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Mensaje por C.J. Potter el Dom 12 Jul 2015, 23:41

Hola mis amores, tanto tiempo. Les cuento que estoy viva, y que en realidad tengo listo el capítulo hace rato, pero últimamente noté que en only ya no es lo mismo. Es decir, creo que mi generación ya pasó. En la sección de adaptaciones no hay un alma (si nmi seguía en primera página con su último comentario del 30 de marzo!), y me pone mal ver que el lugar donde antes prácticamente vivía, ahora es... ya no es lo que era jaja. Pero entonces me acordé de que sigue habiendo gente por acá que sigue la historia desde el principio, y me pareció injusto simplemente desaparecer, así que... Bueno, les traje maratón (o algo así). 
No voy a decir nada al final, por eso escribo acá arriba. Quiero darle más suspenso.


En fin, besos a todas, y gracias si es que deciden seguir leyéndome a pesar de todo. Quedan apróximadamente 5 capítulos, sin contar esta maratón, para el final. ¡Besos enormemente pixeleados!



Capítulo 16
"Síntomas"


MARATÓN 
PARTE I


Escritora
 
Las vacaciones de invierno solían marcar siempre un cambio muy importante, al menos en la vida de Camille Lupin. Sólo que ésta vez ella no tenía idea de cuánto iba a cambiar su vida durante el receso escolar.
 
‒ ¿No te despediste de él? ‒ preguntó la metamorfomaga a la ceñuda Lily, mientras veían a Lysander alejarse junto con su gemelo y sus padres, acarreando sus respectivos baúles y jaulas con ellos. La Potter se encogió de hombros con desinterés, girándose a saludar a su tía Hermione, quien venía a buscar a la ahora-siempre-triste Rose.
 
Sin dudas la primera parte del año había sido un circo escandaloso en la familia Weasley. En primer lugar, la noticia de que Camille y James habían vuelto, causando revuelo en la familia al tener en cuenta su anterior noviazgo con Albus. Luego estaba el embarazo recién anunciado de Victoire, motivo de alegría para todos, excepto para su celoso padre quien no sabía cómo sobrellevar la noticia. Le seguía la separación de los siempre adorables Rose y Scorpius, luego de que el rubio, algo pasado de copas por primera vez, cometiera una terrible estupidez con una morena de pechos grandes que revoloteaba en torno a él hacia unos cuantos meses.
Por otro lado, el drama Fred-Hugo-Gabriella había llegado a oídos de los padres de los muchachos, provocando una reacción en cadena que terminó con los tres en discordia separados; ni Fred ni Hugo estaban ahora con la bonita Hufflepuff, quien últimamente tenía unas ojeras cada vez más oscuras bajo los ojos. Y finalmente estaba el inesperado y sorpresivo romance entre Roxanne y Frank Longbottom, quienes ahora andaban por ahí todo el tiempo de la mano, como un par de enamorados, provocando que George anduviera pálido y con taquicardia cada vez que era su turno de hacer vigilancia en Hogwarts. Sin dudas el amor había atacado con fuerza a la numerosa familia.
 
‒ ¿Niquie? ¿Millie? ‒ llamó una voz a espaldas de la ensimismada Lupin, generando en ella una sonrisa enorme incluso antes de voltear a ver de quién se trataba. Reconocería ésa voz en cualquier lugar.
‒ ¡Vicky! ‒ chilló la muchacha alegremente, soltando la mano de James para echarse a correr hasta la recién llegada rubia, fundiéndose en un fuerte abrazo que incluía a una eufórica Dominique.
‒ ¡Oh, Merlín santo hermana, te he extrañado como no tienes idea! ‒ exclamó la rubia menor, mientras se separaban del abrazo, sin dejar de sonreír. Victoire se echó a reír. Lucía deslumbrante, con los ojos brillosos y las mejillas arreboladas; era notorio que estaba felizmente embarazada.
‒ Y yo a ustedes, pequeñas problemáticas. ¡Sigo sin creer que ya he dejado Hogwarts! ‒ exclamó la nueva señora Lupin, con cierta gracia.
‒ Y yo sin asimilar que voy a hacer tía‒ comentó Camille, señalando el vientre de su cuñada.
‒ Lo mismo digo, ‒rió Dominique, llevando una mano a la barriga de Victoire, quien sonrió.
‒ Lo sé, es una sorpresa para todos. ¡Pero estoy tan absurdamente feliz! ‒ soltó alegremente, riendo otra vez. Entonces miró a Camille, y añadió‒: Y por lo que sé, tú también lo estás.
‒ ¿Eh? ‒ soltó Dominique, confundida. Pero Cam rió, asintiendo.
‒ Lo cierto es que no recuerdo haber estado tan feliz en mucho tiempo, ‒ admitió, también sonriente. Niquie meneó la cabeza para borrar sus paranoicos pensamientos y volvió a sonreír.
‒ ¡Cami! ‒ exclamó una nueva voz, esta vez masculina, y de pronto Ted apareció junto a su esposa, igual de sonriente que todas ellas. Camille se echó encima de él de inmediato, sintiendo que se le acalambrarían las mejillas de tanto sonreír.
 
Todo parecía tan perfecto en aquél momento, que quiso congelar la escena en ése instante y vivirla por siempre.
 
‒ Merlín, Teddy, ¡me has hecho tanta falta, gran bobo! ‒ dijo la metamorfomaga al oído de su hermano, quien sonrió incluso más ampliamente aún.
‒ Lo sé, enana, también te he extrañado, como no tienes idea‒ admitió, soltándola. Entonces miró a Vic, y añadió‒: Te hemos extrañado, de hecho.
‒ No puedo creer que ya seas un adulto, ‒bufó la pequeña Lupin, cruzándose de brazos. Ted asintió, orgulloso.
‒ Un futuro auror, además‒ aclaró, guiñándole un ojo. Camille y Dominique se echaron a reír ante su expresión.
‒ Eso es más increíble aún, ‒afirmó la Weasley, riendo. Entonces dio una mirada sobre su hombro, encontrándose con que Paul aún la esperaba, y se disculpó diciendo‒: Nos vemos luego, ¿sí? Iré a conocer a los padres de Paul y… Bueno, deséenme suerte.
 
Todos la despidieron con asentimientos y frases de apoyo, Camille con un fuerte abrazo, pues ella pasaría las vacaciones con los Potter aquél año, en vez de con ellos. Al menos hasta que todos se reunieran en la madriguera para las fiestas.
 
‒ Entonces lo de Paul va en serio, ‒comentó Victoire, feliz por su hermana. Cam se echó a reír.
‒ No te imaginas. Parecen un matrimonio. Es increíble ver a Niquie tan enamorada, ‒ dijo, dejando traslucir su asombro.
‒ Hablando de estar enamorada…‒ comenzó a decir Ted, mirando por encima del hombro de su hermanita, donde ella sabía que estaba James hablando con Frank Longbottom, junto a su padre, quien a su vez conversaba con el profesor Neville. Cam se sonrojó, imaginando de qué iba la cosa‒. ¿Voy a enterarme alguna vez de cómo hizo James para que le dijeras que sí?
‒ ¿Quieres enterarte, hermanito? ‒ rebatió ella, enarcando una ceja con picardía. Ted hizo una mueca de horror, mientras que Victoire reía, abrazando a su esposo por el torso.
‒ Eres cruel, Cami. Recuerda que sigues siendo mi hermanita bebé‒ reprochó, frunciendo el ceño en advertencia. Ella le dedicó una sonrisa inocente, ciertamente sarcástica.
‒ Por supuesto, Teddy, por supuesto. Y hablando de bebés… Felicidades, hermano. Me has hecho tía.
Él volvió a sonreír de oreja a oreja, estrechando a Victoire aún más entre sus brazos. ‒ Es increíble, ¿no? En unos meses habrá un mini yo o una mini Vic corriendo por ahí.
‒ Hay algo raro en la idea de un mini tú, ‒ soltó alguien de pronto, apareciendo en escena.
 
