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the ideal man | nc.

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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por Invitado el Miér 13 Nov 2013, 4:23 pm

yo no le dije bruta ni idiota a anto, fue a mi amor mey:c, anto, no fue a ti:cccccccccccccccccc
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por cute. el Miér 13 Nov 2013, 4:25 pm

creeme que suele pasar lo de 'ano' :| no da. ajajjajajaj.
no hay problema, debs. soy idota y soy bruta de todas formas(?
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por Invitado el Miér 13 Nov 2013, 4:28 pm

eres un amor y no digas eso que mey te mata duro ahquedecía, al igual que mey, que se me desapareció):
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por bigtimerush. el Miér 13 Nov 2013, 4:30 pm

Bueno, si era para mí me quedo tranquila(? Ah.
Deby te ama Anto me lo dice todo el tiempo :meh:
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por cute. el Miér 13 Nov 2013, 4:31 pm

really? :ay. yo también las amo<3
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por Invitado el Miér 13 Nov 2013, 4:33 pm

sí, yo te amo muchísimo<33333333333333333333333333333333333
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por bigtimerush. el Miér 13 Nov 2013, 5:00 pm

Y yo también te amo<3333333
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por Sunrise. el Jue 14 Nov 2013, 5:48 pm

omg, la firma de mey y la de debs
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por Invitado el Jue 14 Nov 2013, 5:54 pm

gracias preciosa<33333 pero la hizo mey xd le quedó hermosa *-*
te juro que amo tumblr ¿qué sería de mi vida sin sus imágenes? :c
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Capítulo 05.

Mensaje por bigtimerush. el Vie 15 Nov 2013, 9:29 pm

Capitulo 05.
Ciara McCurdy.
La luz de las farolas que adornaban con su luz amarillenta el vecindario cerca del apartamento, perdían su intensidad, flaqueando con su potente resplandor, avisando que el amanecer se acercaba y con ello, la hora más próxima a mi temor diurno.

Finalmente, mis ojos se abrieron con pesadez sin mi consentimiento, por pura cuestión de instinto. Mi cuerpo me pedía solemnemente que lo dejara en reposo y me dejara llevar por el calor que las sabanas me brindaban, más el estúpido deseo de no faltarle en nada a Louis me venció, después de todo, ganándose un gruñido desde lo más profundo de mi interior; ¿será que no podía ser irresponsable por un día? la luz tenue de un desanimado y oscuro amanecer se colaba por las ventanas de mi habitación. Aturdida y desorientada fui capaz de percibir un insistente sonido que retumbaba con su estruendo en toda la habitación y me trasmitía ánimos para lograr levantarme.

Suspiré, y de un manotazo tiré al piso la escandalosa alarma, haciéndola estallar en mil pedazos. Acto seguido, tanteé el gran almohadón purpura que sabía que estaba a mi lado y lo enterré con fuerza en mi rostro, tratando de ignorar las fuertes punzadas que se lanzaban a mí una a una, disfrutando el daño que mi cabeza gritaba a toda presión.

Sentía un montón de voces congestionadas en mí subconsciente, chocando unas con otras, pedazos de conversaciones que en verdad no tenían sentido alguno para mí, al menos ahora, estando en aquel estado de resaca absoluta.

—¡Despierta o llegarás tarde al bufete, Ciara! —una cabellera castaña se asomó por la ranura de la puerta de mi habitación.

Pataleé en la cama con los pies desnudos, quitando de una vez las sabanas que se apegaban a mi cuerpo. Me dolía el esfuerzo, así que paré el berrinche e intenté mantener mi cabeza alejada de aquellas voces incesantes. Quería pegar la frente de la pared de mármol a ver si les dolería y se iban, más la idea me dio a entender que quizás, estaba alucinando.

—¡No quiero, James! —protesté como una niña pequeña que no quiere asistir a su primer día de clases.
Me ignoró.
—El desayuno estará listo en cinco —asentí sin fuerzas, desviando la mirada del rostro aparentemente divertido de mi mejor amigo—. Oh, y Louis llamó.
—¿Lo-Louis? —titubeé.

James asintió y desapareció por el amplio pasillo de la casa, sin darme explicaciones, concediéndome el beneficio de la duda que carcomía mis sentidos. Me extrañó un poco, pues Louis prefería llamar a mi teléfono personal, no al de James, pues sus celos por el castaño eran evidentemente notorios. Las miradas envenenadas y las respuestas arrogantes, hilarantes e indiferentes parecían tener un significado, al que le denoté una posible respuesta: celos.

