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Quizás porque... |Liam Payne|

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Mensaje por pussyharry__xx el Lun 01 Jul 2013, 12:40 pm

Titulo: Quizás porque... 
Adaptación: Sí. 
Género: ¿Drama?
Advertencias: Si empatizan con Liam y lloran, no me hago cargo.
Otras páginas: Sí.



Quizás porque...
Liam Payne. {#}


Quizás porque no supe valorarte. 

Mis manos van levantando esa camiseta violeta, obligando a que levantes los brazos para arrancártela del cuerpo. Tu boca grande y tus labios jugosos los cuales no puedo apartarlos de mí y los busco con desesperación. Tus manos que sí saben donde posicionarse y tus dedos anchos y largos desfilan por debajo de mi camisa, erizándome la piel. Se siente el calor y se oyen las respiraciones. La desesperación también está presente. De un envión me levantas en los aires y apoyas brutalmente mi espalda contra la pared. El cuadro en el que apareces acompañado de tus hermanos menores, se desprende del clavo y cae al suelo, a un costado de tus pies. Cierro los ojos y divago con tu boca esparciendo besos en todo el contorno de mi cuello. Te das el tupé de presionarme contra tu pecho para que no caiga mientras vas desabrochando el cinturón de mi pantalón. Éste también cae junto al tuyo. Y en esa misma pared, en un rincón de la casa, en plena oscuridad de la noche y del mismo departamento, te adueñas de mi cuerpo. Tu mirada fija en mis ojos que se cierran y disfrutan. Esas respiraciones agitadas que rebotan en todas las paredes. Las uñas que se clavan en tu espalda y la adrenalina de aquel momento que, días más tarde, complicarán mi vida. Mi otra vida.


Quizás porque pensé que te quería. 

Sentado en la punta del sillón, su mirada se pierde en un punto de los almohadones. Sé que el pulso le tiembla y el mentón también cuando de nervios y enfado se está hablando. No se anima a levantar la cabeza porque nunca quiso mostrarse débil ante otros. Ante mí. Intenta esconderse dentro de un caparazón que ya se rompió, como lo acabo de hacer con su corazón. 

-Perdóname –espeto con un dejo de melancolía y mis ojos bañados en lágrimas que no desaparecerán tan fácilmente. Mis dedos se cruzan ante los nervios y el puchero se escapa entre mis labios. Desde la otra punta del sillón, lo miro- por favor… 

-No –logra pronunciar. Y veo como una lágrima aterriza en su mentón- ¿Cómo pudiste? –y al levantar su cabeza para fijar su mirada en la mía, creo que el mundo se corrompe en ese mismo instante. Sus ojos marrones brillan a causa de un llanto lleno de tristeza. 

-Perdóname, por favor… te juro que no quise.

-Pero lo hiciste… lo hiciste –él intenta canalizar ésta noticia. Intenta no desvanecerse, aunque su corazón ya lo haya hecho- me engañaste.

-Perdón –es lo único que sale de mi boca bañada en lágrimas transparentes como el mismo sentimiento. Y él niega. Niega porque no puede perdonarme y sé que no lo hará. 

-Pensé que me amabas –dice al levantarse del sillón, limpiándose las lágrimas que creen enrojecerse, tomando el color de un corazón devastado. De una alma abatida. 

-Yo te amo –me levanto con agilidad para sostener su mano, logrando entrelazar dos dedos. 

-Pero eso no es amor… -se aparta y se aleja, como lo hará desde ahora en más. 


Quizás porque no aprendí la lección.

Ni siquiera un té puede relajarme de ésta situación. Las lágrimas siguen agolpándose en mis mejillas y no dejan de caer en ningún momento. La taza yace sobre la mesa de luz y el humo se esparce por el aire. No hay nada que entre en mi estómago, sólo angustia. 

Recuerdo cuando lo conocí, varios años atrás. Muchos. Tenía dieciséis años y salía en compañía de mi mejor amiga de la clase de gimnasia, cuando lo vi ahí, sentado en un banco de mármol en compañía de sus compañeros de curso. Él llevaba muy bien los diecisiete. No sé si fue amor a primera vista, pero lo único que recuerdo es que me enamoró. Él con su sonrisa de costado, su alegría constante y la paz que lo identificaba. Él con sus ojos marrones, su nariz pequeñita y su boca apta para ser besada. Él también se enamoró de la chica de cuarto año del secundario privado. Jamás nos habíamos cruzado, pero que bueno que haya ocurrido en esa oportunidad. Con él me salté del colegio, traspasé los límites de las reglas y hacía lo que quería cuando podía. Él fue mi mejor maestro de matemáticas cuando lo estaba necesitando, cuando pensaba que los desaprobados me llevarían directamente a diciembre. Él me abrazaba cuando la directora se volteaba. También se escapaba de su aula de quinto año para entrometerse en la de cuarto, sin que el profesor se percate de que un alumno más había allí. Con él conocí la aventura, la adrenalina. Conocí el mundo donde todo se hacía y pensaba de a dos. Él me enseñó que llegó a éste mundo para cuidarme, para protegerme y no dejarme caer. Para que me perdone cada escena de celos y cada enojo repentino. Porque cuando se fue del colegio, luego de su graduación, al año siguiente era él quien pasaba a buscarme por la puerta del secundario, día por medio, para ir a almorzar juntos. Fue él quien me acompañó a anotarme en la facultad para comenzar mis estudios de abogacía. Fue él con quien emprendimos juntos la aventura llena de adrenalina y pasión de entrometernos entre las sábanas de alguna cama para amarnos de cuerpo y alma. Gracias a él, no dudé ni dos segundos, en armar el bolso para pasar quincenas de vacaciones en alguna playa o balneario. Mucho menos, cuando llegó la propuesta de convivir bajo un mismo techo, luego de ocho años de noviazgo. Él me enseñó lo que es el amor. 

