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More than words [1D] NC

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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Tessa el Miér 10 Ago 2016, 9:13 am

Spoiler:
PERDONEN PERDONEN EN SERIO PERDONEN
Siento que tarde siglos escribiendo esto y no sé ni que decir por el tiempo:c quería de una vez también dejar los comentarios con el capítulo pero entre cosa y cosa que se me junto, pues creo que al paso que voy tardaré un rato:C
De nuevo pido disculpas por haber tardado y espero que disfruten el capC:
P.D. También pido disculpas por si tiene faltas de ortografía u otras cosas, no pude revisarlo a conciencia:CC
Un beso besha mujeres


Capitulo 22
Liliana Fantini

Las cosas definitivamente, no estaban siendo de un color de rosa como en todas las novelas que había alcanzado a leer en la preparatoria. Siento por completo que todo está a punto de salirse de control, como si no pudiera detenerlas. Un claro ejemplo, era el dinero. Lo que recibía del turno de limpieza me estaba quedando corto, apenas me salían para los gastos que estaba teniendo en ese momento, por lo tanto, necesitaba un nuevo empleo, urgente.
Este día dejo en claro que no era lo mío, y mis ojeras eran clara prueba de cuan mal pase la noche, por lo mismo, tengo en las manos el café más cargado que me he preparado en mi vida entera.
Al cabo de unos minutos, llega Rose bostezando a la vez que me saluda con alegría.

— ¿Te sientes bien, Lily? – pregunto preocupada al ver mi cara de zombie. Vaya pinta debo de tener.
— Físicamente, lo estoy – aseguro dándole un trago al amargo café.
— ¿Buscas otro empleo? – la mayor me arrebata el periódico para comenzar a ver los círculos rojos que hay en el papel– pero, ninguno de estos te asegura una buena paga…
— Necesito lo que sea – afirmo sonriendo - ¿Sabes? Ayer le dije a Will que iba a pagar la primera parte de su colegiatura en pre-escolar…se puso tan feliz – sonrió mientras tomo con fuerza la taza.
— Si gustas…
— No puedo recibir ayuda todo el tiempo – tranquilice a la mujer sabiendo lo que estaba a punto de decirme – encontraré otro empleo, tengo la mitad de la colegiatura, solo es tenerlo antes del fin de semana…para que se pueda integrar, no quiero que se atrase…
— Pero…

Interrumpo a Nana mientras agito la mano, como si eso esfumara la preocupación que tiene en los ojos, solo alcanzo a sonreír para irme a preparar para el trabajo. Entro al cuarto de Will viendo como mi pequeño duerme abrazado de su almohada, ha tomado tantas mañas mías que me sorprende, otras veces, incluso es idéntico a Louis.
Trago en seco al recordar la discusión que tuve con él y como lo he estado evitando desde entonces, no quiero que se acerque a Will, eso es seguro. El castaño no es idiota, y si llega a saber que Will es mi hijo…
Que el cielo me ampare.

— Eh, dormilón – sacudo suavemente al pequeño haciendo que este abrace más fuerte la almohada – vamos, tenemos una nueva aventura.
— Mami, aún me debes un helado – susurra medio dormido.
— Créeme que es mi deuda más importante – sonrió divertida – anda, que Nana también se irá.
— Soy gande, puedo quedadme solo – murmura.
— Que mal, los niños grandes no comen helado con chispas de chocolate – digo con un leve puchero cuando me voltea a ver con un ojo abierto.
— Tu ganas – se ríe mientras lo levanto.
— Pon en la mochila ese libro de ilustraciones que te dio Zack, para que te entretengas.
— Cieto – salta de mis brazos a la cama y camina hasta donde dejo sus cosas – los colores de Lux – sus ojos brillan y no puedo evitar sonreír.
— Te espero en la sala de estar muchachito – guiño un ojo viendo como Will asiente repetidas veces con la cabeza.

Al final del día, Nana se termina yendo primero que nosotros, yo sin más, tomo el periódico con los empleos marcados y salgo tomando la mano de Will.  
En el camino a la universidad, Will y yo vamos jugando a contar los coches del color que elegimos, donde al parecer, el pequeño tiene mejor ojo en cuanto a encontrar su color favorito.

— ¡Rojo! – chilla jalándome la mano para que voltee a ver.
— Tengo que fijarme…

Y como si el destino, verdaderamente me quisiera poner a prueba, logro estamparme con un hombre que hace que salga dos pasos atrás. Levanto la cabeza a punto de comenzar a disculparme, pero me encuentro con una mirada gélida que me observa como si fuera la última persona con la que quisiera chocarse en el día.
Doy otro paso atrás antes de poder hablar, pero en cuanto abro la boca, ni una palabra sale de ella, y esto hace que me frustre aún más. Eso y también añadiendo la sonrisa cínica del hombre que tengo enfrente.

— ¿Pasa algo? – pregunta él primero, sin quitar su sonrisa.
— N-No – logro tartamudear – solo que…
— Me has visto en un lugar pero no recuerdas donde – termina diciendo, solo atino a asentir.
— Lo siento, es solo que en serio… ¿Acaso usted es…? – sacudo la cabeza – no olvide eso, creo que estoy soñando.
— ¿Cómo te llamas? – entrecierra los ojos haciendo que me encoja ante su mirada.
— Liliana… - me anima a seguir, esperando – Fantini – digo finalmente.

La expresión de la persona cambia completamente, de un estado de burla y neutral, a uno de total confusión y un poco de resentimiento, se hacen presentes en sus ojos. Diablos, lo último que me faltaba era un enemigo de mi familia, hasta en Inglaterra no me dejan tranquila.
Pero de un momento a otro, me voltea a ver como si algo dentro de su cabeza hiciera clic.

— Hija de…Deborah – señala. Vaya, enemigo de mi madre, aún peor.
— Si… - retrocedo aún más - ¿Usted quién es?
— Dejémoslo en Frank – asiente, luego sonríe, sin un asomo de sarcasmo, luego nota a Will amarrado a mi pierna y se acuclilla - ¿Es tu sobrino o…?
— Mi hijo – digo sin rodeos, logrando que Frank se atragante.
— Ya entiendo…
— Señor – llega de pronto alguien por detrás – tiene una reunión urgente…
— Si, si – resta importancia levantándose.
— Bien…

Comienzo a caminar pero Frank carraspea y me hace una señal, como si me pidiera que lo esperara, y no sé exactamente porque, pero lo hago. Luego me extiende la mano como si se tratara de un saludo de negocios, dudosa en extremo, estrecho su mano con precaución, notando que en la palma tiene un papel.

— Toma el papel – instruye – realmente no es nada malo – sonríe – pero si te dijera toda la historia, créeme que huirías…
— Pero…
— El papel tiene mi número, no dudes en llamar mañana, por favor.
— ¿Cree que voy a aceptar un papel con su número porque me lo pide? No soy esa clase de persona.
— Ni yo. Si te dijera mi razón, es para saber que paso exactamente hace veinte años.
— Dígame su apellido…
— No aún, no sé qué te han dicho en casa – su sonrisa se desvanece y retira la mano, dejándome el papel en la mía – Raymond es una persona de lo peor.

Asiento con la cabeza dudosa al ver que también conoce a mi padrastro, y no puedo negar que mi curiosidad en este momento me está matando, quisiera saber también que paso hace veinte años, saber por qué mi madre es tan amargada, y me obligo a pensar en mi padre, del cual por mi parte, también me gustaría saber que ocurrió con él.
Me quedo parada viendo como el auto del señor Frank desaparece dando la vuelta, sin dudas es alguien que causa una molesta curiosidad.

— Mami, ¿Quién eda él? – pregunta Will aun aferrado a mi pierna.
— No tengo ni idea – respondo sinceramente mientras comienzo a caminar con las piernas temblorosas.

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Apenas toco el suelo de la escuela y me siento un momento en las bancas con Will a mi lado, quien sigue preocupado por el encuentro con aquel señor, no puedo negarlo, yo estoy hecha un desastre en este momento.
Puedo ver a lo lejos que Maggie va llegando a la escuela y me tengo que levantar como puedo, no quiero que nadie se preocupe innecesariamente. La campana suena taladrándonos los oídos y Will se queja por lo bajo haciendo que suelte una risa.

— Oye, ¿Qué te parece el equipo de futbol? – pregunto con una idea en mente.
— Mami, dijiste que íbamos a tened una aventura, tu y yo – regaña haciendo que me sobe las sienes.
— Cierto, cierto – asiento – pero tengo que trabajar, y saliendo te iba a invitar a conocer tu nuevo colegio.

Will me mira con ojos brillantes a la vez que ladea la cabeza, como si estuviera observando que no miento. Luego asiente con la cabeza repetidas veces y deja de lado la aventura. Tomo una de sus manos y comenzamos a caminar hacia la cancha de fútbol donde se encuentran los muchachos y el entrenador. Mi pequeño observa con verdadero entusiasmo la pelota, como si quisiera echarse a correr tras ella, hasta en eso salió idéntico a Louis, los hombres y el fútbol.

— Oh, Lily – saluda el entrenador con una sonrisa enorme.
— Hola – correspondo con la mano libre, viendo como todos los chicos se nos quedan viendo – me preguntaba si puede cuidar a Will un momento, le encanta todo esto y…
— Claro, claro – asiente el hombre con una sonrisa – me hubiera encantado que mis hijos se interesaran en el deporte – sin poder evitarlo sonrió.

Al voltear a ver a mi hijo, este ya se encuentra corriendo con una pelota en los pies, tengo que cruzar los brazos y tomarlos con fuerza para evitar que me dé un ataque de pánico al verlo correr. Solo el cielo sabe lo nerviosa que me pondría si se llega a lastimar.
Algunos jugadores están jugando en la cancha y otros se acercan a Will para enseñarle un par de técnicas.

— Por amor al cielo, evita que se lastime, por favor – le digo al entrenador, quien lo observa detenidamente.
— No te preocupes muchacha – vuelve a sonreír – a estos jóvenes les hace falta algo para no estresarse.

Me despido de Kenny y observo como Will está encantado de ver a los mayores jugar, me tengo que recordar que un día de estos – cuando junte mis ahorros de vida – lo lleve a un partido de fútbol.
Estoy caminando hacia la entrada absorta en mis pensamientos y en como rayos voy a hacer para el segundo empleo, hasta que un carro deportivo comienza a sonar el claxon escandalosamente, logrando que todos volteen de forma sincronizada al ver el carro tan lujoso, en cambio, yo sigo tan metida en mis pensamientos que ignoro lo que está pasando a mi alrededor. Sigo pensando en pedir aquel empleo en aquel restaurante de comida rápida, seguro que siempre hace falta personal, y si tomo el turno de la tarde, me saldría perfecto con mi trabajo en la universidad.

— ¡Lily! – grita alguien más sigo en mi mundo personal.

El único "pero" que encuentro, son las horas que pasaría con mi hijo, no podría soportar que se repitiera la misma historia que en Francia, definitivamente. No es que desconfíe de Nana, al contrario, le debo demasiado, pero algo me impide estar lejos de Will, apenas si soporto la idea de dejarlo en aquel club de fútbol tan temprano. Ahora que lo pienso ¿Qué esos chicos no tienen clases?

— ¡Oye! – alguien me llama tocándome el hombro, logrando que me sobresalte.

Me giro sobre mis talones y me encuentro a quien menos espero y quiero. Louis está detrás de mí levantando una mano para que espere a que recupere el aliento. Aún no he olvidado las palabras de su familia en la noche de la subasta y sigo claramente enfadada con él, incluso evito estar en casa para que no me encuentre, pero esto es el colmo, que venga hasta mi trabajo.

— Perdiste condición – es lo único que sale de mi boca con frialdad.
— No es fácil correr en traje – susurra recuperando la postura.
— Bien, hombre de negocios.

Mentalmente doy gracias a Kenny quien acepto cuidar a Will justamente este día, así como yo evito a Louis, también intento retrasar aún más que él vea a Will, no es tan idiota o eso quiero creer. Tal vez, si me vea junto a mi pequeño, sume uno más uno y se entere de lo que verdaderamente sucedió. No quiero que pase nada de eso.

