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This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 10:21 am

You only hear the music when your hearts begins to break, we are...
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The kids 
from yesterday

   
Son cerca de la una del medio día cuando por fin llega a su destino. Lo que es parcialmente bueno, porque tiene hambre, y parcialmente malo por…El resto.
 Estar de vuelta es como un Déjà vu, uno bastante extraño: Como volver a bajarse de un carruaje con once años, aquella misma sensación de mareo todavía presente en la boca de su estómago, asemejándose esta vez más a las náuseas que a la emoción.  El carruaje le ha dejado en el patio de entrada donde, según las indicaciones que le ha dado Gustus religiosamente antes de irse, alguien debe venir a buscarle.
Todo se ve sorprendemente vacío, lo que es parte de lo que hace el asunto tan raro. Es como caminar en un recuerdo o en un sueño, este tipo de sueños donde uno grita “eco” muchas veces pero nadie responde y donde te encuentras milagrosamente solo en un lugar que normalmente está lleno de gente…Huhpensándolo bien, entonces era un día normal.  
—¡TERRY!—aquel grito le había hecho dar un brinco en lugar, además de lograr muy efectivamente que volviese la mirada.  La profesora de Defensa contra las artes oscuras, Aglaya Korshanova se acercaba a él, encaramada en un par de zancos y haciendo ademanes al aire—¡gracias a Merlín que estas aquí!—más rápido que inmediatamente ambas sus manos le han arrastrado hacia su altura, acunandole el rostro y presionandole las mejillas—pero que impresión, estás hecho todo un hombre—no había tardado en ruborizarse, he allí dos palabras que nunca quieres escuchar de tu profesora.
—Es bueno verla, profesora—dijo tímidamente con una cabezada, tratando de pensar en como sobar disimuladamente sus mejillas, ya que aquel apretón había sido lo suficiente para dejarle un poco adolorido.
—Por lo que veo—dijo con una pausa, enarcando una de sus cejas—jamás se te metió en la cabeza que podías llamarme Aya—todo lo que pudo hacer fue balbucear una incoherencia y negar con la cabeza.  Explicarle a la gente el asunto de tener  una relación interpersonal con tu profesora de Defensa, además de incomodo resultaba siempre particularmente ridículo. Ni una vez en su vida había logrado pronunciar las palabras “La hermana de  la mejor  amiga de  la tía de mi mejor amiga”  sin arriesgarse a sonar como: a) Alguien excepcionalmente malo mintiendo b) Alguien que se esfuerza demasiado por tratar de ser divertido. Cuando en realidad;  c) Solo quiere irse a casa.
—Lo siento yo…—las manos le rascaban la parte de atrás de la nuca conforme dedicaba a la profesora una mirada avergonzada—yo no quiero ofender pero…—la profesora Aya había chasqueado la lengua, haciendo un ademán de descarte con la mano.
—Nada que ver, muchacho—dijo con una sonrisa, ofreciendole entonces un brazo—vamos, tus hermanos han estado esperandote horas, no sabíamos exactamente cuando ibas a llegar—la profesora suspiró conforme Terry le tomaba del brazo incómodamente y ambos comenzaban a caminar en dirección a la entrada del castillo—¿que tal todo?—preguntó, pareciendo más inmersa en si misma que en lo que el tuviera que decirle—¿Ruslana? ¿Regina? ¿les has visto últimamente?—el rubio se aclaró la garganta.
—No en realidad—dijo con simpleza—Regina ha tenido la gentileza de prestarnos el carruaje, pero eso es todo lo que se—la mujer seguía sin mirarle, asentía ausentemente conforme miraba a alguna parte del cielo.
Mmh…Saludala en cuanto regreses ¿podrías?—Terry le miró con con una ceja enarcada, preguntandose si lo estaba escuchando en absoluto—¿y tu que has estado haciendo?—preguntó tras un prolongado silencio.
—No mucho realmente…—murmuró con una mueca—anduve por Europa con mi tía Mercedes y  aparte de la tarea me dedique a aprender cuatro idiomas más— la profesora miraba ahora un reloj de bolsillo empuñado en su mano derecha.
—Tan brillante como siempre,  ya veo—el rubio hizo otra mueca más discreta y luego metió ambas manos en los bolsillos. Aquello era algo que había escuchado toda la vida, los profesores siempre le habían considerado algún tipo de “genio” cosa que no le agradaba mucho. Claro que era agradable que ciertos de sus logros fueran reconocidos de vez en cuando, pero jamás había pretendido ser la gran cosa, ya lo había escuchado tantas veces que parecía una respuesta mecánica de los adultos, más que una opinión sincera…No es que ésta conversación fuese algo muy diferente.
—Si…—comenzó con una mezcla de sutil de fastidio y sorna—también me convertí en asesino en serie, hice desaparecer la torre Eiffel y me volví adicto a la heroína—murmuró sarcásticamente entre dientes, sin embargo la mujer no batió ni  una pestaña, ya que aún ni siquiera le miraba.
—Excelente, muchacho—dijo con ademán de la mano—excelente, excelente—Terry rodó los ojos, y conforme aquella tarde rápidamente se convierte en un horrendo juego de “¿que preferirias” nunca se había sentido tan aliviado de ver  la entrada al castillo. 
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Aglaya desaparece tan rápido como apareció, dejándolo solo una vez más con su hambre y sus náuseas, si de alguna manera aquella combinación  tiene sentido. Se supone que irá a buscarlos a todos, a llegado justo a tiempo para el almuerzo y supone que ahora irían al Gran Comedor, el pensamiento le revuelve el estomago con facilidad, solía serle difícil pasar desapercibido, la gente tenía una gran tendencia a notar a los gigantes pálidos tanto como las caras nuevas, y en algún sentido, todo había cambiado tanto en los últimos años, que era como un completo extraño vagando estos pasillos.

Ni siquiera tiene idea de que piensa decirle a sus hermanos, no es como si tuviese horas para pensar en ello, como sucedía con las cartas, era gracioso, como técnicamente hablaban tan seguido sin embargo parecía que no lo hiciesen desde hace siglos, Bianca, Vi y Libby  se habían vuelto además de la tía Mercedes las únicas prescencias constantes en su día a día, y no podía evitar pensar cuan triste era, que no tenía ni idea de que decirle a  tres de sus hermanos de sangre.

—¡ANTHONY!— aquellas palabras habían surgido de repente en una mezcla de voces, un eco estruendoso y contento, que había causado que se volviera (hoy era el día de tomar desprevenido a Terry, aparentemente) ahí estaban ellos entonces; todos juntos y casi amontonados, avanzando a zancadas y empujones…Como debía ser, como solía ser. 

En su mente parecen moverse más lento de lo que lo hacen en realidad, de repente está congelado en lugar, y se siente infinitamente débil, quiere llorar de nuevo y el corazón le retumba en el pecho, su mandíbula ha caido abierta, como si hubiese dejado una oración a medio terminar o como si estuviese viendo aquello que escondía el triángulo de las Bermudas

—¡LLEGASTE TARDE, PERO NO IMPORTA PORQUE LLEGASTE!— de repente alguien se había estampado contra el, el perfume a cereza y caramelos se había hecho sonreír conforme aquella persona se aferraba fuertemente de su cuello, plantandole besos de labial rosado en la mejilla. Se esfuerza por relajar sus músculos, repentinamente tensos al tacto al que se había desacostumbrado por completo.

—Anca…—aquellas palabras surgen como un suspiro y abraza a su mejor amiga con muchísima fuerza—es fantástico verte—había susurrado, el pecho todavía el saltaba en lugar como si tuviese taquicardia, entonces la pelirroja le soltó, abriendo paso a una nueva persona, una que le abrazo con suavidad y delicadeza, presionando la frente contra su estómago (dada su gran altura)

—Hola Terry…—había susurrado la rubia de mejillas sonrosadas y sonrisa tímida—¿que tal Devonshire?— el rubio sonrió de lado apesar de si mismo, encogiéndose un poco a la altura de Sylvana y dandole unas palmaditas en la cabeza.

—Devonshire es tan aburrido como siempre, Sylvi—le había dicho, mirandole hacia abajo—¿que tal Escocia?—la rubia había apretado los labios y vuelto a esconder el rostro en el estómago de Terry.

—Bueno, podrás verlo tú ahora que estás aquí—y con un ultimo apretón le dejo ir, apartandose del camino y dejándole en frente de una tercera chica, una que no le abrazo, que en vez le había mirado con ojos brillantes a través de un par de gafas y tomado del rostro.

—¿Te he visto en alguna parte?—había preguntado Teresa con la voz un poco quebrosa, pero sin dejar de sonreír—me dicen que te pareces a mi— el rubio tuvo que apartar la mirada, tratando de que sus propias ganas de llorar no le traicionasen tampoco.

—Hey, Tess—era todo lo que había podido decir, seguía tan enojado, tan enojado y tan amargo por todo lo que le habían hecho, pero estaba tan confundido en aquel momento, parte de el quería abrazar a su hermana, abrazarla y no soltarla nunca pero sus músculos seguian tensos y aquella sensación de alarma aún reposaba en su pecho

—Hola..—fue lo que le dijo de vuelta,  estirando tanto el cuello para poder mirarle bien que parecía casi doloroso—te hemos extrañado mucho…—¿en serio? Parte de aquel niño solitario que se escondía dentro de el quería formular aquella pregunta, con la más pura de las inocencias, parte de ese niño seguía encogido en lo más profundo de su pecho, llorando como solía hacerlo por los rincones del baño del quinto piso.

La mandíbula se le descolgó y trató de articular alguna cosa, pero estaba tieso como el hielo y ni siquiera la lengua era capaz de colaborarle, su hermana entonces arrojó los brazos a su alrededor y frotó la nariz contra él, como solía hacerlo cuando era chica, sin embargo las manos de Terry se toman su tiempo en reaccionar, la envuelven gradual pero lentamente en un abrazo un poco incómodo, como si le guiara aquel sutil pero vivido rencor en las entrañas más que otra cosa.

—Pfft—se había escuchado un bufido de voz profunda, causando que el rubio levantase la mirada del cabello rubio de su hermana y se cruzara entonces con dos muchachos, que hasta entonces un poco apartados de la escena dieron unos pasos al frente. El moreno Mihai Têpes llevaba una combinación entre una mueca y una sonrisa picara en el rostro, y soplaba con relaje un mechón de su largo cabello fuera de su cara—siempre tuvo a todas las mujeres, y todavía viene aquí a lucirse—Teresa le había soltado entonces, dándole una sonrisa de ojos llorosos, la cual gracias a Merlín pudo responder con sinceridad, por fin logrando mostrar un poco más del afecto al cual estaba acostumbrada, acariciandole unos mechones de cabello, antes de que ella abriese paso a Mihai, que se había abalanzado sobre el como un toro.

—¡Imbécil!—le saludo con cariño, abrazandole con fuerza y dándole palmadas a la espalda, lo suficientemente fuertes como para sacarle un órgano interno—¡ya pensábamos que te habías acobardao’ y nos ibas a dejar plantados!—Terry había curvado los labios en una sonrisa sutil, devolviendole aquel abrazo con tanto entusiasmo como su propio estado de ánimo se lo permitía—¿que te has conseguido algún dulcito  en España?—le dijo moviendo las cejas subjetivamente, Terry apartó la mirada, sonrojándose un poco.

—¡Que va!—aquella voz le hizo dar un respingo, y sus ojos colisionaron entonces con un par de ojos azul oscuro, con un pícaro pero benévolo brillo familiar, y una sonrisa de ganador de comercial—si nunca aprovechó las oportunidades que le cayeron encima—bromeó chasqueando la lengua y negando con la cabeza—tanto potencial perdido…—Terry enarcó una ceja, avanzando entonces a paso lento y cauteloso.

—Veo que no has cambiado mucho, Maximillian—murmuró con una mueca—¿todavía estudiando los procesos del mamífero primitivo?—le preguntó con cierta sorna, una sutil y calmada, casi fría—me interesa saber si piensas llegar algún día a la evolución del hombre—Travis se le había quedado por un minuto, hacia arriba, solo un poco, con el ceño fruncido, como resistiendo la gigantesca altura de su hermanito menor, entonces soltó un gruñido y le jaló del brazo, estrechandolo contra el, no de la misma manera en la que Mihai lo había hecho, sino con una fuerza distinta, como si fuese una boa constrictor tratando de evitar que se escapara y moviendo las manos de arriba a abajo por su espalda con la brusquedad de quien busca dar calidez.

—Merlín—bufó—eres un nerd, Anthony—le dijo con un suspiro, conforme el rubio, tan tomado por sorpresa por aquella demostración de afecto, solo pudo articular unas sílabas incoherentes de aquellas palabras renuentes que se negaban a salir de su boca a toda costa

   
“Los extrañaba”

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Mamá se ha quedado en la puerta ya por demasiado tiempo, y Terry ha tenido que fingír quedarse dormido, no quiere preocuparla, no quiere que esté triste, pero es demasiado pequeño y no importa cuanto quiera entender, siempre algo se le escapa entre los dedos.
—¿Que haces despierta tan tarde?—la voz de papá, más dócil de lo normal, había resonado en la habitación, logrando que Terry se tensara, cerrando los ojos con más fuerza. Entonces escuchó a mamá suspirar, y el suelo crujió indicando pasos.
—Terry no podía dormir—había dicho mamá—vine a acostarle y asegurarme de que nadie más hubiese despertado—Ingrid rió por lo bajo—ya sabes, suele ser un efecto dominó bastante rápido—y papá había reído también, aunque parecía apenas tener voz para hablar.
—¿Has pensado en lo que dijo el doctor?—preguntó entonces, aclarándose la garganta de una manera más forzosa de lo necesario—sobre hablar con los niños—hay una pausa, y Terry aguanta la respiración, pero mamá no le cuenta a papá sobre el libro de medicina de Teresa.
—Algo así…—dijo por lo bajo—hable con Amalia, ella cree que deberíamos, pero creo que se siente culpable por ocultarle tanto a sus hijos—la voz de mamá comienza a verse más pesada conforme es teñida por el llanto—pero no lo sé, Jim. No se si deberíamos de mentirles también, y no se si deberíamos de mentirle a nuestros propios hijos—otra pausa y  papá suspira, la luz producida por la lampara de noche, muestra su sombra en la pared cuando abraza a mamá.
—Ingrid—dijo con firmeza—se que todos somos familia, pero no puedes comparar su situación con la nuestra; Mihai y Amalia tuvieron que templar con los recuerdos de sus hijos por algo mucho más grande que ellos—la posición de la sombra que hasta ahora había parecido volverse una, cambia entonces, mamá se aleja y aparta la mirada—esto es real, es real y esta pasando en este mismo momento—mamá suelta un sollozo por lo bajo, cada uno hace un esfuerzo sobrenatural por hablar lo más bajo posible.
—Oh, ¿pero qué diferencia hay?— preguntó entristecida—no puedo hacerles esto, Jim—la sombra de mamá se mueve, ella niega con la cabeza—son niños, son mis hijos y mis sobrinos no pienso asustarlos de esta manera, no pienso hacerles pasar por esto— el suelo de madera vuelve a crugir, y la sombra de papá desaparece de vista a otro lado del cuarto.
—¿Y que se supone que hagamos entonces?—preguntó, obviamente consternado—Ingrid, esto no va a desaparecer de la noche a la mañana…Puede que no desaparezca nunca—y entonces es la voz de papá la que se —¿que se supone que yo haga?—hay una pausa y papá suelta un sonido casi inaudible, una grave combinación entre un sollozo y un gruñido—¿debo esperar que estés en un ataúd para entonces poder explicarles donde has ido?— la sombra de papá vuelve a aparecer, y mamá se vuelve a hacerle frente.
—¿¡Que!?—susurra alarmada—¡no! Jim no me voy a ninguna parte, no pienso dejar que eso suceda—la sombra de papá entierra el rostro entre sus manos.
—Ingrid…Se que ustedes los magos creen tener control sobre todo—dice, tratando de mantener su voz profunda para que su propio llanto sea menos aparente—pero esa no es la vida, esto es mundano, es una enfermedad y está destruyendote…—mamá está molesta ahora…
—¿De verdad?—dice en un ahogado susurro—¿vas a sacar el argumento del mundo muggle ahora? Porque pensé que habíamos terminado con esos, Jim—papá solloza e inmediatamente lo amortigua con su palma, mirando a su alrededor para corroborar que todos sigan dormidos, nadie se mueve.
—No, no, no vuelvas esto una pelea sin sentido—declaró por lo bajo—necesito que veas mi realidad, Ingrid. Porque no tengo ni idea de que voy a hacer si llegas a faltar en algún momento—papá le toma de las manos—los niños te necesitan; necesitan a su madre, necesitan a su tía, te necesitan Mihai y Amalia…No puedo entender su mundo como tú—papá aparta la mirada y entonces solloza otra vez—y yo también te necesito, porque no soy nada sin ti—Terry está aterrado, cree entender, cree entender demasiado bien y por esta vez no quiere hacerlo.
Mírame—mamá ha arrojado los brazos alrededor de papá—vamos a estar muy bien—le dijo a pesar de su llanto, besándole la cara repetitivamente—y  yo voy a estar aquí fastidiando por muchos, muchos años. Voy a estar aquí para calmarte cuando alguna de las niñas traiga a su primer novio a casa, y voy a estar aquí también cuando lo hagan alguno de los muchachos y entonces vas a poder burlarte de mi por estar igual de paranoica—papá sollozó una vez más.
—Ingrid…—pero mamá vuelve a interrumpirle.
—Voy a estar aquí por muchos años Jeremiah—declara con firmeza—hasta que te salgas canas en esa cabeza y tengamos un batallón de nietos ¿estamos claros?— papá asiente entonces con suavidad.
—Te prometo que esta es la última vez que me voy—le susurra entonces—solo este medio mes y convenceré a mi jefe de que me deje tomarme un tiempo de vacaciones. Pienso pasar el mayor tiempo que pueda contigo y con los niños—siendo militar, las ausencias producidas por su trabajo, aunque más erradicadas que antes, no eran inexistentes.
—No hay apuros—le aseguró Ingrid acariciándole el rostro—todos vamos a estar aquí esperando por ti como siempre, solo prometeme que vas a  estar a salvo, prometeme que vas a cuidarte, Jim— la sombra de papá besa la frente de mamá.
—Ingrid—le dice, los indicios del llanto desapareciendo entonces de su voz—no eres la única que tiene planes de fastidiar por mucho, mucho tiempo—le aseguró—ya verás que vuelvo dentro de nada—mamá río, río de una manera en la que jamás iba a volver a reír.
—Te creo—le dijo contenta, a pesar de la debilidad de su voz, estaba contenta—aquí voy a estar esperándote
Contra todo pronóstico, Ingrid Maddox supera su esperanza de vida y sobrelleva su enfermedad  por dos años más. Logra ver al mayor de sus hijos y a dos de sus sobrinos partir a Hogwarts en septiembre del 2019. Sin embargo permanece siempre en espera, pues Jeremiah Maddox fallece a merced de una bala perdida aquel abríl de 2016. 


Última edición por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 11:25 am, editado 1 vez
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 10:37 am

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Pasa un buen tiempo antes de que su hermano le deje ir por fin, o por lo menos así se siente. Esta mareado y aquella calidez que le deja el contacto con tantas personas a la vez resulta ajena a su cuerpo hasta el punto de ser incomodo. Pero entre tanto aquella extraña sensación se va disipando poco a poco, Terry se vuelve más consciente de su entorno y la balanza comienza a sentirse más vacía de lo normal.
—¿Dónde están los demás?—pregunta, tratando que la intranquilidad en su voz no sea demasiado obvia; Katya, Elvira, Ezra e incluso Angel, todos faltan. De cierta manera tiene miedo, miedo de que ya más nunca vuelvan a ser ellos diez, el y sus hermanos, miedo de no poder encontrar aquellas tardes en los jardines una vez más, con  aquel popurrí de palabras entre Rumano e Inglés resonando a través de sus voces contentas, aquella sensación del corazón retumbandole contra el pecho…Y todas aquellas cosas que sabía habían sido reales alguna vez, pero ahora se sentían tan distantes como un relato ficticio para dormir.
—Vi está en la biblioteca haciéndome un favor—intervino Mihai con una sonrisa juguetona—no dejaba de hablar ayer, estaba preocupada por tu viaje—en aquel momento el cabello largo le había caído en el rostro y lo había soplado con flojera—así que la ocupé con otra cosa para que se callara, nos pidió que le avisamos a penas llegaras—Terry le había fulminado con la mirada, nadie podía hablar mal de sus hermanos,  excepto quizá el, ni siquiera ellos mismos.
Angelo è molto occupato oggi—(Angelo está muy ocupado hoy) había intervenido Bianca con una sonrisa, desde que había estado practicando italiano,  se había vuelto una costumbre entre ellos utilizarlo en las cartas como modo de confidencia, y además porque era divertido confundir a los demás de cuando en vez­—ma non preoccupatevi! abbiamo un programma previsto— (pero no te preocupes! Tenemos un horario planeado)— lui ti vedrà domani mattina—(el te verá mañana en la mañana) entonces le abrazó de nuevo—Oggi sei con noi— (hoy estás con nosotros)  Terry enarcó una ceja.
—¿Horario?—preguntó medianamente confundido, volviéndose entonces a Mihai, Teresa, Travis y Sylvana, entre tanto Bianca se había posicionado a su costado y apoyaba la cabeza en su brazo, al no poder alcanzarle el hombro ni de puntas.
—Si…—Travis se había rascado la nuca incómodamente, una manía, que según decía la gente, compartían todos los Maddox, personalmente, no habían concordado en esto nunca—es complicado…Nosotros…—la ceja enarcada de Terry gradualmente se volvía un ceño fruncido cuando Sylvana dió un paso adelante y tomó la palabra.
—Todos queríamos pasar tiempo contigo…—dijo suavemente, poniendo un mechón de cabello tras su oreja y apenas mirándolo a los ojos. El rubio se debatía muchas cosas a la vez; su oido se había fijado particularmente en el acento de Sylvana, se da cuenta  por primera vez de que lo ha escuchado en Mihai al igual, aparentemente ha pasado tanto tiempo lejos de sus hermanos, que aquellos indicios que quedaban de su descendencia al hablar  le volvían a ser aparentes, una pronunciación demasiado suave de la letra “r” y una demasiado fuerte de la letra “t”por favor no te molestes con nosotros—Sylvana vuelve a hablar, trayendole a la realidad una vez más—caminar por ahí los nueve parecía un poco difícil…Fue todo lo que se nos ocurrió.
 
Hubo un silencio, como si todos los presentes estuviesen esperando que Terry explotara o algo por el estilo, el estómago del rubio se había revuelto ligeramente una vez más, y sus ojos oscuros encontraron los de Travis en una mirada semi resentida, esperaba que el entendiera, que estaba enfermo de que tomaran decisiones por el. Sin embargo, le pareció considerablemente inútil comenzar una pelea en aquel momento…De alguna manera estaba feliz de verlos, y si le era posible pasar aquel día sin disputas, que así fuese.
—Me lo explicarán luego—dijo con simpleza, sin aprobación ni reproche, y en aquel momento, pareció como si los cuatro presentes dejasen escapar aire de sus pulmones al unísono—¿podría alguno decirme donde está Libby?—otro silencio, entonces Travis y Mihai intercambian miradas, y los labios de Travis se curvan en una sonrisa.
—Te lo dije—murmúra entonces en dirección al moreno, que suelta un bufido, la confusión vuelve a apoderarse de los ojos de Terry y su ceño se frunce al instante, los últimos años le han enseñado a nunca confiar en lo que dicen de el cuando no está presente.
—Relájate, Anthony—dice entonces Mihai largando una risa—te van a salir arrugas a los veinte si sigues así—Travis suspiró y sus ojos volvieron a posarse en su hermano.
—Le dije que lo primero que ibas a hacer era preguntar por Libby—susurró el castaño dócilmente, dirigiendole una sonrisa de cariño a uno de sus trillizos—¿ves? Todavía te conozco bien— Terry se relajó, algo avergonzado por su propia paranoia,  y aquellas palabras le dieron como una punzada en el pecho.
—Libby estará en el comedor, seguro—intervino Teresa,  quitándose los lentes y limpiandolos con el borde de la camisa—pero…Hay un pequeño detalle—Terry tomó una bocanada de aire, y entonces hizo una mueca.
—Merlín, ¿que hicieron ahora?—gruñe por lo  bajo, Mihai chasquea los labios y esto logra que el rubio se vuelva a el con una ceja enarcada.
—Bueno…La tía Mercedes no estaba convencida de que Libby se quedara en el castillo con un evento tan grande como el baile…Ya sabes que le gusta mucho meterse en problemas…—al ver que la expresión de Terry no cambiaba, Mihai hizo una mueca, dirigiendola a la pelirroja que colgaba de su brazo.
—Anca, tu dile—acto seguido, Bianca le soltó, saltando entonces frente a el con una de las manos sujetando sus detras, sus labios apretados pensativamente un momento.
EntoncesNosDijoQueLeDijeramosQueNoVendrías­— explicó, tan rápido, que las palabras parecían ser una sola, por suerte años con Bianca llevaban a que fuera fácil entenderla—PeroAúnAsíNoQuisoIrse—antes de que la pelirroja pudiera continuar, Sylvana le dirigió una mirada significativa.
—Anca, hablas muy rápido de nuevo—dijo con suavidad, y entonces la pelirroja se detuvo, mordiéndose el labio inferior.
—Lo siento— se disculpó y entonces tomó una bocanada de aire—el punto es, que ahora cree que no vienes y está enojada contigo, porque está triste— hizo un ademán de las manos—y eso es todo.—entonces los ojos del rubio habían parecido oscurecer , volviéndose punzantes.
—¿Y por qué no le dijeron que sí vendría?—reclamó, en un tono calmo que era aún así capaz de mandar escalofríos por el espinazo de cualquiera. A pesar de haber considerado no venir en algún momento, lo ultimo que Terry quería, era que su hermanita pensara que no le importaba.
—No lo sabíamos…—murmuró Teresa bajando la mirada—la tía Meche dijo que iba a tratar de convencerte, pero nunca nos confirmo nada, y no lo mencionaste en ninguna carta…— Travis se aclaró la garganta.
—Sabes que te adora, no queríamos darle esperanzas si no estábamos seguros— hubo otro silencio, y entonces Terry suspiró profundamente.
—Lo siento…—dijo, casi entre dientes, pero no exactamente—la tía Meche no me lo dijo exactamente con tiempo, creo que se imaginó que tendría más oportunidad de convencerme de venir si lo hacía así…—en ese momento se dio cuenta de lo que había implicado y se mordió la lengua—no es que…—pero Bianca le había cortado, dándole un fuerte apretón en la mano.
—Esta bien, tenías dudas—le dijo directamente, pero sin ningún tipo de malicia, solo como una niña, exponiendo una verdad por muy incómoda que fuese—todos lo sabíamos…—hay otro silencio, y entonces el rubio dirige una mirada de disculpa a los presentes a pesar de sí mismo. Porque son su familia, porque a pesar de todo alguna parte de el se siente culpable al sentir cierto resentimiento hacia ellos.
—Si, Anthony— intervino Travis en tono juguetón—todos sabemos que eres un estresado—Terry bufó, relajándose un poco.
—Al igual que todos sabemos de Travis y sus hormonas de puberto trece años—murmuró Mihai con sorna, guiñandole el ojo, y Terry rió a pesar de sí mismo; en aquel momento se hizo el silencio, aunque su risa fue casi inexistente, fue como si todos hubiesen pausado tan solo para escucharle reír.
—¡Tenemos que irnos ya!—dijo entonces Bianca, que sonreía de oreja a oreja y le miraba hacía arriba una vez más—¡hay que aprovechar mucho, muchísimo el día antes de que te vayas!— y bajo aquella muda decisión unánime,  cinco de los diez se dirigen al  comedor.
   
Y aunque parece que a Terry se le han agotado las preguntas, una permanece en alguna parte de su mente, resonando con tristeza como un susurro: “¿Y Ezra?” debería de preguntar y lo sabe, pero también conoce a su hermano mayor demasiado bien, probablemente ni siquiera tiene una excusa, solo no le importa. Se ahorra aquella amargura, y decide quedarse callado, como lo ha hecho siempre.
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Los pasillos de aquel hospital se encuentran casi vacíos, o por lo menos eso parece a los ojos de aquel rubio…Nada más que pasillos blancos y poblados por sombras; mujeres y hombres vestidos de blanco como si pertenecieran a un culto, además de aquel espantoso olor a alcohol y metal que relacionaba con los pinchazos en el brazo.
 Los trillizos Maddox se encuentran encogidos cada uno en una silla, frente a aquella puerta que conlleva  a la habitación donde mamá está internada…Su bronquiectasia se vuelto neumonía y sus signos vitales han decaído de manera fatal.  Todos han venido a verla, pero son demasiados para que les dejen pasar a todos a la vez, así que habiendo pasado su turno, Travis, Teresa y Terry además de una Sylvana dormida, esperan ahora por Ezra, Vi y Mihai, que han entrado a verla.
Papá ya no está y no va a volver, así que ahora les cuidan los tíos Mihai y Amalia, la tía Mercedes también ha volado desde españa y se quedará con ellos por unos meses. Los niños están conscientes de todo el esfuerzo que hacen los tíos por animarles, por mantener aquella casa de pie, sin embargo, no consiguen ver otra cosa que su hogar cayéndose a pedazos.
La puerta del consultorio se abre, y la figura de Mercedes emerge elegantemente.
—Voy abajo a buscar unas chuches—dice, doblándose entonces un poco para quedar a la altura de los niños—¿queréis algo?—Travis y Teresa simplemente asienten con la cabeza, pero no hablan, Travis lleva un puchero en la boca y el ceño fruncido, se abraza a sus rodillas mientras que Teresa juguetea nerviosamente con los lentes y trata de no llorar. Terry no puede ni siquiera moverse, Sylvana se le ha acostado en las piernas y sostiene en una mano un dibujo hecho sobre, que Katya le había encargado que le diera a mamá, como tiene solo cinco no le dejan venir. En la otra mano sostiene empuñado un soldadito de plástico y trata de repetirse las palabras que siempre decía papá.
“Los soldados no lloran, los soldados no lloran, los soldados no lloran”  No quiere que mamá lo vea triste, quiere ser fuerte como papá lo era.
—Pues vale…—la tía les mira con ojos tristes, sin realmente tener intención de hacerlo,y luego planta un beso en la frente de cada uno—cualquier cosa los tíos están adentro—es lo último que dice antes de desaparecer por el pasillo.
El silencio prevalece un momento…Travis ha apoyado la cabeza en sus rodillas y ahora mira la nada con ojos inexpresivos, Teresa se ha destrozado las uñas de tanto morderlas, y Terry desliza aquel pequeño soldadito entre sus dedos; lo ha escrutado con la mirada hasta saberse sus facciones de memoria, tiene la esperanza, de que quizá si lo mira por el suficiente tiempo podrá ver a su padre sonreír otra vez.
¿Que va a pasar con nosotros si mamá se muere?—Travis lanza la pregunta al aire, y la voz le tiembla, está completamente aterrado—va a morir ¿verdad? Va a dejarnos como lo hizo papá— de la nada Teresa suelta un chillido.
—¡No digas eso!—reclama de golpe, fulminandole con la mirada con sus ojos lagrimosos—¡mamá no puede morirse!—el pequeño Travis bufa, arruga la nariz y su rostro enrojece.
—¿¡Y quién dice!?—gruñe como crío en plena pataleta—¡lo mismo decíamos de papá cada vez que se iba!—cada una de las palabras de sus hermanos le caen a Terry como un golpe en el pecho, los ojos se le humedecen y mira hacia arriba con rapidez, evitandoles a las lágrimas paso para salir.
—Mamá no va a dejarnos…—susurra por lo bajo, y es suficiente para que sus dos hermanos se callen y le miren, todos siempre decían que Terry iba a ser un genio, que era muy inteligente porque leía mucho y entonces  siempre lo sabía todo.
—¿Y eso como lo sabes, genio?—farfulló Travis, el temblor en su voz prevalecía pero aquel color en sus mejillas había bajado gradualmente, dejándolas poco a poco rosadas.
—Mamá lo prometió…—fue todo lo que pudo decir, “mamá me dijo que iba a estar aquí siempre…”
—Entonces ¿Crees que todo vaya a estar bien?—preguntó la pequeña rubia, mirándolo con ojos como platos, desesperados por respuestas.
—No lo sé…—Terry baja la mirada, quizá ha hablado de más—eso espero…—Travis había arrugado la nariz una vez más.
—¿¡Y si no lo sabes entonces porque hablas!?—había dicho, completamente molesto, el color rojo volviendo a colarse por sus mejillas y el resto de sus facciones—¡Verán que tengo razón, vamos a quedarnos solos!—chillaba—¡papá ya nos dejo y ahora mamá va a hacerlo también!—Travis daba puñetazos a sus rodillas con cada palabra que daba.
—No estamos solos—intervino Teresa a pesar de si misma—tenemos a los tíos—pero Travis soltaba gruñidos y seguía dándose golpes en las piernas.
—¡No quiero!— chillaba caprichosamente—¡no es justo que mamá se enferme, tiene que cuidarnos!—sin saber que más hacer, el rubio había arrojado los brazos alrededor del castaño, con mucha, mucha fuerza.
—No estés triste…—le dijo con simpleza, y aquel repentino acto hizo que Travis se calmara.
—No estoy triste—decía con la respiración entre cortada, calmado bajo el fuerte agarre de su hermano—estar triste es para bebés, estoy bien—a pesar de sus palabras, Travis está temblando,  apoya entonces  la frente en la cabeza de su hermano, escondiendo su rostro y no vuelve a moverse. Y a pesar de estar igual de aterrado, Terry simplemente le abraza sin decir nada. 
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Caminan en un silencio parcial, con las ocasionales preguntas acerca de Devonshire y la tía Meche;  que si ella y Agustus siguen peleando tanto, que como estuvo europa, que si el clima era muy diferente al de Londres. Todos quieren preguntar lo mismo, y Terry lo sabe, quieren saber si tiene planes de volver para el año próximo, si no se encariño demasiado con España o Portugal. Pero honestamente no tiene ánimos para contestar,  por lo cual, evita los posibles introductores al tema a toda cosa.
—Así que…—dice conforme se rasca la nuca, evitando la pregunta de si había extrañado Inglaterra—escuché que entraste por fin al equipo de Quidditch este año…—miró en dirección a su hermano, quien sonrió con orgullo.
—Así es—declaró a pecho inflado y espalda recta—el  nuevo Capitán es un idiota en realidad, pero el golpeador del año pasado se retiro y estuve tan bien  que el tipo no pudo decirme que no— Terry soltó un suspiro, y sus labios se curvaron en un gesto que asemejo una sonrisa.
—Felicidades—dijo, con una sutil burla en su tono, no era ningún extraño a la tendencia que tenía su hermano de exagerar las cosas, sobretodo aquellas que tenían que ver con su ego.
—Pfft, está exagerandodice entonces Mihai,y Terry se siente tentado a soltar un sarcástico “no me digas”—tuvo suerte de que el tio del año pasado se retirara, sino nunca hubiese consiguido ese puesto, la mole de chica que tiene de compañera es más fuerte que el—el comentario le ganó un golpe en la cabeza.
—Deja de ser un bastardo y no hables así—había gruñido Travis, y luego se había vuelto al rubio con un suspiro largo, mostrando una sonrisa una vez más, sin nada que presumir, solo una sonrisa genuina—aunque ¿sabes?…El Quidditch no es tan divertido sin ti—el rubio no pudo sonreir de vuelta, pero le dio una mirada de aprecio.
—Deberías de intentar presentarte el próximo año—intervino Sylvana con su voz diminuta—siempre fuiste muy bueno en Quidditch…—Travis enarcó una ceja.
—En realidad Sylvanita tiene razón—dijo, sin perder aquel tono socarrón que había empleado con ella desde su infancia, siempre habían tenido una relación extraña, y aunque no se odiaban, si era muy extraño verles concordar en algo.
—¿Ustedes dos van de acuerdo ahora?—preguntó entretenido, frunciendo un poco el ceño.
—Pues, si es verdad que eres bueno con el Quidditch—dijo Mihai encogiéndose de hombros—junto a Terry, Bianca dio un salto.
—¡Yo pensaba en presentarme el próximo año también!—declaró, mirándole hacia arriba—si estás  sería divertido— Terry se quedó callado por un segundo, por muchos años Anca había sido su compañera de travesuras, era su mejor amiga, y ahora ni siquiera podía contarle sobre sus dudas acerca de volver.
—Sería un pésimo golpeador—dijo con sinceridad—ya saben que la fuerza bruta no es lo mío—Bianca separó los labios sonoramente.
—Pero serías un muy buen guardian—dijo, frotando la nariz contra su brazo en un ademán cariñoso—nunca nadie te gano cuando éramos niños—entonces Travis se aclaró la garganta.
—Claro que si, ¡yo le gane! —se quejó y entonces Terry bufó.
—No, claro que no Maximillian—dijo con una ceja enarcada—nunca fuiste capaz de ganarme un solo partido— Travis le fulminó con la mirada.
—Bueno, tu siempre fuiste muy malo boxeando—dijo, como niño indignado, Terry soltó un sonido parecido a una risa burlona.
—Y tu no puedes con la Esgrima ni si te salvara la vida— Travis bufó.
—Presumido—murmuró, Terry enarcó ambas cejas con incredulidad y entonces se cruzó de brazos.
—Mira quien habla—en ese momento Bianca había dado otro salto, posicionándose en frente de los hermanos y logrando que ambos dieran un respingo.
—¡Basta, basta!—dijo dócilmente  y entonces hizo un ademán al frente, trayendo a la atención de los presentes que se encontraban frente a la puerta del comedor—no hay tiempo para ser odiosos, tenemos que esconderte para sorprender a Libby— Mihai enarcó una ceja y junto las palmas.
—Ah, si tan solo supiéramos como esconder a semejante jirafa—Terry apretó los labios, chistes con respecto a su altura era algo a lo que  estaba acostumbrado, realmente no le importaba, pero en aquel momento extrañó los tiempos en los que era el más bajo de la casa y no media 1.90, en ese entonces hubiese sido más fácil adentrarse en el comedor sin llamar la atención, le hubiese gustado que el ser invisible fuese tan fácil como lo era antes.
—Solo…Vamos a entrar ya—dijo con resignación, entre tanto una sensación de intranquilidad se le plantaba en el estómago.
—Bien…—bufa Bianca cruzándose de brazos—pero conste que pienso que le quitan la diversión a todo—dicho esto se aparta de la puerta, dejando entonces paso libre para los demás, volviendo a tomarse del brazo de Terry.
Adentrarse en el comedor es una experiencia extraña, se siente tan familiar y tan distante al mismo tiempo…recuerda de memoria el orden de las mesas, están en alguna parte de su libreta perfectamente detalladas al igual que el espacio entero. Estas no parecen haberse movido en lo más mínimo desde que se fue, como si aquella escena frente a el fuese la misma que había dibujado hace años, y se hubiese quedado quieta esperandolo…Incluso el olor es familiar, y lo llena de nostalgia, en parte, le gustaria liberarse de aquella ansiedad que siente tan solo para poder apreciarlo mejor, no puede creer que no ha estado en este comedor por casi dos años.
—No ha cambiado para nada…—murmuró más para si mismo que otra cosa, entonces escuchó una risa diminuta, y bajo la mirada para encontrarse con Sylvana en su costado izquierdo.
—Espera a que veas a Libby y no vas a poder decir lo mismo—su expresión se tornó triste al instante, soltó un suspiro y sus ojos comenzaron a escrutar las mesas una vez más, esta vez en busca de su hermana.
—He visto las fotos…—le dijo, y trató de sonreír, pero no pudo—la primera Hufflepuff de la familia—dijo con orgullo, Sylvana había reído una vez más.
—Pues rara vez está en su sala común la verdad, se las ha arreglado para hackear todas las puertas—apretó los labios y su mirada se perdió en algún divertido recuerdo—la sala común que más le gusta es la de Ravenclaw,  me ha dicho que por todos los  libros, pero a veces se pasa por Slytherin y se queda conmigo y con Mihai—se encogió de hombros—ya sabes que Ezra es cascarrabias—a la mención de ese nombre ambos se habían callados por un segundo luego Sylvana suspiró—puedes preguntar por el ¿lo sabes verdad? No es un crimen—  Terry aparta la mirada.
—¿Él está bien?—preguntó entre dientes.
—Si, el está bien—declaró Sylvana docilmente—estoy segura de que todavia no se ha enterado de que estas aquí, es todo, estará enfrascado en algún libro en la sala común—el rubio había vuelto a mirarla, dándole una mueca de resignación.
—No tienes porque excusarlo—le dijo con simpleza—y mucho menos con excusas, yo se perfectamente quien es mi hermano—se aclaró la garganta y le dió un apretón en el hombro a la rubia—de verdad, está bien—volvió a apartar la mirada, y sus ojos se posaron en la mesa de Hufflepuff—solo voy a buscar a Libby…—pero en aquel instante le habían jalado de nuevo, para que mirara hacia abajo.
—Mira allá—habló la rubia de nuevo, sonriente de oreja a oreja—ya te hicieron el favor—su mirada pasó al frente, y su ceño se frunció un poco conforme escrutaba el perimetro en busca de lo que Sylvana quería que viera…
“¡No quiero sentarme con ustedes!” aquella voz  familiar le había ayudado a lograr enfocar, entonces pudo ver a Travis y a Mihai a cada lado de una figura pequeña, Bianca iba parada en frente de ella, y caminaba hacia atrás, bloqueando su vista al frente. “los hermanos traicioneros no tienen perdón” farfullaba como si  fuera una vieja de cincuenta años y una cría de cinco a la vez “y como Terry no está, entonces estoy molesta con ustedes”
—Deja de pelear enana—reía Travis, conforme entre el y Mihai trataban de cubrirle los ojos—te dije que te tenemos una sorpresa—en ese momento Sylvana lo había tomado del brazo, y le había jalado en otra dirección, sacándolos de la vista del frente, no tuvo tiempo de preguntar cuando ya sus hermanos habían sentado a Libby en uno de los espacios libres en la mesa de Gryffindor, de espaldas a donde se habían movido.
—No vayas a acercarte hasta que yo te lo diga ¿vale?—le había susurrado la rubia tras hacer un intento miserable de llegarle al oído, estaban escondidos tras una multitud de estudiantes que iba y venía, ya que el Torneo de los Tres Magos estaba en moción, el comedor se encontraba más poblado que de costumbre.
Sylvana se apresura hacia la mesa y Terry se acerca muy lentamente, lo suficiente como para poder escuchar la conversación, Mihai y Travis, que ya le han visto, tratan de no reírse.
—¿Que pasa, Libby?—preguntó Sylvana inocentemente,—¿el profesor Flitwick ha vuelto  regañarte?—la chiquilla de cabellos color miel deja caer el mentón entre sus manos y se presiona las mejillas en un puchero dramático.
—No—dice con tristeza—es que hoy no quiero nada—su mirada cae sobre el plato con un desanimo tan grande, que parece que ha la pobre le hubiesen dicho que alguien murió.
Terry permanece un momento detrás de aquella pequeña, sin estar lo suficientemente cerca como para que ella se de cuenta…Respira hondo por un segundo y de repente no sabe si esta listo para verle al rostro…Ha crecido tanto…Ha crecido tanto y el se lo ha perdido todo.
—¿De verdad?—pregunta Mihai—¿nada de nada?—la niña niega.
—¿Nada, de nada, de nada?—remarca Bianca, y esta vez Libby vuelve a negar, pero un poco más lento y con la nariz fruncida, como si se estuviese preguntando si Bianca le ve cara de niña de preescolar.
Entonces, Terry se había acercado con cautela, acuclillandose a un costado de su hermanita menor, le había colocando una mano sobre el hombro y largado un suspiro dramático.
—¿Entonces que hago?—preguntó dulcemente, enarcando una ceja juguetona—¿quieres que me vaya?—la niña había dado un respingo más rápido que inmediatamente, y sus ojos repletos de emoción se habían encontrado con los de su hermano mayor; eran oscuros como el chocolate negro, eran iguales a los de ella. Katya Maddox había quedado de pie en el asiento de madera y Terry se había levantado lo suficientemente rápido como para que ella arrojase los brazos a su alrededor justo a tiempo.
—¡VINISTE!—había exclamado, entre tanto ambos se abrazaban con fuerza y el la levantaba de la superficie y la estrechaba contra el en el aire—¡viniste, viniste a verme!— la pequeña rubia apoyó la mejilla en el hombro de su hermano mayor y se negó a volver a soltarlo, ¿y Terry?  por primera vez aquella tarde se sintió verdaderamente feliz. 
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 11:22 am

