yo no soy fuerte, como creía- prosiguió Harry sollozando en el hombro de Louis- Verla en ese estado, me dan ganas de matarme a mí mismo.
-Entonces Harry, hazlo por tu madre – le animo Louis – Hazlo para que ella se vea feliz, y crea nuevamente que eres el hijo perfecto- Lo apretó mas contra él.
-Si Louis- el rizado se separo – Lo hare por ella, porque la amo- se limpio las lagrimas con su pulgares.
-Así se habla, amigo- exclamo Louis, Harry le enseño una perfecta sonrisa, Lou le extendió los brazos, y nuevamente se estrecharon en un hermoso abrazo, entre amigos.
Lou claramente era su mejor amigo, y lo había animado a salir adelante. Y claro que lo haría, ahora no hay “Quizá”, sino que lo “Hará. Lo hará por su madre, por Anne. Porque sobre todas las cosas, primeramente se encuentra su madre.
Hemosha:
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Rachel, cariño, tu escrito está aceptado.
La Lucy es hermosa, i know<333
Ya hago todo los cambios y cosito(?)
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Re: Prom? || Inscripciones Cerradas || Te lo perdiste *le saca la lengua*

Mensaje por Invitado el Sáb 31 Ago 2013, 4:14 pm

¿Enserio? Gracias, gracias. Si es muy hermosa, y perfecta.
GreenSky♥ escribió:
¡Nea! escribió:
Barbara Palvin || Zayn Malik || Rachel Richards

Capi:
La cabeza de Harry ya estaba dando vueltas, debido a los porros. Inhalaba, exhalaba, inhalaba.. y asi sucesivamente. Estaba harto, completamente harto. Hoy con los chicos se habían juntado, habían estado discutiendo, debido a su falta de tiempo y de ganas de no estar con los chicos. Harry últimamente ha estado faltando ha entrevistas, encuentros con otras bandas. Y los chicos obviamente estaban preocupado, estuvieron discutiendo sobre, por que falta tanto aquellos encuentros entre amigos, Harry no iba a decir "Pues miren he estado fumando y drogándome ¿Vale?" Obvio que no. Pero ya estaba frustrado de tanto vigilancia que le pegan los chicos, y eso le desesperaba y lo conllevaba a fumar y drogarse. Harry cuando se sentía derrumbado o desesperado por algún motivo, se drogaba, y por un momento, tan solo por un momento, se olvidaba de aquellos problemas. Su vida últimamente no ha sido fácil. Se ha sentido vació, sin ganas de hacer nada, solo fumar y fumar. Solo fumar. A eso se dedicaba, compraba 5 veces a la semana porros y drogas a Karl, su provedor.
-Dios mio- sonrió Harry con autosuficiencia después de haberse fumado un porro-Que bien me siento- dio un pequeño bostezo. Se estaba comenzando a dimir cuando olle unos gritos  "Déjenme, déjenme verlo" oyó la voz de Zayn aproximándose. ¿A quien quería ver? Se pregunto Harry a si mismo. Cuando de golpe se abrió la puerta, dando paso a Zayn con una mirada desgarradora. Se aproximo rápidamente hacia el. Lo cogió por la camisa, Harry vio por encima de los hombros de Zayn, a los chicos. Hasta que reacciono.
-¿Pero que te pasa, imbécil?-grito Harry, al ver a Zayn con cara de poco amigos.
-¡Que, que pasa!- le devolvió el grito, los gritos de Zayn retumbaron en los oidos del rizado. Zayn lo tiro a la cama y rebusco entre sus bolsillos, hasta que susurro así mismo "Aquí esta", miro a Harry nuevamente.
-¡Que coño es esto!-le aventó un paquete con algo dentro.
-¡Cocaína!-grito Harry fuertemente haciendo que los demás chicos los miraran y se acercaran apresurada mente.
-¡Eres un maldito drogadicto!- exclamo Zayn con una mirada fría y dura.
-¡Eres un imbecil!- Harry se levanto de un salto, y ahora el lo cogió a el -¡No soy un drogadicto!.
-¡Si lo eres! ¡Mirate Harry!- Zayn señalo a Harry, para que el se viese -¡Por esta mierda has estado faltando! ¡Por esta mierda! - los chicos miraban esta escena expectante.
-¡Y que con eso! ¡Es mi vida no la tuya!- grito Harry empujando a Zayn.
-¡También nos involucra a nosotros! ¡Somos una banda! - Zayn enfatizo la ultima palabra.
-¡Lárgate a la misma mierda!- Grto Harry empujando nuevamente a Zayn, pero esta vez mas duro.
-Chicos, chicos- intervino Niall, intento calmarles. Interponiéndose entre los dos.
-¡No te metas Niall!- le susurro Harry mirando a su amigo.
-Harry, tío, ya basta- dijo Liam, mirando a Harry fijamente a los ojos.
-Pero esto fue suficiente, Harry ¡Suficiente!- dijo Zayn incorporándose- Esta es la ultima vez que te drogas, ¡Te iras a un reformatorio! -sentencio Zayn después de unos minutos. La habitación solo estaba llena de silencio.
- ¿Pero que dices?- pregunto Harry incrédulo.
-Que te iras a un reformatorio- repito Zayn, ya mas calmado.
-¡No puedes hacerme esto, Zayn!- el rizado se acerco hasta Zayn.
-Harry es por tu bien- Louis puso un brazo encima de la espalda del rizado.
-Harry no queremos verte mas asi- Liam le toco los rizos.
-Tu puedes hacerlo Harry- intervino esta vez el rubio.
-Por favor- suplico Zayn.
-¡Pero es que no estoy loco!-respondió el rizado.
-Pero es por tu propio bien, Harry- le explico Zayn.
-Acepta por favor ¿Si?- le pregunto Niall, con esa ternura que solo el la tiene.
Harry pensó en todo, en lo que le había pasado. Pensó en como se sentía cuando fumaba o se drogaba. Verdaderamente solo funcionaba por unos minutos, pensaba en los chicos, en como ellos se preocupaban tanto por. Pensaba en su familia, en como se sentirá su madre si lo viera en ese estado. ¡Se decepcionaría!. Y por ultimo pensaba en si mismo, drogarse o fumar, solo lo conllevaba mas y mas a ser adicto. Y por una vez en su vida pensó que podría ser mejor dejarse tratar por aquellos doctores o psiquiatras. Que acabo aceptando.