Tanto Ted como Victoire se encontraron sonriendo de oreja a oreja. De inmediato el metamorfo dio un paso adelante, dándole a su mejor amigo un abrazo a medias, como los hombres solían hacer para demostrar afecto sin parecer demasiado afeminados. Cosa de chicos.
 
‒ Hogwarts no es lo mismo sin ti, Ted‒ dijo James una vez que volvieron a separarse, mientras deslizaba su brazo por la cintura de su novia.
‒ Me alegra oír eso. Odiaría que mi ausencia pasara desapercibida, ‒ chasqueó, sonriente incluso ante el gesto del Potter con su hermanita; al parecer aquél día Ted estaba de humor.
‒ Niños, es momento de irnos‒ anunció la señora Potter, interrumpiendo el reencuentro. Metros tras ella, ocultos en las sombras, había cinco cautelosos Aurores mirándolos fijo, procurando que la llegada resultase segura. Últimamente, estaban exagerando con lo de la seguridad‒. James, Camille, ¿vienen? ‒ instó Ginny, comenzando a acarrear las pertenencias de la amargada Lily.
Cam miró a su hermano y su cuñada con lástima, sin querer despedirse aún.
‒ Imagino que vendrán a visitarnos muy seguido, ‒ soltó, para garantizar que volvería a verlos. Ellos asintieron.
‒ Por supuesto que sí, Cam. De hecho, también estábamos pensando en invitarlos un fin de semana a nuestra nueva casa, ‒ comentó Victoire, con una sonrisa deslumbrante.
 
Camille y James intercambiaron una mirada sorprendida, pues no sabían que ellos ya se hubieran mudado a Shell Cottage, la cual solía ser la casa de verano de Bill y Fleur, pero que luego de la boda había pasado a ser un obsequio de parte del matrimonio para su hija. Se suponía que se mudarían recién el próximo año, cuando Ted ya ejerciera como auror, y Vic como sanadora.
 
‒ Claro que sí, eso sería estupendo, ‒ respondió Camille luego del shock inicial, incluso más sonriente que antes, si eso era posible.
‒ Bien, entonces nos vemos el próximo fin de semana, hermanita.
 
 
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‒ Esto no puede estar pasándome‒ bufó Camille, intentado abrochar sus jeans aún con más insistencia. Eran los más ajustados que tenía (y por lo tanto sus favoritos), pero no entendía cómo era que tan sólo luego de un mes de no usarlos ya no le abrochaban.
‒ ¿Todo en orden? ‒ preguntó James desde la cama, leyendo una revista de quidditch.
 
Por insistencia de Ginny, James y Camille debían dormir en habitaciones separadas, sin importar que fueran novios y mayores de edad. Era un método de prevención que la señora Potter se sentía orgullosa de tomar, pese a que no tenía espíritu muy conservador. Así que Camille compartía habitación con Lily, mientras que James dormía en su dormitorio como siempre… Aunque eso no significaba que no hicieran excepciones a la regla, cuando todos dormían. Llevaban sólo cinco días allí, y un total de ocho encuentros furtivos. Estaban acostumbrados a dormir juntos todos los días, no es que fuera culpa de ellos, sino de la costumbre, ¿no? Es decir, necesitaban estar juntos tanto tiempo como pudieran, ¿era eso algo tan malo?
 
‒ Es éste maldito jean, que no quiere abrochar‒ masculló la chica, sintiéndose frustrada, y para colmo hinchada.
 
Por su irritable humor y la horrible sensación de estar más gorda, dedujo que estaba cerca de su período (a buena hora), y decidió dejar de intentar, quedando con el último botón abierto. Una mueca se dibujó en su rostro al contemplarse en el espejo.
 
‒ Entonces no lo abroches. De hecho, quítatelo, ‒ sugirió James, dejando su revista a un lado sin dudar, de pronto con ganas de no dormir.
 
Camille se echó a reír, pero aceptó, y se quitó el jean sintiéndose mucho más tranquila luego de tenerlo fuera. Le asfixiaba las piernas. Entonces se dirigió a la cama, y el par de tórtolos se fundió en besos.
Cuando el asunto hubo acabado y ella hubo estado descansando sobre el pecho de James, mientras él trazaba círculos en su hombro desnudo, la Lupin soltó:
‒ Estoy gorda. ‒ Sonaba como una queja, un reproche, un gimoteo.
Él se detuvo sólo para lanzarle una mirada escéptica.
‒ ¿Es broma? Estás perfectamente hermosa, cielo. Y no lo digo porque sea tu novio y te ame; es un hecho, ‒aseguró, plantando un beso en la coronilla de la muchacha. Camille hizo morritos, enternecida pero insatisfecha.
 
Si no sabes del asunto, entonces te explicaré que convencer a una chica con las hormonas enloquecidas de que no está gorda cuando ella dice que sí lo está, es casi tan imposible como contar todas las estrellas en el firmamento. Es algo que parece venir incluido con el género.
 
‒ Ése jean me entraba hace tan sólo un mes, ‒insiste, quejumbrosa‒. Y era mi favorito‒ añade, como para agregarle severidad al asunto.
 
James se echa a reír, moviéndose un poco para atrás, apoyado sobre su codo para verla de frente. Ella también se acomoda sobre un codo, luciendo desamparada.
 
‒ No puedo decir que no me alegre que un jean súper ajustado que atraía más miradas de lo aconsejable para mi salud ya no te quede, cielo. Pero eso no significa que estés gorda, sólo que, bueno, sigues creciendo. Y me resulta fantástico, por cierto.
 
Camille soltó una risita cuando la mano de James se escurrió juguetonamente hacia su muslo, aunque seguía algo acongojada. Últimamente estaba susceptible a grados peligrosos. Sí, sin dudas era producto del SPM.
 
‒ Te amo, ‒ susurró entonces, acariciándole la mejilla a su novio con la mano libre. Él sonrió. Se sentía más feliz y tranquilo que nunca.


‒ Yo te amo más, cielo‒ replicó, en igual tono, y volvió a besarla, sin importarle que estuviera por amanecer y ya fuera momento de que ella regresara a su habitación.
C.J. Potter


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Mensaje por C.J. Potter el Dom 12 Jul 2015, 23:44

Capítulo 16
"Síntomas"


MARATÓN 
PARTE II

Escritora




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‒ Estoy tan hambrienta que podría comerme tu mano‒ suspiró Camille al entrar a la cocina, aspirando los olores del desayuno con deleite. Lily rió ante sus palabras, engulléndose unos trozos de tocino.
‒ Siempre tan adorable, Lupin‒ burló James, bebiendo su zumo de naranja con una sonrisa. Parecía como si no le importara llevar ojeras en aquél momento, al igual que todas las mañanas.
‒ Igual me amas, Potter ‒replicó ella, guiñándole un ojo en respuesta, tomando asiento entre Lily y Albus, éste último medio dormitando sobre sus huevos revueltos, apoyando su mejilla en una mano, casi a punto de caer‒. ¿Y tus padres? ‒ cuestionó a Lily, al no ver rastros de los mencionados. Ella se encogió de hombros.
‒ Salieron hoy, muy temprano. Al parecer era una urgencia, ‒explicó, dándole una sombría mirada elocuente que Camille correspondió con una mueca y un profundo silencio.
 