Y yo le enseñé sobre el desamor.



Quizá porque, en realidad, no aprendí nada.

-No quieres nada? 

-No –respondo recostada en mi cama, dentro de la habitación. Mis ojos se mantienen hinchados a causa de llanto que no cesa. 

-¿Por qué lo hiciste? –Eleanor pregunta sentada en la silla con ruedas del ordenador. 

-No sé… -y se va apagando la voz. 

-No debes amarlo tanto como le hiciste creer, entonces –ella sabe tocar los talones de Aquiles de sus amigos. A ella también le está doliendo ésta situación. 

-No es eso, sí que lo amo. 

-Si lo amaras no lo hubieses engañado, Des.

-¡Bueno, basta! –me enfado con el mundo- ya sé que me mandé una cagada, no me condenes más. No estábamos bien con Liam, discutíamos mucho. 

-Discutías, querrás decir –Eleanor se anima a contraatacarme. A corregirme el error. - y no por eso tendrías que haberle metido los cuernos. ¿Sabes como está él ahora? ¿Lo sabes? –pero no respondo porque conozco la respuesta- está fatal, Des. No deja de llorar, está sufriendo de verdad –porque nunca habrá nadie como él que transparente sus sentimientos. 

-Ya lo sé, a mí también me duele… 

-Pero a él le duele más –ya sabemos de qué bando está Eleanor- ¿Con quién lo engañaste?

-No importa eso, El.

-¿Con quien lo engañaste, Destiny? –insiste. Y tardo varios segundos en responder. 

-Con un compañero del trabajo –pero no la miro a los ojos. No me da la cara. La vergüenza atraviesa todo mi cuerpo (y mi alma). 

-Dices que estabas mal con Liam, cuando el chico nunca te lastimó, nunca te gritó, nunca te hizo nada. Siempre te escuchaba y tú te enfadabas igual. Porque déjame decirte que desde que entraste a trabajar a ese estudio, cambiaste mucho tu forma de ser, y aunque nos dimos cuenta todos, el único que no quiso hacerlo fue él ¿Y sabes porqué? Porque te ama –y es imposible el no volver a llamar a las lágrimas ante esa confesión- entonces tú estabas peleada con él, ibas al trabajo, te acostabas con otro y cuando volvías él te estaba esperando para cenar juntos.

-Basta, Eleanor, me haces mal –digo con congoja. Con el mentón temblando- ¿A qué viniste? ¿A tirarme más el mundo abajo?

-Puede ser. Para que sientas un poquito del mismo dolor que sintió él, porque él es mi mejor amigo y cuando se conocieron te pedí que nunca los lastimaras… y yo no estoy de tu lado, Des. No estoy de tu lado –agarra la chaqueta que cuelga del respaldo del asiento y con su tristeza (que en nada se compara con la de los protagonistas), se va. 


Quizás porque nunca cumplí.

Sé que él debe estar peor que yo. Sé que cuando se enteró de mi infidelidad, no dudó ni un segundo en rejuntar sus cosas del departamento y volver al lecho materno. Y seguro que esa noche la lloró toda, igual que yo. Y también los días siguientes. Seguro que no fue a estudiar –porque nunca estudiaba cuando la angustia lo abatía- y prefirió quedarse enterrado en la cama, sin querer apartar la cabeza de la almohada. Porque él es otro cuando está triste, y yo era otra cuando aparecía a su lado para mimarlo y besarlo, sanando esas heridas. Hoy soy quien se las produce. 

-Venga, tómate el té –Eleanor le insiste. Él agarra la taza porque es ella quien lo pide- no te puedo ver así... –le acaricia la mejilla aprovechando la cercanía. Los dos están sentadas en la cama de él, con sus piernas cruzados y enfrentándose. 

-¿Y qué cara quieres que ponga? 

-No sé, ríete un poquito –le estira una mejilla, pero no consigue su cometido. 

-No estoy para risas… me duele aquí –y señala la mitad de su pecho. Eleanor también quiere soltar varias lágrimas porque no hay nada peor que ver sufrir a un amigo. 

-Ayer fui a hablar con Destiny. En realidad estuve cinco minutos y me fui, sólo quería hacerla sentir mal.

-No seas así… 

-¿Y cómo quieres que sea, Liam? –es que Eleanor es impulsiva- tenía que decirle algo, se lo merece por zo*rra.

-¿Cómo estaba ella? –porque él siempre se preocupará por los demás, no importa la lastimadura. 

