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This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Vie 12 Jun 2015, 2:11 pm

Kaia Potter.

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Me acerque hacia la hoja y soplé la tinta fresca de las palabras. En ese momento sonreí, y marque la página con un separador de pétalos de flores secas.
El cielo era tan claro aquel día, uno de esos colores que rara vez se ven en Inglaterra durante invierno, a pesar del frío que había. Describió justamente lo que veía en la libreta, concentrada en cada palabra y cada sensación, el viento, el aroma, los colores, el sentimiento de mirar. 
Noah, sentado mientras leía sus apuntes de Herbología, levantó la mirada hacia la rubia, con una expresión entre ensimismada y de concentración.
Que concentración. -Susitó agradablemente. Cuando Kaia levantó la mirada, sus ojos esmeralda colisionaron con los lavanda.
Oh. -Sus mejillas habían tomado un color rosado intenso.- Es sólo que… -Entonces se detuvo, no sabiendo qué decir.
Te gusta escribir, ¿Qué tiene de malo eso?
No, nada… -Vaciló.- Es sólo que…
Las palabras de Aarén aparecieron dentro de su cabeza, repitiendo lo que durante mucho tiempo le había dicho. Las fantasías, las tonterías, y la su forma de comportarse.
¿Qué tal…? ¿Qué tal si un día me lees lo que escribes? Cuando sientas que ya esté terminado.
Los ojos de Kaia se habían iluminado, porque nadie le había pedido eso. Ella contaba las historias, porque tenía necesidad de que otros la conocieran, pero nunca le habían dicho sí podía contarles lo que escribía. Una sonrisa cruzó su rostro pecoso, y asintió.
Seguramente, dentro de otros dos siglos.
Eso es mucho tiempo.
Si de verdad quieres que lo lea, entonces ese tiempo no parecerá eterno. -Rió.
¡Ah! Seguramente en ese tiempo, ya ni siquiera podré tener la capacidad de escuchar. -Le correspondió la risa.
Se mordió el labio, pensando en muchas cosas. Con Noah, era más fácil llevar el peso de lo que Ted significaba, dolía menos, seguramente. Pero existía un vacío, una pieza perdida, algo que no encajaba en ella. Hoy iniciaban las entrevistas de los TIMO’s, la profesora Vercelli la citó a las cinco en su oficina. Su corazón dio un vuelco al pensar en que tendría que decir, que era lo que ella esperaba que fuera, seguramente se lo iba a mencionar. 
Privet, Kaia.
Levante la mirada para encontrarme con un par de ojos grises, enfundados en unas largas pestañas claras. Erikka pronunció su sonrisa, mostrando sus dientes.
— ¿Qué tal, Erikka?
— ¿Deberriamos empezarr el trrabajo del profesorr Szmidth?
Justo lo que había olvidado; durante la clase, el profesor de Runas nos entregó un pergamino para traducir en parejas, así que Erikka se había juntado conmigo.
— Es cierto, quizás después de la entrevista.
— Estoy antes que tú, así que podrria esperrarte e ir a trrabajar en mi habitación. -Dejó escapar un suspiro.- Odio las bibliotecas.
— Vaya, lo imposible ha desaparecido. -Reí.- Nunca habías invitado a nadie a tu habitación.
Ella se cruzó de brazos, moviendo la cortina de cabello blanquecino y enarco una ceja.
— Pues no había necesidad de hacerrlo, no es como si muchas murrierran por entrrar a mi cuarrto.
— Bien, entonces nos juntamos después de la entrevista.
Da! Paka! -Se despidió y salió de la biblioteca con tanta prisa, como si fuese a quemarse al oler los pergaminos de los libros. El golpear de varios libros contra la mesa, causo que me estremeciera un poco. Había jalado la silla y sentandose, levantó la mirada, pronunciando más su frívola sonrisa.
— Hola, Potter.
Inmediatamente le fulmine con la mirada.
— ¿Qué quieres, Aarén?
— Nada en especial, por cierto… -Lamió con la punta de su lengua el dedo índice para comenzar a hojear la página de uno de los libros.- Te veías extrañamente bonita en el baile, quizás debí de haberte invitado.
— Gracias a Dios por no haberlo hecho. -Inspiré sarcásticamente, él entonces rió.
— Pero si tenemos a la antigua Kaia, no la que anda llorando en cada rincón que encuentra.
Sentí un retorcijón en el estómago, frunciendo el ceño. Su cabello rubio cae sobre sus ojos, y los quita con elegancia, algo que siempre admitire de él a pesar de que lo deteste.
— Entonces escogiste al chico sonrisas ¿No es así? -Suspiró, poniendo su mejilla sobre sus nudillos, mirando fijamente el libro.- Creí que te ibas a ir por el metamorfago, pensé que te gustaban más serios y misteriosos.
— ¿Podrías por favor no inmiscuirte en mis asuntos? -Se encoge de hombros.
— Ah por favor, solo estamos hablando. -Levantó la mirada azulina.- Aunque después de ese momento, creo que me interesé más en ti que antes ¿no es gracioso?
— No lo es. -Digo con repugnancia.
— ¿Por qué no? ¿No habías esperado tanto por mi atención?
— No, en realidad… tengo un extraño odio hacia chicos doble cara. -Pronuncie mi irónica sonrisa y él la correspondió.
— Supongo que no me haras caso y continuaras escribiendo.
— ¿Te supone algún problema?
— En absoluto, tal vez pueda ser la inspiración del villano de tus historias.
— Tu maldad no es tan interesante para causar miedo. -El coreó una risita.
— Mi maldad… -Recalcó la palabra con cierta indulgencia.- No es nada comparada con la de otras personas.
— ¿A qué te refieres?
— Nada en realidad, sólo hablo por hablar… -Se puso de pie y sujeto los libros.- Pero hay algo que entre malos se sabe, amor. -Fruncí el ceño.- Que entre nosotros nos reconocemos.
— Eres solo un idiota.
— Pudiste haber encontrado una mejor definición, Kaia Potter.
— Pudrete.
— Nos vemos luego, amor.
Aarén salió de la biblioteca, y lo único que pude hacer fue maldecirlo dentro de mi cabeza. El reloj a punto cinco para las cinco y me levante guardando mis cosas, echándome a correr para llegar a mi cita con la profesora Vercelli.
.
— ¡Vaya dolorr de cabeza! -Inquirió Erikka saliendo de la habitación.- Había dado porr hecho de que querria serr jugadorra de quidditch, no se porque crreyó eso.
— Quizás porque sólo hablas de quidditch.
— Es lo que le gusta a mi herrmano, perro también hablo de otrras cosas. -Suspiró.- Te esperro.
— Sí, gracias.
Cuando toqué la puerta, la profesora indicó que podía pasar. Cuando entré, un aroma a azucenas me llegó a las narices, ya que había dos macetas en la entrada de un color vivo. Sin decir alguna palabra, ella indicó que me sentara, así que lo hice. Estuvimos frente a frente, ella con su usual seriedad y sus ojos oscuros fijarse en algunos papeles, así que suspiro.
— Muy bien, señorita Potter… entiendo que lleva buenas calificaciones, así que sabe lo que usualmente se pregunta para esto, sabe que debe de sacar muy buena nota en sus TIMO’s para poder tomar los EXTASIS, así que, así esta la cosa: ¿Qué le gustaría intentar?
— B-bueno… yo…
— ¿Todavía no lo has decidido? -Preguntó con cierta impaciencia, dirigí mi mirada hacia el nudo de mis dedos y sacudí la cabeza.
— Lo he hecho.
— ¿Y bien?
— Yo quiero… yo quiero… ser escritora.
— ¿Escritora? -Enarcó una ceja.
— Sí, escritora.
— Bueno… eso es, algo… -Buscaba una palabra que lograra encajar.- que no me esperaba.
— ¿Por qué?
— Te vislumbre más como un auror, ya sabes, la única que iba a proseguir con el legado de tu padre, ya que James, bueno, ni de cerca podría imaginarlo… Y tu hermano Albus, parece estar interesado en otras cosas.
— ¿Entonces por qué yo tengo que ser lo que los demás esperan? -Dije, casi apretando la mandíbula, guardandome el coraje que sentía en mi pecho.
— Jamás, jamás seas lo que los demás esperan, Kaia. -Por primera vez, se muestra amable.- Y si ser escritora es lo que quieres, no te voy a detener… sólo te pido que tengas una opción, y tienes las aptitudes para ser un auror, así que haremos esto… Mañana tendrás una cita programada con el profesor de Estudios Muggles, le contaré acerca de tu caso, él estudió Letras Modernas y seguramente podrá ayudarte, pero tienes que tomar una carrera aquí.
— Bien.
— ¿Sabes qué materias necesitas para ser auror?
— Sí, lo sé.
— Entonces no hay nada más que decir, así que puedes retirarte.
— Gracias, profesora.
Estaba a punto de cerrar la puerta, cuando escuché a la profesora llamarme por mi nombre.
— Nunca cedas ante lo que los demás digan, ¿de acuerdo?
— Sí, profesora. -Ella esbozó una sonrisa.
— Perfecto.
Cuando salí, Erikka se encontraba trenzandose un mechón de cabello completamente concentrada. Levantó la mirada y esbozó su tan usual sonrisa.
— Tarrdaste demasiado.
— Oh basta, vamos.
Nos dirigimos hacia la sala común y subimos hacia los dormitorios de chicas. La habitación de Erikka era de los últimos a lo largo del pasillo. Ella abrió la puerta e inmediatamente un delicioso aroma cruzó mis narices. Quedé completamente impresionada, casi sin aliento, al ver su habitación. Era completamente diferente, casi parecido a un pequeño invernadero, e incluso sentí calor a pesar de que las paredes solían ser frías durante invierno.
— Es un pequeño hechizo de calorr. -Respondió premeditadamente. Y aquel aroma, era tan delicioso, su habitación era un jardín. Habían flores, de todo tipo, de todos los colores. Su cama, tan inesperadamente acomodada, tenía una repisa en la pared que tenía macetas con girasoles, orquídeas y gardenias. Y lo más impresionante era que sus paredes estaban llenas de pinturas en acuarelas y colores pasteles. Jamás creí encontrarme con un cuarto tan precioso y casi sacado de un cuento de hadas.
Parecía un pequeño invernadero, las paredes estaban cubiertas de enredaderas con flores blancas, asumí que eran gardenias. Habían unas flores pintadas en la pared, rojas, camelias. Y allí había un dibujo de una bailarina con un vestido blanco que le llegaba a los muslos, idéntica a un cisne en pleno movimiento, con elegancia y cabello rubio caerle a su espalda con gracia. Continué mirando las flores, con esos vivos colores que me recordó al jardín de mi casa, aunque con menos esplendor.
— Esto no… no es…
— ¿Lo qué esperrabas? Si bueno, en rrealidad nadie. -Rió.
— Erikka, ¿Tu pintaste todo esto?
— ¿Si no, quién lo harría?
— Llevo años conociendote, y jamás pensé que pintarás.
— Hay muchas cosas que nadie sabe. -Sonrió.
— Es precioso.
Pozhalusta!
— Mi tía Fleur una vez dijo que las flores traen alegría a cada hogar, así que nos pidió que escogieramos una flor, porque estaríamos encargados de hacerlas crecer en nuestro jardín. -Sonreí.- Mis hermanos se negaban, pero ella puede ser demasiado… tenaz en lo que quiere.
— ¿Así que al final todos plantarron algo?
— Sí, mi tía le sugirió a cada uno, a mi hermano Albus le dijo que las Zinnias eran perfectas para él, ya que significan bondad, justo como él es. A James le dió los laureles, porque significan victoria o algo así, al final, supongo que eso le agradó. Y a mi hermana le dio las margaritas, ya que era la menor y de cierta manera le quedaban por ser pequeñas y bonitas.
— ¿Y tú?
— No supo que darme, dice que suelo ser tan volátil que no sabía donde encasillarme… así que al final yo las escogí. -Cuando recordé, me vino una ternura nostálgica al pecho.- Una vez mi color favorito era el azul, y escogí las nomeolvides, ignorando el significado, simplemente porque eran azules, eran pequeñas y tan frágiles, pero al mismo tiempo, con tanta fuerza de voluntad, que pensé: Yo quiero hacer crecer esas flores, quiero cuidarlas y verlas sonreír, quiero ser yo. -Apreté la boca en un gesto incómodo.- Al final, mi tía me preguntó si estaba enamorada de alguien, ya que los nomeolvides significa amor eterno.
En el centro de la habitación había un lienzo a medio terminar, ella estaba pintando unas begonias de una maceta que se encontraba cerca de la ventana. Me puse a mirar cada dibujo en la pared, rozando con mis dedos los pétalos de las flores. Entonces hubo uno en especial que había llamado mi atención, a un lado se encontraban unas campanillas de invierno que jure tintineaban cuando el viento soplaba. Llevé mis dedos hacia el contorno de aquellos ojos pintados en el pequeño papel, cubiertos por unas largas pestañas, un ojo era azul completamente distinto al que solía conocer, algo más como una joya extinta, algo oculto. Y el otro ojo era de un tono diferente, algo más dorado y brillante, como el color que se crea antes de que el cielo se vuelva un arrebol. Miraban hacia el vacío, y sentí tal necesidad de conocer, si realmente sentía tal tristeza en aquella mirada, tal miedo y tal rencor, que deseé tanto acoger ese sentimiento y decir que estaba bien tener miedo, que eso nos hacía más fuertes.
— ¿Por qué no dibujaste el rostro que pertenece a estos ojos? -Le pregunté, a lo cual ella se acercó y estrechó la mirada, para después enarcar ambas cejas.
— Lo último que rrecuerdo de esa perrsona erran sus ojos, segurramente ahora debe de serr diferrente… ha crrecido, supongo.
— ¿Realmente existen?
— ¡Clarro! Jamás dibujarria algo que no existe.
— Me gusta.
— Puse campanillas de viento a un lado.
— ¿Por qué?
— Mi abuela dice que significa esperranza, eso crreo… así que esperro está persona vuelva a tenerrlas. -Suspiró. Luego dio un respingo y salió corriendo hacia su mochila- ¡La tarrea! ¡El prrofesorr no tiene alta estima de mí!
— Ah, sí… lo había olvidado.
Antes de ir hacia Erikka quién sacaba los libros de su mochila, di un último vistazo hacia aquel dibujo. ¿Esperanza? Sentí un poco de tristeza, entonces sonreí. Yo también esperé que esos ojos pudieran mirar con esperanza, quizás… pudiesen ser más preciosos todavía.
Martes.
(Tres días, antes de la prueba)
El viento silbaba a través de los árboles, creando una hermosa sinfonía. Miré a través del ventanal, el viento helado chocaba contra mis mejillas hasta sentir mi rostro adormecido. Distraída de la clase de Historia de la Magia, me centré en los escritos de mi libreta, un poco ansiosa de la cita con el profesor Pulowsky después de clases.
El cielo era de un color pálido, un gris peltre y ciertamente triste. Pero habían unos cuantos rayos de luz queriendo filtrarse a través de esas oscuras cortinas. Cuando el timbre tocó, salí disparada de allí.
— ¡Eh! ¿A dónde tan rápido? -Exclamó Wanda, a lo que inmediatamente me volví.
— ¡Tengo un pendiente!
— ¿A caso el pendiente tiene un par de ojos lavanda?
— ¡No! -Respondí, un tanto sonrojada.- El pendiente me lleva como 20 años. -Comencé a caminar hacia atrás.- Nos vemos en el almuerzo. -Y salí corriendo.
Me había movido entre las personas, mientras sentía como mis mechones golpeaban mi rostro en cada movimiento. Cuando llegué al salón de Estudios Muggles, toque la puerta que se abrió por si sola.
Guten Tag, Fräulein Potter.
— Buenos días, profesor.
Nunca había entablado alguna conversación con aquel profesor, nunca había tomado su clase, y sólo le veía por los pasillos algunas veces. Tenía un porte amable, algo desgarbado y delgado, bastante alto. Cuando esbozó una sonrisa, pensé que era un hombre confiable, no sé por qué. Él indicó una silla, entonces me senté.
— La profesora Vercelli me pidió que hablara contigo, ya que al parecer, quieres ser escritora. -Asentí.- ¿Por qué quieres serlo? Cuando en realidad, vienes de una familia con otro tipo de pensamiento; tu padre es auror, y tu madre llegó a ser una gran jugadora de quidditch.
Sentí un retorcijón en el estómago, y pensé, que tal vez mi madre era columnista ahora, pero ella tuvo otras glorias. Mire hacia mi cuaderno, pensando en realidad porque quería convertirme en eso, porque quería ir detrás de un sueño quizás un poco más humilde que el que todos esperan.
— He escuchado mucho de ti, o al menos, lo que creo que eres. -Sorbió un poco de la taza de café.- ¿No todos esperan que seas algo más que… una escritora? -Aquello cayó sobre mí como un balde de agua helada. Y lo pensé, pensé porque ahora que había vuelto a escribir, algo cosquilleaba dentro de mi pecho con tal necesidad de tener que plasmar lo que pensaba en un papel. Quizás para muchos, algo insignificante… quizás para mi, algo que quitaba el aliento.
Pensé en el cuento de Ananda y Desna que jamás terminé, pensé también en las cosas que podía guardar a través de palabras y cómo estas se desbordaban en mi, que alguna vez envidié a mis escritores favoritos porque movían mi afecto con sus palabras. Yo también quería hacerlo, quería cambiar la perspectiva de otros a través de letras. Quería escribir para darme fuerzas, para escribir caracteres que merecían ver la luz, y explorar todas las cosas a las que le tengo miedo.
— Porque estuve callada durante tanto tiempo, y tengo mucho que decir. -Fue lo único que pude explicar, de todos los múltiples pensamientos que se enlazaban dentro de mi cabeza, esa fue la única explicación que escapó de mi boca.
— Entonces, es definitivo.
— Sí.
— Conozco esa mirada. -Dejó la taza de café en su escritorio, y se levantó de la esquina de este.- ¿Sabes? Tienes esa mirada, de ver más allá de cada detalle y de sentir amor hacia todo lo que observas, no importando que tan insignificante sea para otros, para ti… es simplemente único. -Sonrió.- Y considero que un escritor, es aquel que presta atención a lo que le rodea. -Sujetó un papel, y comenzó a escribir con la pluma.- Voy a encomendarte un pequeño trabajo, y tendrás hasta la próxima semana para entregarmelo.
El profesor me entregó un pedazo de papel, y después de despedirme, salí de allí. Lo primero que hice fue dirigirme hacia el comedor, pero entonces me detuve frente a los relojes y abrí el papel.
Termina lo que iniciaste.
                                   -  DP
Ted Lupin.

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Miércoles.
(Dos días, antes de la prueba)


Así como un simple respiro, el día que había estado despejado ahora se nublaba y comenzaba a llover. Las gotas de lluvia chocaban contra los ventanales de la biblioteca, y el lugar se oscurece ligeramente cuando lo único que ilumina son unas cuantas velas. Me encuentro leyendo libros de hechizos, no sé porque tengo una corazonada acerca de hacerlo, la segunda prueba sería dentro de dos días y me sentía inquieto.
— Nunca pensé que fueras campeón del torneo, mi escuela había aplicado para poder participar. -Esbozó una sonrisa.- Pero aparentemente las chicas de salem tuvieron más oportunidad. -Rió con cierta malicia, le fulminé con la mirada.
— La condición de que todavía no te he corrido de aquí es porque prometiste permanecer callado. -Gruñí quedamente.
— Ah vamos, solo estamos nosotros dos y ese chico de allá que parece querer venir a hablar contigo desde hace horas.
Me volví con el ceño fruncido para ver a la persona que Ame señalaba, percatandome de que se trataba del campeón de Drumstrang. Enarque una ceja, ya que se veía un tanto nervioso; tomando una bocanada de aire, se acercó hacia nuestra mesa y se sentó.
— Lo siento, porr interrumpirr.
— ¿No deberías estar pensando mejor en la prueba? -Inquirí duramente, a lo cual el pareció un poco inquieto debajo de la indiferencia que siempre reflejaba.
— Solo querria prreguntarrte una cosa… ¿Erres bueno en duelo?
Y levantándose de allí, salió de la biblioteca. Fruncí el ceño completamente liado con sus palabras y finalmente después de unos segundos, enarque ambas cejas y entendiendo la razón, me dio un vuelco el estómago.
— Nos van a hacer luchar entre nosotros. -Susurré para mí mismo.- Es un duelo…

Narrador Omnisciente.


Las luces chocaron contra sus párpados, a lo cual gruñó mientras se aferraba más las sábanas contra su rostro. Aferrándose a su cuerpo trigueño, sujetaba a filo de espada aquellos tatuajes en su piel desnuda; el cabello castaño le caía alborotado hacia todas direcciones.
— Levántate, holgazán.
Volvió a gruñir, más parecido a un capricho. Se dio la vuelta dando la espalda a la ventana y continuó con los ojos apretados.
— Perro, son las cinco, bueno para nada.
— Quiero dormir, niño libélula.
— No me hagas traer a Aibhill, mocoso estúpido.
— Eres más capaz de sacarme las entrañas que dejar que otros hagan su trabajo. -Sonrió contra la almohada, pensando en la agradable idea de poder ver su sangre, saber si olía como la de su madre, o la de su hermano Helean. Comenzó a reír y se levantó de un jalón, lamiendo sus labios y hacia el rostro hacia atrás, mirando los ojos inexpresivos de Brage. El cabello castaño caía con rebeldía hasta que se acostó sobre su espalda, dejando sus manos sobre su abdomen desnudo. Pronunció más su sonrisa, mostrando aquellos caninos y rascando con sus uñas esmaltadas de negro su mejilla.
— ¿Qué tanto miras?
— Oler tu sangre muggle me da hambre. -Levantó las piernas y apoyo los talones sobre la pared.- ¿A qué sabras, Bragie?
— ¿Habla el pequeño niño humano?
Hassan había reído con fuerza, una carcajada estremecedora. Ladeo su sonrisa, causando que sus mejillas se abrieran en pequeños hoyuelos.
— Yo nunca fuí humano. -Respondió, con un toque de dulzura. Quizás para sentir autocompasión o aceptación. Volvió a reír, sujetando su estómago. Y lamió un poco de saliva que escapaba de las comisuras de sus labios.
— Como sea, baja. El jefe quiere hablar contigo.
— Agh. -Gruñó, bajando las piernas de la pared y poniendo una mueca en su rostro.- Pensaba salir esta noche.
— Bueno, ahora no podras hacerlo. -Sonrió con autosuficiencia, cerrando la puerta detrás de él. El castaño rugió y se puso de pie para sujetar los pantalones tirados contra una silla. Los sujeto y frunció el ceño, con sus uñas trató de quitar unas cuantas manchas rojizas oscuras.
— No se van a quitar. -Repuso, con cierta tristeza y decepción en su tono de voz. Se calzó los pantalones sobre sus boxers y los abotono, estos caían sobre los huesos de sus caderas. Se hizo los cabellos revueltos hacia atrás con una mano, tratando de aplacar aquella maraña inútilmente. Cuando miró su rostro en el espejo, pudo ver aquellos cardenales en su ceja y un cortadura en su labio. Había estado en una pelea callejera la noche anterior. De verdad, se había jurado no portarse mal aquel día, y lo había cumplido hasta el final cuando contaba su dinero y aquellos hombres a quienes les había ganado habían llegado para amenazarlo, de verdad que trató de no romper su promesa, pero bueno, uno siempre lo hace en vano. Todavía su cuerpo se encontraba un poco mallugado, pero cuando vio la primera mancha de aquel bonito rojo en el suelo, no pudo detenerse. Quería ver más, quería oler más, quería saborear más. Y como una adicción a una droga inicia, difícilmente se termina. Comenzó a reír de la nada, recordando los gritos de aquellos hombres. Trató de retener esas pequeñas risas con sus manos pero no podía, cada vez se volvían más sonoras.
— Ay, de verdad que lo siento. -Decía divertido.
Bajó la escalinata oscura de aquella lúgubre casa, había permanecido allí durante unos cuantos meses en cuanto su jefe le había contactado. Solía dormir, comer y después salir, vagamente, como alguien que no puede quedarse quieto en un solo lugar. Cuando entro a la sala de estar, se sentó en un sofá y puso ambos pies descalzos sobre la mesita de estar.
— Buenos días, jefe. -Inquirió cínicamente, llevando sus uñas directamente a sus dientes. Cuando aquel hombre levantó su mirada, Hassan pensó que era un maldito, un maldito porque esa mirada sedienta de sangre, esa mirada llena de rencor, podía pasar desapercibida a través de la bondad, la comprensión y la misericordia.
Algo que él jamás podría entender.
Porque cuando se miraba a sí mismo, no entendía porque tendría que ser compasivo, nunca comprendió la misericordia ni el perdón. Sintió odio hacia su maldita y desgraciada madre, esa perra que tampoco comprendió al pequeño, al pequeño y maldito Hassan. Su uña se partió entre sus dientes y la escupió contra el suelo.
— Tienes trabajo, Hassan.
— ¿De verdad? -Dejó escapar una risa cínica, se apoyó sobre sus rodillas y continuó riendo.- ¡Hasta que tengo trabajo!
— Tu comportamiento me da razones para no dejarte salir, joven Blair. -Dijo, con cierta decepción. El castaño volvió a soltar una risa, limpiándose la saliva de su boca.
— ¡Usted solo quiere que mate! ¿Qué importa la forma en que lo hago? -Mostró sus dientes, y se echó hacia atrás, chocando su espalda contra el mueble.
— Hassan, necesito que te enfoques.
— Muy bien, jefe. Muy bien. -Con el dorso de las manos se secó las lágrimas de sus mejillas. El hombre tiró una carpeta a las piernas de Hassan. Cuando la sujeto, abrió y miró las fotografías. Solo escuchó a la persona salir de la casa, dejándolo completamente solo. Acercando el papel hacia sus narices, aspiró y levantó sus labios. Comenzó a reír entre dientes, sacudiendo sus hombros. - Tómelo por hecho.
Tómelo por hecho.
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Sáb 18 Jul 2015, 2:07 pm

*Fergie voice* LEEEEEEEEEET'S GET IT STARTEEEED[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
*Hostess voice*
Good evening ladies and gentleman welcome to "Val babbles stupidities" *cough i mean, my comment *cough*
 ♚ ♚  ♚ 
DEBIDO A MI ENORME FALTA DE DEDICACIÓN I'M SO SORRY BOO ILY  DIVIDIRÉ ESTE COMMENT EN DOS PARTES, PORQUE COMENZAMOS POR LOS BEISSE. Primeramente y antes de comenzar por cualquier tipo de evento en particular quiero dar la siguiente declaración:
*Clears throat* 
IOAN MY POOR BABYYYYYYYYY HOW DARE YOU DO THAT TO HIM!? HOW DARE YOU PUT OUR CHILD THROUGH SUCH PSYCHOLOGICAL DAMAGE!? YOU AND I ARE GONNA SETTLE THIS SHIT IN COURT
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THIS IS MY CHILD I SAID FROM HERE ON OUT NO ONE TOUCHES MY CHILD 


That being said, we can move forward: Overall; Pienso que los Beisse son bastante interesantes, they have such a touchable brokenness about them from the begining of the chapter (plus I will admit i'm a sucker for all the fanciness you built to surround this sort of chapters, The thing is that in this one is that brokenness that makes the situation so very heartbreaking and frightening: Para cualquier persona que les mire por fuera los Beisse lo tienen todo, se ve que son una casa de gente de posición alta, con niños cultos pero que a la vez debieron de ser malcriados —see Niki Beisse as example number 1— pero a la vez no es asi, la casa se está cayendo a pedazos por dentro, tienes al pobre Io que le lee a una persona que no se encuentra en la casa para no sentirse tan solo, y a Niki que de alguna manera pienso yo que se concentra en si misma y no piensa en los demás precisamente para no ver la miseria a su alrededor (epa, que eso es solo mi interpretación) Amira...Pues no te voy a caer a mentiras; es egoísta, punto. Como egresada de psicología —*hair flip*— se que hay mil y un razones bajo las cuales una persona se encuentra en el momento de cometer lo que es un suicidio, de muchas maneras no son ellos mismos, pero ella tuvo que haber buscado fuerza para seguir adelante, por sus hijos; perdona si sueno mal o insensible pero no me gusta la gente que se rinde así.  El trauma que van a pagar esos niños va a ser grueso, empezando por Io, ese niño no sabe más que suprimir sus emociones, porque de pana eso es lo que está haciendo soportando todo esto por si solo. Un suicidio es algo serio y solo aquellos que se sienten de esa manera podrían decirte con certeza lo que es llegar a ese extremo, es decir, como ya dije esa persona no esta en si misma, y quizá sueno muy dura hablando de culpas, déjame cambiar mis términos;  más que de culpa se trata de que no romantizo el suicidio (ojo, yo se que tu tampoco) pero la realidad es que muchas personas (incluyendo la persona que lo esta comentiendo en ese momento) ve a la muerte como una manera de liberación; pero la realidad es otra y es cruda, Ahí no hay liberación alguna SOLO MUERTE, Amira Beisse no es libre de su dolor, simplemente esta MUERTA y le dejó ese cargo a sus hijos y marido. COSA QUE ES INMESAMENTE grave y me muero por ver como estableces las respectivas repercuciones que este suceso va a tener en los muchachos cuando crezcan. 

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Also, where's Bastian yo?
But anyway, i liked it alot and it was amazingly written, espero que sigas dandonos snippets hasta poder conocerlos la temporada que viene you know if we ever get there 
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 ♚ ♚  ♚
HERE OFFICIALLY BEGINS MY 
"Forget me not" Comment
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*clapping machine starts*
AAAAAND WE'RE BACK LADIES AND GENTLEMAN, DEJENME INFORMARLES QUE VAMOS A EMPEZAR POR ESE RECUERDO PORQUE VERGACIÓOOOOOOOOOON NOEMI QUE ESO NO SE HACE CUANDO VAS A APRENDER??????????! 
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EXCUSE ME WHILE I DROWN IN SADNESS 
POBRECITO TED AMARGADO DE MI ALMA WHAT DID I TELL YOU ABOUT HURTING MY CHILDREN FUCKING STOP, Ok, time to get Serious: Ese recuerdo me encantó, me encantó muchisimo a decir verdad, fue brillante, siento lo que todos sienten por separado, comprendo el dolor de la abuela Andromeda por no poder darle a su nieto aquella figura materna que necesita enteramente, y dejame decirte que me parte el alma, porque sus abuelos lo han intentado, han intentado ser todo eso y simplemente no han podido hacerlo, porque Ted necesita a sus padres, de verdad y teniendo alrededor a James por ejemplo debe dolerle incluso más, porque el es el hijo de su tio harry y Harry pues malcria a sus hijos (epa, que lo digo de buena manera) la cosa es que Ted no tiene quien lo apapache de esa manera, y de verdad lo necesita (MY CHILLLLLLLLLD, MY POOR SWEET CHILD) lo entiendo, entiendo el ahogo que debe sentir cuando todo el mundo quiere que el entienda q1ue sus padres murieron por el, PERO VERGACION NO, EL NIÑO NO  NECESITA ENTENDER, NECESITA LLORAR Y PUNTO, PORQUE ES ESO UN NIÑO QUE PERDIÓ A SUS PADRES, Y DE PEQUEÑO LE EMPUJARON ESA MADUREZ POR LA GARGANTA Y POR ESO ES TAN FRIO AHORA DEJENME MORIR 
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I did not just make a reference there
Yes I did 
But now we're gonna talk about Ted and Harry porque sabes que es lo que más me duele? no, duh, por eso te voy a decir.  que no solo ambos se parecen porque perdieron a sus padres y se imaginan una vida con ellos, sino porque ambos perdieron una figura paterna en Remus también: Remus Y Sirius fueron las personas  más cercanas que Harry tuvo a un padre, osea le llegaron por ahí a la cosa pues, y de paso eran ambos fuentes de recuerdos de sus padres, para conocerlos, saber lo que nunca pudo saber, Harry perdió a Remus también y por eso entiende tan bien a Teddy y está tan pendiente como padrino, porque de una manera u otra Harry es para Teddy lo que Remus fue para el, alguien que conoció a su padre y que aparte del asunto de heroe puede contarle de como fue Remus Lupin como persona, Harry es una de las ventanas más abiertas que Ted tiene para conocer a su padre y AY NO CHAO voy a llorar otra vez.
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 ♚ ♚  ♚
“I am not used to being held by good hearts, soft hands never did  take to my soft skin.I was convinced that to love was to be torn apart, but this healing tells me otherwise.” 
—Emma Baker "I woke up early enough to watch the sunrise" 
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ESTA ESCENA FUE HERMOSA OK? HERMOSA 
ALL THE AWARDS FOR YOU, ALL OF THEM DAMN IT. ME ENCANTO ME ENCANTO DEMASIADO NO PUEDO NO, NO TENGO PALABRAS VERGACION QUE BELLEZA ES QUE UUUUGHHHH *FRUSTRATED WHALE NOISES*


ME ENCANTA VERAGACION ME ENCANTA Y ME PARTE EN DOS EL AMOR QUE ESTOS DOS SE TUVIERON SIEMPRE ME DUELE MIERDA NO,  ES MUY HERMOSO, ME ENCANTÓ LO DE LAS FLORES ME ENCANTÓ LA MANERA DE KAIA DE HACERLE SENTIR MEJOR, ME ENCANTÓ QUE LE GUSTARA SU PELO, ME ENCANTO LA CONVERSACIÓN  Y DE VERDAD ME DA MUCHOS FEELINGS VER COMO SON TAN EL UNO PARA EL OTRO, ASDFGHJKL  NO SE KAIA PODRIA SER TAN BUENA PARA EL TED DE HOY EN DIA, EN AYUDARLO A SUPERAR TODO ESO CON LOS DETALLES TAN SUTILES QUE ELLA TIENE, ES TAN PERFECTO VERGACION, ME DUELE VER DONDE HAN TERMINADO LOS QUIERO JUNTOS, LOS QUIERO APOYANDOSE EL UNO AL OTRO, LOS QUIERO DONDE PERTENECEN PORQUE ELLOS SE NECESITAN, ESE LAZO EXISTIÓ DESDE HACE MUCHO ANTES DE QUE QUISIERAN CREARLO, ESE LAZO ES DESTINO SEÑORES Y DE VERDAD TE MERECES UN ANALISIS ELOCUENTE Y HERMOSO DE ESTA ESCENA PERO ES QUE ME PARTIÓ TANTO QUE NO TENGO PALABRAS 
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TOMA, UN OSCAR 
ALSO AND WE CANNOT FORGET 
 Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres.
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ESA FRASE FUE MI MUERTE 
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Igualmente me gustó esa escena de Ted y Wanda, pues yo de verdad la queria desde hace un tiempo, quizá es porque yo soy sentimental o porque de verdad me gusta mucho el personaje de Ted, pero para serte sincera me es muy importante esta amistad asi no sea quizá tan importante a tus ojos como lo es la amistad que tiene con James. No se porque, solo me gusta mucho, y aunque me gustaría que existiera más interación pues tu eres quien maneja a Ted y si a el no le sale la ateracción, pues no.  En fin, o que trato de decir es que de verdad aprecio que me des estas escenas pequeñas de ves en cuando, de verdad mucho, porque pues Wanda considera a Ted su mejor amigo y como la escritora de Wanda este tipo de roces me son  muy importantes aunque sean breves, asi que gracias.
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ok, i have to talk about a lot of stuff here, but first of all look at the picture, that's Ame, Ame is a beautiful cinnamon roll 
That being said, paso a hablar primero de James:
Porque de hecho me parece que estás estableciendo algo muy importante con respecto al personaje y no me parece no reconocertelo.  osea, según yo lo veo, la cosa es que James esta celoso de Ame porque el tuvo que trabajar duro para esa amistad con Ted, machete hasta ahí estamos claros. Pero algo muy importante es que James siempre fue un niño malcriado, un niño que lo tuvo todo —por eso le frustra caerle mal a Ame también—  pero a lo que realmente quiero llegar es que habiendo sido un niño del cual todo era mio, mio, mio la unica manera en la que james sabe querer es posesiva, claro, hablamos de diferentes tipos de posesividad, pero bien yo he dejado ver que es posesivo con Wanda en el sentido de  como yo la quiero a ella entonces ella es mia, es en su manera posesivo con Ted en el sentido de  como yo lo vi primero es mi mejor amigo y de nadie más  y a la vez por eso  es igual protector con Kaia en el sentido como es mi hermana menor no se mira.  Osea, a James no le gusta que toquen lo que es suyo bajo ninguna circumstancia, eso es suyo y ya, y eso es lo que yo veo (que aparte del mal humor que carga por obvias razones) le esta cayendo mal con respecto a Ame y eso es super importante, porque lo que yo quiero plasmar es que James cuando quiere quiere con todo, pero no sabe hacerlo como un adulto maduro, el ya sabe a quienes quiere en su futuro, pero es muy orgulloso y por eso es tan posesivo, porque en el fondo tiene miedo de que la gente lo deje, tiene miedo de quedarse solo, creo que alguna parte muy muy interna de el, sabe que su orgullo lo expone a esa posibilidad, sobre todo despues de lo que pasó pues con Ted a principio de año, porque tuvo una probada de estar sin su mejor amigo y eso no le gusto  y ahora le acaba de pasar eso mismo con Wanda, asi que parte de el esta asustado, porque no quiere perder a su mejor amigo como ha perdido otras cosas poco a poco (considerando que tampoco habla con Kaia todavia desde que se pelearon como tal) osea, ahorita James esta en la super cuerda floja y tu lo has plasmado bien, por eso te he recordado con tanta fuerza lo del mal humor, porque este  no es su mundo, esta entrando poco a poco en un mundo más real, donde no le salen las cosas como el esta acostumbrado a que lo hagan, asi que de nuevo de verdad gracias por eso Y perdoname que hable tanto, pero  cuando haces inclusion de lo que yo quiero plasmar en tus capitulos hasta sin intentarlo me pongo muy contenta porque sabes que me encanta como escribes 

Ahora si vamos con Ame; porque me encanta como poco a poco se le va metiendo bajo la piel a Ted, me encanta que cuchi es, me encanta como le promete galletas, me encanta y adoro como es tan cuchi con Ted todo el tiempo asi el lo trate mal, me encanta la ayuda que le esta dando poco a poco a Ted  y me da mucha risa su manera sutil de sacarle la madre tan constantemente a James; de paso quiero ver si se da cuenta de el y wanda tan rapido como se dio cuenta de Ted y Kaia    my precious precious child  has a divination gift (ooootro  muchacho pa' la colección, menos mal que no los paro yo ) POR FAVOR ESCRIBE MÁS DE AME, POR FAVOR CUENTAME DE EL Y POR FAVOR HAS QUE ALGUIEN LO APAPACHE  porque es uno de tus personajes más hermosos, quiero saber más de el y de su historia, de como llegó a hogwarts, de quien es, de como carajo es posible la existencia de un ser humano tan perfecto y de cachetes tan apretables como lo es el, de como es el clases de como es con las personas que no son Ted QUIERO QUE CONOZCA DE TU A TU A KAIA ESO VA A ESTAR BUENISIMO y todavia quiero hacerlo amiguito de Bianca OOPS  ANYWAY, MORE AME PLEASE. me lo imagino como el tio consentidor de los niños Lupin-Potter dandoles subidas de caballito por el jardin aaawww , sorry i have to shut up 
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Now on with my main baby
Mira, a decir verdad me pone muy contenta lo que veo en Kaia en este capitulo, superar todo el daño que sin quererlo le ha hecho Ted va  a ser bastante dificil y obviamente todavía hay residuo, pero me encanta verla aceptar quien es poco a poco, me encanta que haya ido de frente con Agripina con respecto a lo que de verdad quiere hacer con su vida, me encanta que no piense en el legado Harry sino en el legado que quiere dejar como Kaia Potter    porque estoy segura de que hará algo grande por el mundo mágico como escritora y de verdad de verdad que me encanta que lo hayas decidido asi, de paso me encantó verle sacarle la madre a Aaren asshole  

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 She followed my advice just saying, how cool is that? 
me gustó tambien que decidieras dirigirla al profesor Pulowsky, de verdad me parece que era el más indicado para lidear con el caso de Kaia, y en general me pone muy contenta lo que has hecho con ella en este capitulo, asi que muchas, muchas felicidades mi reina <3 De paso me encantaron las interacciones con Erikka, me encantó poder ver más de este lado de ella que pude ver en la escena que co-escribimos juntas para mi proximo one shot (thanks for that again) de verdad me parece super espectacular y me encantó que lo mostraras,siempre supe que habia una razon por la cual adoraba a Erikka asi no soporte a Aleksei, viste? mi subconsciente es inteligente.  Aunque tengo que admitir que..