Entonces pasó de página, pues su estómago fue más fuerte, y comenzó a servirse todo lo que vio. Huevos, tocino, waffles, una banana, un par de tostadas untadas en mermelada de fresa, y una taza de leche. Era casi como estar en Hogwarts, e incluso más delicioso.
 
‒ Tu apetito comienza a asustarme, Cam‒ comentó Lily, arrugando la nariz ante la combinación de alimentos. La metamorfa le ofreció una sonrisa.
‒ Lo sé, últimamente parece que tuviera tres estómagos. Nunca es suficiente, ‒ chasqueó, llevándose una tostada a la boca. James le lanzó una mirada divertida mientras ella masticaba, provocando un ceño fruncido en su novia, quien luego de tragar le espetó‒: ¿Por qué me miras así?
Él se encogió de hombros. ‒ A lo mejor estás quemando más calorías de lo usual, ‒ postuló como explicación a su hambre voraz, y ella pronto lucía un profundo sonrojo.
‒ Diuj, no en el desayuno‒ se quejó Lily, asqueada, dejando a un lado su plato a medio terminar. James se echó a reír, pero Cam se limitó a seguir comiendo, en silencio.
 
Fue cuando probó un bocado de tocino, que volvió a haber escándalo. Estaba masticando la carne tranquilamente, cuando de pronto su rostro se puso verde, y se paró de golpe corriendo directo al baño bajo las escaleras. Automáticamente luego de que cerrara la puerta tras de sí, el horrible sonido a regurgites llegó a oídos de los Potter. Tanto Lily como James salieron tras ella, preocupados, y al abrir la puerta del baño se encontraron con la Lupin sentada en el suelo junto al váter, algo pálida. Ya había desaparecido el contenido del inodoro, al menos.
 
‒ Merlín, cielo, ¿estás bien? ‒ preguntó James, arrodillándose a su lado, tomándola por los hombros. Ella asintió débilmente, mientras Lily fruncía el ceño, confundida.
‒ ¿Qué ha sido eso? ‒ cuestionó la pelirroja, viéndola ponerse de pie con ayuda de James.
‒ Sólo… El gusto del tocino me descompuso, ‒explicó, algo avergonzada de decirlo.
‒ Pero estaba delicioso, ‒ murmuró Lily, confundida, mientras Camille se echaba agua en el rostro. Ella y James intercambiaron una mirada seria, como enfrascados en un debate mudo.
‒ Es igual que esa vez en el Gran comedor, ‒ comentó James en voz alta, preocupado.
Camille rió, menos perturbada que los otros dos.
 ‒ A lo mejor ya no me gusta el tocino, ‒ convino, encogiéndose de hombros con indiferencia.
Se secó el rostro con la toalla de mano allí dispuesta, y salió del baño sin decir otra palabra, dejando a Lily a y James con sus mejores caras de desconcierto.
 
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Shell Cottage era una bonita cabaña de tres pisos con sus paredes y techo cubiertos de conchas marinas, ubicada en lo alto de un acantilado que contaba con una espectacular vista al mar. Durante la época de la guerra, solía ser refugio para los integrantes de la Orden del Fénix, y Bill Weasley el guardián del encantamiento fidelio que la mantenía fuera de peligro. Al finalizar la guerra, como agradecimiento por su colaboración en ésta, la casa se le otorgó al joven matrimonio, el cual la habitó durante los primeros cinco años de Victoire, hasta que el padre de Fleur falleció, y la familia entera se trasladó a Francia, habiendo heredado la casa de los Delacour. Luego, Shell Cottage se volvió una mera casa de verano. Y como toda casa de verano, estaba plagada de buenos recuerdos para las niñas Weasley –y Camille.
 
‒ Amo este lugar, ‒ murmuró la metamorfomaga al entrar a la casa, seguida por James, quien cargaba las maletas con una mueca.
‒ Cielo, es sólo un fin de semana, ¿era necesario traer tanto? ‒ soltó él, siguiéndola dentro del hall de entrada, recordando las instrucciones de Victoire (luego de que la Lupin insistiera mucho para entrar) sobre dejar sus cosas en la ex habitación de Camille, y luego volver a la playa, donde seguían aguardando a que llegara el resto de la familia. Por primera vez, eran los primeros en llegar.
‒ Por supuesto que era necesario‒ replicó ella, dándole una mirada obvia por encima de su hombro, subiendo las escaleras.
James bufó.
‒ ¿Qué traes aquí, de cualquier modo? ¿Piedras? ‒ espetó un rato después, cuando ella abría la puerta de la habitación al final del pasillo.
‒ Si el problema es que no puedes cargarlas, sólo dilo‒ burló la muchacha, metiéndose dentro del dormitorio, sonriendo de oreja a oreja al ver la que fue su habitación durante la niñez, y parte de la adolescencia.
‒ Claro que puedo cargarlas, ‒bufó él, ceñudo, entrando tras ella y cerrando la puerta con el pie. Dejó caer los bolsos, y se dedicó a contemplar el lugar, sorprendido de tanto color pastel.
 
La habitación de Camille lucía exactamente como imaginó que luciría. Las paredes eran de un luminoso lila, y del techo colgaban mariposas de tul. Había un escritorio de madera blanca en un rincón, puertas de rendijas que probablemente daban a un armario, y una enorme ventana con un asiento debajo, plagado de almohadones. Lo que más resaltaba de la estancia, eran la enorme biblioteca blanca llena de libros, los dibujos que tapizaban las paredes, y la cama de tan sólo plaza y media que deberían compartir.
 
‒ No sabía que te gustara tanto leer‒ comentó el muchacho, viendo a su novia acercarse al escritorio con entusiasmo, rebuscando algo en los cajones. Entonces dejó de inspeccionar el repertorio literario de la Lupin para avanzar hacia los dibujos, enarcando una ceja ante tantas hadas y unicornios‒. Merlín, Lupin, ¿cuántos años tenías cuando hiciste esto?
 
Camille dejó su búsqueda de pronto, como reparando por primera vez en que James Potter estaba husmeando su sagrada habitación de verano, y echó a correr hacia él, poniéndose entre la pared y él para que ya no viera los vergonzosos y aniñados dibujos que había en ella.
 
‒ Tenía como ocho en estos, creo‒ masculló, algo apenada. Por alguna razón, que su novio viera cuán ingenua e inocente podía llegar a ser, le avergonzaba mucho. Era como una sensación molesta en el pecho.
 
James, en cambio, estaba divertido con su reacción, y decidió aprovechar la situación cuanto pudiera.
 
‒ Eras más adorable de lo que dejabas ver cuando eras niña, ‒ comentó, dando un paso al costado para examinar los dibujos más allá, ignorando la insistencia de Camille por mantenerlos fuera de su vista.
‒ Bueno, ya sabes cómo soy‒ replicó ella, siguiendo su andar para al menos controlar qué dibujos veía.
 