I may not be able to stop the downpour
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But I will always join you for a walk in the rain...
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  "Aunque a la golondrina no le gustaban los niños, el príncipe le daba tanta pena que al final accedió. De modo que arrancó el gran rubí que tenía el Príncipe Feliz en la espalda y lo dejó junto al dedal de la mujer. 

Al día siguiente la golondrina le dijo al príncipe:
 - Me voy a Egipto esta misma noche. Mis amigas me esperan allí y mañana volarán hasta la segunda catarata.
- Pero golondrinita, allí en aquella buhardilla vive un joven que intenta acabar una comedia pero el pobre no puede seguir escribiendo del frío y hambre que tiene. 
Haz una cosa, coge uno de mis ojos hechos de zafiros y llévaselo. Podrá venderlo para comprar comida y leña.
- Pero no puedo hacer eso…
- Hazlo por favor.


 
—¡Lento, lento, corpulento!—hay una en sus labios, y es tan pequeña que aquel viéndola desde la distancia no sería capaz de divisarla, pero es tan especial también; porque es fácil dar sonrisas burlonas a diestra y a siniestra, a veces él mismo se impresiona con la manera en la cual lo ha consumido aquel cinísmo que lleva por dentro. Pero estos días resultaba difícil encontrar algo que en realidad le hiciera feliz, la más mínima cosa que no estuviese teñida con melancolía—¡A que no me alcanzas!—pero cuando aquella chiquilla sonríe…hacerlo también, resulta fácil. Se vuelve para sacarle la lengua y el no puede hacer más que sonreír.
—¡No va a hacer falta!—le había dicho de vuelta. Escalaban las gradas del campo de Quidditch (que milagrosamente se encontraba vacío por alguna razón) como solía hacerlo el de niño, recuerda haberse escabullido mil veces a las gradas durante los entrenamientos de los diferentes equipos, admirando la manera en la que las escobas se movían en el aire, pasando horas tratando de capturar aquel movimiento con un pedazo de carboncillo hasta que éste desaparecía en sus manos y soñando con el día en que iba a ser parte de ellos. Recuerda las tardes practicando Qudditch con sus hermanos, diez era un número lo suficientemente alto como para un buen partido en el patio dela casa después de todo—¡si no tienes cuidado vas a caerte, y ahí verás como te alcanzo rápido!—sus piernas largas le permitían moverse a zancadas, sin embargo, el continuo y ligeramente doloroso crujido de sus huesos (recordandole muy amablemente que de verdad necesitaba organizar su mierda y volver al deporte) no era de mucha ayuda.
—¡Claro que no!—había declarado Libby Maddox, muy segura de si misma—¡yo nunca me caigo, soy muy ágil!—aquellos ojos le miran vivarachos, y a pesar de su oscuro color parecen absorber lo que queda de los rayos de sol en aquel invierno. Sus ojos eran iguales a los de él, la gente lo decía siempre, pero no era verdad, él no lo creía…Porque desde el primer momento en el que vio los ojos de su hermana, habían estado llenos de todas las cosas bellas en el mundo—¡así como tu!—el corazón se le encogió a aquellas palabras y ni siquiera pudo responder.  
—¿Vas a subir?—salió de aquel corto trance, y su hermanita lo miraba con el ceño fruncido, le dió una sonrisa de lado, la mejor que pudo lograr, y con unas pocas zancadas más estuvo una grada por debajo de ella.
—Así que…—comenzó con una sonrisa de lado—¿quieres decirme por qué parece conocimiento general que Flitwick te regaña mucho?—Libby chupó sus mejillas hacia adentro y su mirada se perdió en el cielo, logrando verse como un pececillo alarmado.
Nope—evitó el tema, y luego miró a su hermano con una sonrisa angelical—¡pero tengo muchas otras cosas que contarte! —Terry enarcó ambas cejas  y aquella sonrisa prevaleció en sus labios.
—¿Ah, sí?—le preguntó, con una agradable sensación tibia en el pecho a su repentina emoción—¿como qué? Cuéntame— Katya Maddox se había dado tres golpecitos en la barbilla, y sus ojos se habían perdido en el cielo por un instante.
—Puedo decirte que el profesor de pociones habla mucho de tí—dijo con emoción—dijo que me reconoció desde el primer día, porque tenemos los ojos y el cabello del mismo color—entonces la pequeña mano hizo una moción de que bajara la cabeza y  le revolvió los mechones rubios con cariño, le hizo reír un poco y ella rió también—dice que eras uno de sus mejores estudiantes, que es una lástima que ya no estes en sus clases—Terry presionó los labios en una sonrisa tímida. Siempre había sido demasiado bueno con las pociones, pero de nuevo, alardear no era lo suyo, y ser el centro de atención lo era mucho menos.
—¿De verdad?—murmuró, sonriendo con melancolía. Recordaba cuánto le gustaban aquellas clases de niño, recordaba cuan especial se sentía cada vez que daba una respuesta correcta, disfrutaba estar frente a un caldero tanto como frente a una libreta…Después de todo ¿no es todo lo que permite crear algo nuevo, una forma de arte?
—¡Si!—dijo, dando una cabezada y mirandole hacia arriba, a pesar de estar un escalón por debajo de ella, continuaba siendo abominablemente alto, y aquello era algo que no podía cambiar—le prometí que iba a practicar mucho, para ser tan buena como tu—“ser como tú” el corazón le dió un vuelco una vez más, y le miró hacia abajo,  estirando una esquelética mano para acariciarle la mejilla. Ella le veía con admiración, no entendía cómo, pero era cierto…Y le llenaba de una infinita alegría, de que quizá estaba haciendo  una cosa bien, pero a la vez estaba asustado…No quería decepcionarla, ni ahora ni nunca, y Merlín sabía, que en realidad no era nada que admirar, realmente no sabía lo que hacía, solo estaba tratando de salir adelante, como todo el mundo.
—Seguro vas a serlo…—le dijo dócilmente—y hasta mejor que yo, incluso—ella había reposado la mejilla en su mano en aquel segundo, hasta que ya no pudo alcanzarla.
—Las clases de vuelo también me gustan—le dijo, mirándole con ojos de ciervo—no son tan difíciles como mamá decía…—observó pensativa—aunque todavía no soy excelente—sus hombros cayeron dramáticamente—Necesito trabajar en mi balance, eso dice el profesor Wood—dijo, su expresión adoptando una suma concentración, como si estuviese recordando alguna cosa—también dice que tengo potencial para volverme jugadora de Quidditch—sus ojos brillaron en dirección a su hermano, expectantes a una reacción, Terry le dio una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Vaya!—había exclamado, deliberadamente dejando que un entusiasmo, quizá demasiado fuerte, se colase por su voz, tan solo para verla sonreír de oreja a oreja y dar un salto.
—Estás orgulloso de mi entonces ¿verdad?—dijo, sus ojos abriéndose como platos en espera de una respuesta. Terry apretó los labios y suspiró.
—No necesitas hacer nada para que esté orgulloso de ti, Libby—su mano huesuda volvió a rozarle los dedos con cariño, pero aquella urgencia en los ojos de la niña no desapareció, en vez,  ella frunció el ceño.
—Pero si estas orgulloso de mi ¿verdad?—Terry sonrió, echando la cabeza a un lado y escrutando el rostro de la chiquilla, fijando ahora, en las pecas esparcidas por su nariz…Parecían haber aparecido justo en aquel momento, como si nunca las hubiese notado antes y aquella tristeza volvió a tomar residencia en su pecho; Se había perdido de tanto Es posible lograr que el dibujo se mueva sobre el papel, pero nunca tan rápido como el tiempo, que nos pasa de largo antes de que nos demos cuenta.
—Claro que si—le dijo, casi en un susurro—siempre voy a estarlo—Katya se había parado derecha y con los hombros atrás, la sonrisa inquieta en su rostro, delatando su felicidad ante aquellas palabras.
—También quiero aprender Esgrima…—le dijo entonces, comenzando a caminar un pie delante del otro en aquella tabla de madera—pero Vi dice que soy demasiado pequeña y no quiere que me saque un ojo, Angel y Anca casi no tienen tiempo—hubo un silencio y entonces bajó la mirada—Y tu no estás aquí…—aquel golpe de culpa le dio contra el pecho una vez más.
—Perdóname…había dicho abruptamente, pero en un tono tan bajo que a duras penas calificaba como un susurro. Perdoname por ser tan débil—¿podrías?—y por aquel momento, viendo aquellas miradas idénticas cruzarse, era difícil saber cual de los dos era un crío.
—Con una condición—había dicho entonces la pequeña rubia, un puchero formandosele en la boca y el dedo índice levantado, conforme encaraba ahora a su hermano mayor, todavía mirandole hacia arriba, y ligeramente de puntas.
—Dime—volvió a adoptar un tono condescendiente conforme con otra zancada tomaba asiento en la grada en la cual ella estaba parada.
Quédate…—la pequeña rubia había tomado asiento junto a él, y entonces miraba sus manos, que reposaban sobre su regazo, aquella petición fue muy pequeña, apenas un hilo de voz teñido de tristeza y confusión.
—Libby…—había susurrado Terry, rodeando con el brazo entonces a su hermanita menor—sabes que no es tan simple—y de verdad le gustaría poder explicarlo, le gustaría poder decirle que nunca fue su intención dejarla, nunca fue su intención dejar a ninguno…Simplemente no había tenido opción, simplemente no había sido demasiado fuerte…Había fallado, les había fallado a todos.
—¿Por qué ya no nos quieres Terry?—le preguntó, escondiendo entonces el rostro en su costado, el corazón del rubio iba rompiendose poco a poco.
—Claro que los quiero…—declaró, de repente sin aliento. Los quiero con toda mi alma—por favor no digas eso—las manos le volvían a temblar sin piedad, sin embargo tomó a la pequeña rubia del rostro con cautela—mírame—entonces le plantó un beso en la frente—no importa donde esté, eso no va a cambiar nunca—aquellos ojos del color del chocolate negro, salieron de su escondite, brillando con tristeza.
—Yo no quiero que vuelvas a irte—dijo, con aquella voz diminuta—yo quiero que te quedes conmigo— y sin aviso previo se le había colgado del cuello, abrazándolo con toda la fuerza que le permitía su pequeño cuerpo…Como si tuviera la esperanza de que  aquello fuera suficiente para comprimir todas aquellas piezas rotas en su interior de vuelta a su lugar.
Le abrazó de vuelta con igual fuerza, pero no  era capaz de hablar “ Lo estoy intentando” fue todo lo que pudo pensar  e incluso el mismo no estaba seguro a que se refería “lo estoy intentando con todo lo que tengo”. 
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 11:57 am

Lo ha sabido por un tiempo, que papá no va a regresar, la tía Amalia les había sentado a todos en la cocina el martes de hace dos semanas, pero el lo ha sabido desde hace mucho antes,  lo sabe desde hace casi un mes.  Desde aquella tarde del viernes, todos habían ido con los tíos al mercado, entre tanto el se quedó en casa con mamá, recientemente le habían sacado del hospital Terry quiso quedarse a cuidarle.  

 
 Además de verdad le gustaba dibujar, quería ser tan bueno en eso como ella, quería ser el mejor; y así poder regalarle a toda su familia los más bonitos dibujos.

 
Había estado dibujando un soldadito, un modelo a carboncillo del soldadito de juguete que le había dado papá, mamá sonreía y le miraba por sobre el hombro, juntos merendaban frambuesas y ella le contaba sobre el abuelo, y sobre como su manera de dibujar le recordaba tanto a él.

 
Luego el timbre sonó y todo lo que pasó después es como un rompecabezas estampado contra el suelo, le faltan piezas ahora…Solo recuerda ojos marrones, llenos de condolencia, los ojos del oficial, sus ojos y sus manos, aferrándose a una gorra de camuflaje, la gorra de su padre.

 
Recuerda el drástico cambio en el rostro de mamá, recuerda su sonrisa; como desapareció y como no volvió jamás, recuerda ver el color abandonar su rostro y recuerda ver las lágrimas desbordarse por sus ojos verdes, recuerda como su peso cae sobre él, cuando mamá cae de rodillas y contra su pecho, que es demasiado pequeño para soportar aquel peso…

El oficial le ayuda a calmar a mamá, luego lo sienta en una silla lejos de ella, recuerda sentir la gorra en sus manos y darse cuenta de que había estado llorando también. El hombre le limpia el rostro con las manos y le toma del hombro.

 
—Tendrás que ser fuerte, campeón, ahora debes cuidar a mamá…—recuerda haber sentido una imperiosa necesidad de llorar, seguida por una fuerte sensación de culpa, era egoísta llorar, sobre todo cuando mamá lo necesitaba.

 
Se limpia los restos húmedos de las mejillas con tanta fuerza que se hace daño, luego respira hondo y se traga un sollozo que le presiona dolorosamente el pecho.

 
Y años después, el olor a frambuesas aún le da ganas de vomitar. 

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—¡Estoy supersupersuper emocionada por el baile esta noche!— saltaba Bianca conforme le abrazaba el costado del huesudo brazo—¡verás que nos divertimos mucho!—Terry soltó un suspiro, enarcando una ceja con sutileza.

—Anca, dije que no iré—declaró con seriedad, mirandola por el rabillo del ojo conforme ambos caminaban hacia los jardines, con las espadas de esgrima envainadas en las manos libres.

—Si lo hiciste—dijo con una cabezada, apretando los labios por un momento—pero salió por este oído—se dio un toquecito en la oreja derecha y sus labios de un brillante rosa se curvaron en una sonrisa inocente conforme batía las pestañas. Terry bufó.

—Muchas gracias—dijo, su mal humor resultando más ligero esta vez, pues sabía que la pelirroja no lo decía enserio—pero no me hacen falta más personas que no escuchen lo que tengo que decir—Bianca chasqueó la lengua y apoyó la cabeza contra su antebrazo.

—Claro que te escucho pie grande—le dijo, mostrándole ojos de cachorro—¡pero tienes que venir al baile!—se veía realmente consternada, como si aquello fuese realmente importante y para nada una exageración—si no ¿cual es el punto?—un sonido brotó de la garganta de Terry, aquella famosa combinación  entre un bufido y los indicios de una risa, que se había vuelto la única cosa que quedaba, aparentemente.

—Considerando que no se bailar—dijo con una expresión burlona—seguramente todo menos eso—Bianca había arrojado la cabeza a un lado.

—¡Oh vamos!—dijo, con otro salto. Y  antes de que pudiera seguir, Terry interrumpió

 —¿La profesora Korshanova les enseñará a conjurar un Patronus este año?—preguntó de repente, y aunque Bianca le miró confundida, dio una cabezada.

—Si—dijo, mirandole hacia arriba—¿por qué?—Terry sonrió de lado y otro de aquellos mínimos intentos de risa le brotó de la garganta.

—Porque si tu Patronus no es un conejo voy a estar muy decepcionado—dijo satíricamente, y Bianca le miró con seriedad, y Terry suspiró.

—Me estoy metiendo contigo—le dijo, dándole un apretoncito en el costado—no me mires así—los ojos verdes de Bianca le miraron bien abiertos y frunció el ceño cual niña en plena pataleta.

—No cambies el tema Ter—le dijo, mirándole de nuevo con ojos de cachorro—te lo digo muy enserio—los labios del rubio se curvaron en un intento de sonrisa floja.

—Anca, yo también—dijo, bajando entonces a mirarle—te consta que no tengo gracia para bailar, me conoces de toda la vida—la pelirroja tomó una bocanada de aire e hizo una mueca.

SisisiLoSe—dijo, de nuevo demasiado rápido como para que aquellas palabras no se mezclasen entre si—peroCuandoUsasLaEspadaTienesGracias¿AsiQuePorqueNo? — Terry se dio unos golpecitos en el pecho, señalando a la pelirroja que respirase y  hablase más lento.

—La última vez que revisé, bailar no era para nada proporcional con utilizar un objeto puntiagudo para pelear con la gente—dijo, con un tono entre sardónico y serio.

Bianca suspiró derrotada y las manos fueron a reposarle en la cintura, personalmente Terry estaba impresionado de que ninguna de las personas que pasaban por ahí se llevaran un golpe accidental.

—No fue lo que quise decir…—sus labios se fruncieron como en un puchero, torciendose luego en diversas muecas, su rostro reformandose poco a poco en una expresión que asemejaba de la manera más cercana a la seriedad, tratandose de Bianca McClay, claro está.

—Oh, lo siento me di cuenta—dijo sarcástico y entonces sintió un pinchazo en el costado, que resultó más incómodo que doloroso, ya que no había mucha carne que agarrar.

—¡Deja de ser sarcástico!—aquello no fue un grito, fue una demanda aguda—te hablo en serio, Ter—entonces se había detenido bruscamente, logrando que el rubio hiciera lo mismo—podríamos divertirnos—dijo, apoyando la espada envainada en uno de los muros y tomándolo de ambos ante brazos—¡es un baile, y va a haber torta y navidad!—la esquina de los labios del rubio se curvó.

—¿Hace cuanto tiempo que no practicas esgrima? Creo que has perdido el concepto Anca.—bromeó, agarrándose de aquella metáfora para evitar el tema a toda costa. Bianca arrojó los brazos sonoramente a su costado.

—Lo que quise decir, fue que si utilizas tu destreza en la esgrima con una chica puede que te vaya mejor con el baile.—levantó un dedo—¡lo sabes Anthony!— Terry enarcó una ceja, con una expresión divertida.

—¿La agarro de los pies y la muevo por los aires hasta que le doy a alguien en el estómago con su cabeza?

—¡TERRY!—se quejó con el ceño fruncido, luego se volvió en un movimiento rápido,  cruzando los brazos sobre el pecho y dándole la espalda—¡ya está! No te hablo—el rubio hizo su mejor esfuerzo por esconder una risa ahogada.

—la réplica de secundaria ¿en serio?—Bianca frunció los labios, aún sin volverse a él.

Hmp—fue todo lo que artículo, levantando el mentón de manera orgullosa. Terry suspiró resignado.

—Bien—dijo entre dientes, arrojando las manos al aire—iré si quieres—Bianca se había vuelto de golpe, completamente feliz, una sonrisa de oreja a oreja en sus labios rosados y sus ojos verdes brillando como esmeraldas.

—¡Si!—saltó victoriosa, tomandole de ambas manos y lanzándose a abrazarle—¡vas a ver que no te vas a arrepentir!—Terry bufó.

—Bueno, eso fue rápido…—murmuró con sorna, abrazando de vuelta a su amiga, cuya cabeza reposaba en su estomago al no llegar a su pecho—solo prometeme que no vas a obligarme a bailar—Anca se había separado, juntando ambas sus manos sonoramente.

—Oh, no—dijo, mientras negaba con la cabeza—nunca haría eso, eres horrible bailando—la mandíbula de Terry cayó abierta y enarcó ambas cejas.

—¿Qué?—preguntó la pelirroja, mostrando ojos inocentes—no es malo si lo dices tú primero.

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La tía Mercedes viaja desde  España justo el día después de que reciben la noticia, y los tíos Mihai y Amalia se enteran aquella misma noche en su regreso a la casa. Los adultos toman una decisión; la decisión de no contarles a los niños, no aún. Mamá está enferma de nuevo, y Mercedes insiste que es lo mejor, el pequeño Terry, en el lugar equivocado al momento equivocado, se vuelve cómplice por orden de los adultos y debe mantener aquel secreto lejos de sus hermanos por un tiempo más. Pretender que su corazón no se rompe cada vez que alguno habla del regreso de papá, pretender que todo está bien. Y  duele, y no puede llorar, se lo ha prometido a mamá que solo se pone peor y hacer cualquier cosa que le altere no puede ser nada bueno, asi que Terry carga aquel peso en silencio, cualquier cosa si aquello logra que mamá se quede, que mamá mejore.

Los meses pasan y eventualmente los adultos le cuentan la verdad a sus hermanos, mamá no mejora, y Amalia, Mihai y Meche deciden que no  hay manera de apaciguar la noticia, sin importar cuánto tiempo más se posponga.

De alguna manera, el pequeño niño rubio espera el alivio, de no tener que cargar con aquel secreto ya más, quizá su almohada no va a tener que amortiguar sus sollozos y quizá las pesadillas se detengan, Terry espera, pero aquel alivio no llega nunca, porque aún es verdad, es verdad que papá no va a regresar.

...


No puede llorar, se recuerda aquello a si mismo muchas veces al día.  Su familia está triste, y todo lo que quiere es que sus hermanas no lloren, quiere que sus hermanos dejen de pelear,  quiere que el tío Mihai deje de beber y quiere que aquellas despiadadas ojeras desaparezcan de los ojos de las tías.  No puede llorar, su familia lo necesita y eso es egoísta.

Pero a veces no puede evitarlo, ni siquiera se da cuenta, las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas sin aviso o remedio alguno.

—Ahí está…—es la noche del funeral de su padre, y la tía Meche le habla en español conforme, arrodillada frente a él le ayuda con el pesado traje elegante, que es solo un poco demasiado grande para él, y solo un poco incómodo. Le gustaría poder decir lo mismo con respecto a la ocasión, pero no. Era simplemente demasiado temprano, demasiado temprano para tener que decir adiós a su padre—pero mira que guapo estás—con suavidad la tía Meche le limpia las lágrimas en las mejillas, y aquella es la primera vez que se da cuenta de que llevan allí un buen rato.  Lleva la nariz moqueada y su vista borrosa de repente está clara.

—Lo siento…— pide por lo bajo, mirandole con ojitos rojos. Meche le toma de ambas manos,  y le besa los nudillos con cariño conforme niega con la cabeza, sus propios ojos comienzan a llenarse de lágrimas y Terry entra en pánico.

—Por favor no llores tía—le urge, tallando sus propios ojos, buscando deshacerse de todo indicio que quedase de sus propias lágrimas—no quiero que llores por mi culpa—el español se desliza con facilidad  por su lengua, al igual que en el caso de todos sus hermanos, facilmente se ha vuelto el tercer idioma de la casa.

La mujer azabache se lleva la mano a la boca, amortiguando sus sollozos, continua negando con la cabeza,  su dulce sobrino con un corazón tan bueno…Le gustaría poder hacer algo por él, le gustaría que no tuviese que haber cargado con todo aquello portando la mente de un adulto.

—Mi niño…—ambas manos le toman del rostro y entonces le besa entre las cejas—mi niño no es culpa tuya—luego le besa las mejillas—nunca ha sido culpa—está llorando de nuevo, pero pronto la tía se ha deshecho de las lágrimas una vez más, haciendo lo mismo con las suyas—ahí está, no vamos a llora’ más—le dió un fuerte apretón en ambas manos—¿eres mi chaval valiente?—le preguntó con dulzura.

Los ojos de Terry se humedecían una vez más,  pero había apretado los labios con fuerza, evitando que las lágrimas se derramasen a toda costa. Asintió aguantando la respiración.

   

—Muy bien…—le había dicho, en una voz tan débil que fue casi un susurro—entonces, yo voy a ser fuerte también.
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“¿Que hacen los militares, papá?”
Recuerda haberle hecho aquella pregunta muchísimas veces, porque nunca les dejaban ni a él ni  a sus hermanos ir con él cuando viajaba, y papá siempre se quedaba pensado, sus ojos se perdían por un momento en el techo y luego sonreía de lado. 
“Nuestro trabajo, Terry” declaraba con orgullo “es lograr que todos esten a salvo, hacer que todo este bien”


Acto seguido, siempre miraba a su padre con asombro, aquellos ojos grandes e inocentes abiertos de par en par porque ¿como era posible que su padre se encargara de que todos estuvieran bien? El mundo era demasiado grande; entonces solo le dejaba dos opciones. 
Papá estaba exagerando, o era un superhéroe. Siempre escogía la número dos, aunque hasta ahora nunca la había entendido completamente, o mejor dicho, nunca había buscado darle una explicación antes, pero aquel Abril la explicación aparece frente a sus ojos. 
Quizá, tener superpoderes no se trataba de visión láser, o superfuerza, o super velocidad o nada por el estilo. Puede que haya gente que es así, su marca es tan fuerte que mantienen tu mundo entero, sosteniéndolo por los pequeños pedazos, las cosas que nadie ve. Y no te das cuenta de que son ellos quienes están sosteniéndolo todo, hasta que no están más a tu lado. 
Llora de nuevo, y no deja de tallar sus mejillas, porque le prometió a Meche que no lo haría. Sus manos juegan con el soldadito de plástico, que se ha vuelto un método para hacer frente a su ansiedad, siempre estaba en sus manos, y lo deslizaba por sus dedos pasándolo de una palma a otra, buscaba una expresión familiar en aquel rostro tallado en verde.
—Terry, ești gata?—(Terry ¿estás listo?)— aquella dócil voz le hace apartar la mirada de la ventana, y los ojos oscuros del rubio se encuentran con aquella niña morena, que de alguna u otra manera es su hermana mayor, de vestido negro y moño en la cabeza, lista para el funeral, tal como él. Se talla los ojos una vez más y sorbe la naríz.
 

—Casi, casi—le responde, esta vez en inglés, fingiendo bajar la mirada hacia sus botones, y terminando por deshacer un par fingiendo que se arreglaba para  evitar los ojos de Elvira, pero aquello no había ayudado de mucho, solo logrado que se derramasen las lágrimas que sus ojos resguardaban.
 

—Está bien…—susurra ella, mirándole con ojos tristones pero compresivos—puedes llorar—La niña avanza sobre un par de zapatillas del mismo color de su vestido y el suelo cruje a su paso; hay unas tachuelas sueltas, que papá había prometido arreglar en cuanto volviera. Arroja los brazos alrededor de Terry, en aquel momento resulta incluso más alta que el, entonces el rubio se esconde en su pecho.
 
 

—El jardín se marchita— fue todo lo que pudo decir, su voz es diminuta, no exactamente como un susurro, pero como la de aquel que se ha quedado afónico sin aviso. La azabache presiona un beso contra el tope de su cabeza, y en aquel momento, el puede sentir que ella llora también.
 

—¿Por qué el jardín se marchita, Vi?—preguntó con insistencia, ignorando completamente que Elvira no era más que un año mayor que él. Ella era como Ezra, ambos eran los mayores, por eso eran los que siempre sabían.
 

—Nu știu...—(no lo sé...) admitió, casi disculpándose, conforme se limpiaba las pocas lágrimas de las mejillas—quizás extraña al tío Jim...—ofreció con tristeza, mirando por encima del hombro de Terry hacía la ventana, donde el viento despiadadamente despoja a los árboles y arbustos de sus hojas y de los pétalos en sus flores, donde el cielo se ha tornado gris.
 

Terry había asomado el rostro, manteniendo el mentón pegado al pecho de su hermana mayor, sus ojos irritados de tanto llorar le miraron sin entender.
 

—¿Y cómo lo sabe el jardín?—como sabe el jardín que papá no va a volver. Vi apretó los labios y bajo la mirada, colocándose un mechón de cabello corto tras la oreja.
 

—Mi mamá dice que las flores pueden sentir lo que pasa a su alrededor—dijo en un susurro, sus ojos negros encontrándose con los de Terry, como si aquello fuese algo confidencial, o como si estuviese esperando que la llamara lunática, cualquiera de las dos—quizás ellas también estén tristes—el niño frunció el ceño ligeramente.
 

—¿Quieres decir que sienten como las personas?—preguntó, adoptando el mismo tono de confidencialidad, Vi negó con la cabeza, pero Terry no le vió, sus ojos habían regresado al jardín, que a pesar de la distancia se marchitaba poco a poco muy visiblemente.
 

—No—dijo la niña con simpleza—mi mamá dice que es una vieja leyenda, que las flores son capaces de absorber la esencia de los sentimientos de las personas, por eso le regalamos flores a la gente que queremos, y por eso todas las flores significan algo diferente—dijo conforme una mano  rebuscaba el bolsillo de su vestido y la otra le acariciaba el cabello al rubio de manera reconfortante.
 

En aquel momento la tía Amalia se había asomado por la puerta, se le ve cansada y demacrada, su cabello rubio recogido de la mejor manera posible, para hacer menos aparentes aquellas canas prematuras producto de la constante angustia, aún así, muestra una sonrisa a ambos niños.
 

Inimile , într- un timp vom merge—(corazones, en un rato nos vamos) Elvira y Terry asienten, ,todo aquel tiempo que habían pasado los tíos en la casa, habían llevado a Terry y a sus hermanos a poder comprender el rumano, a pesar de no dominarlo lo suficiente como para poder responder.
 
 

—Gracias, tía Malia—dijo Terry dulcemente, soltando entonces a su hermana. Enlazando las manos al frente y poniéndose derecho; “espalda recta, hombros atrás” era lo que papá siempre decía—casi estoy listo—la tía Amalia dio una cabezada.
 

—Tía Mercedes está terminando de darle las medicinas a la tía Ingrid y estaremos en camino—dijo, posando entonces los ojos en Elvira —ajuta-l termina obtinerea gata, te dragă?—(ayudalo a terminar de arreglarse, podrías cariño)—la azabache asintió obedientemente.
 

—Da, mama— tía Amalia se dispuso a darse la vuelta, pero Terry habló una vez más.
 

—Tía—dijo, esta vez un poco más fuerte, como si su voz hubiese regresado de repente—¿podemos darle un beso de despedida a mamá antes de irnos?— la mujer apretó los labios y luego soltó un suspiro.
 

—Creo que es mejor que no, querido—dijo con suavidad—mamá está muy cansada, ha pasado mala noche y es mejor que la dejemos dormir—le ofreció una sonrisa de disculpa, parecida a la de Vi   con aquellas mismas arruguitas en la comisura de los labios—bine?—Terry suspiró derrotado y sus hombros cayeron.
 

—Está bien…—dijo, alargando las palabras con pocos ánimos y entonces la tía Amalia se había ido, logrando que Terry se volviese a la azabache na vez más, pero en vez de caer en sus ojos, su mirada cayó sobre sus palmas abiertas, que ahora sostenían algo para él.
 

—Se llaman boca de dragón…—susurró, y Terry observó aquella flor; que asemejaba una campanita de color rosado, su centro era un poco profundo, como si las abejas pudiesen utilizarlo como un vaso para tomar agua—significan fuerza—se encogió de hombros, su voz tornándose más baja con cada palabra, como si le diese verguenza dar aquella sugerencia—pensé que querrías llevarla...—su hermana le dió una sonrisa, diminuta y triste. El rubio  entonces sacó de su bolsillo al desgastado soldadito de plástico, sentandolo cómodamente en el medio de aquella campanilla.
 

—Gracias,  Vi…—dijo amablemente, tomando la flor con cuidado, sonrió, y entonces aquella tristona sonrisa de la azabache pareció iluminarse un poco.   Papá siempre estaba diciéndoles que debían ser fuertes, y aquella era una flor del jardín de papá, Terry pensó, que seguro aquella flor había tomado aquella fuerza de él
 

Papá era un superhéroe, y si Terry no podía ser un superhéroe, entonces por lo menos iba a sonreír, quizá era contagioso, y quizá podría ayudar, quizá si el sonreía y entonces todos los demás lo hacían también, entonces iban a olvidarse de que estaban tristes a pesar de que el también lo estuviera, y el jardín de papá se curaría poco a poco. 


Última edición por Hakuna Matata Bitch el Jue 26 Mayo 2016, 6:02 pm, editado 1 vez
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 12:15 pm

Vi's Lullaby
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Entra a la biblioteca casi a escondidas. Está siendo particularmente cuidadoso con que nadie fuera de su familia le reconozca, no sabe porque, pero el pensamiento de que pueda pasar resulta casi terrorífico;  No quiere encontrarse con ningún extraño  que le pregunte muy amablemente que como  ha estado, no quiere los ojos lastimosos de antiguos conocidos que obviamente han escuchado suficientes rumores ya.
 