— ¿Qué quieres? – pregunto haciendo que espabile e intente conectar sus ideas, tal vez debería dejar de preocuparme tanto porque Louis vea a Will, quizá no sepa sumar.
— Quería hablar contigo acerca de lo sucedido en la noche de la subasta…
— ¿No crees que es un poquito tarde? Y si me disculpas, tengo que limpiar un montón de lugares.

Doy media vuelta, pero claro que la jodida insistencia de los Tomlinson está más arraigada en el castaño, maldigo por lo bajo al ver cómo me sigue como cachorro perdido.

— Me quería disculpar, por lo que dijo mi madre… - jalo una escoba con toda la intención de darle, pero la esquiva – no entiendo a que salió eso, tampoco es verdad lo que dijo – sigo caminando pero el bastardo sigue hablando – te juro que al principio las cosas eran como decía ella, pero luego me di cuenta del error en que toda mi familia estaba, no era mi intención…
— ¿Entonces cual era? – exploto finalmente haciendo que los pocos alumnos que quedan aprieten el paso para llegar a su salón - ¿Cuál mierda fue tu propósito para hablarme, Louis? Mira que solo fui un negocio de tu familia, ¡Y que tu aceptaras!, acaso pensaste en mi como una persona fuera del dinero de mi familia, no estamos épocas atrás en donde casaban a los herederos buscando más dinero – chillo incontrolable, pero luego suelto una risa ácida, hasta el castaño está sorprendido – mira que estupidez, era demasiado obvio desde el principio, incluso mi madre me dijo “acércate al muchacho, nos conviene” – hago comillas aéreas y observo como Louis traga saliva – pero el que tu hayas admitido que fue así desde un principio…
— Lily – susurra al ver que lágrimas de coraje corren por mis mejillas.
— No me toques – alcanzo a decir caminando hacia atrás.
— Espera, déjame…
— Es suficiente – escucho hablar a alguien detrás de mí.
— Déjame terminar de explicarte – suplica el castaño, más mis amigas impiden que siga caminando.
— He dicho que es suficiente – se adelanta la morena mientras Colette se queda detrás conmigo, intentando que deje de llorar.

Louis observa como las tres lo matamos con la mirada y comienza a caminar hacia atrás, luego asiente como si estuviera resignado y echa a correr por el pasillo. Al final, siento como puedo respirar un poco más cuando veo que sale de la escuela, limpio mis lágrimas intentando recomponerme. Siempre había odiado que Louis en un par de palabras crueles, lograra herirme, pero ahora no debo de ser aquella chica de diecisiete que lloraba por todo, necesito recomponerme.

— ¿Estás bien? – pregunta Maggie con el tono bajo.
— Si, si – repito asintiendo – muchas gracias – sonrió como puedo.
— Tú, Colette, yo, y un café cargado en el almuerzo – señala Maggie con el tono de voz que utiliza al querer golpear a alguien.
— Claro – sonrió más amplio y les doy un corto abrazo.

Las tres nos separamos para que cada quien parta a sus deberes en la escuela y no puedo dejar de pensar en el tema, tampoco puedo evitar voltear a ver al estacionamiento en donde puede ser posible que Louis siga estacionado, a veces el muy desgraciado actúa más acosador que nadie, solo cuando quiere algo, claro está.
Nunca pensé que en aquella fiesta, él solo me había hablado por obligación con su familia, claro estaba que la familia Tomlinson quería una relación con los Fantini, y viceversa, pero nunca imagine que Louis todo el tiempo había fingido al estar conmigo cuando yo le fui sincera en cada momento, ahora me sentía una completa idiota por haber confiado en él.
Volteo a la cancha de futbol y observo como Will está sentado en el banco observando a los chicos entrenar.

— Esto es lo único que has hecho bien, Tomlinson – sonrió sin poder evitarlo al ver a mi hijo – lo único.

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Al salir del turno de la escuela, Maggie y Colette me acompañaron a la salida a ver si Louis no seguía por los alrededores. Luego de contarles exactamente que paso en la noche donde la señora Tomlinson me lo echo todo a la cara y que el cobarde del castaño no pudo hacer gran cosa por el miedo a su familia, mis dos amigas no pudieron dejar de sonreír de esa forma que decía “añadamos alguien más a la lista negra”, pero le reste importancia, ahora que estaba de forma persistente en mi presente, debía de soltar un poco el pasado, o eso me decía a mí misma. Cada quien se fue por su camino al terminar la inspección del estacionamiento, fui la última en quedarse en la escuela.

— Mami, ¿Ya medo llegamos? – pregunta entusiasmado, puedo ver que el club de fútbol lo dejo aún más animado de lo que en realidad parece.
— A pie está un poco retirado – sonrió haciendo que Will se desespere más por llegar – llegaremos por un helado aquí cerca, ¿Qué tal?

Tal vez más tarde me arrepienta por el helado y el ponerlo hiperactivo, pero eso evita que vaya preguntándome cuanto falta a cada paso que demos. Al dar vuelta a la esquina, pude observar como él dejaba de comer y caminaba más rápido al ver la cantidad de niños que aún quedaban en el lugar.

— Aquí es – digo con entusiasmo – Nana me dijo que podía pedir una especie de plazo en lo que acomodo mis gastos, hable con la directora hace una semana sin que te dieras cuenta y me dijo que si – guiño un ojo y Will me voltea a ver - ¿Qué pasa?
— Hade amigos – susurra con los ojos brillantes.
— Todos los que quieras – lo abrazo haciendo que se ría.
— Didiana, estoy grande para abrazos – ríe más fuerte al ver mi cara de desconcierto.
— Espero que siempre me digas mamá – regaño fingiendo dolor.
— Sabía que me didias algo así.
— ¿Quién diría que me manipularía mi propio hijo?

Estamos emprendiendo camino a la casa de Nana, Will insistía en que le explicará el encuentro con Frank y sobre todo, él porque estaba tan pálida desde la tarde que lo recogí de la práctica de futbol, ¿Cómo le diría en las circunstancias en las que me encontraba? “Hijo, tu padre vino a verme”, no creo que sea capaz de decirlo de esa forma nunca.

— ¡Mida! – grita mi hijo llamado mi atención - ¡Lux y James! – chilla emocionado jalándome haciendo que camine más aprisa.

Los dos niños están sentados comiendo en un restaurante con Kay enfrente mientras ríen de algo, hasta me da pena interrumpirlos en un momento así, pero es demasiado tarde cuando Will empuja la puerta con sus bracitos y se adentra corriendo al restaurante, este niño de pronto dejo su timidez de lado.
La rubia se gira a ver a Will sorprendida y luego se relaja cuando me ve correr detrás del niño.

— Pensé que el niño se salió sin tu permiso – comenta sonriendo a la vez que palmea el lugar a su lado.
— Me muero si pasa eso – contesto espantada de imaginarlo – lamento haber interrumpido su comida – susurro por lo bajo para que Will no escuche, se ofendería si lo hace.
— Que va – niega Kay – me acabas de salvar tremendamente…
— ¿Qué paso? – pregunto asustada, veo como la rubia se acerca a mi oído.
— Siguen insistiendo en una mascota – confiesa de pronto.

Me separo de Kay para verificar si no está mintiendo o bromeando, pero su cara me dice que los niños han ido muy enserio con eso, así que me limito a sonreír y negar con la cabeza para intentar calmarla. Mi reloj comienza a sonar por la alarma programada que he puesto en la noche y no puedo evitar soltar un salto en la silla, Kay me ve confundida y un gran signo de interrogación está en su rostro.

— Diablos, la entrevista – murmuro volteando a todos lados con pánico.
— ¿Entrevista? ¿Vas a buscar otro empleo?
— Si, bueno, necesito completar el dinero para la colegiatura de Will, pero el dinero que ahorre, una parte se lo di a Nana por la renta de la casa, no quiero vivir de gratis.
— Espera – me detiene al ver que quiero levantarme - ¿Es verdad que estudiaste contaduría?
— Solo el primer año…no pude seguir – respondo confundida – Nana te dijo, ¿Cierto?
— Si, salió el tema… - sacude la cabeza como para centrarse y me ve decidida – el punto es… ¿Podrías trabajar en mi negocio?
— Espera ¿Qué? – pregunto aturdida intentando digerir lo que está pasando.
— Mi contadora acaba de renunciar hace dos días, le comente a Nana y ella te recomendó – explica haciendo que me agarre de la mesa para no marearme – Nana también sabía que estabas buscando un empleo para Will y… - Kay se detiene de pronto – Dios Lily ¿Estas bien?

Ladeo la cabeza a modo de pregunta y ella señala sus ojos, haciendo que suba una mano a mi rostro y encontrar lágrimas, me sorprendo tanto que comienzo a reír mientras me limpio lentamente. Nunca había tenido la esperanza de encontrar un empleo referente a mi carrera, además, al sentir que no iba a tener de otra que tomar el trabajo de mesera en aquel pobre lugar, hace que me den ganas de estrujar a mi amiga, pero me contengo para no hacer una escena más vistosa.

— En serio, muchas gracias – hablo sonriendo lo más grande que puedo – no sabes cuánto te lo voy a agradecer toda mi vida.
— Tonta – dice Kay dándome un abrazo, el cual no tardo en corresponder.
— ¿Cuándo empiezo? – pregunto logrando que las dos nos echemos a reír.

Luego de la tormenta viene la calma, o al menos, así escuche la frase. Espero que sea verdad.

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Miércoles, bendito miércoles – positivamente hablando –.  
Al fin sentía que estaba alcanzando un punto medio en mi vida. Luego de un fatídico lunes en donde cada cosa sucedía en hilo, tomando primero el encuentro con Frank – al que no había llamado – y luego la confrontación con Louis, podía sentir que las cosas estaban saliendo más o menos bien a partir de ese día, o al menos eso quería pensar.
Puedo decir con seguridad, que la propuesta de Kay, hizo que “viera la luz”, finalmente al día siguiente, pude dar la colegiatura sin temor a que faltara dinero, así también, como gastar hasta la última moneda en los útiles de Will, quien al terminar de comprar todo, corrió donde Nana a enseñárselos. La mujer estaba mirándome con cierto orgullo y no pude no unirme a su pequeña fiesta con té verde.
Así que, luego de un día ajetreado, me encontraba enfrente del preescolar donde Will estudiaría. Su manita me estaba apretando con nervios a la vez que le sonreía para que se calmara un poco, no creo que él fuera el único nervioso en esa situación, puedo asegurar que mi corazón quiere salirse en cualquier momento.

— Oye, ¿Y si no me aceptan? – pregunta en voz baja tomando con fuerza su mochila.
— Claro que lo harán – me pongo en cuclillas para quedar a su altura – no te conté, pero una vez, yo llegue tarde al curso de mi preparatoria, y créeme, a todo mundo le interesan los alumnos nuevos – Will parece recomponerse un poco y sonríe.
— Bien – dice convencido a la vez que comienza a caminar.

Los nervios de mi pequeño comienzan a desaparecer a medida que va caminando a la puerta, donde sus ojos no tardan en encontrarse con Zach, con quien posiblemente, este hablando de los dibujos que coloreo con los lápices que le regalo el otro niño.

— El primer día ¿Eh? – distingo una voz a mi lado y asiento con una sonrisa – siempre es el más difícil.
— Will parece llevarlo bien – le contesto a Brooke quien niega divertida.
— Lo digo por las madres – las dos reímos y no puedo evitar darle la razón.

Y claro que tiene la razón.
Las dos comenzamos a caminar a paso lento mientras íbamos platicando sobre diversas cosas, ella me iba comentando que incluso sentía a Zayn al acecho, haciendo que volteara a ver a todos lados por si una escena similar a la del bar se llegaba a repetir, tenía una corazonada de que iba a suceder algo pero me obligue a tranquilizarme, estaba segura de que eran puras manías mías, así que ignoro todo y sigo hablando con Brooke.