<<¡Maldita sea!>> me digo a mismo. Estoy recostado en la cama de mi habitación, << ¿Porque me pasa esto a mi?>> me digo nuevamente a mismo. Desde el incidente con Zayn ya han pasado cinco días, y estoy verdaderamente preocupado y nervioso. No sé qué haré en ese lugar, será algo nuevo para mí, ya que nunca en mis dieciocho años he ido a un reformatorio, y más para personas que sufren problemas como yo. Mi vida siempre ha sido difícil, mis padres cuando tenía ocho años, se separaron. Y trágica mente a mi me afecto mucho. Amaba el hogar que formábamos. Se suponía que éramos la familia perfecta. Éramos. Mama siempre discutía con mi padre, eso realmente lo veía con mis propios ojos, claramente pensaba que eran solo discusiones de pareja, y que luego se reconciliarían. Pero eso solo fueron unas cuantas veces, hasta que mama pudo descubrir que el desgraciado de Des, le era infiel. Aun recuerdo como mama, lloraba y lloraba por el infeliz de mi padre, Des por su parte no negó que le era infiel a mi madre, sino que lo acepto. Mi madre entro en una depresión grande, Gemma y yo la cuidamos durante ese tiempo, yo por mi parte siempre apoye a mi madre en todo. Mi madre es como el gran pilar de toda mi vida, gracias a ella, yo pude conocer a estos chicos.