Solo busca a Elvira, sin embargo, la descripción  "chica morena con el rostro enterrado en un libro y algún tipo de lápiz en la boca” prueba no ser una descripción muy útil en su cabeza, piensa en acercarsele a la bibliotecaria y quizá preguntar, pero su ansiedad no es buena para ese tipo de situaciones.
 

Camina por los pasillos, quizá demasiado lento para su propósito, pero sus dedos recorren los libros en los diversos pasillos con cuidado y melancolía...Este lugar tampoco ha cambiado nada, solía ser su escondite y toda se siente de aquella manera. No puede describir el alivio que siente con respecto a ello, con respecto a que la biblioteca se sienta segura...En algún sentido, era como si no hubiese perdido todo.
 

Recorre las mesas con los ojos, pero no parece tener suerte. Es usualmente la parte más congestionada de toda la biblioteca, no es ningún secreto que resulta más fácil trabajar allí antes que arrinconado en el suelo.
 

 Entonces, en el túmulo de la gente reconoce un rostro familiar; de cabello oscuro y ojos azules. Hace una mueca, Elizabeth Knave había sido hace años la chica quien le dió su primer beso, se esconde más rápido que inmediatamente detrás del librero y rezando a Merlín y a toda su mesa redonda que no lo viera.
 

No vuelve a asomarse por un buen rato, pero cuando lo hace, un gran suspiro de alivio se escapa de sus labios Elizabeth se ha esfumado del sitio donde estaba parada, dejando en vez a una figura todavía más conocida; una chica de piel morena y labios morados, entre los cuales sostiene un bolígrafo.  Cuyo cabello negro tan largo como una cascada va decorado por diversas lilas en línea.
 

Se acerca a su hermana mayor de manera sigilosa para que no se diese cuenta de su presencia, hasta quedar en frente de aquella mesa. Solo entonces lleva la mano empuñada a sus labios y se aclara la garganta para llamar la atención.
 

Elvira levanta la mirada, y toma un milisegundo para que sus ojos negros se enciendan con alegría, se levanta de golpe jadeando sorprendida, y  el libro que hasta ahora sostenía entre sus manos se había estampado contra la mesa sonoramente. La bibliotecaria seguramente les hubiese matado en ese mismo momento, que bueno, que posiblemente la azabache pensó lo mismo, pues no habló, en vez hizo una serie de gestos con las manos, apuntandole emocionada como diciendo  "¡Eres tú!” Terry reprimió una risa, haciendo una leve reverencia en lugar y acto seguido, Elvira se había apresurado a rodear la mesa y arrojar los brazos alrededor de su cuello en un abrazo.
 

—No me avisaron que llegaste—había hablado en un susurro lleno de emoción conforme sus manos le acariciaban la espalda un momento—me alegra muchísimo verte—le abrazaba con tanta fuerza que temía que le sofocara, pero al mismo tiempo estaba feliz, la había levantado del suelo y  le correspondía con el mismo cariño—Merlín, Mihai se las va a ver conmigo—suspiró y entonces se separó, tratando de ponerse de puntas para poder tomarle el rostro, sin ninguna suerte—que alto eres—dijo con una sonrisa, cuando completamente de puntas, la yema de sus dedos apenas lograba rozarle los inicios del mentón.
 

—No creo que eso sea información nueva—dijo divertido, y entonces sus dedos rozaron aquellas flores en el cabello de Vi, pensando, con una melancólica sonrisa que ciertas cosas no cambiaban nunca—me alegro de verte…—dijo dócilmente y Vi le abrazó de nuevo.
 

—Se te ha colado el acento español—le dijo, al parecer entretenida con este hecho—aunque es menos fuerte que con la tía Meche—Terry frunció el ceño, quedándose pensativo un momento, no era algo de lo que se hubiese dado cuenta antes.
 

—A ti te ha vuelto el acento rumano—le dijo con una sonrisa de lado, al igual que había sucedido con Mihai, el acento de Elvira volvía a ser aparente a sus oídos, la azabache negó.
 

—No, solo éstas menos acostumbrado a mi—rió y entonces se volvió a recoger los libros que quedaban sobre la mesa, organizandolos con rapidez dentro de su bolso tejido. Se había vuelto a el lo suficientemente pronto, tomándolo de las manos y dándoles un apretón—Ven, vamos—dijo en un susurro contento y entonces le jaló hacia uno de los pasillos.
 
. . .

 

Se encontraban sentados en el suelo, estilo indio con la espalda contra uno de los libreros de madera, como niños que se esconden para que no los encuentren.
 

—Cuéntame de España—le pidió la azabache a una sonrisa de labios cerrados, apoyando entonces el mentón en una de sus palmas—¿está igual que cuando éramos niños?—de repente se sintió extraño, aquellos ojos negros le miraban con toda su atención, y ninguno de sus hermanos había hecho eso por mucho tiempo.
 

—No mucho, en realidad—dijo con un suspiro, luego rió por lo bajo—o quizá yo soy más alto y no me pierdo de tantas cosas—apoyó un momento la cabeza contra el librero—aunque no pasamos mucho tiempo allí, estuvimos viajando por Europa—los labios se le curvaron en una sonrisa de lado—incluso nos detuvimos en la casa de portugal.
—¿La casa de la colina?—Elvira apretó los labios, mirandole eternecida, estaba felíz de verlo sonreír, aunque sea un poco, a veces un poco era suficiente—Merlín…Ese lugar era fantástico…—los ojos negros habían encontrado los marrones y ambos compartieron aquel momento de silencio, recordando la tardes llenas de sol y todos aquellos juegos que lograban inventarse diez cabezas juntas—¿recuerdas todo ese montón de girasoles? Jugar allí era tan divertido…—Terry asintió.
—Claro que recuerdo, quise volver solo para poder dibujarlo—se quedó pensativo un momento—pero cuando estás solo es un poco triste…Todo, en realidad—separó los labios y entonces su ceño se frunció—las cosas eran más divertidas cuando estábamos todos en la casa—Elvira le miraba hacia arriba, y entonces había apoyado la cabeza en el costado de su brazo
—Yo también lo extraño…—admitió en voz baja—a veces me gustaría volver a la casa, pero ya sabes que es complicado…Sobre todo por ahora—Terry asintió, dando a entender que comprendía que se refería a aquella cosa  de la cual él le había estado comentando en sus cartas—no hablemos de eso…Me alegra saber que sigues dibujado—Terry le miró, sentándose un poco más derecho, con orgullo.
—He mejorado mucho—le dijo, cual niño emocionado—y por fin logré aprender el hechizo necesario para moverlos, como lo hacia mamá—Elvira había soltando una risa pequeña, no era nada en particular, solo…Algo contagiado de aquella emoción con la que el hablaba del arte.
—Eso es muy bueno—le dijo suavemente—seguro tía Ingrid  hubiese estado encantadísima—se abrazó a su costado con fuerza por un momento—siempre decía que tu te volverías un gran artísta—el corazón de Terry dió un vuelco, y aunque su sonrisa fue pequeña, aquella vez se asemejo más a la que tenía de niño.
—¿En serio?—preguntó, realmente sorprendido. Por supuesto que era algo que su madre le decía mucho, pero era natural, que se viese un desastre de dibujo hecho por un niño y se dijera aquello, por sobre todo si se trataba de un hijo.
—Claro que si, corazón—cada vez que lo llamaba así, tenía que esforzarse por no reír, era como escuchar a la tía Amalia—decía que ibas a seguir con el legado de tu abuelo—enarcó una ceja—yo muy bien recuerdo que querías abrir una galería de arte, eso decías todo el tiempo—Terry dio una cabezada.
—Todavía quiero hacerlo—admitió, no era algo que mucha gente supiera, pero sin importar cuanto tiempo pasara, aquella parte del pequeño niño rubio que quedaba en  el pobre loco jamás se había rendido con ese sueño…De llegar a la gente con su arte, de mostrarle al mundo lo que tenía que decir de una manera u otra.
—Definitivamente deberías—le dijo, mirándole hacia arriba, en aquel momento Terry había  tomado una de las lilas de su cabello, entre los dedos y con cuidado, parecían ser un poco más grande que las lilas normales, pero definitivamente eran de verdad—cuidado—había advertido la azabache, un segundo demasiado tarde, pues el rubio se había pinchado con algo que asemejaba a un alfiler justo detrás de la flor.
—¡Agh!—se había quejado llevándose el dedo adolorido a la boca—¿que carajo es eso?—la flor volvió a caer sobre la palma, y ésta, agarrandola con cuidado la volvió a colocar en su cabello.
—¿Estás bien?—preguntó, estirando el cuello un poco y volviéndose a mirarlo con una preocupación leve, Terry asintió y entonces Vi suspiró aliviada—las prensó con un alfiler para que no se caigan, así que hay que manejarlas con cuidado—el rubio enarcó una ceja.
—¿Son flores en serio?—preguntó curioso, crear algo tan genuino a base de material sintético era imposible, ni siquiera un dibujo era capaz de capturar cosas por el estilo enteramente.
Mmh-hm—dijo Vi con una sonrisa—¿recuerdas el hechizo que le pusimos al jardín aquel verano hace años?—y entonces rió, recordando a su padre, recordando sus ojos llenos de emoción y el suspiró resignado de su madre.
—¿El que evita que las flores se marchiten?—preguntó, casi seguro de que así era.
—Ese mismo— Elvira asintió—estuve jugando con el un tiempo, y logré modificarlo un poco para que también funcione con flores marchitas, todavía tengo el original, pero no me gusta arrancar las flores—se encogió de hombros—así que espero que se marchiten y se caigan, luego las recojo y las modifico, el alfiler las vuelve un adorno bonito—el rubio dio una cabezada, sonriendo de lado.
—Interesante…—dijo pensativo—algo tenías que hacer con el habito—ambos habían intercambiado otra mirada de entendimiento, y sonreido ante un recuerdo de cuando eran niños, pero entonces Terry se aclaró la garganta—Vi…¿Sigues dando turno en las tres escobas?—la azabache desvió la mirada, estaba consciente de que a sus hermanos no les simpatizaba que trabajara, ya de por si estaba encargada de coser gran parte de la ropa de sus hermanos, pero a veces no quedaba de otra.
—Un fin de semana si y uno no—dijo con simpleza—sabes que mis padres necesitan el dinero, Terry, y si puedo ayudar lo haré—el rubio suspiró.
—Cambiemos de tema—ofreció en el interés de no iniciar una discordia, Vi había vuelto a apoyar la mejilla contra su brazo.
—¿Cómo estás..?—preguntó de repente, en un susurro, como quien tira la piedra y esconde la mano, pero de una manera tan dócil que le fue imposible no responder, por mucho que le pesara.
—Estoy mejor…—murmuró—de verdad lo estoy—y hasta cierto no era mentira, estaba mejor, pero no estaba bien  ni mucho menos seguro de si alguna vez iba a volver a estarlo—sigo tomando unas pocas pastillas y hacen lo que pueden—se encogió de hombros—no estoy enfermo, no lo estoy—aquellas últimas palabras surgieron de manera diminuta, como las de un niño que se dice a si mismo que los monstruos no existen justo antes de irse a la cama.
—Tranquilo—Vi le había tomado entonces de la mano y sus marrones bajaron a encontrarse con los negros, seguía siendo su hermana mayor, y de alguna manera seguía sintiéndose más pequeño que ella, pero no podía acostar la cabeza en su regazo ya más o esconderse cuando quería llorar—corazón,  está bien—Terry apartó la mirada, aquella era una realidad con la que vivía todos los días, la realidad de que no era del todo normal, y normalmente era fácil, pero luego,  cuando debía mencionarlo en voz alta se sentía como un niño de trece años de nuevo; asustado, aterrado de terminar solo y encerrado una ves más—lo has hecho muy bien …—Terry se había pasado las manos por el rostro.
—No los culpo—dijo con suavidad—lo sabes ¿verdad? Tú, Sylvana, Mihai y Korina. Ustedes no tuvieron nada que ver— Vi apoya la cabeza contra el librero y cerrando los ojos por un momento.
—Pero sigo pensando que quizá si…—admitió la azabache—volvería el tiempo atrás para detener todo aquel asunto, pero no puedo y sigo pensando que quizá pudimos hacer más—entonces le miró—te quiero, Terry—estiró una mano y le revolvió el cabello—y no hay un día que no lo sienta—el rubio niega con la cabeza, y entonces se inclina a besar la frente de su hermana.
—No digas tonterías—dijo con un suspiro—ustedes no se enteraron hasta que yo estaba fuera de Devonshire, no hay nada que hubiesen podido hacer—Elvira se recostó sobre su brazo.
—Bueno, no hay nada que Teresa, Travis o Ezra puedan hacer para cambiar las cosas tampoco…—murmuró mirándole hacia arriba—mira, no trato de ser mediadora…—Terry bufó.
—Claro que si—le dijo enarcando ambas cejas—no me hables como si no te conociera—Elvira hizo una mueca.
—Bien, quizá un poco—suspiró—pero son mis hermanos, y los tuyos también—dijo, encogiéndose de hombros—y no es justo que todos, incluido tú, tengan que cargar con el peso de un resentimiento. Tienes derecho a volver a ser felíz Terry, no tienes porque estar en Devonshire o en España, puedes volver…—apretó los labios—le prometimos a la tía Ingrid que siempre íbamos a estar todos juntos ¿no es tiempo de que volvamos a eso?—Terry le dió una sonrisa triste, que asemejo más una mueca que otra cosa.
—No lo sé, Vi—murmuró por lo bajo, manteniendo la mirada fija en sus manos—algunas cosas son más fáciles de decir que de hacer—la azabache sonrió de lado.
—¿No son esas las que más valen la pena?—Terry levantó la mirada, y hubo un breve silencio.
—Merlín—le dijo de repente, volviendo a apoyar la cabeza contra el librero—vas a ser insoportable en una corte. 
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Nunca le han gustado los domingos, siempre le parecieron tristes por una razón, había algún tipo de sentido de derrota en esos días. Y por eso siempre buscaba hacer algo divertido con sus hermanos los domingos, para alegrarse el día, pero este domingo es particularmente malo, particularmente triste.

—Suntem gata?—(¿estamos todos listos?) la tía Amalia le había pasado justo por al lado, bajando las escaleras al tiempo que formulaba aquella pregunta. Terry se encuentra sentado al tope de la escalera, sus manos tomándose de los espacios entre las barras de madera que conforman su estructura y sus pies colgando hacia abajo, a mamá no le hubiese gustado, pero mamá ya no está, mamá se ha ido con papá.

—Aproape mama—(casi, mamá) la voz de Korina resuena desde abajo, ha vuelto a casa a ayudarles con lo que queda de la mudanza. Ahora todos estaban al cuidado de la tía Mercedes, quien se había instalado en Devonshire con el propósito de cuidarles, además del de su nuevo padrastro Agustus—

Elvira nu a venit în jos încă , ea ajută Mihai repara sac mic—(Elvira no ha bajado todavía, está ayudando a Mihai a arreglar el bolso pequeño) la tía Meche les ha ofrecido estadía, e incluso Agustus ha dicho que no le molesta, pero el tío Mihai insiste en que no pueden seguir siendo una carga en aquella casa, aunque no lo fuesen para nada. Terry quiere decirle aquello, quiere pedirle que por favor no se lleve a sus hermanos. Ha perdido a mamá y a papá, no quiere perder a la mitad de su familia ahora.

 


—¿Tienen que irse?—se escucha ahora la voz de Travis, una mezcla de tristeza y capricho—yo no quiero que se vayan…¿Quien va a hacernos galletas de jengibre si el tío Mihai no está?—luego hubo una risa triste y Terry pudo imaginarse al tío revolviendole el cabello a Travis lo hacia siempre, aunque no pudiese verlo.

 


—No te preocupes monstruo come galletas—le dijo, y su voz sonaba débil, Terry tuvo que agudizar el oido desde arriba para poder saber lo que decía—prometo que vendremos a visitarlos todo el tiempo.

 


—¿Lo prometes, tío Mihai—preguntó Teresa, pero antes de que pudiera escuchar la respuesta del tío una mano se había posado sobre su hombro.

 


—Hola—se había vuelto, encontrándose con los ojos negros de Vi y saliendo del sitio donde estaba sentado—¿qué haces aquí arriba?—le preguntó, levantándose ella también pues se había acuclillado a su altura hace un momento—¿no vas a desayunar?—Terry frunció los labios en un puchero y bajó la mirada.

 


—No quiero—fue todo lo que dijo, y Elvira le miró con cierta preocupación, sus manos todavía sobre sus hombros.

 


—¿No quieres comer?—preguntó suavemente, y Terry negó.

 


—No, no quiero que se vayan... Quiero que se queden—y luego los ojos de Vi se habían vuelto tristes, ella había soltado un suspiro y le había envuelto con un brazo, atrayéndolo hacia ella hasta que lo estaba abrazando.

 


—No es como si no fuéramos a venir a visitar ¿sabes?—le dijo suavemente, y sus manos le acariciaban el cabello como solía hacerlo mamá— pero la tía Ingrid ya no está y el tío Jim tampoco…Tata dice que no podemos quedarnos—el niño rubio le miró hacia arriba.

 


—Pero no es lo mismo Vi…—muy pocas veces Terry Maddox recurría a quejarse, era un niño tan callado que cuando aquella eventualidad se daba no había porque ser detective para saber que realmente había una razón profunda detrás de ello—no es justo—Elvira concuerda, no es justo pero no parece haber nada que ella pueda hacer al respecto. Por aquella vez, ambos son demasiado pequeños para lo que pasa a su alrededor.

 


La azabache permanece en silencio un momento, revolviendo el cabello de su hermano y abrazándolo con mucha fuerza, tiene el sentido de que no podrá hacerlo de nuevo por un buen rato y no sabe porque.

 


—Ven conmigo…—le dice entonces y le toma de ambas manos, guiandolo hacia aquel cuarto que todos compartían—quiero darte algo—la azabache le llevaba completamente, de las muñecas, entonces cuando se habían adentrado a la habitación ella le había soltado tuvo que tomar balance por un minuto.

 


—¿Que es, Vi?—preguntó, mirando confundido como su hermana se acuclillaba frente a aquel bolso de tela y rebuscaba dentro, casi con urgencia.

 


—Es un regalo—dijo, aún concentrada en lo que buscaba—algo que me dieron hace mucho tiempo—Terry se acerca y observa por encima del hombro de Elvira, hasta que ésta sostiene en sus manos una pequeña caja de madera, encima de la cual hay una placa de cobre inscrita en rumano.

 




“Fără tine emoțiile de astăzi ar fi ceafă ieri”

 


—Hipolito

 


La inscripción está desgastada, y por mucho que fuese  capaz de comprender rumano no era capaz de leerlo, no tuvo tiempo de preguntar, Vi se había vuelto a él entonces, sosteniendo aquella caja con suma delicadeza.

 


—Ven, mira—la azabache se había sentado al pie del baúl, apoyando la espalda contra este, y entonces el rubio hizo lo mismo, viendo como ella daba vueltas a una manija de metal negra que sobresalía del costado de la caja de madera—es una caja de música muggle—con cuidado levantó la tapa, revelando la estructura mecánica dentro de la caja, una serie de tornillos y rodillos muy pequeños, Terry abrió la boca, sin embargo antes de que pudiese decir nada, había comenzado a sonar  música.

 


Era un sonido indescriptible, o por lo menos, no sonaba como nada que el hubiese escuchado antes. De repente tuvo la misma sensación que tenía cada vez que observaba una hoja en blanco, con una idea para un dibujo clara en su mente, pero empuñaba el carboncillo y no salía nada.

 


—¿Que instrumento es?—preguntó con curiosidad, viendo a aquella oxidada maquinaria sin entender como era posible que produjera un sonido tan bonito—suena como campanas…—dijo, pero no era exactamente aquello, pensó; era como…El sabor a galletas de menta fina, o aquel sentimiento de cuando la brisa acarreaba consigo el agua de la llovizna y te daba en el rostro, la manera en la que los artistas dibujaban los copos de nieve con todas esas bonitas pinturas que el nunca supo usar, o un beso en la frente.

 


—No lo sé—admitió la azabache encogiéndose de hombros, sus dedos fueron hacia su cabello, que entonces seguía corto—siempre he querido averiguarlo. Se supone que la pieza original se toca en piano o en violín, pero no se como se llama—Terry dio una cabezada y por un momento se perdió de nuevo en aquella música.

 


—Suena como una nana para dormír…—dijo por lo bajo y Vi sonrió.

 


—Puede serlo si quieres—le dijo,  poniéndola a un lado un segundo, y tomándolo de las manos—yo suelo escucharla cuando hay truenos y tengo miedo, repele mis pesadillas—extendió sus palmas con cuidado para posar la caja en ellas un momento después—tu puedes escucharla cuando nos extrañes…—Terry le miró incrédulo.

 


—¿Lo dices en serio?—sostenía aquella caja como si fuese un sumo tesoro. “los grandes detalles están en las cosas pequeñas” papá decía.

 


—Claro que si, te mantendrá a salvo como lo hace conmigo—y por un momento estuvo contento, por un momento antes de que su sonrisa se desvaneciera y mostrase una expresión consternada.

 


—Pero eso no sería justo—sus ojos marrones estaban abiertos de par en par, tan llenos de inocencia, de buenas intenciones, y su ceño fruncido como si tratara de resolver un problema de matemáticas—si yo me quedo con ella, ¿entonces que te va a proteger a tí?—la azache se había llevado la mano al pecho, enternecida.

 


—No te preocupes por eso—le dijo, alborotandole el cabello rubio—ya yo estoy grande—pero Terry negó.

 


—Estar a salvo es importante—dijo muy serio—¿que harás si hay un monstruo debajo de la cama?—pero no le dió oportunidad de responder, pues se dirigió inmediatamente a buscar algo en el estante de los libros.

 


—¿Que haces Terry?—pero luego estaba de vuelta, con el soldadito de plástico entre las manos.

 


—Llévatelo a él—le ofreció—el va a protegerte—la mandíbula de la morena había caído abierta.

 


—Pero tío Jim te lo dió a ti—Terry se encogió de hombros y aunque su expresión fue un poco triste, cerro los dedos de Elvira alrededor del soldadito de plástico.

 


—No importa, puedes traerlo cuando vengas a visitarme—entonces la  voz de la tía resonó desde abajo.

 
“¡Terry, majo!” la tía Mercedes  hablaba en español “baja anda, que los tíos se van dentro de 30 minutos”
 
Pero 30 minutos son muy poco, para decir adiós a aquellas personas que se habían convertido en familia tan rápido.
 


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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 1:52 pm


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it's you and me
you said you'd always be here


 
Observa como el carruaje se aleja...Y se ve tan ordinario, se trata de convencer a si mismo que solo es eso, que el carruaje lleva uno de los paquetes que la tía Meche siempre está enviando a Madrid, algo trivial y no a la mitad de su familia.  No llora, pero hay un vacío profundo en su pecho, una sensación de soledad y de frío que se apodera de él cuando sus ojos recorren aquella habitación, que ahora está vacía, que no colchones, o juguetes en el suelo, no hay ruido por los pasillos, no hay nada
 

La casa está perfectamente impecable, y el pequeño rubio lo odia con todas sus ganas.
 

—Terry…—la voz de su hermano mayor le llama la atención sin embargo se detiene a si mismo antes de voltear, se encuentra encogido en un rincón. Con las manos a los costados de las mejillas, estrujandolas con fuerza, como para establecer que esto volvía su puchero mucho más prominente—te estamos llamando—Ezra Maddox se adentró en la habitación con cautela—la tía Meche quiere que salgamos a comer.
 

—No quiero ir a ninguna parte—se quejó, en un tono demasiado bajo como para que pudiese interpretarse como un quejido—váyanse sin mi si se quieren ir—entonces su hermano había reído, pero con el rabillo del ojo Terry pudo ver su rostro, sus ojos rojos y sus mejillas irritadas, de tanto tallarlas para disimular el llanto.
 

—¿Y tu te vas a cuidar solo mientras nos vamos?—Ezra tiene diez, y se cree muy grande. Pero Terry se da cuenta de que su voz suena igual de desanimada que la de él, aún así, su hermano infla el pecho y se para derecho con porte altanero, incluso si le falta un poco de aliento.
 

—Puedo hacerlo—refunfuño, su voz volviéndose cada vez más aguda conforme las ganas de llorar regresaban—no necesito que nadie me cuide, yo puedo solo—Ezra suspiró y entonces se acuclilló al nivel de su hermano.
 

—¡Oh vamos, enano!—le dijo, resoplando y logrando que aquel mechón blanco en su cabello azabache saliese de sy rostro, dejando ver sus ojos claramente, los colores eran tan extraños que su mirada resultaba incluso mórbida a veces, pero en aquel momento, cualquiera que observase habría visto la sutil preocupación del azabache, porque aquel era Ezra, aquel había sido desde un principio, aquel niño que jamás mostraba demasiado—no seas caprichoso—fue entonces cuando Terry se volvió a mirarle, con el ceño fruncido.
 

—¡No soy caprichoso!—reclamó, subiendo por fin el tono de voz, cosa que no ocurría muy a menudo—¡estoy triste!—Ezra frunció los labios, apartando entonces la mirada.
 

—Pues entonces eres un bebé—Terry había abrazado las rodillas contra su pecho, y entonces su voz se tornó dócil una vez más, sin embargo se mantuvo llena de reproche.
 

—No es verdad…—masculló—tu estás triste también, porque Sylvana se fué—sorbió la nariz—pero quieres hacerle creer a todo el mundo que eres muy grande—Ezra se había cruzado de brazos.
 

—¡Claro que no!—se había quejado el azabache, aunque la voz no le diese para una pataleta como Dios mandaba—Yo solo…¡Yo soy más maduro que tú!—entonces Terry había soltado un quejido y entonces había escondido el rostro en sus rodillas.
 

—No me importa—y luego está llorando, estremeciéndose en silencio. Y entonces es cuando el pánico por fin se apodera de Ezra, aquella preocupación regresa a su rostro y todo aquel orgullo se desvanece.
 

—T-Ter—balbucea, conforme torpemente se acuclilla al nivel de su hermano—T-Ter no llores, no ha sido en serio—apoya una mano en su hombro y el pequeño rubio solo tiembla con más fuerza—van a volver…Verás que vendrán a visitar muy seguido—un cosquilleo comienza a producirse en los lagrimales de Ezra, claro que está triste, se trata de su familia—Los tíos lo han prometido—su rostro se tuerce en una mueca renuente conforme la visión se le nubla. El es el hermano mayor, el no debe llorar.
 

—Pero ¿que pasa si no pueden Ez?—y Ezra frunció el ceño, haciéndose el loco como quien evade una verdad, pretendiendo no entender cuando en realidad entendía demasiado bien.  Trato de mostrar una sonrisa de lado, trato de pretender otra cosa más; que era intocable—¿y si algo ocurre? Como ha pasado con papá…—su hermano soltó un bufido por la nariz.
 

—No seas tonto—había dicho, tratando de mantener la voz firme, como papá lo hacia a veces. Incluso cuando sus ojos parecían derretirse poco a poco en agua—eso no va a ocurrir. Eso no va a ocurrir—y es todo lo que tiene que decir, es todo lo que puede decir.
 

—¿Pero que tal si, sí?—insistió, y estaba entrando en pánico. No era como en las películas, sino lento, lento y horrible. Cuando su respiración comenzó a entrecortarse y de repente no tenía palabras o aliento, de repente fue como todas aquellas noches donde sus lágrimas se vieron amortiguadas por la almohada hasta ahogarlo por completo—Va-van a dejarnos solos ¿no es así? Vamos a quedarnos completamente solos—es un hilo de voz lo que le queda, y luego tiembla sin cesar conforme aquella tormenta de lágrimas que rodaba por sus mejillas se vuelve incluso más despiadada—vamos a quedarnos solos—lo dice de nuevo, hasta que ya simplemente se vuelve el movimiento de sus labios mudos.
 

—No, no, eso no es verdad—el azabache ha saltado arriba y ahora se encuentra frente a su hermano, sus ojos por fin se han desbordado en llanto propio, aún así su pena parece congelada por la preocupación en aquel momento. Porque Ezra era valiente, Ezra era valiente como Terry no sabía serlo—no es verdad enano, nunca vas a estar solo—ha tomado a su hermano de las mejillas, quizá de una manera un poco brusca, consumido por su propio nerviosismo, pero aun así con un notable afecto.
 

Terry mira a su hermano mayor a los ojos, y aquella peculiar mezcla de colores le obliga a  concentrarse. Recuerda haberle prometido que algún día iba a encontrar la combinación de  tiza  que lograse capturar su color de ojos, entonces iba a hacer un retrato y a dárselo. El color de sus ojos no tenía un nombre aún y  aquella incógnita lo trae de vuelta.
 

—¿C-co-como lo sabes?—está un poco más calmado, pero sorbe la nariz con cada palabra y el cuerpo aún le tiembla un poco—mamá y papá no están…Los tíos no están, Vi, Mihai, Sylvana y Korina…—pero Ezra le corta de golpe, mientras que todavía le toma del rostro.
 

—Eso no importa ¿está bien?—había dicho con firmeza a pesar de sus propias lágrimas, como si estuviese aguantando la respiración—yo estoy aquí—declaró—estoy aquí y voy a quedarme aquí enano—su hermano no era conocido por ser el niño más honesto del mundo, lo suyo eran las mentiritas blancas para salirse con la suya en cualquier situación, era muy listo. Pero en aquel momento, Terry le creyó.
 

—¿De verdad?—de rodillas, el rubio limpia con las yemas de los dedos las lágrimas del rostro de su hermano mayor, quien no parece dudarlo por un momento.
 

—Claro que si—le asegura suavemente, riendo por lo bajo conforme los esfuerzos de Terry por deshacerse de sus lágrimas le hace cosquillas—tú y yo—y el rubio arroja los brazos alrededor del azabache.
 

—Tú y yo—repite con convicción, una sensación de alivio toma residencia en su pecho y en aquel fuerte abrazo, se siente a salvo.
 
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Se sentía culpable a veces, era en realidad demasiado fácil, jamás se había quitado ese hábito. “Entiendo como te sientes, pero debes dejarlo ir” la gente decía, como si fuera simplemente así de fácil, como si él fuese solo un niño resentido y caprichoso, pero no entendían…En realidad no, el peso de lo que sentía y cuanto deseaba dejarlo ir pero no podía, como le gustaría poder olvidar que los trillizos y Ezra habían dejado que le encerraran como un animal solo por que si, solo porque había sido lo suficientemente ingenuo para pedir ayuda. Nadie, nadie quería olvidar aquello más que él…
 

—¿Vas a entrar a la ducha?—se encuentra extendido sobre su estómago, en el suelo de la habitación de su hermano,  la libreta abierta frente a él y un pedazo de carboncillo en mano, además de tizas de múltiples colores hechas trizas y apartadas sobre un pedazo de papel. Había comenzado un boceto del campo de Qudditch, y se encontraba tan inmerso en este que ni siquiera levantó la mirada—¿o entro yo primero?—Travis había insistido firmemente, aclarándose la garganta con tanta fuerza que no había manera de dejar a la imaginación que quería. Terry miró de reojo con un suspiro.
 

—No sé, lo que quieras—dijo, volviendo a fijar los ojos en el dibujo, debido a que sus manos no siempre eran las más confiables, no podía permitirse mucha distracción.
 

—¿Debo recordarte que le prometiste a Anca que ibas a asistir?—había preguntado su hermano, más retórica y mal intencionadamente que otra cosa, Terry pudo imaginarselo enarcando una ceja, pero siguió en lo suyo como si nada.
 

Hm, si. ¿pues todos hacemos promesas que no tenemos intenciones de cumplir alguna vez, ¿o no?—mordió de vuelta, tranquilo y desinteresado pero con obvia intención.
 

Lo recibió el silencio, Travis podía apretar los dientes, rodar los ojos y hacer muecas hasta el fin de los tiempos, pero claro que no iba a discutirle, nadie iba a hacerlo, todos iban por la vida caminado de puntas a su alrededor como si fuese a romperse. Y bueno, no era como si su hermano tuviese el mejor historial con respecto a hacer frente a asuntos importantes, nunca se sumergía demasiado profundo en las cosas, lo que era triste porque como Terry lo recuerda solía ser muy inteligente, pero de nuevo, ninguno de sus hermanos era exactamente lo que el recordaba, quizás, había sido demasiado tiempo después de todo.
 

—No recordaba que ese fuera tu estilo—dijo, visiblemente cansado, pero al mismo tiempo apartando la mirada, dejando que esta vagara por los alrededores del cuarto.
 

—Bueno…—comenzó, conforme hundía los dedos con cuidado en la tiza pulverizada y difuminaba color por los alrededores del dibujo—cuando era niño les admiraba mucho—su tono de voz se las arreglaba para ser suave y mordaz al mismo tiempo—era tiempo de que tomara una página de su libro—Travis se había parado en seco y el cambio en su expresión le dió a saber que había lanzado el gancho al lugar correcto.
 

—Terry…—había murmurado pesadamente, para luego pasarse las manos por el rostro—podrías solo…—a pesar de si mismo el rubio levanta la mirada y enarca una ceja.
 

—¿Qué?—preguntó con sorna—¿hacer esto fácil para tí?—¿y quién hizo las cosas fáciles para mi, quien me dio a mi ese lujo? Su hermano largó un suspiro y entonces sus ojos azules se posaron sobre Terry.
 

—Significaría mucho para mi si vas…—dijo con suavidad, había vuelto a aquel territorio donde le rodeaba de puntillas. Se suponía que debía apreciarlo, pero por la mayor parte solo estaba enfermo de ello.—hay alguien a quien quiero que conozcas—aquello le había hecho fruncir el ceño y el mal humor fue reemplazado por una genuina sorpresa que duró unos segundos.
 

—¿Qué?—preguntó socarronamente—¿una chica por fin ha hecho un hombre honesto de tí y me lo he perdido?—y a pesar de si mismo Travis había soltado una risa pequeña, tomando asiento sobre su cama.
—No exactamente, pero tengo una amiga…—al ver su ceja enarcada el castaño arrojó las manos al aire—una amiga, de verdad solo eso—Terry apretó los labios pensativo, y entonces se rozó el mentón con uno de los nudillos, manchandose de tiza.
 

—Y si es solo una amiga y no es nada especial ¿para que quieres que la conozca?—preguntó—no es por ser testarudo pero la ultima vez que revisé no eras el tipo de persona que llevaba sus amistades a casa—Travis había tomado una bocanada de aire y entonces había hecho una mueca.
 

—Bueno…—de repente parecía nervioso y Terry hubiese podido jurar que había perdido color, el ceño de Terry volvió a fruncirse, escrutó las facciones de su hermano meticulosamente. Se relamía los labios de manera repetitiva y sus ojos no le miraban realmente a él, y sus líneas de expresión parecían más tensas de lo norma.
 

—¿Qué?—preguntó, preocupado a pesar de si mismo—No has embarazado a alguien Maximillian ¿o si?—el rostro de su hermano se había torcido en una mueca, y tomando una almohada la había arrojado en su dirección.
 

—¡Claro que no, por Merlín, Anthony!—aquella sonrisa de muergano se había formado sutílmente en el rostro de Terry.
 

—Bien, solo me aseguraba—y Travis volvió a suspirar, no tomó un largo rato para que la sonrisa se borrase de su rostro, y en vez, su expresión se tornase en algo parecido a la culpa. Sin embargo, el silencio prevaleció hasta que sostenerse la mirada el uno al otro resultó demasiado incómodo —así que…¿Vas a decirme para hoy o…?—el castaño apretó los labios un instante.
 

—Mi amiga—declaró—ella tiene lo que tú tienes—una simple oración, es todo lo que hace falta para que todo lo agradable de la atmósfera se esfume de golpe, o mejor dicho como un golpe, un golpe directo al estómago, que te saca el aire de los pulmones y te deja jadeando por un respiro.
 

—¿Ella tiene lo que yo tengo?—Terry había apretado la mandíbula, el carboncillo había caído sobre el papel, y entonces la amargura volvió a apoderarse de su expresión—ella tiene lo que yo tengo—había repetido con sorna, casi como un escupitajo.
 

—Sabía que ibas a molestarte…—había murmurado el castaño, bajando la mirada en una mueca, casi como un niño resentido. Terry se había puesto de pie y cruzado los brazos sobre su pecho, su mirada había permanecido un segundo fija en el suelo.
 

Ella tiene lo que lo que yo tengo…—repitió, y entonces largó una carcajada amarga que se desvaneció en un gruñido casi adolorido. Cuando subió la mirada para encontrarse con los ojos azules de su hermano su rostro había vuelto a un estado serio—¿dime que es Travis?—preguntó con sorna.
 

—Olvidalo…—había dicho el castaño, dándole entonces la espalda, Terry había levantado el rostro altaneramente.
 

—Dime que es, Travis—insistió con firmeza y amargura—ya que sabes tanto—su hermano gruñó arrojando las manos al aire y volviendo a mirarle.
 

—No lo sé ¿de acuerdo?—y ver aquella confusión en los ojos de su hermano fue lo que más le dolió. Aquella confusión que le resultaba tan familiar, que recuerda haber visto en sus ojos cuando observaba a mamá en aquella camilla de hospital—la depresión y esa mierda—fue lo primero que salió de su boca, y aunque Terry pudo darse cuenta de que se arrepintió en ese mismo instante, fue demasiado tarde.
 

Le había confirmado aquello a lo que tanto le tenía miedo, su hermano de verdad le veía como a un enfermo, un enfermo con un virus que esperaban curar con una inyección o algo por el estilo, un bicho con una infección  desconocida  y no como una persona. Lo entiende ahora, claro que fue muy fácil encerrarle ¿como no iba a serlo?.
 

—Terry, lo siento—se apresuró a tratar de enmendarlo—no fue lo que yo quise decir, ha salido de mala manera—el rubio ni siquiera tuvo energía de pelear de vuelta, solo se sentía derrotado...
 

—Ve a bañarte, por favor—le dijo con simpleza, su rostro de repente completamente en blanco, Travis le miró confundido.
 