— Creo que hasta aquí llegamos – dice con pesimismo.
— ¿A qué te…? – comienzo a preguntar, pero en cuanto veo a los hormonales adolescentes, me doy cuenta de a que se refiere.
— Si gustas te puedo acompañar a donde…
— No te preocupes – niega restando importancia – estoy cien por ciento convencida de que puedo llegar por mi cuenta – guiña un ojo y sacude su mano – le mandas saludos a Maggie y Colette – grita ya cuando está del otro lado de la calle.

Asiento y sacudo mi mano a modo de despedida, espero en la banqueta hasta que da la vuelta y comienzo a caminar a la escuela. Apenas doy un paso en el lugar cuando un jugador de futbol me intercepta de una forma bastante común entre los jóvenes, de golpe y sin que te den la oportunidad de correr, así de repente.

— Señora Liliana – tartamudea de forma enternecedora.
— Oh, no – chillo espantada - ¿Cuántos años crees que tengo? – pregunto haciéndome la ofendida.
— Treinta ¿Cierto? – pregunta confundido y yo siento como me cae algo a los hombros.
— Tan vieja me veo – susurro con pesar.
— Lo siento – se ríe provocando la risa de todos sus compañeros de equipo, quienes se reúnen de pronto – queríamos preguntarle…
— ¿Sabe lo que es un manager, o bueno, asistente de manager? – pregunta alguien del fondo.
— Sé lo que son – sonrió con sarcasmo – hace cuatro años lo experimente.
— No mienta – vuelve a decir el joven de enfrente, la piedra en mis hombros se hace más pesada.
— Bueno ya – digo más ofendida de lo que pretendo - ¿Qué necesitan?
— ¿Puede ser nuestra asistente? – tres jugadores de enfrente preguntan a la vez y tengo que ladear la cabeza para que se expliquen – usted es una de las pocas personas que le agradan a nuestro maestro, y que también nos agrada a nosotros – sonríe el que me intercepto.
— No creo que tenga tiempo – rasco mi nuca con nerviosismo – tengo dos empleos muchachos, no es como si…
— Por favor – dice el que parece ser el capitán – serían los fines de semana, puede llevar a Will.

Intento pensar en una excusa lo suficientemente buena para zafarme, pero los ojos de cachorro que estos mastodontes me están dando es increíble de ver, nunca había visto algo parecido y si estuviera en mi colegio en Francia, seguramente se habrían atacado de risa por lo que estaba viendo, es increíble.

— Okey, okey, dejen de poner esos ojos – todos sonríen como si acabaran de inventar la máquina del tiempo – solo si ustedes compran el helado en los partidos.
— Hecho – gritan a coro, dándome un abrazo grupal.

Todos salen corriendo a sus salones de clase y yo me quedo en medio de la plaza sintiendo que acabo de cometer otro error, pero ya no puedo dar marcha atrás, pronto siento como alguien llega a mi lado y palmea mi espalda.

— Eres popular entre los chicos – comenta Maggie sonriendo con cierta malicia.
— No es lo que crees – niego – es decir, ¿Cómo te puedes negar a una mirada de cachorro como esa?
— Tenemos que verificar tu radar de ternura – se ríe a carcajadas a las que pronto me le uno.

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Entre trabajo, más trabajo y vaya sorpresa, más trabajo; es que la semana finalmente se pasa volando. Llevando a Will al colegio, partir a la universidad para que Matt – el capitán del equipo – me escolte, literalmente, a mi sala de utensilios, luego reunirme brevemente con el entrenador para ver que necesitara en el partido. Terminando mi mañana, corro donde Kay para comenzar a con el trabajo del día. Hay ocasiones en las que me tengo que llevar trabajo a casa para repasar los apuntes que deje en el fondo de la maleta con la que llegue a Inglaterra.
Así que, después de tomar el ritmo de vida de la ciudad, estoy completamente tranquila tomando chocolate caliente en la noche de un martes mientras me cercioro de que todo esté en orden.
No es hasta que escucho sonar la puerta cuando me tengo que levantar, arrastro los pies por la alfombra y me acerco a abrir la puerta, pero me arrepiento en cuanto la abro y veo a Louis parado en el umbral con un ramo enorme de flores.
Él se percata de que abrí la puerta y de cómo la quiero cerrar, pero me lo impide poniendo su pie, haciendo que azote con más fuerza aun intentando que se cierre, pero en cuanto escucho un chillido de dolor de su parte, es cuando desisto. Vaya que me he vuelto muy blanda.

— ¿Vas a tardar en darme tu discurso? – pregunto con fastidio – tengo que terminar mi trabajo.
— Puedo esperar – dice con convicción a la vez que mueve el pie como si quisiera que reaccionara.
— Pasa – suspiro abriendo la puerta, no quiero desgastarme en la puerta, o hacer una escena para los chismosos de los vecinos – quítate los zapatos – literalmente ordeno tomando la delantera.
— ¿Por qué? – pregunta confundido – no estamos en Japón para…
— Acabo de limpiar la alfombra – explico masajeando mis sienes – por eso mismo también estoy en calcetines – fulmino con la mirada y obedece en dos segundos – iré por un jarrón de agua.

Veo las flores que lleva y puedo ser testigo de cómo Tomlinson sonríe aliviado de que al menos no vaya a tirar su presente, pero no me puedo desquitar con las pobres flores por culpa del pobre diablo que las compro, además lleva margaritas en abundancia, mis favoritas.
Coloco el florero en la estancia y me encamino a la cocina tomando asiento en un taburete, pero en cuanto veo a Louis parado en la puerta sin saber a dónde correr, me da la impresión de que esta por correr asustado o soltar lo que sea que vino a hacer.
Lo dejo un momento parado mientras sigo mi trabajo, pero su constante golpeteo en la alfombra hace que pierda la concentración. Cierro con fuerza la computadora que me había prestado Nana y suspiro. Señalo la silla que esta frente a mí y toma asiento con cautela.

— Dime lo que sea que vienes a decir, luego te vas – hablo con dureza, Louis traga en seco y carraspea.
— Lo siento – dice haciendo que me suelte riendo.
— ¿Es todo? – pregunto incrédula, pero niega y da una de esas sonrisas nerviosas de antes, los recuerdos me traen mucha nostalgia.
— Al principio, era como dijo mi madre en la subasta, cuando te conocí, ella señalo tu mesa y dijo algo de tu familia, que nos convenía tener tratos con alguien como Raymond, y como en ese tiempo, éramos los “herederos” me dijo que fuera, además de ser el único hombre – se detiene un segundo y sus ojos demuestran una completa sinceridad – cuando bailamos pensé algo como “bien, solo tendré que fingir un mes o dos en los que se cierra el trato”, pero luego te conocí por lo que realmente eres, me encontré con alguien totalmente diferente, eras amable y sincera, no te daba miedo decir la verdad, pero a la vez eras tan tímida – recuerdo los viejos momentos a su lado y me comienza a dar un pequeño dolor en el pecho – y cuando nos volvimos a encontrar en la preparatoria, pensé que ese era mi destino, dejo de importarme tantas cosas y me metí en muchos problemas, pero cada vez que veía como te reías de mis chistes malos y como me regañabas por pelearme…me di cuenta de que en efecto estaba con la persona correcta…
— Louis, por favor… - intento detenerlo, pero aun así continua.
— Luego de eso, cuando me fui, veía mi celular todas las noches, pensando si realmente me contestarías las llamadas, así que comencé a inundarte de correos por nuestras direcciones secretas – los dos reímos y puedo recordar los mensajes que nos enviábamos – te envié incontables correos y nunca contestaste, supongo que me lo merezco, pero ahora te veo y me pregunto qué paso en el tiempo en el que no estuve – levanta la mirada y puedo ver como se contiene – una vez fui a tu casa, y Deborah no me dejo poner un pie dentro…Ana fue la que me dijo que te fuiste…
— Si eso es lo que quieres saber…no puedo decírtelo – sonrió con el corazón hecho piedra, no es el momento de ser débil – no creo que lo asimiles tan rápido…
— ¿Por qué? Lily en serio, cualquier cosa me puedes…
— ¡Lily! – escucho gritar a Nana - ¡Ya llegamos!

No, no puede estar pasando, la función de las nueve no se pudo haber terminado, pero el reloj parece burlarse de mí al ver que pasan las once y treinta, tengo que tragar duro para soportar lo que está pasando.
Louis se gira hacia la puerta de la cocina que se abre de par en par, Nana entra con Will en los brazos con una sonrisa enorme, pero desaparece en cuanto ve a Louis sentado en un banco, debo de estar alterada al máximo por la cara que me da el castaño al ver la llegada de Nana, no pudo haber peor forma.

— Mami – habla un adormilado Will abriendo los ojos – Nana me compo mucho chocolate para mi comida de mañana – sonríe orgulloso y extiende sus manos hacia mí.
— ¿Qué? – escucho hablar a Louis y tomo en brazos a Will - ¿Estas…? – luego se detiene.

Louis se detiene a analizar a mi hijo, luego Will le devuelve la mirada medio dormido y los dos se quedan viendo, como si Will viera a su copia diecinueve años mayor, a la vez que Louis se observa de joven, puedo ver que hay cierto entendimiento en su mirada y el terror me comienza a invadir, quisiera pellizcarme para saber que lo que está ocurriendo es un mal sueño.  

— ¿Qué edad tiene? – pregunta con dificultad.
— Cuatro – logro contestar con mi voz temblorosa.

Puedo ver que en su cabeza hace los cálculos de la edad, y de pronto es como si se trasladara a aquella fiesta en donde ocurrió todo, los dos ebrios sin ningún tipo de cuidado, todo parece estar claro cuando me voltea a ver incrédulo haciendo que todo el aire en mis pulmones desaparezca, si sabe sumar al parecer.

— ¡¿Qué mierda pasa?! – grita finalmente haciendo que Will se aferre a mi totalmente despierto.
— Louis, asustas al niño – regaña Nana, pero el castaño está aún más alterado que yo, y eso es decir demasiado.
— Explícame – exige tirando su cabello, siento como Will comienza a temblar.
— Todo estará bien – susurro a mi pequeño - ¿Puedes esperar a que vaya a acostarlo? Mañana tiene clases – hablo con voz firme, cosa que se me hizo imposible.

Louis asiente repetidas veces y sale de la casa dando un portazo enorme, Nana y yo damos un salto del susto, Will me mira con interrogación en sus ojos y me obligo a darle una sonrisa. Camino por el pasillo de la casa y cuando torpemente encuentro la habitación de mi hijo, logro arroparlo con las manos temblorosas, no puedo contenerme demasiado.

— Mami, no vayas – pide Will con una mirada que me dan ganas de salir corriendo.
— Pronto vas a entender – susurro dándole un beso en la frente – me voy a encargar de él, ahora duerme y no pienses en eso ¿Vale? Yo lo arreglo – intento tranquilizarlo, pero ya no estoy tan convencida como al principio.

Doy vuelta y sonrío cuando cierro la puerta con cuidado. Luego, camino con determinación hasta la puerta de salida, en donde al otro lado, escucho como Louis prácticamente habla a gritos con alguien. Nana se encuentra en la puerta y me mira con cierta mezcla de culpabilidad y tristeza.

— ¿Estás segura? – pregunta mordiéndose los labios.
— Él quiere saber la verdad, se la diré – me encojo de hombros y abro la puerta – ve a ver si ya se calmó, por favor – pido de pronto recordando – estaba muy asustado – Nana asiente y desaparece corriendo.

Louis cuelga el teléfono y se recarga en su carro cruzando los brazos, su mirada puede atravesarme y decido plantarme firme, no es momento de flaquear.