A medida que avanzaban en dirección al escritorio, más recientes eran los dibujos, y mejor la calidad de estos. Pasaban de retratar princesas y seres fantásticos, a bellos paisajes y personajes ficticios. Había algunos bosquejos de Victoire, Dominique, Ted, Louis, Fleur y Bill (estos siempre juntos), incluso algunos autorretratos de una Camille de trece años. Pero lo más sorprendente fue cuando ya casi alcanzaban el final de la galería de arte casera de la muchacha, más bien cerca de sus quince, cuando un sorprendido James se topó con un dibujo de sí mismo. Miró a su novia en busca de respuestas, encontrándose con que ella lucía absolutamente roja, además de un cabello cegadoramente rosado.
 
‒ Yo… Yo no… Es decir…‒ balbuceó la muchacha, con ojos bien abiertos, sin saber cómo explicar por qué tenía un dibujo de su rostro pegado en su habitación‒. Lo hice hace tanto tiempo, ‒ logró formular, meneando la cabeza, más avergonzada que antes.
Para sorpresa de Camille, James se echó a reír, y la acercó hacia él por la cintura.
‒ Merlín, Lupin, no me molesta en absoluto que me hayas dibujado‒ rió él, mientras que el cabello de Cam pasaba del rosado pálido al fucsia‒. Eso significa que mueres por mí hace más tiempo del que creí, ‒añadió luego, socarrón, ganándose un empujoncito en el hombro por parte de la ceñuda chica.
‒ No seas imbécil, Potter, no moría ni muero por ti, ‒bufó irritada, aunque contrariamente a sus palabras se hallaba rodeando su cuello con los brazos, acercando su rostro al del sonriente Potter.
‒ ¿Entonces por qué me dibujabas, Lupin? ‒ desafió, enarcando una ceja, también arrimándose.
‒ Porque me pareciste atractivo cuando vi tu foto, ‒comenzó a decir ella, rozando su nariz con la de él‒. Y así era hasta que abriste la boca, aquella vez en el tren, ‒completó, sonriendo con sorna.
‒ Claro que sí, ‒ bufó James, escéptico, y finalmente la besó.
 
El Potter estaba muy seguro de que nunca se había sentido tan feliz y pacífico en toda su vida. Le parecía casi inverosímil el mirar a su lado cada mañana y encontrarla a ella allí, sonriéndole entre coqueta y desafiante, y poder besarla cada vez que quisiera, así como recibir sus caricias, caminar con ella de la mano, y, por sobre todo, poder decir que Camille Lupin era finalmente suya. Casi temía que todo fuera un loco sueño del cual despertaría en cualquier momento, llevándose su felicidad con él; de hecho, la idea le aterraba. Conocía bien a Camille, y sabía que era excepcionalmente impredecible; si algo la asustaba, ella podía huir sin meditarlo bien, y eso tenía a James como loco, controlando a cada momento no hacer nada mal. Se preguntaba si alguna vez el miedo a perderla desaparecería, aunque en el fondo sabía que no, nunca dejaría de temer por eso.
 
‒ Camille, ‒soltó de pronto, separándose de ella. La mencionada permaneció abrazada a él, mirándolo de cerca, sorprendida por el uso completo de su nombre.
‒ No me llamas “Camille” hace rato, James‒ susurró, sonriendo divertida. Sin embargo se puso seria al ver su semblante‒. ¿Qué sucede, cariño?
Él le sonrió levemente. ‒ Prométeme que no volverás a dejarme a menos que realmente dejes de quererme‒ pidió, mirándola con cierta súplica y una expresión de pánico totalmente nueva en él.
 
En primer lugar, Camille se sintió una maldita. ¿Qué tan perra había sido como para hacer sentir tan temeroso al jodidamente confiado James Potter? Bastante. Lo había engañado con su hermano, luego había mantenido un noviazgo con él, luego lo había rechazado cuando él por fin le había dicho que la amaba, y por si no fuera poco se había escapado a Francia cuando por fin la situación se prestó para que pudieran estar juntos. Sin mencionar que lo que iba del año se la había pasado tratando de evitarlo, lo cual, en conclusión, volvía lógico que él tuviera miedo de que ella saliera corriendo al menor conflicto. Pero ella ya se había rendido en su absurda lucha por protegerlo, había aceptado que él era mayor para tomar sus propias decisiones, que estaba irrevocablemente enamorada de él, que a su lado era todo lo feliz que podría llegar a ser jamás, y que vivir sin riesgo no era vivir. Y por primera vez en su vida no se arrepentía ni por un segundo de haberse dejado vencer.
Posó su palma en la mejilla de James, con pena en la mirada, y lo miró directo a los ojos al decir: ‒ Te lo prometo.
 


Luego volvieron a besarse, más dulce y lentamente ésta vez, y tras un rato más de contemplar las viejas pertenencias de la Lupin marcharon escaleras abajo en dirección a la playa. Ni Ted ni Victoire comentó nada respecto a su tardanza, pues estaban en compañía de Albus, quien había ido en busca de Marie, y parecía acabar de llegar.


******************


Ya sé, ya sé, todo muy dulce. Tengan paciencia.
C.J. Potter


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Mensaje por C.J. Potter el Dom 12 Jul 2015, 23:46

Capítulo 16

"Síntomas"

MARATÓN 
PARTE III

Escritora


‒ James, ‒llamó Camille, poniéndose de pie de pronto, muy alarmada. Él la miró desde donde estaba, algo distraído.
‒ ¿Cielo? ‒ inquirió, cediéndole la palabra.
 
Se hallaban sentados en la pequeña glorieta de madera que Bill había construido años atrás, encima de la colina con vista al mar que había junto a la casa. Las muchachas, es decir Victoire, Camille, Dominique, Marie, Rose, y Lily, se hallaban sentadas en ronda junto a la mesita circular que los Weasley solían usar en los almuerzos al aire libre, mientras que Ted, James, Albus, y Paul se encontraban más allá, sentados al borde del barranco, aparentemente poniéndose al día, mientras trataban de integrar al novio de Dominique al grupo.
 
‒ Quiero fresas‒ soltó Camille entonces, luciendo muy desesperada.
Sus amigas la miraban confundidas, pues hasta hacía unos momentos ella estaba contando tranquilamente algo sobre uno de los cumpleaños de Fleur, cuando ella y sus amigas decidieron prepararle por primera vez una tarta de cumpleaños. Pero entonces se había parado de golpe, pidiendo fresas.
‒ Lupin, ¿de dónde pretendes que saque fresas?‒ Le replicó él, igual de confundido por el repentino pedido‒. ¿Y por qué no le preguntas a Ted, ya que es su casa?
‒ Es que…‒ Ella tampoco le encontraba mucha lógica a su repentina ansiedad, sólo sabía que si no comía fresas en breve comenzaría a caminar por las paredes. Necesitaba fresas‒. Vic, ¿tienes fresas? ‒ preguntó entonces, mirando a la rubia, quien disparó las cejas hacia arriba.
‒ Lo siento, Millie, tenía hasta ayer, pero las usé para preparar una tarta‒ se disculpó la blonda, encogiéndose de hombros.
‒ Cam, ¿te sientes bien? ‒ cuestionó entonces Dominique, con expresión perspicaz. La aludida negó con la cabeza, algo exasperada.
‒ No realmente. Creo que en este momento haría lo que fuera con tal de tener tan sólo una fresa en mis manos‒ murmuró la muchacha‒. Recordé lo deliciosa que era la tarta de fresas que le hicimos a Fleur aquél cumpleaños y… No lo sé, supongo que se me antojó‒ comentó, sin darle mucha importancia, mientras se removía incómodamente en su silla.
‒ Se te antojó…‒ repitió Dominique, en un susurro algo parco, sin comentar más al respecto.
‒ Cam, si no dejas de moverte como si tuvieras parkinson tendré que petrificarte‒ anunció Lily, sonando seria. La Lupin la miró ceñuda, pero dejó de moverse, sabiendo que tenía razón.
‒ Vale, lo siento. Guarda ésa varita, Lillian, ‒reprochó, cruzándose de brazos‒. Necesito fresas, ‒ añadió entonces, como un quejido de dolor. Todas soltaron un suspiro sincronizado, medio jadeo exasperado.
‒ Creo que tengo algo de mermelada de fresa, ¿quieres que…?‒ comenzó a preguntar Victoire, pero Camille de inmediato estaba chillando un “¡SÍ!” incluso antes de que la muchacha terminara la frase.
 