—¿Qué?—preguntó sin entender, Terry tragó saliva, tratando de deshacerse del nudo en su garganta  y visiblemente herido apartó la mirada.
 

—No quiero verte, por favor vete—dijo, y su dócil voz se vio teñida por la tristeza, pero a la vez, llena de una especie de  fría formalidad.
 

—Bien—había dicho su hermano con resignación—Ezra me ha dado un traje para prestarte, lo dejaré aquí afuera cuando salga—con aquellas palabras Travis desapareció por la puerta del baño.
 

Y una punzada de culpa dió contra el estómago del rubio, porque esto fue casi un alivio.
 
 
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Se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer, se pierde en aquel dibujo hasta que no hay nada a su alrededor. Se obliga a si mismo a respirar a pesar de aquella pesada sensación en su pecho. Observa el dibujo por un momento y luego cierra los ojos, tratando de imaginarse el campo de Quidditch como lo veía cuando era niño, tan grande y tan lleno de color...Como una tierra prometída para un crío de primer año con la altura de una hormiga.
 

Y luego trabaja, trabaja como un maniático hasta que el dolor de las articulaciones se vuelve inaguantable e incluso despuès de eso, a pesar de su temblor traza lineas con una envidiable presición y se mancha las manos sin miedo, de todos los colores posibles, las manchas negras del carboncillo mezclandose el polvo de la tiza azúles, rosados, verdes, amarillos y demás…De alguna manera, cuando se trata de dibujar está obsecionado con el color, no puede soportar ver un dibujo sin una gota de este. La vida es tan cruda a veces, cuando eso pasaba el escapaba a sus dibujos y asumía que las personas hacían algo parecido, así que…¿Por qué enfrascarse en lo que iba a entristecer a la gente? Muchos artistas lo llamaban realismo, pero la verdad era que las personas no necesitaban más realismo del que ya vivían día a día.
 

No, el prefería crear algo que hiciera felíz a las personas, les alegrara el día o simplemente les iluminara un momento de la mañana, aquello era a lo que siempre atinaba, cosas simples que pudieran hacer un bien. Nadie tenía nunca que saber sobre el dolor detrás de cada dibujo, o calmantes que debía tomar para soportar largas horas con un pedazo de carboncillo entre las manos, no quería eso, el no era solo eso, y no era todo lo que tenía que ofrecer, a veces, le gustaría creer que puede hacer un bien incluso si es con algo tan pequeño como un colorido boceto.  
 

El reloj da las diez cuando el dibujo por fin está terminado: Las majestuosas torres en la espaciosa cancha verde, con los colores de todas las casas y los aros de la Quaffle, erguidos en toda su gloria. A pesar de sus manos manchadas es tiempo de sacar la varita, que ha mantenido a su lado todo este tiempo, estira los dedos con una mueca adolorida por un segundo y luego la toma con cuidado, apenas rozando la punta contra la hoja para murmurar el encantamiento.
 

 Aquel pequeño movimiento basta, y entonces la tela que cubre las torres de las gradas parece ondularse a merced de un viento invisible, que ha puesto en movimiento los pequeños copos de nive hechos a carboncillo, entre tanto varias tonalidades de azúl parecen bailar en el difuminado cielo…Lo admira con orgullo por un momento y una sonrisa de lado se forma en sus labios.
 

De golpe  hay un  estruendo chillón, que le saca completamente de orbita, haciendo que de un salto en lugar, además de obligandole a levantar la mirada. Aprieta la mandíbula en una mueca malhumorada: Muy convenientemente Travis ha puesto un reloj de alarma frente a su vista, reposando en la cama junto con el traje de gala, en lugar de la hora, por sobre la pantalla se leen palabras de un color rojo neón:
 
SI SIGUES ALLÍ, VISTETE  Y BAJA DE UNA VEZ.

Terry suelta un bufido, no era ningún secreto para él que su hermano se creía muy gracioso, y quien quiera que le había enseñado a manipular objetos muggle con una varita había cometido un grave error. Aún así, tiene razón (algo que va solo y exclusivamente va a admitirse ahora que su hermano noe está presente) Bianca no iba a perdonarle si no se aparecía.
 

Con un hondo respiro Terry Maddox se levanta del suelo y se dispone a arreglarse, pero aquella chillona alarma que asemeja una sirena no quiere callar, y pronto el ruido se volvió tan insoportable que no quería hacer más que salir de allí…Claro, que tenía el presentimiento de que esa era precisamente la idea.
 

Rebúscó su ropa en la maleta, ignorando por completo el traje previamente seleccionado para la ocasión, por su caritativo hermano mayor e hizo una mueca amarga, claro que incluso si Ezra se dignase a dar la cara, el traje probablemente resultaría más conversador que él.
 

Se acercó a la cama, bufó y entonces se sacudió las manos, dejando que todo el polvero de tizas cayera sobre la prenda de vestir.
 

—Lástima, Ezra debería de tener más cuidado con sus cosas…—dijo chasqueando la lengua, en una desaprobación socarrona,  y soltando un hilo de coloridas obsenidades y malos deseos en español, se dispuso a arreglarse. 
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 3:22 pm

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You cried wolf,
so i came running.

QUESTION:
am i the wolf
or the savior?

is my smile too sharp
or just my teeth?
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Adía siguiente la golondrina fue a despedirse del príncipe. 

- Pero golondrinita, ¿no te puedes quedar una sola noche más conmigo?

- Es invierno y pronto llegará la nieve, no puedo quedarme aquí. En Egipto el sol calienta fuerte y mis compañeras están construyendo sus nidos en el templo de Baalbec. 

Lo siento, pero tengo que marcharme querido pŕincipe, volveré a verte y te traeré piedras preciosas para que sustituyas las que ya no tienes. Te lo prometo. 

- Pero allí en la plaza hay una joven vendedora de cerillas a la que se le han caído todas sus cerillas al suelo y ya no sirven. La pobre va descalza y está llorando. Necesito que cojas mi otro ojo y se lo lleves por favor.

- Pero príncipe, si hago eso te quedarás ciego.

- No importa, haz lo que te pido por favor.

Desciende las escaleras reclutante, no tiene deseo alguno de estar aquí y aquel no es ningún secreto. Puede escuchar la música en la distancia, el primer baile ha comenzado y la pista de baile comienza a poblarse, perfecta oportunidad para pasar desapercibido y bajar de aquella llamativa altura lo más rápido posible. Por lo menos, aquello hubiera sido lo prudente…Pero al final, la mente del artista siempre le traiciona, y sus ojos curiosos y quisquillosos se pierden en los detalles del salón:



La decoración navideña es casi básica, copos de nieve hechos con la varita caen del techo y aquella luz blanca ilumina el salón nocturno como lo estaría una mañana de los primeros de Diciembre. Hay un sobre uso de los colores, blanco, celeste, verde y rojo,  pero aún así; la vista se las arregla para ser encantadora en su propia manera, sus ojos se posan en la pista de baile por solo un instante, y se imagina a todas aquellas parejas bailando en un campo abierto.


Cuando las faldas de colores giraban en la pista y los azulejos del suelo tomaban prestados su reflejo de colores, transformándolos en un caleidoscopio. Ese era su momento favorito.




Erikka Romanova mordió la uña de su meñique con delicadeza, fijándose en cada detalle. Cada sonido, cada desliz. Se sentía orgullosa del vestido que traía puesto, era de un bonito azul cobalto satinado que encendía su piel pálida llena de pecas grises. Quería de verdad, sentirse como los retratos que pintaba, con aquellos colores tan vivos, tan hermosos.

Recordaba los bailes de invierno, a los invitados llevando máscaras llenas de escarchas y encajes tan exquisitos. Permaneció mirando a los demás como una secundaria, como la que cuidaba el telón de aquel escenario.



"What big eyes you have she said
the better to see you my dear"





Mientras que del otro lado, los ojos del muchacho rubio permanecian posados en la pista de baile, la música no hace mucho por él estos días. Lo que es extraño, porque de alguna manera recuerda su infancia como un lugar alterno, un tiempo lleno canciones y bailes por  el campo de girasoles. Sin embargo y por lo menos,  encuentra el ruido reconfortante, de vuelta en casa solo hay silencio y resulta demasiado fácil quedarse solo con los pensamientos. Se encuentra apoyado contra una pared, en una callada esquina del cuarto, sin embargo aquello no le evita las miradas de los extraños, que enarcan cejas y susurran al ver que no  tiene traje, pero no es como si le importara de todas maneras.



— La fiesta resulta mucho más entretenida si te animas…—la voz de su hermana Teresa había logrado que se diese la vuelta, apartando por fin el rostro de la pista de baile por aquellos segundos—pensé habertelo dicho—le observó entonces, parada derecha sobre un par de tacones altos, con labial rojo en la boca y un vestido para combinar. Sonrió de lado y soltó un bufido, entonces Teresa le había mirado sin entender.— ¿qué pasa? —una sonrisa de lado se formó en el rostro del rubio.


—Nada…—dijo, con un sutil tono juguetón que se le colaba por la melancólica voz—es solo  que me recuerda a cuando jugabas con las pinturas de mamá—rió por lo bajo—vaya desastres aquellos—la mandíbula de Teresa se había descolgado en una expresión que buscaba fingír cierto nivel de indignación, pero a pesar de si misma estaba sonriendo.


—No seas insensible—dijo, con cierta dulzura, pero seriedad también, Terry suspiró, sobriamente manteniendo los brazos cruzados sobre el pecho.


—No soy insensible—dijo con simpleza, era algo que le decían mucho estos días, pero no lo era. Era simplemente honesto,  y en estos momentos  preferiría estar encogido en la sala común, dibujando a la luz del fuego. 


—Entonces demuestrame lo contrario y anda a divertirte—le dijo su hermana pícaramente—el salón está bonito ¿no te parece?—el rubio apretó los labios, su mal humor retornado a hacer una aparició especial.


—Si tuviera mi libreta, probablemente te diría que sí—murmuró con resentimiento—pero como no la tengo, me ahorro comentarios mejor—Teresa rió, y frunció los labios.


Hm-hm—había dicho, al parecer entretenida por aquel hecho—Bianca me comentó que te la confiscó—el rubio bufó de nuevo y rodó los ojos.



—Por favor derrama más sal en la herida de mi aburrimiento ¿por qué no?—murmuró con  su característico sarcásmo sutil, Teresa le miró como diciendo “deja de ser tan dramático” luego dió un  paso adelante.


—Creo que tienes que aprender a apreciar las cosas en tiempo real—entonces su hermana se había puesto de puntas, plantandole un beso en la mejilla—portate bien, Ter—le dijo—te veo después—y se había ido, resignado Terry suspiró.



—Si, bueno… yo me iré a seguir evitando a los demás. —Musitó, sabiendo que ella ya no le escuchaba. Con un suspiro, continuó mirando a las personas, pensando que no le parecía tan importante vivir en tiempo real, era algo que todos  le decían ¿pero que pasaba con eso si la gente no miraba mas allá de su nariz? Es decir, que importaba vivir en el momento si se basaba en la superficialidad y no en la escencia de las cosas, no había nada en esta danza para el, pero dibujando el lugar quiza hubiese podido capturar algún momento muy importante para alguien sin saberlo.



La peliblanca se acomodo uno de los mechones que sobresalía de su trenza detrás de su oreja, su abuela siempre le había exigido cierto grado de etiqueta, ahora era como un rasgo propio. A diferencia de su hermano, ella trataba de que su uniforme estuviese presentable, al igual que su cabello, a pesar de que ya no se encontraba en Rusia… era algo suyo. Detestaba el color con el que había nacido, tan rígido, tan sobrio. Cuando miraba a las demás chicas, se preguntaba la razón de porque no podía ser más pequeña, no tan largirucha, como una muñeca.




Se acercó a la mesa de aperitivos, y tomó un vaso de ponche, sorbiendo un poco. Suspiró, mirando a los demás bailar, añoraba tanto los bailes. Debió de traer algo para dibujar, la escena era perfecta. Tan perfecta como las películas.

Ya aburrido de la misma esquina, el rubio se escabulló entre la gente, en busca de la mesa de las bebidas, pensando que si tan solo no fuese tan alto, el más alto de su familia, pudiese pasar desapercibido. Había observado la habitación con sumo cuidado, los movimientos, los rostros, y una vez más el entorno. Se apoyó en un extremo de la mesa de las bebidas, apreciando todo como un cuadro renacentista, imagino cada detalle, cada rasgo. Al cerrar los ojos, pudo imaginar todo los colores, los movimientos de su mano rasgando contra el papel y luego vió a las figuras de tiza bailando cual fotografía.




Se sirvió un vaso de ponche  (cuya función principal era mayormente darle algo que sostener) y se giró, concentrado en el baile. Hasta que escuchó una voz que le hizo saltar en lugar, su hermano se encontraba a algunos pasos de él, y sin pensarlo dos veces, huyó.


Huyó hasta que una exclamación le hizo detenerse en seco.




El azul se había tornado morado, extendiéndose como un círculo irregular en su abdomen, la peliblanca había comenzado a maldecir en ruso, si su abuela la escuchara.

— ¡Merlín! Perdóname. —el  rubio Se disculpó avergonzado.—  Ha sido un accidente, lo siento tanto. ¿Te he hecho daño? ¿Te has cortado? —Le había dado un par de vueltas para asegurarse de que ella estaba bien. Cuando se fijó en su persona, bajando la mirada, pensó que era bajita, con un cabello rubio tan blanco y lacio que caía grácilmente sobre sus hombros, y aquel par de ojos que ardían imponentes, al darse cuenta de que estaba invadiendo su espacio personal, dio un paso atrás.—  Eh, perdona… —Dijo.—  Suelo ser bastante… atolondrado.

Erikka gruñó, diciendo palabras en ruso apresuradamente. Trató de tomar aire, y entonces enarcó una ceja mirando al muchacho. Era gracioso, había querido reír de la nada. Le hubiese gustado poder reír tan abiertamente, y trató de preguntar si realmente ese era su color de cabello, si le parecía extraño que lo tocase ahora. Eran sus colores favoritos, los que a ella le hubiese gustado poseer al nacer, y él los tenía, se sintió celosa.


Lo demás pasó rápido. Cuando dejó el vaso en la mesa, después de tirarlo en el traje del chico, entonces sonrió, mirando el desconcierto de su rostro.



—  Ya estamos a mano. —Respondió y Terry no pudo evitar sonreír de lado a pesar de que la miraba extrañado. 


— Qué lástima que no deje que mi hermano me prestara su traje. —Dijo para sí mismo.—  Por lo menos no es vino.

— Igual dejarrá mancha. —Respondió la peliblanca, tratando de secar la mancha con una servilleta. Extendió una para él.—  Espero te sientas culpable, el ponche era realmente bueno.


El muchacho enarcó una ceja, y se cruzó de brazos, no queriendo que aquella sonrisa divertida apareciese en sus labios.



— Concuerdo. —Dijo con una cabezada.— Pero, ¿no eres tú quien acaba de desperdiciarlo por vengarte de mi,  enanita? ¿O es que el fin justifica los medios?

La peliblanca había enarcado una ceja, era extraño, como sentía alguna cercanía con un desconocido. Sólo hace mucho tiempo, había sentido la misma sensación. Esbozó su sonrisa burlona y se cruzó de brazos.



— Si, lo hace. —Suspiró, soltando la servilleta y acomodándose la trenza que tenía como diadema.—  Y no quiero imaginarme cómo considerarías a las demás chicas, si según tú, soy de baja estatura.



Un sonido brotó de la garganta el rubio, al ver la repentina sonrisa imponente de la rubia, y se encontró desconcertado un momento. Realmente no recordaba la última vez que le habían dado ganas de reírse sinceramente; entonces se encogió de hombros, dandole una mirada divertida.



— Supongo que eres bastante decente comparada con mucha gente… y quizás eres más alta que mi hermano mayor. —Hizo una mueca.— Pero, algunas cosas no cambian.



Cuando él le había tomado de la muñeca, comparando la diferencia de tamaño entre la de él y la suya (la cual era bastante)  entonces retrocedió completamente rígida. Le parecía extraño que un desconocido le tocase, nadie solía hacerlo. Sus mejillas se habían encendido inmediatamente, y la extraña razón, es que no le había molestado del todo.  No estaba acostumbrada al tacto que no fuese de su familia, o de personas a las cuales consideraba cercanas. Fuera de eso, cualquier tipo de tacto le parecía raro, le parecía diferente al que estaba acostumbrada. Carraspeo suavemente la garganta, y apretó los labios en una leve sonrisa amable. Sujetó su mano, y la puso sobre su pecho.



—Soy más alta que muchos. —Susurró, un poco cohibida, poniendo sus manos detrás de su espalda y tocando con sus dedos justo dónde él lo había hecho.- Además de la soltura de confianza que tienes, ¿Sueles hacer esto con cualquiera al que le derramas ponche? -Musitó y enarcó una ceja— Además, con muñecas incluso más pequeñas puedo empujarte muy fuerte, eso es lo de menos. -Pronunció una sonrisa



Notando la repentina rigidez de la peliblanca, el rubio dió un paso atrás, con una sonrisa completamente apenada.



— No quise incomodarte, perdona. —Sonrió nerviosamente.— Los españoles solemos ser invasivos, asi que nadie está a salvo—  los dedos de la mano derecha salieron de los bolsillos y comenzaron a dar ligeramente contra la mesa, no creía poder quitarse el maldito tic nunca.



— Yo… — Se había distraído al mirar sus ojos, imaginando que tanto detalle tendría que poner si los dibujase. Hubiese necesitado muchos colores para lograrlos.



— Considero que antes de querer golpearme, ¿no deberías decirme tu nombre? Para poder declarar quien me ha dejado el ojo morado cuando me lo pregunten, digo yo.



— Erikka. —Romanova.— Erikka Aleksandrovna.



Cuando el muchacho pareció apenado con respecto al movimiento de sus dedos, la peliblanca trató de pensar en algo para que pudiese sentirse cómodo.



—¿Te digo un pequeño secreto? —Preguntó confiadamente, mirando de lado a lado.— Quizás te parezca sorprendente, pero cuando los rusos estamos nerviosos, nos golpeamos el mentón, a veces también cuando mentimos.—rió y sujetó un mechón de su cabello blanco.



Erikka quería poder decirle si le molestaba que lo retrataran. Había algo de suavidad en sus facciones, y melancolía en sus ojos. Era un reto, pero durante tanto tiempo había estado obsesionada con esa paleta de colores. Quiso decirle que iba a ser dificil, que tendría que utilizar un amarillo ocre, y café claro, color canela y caramelo para sólo poder pintar su cabello. Que parecían los pétalos de los girasoles, los girasoles que tanto amaba. Que tan gratos recuerdos y sentimientos le traían.



— Así que eres rusa, qué interesante. Ya me preguntaba de dónde venía el acento, no me sonaba Rumano, es el único idioma extraño al que estoy acostumbrado, pero en fin, eso no te interesa.



— Tampoco es que me parezca aburrido. —Respondió, con honestidad. No le hubiese importado que le estuviese hablando de átomos, o de cuantas lunas tenía júpiter, o de que comían los caballos. Le hubiese parecido interesante de cualquier forma, y eso era raro. Era difícil encontrar a una persona, que por más cosas que te contara, sólo en ese instante de conocerte, de dirigirte la palabra, quedabas prendado en ellas.



— ¿Y cuál es el tuyo? Tu nombre, me refiero.



— Terry. Terry Maddox.



Estrecharon sus manos.

"You can't go out now, the wolf is roaming the forest"



— Terry… —Saboreó su nombre, y pensó en el color de la miel. En el brillo del caramelo, y en el campo de girasoles que había estado en su cabeza por tantos años. Luego frunció el ceño.— De cierrta forrma, tu apellido me suena de algún lado…

Trató de pensar. Lo había escuchado, pero no recordaba donde. Frunció el ceño, y suspiro.

Entre tanto, el rubio observaba a la peculiar chica con curiosidad, tomando un placer culpable en aquel fuerte acento que le resultaba interesante y a su propio modo incluso muy bonito, se fijo en sus pequeños manerismos, y no pudo evitar preguntarse si sería capaz de plasmar aquel rostro en una hoja de papel…Tenía facciones peculiares y únicas.  Era muy bonita, y elegante de alguna manera no exactamente clásica, sus ojos pensó, brillaban llenos de vida como nunca había visto antes en una mirada.

— Soy muy mala recordando nombres o ubicando personas, pero estoy segura de que he escuchado tu apellido—Terry se sintió mal por su falta de atención, y volvió a enfocar su mente en la conversación.

La pieza de baile se había terminado, y todos se esparcieron en el salón. De un momento a otro, comenzarían con otra. Ahora seguro él le diría: un placer. Quizás diría su nombre si lo recordaba, quizás no lo haría. Podría decirle adiós, nos vemos luego, pero no tendría caso. Pero esos colores le brindaban alegría, al tiempo en que le brindaban tristeza.

— Ah, vaya… creo que quizás era el golpeador… —Trató de traer el tema nuevamente, quizás por el simple hecho de que disfrutaba de su presencia, más de lo que quería imaginar.— Quizás el guardián, no lo recuerdo realmente.

Terry había sonreído de oreja a oreja.

— ¿Juegas quidditch? —Había dicho emocionado, encontrándose desconcertado consigo mismo. No había sonado como él, pero desde hace un buen rato que traía aquella sensación en el pecho.— Es fantástico, no he jugado como en dos años… Quizás he de estar un poco rústico, pero tendríamos que jugar un partido en algún momento, apuesto a que eres muy buena. —Había llevado sus manos a la nuca.— Seguramente hablas de Travis, no te culpo, la mayoría de las mujeres no quiere recordarlo.

La peliblanca se había tallado las pecas de la nariz, poniendo un rostro pensativo, hasta que sus ojos se iluminaron.

— ¡Ese Travis! Por supuesto, cómo olvidarlo… cuando sonríe todo el tiempo. A veces me pregunto si no se cansara de hacerlo—el rubio rió

—Cuando era niño se cayó de las escaleras…No es su culpa—había siseado Terry en son juguetón, pero luego, sus ojos se habían fijado detenidamente en la chica una vez más, en su pequeña nariz poblada de pecas. Por inercia le había dado un apretón leve, sonriendo ante su estupefacción.

—Por cierto, enana. Ahora que recuerdo el asunto del ponche, todavía no llevó a cabo mi venganza. —Ella frunció el ceño.— Considerando que no hay nada peor que pasar la noche conmigo… —Tomó una bocanada de aire y soltó un dramático suspiro.—  Te sacaré a bailar… —Extendió su mano valientemente, a pesar de que temblaba como gelatina.— ¿Qué me dices?— Miró su mano por un segundo, y trató de resguardar la sonrisa que se puso en su rostro pálido. Deseó que no se diera cuenta de que sus mejillas se tornaban rosadas.

—Si esa es tu venganza, quizás la mía sea pisarte los pies—llevo la mano a su mentón antes de decir—tengo dos pies izquierdos—  El rubio la vio llevarse los dedos al mentón justo luego de declararse mala bailarina, apretó los labios .



—¿Sabes? No deberías de hacer eso tanto cuando acabas de contarme que significa— el rubio había tomado su mano, y se enardeció en el tacto de su piel—ahora yo veré que tan buena eres bailando.

Cuando su madre le había contado el cuento de caperucita roja, decía que tuviese cuidado con el lobo. Aquel lobo que sonreía gallardamente, que era de buen parecer, y de mirada dulce. Que no sabías que podría haber detrás de toda esa fachada. Pero ella siempre le tuvo cariño al lobo, pensando que era su personaje favorito. No sabía qué tan profundo podía cabar en su propio pecho, y cuando tiempo iba a permanecer allí acostado entre su piel. Te encariñas bastante rápido con las personas, Erikka. Había escuchado a su hermano, quien siempre tenía que secarle las lágrimas después de que no podía hacer amigos, que al final, los demás le tenían miedo por su forma de ser. Pero amaba tanto a las personas, porque lamentablemente siempre veía belleza en ellas.

Y nunca había sentido tanto pánico de estar en el centro de la pista. Evitó buscar a su hermano con la mirada, conociendo a Alekséi, habría terminado por aburrirse e irse de allí.

Cuando el puso su mano en su cintura, un escalofrío recorrió su espalda. Se puso en posición, con la mano en su hombro y juntaron sus manos libres.  Jamás se le  había acercado tanto un chico. No tanto como Terry lo había hecho justo ahora, tomándole la mano y se sintió rara, porque solamente habia bailado con su padre, ya que Aleksei lo odiaba

—Te pisaré los pies con mucha fuerza, a ver si te va a gustar sentir los tacones. –Incluso con tacones era más pequeña

— Si tanto quieres librarte de mi. — Añadió.— No hace falta amenazarme—quizá estaba siendo egoista, en realidad no podía dejar de pensar en ello…Quizá alguien la estaba esperando, quizá ella tenía mejor que hacer pero en realidad no se había sentido así de bien con alguien en mucho tiempo.

La música había comenzado a sonar, y la peliblanca volvía a sentir aquella satisfacción. No eran como los bailes de su Rusia, pero eran igual de satisfactorios.

— Creo que el que quiere librarse de mi, eres tú, y piensas que sacándome a bailar me va a hacer molestar.

Intentó no pensar en todo lo demás. Porque amaba tanto bailar, era como entrar a sus propias pinturas.

—No eres tan bueno, pero puedo aceptarlo… esta vez—Terry rió y entonces sus ojos oscuros se fijaron en los de ella, y sonrió, aquellos hoyuelos que no veía desde niño hundiéndose en sus mejillas por primera vez en años.

—No hay necesidad de ser amable, soy malísimo bailando, perdona si llego a pisarte—le dijo— no he hecho esto desde la segunda boda de mi madre y la verdad es que de niño no tenía gracia…—se detuvo en ese momento—perdona, estoy parloteando, hago eso a veces, es de familia— En uno de los giros, uno de sus mechones se había quedado atascado en alguno de los botones del traje del rubio. Cuando intentaron destrabarlo, pensó que sus manos lo hacían de forma delicada, como si estuviese limpiando las cerdas del pincel. Y cuando sus ojos se miraron, ella no los retiro.

Y lo que ella dijo después fue suficiente para lograr que el corazón del rubio se saltara un latido. Que el niño dentro de él diera un brinco, el niño que deseaba compartir sus ideas con el mundo pero que recibía oídos sordos…El lobo solitario, que todos miraban por encima y que había estado vagando por el más largo de los tiempos.

En realidad me gusta cuando hablas…—su corazón retumbaba como un tambor en sus oídos y sus manos volvían a temblar, su lengua se enredó por unos segundos como la de un tartamudo antes de que pudiese volver a hablar.

—  Yo no quiero librarme de ti. —Dijo sinceramente, y ella le correspondió.

—Tampoco yo. —Respondió, evitando el calor de sus mejillas, en aquella piel pálida donde durante mucho tiempo fue invierno. Él había puesto aquel mechón detrás de su oreja, y se regocijo en el tacto.

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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 3:48 pm

A que la golondrina cogió su otro ojo y lo dejó en la palma de la mano de la niña, que se marchó hacia su casa muy contenta dando saltos de alegría.

La golondrina volvió junto al príncipe y le dijo que no se iría a Egipto porque ahora que estaba ciego él le necesitaba a su lado.

- No golondrinita, debes ir a Egipto.

- ¡No! Me quedaré contigo para siempre, contestó la golondrina y se quedó dormida junto a él.

El príncipe le pidió a la golondrina que le contara todo lo que veía en la ciudad, incluida la miseria, y ésta un día le contó que había visto a varios niños intentando calentarse bajo un puente pasando hambre"



El baile había terminado, y ella sintió algunos copos de nieve rozar sus mejillas. Se volvió a las puertas de los jardines.


— Quizás podríamos ir al balcón, si te aburres de mi… puedes irte.


Trató de quitar lo rosa de sus mejillas. Y para él era extraño, había cierta ansiedad en sus manos, quería sostenerla cerca, lo suficiente para averiguar cuál era su perfume. Por primera vez hubiese querido quedarse, por primera vez en aquel día entero no deseaba volver a Devonshire. Y aunque pasasen juntos toda la noche, sabía que la mañana iba a llegar y que habrían muchas cosas que nunca iba a poder preguntarle.


— Si esto es una competencia, te informo que vas a perder… todo el mundo se cansa de mi. Le tendió la mano.— Vamos.


Ella miró su mano, y pensó que era grande, pero que eran preciosas, porque eran manos de artista. Y tuvo miedo de tocarlas y dañarlas, entonces se arriesgo y las sujetó.


— Entonces, creo que gané el juego.


Porque hasta este momento, ansiaba más conocer de él que alejarlo.


Aquellas noches le recordaban a cuando jugaba con sus primos en el jardín, recordaba el cabello rojo de Misha y Sasha. El olor a azúcar de Dinara, y los ojos azules de su hermano. Era reconfortante, todos los niños corriendo de arriba para abajo. Contando historias, todas las niñas queriendo acaparar la atención de los más grandes. Había reído cuando recordó como sus primas querían jugar a la boda, y pedían casarse con Andréi, o con Iván y Efrem, quienes eran considerados los galanes de la familia.


Entre tanto Terry admiraba las estrellas, muy pocas dado el invierno, casi tenía que entrecerrar los ojos para poder verlas…Y se preguntó porque… Porque la vida no era justa, porque llegaban las cosas erróneas en el momento correcto y las cosas correctos en el momento erróneo…La tía Meche siempre estaba hablando de una entidad superior en el cielo, como un Dios, que estira una mano y toma o se lleva, y se preguntaba ¿qué tenía este Dios contra él? Porque mandarle una estrella en estos momentos…Cuando no había tiempo, cuando su tiempo viéndola brillar iba a ser tan efímero, cuando sus manos estaban demasiado dañandas como para poder sostenerla como se debía…La voz de Erikka le trajo de vuelta.


 —Terry... -Y sintió un cosquilleo en su lengua.- ¿Sabes? Quizás algún día, quizás si quieres... Puedas enseñarme alguno de tus dibujos. ¿Con qué sueles hacerlos? ¿Acuarelas? ¿Pasteles? ¿Carbón? ¿Tinta?y se obligó a detenerse, por preguntar tan entrometidamente. Bajó la mirada y pensó "Qué fastidiosa eres, Tatiana!" Ojalá el ignoré eso y sacudió levemente su cabeza.   Él la miró, desconcertado en un momento: ¿Lo había mencionado? No recordaba haberlo hecho, el calor de la noche reemplazo el frío del salón, conforme el rubio jugaba con la idea de rozar los dedos de la peliblanca.


—Merlín, no me digas que he estado hablando en voz alta… es algo embarazoso si no me he dado cuenta—tomó entonces su labio inferior una vez más entre los dientes—no son la gran cosa..pero si quisieras verlos quizá te los enseñe algun día, hoy me han confiscado la libreta—dijo tristón—lastima, me encontrado con mucho que vale la pena recordar—la rubia le miró y el le sonrió tímidamente.


—Tus manos, tienen restos de carboncillo… me recuerdas un poco a mi, con el gis en mi piel siempre que termino de dibujar.


El rubio chasqueó la lengua, dándose cuenta entonces de que no había respondido aún su pregúnta.


—Utilizo carboncillo para las líneas y los contornos, luego hago algunos detalles con tiza, por los colores. —se encogió de hombros —sé que es un método de novato, pero es que en lienzo soy un desastre, las pinturas nunca han sido mis amigas, en serio... Me odian—bromeó, para luego mirar a la rubia atentamente.


Cuando el mencionó lo del carboncillo entonces se volvió hacía él como una niña cuando le hablan de muñecas.


— ¡Interesante! Jamás he pintado con carboncillo, soy muy torpe y termino manchando el dibujo. -Dijo un tanto avergonzada.- Yo también pinto, con acuarelas y pasteles, m-me gustan mucho los colores, lo cual es irónico. -pensó.- Todo lo que siempre he visto es blanco, gris, negro y colores tan, tan sobrios... -Miró su cabello entre sus dedos y deseo, deseo correr por un bote de pintura y llenarlo de colores, su piel, su rostro, su cabello, muchos colores brillantes.- y, cuando veo muchos colores... -sonrió para sí misma, ensimismada.- me emociono— en realidad no tenía necesidad de decirlo, él pudo adivinarlo…Porque su rostro entero se iluminó, y en ese momento de verdad era una estrella, y nunca había visto un cuadro más hermoso que ella en ese momento.





—Siempre… he pensado en mi como un triste lienzo que necesita ser coloreado… pero, es tan sobrio, que nadie se molesta en intentarlo— la mandíbula de Terry se había descolgado un poco “yo quisiera” fue todo lo que pudo pensar “pero las manos me tiemblan, están defectuosas y yo también” Suspiró y entonces le miró hacia abajo.


—  Muy honestamente, no creo haber conocido nunca a nadie más colorida que tú, Erikka.


Ella se volvió, y le miró con intensidad. Sintió la necesidad de tocarle, y poder tomar esos colores como suyos. Los girasoles brillaban en sus ojos, y le dedicó una sonrisa dulce. Entonces tocó su mano, timidamente, como si esto le fuese a derretir, y cerró los ojos.

Cada roce que ocurría en aquel momento, se encargaban de mandarle escalofríos por la columna.


— Es lo único que me queda de mi hogar… dibujar.


—  Y el hábito de hacerlo, es lo único que me queda de mi madre.


Su mirada gris se entristeció, y no pudo aguantarlo más. Quería pedirle que se quedará más, que si conocía un hechizo sin necesidad del giratiempo. Se sintió completamente abatida, al menos, ella tenía a su madre, la cuál no podía ver tanto como deseaba pero estaba allí. Tenía un padre dulce y amoroso, tenía un hermano cariñoso. Entonces, inesperadamente, llevó sus manos entre los mechones de cabello rubio brillante, y sintió celos.


— Quisiera tener los colores brillantes tuyos.


Después del silencio, suspiró.


— Puedes irte—dijo de repente.


No te vayas.


   —  Eres libre de hacerlo—y entonces no sabía si ella estaba bromeando, pero quiso con toda su alma que así fuera, el peso de aquellas palabras le cayó en el pecho como una roca una vez más.


La rubia  esbozó una enorme sonrisa, una gran y mentirosa sonrisa.


— Eres un poco aburrido.


Jamás había conocido alguien como tú.


Mentiras, eran todas mentiras, muchas mentiras más de las que podía decir. Siempre era honesta.


—De cierto, Terry... Eres un chico muy aburrido.


Se aferró más a la oscuridad para que él no pudiera verla sujetando su mentón con sus nudillos.


—Puedes irte si deseas.


De verdad le estaba cortando la cara, se había alejado de repente y el rubio no entendía porque, pero hizo lo que hacía mejor, esbozó una sonrisa a pesar de que incluso la tristeza fuese visible en ella —te dije que iba a ganar- le dijo por lo bajo


—la gente se cansa de mi bastante rápido—miró entonces el reloj en su muñeca —a mi todavía me quedan algunas horas—apretó los labios—y la verdad si pudieras cooperar con mi manera de llevar el aburrimiento a otro nivel un rato más te lo agradecería-tuvo que meter las manos en los bolsillos porque le temblaban otra vez—pero...en caso de que de verdad te quieras ir…¿puedo por lo menos acompañarte a la sala común..?

El príncipe le pidió entonces a la golondrina que arrancase su recubrimiento de hojas de oro y que se lo llevara a los más pobres. La golondrina hizo caso, los niños rieron felices cuando tuvieron en sus manos las hojas de oro y el Príncipe Feliz se quedó opaco y gris.


Ella entonces asintió. Y él tuvo miedo, las manos comenzaron a temblarle y ella le preguntó:
— ¿Puedes sujetar mi mano? —Por última vez, en un susurro apenas inexistente.
Cuando juntaron sus manos, se sintió dichosa. Y con la otra sujetó su brazo, para apoyar su cabeza sobre su hombro, o su brazo, en realidad era tan alto que dudaba alcanzar su hombro. Y apretó con delicadeza su mano, tan caliente, y agradable. No quería que viera la tristeza de su rostro, porque presentía que iba a dejarlo ir, y no quería que los demás le vieran, porque esa faceta era tan suya y tan desconocida a los demás. Porque Erikka es pesada, Erikka es como otro chico, Erikka es un desperdicio de belleza, debería ser más delicada, al reír, al hablar, al caminar y al bromear.
—¿Te gustan las flores? —Preguntó.— A mi me encantan y mi habitación está llena de ellas, de muchos colores y muchos aromas... —Empezó a divagar y aunque trató de detenerse. No pudo, porque quería contarle tantas cosas, quería contarle quién era la Erikka de verdad, no la tosca y pesada chica. Sino la que miraba al cielo y se ensimismaba por sus colores, o aquella que hablaba a sus pequeñas plantas porque su abuela decía que sentían el amor de quien las cuidaba.- Mis favoritas son los girasoles, y es gracioso... Sus pétalos se parecen a tu cabello. —Rió avergonzada.-—Pero... No puedo tenerlas tanto como deseo, si no hay sol para hacerlas crecer. Sin sol, mueren.
Y se aferró más a él, saliendo del salón y aguantando el sollozo que pugnaba por salir, hace mucho tiempo que había llorado, hace mucho que no lo había hecho.
Lo que más miedo tenía, era pedirle que volviera y él jamás lo haría. Tenía miedo de esperar años y años.
—Me encantan las flores—le dijo con suavidad— Antes de morir, mi padre tenía una frustración con ellas . Por el clima, no crecían muy bien, pero un día nos dijo que había encontrado un hechizo que las iba a preservar. Mi padre era muggle, mi madre una bruja, así que la hizo hechizar todo, todo el jardín.
Por primera vez aquel día, recuerda el pasado sin melancolía o tristeza, le regala aquel pedazo de su mente que aún no ésta roto, se lo regala a ella.
— Vivíamos mis  nueve hermanos mis tíos, mis padres y yo  allí, y todos pasamos el verano plantando flores—río por lo bajo—para ser honesto, fue divertido. Y tenemos un jardín enorme, seguro te gustaría mucho—dijo dócilmente.
Llegó el frío invierno y la pobre golondrina, aunque intentaba sobrevivir para no dejar solo al Príncipe, estaba ya muy débil y sabía que no viviría mucho más tiempo.”