 "¿Por qué no dibujaste el rostro que pertenece a estos ojos? -Le pregunté, a lo cual ella se acercó y estrechó la mirada, para después enarcar ambas cejas.
— Lo último que rrecuerdo de esa perrsona erran sus ojos, segurramente ahora debe de serr diferrente… ha crrecido, supongo."
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#TerryDoesn'tApprove 
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"— Tu comportamiento me da razones para no dejarte salir, joven Blair. -Dijo, con cierta decepción. El castaño volvió a soltar una risa, limpiándose la saliva de su boca.
— ¡Usted solo quiere que mate! ¿Qué importa la forma en que lo hago? -Mostró sus dientes, y se echó hacia atrás, chocando su espalda contra el mueble.
— Hassan, necesito que te enfoques.
— Muy bien, jefe. Muy bien. -Con el dorso de las manos se secó las lágrimas de sus mejillas. El hombre tiró una carpeta a las piernas de Hassan. Cuando la sujeto, abrió y miró las fotografías. Solo escuchó a la persona salir de la casa, dejándolo completamente solo. Acercando el papel hacia sus narices, aspiró y levantó sus labios. Comenzó a reír entre dientes, sacudiendo sus hombros. - Tómelo por hecho.
Tómelo por hecho."
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EPA, EPA YA VA, A QUIEN VA A MATAR HASSAN AHORA!? 
*DUN DUN DUUUUN* 
I NEED TO KNOOOOOOW *puts protection chains over Ronald just in case* 
AAAAAH TELL MEEEEEEE 
I DO LOVE THIS FUCKER THO


En otras noticias; Me muero por leer la segunda prueba 
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Either way, that was a great chapter Cherie, (ojala el comment le haya hecho justicia, i'm sorry it's so long)
meanwhile   tweedle dee and tweedle dum appear i will get on with my own chapter 
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that being said, I shall now retire into my dungeon of evilness and writer's block and Netflix binge watching  until my services are summoned once more, always a pleasure Dorothy, dearie. 


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Yours, ever and farther
The Wicked Witch of the West
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Mar 13 Oct 2015, 6:39 pm


She was in love with the caged bird
LAST WISH OF MY SOUL
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Erikka Romanov.




El pájaro enjaulado canta un temeroso trino sobre algo desconocido.

— Maya Angelou (I know why the caged birds sings)

Un silencio de aire, luz y cielo. En el silencio transparente el día reposaba: la transparencia del espacio, era la transparencia del silencio.
Su madre solía leerles poesía, cada hora del té. Era el único momento del día cuando Alekséi no revoloteaba en las cocinas y atormentaba a las sirvientas, y cuando Erikka no corría dando tirones a sus vestidos mientras su tutora le seguía a gritos. La hora cuando Andréi no necesitaba de sus lecciones, y su tutor se iba a casa.
Su padre solía estar en su estudio a estas horas, él no solía tomar el té con ellos por tanto trabajo, pero a ella le ponía muy feliz el saber que a veces él se asomaba y se sentaba con ellos. Ahora se encontraba de viaje, y su hermano mayor le había contado que era un lugar algo lejos, pero que volvería pronto. Mientras su madre leía, la pequeña peliblanca se volvió hacia el ventanal de cristal que daba al jardín trasero. Poco a poco aquella manta blanca iba desapareciendo, y podía ver los pastizales volver a su tonalidad verde brillante. Le alegró tanto saber que la primavera se estaba avecinando, porque eso significaba que su abuela vendría y retomaría el cuidado de las flores del invernadero, entonces ella podría ayudar.
La primera vez que Erikka había visto un color fue cuando Andréi le enseñó un libro de las distintas especies de aves de todo el mundo y se enamoró de aquellos colores, que quería tenerlos. Su abuela tenía pasatiempos peculiares, solía coleccionar aves de los viajes que tenía y en el ala norte del palacio de primavera ella los mantenía, al igual que un pequeño jardín.
Estaba tan acostumbrada a esos colores fríos, al blanco, al gris, al azul pálido. Siempre deseó poseer colores tan intensos, un cabello rojo o amarillo y una piel tan brillante. Pero era tan blanca, y su cabello tan simple. A veces envidiaba a su hermano mayor por tener aquellos ojos tan azules, tan brillantes y cálidos como un cielo en primavera. Quería ser un canario y poseer un plumaje tan amarillo, y deseaba tanto conocer algún lugar cálido. Estaba tan acostumbrada al frío.
— ¿Cuándo iremos al palacio de primavera, mamá? -Preguntó Alekséi dejando sus soldaditos de plomo en el suelo.- La última vez olvidé mi tanque.
— Alcanzaremos a tu padre allá, solo esperamos a que tu abuela venga.
Elisse, la madre de Erikka, era una mujer con una belleza amable. De largo cabello ondulado color rubio nieve, un poco más oscuro que el de los pequeños gemelos. Y menos brillante que el rubio platinado que su hijo mayor poseía. Era de piel blanca y llena de pecas, con rasgos finos y ojos grises, tirando a plateado. Una joven nacida en los fríos pueblos suizos y criada en los campos ingleses.
Erikka se aferraba al brazo de su hermano mayor, sin dejar de mirar del otro lado de la ventana, esperando poder ver otros colores aparte del blanco. Cerró los ojos, pensando que quizás su abuela le dejara ayudarle con las flores este año.
.


— Erikka, no tires de los listones de tu vestido. -Le había reñido su abuela, a lo cual ella detuvo sus dedos y empuñó las manos. Su abuela era una mujer estricta, y de temple elegante. Una mujer hermosa, de verdad, muy hermosa a pesar de su vejez. Siempre tenía aquella mirada despectiva, y su boca pintada de carmesí contrastando su piel blanca.
— Lo siento, abuela.
— Su hijo me comentó en su última carta que traería a unas personas. -Musitó Elisse con respeto, y ella asintió.
— Así es, cosa de negocios. -Hizo un ademán con la mano.- Entiendo que este caballero es bastante importante para la firma de unos cuantos pactos en la comunidad mágica, así que, vendrá con su familia a pasar unos días.
— Ah ya veo, estoy ansiosa de recibirlos.
— Espero hayas ordenado con anticipación que maten las pestes del jardín.
— ¡Los gnomos no son malos abuela!
— ¿Qué dices, Tatiana? -Encaró Alekséi.- ¡La última vez me mordieron los zapatos!
— ¡Qué descaro!Por favor, sean concientes de que una cosa tan insignificante puede hablar mucho de nosotros, y no se trata de cualquier persona. -Apretó el hombro de Andréi quien se encontraba leyendo.- Saben que su hermano se esmera mucho para ser un digno sucesor, y ustedes deben serle útil en un futuro, evitando que seamos habladuría de rumores decadentes.
Andréi no comentó nada, sino que bajó su mirada azulina de vuelta al libro un poco cohibido. A veces a Erikka le hubiese gustado decirle a su abuela que él solo tenía 8 años, y que todavía le gustaba jugar con ellos, no era ningún adulto.
— ¿Entienden bien?
— Sí, abuela. -Respondieron al unísono.
A pesar de que ellos reinarán la comunidad mágica, pocas veces las familias reales usaban la magia. Solían hacerlo los sirvientes, o los elfos domésticos, aunque casi no habian, porque a su abuela no le gustaban en lo absoluto. Incluso, tenían un establo lleno de abraxanes blancos, y aeothanes. Pero a ella no le gustaban, eran pasatiempo de su abuelo y ahora su padre solía cuidarlos, en honor a él.
La pequeña albina volvió la mirada hacia el ventanal del carruaje, y pensó, que la luz aquel día era demasiado pálida, demasiado fría. No le gustaba estar en silencio, pero evitaba que su abuela le reprendiese, porque si ella se enojaba, Erikka podría perder la oportunidad de pedirle que la ayudara con su jardín este año.
Quería ver los colores, aunque durase solo una pequeña temporada.
.


Durante la primavera, el tutor de Andréi, el Señor Blackfire, no solía trabajar. Era como unas pequeñas vacaciones, y a veces Erikka se preguntaba si no le agradaba tanto la luz y los cielos despejados. Aun así, era agradable poder tener a su hermano jugando con ellos.
El palacio de primavera era completamente blanco, hecho de mármol, piedras labradas, bronce, oro, diamantes y las mejores maderas de la región, eso era lo que su tío Sergei les contaba. Seguro los vería en el baile de primavera, a todos sus tíos y primos.
Cuando subió la escalinata principal, una sirvienta había sujetado el sombrero de ella y todos se habían inclinado respetuosamente ante la familia real.
— Bienvenidos, sus majestades.
El mayordomo principal se había inclinado ante ellos con su largirucho cuerpo. Erikka se adentró al recibidor, y fue cuando escuchó aquella risa tan majestuosa. Inmediatamente se echó a correr detrás de ella.
Eran muchas cosas que seguramente a Erikka le hacían feliz,  pero solo habían una pocas que le daba una ola de emociones. Su madre siempre le decía: Numera las cosas que te hacen feliz, mi pequeña, siempre suelen ser cinco y yo las tengo.
Número uno: Las canciones de su madre mientras le trenzaba el cabello. Número dos: Cuando su hermano Alekséi le prestaba sus juguetes sin que su abuela se diera cuenta. Número tres: La mirada amable de su hermano cuando la consolaba. Número cuatro: La risa de su padre.
Pero no había cinco todavía, ¿Serían los colores o las flores? No lo sabía, y pensaba que así se quedaría durante un largo tiempo.
— ¡Papá!
Erikka se aferró al cosaco de su padre, quien bajaba la mirada y le acariciaba la cabeza.
— Te extrañé papá.
Su padre se inclinó a darle un beso en la frente, y Erikka siempre había pensado que su padre era el más grandioso de todos. Que su padre parecía salido de una pintura, igual que su hermano Andréi, y ambos eran tan parecidos. Con su brillante cabello platinado, y su piel sedosa parecida al mármol blanco, además de los hoyuelos de sus mejillas y esos amenos ojos azul zafiro que brillaban cada vez que su padre sonreía.
— Erikka, tenemos visitas. -La voz de su abuela nació con desaprobación, y ella entonces se aferró más al saco de su padre, quien esbozaba una sonrisa.
— Esta bien, madre. -Dijo su padre.- Ella solo estaba alegre.
Se encontraban en el salón de lectura, una extensión de la biblioteca real. Había pocos libros, solo una repisa, no tantos como en la sala contigua. Aquí su madre solía llevarlos a la hora del té para leer poesía. Erikka lo usaba como escondite de su abuela y así poder jugar con Alekséi con sus soldaditos en secreto de su abuela.
— ¿Es tu hija? -Una voz femenina habló en inglés, con un acento fuerte.
— Si. -Su padre acarició su cabello.- Erikka.
Era una mujer fundada en tonos oscuros, una mezcla de metales y sombras. Un óleo de texturas barrocas, sacada de un cuadro de Diego Velázquez, hermosa pero intimidante, lúgubre como la belleza de la noche. Poseía una preciosa melena negra, recogida en un elegante moño. Su piel blanca destacaba sus ojos de largas pestañas de un gentil color caramelo, o quizás eran cajeta.
— Qué niña tan maravillosa tiene, alteza.
La mujer vestía con un fino conjunto, y era de cierto que las mujeres del este del mundo mágico, especialmente las de sangre pura, retomaban los estilos de las mujeres muggles en los años cuarenta. Con su falda entubada hasta las rodillas y de ahí suelta. Un saco ceñido con cuello alto y un sombrero con un moño.
En seguida, su madre había llegado con sus hermanos. Los ojos de la mujer pasaron de ella a sus hermanos. Esbozó su boca pintado en un labial color palo de rosa en una sonrisa.
— Pero qué peculiar color de cabello tiene su familia, alteza.
— Concuerdo, cariño.
Corroboró una voz masculina, y cuando los ojos plateados de la niña se fijaron en él pensó que, ese hombre no parecía real. Si su mujer era hermosa de una forma sombría, él lo era, ciertamente, de una forma cálida. Más que cálida, quemaba como el sol.
Erikka admiró esos colores brillantes, esas tonalidades tan surrealistas. Su cuerpo esbelto y alto calzaba el traje real, lleno de medallas. Su cabello era rubio, de un color tan parecido al oro, y su piel era porcelana, de la más fina. Su boca tenía tantas curvas, de un color frambuesa. Y sus ojos, sus ojos eran tan exóticos, de ese tipo de azul que encuentras en las piedras preciosas, como el jade. Un color tan místico.
— Él es mi primogénito, Andréi. -Su padre sacó a Erikka de su ensimismamiento. Pero era inevitable no comparecer ante esos colores tan brillantes, tan exquisitos.
— Qué ojos tan hermosos, destacan tanto en ese color tan exquisito.
— Gracias, condesa.
— Y con un lenguaje tan propio. -Añadió.
— Mi hijo Alekséi -Procedió finalmente, poniendo una mano sobre el cabello de su gemelo.- él y Erikka son gemelos.
Alekséi como siempre, era indiferente a los comentarios y se concentraba más en las maldades que seguramente haría luego.
— La cena estará lista más tarde. -Intervino la dulce voz de su madre.- Deberíamos presentar a los niños y dejar que jueguen mientras disfrutamos del té.
— En efecto.
¿Niños? Se había preguntado la peliblanca. ¿Habían otros niños? Cuando se acercaron a los sofás de terciopelo rojo, entonces sí, había otros niños.
— Pónganse de pie, mis pequeños. -Indicó su madre.- Él es mi hijo mayor, Sebastian.
Erikka no sabía nada acerca de ellos, pero pensó que el orgullo que denotaba de la voz de la Condesa era más que palpable. El chico después de todo, aparte de ser el heredero de todo lo que poseían, era idéntico a ella. Quizás, menos lúgubre que la de su madre pero reflejaba serenidad y misterio. De cabello negro azabache, piel blanca y los mismos ojos, solo que ocultos detrás de unos lentes.
— Un placer. -Respondió con cortesía.
— Un hermoso nombre, ciertamente. -Indicó su abuela.
Odiaba eso de los adultos, solo adulaban y adulaban. ¿Para qué? Para recibir las mismas, y autocomplacerse.
— Mi hija menor, Nikiya.
La niña era una preciosidad, pensó Erikka. Era una muñeca de porcelana, como las que su prima Anna coleccionaba. Llevaba un vestido color azul, y asimilaba a una Alicia en pleno país de las maravillas. Su cabello rubio estaba trenzado y llevaba listones. Sus mejillas estaban sonrosadas, y sus ojos jade resplandecían debajo de sus largas pestañas.
— Oh, pero si es toda una belleza. -Dijo su abuela.
— ¿Y aquel joven? -Preguntó su madre. La condesa se volvió al niño que continuaba sentado en el sofá, con la mirada pegada a un libro. Pareció que los ojos de la mujer ardieron en plena vergüenza, porque no le había obedecido.
— Disculpen, al parecer no ha escuchado.
— No hay problema, no es un delito estar absorto con un buen libro. -Su padre comentó amablemente.
— Él es Constantine. -Su madre apretó su hombro, y este reaccionó con poca preocupación.- Hijo, saluda al zar y a su familia. -Musitaba casi entre dientes. El niño cerró el libro, y se puso de pie.
— Mucho gusto, aunque en realidad mi primer nombre es Ioan.
Y no supo si su voz reflejaba indiferencia, o cierta maldad de hacer quedar mal a sus padres. El niño levantó el rostro, y de pronto, quedó tan impresionada de la misma forma que lo había hecho con su padre.
Su madre solo rió avergonzada de las palabras de su hijo.
— Oh disculpenlo.
— No es nada, el muchacho sabe de palabras. -Sonrió su padre.- Seguro será un gran político cuando crezca.
— Oh, pero qué ojos tan curiosos tiene su hijo, Conde Beisse. -Musitó su abuela. Y era cierto, muy a parte de la belleza tan surrealista del muchacho.- ¿Alguna herencia? - Sus ojos eran una cosa todavía más impresionante. Un ojo era del mismo tono de azul jade, y reflejaba amenidad y calma, tan imperturbable. Pero su otro ojo era tan ardiente como el sol, un color ámbar brillante, y se sentía el fuego manar. Jamás pensó que una mirada pudiera reflejar dos sentimientos distintos al mismo tiempo.
— Ciertamente es el único, majestad. -Comentó el Conde.- El médico familiar indicó que es cosa de genes, pero su vista es saludable.
— Entonces, es especial. -Rió su abuela.- Bueno, el té ya deberá estar listo. -Se volvió hacia Andréi y Alekséi.- ¿Por qué no llevan a Sebastian y a Ioan al cuarto de juegos? Erikka, acompaña a la joven Nikiya.
Erikka quería protestar, no por la niña. Sino porque ella quería jugar con los niños, a cosas de niños y no con muñecas o al té.
— En realidad, ¿Podría quedarme aquí un momento más?
Volvió la mirada al niño de los ojos extraños, y pudo ver la desaprobación en los ojos de sus padres. Y pensó, que la forma en que miraban a sus demás hijos, era menos grata que la forma en que lo miraban a él.
— Ioan… -Logró escuchar a su madre mascullar reprobatoriamente por lo bajo.
— Por supuesto. -Esta vez fue su padre quien habló.- Generalmente este espacio se encuentra desocupado, y estaré agradecido de que lo uses.
— Gracias. -Respondió el rubio.
— El té está listo, alteza. -Indicó una sirvienta, así los adultos salieron del salón, y después sus hermanos con Sebastian. Erikka solo pudo ver cómo el niño indiferentemente tomaba el libro que leía antes y se volvía a sentar en el sofá.
No supo por qué deseo acercarse a él, pero un agarre en su vestido la hizo detenerse. Al bajar la mirada, unos curiosos ojos le miraban con atención.
— ¿Quieres jugar, Erikka?
— Eh, bueno, yo…
— ¿O prefieres quedarte con mi hermano aquí? -La peliblanca no comprendió por qué le incomodó ese comentario.- Él suele encerrarse en nuestra biblioteca muy seguido. -La pequeña rubia caminó hacia su hermano, y le sujeto de la manga.- ¡Io! ¡Io, vamos a jugar!
— Ahora no, Nikiya. -Gruñó.
— ¡Que no me llames Nikiya!
— Te voy a llamar a como me dé la gana, Nikiya.
— ¿Qué lees? -Aquello salió tan inesperadamente de su boca.
— ¡Él siempre lee el mismo libro!
— ¿Por qué no te callas, Nikiya?
Cuando la pequeña rubia refunfuño, el niño levantó la mirada y cuando chocaron con los ojos plateados de Erikka, sintió un repentino fulgor.
— Historia de dos ciudades.
— ¿Por qué lo lees?
— ¿Por qué no lo leería?
— Nunca debes contradecir una pregunta con otra.
— Bueno, lo he hecho. -La peliblanca frunció el ceño, y el niño continuó leyendo.
— Mejor vayanse, si madre viene… no le gustara que les vea conmigo.
— Vamos, Erikka.
Nikiya le había sujetado la mano para salir de allí. Pero cuando se volvió a mirar al niño leyendo, su corazón se entristeció y no supo la razón. Esos colores, y todo él era como un cuadro triste, y nostálgico. No les gustara que les vea conmigo.
¿Tenía algo de malo? ¿Por qué sus padres lo miraban de esa forma? ¿Por qué prefería estar solo, y no jugar como alguien normal?
¿Por qué el niño de los ojos curiosos parecía tan distante?

.


— Era el libro favorito de nuestro abuelo. -La voz de Niki la sacó de su ensimismamiento.
— ¿Qué?
— ¿No querías saber? El lee eso siempre porque era el libro favorito de nuestro abuelo.
Estaban en el jardín, sentadas en una de las mesas. La rubia había preferido sentarse a tomar un poco de té.
— Mi mamá dice que siempre estaba con mi abuelo, aunque no lo sé bien… yo era muy pequeña.
— Sigues siendo muy pequeña.
— ¡Ya tengo cuatro!
— Oh, vaya…
— Mi madre piensa que está loco, que jamás debió de estar con mi abuelo… dice que es una mala influencia.
— Pero…
Se obligó a quedarse callada, y pensaba en ese niño con cierta tristeza. La cena ya estaba lista, y todos se habían presentado. Pero ella no quitaba los ojos de encima del rubio, quien parecía tan distante.
— Erikka, ¿Qué tal si dejas de ser tan obvia? -La voz de su hermano le hizo dar un respingo.
— ¿De qué hablas, Alekséi?
— ¿Te gusta el hermano rarito de Sebastian? -Preguntó con burla.
— ¡Claro que no! -Le había dado un puñetazo en el hombro.- ¡Qué chorradas dices!
— ¡Tatiana! -Su abuela la miró con desaprobación.- ¿Qué lenguaje es ese?
— L-lo siento.
— ¡Qué maravilloso se ve esto! -Exclamó la condesa con educación.
— Es pechuga de pavo relleno con dátiles y una salsa de vino tinto.
— Por favor, empecemos. -Indicando esto su abuela, todos comenzaron a comer… todos menos uno. Menos ese niño que miraba el plato en silencio.
— Constantine, hijo, debes de comer. -Dijo su padre, a un lado de él.
— No quiero. -Respondió rotundamente.
— No seas maleducado. -Su madre le miró enfurruñada.- Comelo, es una orden.
— Dije que no quiero.
— ¡Constantine!
— Disculpenlo tanto, por favor. -Suplicó su madre avergonzada.
— ¿No vas  a comer? -Preguntó su padre, toscamente.
— ¡Te dije que no!
Sujetó el plato y lo estrelló contra el suelo. Todo pasó tan rápido ante los ojos de Erikka. El padre de Ioan se levantó vertiginosamente, arrastrando la silla y sujetando a su hijo de la muñeca, lo sacó bruscamente de la silla mientras esté pataleaba y decía cosas en un idioma extraño. Los dos desaparecieron del comedor, dejando un silencio detrás.
— Mis más grandes disculpas, por favor… él no solía ser de esa forma. -Decía su madre apenada.- Su abuelo lo malcriaba mucho… ¡De verdad qué apenada me encuentro!
Pero Erikka dejó de escuchar y solo pensó en ese niño, y lo que había hecho. Un nudo se le formó en el estómago, y perdió el apetito.
.


Se paseó por todo el palacio, por cada rincón y cada habitación. Pero el niño no estaba en ningún lado, y eso le hizo pensar en lo peor. Él había hecho mal, había desobedecido… pero, pero la forma en que sus padres le miran o le hablaban, le causaba que su corazón le doliera. Sus padres jamás le habían mirado así, ni a ella ni a sus hermanos: una mirada de desaprobación, de vergüenza, de superioridad.
Todavía no anochecía, pero cuando salió al jardín trasero y miró el cielo, pensó que el crepúsculo era hermoso. Escuchaba a las aves de su abuela a lo lejos, trinando hermosamente. Cuando se acercó al aviario, pudo vislumbrar a lo lejos unas botas sobresaliendo.
Al acercarse, se percató de que finalmente había encontrado al niño.— ¡No debiste de hacer eso! ¡Te metiste en problemas! Ahora ya aprend… -Se detuvo en seco.
Cuando le miró, no entendió como un corazón se puede hacer trizas literalmente. Ioan estaba pegado de espaldas contra el cristal del aviario, abrazaba el libro a su pecho, con tanta fuerza que parecía temblar, de ira o de tristeza. Y su mirada, perdida en algún pensamiento, mirando la nada. Pero no lloraba, tampoco tenía los ojos rojos o hinchados, solo estaba en completo silencio.
Erikka se percató, a pesar de la poca luz que restaba del día, que los dorsos de sus manos estaban enrojecidos, y parecían tener marcas extrañas. Cuando se inclinó, su mejilla igual estaba roja, curiosamente trató de acercar la mano cuando él se la apartó de un manotazo.
— Lárgate. -Rugió.
— Constantine…
— Me llamó Ioan, ese es mi nombre ¿entendiste? -Se puso de pie rápidamente.
— No debiste de tirar el plato.
— ¿Eso a ti qué te importa?
— ¡E-es mi plato! ¡De mi familia! -Gruñó, sin saber qué más decir.
— Te puedes comprar otro, ya que eres tan rica.
— ¡Tus padres tienen razón! ¡Eres una mala influencia!
Inmediatamente se sintió mal al decir eso, y el rubio esbozó una sonrisa burlona.
— Alguien tiene que serlo, ¿te has preguntado quién de tu familia es el que da vergüenza? ¿No? Bueno.
— Ioan…
— ¿Qué quieres?
Ella le miró, y pensó que su rostro tan bonito había sido golpeado. Sus padres jamás le habían puesto un dedo encima, no de forma tan horrible como una bofetada. Los ojos plateados se entristecieron, acercándose a él, le sujetó la mano pero el niño no se inmutó, permaneció en aquella indiferencia.
— ¿No tienes hambre? Vamos a las cocinas, siempre me dan lo que quiero.
— No quiero ir.
— No seas así.
— Nunca pensé que iba a conocer alguien tan tonta.
— ¡Oye!
— Te dije que no quiero ir.
— Pero debes de tener hambre.
Después de tanto negarse, harto, accedió a ir con ella con tal de que le dejara en paz. Cuando llegaron a las cocinas, las sirvientas les dieron panecillos con pasas. Erikka gustosa, comenzó a comer el suyo, luego percatandose de que Ioan no lo hacía.
— ¡Estan buenisimos! Comé.
— No.
— ¡Anda, comé!
— ¡No quiero! -Ioan lo tiró y el panecillo se cayó en el suelo. La peliblanca molesta, lo empujó y se agachó a recoger el panecillo.
— ¡No tienes por qué ser tan grosero! Yo solo quería…
— Me obligaste a venir, yo no quería comer.
— Una persona decente acepta la comida de otros.
— Yo no quiero tu comida.
La peliblanca sentía como la ira invadía su pecho, y sus ojos se humedecian del coraje que sentía. Con el dorso de la mano, se secaba las lágrimas.
— Quería que comieras algo, me sentí mal… -Decía con molestia.- ¡Tonto! ¿Por qué tu padre te pega? ¿Te gusta?
— A nadie le gusta, tonta.
— ¡Entonces por qué no obedeces! Así no te pegarian… No debiste de hacer eso, no está bien.
Silencio, silencio mezclado con los sollozos de la niña. ¿Por qué ese niño era tan raro? ¿Por qué era tan pesado? ¿Por qué su interior estaba tan feo si él era hermoso?
— Tengo problemas respiratorios siempre que como dátiles. -Erikka levantó la mirada enrojecida con rastros de lágrimas, sus ojos se cruzaron. Los curiosos ojos del niño parecían amenos, temples.
— ¿Qué?
— No puedo comer los dátiles tonta, en pocas palabras soy alérgico.
— ¡Ya sé que significa eso, genio! Pero…
La cena tenía dátiles, y el panecillo también. Pero, ¿Por qué actuaba así? Era tan tonto, sus padres…. reaccionó.
— ¿Por qué tus padres te querían obligar a comerlo si saben que eres alérgico?
— ¿Lo saben? No lo recuerdo.
— ¿N-no… no lo saben? -Ioan se encogió de hombros indiferentemente. Ella no era alérgica a nada, pero su gemelo sí y sus padres lo sabían. Alekséi no podía comer caviar, ni nada relacionado al mar. Pero siempre lo cuidaban, y pensar que… podía existir alguien que no le importara o siquiera supiera algo acerca de sus hijos. Su corazón se partió en mil pedazos, y las lágrimas que se avecinaban ya no eran de enojo… sino de tristeza.
— Lo siento…
— No quiero tus disculpas, no ha sucedido nada.
— ¿Por qué no les dices?
— No cambiaría en nada… -Sujetó el libro de la mesa y lo puso bajo su brazo.- Me voy.
Erikka lo vio alejarse, y pensó que no era justo, no era justo que no había pasado un sólo día y ya sentía tristeza por ese niño grosero. No dijo nada, y pensó que ya se iba a aburrir de él y mañana no le hablaría.
— Gracias, Erikka.
Esas palabras fueron suficientes, pronunciadas de forma tan dulce. Palabras que jamás pensó existirían en el vocabulario de ese rubio.
Palabras que le llenaron de más curiosidad para conocerle mejor.


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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Mar 13 Oct 2015, 6:58 pm

El día siguiente todo fue mucho más tranquilo; Sebastian y Alekséi habían congeniado extrañamente… y su hermano Andréi solía estar metido en sus estudios, a veces jugaba o a veces acompañaba a su padre a realizar deportes. Nikiya estaba al cuidado de Erikka, pero… Ioan siempre estaba solo, encerrado en la biblioteca.
— Mi hermanito es muy bueno leyendo. -Había dicho Niki de la nada.- Mi abuela dice que los Beisse siempre destacan en distintos talentos, pero más el arte.
— ¿De verdad? -Ella asintió.
— Yo hago ballet, y Sebastian toca el violoncello o estudia mucho.
— ¿Y Ioan?
— Mi abuela dice que no tiene talento, pero él lee mucho, siempre está leyendo… como mi abuelo solía hacer.
— Eso es un talento, leer libros muy difíciles a los cinco no es fácil.
— Mi abuela no piensa eso, dice que las novelas aturden la cabeza, y por eso es igual que mi abuelo. -Entonces sujetó a Erikka del brazo.- ¡Vamos a decirle que nos lea algo!
— Espera… Niki…
— ¡Carisse!
Cuando entraron a la biblioteca, allí, sentado en el sofá, con los pies colgando, se encontraba él. Pensó en la noche anterior, y tuvo ganas de vomitar, su corazón dolía, como si fuese pinchado con agujas.
— Mejor vamos a otro lado, Ni… Carisse.
— Me gusta cuando mi hermano lee, quiero que igual lo escuches. -La rubia se acercó a su hermano, y le jaló de la manga de su camisa.
— ¿Qué quieres, Nikiya?
— ¡Carisse! ¿Y podrías leernos? Por favor.
— No quiero, además sueles interrumpir cuando lo hago.
— Te prometo que no lo haré.
— ¿Podrías  leer, por favor?
Su voz nació inesperadamente, sinceramente quería escucharlo leer. Se sentía tan mal la noche anterior, su mirada llena de dolor e indiferencia, pensó, que quizás quería saber cómo era su mirada haciendo algo que les gustaba.
— Hazlo, y te prometo pedirle a mi abuela que nos deje entrar al aviario a escuchar a las aves cantar.
— Voy a leer pero no tienes que darme nada a cambio.
— ¿No te gusta escuchar a las aves cantar?
— ¿Estás segura de que están cantando? Si estuvieras enjaulada, ¿Cantarías o llorarías?
Aquellas palabras chocaron en el pecho de Erikka como mil golpes, como mil ganchos en el estómago y un baño de agua helada.
— En realidad, las aves lloran… incluso cuando piensas que están cantando.
— ¿V-vas a leer?
— ¿Qué les gustaría que leyera?
Erikka no era muy buena lectora, en realidad, no le gustaba leer. Y tampoco disfrutaba cuando su madre les leía, se aburría. No conocía muchos libros, así que dejó que Nikiya escogiera algo, para variar. La biblioteca había pertenecido a su familia durante mucho tiempo, pero era a su abuela Anastasia y Tatiana quienes adoraban leer.
— ¡Oh, mira! -Nikiya sacó un libro.- Este tiene dibujos, leelo.
— Nikiya, un libro de verdad, no un cuento.
— ¡Pero si siempre me lees cuentos! Por favor… -Le suplicó con un puchero en su rostro. El rubio suspiró y sujeto el libro. Erikka entonces se acostó sobre su espalda, y fijó su mirada en el ventanal, las cortinas de seda roja se levantaban con gracia, mientras que las suaves luces pálidas del día entraban y daban visibilidad a las volutas de polvo arremolinándose en el aire.
Colín estaba muy enfadado y tristón.
Se puso a tirar, a romper y a derramar. A gritar, a llorar, a golpear y a patalear.
Rompió, Astilló, Machaco y Aporreo.
¡Ay, Dios mío! –Dijo su madre- ¿Qué es todo este lío?
Y colín dijo: Soy un zorro pequeño, enfadado y tristón y nadie me quiere de corazón.
Y era cierto, la voz de Ioan era tan clara y tan persuasiva. Erikka se acomodo bien y lo escuchó con toda atención.
-¡Pero Colín! –Dijo su madre.- Enfadado o no, pase lo que pase, siempre te querré de corazón.
Y colín dijo: Y si fuera un oso pardo ¿Todavía me querrías y cuidarías?
-Pues claro. –Dijo su madre.- Seas oso o no, pase lo que pase, siempre te querré de corazón.
- ¿Pase lo que pase? –Dijo Colín, y sonrió.
Erikka entonces hundió su cabeza entre sus brazos, mirando con atención de reojo al rubio con la vista fija en el libro. Su corazón se fue partiendo de poco en poco en cada palabra que él recitaba, y sus ojos se fueron cristalizando en lágrimas. Era tan injusto, era tan injusto que él solo llegó, así de simple, y todo su corazón fue arrebatado por ese niño, ese niño grosero, ese niño de boca filosa, ese niño de ojos hermosos… ese niño solitario, el cual no contaba con nadie más que no fueran sus libros. Ese niño incomprendido, ese niño que se quedaba en silencio y era golpeado por no saber la realidad. Era golpeado, y eso no era justo.
-¿Y el cariño se gasta?-preguntó colín.- ¿Se rompe o se dobla? ¿Se puede coser o pegar? ¿Se puede arreglar?
-Vaya, vaya.- Dijo su madre.- Tantas cosas no sé, pero te aseguro que siempre te querre.
-Pero cuando te vayas y ya no estes conmigo.-Dijo Colín.- ¿Me seguirás queriendo? ¿El cariño sigue vivo?
Mira las estrellas, siguen brillando de noche el año entero, el cariño como su luz, nunca se acaba es duradero.


Las lágrimas escaparon de sus ojos de la nada, y quiso levantarse y abrazar al niño con todas sus fuerzas y decirle que no estaba solo, que tenía un talento para atrapar los corazones ajenos, aunque no pidiera nunca ayuda.
Niki inclinó la cabeza para mirar a la peliblanca, y con su pequeña mano, acarició su cabeza.
— ¿Estás bien, Erikka? ¿Por qué lloras?
Erikka solo sacudió la cabeza sin decir nada más que sollozar, trató de secar sus lágrimas con los dorsos de sus manos, cuando un pañuelo cayó sobre su regazo. Al levantar la mirada, logró ver al niño rubio con un rostro cálido enarcar ambas cejas.
— No llores, pareces una tonta. -Se mofó, mientras esbozaba una sonrisita burlona.- Más de lo que eres.
— ¡Qué malo, Ioan! -Dijo Niki.
Cuando vió su regazo, tomó el pañuelo entre sus manos. Era uno bordado a mano, y tenía un grabado, decía: Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. De Alain Beisse para Ioan.
— No puedo ensuciarlo, parece ser importante.
— No digas tonterías. -Refutó el rubio, guardando el libro nuevamente de donde Niki lo había sacado.
— No son tonterías, no finjas que las cosas no te importan…
— No las finjo. -Fue lo único que dijo.
Pero ella sabía que si, sabía que su forma de reflejar todo lo que sentía era a través de lo que leía. Allí, y sólo allí podía expresar todo lo que se guardaba. Todo el dolor, el sufrimiento y la soledad, todo lo que anhelaba, todo lo que echaba de menos. De una forma extraña, era un libro cerrado, que al leer, se convertía en el libro más previsible del mundo, el más frágil y el más doloroso.
Cuando tomó el pañuelo entre sus manos, había una pequeña flor bordada. Era hermosa, sumamente hermosa. Pasó la yema de su pulgar en el contorno, y pensó, de verdad pensó, que podía sentir el calor guardado en ese trozo de tela. Era una flor con un centro oscuro, y pétalos amarillos, tan amarillos como el sol, tan dorados como el cabello de Ioan.
— Es un girasol. -Explicó al verla tan ensimismada con el bordado. Ella, secándose las lágrimas, entonces miró al niño.
— Es muy bonito.
— Bueno, pareces ser atraída por cosas tan insignificantes. -Le miró con sorna.- ¿Es qué nunca habías visto uno?
— No. -respondió sonrojándose de pena.- ¡Te has tomado mucha confianza, Ioan!
— Creí que ya compartir la comida era un indicio de confianza, Erikka.
Su sonrisa era burlona, era socarrona y aun así, le causaba tanto revuelo a Erikka el poder verla.
— Deberías agradecerme.
— Bueno, gracias. -Se encogió de hombros.- si eso te va a satisfacer y vas a dejar de llorar.
Era la segunda vez que él le daba las gracias, y su pecho floreció con tanta fuerza, que parecía quedarse sin aliento. Se secó las últimas lágrimas que residían en sus ojos, cuando una voz los hizo sobresaltarse.
— ¡Constantine! ¿Has hecho llorar a la pequeña duquesa?
Erikka se volvió hacia la mujer, quien entraba con tanta petulancia y sujetaba al rubio por el brazo.
— ¡Disculpate con ella! -Le gritó. Erikka estaba conmocionada, se quedo sin decir nada. Dirigió su mirada grisacea al heterocromio, quien tenía la mirada perdida. Espero que le dijera que no la había hecho llorar, espero que la madre comprendiera que su hijo no tenía la culpa. Pero no fue así, no iba a suceder de esa forma.
— Di algo… -Susurró en sus adentros, pero Ioan se quedó en completo silencio. Elisse entró ante la conmoción, y para Erikka todo se detuvo, las lágrimas nacieron de sus ojos y recorrieron sus mejillas. Era tan injusto, era tan doloroso, eso no era vida.
Cuando quiso ir con el rubio, su madre la llevo en brazos y lo último que vio fue como Nikiya lloraba, y él era golpeado en las manos, en sus bonitas manos. Se detesto por no poder haber dicho nada, se detesto demasiado porque él no tenía la culpa, él no la había hecho llorar, al menos no de la tristeza. Le hizo llorar porque sus palabras desbordaban tanto dolor, tanto anhelo, que ella pudo palparlo, pudo sentirlo tan fuerte latir dentro de ella. Quería tanto enmendar lo que él había deshecho.
Aquella noche, después de tranquilizarse, se acosto en el regazo de su madre quien le acariciaba el cabello.
— No debiste de estar con él, cielo. -Le dijó su madre.- Sabes que tu abuela no aprueba que estes cerca de los niños.
— Ioan no es malo, mamá.
— No he dicho que él sea malo, simplemente que tu eres una niña y debes de estar con las niñas. -Explicó serenamente.- Eres una duquesa, y debes comportarte como una.
No quiero ser una duquesa. Quiero ser Erikka. Permaneció en silencio, durante un rato, trató de contener las lágrimas, porque el rubio no parecía salir de su cabeza. Estaba allí, tomando todo lo que era de ella, aferrandose a su ser, algo que no entendía.
— ¿Los padres quieren mucho a sus hijos, mamá? -Preguntó Erikka con su voz quebrada. Su madre, respondiendo dijo:
— Por supuesto, los hijos son una bendición.
Y no respondió, no quiso decirle que era mentira. No todos los padres querían a sus hijos, o al menos, eso veía en los padres de Ioan.
Esa noche soñó con Ioan, estaba enjaulado leyendo un libro. Ella no pudo hacer nada para liberarlo.
.
Erikka había corrido, no importando si su abuela la viera, si le regañara porque esas no eran los modales de una duquesa. Había pasado casi una semana desde que no había podido ver a Ioan, su madre no se lo había permitido. Hoy era el día en que los Beisse se irían, y ella quería despedirse del rubio. Se había levantado tan temprano como pudo, no tuvo la necesidad de ser despertada por las nanas. Se vistió, y se peinó… había ido a la biblioteca desde muy temprano, y aunque no supiera nada de ese lugar, sí que sabía que tenía que buscar.
Y cuando lo vio de lejos, lo primero que hizo fue lanzarse y cubrir su cuerpo con sus brazos. Muriendo por dentro, llena de nervios porque jamás en su vida había abrazado a un niño que no fuera de su familia. Y todavía él le ponía los nervios de punta. Quiso aferrarse a él tan fuerte, decirle que todo iba a estar bien, que ella le quería. Que ella iba a protegerle.
— Erikka… -Ella le detuvo en seco.
— No me digas que me voy a meter en problemas, eso ya lo sé… sucede que no me importa. -Respondió ella, sin dejar de apretarlo.
— En realidad te iba a decir que no puedo respirar. -Entonces ella lo soltó, el rubio sacudió su saquito arrugado y levantó la mirada hacia la niña sonrojada.- Bueno, eso fue inesperado. -Esbozó su tan usual sonrisa burlona. Las mejillas de la rubia se intensificaron en aquel rojo brillante, y esquivando la mirada del rubio, se volvió hacia un jarrón cualquiera del recibidor.
— C-cállate. -Extendió su brazo, entregando un libro al niño.
— No lo qui… -Lo volvió a interrumpir.
— Acéptalo, sino, con mi varita te lo voy a pegar donde menos te lo imaginas, no corras el riesgo.
— Las palabras de una duquesa.
Cuando Ioan sujetó el libro, trató de leer el título en ruso, pero no pudo comprenderlo. Era de pasta roja, sin dibujo en la portada.
— Cuando termines de leerlo, es porque ya sabes ruso… y así cuando lo sepas, me podrás enseñar alemán. -Explicó Erikka.- Más te vale aceptarlo, porque me levanté muy temprano para buscarlo y casi no lo encuentro, era de mi abuela Anastasia, así que no puedes rechazarlo o te va a caer un rayo en la cabeza.
— No correré el riesgo, entonces. -Aceptó el rubio finalmente.
— Es historia de dos ciudades.
— Ioan, ya es hora de irnos. -Su hermano se había acercado. Erikka no comprendió como ambos podían ser tan diferentes el uno del otro.
Siguió a ambos hasta el recibidor, donde los trabajadores estaban subiendo sus maletas al carruaje. Nikiya estaba en los brazos de su padre, y su esposa estaba hablando con su madre, agradeciendo por todo.
— Espero poder recibirlos nuevamente. -Dijo su padre, con su usual amabilidad.
— Me encantaría, por el momento tengo unos cuantos trabajos que atender, pero espero pueda venir con mi familia, todos son tan amables. -Agradeció el conde, dando un apretón con su mano libre al brazo de su padre.
— El carruaje está listo, Conde. -Comentó uno de los trabajadores, con una reverencia.
— Pues es hora de irnos.
Después de despedidas y más agradecimientos, los Beisse comenzaron a subir el carruaje.
— ¿Podemos ir a Luxemburgo? -Preguntó Alekséi.- Sebastian me invito a ver su telescopio cuando vayamos a su mansión.
— Algún día, hijo. -Prometió su madre.- Es hora de entrar.
— Mamá… -Musitó Erikka.
— Vamos, Tatiana. -Dijo su abuela severamente.- Es hora de entrar.
Erikka no pudo aguantarlo, y soltándose de la mano de su madre, corrió escalinata abajo y tomando una gran bocanada de aire, se detuvo y gritó:
— ¡Tienes que regresar el libro o no te volveré a hablar nunca! ¿Entendiste, cabeza hueca?
— ¡Erikka! -Exclamó su abuela con reproche.
Lo último que vio, antes de que las nanas la llevaran de vuelta al palacio, fue como los labios del rubio se curvaban en una sincera sonrisa. Sus ojos se habían transformado en lo más tierno que jamás haya visto antes, un sentimiento tan ameno, tan honesto. Su corazón dio un fuerte latido, que pensó que iba a salirse de su pecho o huir por su garganta. Se quedó petrificada en su bello rostro, que lo siguiente que iba a decir se quedó atorado en su garganta, la dejo sin palabras.
No comas dátiles, escríbeme con frecuencia, aprende ruso, escoge un libro que pienses que va a gustarme y te juró que leeré más seguido, no te sientes solo en la biblioteca, no rompas los platos aunque no te guste la comida.
Eran tantas cosas que Erikka quería decirle, y no tuvo la oportunidad.
— Por favor, vuelve… -Susurró la peliblanca, y el rubio finalmente había subido al carruaje mientras esté se levantaba en alto gracias a los abraxanes.- Tienes que volver.
— Duquesa, tiene que entrar. -Había dicho una de las nanas. Pero la niña no había obedecido, quiso permanecer allí hasta que el carruaje se hubiese borrado de su vista, se hubiese alejado. Quería con tanta añoranza guardar el recuerdo de Ioan tan dentro de sí misma, que no quería admitir que ya se había ido. Y así como uno se quedaba dormido, tan simple, tan sencillo. Sus cinco cosas favoritas ya estaban completas, porque ahora lo que más le gustaba era que Ioan le leyera, y ya no le gustaba nada más que esas cinco cosas. Quiso ser ella quien abriera la puerta de la jaula, quiso ser ella quien lo escuchara trinar una melodía porque estaba feliz, y no porque estaba llorando. Deseo con tantas fuerzas ser ella quien lo salvara, y sabía, aunque no fuese una experta, lo que había pasado. En el momento en que él llegó, en el segundo en que sus miradas se cruzaron, y en el instante en que las palabras nacieron de su boca, que había pasado sin que ella no esperara.
Se había enamorado del pájaro enjaulado.
.