Victoire soltó una risa ante el entusiasmo de su amiga, y se puso de pie en dirección a la casa, preguntándose por qué la emoción de su amiga por las fresas.
 
‒ ¿Segura de que te sientes bien? ‒ cuestionó entonces Marie, escéptica ante la manera en que la Lupin seguía removiéndose, como si no supiera qué hacer con su ansiedad de fresas.
‒ Claro, ¿por qué lo dices? ‒ replicó ella tranquilamente, ofreciéndole una sonrisa. La Waters alzó una ceja elocuente.
‒ Parece que fueras capaz de matar a alguien si con ello consigues tus benditas fresas, Camille‒ contestó, igual de tranquila, incluso sonando algo divertida con la situación. Lily soltó una risa de concordancia ante las palabras de su cuñada, mientras que la Lupin se ruborizaba.
 
Ciertamente la metáfora de “matar a alguien” no era la mejor, pero sí resultaba algo gracioso, porque se sentía cierto. Nunca había experimentado tantas ganas y tan fuertes de comer algo. Mucho menos fresas, las cuales le habían dejado de gustar a los trece, luego de traumarse por comer una en mal estado, y que no probaba siquiera desde entonces. Se sentía bastante rara últimamente, a decir verdad.
 
‒ Lo sé, no sé qué me sucede‒ chasqueó la metamorfa, echándose para atrás en su asiento, procurando calmarse. Juntó las manos sobre su regazo para tratar de dejarlas quietas.
‒ Yo creo que…‒ comenzó a decir Dominique, seria, pero entonces aparecieron los muchachos, entrando en tropel a la glorieta, yendo cada uno con su respectiva novia, excepto Ted, quien quedó como un desgraciado marginado en un rincón, junto con las repentinamente amargadas Lily y Rose.
‒ Entonces, ¿Victoire tiene fresas? ‒ preguntó James a Camille, con las manos apoyadas sobre los hombros de la muchacha, quien echó la cabeza hacia atrás para mirarlo a la cara, de lejos. Sonrió.
‒ No, pero tiene mermelada de fresa, lo cual sirve por ahora‒ dijo, posando sus manos sobre las del muchacho, ensanchando su sonrisa‒. James, cariño, ¿puedes ir a comprarme fresas? ‒ cuestionó entonces, usando su expresión más encantadora.
Él soltó un suspiro, y la hizo levantarse de la silla para tomar asiento él, tirándola consigo hasta dejarla en su regazo. Entonces volvió a suspirar.
‒ ¿Tanto quieres esas benditas fresas? ‒ preguntó entonces, ahora sí mirándola a los ojos. Ella asintió, apesadumbrada.
‒ No tienes idea‒ murmuró en respuesta, pegando su frente a la de él. Estaba dispuesta a usar todo su armamento con tal de conseguir una bolsa de deliciosas fresas frescas.
James suspiró una vez más, y Cam pensó que el pobre se quedaría sin aire si seguía aceptando el desafío de ser su novio.
‒ De acuerdo, iré al pueblo a ver si consigo algo, ‒asintió entonces, rendido, ganándose una deslumbrante sonrisa de alivio por parte de su novia, quien además le dio un beso de “he ganado, ¡gracias!”. Cuando terminó, James soltó un bufido, ahora sonriendo torcidamente‒. ¿Sabes, Lupin? Ya hasta parecemos un matrimonio. ‒ Y aunque lo dijo en burla, Camille no pudo evitar sentir vértigo en el estómago. Su rostro pronto estuvo rojo, y James lo notó recién entonces, pues también enrojeció, al tiempo que se apresuraba a aclarar: ‒ Es decir, no me refiero a que… Ya sabes, es muy apresurado pensar… Es decir… Bueno…
Y ver a James balbucear fue suficiente para acabar con cualquier nerviosismo en la Lupin, quien se echó a reír con ganas y lo detuvo con otro beso, ésta vez más corto, para luego soltar un: ‒ De hecho, lo parecemos.
 
Y ése fue el fin del asunto. Victoire no demoró mucho en llegar con el tarro de mermelada, y luego de otro rato James salió junto a Ted en la búsqueda de las fresas para su novia. Su, algún día, futura esposa, pensó el pelinegro una vez volando en su escoba en dirección al pueblo, guiado por su mejor amigo. Sonrió ampliamente ante el pensamiento, sintiéndose increíblemente emocionado con la idea.
 
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Camille llevaba meses sin morderse las uñas, y estaba orgullosa de lucir unas cutículas perfectamente cortadas y del largo ideal. Aunque en aquél momento todo su esfuerzo se estaba yendo al diablo.
Vagaba nerviosamente de un lado a otro en la sala de estar de Shell Cottage, con su índice derecho entre los dientes, preguntándose qué demonios estaría sucediendo en el piso de arriba. Su corazón latía desbocado, y su inconsciente no dejaba de maldecir el día que los mortífagos decidieron volver a intentarlo. De hecho, maldecía el día en que todo aquél asqueroso desastre de bandos había iniciado, tantos años atrás.
 
‒ Deja de moverte, Cam, me pones nerviosa‒ murmuró Lily desde el sofá, con el rostro entre las manos, luciendo extremadamente preocupada.
‒ Lo siento‒ soltó simplemente la aludida, deteniéndose en medio de la sala sin dejar de arruinar sus uñas, apretando con fuerza el agarre a su remera con la otra mano. Estaba completamente ida.
‒ ¿Cómo es posible que haya sucedido algo así? ‒ chasqueó Marie entonces, ocupando el asiento frente a Lily. Dominique gruñó, con un brazo sobre los hombros de su prima menor.
‒ Porque son unos bastardos que no tienen nada bueno que hacer con sus vidas‒ masculló la blonda entre dientes, furibunda.
Rose, que se había colocado en la silla de la pianola, en un rincón, tenía los ojos llorosos y tiraba mañosamente del pequeño medallón que colgaba de su pecho.
‒ Sólo fueron al pueblo‒ lloriqueó la pelirroja, con voz quebrada.
‒ Él estará bien‒ exclamó Camille de pronto, con tono algo brusco, tragando con fuerza luego de decirlo. El silencio volvió a instaurarse en la sala, donde las mujeres (exceptuando Victoire, que estaba estudiando para ser sanadora y se hallaba arriba ayudando) aguardaban por noticias.
 
Una hora atrás Ted había aparecido sucio y jadeante, con expresión asustada y algo llorosa, acarreando a un inconsciente James en sus hombros. Habían sido atacados por mortífagos en pleno vuelo durante su regreso del pueblo a Shell Cottage, y luego de un peligroso duelo en las alturas James había terminado por caer en picada a 15 metros de altura, por interponerse entre Ted y una maldición. Se había fracturado varios huesos, pero lo más preocupante era el golpe en el cráneo y la manera negativa en que el maleficio recibido dificultaba todos los intentos por sanarlo. Así que en cuestión de cinco minutos de pánico y de instalarlo en una de las habitaciones, Christopher Fawcett había aparecido junto a un grupo de Aurores extra (pues afuera de Shell Cottage había montones), y ayudado por Victoire se había encerrado a tratar de sanarlo, mientras que Ted marchaba con Albus y Paul hacia La Madriguera y el Valle de Godric, para comunicarle las noticias al resto de la familia, así como al Ministerio.
 