Cuando se detuvieron frente al cuadro, ella entonces con mucho esfuerzo trató de separarse, pero le costó, y no quiso mirarle a los ojos. Y cuando notó su mirada, ella cubrió su rostro.
— No me mires. —Rió detrás de sus palmas.— Piensa algo más ameno que mi rostro pálido.
Él estaba triste, de que ella no pudiese darse cuenta de cuan colorida era. Que no se encontraba en un arcoiris, sino en saber distribuir los colores, como sus labios rojos, su manera de hablar tan amena y alegre; su explosiva risa que había llenado su noche de colores. Por primera vez no quiere desaparecer, quiere recordar, quería poder plasmarla en un dibujo, tal cual era, con ese blanco.
— Te sienta bien. —Tomó sus manos con cuidado y las apartó de su rostro. Tomó una bocanada de aire, y antes de que ella pudiera decir alguna cosa, la levantó del suelo, estrechandola en un fuerte abrazo.
— Cuidate, Erikka… —Le susurró al oído.— Ha sido todo un honor conocerte.
Ella permaneció mirando su rostro, sus ojos. Y sintió el cielo cuando la había abrazado. Sus dedos languidecieron en su rostro, y él depositó un beso en su mejilla. Se aferró más a él, lo estrechó fuertemente. Como se supone que debía ser, como si se aferrase al lobo con tristeza.
— También yo.
No te vayas, no ahora. No lo hagas.
— Terry… —Había dicho su nombre con anhelo. Terry sintió su pecho retumbar, sintiéndose vivo, y recordaba aquel constante y emocionante manojo de escalofríos en su espalda y la boca de su estómago. Aspiró su perfume, leve y suave cual el de las flores, y cuando apoyó la frente en su mentón, presionó los labios contra esta. Parecía de esas historias que parecen estúpidas, en las cuales dicen que pareces conocer a una persona durante toda una vida, aunque hayas hablado sólo segundos con esta.
Tomándolo por sorpresa, ella lo había jalado de la corbata, y había puesto su boca sobre la suya. Y recordaría ese dulce aroma a almizcle y tiza de su piel, a nieve y las ramas que caen de los árboles. Su corazón palpitar muy rápido, pensando que iba a salir de su pecho.
Había besado a más de una chica antes, pero nunca se había sentido tan ido, quería reírse, quería sonreir, sentimientos que no había tenido en los dos últimos años, en mucho tiempo. La había levantado del suelo una vez más por mucho que eso la irritara (porque bueno,asi era más cómodo) y pensó que era una lástima, una lástima que la chica de los girasoles no hubiese cruzado su camino antes, una lastima que la mañana tuviera que llegar. Había fuego entre sus labios y de repente se dió cuenta de cuánto había extrañado el calor en su piel, su corazón retumbaba cada vez más, como si hubiese resucitado de una hibernación  y sus dedos largos acariciaban su espalda conforme la seguía sosteniendo en el aire.
Ella soltó un gruñido entre sus bocas, lo cuál quizás él pensó que sería divertido.
Y al principio lo fue, después se volvió una necesidad. La necesidad de pedirle que no se fuera o al menos, al menos que si se iba, le recordara. De una forma amena y sincera, así como ella lo haría. Apretó sus ojos, y cambió la posición de sus labios, no quería respirar si eso significaba tener que alejarse de él, pero tuvo que hacerlo, maldijo sus pulmones. Y con el rostro sonrojado le dijo:
—No esperes que me disculpe.
No espero que te haya gustado si jamás he besado a nadie. No espero que vuelvas a hablarme o nos volvamos a encontrar. No lo espero pero lo ansío, lo hago como no tienes una idea.
Sujetó su cabello por detrás de su espalda, sintiendo los nervios recorrer su cuerpo.
— Espero, que no te pierdas en el camino de regreso.
No quería decir eso.
— Espero que se quite la mancha de tu camisa.
Tampoco eso.
—  También espero que puedas dibujar algo bonito pronto.
Ni mucho menos eso. Pero no quería decir lo que realmente quería. Espero me recuerdes, espero no olvides mi nombre, espero que haya significado algo, no suelo hacer esto seguido, nunca, en realidad.
— Espero... Yo espero... -Pero no tuvo la capacidad de decir lo que quería.- Yo creo que es todo lo que tengo que decir. -Palpaba sus dedos contra su mentón.- supongo, no lo sé... No lo sé.
Tenía mucho que decir.

El rubio tuvo que tomar un respiro, llevaba las mejillas rojas y cada palabra de la chica solo empeoraba aquella fantástica taquicardia, recordandole que estaba vivo, después de todo este tiempo estaba vivo.

—De hecho, eso estuvo bastante bien, aunque no es que preguntaras—rio una ultima vez—las manchas no son un problema, y el camino de vuelta es de unas cinco horas y tres minutos y tengo una buena idea, para dibujar algo de vuelta a casa— se relamió los labios y soltó un suspiro—y si no tienes nada que decir- dió un paso adelante y le tomó de ambas manos, para dejar un beso pequeño en ellas cual caballero de historias—yo voy a ser quien te diga que espero que no me olvides—luego le dió una sonrisa triste—por lo menos espero que ver a mi hermano te recuerde mi apellido, para que  cuando te lleguen girasoles a la puerta un dia puedas saber de donde salieron— y luego le dio una ilusión, la misma ilusión que el quería, un simple
—buenas noches, Erikka— antes de soltarle las manos, con una sonrisa, como si de verdad fuesen a verse por la mañana.

  Espero… bueno, tengo la esperanza de volver a vernos… aunque, creo que tengo muy mala suerte con las promesas—había dicho la chica de los girasoles,   Quiso volver a besarlo, pero le  dedicó una amena sonrisa.

Y  en aquel momento le hubiese gustado poder pintarle el final de aquella noche con muchos colores,  darle un final más feliz. Pero no era tan buen artista Las manos le habían comenzado a temblar de nuevo , combinandose con aquella sensacion en su pecho, y las había apartado de su vista, porque estaba apenado de estar tan hecho pedazos.

— Buenas noches, Terry.
Se acercó al príncipe para despedirse de él y cuando le dio un beso sonó un crujido dentro de la estatua, como si el corazón de plomo del Príncipe Feliz se hubiese partido en dos”.

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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 5:14 pm

Brother, brother...
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Tell me what is death
if life is just a bitch?

   
Los pasillos estaban semi desiertos, los poblaban algunos alumnos que caminaban lentamente hacia sus respectivas casas. Normalmente parejas que se despedían más o menos efusivamente en algún rincón o caminando de la mano. Una pareja que en realidad no lo era en propiedad caminaba tranquilamente pero sin contacto físico y sin que las hormonas propias de la adolescencia les nublara el juicio.  La rubia de Gryffindor y el moreno de Slytherin caminaban cómodamente hacia la casa de la primera, teniendo conversaciones triviales y sin verdadera importancia. 
 
Se siente un poco mareado, pero el corazón le retumba en el pecho y las mejillas las lleva sonrosadas con aquella adrenalina de hace un momento, el calor de los labios de la albina prevalece sobre los suyos, y Terry suspira, tratando de manejar su taquicardia antes de voltearse lejos de aquella puerta, tiene que irse, pero permanece allí fuera, quizá esperando que el tiempo se detenga, quizá esperando que ella vuelva a aparecer.
 
En el momento en el que Ezra y Azzura giraban por una esquina que les daría una visión amplia del pasillo que daba acceso a la Sala Común de la casa de los leones, Ezra estaba hablando largo y tendido sobre el último libro que había leído. Pero de pronto se quedó mudo y sin habla.
 
-¿Estás bien, Ezra? -La voz dulce de la rubia susurró con preocupación, mirando al Slytherin y sin percatarse de la presencia de una tercera persona. Pero el susodicho no contestó, sino que se quedó mirando fijamente un punto y Azzura no pudo hacer otra cosa que mirar. Vio la figura de un chico pero no advirtió nada peligroso, así que pensó que tal vez el peligro era el chico en si.  -¿Qué pasa?
El rubio despertó de su trance, rogando a Merlín que aquel recuerdo no se disipara, le quedaban pocas horas y aquel día había resultado casi libre de desgracias...Claro que, las leyes de Murphy nunca fallan. Y en ese momento Terry Maddox había vuelto la espalda a la puerta, y sus ojos habían colisionado con los del chico en la escalera.
El corazón se le había parecido detener al instante, y se sintió como un niño de nuevo, diminuto, mirando hacia arriba a su hermano mayor (que ahora era incluso más bajo que el) parte de él era ese  crío indefenso cuya confianza ciega había sido traicionada. La mandíbula se le descolgó y en aquellos ojos oscuros se reflejó una instantánea falta de palabras, de repente se sentía sin aliento, pero ya no era cálido ni agradable.
 
—Tu...—dijo en un susurro, casi inaudible
 
La chica rubia no entendía nada de lo que sucedía pero podía notar como el ambiente, cálido y agradable hasta el momento, acababa de helarse. La sensación fue inmediata y casi notó que se le congelaba la sangre dentro de las venas. No sabía de qué iba aquello, pero entendía a la perfección el nuevo matiz que había tomado.
Ezra dio unos pasos hacia adelante, Azzura le siguió muy de cerca, notando la varita presionando contra su cuerpo como para recordarle que estaba ahí si la necesitaba. Decidió que era mejor no hacer nada y esperar a que se desarrollaran los acontecimientos.
 
Ambos hermanos Maddox se habían parado erguidos, a Terry se le había secado la boca y ahora sus ojos oscuros escrutaban aquella peculiar mirada de su hermano, el ojo de color cristalino solo volvía su mirada más fría.
—Pudiste por lo menos haber venido a saludar..—había susurrado Terry, con amargura comenzando a colarse por su voz—¿era demasiado pedir?—los ojos de
 
Ezra se habían vuelto completamente inexpresivos, no le costaba para nada reconocer el truco, su hermano mayor siempre había sido muy cuidadoso con las apariencias, especialmente luego de la muerte de mamá...Y años antes, él hubiese sido la única persona capaz de ver a través de aquella mascara, de saber que Ezra tenía sentimientos, pero de repente ya no está seguro...De repente ve a un extraño en el rostro de su hermano.
 
—¿No deberías de haberte ido ya?—le preguntó con frialdad y Terry enarcó ambas cejas sorprendido, un sonido que fue una mezcla entre una risa miserable y un gruñido brotaron de su garganta.
 
—¿Eso es todo lo que tienes que decirme?—su rostro se torció en una mueca—bastardo—escupió aquella ultima palabra con desdén e impotencia me encerraron por tu culpa, yo confié en ti...
La mente de Azzura trabajaba a marchas forzadas para intentar reconocer a aquel chico. Pero a pesar de que había algo familiar en él, algo que le sonaba, desde la distancia y a oscuras no tenía muy claro de qué le conocía...  Era evidente que se odiaban, los dos supuraban odio por todos los poros, pero no acababa de entender la conversación. ¿Ir a verle? ¿Hablarle? Y Ezra siendo un completo insensible. No entendía nada, pero optó por no preguntar y callar, observar.
Ezra había apretado los dientes, optando por no mirar a la rubia, Terry pudo ver la vergüenza en sus ojos...Vergüenza de la situación, vergüenza de él.
 
Bueno —había comenzando aquel azabache, de manera cínica, había ácido desbordándole de la voz y Terry tomó una bocanada de aire preparándose para lo que siguiera—uno nunca sabe que tan inestable vas a estar—dijo, civilmente a los ojos del espectador.
 
La mirada  de Terry nunca se vió  tan oscura como en aquel momento, apretó la mandíbula y los ojos se le habían aguado ligeramente, pero todo lo que pudo soltar fue un pesado suspiro incrédulo, claro que iba a hacer esto, claro que Ezra de todas las personas seguía diciéndose a si mismo  que tenía razón, que a fin de cuentas Terry estaba loco, cuando sabía mejor que cualquiera que no era verdad.
 
—¿Qué dijiste?—es casi un siseo, a pesar de si mismo le da la oportunidad de que cambie sus palabras, porque está molesto, pero por sobre todo está herido, por sobre todo aquel niño dentro de él todavía se aferra a su hermano mayor. Se da  cuenta entonces cuánto le hubiera gustado que las cosas pudieran cambiar, a pesar de su amargura, a pesar de su decepción...A pesar de todo.
 
—¿Qué aparte de tocado estás sordo?—y una vez más, está en el papel de siempre, el niño del corazón roto,  que debe fingir que no lo destrozan poco a poco, que debe fingír que no le importa la soledad.
 
—¿Sabes qué?—escupe aquellas palabras con dureza, buscando que no se le quiebre la voz—puede que si—los dientes le crujieron dada la fuerza con la que apretaba la mandíbula—si a fin de cuentas las cosas no han cambiado—hace una mueca, quiere llorar, pero no va a dejarse hacerlo—tú sigues siendo la más despreciable de las ratas.
 
Ezra inconscientemente se había ido acercando al otro chico, alejándose de Azzura que quedó definitivamente en un segundo plano, observando silenciosamente. Pero al ver que las cosas empezaban a calentarse de verdad, que empezaban a volar insultos, dio un par de pasos hacia adelante, sacando todo el coraje Gryffindor del que disponía.
 
—Chicos, creo que será mejor que os calméis un poco... -Era autoritaria, pero dulce, un tono de voz que sólo podía lograr alguien como la rubia. Eso sí, si la cosa empezaba a ensuciarse más iba a sacar la varita.
Por primera vez ambos hermanos se tornaron a aquella rubia, claro que Ezra tenía tiempo para otro de sus rejuntes, pero no había ni siquiera tenido el coraje de ir a ver si él estaba vivo, incluso luego de haber sido el peor de los culpables.
 
—Ah, nueva víctima, ya veo—inquirió el rubio con sorna—tienes una cara bonita, rubia—tomó una bocanada de aire tratando de calmarse, sin dejar que aquellas lágrimas se le desbordaran de los ojos—no puedo decirte la lástima que me da, que te la vean de estúpida—porque aquel era su hermano, siempre mostrando su mejor facha al mundo, sin importar los medios ni consecuencias.
 
Azzura parpadeó algunas veces, incrédula de lo que estaba escuchando. No entendía muy bien lo que había querido decirle pero algo en el tono le advirtió que no le iba a gustar descubrir de qué hablaba en realidad el chico.
—Para empezar, no soy ninguna víctima ni ninguna estúpida. Sé cuidarme por mi misma y no necesito los consejos de alguien que no tiene nada bueno que decir. -Contestó, algo molesta. Después se giró a su amigo, dando unos pasos hacia él para evitar que el otro chico le escuchara y le susurró. -¿Quién es y a qué viene todo esto, Ezra?
El Slytherin se había parado más erguido que nunca, tuvo que tomar una bocanada de aire muy profunda, luego sus ojos se habían apartado de Terry, pero su voz fue tan clara como el agua.
 
—No es nadie—declaró sin expresión alguna—un pobre maniático loco que no tiene nada mejor que hacer—bufó y le dirigió una última mirada a su hermano—deberías de tomarte los medicamentos, mira que no todos son tan condescendientes como yo, con locos como tú—Terry se encontraba incrédulo, y la primera lágrima rodó finalmente por su mejilla, fría y llena de impotencia.
 
"Yo estoy aquí y voy a quedarme aquí...Tu y yo".
 
—Vamonos, Azzura—declaró Ezra, extendiendole el brazo a la rubia.
La prefecta de Gryffindor se quedó de piedra ante la contestación de Ezra y sinceramente se le partió un poco el corazón al ver como el otro lloraba. Se sentía culpable de algún modo e inconscientemente dio un paso hacia aquel chico, que ahora se veía tan pequeño y tan desfavorecido que simplemente ella no podía dejarlo solo.
 
—Pero no podemos dejarle aquí así, tenemos que encontrar a alguien o llevarle a algún sitio, Ezra. -Murmuró, sin mirar a su amigo.
Terry dio un paso atrás, y en una moción llena de rabia se arrancó las lágrimas de las mejillas.
 
—Aléjate de mi—gruñó entre dientes—Pueden irse los dos al infierno,  me quedan las cosas claras—su mirada iba fija en Ezra—no soy la caridad de nadie ni mucho menos un crío—pecho erguido y paso de soldado, se repitió una vez más el refrán de papá: Los soldados no lloran, los soldados no lloran.
 
Terry Maddox no mira hacia atrás y pasa de largo a aquella rubia, y a aquel extraño que comparte el rostro de su hermano mayor. Es la última revelación de que has crecido, cuando te das cuenta de que el héroe de tu infancia no está más para defenderte.
 
Es cada hombre por su cuenta. 
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Se esconde en la biblioteca, y este lo recibe como siempre…En silencio y convenientemente vacia, siendo esta posiblemente la noche más ocupada en el castillo la gente posiblemente tiene mejores cosas que hacer aparte de tarea.  Gracias a Merlín no hay nadie que le vea llorar, se encoge en una de las esquinas más oscuras del lugar, aunque ya no puede protegerlo de la misma manera en la que lo hacia cuando era niño, no puedo esconderlo ni hacerlo desaparecer, sin importar cuan fuerte abrazara las piernas a su pecho, o cuan profundo búscase perderse en la oscuridad al esconder el rostro en sus rodillas…Ya no es tan pequeño.

 

Odia llorar, oidia cada una de las lágrimas que derrama, odia el temblor de su cuerpo y sus inútiles manos que en su inestabilidad no son capaces bloquear el sonido de afuera completamente. Siempre ha detestado la oscuridad y el silencio pero justo en ese momento era lo que anhelaba si eso significaba dejar de existir…Dejar de sentir.

 

¿Por qué? Se preguntaba ¿por qué no podía solo ser felíz? No era mala persona, no lo había sido nunca, y aún así aquí estaba, solo a pesar de estar rodeado de gente…Porque parte de su vida siempre iba a constarse de esto ¿no era así? Parte de su vida siempre iba a constar de que lo llamasen loco, de que pegasen brincos en lugar cada vez que lo veían, de que susurraran a su respecto donde sea que iba ¿que había hecho para merecer esto? No lo sabía, no lo sabía en absoluto.

 

Llora, llora a pesar de el odio a si mismo que esto le brinda. Llora hasta que está cansado, hasta que no tiene respiración o coherencia, solo le quedan sus desgastados ojos, rogando cerrarse y descansar, el rubio se hunde cómodamente en la oscuridad de sus rodillas y espera desaparecer…Pero en aquel momento alguien le da un toque el hombro, logrando que de un saltó alarmado.

 

¿¡Quien eres tu!? ¡Alejate!—había amenazado ciegamente a la par con su movimiento, y le tomó un rato a sus ojos hinchados poder enfocar a la persona frente a él: una chica, de cabellos negros  y rizados atrapados en un moño enmarañado, su piel es pálida pero su rostro está rojo, sus mejillas mojadas y general su bonito rostro arruinado por completo a merced del llanto.

 


—Tranquilo, tranquilo—había hablado, y los ojos oscuros del rubio se fijaron de repente en una prominente cicatriz en su rostro, que comenzaba dos dedos por debajo de su nariz y corría a lo largo de su piel hasta desaparecer en sus labios—No quise asustarte, solo escuché algo y…—los ojos azules de la chica estaban desorientados, le hizo bufar, la flaca probablemente no sabía ni la mitad de lo que estaba diciendo. 
 

—Pues yo estoy perfectamente bien y ya ves que no se esta quemando nada, así que puedes largarte—dijo el rubio, de una manera lo suficientemente civil y simple, estaba enfermo de los shows de caridad de la gente. Pasó un dedo por debajo de sus ojos tratando de deshacerse de los rastros de lágrimas—¿Que más o menos esperas flaca? Anda, regresa a tu lloriqueo—escucha como la flaca, que aparentemente se cree dura maldice por lo bajo.

 

—Yo no estaba llorando—pero ni siquiera le mira, sus ojos van fijos en el techo de la biblioteca, y Terry tiene que reprimir una risa amarga, aprovechando para tomar uno de los restos de lágrimas en su mejilla. A las personas les gustaban pretender que estaban bien, todos pretendía, hasta que los rompía….¿Y luego? Luego la vida seguía y la gente que no estaba rota todavía buscaba sentirse mejor a su respecto apuntando el dedo a aquellos que no tienen tanta suerte

 

—¿Que crees que estas haciendo?—habia dicho ella, y entonces el le había mirado, casi divertido por cuanto había elaborado aquella fachada de piedra.  

 

—Eres rápida—dijo, con seriedad y distancia, sus nervios todavía muy alertas y alguna cosa que no podía ubicar con respecto a aquella chica pálida que lo ponía incómodo y en guardia.—Por suerte yo también—sostuvo los dedos arriba, mostrando los restos húmedos en las yemas de sus dedos —Déjame decirte flaca, que si esperas que me crea tu excusa, para el poco tiempo que nos conocemos es muy insultante que me creas tan estúpido—la flaca se había cruzado de brazos.

 


—Y tu que ¿huh?—preguntó filosamente—Porque yo dudo que estuvieras verificando a ver si podías escuchar a través de la pared—la mandíbula de Terry se tensó. Le había dicho que se fuera, le había ofrecido un pase y aún así se negaba a sacar la nariz de los asuntos que no le incumbían en los más absoluto. 
 


—Estoy escondiéndome—dijo con simpleza, y apartó la mirada, ahí está, ya te lo dije, ahora vete. Tristemente así es como funciona el mundo, a veces hay que doblegar cuando menos queremos hacerlo, darle a alguien lo que quiere para poder estar en paz, puede sonar  blando, débil incluso, pero llega un momento en que sol estás exhausto, solo quieres que se detenga. 
 


—¿Por qué?—preguntó frunciendo el ceño confundida—Aqui nadie te va a comer—el rubio gruño fastidiado y entonces le dió la espalda, tratando de respirar, de verdad, de verdad  no quería ser grosero, pero la flaca estaba haciendo el asunto difícil.
 


—Devuelvete a tus asuntos flaca, no tienes negocio aquí—pero claro que la necia no había escuchado, pronto volvió a sentir aquella mano sobre su hombro. 
 

No—dijo con firmeza—tu no estas bien, puedo verlo y no me gusta dejar a la gente sola—de un movimiento brusco el rubio se dió la vuelta, apartando la mano de ella lejos de su hombro y sintiendo como aquella rabia tomaba residencia en la boca de su estómago.

 
 

¡Ah, ya veo lo que pasa!—había declarado, con una sonrisa cinica en los labios y amargura en la voz— mis hermanos te enviaron ¿verdad? ¡Tengamosle lastima al pobre Terry!— una risa amarga y lamentable salió de su garganta con el escupitajo que fueron aquellas palabras —Claro que no estoy bien, estoy loco—había pasado por suficientes situaciones involucrando la lástima de los demás aquella tarde, tristemente, para cuando llegó aquí ya no le quedaba amabilidad que ofrecer—Eso es lo que todos ellos dicen ¿Verdad? Terry, Terry, no puede manejar nada—y ver como la mandíbula se le caía casi fue divertido.

 

—Eres Terry Maddox…—susurró, y pareció haberse puesto más pálida si es que era posible, completamente congelada en lugar, y casi quizo reirse, amargamente pero de alguna manera, sus hermanos habían hablado respecto a él después de todo. Bufó, realmente no quería ni siquiera pensar en las cosas que habrían dicho, aún así, suponía que era su deber vivir para hacerle justicia a aquella reputación que le habían pintado, solo por esta vez.

 
 

—La leyenda en carne y hueso—hizo una elegante reverencia, llevando ambas manos a un costado con gracia—Ya veo  que no te enviaron, bueno, por lo menos te han hablado de mi, seguramente para reirse un poco de la desgracia de la familia, el caso perdido—no podía evitar aquella amargura, como el lo veía,  era injusto que la gente esperase que rindiese cuentas por ella…Era fácil, decir que sus hermanos habían cometido un error, pero nadie más había tenido que pagar por su error si no él.

 


—Ellos te adoran, te han estado buscando toda la noche—Terry apretó los labios,  dió una cabezada y se cruzó de brazos, pero un espejo opuesto, la flaca hizo lo contrario. 
 


—Lo sé—dijo con sequedad, era verdad, lo suponía, su culpa se lo recordaba de cada cuanto tiempo. Sylvana, Mihai, Elvira y Korina no tenían platos rotos que pagar, Travis era estúpido pero trataba de ayudar y Libby solo había quedado atrapada en las peores circunstancias en las que la familia había estado nunca. 
 


Escrutó el rostro de la pálida chica y entonces la señaló con el dedo, la recordaba, recordaba haber visto su vestido azúl justo antes de esfumarse para que su hermano no lo viera. 
 


Tu, tu estabas con Travis—su boca se torció—¿Me vieron ellos?— la flaca negó con la cabeza, y levantó el rostro en una expresión severa.
 

—No significa que no deberías ir a verles tu, han estado preocupados por ti toda la noche—se llevó una mano a la frente y cerró los ojos —Mira Terry, ellos te quieren, puedo prometerte que eso me consta pero también se que no lo manejaron de la mejor manera y se como eso puede hacerte sentir pero…— no pudo evitar el gruñido que brotó de su garganta.

 

—No lo hagas, no vayas ahí porque ya estoy enfermo de ello, estoy enfermo de la gente diciendome que me entiende cuando no entienden nada—había escupido, mirando a aquella desconocida indignado, era una cosa que su familia hiciera esto y otra que una completa extraña viniese a pretender que lo entendía

 

—Me creas o no yo te entiendo, y si puedo decirte algo es que aislarte  de ellos solo lo volverá peor, es un error—para este punto, su humor cinico no estaba por ningun lado, solo le quedaba la rabia, a flor de piel en su pecho.

 

Sin ofensas, pero dudo que sepas lo que siente—dijo de manera calmada, a pesar de si mismo, a pesar de que le costase respirar…Si se dejaba ir ahora nada bueno podía pasar, le gustaría salvar lo que quedaba de su educación.  —Pasé todo un año solo porque mis hermanos pensaron que era lo mejor para mi, tu flaca—me recorrió de arriba a abajo en una rapida mirada—no pareces de las que pasa cinco minutos sola—había dicho aquello más por ojeriza que otra cosa. De golpe, la flaca embotada le tomó del cuello y lo arrastró hacia abajo.

 


Escúchame bien—dijo entre dientes —si tu crees que no se lo que se siente dejame decirte que no me conoces, y te va a ir mejor si te amarras la lengua—se sostuvieron la mirada firmemente con una furia distinta pero similar a la vez. 
 


—¿Y cómo podrías saberlo, huh? —preguntó por lo bajo, aquel era el asunto con la cólera de Terry, para ser alguien tan apasionado, esta  no era generalmente altiva o estruendosa…Era más bien suave y sutíl, como el gruñido de un perro. 
 


Porque yo también perdí a mi Ingrid…—aquella flaca llevaba los ojos cerrados y su expresión se había suavizado, pero la mención de su madre fue suficiente para que el lobo sacara los colmillos. 

—¿Que sabes tu de mi madre?—había gruñido tensando la mandíbula. 
 

—Se suficiente, por lo que Travis me ha dicho—la chica suspiró, Terry escuchaba con atención, su ceño fruncido—Se que ustedes dos tenían una muy buena relación y que ella no se quedo tanto tiempo como a ti te hubiera gustado, y se lo que siente, porque me sucedió a mi, nosotros no teníamos una buena relación, mi nana y yo, para nada.  Pero ella era ésta persona… que era enormemente influyente en mi vida—hizo una pausa y suspiró—  un dia estaba aquí y al otro ya no y todo él mundo esperaba que yo simplemente lo superara, porque si no lo hacía significaba que era débil, pero ellos no entendían, yo había perdido a mi Ingrid, su nombre era Augusta, y….Ella no era la persona más cariñosa, pero yo la quería y un dia no estaba ya más y hay muchas cosas que nunca le dije, y luego…Luego de perderla a ella perdí todo lo demás… Y si tu crees que yo no se lo que se siente que te manden lejos porque piensan que eres inestable y diferente piensa otra vez— a pesar de sí mismo Terry dio una cabezada…Aquella tenía que ser la persona de la que Travis había hablado.

 —Lo siento…—dijo por lo bajo, su compasión era infinita, a veces su virtud, a veces su defecto. Y quien quiera que ella fuera, nadie merecía pasar por algo como esto.

 —He pasado por tu camino antes, Terry, y ahora mismo, tus hermanos te están ofreciendo una mano, y se que perdonar no es fácil, pero si yo puedo asegurarte algo, es que es un camino solitario…No lo hagas más solitario de lo que tiene que ser, pero yo me levanto todo los dias, aterrada de terminar sola…No dejes que eso te pase a ti. 
 


Y nada le dejó más frío que aquellas palabras.
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 7:58 pm

Only one life to live so choose wisely: Heads or Tails? 
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Keep your hand to
The level of your eyes 

A veces extraña España…Madrid y aquellos armoniosos pajarillos  que cantaban en la ventana despertandole cada mañana. Pero nunca como aquel día, cuando la luz del sol llega con un insoportable ruido de hurraca que proviene de la alarma de Travis. 



 —¡Ap-haga eso!—habla en español, idioma que de alguna manera se ha vuelto un factor cada vez que está irritado. Utiliza un protector bucal para dormir, cuando las pesadillas se tornaron un problema grave y las heridas físicas una consecuencia inconsciente, entonces habían decidido obligarle a utilizar un bozal humano “¡por seguridad!” obviamente suena ridículo cuando lo tiene puesto, y pronto escucha a Travis reír—¡Coño!—se queja de mal humor, escupiendo el protector y poniéndose la almohada por sobre la cabeza.

 —Levántate bello durmiente—bromeó su hermano, adoptando el español igualmente. el rubio pudo ver de reojo que  ya  estaba vestido—tu carruaje sale en hora y media, y tienes una  cita con la encantadora Agripina—Terry gruño, por alguna razón la cabeza le palpitaba como si tuviera una rasca  cuando no había bebido ni una gota de alcohol la noche anterior,  recordaba haber caído como piedra, pero no se sentía muy descansado que digamos—colocando el protector en su estuche el rubio se enderezó, dejando que la almohada cayera al suelo  y frotándose los ojos.

 —¿Qué hora es?—preguntó con un bostezo, estirandose y obligándose a pararse—¿Ethan no ha vuelto?—y el castaño rio de nuevo, conforme el rubio entraba al baño a lavarse los dientes.

 —¿No conoces a Ethan?—preguntó con sorna, y Terry bufó. Si Travis no era un santo Ethan, su compañero de cuarto era peor, Le dijo a Travis que tenía planes para pasar la noche “en otro lugar” lo que generalmente significaba en otra sala común.

 —No quiero saber—fue todo lo que dijo de vuelta—¿a que hora se supone que es la entrevista de los TIMOS?— su hermano chasqueó la lengua, y su sonrisa de muergano salió a relucir.

 —Ah, sí…—dijo, haciéndose el desentendido pero obviamente entretenido—olvide decirtelo, es en veinte minutos, estás tarde—el rostro del rubio paso de encredulidad a furia antes de que le lanzara una almohada a su trillizo.

 —¡Maldita sea, Travis!—el castaño había caído, riendo sobre su cama conforme el rubio se apresuraba en arreglarse.

 —Vas a extrañarme—declaró divertido.

 Caminaron lado a lado en silencio por un rato, Travis había insistido en acompañarle a la entrevista por alguna razón. Terry iba con las manos  en los bolsillos, no había tenido tiempo de tomar las pastillas todavía, y aquello generalmente solo lograba que su inseguridad fuera mayor.
 —¿Nervioso?—había preguntado el castaño y el rubio se encogió de hombros con un suspiro.


 —Supongo que si…—nervioso no era exactamente la palabra que usaría para describir lo que estaba sintiendo en aquel momento, no era exactamente ansiedad, se asemejaba más a querer vomitar—¿no están todos nerviosos en su entrevista de los TIMOS?—Travis rió por lo bajo mirando a su hermano.

 —Que se yo—dijo relajado—a mi todavía no me la han hecho—Terry rodó los ojos, dándole entonces un empujoncito de hombro a hombro, como para decirle que dejase de molestar, y para su sorpresa su hermano le dió unas palmaditas afectivas en la espalda—vas a estar bien, eres un genio después de todo—bromeó y Terry le miró avergonzado.

 —No lo soy—murmuró—no digas eso— y su hermano bufó, hubo un silencio incómodo, que le advirtió a Terry que lo que seguía posiblemente no iba a gustarle, cuando su hermano solto un pesado suspiro y se llevo las manos a la nuca, el rubio estuvo seguro.

 —Terry…—había comenzado Travis y el rubio hizo una mueca.

 —Ay, no…—se quejó por lo bajo—no otra vez—su hermano no perdió el tiempo y le dio un codazo.

 —Cállate y dejame disculparme—aquellas palabras las pronunció tan sobriamente que lograron que el rubio se volviese al instante, completamente confundido, su ceño se frunció y sus ojos incrédulos se posaron en su hermano.

 —¿Que dijiste?—Travis tomó una bocanada de aire y dió una cabezada.

 —Que lo siento—hablo docilmente, cosa que no era para nada usual en el, Travis era muchas cosas, pero serio no solía ser una—me pase de la raya ayer, no fue mi intención—se encogió de hombros—no soy el mejor con todo este asunto del hermano mayor…Pero quiero lo mejor para ti lo sabes ¿verdad?—el rubio pestañó dos veces, y su mandíbula estaba descolgada, le costo procesar aquellas palabras, jamás le había escuchado hablar de esa manera.

 —Wow…—en realidad estaba atónito, y por primera vez en aquel viaje miró a su hermano con un cariño genuino—estoy impresionado…Lo siento, es extraño es solo que…—Travis se había encogído de hombros, sonriendo de lado.

 —Lo entiendo…—dijo con simpleza—se que no he sido el mejor en ese departamento—un nudo de culpa se formó en su estomago.

 —Yo tampoco…Lamento mucho todo Trav—y entonces intercambian una sonrisa,  como cuando eran niños y le escuchaba decir “carrera hasta el tope de la colina” su hermano no sonrie de esta manera  muy seguido, no se trataba de su sonrisa de galán, sino de una pequeña, dulce e incluso un poco torpe.

 —Está bien…—había dicho el castaño, pasando el brazo por alrededor de su hermano—probablemente si me lo merecia…Pero espero que vernos no te haya sido tan desagradable…Y que consideres lo que te hemos estado pidiendo—Terry suspiró.

 —Si lo he hecho…—admitió—no es como si no extrañara Hogwarts a veces…Es solo que—cerró los ojos—no puedo explicarlo, es complicado y sabes que con todo lo que está sucediendo en la familia…—la mirada de Travis se había enseriado.

 —Tu no vas a preocuparte por eso ¿está bien?—le dijo y se llevó una mano de seña al pecho—vas a dejar que yo lo haga—y los ojos oscuros del rubio encontraron los de su hermano, se encontró conmovido.

 —Pero si yo no…—hizo una mueca sin terminar aquella frase—no tendrías porque…—la mano de su hermano se había posado entonces en su hombro y le dió un apretón.

 —Quiero hacerlo—dijo, al parecer sinceramente—es tiempo de que haga algo, de que sea alguien— el rubio enarcó ambas cejas.

 —Merlín…—había dicho—¿que le habrán puesto los Elfos a tu desayuno?—Travis rió y en un gesto brusco le dió un beso a su hermano en el costado de la cabeza.

 —Solo prometeme que lo pensarás—le dijo mirándole de nuevo—volver el próximo año, volver con nosotros—Terry toma una bocanada de aire y luego aprieta los labios, sus ojos oscuros le sostienen la mirada a Travis.

 —Yo…—No ha dicho las palabras en voz alta desde que mamá murió “te lo prometo” había dicho la última cosa que le había dicho a ella y había fallado por completo…Simplemente asintió, no pudo decirlo como si tuviese miedo de que hacerle la promesa a su hermano significaba que lo perdería también.

 ¿Si iba a regresar? No estaba seguro, no estaba seguro de nada…Solo pequeñas cosas, había visto suficiente, había vivido lo suficiente todo lo que quería era poder estar en paz, con sus hermanos, consigo mismo…

 —Aquí te dejo—y entonces aquella voz le trajo de vuelta a la realidad, encontrándose frente a la puerta de Agripina.

 —Gracias, Trav— susurró con sinceridad  y entonces se paró derecho.

 “Los TIMOS son el primer paso a tu futuro” decían los profesores, y recordarse aquello solo logró que el rubio enterrara las manos más profundo en su chaquetón, porque Merlín sabía que el futuro era su mayor miedo.