Maldición. Se me había olvidado completamente la reunión que tenía prevista para hoy con el sucesor de la empresa, Tomlinson, la mano derecha de mi padre, y por ende, al único que le confiaba las contraseñas de sus cuentas bancarias; muchas ves le cogía odio pues mi padre nunca había sido tan desagradable conmigo, su única hija, su Ciara.

Yo era la mano derecha del ojiverde, pues él se encargó de que mi imagen reflejara toda la astucia, inteligencia y agilidad en los negocios de él. Y no quería pensar lo que me haría si por alguna razón se me ocurría llegar tarde.

De un respingo me levante de la cama, y sacudí la cabeza un par de veces. Estruje mis ojos un poco para aclarar mi vista y miré el reloj de mi mesita de noche. Suspiré con pesadez, solo tenía veinticinco minutos para llegar al bufete antes de que a Louis le diera un ataque al corazón. Para su suerte, hoy no tenía clases.

Tomé mi cepillo y le coloque el dentífrico de menta, lave mis dientes con rapidez y me lave la cara con abundante agua, a ver si así me despertaba un poco, pero… no lo logré del todo, como esperaba.

No podía dejarlo solo de ninguna manera, vendrían los dueños de unas empresas importantísimas a nivel nacional, con el objetivo de contratar a nuestro bufete —él más exclusivo e importante de Londres—, para legitimización de su respectiva empresa. No alargué más el asunto y decidí no perder más tiempo.

Desprendí mi ropa interior, y me introduje en la ducha. Deje que el agua recorriera cada centímetro de mi cuerpo, relaje mi postura un poco y me deje llevar por la frescura y la gran tranquilidad que me embargaba poco a poco. No obstante, el dolor de cabeza o las punzadas que me atacaban sin compasión, no dejaban de hacerse presentes.

Con el cuerpo fresco y más liviano, salí de la ducha un poco más calmada. Diminutas gotas caían por todo mi cuerpo, provocando que me estremeciera de frio; James había olvidado apagar la calefacción.

Sequé mi cabello, y me quite la toalla que cubría todo mi cuerpo, no sin antes cerrar la puerta con seguro. Agarré mi estuche de maquillaje que se encontraba casi vacío, los demás cosméticos estaban esparcidos por todo el tope del baño. Me delineé los ojos de color negro, lo que hacía resaltar mis ojos, peiné mis pestañas y coloque el rímel cuidadosamente, añadí un poco de rubor a mis mejillas y por último, deslice mis gloss por los labios, era trasparente, pero aun así tenía un especial sabor a frambuesa.

Luego, con mucho cuidado me coloqué mi vestido negro ajustado al cuerpo, era una de mis prendas laborales favoritas, era corto pero elegante; dejaban al descubierto mis torneadas y trabajadas piernas, que no se podía negar, eran magnificas.

Solté mi cabello, lo alise con un cepillo y procedí a secarlo, tenía leves ondas y me encantaban. Acomodé mi flequillo a un lado. Por último, tomé mi reloj de oro, casualmente me lo había regalado Louis, desde ese entonces se convirtió en uno de mis favoritos y nunca me lo quitaba, habíamos ganado el caso más relevante de un homicidio en Estados Unidos.

Salí del baño a trompicones y me dirigí al armario, en busca de los zapatos ideales; divisé unos de plataforma negros, cerrados en punta, los tomé y deslicé mis pies en ellos. Rocié mi perfume favorito en el cuello, tomé mi bolso, mi teléfono, y los papeles que se encontraban apilados en el mini estudio de mi habitación. Dispuesta a disfrutar otro de los monótonos días de mi vida, y aunque no lo quisiera admitir, Louis era el único que me podía sacar una sonrisa entre las paredes de las grisáceas de las oficinas del edificio.
♡♡♡♡♡♡.
—Buenos días, Germán —lo saludé con una sonrisa y le lancé en el aire las llaves del porsche negro de mi autoría.

Germán era el portero que cubría todos los días una jornada en el bufete de la familia. Me hacía bien mirar su sonrisa humilde y confiada en un día de trabajo muy duro, lograba hacerme pensar que no todos tenían por qué pagar por mis reacciones abruptas al dialogo.

—Que tenga un buen día, señorita —me volví hacia él y me limité a asentir.

Tomé mi abrigo con fuerza entre mis brazos y caminé con un poco de apuro en llegar a buscar a Louis antes de que empezara la reunión, pero dudaba un poco. A estas alturas la reunión ya debería haber iniciado.