Unos pasos en las escaleras hizo que las cabezas de todas las presentes giraran rápidamente, expectantes. Era Victoire, sudorosa y con ojos algo rojizos. Miró a Camille, y ante el terror de la Lupin asintió con la cabeza, sonriendo levemente, provocando que todo el sistema nervioso de la muchacha se relajara de golpe, en un solo suspiro.
 
‒ ¿Puedo verlo ahora? ‒ pidió, en un hilo de voz. Milagrosamente Victoire la oyó, y volvió a asentir con la cabeza, comenzando a subir las escaleras de nuevo, dándole a entender que la siguiera.
‒ Merlín, gracias‒ soltó Rose entre dientes desde su lugar, también aliviada. Dominique suspiró profundo, y Lily se puso de pie para seguir a Cam, ansiosa por ver a su hermano.
 
Camille y Lily siguieron a Victoire escaleras arriba, hasta la habitación de la Lupin, que era absurdamente resguardada por dos Aurores, los cuales sólo asintieron respetuosamente con la cabeza, serios, como disculpándose por fallar. Cam apenas les dio un vago vistazo desinteresado, adentrándose en su dormitorio y centrando toda su atención en James, postrado en su vieja cama. Ignoró a todos en el lugar, lanzándose directo encima de él, quien lucía débil, pero sin embargo sonrió al verla. Ella se resguardó en sus brazos, y él soltó varios “ouch” de queja, pero no la dejó apartarse.
 
‒ Oh, Merlín santo, Potter, como vuelvas a hacerme algo así otra vez juro que te patearé tanto el trasero que hará que los estúpidos mortífagos parezcan niñas exploradoras‒ masculló ella contra su cuello, sintiendo cómo las lágrimas involuntarias resbalaban de sus ojos, liberando todos los sentimientos contenidos de aquella última hora. James soltó una risa, ignorando el dolor en su pecho al hacerlo.
‒ Yo también te amo, Lupin‒ suspiró, sonriendo con tranquilidad. Sin dudas ahora estaba mucho mejor.
 
Ella se separó a regañadientes, sonriéndole con cariño, y acarició levemente su mejilla antes de voltear para saludar a Chris, cuya presencia había recordado al oírlo hablar con Victoire. Dejó que Lily abrazara a su hermano, y se acercó a su viejo amigo con una sonrisa y los ojos llorosos. Él interrumpió su charla, Victoire se marchó discretamente, y ella no perdió más tiempo en echarle los brazos alrededor del torso, agradecida.
 
‒ Muchas gracias, Chris. De veras, gracias‒ susurró ella entonces, con ganas de volver a llorar. Él acarició su cabello dulcemente, suspirando, y finalmente se separaron.
‒ Es mi deber, Cam, no me debes ningún agradecimiento. Sé que lo amas, además. No lo dejaría morir tan fácil‒ replicó, sonriendo levemente. Ella soltó una risa algo histérica, secándose las lágrimas del rostro.
 
Observó a Christopher, luego de tanto tiempo sin verlo, y se encontró con que frente a ella había un hombre; joven, apuesto, y maduro. Se sorprendió de lo rápido que pasaba el tiempo, y lo mucho que las agujas del reloj pesaban sobre uno. Se preguntó si acaso él también notaba lo mucho que ella y James habían crecido, y recordó que hacía rato no actualizaba mediante cartas a Christopher en cuanto ella y James.
 
‒ Estamos juntos de nuevo‒ anunció entonces, torpemente, mosqueando. Él sonrió una vez más, asintiendo.
‒ Lo sé, Gwen no deja de quejarse sobre eso‒ rió el castaño, bajándose las arremangadas mangas de su camisa blanca.
‒ Seguro que no‒ bufó Camille, meneando la cabeza con cierta rabia‒. ¿Qué hay de ti?
‒ De hecho, me casaré en agosto‒ anunció, con una sonrisa aún más grande. Los ojos de Cam se fueron de sus órbitas.
‒ Merlín, te lo tenías guardado, ¿eh? ‒ burló la muchacha, riendo‒. ¿Quién es la afortunada?
‒ Bethany Gregor‒ contestó entonces‒. ¿Recuerdas a ésa enfermera de la que te hablé en mis cartas?
‒ ¿La que no dejaba de mirarte en las prácticas? Sí, la recuerdo. Muy bonita, si no la confundo con la que dejaba notas en tu casillero, aunque dudo que se trate de ésa. ‒ Cam arrugó la nariz, recordando la historia de la enfermera psicópata-acosadora. Chris volvió a reír, negando.
‒ No, sí es la de las prácticas. Es hermosa. Y una excelente mujer. Te agradará, estoy seguro‒ asintió muy convencido, caminando hacia el maletín con sus elementos de sanación (pociones, ampollas vacías, algunas hierbas básicas, y un bezoar).
‒ Debe de serlo si vas a casarte con ella‒ asintió la Lupin, dirigiéndose hacia la cama, donde James la miraba fijamente con una ceja enarcada.
Tomó asiento al borde, preguntándose dónde se había metido Lily y el resto de los Aurores que antes ocupaban la sala, y comenzó a acariciar el cabello de su novio, quien inmediatamente se relajó. Seguía detestando a Christopher Fawcett.
‒ Sí, bueno… Hay otra novedad‒ carraspeó el castaño, de espaldas a ellos‒. Beth está embarazada.
‒ Vaya, ‒ fue lo primero que una atónita Camille atinó a decir‒. Vaya, ‒repitió, realmente incrédula.
‒ Lo sé, es extraño‒ admitió el Fawcett, riendo‒. Pero la amo, y aunque haya sido un imprevisto me entusiasma la idea de tener un hijo‒ admitió, cerrando el maletín y volteando a verlos con una sonrisa sincera.
‒ O hija‒ acotó Camille, ya superando el shock inicial‒. No puedo creer que ya vayas a casarte y tener hijos. Es igual que Ted. Merlín, ustedes sólo son un par de años mayores que yo.
Christopher se encogió de hombros, con una sonrisita, y Camille suspiró hondamente. Era demasiado que procesar.
 
‒ Vale, ahora poniéndonos serios, ¿qué le ha sucedido a mi idiota? ‒ preguntó la muchacha, con una arruga de preocupación entre las cejas que difería de sus palabras burlonas.
James chasqueó. ‒ Sólo lo dejo pasar por lo del “mi” ‒ anunció con severidad, ganándose un ruedo de ojos de Camille y una caricia en la mejilla izquierda.
Christopher también abandonó su sonrisa para lucir una máscara profesional, y con tono de sanador experimentado respondió: ‒ Potter sufrió una grave contusión cerebral a causa de la caída. Pudimos arreglárnosla bastante bien con las fracturas de piernas, costillas, y brazo, pero el asunto del cráneo fue algo mucho más delicado. El maleficio que recibió sólo empeoró el panorama, y de no haber contado con más tiempo él podría haber… ‒ Se interrumpió a sí mismo con la mirada de advertencia de James, quien no quería que la mente de su novia fuese llenada con pensamientos con ése‒. Bueno, logramos sellar la zona rota, unimos las costillas quebradas, y le proporcionamos una dosis de poción crecehuesos para la rodilla que tuvimos que extraer. No podrá caminar por unos dos días, aproximadamente, no debe cargar peso encima del tórax ni agitarse demasiado por una semana, y tiene que tener especial cuidado con los golpes en la cabeza, al menos durante un mes. También necesita consumir una fórmula de savia y avellanas cada día, a la misma hora, durante dos semanas, para ayudar con la correcta unión de los huesos y lidiar con los probables mareos que le surgirán a causa de la contusión cerebral que sufrió.
 