— Es larga la historia – digo empezando, él solo asiente – ¿Recuerdas la fiesta? – Louis se puso tenso, claro que se acordaba – paso en esa fiesta, la combinación de nosotros dos, ebrios, no fue la mejor que pudimos idear – me abrace para forzarme a continuar – te fuiste al día siguiente, y tuve que continuar, pero un mes después, me entere que estaba embarazada, fingí unas semanas más para que pagaran mi universidad, sabía que iba a pasar – sonreí ligeramente – cuando me asegure de que el primer año estuviera liquidado, fue cuando le dije la verdad a Raymond, claro me echaron – Louis me voltea a ver por primera vez, pero odio su lástima – salí adelante, poco a poco, tuve que dejar la universidad por cuestiones de dinero, y por otros motivos, termine en Inglaterra, esa es la versión más corta que te puedo dar.
— ¿Por qué…? Mierda – se tironea el cabello intentando recuperar la postura - ¿Por qué no me contactaste? Sabes muy bien que no hubiera…
— ¿No nos hubieras dejado botados? Claro, te fuiste de un día para otro – reclamo con dolor en mi voz – además, mi madre hizo todo lo posible porque se olvidaran de mí, me quito mi teléfono y computadora para eliminar cualquier contacto.
— ¿Y no pudiste comprar otro? – cuestiona con una sonrisa sarcástica que me saca de quicio.
— Ni me paso por la cabeza – afirmo con tranquilidad – fue un tiempo duro, trabajaba y estudiaba para sacar a Will adelante, ¿Crees que me va a importar más un teléfono celular que la comida de mi hijo?

Estaba esperando que dijera cualquier cosa, un comentario más sobre el porqué no lo busque en todos esos años, pero de pronto se empieza a reír de la manera más cínica posible, estoy segura de que si no estuviera a oscuras, estaría roja en este momento del puro coraje.
Y esta vendría siendo la otra cara de este idiota, primero viene llorando y ahora se ríe de todo lo que le he contado. No sé quién es peor, si mi familia o él.

— No sé por qué me preocupo tanto – dice finalmente quitándose las lágrimas de la risa – tal vez, ni sea mío, quien lo sabría, solo porque tú lo afirmes no comprueba nada…
— ¿Qué estas queriendo decir? – pregunto avanzando a paso lento.
— En estos cuatro años, viviste en no sé dónde, con no se quien, porque me tengo que…

Su frase fue interrumpida cuando el golpe resonó claramente, estaba literalmente explotando, no podía más, no podía contener todo lo que sentía tras lo que escuche, no quería creer que este era el padre de mi hijo, Louis se había vuelto en un completo bastardo.

— Si vienes a decirme una zorra, es mejor que tomes tu maldita hombría lejos de aquí o te juro que no me voy a tragar ni un comentario más – murmure con los dientes apretados – no me interesa lo que pienses de mí, en absoluto, ¿Me escuchas? Pero si llegas a decirle algo como eso a Will te vas a arrepentir.
— No me estés amenazando – susurro por lo bajo.
— ¡Lárgate de aquí! – grito al punto de la histeria.
— ¡No me…!
— ¡Ya es suficiente! – escuchamos a alguien detrás de mí y me giro hacia Nana, quien esta apretando sus puños – están asustando al niño – advierte y un escalofrió me pasa por la espalda – creo que se han dicho mucho esta vez, Lily, ve a calmar a Will, está muy asustado – asiento y comienzo a caminar – y Louis, ve date una ducha fría y piensa bien lo que estás haciendo.

Me freno un momento y después continúo mi camino, no quiero que por estar en la presencia del castaño se me salgan las lágrimas de frustración que he contenido toda la noche, solo quiero acostarme a dormir y fingir que lo que acaba de pasar fue un mal sueño, una pesadilla.
Cuando llego al cuarto de Will, abro la puerta lentamente intentando no asustarlo, pero al abrir la puerta, me encuentro a mi pequeño abrazando la almohada mientras se tapa la cabeza con ella, costumbre que tiene cuando se asusta en las tormentas. Me siento tan culpable de lo que paso pero contengo mis emociones, no quiero asustarlo si me ve llorando.
Me adentro en el cuarto y tomo asiento a su lado en la cama intentando no despertarlo por si se durmió de golpe, pero en cuanto me siento, Will se recorre hasta quedarse pegado a mí.

— Mamá, ¿Él es mala pedsona? – pregunta ahogadamente por la almohada.
— Espero que no – sincero abrazándolo – solo discutimos un poco pero todo estará bien – acarició su cabello para que pronto se duerma y él también olvide esta noche – siempre me asegurare de que no te pase nada malo.

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Al día siguiente, me levanto mejor de lo que creí. Veo la hora en el reloj del cuarto y me doy cuenta de que me quede dormida en la habitación de Will, por fin siento como él está abrazando mi cintura e intento reuperar la conciencia de lo que pasa, hasta me da pena despertarlo para ir al colegio.
Me recargo en la pared pensando lo que haré seguido de lo ocurrido, me doy cuenta de que a veces las cosas pasan de forma sorpresiva y en este caso, hubiera deseado poder hablar el tema con los dos calmados, mi decisión de hablar con él, fue errónea.
La puerta se abre y Nana asoma su cabeza, una sonrisa se cruza en su rostro y se acerca a paso lento hasta donde está el pequeño para revolverle el pelo suavemente.

— Lily, me tengo que ir – susurra para no despertarlo - ¿Estarás bien?
— Si – asiento – no te preocupes, esto iba a suceder algún día.

Nana suspira y asiente con pesadez, luego me sonríe con calidez. Estoy segura de que si no fuera por esta mujer, las cosas su hubieran puesto peor en la noche, y no puedo estarle más agradecida por cuidar a Will cuando yo estaba con Louis, de lo contrario, el niño podía haber estado más asustado de lo que ya estaba.

— Por cierto – se detiene en la puerta – desde hace días que vi una de esas cámaras…polaroid – recuerda y chasquea los dedos – está en la sala e iba a preguntarte si era tuya…
— Claro – revuelvo mi cabello y sonrió – la foto – Nana parece no entender ni una palabra – le iba a tomar una foto a Will ahora que está en prescolar – explico y Nana asiente.

Cuando se despide y escucho la puerta cerrarse, me quedo estática por lo que parecen veinte minutos hasta que me levanto con pesadez y comienzo a caminar al baño, necesito una ducha fría para dejar de pensar en lo ocurrido, no tiene por qué afectarme tanto, o eso creo.
Pero en cuanto me meto a la ducha y el agua fría cae, ni eso me logra sacar de lo que estoy pensando, por lo que me rindo y salgo, no quiero que se nos haga más tarde de lo que ya vamos.

— Will – canturreo moviéndolo, lo que causa que se mueva un poco – hay panqueques – vuelvo a hablar en su oído y esta vez abre un ojo.
— ¿En serio? Mami tú no sabes cocinad…
— Es lo que piensas – contesto poniendo las manos en mis caderas – me van a quedar decentes, están las instrucciones en la caja – sonrió y Will se ríe, así está mucho mejor – alístate en lo que voy a cocinar – guiño un ojo y Will se levanta con pereza.

Tal vez, solo tal vez, soné arrogante al pensar que las instrucciones de la caja, lograrían que yo pudiera cocinar los mismoS panqueques que en la imagen que viene en el logo, pero creo que al final, termine haciendo hot cakes más que cualquier otra cosa, estoy segura de que esto me lo echara en cara mi hijo, un niño de cuatro años, burlándose de su madre, que el cielo me ampare cuando tenga diecisiete.

— Esos no son panqueques Didiana – regaña desde la puerta haciendo que de un salto del susto.
— Liliana – corrijo sonriendo – y prefiero mamá – Will se acerca y lo ayudo a tomar asiento en los taburetes de la cocina – además, se acabaron los ingredientes para hacer panqueques, así que termine haciendo hot cakes – miento mientras le sirvo un par en un  plato y se los pongo enfrente.
— Con chocolate – grita adelantándose a la pregunta.
— Y mermelada de fresa – completo sacando los ingredientes del refrigerador – que los dioses ayuden a tu maestra si te pones hiperactivo en plena clase – revuelvo su cabello con cariño.
— Ahora, rápido para ir a la escuela, vamos un poco retrasados.

Tomo una fruta de la despensa y comienzo a alistar mis cosas en lo que Will termina, para cuando lo haga, tendré que lavar su plato corriendo y salir disparados a la escuela. Cosa que hacemos cuando los cubiertos tocan el plato. Agarro mi cámara de la sala mesa de entrada y salimos corriendo.
Apenas llegamos a la hora de entrada del colegio y Will quiere salir corriendo más lo retengo.

— Didiana, mis clases – mi hijo el responsable, si claro.
— ¿Desde cuándo te gusta demasiado la escuela? – pregunto y Will se encoge de hombros – ahora, ponte ahí un segundo, quiero tomarte una foto…
— ¿Ya?
— Si – asiento sacando la cámara – sonríe – digo mientras mi pequeño hace su mejor mueca agarrando los tirantes de su mochila – bien, ahora despídete de mí, estaría triste si no lo haces.

Will se acerca hacia mí a lo que yo me pongo en cuclillas para que me dé un abrazo, por estos pequeños momentos, son los que sin duda, me hacen la semana completa.

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El día en sí fue tan pesado que apenas podía respirar, llegando a casa con Will, lo único que hice fue tirarme al sillón de la estancia donde estuve toda la tarde entre durmiendo y no. Al abrir los ojos me estiro lo más que puedo, solo pensaba en mi cama y en una noche sin estrés.
Pero al voltear a ver debajo de la mesa, mis ojos encuentran el papel que me dio Frank con su número y de pronto siento una clara vergüenza por no haberle llamado, pero recuerdo que no lo conozco y se va la sensación en un momento. Decido tomar el papel para marcar, realmente no tengo nada en mente en este instante como para decir que es mala idea, tal vez me explique lo que paso con mi familia, así como también quiero olvidar a cierto castaño que me ha rondado la cabeza todo el día.
Marco los números con las manos temblorosas y los cinco timbres que da el teléfono me suenan eternos, iba a colgar en el séptimo pero alguien contesta de pronto.

— ¿Diga? – pregunta una voz de mujer y maldigo a Frank sin saber porque si quiera.
— Disculpa, busco al señor…Frank – intento decir lo más diplomática que puedo, fallando en el intento.
— ¿Perdona?
— El señor Frank me dio su teléfono para que lo llamara – explico débilmente mientras me muerdo las uñas.
— ¿Quién eres?
— Liliana Fantini

La línea se queda en blanco y estoy casi segura de que en dos segundos me van a colgar, es el tipo de silencio incomodo cuando finges que preguntas algo para mandar al demonio al que está en la línea, una vez lo tuve que hacer con mi madre.

— Lo siento… - bingo.
— Espera – escucho al fondo de la línea y de pronto ya no es la mujer de antes, ahora es quien reconozco como el hombre que me dio su telefono para empezar - ¿Hola?
— No pude llamar – es lo único que soy capaz de decir, pero Frank ríe.
— No me digas – ahora sarcasmo – pensé que no lo harías…
— Si, bueno tuve problemas…familiares.
— ¿Todo bien con el pequeño? – pregunta haciendo que me sorprenda.
— Todo bien – asiento confundida – es más con el padre.
— Ya veo…
— ¿Y bien? – carraspeo con incomodidad – dijo que le llamara, ¿Para qué?
— ¿Cuándo puedes…reunirte conmigo?
— Fines de sema…domingo – me corrijo recordando que soy la afortunada asistente del equipo de soccer.
— Me viene de maravilla – siento que sonríe - ¿Dónde vives para poder ir a recogerte? Me facilitarías la vida.
— Mejor lo veo en el café del que iba saliendo, no quiero que me secuestren enfrente de la casa…
— Perfecto.

Tessa
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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Tessa el Miér 10 Ago 2016, 9:15 am


Capitulo 22
Segunda Parte

El día jueves, es en muchos sentidos, un alivio pero a la vez todo me ponía de nervios. Louis no se había aparecido ni llamado al día siguiente y sé muy bien que esas son malas noticias, ya que el castaño suele ser bastante impulsivo puedo asegurar que está pensando hacer algo en mi contra, lo puedo presentir.
Por eso mismo, me concentré en el trabajo en la escuela, pero ahora en la oficina con Kay, incluso los números parecen estar en las nubes junto conmigo, intento centrarme lo más que pueda e intento pensar, pero justo cuando estoy en mi momento de inspiración, llega la rubia y me da un golpe con una carpeta.