El fuerte sonido de mis tacones chocar contra la madera atrajo más de una mirada por parte de los guapos empresarios de la empresa, ninguno de mi agrado, por cierto, y los ignoré olímpicamente.

—Buenos días, Sonia —le sonreí a la secretaria de Louis, que también era la mía.

Se podría decir que esa chica era una bendición para Louis, el hombre no sabía que significaba la palabra «organización».

—Buenos días, señorita McCurdy —la tierna pelirroja me devolvió la sonrisa con timidez.

Resoplé. Detestaba que me llamaran por mi apellido. Yo no era alguien de alto mando o algo por el estilo, alguien a quién temerle apenas llegara, ni mucho menos alguien que intimidara. Katie, la novia y prometida de James, siempre repetía con afán que irradiaba dulzura y repelía la amargura.

—Vamos, Sonia. Dime Ciara —hice una pausa al ver a Louis parado en el umbral de la puerta de su oficina, con el ceño fruncido—, ¿lleva mucho tiempo allí? —pregunté en un susurró evadiendo su mirada.
—Desde que llegó.
—Debo irme, cariño, me pasas más tarde las facturas que te pedí —ella asintió, mientras manejaba unos papeles con torpeza.

Los dedos le temblaban y mi sonrisa se ensanchó.

—Buenos días, Louis —le saludé y me adentré en mi oficina, sin esperar una respuesta de su parte.

Tiré mi bolso negro en mi escritorio y largué un suspiro. Me senté y cerré los ojos por un segundo.

—Buenos días, Claire —la voz aterciopelada del castaño hizo que me volviera hacia su persona. Cerró la puerta detrás de sí y con un café en mano, se sentó a mi lado en el sofá.
—Gracias —le retribuí con una sonrisa una vez que me tendió el frapuccino especial cargado de todas las mañanas.

Eso era una costumbre. Yo llegaba, me sentaba en el gran sofá blanquecino de mi oficina, el irrumpía en mis condominios, y me ofrecía mi café favorito recién hecho por él. Simple, lograba alegrarme el día con su presencia.

—¿Cómo estás? —se acomodó en el sofá y tomo mi mano, acariciándola suavemente.

Era difícil articular palabra alguna mientras sus dedos jugueteaban con gracia en mi mano.

—De maravillas —mentí en cierta parte. Las punzadas no desaparecían. Había tomado unas dos aspirinas antes de salir de casa, según James se me quitaría en cuestión de minutos—, ¿Y tú?
—Perfectamente.
—¿La reunión a qué hora es? —traté de formular, pero mi voz tembló.
—Se pospuso. Se presentó un inconveniente en las oficinas de Washington y no pudieron asistir.

Tomé un sorbo de café y no me molesté en ocultar mi gran sonrisa. Su aliento estaba impregnado de un exquisito olor a café fresco.

—¿Por qué la repentina felicidad? —curvó sus labios en una sonrisa. Profería la pregunta por pura formalidad.

Él sabía perfectamente que hacíamos cuando teníamos todo un día libre.

—¡Día de parque de diversiones! —chillamos los dos al unísono.

Proferimos una gran risotada mientras nuestros ojos se conectaban, haciéndome experimentar sensaciones que solo al lado de Louis, podían hacerse presentes. Me pregunté por qué demonios mi corazón latió con más rapidez de la deseada, ante el hecho de pasar un día entero con Louis.
♡♡♡♡♡♡.
—Louis, respira. Sólo es una montaña rusa, no vas a morir. ¿Estás seguro de que puedes hacerlo? —repetía una y otra vez, flaqueando con su decisión.

¿Estaría consciente todavía de mi miedo a las montañas rusas? Había pasado bastante tiempo desde que lo demostré, cuando tenía doce años y el quince papá nos llevaba a los dos a comer helados en el parque de diversiones; ellos probaban todas las atracciones y yo me dedicaba a mirarlos y precisar una excusa para evitar acercarme a la montaña rusa. Más el miedo de Louis había crecido en cuanto la maquinaria de una de esas catástrofes se detuvo en medio del espectáculo. Recuerdo haberlo molestado casi una semana por su falta de valentía.

—No soy un tonto, querida. Sé que les temes tanto o más como yo —me recordó, con esa voz tan peculiar de él que lograba tumbar mis barreras de frialdad.

Estancada. Atrapada. Me frustraba tener que fingir cosas que en verdad ni se me pasaban por la mente disimular estando junto a él. Me dolía que nuestra fase de amigos hubiera pasado y ahora se convirtió en esa clase de amigos inseparables que no se dignaban en admitir una serie de confesiones. ¿Era muy difícil pronunciar un te quiero? Su lengua parecía congelarse y sus ojos paralizarse, no me daba respuesta y yo no necesitaba preguntas para adivinar lo que diría, lo sabía, pero el anhelo de escucharlo de sus labios vencía todo intento por instinto.