Camille permaneció en silencio mientras Chris le tendía un frasco amarillento, que a su tacto le resultó cálido, y le recordó a los ojos de James, quien lucía una mueca de horror ante frases como “no agitarse demasiado por una semana”, o “no caminar durante dos días”.
 
‒ La has tenido buena ésta vez, ¿huh? ‒ murmuró Cam con socarronería, mirando a James, aunque por dentro algo frío la recorría. Él podría haber muerto sólo porque a ella le dieron repentinas ganas de comer fresas. Se sintió estúpida, y el fantasma de viejos pensamientos la invadieron, susurrando “te lo dije, siempre lo lastimas” a grandes coros maliciosos. 
C.J. Potter


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Mensaje por C.J. Potter el Dom 12 Jul 2015, 23:49

Capítulo 16

"Síntomas"


MARATÓN 
PARTE IV


Escritora



‒ James‒ murmuró Camille de pronto, rompiendo el silencio.
 
Se hallaba acostada junto al Potter, tapados con su frazada de trozos de tela cocidos entre sí, en una oscuridad iluminada únicamente por la luz de luna que entraba a través del gran ventanal frente a ellos. Estaba recargada sobre uno de sus codos, con la cabeza apoyada en una palma, mientras que su mano libre acariciaba el torso desnudo de James. Él, por su parte, se mantenía en silencio, soltando quejidos de tanto en tanto cuando la poción crecehuesos actuaba sobre su organismo. Cuando le habló, sus ojos avellanados giraron hacia ella, expectantes.
 
‒ ¿Cielo? ‒ cedió la palabra, con voz calma. Ella suspiró.
‒ Sé que no soy ninguna partidaria de éstas cosas pero…‒ Tragó con fuerza‒. ¿Has pensado en el futuro?
James alzó ambas cejas, incorporándose en la cama para verla mejor.
‒ No hagas eso, te haces daño, quédate recostado‒ reprendió ella, ceñuda, pero luego de una batalla de miradas terminó por ceder, con la condición de ayudarlo a sentarse.
 
Él apoyó la espalda contra la pared, satisfecho de estar más íntegro, y tiró de ella contra sí hasta que hubo quedado sentada en su regazo, enredada en sábanas, con un brazo en torno a su cuello y el rostro a centímetros del suyo, franco y atento. James suspiró entonces, dispuesto a hablar.
 
‒ Muchas veces‒ admitió, posando una de sus manos sobre la de la Lupin, que descansaba encima de sus piernas‒. ¿Por qué preguntas?
Ella se mordió el labio inferior nerviosamente, dudando. Al final, dio un largo suspiró y soltó:
‒ ¿Has pensado en nuestro futuro?
Él sonrió automáticamente. ‒ De hecho, sí‒ asintió tranquilamente, aguardando a ver a qué los llevaba todo eso.
‒ Y… ¿qué ves en él? ‒ tanteó Camille, algo insegura respecto a qué esperar, o si quería conocer la respuesta. Él rió ante su miedo, y entrelazó su mano con la de ella.
‒ Honestamente, nos imagino casados y con hijos ridículamente adorables, en una bonita casa, siendo muy felices.
Sin quererlo, la Lupin se halló con la boca entreabierta de la sorpresa. ‒ ¿Hablas en serio?
‒ Muy. Lo único que varía en ésa visión es el nombre de nuestro perro. Porque quiero tener un perro, te lo advierto.
 
Camille suspiró, acariciando con el pulgar el dorso de la mano del muchacho, amando con todo su ser aquellos momentos de pura intimidad.
 
‒ Me asusta pensar en el futuro, ¿sabes? ‒ murmuró luego de un lapso de silencio‒. Me asusta desear o creer en cosas que no sé si sucederán, porque el destino siempre es un maldito y todo se pone patas para arriba cuando menos lo esperas, y… ‒ Se detuvo de golpe, sin saber cómo terminar de armar su idea, y se encontró mordiendo su labio inferior con nerviosismo. Se sentía ansiosa.
James la contempló sin decir nada, y con su pulgar libró el labio de la muchacha del agarre brusco de sus dientes, sonriéndole con paciencia, como si ella fuera una niña asustada y él su hermano mayor al rescate.
‒ Sé que el destino es un maldito, Cam. Pero también sé que es el mismo que te sigue poniendo en mi camino pese a todo, así que no puede ser tan malo. Te amo. Eso no cambiará, créeme, es imposible. Incluso aunque a veces duela, aunque a veces todo sea una mierda, aunque sea tan difícil, te amo. ¿De acuerdo? ‒ susurró, en un tono confidente y enternecido, sonando más sincero que nunca, mirándola directo a los ojos de modo que ella quedó sencillamente sin palabras. Sonrió‒. Sólo se trata de mantenernos juntos, a pesar de todo, porque no imagino algo mejor que esto, y no quiero algo mejor que esto. Me gusta así. No veo por qué tener miedo del futuro.
Camille lo observó en silencio. La manera en que se iluminaba su perfil con el astral resplandor lunar, resaltando el color amarillo casi felino de sus ojos, su recta nariz, la sensual curva de sus labios, y por sobre todo la franqueza y transparencia que despedía su semblante, cada poro de su cuerpo. James Potter era sinónimo de calidez, valentía y honestidad, y ella lo amó en ese momento incluso más que antes; con locura, con desesperación, con alegría y tristeza. Llevó una mano a su mejilla, contemplativa, y, en un susurro apenas audible, pronunció:
‒ Eres tan condenadamente perfecto.
 
Y lo besó. Lentamente, con dulzura, sin pretensiones, tratando de que él entendiera lo que no se atrevía a decir aún.
 
***
Diagnóstico
 
‒ ¿Qué dices? ¿Color hueso, o mejor cáscara de huevo? ‒ preguntó Victoire a Camille y Dominique, extendiendo frente a ellas dos manteles de igual color. Las muchachas intercambiaron una mirada escéptica, y casi como si hubieran hablado de manera telepática, soltaron un:
‒ Es igual.
Victoire rodó los ojos con exasperación, dejando los dos manteles sobre su deslumbrante y adorada mesa de cedro, obsequio de bodas de su tía Gabrielle.
‒ Ustedes no entienden‒ chasqueó, cruzándose de brazos‒. Es mi primera cena como anfitriona de mi propia casa, y quiero que todo luzca perfecto.
 
Camille y Dominique se echaron a reír, terminando de acomodar la vajilla de porcelana en su aparador de cristales vistosos.
 