Cuando abrió los ojos aquella mañana, jamás había pensado que pudiese ser tan helada. Al levantarse, notó con tristeza que los girasoles se habían marchitado durante la noche, y se levantó de su cama, con los pies tocando el suelo helado. Cuando quito la cubierta del dibujo, recorrió los dedos en el rostro de aquella persona, sintiendo como su pecho se estremecía. Pensó en la forma en que lo había besado la noche anterior, y la manera en que lo había conocido, incluso sonrió para si misma.
Vuelve.
Aquellas palabras se mezclaron, lo que deseo para el muchacho del cabello rubio girasol, tanto como lo que deseo de niña al ver como el niño de los ojos bicolor se alejaba en el cielo. Cruzó la mirada a su pared llena de dibujos, y encontró aquellos ojos mirándola.
Nunca había regresado, y no volvió a saber de él. No supo si seguía siendo un prisionero en aquella jaula, y jamás había podido liberarlo, deseo todos los días y todas las noches que él estuviera bien.
— Los girasoles siempre mueren si no hay sol... -Musitó, viendo como los últimos pétalos marchitos se desprendían y caían sobre sus pies. Pensó en Terry Maddox, y en sus ojos dulces. Y pensó en el aviario del palacio de invierno, ojala los pájaros jamás tuviesen que ser enjaulados.
No importaba si tuvieran que admirar su belleza desde lejos.
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Vie 16 Oct 2015, 11:18 pm


Blue is for freedom
WHAT IF YOUR'RE MAKING ME ALL THAT I WAS MEANT TO BE?
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Sábado. 08:10 a.m

El viento chocó contra su rostro, enrojeciendo la piel blanca y causando un cosquilleo en la punta de la nariz. Frotó sus manos bajo los guantes y entró al castillo, después de haber ido al lechucero para mandar una carta a su hermana.
El día estaba bastante agitado, el comedor estaba más ruidoso que nunca. Pero lo más importante era que el día de hoy servirían pan francés, y eso era lo que más feliz le ponía. Bajando su mascada roja, se sentó en la mesa de los leones.
— ¡Buenos días! -El azabache dejó escapar un gélido aliento, y sus cabellos revueltos cayeron sobre su frente.- El día está helado.
— ¿Y a quién le importa? -Refutó James con sorna.
— A alguien a quien evidentemente no me dirigía. -Respondió Ame, pronunciando su sonrisa. El castaño simplemente refunfuño, bebiendo un vaso de jugo de calabaza.- ¡Eh, Ted! ¿No estás nervioso por la prueba de hoy?
— Me había olvidado completamente de ella hasta que la sacaste al tema, Ame. -Gruñó el ojiverde, sarcásticamente.- Muchas gracias.
— No hay de que, cuando quieras. -Respondió inocente, untando mantequilla al pan francés.
— Creo que Malfoy se ha rendido contigo, no comprendo como no hay autoridad suficiente para decirte que esta no es tu mesa. -Inquirió James.- ¿Qué no has escuchado del orgullo Slytherin?
— Uh, no realmente. -Le dio una mordida al pan desinteresado a lo que James le decía.- Vaya, qué buena tostada… Debería guardar unas en una servilleta para llevarlas al evento. -Dijo para sí mismo, poniendo cuatro tostadas dentro de una servilleta y guardandolas en el bolsillo de su suéter. Ame estaba tan poco acostumbrado al frío, que parecía ser de los pocos que traían ropa de frío, la nieve se había ido por completo, solo dejando secuelas de aire helado y humedad.
Era el segundo evento para llevar a cabo el Torneo de los tres magos. Era un sábado por la mañana, y todos utilizaban ropas con los colores representativos de cada escuela. Ame entonces optó por utilizar la mascada roja (aunque siempre la llevaba), y así apoyar a su nuevo colegio.
Ted había estado recordando algunos hechizos para defensa, aunque Ame no estuviese quieto en la biblioteca, era más soportable.
— ¿Qué tal si los quemas? -Sugirió el azabache.
— Eso es descalificación, Ame. -Explicó Ted.
— Oh, bueno, hubiese sido genial. -Musitó decepcionado.
— Empiezo a pensar que debajo de esa sonrisa tienes una mente de psicópata.
— Qué malo, jamás haría algo tan cruel… Bueno, aunque si lo utilizara para James, me divertiría muchísimo.
Ted, con mucha fuerza de voluntad escondió la sonrisa que se avecinaba, y permaneció serio, leyendo los libros en la biblioteca. No era experto en duelos, o al menos eso pensaba, quizás si practicaba un poco, pudiese ser más rápido. La única ventaja que tenía era que le era fácil utilizar hechizos no verbales a una velocidad bastante rápida y así nadie tendría idea que se avecinaba desde su varita.
— Estoy tan emocionado. -Exclamó el azabache con alegría, no conteniendo su excitación.- Recuerda Ted, que aunque pierdas, siempre te consideraremos un campeón.
James trató de suprimir la risa burlona, y el castaño lo fulmino con la mirada, y luego dejó escapar un suspiro entre dientes.
— No me son de gran ayuda, ninguno de los dos… -Se puso de pie.- Mejor voy a despejar un poco mi cabeza.
— Uh, bye-bye.
Y esta vez Ame no se movió ni fue detrás de él, sino que continuó disfrutando del desayuno. Sabía perfectamente que esta vez necesitaba su espacio. Miro a James de soslayo, y después ambos chocaron sus miradas, el castaño gruño.
— ¿Qué me miras?
— ¿Y tú no piensas irte? -James abrió los ojos de par en par, y después frunció el ceño. Ame sonrió socarronamente.
— ¡Por supuesto que no! Es mi mesa, aquí donde debo estar… porque soy Gryffindor. -Añadió.- Y aquí es donde debo sentarme. -Recalcó, señalando con su dedo índice la mesa.
— Perfecta explicación, Jimmy.
— ¡James! ¿Cuántas veces tengo que decir que soy James y no Jimmy? -Se levantó de la mesa gruñendo.- ¡Por Merlín! Si me ponen un nombre, llamenme por ese mismo… malditos sobrenombres.
— Bye-bye Jimmy.
El chico era divertido. Pensó Ame, bebiendo zumo de calabaza. El comedor se iba desocupando de poco en poco, la prueba sería a las cinco, después del almuerzo. El azabache no podía contener su emoción, porque finalmente se sentía parte de algo. Su escuela anterior era tan cuadrada, tan gris, tan absurda.
Eres raro. Eres tonto. Das pena. 
Cuando se puso de pie, protegiendo las tostadas envueltas en la servilleta dentro de su bolsillo, lo que más le llamó la atención fue una melena rizada de cabello rubio fresa. Ese peculiar color de cabello.
La chica continuaba sentada en la mesa, con un pan a medio comer untado con mermelada en su plato, y el vaso de agua vacío. Estaba demasiado concentrada escribiendo, tachando, borrando y leyendo su libreta, que al azabache le causo cierta gracia que frunciera la nariz llena de pecas.
Luego, la chica dejó el lápiz a un lado y suspiró, parecía tan absorta en su propia cabeza. Y luego, parecía querer entender la de los demás, solo mirando sus acciones, sus movimientos, queriendo leer y predecir sus pensamientos. Ame se inclinó sobre su hombro, mirando con curiosidad su libreta, llena de restos de la goma de borrar. Y le trajo recuerdos, le trajo tantos recuerdos, que le hizo sonreír.
— ¿Eres escritora?
La chica soltó un pequeño grito, e inmediatamente cubrió con sus brazos la libreta. Cuando echó la cabeza hacía atrás, los ojos esmeralda con un rastro de sorpresa chocaron con los color miel.
— ¡Me asustaste! ¿Quién te crees?
— Ame.
— Eso no es una respuesta. -Refutó, y el azabache pronunció su sonrisa.
— Lo es para mi, ¿Qué escribes?
— N-nada.
— No parece que no escribas nada, es más… parece que escribes todo.
Cuando la rubia lo miró fijamente, pensó que no había visto tan a fondo al muchacho, aunque sí había escuchado de él. Se trataba del nuevo estudiante de intercambio, el que siempre estaba a lado de Ted. de Ted… y ahora, estaba allí, frente a ella.
Le dio gracia que su nariz fuera tan pequeña, y sus ojos eran distintos, peculiares, muy bonitos, pensó.
— ¿Te llamas Ame? -Preguntó la rubia con mucha curiosidad, tan natural en su persona.
—¡Si! -Respondió contento.- Aizawa Ame. -Inclinó la cabeza en una reverencia bastante informal, parecía tener bastante energía.
— Yo soy Kaia. Kaia Potter.
— ¿Potter? -Sus ojos se abrieron sorprendidos.- ¡No! ¿Eres la hermana de James Potter? ¿Ese James Potter?
— S-supongo.
— Bueno, tu si me agradas. -Pronunció su sonrisa.
— James debe de estar muerto de orgullo, no soporta que alguien no guste de él… -Musitó la rubia. Suspiró, volviéndose hacia el azabache.- Bienvenido a Hogwarts, Ame.
Ame completamente feliz, sujeto a la rubia de ambas mejillas y las pellizco, causando que se pusieran rojas.
— Muchas gracias, Kaia Potter. -Soltó sus mejillas.- Tengo que irme, hablamos luego. -Le revolvió los mechones sueltos de la frente.- ¡Bye-bye!  -Se despidió con energía.
Kaia se sujetó las mejillas rojas y adoloridas, mirando cómo el muchacho se iba de allí, hecho una figurilla de alegría. No pudo evitar pensar, que su energía también se fundía en ella, era completamente contagiosa.
Y mientras tanto, Ame se iba alegremente, porque por primera vez en su vida, formaba parte de algo importante.
Habían sido amables con él.
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Ted había comenzado a susurrar los hechizos por lo bajo, tratando de aferrarse a ellos con mucha fuerza. Caminaba de un lado hacia otro, tenía que salir bien o al menos no salir tan lastimado. La prueba sería al atardecer, y en lo único que pensaba ahora no era en ello, sino en un par de ojos color esmeralda.
El estómago continuaba encogiéndose cada vez que la veía, y de mil formas podía sentirse complacido. Viéndola leer, o viéndola escribir. Le gustaba la forma en que se rascaba las pecas de la nariz porque no concebía algo que le gustara en su escritura, y se preguntaba qué era lo que pasaba por su cabeza. La rubia no era un misterio, siempre era un libro abierto, pero a la hora de escribir, nunca podrías predecir las cosas que ella maquilaba en su cabeza.
— ¡Eh, cabeza azul! –Sintió un golpe fuerte en su espalda que le causó que tosiera. Cuando el castaño se volvió, vio a la chica desde arriba y enarcó una ceja.- ¡A mí no me pones esa cara de sabelotodo, sabelotodo!
— No he puesto ninguna cara. –Explicó serenamente.
— Siempre has sido bueno guardándote los sentimientos como una piedra, seguramente por dentro te has de estar muriendo de nervios. –Rió burlonamente. El castaño entonces esbozó una leve sonrisa, y se encogió de hombros.
— Quizás, Wanda. –Suspiró para sí mismo.- Quizás se me dé bien mentir.
Mentir. La palabra le supo amarga en la boca. Entonces se sentó en una de las bancas que daba al patio trasero, el cual llevaba al bosque. El aire sopló contra su rostro, y no pudo evitar asociar aquella brisa con los nomeolvides. Sintió como la sonrisa melancólica se extendía por su rostro tranquilo y cerró los ojos.
Quizá, Wanda. -Ella había repetido sacando el pecho y engrosando la voz en son de burla- Dejame informarte que el único punto que tienes es que no se te da para nada bien mentir… además eres un debilucho, apenas y te he tocado. -Suspiró entonces, y con una ceja enarcada toda la burla de su expresión desapareció.
— Aunque no me creas capaz de ello esta vez te hablo en serio -le dijo, colocando una mano en su hombro.— ¿como estas? -Cruzó los brazos sobre el pecho entonces.
— A punto de ser víctima de un crucio o algo peor, supongo. -Respondió indiferentemente.- Sea ilegal o no, así lo siento. -Y se sorprendió por haber sido demasiado honesto y directo, normalmente no mentía, pero tampoco decía todo lo que solía pensar. Quizás se estaba juntando mucho con Ame.
Lo maldijo en sus adentros.
Permaneció viendo como el sol se ponía, aunque era una esfera de luz pálida, le recordaba a los días en el campo, en la casa de sus abuelos. Jamás se concibió en una ciudad, aunque a su abuelo le hubiese encantado, tenía esa actitud de Andrómeda, eran bastante hogareños, y adoraban el campo como ninguna otra cosa. Pensó en aquel día en que encontró el libro, y quiso sonreír, aunque lo evitó, y pensó en voz alta.
— Un día recuerdo haberle preguntado a mi abuelo qué significa crear lazos… -dijo de la nada, y después se detuvo, completamente avergonzado. Incluso trató de simular la sangre acumularse en sus mejillas, y mentiría que era causa del frío. Sacudió la cabeza y se tallo el puente de la nariz con los dedos.
Frunció el ceño a aquella repentina declaración, que no veía cómo  se relacionaba con su pregunta...Pero de cualquier manera se acercó y dio su respuesta en voz baja.
—¿Y qué significa para ti?—Susurró.
Todo. Exclamaba una voz en sus adentros, clamando por salir de su boca con tanta insistencia. Significaba todo, su credo; en lo que creía y añoraba. Era su miedo y su anhelo. Era tantas cosas, era algo tan complicado y era algo tan simple al mismo tiempo. Eran tantas palabras dentro de su cabeza que su boca no sabía cómo explicarlas.
— No lo sé. -Resumió sencillamente.- No lo comprendo todavía.
Aunque una parte de él parecía ser experto en esa sencilla frase, y su mente rebuscada trataba de explicarla con la espiritualidad dentro de sí. Había buscado su significado durante un tiempo, y unas sencillas nomeolvides le hicieron ver la realidad. Le hicieron comprender y añorar ese significado, que se aferró a él con todas sus fuerzas, no dándose cuenta que se escapaba de entre sus dedos lentamente.
— O quizás no sepa cómo explicarlo. -Añadió finalmente, y dejando el mentón caer sobre la palma de su mano, entonces cerró sus ojos y dejo que la brisa acariciara su rostro.
— ¿Quieres saber lo que pienso? -Le preguntó como si le estuviese dando una opción realmente, se aclaró la garganta y dio un apretón al hombro del castaño.- Que tienes que dejar de intentar buscarle una definición a lo que se siente, no te conseguirás más que una buena jaqueca.
— Bueno. –Ted se rasco la nuca, rizando más los mechones de cabello.- No es algo que haga queriendo, simplemente así pienso. –Se puso de pie, a lo que ella también lo hizo.
— Bueno, para tener pensamientos tan profundos últimamente pareces decir no mucho más que monosílabos. -Dejó caer las manos severamente a ambos lados de la cintura— Y mucho menos dedicarte a escuchar los consejos de la gente. -Sin aviso alguno entonces le dio un golpe medianamente afinado por detrás de la cabeza. — Esa por todas las que me debes. -Le miró significativamente con un suspiro.
El castaño tan sereno como solía ser mientras se tallaba la nuca donde Wanda le había golpeado, volvió la mirada y suspiró agotadamente. Se cruzó de brazos y se inclinó un poco.
— ¿Qué haces ahí escondido? -Preguntó a lo que parecía la nada, no recibió respuesta.- Vamos, sal.
Entonces un muchacho de cabello azabache se inclinó un poco, asomando la cabeza de detrás del pilar. Escrutó la escena y entonces sacudió la cabeza, a lo cual Ted puso los ojos en blanco.
— ¿No vas a venir?
— Ella tiene mucha madera. -Musitó con una mueca en la boca, con la mirada miel sobre Wanda, quien enarcaba ambas cejas sin entender.
— ¿Qué? -Exclamaron al unísono.
— El agua y la madera causan mala suerte si están juntos, son opuestos. -Frunció el ceño.- Deberías saberlo.
— Si, cualquiera lo sabría. -Respondió el castaño sarcásticamente. Lentamente, el azabache salió de su escondite, sin quitar la mirada de Wanda, como si vigilara que nada malo le pasara, con temor en sus ojos.
— ¿Y bien? -Wanda enarcó una ceja.
— Ted, me está hablando.
— Por supuesto que te estoy hablando.
— Ted, no sé qué decir… ¿Y si me golpea?
— ¡Estoy enfrente de ti!
— Por eso lo digo. -Trató de esconderse detrás de Ted, quien era un poco más alto que el azabache.
— ¡Eh, que no te voy a golpear!
— Los que tienen madera no son muy confiables.
— ¡Yo no tengo madera!
— Si, mucha.
— Eres raro. -Bufó, irritada.
— Me recuerdas a mi abuela.
Ted entonces trató de ocultar la sonrisa en su rostro, pero no pudo evitarlo. La risa comenzaba a manar de su boca.
— ¡Pero si no es gracioso! -Inquirió Ame.- Me da miedo.
Y la risa nació, así de simple. Tan sincera, como rara vez había sido. Ame entonces se fijó en el castaño, porque incluso para él era extraño escucharlo reír.
Los rizos comenzaban a tornarse azules.
Se sintió un poco liberado, se sintió como si fuese completamente libre. Como si no tuviese nada que fingir, nada en qué mentir.
La azabache no hace mas que sonreir apesar de que la han comparado con alguien del milenio pasado, vuelve a darle entonces un golpecito al, ahora al muchacho de cabellos azules. Esta vez más como una muestra de cariño que otra cosa.
— ¿Sabes? -Le dijo con una ceja enarcada. — La cabeza azul nunca te quedo mal. -Bufó humorísticamente. — Antes que le agarraras el gusto a eso de la seriedad.
El castaño percatandose de ello, entonces volvió a tornar sus cabellos al castaño, intentando evitar las miradas divertidas de ellos.
— Oh, pero si yo sabía que tenías algo de agua en ese interior de metal.
— Escucha, tienes que dejar eso de la madera y agua, o lo que sea… -Ted le fulminó con la mirada.
— ¡Pero si es verdad! -Inquirió el azabache levantando ambas manos, y cuando se hizo hacia atrás, chocando con Wanda, saltó como un gato asustado.- ¡Madera! ¡Madera! No me golpees. -Se cubrió los ojos con las manos empuñadas.
— Te acostumbras cuando no deja de acosarte. -Explicó el castaño indiferentemente.
— ¿Acosarte? ¿Yo? Tu eras el que me estaba esperando el primer día que llegué.
— ¿Vas a seguir insistiendo en eso? -Gruñó.- Nadie te estaba esperando.
— Ah, lo dice porque es muy orgulloso. -Sonrió Ame, rodeando con su brazo los hombros de Ted a lo cual este se alejó.- ¡Oye! ¿A dónde vas? ¡No huyas!
— Es hora del almuerzo, y no me sigas.
— ¡Pero si yo también tengo hambre! Vamos madera… -Se dirigió a Wanda.- Sólo que manten 5 centímetros de distancia.
— Tengo un nombre, ¿lo sabes? -Inquirió indignada. — Me llamo Wanda, y no te voy a morder. -Sus ojos cambiando de color con irritación, ya tenía suficiente de que los demás la trataran como si fuera un bicho rabioso. — ¿Y tu eres? digo… Aparte de un acosador, aparentemente. -Bromeó.
Al instante, el azabache se olvidó de ser supersticioso y soltó un gemido de emoción, acercando su rostro curioso al de Wanda, señalando sus ojos.
— ¡Haces lo mismo que Ted, Wanda! Vaya, yo también quiero hacerlo… ¿Se puede aprender? ¿Me enseñas? -Suplicó como un niño pequeño.- Soy Ame, Aizawa Ame. -Extendió la mano para saludarla con un apretón.
La azabache enarco una ceja irónica.
—Vaya, hace rato estabas llamando… madera… -Dijo sin entender. — Y ahora quieres que te enseñe cosas. -Se volvió entonces a Ted. —¿Estás seguro de que no está tocado de la cabeza?. -Inquirió sin total seriedad.
— Creo que él es así de naturaleza. -Explicó Ted.
— ¿Entonces no me vas a enseñar? -Preguntó el azabache ignorando la broma.- Los madera son muy malos. -Puso una mueca en su rostro.
— Me temo decirte que no puede aprenderse. -Dijo la azabache, riendo ligeramente a pesar de sí misma. — Es un dolor de cabeza de todos modos, a veces pasa sin que quieras que lo haga. -Cruzó los brazos sobre el pecho.
— Aw. -Hizo una mueca con la boca.
— Además ¿quien eres tu para catalogarme de mala si no has estado a más de “cinco centímetros” de mi? -Bufó y apretó los labios. — Yo por ejemplo podría decir que me das impresion de  sobre dramático. —Le dio un rápido pellizco burlón al costado del hombro, para ver si saltaba cual gato como antes, a lo cual evidentemente lo hizo, saltando un paso hacia atrás.
— ¡Una semana de mala suerte! -Inquirió.- Y yo que le había puesto 50 yenes a mi gato para  tener suerte en la clase de pociones del lunes. -Suspiró tristemente.
— Además si yo te doy miedo, no se como vas a sentarte a ver la prueba. -Enarcó ambas cejas burlonamente. — La última quimera era más fea que yo seguramente.
— Las quimeras no son malas, simplemente hay que saber donde pellizcar. -Miró a Wanda, y le fulminó con la mirada, con poca suerte, porque su rostro no se prestaba para expresiones despectivas.- Tu personalidad tiene mucha madera, y la mia tiene mucha agua, mi hermana dice que cuando ambos se encuentran, están destinados a tener mala suerte, y es más que cierto. -Levantó el dedo índice.- Mi abuela tiene mucha madera y la última vez que ambos chocamos, el tatami de la sala estaba siendo comido por un trol. -Dijo, con mucha seguridad en sus descabelladas historias.- Así que si, Ted… hoy vas a tener que estar con la frente en alto, sea lo que sea... ¿Ted? ¿Ted?! -Se volvió para ver al muchacho que se estaba alejando a través del pasillo.- ¿Por qué te vas sin avisar? -Se volvió a ver a Wanda.- Vamos, quizás si comemos algo con sal la mala suerte se posponga para después. -Esbozó una sonrisa, mostrando su dentadura y entrecerrando más sus alargados ojos.- Vamos madera, creo que al final, no eres tan mala… Pero me sigues dando miedo.
—¡Vaya, un placer conocerte también!. -Había dicho sardónicamente y con un bufido. — Ahora  muévete, de aquí a que lo alcancemos se desvanece. -Y cruzando los brazos sobre el pecho dio un paso en frente  del muchacho y se dedicó a caminar solo unos centímetros delante. — De paso, jamás vuelvas a compararme con tu abuela, si vuelves a hacerlo de verdad voy a golpearte. — Advirtió con simpleza. El azabache tragó saliva y trató de caminar lo más rápido posible.
— ¡No me dejes solo, Ted! -Gritó, tratando de alcanzar al azabache y quitar la mala suerte que ya traía encima. Seguramente hoy pasaba algo malo.
Luego le pondría más yenes a su gato de la suerte, sólo para comprobar.
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Ananda trató de correr, huyendo de todo el mal que ella había deseado probar con antelación. Se sintió culpable, porque por su culpa, Desna era prisionero… estaba tomando su lugar. Ella debía de estar allí y no él. No él.
Arrancó la hoja, y gruñó por lo bajo. La rubia se había rascado las pecas de la nariz, frunciendo el ceño porque no concebía un buen final para la historia que había comenzado. Nunca pensó que ser escritor era tan difícil, quizás había sido muy buena idea tener una segunda opción, pero no se iba a rendir tan fácilmente.
— ¿Qué rayos tenía en la cabeza de niña para inventarme todas estas historias? -Acunó su cabeza entre sus brazos.
Pero en realidad, su cabeza se encontraba en otra parte. Pensando completamente en la prueba, más que en su escrito. El viento entonces causó que las hojas de su libreta cambiarán, y en el momento en que lo detuvo su corazón también lo hizo.
La rubia recorrió aquellos trazos con sus dedos, sintiendo algo cálido dentro de su pecho. Una nostalgia palpable, era un dibujo que había hecho años atrás… un niño de cabello azul y ojos verdes. Trató de contener los recuerdos que se desbordaban pero no pudo, porque él siempre había sido el niño de sus libros, él siempre había sido Desna. Ted era el antihéroe del que tanto tiempo había estado tan aferrada, pensando que era suyo. Pero él era solo alguien tan lejano, tan irreal.
Me gustas mucho, quizás más que eso.
Sus mejillas se encendieron ante el recuerdo.
— Kaia, ¿No vas al comedor? -Había preguntado Noah, entonces ella se volvió mientras cerraba el cuaderno.
— Sí, aunque estoy sufriendo con este trabajo. -Trató de bromear, el chico esbozó una sonrisa.
— Bueno, vas a lograrlo, lo verás.
Pero no se sintió del todo satisfecha, cabello azul. Nomeolvides.
Aquellos extraños ojos que solo una vez en la vida pudo ver.
Risas.
Cuando levantó la mirada, a lo lejos logró verlo. Siempre podría distinguirlo, incluso si estuviera oscuro. Y sus rizos, eran azules. Eran azules, y su pecho se llenó de tantos sentimientos, que le causaron revuelo. No pudo evitar sonreír ella también, quizás no era tarde para recuperar a ese niño.
Se sintió mal porque no era ella quien lo traía de vuelta, pero agradecería a esa persona si de verdad lo lograba. Porque quería volver a ver a ese niño alegre, y un poco testarudo y necio, a ese niño de buen corazón.
— Seguro que si. -Respondió finalmente en un suspiró.- Se va a acabar el zumo de mango, mejor vamos.
No se había dado cuenta de que a lo lejos, alguien estaba observando, con el corazón lleno de furia.
Él iba a estar bien, se repitió.
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El almuerzo fue difícil de comer, pero trató de hacer el mayor esfuerzo posible porque iba a necesitarlo para más tarde, y también, porque no quería que los demás vieran que estaba nervioso, pues tenía sus ventajas ser tan inexpresivo o al menos, fingir bien que lo era.
— ¡Bebe esto, Ted!
El castaño no lo escucho, en realidad tomó el vaso por puro impulso para lograr tragar la mortadela de su emparedado, y entonces un sabor extraño cruzó su garganta, cambiando a lo amargo y viscoso. Cubrió su boca con su antebrazo, para evitar escupirlo.
— ¿Qué rayos es esto? -Se volvió hacia el azabache, quien esbozaba una sonrisa.
— ¡Pues es obvio que es té de de papa y rábano! Lo acabo de hacer, sirve para el estrés y los nervios… el rábano era para darle mejor sabor.
— ¿Qué?
— Te dije que es té de papa y rábano. -Repitió.
— Ya te había escuchado la primera vez.
— ¿Entonces por qué me vuelves a preguntar? ¡Té de papa y rábano! ¡Es té de papa y rábano ! -Señaló la taza.- ¿Qué le ves de extraño?
— Absolutamente todo.
— Bébelo todo.
— No me lo voy a beber, sabe horrible.
— No dije que fuera a saber bien, solo que te va a ayudar a tranquilizarte.
— ¿De qué hablan? -James se había sentado frente a Ame, y esté le ofreció la taza.
— Ted estaba diciendo lo delicioso que sabe este té, ¿quieres probar?
— Pues no lo quiero. -Gruñó el chocolate.
— Entonces lo beberé yo. -Respondió el azabache, jalando la taza cuando James se la arrebató.
— ¡Dame acá!
En el momento en que lo bebió, escupió el líquido a través de su boca y su nariz, causando una ola de risas en la mesa de los leones. El azabache había estallado a carcajadas al ver el rostro enrojecido de enojo del chocolate. Y nuevamente, el castaño cubrió su boca para contener la risa que estaba saliendo levemente de su boca.
— Tú… -Fue interrumpido por la voz de la profesora Vercelli, quien se acercaba al comedor.
— Lupin, los campeones ya se están reuniendo, es hora.
El castaño respiro hondo, y se puso de pie, sintiendo las miradas recaer sobre su espalda con tanto peso, que se le hizo un nudo en la garganta.
Su propio instinto hizo que volviera la cabeza para mirar atrás. El azabache le había dedicado una enorme sonrisa, y levantando los pulgares había dicho algo que no comprendió. James había hecho un gesto extraño con los brazos, y Wanda había cambiado su color de ojos, en muestra de fuerza. Tenía terror, por primera vez lo admitía y no supo cómo sus sentimientos ahora eran tan certeros, cuando siempre incluso para él eran un completo misterio.
Pero antes de volverse al frente, su corazón dio un vuelco cuando sus ojos se cruzaron con los esmeralda, y sus labios se curvaban en una sonrisa de ánimo en el redondo rostro pecoso.
Gana.
Fue lo que sus labios pronunciaron, y se aferró tanto a esa palabra. Tanto, tanto como su propio aliento le permitió. Sintió sus mejillas estallar en rojo carmesí, y su cuerpo revolverse de regocijo, era extraño ese sentimiento. Muy extraño.
Cuando se volvió, los nervios habían desaparecido, y se preguntó mil veces la razón. Quizás había sido esa simple palabra y esa sencilla sonrisa.
O quizás, simplemente haya sido el asqueroso té de Ame.



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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Sáb 17 Oct 2015, 10:24 pm


Through the fire
IGNITE MY HEART?
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— ¿No te molesta que ese tipo raro te siga a todos lados?
Levantó la mirada hacía la chica de cabello negro quien de la nada le había dirigido la palabra. Olvidó completamente que el colegio de Salem se sentaban en la misma mesa que ellos.
— ¿Cómo?
— Ya sabes, el asiático extraño que siempre anda detrás de ti. -Ella dejó escapar una risita, cubriéndose la boca con la muñeca.- Es divertido reírse de él aunque piensa que nos reímos con él.
El castaño frunció el ceño en ese momento, y trató de ignorar a la pelinegra, pero está continuaba hablando y hablando en el transcurso del camino al campo de quidditch. Los otros campeones estaban en silencio.
— En realidad me importa poco lo que pienses, y preferiría no escucharte.
El rostro de Harmony empalideció al escuchar al silencioso chico hablar con tanto filo, incluso él mismo se había sorprendido un poco.
— Bien, debemos entrar por el lado posterior, allí nos encontraremos con el señor Sykes y a la directora Mcgonagall. -Indicó la profesora.
Al entrar, el castaño no reconoció el campo de quidditch. Podría estar incluso más diferente que el anterior diseño para la primera prueba. Los aros habían sido quitados, quizás por protección, y el lugar de las gradas estaba siendo cubierto de hechizos protectores, en dado caso de que algún ataque se desviara hacia el público. Había muchas rocas grandes con superficie plana en el suelo, entonces Sykes se acercó a ellos, con su usal porte frío.
— Bienvenidos a la segunda prueba. -Dijó con su voz firme y monótona.- La llave que consiguieron, la van a necesitar para esta prueba. -Puso sus manos detrás de su espalda.- Solo se permiten varitas, y nada más. No hechizos de fuego, ni tampoco se permiten maleficios. Lo único que necesitaran es tirar al oponente, y con eso bastara, y tendrán que llegar al cofre antes de que eso suceda.
— ¿Tirar? ¿De qué habla? -Harmony había fruncido el ceño.
— Lo verá en unos minutos, es momento de tomar posiciones. 
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— ¡Oh! ¡Esto va a serr alucinante! -Erikka había exclamado emocionada.- Muerro porr verr cómo va a serr la segunda prrueba.
— Me preocupa un poco. -Musitó Kaia.- Si la primera fue horrible, no me quiero imaginar esta.
— Oh vamos, la prrimerra fue juego de niños. -Sonrió.- Mi abuelo solía cazarr a las químerras cada vez que viajaba, solo de un tirro.
Todos se estaban reuniendo en el campo de quidditch, una mezcla de colores oscuros y brillantes. El cielo era de un color gris peltre, y el aire completamente helado. Era extraño, el revuelo que sentía en su pecho.
Por favor, gana. Suplicaba su mente, porque de una u otra forma, él estaría bien.
Él iba a estar bien. Se repetía una y otra vez.
Siempre estaba bien, siempre había sido fuerte aunque fuera frágil por dentro. Siempre había tenido un gran corazón, aunque estuviese roto por dentro.
— Vamos.
Cuando entraron, trataron de acomodarse en las gradas mientras eran empujadas por los otros alumnos. Cuando Erikka se volvió a un extremo, sus ojos inmediatamente se abrieron al ver al hermano de Terry, e inmediatamente se hizo chiquita en su asiento.
Recordó los girasoles que murieron en su habitación, y el dibujo sin terminar del lienzo. Y recordó el olor a almizcle y lluvia que llevaba consigo.
— ¿Quieres darte prisa, Jimmy? ¡Nos van a quitar los mejores lugares!
— Todos los lugares tienen la misma vista, y por otro lado, ¿Por qué rayos tienes que venir conmigo?
— Tú eres el que ha venido conmigo.
— Por supuesto que no. -James había gruñido.- Además, no hubiésemos llegado tarde si no hubieses corrido a tu habitación.
— ¡Necesitaba ponerle 20 yenes a mi gato de la suerte! Y jamás te pedí que me esperaras.
— Y-yo no te estuve esperando, fue pura casualidad.
— Ted y tu son demasiado orgullosos para admitir que les caigo demasiado bien. -Río.
— ¿Caerle bien a quién?!
— Ah, que tierno eres.
— ¡De tierno nada! ¿A dónde crees que vas? ¡Esa grada es para los Gryffindor!
— ¿Crees que vendan dulces? Quiero unas ranas de chocolate. -Se preguntó, ignorándolo por completo.
— ¡Te estoy hablando!
— ¿Ya terminaste de quejarte? -Enarcó ambas cejas.
— Pero yo…
— Vamos, ya va a iniciar.
Los dos subieron, James haciendo un berrinche silencioso detrás del azabache quien sonreía alegremente, y preguntando si habrá servido ir corriendo a su habitación y pedir porque a Ted le vaya bien. Jamás había presenciado un torneo, pero si había escuchado que eran completamente peligrosos.
— ¡Ahora me van a ver raro! ¡El capitán de Gryffindor con un chico extraño!
— ¿Quieres una tostada?
— ¡N-no!
— Más para mi, entonces. -James le arrebató una.
— Solo para cobrarte la bromita del té.
Ame entonces sonrió.
— Jeje, eres raro.
— ¡Pero si mira quien lo dice!
— Damas y caballeros, bienvenidos a la segunda prueba del torneo de los tres magos.
El campo de quidditch estaba en completa oscuridad, lo cual pareció extraño, era la hora del ocaso. Entonces, una por una, comenzaron a prenderse luces que iluminaban el lugar. James logró ver que había una serie de rocas con superficie lisa, y que en cada extremo, se encontraba un competidor, mirándose los unos a los otros.
— ¡Prepárense para ver lo más inesperado!
Las piedras comenzaron a elevarse, levantando a los competidores consigo. Se quedaron suspendidas  a unos treinta pies de altura, y todos habían dejado escapar un gemido de emoción.
— ¡Competidores! Tienen que llegar al centro del campo, saltando entre las piedras como su único sustento, y cuidándose de que los otros no los tiren. Cuidado, porque el suelo quema.
Y todos soltaron un grito al ver como el suelo se prendía en llamas, iluminando los rostros azorados de los competidores.
— ¡Y que la prueba comience!
Se dio un pitido de salida.
Las varitas comenzaron a echar chispas. 
.


Cuando Ted miró el suelo, las llamas desprendían chispas que calentaban su piel. Miró el rostro de los demás, tratando de analizar sus movimientos. Su mano se aferraba fuertemente a la varita, los gritos se mezclaban con los latidos de su corazón contra sus sienes. Una gota de sudor recorrió su frente, y tomó una bocanada de aire.
10 segundos.
sólo 10 segundos, Ted.
La varita de Harmony estaba doblada, estaba nerviosa. Iba a atacar a Cyllian, de eso era seguro.
7 segundos.
Cyllian estaba mirando a un punto inexacto, seguramente atacaría al primero que se moviera, y ese sería Dimitrí, porque tenía un pie más adelante que el otro.
5 segundos.
Trató de doblar las rodillas, un poco, sólo un poco. Y dejo ir todo ese aire acumulado en sus pulmones.
3 segundos. 2 segundos.
— ¡Y qué comience la prueba!
Protego.
Uno de los hechizos chocó contra su campo de protección, y escuchó a los otros chocar contra la protección de las gradas. Aprovechó el humo para moverse, y no perder el balance en las rocas. Llegó un momento en que su talón se deslizó, y trató de levantar los brazos para mantener el equilibrio, con el corazón en la mano.
— ¡Avis!
Ted se inclinó en el momento en que los pajaritos volaron sobre su cabeza, y chocaron contra el escudo de las gradas, causando que desaparecieran. El humo se fue esparciendo, y logró ver a Harmony apuntarle con la varita.
— ¡Dimitri va directo al centro!
— ¡Bombarda! -El hechizo de Cyllian hizo que las piedras del camino de Dimitri se destrozaran pedazo por pedazo, aunque esté logró aferrarse a una. La fuerza del hechizo causó que Harmony perdiera el equilibrio y Ted aprovechó para saltar a otra roca, y correr.
En ese momento sintió cómo algo se aferraba a sus piernas, y caía de estómago sobre una de las rocas, sintiendo como su parte de adelante se asomaba al calor del fuego. La multitud gritó, su varita estuvo a punto de caer de su mano. Al tratar de volverse, sintió como Harmony lo jalaba con su varita, al haber creado un hechizo que le atara los pies a una cuerda.
— ¡Han atrapado al campeón de Hogwarts!
— ¡Depu…!
De la varita de Ted salieron chispas azules, y Harmony caía sobre su espalda, aferrandose con las uñas a la roca. Dirigiendo su varita a sus pies, deshizo el encantamiento y se puso de pie.
— ¡La sorprendió por completo! -Exclamó el narrador, completamente admirado.- ¡Harmony tratá de no caer!
Ted era el único que no había tratado de tirar a alguien de las rocas, simplemente quería llegar al centro.
Gana.
Esas palabras se aferraban fuertemente a su cabeza.
— ¡Piensalo dos veces! -Cyllian lanzó un hechizo sobre las rocas, y estas comenzaron a caer de picada. Ted trató de saltar antes de que el camino fuera desapareciendo y cayendo sobre el fuego, derritiéndose y creando un suelo de lava. Cuando vió que Ted no caía, volvió a lanzar otra bombarda, que fue desviada hacia donde Harmony se encontraba, y está gritó fuertemente antes de aferrarse a otra roca, casi con lágrimas en los ojos.
Ted se encontraba jadeando, pero aparentemente Cyllian prefería tirarlo y así quedar contra Dimitrí.
— ¡Bom…!
— ¡Desmaius!
El hechizo de Ted pasó a un lado de Cyllian, chocando contra la barrera de las gradas, y los gritos se hicieron cada vez más presentes.
— ¡Uh-oh! Ninguno se va a dejar permitir el paso. -Exclamó el narrador con burla. Ted trató de moverse, pero Cyllian no le iba a permitir el paso y él tampoco. Los hechizos comenzaron a salir de sus varitas, siendo desviadas a múltiples direcciones. Un pedazo de escombro choco contra su ojo, aminorando su vista, lo cubrió con la mano disponible, y levantó el brazo donde sujetaba la varita.
Everte Statum.
Al tratar de esquivar el hechizo, Cyllian casi caía de la roca, logrando mantener el equilibrio. Unas cuantos escombros cayeron contra el fuego del suelo, y una gota de sudor recorrió su piel blanquecina.
Todo se volvió confuso para él.
Sus piernas se tambalearon, y la vista comenzaba a desenfocarse. Cyllian lanzó otro hechizo, y con mucha suerte él logró desviarlo, casi cayendo de la roca.
— ¡La campeona de Salem ha logrado atinarle al chico de Hogwarts!
Sus piernas comenzaron a fallarle, Cyllian ya se había echado a correr. Los gritos se escuchaban tan lejanos, tan lejanos… Se fue de espaldas, pero aun así sus manos lograron aferrarse a la roca, cuando miro el suelo y sus pies colgando contra el fuego, no supo si sintió rigor o miedo. Si se soltaba, caería, así de simple. Así de fácil.
Gana.
No, no iba a poder ganar. No iba a poder, no iba a poder, no iba a poder. La cabeza le dio vueltas, y se soltó un poco de la roca. Gruñó molesto, las uñas chirreaban al tratar de aprehender su cuerpo a lo que restaba de su único sustento.
— ¡Va a caer! ¡Se va a caer!
Caer.
No. No. Levántate. No lo hagas. Vamos.
Levántate. Levántate.  
Intento con todas sus fuerzas impulsarse hacia arriba, su varita estaba languideciendo de la esquina de la roca. Tendría que soltarse para sujetarla. Si se soltaba iba a caer.
Empezó a caer. Gritos.
Una fuerza lo impulsó hacia arriba, y con fuerza logró posicionarse sobre una roca. Expulsó lo último de contusión de su cabeza, y su vista se aclaró.
— ¡Un gran ascendio si me permiten decirlo!
Comenzó a saltar una vez más sobre las rocas, tratando de alcanzar a los demás. Un hechizo pasó sobre su costado, y era Dimitri quien había fallado al darle a Cyllian. Harmony se encontraba arodillada sobre una roca, como si tuviera un peso encima. Quiso utilizar ese momento para pasar desapercibido y correr a un lado de ellos.
— ¡N-no te voy a permitir ganar! -Gritó Harmony, hecha una furia. Quizás seguía molesta por lo de hace un rato. Pero su varita salió desprendida de su mano, y cayó contra el fuego.
Ted la había desarmado. Las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, y comenzó a gritar de furia.
— Harmony Marrywood, descalificada.
— ¡No! ¡No es justo! Él debería de ser el descalificado. -Señaló a Ted, Chillando.- ¡Mi varita! ¡Mi varita está destrozada!
Ted continuó saltando sobre las rocas, cuidando de no resbalar con alguna. Logró ver el centro del estadio, y sus ojos se iluminaron. Iba a ganar, seguramente iba a ganar.
Los gritos rompieron aquellas esperanzas.