-También estaba mal, triste… pero a mí eso no me convence. La chica te cagó y las personas que traicionan tienen que recibir traición –porque ella cree en el uno recibe lo que da. Liam prefiere no responder y vuelve a abandonar la taza en su mesa de luz- ¿Quieres que salgamos hoy? Llamo a los chicos y nos vamos a tomar algo.

-No tengo ganas –baja la mirada. 

-Yo tampoco tengo ganas, pero lo hago por ti –lo levanta desde el mentón y él logra sonreírle un poquito. Pero sigue sin sanar- no quiero que te quedes encerrado aquí. 

-Pero yo sí quiero –y contra su voluntad nadie podría hacer nada- sal tú, disfruta tú, cualquier cosa te llamo ¿vale?

-¿Estás seguro? –Liam asiente. Eleanor sólo muerde su labio inferior para, de un envión, acercársele y así rodearlo fuerte con sus brazos, haciendo que su cabeza descanse por varios minutos sobre su hombro. Sentía que su corazón estaba dejando de latir. 


Quizás porque no era lo que buscabas. 

Esa tarde decidí no ir a trabajar. No porque quisiera escaparme de mi realidad –o sea, de quien se convirtió en mi amante durante un par de noches-, sino porque había otro asunto el cual intentar solucionar. Aunque sea, remediar. El taxi frenó a mitad de calle, delante del cesto de basura, tal cual se lo indiqué al chófer  Husmee el bolso hasta lograr encontrar la billetera y poder pagarle el viaje de unos diez u once minutos. El auto negro y amarillo desapareció de mi vista, al segundo de haber apoyado los pies sobre la acera. La puerta blanca de su casa me traía millones de recuerdos, de esos lindos los cuales ninguno quiere borrar. Las noches sentados en el escalón, abrazados, charlando del día que habíamos sufrido. Los besos de bienvenida cuando llegaba y él abría esa puerta para recibirme de brazos abiertos. Las discusiones que comenzaban en una esquina y finalizaban allí mismo, luego de un beso fugaz. 

Y toco el timbre. 

-¿Estás solo? –pregunto luego de que él mismo sea quien me haya abierto y me dio el pase para ingresar a esa casa donde se efectuó cada evento, cada reunión con sus compañeros del secundario porque se acercaba el viaje a Irlanda, cada película compartida en el sillón, cada abrazo arrinconados en alguna pared. 

-Sí –por ende, sus padres estarían en el trabajo y sus hermanas, también- ¿Quieres algo para tomar? 

-No, gracias –y que raro se siente tratarse como desconocidos. 

-¿A qué has venido? –pero no lo dice prepotente, su voz continúa calma porque él siempre será así. Se sienta en un rincón del sillón, frente a mí. 

-A hablar contigo… ¿puedo? –y aunque temí al preguntar, me alivié completamente cuando asintió. Sé que no tenía ganas de entablar conversación conmigo, pero lo haría igual porque él siempre me escuchó- primero te quiero pedir perdón… me equivoqué, no sé… no, no era yo 

-¿Y cuándo fuiste tú en todo éste tiempo? –y pienso. Pienso en su pregunta y en la respuesta. 

-Cuando estoy contigo–digo en un hilo de voz. También sonrío un poquito e intento agarrar su mano, pero él es más rápido y la aparta. 

-¿Y qué pasó en todo éste tiempo, entonces? Porque, aparentemente, no pude darte todo lo que querías. ¿No era más fácil decirme que no querías estar más conmigo antes que darme un puñal por la espalda? 

-Me equivoqué, Li –y esas lágrimas vuelven a acumularse para ir soltándose, una a una. Lágrimas rojas, que sangran por ausencia de amor- necesito que me perdones, por favor.

-Es que yo no sé si puedo perdonarte –logra decir y todos mis esquemas se rompen- me duele, duele lo que me hiciste. 

-Por favor… -y me acerco más para acariciar su mejilla y no querer perder el contacto. Para volver a sentirlo conmigo como cada vez que dormíamos juntos o hacíamos el amor- yo te amo, no soy nada sin ti.

-¿Sabes qué pasa, Destiny? Yo te puedo perdonar lo que quieras, tus discusiones, los celos, la bordería, el mal humor… pero una traición no –y son tan sinceras sus palabras, que duele a ambos- y yo también te amo –sonríe un poco, limpiándome una lágrima que se escapa- sabes todo lo que te amo –y asiento porque todos lo saben- pero perdóname tú a mí, por no poder perdonarte –deja un beso en mi frente y cierro lo ojos, como cada vez que me abrazó, que me besó, que me protegió. Que me amó. 

Quizás porque recién ahora me doy cuenta cuánto te amo, en verdad.

 Me he emocionado con eso de los cortos.
Un poco triste, pero bueno...
Espero que les guste <3
pussyharry__xx
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Quizás porque... |Liam Payne| Empty Re: Quizás porque... |Liam Payne|

Mensaje por #Pauli el Mar 02 Jul 2013, 6:50 pm

Me gusto mucho, me dio mucha pena  :(((  pero muy lindo tu one shot :).
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