— ¿Por qué la agresión? – pregunto sobándome la frente, Kay solo se echa a reír.
— Tienes la misma cara que pone una persona a la que van a matar – comenta con una sonrisa.
— No es eso – niego estirando los brazos – suelo pensar demasiado.
— Bien, pues deja de pensar y acompáñame al supermercado – se cruza de brazos y yo me le quedo viendo.
— ¿En serio? – es lo único que puedo decir - ¿Pasa algo?
— No mucho – sonríe ahora más tensa – Maggie me dijo que probablemente Niall este al acecho en las tiendas, así que…que mejor tarde que pasarla con mi amiga que piensa…
— Puedo sentir el sarcasmo – canturreo mientras echo hacia atrás la silla.
— Por favor – pide con un puchero y cara de perro.
— Está bien, está bien – suspiro mientras me levanto – pero solo te aviso que para mañana no van a estar los archivos.

Antes de irnos, le doy una rápida llamada a Nana para que me cuide un momento más a Will, a veces me siento irresponsable con mi hijo, pero en esas ocasiones cuando lo dejo con Nana, parece divertirse demasiado, así que prefiero tragarme un poco la culpa, tal vez sean solo mis imaginaciones.
Ya en el carro de Kay, ella comienza a hablar de diversos temas, desde nuestros hijos hasta lo que va a comprar en el supermercado, me río por las caras que hace cuando ve alguien rubio por la calle, pero me niego a decirle de que me estoy riendo para que no me baje del auto.
Cuando llegamos al supermercado habitual, Kay se la pasa escondida detrás de mí y eso llama la atención de las personas que van saliendo de compras. Contengo una carcajada para no vernos más sospechosas, así como vamos, creo que piensan que estamos por asaltar a alguien.
Hago una lista mental de lo que necesitamos en casa y reviso el dinero que llevo en la cartera, en los últimos días Nana me había apoyado con la despensa, pero sigo firme en pagar mis cosas, no puedo darle más preocupaciones.
Cada quien toma una cesta de compra y recorremos los pasillos mientras hablamos de todo lo que se nos ocurre, aunque en gran parte de la conversación, trato de mantener la cabeza en ello, me niego a siempre pensar negativo, pero al parecer eso es más difícil en mi cabeza.

— ¿Y? – pregunta Kay de pronto, haciendo que levante la cabeza de mi envase de panqueques.
— Perdona, pero me perdí – sonrió incomoda, en cambio ella ladea la cabeza.
— ¿No vas a decir que te tienes en la cabeza? – la pregunta me deja aturdida e intento no hacer una mueca – Colette me llamo hace un rato, me dijo que andas perdida y que quiere saber qué ocurre.

Me paseo por el pasillo caminando y dando vueltas mientras sigo pensando que hacer a estas alturas, no puedo decirlo porque los recuerdos me llevan a esa noche y comienzo a temblar, es como si la volviera a repetir. Comienzo a alterarme mientras sigo el hilo de mis pensamientos acerca de que estará pensando Louis, algo que Kay comienza a entender.

— ¿Es acerca de Will? – niego ante su pregunta - ¿Pasa algo en el trabajo? – ahora ella también esta alterada y se me logra salir una risa nerviosa – Entonces…
— Louis – digo en voz apenas audible, pero ella comprende, de inmediato se pone pálida como yo.
— Él se dio…
— Si – asiento mientras me alboroto el pelo – se alteró demasiado, peleamos y Will lo escucho…
— ¿Y luego?
— Nana tuvo que salir a echar a Louis de la casa antes de que las cosas se pusieran peor – Kay voltea a otro lado y yo igual – se burló de mí, se soltó riendo, decía que Will no podría ser su hijo…
— Bastardo – murmura la rubia con evidente molestia.
— Te juro que planea algo – comento mordiéndome las uñas – él no medita tanto las cosas, sé que está preparando a los abogados o a medio mundo…
— Cálmate – me tranquiliza poniéndome las manos en los hombros – no importa que esté haciendo ese desgraciado, tienes nuestro apoyo – guiña un ojo y siento como un peso se me quita de encima, uno enorme – ahora, mañana no hagas planes, nos reuniremos cuando salgan de la escuela, Colette hizo un espacio ese día.

No puedo evitar reírme de su cara de perversión por las cosas que está pensando, de pronto me siento más ligera y la mirada de determinación de Kay hace que me estabilice lo suficiente para creer en lo que me dijo. Cuando salimos del mercado y por suerte no nos encontramos a su pesadilla, ponemos la radio a todo volumen y cantamos como dos viejas locas, tanto así, que en un semáforo en rojo, dos jóvenes que pasaron a nuestro lado se rieron de las muecas que hacíamos, a esas alturas, no nos importó nada de lo que estaba pasando, solo la radio y nuestras desafinadas voces.

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Ya por la noche, cuando termino de acomodar las cosas en la alacena y de arropar a Will en la cama es cuando me dejo pensar en todo libremente. Sigo rondando en lo que me dijo la rubia y me encuentro mejor de lo que pensaba, solo espero que el castaño no este maquinando algo en su mente, a veces Louis llegaba a ser tan manipulador que daba miedo, un día lo llegue a comparar con mi padrastro, y de pronto me entran náuseas, me tengo que quitar ese pensamiento de la cabeza como pueda.
Sigo pensando por media hora hasta que recuerdo lo que me dijo acerca de unos correos que mando a nuestras viejas direcciones de e-mail, de pronto me entra la curiosidad acerca de lo que puso en aquellas “cartas” y aunque sepa que no me conviene leerlas, de pronto me encuentro buscando la computadora de Nana a las doce de la noche cuando todos están dormidos.
Cuando logro encontrarla, me voy con cuidado a mi cuarto sin hacer ruido y cierro la puerta con seguro, no entiendo bien por qué lo hago, no estoy haciendo algo malo, estúpido tal vez, pero nada malo. Me siento en la cama y recargo mi espalda en la madera, conectando el cargador a la fuente de la luz e ingresar a internet.
Las direcciones de e-mail las habíamos creado cuando nuestros padres llegaron al punto de revisarnos los teléfonos celulares en busca de algo indecente, por lo que la idea de Louis fue increíble a la hora de tener más privacidad en nuestras conversaciones.
Entro a la dirección de correo con facilidad y me sorprende haber recordado a la perfección mi contraseña, sobre todo con la mente de pez dorado que tengo en los últimos días.
Apenas lo abro y puedo ver la bandeja de entrada, la cual está casi saturada, observo las fechas e incluso hay un correo más reciente, supongo que antes de volvernos a encontrar en aquel salón de clases.
Bajo hasta los primeros y veo la fecha de envió, justo cuando me echaron de casa. Sonrió para evitar que el recuerdo me queme y sigo con lo que estoy haciendo, por lo que abro el primero, empezando a leer lentamente.

“Dios mío, el clima aquí es horrible. Lily, no vengas a Londres, ahora mismo cuando escribo esto, está lloviendo como nunca has visto y puede que se corte la luz y me impida enviar este correo. No sé cuánto tiempo ha pasado…un mes…tal vez más…”

Cierro el mensaje y abro el siguiente, puedo ver como los siguientes correos comienzan a plagarse de una desesperación, incluso me entra la nostalgia al leerlos, recordando las fechas y pensando en lo que estaba haciendo ese día. Pero aun así sigo leyendo por mera curiosidad.

“Mi padre me acaba de llevar a unos de esos bailes, donde nos conocimos. Incluso el salón era igual y todo, me encanto poder recordar esos momentos, pero aun así, no estabas ahí. Quiero creer que estas en la universidad, estudiando como siempre lo hacías en bachillerato. Mi padre me dijo que puedo volver la siguiente semana a París, espero volver a verte.”

Dejo de lado la computadora sintiendo una terrible opresión en el pecho, según lo que me dijo Ana de aquella vez, fue que Louis se había plantado en mi casa sin poder creer que me había ido lejos, recuerdo haberlo buscado aquel día saliendo clases. Seguía siendo una estúpida chiquilla que solo se preocupaba por él, pero cuando Ana me dijo que el castaño había partido tras saber que no estaba, me derrumbe por una larga semana.
Y luego de eso, él no volvió a pisar Francia.
Me abrazo a mí misma un momento para serenarme y no hacer una locura como últimamente acostumbro, pero de pronto tomo la computadora y abro un nuevo mensaje para enviárselo, puede ser por medio electrónico la única manera en la que le pueda decir todo con lujo de detalles, y así lo hago.
Le cuento que paso cuando se fue, que ocurrió con mi familia, la vez que volvió y no pude encontrarme con él, las veces que en efecto lo intente contactar sin éxito, así también como el nacimiento de Will; una sonrisa se me forma con el recuerdo y pronto mis dedos comienzan a hablar por mí, omitiendo claramente lo sucedido con mi anterior compañera de cuarto.
Al terminar de escribir corrijo mil veces las cosas que puse y termino enviándolo sin si quiera pensar, a lo mejor mañana me arrepienta, pero ahora pude decirle – indirectamente – lo que en realidad paso.
Dejo la computadora en mi mesa de noche y abrazo a mi almohada como si fuera mi salvación, intentando dejar de pensar en las cosas que acabo de leer y en aquellas que escribí, existe la enorme posibilidad de que ese correo nunca lo lea, pero aun así, me guardo mis esperanzas al respecto.
En este momento, mi única salvación para mi imaginación salvaje, es dormir y tener un buen sueño.

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En la salida con las chicas, Will estaba con Nana en el cine, de nuevo; además de que sospecho que la mujer le da chocolate a menudo, puesto que la hiperactividad de Will aumento los últimos días. Salgo de casa y me dirijo al restaurante-bar que escogieron, supongo que ninguna se puede tomar unas copas de más aunque sea fin de semana, de lo contrario la cita hubiera sido más noche. Lástima, necesitaba unas copas en mi pobre cuerpo.
Supongo que después de lo ocurrido en el bar, en donde al final de la noche fue un divertido desastre, todas quieren espaciar nuestras salidas nocturnas como aquella vez. Aunque yo haya sido la persona que se estaba riendo de todo, pero aun así.
Apenas llego a la hora acordada y dentro del lugar, ya se encuentran Brooke y Kaylee, las saludo mientras tomo asiento enfrente de ellas. Al poco tiempo, llegan Maggie y Colette.
En un principio hablamos de cosas triviales en lo que llega la comida y nuestras bebidas por supuesto, luego las cosas se inclinaron más a otros temas de los cuales no dejo de reír como loca.

— Magg, dios deja de ver al pobre camarero de esa forma – regaña Brooke riéndose.
— Esta todo nervioso – opino inclinando mi vaso de cerveza – casi creo que le va a dar un ataque.
— Hablan como si estuvieran viejas – resta importancia la morena con un manotazo al aire - ¿Cuándo van a disfrutar la belleza de la vida? ¿A los sesenta?
— Claro que no – responde Brooke riendo.
— Solo a los ochenta, dicen – ríe Colette haciendo que todas se unan.
— Mucho menos – intervengo con una mueca fingiendo dolor.
— Hemos visto que después de todo no eres tan santa – codea Kay haciendo que la voltee a ver con un signo de interrogación en el rostro.
— Si, sobre todo con los más jóvenes – de pronto Maggie se ríe recordando algo - ¿Por qué no te vas por uno del equipo de soccer? Podrías salir con ese chico, el capitán – guiña un ojo y por mi parte me atraganto con la bebida.
— ¡¿Qué dices mujer?! – todas se carcajean al unísono – solo seré la asistente…además, no me gustan menores…y va en contra de las reglas de la escuela.
— Mi hermano se acostó con una de sus maestras, ya nada sorprende – comenta Colette haciendo que todas asientan con la cabeza como si estuvieran de acuerdo.