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Pasa sus horas siguientes después de la entrevista en busca de la chica de los girasóles, pero no logra encontrarla para su mala suerte, desayuna con sus hermanos, pasa tiempo con Libby y  practica esgríma con Anca y Angel, incluso ve a Ezra, y con “ve a Ezra” se refiere a que llega a ver como le meten un puñetazo en la cara…Es hermoso realmente y aquello le lleva a apreciar un poco a aquella flaca de la biblioteca incluso si la encuentra enervante…Y de alguna manera no puede dejar de pensar en lo que dijo su hermano y luego la conversación de la noche anterior. 
 “Ella tiene lo que tu tienes” sigue siendo ofensivo a su oidos, pero le intriga y se pregunta si es posible que su hermano tenga un punto, no exactamente de la manera en la que a el le gustaría seguramente, no se trataba de un tipo de virus que s podía curar con una inyección de tétano o algo por el estilo,  sin importar cuando Travis o Ezra o Teresa quisieran creer que si…Pero se preguntaba…Si era posible que fuese verdad, que alguien entendiera el sentimiento, aquel sentimiento de tener una roca en el pecho,  de sentirte impotente, sin nada que poder hacer al respecto por el simple hecho de estar vivo.
 Las horas pasan, y es tiempo de recoger sus cosas. Ahora, como claro estaba, su suerte no era para nada la mejor, seguía esperando, que la chica de girasóles apareciera mágicamente en su camino una vez más, que quizá pudiese convenientemente olvidar que era un caballero y darle un beso de despedida…Pero no sucedió, en vez, se encontró a la enervante chica pálida, viendose como si la hubiesen sacado de una película de los ochenta, Merlín que los sangre pura eran raros.
 Considera sus opciones, incluyendo darse la vuelta y volver más tarde…Pero al final, la curiosidad siempre mataba al gato.  Se encaramo en uno de los muros, acercandose a la flaca con cautela, y dando un salto al suelo justo a tiempo para que ella diera un respingo.
 —Ay, perdona—dice, demasiado divertido como para que aquello pueda ser interpretado como una disculpa sincera—¿te asusté?—sus ojos marrones se fijan en los ojos grises de la chica, y parecen volverse más austeros por cada segundo.
 —¿Que haces aquí?—había preguntado, cruzándose de brazos, el rubio estuvo apunto de bufar “¿qué” quería preguntar “metiste toda la naríz en mis asuntos ayer ¿y ahora yo tengo derecho a hacer lo mismo?” pero por el bien de la paz no lo hace.
 —Ay—habló aquella voz cínica, ambas sus cejas rubio oscuro enarcándose y sus ojos como el chocolate negro sosteniéndome la mirada—perdona ¿te asusté?—aquello fue más una burla que una pregunta.
 —Esperaba que pudiéramos hablar—apretó los labios y desvió la mirada, buscando la manera de poner en palabras lo que quería decir, basicamente “vamos a ser honestos, esto es ridiculo pero tengo que preguntar”
 —Vuelvo a Devonshire hoy, pero todavía tengo un poco de tiempo—sus labios se torcieron en una sonrisa sarcástica—pensé en hacer algo productivo—la flaca enarca ambas cejas, su mirada se mantiene tan en guardia que  el rubio se pregunta si no le dará dolor de cabeza. 
 —¿Vas a volver?—le preguntó seriamente, Terry chasqueó la lengua, parecía que aquella era la pregunta que todos tenían para hacerle, el tic de los dedos no tardó en aparecer.  
 —Puede ser—dijo tentativamente antes de poder volver a fijar la mirada en ella por fin —eso depende de lo que tu tengas que decirme—y luego se estaba riendo, el rubio enarcó una ceja, menuda loca.  
 —Escucha niño—dijo dando el hombro contra el muro, Terry se preguntó sino se lo habría roto—si lo que quieres es un discurso de esperanzas color de rosa, no lo vas a conseguir conmigo—Terry hizo una mueca de decepción, y con un suspiro cansado se tronó los huesos del cuello.
 —No seas ridícula, flaca—comenzó echando la cabeza hacía adelante—creo que podemos concordar en estar bastante enfermos de esos—hablo de la manera más cruda posible, si la flaca decía la verdad, entonces eso no iba a ser problema —¿que esperanza podría conseguir de ti si vas cortada con mi misma tijera —una risa amarga brotó de su garganta— si aquí los dos estamos locos—¿no es eso lo que todos dicen?—solo necesito que respondas una pregunta—se puso derecha y hechó los hombros atrás, mirandolo con una expresión altiva.
 —Te escucho.
 —Seamos honestos—le dijo con una sonrisa cínica—¿te parece?—y luego volvió a enseriarse, soltando un bufido—a la gente no le importa una mierda el concepto de la depresión clínica te han de llamar loca unas veinticinco horas al día ¿no?—la azabache le miró con confusión, pero en vez de molestarse, a los pocos minutos dió una cabezada afirmativa.
 —¿Cual es tu punto?—preguntó sobriamente, conforme las uñas largas daban contra su chaqueta de cuero, al igual que los de Terry seguían dando contra el muro.
 —¿Mejora alguna vez?—y una vez la pregunta estuvo al aire la flaca tuvo toda su atención. Desvió la mirada y sus ojos grises parecieron moverse de un lado a otro, bufó, como si estuviese pensado.
 —Depende de lo que estes preguntando—dijo,  manteniendo un tono de voz mucho más calmo que la noche anterior, el rubio enarcó una ceja.
 —¿Es que no hablas inglés?—preguntó  con un sarcasmo propio del fastidio.
 —Menudo idiota—había murmurado y rodado los ojos, el rubio bufó por lo bajo “no es que yo te considere encantadora” quiso decirle, pero de nuevo, pensó que sería mejor agarrarse la lengua—las cosas no van a cambiar—dijo con firmeza—amigos, familia. Creeme cuando te digo que a ellos tampoco les va a importar el concepto nunca, van a ayudarte  de cuando en vez pero no van a entenderte. ¿y si decides volver? Ese va a ser un paseo completamente nuevo—sonrió con amargura—¿la gente que te importaba? no esperes que te reciban con brazos abiertos del todo, puede que al principio claro—se encogió de hombros—pero al final, quien se va se olvida, y no vas a estar a salvo de eso—tomó una bocanada de aire y luego supiró profundamente—no mejora,  pero se mueve—levantó el cuello en un gesto que pareció altivo, pero en realidad el solo era demasiado alto—¿mi consejo? Mantén la mano al nivel de tu mirar, y puede que estés bien—Terry dió una cabezada y soltó una risa baja y socarrona.
 —Vaya optimista—dijo, a pesar de apreciar infinitamente la honestidad que le acababan de brindar, la flaca apretó los labios y su llamativa cicatríz se volvió más aparente.
 —El optimismo es necesario para evitar que uno utilice un cuchillo de manera creativa—sonrió. Si, definitivamente ellos estaban en la misma página—pero en realidad no es confiable cuando se trata de esto.
 —Concuerdo—dijo sobriamente y entonces enarcó una ceja— ¿tienes nombre? Porque podría llamarte “la chica entrometida de la chaqueta de cuero” pero no me parece lo más amable—la flaca arrugó la naríz un segundo en una mueca de pocos amigos.
 —Soy Wanda—dijo, con un suspiro resignado como quien no tiene de otra—Wanda Longbottom.




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“Mantén la mano al nivel de tu mirar…”  el tiempo parece detenerse cuando observa a sus hermanos por ultima vez, hay un carruaje a sus espaldas, que les espera para llevárselo, y de repente, le viene encima una enorme melancolía. Sus ojos se detienen una y otra vez en sus rostros: la sonrisa de Travis, de repente sobria y tan diferente a como la recordaba, Sylvana sorpresivamente estaba parada junto a él, y ambos compartían risas por lo bajo y sonrisas amistosas. Teresa aún llevaba maquillaje en el rostro y aquello le resultaba extraño, le miraba a través de sus gafas con una sonrisa dulce y sus labios se movían sin que Terry le escuchara.
 —Lamento que te estamos atrasando—la voz de Vi le trae de vuelta, ella le tiene de ambas manos y sus ojos negros se han humedecido aunque sus labios están curvos en una sonrisa pequeña—Mihai tendría que haber estado aquí hace veinte minutos. No creo que tía Meche este muy contenta si llegas tarde—Terry cerró la boca, dandose cuenta de que hasta ahora su mandibula colgaba ligeramente abierta, parte de él no quería pensar de repente, en cuanto tiempo iba a tener que pasar para verlos de nuevo.
 —Bah , ea e tot scoarță de copac și nu musca—(bah, si ella es puro ladrido y nada de mordida) seguía practicando, pero pudo responder aquella pregunta en rumano de una manera bastante decente, y luego Vi de verdad iba a llorar.

Ai grija, te rog—(cuidate, por favor) había susurrado, y Terry le dió un apretón en las manos, sintiendo el frío material de todos sus coloridos anillos. La azabache no tardó en arrojar los brazos alrededor de él con fuerza. 



—No te olvides de escribirnos—sonó entonces la voz de Travis, quien había sido el siguiente en abrazarlo—estoy seguro de que España es muy interesante, pero de vez en cuando acuérdate de nosotros—su hermano le sostenía con fuerza pero el corazón de no llorar. 

aquel rubio se sentía cada vez más débil, tuvo que tomar bocanada de aire para

—A los mortales aquí en la aburrida escocia nos haces falta—había dicho Sylvana, casi completando aquello que había dicho Travis, el rubio enarcó una ceja preguntándose si se imaginaba cosas—y a veces me hace falta alguien alto que alcance las cosas—le hizo reir por lo bajo, abrazandolo sobre la punta de sus pies y frotando su nariz cariñosamente contra su pecho

poate ne vom întâlni din nou în curând—(ojala podamos vernos de nuevo pronto)

—Dile a la tía que la queremos mucho—había dicho Teresa conforme le plantaba un beso en ambas mejillas—escribenos apenas llegues, no lo olvides—y luego la nariz.

—¡Bueno, bueno ya!—la voz de Mihai en la distancia logra que todos vuelvan la vista. El moreno se acerca corriendo con una pequeña rubia de la mano—¡lo estás llenando de baba, mujer!—se hubiese reído, pero su mirada melancólica se había posado en Libby, que con los hombros caídos y la mirada al cielo se acerca a despedirse.
De todos ella era quien más había cambiado, de repente había dado un estirón, cosa para la cual jamás recuerda haberle dado permiso. Y un pánico le llena el pecho, pánico con respecto al tiempo en el que no va a estar…De repente se da cuenta, por primera vez de que
el tiempo pasa, de que es cierto que la gente crece, la gente se mueve sin el
en el mundo…La gente olvida, y él no quiere que ella lo olvide.

No tiene tiempo de pensarlo mucho, ya que Mihai es el primero en abrazarlo de aquel  duo, incluso él se ve abatido y es extraño para el rubio, ya que su hermano Mihai era normalmente el tipo de persona que no se veía afectada por nada.


—No te pierdas, españoleto—le había dicho con una sonrisa vivaracha estrechandolo contra el—lamento que Ezra no pudiera venir, no se sentía muy bien—claro que aquello le dolía, pero estaba acostumbrado, así que simplemente se encogió de hombros.

—Está bien…—había susurrado—solo…Cuidalo—el moreno había asentido, estirando una mano y desordenado el cabello del rubio, ganándose una mueca de su parte.

—Haré lo que pueda, cuidate tu también—chasqueó la lengua y luego guiñó el ojo—comete a las españolas por mi, anda—había susurrado y entonces Terry hizo una mueca.


—Oh, cállate—pero Mihai ya se había parado al lado de los demás, dejándolo entonces frente a la pequeña, que le miraba con el ceño fruncido y el dedo apuntado al suelo, como si fuese el peor de los insensibles por ser tan alto.  Terry se calló por unos segundos y entonces se acuclilló a nivel de su hermana menor, cuya expresión se suavizó una vez aquellos ojos encontraron los de ella,  se esforzaba por mantener aquel ceño fruncido.

—¿No estás molesta conmigo…?—había preguntado el rubio, dándole una dulce mirada de cachorro regañado a su hermana—¿verdad?—los labios de la pequeña niña comenzaron a temblar y su ceño fruncido se derritió cuando sus ojos se humedecieron.

—No te quiero—declaró un momento antes de abalanzarse sobre su hermano casi,tumbandole hacia atrás y escondiendo el rostro en su pecho—no  te quiero y eres
feo—estaba llorando—no te quiero—repetía conforme se abrazaba a su pecho como si su vida dependiera de ello. 



—Yo si te quiero—le decía el, acariciandole el cabello con los dedos, y sosteniendola como lo había hecho desde siempre…Como si fuera a romperse, como si ella fuera el mayor tesoro en
aquel mundo. Como la primera vez que  había escuchado a mamá decir “ven a conocer a tu hermanita”—Te quiero mucho…—le había tomado del rostro y ahora le besaba la frente—te quiero mucho, mucho—la primera vez que vió a aquella criatura en una cuna le  pareció una especie de humanoide arrugada…Con ojos entrecerrados y labios fruncidos.

—Entonces quédate…—le había dicho en un sollozo—¿por qué tienes que irte?—pero luego, la pequeña humanoide había bostezado,  tomado su dedo con todas sus fuerzas y se había negado a soltarle…Lo había sabido entonces, que ella iba a ser la persona a quien más iba a amar en el mundo.


—Sabes que no puedo…—le había dicho,  abrazándola con más fuerza si era
posible, odiando cada parte de su ser por ponerle triste, por hacerle daño—la tía Meche me necesita en casa y tengo que volver—Libby había sorbido la nariz, todavía temblando entre lágrimas desesperadas—y tu tienes que estar aquí, y ser mejor que yo en pociones, y en vuelo y en todo—su hermana estaba de puntas y le acariciaba las mejillas.

—Pero quiero ir contigo…—de un salto se colgó de él, escondiendo el rostro en el espacio entre su cuello y su hombro—si no puedes quedarte quiero ir contigo— fue entonces cuando las manos de Travis habían tomado a Katya de la cintura, tratando de separarla del rubio.


—Libby es tarde—había dicho—sueltale, anda—pero no hacia el más mínimo de los casos, la pequeña rubia pateaba y enterraba las uñas en el la nuca de su hermano mayor con tal de aferrarse a él.
—¡No quiero!—decía—¡no es justo, no quiero! —luchan por un poco, y Terry continua abrazando a su hermana, con cuidado de que no se caiga “no será mucho tiempo, volveré muy,  muy pronto”  aunque no está seguro de que aquellas sean promesas que puede cumplir “verás que vuelvo antes de que te des cuenta”

Libby—la voz de Vi resuena una vez más de manera dócil—Terry tiene que irse—el rubio logra plantar un último beso en el costado de su cabeza, entonces la pequeña rubia por fin lo
suelta  y se esconde en los brazos de Travis.
—Buen viaje—se encuentra una vez más con los ojos oscuros de su hermana mayor, quien se pone de puntas y le besa la frente—nos veremos pronto—y se siente como cuando ellos se fueron de  Devonshire hace tantos años …Incluso si el es quien se va ahora, el resultado sigue siendo el mismo.
 
Está solo, completamente solo de nuevo.








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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Lun 23 Mayo 2016, 8:22 pm

The soul that sees beauty may sometimes walk alone[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Run boy run
and remember

   
Cuando el sol se pone y desciende sobre las flores al día siguiente, Terry ha vuelto a casa…Tumbado en el jardín con un pedazo de carboncillo en las manos, trabajando en un nuevo dibujo, se pregunta si el día anterior había sido un sueño.  Una destartalada cajita de música toca su canción, y todos aquellos pensamientos en su cabeza parecen danzar más que nunca.
 ¿Había pensado en volver incluso más desde entonces? Claro que si, pero al mismo tiempo no podía sacar aún aquellos pensamientos de preocupación de su cabeza…Las palabras de Ezra y la noción de que sus hermanos no entenderían nunca todo lo que ocurría dentro de él. Pensó en la maravillosa Erikka y en sus fogosos besos, en su explosiva risa y en los girasoles…Una noche no es una vida ¿y que iba a pasar cuando la chica de los girasoles le viera por el pobre loco que en realidad era? No quería ni pensarlo…
 
Pensó en Libby y en su promesa a ella…Seguramente le odiaría si no llagaba a volver ¿pero como podía explicarselo? Aquel nudo en su garganta y aquel miedo que le paralizaba, ¿como lograba explicarle lo que volver significaría para él?
 
—¡TERRY!—una voz le había sacado de sus pensamientos, y sus ojos se abren como platos cuando a lo lejos reconoce a un hombre moreno y de barba, con unas pocas canas comenzando a asomarse entre los cabellos negros, que corre hacia el moviendo la mano —te ridici și să te salut la unchiul!—(¡Levantate y saluda al tío!) de golpe el rubio estaba de pie y sonreía incrédulo a pesar de si mismo.
 
Unchiul Mihai!—(¡tío Mihai!) había saludado de vuelta gratamente sorprendido—¿que haces aquí? ¿y tía Amalia?—el hombre le había abrazado, dandole palmadas en la espalda tal como su hijo solía hacerlo, entonces le había mirado y sonreido orgulloso.
 
—¡Mirate que grande estas!—su acento rumano era incluso más fuerte que el de los muchachos, le dió un fuerte apretón en el costado de los hombros al Terry—no me creo que solo ha pasado un año desde que no te veo ¡vaya que has pegado el estirón!—el rubio había sonreído timidamente, rascandose la nuca incomodamente.
 
—No es la gran cosa…—murmuró, pero ya su tío le guiaba muy emocionado hasta la sombra del árbol donde estaban el boceto a medio terminar y la vieja caja de música.
 
—¡Tonterías!—había declarado—Malia tenía las manos llenas con una entrega, pero me ha pedido todos los detalles, cuentame como te ha ido en el baile—suspiró—fue una lástima que tu tía y yo no pudiesemos asistir, me dijeron que fue bastante agradable—Terry sonrió de lado, quedándose pensativo un momento…Su mente regreso un momento a la rubia, y a su expresión burlona “estamos a mano” se rió solo y entonces el tío enarcó una ceja—¿debería de estar preocupado? Mira que quien solo se rie de su picardia se acuerda…—Terry trato de esconder su sonrisa, de repente rojo en la punta de la naríz, pero los oyuelos en sus mejillas solo se hicieron más aparentes.
 
—Supongo que podría contarte las cosas buenas…—apartó la mirada timidamente, luego suspiró—es lo que yo trato de recordar…—admitió y entonces sintió la mano del tío en su rodilla.
 
—No solo eso—le dijo con seriedad, y Terry levantó la mirada—puedes contarme lo que quieras, sonrió picaramente—yo prometo no irle con el chisme a tu tía Mercedes—rió—aunque no te prometo lo mismo con la tía Malia, uno tiene que ganarse puntos—guiñó el ojo y Terry rió por lo bajo, aquello le duró un momento, pero pronto su cabeza cayó en el hombro del tío.
 
Nu știu, unchiul—(No lo sé tío) parte el  se sentía culpable, Agustus se esforzaba mucho, sin embargo, el tío Mihai seguía siendo la única figura paterna en la cual el  podía llevarse a confiar—mi -e dor pentru toată lumea, eu fac , și eu vreau viața înapoi— (extraño a todos, si lo hago, y quiero mi vida de vuelta) sintió como la mano del tío se apoyaba cariñosamente sobre su cabeza.
Dar…—(pero…) preguntó tentativamente y Terry hizo una mueca, mirando a su tío de reojo hacia arriba, luego suspiró y hubo un corto silencio.
 
—Tengo miedo—dijo por lo bajo, con un  hilo de voz—¿que pasa si no puedo hacerlo tío?—y una vez comenzó no se detuvo—¿que pasa si llego allí y me atasco de nuevo? ¿que pasa si…Que pasa si no soy suficiente?—tomó una bocana de aire—le fallé a mamá tío Mihai—un nudo se formó en su garganta—le prometí que iba a estar bien, y que iba a cuidar a mis hermanos, te prometí lo mismo a ti y a la tía… Y no pude—Mihai chasqueó la lengua, tomando a su sobrino, que se asemejaba más a un hijo por la barbilla.
 
—Absurditate—(tonterias) declaró sobriamente y con la barbilla bien en alto, incluso después de todo, seguía teniendo porte de realeza, el rubio enarcó una ceja.
 
—¿Como?—preguntó, no porque no entendiera que decía, sino porque. Mihai sonrió de lado y entonces enarcó ambas cejas.
 
Crezi că ai eșuat pentru că ai fost speriat?—(¿crees que fallaste porque tienes miedo?) Terry se encogió de hombros.
 
Da—dijo simplemente, apretado los labios y entonces Mihai se quedo pensativo, para luego soltar un alargado suspiro.
 
—¿Quieres que te cuente una historia, Terry?—preguntó, aunque fue algo más retórico.
 
—¿se trata sobre mamá?—preguntó como un niño, el tío Mihai y mamá habían ido juntos al colegio, asi que el siempre tenía las mejores anecdotas sobre ella, además de muchas fotografías que habían sido una fuente infinita de vergüenza para ella cuando vivía.
 
Mmh-hm—Mihai dió una cabezada, luego se quedó pensativo un momento, con el labio inferior entre los dientes y la vista al cielo—tu madre era una de las pocas personas que sabía sobre mi, eso lo sabes—el rubió asintió—lo que es una manera menos triste de decir la única, así que ella era la unica persona con quien mantenía correspondencia desde el palacio—el tío sonrió, una sonrisa pequeña y melacólica—cuando me enamoré de tu tía, tu madre se volvió mi confidente. Si no se lo decía a alguien me iba volver loco, todo aquello de andar a escondidas, tener que inventar mentiras…Fue difícil—rió—no hace falta que te diga que le encantó la idea de verme enamorado y se involucró lo más que pudo, me mandaba cartas con cosas romanticas que decir y demás, yo claro está, mezclaba todo, pero a tu tía le hacia gracia—el rubio rió. 
 —¿y que pasó?— preguntó, inseguro de porque le contaba aquello pero igualmente escuchando con toda su atención. Mihai hizo una mueca.
 —No fue fácil, Terry—dijo con un suspiro—para que tu tía y yo pudiesemos estar juntos tuvimos que pasar por muchas cosas…Y en algún punto, la presión me estaba volviendo loco. Así que le escribí a tu madre, recuerdo escribirle tres hojas quejandome de lo dura que era la vida, le dije que no estaba seguro de poder seguir adelante. No me mal interpretes amo a  a tu tía y siempre lo hice, pero en ese punto, nos estaba haciendo miserables a los dos, y yo tenía que casarme, era el siguiente en linea para el trono y todo el mundo esperaba algo de mí…Me ahogué, y le escribí y le dije que no estaba seguro de poder seguir viviendo así, que había fallado…Como principe, como amante y como persona—Terry le miró con los ojos como platos.
 —¿Pensaste en suicidarte?—preguntó incrédulo—bromeas ¿verdad?—Mihai negó con la cabeza.
 —No, fui muy serio con respecto a eso en ese entonces—miró a  su sobrino rascandose la barba—de cualquier manera, tu madre tomó semanas para contestarme y cuando finalmente lo hizo todo lo que me envió fue un papel que decía “Continua” y recuerdo haber estado muy enojado, le volví a escribir, y esta vez fueron tres páginas de rabia: le pregunté como podia decir eso, que se suponía que ella me dijera que no debía rendirme y que, qué clase de mejor amiga era—entonces Mihai volvió a tomarle de la barbilla, haciendo que la levantara. Era el equivalente del tío al “siéntate derecho” —me escribió de vuelta esa misma noche y me dijo: “Si sabes que tienes que hacer ¿entonces por qué me lo preguntas a mi? Continua Mihai, continua porque la cosa más difícil de este mundo es vivir en él, pero tu forjas tu vida, y no nadie más, si haces eso, entonces vale la pena. Así que continua…Se valiente y vive, porque sino, entonces de verdad vas a haber fallado” —el rubio había tomado una bocanada de aire luego apoyado la cabeza contra el árbol..Definitivamente sonaba como mamá.
—Extraño a mamá...—había dicho en una voz diminuta, como si no quisiera que nadie le escuchara. Mihai soltó un largo suspiro, y entonces atrajo su cabeza para reposarla en su hombro 
—Todos la extrañamos, hijo—había dicho antes de reír tristemente,por lo bajo—ella era la sabia—entonces su tío le había mirado—aquel consejo fue el que me ayudó en mis peores momentos...Y yo no soy muy bueno en esto, pero me imagino, que seguramente te diría algo parecido a tí—Terry sonrió, una sonrisa pequeña y de lado. 
—Gracias tío Mihai…—era todo lo que había podido decir, el moreno le había acariciado la espalda con cariño.
 
—¿Qué piensas hacer, muchacho?—preguntó, y Terry se encogió de hombros.
 
—No tengo ni la menor idea…—en algún sentido se sentía atrapado: por una parte, si decidía quedarse eso significaría perder gente que quería, pero volver podría significar exactamente lo mismo, es como si en cualquiera de las dos alternativas que escogiese no pudiera ganar:  Lanza una moneda. pensó sarcásticamente.  Cara o sello ¿cuál es peor?  ¿podría arriesgarse de verdad? ¿a que le vieran como en realidad era?
 
The wolf's claws and teeth protect him from the world. Because of them nothing can ever harm him, yet, he often finds himself wondering whilst howling to the moon: Is safety really worth it, when the price to pay for it is such immense loneliness?
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Mar 31 Mayo 2016, 4:07 pm

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Está fue mi reacción leyendo tu capítulo, y creo que es la mejor en el aspecto de que sinceramente se de antemano que soy una persona fría, y que por dentro todo es un mar de emociones. 

The Kids and vi's: 
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Bueno... Me parece que todo lo he dicho a través de whatsapp, pero dejare un comentario porque sé que quizás no será bueno, pero puedes leerlo y releerlo cuando desees. 
Me parece que todos son bastante unidos, se siente aquella calidez familiar a través de un sufrimiento mutuo, que mis personajes no tienen. O sufren o no lo hacen. Mantienes un equilibrio entre esas dos, y no sientes desesperación, ni mucho menos ganas de proteger a alguien. Sientes tristeza, porque es una realidad que puede suceder, al menos para mi, es un tema que siempre llega: perder a alguien, y mantenerse firmes, y si tienes un corazón lo suficientemente bueno, proteger a los que te rodean que quizás no lo llevan tan bien como tú. 
Sobre todo, se nota que Terry mantiene una mejor relación con las mujeres de la familia que con los hombres. Al menos eso se nota al principio, y también con su hermana menor. Ya te había mencionado que me agrado el hecho de que dibujaste un patrón hermano mayor-hermanita bastante bien, y sobre todo, la palabra que tomaste: Orgullo. En el buen sentido. Aquella ansiedad de querer inspirar a quien más quieres, y también que esa persona sienta admiración por ti. Lo de la cajita y el soldadito fueron buenos detalles. <3 
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Algo así me imagino a Terry y Libby. Digo, no es que se parezca a totoro, pero el mismo sentimiento de protección, de querer ser alguien para los que quieres. 
También la relación con Vi, me alegra poder ver más de ella. Ese sentimiento de esperanza que existe entre los dos, además de su estilo loquisimo para vestir. Lo de las flores fue un gran detalle, deberá pasarle a Erikka ese hechizo btw. 
Los recuerdos: 
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Papá era un superhéroe, y si Terry no podía ser un superhéroe, entonces por lo menos iba a sonreír, quizá era contagioso, y quizá podría ayudar, quizá si el sonreía y entonces todos los demás lo hacían también, entonces iban a olvidarse de que estaban tristes a pesar de que el también lo estuviera, y el jardín de papá se curaría poco a poco.
 
A decir verdad, esa parte fue muy llegadora. Al menos, las palabras las describiste bastante bien. La relación con su padre era muy bonita, pero me gustó más la relación con su madre. Eran como ese hijo parecido que desea ser como ella, que trata de ser fuerte sólo por su madre. En cierta manera, me recuerda a Ame y a su madre, la misma forma. No llorar para que mamá no llore, sonreír para que mamá sonría, ser fuerte para que mamá también lo sea. Su relación la hiciste muy bien. ¡Bravo! 

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Yo, abrazando a Terry because YES. 
Ezra y Terry: 
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Ya sabes... No puedo decir mucho de ellos más lo superficial, lo único que dejaste ver. De pronto, un recuerdo donde ambos se aman, se adoran, son inseparables... y luego la tensión que existe entre los dos. Ezra puede ser como yo, es muy difícil que pueda expresar lo que siente sin herir a alguien, y tú eres como Terry, hay cosas que te ponen sensible. Puedo identificarme de cierta manera con ezra, porque no es que no quiera a su hermano, pero hay algo que debe arreglarse. Y a veces da miedo pedir perdón después de equivocarse, o la culpa es tan grande que uno simplemente trata de esquivar con esas responsabilidades. No porque uno no lo sienta, sino por miedo de saber que podría pasar después. 
Quiero ver como los desarrollas más adelante. :)))
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Para la parte de Terrikka, pondré este gif porque me encanta, me encanta, me encanta. <3 <3 <3 <3 <3 
Me inspira tanto para escribirlos, por el simple hecho de que la maldición de Terry es su enfermedad, su pasado. Y Erikka también tiene sus preocupaciones, y sus secretos que no puede decir. Sophie and Howl, Terry and Erikka. <3 
¿Qué más puedo decir? Ha sido de mis escenas favoritas que hemos escrito de todas las demás parejas. Simplemente me encanta. 
*Escucha the main theme of howl's moving castle* 
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También ellos, aunque me recuerdan más a Tikki, jejeje. 
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Así estaba literalmente en la pelea de Ezra vs Terry, viendo quien se daba el golpe más bajo, y cuando se encuentra con Wanda, y sale el lobo del armario, que tenía ganas de salir, dejando que se comiera el barrio antes de irse a dormir, jajaja. NOQUIEROSABERCOMOSERÍAUNAPELEAENTRETEDYTERRYPORQUESIMPLEMENTEIOANPODRÁSERUNPERROTOTALPEROJAMÁSEXPLOSIVO. 
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Te regalo un delicioso desayuno, lo que sea. Porque el cap fue muy bueno, y lo siento si soy una decepción para decir lo que siento, incluso para escribirlo en los comentarios, pero hago mi mayor esfuerzo y espero lo aprecies <3
Ya deseo que Terry aparezca en la segunda temporada, y así poder hacer que todo el merequetenge se arregle!! 
Te quiero <3 
Use gifs de Studio Ghibli because i wanted to and i don't give a fuck at all!!! :D
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BYEBYE! 
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Lun 13 Jun 2016, 7:01 pm


Let me steal your heart
CALL IT WHAT YOU WANT I'M NOT AFRAID
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Narrador Omnisciente.


27 de marzo.

Había salido de su clase de Aritmancia, últimamente los profesores parecían bastante nerviosos con la venida de los exámenes finales. El tiempo que quitaban las vacaciones de semana santa era uno de los factores.
Durante los almuerzos procuraba estudiar de sus apuntes y de los libros. Mientras caminaba, terminaba por entender la traducción de los números hasta que choco con alguien.
— Lo siento. —Dijo monótonamente.
— Pareces no sentirlo, realmente.
Ted enarcó una ceja al reconocer aquella voz sarcástica, y bajo el libro de sus narices para mirarle.
— Hola, Wanda. —Le dedicó una media sonrisa, sinceramente, su cabeza estaba llena de sus apuntes, no pensaba en nada más que eso.
Longbottom había pasado a pararse al costado de Lupin y con una ceja enarcada se habia vuelto a mirarle mientras caminaban.
—¿Seguro que estás en este plano de existencia?—Pasó a chasquearle los dedos en los rostro.— ¿O es que ya tienes tanto tiempo con la cara de serio que se te han olvidado el resto de las expresiones del rostro humano? —Bromeaba, aquello estaba claro, pero jamás iba a ser propio de ella dejar de pasar oportunidad de molestar a Ted, era el único aseguro de confianza que le quedaba estos días.
Ted enarcó una ceja, y puso los ojos en blanco, empujando a Wanda ligeramente con el hombro.
— El mismo rostro tendrás después de pasar por los TIMO’s. —Musitó, y cerró el libro.— Y lamentablemente, es la única cara que tengo. —Ladeo su cabeza levemente, dejando escapar un suspiro de su boca. Se quitó los lentes, y comenzó a limpiarlos con la túnica.— ¿Qué te trae por aquí?
Wanda había arrugado la nariz, poniendo ambas manos a la cadera y quedandose pensativa por un momento.
—Claro que no es el único que tienes, yo recuerdo a un muchacho de cabello azul y menos actitudes de andropausico. —Le guiñó el ojo y luego tomó una bocanada de aire.— ¿Por qué preguntas? —Sus ojos habían cambiado de color por un  instante, antes de ser consumidos por el gris una vez más.— ¿Me estas botando?—Bromeo.
La mirada del castaño se tornó en un color ámbar, y su rostro se lleno de burla.
— Quizás si, quizás no. —Fue lo que respondió. Seguido, trató de asimilar las palabras de ella, y simplemente sacudió la cabeza.— Depende de como lo tomes. —Bromeó.
Una sonrisa se había esparcido por el rostro de Longbottom entonces, y cruzó los brazos sobre su pecho.
— Ahora estamos hablando. —Y las puntas de color naranja se habían colado por su cabello azabache.— Has sonado más como tú que en todo el curso. —Apretó los labios y entonces enfocándose en otra cosa, frunció el ceño.— ¿Te sientes bien? ¿te duele algo?—levantó el rostro, examinando al castaño con los ojos.— Yo te veo bien. —Se encogió de hombros— No ha sido tanto mal de morir, a que no.
— Después de clase debo de ir a la enfermería, la herida ya cerro aunque todavía tengo algunas punzadas en las costillas, fuera de eso, no te preocupes que no ha sido nada. —Suspiró como si no fuese la gran cosa.— Y me parece que el colegio sigue de fiesta, así que supongo que ha valido la pena ¿no? —Le dedicó una pequeña sonrisa y le apretó el hombro.— Pensé que tenías más fe en mi. —Sus ojos se encendieron nuevamente en aquel ámbar.
—Claro que la tengo. —Bufó, desviando entonces la mirada.— Pero siempre voy a preocuparme por ti, idiota. —Le dio un apretón en el hombro.— Eres mi mejor amigo. —Aquello último lo había dicho con un hilo de voz, para luego aclararse la garganta.— Como sea, de paso debo decirte una cosa.
Ted le correspondió con una sonrisa y parte de sus mechones se habían tornado de un ligero color azul, que poco después, tomaron nuevamente el color castaño.
— Creo que no me queda de otra. —Rió por lo bajo.— ¿Qué es?
La expresión de Longbottom se había tornado completamente seria, había succionado sus mejillas un momento y luego había vuelto los ojos al castaño
—¿Te acuerdas de mi tio puto? —Le pregunto con toda la sobriedad del mundo. Robin no había tenido la mejor reputación con las mujeres desde… Nunca.
— Eh, supongo que no con ese tipo de descripción… pero me parece que lo has mencionado antes. —Dijo, tratando de recordar.— ¿Qué sucede con él?
—Robin. —Río.— Mi tío Robin —Puso ambas manos a la cintura de nuevo.— Resulta que va a casarse, y considerando que le conocen desde hace un tiempo...—Volvió entonces la mirada al bolso que llevaba colgando y rebusco hasta sacar con cuidado un par de sobres, extendiendolos hacia el castaño.— Lamento decirtelo, pero tendrás que buscarte un traje. —Apretó los labios
Cuando Ted tomó el sobre entre sus manos, bufó por lo bajo. Pensaba quedarse estudiando durante el tiempo libre.
— ¿Qué sucede si rechazo la invitación?
Longbottom enarco una ceja.
—O a: Yo te golpeo—hizo una pausa—o b: No dejas de estudiar nunca en tu vida y terminas de cura en algún convento. —Le dijo con ambas cejas enarcadas.
— Aspiro más que eso, quizás más a ser un sacerdote o el papa. —Bromeó, después se talló el puente de la nariz.— No me agradan los trajes, pero en fin.
Wanda habia reido, apoyando los nudillos contra los labios y por un segundo sus ojos fueron amarillos.
—Mi tío te lo agradecerá, le caes muy bien. —entonces había dado un paso adelante y dándole un abrazo, que siendo tan corto, paso por un apretón. Luego hizo una mueca.— Pero además necesito un favor y cuando te lo pida te voy a caer mal.
Ted puso los ojos en blanco.
— Son demasiados favores los que pides. —Dijo socarronamente.— Y ¿a quién le entregó las demás? aparentemente tu tío conoce a mucha gente. —Bufó.
Wanda levantó un dedo, aquella mueca desvaneciendo de su rostro.
—Ese es el favor. —Le dijo con una cabezada, y entonces sus ojos se posaron en el techo, a manera de hacerse la loca.— Necesito que se las entregues a James. —Hizo un ademan de las manos.— Creo que eso se explica por sí solo. —Hizo lo posible entonces por mantener una expresión inocente.— Y a Kaia...—Dijo con simpleza, conforme pretendía mirarse el esmalte.
Ted le miró fijamente, intentando que no se notara el sonrojo que se asomaba sutilmente en sus mejillas, y le devolvió la carta.
— Hazlo tú, la ves más que yo.
— No puedo. —Qué mentira tan descarada, Wanda; se dijo a sí misma.— Mi mamá viene el domingo y tengo mucho que hacer, de paso Agripina quiere que vuelva a presentar la entrevista de los TIMO’s. —Rodó los ojos.— Larga historia. —Sonrió de lado.—¿Podrías?
— Aunque no lo creas, conozco cuando mientes y lo haré por una condición… —Le entregó el sobre.— Tienes que entregarle a James este.
La azabache había apretado los labios y un leve rubor se había colado por sus mejillas a pesar de sí misma
—¿Por qué? —Preguntó, llevando las manos a su cuello en un ademán nervioso.- ¿Es que me odias tanto?
Ted se rió, y le sacudió ligeramente de los hombros. Pensando que los dos no eran tan diferentes de como realmente parecía.
— Me parece que has pasado por cosas peores, y James es tan cabeza hueca que se va a alegrar de que se la entregues. —Carraspeo la garganta.— Tengo que pedirle a mi abuela el traje, así que iré a mi habitación. —Suspiro.— Le entregaré esto a Kaia.
Wanda tomó el sobre delicadamente en sus manos y entonces enarcó una ceja, apesar de que sus labios estaban curvados en una sonrisa, una sonrisa sutíl y contenta.
—Te odio por obligarme a entregarle esto a James. —río tímidamente a pesar de sí misma. – Así que estamos a mano. —Le guiñó el ojo.— buena suerte, cabeza azul.
— Eres fuerte, Alice. —Le animo, y de un momento para otro, su cabello se había tornado completamente azul, aquel azul brillante.— Creo que podrás con esto. —Comenzó a caminar.— Nos vemos.
Abrió su libro, y continuó leyendo.



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AND IF I ASK TIME TO  STAND STILL. CAN I COME A LITTLE CLOSER? 



28 de Marzo.