Cuando se volvió, un hechizo había caído contra el pecho de Cyllian, y esté pareció quedar inconsciente. Su espalda cayó contra las rocas, pero su peso le hizo irse deslizando lentamente sobre la superficie. Dimitri continuó corriendo, dándole la espalda.
Deberías de seguir corriendo, no vas a ganar. Susurraba una voz en su mente. Trató de tirarte. No le importó. ¿Qué diferencia habría? Gana. Gana. Gana.
Ted continuó saltando, los gritos aturdiendo sus oídos. Salta. Salta. Ignóralos. Llega. Gana.
La espalda de Cyllian comenzó a deslizarse, llegando al extremo de la roca. Algunos escombros cayeron contra el fuego debajo de él, el cual ya era más lava de las piedras derretidas que ya habían caído. Tenía que abrir los ojos y darse cuenta que estaba cayendo. Pero no se levantaba, no los abría. Iba a caer.
Seguramente iba a caer.



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En las gradas todo el ruido no le deja pensar, ella le había advertido, le había advertido  que si se las tomaba al hombro iba  salir lastimado, pero nunca había esperado algo así, conocía muy bien los riesgos del torneo, tras haber anunciado el regreso del torneo su padre no había dejado de contar historias al respecto. Y siempre supo que no quería ver a su hermano mayor en esta situación, los ojos de Cyllian se encuentran cerrados, y a ella le gustaría poder cerrar los suyos, ya nublados por las lágrimas, un grito ahogado atorado enteramente en su garganta, no podía emitir una palabra, se encontraba congelada en pánico, las manos hacia sus labios, rasguñando sus mejillas con ansiedad, el daño inconsciente que se estaba haciendo,  más que visible en su pálida piel, la cual no era buena guardando secretos. No puede ver, no quiere ver, pero tampoco puede apartar los ojos, quiere gritar, pero sollozos ahogados e incoherentes son lo único que comienza a formarse en su garganta, y no tiene poder para detenerlo, tal cual no tiene el poder de que su hermano no caiga.
Ne laissez pas tomber—(no lo dejes caer) Nunca se ha considerado particularmente religiosa ni mucho menos algo por el estilo, pero si existía algo que pudiese mantener a su hermano a salvo, rogaba con desesperación a ello—S’il vous plait, ne laissez pas tomber—(por favor no lo dejes caer) su cuerpo se encuentra petrificado, las lágrimas finalmente desbordándose por sus mejillas, en terror e impotencia, cuando sus ojos ya no pueden  contener más.
El azabache permanece en silencio mirando la situación, mirando a Ted debatirse si volver o continuar saltando entre las rocas hasta llegar a la meta. Llévalos a un punto donde no puedan salir, y morirán antes de poder escapar. Las palabras citadas por su abuelo llegaron a su mente en ese momento, el arte de la guerra. ¿Esto era realmente así? Los ojos que en un momento habían brillado en emoción, se apagaron en frialdad.
Lamentable. -Susurró en el idioma de su padre, y la emoción que al principio había sentido por el torneo, se desvaneció en un suspiro. Esto no era tan diferente, no eran mejores personas, esto era horrible. Para él, al menos lo era.
Cuando levantó la mirada, observó el rostro de los demás, conmocionados, riendo u sorprendidos, expresiones curiosas. Y sus ojos recayeron sobre los arañazos del rostro pálido de una de ellas, con los ojos derritiendose en lágrimas. Sus cejas se levantaron en sorpresa, porque nadie más lo veía, y ella parecía esconderse entre su sufrimiento. Es importante para ella. Fue la conclusión a la que su mente llego, pero no se movió de su lugar.
Y lo primero que recordó, fue una sonrisa amable y melancólica. El llanto silencioso, y los golpes del bastón en la espalda.
Ojala pudiera ver tu sonrisa, Ame.
Siempre estoy sonriendo para ti, Oneesan.
Hana.
Hana vino a su mente, y su corazón se entristeció. Suspiró, porque seguramente esa chica le recordaba a Hana de mil maneras que quizás ni él mismo se podía explicar de forma racional, de forma cuerda.
— No te vayas a terminar mis tostadas. -Le gruñó a James al ver que este ya las tenía entre sus manos.
— Si te vas, entonces de igual forma me las voy a comer, no jodas.
Pero ya Ame no lo escuchaba, sino que se movió entre la multitud azorada con el espectáculo. Su rostro reflejaba el color del fuego ardiendo en el campo, y curveo sus labios en una sonrisa. Quitandose la mascada que había pertenecido a su madre, la puso detrás de la cabeza de la chica y con los extremos, oculto parte de su rostro.
— Oh, pero qué cara tan larga es la que tienes allí. Mira qué lindo es el día, no vale la pena desperdiciar ¿qué? ¿dos minutos? ¿tres? Llorando, siempre debes de sonreír, te caigas, te lastimes, y tengas que llorar, siempre sonríe… y así los demás no van a llorar, van a sonreír contigo.
Eso solía decir su madre.
Le miro directamente a los ojos, y sujetando sus manos con cuidado, las bajo para que pudiera ver bien su rostro. Pronunció más su sonrisa, y trató de que ella se calmara, como solía hacerlo con su hermana.
El tacto repentino de una persona le hace dar un respingo en lugar, volviendola de repente más consciente de sus lágrimas,  trata de limpiarlas, trata de parar. Pero no puede, Cyllian tiene dificultad incluso a caminar. Aspira un olor a hierbabuena con un toque dulce conforme toma aire solo para dejar otro sollozo salir, entierra el rostro   entre sus palmas con una infinita vergüenza
—Il est mon frere…-(es mi hermano) dice con la poca voz que le queda, antes de darse cuenta con algo de frustración que aquel extraño no puede entenderla‚—es mi hergmano..—dice, y su voz es baja y cohibida, a pesar de   estudiar sin cesar su inglés resultaba bastante roto. — Es mi hergmano mayor...-La pronunciacion de la r se hace difícil, hasta el punto de casi morderse la lengua. — il est blessé! -(está herido) parte de ella querría poder estar más agradecida  con aquel extraño, sabía que sus intenciones  eran buenas, y al ver aquella sonrisa, quiso poder mirarle a los ojos con otra cosa que no fuesen sus tristes ojos cristalinos, algo tibio se le colaba por el pecho, conforme mirada se encontraban con los del, oscuros y brillantes y maldijo a sus adentros el no poder dejar de llorar, o de tallarse la piel con sus largas uñas, el no poderle hacer entender que no podia sonreir, porque su hermano era todo lo que tenia, y ahora estaba en peligro, mientras que todos le miraban, entretenidos y sonrientes cual a títere de circo.
El azabache miró a los demás a su alrededor, y estaban tan centrados en el momento, sintió un poco de enojo en su interior, el cual se volvió tranquilidad. La chica trataba de enjugarse las lágrimas con el dorso de la mano, y de la nada, llevó sus manos a sus mejillas y levantó su rostro. Los ojos de ambos chocaron, colisionando en el momento.
— Está bien. -Fue lo que salió de su boca, y la sonrisa que se dibujó en su rostro era más de comprensión, que de consuelo. Cuando se sentó, entonces jaló su rostro, escondiéndolo en su hombro para que ella dejara de ver la escena.- Va a estar bien.
Vas a estar bien, Hana.
— Va a estar bien. -Repitió.
A pesar de ser normalmente timida, no supo que le vino encima para envolver sus brazos alrededor de aquel azabache en toda confianza, el calor de su cuerpo permitiéndole terminar de relajar del todo los músculos, su agradable aroma le calmaba los sentidos, y a pesar de seguir temblando, pudo dejar de llorar.
—¿Como pogdrias sabeglo?— le pregunto por lo bajo, mirando de reojo hacia arriba, parte de su rostro aún escondido en su hombro, porque se sentía cómoda, y quizá era egoísta. Pero aquel miedo en su pecho hacía que no quisiese saber qué pasaba después— Yo quise advertirgle. -Maldijo a sus adentros, se sentía tan avergonzada… Apenas había
dejado de llorar y ahora no hacia mas que temblar.— No me escucha...—intentaba volver el rostro, pero la situación le hacía difícil apartar los ojos de los del azabache. Quizá era egoísmo, pero sus ojos resultaban más bonitos y amenos, que pensar en su hermano herido
— A veces tenemos que luchar contra nuestros propios demonios. -Explicó.- Eso solía decir Ojisan. -Y su temple se volvió sereno.- Los que tienen mucho fuego en su personalidad suelen ser muy tercos y olvidan escuchar las advertencias de los demás. -Pronunció su sonrisa.- Nada que no se pueda quitar con un poco de ajenjo bajo la almohada.
Ella le había mirado entonces  con cierta curiosidad, las cosas que decía sonaban inexplicablemente tiernas en sus oídos, como asunto de cuento de hadas, de los que su madre contaba para dormir, las noches  que lograba llegar temprano de la pastelería. Su ceño se frunció en confusión “Ajenjo” trato de repetir la palabra, pero el resultado fue casi lastimoso.
—¿Agengjo? -Había preguntado por lo bajo. — ¿Qué es eso? -Miró hacia abajo, ligeramente avergonzada por su falta de conocimiento.
— Te lo explicaré luego. -Fue lo último que dijo, entregandole una sonrisa.
Espero con ansias ver tu sonrisa de los viernes, es mi sonrisa favorita.
Era lo que su madre solía decir, y él preparaba esa sonrisa especial para verla. Y que ella también sonriera. Ame entonces se puso de pie de un salto, al darse cuenta de que James ya se había comido todas las tostadas que había guardado especialmente para el torneo. Se volvió hacia la chica, y le dio unas palmaditas amistosas en la cabeza.
— Puedes devolverme después la mascada, nos veremos luego. -Se volvió hacia James.- ¡Jimmy! ¡Jimmy! ¿Por qué te comiste mis tostadas? ¡Voy a poner un espejo roto bajo tu cama! -Pero antes de alejarse, se volvió hacia la muchacha, y la sonrisa que puso en su rostro fue de ánimo, de ternura.- Deberías saber que tu también tienes mucho fuego en tu personalidad, solo que lo ocultas. -Empuño ambas manos, y poniendo un gesto divertido le dio ánimo.- Ganbatte! Sayonara!
Y a pensar de sí misma Pandora sonrió, una sonrisa ligera y casi invisible, pero presente, y una calidez en su pecho, con una cabezada leve dijo adiós al azabache en un susurro, sus dedos aferrándose a la mascada roja con cuidado.
Quizá fuese cierto, que todo iba a estar bien.
.

Los gritos fueron más que aturdidores. No comprendió que le hizo moverse de esta manera, tan inseguro, ni él mismo sabía que ocurría.

Solo sabía que se encontraba sujetando las muñecas de Cyllian, que estaba colgando como un péndulo contra el suelo en llamas. Pesa demasiado, y sus brazos comienzan a temblar al tratar de sujetarlo.

El castaño tomó una fuerte bocanada de aire, pero era difícil retener el aliento. Su cuerpo estaba bañado en sudor, haciendo incluso más imposible sujetar al competidor de Beuxbatons con mejor precisión.

— Si esto no te mata, te aseguro que yo lo voy a hacer cuando salgamos de esta situación.  

Mordió su labio, con tanta fuerza que por su mentón se deslizaba un hilo de sangre. Trató de empujarse con la fuerza de sus piernas hacia atrás, era demasiado pesado, y mucho más robusto que el cuerpo de él. El peso de él pudo más, y se deslizó de boca, casi cayendo ambos de la roca. Más gritos de sorpresa.

Su varita yacía a unos centímetros de él, y no podía sujetarla, porque sino podría dejar caer al muchacho.

Piensa en algo, piensa ya. Se exigía fuertemente, tratando de idear algo, tratando de escapar de esta situación. ¿Por qué viniste a salvarlo? Estabas a punto de ganar, ellos no te habían hecho caso, estabas cerca.

Los párpados de Cyllian se había movido ligeramente, las gotas de sudor caían contra el suelo, estaba completamente empapado. El fuego, el esfuerzo, todo, todo estaba en su contra.

¡Piensa en algo! Gritó su subconsciente. Un último suspiro, cerró los ojos. Apretando la mandíbula, miró hacia las personas, quienes igual le miraban fijamente. Y lo soltó.

Rápidamente sujetó su varita, y apuntando al muchacho, este comenzó a levitar sobre el fuego.

James debería estar orgulloso de que practicara esto con él. Suspiró aliviado en sus adentros. El cuerpo del moreno reposó sobre la superficie de una roca estable, y entonces se levantó, casi tambaleándose por la poca fuerza que ya residía en sus piernas. Dimitri mientras tanto, estaba acercándose a la meta, se preguntó qué le habría tomado tanto tiempo.

Se echó a correr, casi cojeando. Tenía que alcanzarlo, tenía que llegar, él le prometió ganar. Era la única promesa que quería cumplir después de haber roto tantas. No le importó si casi no veía con un ojo por culpa del golpe, no le importo el ardor de su boca ni el dolor de sus huesos. Esta vez de verdad quería ganar, esta vez quería.

Levantó su varita, y apuntó directamente al rubio.

Evanesco.

Una de las rocas sobre la que estaba había desaparecido, causando que el rubio se balanceara hacia el otro lado. Cuando este se volvió, casi inesperadamente un haz de luz cruzó en el costado de Ted, y este trapillo sobre sus tobillos. Aun así, continuó corriendo, tratando de alcanzar al muchacho.

Estaba sudando demasiado, porque su playera pesaba más. Otro haz de luz pasó sobre él, y aprovechó el momento para hacer desaparecer otra de las piedras sobre las que Dimitri estaba parado.

¿Por qué me dijiste acerca de la prueba? ¿Qué ganabas? Se preguntó internamente. Sentía como su vista se nublaba, y el sudor helado recorría su cuerpo. Jadeaba rápidamente, pero quería ganar.

Dimitri casi cae cuando una de las piedras cayó por sí sola. Cuando el castaño se percató, junto con el rubio, todas las piedras habían comenzado a caer de una en una. Con los nervios encima, trataron de correr a la par, adivinando que piedras pisar y cuáles no.

— ¡Al parecer el hechizo de las piedras se esta terminando!

Los encargados ya se habían llevado a los otros dos competidores, ahora solo quedaban ellos dos. Uno a lado del otro, corriendo, acercandose, viendo quien ganaba. Ted se sujetó el costado que había comenzado a doler, a dar punzadas. Le costaba respirar y se sentía completamente débil.

— ¡No vamos a llegarr! -Indicó el rubio, hablando después de estar todo el tiempo en silencio. Ted lo ignoró, continuó corriendo, el centro estaba demasiado cerca.

Las piedras que estaban frente a él comenzaron a caer mucho antes de que llegaran. El fuego comenzaba a arder, y él ya lo sentía consumirse en ese río de lava. Cerró los ojos, y tomando una bocanada de aire, simplemente saltó.

Todo fue silencio.

El silencio le aterrorizó, y jamás había sentido tanto miedo de algo. Lentamente abrió los ojos, y la claridad se disipó en su mirada. La multitud comenzaba a gritar de emoción, a aullar de alegría. Cuando se volvió hacia Dimitri, este se encontraba jadeando contra el suelo, recuperando el aliento.

— ¡Primer lugar para el campeón de Hogwarts! ¡Ted Lupin!

Aquellas palabras le cayeron como balde de agua helada, porque no podía creerlo. Una sonrisa de satisfacción y cansancio se dibujó en su rostro enrojecido, y pensó en la dicha que sentía. Cuando trató de levantarse, una fuerte punzada lo volvió a tirar contra sus rodillas, cuando despegó la mano de su costado, lo último que pudo ver fue su mano llena de sangre, antes de cerrar los ojos.




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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Vanellope el Sáb 17 Oct 2015, 10:24 pm

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La sonrisa de Kaia al ver a Ted llegar a salvo fue tan expresiva, su corazón al instante se había relajado. Entonces, el muchacho se sujeto el costado, y al tratar de levantarse, sus piernas temblaron y cayó contra el suelo, después dejó de moverse. 
Su nombre había pugnado por salir de su garganta, pero estaba tan absorta en la escena, que se quedo sin palabras. Ted, levántate, Ted. ¡Ted, levántate! Levántate Ted. ¡Ya! El corazón se disipó en su pecho, haciéndose trizas. No pudo moverse, trató de gritar, todos habían quedado en silencio. 
El campeón de Drumstrang había comenzado a decir algo, pero ella no pudo escucharlo a tan larga distancia. Unos médicos bajaron y se lo llevaron con cuidado. 
Casi no podía respirar, fue tan inesperado. Ted, no, él iba a estar bien, iba a estar bien y ahora, no. No podía sucederle nada malo. 
Trató de moverse entre la multitud, pero todos parecían querer detenerla. Necesitaba ir con él y saber que estaba bien. 
Salió corriendo de allí, aun sabiendo que su mejor cualidad no era en correr. Trató de hacer lo más que podía. 
Él iba a estar bien, iba a estarlo. 
Por favor, que lo estuviera. 
Llegó a la entrada del castillo, debería de estar en la enfermería. Corrió entre los pasillos para llegar. 
Había estado corriendo durante tanto tiempo, no era la mejor en ello y su hermano lo sabía. No era la más rápida, aunque lo intentara. 
— ¡Tortuga! ¡Tortuga! -Su hermano se había burlado, a lo cual la pequeña rubia había fruncido el ceño. Su rostro pecoso se enrojeció de lo enojada que estaba. 
— ¡Te voy a alcanzar, tonto! -Gruñó la rubia, y a pesar de tener sólo dos años, ya era una niña de palabras completas. Su hermano Albus siempre estaba en casa con su madre, o sentado en el pórtico mientras leía un cuento. No le gustaba jugar con James porque siempre lo hacía llorar, así que prefería quedarse haciendo algo donde solo él participara. 
— James, Livana. ¡Vengan rápido! -Había dicho su padre, ambos entraron a la casa y en ese momento, un niño se encontraba parado en el recibidor. Era extraño, jamás lo había visto. Era un niño delgado, con el cabello castaño y ojos verdes.- Él es Edward, aunque todos le llamamos Ted. 
— ¿Y quién es ese? -Preguntó James de forma altanera, a lo cual su padre frunció el ceño. 
— Él es mi ahijado, así que sean amables con él. 
El niño no había hablado, se había quedado en completo silencio. Jamás lo había visto, y no recordaba a su padre haber hablado sobre él. James le miró con orgullo, y una chispa se encendió en su mirada. 
— ¿Quieres jugar con nosotros, Ted? -Preguntó casi en tono burlón. Ted enarcó ambas cejas, y le miró fijamente. 
— En realidad no. 
— ¿P-por qué no? ¡Todos quieren jugar conmigo! -Exclamó James, con las mejillas enrojecidas.
— Bueno, yo no. 
— ¡Eres raro!
En ese momento, Kaia había empujado a su hermano con la poca fuerza que tenia, sólo lo suficiente como para que este se tambaleara. 
— Déjalo en paz, James. 
— ¡Kaia! -El niño había gruñido, se sacudió su camisa y miró al castaño con un gesto de altanería.- Bueno, puedes sentarte a vernos jugar, tu te lo pierdes.
Ted no se opuso, sino que los siguió hasta el patio donde Kaia y James continuaron jugando, y este los miraba con un gesto aburrido desde el pórtico. 
— ¡Eres lenta, Livana! -Su hermano se había comenzado a burlar de la rubia. 
— ¡No es cierto! ¡Te voy a alcanzar! 
En el momento en que Kaia quiso atrapar a James, este logró saltar sobre una piedra, lo cual ella no lo logró. Al caer contra el suelo, rodó hasta caer sentada contra el pasto. James había estallado en carcajadas, burlándose de su hermana. El rostro pecoso de la rubia se había enrojecido, al tratar de retener las lágrimas, porque odiaba que la vieran llorar. Se cubrió el rostro con las manos, apretando los labios en una mueca resentida. 
— ¿Estás bien? 
Aquella voz, había sonado tan dulce en ese momento, tan suave. Se quitó las manos de su rostro, y pudo ver una mano ofreciéndole ayuda. Levantó la mirada, y sus ojos chocaron contra los ojos verdes del niño. La niña frunció el ceño, y se cruzó de brazos. 
— Ríete de mí si quieres, hazlo. -Refunfuñó.
— No quiero hacerlo, no me parece gracioso. 
La niña con un gesto atolondrado y sorprendido, le miró sin creerle. El niño entonces se sentó sobre la hierba, y le dedicó una leve sonrisa. 
— Me sentaré aquí hasta que te levantes. 
— ¡Oigan! ¿Y yo qué? -James había gritado, un tanto celoso de que su hermana no le prestara atención. 
— También puedes sentarte. -Le dijo el castaño, pero James se cruzó de brazos, un tanto dolido. 
— Hum, quizás lo haga… aunque no me agrada la idea. 
Kaia permaneció mirando al niño con curiosidad. Era extraño, desde el primer momento en que lo vió. No era normal ser tan tranquilo, o saber qué responder, o incluso hacer sentir a James celoso. 
Cuando James comenzó a caminar, inesperadamente había caído contra el suelo sobre su estómago, y empezó a hacer berrinches. Kaia había comenzado a reír, y lentamente, Ted se le había unido. Cuando la rubia se volvió hacia el castaño, este ya no lo era. Su cabello se había tornado azul, un azul brillante y quedó atolondrada al verlo. 
— ¡Tu cabello es azul! ¡Es azul! -Le señaló sin discreción. Ted sujeto uno de sus mechones, un poco avergonzado de tener que recibir tanta atención. y viró la mirada a la defensiva. 
— ¿Y qué tiene de malo?
— Me gusta mucho. 
Ted entonces la miró en silencio, analizando el rostro iluminado de la niña. Y después, sonrió. Su sonrisa era tan bonita, pensó Kaia. Y se sintió como cuando su papá la había llevado a un lugar llamado cine, a ver la película de la niña de las zapatillas rojas. Emocionada, alegre e impresionada. 
— ¿Te gusta? -Kaia asintió, y entonces él rió.- Gracias. 
— Teddy, seamos amigos. -Kaia extendió el brazo, y el peliazul permaneció mirando un poco confundido. Después de unos segundos, tomó su mano en un apretón, sintiendo como una electricidad corría entre ellos. 
— Sí, seamos amigos. 
Ted abrió los ojos, sintiéndose completamente cansado. Quizás ese té de Ame haya estado envenenado al final de todo. Cuando trató de levantarse, sus costillas dolían, en realidad, todo su cuerpo. Gimió de dolor. 
Aquel recuerdo, había soñado en el primer momento en que había conocido a Kaia. Y sonrió. 
— ¿Ted? 
Levantó la mirada para cruzarse con la de la rubia, tan verdes como él recordaba. No pudo evitar dedicarle una sonrisa. La rubia pareció suspirar en alivió, y se acercó a su cama. 
— Estas bien, Merlín… estás bien. 
Ella se acercó, y le miró con una sonrisa en el rostro pecoso. Tenía unas intensas ganas de contar sus pecas, de tocarla. 
— ¿Qué pasó? 
— Al parecer el campeón de Drumstrang lanzó un hechizo cortante, y te dió cerca del costado, no fue nada grave, pero perdiste algo de sangre. 
— Ah. -Fue lo único que pudo decir, estaba completamente nervioso. Nervioso, y eso lo puso un tanto confundido. 
— ¿”Ah”? ¿Es lo único que tienes que decir? 
— Al parecer. 
Entonces todo quedó claro, al menos para él. Su rostro se había iluminado, y trató de reprimir la sonrisa que se avecinaba en su rostro. 
— Gané… -Susurró. 
— ¿Qué? 
Sujetó la almohada, y se cubrió el rostro con ella. Sintió como un regocijo llenaba su pecho, y no quería tener que fingir que no lo sentía, porque estaba tan presente el sentimiento. Su corazón latía a mil por hora, porque cumplió su promesa. Había ganado. 
— ¿Por qué escondes tu cara? -Kaia intentó quitarle la almohada de encima.- ¡Te vas a lastimar si te mueves mucho!
— No, Kaia. -Rezongo el castaño bajo la almohada.- Vete. 
— ¡No me voy a ir! -Comenzó a forcejear contra él para quitársela.- No seas un amargado.
Y cuando logró quitársela, la almohada cayó contra el suelo. El muchacho miraba para otro lado, con el ceño fruncido y tratando de evitar a toda costa la mirada de la rubia. 
— Ted, mirame. -Le había pedido. 
— No, voy a dormir, vete ya. -Gruñó. 
La rubia no contestó, se hizo un silencio. Entonces el castaño sintió unos dedos tocar su mejilla, y después, volviendo su rostro, ambos se estaban mirando. Ambas miradas, chocaron, con tanta electricidad, con tanto anhelo. Ted frunció el ceño, completamente avergonzado, porque esta vez no fue capaz de evitarlo. 
— Azul… -Kaia había susurrado casi en un suspiro. La sonrisa que se dibujaba en el rostro de la rubia fue casi hipnotizante, que no pudo mover la mirada. Kaia sujetó su rostro con amabilidad, y sus ojos se conmovieron. 
— ¿Y qué tiene de malo? -Refunfuñó. 
— Me gusta. -Alcanzó a decir. 
La mirada de Ted se había suavizado, y sintió paz dentro de su pecho. Si vienes por ejemplo, a las cuatro, comenzaré a ser feliz desde las tres. Nada explicaba mejor lo que sentía en ese momento. Los nomeolvides, la nieve, el color gris, los lazos. Los lazos. 
Te quiero. 
— Gracias… 
Te quiero. 
Ella pasó su mano por los rizos azules de Ted, tratando de guardar ese recuerdo en su cabeza. Sin quitar su mano de su mejilla, el castaño cerró los ojos, y levantando su mano, la posó sobre la de ella. Quería que el mundo se detuviera, solo por este momento, de verdad lo deseaba. 
— ¡Ted! ¡Ted! -Habían abierto la puerta con mucha fuerza, azotando contra la pared. Ambos se habían separado, y en ese momento, Ame saltó a abrazar al castaño quien se quejaba del dolor.- ¡Estás bien! ¡Me alegró! Te juro que iba a tirar al gato si morías, e iba a dejar de ser budista. 
Ted había puesto los ojos en blanco, en ese momento, James había entrado y había jalado al azabache. 
— Supongo que gracias, Ame. 
— ¡Estás bien! -Saltó de la alegría. 
— Si, si, está vivo… mala hierba nunca muere. -Dijo James, con su usual orgullo pero aliviado. 
— El cual lamentablemente es tu caso. -Le respondió Ame con burla. 
— ¡Pero en qué momento te dejaras de meterte conmigo! ¿Qué rayos te he hecho?
— Existir. 
— ¡Ted! 
Cuando Ted se volvió, Kaia no estaba allí. Seguramente seguiría peleada con James, o al menos eso era lo que sabía. El castaño levantó la mirada para ver a ambos discutiendo, y sacudió la cabeza, pero no estaba molesto ni tampoco irritado.
En realidad, estaba feliz. 
Se sentía bien. 
.
— Who is playing hide and seek, who wants to come and find me?

Había comenzado a silbar, completamente aburrido en aquel lugar. Era tan horrible, tan monótono, no le brindaba ninguna diversión a diferencia de ir a un bar o a una pelea callejera.

A lo lejos, logro distinguir el rugido de la multitud en el campo lejano. Sonrió divertidamente, saboreando aquellos aromas entrando a sus fosas nasales. Sonrió, mostrando sus caninos, y pasó su lengua sobre sus labios. 

— ¿Por qué no podemos ir? ¡Se nota que se están divirtiendo! -Soltó una risa, sacudiendo sus hombros. Y olían tan bien, demasiado. Se dejó caer sobre el suelo, y estiró sus piernas, moviéndose al ritmo del reloj. Dejó caer su mentón sobre sus manos y suspiró sonoramente. 

— Estoy aburrido hasta el coño, sino íbamos a ver más de cerca hubiese preferido quedarme a dormir. 

— Sabes que no era una opción para ti. 

— Y además, ¿Por qué tenías que venir tú? -Se quejó como un niño haciendo berrinche.- ¡Es mi misión!

— Porque como cualquier perro sin correa, ibas a causar problemas. 

— No es cierto. -Cruzó los brazos en torno a su pecho, y después se dejó caer contra el suelo. Levantó un poco su rostro, y sonrió.- Me fascina este olor, ¿a ti no?

—  ¿Y te preguntas por qué tuve que venir a cuidarte? -El moreno le miró con despreció y aburrimiento.- Levántate. 

— ¡No quiero! -Puso las manos sobre su estómago.- Who wants to come and find me? Who’s playing hide and seek? Who wants to play with me? -Había soltado una pequeña risita burlona.- ¡Frey! ¡Oye, Frey! ¿Lo has visto? 

— ¿A quién?

— Al pobre bastardo. -Rió, como si hubiese contado un chiste.- Al maldito bastardo hijo de puta. 

— No eres muy específico. -Y aunque Frey sabía a quién se refería, tampoco tenía tantos deseos de seguir hablando con él. Hassan continuaba tirado en el piso, como un niño muerto del aburrimiento. El jefe le había ordenado venir con él, porque Hassan no era responsable en ese aspecto y no le importaba si causaba desastres en sus misiones.

A él solo le importaba saciar su hambre. 

— Tenía un hermano ¿sabes? Se llamaba Helean. -Comenzó a contar, y ahora se ponía sobre su estómago.- El maldito bastardo era tan inocente, nunca le decía a mamá las cosas que le hacía. -Comenzó a reír.- Y mamá le creía en todo, mamá siempre le creyó a Helean… era tan bueno. -Su mirada que había estado iluminada, pareció congelarse como un tempano de hielo.- El maldito bastardo era tan bueno, que lo odiaba. Lo odiaba con todas mis fuerzas. -Hizo la cabeza hacia atrás.- ¡Helean! ¡Sal de allí! ¡No te escondas! No voy a buscarte para siempre, maldito idiota. -Sus hombros comenzaron a sacudirse, y la risa inocente, se convirtió en algo insano.- Lo maté. -Se volvió hacia Frey, quien le miraba de forma inexpresiva, con un rostro de superioridad y altanería.- Los maté. -Volvió a reír. Pero la sonrisa se esfumó de su rostro, en una expresión de asco.- Puta madre, los odiaba. 

— No creo que me interesen tus problemas personales, Hassan. 

— ¿Y tú? ¿Cuál es tu historia, Frey? -Le miró con curiosidad. El hombre de piel pálida simplemente suspiró irritado, e ignoró al castaño. 

— No tengo ninguna historia, y si la tuviera, creéme que serías a la última persona a la que le contaría. 

— Ahí vienen, ya están saliendo. 

Hassan señaló a la multitud de estudiantes que iba saliendo del campo de quidditch, y pensó que todos los aromas eran tan distintos, y le hubiese gustado saberlo, averiguarlo por sí mismo. Pero Frey se lo prohibiría, así que puso una mueca de decepción. 

— Vamos, Hassan… Ya es hora.
Y los dos desaparecieron del pasillo del castillo, para evitar que cualquier persona de la multitud los viera. 
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Mar 20 Oct 2015, 8:13 pm

*Rock in Black plays in the background*
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LAADIES AND GENTLEMAAAAN, WRITERS AND READERS
 the most dreaded time of this round has arrived. The one in which one of you has to sit through my comment and the other half has to scroll down for an hour to get to the "reply" button. 

Ok, Ok
Serious time, cuz now we talking about my princess 
pfft pun? what pun?
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Let's get fanceeee
"hora del té. Era el único momento del día cuando Alekséi no revoloteaba en las cocinas y atormentaba a las sirvientas"
No e' por naa' pero yo siempre he dicho que ese coño es un pain in the ass, no me sorprende que sea así desde chiquito Pfft, dick

Primero voy a hablar de la primera parte del capitulo, maybe it's too small and i'm just nitpicky, pero en realidad fue muy importante para mi; creo que la introducción del capitulo demuestra la paradoja que es Erikka, yo se que la hiciste albina porque querías meter un albino y ya  pero realmente me parece que el hecho de que se perciba a si misma como tan pálida podría funcionar como una especie de metáfora para todo lo que ella es en esta parte de su vida, e incluso más adelante en Hogwarts. Porque siendo lo que es, siendo realeza, hay unos estandares que se esperan de ella, el hecho de que este tan cubierta de blanco, y observe tan de lejos el mundo de colores en el que quiere vivir, funciona como una metáfora para esta realidad que vive; de niña ya cargaba con el peso de ser realeza, te tienes que vestir de una manera, comportar de una manera, tienes que mezclarte a las expectativas de los demas pintarte de blanco si todo a tu alrededor es blanco, el hecho de estar "cubierta" de blanco es otra frustración, porque no puede cambiarlo, porque es otra cosa que le ha sido impuesta, y que no va con ella, otra razón para sentir que esta en el lugar incorrecto.  No se  si para ti tiene sentido, pero asi lo veo, el anhelo que tiene Erikka por los colores esta muy bien plasmado y escrito de una manera preciosa, es una desesperación sutil y melancólica, lastimosa para la edad que tiene. 


—Que no me llames Nikiya!
— Te voy a llamar a como me dé la gana, Nikiya.
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My beautiful asshole son, that's my son 

Debo decir que no pensé que me fuese a gustar tanto ver interacción entre estas dos familias, ahí está ese aire de elegancia y de monarquía que tienen los capitulos que has dedicado a estos personajes antes. Pero esta vez se siente diferente, es quizá porque el narrador es una soñadora, pero en los Romanov veo un hogar, la abuela se ve mas arrecha que la rabia don't get me wrong, pero en la madre y el padre de los niños veo un cierto je ne sais quoi que me hace ver este ambiente menos frio. En vez de darme ganas de buscar vino me deja con una calidez melancólica en el pecho. Ver a los Beisse sin caerse a pedazos es un sentimiento nuevo, material nuevo, llámalo como lo quieras llamar. Pero realmente solo me  deja perpleja,  preguntándome como las cosas pueden cambiar de una manera tan drastica 
 Erikka, ¿Qué tal si dejas de ser tan obvia? -La voz de su hermano le hizo dar un respingo.
— ¿De qué hablas, Alekséi?
— ¿Te gusta el hermano rarito de Sebastian? -Preguntó con burla.

At some point I was gonna have to cover this wasn't I? *cringes* Oh god... Ok give me a minute to get over it
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Ok i'm over it now;
Personal feelings aside, me gusto mucho la relacion entre ioan y Erikka, me parece un niño incomprendido y que de verdad necesita atención (me dio demasiado dolor lo de las alergias que hablais) vente hijo mio, yo si te cuido. Anyway, personalmente y solo personalmente hablando creo que lo que impresiono a Erikka fue la personalidad fuerte de Io,  su habilidad de decir vete a la mierda  no e ir contra o que se esperaba de el, Me encanto lo del libro y lo del pañuelo de girasoles. El primer amor no siempre es el definitivo, pero sin dudas es muy importante y creo que Ioan dejo esa marca en su vida, una marca de esperanza que ella necesitaba en lo que era su dia a dia tan incoloro..


Y creo que con respecto a todos estos niños solo puedo decir, que estoy muy interesada en verlos interactuar a todos en la segunda temporada...Ya veremos cuánto cambia la manera de ver los colores a medidas que uno crece. 

A decir verdad me gusto ver como Ioan dejo esa marca en Erikka porque diste hints sutiles de como el es considerado el sin talento de la familia, y por mucho que se la tire de metal, ese niño siente, y yo se que en alguna parte le duele o en algun momento le dolió, pero pienso que  si eres capaz de dejar tu recuerdo en las personas de una manera tan vivida, entonces estas menos roto de lo que piensas. Si quieres mi opinion; siento que esos dos peculiares niñitos solo van a ser felices lejos de los lugares donde crecieron. 


Porque los girasoles siempre mueren si no hay sol, y los pajaros no deberian de ser enjaulados

No se, estoy balbuceando, el punto es que estuvo precioso. 
also iba a hacer la observación rata de que fue chevere ver a Nikki interactuar con alguien que no fuera un espejo, pero mejor no
nah mentira, jodiendo, te quiero

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also the Terry thing  melted me 
isn't it weird that it only makes sense to us? I should probably get to uploading that shot...

( ) ( ) ( )  ( )
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Commenting is for the aforementioned reader (aka me) much lke drinking, at some point I lose all my seriousness. So from this point on, please expect no seriousness from me; That is right after I make the following very serious declaration:
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WEEEEEEEE ARE THE CHAMPIONS MY FRIEND NO TIME FOR LOSERS CAUSE WE ARE THE CHAAAAAAAMPIONS  
OF THE SECOND TAAAAAAAAAAAAAASK.
Alright, Alright, i'm getting ahead of myself, more on that later *cracks neck* 
let's get to work
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En realidad hay muchos aspectos importantes por los que podria empezar 
. Pero lo más importante era que el día de hoy servirían pan francés, y eso era lo que más feliz le ponía.
But then I reread that, and i legit brusted out laughing because it probably wasn't even intentional get out. 
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Las escenas con los tres mosqueteros me matan a decir verdad, juntaste a un amargado, a un pseudofilosofo y a un cutie pie. y la verdad no hay combinación más comica que esa porque hay TANTAS COSAS DE LAS QUE AME NO SE DA CUENTA Y ME MATA DE LA RISA VERGACIÓN. 
 Me había olvidado completamente de ella hasta que la sacaste al tema, Ame. -Gruñó el ojiverde, sarcásticamente.- Muchas gracias.
— No hay de que, cuando quieras. -Respondió inocente, untando mantequilla al pan francés.
Oh Ame honey you have so much to learn, so much although i do have a second point here
Qué tal si los quemas? -Sugirió el azabache.
— Eso es descalificación, Ame. -Explicó Ted.
— Oh, bueno, hubiese sido genial. -Musitó decepcionado.
— Empiezo a pensar que debajo de esa sonrisa tienes una mente de psicópata.
A decir verdad me encantan las interacciones de Ame con James, digo, el que lo joda tanto no contribuye a su mala situación, si contribuye a mi buen humor, realmente a parte de que me matan de la risa, me parece importante ver esa parte jodedora de Ame ¿me entiendes? primero porque se me hace muy sly y segundo porque te demuestra que inocente no significa tonto, en el sentido de que un personaje no debe ser totalmente a pecho duro o carácter sarcástico para  de vez en cuando tirarse ese tipo de comentarios, se me hace muy real, todos tenemos un psicópata por dentro (?)
aunque fuera de la joda y todo eso me gusta como a Ame lowkey le cae bien James, en realidad siento que su amistad tiene mucho potencial, James necesita de pana a alguien que le de un coñazo de vez en cuando verbalmente hablando, pa'l físico tiene a Wanda  y de cuando en vez a Regine creo. 