El resto de la tarde la pasamos riendo, no sabía exactamente los sentimientos de las demás, porque eso no se me da, pero esperaba que por un momento se olvidaran de los problemas que tenían con un buen rato en amigas, sin los padres de los niños taladrando la cabeza de cada una.
Los comensales del pobre lugar huían espantados al escuchar nuestras charlas secretas y otros simplemente nos veían mal, pero para esos momentos ya no nos importaba.
Y cuando Maggie y Colette me dejaron en mi casa, supe que la tarde se me había escurrido entre los dedos.
Por las miradas de las demás, me entro la sensación de que sabían porque había estado medio ausente los últimos dos días, y si Kay les ha dicho, esa rubia me ha quitado un peso de encima, no creo poder decirlo en voz alta de nueva cuenta, sería capaz de tener un ataque de pánico o algo parecido. Mis amigas se despiden con la mano y el auto desaparece dando la vuelta mientras yo me quedo un minuto más en la banqueta sintiendo el aire nocturno, tomo un profundo respiro y me encamino a lo que ahora es mi hogar.
Entrando me encuentro con Nana sentada en un sillón leyendo uno de sus libros, a su lado en el otro mueble, esta Will dormido con una frazada encima de él y no puedo evitar sonreír por la ternura que me da la escena.
Nana levanta la cabeza y me sonríe, pero alcanzo a distinguir que la sonrisa es un poco tensa, quiero creer que es por el cansancio de haberle pedido a Nana que cuidara de Will de nuevo.

— Lamento llegar tarde – susurro para no despertar a Will – el tiempo se me fue de las manos y…
— No te preocupes, me encanta cuidarlo – sonríe ampliamente – es un buen chico, estuvo viendo películas mientras esperaba tu regreso pero se quedó dormido a la tercera.
— ¿Qué pasa? – pregunto ahora volviendo a ver esa mueca torcida en el rostro de mi casera.
— Ve a arropar al niño, dijo que iba a volver a llamar en la noche – ladeo la cabeza a modo de preguntar y ella suspira – Louis.

Asiento sin muchas ganas por la llamada, pero tengo que afrontarlo, aunque las cosas han sucedido demasiado rápido, puedo sentir que es una buena señal, que Louis actué por su cuenta me da a decir que su familia no va a interceder, aun.
Acaricio el pelo de mi hijo con cariño, observo como está profundamente dormido y me da una terrible pena tenerlo que mover al estar tan tranquilo. Lo levanto con cuidado de no moverlo demasiado y comienzo a andar por el pasillo hasta su habitación, abro la puerta y odio el momento cuando esta chirría dándome a entender que mi misión sigilosa no ha sido un completo éxito, Will se remueve un poco y entreabre un ojo dándome una mirada somnolienta. Le doy mi mejor sonrisa dejándolo en la cama.

— Edtas mal Didiana – habla en un suspiro – llegad tarde – y de pronto se queda dormido otra vez.
— Eso lo diré yo cuando seas mayor – murmuro y lo dejo tranquilo.

Cierro la puerta cuidadosamente, intentando que de nuevo el chirrido se escuche un poco.
Cuando me encuentro en el pasillo sola, retumba el teléfono con dos timbres y escucho como Nana habla, me tenso de inmediato y espero a que pase algo, respiro profundamente antes de caminar a la sala de estar donde la mayor está hablando con alguien por teléfono, ella levanta la mirada hacia donde estoy y yo trato de sonreír para que no se preocupe, luego, me pasa la llamada y se va por el pasillo. Vuelvo a respirar intentando tranquilizarme y al fin pongo el teléfono en mi oído.

— ¿Liliana? – pregunta el castaño después de unos segundos.
— ¿Qué necesitas? – la garganta se me seca y tengo que carraspear para hablar bien.
— Tenemos que hablar – dice al fin.
— ¿Después de todo lo que dijiste? Claramente escuche como me decías zorra…
— No pongas palabras en mi boca.
— Y tú no tienes el derecho de cambiar la historia a tu conveniencia.
— Recibí tu correo – evade el tema luego de unos segundos en blanco, me quiero dar de golpes en la pared pero me contengo - ¿Todo eso…?
— Si, te lo mande con lujo de detalles – sonrío a pesar de que no me pueda ver – si para eso llamas…pierdes tu tiempo.
— Mañana hablemos, por favor – su voz se suaviza y eso me da a entender que está desesperado, Louis Tomlinson rindiéndose…es raro.
— Dime la dirección – pido bastante cansada como para pensar en un lugar.

Louis dicta la dirección de un café y me sorprendo al ver que no esta tan lejos del lugar donde tendrá lugar el partido amistoso del equipo de soccer – al cual tengo que ir, para mi desgracia – por lo que en cierto punto, me queda bastante accesible.

— Bien, mañana a las diez, adiós – me despido sin esperar respuesta y cuelgo.

Solo el cielo sabe lo que me depara mañana en ese lugar.

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Este día no puede ser más horrible.
Prácticamente me encontraba corriendo por las calles, ya que al dichoso despertador le dio por descomponerse, así que voy como veinte minutos tarde. Solo espero que el castaño no se ponga más irritante de lo que ya es últimamente, y ni yo tengo paciencia en este momento para aguantar ni un insulto más.
Will se había quedado dormido y Nana está en las mismas, supongo que mi salida de casa fue como una escapada, pero para mí buena suerte, tendré que regresarme más tarde por mi hijo para llevarlo al partido, me ha insistido tanto a lo largo de la semana que me da lástima que se lo pierda, solo espero que Nana le lea mi nota en el refrigerador y esté listo para cuando llegue.
Llego a tropezones al café e intento tranquilizar mi respiración antes de entrar, no quiero hacer una escena en semejante lugar. Tomo un poco más de valor y me preparo para entrar.
Dentro del café, en una esquina, ya se encuentra Louis con un semblante de pocos amigos, revisa su reloj una vez más y finalmente, me ve clavada al suelo en la entrada. Volver a verlo es como vivir los acontecimientos del martes. Aprieto los puños y avanzo a paso lento.
Me siento con toda la tranquilidad posible y luego él levanta la vista de su teléfono, me traen un café cargado y lo agradezco de todo corazón.

— ¿Estás bien? – pregunta de pronto haciendo que voltee a verlo sin entender – no tienes buena cara – explica.
— Es que estoy con la mejor persona del mundo – digo sarcástica, tampoco estoy de buen humor.
— No es como para que te pongas a la defensiva.
— Ya – corto con un suspiro – no dormí nada, ¿Contento?

Louis asiente pensativo a la vez que comienza a golpear los dedos en la mesa, cosa que me hace perder los estribos, más mantengo mi compostura, si dijera algo o diera un paso en falso, estoy casi convencida de que va a amenazarme con sus abogados de primera.

— ¿Me puedes…contar acerca de él? – tomo un largo trago de mi café y asiento lentamente.
— Sé lo que quieres – dejo a un lado mi taza y coloco mis codos en la mesa, mi madre hubiera hecho un alboroto por eso – pero no te tengo confianza aún.
— No me puedes negar…
— Y yo no te estoy pidiendo que te hagas cargo de nada, hiciste una escena el otro día sin que te haya dicho una palabra – sonrío como puedo a pesar de la tensión – la palabra impulsivo te calza a la perfección.
— Pero, si todo es cierto…entonces no puedo estar tranquilo sabiendo que mi hijo esta tan cerca…
— Puedes quedarte tranquilo – mi voz cambia y es completamente fría, Louis nota el cambio por la expresión que hace – yo he sido padre y madre para mi hijo, así que no es necesario que lo hagas.
— Por favor – susurra con desesperación.

Me echo hacia atrás en la silla y comienzo a considerar sus palabras, así también como las posibilidades de que todo salga mal, nunca había tenido tanta desconfianza en la vida. Pero por otro lado, estaba Will. Sabía lo triste que se ponía cuando lo recogía del prescolar y veía a Benja y Noah irse con sus padres, cuando Zach le hablaba de Zayn o cuando Lux y James le mostraron la foto de su padre. Todos ellos los conocían, tal vez Lux y James en persona aún no, pero sentía la pregunta en la punta de la lengua de Will, lo presentía. Porque no me lo ha dicho, no lo sé.

— Hace unos meses, cuando estábamos en Francia – empiezo a hablar, llamando la atención de Louis – él entro a su primer preescolar en aquella ciudad, y fue la primera vez que me pregunto por su padre – recuerdo como me lo había preguntado con ojos brillantes, y como estos se apagaron por mi respuesta – le dije que estaba en un viaje por el mundo de negocios, tal vez no mentí.
— ¿Por qué no me contactaste? – la desesperación suena en su voz y yo suelto una risa seca por su repetitiva pregunta.
— No era condenadamente fácil – me detengo y tomo más aire – aún sin estar en la casa de mi familia, seguían vigilando que no hiciera un escándalo, ¿Crees que me dejarían contactarte? Y si me hubieran dejado ¿Cómo?

Los dos nos detenemos en plena discusión, yo sé que estuve mal y tal vez fui una inútil por no haber hecho lo posible para hablar con él, por Will, no por mí, pero en ese momento no sabía cómo iba a reaccionar, éramos jóvenes, un bebé no estaba en los planes de los dos.
Al paso de dos minutos suspiro derrotada y asiento para mí.

— Creo que lo sabes, pero se llama William, tú sabes bien que no es por ti…
— Es porque así le querías poner a tu primer hijo – sonríe con nostalgia y tengo que sacudir la cabeza para evitar golpearlo por sacar el pasado.
— Está en prescolar y adora con su vida pintar…aunque el soccer lo ve como si fuera lo mejor del mundo – Louis muestra su sonrisa orgullosa y me veo comparándolos – nació el 21 de Julio, ama el helado y si fuera por él, comería los dos litros él solo, su sabor favorito es el de oreo, el chocolate le provoca hiperactividad, es alérgico a las almendras…

Sigo hablando por un largo rato hasta que me pierdo en lo que estoy diciendo, puedo observar como Louis está tomando notas mentales en su pequeño cerebro, como si se quisiera grabar lo que estoy diciendo en este momento.
No me sorprendería que ellos dos congeniaran de inmediato, pero es demasiado duro decirle aun y de golpe, supongo que tras lo sucedido el martes, todo se complica. ¿Cómo decirle a tu hijo que el hombre que lo asusto el otro día es su padre? Se espantaría o rechazaría al castaño, y aunque la segunda suena tentadora, quiero llevar la fiesta en paz.
Mi alarma suena de pronto y me detengo en media oración. Louis no entiende nada y comienzo a guardar mis cosas, tendré que correr de nueva cuenta.

— Me tengo que ir – suspiro pesadamente – tengo un compromiso.

Me levanto dejando el dinero por mi café y hago el intento de irme, pero Louis me detiene agarrando mi mano con delicadeza. Giro mi cabeza solo para encontrármelo con esa mirada que me deja saber que quiere más información, pero no quiero ni tengo tiempo para decirle más.

— Tengo que ir a un partido de soccer – explico rápido – soy la asistente y le prometí a Will que iría por él para verlo juntos.
— Te llevo – suena convencido y yo no puedo evitar sorprenderme.
— Ni te atrevas a…
— Vamos, Lily, iremos a ver un partido con Will.
— Detente ahí – contesto tajante haciendo que se ponga a la defensiva por igual – Will te tiene miedo por lo del martes, no es prudente.
— Bueno – se rasca la nuca y deja el dinero de ambos en la mesa, devolviéndome el mío – en ese caso, tengo que ofrecerle una disculpa – sonríe con confianza.

Y antes de que pueda volver a oponerme con mil objeciones en mi cabeza, Louis comienza a caminar hacia la salida solo, esperándome en la puerta con esa sonrisa suya de autoconfianza. Maldito bastardo.
Louis estaciona su auto enfrente de la casa y suelto todo el aire que he estado conteniendo en el viaje, veo la hora en el viejo celular que tengo y me doy cuenta de que estoy mucho más temprano de lo que planeaba, detengo mi mano en la manija del carro y me giro a verlo. Louis golpea el volante con sus dedos repetidamente y sé muy bien que quiere preguntar o decir algo.

― ¿Algo más? – me fuerzo a hablar, atrayendo su atención.
― Sé que es pedir demasiado, pero… ¿Puedo ir al partido? Por favor.
― Te dije que no estuvieras forzando nada…
― Me voy en cuanto termine, no tengo la intención de decirle, si quieres que vayan las cosas lento, lo respeto, es lo menos que puedo hacer luego de lo que paso.
― Bien – suspiro abriendo la puerta – solo a ratos.