Desde que tenía memoria, siempre supo que era diferente a sus hermanos.
Siempre deseaba ropa, en lugar de libros o recursos para quidditch. Siempre miraba en silencio a sus hermanos, siempre veía de lejos sus travesuras. Nunca había tenido un lazo especial con ninguno, y quizás era más cercana a Albus, pero incluso él era diferente a ella.
En algún momento de sus primeros pasos, su inspiración había sido su hermana. Quería sus salvajes cabellos rubios, y quería sus brillantes ojos. Pero mientras más crecía, se daba cuenta de que su hermana era un completo desastre. De que quizás ella era mejor que Kaia, que era mejor en muchos sentidos.
— Lily, el profesor de Historia dejó un ensayo de último momento sobre la guerra de los elfos para mañana.
La pelirroja había asentido en silencio, mientras se levantaba del sillón y acomodaba sus largos cabellos detrás de su espalda. Nadie podía mentir que Lily Potter era bellísima, una de las más bonitas del colegio. Además, era de los mejores promedios de su generación. Era la planilla de su madre, pero más femenina, más delicada.
— ¿A dónde vas? —Preguntó Lyanne.
— Iré a la biblioteca. —Se volvió y le dedicó una sonrisa.
No necesitaba su ayuda, pero el simple hecho de pensar en él le causaba que su estómago sintiera cosquillas. Ted Lupin había sido parte de su familia desde que tenía memoria, y no fue hasta primer grado en que se dió cuenta que cada vez que lo veía, sentía algo en su pecho que no la dejaba respirar. Admiraba su inteligencia, era alguien con quien podías mantener una conversación coherente y lógica. Además de que sus ojos reflejaban tal intensidad, tal fuerza y tal vulnerabilidad al mismo tiempo. Le gustaba mirarle leer, y atesoraba las sonrisas que rara vez entregaba.
Había deseado con todo su corazón que él pudiese verla bonita, y que el sentimiento fuese recíproco. Deseaba que las sonrisas amables de Ted fuesen más intensas, que su mirada brillase de la misma manera en que lo hacía la de su padre cada vez que veía a su madre. Quería ser su dolor y su alegría.
Sabía que Ted gustaba del orden, y que le gustaba el té negro. Sabía que su libro favorito era el mago de oz, siempre lo leía. Sabía que no le gustaba la combinación de lo dulce y lo salado, que le desagradaban las cortezas en el pan. Que para almorzar, primero comía las verduras y después las carnes, y que bebía al final. Que todo en él era una estructura.
Él y ella estaban destinados a ser. Él era inteligente y ella también lo era, seguramente él se convertiría en premio anual y ella también lo haría algún día. Eran iguales, y ese tipo de parejas era mejor que las que no, era más fácil manejarlo, más fácil para todos. Siempre supo que su madre siempre quiso que Ted fuese parte de la familia con un lazo más intenso, y ella tenía la esperanza de que ese lazo significase ella.
— ¡Hola, Teddy!
Ted había levantado la mirada del libro, y le había regalado una leve sonrisa. Lily volvía a sentir aquel cosquilleo, su corazón parecía volar. Bajó el rostro sonrosado, y puso un mechón de cabello detrás de su oreja.
— ¿Podrías ayudarme con un ensayo de la guerra de los elfos?
— Eh, si. —Había cerrado el libro, prestando atención a la pelirroja. Y sus ojos, aquella intensidad que se asimilaba al fuego, indagaban profundamente en ella, que sentía morir. Podría mirarlo durante todo el día sin cansarse, la combinación de su cabello castaño y su piel miel, su mentón era precioso. Él era precioso.
— ¿Estás leyendo mago de oz? —Preguntó tímidamente, sabiendo que siempre lo hacía. Siempre quiso preguntarle la razón por la cual leía ese libro en específico, habiendo muchos mejores.
— Supongo que ya sabes mi usual costumbre de hacerlo. —Respondió amablemente, y sus ojos habían brillado.
— Se que es tu favorito.
— Lo es. —Había sonreído, con una dulzura en su mirar, que Lily quiso atesorar por completo eso. Ted era una persona extraña, siempre lo supo. Una persona de pocos amigos, y que no fácilmente demostraba lo que sentía, era complejo, quizás de los más complejos que conocía. Pero una vez que alguien encontraba aquella luz dentro de él, podía ser la persona más leal que uno pudiese encontrar.
— ¿Cómo sigues de tu herida? —Preguntó, bajando la mirada en el momento en que sus ojos chocaron. Sus mejillas se habían tornado del color de su cabello, y una diminuta sonrisa se dibujó en su rostro.
— Mejor, he podido quitarme la venda, aunque duele un poco en ocasiones. —El castaño había llevado su mano directo a su costado.
Ted no era de muchas palabras, pero con ella podía ser diferente. Podría hablar horas con él, siempre.
Cuando terminaron, el castaño se levantó de la mesa y apretó el hombro de Lily, susurrando un: Buenas noches, nos vemos. La pelirroja lo miraba irse, con una tonta sonrisa en el rostro y unas ganas inmensas de decirle lo que sentía.
— Nos vemos, Teddy… —Susurró para sí misma.

29 de Marzo.

— ¿A Ted Lupin le gusta tu hermana?
Lily había saltado de su asiento, y se había vuelto, riendo. Lo que había dicho era tan tonto, era sumamente imposible.
— Son amigos de la infancia, es claro que no le gusta de esa forma. —Respondió la pelirroja, levantando el mentón.— Y desde que yo recuerdo, sus actitudes siempre chocan.
— Yo pienso que si. —Insistió la morena, sonriendo como tonta mientras comía su almuerzo. Lily no aguantaba que fuese irremediablemente romántica. Más bien, no aguantaba que hubiese dicho eso.
— Mi hermana es completamente diferente a él, así que lo dudo mucho.
Su compañera se había encogido de hombros y dio el tema por terminado. Era muy común que entre los Ravenclaw discutieran de quiénes eran de los más inteligentes, quiénes debieron de haber pertenecido en su casa, y por supuesto, quiénes lo eran y a parte eran atractivos. Quizás Ted no entraba dentro de un estándar de belleza alto, pero para ella era hermoso por el simple hecho de que era bastante inteligente. De que tenía un buen corazón, y de que era diferente a los chicos de su edad.
Lily había permanecido pensando en sus palabras, y su mejor amiga la miró analizandola. Era absurdo, Ted no podía gustar de Kaia. No su hermana. Kaia era una calamidad y Ted no. Eran completamente contrarios, y eso era antinatural.
Había fijado su mirada en la mesa de Gryffindor, y él se encontraba bebiendo té mientras hablaba con James y su nuevo amigo.
— Es imposible… —Había susurrado más tranquila.
Lily pensaba que su hermana era tan diferente. Ella había sacado el cuerpo de su abuela, con curvas vulgares por doquier, y ella era bonitamente esbelta, como su madre. El cabello de Kaia jamás se quedaba quieto, y el de ella era perfectamente liso. Kaia tenía los ojos de su padre, y ella los ojos profundos de su madre. Kaia pudiera ser pasable si fuese más femenina, pero no era así. Siempre tenía la cabeza metida en sus cuentos, en su imaginación tan desbordada. Siempre había escuchado que ella era más bonita que su hermana, más refinada, más recatada, mucho mejor. Lo creía, lo creía firmemente.
Su hermana había llegado al comedor, y no pudo evitar mirar el rostro de Ted. Le miraba fijamente, y sus ojos se volvían cálidos, como si viese lo más hermoso que jamás hubiese existido. Ese Ted, que no solía mirar a alguien más de 4 segundos, ese Ted alejado, ese Ted que pensaba que sus sonrisas amables sólo eran para ella y nadie más.
Evitó mirar, y continuó diciendo en su cabeza que era mentira. Ted jamás podría gustar de su hermana, jamás, jamás, jamás. Porque ellos dos estaban destinados a ser, sólo ellos dos.
Nadie más.
Pero extrañamente, su pecho se sentía vacío y un malestar se posiciono en su estómago. No pudo seguir comiendo.

30 de marzo.

— ¿Estás bien, Lily? —Lyanne había preguntado. Era extraño para Lily no prestar atención a la clase, menos a una de sus favoritas. El profesor Longbottom era bastante querido para ella, y quería que él se diera cuenta cuanto le importaban sus clases.
— Claro, ¿por qué no habría de estarlo? —Respondió a su amiga, levantando el mentón y dedicándole una sonrisa. Lyanne no insistió, pero no se había tragado aquellas simples palabras.
Cuando la clase terminó, Lily fue de las primeras en salir. Había olvidado sacar unos libros en la biblioteca para una investigación.
Saliendo de su clase de Herbología, había visto a Ted a lo lejos. Levantó el brazo, y estuvo a unos segundos de llamarle.
— Livana…
Se detuvo en seco.
Su hermana había levantado el rostro de su libreta, y sus miradas habían chocado. La rubia se levantó del pasto, y entonces le dedicó una sonrisa al castaño. Habían comenzado a hablar, pero la pelirroja no podía escuchar a lo lejos, trató de acercarse.
Había sentido una punzada en el estómago.
— ¿Qué escribes?
Kaia se había abrazado la libreta a su pecho, y había girado el rostro.
— Nada.
— Kaia…
— Si mal no recuerdo, nunca has sido de los curiosos.
Ted se había quedado en silencio, meditando sus palabras. Después, una pequeña sonrisa se había asomado en su rostro.
— Quizás lo sea ahora.
— No te queda.
Ted había pronunciado su sonrisa, una extraña, diferente, una hermosa. No era la misma sonrisa que le daba a Lily. Una sonrisa que reflejaba dulzura, tristeza y felicidad al mismo tiempo. Esa misma sonrisa que podía ver en su padre cuando abrazaba a su madre, la misma mirada brillante.
— No te queda ser reacia tampoco.
Kaia había enarcado una ceja.
— Te lo enseño por una condición… pon tu cabello de color azul.
— Kaia… —Había suspirado cansado.
— Te ves muy bien de cabello azul.
— Y quizás tu te verías bien de cabello verde, pero no lo tienes.
— Podría pintarlo, si te parece.
— No… me gusta tu cabello. —Lily sintió un retorcijón en el estómago.
— También podría gustarte verde, si es el caso. —Inquirió juguetonamente, sacando la lengua.
Ted había reído inesperadamente, y el cabello que Lily había olvidado se había puesto en sus rizos. Aquel azul brillante, aquel azul extraño. Kaia había levantado la mano tocando sus rizos, con una mirada melancólica en sus ojos.
— No era tan difícil…
Ted permaneció en silencio, y después… había tomado la mano de Kaia entre las suyas, y entonces le miró fijamente. Le miró, con tanta intensidad… una forma que jamás había pensado que él tenía. Ardía en un fuego cálido. ¿Qué no ves cómo mira a Kaia? Ojalá alguien me mirase de la misma forma. Lily no había querido escuchar, se negaba a creer que Ted quería a su hermana con tal intensidad.
A su hermana, a su propia hermana.
No lo entendía, ella era bonita… su hermana no tanto. Ella era inteligente, ella era Ravenclaw… pensaba racionalmente, y su hermana era imprudente, era un desastre, un completo desastre. Ella tenía un futuro por delante, y Kaia prefería desperdiciar su vida jugando a ser escritora.
Pero siempre detesto que todos le escucharan cuando contaba historias. Detesto que aunque su padre no lo admitiera, ella era la niña de sus ojos. Detesto que mencionaran a Kaia como la mejor buscadora de su generación, y nadie alababa sus extraordinarios. Odiaba tanto ser su sombra, odiaba tanto que quizás quería ser como ella, aunque no fuese tan bonita, aunque no fuese tan especial.
Odiaba que Ted le mirase de la forma que ella deseaba que la miraran. La odiaba, realmente la odiaba.
Y le dolía.
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Lun 13 Jun 2016, 7:24 pm


Your Lie in April
AND YOUR FAVORITE FLOWERS
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1 de abril.
Era raro no ver a Ame en la mesa a esa hora, incluso, escuchar su voz en todo el comedor. Más cuando no había dejado de preguntarle a cada segundo si estaba bien, si no le dolía su herida y recordarle que tenía que ir a su revisión en la enfermería.
— No sé si tomar esto como unas vacaciones o preocuparme. —Musitó James al darse cuenta, pero no había pasado de ese comentario. El azabache era tan raro, que no le sorprendería que estuviese haciendo algo extraño justo ahora.
Ted terminó de desayunar, y optó por ir a la biblioteca a estudiar. Quizás y si tenía mala suerte, escucharía al azabache llamarle y todo iba a ser normal.
.
“Te habías ido una mañana de abril.
Había sido un día soleado, y las azucenas frescas crecían en el patio.
El cielo era perfectamente azul, y tenía un aroma a primavera.
Solían ser tus días favoritos.”
Poniendo las manos sobre el suelo, trató de levantarse intentando ignorar el temblor de sus codos. En la tierra se encontraban varias huellas de distintos zapatos, distintos tamaños. Un suspiro escapó de su tremble boca y gimió cuando su palma resbaló a causa de la tierra y volvía a caer sobre su pecho.
Cuando finalmente sus piernas se mantuvieron firmes, aunque sus rodillas temblaran, logró sostenerse en equilibrio y caminando lentamente, se dirigió a la entrada de la escuela.
No había nadie en el pasillo, todos debían encontrarse en clase, el receso había terminado. Los casilleros estaban tan bien pintados, y las paredes estaban llenas de aquellos carteles coloridos, con letras brillantes y dibujos.
— ¡Cielo santo!
La profesora le miró aterrorizada en cuanto el niño entró al salón de clases. Con la ropa hecha jirones, y con la piel mezclada de tierra, raspones y pequeños golpecitos. Algunos niños rieron, otros simplemente le miraron sin reaccionar.
— ¿Qué te pasó, Ame? -Preguntó la señorita Hemmer, su profesora. Los ojos de Ame se fijaron en un pequeño grupo de niños, quienes le miraban con una mezcla mordaz y de temor al mismo tiempo. El niño levantó la vista hacia su profesora, y esbozando una alegre sonrisa en su rostro, entonces rió.
— Me caí del balancín, señorita Hemmer.
— Tienes que ir a la enfermería. -La profesora se volvió hacia uno de los asientos.- Mary, ¿Podrías acompañarlo con la enfermera, por favor?
Mary, sentada en la primera fila de asientos frente a la clase, asintió. Levantándose de su silla, entonces comenzó a caminar junto a Ame hasta salir del salón.
Al principio caminaron en silencio, mientras que el azabache miraba con esplendor los bonitos carteles, especialmente su favorito: uno que tenía dibujado un gato muy mono.
— Deberías decirle a la profesora que Tommy y sus amigos te están molestando, Ame.
Sin decir nada, el azabache bajo la mirada hasta el dorso lleno de raspones de sus manos, y sin quitar la sonrisa, miró a la niña.
— Gracias por acompañarme, Mary. -Dijo, con una voz amena.- Eres muy amable.
Mary, con el rostro completamente rojo, se volvió hacia él y frunciendo el ceño, entonces le dirigió una mirada molesta.
— ¡Te están haciendo daño!
— No quiero problemas, Mary…
La castaña no insistió en el tema, y el resto del camino permaneció en silencio. Estuvo a su lado en el momento en que la enfermera le curaba las heridas, y el azabache platicaba cómodamente con ella, haciéndola reír.
Porque Mary jamás había visto a Ame llorar, nunca, desde que entró al salón y se presentó como el niño nuevo. Con sus extraños pero aun asi hermosos ojos, y alguien tan misterioso, aunque pareciera un libro completamente abierto. Era el tipo de chico que quería ser aceptado, aunque fuese diferente, y quería ver sonreír a los demás, aunque le costara golpes por ello.
— Muchas gracias, Mary.
— ¡Deja de darme las gracias a cada segundo! -Exclamó ella irritada, pero Ame no se ofendió, no frunció el ceño. Solo pronunció más su sonrisa.
— Pero si es que te estoy muy agradecido, Mary.
Las mejillas de Mary se tornaron rojas al instante, y bajando su mirada directamente a sus zapatos brillantes, suspiró mordazmente.
— Ya van a tocar el timbre, así que apresúrate.
— Vale, gracias.
— ¡Cállate!
.
Cuando despertó aquella mañana, había sentido un tremendo pesar en su pecho. No quiso levantarse de la cama, y permaneció mirando el techo. Ame, sonríe Ame. Recordaba aquella voz con mucho anhelo, cerró sus ojos y entonces se levantó. Prendió la vela en el altar, y rezo por aquellas dos fotografías.
— Buenos días. —Le dijo a las fotografías, quienes le habían correspondido la sonrisa.— Últimamente los he descuidado mucho…
Son simplemente fotografías. Intentó alejar aquello de su cabeza, y de su bolsillo sacó dos yenes para ponerlo a un lado de aquel gato blanco con círculos dorados que su patita se balanceaba de adelante hacía atrás.
Hoy iba a ser el día, hoy era el día en que finalmente ese pequeño cerezo iba a florecer. Tocó los pequeños capullos, y sonrió levemente.
Eran tus flores favoritas.
.
Ame era el niño extraño de su escuela, el niño que hacía sonreír a los demás pero no solía tener amigos. Era ese niño nuevo del que todos inmediatamente sintieron curiosidad, y que había llegado con una sonrisa pegada en su cara. Era el niño que no asistía a las fiestas de cumpleaños, no salía jugar con los niños del vecindario, y recogía gatos que encontraba abandonados. Ese niño que siempre se encontraba solo, incluso cuando contaba unas anécdotas tan hilarantes. Incluso, esas mismas historias causaban burlas de parte de sus compañeros, porque era ciertamente extraño. Solía contar acerca de dragones, y caballos alados, además de cuentos raros. Pero él siempre se levantaba del suelo, aunque pareciera dolerle, aunque estuviera lastimado, su sonrisa jamás desaparecía.
— Buenas tardes, Ame.
— Buenas tardes, enfermera Jung.
— Hoy llegas temprano, como siempre.
— Quizás es porque soy japonés, enfermera Jung. —Sonrió con humor. La enfermera dejó escapar una risa, mientras hablaba con el niño.
— ¿Por qué no pasas? Te ha estado esperando todo el día.
— ¡Es usted muy amable!
El azabache se adentro al pasillo, mientras silbaba una alegre melodía. Siempre era la habitación 110. Y siempre que abría la puerta, aquel rostro se volvía para mirarlo y le sonreía.
Y el no lo soportaría, porque iba a querer ir con ella, todo el tiempo. Siempre, era de ser.
— Mamá…
— Bienvenido, cielo.
— ¿Es tu hijo, Ellie? —Preguntó la enfermera, quién terminaba de poner el suero. La mujer asintió alegre.
— Si, se llama Ame.
— Qué bonito nombre tienes Ame.
— Muchas gracias, significa lluvia.
— Con más razón, bueno… les dejare. Si necesitas algo, cariño, avisame.
— Gracias, enfermera Salt.
La enfermera saliendo de la habitación, cerró la puerta. Ame había comenzado a sacar las cosas de la bolsa que había traído. Su madre siempre le pedía un libro nuevo, y también algo de ropa, y él siempre lo traía. Al igual que fotos de sus abuelos, a los cuales jamás conoció.
Eleanor Holmes era una mujer americana, que había vivido mucho tiempo en Japón. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 1 año. A su madre solo se le permitió quedarse con uno de sus tres hijos, así que Ame se fue con ella. Sus hermanos: Hana y Haru, se quedaron con su padre y sus abuelos en Nikko.
Era de piel blanca y de ojos grandes, color castaño miel. Del mismo color que los ojos de Ame. El niño se acostó en su regazo, mientras que Ellie acariciaba sus finos cabellos negros entre sus dedos. Lo que más le gustaba a Ame de su madre, era su cabello. No era amarillo, pero tampoco era rojo, era algo como rosado, y era un color tan extraño.
— ¿Por qué tardan tanto en dejarte salir, Mamá? -Preguntó finalmente, a lo que su madre permaneció en silencio.- La última vez fueron 28 días, 5 horas y 43 segundos.
— Eres bueno con los números.
— ¿De verdad me tengo que ir con Papá?
— Bueno, sí… ya que ambos acordamos que vivirías su estilo de vida.
— Pero yo no quiero dejarte.
— No vas a dejarme, mi amor.
— Han pasado 49 días, 8 horas y 14 segundos. —Suspiró, mientras se aferraba más al regazo de su madre. No quería que viera su mirada triste, sus ojos húmedos y su boca crispada. Echaba de menos a su madre, se sentía tan solo.
— Volveré pronto.
— ¿Lo prometes, mamá? —Silencio.
— Lo prometo.
Lo prometo.
.
No había escuchado de qué trataba la clase.
Se había perdido el desayuno, había llegado tarde al salón. No pareció concentrado en los demás, en nadie. Sólo podía pensar en cerezos, en una mirada oscura y en el olor de los duraznos.
Los recuerdos de su infancia chocaban dentro de su cabeza, y lo recordaba tan vívidamente. Tenía muy pocos recuerdos de su vida en Japón antes de vivir en Texas, sólo podía ver un puente rojo y el cabello de su hermana. Recordaba ver las montañas si se sentaba en el patio trasero de su casa, y una nana con letras que no evocaba.
— Señor Aizawa, ¿está prestando atención?
Todos se habían vuelto a mirar al azabache, quien dibujó su usual sonrisa en su rostro. Una un poco triste.
— No realmente, y lo siento mucho.
.
La familia Aizawa era una de las más longevas de Japón mágico. Eran conocidos por haber creado el término de curandero, que se extendió por otros continentes. Además sus medicinas eran las mejores, las efectivas.
Siempre eran nombrados por una relación a su carácter, al igual que a la naturaleza. Su abuela siempre decía que Ame tenía mucha agua en su personalidad, muy suelto, muy tenaz, muy problemático. Él había tratado de adaptarse todo lo posible, porque aunque sabía el idioma, lo había dejado de practicar; habían cosas que desconocía de la cultura, y le costó al principio, pero siempre a pesar de los errores y los regaños, los aceptaba con una sonrisa.
No puedes sonreír para siempre, hijo. Había dicho su padre, una vez. Esa vez.
Esa vez.
68 días.
8 horas.
15 minutos.
6 segundos.
“Tu cabello había dejado de ser rosado.
Tu piel era demasiado pálida, y tus mejillas se habían hundido.
Me decías que estabas bien, pero yo sabía que te dolía.
Quería que me doliera también, y así cuando lloraras yo podía llorar contigo.
Cuando te doliera, me doliera a mi también.
Pero sólo sonreías, y yo quería sonreír contigo.”
— Ame… lo siento tanto, no pude comer el helado que me trajiste.
— No importa mami. —Ame había sonreído.— Lo comeremos cuando salgas.
— Así es, mi niño.
Silencio.
— ¿Por qué tienes las rodillas raspadas? —Preguntó su madre.
— Me caí jugando en el columpio. —Mintió.
Mintió, porque no había estado jugando en el columpio. Lo habían empujado, y Mary volvió a regañarlo. Pero él solo sonrió, y le agradeció.
Ella suspiró irritada.
— ¿Cómo es papá? ¿Mi hermana es bonita? ¿Y qué tal mi hermanito?
Llegó un momento en que siempre le preguntaba cómo sería su familia. Su madre siempre le contaba cosas acerca de ellos. Decía que su padre era serio, pero que tenía un buen corazón, a pesar de que no lo aparentaba. Le contaba que su hermana Hana era muy bonita, y que su hermano Haru era muy travieso. Y él se imaginaba todo eso, se imaginaba las montañas y el lugar tan lejano. Había visto libros en la biblioteca acerca de Japón. Su madre solía leerle, y él se acostaba a su lado hasta quedarse dormido, hasta que la enfermera le avisaba que la señora Rodríguez había venido por él para llevarlo a casa. Se despedía de su madre con un beso y un abrazo, y se iba.
Y ella siempre le decía: Quiero ver tu sonrisa de mañana, va a ser muy especial.
Entonces preparaba su mejor sonrisa.
.
— ¿Ame? ¿Eres tú, Ame?
Aquella voz débil le hizo levantarse inmediatamente, la voz provenía del segundo cuarto. Se levantó, y arrodillándose, entonces se posó a un lado.
— ¿Necesitas algo, Onee-san?
— Ame… creo que perdí mi obi.
— Voy a pasar, entonces. Avisó, y después de un sonido de aprobación, corrió la puerta. Allí estaba su hermana, palpando el suelo con sus manos. Sus ojos, mirando el vacío. Ame pudo ver el obi en una esquina de la habitación y lo sujetó. Cuando se acercó a su hermana, sujetó su mano y le puso el obi entre la mano.- Aquí tienes, Onee-san.
— Muchas gracias, Ame. —Sonrió ella, mientras levantaba su mano libre para sujetar la mejilla de su hermano.— Me gusta tu sonrisa de hoy.
— Es la sonrisa de los lunes, por supuesto. —Ella entonces rió.
— Muy bonita. —Hizo una pausa.— ¿Ya alimentaste a los pavos reales de obaa-sama?  
— Estaba a punto de hacerlo, pero me detuve a prender el incienso de oji-san.
— Muy bien, Ame… pero esta vez déjame alimentar a los pavos yo.
— Onee-san… —Refutó pero entonces su hermana lo silenció.
— Necesito hacer algo, Ame… sabes que Obaa-sama, aunque no lo aparente, se molesta porque cree que soy inútil.
— Onee-san no es inútil.
— Muchas gracias, pero necesito despejarme.
— Esta bien, pero si necesitas ayuda, llámame.
— Sí.
— Iré a barrer la entrada, antes de que empiecen a venir los clientes.
— Vuelve a las 7, Obaa-sama no le gusta esperar mucho para el desayuno.
— Hai.
Ame siempre se levantaba temprano, a las 5:55 todos los días. Normalmente, tomaba las tareas que le tocaba a su hermana, y su hermano solía ser perezoso, así que si podía, también tomaba las de él.
Su padre viajaba mucho por el país, era mercader. Así que siempre estaban a cargo de Obaa-sama. Pero ya era vieja, y había cosas que se le olvidaban, así que Ame era el que también tenía que encargarse de ello.
Manejaban una tienda en lo alto de una colina, una tienda tradicional de pociones, más que nada, eran curanderos; allí cerca sólo había un templo y colina abajo estaban las casas de algunos campesinos. El azabache solía verlos desde arriba, sembrando sus cosechas, y se preguntaba si tardarían mucho, porque cuando le tocaba bajar, solían regalarle verduras para hacer sopa de nabo y tofu.
Barrió las hojas de la entrada, tirandolas a ambos lados. Podría usar su varita para hacerlo, pero todavía tenía 16 años y su abuela odiaba que las tareas del hogar fueran hechas con magia, decía que era de ociosos. Levantó la mirada al cielo, y era azul, de aquellos parecidos a las mañanas de abril. Llevó su mano al bolsillo de su yukata, y presiono con fuerza la tela que guardaba con mucho cariño.
“Solías sonreír todo el tiempo, y llorar en silencio.
Siempre pensé que eras como una estrella, porque solías brillar a cualquier lugar que fueras.
A veces me hablabas de mis hermanos, y eso me hacía sentir menos solo.
No me sentía tan solo.”
Cuando volvió, pudo oler la sopa de miso y el sunomono a lo lejos. Se quitó los zoris en la entrada y corrió la puerta, cuando entró, entonces hizo una reverencia.
— Buenos días, obaa-sama.
— ¿Qué estabas haciendo, niño?
— Barriendo la entrada y limpiando el agua del bebedero, ah, y también alimente a los peces koi del estanque.
— Ah, haces cosas innecesarias, mocoso.
Su abuela era una persona especial y muy difícil de complacer. Si hacías poco, eras un perezoso e inútil, si hacías mucho, eran cosas innecesarias. Ame entonces se arrodillo frente al tatami, y su abuela golpeando el bastón contra la madera del suelo, se volvió.
— Buenos días, okaa-san… -Se volvió hacia el azabache.- Hijo.
— Buenos días, otou-san. -Ame hizo una pequeña reverencia con la cabeza. Su padre se sentó a un extremo del tatami. Después la puerta se corrió y su hermana entró, dejando los zori afuera.
— ¿Qué estabas haciendo afuera, Hana?
— Buenos días, obaa-sama. -Hizo una reverencia.- Estaba alimentando a los pavos.
— ¡Espero no les hayas dado más de lo que deben comer!
— Ame me ayudo a poner la ración adecuada, obaa-sama.
— ¡Haru! ¡Levantate, bueno para nada! -Grito su abuela, volviendo a golpear el bastón contra la mesa.
— Itadakimasu. -Dijo su padre, en lo que engullía su tazón de arroz.
Decían que era el que menos se parecía a su padre, junto con su hermana Hana. Su hermana era reconocida en la villa, porque era muy hermosa. Su cabello era ondulado, y del mismo color que el de su madre, un rubio rosado, tenía el rostro ovalado de su padre y los ojos grandes color miel. Su abuela ya la hubiese casado, si no fuese por el pequeño problema de que perdió la vista a una edad temprana. Era la mayor, así que su abuela se frustraba porque estaba limitada a hacer varias cosas. Ella era la que debía de llevar la tienda, sin embargo, el puesto fue redirigido hacia Ame. A su abuela le molestaba que Ame fuera quien llevara el cargo cuando no estuviera en la escuela, porque él no había sido criado desde pequeño en la provincia, sino que vivió en un país extranjero después de que sus padres se separaron.
— ¡Ya estoy aquí! -Dijo su hermano desganadamente, entrando al comedor y sentándose enfrente del tatami, sujetando su tazón de arroz. Su hermano, Haru, era el más parecido a su padre. De cabello azabache completamente liso, nariz recta, pequeña y piel blanca pálida.
— Te toca bajar al pueblo para las entregas, Haru. -Mencionó su padre.
— ¿Qué? ¿Y por qué yo? ¡Que lo haga Ame! a él le encanta bajar al pueblo.
— Ame ha cumplido con sus tareas, tu no. -Haru refunfuño. Su relación no era tan buena, ya que desde que llegó, él era considerado el único niño y preparado para ello, para ser el próximo en heredar todo. No había considerado que su hermano vendría, y sin quererlo, le darían más importancia al ser mayor que él.
— Puedo hacerlo, no importa.
— ¿Y que me hagas quedar mal? ¡No,gracias!
—Haru, ¿necesitas ser hosco con Ame siempre? -Preguntó su hermana, frunciendo el ceño.- Además, Ame solo trataba de ser amable.
— Ame siempre es amable, siempre dice gracias, siempre sonríe y nunca se queja, ¡Es raro! ¿Por qué es nuestro hermano? Nunca estuvo aquí con nosotros hasta que… —Fue interrumpido por su padre.
— Es suficiente, Haru.
.
Faltaba poco para la cena, y no había visto a Ame en el comedor durante el almuerzo. Fue demasiado extraño, incluso para él que ya lo era. Había estado ido durante las clases, ensimismado en quién sabe qué, y no solía ser curioso, pero esto era preocupante.
El castaño salió de la biblioteca, con varios libros bajo el brazo y los lentes colgados entre su corbata. Cuando vislumbro a una persona sentada en el patio donde él solía leer, se detuvo en seco.
— ¿Ame?
El azabache se sobresaltó, y se volvió hacía el castaño, entregandole aquella sonrisa rara. A su lado había un árbol bonsai sin hojas, sólo con varios capullos en sus ramas.
— ¡Oh! Ted… ¿Cómo estás?
— Preguntándome qué rayos pasa contigo hoy…
— Nunca creí que fueses tan curioso.
Ted había fruncido el ceño, evidentemente golpeado en el orgullo. Aunque no le extrañaba, ciertamente se había vuelto más curioso de lo normal.
— Tienes razón, no lo soy. —Frunció el ceño.— No faltes a la cena, nos vemos.
Ame asintió, y volvió la mirada al vacío. Esperando algo, esperando a alguien. Era lo mismo siempre, había un momento cuando todos le daban la espalda, y se sentía solo. Aunque nunca lo hubiese dicho, detestaba que los niños de la escuela lo molestaran. Él quería tener amigos, quería formar parte de algo y el rechazo le había golpeado fuertemente. Él sólo quería jugar, y ser querido por otras personas.
Detestaba estar sólo.
.
Su madre estaba acostada. Estaba completamente pálida, y su cabello estaba bastante corto y delgado, su hermoso cabello. Tenía sacos debajo de sus ojos, y las mejillas hundidas. Y aun así, tenía la fuerza de que sus ojos continuaron brillando.
— Hola.
— Hola…
— Qué bonita sonrisa tienes hoy.
— La preparé especialmente para ti, mami.
— Muchas gracias. -Entonces palmeó un espacio en la cama, y él se acostó con ella. Sintió los brazos de su madre alrededor de su cuerpo, y hundió su rostro en su pecho. Olía a alcohol, y a algodon. Se aferró a ella, fuertemente.- Quiero ver tu sonrisa de viernes, es mi favorita.
— También la mía. -Respondió él.
— ¿Qué tal te fue hoy?
— Muy bien mamá, mis amigos y yo jugamos a los policías y ladrones.
Todos contra mi, y me empujaron.
— Y entonces nos divertimos, porque no podían atraparme.
Me golpearon en las costillas.
— Siempre dicen que soy genial.
Siempre dicen que soy extraño, y eso les molesta.
— Me alegro mucho, mi amor.
— Pero me caí, y me dolió… y entonces, me dolió mi estómago… y… y no estabas allí. Y te extraño, extraño que pongas a los beach boys, y que la señora Rodríguez llegué a la casa para ayudarte en el jardín, también extraño el olor al café en la mañana, y lavar las tazas porque siempre dejas marcas de labial en ellas. También extraño cuando salíamos a jugar con los charcos de agua cuando llovía, y que todas las noches me preguntes qué historia me gustaría escuchar para dormir… Es entonces cuando me doy cuenta cuan silenciosa puede estar la casa, y que todavía le tengo miedo al closet por las noches. Creo que no debí de haber hecho tantas rabietas cuando estabas conmigo, ni pedirte que me compraras siempre todo lo que quería… te extraño, mami… quiero que vuelvas.
Entonces Ame sintió algo caer contra su rostro y deslizarse sobre su piel hasta ser absorbida por la tela de la cama. Después vino un sollozó, y se sintió culpable. Su madre había empezado a llorar, al principio silenciosamente, y después, inconsolable.
— Lo siento tanto Ame, lo siento… pero eres un niño valiente, y fuerte. -Había dicho su mamá.- Lo siento por dejarte solo, lo siento tanto. -Su mamá lo abrazó más fuerte.- Eres tan bueno, y de un gran corazón, siempre vas a ser diferente a los demás aunque no lo pidas, está en tus genes, cielo. Quiero que seas fuerte, aunque no este, aunque escuches ruidos en el closet, quiero que seas fuerte, y aunque me veas así, quiero que seas fuerte. -Ame había sonreído, y secando las lágrimas de su madre, entonces citó algo que ella siempre le decía:
— Oh, pero qué cara tan larga es la que tienes allí. Mira qué lindo es el día, no vale la pena desperdiciar ¿qué? ¿dos minutos? ¿tres? Llorando, siempre debes de sonreír, te caigas, te lastimes, y tengas que llorar, siempre sonríe… y así los demás no van a llorar, van a sonreír contigo.
Su madre entonces entre lágrimas, esbozó una sonrisa y asintió.  Ame le dió muchos besos en su rostro, y sujeto su cabeza con su cuerpo, mientras ella se hundía en su regazo.
— Eres mi niño especial, lo siento mucho hijo.
Ese día Ame la paso todo el día junto a ella. Siempre su madre le cantaba una canción de cuna que sus abuelos cantaban para ella. Jamás conoció a sus abuelos, siempre habían sido su madre y él, todo el tiempo. Las navidades, las acciones de gracias, halloween.
Ambos se habían quedado dormidos, el cuarto iluminado por una lámpara de noche. Él abrazado a ella, protegiéndola.
Era todo lo que podía hacer.
“En el momento en que amaneció, las enfermeras fueron a dejarte tus flores favoritas.
Estabas pálida, y ya no respirabas.
Te fuiste esa mañana de abril.”
Inesperadamente, Ted se había sentado a su lado.  
— ¿A qué estamos esperando?
Ame miró atónito al castaño, y sintió como aquella carga pesada se libraba de sus hombros. Siempre había sido el niño extraño, y podía ver la espalda de los demás, siempre dejandole atrás. Recordó el funeral, recordó a todas esas personas vestidas de negro y le había dado tanto pánico. Recordó ver a su padre, y pensar que se parecía a él, que tenía el mismo cabello negro, la misma nariz pequeña y la misma piel pálida,  y después de sonreírle, recordó cuando le gritó: ¡Esto es un maldito funeral! ¿Por qué sonríes? Ese momento cuando le tomo de los hombros y lo sacudió, miro la desesperación a través de sus ojos oscuros y no dejo de sonreír, aunque los ojos se le humedecieran, no dejo de hacerlo.
Madre solía decirme que no llorase, que sonriera. Mamá era feliz con mis sonrisas, y no pude darle la última. Se fue sin decir adiós, así de fácil ella ya no estaba conmigo. Siento que es mi culpa, por haberle hecho llorar la noche anterior, por no haberla abrazado más fuerte. Y quiero gritarle que despierte, y que salga de esa caja… ella odiaba los lugares oscuros y esas flores no eran sus favoritas. Quería que supiera que estaba completamente aterrado, que tenía mucho miedo.
Pero su padre jamás lo supo, no supo todo lo que Ame guardaba en su pecho y simplemente era el niño incomprendido. El niño extraño.
— Eran las favoritas de mi madre, ella estuvo muy enferma… cuando llegué a Japón, los cerezos siempre florecen el día en que murió.
Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, y trató de secarlas con el dorso de su mano. Intentó reír, y eso las hizo más abundantes. Se deslizaban por su menton, escapandose a través de sus manos y sollozó mientras le temblaba la voz. Ted pareció sorprendido de ver al chico más alegre de toda la escuela llorar, romperse. Y también pensó, que quizás no lo conocía del todo, que quizás no era ese libro abierto que solía reflejar ante los demás. Y se recordó a sí mismo, sentado en el pórtico de su casa, esperando a que sus padres vinieran por él. Escalando ese árbol para pedir un deseo y traerlos de vuelta. Llorando por no poder dejar los jacintos en su tumba, porque le daba pánico. Puso la mano sobre la nuca del azabache, y dejo que llorase, y le susurró un: Sólo llora, has sonreído por mucho tiempo. Has sido bastante fuerte, Ame.
Cuando Ame se calmó, permaneció en silencio, mirando la pequeña maceta.
— Ya casi florecen… —Fue lo único que dijo.— Mira.
Y los capullos estaban floreciendo, era cierto. Ted sólo había visto esas flores en las fotografías. Eran rosadas, y seguramente si Kaia las viera, escribiría sobre ellas. Y poco después de que florecieron, comenzaron a morir. Los pétalos cayeron contra el suelo, y se desvanecieron, como polvo. El rostro del azabache se llenó de pánico, estaba aterrado de mirar como el pequeño árbol moría y no podía hacer nada al respecto, más que ver.
La noche era fresca, una noche de primavera. Podía oler las hojas frescas de los pinos del bosque, y la tierra húmeda de las lloviznas cálidas. El aire solía ser pegajoso por la temperatura caliente, y las noches solían ser bochornosas.
— No conocí a mis padres.
Ame se volvió hacía él, restando las lágrimas con sus muñecas. Sus mejillas se habían puesto rojas del aire caliente, y pareció prestar atención al castaño. Ted había apreciado por primera vez que alguien, de las pocas personas que conocía, le escuchaban realmente. Le hacían sentir parte de algo, parte de alguien.
— Murieron en la guerra, y seguramente eran personas muy importantes… —Divago en la idea.— La gente dice que me parezco a ellos, y cuando era niño, me encantaba la idea de que no se habían ido del todo. —Dejó escapar un largo suspiro.— Pero cuando crecí, la manera en que me miraba la gente, la manera en que decían que ellos eran de una forma, creaba una presión en mi de llegar a ser así y saber que nunca iba a lograrlo…  Siempre que me miraban, era con tristeza… no importa cuantos éxitos hubiese acumulado, cuantas cosas hubiese logrado, siempre decían “Qué triste. Lo lamento tanto. Espero puedas ser como tus padres.” Llegué a odiar esa comparación, y quise negar cualquier relación abiertamente, incluso hoy, no me agrada la idea de ser comparado. —Pensó.— Sólo quiero ser yo… aunque todavía no lo descubro por completo, porque han puesto una carga en mi identidad… que realmente no sé quién soy.
Tienes el temple de tu padre. Eres igual a tu madre.
Ame pareció procesar todo lo que Ted le había dicho, era la primera vez que se mostraba tan abierto con él, con cualquier persona. Y apreció eso, apreció el hecho de que quizás tenía más en común que él de lo que imaginaba.
— ¿Por qué me dices esto? —Fue lo único que preguntó.
Ted formuló muy bien la respuesta en su mente, y también se lo pregunto. No era un tema que le gustara hablar, en realidad, solía omitirlo la mayor parte del tiempo. Porque tenía miedo de ser juzgado, de ser rechazado y de no ser tomado en serio. Aunque no lo aparentase, él aspiraba grandes cosas. Aspiraba a ser alguien importante que pudiese cambiar el mundo para bien, aunque fuese a través de algo insignificante. A través de un sueño. A través del anhelo de ser como sus padres, sin dejar de ser él.
— Supongo que… —Y por más que le costó decirlo, finalmente lo intentó.— Somos amigos ¿no?
Ame pareció sorprendido, y también, conmovido. Después de unos segundos de asimilar aquellas palabras, una sonrisa sincera se dibujó en su rostro, la que siempre solía traer, la que lo hacía él. Asintió, y apretó el hombro de Ted. Sólo había tenido un amigo en el mundo, y ahora, se sentía orgulloso de poder considerar a Ted parte de esa diminuta y escasa lista.
Somos amigos, ¿no?
— Lo somos.
Ted le devolvió la sonrisa.
— Y no me puedo creer que te haya costado mucho admitirlo.
La sonrisa se desvaneció del rostro del castaño, siendo sustituida por una línea recta. Ted puso los ojos en blanco y gruñó, levantándose del suelo.  
— ¿Sabes? Olvida lo que dije, no era cierto.
— Ya no puedes retractarte.
— Sí que puedo, he estado leyendo sobre los encantamientos para olvidar… podría practicar contigo.
— ¡El poder de la amistad me hará recordar!
Ted había bufado, sin evitar reír un poco.
— No seas ridículo.
— ¡No lo soy!
.
— ¿Podrías decirme cómo era mamá? A veces, solo tengo un vago recuerdo de ella.
— Mamá era como tu, Hana… Mamá adoraba hacer cosas nuevas, y mostrarle afecto a la gente, amaba ayudarlos, y siempre tenía tiempo de estar conmigo. Aunque llegara tarde del trabajo, siempre tenía tiempo para contarme el cuento que yo quisiera. Cada mañana me servía cereal con leche antes de bajar para irme a la escuela, y siempre se despedía de mí con un beso en la mejilla, y aunque dejara su marca de labial, yo adoraba tenerlo todo el día hasta que ella venía por mi y me lo quitaba con el pulgar, diciendo: Lo siento hijo, ya no te voy a marcar mis labiales. Pero al día siguiente se le olvidaba y hacía lo mismo. Era de esas personas que conoces, y extrañamente te llenan, y en el momento en que se van… parece que deja un vació.
Mamá tenía tiempo para consolarme cuando lo necesitaba, mamá me decía que no necesitaba ser fuerte todo el tiempo y que podía llorar. Mamá fue todo lo que tuve durante mucho tiempo, y se fue tan fácilmente cuando no presté atención. Mamá era tan humana, que siempre se equivocaba, y lloraba en el sofá mientras tomaba una taza de té de manzanilla. Y cuando me acercaba a abrazarla, ella decía que estaba bien, que no tenía nada. Mamá era fuerte, mamá tenía un gran corazón, mamá era amable, mamá lo era todo. Fue todo lo que no pudo decir porque las palabras no le alcanzaban, estaban tan profundas en su corazón que le era difícil explicarlo. Su hermana hundió más su cabecita en su hombro, y suspiró.
— Eres un mentiroso, Ame… -Musitó su hermana, mientras se aferraba a él en un abrazo.- Mamá no era como yo… Mamá era como tú…
Ame no respondió, y cuando trato de protestar, su hermana dijo:
— Ojala pudiera ver tu sonrisa, Ame… verla de verdad.
— Siempre la ves, Hana… siempre sonrió para ti.
Porque a mamá le hubiese gustado mucho.
Cerca del estanque, hay un árbol de cerezo.
Florece el mismo día que te fuiste, aquella mañana de abril.
Suelo cuidarlo, hasta que sus flores se marchitan.
Y pienso, que quizás no te fuiste del todo.
Pienso que sigues aquí conmigo.
Por eso sigo sonriendo.
Porque te hubiera gustado mucho.
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Mar 14 Jun 2016, 7:55 pm


She's as good as unaffected
AND EVERYONE'S JUST GONE QUIET
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3 de abril.