Gemma mi hermana, mi adorable hermana, ya tiene veintidós años, ya es mayor de edad, pero aun así, los dos nos comportábamos como niños de cinco años. Gemma siempre estuvo ahí, es mi vida, para arreglar todos aquellos problemas, que yo no podía solucionar. Si mi madre y Gemma se enteraran de cómo soy ahora, se llevarían una gran decepción, mi madre sufriría nuevamente. Y eso no quería para ella. Por eso, casi nunca la visito, prefiero llamarla por teléfono. No quisiera ocasionarle otro problema más.
Harry estaba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta que uno de sus amigos estaba ya, al lado de él.
Quizá esta sea la solución, poder ir a ese reformatorio, y recuperarme, por ellas. Por mama y Gemma. Quizá tan solo quizá, pueda acostumbrarme y hacer un esfuerzo por estar bien ahí.
-¿En qué piensas?- Harry dio un pequeño salto, giro su cabeza y pudo ver a Louis. Este vestía un ramera con un logo de una zanahoria y unos jeans ajustados.
-¡Louis! ¿Desde cuándo estas aquí?- le pregunto el rizado a su amigo.
-Desde unos- mira su reloj- cinco o diez minutos- le respondió el oji-verde.
Harry tenso su cuerpo, pero aun seguía frustrado por el “Quizá”.
-Hazza, ¿Qué te pasa?- le pregunto con inquietud Louis, al ver a su amigo como se tensaba.
Louis y el eran amigos desde la infancia, sus padres se conocieron en un pequeño parque – el favorito de Harry -, al principio los dos niños no se llevaban bien, habían las típicas peleas, de, “Dame es juguete es mío” “No me molestes, quiero estar solo”, en fin. Solo eran peleas de unos niños. Pero en cuanto crecieron más, fueron reemplazando la enemistad, hasta convertirla en una bella y hermosa amistad. Harry desde siempre ha confiado en Lou – Claro está, que no le contó su pequeño problema -. Quizá tan solo quizá, podría desahogarse con su amiga. Por algo Louis era su mejor amigo.
-Nada Lou- respondió Harry aun con el cuerpo tensado.
-No me mientas, Harry- le recrimino su amigo – Vamos Hazz, cuéntamelo, soy tu mejor amigo.
-Louis me siento raro- exclamo el rizado.
-¿Raro? ¿En qué sentido?- le cuestiono el oji-verde.
-Con lo del reformatorio- Harry bajo su mirada, hasta el piso. Tenía vergüenza.
-Harry, es por tu propio bien, todos queremos verte bien- le respondió Louis con total sinceridad.
-Si lo sé, solo que no sé qué me pasa- Harry bajo nuevamente la cabeza, sus pequeñas esmeraldas comenzaron a aguarse.
-Harry,  ¿Por qué lo hacías?- le pregunto Louis. Sinceramente se preocupaba por su amigo.
-Lou, las drogas y las bebidas eran como un mundo para mí – cayo un momento – Las drogas, me hacían llevar a otro mundo, un mundo en donde solo existía la felicidad- sus ojitos comenzaron a expulsar y expulsar lagrima. El oji-verde al ver a su amigo, en esa situación, decidió darle un fuerte abrazo- Mama tiene muchos problemas sentimentales,  y yo Lou…yo no soy fuerte, como creía- prosiguió Harry sollozando en el hombro de Louis- Verla en ese estado, me dan ganas de matarme a mí mismo.
-Entonces Harry, hazlo por tu madre – le animo Louis – Hazlo para que ella se vea feliz, y crea nuevamente que eres el hijo perfecto- Lo apretó mas contra él.
-Si Louis- el rizado se separo – Lo hare por ella, porque la amo- se limpio las lagrimas con su pulgares.
-Así se habla, amigo- exclamo Louis, Harry le enseño una perfecta sonrisa, Lou le extendió los brazos, y nuevamente se estrecharon en un hermoso abrazo, entre amigos.
Lou claramente era su mejor amigo, y lo había animado a salir adelante. Y claro que lo haría, ahora no hay “Quizá”, sino que lo “Hará. Lo hará por su madre, por Anne. Porque sobre todas las cosas, primeramente se encuentra su madre.
Hemosha:
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