Él asiente con ganas y se queda quieto en el asiento, luego me le quedo viendo como si estuviera loco, primero pide tiempo con Will y ahora se queda en el auto, este tipo es un caso, y si bien quisiera mandarlo a volar en este momento porque me está quitando tiempo con mi pequeño, no puedo hacer nada ahora. Suspiro mientras me sobo mis sienes y me agacho por la ventanilla abierta, él me voltea a ver confundido y nos quedamos un momento viéndonos con firmeza.

― ¿No vas a pasar? – levanto una ceja y él empalidece.
― Eh, claro – asiente torpemente y quita las llaves del carro para después salir.

Los dos caminamos por el sendero que lleva a la casa y me detengo un momento pensando en lo que no debería de decir, tal vez le debería de advertir que Will es extremadamente tímido, o que no le tiene confianza en absoluto pero me contengo al ver la emoción clara en sus ojos.
Abro la puerta y tiro la llaves en la mesita de entrada y dejo mi celular y la bolsa en la silla continua, luego Nana se asoma por la cocina mientras está horneando algo, la casa está impregnada de un dulce aroma y eso basta para hacerme sonreír; pero la mirada de Nana me hace volver a caer en la realidad, yo niego con la cabeza para darle a entender que luego le cuento lo que estuve haciendo.

― ¿Está listo? – pregunto a Nana caminando por el pasillo.
― Aún no – contesta con recelo viendo al castaño – esta cambiándose.
― Bien – asiento sentándome en un banco.

Comienzo a comer una manzana del frutero de la mesa y veo que Louis debe de seguir parado en medio del pasillo, nunca pensé que estuviera de esa forma como para que le dijera como niño chiquito que me siguiera. Me levanto demala gana y me asomo por el pasillo, pero el castaño no está en él. Un pensamiento cruza mi cabeza y por un momento pienso que pudo haber salido corriendo, pero al asomarme en la sala de estar, Louis esta embobado viendo las fotos que hace poco Nana puso en los cuadros.

― Nana los puso – comento sentándome en el sillón – dijo que si iba a estar aquí, debía de tener un toque hogareño, para Will y para mí – sonrió un poco y observo como él asiente con la cabeza distraído.

Me adelanto un poco y comienzo a ver las fotos de Will de pequeño, a veces salía yo, otras simplemente se mostraba a mi pequeño, y la más reciente estaba en marco, Will con su mochila en su primer día de clases.
Veo una emoción palpable en los ojos azulinos del chico y suelto un suspiro.

― Aquí tiene…cuatro meses – comento señalando la primera a la izquierda, su mirada sigue a mi dedo y sonríe – fue un parto difícil, pero salió todo bien – un escalofrío pasa por mi espalda y me sereno en un instante.
― ¿Esta? – pregunta un segundo después.
― Es de cuando comenzó a caminar – sonrió con emoción y sin poder evitarlo continuo con las fotos – allí cuando dijo su primera palabra, y aquí cuando tiene dos años y medio.
― Me he perdido de tantas cosas – intento no decirle lo que verdaderamente pienso pero lo dejo estar un momento.
― No fue tu culpa – me fuerzo a decir – pasaron muchas cosas…
― Supongo – suspira.
― ¡Didiana! – escucho el chillido de mi hijo y aparece por la puerta abrazando mis piernas.
― Hey, no me digas así – me cruzo de brazos y finjo enojo.
― Mamá – murmura aguantando una risa.
― Mucho mejor – me agacho un momento y lo subo a mis brazos, sus pequeños bracitos se aferran a mi cuello y se ríe – dejaré de darte tanto helado, chiquillo – comento con una sonrisa.
― Edes cruel – entrecierra lo ojos y yo le saco la lengua – mami, ¿Podque esta él aquí? – susurra en mi oído al ver la presencia de Louis detrás de mí.
― No seas descortés – le revuelvo el pelo – él es Louis Tomlinson – lo presentó y Louis parece estar en su mundo con la mirada fija en Will – él nos llevara al partido.

Bajo a Will un momento y mi hijo se cruza de brazos mientras sigue inspeccionando al castaño, quien no le quita la mirada de encima, hasta que yo codeo al mayor y parece salir de su estado de trance, luego se pone en cuclillas para extender su brazo con el puño cerrado.

― Me quiero disculpar por lo del otro día – sonríe Louis mientras ve como Will abre los ojos – no era mi intención – termina por decir y yo sonrió al ver como Will deja su postura a la defensiva.
― ¿Sincedamente?
― Sinceramente – asiente Louis con firmeza.
― Aun no me agadas, pero estará bien – choca su pequeño puño con el mayor y los dos se quedan así un segundo sonriendo, una escena que me da una ternura enorme.

Camino lentamente a la cocina donde esta Nana, escuchando únicamente como hablan de futbol y como Louis le da algunos consejos acerca de eso, no puedo imaginar que el rencor que tiene Will en este momento le vaya a durar demasiado, mi hijo es la persona más olvidadiza del mundo.
Preparo algunas meriendas mientras los dos siguen hablando en la cocina, escucho como Will ríe y eso me hace sonreír, tal vez las cosas no vayan a ser tan difíciles después de todo.

― William, si voy a tu cuarto y aún no está recogido, no vas a ir – hablo por el pasillo escuchando como Will salta del sillón y corre hasta su cuarto.
― ¿Estarás bien? – pregunta Nana cuando termino de meter todas los aperitivos en una bolsa.
― Si, supongo – me encojo de hombros y doy mi mejor sonrisa – espero estar en casa dentro de unas horas.

La mayor asiente y se acerca al horno donde está su pastel, tomo la bolsa de las aguas que Nana compro para el equipo con el dinero que le di el otro día, llego a la sala en donde Louis esta entretenido con su celular. Levanta la mirada en cuanto me ve parada en la puerta y se acerca a ayudarme con la pesada bolsa de las aguas.

― Se parece tanto a ti – comenta en voz baja.
― Pero tiene tantas mañas tuyas – respondo evadiendo su mirada – supongo que muchas veces los niños salen más a sus padres – recuerdo a los niños de las chicas y sonrió inconscientemente.  
― Supones – susurra.

Estaba a punto de contestarle cuando entra Will corriendo, y es así como emprendemos el viaje los tres. Al principio estaba segura de que estar en el mismo auto, los tres, iba a ser una de esas escenas de película tan tensas pero luego de un segundo, los dos comienzan a hablar en contra mía como si no estuviera presente, aunque más bien, las cosas que dicen me hacen reír lejos de cualquier otra cosa.
Cuando llegamos a la cancha donde se va a celebrar el partido, le doy al castaño la bolsa de las meriendas pero insiste en llevar las aguas hasta donde se encuentra el entrenador y los jugadores, creo que todo eso más bien lo hace por el misterioso orgullo o ego que tienen los hombres, a veces siento que me van a salir arrugas de solo intentar comprenderlos.
Llegamos a donde están todos y los jugadores hacen un abrazo grupal porque pensaron que no iba a asistir al partido, cosa que hace que ruede los ojos por las divertidas reacciones que tienen. El entrenador y Louis se dan la mano y ambos se quedan viendo como si quisieran probar algo. Intervengo en la escena antes de que las cosas se pongan más incomodas y al cabo de unos cuantos minutos, comienza el partido amistoso.
La mayoría del tiempo, la pasamos escuchando como los mismos jugadores se comienzan a frustrar por sus jugadas, y como Louis y Will hablan en voz baja acerca de lo que están viendo, les lanzó miradas furtivas de vez en cuando pero me concentro en lo que está pasando con los muchachos.
Matt – el capitán – se sienta a mi lado en el descanso y puedo escuchar la voz de Maggie diciéndome aquello acerca de darme una oportunidad, quiero reírme por lo que me había dicho pero me contengo, más un color rojo adorna mi rostro como si fuera otra cosa.
Al término de la tarde, cuando Louis nos deja en la casa de Nana, los tres estamos tan cansados y por mi parte estoy tan adolorida de todo el cuerpo por haber ido de un lugar a otro, que lo único que alcanzo a pensar coherentemente es en un baño caliente.

― Oye, Didiana – habla Will jalándome la blusa para que le preste atención.

Me giro y me agacho para que me pueda hablar, su mano no suelta mi blusa y sus ojos muestran esa carita que tiene cuando va a pedir algo, lo que me hace ir conectando puntos, se exactamente que quiere.

― ¿Mañana puede venid Louis? – me ve con esos ojos de cachorro y yo veo directamente al castaño que aún está en el coche.
― Mañana no estaré en casa pequeño – sonrió recordando la pequeña cita al centro comercial para ir a la cena con Frank – y recuerda que tienes que ayudarle a Nana con los biscochos, se lo prometiste.
― Pero… - sus ojos viajan de un lado a otro – terminando los biscochos – divaga un momento y luego me vuelve a jalar la camisa – por favor.
― ¿Cuándo puedes mañana? – pregunto al castaño que me mira con cierta esperanza desde el carro.
― Cuando sea.
― De tres a siete – propongo viendo a los dos, parece que Will es el mayor en este caso – en lo que voy al centro comercial, vuelvo y me alisto, es el único momento que les doy.
― Si – chilla mi hijo saltando emocionado, luego agita su mano a Louis y desaparece corriendo detrás de la puerta, seguro que le va a decir las nuevas a Nana.

Me quedo parada un momento en el sendero de la casa y sacudo la cabeza mientras me rasco la nuca.

― ¿Lo llevaremos tranquilo? Eso dijiste te quiero recordar – murmuro en voz queda para que me pueda escuchar.
― Lo sé – asiente con nerviosismo – solo que se me salió y…
― No quiero excusas – niego con firmeza – no quiero más deslices – advierto dándome la vuelta sin decirle nada, estoy tan cansada que no puedo pelear ahora con él.
― Hasta mañana – grita en cuanto abro la puerta.
― Sí, claro – agito mi mano en modo de despedida y cierro la puerta a mis espaldas.

Al paso que van esos dos, Louis será el mejor amigo de mi pequeño, y no sé exactamente qué impacto va a tener la noticia cuando Will lo sepa. Sacudo la cabeza para quitarme la idea de encima y camino directo al baño para mi ducha caliente.

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― Entonces, tendrás un mal invitado en la tarde – comento Anna por teléfono.

Luego de una nueva escapada de la menor, al fin pude hablar con mi hermana, tenía tantas cosas que contarle que no supe por dónde empezar cuando recibí su llamada, luego de eso, he hablado por horas como loca mientras camino por todo el centro comercial, espero no estarle quitando demasiado tiempo de su día.
Al parecer mí huida de Francia ha pasado desapercibida según lo que me dijo Analisse, pero por el momento no doy el canto de victoria, quien sabe qué dirán si se entera el abuelo de que me fui de la miseria a la que me dejaron morir.

― Estoy completamente segura de que fue Louis el de la idea, digo, Will lo acababa de conocer, y aun ni me pide que vaya uno de sus amigos del preescolar a casa – camino a la caja y pago el vestido salmón que más me ha gustado, y que tiene descuento.
― No estarás molesta, más bien, porque el castaño este cerca – su tono es el que usualmente utiliza cuando le cuento de alguien, ruedo los ojos con una sonrisa.
― No, claro que no. Es solo que nada de esto me da una buena espina, sabes, tengo un tipo de sexto sentido.
― Deberías de darle una oportunidad – aconseja – a fin de cuentas, es el padre del niño…
― Si, supongo.

Luego de otra media hora hablando, tomo un taxi para irme a casa más temprano y prepararme, por el fondo de la llamada, puedo escuchar que le hablan a mi hermana y con cierta tristeza cuelgo el teléfono. Siempre diciéndome que si fuera por ella, vendría a visitarme, creo que de todo lo que deje atrás, ella es a la que más añoro.
Llegó a la casa justo al mismo tiempo que llega Louis, nos quedamos en la acera parados viéndonos confundidos, reviso el celular para ver la hora y me encuentro con a la hora que le dije el día anterior para que fuera, lo puntual ante todo.
Suspiro pesadamente y me adelanto a abrir la puerta, dejándola abierta para que entre el castaño.