En otras noticias  me duele muucho pensar en como pudieron haber sido las cosas para Ame en su otra escuela, es una persona tan especial, tan cálida y  pues se sabe que la cultura de donde viene no se presta en su gran mayoría para eso, me alegra verlo sentirse en casa en un lugar poco a poco...A su propia manera  tan... walking on sunshine.  BECAUSE HE'S MY SON 
I HAVE SO MUCH SONS YOU NEED TO STOP. 
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AME MEETING KAIA LET ME DIE, THIS IS IT THIS IS THE MOMENT I'VE BEEN WAITING FOR MY ENTIRE MOTHERFUCKING LIFE, LIKE IT WAS SMALL BUT IT WAS SO PEEEEEEEEEEEERFECT AAAAAAAAAAAH I WANT MORE INTERACTIONS IN THE FUTURE, I COMMAND THEM 
de paso me encanta ver a Kaia escribiendoooooo! but a bit more on that later. 
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Ok; no se por donde empezar en esta escena, en parte por pues yo la co-escribí contigo, en realidad si quiero más escenas de ellos dos, quiero que esa amistad se sienta, no se, hay algo que todavia me falta, pero en realidad no voy a decirte que no me alegra ver a Ted dirigirle algo mas que monosílabos a Wanda, y pues supongo que el hecho que le dijera lo de los lazos tambien es rather personal, so hey, that's something. 


En cuanto a Ame, pues en realidad me sorprendió que quisieras hacer esta relación del modo en que la hicisimos, don't get me wrong, writing it was fucking fun y lo demas es vaina. 


this is Ame
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And this is Wanda.
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also watching him flinch was fun and the wood thing is gonna drive her insane, me la imagino como que
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"fucking call me that again  and see what happens I dare you"
so yeah, definitely funny is in the cards 
BUT 
With how good Ame is reading people, I gotta say i'm surprised, Wanda a teeny bit more that the green eyed monster, I hope i've done a good job at that being clear. 
Other than that writing with you this round ojo not the entire round  cuz your genius i can't take credit for  was actually pretty fun! I like it that we're writing together more 


I also wanna see Ame talk to james about the element things because that's also guaranteed to be so fun. 
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AAAAAAAND WE'RE BACK TO KAIA WRITING
This is a cruel thing to say; pero me encanta que le estes dando una especie de writer's block. Because this is like meeting somebody new for her, releer sus historias es como encontrarse con la persona que solía ser, y aunque normalmente no te diría que es bueno mirar al pasado, en este caso quizá lo sea, lo que Kaia necesita es reecontrar esa pasión que le quitaron. Es irónico y hasta incoherente, pero lo que le hace falta a Kaia para volver al niño azul es aquella actitud de soñadora de la niña que fue alguna vez; en palabras menos poéticas


PIENSA EN EL EMBUTIDO DE   TED   REGINALD KAIA 
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OK, OK BACK TO THE SERIOUSNESS SORRY I HAD TO

GANA 
GANA 
GANA
GANA 
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Gana.
Fue lo que sus labios pronunciaron, y se aferró tanto a esa palabra. Tanto, tanto como su propio aliento le permitió. Sintió sus mejillas estallar en rojo carmesí, y su cuerpo revolverse de regocijo, era extraño ese sentimiento. Muy extraño.
Cuando se volvió, los nervios habían desaparecido, y se preguntó mil veces la razón. Quizás había sido esa simple palabra y esa sencilla sonrisa.
O quizás, simplemente haya sido el asqueroso té de Ame. 


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THAT WAS BEAUTIFUL
SO FUCKING BEAUTIFUL



— ¡Necesitaba ponerle 20 yenes a mi gato de la suerte! Y jamás te pedí que me esperaras.
— Y-yo no te estuve esperando, fue pura casualidad.
— Ted y tu son demasiado orgullosos para admitir que les caigo demasiado bien. -Río.
— ¿Caerle bien a quién?!
— Ah, que tierno eres.
— ¡De tierno nada! ¿A dónde crees que vas? ¡Esa grada es para los Gryffindor!
 ¿Crees que vendan dulces? Quiero unas ranas de chocolate. -Se preguntó, ignorándolo por completo.
— ¡Te estoy hablando!
— ¿Ya terminaste de quejarte? -Enarcó ambas cejas.
— Pero yo…
— Vamos, ya va a iniciar.
Los dos subieron, James haciendo un berrinche silencioso detrás del azabache quien sonreía alegremente, y preguntando si habrá servido ir corriendo a su habitación y pedir porque a Ted le vaya bien. Jamás había presenciado un torneo, pero si había escuchado que eran completamente peligrosos.
— ¡Ahora me van a ver raro! ¡El capitán de Gryffindor con un chico extraño!
— ¿Quieres una tostada?
— ¡N-no!
— Más para mi, entonces. -James le arrebató una.
— Solo para cobrarte la bromita del té.
Ame entonces sonrió.
— Jeje, eres raro.
— ¡Pero si mira quien lo dice!
ME ENCANTO ESTO, BYE I BROTP THEM SO HARD 
About the task however...
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Bueno...
Podemos decir con seguridad que tus habilidades de narración con respecto a las pruebas a mejorado muchisimo  ¿sabes como lo se? PORQUE ME LA PASE ESTRESADA TODA LA PUTA ESCENA TODO SE MOVIA CON UNA RAPIDEZ IMPRESIONANTE PERO LA NARRACIÓN ERA TAN BUENA QUE YO SENTÍA QUE TODO PASABA EN TIEMPO REAL, PUDE SENTIR LA ADRENALINA DE TED, EL ESTRÉS DE TODOS LOS CAMPEONES, VI EL ESCENARIO TAN PERFECTO EN MI CABEZA QUE NI SIQUIERA PUEDO EXPLICARLO, FUE COMO VER UNA PELICULA TE QUEDO PERFECTO DESDE EL  PRINCIPIO HASTA EL  FINAL 



Aquellas palabras le cayeron como balde de agua helada, porque no podía creerlo. Una sonrisa de satisfacción y cansancio se dibujó en su rostro enrojecido, y pensó en la dicha que sentía. Cuando trató de levantarse, una fuerte punzada lo volvió a tirar contra sus rodillas, cuando despegó la mano de su costado, lo último que pudo ver fue su mano llena de sangre, antes de cerrar los ojos. 


Yo diría que esta fue la parte que mas me gusto, no me mal entiendas, esta herido y todo, pero creo que representa esos momentos donde logras algo que te costo muchisimo, y capaz e involucra dolor, unos cuantos raspones y heridas, pero a fin de cuentas lo lograste y el sentimiento de satisfacción que Ted sintió en ese momento era necesario. Es algo con lo que el lector logra identificarse, por lo que se vuelve fácil sentirlo con el, cosa que logró que aunque que ese cierre para la prueba fuese intenso resultara muy ameno y satisfactorio, asi de  " verga valió la pena el estres" asi que muy bien hecho, mis felicitaciones más sinceras. 
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MOOOOOOOOOVING ON
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Realmente el gif no es necesario, porque lo que voy a hacer en esta escena es una pausa muy corta, ¿pero te he dicho que me encanta hacer gifs ridículamente específicos? me encanta. Anyhow....Me encantó escribir esta escena contigo, apesar de que ambas concordamos que no queriamos que fuese muy larga, espero podamos hacer interacciones más profundas entre estos dos en un futuro, siento que tienen muchísimo potencial y se me hizo muy ameno escribirlo. ¡Ahora quiero conocer a Hana! but hey i gotta say Ame my darling, when you grow up and your brain develops a bit more you're gonna regret that comparison
Also; 



 Se volvió hacia la chica, y le dio unas palmaditas amistosas en la cabeza.

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"How to Kill the flirt mood when talking to a girl whilst killing her writer with cute"


(For dummies aka James)

—A self help (sorta) book by Ame Aizawa  [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]



*inserte aqui gif de James, Ame y Ted que no me quiere cargar*
dang it 


Anyhow me gusto mucho esa escena entre ellos tres, siento que juntos se balancean muy bien y ya quiero ver ese momento en el que todos se admitan que son amigos! me los imaginos a los tres por hogwarts en la segunda temporada y me da de todo asdfghjkl so cute 
y el hecho de que Wanda no estuviera ahi con la gente importnte solo me dolio un poquito. 
en otras noticias me ENCANTO ESE FLASHBACK DE NIÑOS!!! QUE BONITA MANERA DE CONOCERSEEEEEEE FUE TAN NATURAL VERGA ME ENCANTO. TANTO EL RECUERDO COMO EL PRESENTE, FUE TAN HERMOSO VERLOS HABLAR, SOLO HABLAR Y SER FELICES, ADMITIRSE EN ESA MANERA TACITA QUE SE QUIEREN, VERGA KISS AGAAAAAAIN I NEED IT 
De paso me encanto el hecho de que las personalidad de todos tres está tan bien definida que puedo ver elementos que nunca se fueron; Kaia sigue siendo terca, pero pasiva agresiva, Ted sigue siendo serio, pero suave por dentro, y James...James sigue siendo un muérgano...un muérgano bello. 
ADEMAS ESE MOMENTO DE *QUICK QUICK BIG BROTHER ALERT, BIG BROTHER ALERT BREAK APART*
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Even Cedric Diggory knows what's up from the grave


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FREY AND HASSAN ARE IN HOGWARTS LADIES AND GENTLEMAN SHIT JUST GOT REAL SHIT JUST GOT SO FUCKING REAL!!! AHHHHHHHHHHHHHHHHHH  PEGUÉ UN GRITO CUANDO LO LEÍ DESASTRE, SE ACERCA UN DESASTRE PUEDO SENTIRLO! 
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WHAT THE FUCK'S NEXT! HOW DARE YOU END THE CHAPTER LIKE THIS HOW?????????????
also cam I please get more of this two together because they're just so fucking funny, frey is so  beyond done  i'm convinced the reason why he is so chill is because he legit leaves his body constantly to go scream into the astral plane of doneness from the worlds beyond. And Hassan is like the Tazmanian devil just running around all to excited about blood lust muttering shit no one around him fully understands. 

AAAAAND THAT'S ALL FOLKS 
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Always a pleasure to read up your masterpieces and possibly lighten you up with my nonsense—The Magnificent, Marvelous, Mad Madame Mim!
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Ok nah just kidding, childhood reference
 that popped into my head, do please ignore me 
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Yours, ever and farther —The Wicked Witch of The West. 





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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Thalassa Deméter. el Dom 03 Ene 2016, 5:46 am

This Is The Part When I Say I Don't Want You





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Azzura Weenhollen


Azzu no podía evitar que una parte de ella muriera un poco, aunque solo fuera un poco, al verle con ella. Pero eso no significaba que se compadeciera de ella misma. Aunque sí era cierto que le había costado un par de días asimilarlo. No es tan sencillo admitir que la persona de la que estás enamorada está enamorada de otra persona, y que ésta le hace feliz. Y si no hubiera sido por Ezra tal vez habría tardado mucho más en comprenderlo.

"-Me he fijado que no has ido a comer. -Azzura saltó, sobresaltada, porque la voz que le acababa de hablar aparecía de la nada y muy cerca de su oreja. Esa reacción provocó que una risa masculina y profunda brotara de la garganta del chico como si de una melodía se tratara.

Los ojos verdes de Azzura, se giraron para mirar al joven con una mirada evidentemente culpable. Por su parte, Ezra había avanzado hasta sentarse en la silla de enfrente de la que ocupaba la rubia. En la biblioteca, a la hora de la cena, no había nadie excepto ellos. Incluso la bibliotecaria se había ido a comer, confiando en que Azzura no iba a desmontarle la biblioteca.

-Sé lo que estás haciendo, Rita. -Le había dicho un millar de veces que no le gustaba que usara ese apodo con ella -que cogía del diminutivo cariñoso de “Azzurita”, usando la última parte, que no se parecía para nada a su nombre-, pero también hacía un millar de veces que él hacía como si escuchara llover. De modo que insistir una vez más, no iba a ser productivo para nada.

-No sé de que me hablas, Ezra. -Contestó ella, fingiendo no entender de lo que hablaba el moreno. Colocó un par de pergamino en orden cronológico para organizar mejor su trabajo cuando, de improvisto y sin pedir permiso, el slytherin colocó una mano sobre la de ella. Al mirarle, su mirada chocó con sus ojos, de dos colores distintos y de una magia especial.

De la nada, entre ellos, se estableció una atmósfera distinta, algo suave, tranquilo, lleno de comprensión y de cariño. Cualquiera que les viera se sentiría incómodo, como si estuviera interrumpiendo algún tipo de escena amorosa. Cuando en realidad, y a pesar de lo que pudiera parecer, entre ellos no se había forjado otra cosa que una amistad sincera. Aunque ciertamente algo demasiado intenso para el poco tiempo que hacía que se conocían.

-Sí lo sabes, y también sabes que es una soberana estupidez, Rita. -De pronto, la chica sintió todo el bochorno ir hacia ella y chocar contra su cuerpo de una forma impetuosa, brusca. Bajó la mirada, notando como sus mejillas se tornaban de un tono escarlata.

Desde su perspectiva, Ezra sólo pedía ver las gruesas y oscuras pestañas de la rubia contrastando con el rojo de su cara. Y pensó que esa imagen era ciertamente, de lo más bello que había visto en sus años de vida. Porque a él le encantaba observar, le gustaba capturar momentos vivos, sentir las expresiones más sinceras, ser testigo mudo de la belleza humana. Que estaba, sobretodo, en los pequeños actos, en las cosas más naturales y menos premeditadas. Y Azzura era bastante de las tres.

-Pero es que...

-Pero es que nada. -Contestó, bruscamente él, soltándole la mano. Hablaba con pasión, más que enfado. -¿De verdad vas a jugar este papel? ¿El de la pobre víctima? ¿El de la chica despechada? -Chasqueó la lengua. -Eso está muy trillado y es muy patético, Rita. -Era sincero, ¿demasiado brusco? Puede, pero eso hizo reaccionar a la rubia.

-Lo sé, lo sé...

-Eres una chica inteligente, no me decepciones. -Y dicho esto, dejó sobre la mesa una buena representación de la cena que ese día se servía en el Gran Comedor.

-Pero no se puede comer en la biblioteca. -Murmuró, alarmada la joven, mirando a ambos lados con exaltación.

-¿Y? Una serpiente y una leona no se pueden llevar bien, y eso siempre te lo has pasado por el forro. -Le guiñó un ojo, pícaro y con una gran sonrisa divertida en los labios. Eso hizo reír a Azzura, le hizo sentir viva de nuevo.

-Sí, tal vez será bueno saltarme alguna que otra norma más... Pero no se lo cuentes a nadie, eh, que tengo un prestigio de prefecta perfecta que mantener. -Y ese comentario hizo reír a Ezra, ocupado distribuyendo la comida.

Cenaron en la biblioteca, a solas, a la luz tenue de las antorchas. Pero fue la única noche, porque al día siguiente, Azzura volvió a asistir a las comidas en el Gran Comedor, con toda normalidad. Y más de una vez, Ezra se les unía en la mesa de los leones. Dónde siempre terminaba teniendo alguna discusión con Wanda, siempre con la sonrisa en los labios. Y esa sonrisa, fue lo que ayudó a Azzura a superar que Scorpius, saliera oficialmente con Crystal.”


Porque en el fondo, si Scorpius era feliz con ella ¿no debería sentirse contenta? Ella parecía una buena chica, alguien perfecta para Scorpius. Le ponía en su sitio con una sola mirada y no era para nada una insulsa que le riera todas las gracias. La persona perfecta para poner a Scorpius Malfoy a las órdenes. Y llegado un punto, no se sabía quién de los dos llevaba la voz cantante en esa relación.

Lunes, 7:55


El primer día de clase llegó mucho antes de que la mayoría de los alumnos pudieran siquiera verlo venir. Azzura por su lado llevaba días esperando a la rutina, la esperaba con los brazos abiertos y con una sensación de necesidad. Necesitaba aquello, aquella normalidad, saber en qué ocupar los días.

-¡Azzura! ¡Espérame!  -La voz de la pelirroja Weasley inundó el ruidoso pasillo, haciéndose prevalecer por encima de todas las demás voces. Incluso algunos estudiantes se quedaron mirando a la hiperactiva pelirroja corriendo hacia una rubia tranquila como si la vida le fuera en ello.

-Buenos días, Rose. -La saludó la chica de ojos verdes, sonriéndole con sinceridad. La expresión de la más alocada de las dos se relajó considerablemente al escuchar la salutación de su amiga.

-Buenos días, Azzu. -Hizo una mueca, dejando caer sus brazos como si estuviera muy cansada. -Por favor, dime que no tenemos que ir a clase y que es todo un sueño.

La rubia se rió, con alegría y ante eso, una sonrisa apareció en el rostro de Rose. Era extraño como Azzura lograba calmarla, a diferencia de otras muchas personas, que se ponían nerviosas con su nerviosismo.

-Oh vamos, no es tan malo. Para ser sinceras yo ya estaba harta de las vacaciones, necesitaba algo en lo que ocuparme.

-¡Pero si tenemos Historia de la Magia a primera! ¡Debería ser un delito! -Refunfuñó la pelirroja, haciendo patente su desagrado con una gran mueca.
-Si te escuchara tu madre...

-Mi padre estaría muy orgulloso. -Le sacó la lengua, sonriente y trotó algunos pasos por delante de la rubia. Con esa manera suya tan especial de caminar, como si en los zapatos llevara muelles.

-Por cierto, ¿dónde rayos te has metido todas las vacaciones? No te he visto el pelo, prácticamente.

De pronto, un rubor cubrió las mejillas de la chica con una violencia tal que incluso Azzura se sintió turbada. El escarlata intenso de las mejillas pecosas de Rose parecía querer competir con el escarlata de su bufanda.

-Eh... Bueno, yo... -Se volvió a acercar a ella, con un misterio y una discreción que llamaban mucho más la atención que su alegría normal.

-No tienes porqué contármelo si no quieres. -Le sonrió cálidamente, para darle más verdad a sus palabras.

Pero antes de que pudiera añadir nada más, Rose la tomó de la mano y la estiró hacia un rincón dónde nadie las pudiera oír.

-Me estás asustando...

-¡Shhhht! -Chistó, poniéndole un dedo en los labios para que se callara mientras miraba hacia los lados. Y cuando se dio cuenta de dónde tenía el dedo, se sintió todavía más avergonzada y lo quitó, quedándose unos segundos en silencio. Azzura a esas alturas ya estaba más que intrigada. -Verás... Es que... Desde el baile yo... Pero no quiero que se sepa... Mi hermano...

Si fuera otra persona no entendería nada de lo que trataba de decir la Weasley, pero por suerte, Weenhollen la entendía perfectamente. Esbozó una gran sonrisa, dando un saltito de alegría.

-¡Bren! -La pelirroja volvió a sonrojarse con fuerza y le hizo callarse, dándole un golpe en el hombro con la mano abierta.  -Pero si es genial, él es estupendo.

-¿Tu crees? -Sacudió la cabeza. -Quiero decir, ya lo sé... Pero.. No estoy lista para que se sepa.

-Bueno, bueno... Yo no diré nada, tranquila. -Le guiñó un ojo. -Pero enhorabuena.

-Gracias...

-¡Venga! Que vamos a llegar tarde a la clase del profesor Binns. -Y con un ímpetu propio de Azzura cuando estaba hablando de no llegar tarde a alguna clase, sobretodo si se trataba de Encantamientos o de Historia, emprendió de nuevo el camino.

La pelirroja se quedó unos segundos rezagada, mirando como su amiga se alejaba hasta que reaccionó y la siguió, alcanzándola con una pequeña carrera. Volviendo a su lado para continuar con aquella extraña amistad.

Miércoles


El día había pasado con una pasmosa lentitud, fue uno de esos días pastosos que parecía que nunca iban a terminar. Incluso Azzura se había aburrido en clase de Historia de la Magia. Los minutos parecía que no iban a pasar nunca y eso la desesperó. Se pasó toda la hora observando como la mano de Rose dibujaba sobre un trozo de pergamino, mirando absorta los movimientos de su muñeca y escuchando el suave rasgar de la pluma. Casi hipnotizada y completamente ausente, algo muy extraño en Azzura. Algo de lo que incluso el profesor Binns se percató, y por tanto le hizo quedar después de la clase.

-¿Te sucede algo, Weenhollen? -Preguntó, el fantasma con una expresión tan indiferente que nadie diría que estuviera  consternado por el estado de uno de sus alumnos.

-No... Es sólo que no he dormido mucho, profesor. -Las blancas mejillas de Azzu se tiñeron de rojo por la vergüenza que le suponía tener que admitir que casi se había dormido en su clase. Aunque al fantasma eso le era indiferente, no sería la primera alumna ni la última. Lo que sí le molestaba un poco era que una alumna que siempre le había echo caso de pronto pareciera tan indiferente.

-Bueno, si necesita algo, no sólo tiene a la jefa de su casa.

-Gracias, profesor. -Le dedicó una breve sonrisa. -Y ahora debo irme o llegaré tarde a Herbología, y no quisiera que el profesor Longbottom se enfadara.

-No, por supuesto, vaya. -Azzura abrió la puerta, encontrándose con los Slytherin y los Ravenclaw de su curso, esperando para entrar a su clase de Historia. -Y no olvide lo que le he dicho, señorita Weenhollen.

Azzura se giró un momento par asentir hacia el profesor, con una sonrisa antes de abrirse paso entre el alumnado, que la miraban con curiosidad. Era la primera vez que veían al viejo profesor Binns hablando con un alumno después de clase.

I'm Stronger Than I've Been Before


-Weenhollen, no olvides revisar el baño del primer piso esta noche. -Mallory Moncrieff, la premio anual se plantó delante de Azzura mientras esta mantenía una conversación con Ezra Maddox, sentados en un banco del pasillo.

A un lado de la chica iba el otro premio anual, Aarén Pffeiffer, que la miró con una sonrisita condescendiente al ver que tenía compañía masculina.

-De acuerdo. -Contestó ella, la chica se la quedó mirando algunos segundos, como esperando algo, pero cuando escuchó que Aarén se alejaba después de despedirse con un breve gesto de la cabeza, le siguió, despidiéndose escuetamente.

-Vaya putada, así que los miércoles te toca la última ronda... Yo creo que me dormiría. -Escuchó la voz de Ezra, que estaba apoyado de cualquier forma en la pared, con un pose entre elegante y descuidado. Una combinación extraña que llevaba su sello.

-No, si siempre me toca esa ronda. -Contestó, tranquilamente la chica ojeando un libro que acababa de dejarle Ezra.

Aquella información puso a trabajar a toda máquina a Ezra, que mientras comprendía aquello que acababa de decirle su amiga iba enfadándose poco a poco.

-¿Que te obligan a hacer todas las rondas de última hora? -Murmuró, entre dientes, enfadándose por segundos.

-Y las de primera hora... -Tal vez esa información no era necesaria, pero Azzura sintió que era preciso que lo supiera. Como si en el fondo, estuviera esperando algo que la hiciera reaccionar.

-¿Es una broma? -Aquello casi se convirtió en un grito, aunque él intentaba controlar el enfado. Y la cara de Azzura lo dijo todo, haciendo estallar al moreno en rabia.  

-¡Pero bueno! ¡Es inaceptable! ¿¡Cómo dejas que te hagan algo así!? ¡Es abusivo! -Al oírle gritar, ella se sonrojó con fuerza, viendo como muchas cabezas se giraban hacia ellos.

-Tampoco es para tanto.  -Murmuró, intentando tranquilizarle. Aunque hizo el efecto completamente opuesto. Y para no gritar, Ezra se tomó unos segundos para calmarse.

-Mierda Azzura, por Merlín ¡si tu eres la leona! ¿Cómo rayos dejas que te hagan algo así? No me lo puedo creer.  -Negó con  la cabeza, mirándola con una decepción que hizo que la rubia se sintiera como un ser despreciable. Porque en el fondo sabía que tenía razón. ¿No se suponía que era una leona? Pues llevaba años sin serlo y eso la avergonzaba. Algunas veces incluso había soñado que McGonagall la obligaba a cambiarse de casa por deshonrar la memoria de Godric Gryffindor.

-Yo...

-Ni yo ni nada. -El ojo azul se le oscureció debido a la intensidad, la mirada se volvió algo más brusca, sacando ese genio Slytherin que casi asustó a Azzura.

-Lo arreglaré, ¿vale? -Intentó calmarle ella, cerrando el libro y dejándolo entre ellos.

-Te acompaño. -Decidió él, levantándose. Pero la Gryffindor tiró de él para que se volviera a sentar.

-No. Voy yo. Es algo que tengo que hacer yo y no tu.

El chico no parecía muy convencido y la miró fijamente.

-Muy bien. Aquí te espero.  -Se cruzó de brazos, mirándola fijamente, a la espera. Si no lo conociera, Azzura ya se habría asustado. Pero en lugar de eso se acercó a él y besó su mejilla.

-Ahora vengo.

Y sin más se dio media vuelta, para alcanzar a Mallory y a Aarén. Mantenían una conversación aunque era evidente que ninguno de los dos le tomaba demasiada atención al otro. Como pudo, les pasó delante para cortarles el paso, con decisión. Pero toda esa decisión se esfumó brevemente al ver la mirada fulminante de Aarén, que realmente imponía.

-Disculpad, necesito hablar con vosotros sobre los turnos.  -Una media sonrisa apareció en los labios de Mallory, que la miraba con una tranquilidad que le dio mucha más confianza que el chico.

-Vaya, si que has tardado. Aunque para ser sincera no esperaba que fueras a hacerlo nunca. -Murmuró, ella con una chispa brillando detrás de sus ojos.

-Es que son abusivos... Siempre me toca a mi hacer las rondas más tempranas y más tardías... Es que casi ni tengo tiempo para dormir.

-Son abusivos sí, pero como no te quejaste... -Contestó Aarén, con esa sonrisa que a muchas chicas hacía suspirar. Pero por muy guapo que fuera, a Azzura nunca le había agradado su forma de ser.

-Ah... -Aquella información la dejó un poco turbada.

-No estabas demostrando ser una leona. -Puntualizó la chica del cabello rojo, mirándola con una sonrisa, casi orgullosa. -Pero ahora lo estás haciendo.

-Aunque es una lástima que sea porque te lo ha dicho un Slytherin. -Y aunque le encantaría negar esa información al premio anual, no podía hacerlo y por tanto un rubor le cubrió las mejillas. El joven chasqueó la lengua, negando con la cabeza. -Bueno, ya redistribuiremos los horarios. Por lo pronto, esta noche y mañana por la mañana tus turnos los hará otra persona.

-Gracias. -Y sin decir nada más volvió al lado de Ezra, seguida por la mirada de Mallory que la observó un rato, con curiosidad antes de seguir a Aarén hacia el despacho de McGonagall.

Jueves


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-Disculpa, Azzura ¿cierto? -Los ojos verdes esmeralda de la rubia se alzaron para dar con una pelirroja preciosa, con una sonrisa todavía más encantadora. La sorpresa se diluyó en su expresión como si se tratara de una pincelada de pintura en una gota de agua.

-Sí... ¿En qué puedo ayudarte? -Murmuró, intentando sonreír, pero le resultaba complicado.

-Verás, es que la bibliotecaria me ha dicho que viniera a preguntarte a ti. Y ha añadido que te lo pide como un favor porque está muy ajetreada. -La pelirroja le sonrió, algo avergonzada por encargarle un trabajo a una desconocida.

-Ningún problema. Para eso estamos los prefectos. -A ese comentario, Crystal profirió una leve risa muy suave.

-Oh, bueno, no es exactamente parte de tu trabajo. Es una desventaja, supongo. -Le sonrió y le pasó un trozo de pergamino, en el que venía escrito el título de un libro. -Necesito este libro para terminar una redacción y no lo encuentro por ningún lado. Tampoco se lo han llevado, y la bibliotecaria me dijo que tu sabrías dónde estaba.

La rubia tomó el papel, sí que sabía dónde estaba, perfectamente además. Pero no contestó inmediatamente porque por su mente pasó una idea. ¿Y si la mandaba a un rincón de la biblioteca para que buscara sin cesar un libro que ella sabía perfectamente que no encontraría? Un sentimiento malvado, un escalofrío de venganza recorrió el cuerpo de la Gryffindor. Sería satisfactorio. Era una estupidez, pero le haría pagar por haberle quitado a su chico.

Pero cuando abrió la boca para hacer semejante cometido, las palabras no le salieron de la garganta y enrojeció brusca y muy notoriamente. ¿Qué estaba haciendo? Se sentía avergonzada, ridícula, malvada y sobretodo, muy estúpida. ¿Qué culpa iba a tener esa chica? Es más, esa chica tan agradable y simpática, de que estuviera enamorada de SU novio. No tenía ninguna culpa y ella se estaba comportando como una niña inmadura.

-¿Todo bien? -Preguntó la Ravenclaw, con un tinte de preocupación en su tono. Esa pregunta terminó de clavar el puñal en el corazón a la mayor. Que estúpida estaba siendo.

-Sí, sí... -Se agachó hacia su cartera y sacó el libro que le había pedido. -Aquí tienes. -Le dedicó una sonrisa dulce, de esas que llevaban la firma de Azzura.

-Oh, pero lo tenías tu... No, no. Toma, lo tienes tu, no pasa nada.Ya buscaré un sustituto. -La pelirroja le dejó el libro encima de la mesa. -Pero gracias de todos modos.

Entonces, una mano fue directamente a la muñeca de Crystal. Ni Azzura supo porque lo había echo, pero la retuvo.

-No. Por favor, llévatelo.

-Mira, haremos una cosa. ¿Te importa si me siento? Sólo necesito consultar un par de cosas para terminar algunos detalles. Y así seguro que te lo devuelvo cuanto antes. -Azzura soltó su muñeca y asintió, con una sonrisa.

Crystal rodeó la mesa y se sentó enfrente. En el sitio que solía usar Scorpius. Después tomó el libro y empezó a trabajar. Azzura por su parte se quedó algunos segundos en silencio, sin ser capaz de hacer nada. Sentía los latidos de su corazón, más intensos, no más rápidos, pero sí era como si sus venas llevaran más sangre. Se sentía ridícula, estúpida, y no era para menos. Levantó un momento la mirada para mirar a su compañera. Era una chica muy agradable, guapa, inteligente y de un carácter fuerte. Era simplemente perfecta y no era el tipo de persona que merecía su odio, ni su rencor. Es más, ella no había echo nada. Seguramente no tendría ni idea de que antes había sido amiga de Scorpius, ni de que aquella era su silla. No tenía sentido odiar a una persona maravillosa por querer a la misma persona.

Y después de todo, en el fondo, Azzura sabía porque Scorpius había preferido a Crystal. ¿Quién no la preferiría? Seguro que ella jamás odiaría a una chica por el simple echo de hacer feliz a la persona que quiere.

Terminó por sonreír para si misma. Podía estar en paz consigo misma. Ahora ya lo entendía, y no era culpa suya, simplemente no podía competir. Lo que más la fastidiaba era que no podrían ser amigas, le habría encantado ser amiga suya. Seguro que habría sido una gran amistad. Pero tenía que ser honesta consigo misma, simplemente no iba a ser capaz de ser amiga suya.

Volvió a su trabajo, y durante más de una hora trabajaron en silencio, en harmonia. Detrás del ventanal, que iluminaba sus pergaminos amarillentos y las páginas de unos libros que tenían 10 veces su edad, el sol iba desapareciendo. En invierno el frío ambiente diurno enseguida pasaba a ser un ambiente helado cuando caía el sol. Pero no pareció que eso las molestara. Es más, el ambiente agradable en el que ambas estaban sumergidas no se vio frustrado ni por el tiempo ni por el clima, sino por una tercera presencia.

-Crys, llevo cosa de una hora buscándote y... -El chico se detuvo enseguida de hablar y sus orbes grises se tiñeron brevemente con algo parecido al horror al reconocer con quién estaba sentada su novia.

-Ay sí, lo siento Scor. Debía terminar esto y no tenía el libro. La bibliotecaria me dijo que Azzura sabría dónde estaba, así que vine a preguntarle. -Relataba la chica, sonriendo tranquilamente al chico, con un brillo especial detrás de sus ojos. -Y como lo tenía ella, me quedé con ella para trabajar.

-Ah... -Contestó, sin ser capaz de articular nada más.

-Pero ya había terminado. -La pelirroja empezó a recoger las cosas. Azzura por su parte intentaba mimetizarse con el ambiente. Fundirse estaría bien. Y más cuando escuchó como Crys le susurraba a su novio que hiciera el favor de saludar y no comportarse como un maleducado.

-Hola. -Dijo, Scorpius, completamente forzado por la mirada fulminante de la pelirroja.

Las orbes verdes de Azzura se levantaron del pergamino y les miró a ambos, en perspectiva, como la pareja que eran.

-Hola. -No le puso mucho entusiasmo ni sonó demasiado fría. Más bien fue un tono rozando la indiferencia.

-¿No os conocíais? -Preguntó, desconcertada, la menor de los tres.

-¿Eh? Sí, sí... Bueno, ya sabes, somos del mismo curso y hay algún que otro amigo en común... Y eso... -Contestó, evidentemente incómodo el chico. Crystal le miró, extrañada, no comprendía el comportamiento del rubio. Azzura se limitó a asentir con la cabeza y sonreír un poco, como para darle verosimilitud a su historia.

-Si, bueno, una buena amiga mía es hermana de su mejor amigo, por ejemplo. -Por suerte, la rubia era capaz de abordar el tema con un poco más de naturalidad.

-Oh, claro. -Nalish sonrió, recogiendo su cartera repleta de sus cosas. -Entonces nosotros nos vamos. Muchísimas gracias Azzura.

-Ha sido un placer, cuando quieras. -Respondió, regalándole una sonrisa.

Se despidieron, la chica con una gran sonrisa y alegría, sin perder ese halo de elegancia que la envolvía. Mientras que él simplemente se despidió brevemente, de nuevo, por obligación.

This Is The Part When I Break Free.




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Scorpius Malfoy


Un rubio platinado le regalaba un último beso a su novia antes de verla desaparecer hacia la torre de Ravenclaw. Desde que habían dejado la biblioteca su mente no dejaba de divagar en la imagen que había presenciado. Su novia con Azzura. ¿A qué venía eso? Necesitaba respuestas, y no iba a dejar aquel asunto así.

El ambiente en los pasillos esos días era perezoso. Hacía apenas dos días que habían retomado las clases después de Navidad y la gente parecía estar cansada de ir a clase después de semanas. Y sin embargo solo faltaban dos días para la siguiente prueba, que todavía no había levantado tanta expectación como la primera. Por algún motivo, la vuelta a la rutina había medio alelado a los estudiantes. Cuando lo lógico era que estuvieran exultantes por la emoción.

La verdad es que Scorpius era bastante indiferente al torneo y por ende, no estaba para nada emocionado. Y ahora era lo que menos le preocupaba. Daba largas zancadas para alcanzar la zona dónde sabía que se escondía la entrada de la Torre de Gryffindor, para esperarla.

Por suerte, apenas unos minutos después escuchó unos pasos muy suaves y ligeros que se acercaban hacia ahí. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Scorpius la abordó, barriéndole el paso. Los ojos esmeraldas de Azzura le miraron con soslayo, evidentemente sorprendida. No se lo esperaba. Por un momento, Scorpius se sintió algo intimidado por sus ojos y se quedó en silencio, mirándola. El tiempo parecía que se había detenido y por un momento en lo único que podía pensar era en el lunar que tenía en el costado izquierdo del cuello.

-¿A qué estás jugando, Weenhollen? -Su tono fue frío, ya no pensaba en lunares ni en cualquier otro tipo de distracción. Ahora ya recordaba qué había ido a hacer y que no debía confraternizar con ella, por el bien de ambos, y de Crystal.

-¿Se puede saber de qué me hablas, Malfoy? -Murmuró ella, entre dientes, conteniendo una rabia incipiente y más que evidente.

-Sabes perfectamente de que te hablo. No te hagas la inocente, conmigo no te va a funcionar. -Clavó sus orbes claras en ella, fijamente, en un intento de intimidarla que hizo el efecto completamente opuesto. Pudo ver claramente como su pecho se llenaba de rabia y le lanzó una mirada penetrante que jamás le había visto. No parecía para nada la Azzura dulce que él conocía.

Azzura no daba crédito a lo que oía y se notaba en su mirada, Scorpius podía verlo perfectamente.  Pocas veces la había visto así, toda la dulzura que la solía perseguir allá dónde fuera ahora se veía substituida por una fuerza inaudita. Siempre había dudado del porqué Azzura estaba en Gryffindor en lugar de en Hufflepuff, pero cuando sus orbes verdes adoptaban un tinte prácticamente rojizo lo entendía perfectamente. La rubia estaba sacando la leona que llevaba dentro y por un momento, Scor se sintió incluso intimidado.

-Estoy harta de esto, Scorpius, ¿me oyes? No me merezco como me tratas, ni como me hablas, ni como me miras... No me lo merezco. Así que si me haces el favor de apartarte, me encantaría irme a mi torre. No quiero tener nada que ver contigo. ¿Me entiendes? No te vuelvas a dirigir a mi si no es para disculparte. Aunque dudo que sientas esa necesidad, porque para ello se necesita sentir empatía por los demás o al menos buenos modales. Y tu careces por completo de ambas cosas. Porque por mucho que te creas mejor que yo por ser Sangre Pura, de la aristocracia mágica, o de lo que rayos seas, te aseguro que estás demostrando ser muchísimo menos elegante que yo.

Se abrió paso, y sin dignarse a mirarle de nuevo, se alejó de él, dirección la torre. Estaba todo dicho. No tenía ni que mirar atrás, ni preocuparse por si lo había entendido. Aquello era indiferente. Porque Azzura ya había comprendido lo que necesitaba entender para ser libre, para poder sentirse verdaderamente bien consigo misma.

Por su parte, Scorpius se quedó algunos segundos mal plantado. De pie y en la misma posición en la que había quedado cuando Azzura se fue. Le costó reaccionar, y no fue hasta que escuchó que se dirigían hacia allí que emprendió su camino hasta Slytherin.

Era consciente de que se había portado como un cerdo, como un verdadero idiota. Enfundó sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones sin dejar de caminar. Si le preguntaba a Séptimus estaba seguro de que él iba a decirle que había echo bien, que era lo que debía hacer, poner a la Sangre Sucia en su sitio. Y su madre, aunque no lo dijera tan abiertamente, pensaba igual. Sin embargo ¿y si le hacía la misma pregunta a su hermana? ¿O a su padre? ¿Qué dirían ellos?

Levantó la cabeza para mirar los jardines, completamente oscuros por la ausencia de la luna, tapada detrás de unas gruesas nubes. Ahora todo lo que le quedaba era esperar haber echo bien al cubrir con oscuridad su relación con Azzura, porque dudaba que recuperarla fuera a ser tan fácil como hacer desaparecer las nubes.

Sábado, 8:15


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El sábado amaneció como cualquier otro día, un día corriente ¿quién iba a decir que esa tarde iba a celebrarse una prueba determinante y tan importante, del calibre de una prueba del Torneo?

Por supuesto que seguía enamorada de él, pero ahora lo veía de otra forma. Era simplemente un defecto del que, eventualmente, iba a deshacerse. Y esa visión la calmaba, le permitía estar en paz consigo misma de nuevo. De modo que veía las cosas de una forma mucho más positiva, incluso el echo de sentirse diferente a sus compañeros le parecía algo liviano. Fácil de tratar, simplemente, una mota de polvo dentro de sus preocupaciones.

-¿Todo bien, Azzura? -La sorprendió la muy conocida voz de cierta amiga justo detrás de ella. Cuando se giró vio como Wanda miraba más allá, ahí dónde Azzu había tenido la mirada solo algunos segundos antes.

No hacían falta más explicaciones, no necesitaban decirse nada más. Ambas se habían comprendido perfectamente. Era reconfortante saber que siempre iba a haber alguien contigo, ahí, que te entiende, que te apoya. Que no te hace preguntas innecesarias porque conoce la respuesta.

-Todo bien. -Le dedicó una sonrisa sincera, fresca, radiante. Todo estaba bien. Y sin mirar atrás, sin volver su vista a los jardines ni a la imagen de un amor invernal, tomó del brazo a Wanda y caminó.

-¿Y bien? -Preguntó de nuevo Wanda, insistiendo en el tema. Azzura sonrió suavemente, más para si  misma que para ella.

-Y bien, que creo que ya estoy bien. -Se encogió de hombros, con una expresión que reflejaba una calma tan expresiva que incluso resultaba turbadora.

-¿Ya? Azzu... No quiero desanimarte, pero ha pasado demasiado poco... Y superar algo así, cuesta. -Contestó Wanda, en un tono muy suave, como quien le da una mala noticia a un niño, como cuando se debe decir a alguien que está equivocado, como cuando tienes que ayudar a una amiga a poner los pies en la tierra.

-No, no me he expresado bien. No lo he superado, claro que no. -Miró el suelo, pestañeando suavemente. -Me costará, porque yo de verdad le quería. Y me hice falsas expectativas, lo cual lo empeora todo...

-Ay, mi dulce Azzura. -Se detuvieron para que la morena pudiera abrazar a la rubia. Un abrazo cálido, sumamente reconfortante, de esos que te transmiten que todo irá bien. Azzura sintió como el calor corporal de su amiga la envolvía y como su calidez espiritual la reconfortaba. Diciéndolo todo sin decir nada. Con una intensidad tal que incluso tuvo ganas de llorar.