08:00 A.M

Había visto a James aquella mañana, y jamás le había echado tanto de menos.
La rubia suspiró, hundiéndose detrás de su cuaderno de escritura mientras se devoraba un emparedado de queso. No había sido su culpa, pero tenía tanto miedo en no poder disculparse con las palabras correctas.
James tenía el temperamento de su abuelo, según había contado la directora en algún momento. Era noble, y también bastante cabezotas cuando lo quería; algo que admiraba de su hermano, era que jamás demostraba tener miedo, incluso si lo sentía. Había admirado tanto a James durante su niñez, a pesar de sus errores.
— ¿No podríamos volver a cuando teníamos once años? —Le pregunto a Wanda, quien se había vuelto enarcando una ceja.
— Si consiguieses un giratiempo, seguramente si.
— No serviría de mucho. —Suspiró tristemente, dibujando un círculo en su libreta.— ¿Debería disculparme con él?
Wanda no había respondido, permaneció pensando con una mirada algo dolida en sus ojos claros. Quizás hablar de James no era lo mejor en ese momento, ni para ella ni para Wanda. Pero era inevitable no poder mencionarlo, lo era.
— Pienso que deberías hacer lo que te parezca correcto.
Kaia le había golpeado ligeramente el hombro con la portada del cuaderno, mientras le sacaba la lengua.
— No me gusta cuando das consejos a medias, Longbottom.
— La pequeña rubia Potter se ha puesto violenta… creí que sólo era así durante quidditch. —Rió levemente, con su usual sonrisa socarrona.
— Todavía no me deja jugar, desde la última vez… —Bufó, y era cierto, la había dejado en la banca durante los entrenamientos. Un chico de cuarto la había sustituido.
— No sé qué más decirte al respecto, mi trasero no se ha levantado de la banca. —Gruñó por lo bajo.
— James es sólo un crío, y lo sabes perfectamente… más cuando está dolido.
— Dolido ¿Huh? —Bufó sarcásticamente. Kaia le apretó el hombro, y le dedicó una sonrisa.
— Arreglemos esto, ambas… ¿de acuerdo? Prometo hablar con James, pero también debes prometer hacerlo tú.
— No tenemos nada que arreglar, si mal no recuerdo.
Kaia había puesto los ojos en blanco, y sabía que esto iba a ser más complicado de lo que parecía.
— Pues como quieras, yo sé que si. —Se puso de pie, sujetando sus pertenencias.
Wanda no respondió, sino que le miró sin dar crédito a lo que decía. Kaia no siguió con el tema, y ambas se levantaron para ir a clase, encontrándose a Azzura más adelante para entrar a la clase de pociones.
Durante la semana pasada, el profesor Slughorn se había despedido de ellos, anunciando un viaje personal y también un sustituto. Hoy iba a ser el primer día de clases con él, así que la rubia se sentó junto a su hermano y Scorpius.
— Parece que últimamente has estado bastante ocupado, scorp. —Murmuró Kaia, enarcando una ceja. El rubio bufó por lo bajo y le desarreglo el cabello.
— Alucinas, Potter.
— Yo también lo pienso, si mi opinión cuenta. —Dijo el azabache, frunciendo el ceño.
— No me lo puedo creer que ya tengas novia, mi pequeño ha crecido tanto. —Le pellizco la mejilla y el rubio la quito rápidamente.
— ¡Jamás he dicho nada al respecto! —A pesar de que Scorpius no era de esos que perdía el temple, sus mejillas se habían sonrosado levemente.
— Pero los rumores corren rápido. —Señaló la rubia, sonriendo divertida.
— Tú padre debería enterarse de esto.
— No.
El salón se había silenciado en el momento en que la puerta de la mazmorra se cerró. Kaia recordaba a ese hombre, era el mismo que había estado detrás del excéntrico peliblanco, Hide. Era alto, y robusto… tenía un leve aire al ministro Maximoff.
— Buenos días. —Esbozó una sonrisa de labios delgados, y sus ojos azules brillaron.— Seré su profesor sustituto durante la ausencia del profesor Slughorn, mi nombre es Eric Maximoff. —Sacó el libro de uno de los estantes, y con un movimiento de varita, algunos ingredientes comenzaron a levitar hasta parar sobre el escritorio.— No deseo atrasarme, ya que los TIMO’s están por venir pronto, así que por favor, abran sus libros en la página 344, y tomen los ingredientes.
El profesor era extrañamente bueno, y quizás, incluso mejor que Slughorn. Tenía aquella manera de explicar, cada cosa tenía una razón de ser y era increíblemente interesante. Incluso los gemelos parecían entender mejor, y eso era un milagro.
Pero había algo extraño en él, algo que perturbaba a la rubia.
— Bastante bien, señorita Potter.
La rubia se volvió para ver al profesor dedicándole una sonrisa aprobatoria, mientras le echaba un vistazo al de su hermano. No pudo evitar sentir una punzada en su cabeza, el mismo dolor que había sentido el día que cayó de la escoba durante el partido de quidditch.
— ¡Kaia!
El ardor en su mano era doloroso. Comenzó a agitarla después de haberse quemado accidentalmente con la llama del calentador. Había sido descuidada, lo había sido.
— Me distraje cuando intentaba apagar la llama. —Rió nerviosamente.— Iré a la enfermería después.
El profesor sujeto su mano, y escrutó las pequeñas marcas rojizas de los nudillos de la rubia. Sacó de su bolsillo un ungüento y lo puso sobre ellos.
— Tenga cuidado para la próxima vez, señorita Potter. —Musitó amablemente, y volvía a guardar el empaque en la bolsa de su túnica.
— S-si. —Respondió un tanto insegura, y continuó guardando la prueba para entregarla finalmente. Sintiendo como la crema le relajaba el ardor.
Se preguntaba por qué continuaba sintiendose perturbada.
12:54 P.M


— Últimamente los prrofesores se esmerran mucho. —Rugió Erikka, tomando un sorbo de su taza de té.
— Los TIMO’s son dentro de tres meses, es lo lógico. —Kaia respondió, terminando de re-escribir sus notas de Transformaciones.
— ¡Tienes que ayudarrme en pociones! Mi querrido herrmanito me ha abandonado por su novia.
— Albus es mejor que yo explicando. —Puso los ojos en blanco.— ¿Qué? ¿Es el mes de tener novia? Al parecer mis amigos me abandonan. —Bufó.— Por favor, no tengas novio hasta que yo haya conseguido uno.
— Pensé que ya tenías uno.
— ¿Noah y yo? No, sólo somos buenos amigos… no estoy lista para entrar dentro de una relación cuando tengo muchas cosas más por las cuales preocuparme.
Pero Erikka sabía bastante bien que Kaia no se sentía de la misma manera en que Noah se sentía por ella. Quizás jamás se lo haya dicho, pero la forma en que el prefecto de sexto y ella se miraban era diferente. Era de la misma forma en que sus padres alguna vez se habían dedicado miradas siempre que los veía.
— ¿Y quién era el chico del baile?
Las mejillas de Erikka habían estallado en fulgor, y sorbió nerviosamente de su bebida. Kaia había sonreído burlonamente.
— Un chico que me tirro un vaso de ponche en el vestido.
— Vaya manera de conocer a una persona, pero no me sorprende, es demasiado tú.
— Hum.
— Presentamelo la próxima vez, Erikka.
— N-no hay nadie a quien presentar.
— Puedo usar veritaserum, ¿sabes? —Le palmeó la mejilla.— Mi tía Hermione me ha enseñado.
— ¡Eso quisierras tú!
Kaia había estallado en carcajadas ante las reacciones de la peliblanca.
— Es hora de la clase de Runas. —Se levantó, y tomó su mochila.— Venga, que llegaremos tarde.
Da, da. —La peliblanca puso los ojos en blanco, pero no evito sonreír levemente al final.
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TURN METAL IN GOLD.

4 de abril.

2:00 P.M

Hoy sería el curso de alquimia, y sólo duraría dos semanas. La primera antes de la semana de vacaciones, y la segunda regresando a clases.  Ted había recibido la invitación dos días antes, durante el almuerzo.
— ¿Un curso de alquimia? Eres un nerd, deberías intentar con quidditch. —Bufó James, mientras comía un pedazo de manzana.
— A mi me parece que estás celoso porque a ti no te invitaron. —Había reído el azabache burlonamente.
— A mi no me importa lo que te parece, y vete a tu mesa.
— Pero últimamente disfrutas de mi compañía, Jimmy. —Le sacó la lengua.— Sólo te molesta que Ted ya ha admitido que somos amigos, parece ser que ya no te quiere.
— Disfrutarla un bledo, he intentado hablar con el delegado de que te obligue a ir a tu mesa y me ha ignorado. —Se volvió a Ted.— ¡Eramos amigos primero! Tú no cuentas. —Se volvió a Ted.— ¿Verdad?
El castaño puso los ojos en blanco, y les dedicó una mirada asesina a ambos. Cerró su libro y se volvió.
— No entiendo por qué me sigo juntando con ustedes.
— Eres demasiado odioso para hacer más amigos. —Indicó James.
— Eso es cierto, tienes un mal carácter. —Concordó Ame.
Ambos se habían dedicado una mirada, y luego la esquivaron ya que no les agradaba el hecho de estar de acuerdo.
Ted no les habló después de eso durante todo el día.

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— ¿Sigues molesto?

Silencio.

— ¡Ted! ¡Ted! ¡Oye, Ted!

Silencio.

— ¡Trataré de no pelear más con James!

— No lo hagas, entonces.

— ¡Hablaste!

— No me he quedado mudo, Ame. —Gruñó.

— No nos has hablado en dos días.

— No me era necesario.

Ame fingió poner un rostro de dolor, y puso la boca en una mueca.

— No era mentira lo del mal carácter.

— Llegaremos tarde a la clase.

Las mazmorras eran el lugar indicado para tomar la clase. Bajaron hasta que el ambiente se tornó espeso y frío. Cuando abrieron la puerta, allí se encontraban más estudiantes. Eran tres de cada casa de hogwarts, y los demás eran estudiantes de Salem. Algunas no le recibieron con buenos ojos, quizás por el hecho de desarmar a su participante del torneo y haberla eliminado.

— Adelante, y cierren la puerta, por favor. —Indicó una mujer con el rostro serio. Ted cerró la puerta a su paso, y se posicionó en una de las mesas del salón de pociones. No reconocía a todos, quizás al hermano de Wanda. En cuanto todos estuvieron presentes en el salón, el profesor avanzó un paso y con aquel rostro monótono, empezó a hablar.

— La Alquimia es una rama antigua que los muggles conocen hoy en día como la química, y la farmacología. —Se subió la montilla de los lentes.— Años atrás, era primordial que las escuelas de magia asignasen la materia a sus alumnos, pero hoy en día ha sido una rama opcional. En Salem, es una asignatura obligatoria, ya que nuestros alumnos deben crear componentes a través de polvos y su varita, en caso de emergencia.

— Los profesores les han recomendado específicamente a ustedes, alumnos de hogwarts, porque los consideran capaces de aprender y, espero no se hayan equivocado. —Indicó la profesora.— El curso es de dos semanas, una antes del periodo de semana santa y una después. Empezaremos con los temas introductorios, y el tema de hoy serán los componentes químicos, crearán mercurio y luego lo convertiran en oro.

— Así que hagan siete equipos de tres, por favor. —Se volvió a un estudiante ravenclaw, y le dio la palabra.

— Profesor, somos veintiún alumnos.

— Ah, un estudiante no es necesariamente un alumno de esta clase. —Respondió, e hizo un ademán. Ted se volvió cuando Ame comenzó a caminar hacía el profesor, con su sonrisa característica.— Uno de los propósitos de la transferencia del señor Aizawa, es que era su obligación estar presente en el curso, dado a que es el actual condecorado en el premio internacional de alquimia.

— Estará a cargo de las demostraciones, así que tomen en cuenta si necesitan ayuda. —Explicó la profesora.— El tiempo se pasa rápido, así que hagan equipos ahora y empezare con la explicación.

Ted estaba demasiado sorprendido, aunque no lo aparento.

Elvira Tepes y Manek Langdon se encontraban sentados uno al lado del otro, la chica Ravenclaw tomaba nota de todo lo que el profesor decía en bolígrafo de tinta púrpura, entre tanto el azabache trataba de mirar que tanto anotaba a través de aquella cortina de cabello hasta las costillas.

— Ni siquiera pudo haber dicho la mitad de ese párrafo, Vi. —Le susurro, a pesar de que escuchaba perfectamente atento  a la vez. Estaba nervioso, le había sorprendido bastante haber sido escogido.

—No quiero perderme ningún detalle. —Dijo con una cabezada, y el girasol en el costado de su cabeza parecía brillar en contraste con su cabello azabache.— Tú relájate. —Mostró una sonrisa de lado que Manek apenas alcanzo a ver.

— Estoy nervioso. —Declaró él con un suspiro,  volviendo a posar la mirada por sobre el profesor, y Vi negó con la cabeza.

— Eres muy inteligente, Manu. —Le dijo con simpleza.— No tienes porque estarlo. —El profesor había anunciado el nombre del chico condecorado con el premio internacional en la rama, sonrió a pesar de sí misma, era bueno ver a la gente joven logrando algo, sobretodo cuando esta generación de adultos no tenia mucha fe en los jóvenes.

Todo había sido bonito hasta que el profesor había pronunciado la palabra “grupo”, Manek no tardó en rodar los ojos con fastidio.

— No conocemos a suficiente gente aquí. —Declaró, mientras que analizaba el cuarto.— Conozco a Tyler...—Dijo, apuntando entonces a un muchacho castaño.— Pero al parecer ya se las ha arreglado—Vi había suspirado, mientras que con el ceño fruncido  seguía la mirada de Manu.

— Odio trabajar en grupos de gente que no conozco. —Dijo por lo bajo.— En el mejor de los casos tienes suerte y en el peor...—No había terminado, y Manek sonrió.

—¿Terminas con una lacra? —Preguntó retóricamente y Vi había hecho una mueca.

—Bueno, si. —Se encogió de hombros.— Pero sonaba odioso. —Manek chasqueo la lengua.

—Está el chico Lupin—sugirió.— Generalmente he escuchado que sabe lo que hace. —Los ojos de la azabache se había vuelto entonces hacia donde Manek apuntaba y Vi chasqueo los dedos en reconocimiento.

—¡Oh! lo he visto en clases. —Dijo apretando los labios.— Es bastante inteligente. —Y luego había tomado a Manek de la mano.— ¡Perfecto, vamos! —“¿¡Que!?” había querido preguntar en alarma, Manek Langdon era particularmente tímido y le costaba hablar con la gente. Pero Vi ya estaba de camino y antes de que él pudiera protestar ya estaban frente al chico Lupin.

—Muchacha loca...—Manek protestó por lo bajo, pero su amiga ya había comenzado a hablar.

—Hola. —Dijo, conforme juntaba las palmas y mostraba una sonrisa pequeña.— Perdona, no me gustaria sonar ni embotada ni grosera, pero no conozco a mucha gente y honestamente no nos gustaría terminar con alguien que no sabe lo que hace. —Hizo una pausa.— Eres Ted ¿verdad? No se si estas comodo con bases de primer nombre, pero llamarte Lupin suena grosero. —Manek había enarcado una ceja.

—Estás balbuceando Vi… Otra vez.—la azabache había chasqueado la lengua.

—Tienes razón. —Se había dirigido al chico Lupin con una mirada de disculpa.— En fin, el punto es, ¿te importaría?

El rostro cohibido del castaño no había sido por el hecho de que la chica azabache lo había tomado por sorpresa, ni tampoco por la rimbombante flor que tenía puesta. Quizás, si, estaba sorprendido por el hecho de que conocía tan poco de Ame, que nunca le pasó por la cabeza la razón por la cual había sido transferido. Después de tratar de comprender las veloces palabras de la chica, entonces sus ojos se tornaron de un color pardo, para después regresar a su verde original.

— Eh, supongo que está bien. —Respondió, y se acomodó los lentes.— Y llamame a como te acomode más.

Cuando se posicionaron en una de las mesas del salón, el castaño había escuchado la voz del azabache llamarle.

— ¡Me alegro de que estés haciendo nuevos amigos, Ted!

El castaño le fulmino con la mirada, y había pensado seriamente hablar con el delegado de slytherin para que no volviera a sentarse en la mesa.

— Tch. —Chasqueo la lengua, y abrió su cuaderno de apuntes.

Manek, en su timidez había apartado la mirada, volviendo al pizarrón. Mientras que la azabache había observado con curiosidad aquel intercambio, entre tanto sus manos seguían haciendo correcciones de ortografía mínimas a los apuntes había enarcado una ceja  levemente.

—¿Amigo tuyo?—le pregunto, en el intento de hacer conversación, de alguna manera siempre se encontraba a sí misma rodeada de gente introvertida, y no entendía porque se vivía en un mundo donde la gente prefería callar y asentir que compartir sus ideas.

Siempre supo que le era difícil entablar conversaciones con las personas, además de que su rostro monótono no ayudaba en lo absoluto. Se preguntaba como a los demás le era fácil, Kaia siempre tenía algo que decir y los demás parecían tener muchas ganas de escucharla, alguien más que no fuese él. James de cierta manera lo era, y también Ame, aunque fuese extraño, la gente parecía llegar a tomarle cariño. Le hubiese gustado poder ser más conversador, pero también apreciaba el silencio, y las personas que pudiesen aceptarlo de esa manera.

— Algo así. —Respondió, y con su varita, había traído uno de los calderos de la repisa a la mesa.— No he preguntado por sus nombres, no soy bueno en recordar los rostros de las personas… aunque, a ti te he visto en clases. —Señaló a la azabache con un ligero movimiento de cabeza.

Vi había mantenido su sonrisa  mientras que una mano ausente e hiperactiva arreglaba el girasol en su cabello.

—Está bien—dijo encogiéndose de hombros y llevando la mano al pecho—yo tengo muy mala memoria, así que no estoy muy lejos—chasqueo la lengua—mi nombre no me encanta, así que simplemente puedes llamarme Vi. Te he visto también, pareces el tipo de persona que tiene ideas interesantes— se encogió de hombros y luego se dirigió al azabache, dándole un toque en el brazo—este Manek—y azabache, que hasta entonces había tenido la mirada fija en el pizarrón, dio un salto en lugar—y se pone nervioso en los lugares nuevos—había dicho con una  risa pequeña.

—Oh...—Dijo entonces el chico Langdon, conforme volvía la mirada—lo siento—extendió entonces una mano.— Manek Langdon, un placer. —Se presentó con amabilidad.

— No creo que sean tan interesantes, pero… muchas gracias. —Le dedicó una leve sonrisa. Cuando estrechó la mano del muchacho, entonces la profesora había comenzado a hablar.

— Empezaremos creando el componente del mercurio, ya todos tienen los calderos en sus respectivos lugares, y el profesor va a entregar los compuestos para poder crearlo. —Indicó, y después se aclaró la garganta.— Se les ha escogido porque parecen ser lo suficientemente capaces de lograrlo sin tener que parecer estúpidos.

Evidentemente, la profesora no era de una actitud muy amable. Su hermano, el profesor Reeds, estaba dejando tres bolsas de distintos componentes en su interior sobre las mesas, y cuando se acercó a la de Ted, Manek y Elvira, pareció mirarles con curiosidad.

— Nunca esperé que llegaran a estar juntos. —Les dedicó una leve sonrisa, y les había extrañado, ese profesor parecía que jamás había sonreído.— Espero mucho de ustedes, no me gusta ser decepcionado.

Habían comenzado a explicar el origen de la magia alquímica, y también que su propósito original era la creación de componentes, de vida artificial y en los casos más impresionantes, la vida eterna. En algún momento había leído el libro de los alquimistas famosos, entre ellos el de Nicolas Flamel. Habían comenzado a hervir los componentes dentro del caldero, y vertido un poco de agua.

— ¿Cómo les va? —Ame había sonreído, poniendo su mentón sobre sus manos.— ¿Estás molesto, Ted? ¡Seguro que te sorprendiste! —Se había burlado. El castaño le dedicó una mirada de pocos amigos, y se volvió a la azabache.

— Parece ser que le falta más de este. —Le mostró la bolsa de polvo amarillo ocre.

La azabache no había podido evitar sentirse un poco mal con aquellas miradas de pocos amigos que el castaño le lanzaba al aquel chico que parecía tan simpático, así que le dedicó una sonrisa y una cabezada forma de saludo, antes de echar una mirada pensativa al caldero  y volver los ojos negros al azabache.

—Tienes razón. —Siseó por lo bajo.— Aunque no creo que debamos  pasarnos de la raya. —Hizo una ligera mueca.— Los excesos generalmente nunca llevan a buenas reacciones. —Manek que hasta entonces observaba un poco cohibido se había aclarado la garganta.

—¿Deberíamos de medirlo?—ofreció tímidamente.

En ese momento, uno de los calderos de la mesa contigua había comenzado a burbujear un líquido rojizo. Ame salió corriendo rápidamente, y trató de arreglarlo.

— Cuidado con el sobre gris, contiene fulminato y es peligroso. —Explicó el profesor.

— Haberlo dicho antes. —Murmuró Ted por lo bajo.— Está bien, hay que medirlo… ¿Alguien podría tomar unos guantes y verter el fulminato? —Preguntó, mientras tomaba la vascula.

La azabache le había dirigido entonces una mirada a Manek, quien se veía aun nervioso.

— Deberías hacerlo tú. —Le susurró.— Eres mucho mejor con la precisión que yo. —Pero Vi negó con la cabeza, y el azabache había terminado por suspirar, tomando los guantes con toda valentía y pasado a verter el líquido lenta y cuidadosamente.

Cuando todo se hubiera disuelto dentro del caldero, el profesor se había acercado y les indico que debían usar la varita para que el mercurio mágico quedase listo y se vertiese en los moldes para enfriarlo con un encantamiento para congelar.

— ¿Quién hace el encantamiento? —Preguntó Ted, le daba igual quien lo hiciera con tal de que saliese bien. Pero admitía que, quizás era el mejor equipo con el que había trabajado hasta ahora. James solía ser perezoso, y por más de que trato de huir de él durante las clases de pociones, jamás lo había logrado.

— Yo puedo hacerlo, si no hay problema. —Había dicho la azabache, con una cabezada. Y cuando nadie había objetado, paso  a sacar con cuidado la varita de su cabello, tomando un respiro, nunca había sido particularmente insegura, pero en realidad, cuando se veía rodeada de gente tan inteligente, no podía evitar pensar de más.

Movió la varita con precisión en una espiral de la muñeca.

Hictus. —pronunció al tiempo con firmeza y claridad con los ojos negros fijos en caldero.

El líquido del caldero comenzaba a tornarse de un color gris peltre a un brillante color plateado. El azabache se había acercado a mirar su caldero, y comenzó a felicitarlos.

— Quizás puedan ser bastante buenos. —Sonrió, y Ted puso los ojos en blanco, no evitando sonreír un poco.

— No tanto como para ganar un premio.

— Es lo de menos. —Respondió.— ¡Me gusta mucho tu flor! —Le dijo a Elvira, mostrando sus dientes en una sonrisa y levantando un pulgar.— Bien, pongan el líquido en los moldes y cuando terminen, regresaré a explicar la siguiente asignación.

Elvira había logrado emitir un pequeno “gracias” antes de soltar un largo suspiro, habia salido bien y ahora ya podía respirar un poco.  Manek habia reido por lo bajo, al parecer mas relajado.

—¿Respiraste?—le preguntó en son de broma, a pesar de que lo dijo muy docilmente, la azabache dio una cabezada, y entonces con un ademán ligero se volvió al castaño.

—Que no te asusten sus suspiros exagerados—le dijo como un comentario—su estrés es lo que  la hace eficiente—entonces habia hecho ademan de alcanzar los moldes para el liquido—quieres hacerlo tu ¿o…?—pregunto.

Ted se encogió de hombros, y tomó la pipeta para empezar a tomar el mercurio y verterlo en los moldes que tenían forma circular.

— A pesar de ser de pocas palabras, toda mi vida ha estado rodeada de gente que le encanta hablar. —Explicó, y uno que otro mechón de su cabello se había tornado azul, regresando a café después de unos segundos.— Se podría decir que ya me acostumbre.

Cuando los moldes se hubieran llenado, sacó la varita de su túnica y la movió sin decir palabra alguna, e inmediatamente chispas de hielo manaron hasta que los moldes parecieron congelarse. Cuando los sacó, tres pesadas monedas de mercurio cayeron contra la mesa.

— Parece ser que ya está listo.

Ame había regresado un momento, y aplaudió orgullosamente, quizás más de lo normal o de lo que hacía con los demás que también iban bien. Ted no pudo negar que la actitud positiva de Ame le tranquilizaba de cierta manera.

— Ahora, lo que tienen que hacer es transformar el mercurio en oro y habrán terminado con la asignación. —El azabache sacó una moneda de su bolsillo y la dejó sobre la mesa, sacando su varita, hizo dos florituras con la mano y golpeó dos veces la cara de la moneda.— Enmendo.  

Y así de sencillo, el color plateado se había transformado en oro brillante.

— Intentenlo con sus monedas. —Y dicho esto, se había ido a otra mesa.

—¿Creen que pueda hacer que explote? —Había preguntado Manek, sus nervios regresando un poco, conforme sacaba la varita de su bolsillo y observaba la moneda.

— No lo creo, Manu. —Habló la azabache guiñando  el ojo ligeramente.— La pirotecnia nunca ha sido lo tuyo. —Y entonces se había erguido en la silla, cerrando los ojos un momento para tratar de recordar el movimiento que el chico había hecho a la perfección, y dejando que su muñeca se moviera al compás de aquella imagen .

Enmendo. —Había pronunciado, escuchando la voz de Manek, que establecía el mismo hechizo, un segundo antes.

Ted había repetido el encantamiento varias veces dentro de su cabeza, y suspiró levemente. Quizás la ventaja de no hablar demasiado, era que siempre se encontraba hablando en su cabeza. Esa familiaridad le ayudaba a que los hechizos no verbales le fueran bastante sencillos.

Cuando los tres hicieron el movimiento con sus varitas, no había salido. Lo intentaron nuevamente, hasta que poco a poco el metal se tornaba de color oro. Finalmente, toda la moneda de mercurio se había convertido en oro.

— Excelente. —Dijo el profesor, mirando con cierta satisfacción el trabajo de los tres.— Es quizás el más impecable que he visto, la asignación ha terminado… pueden retirarse después de limpiar.

Manek había sonreído de oreja a oreja, dando al profesor una cabezada respetuosa y entonces habían comenzado a recoger, con cuidado de no hacer ningún desastre.

—Salió bien. —Manek tenía una cosa por establecer lo obvio, pero solía hacerlo de una manera tan dócil y alegre que nunca nadie se quejaba de ello.

—Definitivamente salió bien. —Había dicho Elvira, que acomodaba objetos de la mesa con una mano y se escondía la varita en el cabello con la otra. —Por cierto, un placer conocerte Ted. —Dijo con una cabezada educada.— Gracias por la ayuda.

El castaño le correspondió el gesto, y había tomado sus pertenencias. Si se apresuraba, podía llegar a tiempo a la próxima clase.

— Igualmente. —Respondió.— Fue… bueno trabajar con ustedes. —Dijo con sinceridad, y no había tenido que levantar la voz, ni lanzar miradas asesinas a ninguno. Así que, fue bastante bueno.

— ¡Tienes que esperarme! —Suplicó el azabache de sorpresa, y poniendo ambas manos en un gesto gracioso.— Si eres tú, el profesor no va a tener problema en dejarnos pasar.

— No.

— ¡Teeeeeeeeeeeeeeeed!

El castaño puso los ojos en blanco y se sentó, después de suspirar cansadamente.

— Como sea.

— A veces me pregunto si no tienes un trastorno de bipolaridad.

— Voy a irme.

— ¡Era broma!

— Tch. —Volvió a chasquear la lengua.

Los dos amigos Ravenclaw habían intercambiado una mirada divertida observando la escena.

—Nosotros nos vamos. —Había dicho Manek con una sonrisa.— De nuevo, gracias por todo. —Dijo educadamente, entre tanto Elvira se había vuelto al divertido azabache con una sonrisa

— ¡A ti también! —Le había dicho lo suficientemente fuerte como para que le escuchara y entonces ambos ravenclaw se dirigieron a la puerta.

— Parece ser que ya tienes más amigos, me siento orgulloso de ti, Ted.

— Adiós, Ame.

— ¡Estaba jugando! ¡No te vayas!



Tell me, would you kill to save a live?
TELL ME IF WOULD YOU KILL TO PROOVE YOU ARE RIGHT
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4 de abril. 

06:45 P.M

Había despertado bruscamente, y respirando agitada, recordó que se había quedado dormida en la biblioteca mientras terminaba los deberes. Llevó su mano directamente al pecho, y trató de calmarse. 
Había escuchado gritos en su sueño, había escuchado risas también. Una estrambótica risa que le había dejado helada. Había mirado un par de ojos negros, y aquella mano pálida le había desgarrado el cuello. Y por más que suplicara, que llorará, nadie le escuchaba ni venía en su búsqueda. 
— Eres bastante escandalosa al dormir. 
La rubia levantó el rostro, y se fijó en la sonrisa burlona del muchacho. Le miraba con sus ojos grises fríos y socarrones, mientras enarcaba una ceja. 
— ¿Qué haces aquí? —Le preguntó bruscamente. 
— Lo que todos hacen en la biblioteca… hacer deberes o perder el tiempo. —Se encogió de hombros. Aarén llevaba dos libros de tapa oscura, y parecían viejos… lo que más le extrañó, era que no era la pasta común de los libros de allí. Algo le había dicho que eran de la sección prohibida, aquel mal presentimiento que no quería comprobar. No le pregunto. 
Kaia comenzó a sujetar sus cosas, y él le detuvo. 
— Me iré yo, ya que te enferma respirar mi mismo aire. —Rió. 
— Si por mi fuera, desearía que no respiraras. 
— Eso fue algo muy cruel, Potter. —Chasqueo la lengua.— Incluso viniendo de ti. 
— Tú te lo buscaste. 
— Siempre he creído que todo tiene una razón de ser, Kaia. —Señaló tranquilamente.— Los cambios de actitud, las personas… 
La mirada que Aarén le había entregado a Kaia había sido una muy diferente, una bastante extraña. Una mirada que le pedía comprensión o quizás, perdón. Esquivó su mirada a otro lado, y antes de irse, el rubio le sujetó de la muñeca. 
— ¿Eran sus ojos negros, Kaia? ¿Completamente negros? 
El rostro de la rubia había empalidecido, se deshizo del agarre de Aarén y salió rápidamente de la biblioteca para dirigirse al comedor. 
¿Cómo sabía? No, era extraño que supiera. No podía saber que había soñado con un par de ojos oscuros. Que había soñado que le rebanaban el cuello. Cuando apresuro su paso a través del pasillo ligeramente iluminado por las velas, entonces chocó contra alguien. 
— ¿Kaia? 
Ted se había fijado en su rostro empalidecido, y su mirada nerviosa. La rubia no había respondido, simplemente le había mirado el rostro. Le sujetó por los hombros, y trató de llamar su atención
— ¿Estás bien? ¿Qué sucede?
— Ted… yo… 
— Me alegro encontrarle aquí, señor Lupin. 
Ambos se volvieron hacía el ministro Maximoff. Sus ojos azules se asemejaban a un témpano de hielo, sin sentimiento alguno. Su boca recta en una línea. 
— Los profesores y campeones han sido citados en la oficina de la directora, le estamos esperando. 
El ministro apretó el hombro de Kaia, y está se había puesto completamente rigida. 
— ¿Cuál es la razón, señor? —Preguntó Ted. Maximoff había tomado una bocanada de aire, y con aire pesado, le miró. 
— Uno de los jueces del torneo ha sido asesinado en el ministerio. —Explicó.— Y si lo hicieron a plena luz del día, el ministerio no quiere imaginarse qué más podría suceder. 
— Entra al comedor, volveré a la sala común. —Ted le había dicho a Kaia, y con pesadez, ella había asentido. 
La rubia miro como el castaño y el ministro se dirigian a la oficina de la directora, perdiéndose en el pasillo. No sabía como reaccionar, no quería recordar nada al respecto. Había vuelto a ver esos ojos oscuros, había vuelto a escuchar esos gritos. Todo regresó a su mente. Todo. 
Todo, en el momento en que Maximoff le había tocado. 




Última edición por Vanellope el Miér 15 Jun 2016, 4:23 pm, editado 1 vez
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

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