—Agh, a veces desearía que supieras menos de mí. Es irritable tener que ser transparente contigo.

¡Qué ironía! Las palabras salieron de mi boca y trajeron con ellas, un silencio revelador que me daba a entender que nuestros pensamientos iban dirigidos en la misma dirección.

—Olvida la montaña rusa, ¿quieres? Vayamos por unas banderillas —esbozó rompiendo el silencio, con insensibilidad e incomodidad.

No quise responder, no quise gastar saliva innecesariamente. Su mano, fría y tan indiferente como el sentimiento que sus ojos me transmitían, logro entornarse en mi brazo con fuerza, atrayéndome consigo hacia su pecho.

—Logras que diga cosas que no quiero comentar. Te concedo el uso de la razón en los siguientes cinco días, a las cinco, el día cinco —me murmuró contra su voluntad, con la voz raspada y aguda.

Su pecho estaba tan caliente como una olla de presión en pleno proceso, sus brazos me cortaban la circulación de la cintura y sobretodo, sus labios reposaban en mi cabello, besando con sutileza mi coronilla.

—¿A qué te refieres? —susurré, enterrando el rostro en su pecho fornido.

Me hubiese gustado ser inmune a su naturaleza, ese tipo de naturaleza que te cautiva y no te deja otra elección que ceder. Bloques blancos embargaban mi mente. Me bloqueaba el uso del razonamiento y le detestaba con mí ser por eso.

—Nada de detalles, te toca esperar, Ciara.
♡♡♡♡♡♡
Las personas de movían con ansiedad, desplazando sus malas energías y sustituyéndolas por otras más emocionantes, rostros que pasaban de la felicidad a la excitación en segundos. Mientras yo… me debatía en esperar pacientemente una explicación o volverme loca en el intento. Miraba de reojo a la rubia superficial, cuidando cualquier movimiento imprevisto suyo.

Me hervía la sangre y no podía evitarlo aunque quisiera. Aunque, ¿quién era yo para interponerme entre Louis y su rubia pre pagada? Porque, parecía una prostituta mal pagada a la que le sobraban los pretextos para mandarse a operar el rostro.

Controlé mi fuero interno y me dediqué a mirar las estrellas. Calculé aproximadamente que la hora se acercaba a las ocho de la noche, el viento transcurría en mi cabello y jugaba con él, las estrellas comenzaban a hacerse presentes y mi día estaba por terminar a su fin. Todo el día delirando con el perfume de Louis me había hecho perder la noción del tiempo. Agh. Odiaba tener que ser tan dedicada a mis sentimientos, quería poseer la actitud arrogante y superficial que siempre había soñado.

No todo salía como yo planeaba.

—Desearía encontrar al hombre ideal para mí —deseé en un susurro, apenas audible a pesar de los gritos que caracterizaban al lugar.

Mi corazón se estrujaba de dolor ante una posible declinación de mi deseo. No tenía otro camino por el donde caminar en mi tranquilidad, sólo me quedaban las ganas de estar con él y nadie más que él.

—Aquí me tienes —escuché a mis espaldas.

No me volví y bajé la mirada, encontrándome con el temblor que inundaba mi cuerpo sin cesar. Hubiese preferido no haber escuchado la voz de Louis interferir con mi lógica. La verdad era que las imposibilidades eran muchas más que las escasas esperanzas. De ninguna manera pretendía correr a sus brazos y olvidarme de las cosas cuando chasquido de dedos, tan fácilmente.

—No te pido que me correspondas, sólo ámame, ¿es mucho pedir? Vengo a cumplir tú deseo —su voz intentaba ser monocorde, más me sonó desesperada por corresponder.

Permanecía distanciado de mí aún. Cerré los ojos y una diminuta lágrima se deslizo por mi mejilla. Lo que él no sabía, es que yo lo amaba, lo hacía desde el primer momento en que mis ojos lo captaron.

—Ya lo cumpliste y es lo que más me duele. Sé que ya es demasiado tarde.
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por Invitado el Sáb 16 Nov 2013, 4:59 am

edito eaeaea<3
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Re: the ideal man | nc.

Mensaje por sugg. el Lun 18 Nov 2013, 12:57 pm

omg no sé si llego atrasada pero idk me iba a ir y después no me fui :c y si siguen quiero seguir(?) c:
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