Cuando se separaron las lágrimas de emoción no derramadas brillaban sobre sus ojos esmeralda. Se puso de puntillas y besó tiernamente la mejilla de Wanda, con una suavidad incomparable para decirlo todo sin decir nada, así como había echo la morena.

-¿Vamos a desayunar? Me muero de hambre. -Estiró los brazos, haciendo el gesto como un león hambriento. Haciendo reír a la rubia.

-Yo también. -Contestó, guiñándole un ojo. Ambas amigas se perdieron de la vista en un abrir y cerrar de ojos, dejando en aquel pasillo un aroma agradable, mezcla de perfumes y de cariño.

Cuando entraron, el ambiente estaba muy caldeado. La gente parecía haber despertado de su letargo invernal para impregnarse del espíritu del Torneo. Dónde fuera que mirara podía ver a algún alumno relatando lo sucedido en la anterior prueba, o especulando sobre lo que iba a suceder en la que estaba a punto de suceder, o decidiendo sus favoritos, o incluso apostando.

-¿Sabes cómo está Ted? -Y justo cuando terminaba de pronunciar aquella pregunta vio como el chico se levantaba de la mesa, solo, acaparando muchas miradas y dejando hablando solos a James y a un chico de Slytherin que Azzura no conocía.

-Voy con él, hasta luego, Azzura. -Y sin más, Wanda desapareció detrás del metamorfomago, dejando a Azzura desayunando sola.



Azzura se sentó en las gradas que iban siendo ocupadas poco a poco por alumnos de todos los colegios. El ruido era el principal protagonista pero Azzura no era partícipe de todo aquel jolgorio, y se mantenía en silencio observando lo que tenía enfrente. Aquella prueba estaba dándole escalofríos y todavía no estaba segura de qué iba.

Algunos minutos después todo el mundo calló porque dieron inicio a la prueba y soltaron a los campeones como si se tratara de carnaza para unos enfurecidos leones. Y sus peores temores se confirmaron. Aquella prueba era monstruosa.

A la rubia le hubiera gustado apartar la mirada, no ver como los campeones se maldecían entre si para hacerse caer, para llegar al centro. ¿Existía algo más horroroso? Azzura no daba crédito a lo que oía y a lo que veía. Pero aquel espectáculo la hipnotizaba, y como a ella, muchos otros. Aquello rozaba la crueldad.

No se lo podía creer, ¿iba a dejar que ese chico cayera al fuego? ¿Hasta ese punto quería ganar? Los ojos de Azzura estaban completamente bañados en lágrimas de congoja y sentía que su corazón se le iba a salir del pecho. Iba a morir. Un chico tan joven, iba a morir. Y su amigo no estaba haciendo nada.

A su izquierda podía oír a una chica balbucear en francés, completamente horrorizada. Su hermano estaba al filo de la muerte y Azzura ni siquiera fue capaz de contestarle. Seguramente de las pocas que entendían lo que decía aquella muchacha, sin embargo, no era capaz de abrir la boca. El horror la tenía completamente paralizada. Su amigo, alguien a quién consideraba buena persona no estaba haciendo nada por el campeón de Beuxbatons.

-¡TED! -Sabía que no la iba a oír, que no iba a oír su voz por encima de los demás. Pero era presa de la histeria. Necesitaba que fuera a por él, no cabía dentro de ninguna concepción dejarle caer al fuego. Bajo ninguna excusa, bajo ninguna circunstancia.

Sabía perfectamente que Ted no le había oído, que estaba haciendo aquello por pura buena voluntad. Sus pies le llevaron hasta el lado del chico, al cual sujetó, evitando así que cayera al fuego abrasador. Nunca se había sentido tan orgullosa de alguien como se sentía orgullosa de su amigo en aquellos momentos.

Y después de dejarlo a salvo siguió adelante, como un buen Gryffindor, como un buen luchador. Cyllian estaba bien y no debía preocuparse por él, de modo que ahora lo único que podía hacer. Y a pesar de que estaba herido, siguió adelante. Tal vez era un cincuenta por ciento irresponsabilidad y otro cincuenta por ciento valentía. En ese momento no importaba, el ambiente se había caldeado, la emoción estaba en el aire y la tensión se podría cortar con un cuchillo. Tenía ganas de gritarle a Ted para darle fuerzas, para que recordara que no estaba solo. Que había mucha gente en las gradas que lo apoyaban porque, ganara o no, por el simple echo de haber vuelto atrás a por el chico francés, ya era un claro vencedor.

Pero eso no le impidió ganar. El momento en el que llegó, y posteriormente, el momento en el que todo el mundo estalló en alegría, en aplausos, en vítores, embargaron de emoción el cuerpo de Azzura. Ya exhausto de tanta emoción, de tanta locura,  de tantos sucesos delirantes, de perder el aliento una y otra vez.

Los campeones fueron llevados a la enfermería para curar sus heridas, algunos más maltrechos que otros y los alumnos regresaron al castillo, todavía emocionados por todos los sucesos. Azzura sin embargo no pudo evitar la curiosidad y se acercó para ver cómo estaba Ted. Por suerte se detuvo antes de entrar, empujó suavemente la puerta entreabierta y la imagen de Kaia junto a la cama de Ted hizo que retrocediera sin hacer ruido. Una sonrisita apareció en sus labios, resolviendo que lo mejor era no molestar.

Porque a pesar de lo que pudiera parecer, Azzura sabía mucho más de lo que le contaban. La rubia se mezcló con la multitud y desapareció de la escena.

'Cause I Can't Resist It No More.





PD. me encantaría dedicar este capítulo a todas mis compañeras de la novela. Han sido todas muy pacientes y son unas maravillosas personas. Sobretodo querría dedicarle esto a Val, porque sin ella, no habría sido posible que volviera a escribir. Ha sido una gran ayuda y una amiga fantástica, la cual no necesito conocer en carne y hueso para adorarla. Muchas gracias Val y muchísimas gracias a ti también, Noe, también has sido de gran ayuda y te agradezco muchísimo toda la paciencia que has volcado hacia mi. Has demostrado ser una gran amiga tu también y espero que en el próximo capítulo podamos coescribir alguna parte, ¡me haría mucha ilusión! E Ivette, entiendo por lo que pasas ahora, pero no descartes nunca volver a esto, ¡ánimos y que la musas de la inspiración vengan a ti!
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Thalassa Deméter. el Dom 03 Ene 2016, 12:46 pm

¿Qué decir? Después de tanto tiempo leyendo y releyendo vuestros capítulos para intentar aprender algo de vosotras, para inspirarme, me doy cuenta de lo difícil que es para mi ahora hacer un comentario adecuado de vuestros capítulos. Pero no me lo voy a tomar como una excusa, sino como un reto. De modo que voy a intentar remarcar lo que más me ha impresionado, todas esas partes que después de las lecturas me han quedado más, porque eso significa que tienen algo de especial, aunque evidentemente vuestros capítulos al completo merecen una ovación y el reconocimiento.


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Vale, llevo tanto sin comentar que todavía no he dicho nada del BESO. Porque es el gran beso, el más y mejor beso presenciado y por presenciar. Por favor, me emocioné muchísimo y la manera en la que lo escribiste, como lo detallaste... Simplemente hermoso. No creo que pueda decir nada mejor al respecto. Me rompió el corazón que ella se rindiera, que se largara y que él no tuviera oportunidad de decirle todo lo que le pasaba por la cabeza en realidad. De verdad que sentí una especie de dolor en el pecho, casi como si me rompieran a mi el corazón. Y es un enorme logro, enhorabuena.


¿Y Ame? Su nombre lo dice todo, porque se hace amar en el mismo segundo en el que entra en escena. Es tan adorable, es como una ráfaga de viento cálida pero refrescante. No me explico pero yo me entiendo xD Me encanta, es tan lo que necesita Ted que cualquiera diría que fue creado para él... -ejem ejem xD- Pero lo mejor de todo es cuando interactua con James, por favor, ¡es que me parto! Me parece tan cómico, chocan tanto que no puedo parar de reírme. Se pelean porque James está como celoso de su relación con su mejor amigo y él es tan indiferente, tan feliz él que cuando pasa de esa mierda James se enfada más, y Ted poniendo paz. Es genial, ¡me encanta! Ow, pero me dio mucha ternura cuando ayudó a la chica francesa y se mezcló con los recuerdos de Hana. Se me volvió a romper el corazoncito, demasiado tierno para mi.

Pero debo reconocer que no me puedo resistir a un buen drama y mi parte favorita fue el final. ¿Porqué no se pueden decir simplemente lo que sienten y que todo sea sencillo, de color de rosa? Por favor, ¡son amor! Pero me encanta esa manera tan estúpida que tienen de protegerse y de apartarse el uno del otro sin darse cuenta de que se hieren más haciendo eso que estando juntos. Sólo espero que lleguen a verlo algún día.


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Sylvana, Travis, Ezra, Terry, Bianca, Korina... Que recuerdo tan hermoso. Me pareció algo tan tierno, no sé, muy dulce. Y aparte, me encanta ver cómo imaginamos la infancia mágica de los niños magos. Es algo que en realidad nunca hemos visto en los libros pero que me encanta ver desde una perspectiva fan. Y me parece que tu lo plasmas tan bien ¡te felicito! Y sí, me causó ternura la vida de Sylvana, es un personaje con mucho potencial y veo que en realidad tiene su corazoncito... Pero no sé, no me convence, ¡voy a necesitar mucho más que eso para aprender a quererla! Y estoy deseando seguir leyendo tanto de la familia Maddox como de su relación, confusa y extraña, con Sylvana -que lo siento, pero no termino de tragar, loving too much Ezra-.

Pero por favor, te lo ruego, ¡no hagas sufrir de esta forma a Wanda! Pero si yo la hamo, la hamo, la hamo -porque no la amo, eso suena demasiado suave, ¡la hamo! Que suena más intenso- y me duele muchísimo verla así. Después de lo del baile... ¡Pero no debería achantarse! Saca tu fuerza, Wanda, ¡tu puedes! Pero todavía me cuesta aceptar que Ezra la traicionara... Ai, no puedo, enserio. Voy a encontrarle alguna explicación, ¡te lo aseguro!

Adoro la relación que tiene con Albus y la verdad es que la escena en el cuarto de Hazel me tuvo pegada a la pantalla todo el tiempo. Tuve tantos sentimientos por todos, pro Albus, por Regine... ¡Que buena amiga es Wanda! Tan comprensiva y tan buena. Y me alegra tanto que ella precisamente esté ayudando al pequeño Potter a aclararse esa cabeza alocada que me trae ¡lo necesita! Eso sí, me reí mucho cuando Albus reflexionó que es él quien hace sufrir a Regine y Wanda descubre todo el pastel y luego intentó desviar toda atención de que estuviera guardando el secreto xD Y el final del capítulo... Por favor, ¡Albus abre los ojos! No es tan difícil entender que te pasa ¡reacciona por el amor de Merlín! Niño tonto... Vamos a tener que meterle un par de bofetadas para hacerle entrar en razón e.e

Amo la familia Longbottom ¿vale? La hamo mucho. Y me encantan todos los flashbacks que nos regalas o simples momentos íntimos familiares que me resultan tan infinitamente tiernos ¡son una familia genial!  Oh y que decir de Ronald ¿se puede ser más adorablemente tierno? ¡ME LO COMO! Lo hamo también a él xDDD

La ternura que me dio el segundo, ese simple segundo en el que Wanda se aferra a la chaqueta de James... Lloré. No sé, sé que es una tontería, que es solo un segundo de tu capítulo. Pero me pareció infinitamente tierno. Son tan lindos, me parecen tan hermosos, me parece tan triste que se hagan tanto daño... ¿Porque el amor tieneque doler tanto? Sería hermoso que fuera más fácil. Aish... ¡Estamos contigo Wanda, no lo olvides!


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¡Love ya all!  
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Sáb 26 Mar 2016, 7:29 pm

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The Happy Prince
and other tales
En lo alto, dominando la ciudad y situada encima de una elevada columna, se hallaba la estatua del Príncipe Feliz. Era una estatua dorada, toda cubierta con delgadas láminas de oro fino; por ojos tenía dos resplandecientes zafiros y un gran rubí brillaba en la empuñadura de su espada. ¡Verdaderamente, se trataba de una estatua admirable!
   
-Es tan hermosa como una veleta –indicó uno de los concejales, que deseaba ganarse la reputación de tener muy buen gusto artístico-. Solamente que no es tan útil- añadió temiendo que la gente pudiese pensar que era poco práctico, cosa muy alejada de la realidad.
-¿Por qué no serás igual que el Príncipe Feliz? –le preguntó una juiciosa madre a su hijito que lloraba desvariando al pedir la luna- El Príncipe Feliz nunca lloraba pidiendo cualquier cosa.
-Me siento contento al ver que, en el mundo, alguien es completamente dichoso –murmuró un hombre ya sin ilusiones, mirando fijamente la maravillosa estatua.
—Terry!— un repentino llamado de atención había logrado que aquel niño rubio levantase la mirada, se había encontrado ojeando aquel libro hasta ahora a suma concentración. El frio del invierno le ha hecho gradualmente imposible salir a jugar, asi que había pasado las ultimas semanas inmerso en la lectura, cuando no jugaba con sus hermanos, o con los Têpes (a quienes en realidad ya consideraba lo mismo) siempre encogido en el rinconcito junto al mueble de las fotografías en una pila de almohadas—Tia Mercedes y tia Ingrid ha dicho que ya es hora de irse, sino vamos a perder el tren— aquella rubia de su misma edad, Sylvana Têpes, se asomaba por la puerta, con un vestido color verde, botas de invierno y una bufanda  de aspecto apretado alrededor del cuello. Le miró extrañado, realmente no era un niño que se dejase llevar por el silencio, era muy dificil que algo llegase a acaparar su entera y absoluta atención, viniendo de una familia tan acogedora como era los Maddox, le encantaba el ruido, incluso cuando perdía el sentido, era capaz de encontrarse atento a un texto y captar a la vez los olores de la cocina o los pasos de sus hermanos por los pasillos, la voz del distraido canto de la tia Mercedes o las conversaciones que los adultos de la casa tenían luego de la cena con un par de copas de vino, cuando los mandaban a el y a sus hermanos a la cama.
—¿Como?—preguntó ligeramente perdido—pero si tia Mercedes dijo que nos ibamos al medio día— dijo, levantandose y cerrando aquel libro de manera subita, conforme arrojaba tratando de atinar al orden los cojines sobre la cama.  Papá iba a reñirlo si dejaba el cuarto desordenado, eso seguro, porque nunca sabían si iban a regresar a la ciudad  para las proximas  vacaciones de navidad o las de verano, y no había que arriesgarse a que tal desorden se lo comiera el polvo y lo hiciera peor. “porque guerra avisada no mata soldado” eso siempre decía.
—Es que ya es el medio día—le informó, tratando de no rierse  de aquel simpático chico fuera de orbita, luego hizo un ademán con la cabeza—ya todas las maletas estan en la cocina, faltas tu y nos vamos— le dio una sonrisa de dientes de leche, entonces el hizo lo mismo.
—¿Ya no estas triste?— le preguntó tratando de esconder la ligera tristeza que se escondía en su voz, porque ya le había entrado la melancolía, esa que le venía cada vez que era tiempo de regresar a Devonshire, porque normalmente significaba no ver a su mejor amiga —la pelirroja Bianca McClay— por mucho tiempo, significaba que la tia Mercedes, que solía venir en las ultimas tres semanas de vacaciones a consentirlos y hacerles Torrijas iba a volver a España, en otras palabras no la verían hasta el proximo verano, y en estas vacaciones, probablemente significaba que los Têpes iban a tener que volver a Rumania—digo, es que, como querías irte a tu casa…—le dijo, las manos atadas a la espalda, pero la sonrisa siempre en el rostro, porque a Terry Maddox no le gustaba ver a gente triste, ni mucho menos hacerlos sentir de ese modo.
—Es que no me voy…—dijo Sylvana, sus mejillas ligeramente coloradas conforme miraba hacía abajo, manos en los bolsillos del vestido que obviamente había sido confeccionado a mano—yo se que tu hermano dice que yo soy muy molesta—dijo de golpe levantando el rostro—pero prometo, prometo no fastidiarlos— los oscuros ojos de aquel niño se había prendido en emoción, mientras que miraba hacía arriba a aquella rubia, que para el momento resultaba más alta que el.
—¿¡Oséa que se quedarán!?—había exclamado contento, haciendo que la pequeña Sylvana sonriese de nuevo a través de su expresiòn anteriormente avergonzada—¡que genial! Van a ver que les va a gustar mucho Devonshire, seguro no va a ser aburrido ya cuando estemos todos allá—el rubor subió en las mejillas de la pequeña, pero el rubio en su emoción no parecía notarlo en absoluto.
—¿Quieres decir que no te molesta?—había preguntado por lo bajo, sus manos hundiendose aún más en sus bolsillos si es que aquello era posible, Terry Maddox le miraba entonces con el ceño ligeramente fruncido.
—¿Por qué iba a molestarme?—le preguntó, mirandola con una genuina confusión en el rostro—¡vas a ver que te va a encantar Devonshire! La casa es un poco más pequeña, pero tiene mucho, mucho espacio para jugar, y un jardín con muchas flores que siempre estan cambiando— aquella alegría en los ojos oscuros de Terry la había hecho reir, y el nerviosismo que hasta hace poco había tenido en la boca del estomago desaparecia, volviendose la contagiosa emoción que el emanaba—hasta puedo enseñarte a andar en la escoba si quieres— su sonrisa se mantuvo, sin embargo se volvió más pequeña, conforme sus manos se enrredaban entre sus propios mechones rubios.
—Bueno…—susurró Sylvana—es que…Pues yo no tengo escoba—apretó los labios y apartó la mirada, los ojos del pequeño Terry se fruncieron.
—¿Como no?—preguntó alarmado—vas a necesitarla para las clases de vuelo en unos años—dijo muy convencido—¡Y si no practicas puede ser muy peligroso!—su rostro se mostraba realmente concentrado, dió un paso adelante para tomarle de los hombros—puedes caerte o hacerte un raspón—la pequeña rubia se relamió los labios, sin levantar la mirada, y lo que siguió fue su voz, tan diminuta y estrangulada que resultó casi inaudible.
—Pues, a mis padres solo les alcanzó a comprar una buena escoba …— apretó los dientes con ligereza, su rostro se torció en una expresión entristecida, todas las tardes de aquel verano se había dedicado a observar con anhelo a los Maddox, en sus escobas de juguete, volando por los aires…Siempre se había pregúntado que se sentiría—así que no podré aprender cuando llegue al colegio—el ceño de Terry se frunció con ligereza.
—¿Aprender?—preguntó, al parecer asombrado—Quiere decir…¿que nunca has volado?—sus ojos estaban abiertos como platos, articulaba las palabras lentamente, como si aquella posibilidad se le hiciese impensable.
—Pues…—el color subió a sus mejillas, y le miró avergonzada, encogiendose de hombros—no, nunca…Papá nunca tuvo tiempo de enseñarnos de vuelta en Rumania, y mi mamá es muggle—el rubio junto las palmas de golpe.
—¡Pues haberlo dicho antes!—exclamó, sus ojos aún abiertos de par en par, y una sonrisa alegre esparcida en sus pequeños labios—espera un segundo—había procedido a pasarla de largo, yendo casi de carrera hasta la cama de la habitación, para agacharse e introducirse con facilidad por debajo de esta.
—¿Que haces?—le preguntó la rubia volviendose a el, con una mirada visiblemente confundida.
—busco mi escoba—el amortiguado eco de su voz, emergió desde debajo de la cama, resonando con total seguridad.
—¿Y para qué?—volvió a preguntar, si era posible más confundida que antes, pero antes de responderle, el pequeño rubio surgió de vuelta a su vista, levantandose con cuidado y empuñando la escoba por el mago de madera.
—Porque ahora es tuya—dijo conforme acomodaba la escoba para que reposara entre sus dos palmas, y finalmente extendiendola hacia Sylvana.
—¿Bromeas?—preguntó, su mandibula colgaba abierta, y sus labios se extendían lentamente en una sonrisa de oreja a oreja.
—Nope—le dijo con simpleza, dando una cabeza y sonriendo de vuelta—yo ya se volar, y no me importa utilizar una escoba del armario de repuestos de Hogwarts si tengo que hacerlo—se encogió de hombros—se que extrañas tu casa, seguro allá tenías muchas cosas bonitas—hizo un ademán con las manos hacia la escoba—así que me imaginé, que quizás si llegas con algo bonito en las manos, Inglaterra se te haga  más bonita— la rubia arrojó sus brazos alrededor de el, susurrando un agradecimiento, y entonces una tercera voz se escuchó desde debajo de las escaleras.
—¡Terry, Sylvana!—llamaba la tía Meche, con su pesado acento madrileño —apuraós que si no, no alcanzamos a coger el tren—ambos niños se apresuraron a salir de la habitación.
Con el libro bajo el brazo, el rubio  se dedicó a saltar todos los peldaños con rapidéz, abajo ya les esperaba mucha gente, la casa de los Maddox tenía fama de siempre estar llena durante las fiestas, “Jeremiah e Ingrid abren las puertas hasta a el mayor desconocido” decía la gente “quien tenga hambre que vaya pa’ allá” y aunque aquello fuese un punto de broma, era en realidad lo que más adoraba aquel rubio con respecto a su familia…El hecho de que nunca le habían dejado comprender la soledad, porque con tanta gente que lo quería, nunca tendría porque sentirse solo.
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 THE GOLDEN HOUR. 
“Los humanos son superiores a los animales en ciertos sentidos”  su padre le había dicho aquello durante un verano de 2016, de vacaciones en las islas de japón, cuando vió por primera vez a un Pez Mandarín.  Recuerda aquello tan claramente que casi es alarmante, pero de nuevo, muchos dicen que los recuerdos que resultan embarazosos son los que prevalecen por más tiempo en la memoria, porque así de masoquista es el cerebro humano.   Recuerda  haberse quedado maravillado por el color neón de su piel, de un azúl tan brillante  y hermoso que casi cegaba, con rayas de un color naranja y amarillo, salpicadas por toda su piel como los rayos del sol.
 
Había querido quedarselo al instante, porque estaba cansado de los grises de inglaterra, pero papá se había negado “Los humanos somos capaces de adaptarnos a nuestros alrededores” decía “pero los animales no sobreviven el tiempo suficiente si los apartas de su hogar” en aquel entonces, aquello había tenido el sentido perfecto, recordaba solo haber asentido con la cabeza, conforme miraba hacia arriba, a los ojos oscuros de su padre.
 
No se trataba de un recuerdo que le resultara particularmente placentero, al contrario, era casi nulo, una de esas ocurrencias de la vida que recuerdas por pura casualidad, mas que otra cosa, pero ultimamente dejaba que su cabeza lo reproduciera una y otra vez, porque lo recordaba con tanta claridad, que casi podía volver a escuchar la voz de su padre…Pero quizá aquello no era todo, porque Terry Maddox no iba a admitirlo, pero aquel recuerdo era el único con el cual podía correlacionar aquel pesado sentimiento que había estado acarreando por el más largo de los tiempos dentro de su pecho.
 
Porque se sentía como un animal enjaulado…
 
Porque las cosas tuvieron que haber sido como alguna vez dijo su padre que serían,  porque, el era humano ¿verdad?  Tenía un corazón latiente, cuatro extremidades, dos ojos… Porque incluso si estaba destrozado por dentro, esa debía de seguir siendo su naturaleza, y Devonshire su hogar. Allí había crecido después de todo, y apesar de haber pasado el ultimo año y la mitad de este viajando viviendo con la tía Meche por España, este era el lugar que debería de sentirse como su hogar todavía. Sin embargo aquel no resultaba ser el caso; Mas seguido que no, se encontraba a si mismo sintiendose como un extraño mientras caminaba por su propia casa, y se había repetido a si mismo, que quizá extrañaba las atareadas calles de Madrid, con su aire humedo y su persistente olor a cigarros y jeréz, pero Madrid jamás se había sentido como un hogar tampoco…Parecía que sin importar a donde corriera aquel peso le seguía, montado sobre sus hombros, hundiendolo más y más abajo cada día.
 
Estaba de vuelta en “casa” para las vacaciones de Navidad, y al igual que de vuelta en España, sus profesores de Hogwarts seguían mandandole tareas y lecciones que practicar —aparentemente entre su tía  y su padrastro habían llegado a algún tipo de acuerdo con la directora Mcgonagall para que la situación se manejase de esa manera, aún así, Terry jamás preguntaba, el simple pensamiento de que usasen la palabra “mentalmente inestable” o incluso “enfermo” para justificar su ausencia, le causaba  la más fuerte  de las náuseas — Así que pasaba las mañanas con la naríz enterrada en los libros, y usualmente había terminado para cuando eran las doce del medio día.
 
De allí en adelante, se encontraba aquí; En el abundante jardín de flores de mamá, con la espalda apoyada al áspero árbol manzano y la mirada hacía el horizonte, tratando de captar el aspecto de las flores cuando el reloj da las cinco de la tarde.
 
“Porque a esa hora, todo se convierte en oro”
 
solía decir mamá “cuando el sol se pone y desciende sobre las flores, esa es la hora en la que me gusta estar aquí”  y ella había tenido razón, era el momento más bonito del día, y usualmente el más frustrante también.  Desde su llegada, había pasado todas las tardes en aquel lugar, con la libreta sobre el regazo y pedazos de tiza y carboncillo entre las manos, que no dejaban de trabajar a pesar de que sus músculos gritasen de dolor y los estropeados nervios le causasen un ligero temblor a su firme agarre —efecto secundario que le debía a un accidente del año pasado, involucrando el sobre uso de pastillas para dormir, y pastillas para el dolor de cabeza, otra historia.— de cualquier manera, solo poseía escasos segundos del día para plasmar aquella belleza; la luz dorada brillando de manera celestial sobre  las Gardenias, las Azucenas, las Lilas, los Girasoles, y todo el resto de aquella inimaginable variedad de flores… Porque a pesar de no quedar nunca satisfecho con los resultados, se había prometido no rendirse hasta lograrlo.
 
—¡Chaval endemoniao’!— la voz de la tía Mercedes era normalmente la que se encargaba de traerlo de vuelta la tierra,  haciendo que se diese cuenta del agúdo dolor que parecía filtrarse por sus músculos y a través de sus huesos, de su mandibula quizá apretada un poco más de lo normal para aguantar la  desagradable sensación.  Por lo general, era capáz de mantener sus facciones inexpresivas, de manera en que no lo delataran, pero no todo estaba enteramente bajo su control, por desgracia —¡hasta que por fin te encuentro! ¿pa’ esto has dejao’ de comer?—el rubio levanta la mirada, procurando que uno por uno, los dedos de su mano izquierda se destensen y dejen ir la tiza que hasta ahora sostenía.  Le cuesta trabajo, mantener un pulso estable al momento de dibujar significaba tensar las articulaciones, lo que resultaba bastante doloroso al momento de mover de nuevo los dedos. Pero nunca podría decirle a nadie sobre aquello, porque si se enterasen, le obligarían a dejar de dibujar, y entonces le habrían quitado  una parte de su alma.  
 
—¿¡Como sabías donde estaba!?—le grita de vuelta a la azabache, cuya falda larga hasta los tobillos roza el campo entero conforme se abre paso entre las flores.
 
—Yo te lo he dicho que te cree’ más listo de lo que eres—antes de que Terry se diera cuenta, Mercedes se encontraba ya frente a el, mirandole hacia abajo, la desaprobación brillando en aquellos ojos verdes iguales a los de mamá—tu mamá y yo jugabamo’ aquí contigo y tus hermano’ cuando erais pequeños, a ti,  no había truco de mágia que te sacara hasta que te dormía’— el rubio enarcó una ceja y soltó un suspiro, conforme su tía se deslizaba por el árbol, para quedar sentada junto a el.  
 
Sus largos dedos le tomaron del mentón, obligandole  a voltear y mirarle.
 
—Supongo que es justo—bufó el rubio en voz baja—el alumno no supera al maestro— hizo una mueca, y entonces su tía rompio a reir, pasandole la palma por el costado de la cabeza y guiandola para que terminase recostada en su hombro.
 
—Hay que ver…—dijo Mercedes, en una voz tan baja, que casi parecía que estuviesen compartiendo un secreto—que ere’ indéntico a tu madre— sus ojos del color del chocolate negro, subieron hasta Mercedes, conforme esta le enrredaba las manos en el cabello cariñosamente.  En momentos como estos, Terry Maddox tenía que esforzarse por no llorar, su tía y su madre siempre habían sido extremadamente parecidas; compartían los mismos ojos verdes, el cabello azabache (a pesar de que la tía lo llevaba corto y su madre lo había llevado largo hasta su muerte) y los mismos pomulos afilados, lo que les daba una simetría de rostro bastante similar, quizá la naríz de la tía resultaba un poco menos respingada, su mandíbula un poco más ancha y la línea un poco más pronunciada, sus facciones caracterizadas por el rasgo Español un poco más que en el caso de su madre…Pero aún así, cada vez que le miraba a los ojos no podía evitar que surgiera aquel cosquilleo en sus lagrimales.
 
—De…—su voz se estaba quebrando al instante y apartó la mirada conforme sus ojos comenzaron a nublarse, tuvo que aclararse la garganta—¿De verdad lo crees?—con la parte de atrás de la plama se froto los ojos hasta que no hubo rastro de las cristalinas lágrimas que habían luchado por salir hace un momento.
 
—¿Y, como no?—había susurrado de vuelta su tía—soís los dos igual de testarudos, e igual de especiales también— le guiñó entonces un ojo y sus labios se curvaron en una sonrisa orgullosa.   El no merecía aquello, lo pensaba todo el tiempo, porque en realidad, nunca iba a poder ser como su madre, nunca iba a poder ser tan especial, tan inolvidable…No tenía luz que darle a las personas como lo había hecho ella alguna vez—Pero no significa que te perdone que no te dignes a comer—dijo entonces, con voz severa.
 
—Perdona…—susurró aprentando los labios—es que no tenía nada de hambre—sintió entonces como su tía le daba un golpecito en el hombro, haciendo que soltara un quejido.
 
“No tenía hambre” un cuerno, chaval —le dijo con dureza, sus ojos abiertos de par en par, mostrando una obvia preocupación, y sus dedos pinchandole el costado de las costillas al tiempo con sus próximas palabras—si estas más desnutrio’  y flaco que gato calvo—el soltó una pequeña risa desde la parte de atrás de la garganta, observando con sutíl diversión los ojos de su tía.
 
—Te aseguro que exageras—estiró entonces una mano, moviendo sus largos dedos a pesar de que ligeras corrientes desagradables todavía se filtraban entre ellos—mira—le dijo—todavía no puedes verme los huesos del todo—su tía frunció los labios junto con el ceño.
 
—Muy divertido, tu—le dijo con un sarcásmo severo, la esquina de los labios del rubio se levantó con ligereza, pero aquella sonrisa no le llegó del todo a los ojos.
 
—Gracias, me enorgullezco mucho de ello—dijo suavemente, dejando que ciertos indicios de picardía colgasen al final de la oración—los labios de su tía permanecieron fruncidos, pero su entrecejo alivió, y enarcó entonces las cejas con determinación.
 
—A moverse—dijo con simpleza, conforme utilizaba las manos para levantarse y una vez de pie daba unas palmadas, apresurandole a que hiciera lo mismo, el rubio frunció el ceño.
 
—¿A donde vamos?—preguntó con suavidad, asegurando los pedazos de tiza y carboncillo en sus bolsillos y cerrando la libreta con cuidado, pero aún sin levantarse.
 
—Pues a la cocina—dijo la azabache, colocando las manos en la cintura—¿a donde mas?— el rubio soltó un suspiro.
 
—Te dije que estoy bien, tía Meche—murmuró con una cabezada, pero su tía no tenía intenciones de hacerle caso, no en lo más minimo.
 
—¡Pues yo no, carajo!—extendió entonces ambos brazos, ofreciendole las palmas para que le tomase de las manos—levantate, que pienso hacerte comer asi tenga que atorarte el cucharón por el pescuezo ¿estamos claros?—el rubio soltó un bufido, que se mezcló con una risa resignada y levemente desganada, siempre trataba de poner la mejor cara que tenía frente a su tía, ella se lo merecía, había hecho demasiado por el.
 
—Si, tía Meche…— estiró entonces los brazos, entrelazando las manos con las de la azabache, y dejando que esta le jalara  hacia arriba.
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El pequeño rubio olfateó, arrugando la nariz al instante.
 
No le gustaban los aeropuertos Muggle, estaban siempre tan atareados y olían extraño (como a gasolína) decía papá siempre, pero en realidad, Terry no sabía que era la gasolina, había preguntado antes, pero siempre lo olvidaba. Su espalda duele contra la dura silla de plástico y su barbilla reposa sobre sus manos, mira con el ceño fruncido a sus hermanos, quienes se han apoderado de las piernas de mamá y ya babean en el quinto sueño.
 
—Ma…¿Cuanto más tenemos que esperar?— murmura por lo bajo, desviando los ojos marrones de la puerta hacia el espacio en el suelo, junto a su silla, donde mamá se las ha arreglado para acomodar a Travis, Ezra y Teresa en su regazo, sosteniendo con una mano una libreta y moviendo una pluma con la otra. Ingrid Maddox levanta el rostro, apoyando la libreta a un costado por el momento, y utilizando la parte de atrás de la palma para cubrir un bostezo.
 
—Seguramente no mucho—le dice con una sonrisa cansada—el vuelo de tu padre debe de llegar en unos minutos cuando mucho, ya casi son las ocho—la boca del pequeño se torció en un puchero.
 
—Quiero que llegue ya—dijo con un bufido tristón, papá era militar, decía que su trabajo era proteger a la gente, pero el niño pensaba que no era justo, porque aquello lo mantenía lejos mucho tiempo—pero tengo mucho…—sus palabras se perdieron en un bostezo, logrando que su madre sonriera divertida.
 
—Puedes dormir, Terry— le dijo con suavidad, estirando los dedos, para enrredarlos entre sus rizos—te despierto cuando llegue—pero el niño negó rotuntamente, con ojos adormilados.
 
—No—dijo con simpleza, tallandose las mejillas, como tratando de espabilarse— porque yo nunca puedo abrazarlo primero—Ingrid chasqueó la lengua, mirandole con ternura.
 
—Pues, vale—le dijo sin más discusión, dando unas palmaditas junto a donde estaba sentada— ven aquí entonces, si te quedas mirando la puerta te vas a dormir—el niño le dió una pequeña sonrisa.
 
—Estoy bien, mamá—le susurró, antes de que otro bostezo se escapase de su boca, Ingrid rió, insistiendo con el movimiento  de las manos.
 
—Venga, creo que se reconocer cuando se te estan bajando las baterias—le dijo con ambas cejas enarcadas—sientante aquí, que te enseño algo—la curiosidad le había ganado entonces, se levantó solo para dejarse caer junto a su madre, quien procedió a volver a tomar la libreta.   
 
En la página, se encontraba un precioso dibujo; dos pequeñas aves, de aspecto ligeramente carescaturesco, con picos triangulares, una en frente de la otra con sus alas extendidas en el cielo, colas erguidas y abiertas en “v” listas para tomar vuelo. Sus alas  moviendose con gracia sobre el papel, como si estuviesen revoloteando por las páginas.
 
—¡Que bonito!—había dicho el niño, de repente emocionado, sus ojos abiertos como platos y sus sentidos más despiertos que nunca, sus mirada escaneando hasta el más minimo detalle del dibujo,  boquiabierto y embelisado por la manera en que las aves volaban por las páginas—¿que tipo de pájaro son, mamá?— Ingrid rió, de repente sospechando que quizá su varón menor tenía posiblemente el corazón de un artista,  parecía maravillado en la pieza frente a el.
 
—Son golondrinas— le dijo, llevando sus ojos verdes a encontrarse con los de el—cuando tu tía y yo estabamos pequeñas, a tu abuelo le gustaba leernos un cuento muggle sobre una, han sido mi especie favorita desde entonces— el niño le miraba hacia arriba, sus ojos brillaban con curiosidad.
 
—¿Y por qué no nos has leído el cuento nunca, mamá?—Ingrid apretó los labios una vez más, sus manos volvieron a enrredarse en la melena de su hijo.
 
—Pues, puede que sea porque el final es un poco triste—Terry echó la cabeza a un lado entonces, cruzando las piernas tipo indio.
 
—¿Por qué?—preguntó, su madre rió con ganas, una risa silenciosa,  a la vez cuidando  no despertar a todos los bellos durmientes que yacían en su regazo.
 
—No puedo decirte, Pepito preguntón—le dijo, con una sonrisa entre enternecida y divertida—si te digo te arruino el cuento…Pero si quieres, cuando seas más grande puedo leertelo—dio una cabezada—¿vale?—el rubio asintió.
 
—Vale, mamá— le dijo sin chistar, luego sus ojos se perdieron de nuevo en el dibujo, reposando allí por otro buen rato—Mamá…—habló de nuevo luego de un rato, Ingrid dejo de revolverle el pelo, sus ojos clavados en el techo del aeropuerto por unos segundos.
 
—¿Mmh?— el niño posó el dedo sobre la hoja de papel, siguiendo el paso de una de las golondrinas, que revoloteaba entre las dos páginas unidas por el  hilo en el centro del libro.
 
—¿Como haces que vuelen?—preguntó, sus ojos no se apartaban del dibujo, y sus labios se encontraban curvados en una sublíme sonrisa.
 
—Ah…—tarareó un momento— pues es un truco especial—frunció los labios—¿sabías que tu abuelo era pintor?—el  niño, pronto se encontró boquiabierto una vez  más.
 
—¿En serio?—ninguno de los nietos había llegado nunca a conocer al abuelo Hill, pero un portaretrato suyo se encontraba en la sala desde siempre; un anciano con la cara manchada de carbón, de barba muy, muy larga, ojos oscuros, camisa sin mangas y pantalones de mezclilla manchados de blanco y rotos.  Mamá decía que el abuelo había muerto poco después de que papá y ella se casaran, de una enfermedad rara…
 
Branquitisia…Broncotasia…
 
Terry nunca conseguía recordar el nombre, era largo y complicado, siempre que trataba de pronunciarlo se sentía como si tuviese un caramelo de miel pegado a los dientes, y no le gustaban los caramelos de miel para nada, la miel le había parecido siempre muy amarga, y no entendía como era posible que ni una sola persona concordara con el.
 
—Si…Pero a diferencia de mi, a tu abuelo le gustaba pintar en una cosa que se llama lienzo­—dijo Ingrid, despacio y suavemente—es como el papel, solo que es con lo que se hacen los cuadros grandes, y en vez de utilizar crayones, se hace con pinturas—Terry sonrió de oreja a oreja, como si le estuviesen hablando de la cosa más maravillosa del mundo.
 
—¿Era un artísta famoso?—preguntó con asombro, sus  dedos dando a sus rodillas ritmicamente, como si fuese una bateria. Su soltó una especie de bufido, que se mezclo con una risa.
 
—Pues, no tienes porque ser famoso para ser artista—murmuró pensativa—pero tu abuelo si se volvió bastante conocido,  las careras basadas en el arte no son muy  vistas en la comunidad mágica—dijo, acercándose más al niño, y procurando que los Muggles a su alrededor no la oyeran—y tu abuelo resultó ser uno de los mejores de la época. Incluso  hay un museo dedicado a su trabajo en el pueblo donde tu tía y yo crecimos, y algunas de sus piezas hasta llegaron a Inglaterra— Terry miraba a su madre hacia arriba, su mirada brillaba con un anhelo etéreo.
 
—¿Y el te enseño a dibujar, mamá?—le preguntó, de vuelta en un murmullo, Ingrid asintió.
 
—Mmh-hm, tanto a mi como a tu tía Mercedes, solo que a ella…—rió—pues ella estaba un poco corta de paciencia— el niño tomó entonces las manos de su madre.
 
—¿Y si tu me enseñas?—preguntó, con las mejillas ligeramente sonrojadas de vergüenza—¿podría convertirme yo en un artista también, mamá?— Ingrid pareció sorprendida.
 
— Por su puesto que si, cariño—llevó el cuerpo ligeramente hacia delante, plantando un beso en la frente de su hijo—pero no te vayas a creer que es tan fácil ¿eh? Toma mucho tiempo, mucha práctica— el niño presionó los nudillos a su barbilla, como en una expresión pensativa, a pesar de que sus ojos parecían nada más que decididos.
 
—Pero yo quiero hacerlo—dijo sin más—quiero que me enseñes a hacer las golondrinas volar—Ingrid enarcó ambas cejas, presionando con cariño la yema de los dedos a la mejilla del niño.
 
—Solo si me prometes ir más despacio—murmuró—prometeme que nunca vas a hacer nada muy rápido; No comas muy rápido, no corras muy rápido, no busques aprender muy rápido…Pero por sobre todo, no me crezcas muy rápido—apretó los labios—¿vale?—el niño no divisó aquel ligero miedo, que apareció de repente en los ojos de mamá.
 
—Vale, mamá—dijo sin reflexionar mucho en el asunto, y mamá sonrió aliviada.  Pero la verdad era, que Ingrid siempre se había preocupado por su menor hijo varón, porque poseía de todos el corazón más noble, y tenía miedo de que algo le pudiese suceder.
 