― Will, ya llego Louis – grito dejando las llaves en la mesa de entrada y caminando por el pasillo en rumbo a mi habitación.
― ¡Voy! – grita asomando la cabeza de la cocina, está lleno de harina y de inmediato sé lo que estuvo haciendo con Nana.
― ¿Qué planes tienen? – intento sonar suave cuando le hablo a Louis, pero esto sale forzado al encontrarnos solo los dos en la sala de estar.
― ¿Jugar a la pelota en el jardín? – lo dice a modo de pregunta y yo entrecierro los ojos – tengo una en el carro – se adelanta a decir.
― Ten cuidado – advierto suavemente y él asiente.

Cuando llega Will corriendo, saluda al mayor y los dos salen al jardín, mi pequeño dando saltitos de alegría siguiendo a Louis tal cual cachorrito. Sonrió en cuanto se cierra la puerta de entrada y me adelanto a la cocina en donde está Nana sacando las bandejas de biscochos.

― ¿Todo bien? – pregunto – no se quemo nada, ¿Cierto?
― Claro que no – se ríe Nana – les falto azúcar – me susurra como confidente y no puedo evitar negar con cierta diversión.
― No le vayas a decir – canturreo mientras llego a mi cuarto.

Dentro de mi espacio privado, pongo todo mi empeño en alistar mis cosas y poder estar lista lo más rápido que pueda, siempre tardo tanto en poner todo en orden que se me termina por hacer tarde. Siempre.
Me voy corriendo al baño y entro antes de que cualquier persona – Louis – se le ocurra entrar a la casa con una pésima excusa. Pero, una hora después, luego de un baño relajante me doy cuenta de una pésima metida de pata, la ropa está en mi cuarto, y lo único que me separa de que nadie me vea en la toalla como barrera, son como diez metros del pasillo.
Salgo del baño con precaución y piso cuidadosamente, dado que esa parte de la casa no tiene alfombra y soy presa de caerme como nunca lo he hecho en mi vida.

― ¿Nana tienes una…? – escucho una pregunta dando vuelta por el pasillo, justo por donde esta mi cuarto.
― ¡Detente ahí! – chillo mientras me pego a la pared.
― ¿Lily? – su voz se muestra confundida y oigo como da dos pasos.
― Vete por donde viniste – en este punto de la vida, me encuentro histérica – juro que si me ves en este estado, te arrancaré los ojos, no bromeo – advierto pero él se lo toma a juego.
― Bien, bien – noto en su voz la diversión – de igual forma, iba a la cocina…
― Pues te equivocaste de sitio.

Vagamente escucho como se va caminando por el pasillo y luego el sonido desaparece. Suspiro pesadamente y me encamino con un poco más de confianza ahora que el idiota se fue.
Estoy a punto de abrir la puerta cuando de reojo veo que Louis está en la esquina del pasillo, los dos nos quedamos viendo y estoy a nada de correr a golpearlo, creo que se lo merece. Pero supongo que leyó mis intenciones en mis ojos y sale corriendo como niño pequeño. Juro que lo voy a matar, no hoy, no mañana, pero lo haré.
Entro a mi habitación dando tremendo portazo e intento serenarme para que no se me haga tarde. Cuando me doy cuenta, tengo que salir de casa en treinta minutos, apenas con tiempo para llegar al café en donde me encontré por primera vez con Frank, lo bueno es que queda solamente a unas cuantas cuadras de la casa, así que llegaré con tiempo.
Acomodo mi cabello por última vez y doy una vuelta en el espejo de cuerpo completo, supongo que está bien, después de todo, Frank insistió en uno de esos restaurantes caros, y si fuera por mí, llevaría mis jeans sencillos y una blusa de todos los días, aunque seguro destacaría, y no precisamente por bien vestida.
Salgo de mi cuarto mientras calo mis tacones, tanto arreglo e incluso el vestido me recuerda a los viejos tiempos, cuando salía a los bailes o fiestas donde invitaban a la familia.

― Nana, ya me tengo que ir – anunció asomando mi cabeza por la cocina – o mejor dicho, todos.

Louis y Will están igual en la cocina comiendo los biscochos que preparo mi casera. Rose gira la cabeza y sonríe mientras comienza a decirme algo del vestido, luego siento como Will llega y se para enfrente de mí como si estuviera estudiando mi vestimenta, en cambio, Louis ni pestañea, los hombres son la cosa más rara del mundo.

― No me gusta – habla Will – las mamás deben de utilizad vestidos hasta los tobillos – por su tono de voz, siento que lo dice enserio.
― Solo tengo veintiuno – comento con fingida sorpresa – déjame disfrutar la juventud.
― Pod esta vez te lo paso – guiña un ojo y yo le revuelvo el pelo.
― Te bañas luego pulguita.

Me despido de todos y comienzo a caminar hacia la salida, más escucho como Louis por igual se despide del pequeño y de Nana por igual, al cabo de un segundo, estamos los dos en la banqueta, aunque yo hago el ademán de seguir caminando.

― Lily, eh, no sé – se pasa una mano por la cabeza nervioso - ¿No quieres que te lleve a donde sea que vas? Es muy peligroso que andes sola a esta hora…
― No, gracias – rechazo sin ninguna emoción en la voz – está muy cerca.
― No me digas que estar cerca de mí te enoja – ladea la cabeza confundido y yo suelto un largo suspiro.
― Bien – accedo al fin porque se que va a insistir – solo porque no quiero caminar en tacones.

Louis parece conforme y me abre la puerta del copiloto. Por su mirada, solo espero que no se esté haciendo ilusiones de algo que no es, una cosa es que le dé tiempo con mi pequeño, otra cosa soy yo.
Le digo la dirección del café y maneja de manera lenta por las calles, casi creo que yo habría llegado más rápido. Se detiene en un semáforo en rojo y comienza su golpeteo en el volante, cosa que he aprendido que hace cuando está nervioso, no recuerdo que antes tuviera esa maña.

― ¿Qué piensas? – pregunto porque es obvio que la radio no disipa la tensión.
― Eh, nada en especial – niega, pero yo me le quedo viendo.
― En serio.
― Si – asiente.
― Bien…
― ¿Vas a cenar con alguien? – finalmente pregunta.
― Si, alguien que conocí en ese lugar – respondo mientras reviso que si traiga mi celular y el diario, que viene siendo lo más importante de la noche.
― ¿Una cita? – las palabras parece que le raspan la garganta y yo me contengo para no reírme en su cara.
― No específicamente – Louis parece relajarse – es más…una cita de conocidos, él me dobla la edad fácil.
― ¿Qué? – Louis comienza a toser a la vez que se estaciona en el café.
― Fue un gusto hablar contigo – sonrió lo más grande que puedo y salgo del carro cerrando la puerta con cuidado.
― ¡Lily! – grita mientras sigue tosiendo.

Camino por la acera y de pronto dos hombres se bajan de la camioneta de enfrente, por la puerta veo que sale Frank con su sonrisa sarcástica, tal cual como lo conocí. Se hace a un lado para que pueda entrar al auto y yo lo hago con las piernas un tanto temblorosas. Al voltear atrás, puedo ver como el castaño me ve incrédulo a la vez que intenta descifrar quien es mi “cita”.
La puerta del auto se cierra y lentamente comienza a andar.

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La cena se ha pasado en medio de charlas incomodas y palabras forzadas, está claro que ninguno de los dos sabe cómo hablar con él otro, más yo que me siento fuera de lugar. Nos quedamos bebiendo de la copa de vino y Frank carraspea para disipar la tensión creciente. Los dos estamos fuera de lugar, mejor dicho.

― Y… ¿Cómo está la familia? – inquiere con curiosidad.
― Perdón por la palabra, pero sigue siendo una mierda como siempre – sincero moviendo el vino por toda la copa.

Frank parece atragantarse con la bebida por la confesión e intenta que su risa no escandalice el ambiente tan “sereno” del restaurante. Una vieja detrás, que esta como a cinco metros, me voltea a ver con reproche por la palabra pero hago como si no me importara, aquí ya no tengo que seguir la etiqueta de nadie.

― No esperaba tanta honestidad – comenta con más compostura - ¿Raymond?
― Si, bien – me encojo de hombros – él fue el que me echo de casa.
― Tan estricto como siempre – sonríe con sarcasmo – supongo que sigue diciendo algo como “la imagen que da la familia lo es todo” – hace comillas aéreas y los dos reímos.
― Así es, no sé cómo le va a mi hermana…
― Deborah tuvo otra hija – habla más para él que para mí, pero aún así termino asintiendo.
― Analisse – le doy un sorbo a la copa – la legítima de la familia.

Frank se remueve en su asiento y parece ligeramente incomodo, busco en mi bolso hasta encontrar con el pequeño diario que me traje con mi equipaje, sabía que para este momento me iba a servir, luego de una búsqueda insignificante hace dos años, no sé bien porque no pensé en ello en cuanto conocí a Frank.

― Si bueno – resto importancia con la mano y saco el diario dejándolo en la mesa – Deborah me dijo la verdad cuando tenía edad, o cuando la saque de los cabales…
― ¿Sobre lo de tu padre? – de pronto se intereso y yo asentí.
― Todo, me dijo el apellido, yo investigue el nombre en una computador en la facultad, me sorprendí cuando lo encontré – Frank le da un largo trago al vino y pide más al mesero.
― Sé lo difícil que ha de ser – comenta viendo como hipnotizado el vino – tengo una hija que no conozco, Deborah…tengo que verlo con ella, por eso tengo asuntos con tu familia.
― No creo que sea necesario – intervengo lanzándole el diario – Frank Aubriot – sonrió y él levanta la mirada con cierta confusión.

Los dos nos quedamos viendo como si estudiáramos al otro. Luego de haberle hablado el otro día, había corrido a mi maleta y leí toda mi investigación exhaustiva que hice en internet, no tarde tanto en dar con él, teniendo tremendo cargo que representar en Inglaterra. Fue en ese momento, que uní las piezas del rompecabezas y supe que estaba pasando, ahora que lo veo de frente, es como si estuviera soñando, como si aquellos sueños de pequeña, se estuvieran materializando enfrente de mí, todo eso que Deborah me prohibió.  

― Supongo que no es el mejor reencuentro familiar – comenta más tranquilo, sus ojos están brillosos y esta vez sonríe con confianza, sin una pizca de sarcasmo.
― No, no lo es – intento contener las lágrimas que nublan mi vista, suficiente he llorado en la semana – tienes mucho que contarme, papá.

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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Ariel. el Jue 11 Ago 2016, 8:40 pm

Al finnnn
Me pondre a leer

Ariel.
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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Megara. el Jue 18 Ago 2016, 6:52 am

TEEEEEPHHH, NO LO PUEDO CREER
NO SABÍA QUE LILIANA ERA ADOPTADA Y JODER, LO QUE LE HIZO SU FAMILIA ahora quiero ver correr sangre
Pero en serio, nO ESPERÉ NADA DE ESO. Sabía que la habían sacado de casa, pero no nada del lío de Louis y todo me enoja y me pone triste a la vez

Amé demasiado tu capitulo mujer, amo como se estan relacionando nuestros pjs y como va avanzando la trama de Lily y Will con Louis comentaré mejor pronto, pero lo amé

Megara.
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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Kida el Jue 18 Ago 2016, 8:32 am

Se me había pasado por completo que habías subido lo siento, esta semana no he tenido tiempo de nada con la uni, pero prometo comentar pronto y ya me pong a escribir el mio

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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Tessa el Vie 19 Ago 2016, 10:27 pm

Jajaja no se preocupen con los comentarios

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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Kida el Dom 02 Oct 2016, 11:19 am

No crean que se me ha olvidado ni la novela ni mi capítulo, estoy trabajando en ello, sólo que todavía me falta una parte y no he tenido tiempo de escribirla, pero espero pronto tener más tiempo. Sólo querías avisarles que el capítulo ya está muy avanzado, para que no crean que las tengo olvidadas

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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Megara. el Sáb 08 Oct 2016, 8:04 pm

nosotras esperamos, tranquila

Megara.
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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Stark. el Miér 23 Nov 2016, 6:30 pm

Caaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaap

Stark.
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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Megara. Ayer a las 11:18 am

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Megara.
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Re: More than words [1D] NC

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 5:35 am


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