Un largo bostezo interrumpe la conversación, Travis Maddox  se ha despertado e incorporado en posición de indio.
 
—Buenas noches—bromeó mamá, revoloteandole los cabellos castaños rubiosos y sonriendo—¿descansaste?—el niño asintió, viendo hacia arriba con ojos adormilados.
 
—¿Ya ha llegado papá?—preguntó, en un débil murmullo, mamá negó con la cabeza.
 
—Paciencia—le dijo con suavidad—ya llegara, ha de estar pasando por inmigración les dije que se quedaran en casa, sería menos cansado para ustedes—Travis zapateó con fuerza, cruzando los brazos sobre el pecho, su ceño fruncido.
 
—Pero yo quiero verle ya mamá…—se quejó de mala gana, las manos a los costados de las mejillas—no es justo que siempre se vaya, los niños normales pueden ver a sus papás todo el tiempo—sus labios se fruncieron—seguro ya ni nos quiere—Ingrid chasqueó la lengua en reprobación.
 
—¡Travis Maximillian Maddox!—reclamó—no seas así, sabes que tu papá hace lo posible por pasar todo el tiempo que puede con nosotros, además siempre esta muy, muy pendiente de ustedes cuando deja Inglaterra como para que digas esas cosas—  el castaño bajo la mirada.
 
—Perdona, mamá—murmuró por lo bajo, abrazandose las rodillas al pecho—pero es que le extraño mucho—aquellas palabras fueron incluso más bajas, cual y el niño no quisiera que nadie supiera de sus emociones—Ingrid le dió una mirada enternecida.
 
—Ya lo se cariño—presionó un beso al costado de su cabeza, y entonces les jaló a los dos, dejando que reposaran en cada uno de sus hombros (o antebrazos, en su defecto)
 
Terry se quedó callado, a veces se sentía así también. Aunque no iba a decirlo nunca, extrañaba muchisimo a papá cada vez que se iba, le gustaría que estuviese cerca siempre, como el padre de los Têpes.
 
Le gustaría que volviera a casa todas las noches, que los arropara y les contara cuentos para dormir…Que estuviera allí para verlos aprender a volar, o que simplemente estuviese allí, incluso si solo se sentaba en silencio. Le entristecia, que cada saludo significaba más tarde un adiós.  Pero sería egoísta decirlo, porque papá se dedicaba a salvar la vida de la gente, y no sería justo para los demás que los Maddox pudiesen tenerlo solo para ellos, porque a veces había que renunciar a lo que querías por el bien de los demás, y eso era lo que te convertía en una buena persona.
 
—¡Ahí está!—la voz de su hermana menor había resonado de repente, Terry no estaba seguro de cuando se había despertado exactamente, pero parecía haber recobrado la mitad de sus fuerzas, y ahora batuqueaba al único hermano que permanecia dormido—¡ahí está! ¿lo ven, lo ven?— estaba de pie, y estiraba el cuello lo más que podía, tratando de divisar a su padre entre toda aquella gente, en uniforme.
 
—Mmh-gah…—se había quejado Ezra, colocandose el antebrazo sobre los ojos para bloquear la luz, pero Travis y Teresa ya estaban más que listos para dar sus bienvenidas y ya le lanzaban miradas a mamá, para que fuesen a aventurarse entre la multitud.
 
—¡Ezra!—Terry también se había levantado, y ahora tomaba del brazo a su hermnano mayor, haciendo un gran esfuerzo por tratar de jalarlo hacia arriba (resultando este mucho más grande que el, por lo menos en aquel momento)—¡Ezra, levantate, vamos!— el mayor de los Maddox había abierto los ojos, pero todavía se encontraba adormilado y su cuerpo permanecia flojamente entre el suelo y el aire.
 
—¿Ha llegado papá?—preguntó, su voz suave como un murmullo mientras que sus inestables pies resbalaban sobre el suelo, Travis y Teresa estaban impacientes, y ya jalaban a mamá de los brazos, arrastrandola hacia el frente.
 
—Niños, rápido—Ingrid hizo un ademán de las manos—su padre ha de estar buscandonos—
 
—¡Va-mooos!—le urge, entrelazando sus  dedos más firmemente a su hermano mayor, forzandolo hacia delante—¡papá ya está aquí, Travis y Teresa van a ganarnos!—aquello habia sido suficiente para espabilar al pequeño azabache, en menos de un segundo estuvo derecho y echó a correr como si su vida dependiese de ello, arrastrando a su hermano junto con el, y dejando a su madre para que corriese tras ellos, con los  dos  trillizos restantes  en cada mano.
 
  Los hermanos Maddox, tenian un pequeño juego, que ponian en practica cada vez que era tiempo de recoger a papá en el aeropuerto:  
 
Travis y Teresa contra Ezra y Terry, el objetivo era ver quien llegaba a su padre primero, consiguiendo entonces el primer abrazo. Mirandolo de vuelta, aquello no tenía una finalidad, pero siempre era divertido, porque de vuelta entonces, así de simples eran las cosas, eran divertidas y entonces valían la pena.
 
—¡Niños, no se separen!—gritaba Ingrid, medianamente mortificada—¡hay mucha gente, tened cuidado!—pero Ezra y Terry ya se les habían adelantado a Teresa y Travis, corrían escabullendose entre la gente, sus manos fuertemente entrelazadas, dandose equilibrio mutuamente para no perderse ni caer entre aquella multitud.
 
—¿Puedes verle?—preguntaba Terry, el costado de los dedos presionado a la frente, como explorador que bloquea el sol—su hermano Ezra se había puesto de puntas, estirando el cuello para ver sobre la gente, Terry bufó odiaba ser el más bajo de la casa.
 
—¡No logro verle!—decía el azabache, sus peculiares ojos recorriendo el perimetro, su voz levantandose considerablemente, como si ambos estuviesen en una aventura en la selva.
 
—¡Movamonos!—respondió entonces el rubio, adoptando (o intentando adoptar) el tono grueso que utilizaban los militares como su padre al dar comandos.
 
—¡No podemos dejar que Travis y Teresa nos ganen!—urgía Ezra, su ceño frunciendose. Cuando entonces una gruesa voz masculina había intervenido entre los dos niños.
 
—¿En que no podemos dejar que Travis y Teresa nos ganen?— ambos niños se habían congelado en lugar, intercambiando miradas con radiantes sonrisas de oreja a oreja.
 
—¡PAPÁ!—gritaron al unísono, arrojando entonces los brazos alrededor de aquel hombre: robusto y grande, de piel morena y espalda ancha, con su desordenado cabello negro, su poblada barba y sus ojos (ojos de un color marrón oscuro, casi como el chocolate negro cuando se derrite, los ojos que había heredado Terry) llenos de gentiliza y júbilo.
 
—¡Vaya!—decía Jeremiah Maddox, en un tono fingido de sorpresa, conforme había levantado a ambos niños del suelo estrechandolos entre sus brazos, moviendolos de lado a lado, sintiendo la vibración de sus alegres risas contra su pecho apesar de que estas se vieran amortiguadas por la tela del uniforme militar—¡parece que este par de pillos de verdad me han extrañado!—Terry se aferraba a su padre con un infinito afecto y alivio, aspirando el olor a colonia, mezclado sudor y almendras que desprendían sus vestimentas y sintiendo los latidos de su corazón dentro de su pecho.
 
—¡PAPÁ!—esta vez habían sido las voces de Travis y Teresa—¡PAPÁ! ¡PAPÁ! ¡PAPÁ!—Jeremiah Maddox presiona un beso contra la frente de ambos niños, para volverlos a colocar en el suelo, tornando su atención a la otra mitad de los frenéticos trillizos.
 
—¿¡Más gente que me ha extrañado!?—decía aquel moreno, sus ojos aguosos y su rostro resplandeciendo en alegría, todos los niños Maddox se habían alineado frente a su padre, una vez Jim hubo puesto a Travis y Teresa de vuelta en el suelo.
 
—¡Te hemos extrañado muchisisisimo papá!—decía Travis.
 
—¡Hasta te horneamos una torta!—afirmó Teresa, viendose inmensamente orgullosa de si misma.
 
—¡Pero yo he sido quien más lo ha extrañado!— Ezra había inflado el pecho, y mostraba cara de sobrado.
 
—¡Es mentira, he sido yo!—peleaba ya el castaño, sus ojos encontrandose con el negro y el cristalino de su hermano, el pequeño rubio estaba demasiado ocupado aferrandose a su padre como para poder unirse a la disputa, entre tanto había conseguido que Jim le levantara y le cargara sobre sus hombros.
 
—No—entonces una cuatra voz, ajena a la de los trillizos se había interpuesto, la voz de mamá—definitivamente he sido yo— el hombre moreno se había vuelto enseguida, sus ojos chocolate encontraron los verdes…Entonces se llevo la mano al pecho, en ademán de ser flechado.
 
—Señorita…—dijo entonces con una caballerosa reverencia, la morena había enarcando una ceja, sus ojos llenandose de lágrimas de alegría.
 
—¿Que tal encuentra sus alrededores, soldado?—preguntó con dulzura, Jim apretó los labios, estirando ambas manos hacia su esposa y haciendose el pensativo.
 
—Familiares, Aunque… ¿ puedo pedirle un favor?—Ingrid había reido, conociendo el humor de su esposo demasiado bien.
 
—A ver…—susurró con ojos divertidos—¿que puedo hacer por usted?— Jim apretó los labios, cerrando un ojo en una mueca.
 
—Vera usted, al amor de mi vida se le ha pasado recogerme—dijo con un tono jocoso, sin embargo Teresa frunció el ceño, la preocupación apoderandose de ella, en su inocencia.
 
—¡Pero yo pensaba que el amor de tu vida era mamá!—reclamó, Ingrid por su partr trataba de no reirse, mientras que Jim le guiñaba un ojo de confidencialidad a Teresa, que al entender que todo aquello era una broma, se había quedado callada.
 
—Y pues, la realidad es que no he besado a nadie en muchos meses—la morena le miraba con las manos en la cintura entonces—y si no lo hago me voy a volver loco, usted es considerablemente bonita—la recorrió de arriba abajo y la mandibula de Ingrid se descolgó en una fingida incredulidad—asi que si podría…—Ingrid había abrazado a su marido de golpe, quien la había levantado en sus brazos cual hizo con sus hijos.
 
—Pesado…—murmuró la morena, y entonces Ezra Maddox levantó la mano.
 
—¿ahora van a besarse?—preguntó, Ingrid y Jim rieron por lo bajo, y este asintió.
 
—Ese es el plan si…—dijo el moreno, obviamente divertido, Travis frunció la cara.
 
—Yuck…—dijo por lo bajo, y entonces su padre le miro por sobre el hombro de su madre, con una sonrisa picara.
 
—A ver si me dices eso en unos años más…—Ingrid le dió un golpecito en el pecho, y una mirada ligeramente reprimente.
 
—Jim…—pero el hombre moreno solo rió con todas sus ganas, dejando el rostro caer sobre el hombro de su esposa.
 
—¿Que?—preguntó—si es verdad…—Teresa rodó los ojos y señalo su muñeca, apesar de que esta carecia de reloj alguno.
 
—Vamonoss mamá, ¡la torta se va a enfriar!— Jeremiah Maddox tomó una bocanada de aire y entonces su voz se engrosó.
 
—SOOOL-DADOS— dijo, con aquella voz que usaba en comando, tratando con todas sus fuerzas de permanecer serio—AQUELLOS QUE DESEEN EVITAR LA SIGUIENTE DEMOSTRACION DE AFECTO, FAVOR APARTAR LA VISTA— todos los niños soltaron una risita, estampando entonces sus palmas sobre los ojos mientras que papá besaba a mamá.
 
Y por aquel momento…Las cosas estuvieron bien, todos salieron del aeropuerto muggle con una sonrisa en el rostro. Travis, Teresa, Ezra y su madre justo al costado de su padre, contento de estar por fin en casa…Y Terry, sobre los hombros de su más grande heroe, sintiendose tan grande como para tocar el cielo.
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Sáb 26 Mar 2016, 7:40 pm

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A PLACE IN LIMBO.
“The funny thing about armor is that it doesn’t just keep other people out. It keeps us in. We build it up around us, not realizing that we’re trapping ourselves.”— Victoria Schwab, The Unbound
 
 —¡Deja ya, hombre!—la voz de la tía Mercedes había resonado por las paredes en un chillido, conforme el rubio  a sus espalda  jugueteba con un chuchillo de cocina, dejando que se resbalara por sus dedos, con cierta gracia.
 
—Tranquila tía Meche—había bromeado, con un  tono ligeramente amargo en su voz—no voy a  usarlo para rebanarme las venas, pensaba ayudarte con la cena— aquella mujer azabache le había mirado con ojos reclamantes, conforme sus manos vaciaban el contenido del sartén que hasta ahora había estado sobre candela en un plato.
 
—No  me  vengas de gilipollas—dijo, todavía sin voltear a mirarlo—si ej’ que ni yo juego  con esos, ¿sabes lo feo que corta la porcelana?—Terry suspiró, apoyando la barbilla en una de las palmas, y resolviendo quedarse cállado, dejado el cuchillo a un lado.
 
—Ya está—dijo con simpleza, casi aburrido—no te alteres—Mercedes se volvió entonces, y el rubio pudo divisar que había en el plato.
 
—Si no quieres que me altere, es mejor que comiences a comer—el aroma a patatas no tarda en esparcirse por la cocina, tortilla de patatas para ser especificos. Por alguna razón que desconocía, aquel plato siempre le despertaba el apetito.
 
—Pudiste haber sido un poco menos obvia…—murmuró, al tiempo que soltaba una risa baja, Mercedes negó con la cabeza.
 
—No tengo tiempo pa’ ser sutíl—declaró—si estoy desesperaa’ quien sabe cuanto tiempo tienes sin comerte un solo bocao’—Terry chasqueó la lengua, apartando la mirada.
 
—Venga tía…—pero no tuvo tiempo de quejarse, Mercedes ya tenía ambas manos en la cintura.
 
—Terry Anthony Maddox, a la una…— el rubio dejó caer el rostro sobre las manos.
 
—Estás exagerando Meche…—pero la azabache no tenía la menor intención de dejarsela pasar.
 
—Terry Anthony Maddox, a las dos…— había agarrado entonces el tenedor de plata, y ya lo sostenía en manera de advertencia.
 
—Terry Anthony Maddox a las…—el rubio le había arrebatado el tenedor de las manos con una expresión derrotada, arrojando las suyas al aire, con el cubierto empuñado en la izquierda.
 
—Vale, vale…—murmuró, bajando la mirada hacia la comida—ya esta, ya has ganado, ¿estas contenta?—cortó el primer pedazo, que resultaba casi demasiado grande, introduciendolo en su boca de cualquier manera y masticando con el ceño fruncido—si es que ni siquiera tengo hambre…— pero pareció llegar al segundo y tercer bocado  con más rápidez que al primero, relamiendo sus labios con más frecuencia y afán de lo que lo haría una persona bien alimentada.
 
Mmh-hm, de seguro—había canturreado Mercedes, viendose bastante orgullosa de si misma, y sentandose en frente de su sobrino, estirando la mano para darle un pellizco en la barbilla— fueras un poco menos cabeza dura, joder—el rubio se aclaro la garganta, y luego siguió comiendo.
 
—No soy cabeza dura…— dijo, colocando la mano por sobre su boca llena—pero si soy mejor cocinero que tu—su tía sonrió en una mezcla de diversión e incredulidad. El rubió sacó la punta de la lengua, dando a entender que bromeaba.
 
—Bueno, estoy segura de que me va a hacer falta tu cocina por las próximas cuarenta y ocho horas— Terry frunció el ceño, el plato en frente de el completamente limpio.
 
—¿Y es que me voy a alguna parte?— preguntó sin entender, levantándose para servirse un vaso de agua de la nevera.
 
—Terry…—el rubio había tragado el agua en fondo blanco.
 
—Tía, te dije que no voy a ir— declaró con suavidad, dejando el vaso sobre el fregadero.
 
—Anda, majo…—Mercedes  le había tomado del brazo y ahora le miraba suplícante —absolutamente todos se mueren por verte— Terry soltó un bufido.
 
—¿Ah, si?—murmuró con amargura, pero de manera casi inaudible, porque siempre iba a ser así, se callaba demasiadas cosas; por eso su cabeza siempre estaba  saturada, por eso le llamaban loco—pues lo lamento por ellos—bajó la mirada, comenzando a lavar por inercia los pocos platos en el fregadero.
 
—Te conozco muy bien, chaval—decía Mercedes—tu lo que quieres hacer es evitar el tema, pero es que no va a poder ser así para siempre—Terry tomó una profunda bocanada de aire, sus manos temblorosas dando con más fuerza a la esponja, en un esfuerzo de mantenerse estables.
 
—¿Has revisado la correspondencia?—preguntó con simpleza—¿no ha regresado Pez?—cerro el grifo y escondió las manos en los bolsillos—mejor voy a ver…—pero su tía le había detenido, colocandose frente a el y bloqueando su camino a la puerta.
 
—Ya lo he chequeado yo, no hay cartas del colegio asi que no te me vas a escapar—Terry cerró los ojos, dejando que su espalda reposara en las orillas del fregadero y echando la cabeza hacía atrás. El arreglo que su tía y su padrastro habían conseguido con los profesores era complicado, solo le llegaba trabajo a casa, pero tendría que presentarse la fecha de los TIMOS para presentar entrevistas y examenes a parte, con los preparativos acercandose esperaban una carta del colegio cualquier día de estos, realmente no tenía ni la menor idea de como habían convencido a McGonagall, pero en realidad, el solo pensarlo no dejaría de enfermarlo nunca.
 
—¿Anca?—preguntó esperanzado, abriendo un ojo, pero fijandolo en el techo de color crema—¿y Vi?— Mercedes se le había acercado, tomandolo de la barbilla y obligandolo a mirarla una vez más.
 
—Si ninguna te ha escrito, es porque esperan verte en Hogwarts mañana—el ceño del rubio se fruncio, y apartó entonces la mirada.
 
—Pues entonces voy a tener que decepcionarlas…—dijo a regañadientes, soltando un profundo suspiro—no pienso ir, y no hay nada que vaya a hacerme cambiar de opinión— Mercedes había dejado que sus manos cayeran a cada costado de su cuerpo.
 
—Terry por favor…—dijo con suavidad, pero firmeza—son tus hermanos, ya viene  siendo hora de que pongan todo esto en el pasao’—le tomó de ambas manos y sonrió—¡si  es que estas mucho mejor!—le dió un apretón afectuoso, Terry bufó.
 
—Pues no creo que  eso sea lo que ellos tengan que decir—murmuró por lo bajo, llevaba los dientes apretados, el temblor de sus manos crecia dentro de los bolsillos.
 
—Pero porque dices esas cosas…—su tía le había tomado de ambas mejillas maternalmente—no hacen más que preguntar por ti en las cartas que llegan a casa— Terry hizo una mueca.
 
—Pues probablemente porque quieren saber que tan loco estoy, para que puedan vociferar a los cuatro vientos cuanta razón tenían— Meche chasqueo la lengua.
 
—Terry por favor, darles una opotunidad es lo menos que puedes hacer…¿que no les extrañas?—un sonido amargo que no llego a ser una risa brotó de su garganta, sus temblorosas manos se posaron a ambos lados de su cadera, evito la pregunta.
 
—Ah, ¿es que tengo que hacer yo más por ellos?—se relamió los labios, de repente resecos—¿y que han hecho ellos por mi, Tía Meche?—Mercedes suspiró, viendo como el rubio se dejaba caer sobre uno de los asientos de la encimera una vez más.
 
—¿Desde cuando eres tu el tipo de persona que pide cosas a cambio a la gente, chaval?—preguntó con reproche, Terry dejó que su rostro cayera sobre sus inestables manos.
 
—Pues creo que realmente no aplica si hablamos de las personas que dejaron que me pudriera en un hospital ¿o si?—sus ojos se había llenado de lágrimas, pero tan rápido como aparecieron, había comenzado a arañar su rostro acunado con discreción, en un esfuerzo por deshacerse de ellas.
 
—Ay mi niño…—sintió los brazos de su tía envolverse fuertemente a su alrededor, su mejilla reposando contra su espalda encorvada.
 
—Lo siento, lo que dije fue horrible, lo siento—sus manos recorrieron su rostro, pero las lagrimas seguían cayendo—no puedo ir tía…No quiero sentirme como un bicho raro otra vez, no quiero— a pesar de en general poseer una profunda voz calmada, esta vez al rubio se le veía lleno de desespero, de tristeza.
 
—Majo, anda—había susurrado su tía, limpiandole con cuidado las lágrimas del rostro—date una oportunidad, que es solo por una noche, capaz y hasta te la pasas bien— llevó ambas manos a su cintura, mirando expectante a su sobrino
 
—Tía yo…—Mercedes levantó entonces una mano, y suspiró.
 
—Mira, yo no quería sacar esta carta, que a mi no me gustan las trampas, pero hay alguien que quiere verte tanto, tanto, que no ha venido a casa solo para asegurarse de poder hacerlo…— bastaron esas palabras para que Terry supiera lo que le venía.
 
Ay, no…—murmuró por lo bajo, y una sonrisa de triunfo se apodero de Mercedes, su tía volvió a tallarle la cara con suavidad, deshaciéndose de los restos de las lágrimas y disminuyendo el enrrojecimiento de su rostro.
 
—Libby no ha venido a casa porque quiere verte…—susurró Mercedes—no sabía cuando llegaríamos a Devonshire, y desde que se enteró que los familiares estaban invitados al evento de mañana por la noche se ha empeñao’ en quedarse—Terry cerró los ojos e inhaló profundamente.
 
—Me pondre a empacar…—dijo derrotado, y se disponía a dirigise a la puerta, pero su tía le detuvo una vez más.
 
—De eso nada, chaval—se cruzó de brazos—a ver ¿hace cuanto que tu no duermes?— apesar de si mismo Terry mostro una sonrisa pequeña haciéndose el desentendido.
 
—No se…—dijo con el ceño fruncido, luego enarcó una ceja—¿en que mes estamos?— su tía le había mirado con cara de pocos amigos, y entonces el había reido—que estoy bromeando, hombre—aunque no lo estaba, eran tan escasas sus horas de sueño que con mucha razón podrían catalogarse como inexistentes.
 
—Vete a descansar, majo—murmuró con severidad, dandole un apretón en el hombro—empaca  mañana en la mañana que ya yo te he dejado lo principal fuera—ambas las cejas del rubio se enarcaron esta vez.
 
—¿Tan segura estabas de que ibas a convencerme?—su tía sonrió, dejando que sus manos se apoyasen al borde de la encimera, por detrás de su espalda.
 
—Estoy segura de que no hay nada que no seas capaz de hacer por la beba— Terry no dijo nada, simplemente se dió la vuelta en camino hacia  las escaleras de la entrada.
 
—Nos vemos en la  mañana, tía —murmuró, dandole por ultimo una pequeña sonrisa.
 
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“Una noche llegó a la ciudad una golondrina que iba camino de Egipto. Sus amigas habían partido hacia allí semanas antes, pero ella se había quedado atrás porque se había enamorado de un junco. Decidió quedarse con su enamorado pero al llegar el otoño sus amigas se marcharon y empezó a cansarse de su amor, así que había decidido poner rumbo a las Pirámides. 
Su viaje la llevó hasta ese lugar y al ver la estatua del Príncipe Feliz pensó que era un buen lugar para posarse y pasar la noche.
Cuando ya tenía la cabeza bajo el ala y estaba a punto de dormirse una gran gota de agua cayó sobre ella.
- Qué raro, si ni siquiera hay nubes en el cielo… - pensó la golondrinita
Pero entonces cayó una segunda gota y una tercera. Levantó la vista hacia arriba y cuál fue su sorpresa cuando vio que no era agua lo que caía sino lágrimas, lágrimas del Príncipe Feliz.

Desde que era niño recuerda haber amado leer, en aquella biblioteca polvorienta y repleta de clásicos literarios; libros de texto, libros de autoría muggle y de autoría mágica. Todo un mundo entre aquellas páginas, libros llenos de letras, palabras sencillas y complejas, algunas de las cuales su madre le decía que estaba demasiado pequeño para entender, porque el ingles antiguo constaba de frases muy rebuscadas. 
 
Pero sin siquiera tener dos digitos de edad, Terry Maddox se enorgullecía en si mismo al decir que poseía una mágnifica comprensión lectora, ningún libro fue nunca demasiado grande para el, no importaba cuantas cosas tuviese que amontonar para alcanzarlo en el estante.
 
 Aunque aún así,  lo único que no le había gustado jamás, jamás en su vida eran las palabras innecesariamente largas, de esas que te erredaban la lengua y no te dejaban hablar bien. 
 
Porque al final, sus hermanos siempre  decían que todo había comenzado por culpa de el Doctor, con su insípida bata blanca y sus ojos grandes…Pero en realidad, todo había comenzado por un palabra, una palabra enrredosa y fea, que hizo a mamá llorar…
“Bronquiectasia”
 
A mediados de un soleado Abríl, la casa Maddox- Hill se encuentra más entretenida que nunca, mamá y papá han sido muy generosos ultimamente, aunque mamá no se ha sentido bien…Siempre dice que tiene fátiga, que se siente mal y que aunque quiera no puede jugar.
 Papá pasa el día a su lado, le cuida, así que él tampoco puede jugar, los hermanos Maddox insisten en querer cuidar a mamá, pero papá les pide que no se preocupen, les deja comer dulces de la cocina e incluso a llamado a la bonita señora rubia, la tía de los McClay, para que dejase que Angel y Bianca pasaran unos días en la casa.
—¡Vamos Terry!—le urge una pequeña pelirroja de rostro pecoso, quien va en frente de él, conforme ambos se cuelan por el ducto de ventilación que conecta su cuarto con el cuarto principal.
—Creo que no deberíamos de estar aquí…No me gusta que esté tan oscuro Anca—murmuró Terry por lo bajo, sus ojos entrecerrandose para poder divisar la rejilla al final, se movía con cautela y una cierta rigidéz, como con miedo a encontrarse una araña.
 
Hoy Jeremiah Maddox había propuesto un juego, estando en la víspera de pascuas se había encargado de comprar un huevo de chocolate para todos, lo había escondido y les había dicho que quien lo encontrase primero, conseguía el primer pedazo. El y mamá estan ocupados. Según dijo, recibirían visitas muy importantes, y tanto el cuarto principal como la biblioteca estaban fuera de alcance.
—¿No lo ves?—había preguntado Bianca—¡podría ser un acertijo!—dijo con emoción, conforme sus dedos comenzaban a aflojar la rejilla de metal—seguro quiere que lo busquemos aquí, por eso nos dice que no lo hagamos—el rubio frunció el ceño.
—¿Y cuál sería el punto de eso?—la pelirroja le miró por encima de su hombro y sonrió, mostrando una sonrisa carente de un diente de leche, conforme la rejilla caía al suelo de madera—aquí solo hay polvo y arañas feas.
—Se llama Psicología inversa, Ter—todos siempre decían que Bianca y Terry eran inteligentes por sobre sus años, por lo general concordaban en todo, y  aunque esa por esa vez  rubio no estuvo seguro de aquello, no dijo nada. Cual parecía su amiga estaba muy satisfecha y contenta con sus habilidades deductivas.
—Pues vale…—murmuró con una cabezada y encogiéndose de hombros como pudo en aquel angosto espacio—si tu lo dices, está bien…¿pero podemos hacerlo rápido?—la pelirroja se había entonces deslizado fuera, dejando el espacio libre para que Terry hiciera lo mismo.
El niño avanzó con unos pocos quejidos por el espacio que q uedaba y cayó en su estómago sobre el suelo, ligeramente polvoriento y lleno de pelusas, entonces tosió y se esforzó por enderezarse.
—Vaya…—había murmurado Bianca, sus ojos entrecerrados, observando y buscando entre la oscuridad de aquel espacio—parece que me equivoque…—su humor pareció caer casi inmediatamente.
Terry, que justo en aquel instante había descubierto que ya no era tan bajo como para evitarse un buen golpe en la cabeza con la parte de abajo de la cama. Volvió a posicionarse sobre su estómago, gateando con los codos hacia la pelirroja.
—Pues seguro papá se dió cuenta de que lo ibas a resolver, entonces lo movió a un sitio diferente—los nudillos de la pelirroja se habían hundido en sus mejillas.—¿Por qué crees que papá no quería que entraramos?—pregu
—¿De verdad lo crees?—le preguntó, con la voz un poco distorsionada—digo es que…No digo que yo no me equivoque…Solo digo que casi nunca lo hago—pero el rubio a su lado parecía concentrado en otras cosas.
ntó, escaneando aquel cuarto con los ojos entrecerrados—si el y mamá estan abajo— la pelirroja permaneció pensativa, enredando el dedo en una de sus trenzas y volviéndose a mirar a su amigo.
—Bueno…Puede que le quieran enseñar el cuarto a la visita— el rubio frunció el ceño, adoptando entonces la misma posición que la pelirroja, recostado sobre su estómago con el mentóns sobre las palmas.
—¿Por qué iban a mostrarle el cuarto a la visita?—preguntó, y entonces la pelirroja se encogió de hombros.
—Pues no lo se…Pero no se me ocurre otra cosa—dijo, juntando ambas trenzas en su barbilla por un segundo—¿qué piensas tú?—una mirada de preocupación había cruzado los ojos del rubio, y entonces su voz había bajado considerablemente, apoyo tanto ambas manos como la barbilla en el suelo.
—¿Anca…?—había iniciado aquella pregunta temeroso, y la pelirroja pudo jurar que vio su rostro tornarse pálido, entonces colocó la palma contra su frente.
—¿Te sientes bien, Ter?— preguntó, igualmente por lo bajo, el rubio no la había mirado, su rostro permanecía encarando la puerta.
—T-tu crees...Bueno, mamá sigue diciendo que no se siente muy bien, y ya ni siquiera puede jugar con nosotros...—los ojos de la pelirroja se habían avivado, en una rotunda negación y entonces le había tomado de ambas manos, girando la cabeza de lado a lado y haciendo que sus trenzas girasen con ella.
—¡Nada de eso!—le dijo, dándole un apretón con toda, toda su fuerza—seguro tu mamá tiene una gripa fuerte, ya sabes que a los adultos les gusta exagerar—entonces le hundió el dedo índice en la mejilla—anda, levántate, hay que salir de aquí—tosió entonces y su rostro se torció en una mueca—ya el polvo me está sofocando— aquella sensación de inquietud permanencia en la boca de su estomago, no podía evitar preguntarse…
¿Por qué mamá no era feliz como antes? Una gripa jamás la había detenido en el pasado.
—Tienes razón…—murmuró a pesar de su incertidumbre, quizá tratando de convencerse a sí mismo, disponiéndose entonces a salir de su polvoriento escondite, con la pequeña mano de la pelirroja entre sus dedos.
—Ya verás como todo va a estar bien—le decía Bianca, justo en el momento en que resonó una voz conocida por el pasillo.  
—¡Perdóneme!—la voz de su madre se veía quebrada por una incesable tos, que parecía mezclarse con una respiración entre cortada—¡Perdóneme Doctor, mire que desastre, que vegüenza!—Terry se había quedado estático, la piel se le erizo poco a poco  con cada estruendoso ataque de tos que interrumpía el habla de su madre.
—Ingrid, Ingrid, por favor quédate quieta—decía su padre, su profunda voz llena de algo que parecía consternación, agonía.
—Voy a ver qué pasa—había declarado el niño rubio, pero entonces su amiga le había tomado del brazo y vuelto a arrastrar en dirección a su escondite.
—¿Estás loco?—inquirió Bianca—si saben que estamos aquí van a regañarnos, ¡tenemos que escondernos!—le jalaba con fuerza, logrando moverlo poco a poco, cuando entonces había tomado la palabra otra voz, una totalmente desconocida esta vez.
—Jeremiah tiene razón señora Maddox, es mejor que continuemos en la recamara— declaró la voz masculina—el esfuerzo no le hará nada bien a su condición—Bianca había conseguido que Terry se encogiese de vuelta bajo la cama, y ahora le tenía cogido fuertemente de la mano una vez más. Esta vez, para evitar que se moviera.
—Estoy bien—habló Ingrid, tratando de mantener su tono de voz estable—hace tiempo que esto no pasaba, estoy bien—el ceño de Terry se había fruncido.
 
—¿Que cosa no pasaba hace tiempo, Ter?–preguntó Bianca por lo bajo, visiblemente confundida
 
—A veces mamá toce mucho-susurró Terry, con cierta inseguridad en su voz—Papá dice que son alergias–Bianca le miró sin entender.
 
—Yo pensé que las alergias no eran la gran cosa…-dijo pensativa, el rubio asintió.
 
—Si, yo también.
 
Entonces los adultos aparecieron en el marco de la puerta, papá llevaba a mamá en brazos, y ella estaba recostada en su pecho, con un pañuelo presionado a sus labios.  Su complexión bronceada se había tornado alarmantemente pálida hasta parecer azul, sus dedos se mostraban inflados como globos y el cuerpo le temblaba con ligereza a merced de los violentos ataques de tos.

Necesita descansar, señora Maddoxel extraño de la voz profunda adquirió por fin un rostro. Era de facciones finas y naríz puntiaguda, llevaba puestos un par de lentes que exageraban el tamaño de sus ojos, su bata blanca y larga hasta las pantorrillas, también poseía varias manchas rojas—puedo preescribirle unas pastillas para dormir si lo considera necesario—el doctor naríz puntiaguda soltó un suspiro—pero voy a necesitar que colabore conmigo. El reposo absoluto es fundamental para usted en estos momentos, su estado de salud se encuentra enormemente comprometido—suavemente, papá había colocado a mamá sobre la cama. Ambos niños se habían encogido aún más si era posible, rogando a Merlín que no los encontrasen allí.
 
—¿Existe algo más que podamos hacer?—había hablado la consternada voz de su padre, y Terry pudo notar que se esforzaba para que esta no se quebrara.
 
—Bueno, claro que deberemos de continuar con el tratamiento, pero el cuadro presente es más severo de lo que yo esperaba—hubo un largo suspiro—señora Maddox, voy a requerir su absoluta cooperación, en mi oponión profesional, será mejor para su salud que se aleje de cualquier tipo de jornada fatigante— luego un silencio, se escuchó la tela de las sabanas a merced del movimiento.
 
—Disculpe—mamá había logrado hablar con firmeza y claridad por primera vez— ¿pero que se supone que eso signifique? —entonces los niños pudieron divisar la parte de atrás de sus talones.
 
—Solo que, yo le aconsejaria que se tome tiempo lejos del trabajo por ahora—se aclaró la garganta—los niños claro, también son factor, considerando que la perdida de energía no es lo más favorable para usted en este momento—hubo un silencio y luego papá intentó intervenir, pero al parecer ella no tenía ninguna intención en dejar que lo hiciera.
 
—Me temo que no lo comprendo—estableció—prometió usted que este tratamiento no tendría porque afectar mi vida personal—la tos volvió, en pausas interrumpidas por sus intentos de hablar—cosa que dejeme decirle—otro violento catarrón—no tengo ningun tipo de intención de poner en pausa, no pienso dejar que esta enfermedad afecte mi vida y…—y una y otra vez…La cama se remueve y entonces el pañuelo blanco se desliza de las manos de mamá hasta caer a plena vista de los niños. Solo que ya no es tan blanco; está arrugado y roto, y manchado de rojo hasta más no poder.
 
—¡Si!—el doctor había tenido que hablar con más fuerza de la habitual para ser escuchado pr encima de la tos e indignación de mamá—señora Maddox comprendo su punto perfectamente, pero dado el hecho de que hablamos de un caso congénito de Broquiectasia no estoy muy seguro a que atenerme—hubo una pausa—le ruego por favor dejeme hacer mi trabajo, y considere que se enfrenta a una situación bastante grave. Esperaba que pudiesemos equivocarnos, Ingrid—y un suspiro más—pero si esta enfermedad sigue desarrollandose, las posibilidades que hemos discutido sobre tu esperanza de vida podrían llegar a peligrar enormemente—el corazón de Terry Maddox pareció detenerse.  
 
—No puede hablar en serio…—la voz de papá había vuelto a resugír, y aunque no le vieron el rostro, tuvo que ser la primera vez, que supieron reconocer miedo en su voz.
 
—Me temo que si—dijo el Doctor, con una cierta simpatía, demasiado seria como para aliviar en lo más minimo—señora Maddox, señor Maddox, tienen ustedes una hermosa familia. En el interés de que se mantenga intacta, les pido que por favor acaten mis indicaciones.
 
La burbuja se rompe, ¿y Terry? Ya no es tan grande como para tocar el cielo, es pequeño y por primera vez, el gran mundo de allá afuera da mucho más miedo que los monstros debajo de la cama.
   
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Sáb 26 Mar 2016, 7:45 pm

No ha podido ni siquiera llegar a la cama, u obligarse a si mismo a prender la luz..Supone que lo prefiere de esa manera.  Se encuentra encogido a un costado de la puerta, los nudillos reposando contra el frío suelo de madera, que cruje con cualquier movimiento cual el de una casa embrujada.
Ríe amargamente, desde el fondo de sus agallas, y entonces los ojos le comienzan a arder, su visión se ve nublada por lágrimas que reclaman salida, sin embargo no se las permite en lo más minimo, ha llorado suficiente, y un soldado no llora.
 
—¿Que te parece mamá?—le habla a la nada con convicción, y entonces no puede evitar pensar, que si le vieran en aquel momento si que le enviarían de vuelta a un instituto mental— si me hubieses dicho que iba a terminar tan solo no me lo hubiera creido nunca—respira ondo, tratando de convecerse a si mismo de que no necesita llorar.
Sus ojos escanean aquella habitación vacia,  viendo como unas escasas motas de polvo revuelan por la oscuridad del cuarto…Todo es tan diferente de como lo recuerda. En todos estos años nunca hizo tanto frío.
 
Se abraza con fuerza y sus manos se mueven de arriba abajo por el contorno de sus brazos, apesar de que lleva manga larga tiene la sensación de estarse congelando, y  aquella sólida pared contra su espalda comienza a causarle molestia, sin embargo no se mueve. Lleva la vieja libreta en las piernas y una vez ha dejado de temblar, sus dedos comienzan  a pasar las páginas con rápidez…Le hubiese gustado poder capturar aquella misma habitación hace tantos años; cuando todo estaba iluminado, el suelo lleno de colchones y almohadas y el aire lleno de risas y de susurros complices.
 
¿Que no les extrañas…?
 
Aprieta los labios y entonces sus ojos llorosos se posan en aquella libreta con nostalgia, y pasa las páginas, en cada una de ellas hay un rostro diferente, un recuerdo diferente; Ahí está su hermana Teresa, el cabello rubio recogido en una cola alta y los dedos de sus manos presionando los dentes de media luna para que se queden en lugar, su boca dibujada a carboncillo hace ademán de moverse en un bufido. Como cada vez que le decían que ya con su horrenda caligrafía, iba por buen camino para volverse medimaga.
 
Su hermano Travis; Con su cabello desarreglado por un viento que es invisible en aquella página, sus labios se curvan una y otra vez, de oreja a oreja, y los ojos le brillan con alegría. Se divisan las hombreras de Quidditch y el ligero movimiento del pecho, como cuando reía por lo bajo antes de alborotarle el pelo y recordarle en un tono jocoso “sabes que soy diez minutos mayor que tu”
 
La pequeña Katya, que llevaba un gorro de nieve, y lo jalaba hacia abajo escondiendo su rostro a manera de juego, su nariz arrugandose y sus nudillos posandose en las pecas de sus mejillas, su cuello ligeramente estirado, como cuando le miraba hacia arriba.  Su cuerpo se tambalea en la página como si fuese a salir de allí. “Cargame” casi podía escuchar “no es justo que seas tan alto y yo no”
 
Bianca McClay mira directo al frente, sus dedos enrredandose en sus trenzas y sus labios debatiendose entre una sonrisa y un incesante movimiento, su expresión embargada por pura emoción como cada vez que tiene una idea. Siempre se ve de esa manera antes de tomarle de ambas manos y arrastrarle con ella “por favor, por favor, por favor” repite como un coro “te prometo que no nos meteremos en problemas esta vez”
 
Le sigue el mayor de los Têpes, Mihai. Todos han sido una parte tan grande de su infancia y su vida, que ya ni siquiera puede separarles de su familia, porque aquello era simplemente en lo que se habían convertido, y la casa se sentía particularmente vacía sin ellos, apesar de que hace años no eran residentes de esta.
Aquel moreno que le sonríe en la página y utiliza sus manos para recoger su cabello  largo en una rosca, mostrando sin ningún tipo de importancia aquella quemadura al costado de su cuello que le alcanza hasta dos dedos por encima de la clavicula. El tío Mihai, su padre, solía molestarse muchísimo cuando esta iba visible, ya que además de ser indicativo de la procedencia de su familia, era extremadamente espantosa para la gente impresionable, de hecho, en aquel dibujo nunca pudo capturarla del todo bien. Sin embargo recuerda claramente a aquel moreno como se le divísa en la página; encogiendose de hombros y sonriendo cual muergano “¿y qué va a hacer?” preguntaba siempre con relaje “¿desheredarme? ¡Si no tiene no un galeón!”
 
Pasando la página, al principio no se divisa nada más que un libro, sostenido por un par de manos de dedos largos, decorados por unas pocas piezas de sencilla joyería gitana propia de Romania, pero una vez el dibujo es visto completamente de frente comienza a moverse; y el rostro de Elvira Têpes sale a relucir, un pañuelo atado a su cuello va destinado a cubrir su propia quemadura y este se alborota  de nuevo a merced del viento invisible, conforme sus labios se curvan en una sonrisa. “vas a hacerlo muy bien” recuerda haberle escuchado decir la primera vez que fue a las pruebas de Quidditch “Todos vamos a estar apoyandote desde las gradas, y pase lo que pase estamos orgullosos de ti, siempre puedes rendirte mañana.”
 
El rostro de Elvira se desvanece en la siguiente hoja de papel,  y la menor, Sylvana  que utiliza un moño alto y tan solo ligeramente desaliñado, vuelve el rostro timidamente hasta que solo puede versele de perfíl, sus ojos mirando algún punto en su costado, pone un mechón tras su oreja y una sonrisa sutíl le aparece en los labios “a veces extraño vivir todos juntos” recuerda su voz en un susurro “era mucho más divertido todo entonces”
 
Se detiene entonces, sus dedos doblan las puntas de aquella hoja, como reclutantes a moverse a la siguiente página, porque sabe que rostro le espera; Solo había podido dibujarle de ultimo…Ezra, su gran hermano mayor, su gran heroe.
En una posición erguida con aires de grandeza, una sonrisa que reflejaba astucia plasmada en el rostro, aquel mechón plateado cayendole sobre el rostro  y uno de sus ojos pintado con esmero a tiza gris, el otro en negro “No importa que tan alto te vuelvas” le decía cuando ponía un brazo a su alrededor “siempre voy a estar allí para protegerte, tu y yo contra el mundo ¿verdad?”
 
Mentira…
 
No sabe si está triste, si está simplemente amargo o si está asustado o  molesto…Pero su corazón se rompe de todas maneras, y aquella pregunta vuelve a aparecer.
 
“¿No los extrañas?”
Todos los días.


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En aquel espacioso cuarto de la casa Maddox-Hill el suelo se encuentra repleto de colchones y sabanas de diferentes colores. Hace tiempo que ambas partes de la ley (tanto los tíos Mihai y Amalia como Jeremiah e Ingrid) se habían rendido en separar a los niños de las niñas,  volviendo aquel cuarto un centro de confidencia. El reloj ha dado las díez y los niños se sienten rebeldes, sin embargo ninguno tiene tiempo de enfocarse en ello, esta noche no.
 
—¿Estás seguro?—había preguntádo Mihai Têpes, su mandibula caía ligeramente abierta y su ceño se fruncía ligeramente, acompañado por sus labios en aquella caracteristica expresión infantíl. 
 
—¡Si!—la voz de Bianca McClay había interrumpido al pequeño Terry antes de que pudiese hablar, se encontraba encogído con las rodillas contra el pecho y el cuerpo por debajo de una de las mil cobijas.
 
—Hemos escuchado cuando el Doctor se lo decía a papá…—susurró, de una manera tan practicamente anaudible, que le sorprendió arrancar tan diversas reacciones. Justo cuando todos parecían en una especie de estado de shock, Travis había saltado en lugar.
 
—¡El doctor es un mentiroso!—había gritado de repente, parecía muy enojado, y el labio inferior le temblaba—¡Es un mentiroso, es la única explicación!—al principio, aquel comentario fue recibido por el silencio, allí estaban, tratando de pretender que eran adultos y que comprendían realmente lo que pasaba a su alrededor, era quizá un efecto segundario al hecho de que nueve cabezas pensaran muchísimo más que dos o tres.
 
—Es como una película de terror muggle…—había intervenido Sylvana Têpes en un susurro, su mirada fija en algún punto de la tela que la cubría y su respiración más lenta de lo normal—¿De verdad…?—apretó los labios—¿de verdad ustedes creen que…?— la voz de Teresa había surgído casi tan rápido como la de Travis.
 
—¡Pero no es posible!—aquellas palabras iban llenas de ansiedad, negaba con la cabeza y los ojos le brillaban—eso no pasa con la gente joven ¿verdad que no?—abrió los ojos como platos—es lo que la abuela dice siempre—Terry había levantado la mirada y entones había vuelto a hablar en voz baja.
 
—A veces si…—susurró y sus ojos brillaban al igual que los de Teresa, jugueteaba nerviosamente con sus dedos, enrredandolos entre si—papá dice que a veces la gente se va temprano…Dice que eso es lo que pasa en los campos de batalla—hubo un silencio, pero Terry pudo sentir como los oidos le zumbaban.
 
—Pero este no es un campo de batalla—había declarado la voz de Ezra, que observaba la escena con el ceño fuertemente fruncido y los brazos cruzados por sobre el pecho—no lo es y no va a pasar nada— el pequeño rubio había levantado los ojos hacia su hermano mayor.
 
—¿Pero que pasa si mamá nos abandona?—preguntó minúsculamente, estaba asustado y el corazón le retumbaba sobre el pecho, su hermano mayor había puesto un brazo a su alrededor.
 
—No digas tonterias, Terry—dijo abrazandolo con fuerza disimuladamente—los adultos siempre mienten, vamos a estar bien—y le creyó, o quizá no. Hoy en día no sería capaz de recordar, pero lo que si recuerda es el infinito sentido de consuelo que había sentido en aquel momento.
 
—¿Pero Ez…?—la voz de Sylvana había resonado una vez más, dudosa—¿por qué iban a mentir con algo así?—Travis había sido el primero en contestar.
 
—¡Pues por charlatán!—exclamó, su naríz estaba arrugada y su rostro enrrojecido, pero su voz parecía pegarse con nerviosismo—¿desde cuando son buenos los doctores?—preguntó retóricamente—todo lo que quieren es pincharte con agujas feas y extraerte la sangre—decía—¡de seguro son vampiros todos!—
 
—Eso es grosero—había intervenido una vez más Bianca McClay, con la  condescendencia   y dulzura carateristica de su voz—los doctores solo hacen su trabajo, además te dan paletas cuando terminan—sin embargo el castaño no pareció entretenido por sus justificaciones.
 
—Quizás debamos decirle a papá…—propuso Teresa por lo bajo, y entonces el rubio de ojos chocolate levantó la mirada.
 
—No—dijo con firmeza—se…Se supone que Bianca y yo no estabamos…—suspiró, tratando de calmarse—si papá llega a saberlo, entonces no nos dirá nada…—Ezra Maddox había fruncido el ceño  y mirado a su hermano pensativo.
 
—No creo que nos diga nada de todas maneras…—dijo por lo bajo, apoyando la cabeza contra una de las paredes.
 
—Bueno, quizás si—había intervenido Mihai Têpes—¿que pasa si de verdad es serio?— apretó los labios y bajo la mirada, a fin de cuentas, los Maddox se habían vuelto como su familia—no podrían mantenerlo en secreto por tanto tiempo ¿o si?—hubo un silencio, como si nadie se atreviese a contestar.
 
—¡Claro que no lo es!—Travis había gritado una vez más cual niño caprichoso—¡no puede serlo!— sus puños estaban apretados, como si pudiese hacer de verdad algún daño con estos—¡el doctor miente!—sus mejillas estaban incluso más coloreadas que antes—¡Terry, diles!—el niño rubio había mirado a su hermano de reojo, sus manos se habían escondido en el bolsillo de sus pijamas.
 
—No lo se…—dijo en un susurro—lo siento no lo se…— su voz estaba al borde de tornarse tartamuda…No podía dejar de pensar en los sollozos de mamá, en aquel pañuelo manchado de rojo—solo sabemos lo que oímos—se encogió de hombros.
 
—Déjalo tranquilo—había dicho Ezra con sobriedad, echándole una mirada de pocos amigos a Travis—lo pones nervioso— Terry negó con la cabeza.
 
—Estoy bien…—susurró—de verdad estoy bien—y apesar de que sus ojos estuviesen llenos de terror mostró una pequeña sonrisa—Trav podría tener razón ¿verdad?—sus ojos se fijaron en el azabache mayor, en busca de consuelo—podría ser menos grave de lo que pensamos…—pero antes de que Ezra pudiese emitir palabras, alguien se las había quitado de la boca.
 
—Chicos…—la voz de Elvira Têpes hizo que todos se volviesen a la puerta, hablaba en un susurro y sus pies descalzos se movían de puntas sobre la madera, con cuidado de no hacer caer un grueso libro que llevaba entre las manos—no creo que ese sea el caso…—Elvira se acercó con cuidado a aquel mar de colchones, y cual por reacción mecánica, todos le abrieron espacio.
 
—Unde ai fost?— (¿donde estabas?) había preguntado dudoso, como si no se hubiese dado cuenta de que su hermana no estaba allí desde un principio.
 
—He ido a buscar esto—sostuvo entonces el libro de frente, conforme cruzaba las piernas estilo indio sobre las sabanas.
 
TERCERA EDICIÓN
“Enfermedades humanas”
 
—¡Hey!—se había quejado Teresa, estirando las manos hacia el libro de páginas amarillentas—¡ese es mío! Me lo ha dado la tía Mercedes para navidad—pero Elvira no le había hecho ni caso, el libro ahora se encontraba abierto en el centro de aquel círculo, y la pequeña azabache lo escrutaba con la mirada.
 
—Pensé que nos podía servír de algo, así que fui  a buscarlo al estudio—dijo de manera distraída, entrecerrando los ojos un poco, siempre había necesitado lentes, pero no quería aceptarlo.
 
—¡Te he dicho que no toques mis cosas, Elvira! —se había quejado la rubia, logrando que la azabache arrugara la naríz y levantara la mirada por unos instatantes tan solo para hablar mordazmente.
 
—Y yo te he dicho que no me llames Elvira, pero no me haces caso— Ezra había chasqueado la lengua y hecho un ademán de descarte.
 
—Peleén después—dijo, obviamente fastidiado—estamos haciendo algo más importante que la estrategia de las escondidas—la azabache asintió con la cabeza, y siguió pasando las páginas, conforme Teresa le sacaba la lengua.
 
—¿Que has encontrado Vi?—la curiosidad de Terry había sido más grande que su sentido de paciencia, y este había gateado desde su sitio, posicionandose junto  a la azabache.
—Mira…—susurró Elvira, deteniendose entonces en una de las amarillentas hojas del libro, cuyos titulos iban escritos en una confusa cursiva roja, el rubio le miró de reojo y la chica dió una cabezada—puedes leerlo tu  si quieres—Terry asintió, aclarandose la garganta, y entonces todos los ojos en aquel cuarto se posaron en el.
 
Bronquiectasia—entonó, tratando de que su voz se mantuviese firme— Es una enfermedad en la que las vías respiratorias mayores de los pulmones se dañan. Como resultado de este daño, las vías respiratorias se ensanchan—tomó una profunda bocanada de aire y entonces continuó—L-Los síntomas se desa- desarrollan gradualmente. Pueden presentarse meses o años des-des-pués del hecho que causa la bronquiectasia— sin ningún tipo de éxito la voz le temblaba, y entonces sus ojos volvieron a cruzarse con los de Elvira.
—Está bien—le dijo con suavidad, tomando el libro de entre sus manos—yo puedo continuarlo por ti— la azabache se relamió los labios y al igual que el rubio respiro hondo, se puso derecha y volvió a entonar las palabras escritas—algunos sítomas incluyen; coloración azulada de la piel, fatíga, dificultad para respirar y expectoración de sangre…—Elvira levantó una mirada apenada, casi como si estuviese disculpandose por su descubrimiento—la tía Ingrid se ha estado cansando muy rápido estos días— apretó los labios—y pues con eso y la tos…—se encogió de hombros—me parecio que  sonaba bastante similar— el tiempo había parecido detenerse, y apesar de que todos se sentían demasiado pequeños para lo que llevaban entre manos, no parecía haber vuelta atrás.
—¿Crees que eso es lo que tiene mamá?—preguntó minúsculamente el rubio, mirando a la azabache de reojo, esta se encogió de hombros, volviendo a darle una mirada de disculpa, a fin de cuentas, ella también era una niña.
—Espero que no…—le susurró de vuelta, colocando su mano derecha en el hombro de Terry—puede que sea mejor si no sacamos conclusiones…Pensé que podríamos escribirles a Kori y a tía Mercedes, que puede que ellas sepan algo— entonces Travis Maddox se había levantado de golpe.
—¡DEJA DE PENSAR VI!—había gritado, su rostro regordete fruncido en su totalidad, su expresión sin haberse inmutado desde el principio de la conversación—¡SIEMPRE LO ARRUINAS TODO!—gritó y entonces tanto Mihai Têpes como Terry Maddox se habían levantado sobre los colchones
—¡No la molestes!—había gritado Terry, cosa que era bastante poco común en el—¡ella no ha hecho nada!—Mihai había dado un empujón al castaño.
—¡Si te metes con mi hermana te juro que te golpeo!—y entonces Ezra había salido a la defensa del trillizo mayor.
—¡Metete tu con mi hermano y yo te golpearé!—en un abrir y cerrar de ojos, aquella atmosfera de trabajo en equipo se había desvanecido, Sylvana, Bianca y Teresa hacían lo posible por apaciguar a los demás, y el ruido de los gritos ya se colaba por entre las paredes.
—¡MAMÁ ESTÁ ENFERMA Y ELLA QUIERE ASUSTARNOS!—había vuelto a su griterio el castaño, asunto que no colaboró con el escandalo.
—Claro que no lo estoy—Elvira parecía un poco desconcertada con aquella reacción violenta—solo quiero ayudar —sus puños estaban apretados al costado de su cuerpo cuando dió un zapatazo, que hubiese sonado peor si no hubiese estado descalza—¡tu eres grosero y tonto, eres malo con Sylva y ahora quieres serlo conmigo!— pero antes de que pudiera contestar una voz firme había llamado la atención de todos.
—Pero bueno—la voz de la tía Ingrid sonó con sobriedad y confusión a la vez—¿ustedes peleando? ¿pero aquí que pasa?— como si hubiese dado click a un botón, aquellos nueve niños se habían sentado de vuelta en sus lugares.
—Lo sentimos mamá…—habló Terry por lo bajo—no queriamos despertarte…—la mujer había chasqueado la lengua, haciendo un ademán de descarte con la mano, muy parecido al  de su hijo mayor.
—Eso no importa—su ceño se frunció con ligereza y entonces se acercó al mar de colchones, sentandose en una de las orillas—lo que me importa es que me digan que es lo que sucede—todos le miraban con ojos de cordero, sin atreverse a decir ni una palabra.
—Ha sido una tonteria, no fue nada mamá—dijo Ezra con firmeza, generalmente el era el encargado de las mentiras, ya que se le facilitaba más que a cualquiera—estabamos jugando—Ingrid Maddox enarcó una ceja.
—No te creo nada, chaval—dijo con simpleza—esfuerzate un poco que soy tu madre— Ezra había quedado en blanco, pocas veces ocurría aquello. Los Maddox y los Têpes habían intercambiado miradas, buscando apoyo el uno en el otro, e Ingrid sonrió, por el simple hecho de que aquella atmosfera de confidencialidad volviera.
—¿Podrías leernos un cuento para dormir mamá?—la voz de Terry fue la primera en sonar, suave y dócil, todos asintieron en coro luego de aquello, alviados de haberse salvado de aquella.
—Mejor—soltó una pequeña risa, la cual no duró mucho, viendose interrumpida de nuevo por una leve tos que amortiguó con los nudillos—todo el mundo a la sabana que cuento tres—dijo entonces, un poco jadeante.
Obedientemente, todos los niños volvieron a colarse debajo de las sabanas, unos en vertical y otros en horizontal o como cupiesen, dejando que sus cabezas reposaran sobre las almohadas y viendo como la morena se levantaba a apagar las luces, hasta dejar solamente una; tenue y sutíl destinada para el miedo a la oscuridad.
—¿Que vamos a leer hoy? A ver…—Ingrid se había vuelto a agachar hasta quedar extendida en aquel mar de colchones,  con el estomago contra las sabanas y las piernas colgandole de el borde, ya que el espacio era demasiado poco ancho para ella. Sacó entonces el libro que se le incrustó en la costilla y casi en completa armonía los niños se habían incorporado.
—¡No ese no!— pero fue demasiado tarde, sus ojos verdes se habían posado sobre la página abierta y ahora la observaban en sorpresa, sus cejas ligeramente enarcadas y su mandibula descolgada.
—Bronquiectasia…—susurró, y sonaba casi rendida, triste—y que hacen ustedes leyendo sobre una cosa tan fea ¿hmm?— no parecía estar enojada, pero todos los niños se encontraban encogidos en posición.
—Lo siento mucho tía Ingrid—había hablado Elvira bajando la mirada—ha sido mi culpa, yo traje el libro— aquella mujer le había mirado sin entender, sus labios se habían curvado en una sonrisa enternecida.
—No lo fue— había hablado Travis—hemos sido todos, no la regañes—el resto había asentido—no sabiamos nada, asi que inentamos adivinar— la mujer apretó los labios y dió una cabezada.
—No han hecho nada malo…Se que el Doctor Raymond se ha pasado mucho por aquí estas semanas, pero sepan que  no hay nada de que preocuparos— dijo dulce pero firmemente, su voz más baja de lo normal—¿está bien?— les recorrió con la mirada, como buscando reafirmarles.
—¿Vas a morir mamá?—había preguntado entonces Terry, su voz tan llena de terror y pequeña, que si no hubiese sido por todo aquel silencio, hubiese resultado inaudible. Ingrid se volvió a mirarle, y Terry pudo jurar que sus ojos estaban llorosos bajo aquella tenue luz.
—Claro que si—dijo Ingrid y luego se encogió de hombros—como todo el mundo ¿se imaginan que toda la gente que nos está esperando arriba tuviera que esperar para siempre?
—¿Y que va a pasar con nosotros cuando te vayas mamá?—preguntó Travis, sacando el rostro regordete de entre las sabanas blancas donde lo había mantenido escondido hasta la naríz.
—Bueno…—Ingrid había reido por lo bajo—yo espero estar aquí por mucho, mucho tiempo, para ver cuantos nietos me salen de este circulo tan grande—y luego rieron los niños, todos sonrrojandose levemente—pero…Claro que, entre más mayores nos hacemos, más rápido tenemos que irnos—se aclaró la garganta—y, aunque yo pienso quedarme con ustedes por mucho tiempo más—habló entonces con firmeza, quizá tratando de convencerles a ellos, o de convencerse ella misma—si alguna vez no estoy, entonces los quiero lo más unidos posible ¿está bien?— se había levantado entonces, dirigiendose al estante que se encontraba en la esquina de la habitación y escogiendo al azar uno de los libros de cuentos—incluso cuando ya esten muy grandes para que papá, mamá Amalia o tía Meche les cuide, entre tanto se cuiden ustedes entonces nada malo va a pasar nunca ¿promesa?—levantó entonces el dedo meñique y todos los niños hicieron lo mismo.

—promesa.
   
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Sáb 26 Mar 2016, 7:51 pm

“- ¿Quién eres?
- Soy el Príncipe Feliz
- Ah. ¿Y entonces por qué lloras?
- Porque cuando estaba vivo vivía en el Palacio de la Despreocupación y allí no existía el dolor. Pasaba mis días bailando y jugando en el jardín y era muy feliz. Por eso todos me llamaban el Príncipe Feliz. 
Había un gran muro alrededor del castillo y por eso nunca ví que había detrás, aunque la verdad es que tampoco me preocupaba. Pero ahora que estoy aquí colocado puedo verlo todo y veo la fealdad y la miseria de esta ciudad y por eso mi corazón de plomo sólo puede llorar.”


Un estruendo en la distancia logra que abra los ojos de golpe, y de reojo logra divisar como la luz proveniente de la cocina se cuela por debajo de la puerta.
 
—¡Mercedes, estás siendo irracional!— la voz de Augustus, el segundo esposo de su madre había retumbado por las paredes, haciendo que Terry frunciera el ceño—¡no puedes seguir aislando al muchacho de esta manera! ¿crees que le haces un bien? ¡Va a entrar en un estado de demencia si sigue así!— aquellas palabras lo habían llevado a enderesarse completamente, haciendo un esfuerzo por levantarse del suelo, y pegar el oido contra la puerta.
 
—¡Ni se te ocurra llamarle demente a mi niño, hijo de puta!— la voz de tía Mercedes destilaba una rabia palpable, incluso desde donde Terry estaba, causando que el estómago se revolviera y que el pecho le diera un vuelco.
 
¡Sabes que yo nunca lo haría!—había gritado el hombre, obviamente indignado—¡no me puedo creer que después de todo lo que he hecho por esos niños sigas queriendo antagonizarme—el rubio había apoyando la frente contra la madera, las manos lentamente colandose hasta presionar sus oidos, tratando  de evitar que cualquier tipo de sonido entrase, tratando de evitar pensar que siempre que se escuchaba la palabra “demencia” en aquella casa, se trataba de alguien tratando de decidir que sería de el ahora…Como si fuese un animal más que una persona.
 
—¡Ah, pues!—Mercedes había gruñido como una fiera, y Terry había cerrado los ojos con fuerza—¿¡Me vas a veni’ a deci’ que eres casto y puro ahora!?—sus manos abandonaron sus orejas y fueron a enterrarse en su cuero cabelludo, en un gesto desesperado, conforme negaba con la cabeza lentamente…pero el sonido no se detenía, no se detenía por nada ¡SI ERES TU QUIEN HA DECIDIO’ MANDARLE A UN LOQUERO EL AÑO PASAO’ PARA QUE LE TRATASEN COMO SI FUESE BESTIA!—“que se detengan” rogaba, conforme  sus manos temblorosas abandonaban sus oidos para rebuscar en una de las gavetas de la mesita de nochepor favor, que se detengan”
 
—¡HICE LO QUE TENIA QUE HACER PARA QUE PUDIESE MEJORAR!—se había defendido Augustus, desde la muerte de mamá y papá, el y Mercedes se habían dedicado a cuidar de ellos. Pero en realidad no se habían llevado bien jamás, ni siquiera cuando la persona que les unía a los dos estaba con vida—¡TODOS PERDIMOS A INGRID, MERCEDES, Y SABES QUE AHOGARSE EN ESE DOLOR NO IBA A HACERLE BIEN, NI ENTONCES NI NUNCA!— había cerrado los ojos con fuerza y su rostro estaba torcido en una mueca, los oidos se le enrrojecían bajo la presión de sus manos.
 
—¡VETE A LA MIERDA!—había gritado Mercedes, con otro estruendo—¡NO PUEDES OBLIGAR AL CHAVAL A HACER LO QUE A TI TE DE LA GANA, QUIZÁ SEA MEJOR QUE EL VUELVA A ESPAÑA CONMIGO! —una presión incomoda se había apoderado de su pecho, como si tuviese un yunque  de hierro encima. Estaba molesto, molesto de que hablasen de el como si fuera un accesorio pero lo único que quería en ese momento era que ambos se detuvieran, que se callaran y le dejaran descansar, que se callaran y la jaqueca que lograba que la cabeza le palpitara por fin se apaciguara.
 
Necesita a su familia—Agustus había dejado de gritar, pero su voz sonaba igual de decisiva y mordáz, como si estuviera hablando entre dientes. El dolor palpitante se había convertido en un zumbido poco a poco, presionó una palma contra su frente, sintiendose mareado de repente, pero negandose a moverse hasta ver el fin de aquella conversación.
 
Yo, soy su familia, Agustus—declaró Mercedes—si se te suele olvidar que los niños han perdido a su padre también, pues yo estoy aquí para recordartelo— había un sabor amargo en su boca, ocurría cada vez que alguien mencionaba a mamá y papá, como si ellos hubiesen sido solo causas a la consecuencia y no sus padres. Pero supone que quizá es solo su propia amargura, al final ¿que importa si se esta muerto? Todo se desvanece…Aparentemente incluso las personas que se dejan atrás, ellos quedan con la segunda mejor cosa:
Aquello que sucede cuando te ven medio muerto, entonces dejas de ser una persona, y te vuelves una maquina defectuosa que hay que arreglar.
 
El pobre Terry no puede manejar nadahabía susurrado el rubio, en algo que asemejo un escupitajo más que otra cosa—claro que eso es lo que todos piensan—sus manos pasan a su rostro, y aún escucha los gritos a la distancia, pero se rinde, se rinde y se da la vuelta hasta poder sentarse  en el borde de la solitaria cama.
 
—¡NO PUEDO CREER QUE SIGAS TRATANDO DE NINGUNEARME, MERCEDES!—  Augustus vuelve a gritar, y las violentas pulsaciones regresan a su cabeza, trata de dejarse caer hacia atrás, pero su espalda se encuentra con algo duro y pinchoso que le hace soltar un quejido.
 
Maldita maleta…—dice entre dientes conforme le da un codazo, logrando que esta caiga desparramada contra el piso. Pero el estruendo no es ni siquiera suficiente para lograr que Mercedes y Augustus se callen, maldice por lo bajo una vez mas—mierda, que dejen de gritar— las manos le acunan la cabeza de nuevo, nunca se ha sentido tan débil, claro que la privación del sueño tampoco era el mejor factor de ayuda.
 
—¡VEREMO’ QUE PASA EN EL COLEGIO!—grito la española—¡SI VEMO’ QUE NO LE VA BIEN TE PUEDE’ IR A LA MIERDA, YO ME LLEVO A MI CHAVAL DE VUELTA PA’ MADRID LO QUIERAS O NO!— escucha un gruñido por parte de su padrastro.
 
—¡BIEN!—gritó con un golpe sordo, posiblemente a la encimera de la cocina—¡HAS LO QUE TE DE LA GANA!— Mercedes dice otra cosa, algo que no logra captar, pero luego de ello solo hay silencio.
 
Terry suspira aliviado y simplemente se encoge encima de las sabanas, volviando la vista lejos de la puerta y concentrandose en la pared a un costado de la cama, ahora completamente forradas de sus creaciones, todas moviendose en patrones diferentes. Supone que no tiene otra opción que no sea ir a Hogwarts mañana…Ese hecho decide su “destino” ahora. Y personalmente, no sabe cual le parece más horrible: Irse a españa, y entonces hacer lo que tía Meche quiere, o volver al colegio y darle la razón a Augustus.
 
—¿Que te parece, mamá?—volvió a preguntar—no tengo a papá, no te tengo a ti, no tengo a mis hermanos…Y ahora ni siquiera tengo voz para decidír por mi mismo en esta casa—entre los montones de dibujos, sus ojos se fijan en las arrugadas golondrinas, siempre apartadas del resto, siempre el dibujo más preciado…Les observa volando libres y por un momento desea poder ser justo eso.
 
Libre.
 
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La golondrinita escuchaba atónita las palabras del Príncipe.
- Mira, allí en aquella callejuela hay una casa en la que vive una pobre costurera - dijo el príncipe - Está muy delgada y sus manos están ásperas y llenas de pinchazos de coser. A su lado hay un niño, su hijo, que está muy enfermo y por eso llora. 
Golondrinita, ¿podrías llevarle el rubí del puño de mi espada? Yo no puedo moverme de este pedestal. 
- Lo siento pero tengo que irme a Egipto. Mis amigas están allí y debo ir yo también. 
- Por favor golondrinita, quédate una noche conmigo y sé mi mensajera.”


Ingrid no ha terminado de leer el cuento, pero lleva un poco más de la mitad cuando ya todos los niños se han dormido, siempre le hizo gracia verles de este modo; todos acurrucados y amuñuñados como polluelos en un nido, utilizando el hombro del que tienen al lado por almohada.
—Hoy como ayer, mañana como hoy—había susurrado Ingrid, citando a un autor español, más para si misma que otra cosa. Se levantó de entre las sabanas, acomodando a todos con cuidado y dejando un beso de lápiz labial en cada frente antes de rebajar la luz de una lamparita de mesa, cerrando el libro a medio terminar y dejandolo de vuelta en el librero—un cielo gris, un horizonte eterno…—se da la vuelta y vuelve a mirarles a cada uno. Quizá una o demasiadas veces antes de por fin salir del cuarto, colandose por la puerta de puntillas y con cuidado. Pero también la suficiente lentitud como para que un pícaro rubio de un ojo abierto logre colarsele detrás.
—¿Mamá…?—aquella vocecita adormilada y dulzona le hace deternerse al instante, y observa enternecida el cuadro; aquel chiquillo rubio con sus pijamas azules demasiado grandes para el, la pequeña boca formando una perfecta “O” en un bostezo y las pequeñas manos frontando sus ojos—no te vayas, siempre que te vas me despierto y está oscuro—la mujer morena se acerco a su hijo, arrodillandose frente a el y acunando su rostro entre sus manos.
—Lo siento cariño…—sus dedos le acariciaban las mejillas y le miraba con ojos condescendientes —¿quieres dejar la luz un poco más fuerte?—le ofreció su mano—podemos ir a hacerlo ahora mismito—Terry Maddox negó y sus ojos oscuros se posaron en los ojos verdes de mamá.
—Quiero que te quedes…—dijo con timidéz, bajando la mirada.
—Cariño, pero no me voy a ninguna parte—había sonreido mamá, plantandole un beso en la punta de la naríz—voy a estar aquí en la mañana como siempre—Terry había vuelto a subir la mirada, y sus labios formaban un puchero.
—¿Pero y si no tienes otra opción?—los ojos de Ingrid Maddox habían humedecido al instante. Su difunta suegra solía hablarles a los niños de la muerte en un aspecto muy peculiar, solía decirles que a veces, cuando la gente estaba muy enferma o ya muy vieja, debían de tomar un viaje muy, muy largo. Y que a veces, se perdían por el camino y no lograban regresar.
No, no, no—la morena negó con la cabeza—no quiero que hables así ¿de acuerdo?—mamá había pegado su frente a la de el—lo que sea que tu y tus hermanos escucharon, te prometo que no es tan grande. Merlín sabe lo que tantas cabecitas maquinaron ya—sus dedos largos apartaron un mechón de cabello del rostro del rubio—pero no quiero que saquen conclusiones ¿está bien?—los ojos de Terry se habían humedecido, y su voz se quebraba.
¿Vas…?—tomó un respiro y puchero en sus labios se acentuó—vas a estar bien…¿verdad mamá?—Ingrid llevaba el corazón en la garganta, pero guiñó el ojo a su hijo con confianza a pesar de esto.
—Oh, mejor que eso—sonrió entonces le estrujó  contra ella en un abrazo—te…—entonces algo le  había pasado a mamá, pareció tener dificultad tomando una bocanada de aire, y su tos regresó con pequeños intervalos. Sacó el pañuelo de su bolsillo y volvió a presionarlo contra sus labios, amortiguando el eco de los pasillos.
—¿¡Mamá!?—el pequeño niño había hablado costernado cual adulto, entre tanto su madre no parecía poder parar de toser, llevaba la mano presionada contra el pecho—mamá ¿estas bien mamá?—pero justo en aquel instante Ingrid había parecido recuperarse, jadeate volvió a mirar al pequeño.
—Está bien—le aseguró—está bien no ha sido nada—sus manos volvieron a acunarle el rostro—mirame, estoy bien y voy a seguirlo estando—el rubio le había mirado,  con terror en sus ojos.
—¿Como lo sabes, mamá?—la expresión de Ingrid se había torcido, y entonces una lágrima rodó por su mejilla, sus ojos escutaron el rostro de su hijo.
—Eres mi niño valiente ¿lo sabes?—le preguntó con una voz diminuta, Terry asintió, ver a mamá llorar le había removido algo en el pecho, algo  que no lo dejaba respirar—necesito que confíes en mi ¿vale? —sus labios se presionaron en una linea tiesa a simple vista, tratando de evitar que los sollozos salieran— y que me prometas, que pase lo que pase vas a cuidar de tus hermanos ¿puedes hacer eso?—su madre volvió a mostrar el meñique, y entonces el rubio lo había entrelazado con el de ella.
—Te lo prometo mamá— dijo en un susurro.

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Las mañanas en españa son lo que más extraña a pesar de que solo lleva aquí un par de días; no hay sol que se cuele por la  ventana, ni olor a pinos o pajaros que canten, con suerte se escucha alguna hurraca a las cuatro de la madrugada. Aunque en una luz positiva, no piensa que los baños de agua caliente fuesen nunca tan plancenteros como ahora, con el colaborador frío de Devonshire para asegurarse de eso.
 
Acuna la cabeza entre las manos, y apoya la espalda contra la pared de la ducha conforme el agua caliente le recorre los tensos músculos del cuerpo, contra  su mejor jucio, hoy debe presentarse en el colegio ha rendirle cuentas a sus hermanos “no digas tonterias, solo quieren verte” la tía Meche no se cansaba de repetir aquellas lienas, pero honestamente el era mucho más inteligente que eso.
 
Con un ultimo suspiro, había apagado la regadera, pasando las manos por su rostro y sacudiendo la cabeza cual cachorro tratando de librarse de restos de agua en un pelaje. El frío de afuera le hace maldecir por lo bajo y rápidamente anuda una toalla a su cintura, utilizando de las pequeñas para terminar de cecarse.
 
—Terry, ya te has levantado—la cabeza de su padrastro se había asomado entonces por la puerta de repente, logrando que el rubio diese un brinco, casi resbalandose con los restos de agua en el suelo.
 
—¿¡Que carajo!?—aferrandose a la toalla con fuerza había dado un codazo a la puerta, cerrandola de nuevo y casi dejando sin naríz al pobre hombre—¿¡que no sabes tocar!?—pegó la espalda contra la puerta para prevenir que ésta volviese a abrirse.
 
—Lo siento muchisimo, debí haber tocado la puerta—Terry bufó.
 
—¿En serio?—preguntó ambas, retórica y sarcásticamente—excelente dedución ¿has llegado a ella tu solo?— pasó el seguro unas cuatro veces antes de comenzar a vestirse—tocar cuando se entra a los baños de la gente ¡Pfft! Innovador ¿quien lo hubiera pensado?—murmuró más para si mismo que otra cosa, conforme se abrochaba los pantalones de mezclilla.
 
Quería saber que tal estás—se excusó su padrastro, obviamente apenado.
 
—¡Oh, exclente!—dijo con un ademán de las manos, y demasiada sorna como para que aquello pudiese ser tomado en serio—nunca he estado mejor—se había puesto la camisa y ahora se miraba al espejo, observando las profundas orejas que bien le hubiesen llegado a las mejillas si hubiese sido biológicamente posible.
 
—Terry, se que no estas muy emocionado con la idea de visitar el colegio hoy pero….— el rubio chasqueo la lengua, y ahora completamente vestido  abrió la puerta.
 
—Por favor no hablemos de esto— dijo, una vez estuvo cara a su padrastro—de verdad no quiero ser grosero Agustus, pero ya voy a ir—arrojó las manos al aire, pasandole de largo y procediendo a sentarse de vuelta sobre su cama—no se que más quieren—el hombre suspiró.
 
—Ya veo, no quise ponerte incomodo—bajó la mirada, y Terry hizo una mueca ¿por qué carajo tenía este hombre que ser tan amable? Se había casado con su madre sabiendo que no sentía por el lo mismo que el por ella, se había quedado a cuidarles a el y a sus hermanos y aquí estaba, tratando de actuar como un padre 24/7 sin quejarse de nada en absoluto.  Lo hacía sentir mal, como nunca había podido ver a Agustus como más que un extraño que aún estaba conociendo cuatro años después de la muerte de mamá.
 
—No lo hiciste— pasó  las manos por su rostro una vez más—por favor no te ofendas, es solo que me has tomado por sorpresa—suspiró, adoptando un tono más dócil—¿necesitabas algo?—su padrastro había avanzado a paso inseguro, aclarandose la garganta.
 
—Yo, uh…—apretó los labios para separarlos sonoramente un minuto después—tu tía Mercedes me ha comentado que te gusta la esgrima, y lo se, obviamente—hizo un ademán entonces hacia una de las paredes del cuarto, en las cuales se encontraba enmarcada en una vitrina de cristal su vieja espada de esgrima—pero nunca te he visto utilizarla—dijo con unos ademanes de la mano en la misma dirección—así que yo pensé que…Bueno,  he estado tomando algunas clases, esperaba que pudieramos…—su voz se apaga luego de eso.  Por Merlín ¿podría ser esto peor?
 
Terry le había dado una mirada de disculpa, tratando de que no se viese muy lastimosa, luego había siseado por lo bajo, sus dedos dando de repente contra la mesa de noche de manera incesable.
 
—Oh...—hubo una incomoda pausa—mira Agustus yo…—“excusa, excusa, ven a mi”—Yo…La tía Meche ha llegado muy tarde ayer y seguro ha de estar cansadisima, yo pensaba hacerle el desayuno hoy, y también tengo que terminar una cosa que…—hizo un ademán hacia su escritorio, donde estaba aquella libreta abierta junto con varios pedazos de carboncillo y tiza desordenadamente esparcidos por los alrededores.
 
—¡Claro!—dijo con suavidad, sonando patéticamente derrotado. Terry tuvo que morderse la lengua para que su rostro no mostrara ninguna mueca, se sentía mala persona de repente—claro, yo entiendo no te preocupes. ¿Quizá luego?—el rubio asintió, sus dedos dando con más ansiedad contra la madera y su boca tornandose una sonrisa incomoda.
 
—Si…Quizá luego—con una ultima cabezada Agustus se retira del cuarto. Y entonces, largando un bufido Terry se deja caer sobre su espalda en la cama—por favor que esto termine rápido—murmuró para si mismo. Luego, estirando una mano alcanzó el reloj en su mesa de noche
 
9:30 A.M.
 
Soltó una risa baja y sarcástica.
 
—Bueno, veo que tu eres tan útil como siempre—volvió a enderesarse y entonces soltó un gruñido
 
¿de verdad le estaba hablando al reloj? Bien, quizá un día fuera de aquí no le vendría tan mal.
 
   
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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

Mensaje por Hakuna Matata Bitch el Sáb 26 Mar 2016, 7:55 pm

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Las horas no se han esforzado por correr más rápido, así que ha decidido cumplir con su excusa, es decir, promesa y hacer el desayuno para la tía Meche. Que se encuentra más que contenta de no interferir desde la barra de la cocina.
—Me alegra verte más contento con tener que regresar hoy…—le dijo como quien no quiere la cosa,  Terry suspiró, sus ojos manteniendose juiciosamente en la estufa y sus manos obligandose a trabajar con más lentitud de la normal, cosa que le irritaba hasta más no poder, pero que también le evitaba temblores y dolores musculares.
—No estoy contento—dijo con una ligera sorna, echando la cabeza a un lado—estoy resignado—estratégicamente había volteado entonces la crêpe en el sarten, Mercedes bufó.
—Chaval presumido—dijo por lo bajo, aunque Terry pudo adivinar que sus labios se curvaban en una sonrisa. Entonces chasqueó la lengua, entre tanto pasaba con delicadeza la crêpe a un plato que se encontraba junto a varios frascos de  condimentos
—Vas a extrañarme—dijo burlón, conforme terminaba de “adornar” la masa con leche condensada, canela y unos pocos pedazos de fruta antes de doblarlo y sellarlo con un poco más por encima—o mis habilidades de cocina, por lo menos—deslizo el plato hacia la tía Mercedes con gracia.
—¡Vaya que estas presumido hoy!—había bromeado la mujer, y entonces cuando los ojos del rubio se chocaron con su rostro su sonrisa se desvaneció ligeramente.
—Cocinar me distrae…—admitó por lo bajo conforme se sentaba frente a ella, Meche suspiró.
—Ya lo se, majo—le dijo, mostrando una sonrisa dulce—pero sabías que esto iba a tene’ que pasar algún día—Terry se encogió de hombros, dejando que su mirada se perdiera en la nada
—Ya lo se tía…Pero esperaba que ese día no llegase tan rápido—Meche enarcó ambas cejas, y con comida en la boca, estiro las manos para tomar las de su sobrino, luego tragó.
—Terry, ha pasado un año entero, ya casi dos— le dió un fuerte apretón—mira que tus hermanos estan locos por verte, y que ni yo ni tu padrastro vamos a poder ir, así que te puedes divertir muchisimo esta noche—enarcó una ceja— prometeme que vas a portarte mal ¿vale?—Terry había reido por lo  bajo.
—Por favor, no digas eso nunca más—su tía le había dado un golpecito en la muñeca.
—Te lo digo en serio, hombre—reclamó—capaz y te diviertes—el rubio bufó saltando entonces de su asiento.
—Oh, seguro que si—dijo, recobrando entonces su sarcásmo habitual—pienso divertirme tanto como un pez en un barco—su tía le mira sin entender.
—¿Por qué un pez iba a estar en un barco..?— Terry no contesta, solo da una cabezada conforme sus dedos golpean rítmicamente contra la encimera de la cocina.
—Voy a terminar de empacar—anuncia con simpleza y conforme se dirige por el pasillo, la voz de la tía Meche vuelve a aparecer.
—¡TERRY ANTHONY MADDOX DEJA DE SER TAN PESIMITA!—ha entendido la metáfora, y una sonrisa de muergano aparece en los labios de Terry.
. . .

Un dibujo terminado luego, por fin logra divisar el carruaje esperandole fuera en los jardines. La voz de Meche ya le apresura en la distancia, Ha terminado de empacar y discretamente se ha deshecho del traje que no piensa utilizar. Luego de mirar mucho aquella vieja espada ha decidido tambien envainarla y meterla en la maleta junto con sus utencilios de arte y la libreta.  Echa un ultimo vistazo al lujoso carruaje en el jardín, probablemente obra de Regina Thropp u otro intento de Gustus para lucirse, de cualquier manera no logra hacer esto más placentero.
De cualquier manera; ¿divertido?  No mucho ¿Pero interesante? Quizás, quien sabe.

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Re: This Means War {Novela Colectiva de HP, 3ra Generación}

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