‒ Merlín, Vic, sólo son Christopher y su novia‒ dijo Camille para tranquilizarla, acercándose sin embargo a ver cuál era la imperceptible diferencia entre “blanco hueso” y “blanco cáscara de huevo”, cuyos nombre eran de por sí muy terribles.
‒ También vendrán Marie, Brella, Lysander y Lorcan‒ masculló Vic, realmente afectada por la responsabilidad que para ella conllevaba el papel.
‒ ¿Por qué viene Gabriella? ‒ cuestionó Camille, tratando de ocultar su punzada de fastidiosos celos, tomando entre sus dedos el mantel “blanco hueso” ‒. Éste me gusta más‒ apuntó, aunque de hecho seguía viéndolos iguales. Eso pareció contentar a Victoire.
‒ ¡Bien! Ahora debo elegir el menú‒ chasqueó la rubia, echando a andar hacia la cocina.
‒ Gabriella quiere ver cómo está James‒ contestó entonces Dominique, notando que su hermana había huido magistralmente del aprieto‒. Creí que sabías.
‒ Pues evidentemente no‒ replicó Cam, con una pequeña sonrisa fingida‒. ¿Quién la invitó? ‒ cuestionó, pretendiendo sonar casual, enfrentando a Niquie, quien arrugaba la nariz como cuando estaba a punto de decir algo que sabía que produciría grandes consecuencias.
‒ De hecho, cuando se enteró de lo que sucedió, ella le envió una carta a James para preguntarle si también podía visitarlo, y ésta noche aprovechará que Lysander y Lorcan vendrán. Sabes que últimamente se habían hecho muy amigos y pues…
‒ ¿Él le dijo que sí? ‒ espetó la Lupin, interrumpiéndola. Ya no se molestaba en ocultar los celos asesinos que la embargaban‒. ¡¿Quiere que ésa zorra lo visite en su condición y esté a su lado?! ‒ exclamó, ceñuda. Dominique apretó los labios fuertemente, y se apresuró a decir:
‒ Relájate Cam, seguramente James quiso que Marie no se sintiera tan sola, además…‒ Pero nuevamente no se le permitió terminar la frase.
‒ ¡Voy a matar a ése imbécil! ‒ chilló la pelirroja, con los puños apretados en puños.
‒ ¿A quién matarás, cielo? ‒ cuestionó de pronto un recién aparecido James, con una sonrisa tranquila. Evidentemente no tenía idea de qué iba la cosa.
 
Apenas ayer había sido habilitado para volver a caminar y, aunque le dolía un poco la pierna, no dejaba de pasearse por todos lados para recuperar el tiempo perdido. Estar postrado casi lo vuelve loco.
La sonrisa del Potter se borró apenas la mirada furibunda de Camille estuvo sobre él, y Dominique no perdió tiempo en escabullirse de la escena. James tragó con fuerza, preguntándose ociosamente cómo es que luego de enfrentarse a mortífagos sanguinarios, Trols, e incluso a su madre furiosa luego de incendiar la sala de estar de la madriguera, seguía sintiéndose intimidado por una cara mala de la Lupin.
 
‒ Vale, ¿qué…?‒ comenzó a preguntar lentamente, midiendo sus palabras, pero Camille no le permitió terminar de formular su consulta.
‒ ¡Gabriella! ¿¡De veras, Potter!? ¡¿Ésa?! ‒ bramó enfadada, manteniendo los dos metros de distancia entre sí. James quiso desaparecer. Sabía que ése momento llegaría tarde o temprano, pero tenía la esperanza de que fuera tarde.
‒ Es mi amiga, Cam‒ justificó con tono conciliador.
‒ ¡Amiga! ‒ bufó la muchacha, con una sonrisa burlona que camuflaba el dolor en su pecho.
No podía controlar los celos, la estaban consumiendo. A pesar de que se insistía en detener aquélla escena absurda, no podía dejar de sentirse herida y molesta. ¿Por qué necesitaba que ésa chica lo visitara, cuando la tenía a ella a su lado, cuidándolo a sol y sombra? Flashes dolorosos de la noche en que se mantuvo en el oscuro baño de su habitación oyendo los gritos de placer de la tal “amiga” y James, su James, invadieron su mente, y sintió como si la asfixiaran desde adentro, como una mano cerrándose en torno a su garganta.
‒ Cielo…
‒ ¡No me digas cielo! ¡No puedo creer que luego de todo…!‒ Su voz se cortó abruptamente. Si decía una palabra más lloraría, y definitivamente no quería ofrecer una escena tan miserable. Simplemente dio la vuelta y enfiló en dirección al jardín, sintiendo que él la seguía. Apenas cruzó el umbral de la puerta, se echó a correr hacia la playa, consciente de que él no podía correr aún.
‒ ¡Cam, maldición, espera! ¡Déjame explicarte! ‒ Escuchó los gritos, pero no se detuvo. ¿Qué clase de explicación podía llegar a dar como para fundamentar semejante… traición?
 
Corrió por la costa, oyendo las olas romper contra la arena, sintiéndose estúpida al derramar lágrimas entre jadeos. Corrió hasta que le dolieron los pulmones, hasta que llegó a la zona boscosa que rodeaba la playa, y se internó allí. Corrió hasta sentirse tan desorientada como en su mente, y entonces se dejó caer sobre la tierra, agotada, con la ansiedad de aire como única preocupación.
A medida que su cerebro se oxigenaba, los pensamientos iban llegando. En primer lugar, sus piernas ardían, y se sentía acalorada incluso entre los vientos secos que provenían de la costa inglesa. Entonces regresó el dolor en el pecho, ya sin tratarse de la falta de aire. Se pasó las manos por el rostro para quitarse las lágrimas secas de encima, preguntándose qué diablos acababa de hacer.
‘Huir. Es lo que mejor haces’, susurró una maliciosa voz en su mente, y supo que tenía razón. Lo más sensato hubiese sido que lo insultara, lo golpeara, se encerrara en el dormitorio, o armara las valijas y regresara a casa de Bill y Fleur. Pero no. Ella debía echarse a correr como una niña pequeña y asustada.
Y es que sí, estaba asustada de esa mujer, que tan fácilmente la había destruido sin siquiera esmerarse en ello. La odiaba. De manera irracional y apasionada. La odiaba.
 
‒ ¿Cam? ‒ Por unos segundos su cuerpo entero se tensó en alerta, temiendo. Luego reconoció que, si bien la voz era parecida, no se trataba de la de James. Soltó un suspiro pesado.
‒ ¿Cómo me encontraste, Albus? ‒ masculló, sintiendo cómo el Potter menor tomaba asiento a su lado, sin mirarlo. Dejó su vista fija en la costa, que se podía apreciar en el horizonte, entre las ramas de hayas que poblaban la zona.
‒ Seguí tus pisadas en la arena, y luego las ramas rotas. Fui niño explorador de niño, ¿sabías? ‒ comentó tranquilamente, como quien no quiere la cosa. Cam soltó un bufido acompañado de una risa para nada sentida.
‒ Tienes pinta de niño explorador‒ murmuró, tomando un pedazo de hierba entre sus manos y comenzando a romperlo en trocitos.
‒ Gracias. Ahora, ¿vas a contarme qué sucedió? ‒ preguntó con paciencia, aguardando la respuesta incluso luego del largo silencio que hubo a continuación. Entonces Camille le resumió la discusión, y su reacción, y lo estúpida que se sentía ahora, así como el dolor que la embargaba y sus resquemores.
‒ Bueno, ya sabes que mi hermano puede ser un imbécil a veces, así que obviaremos eso‒ comenzó a hablar Alb, meditabundo‒. Admito que me alegró saber que vendría Brella, porque Marie se puso feliz de volver a ver a su mejor amiga. Creo que me olvidé de mi mejor amiga, y lo que eso implicaba. Lo siento. Debería haber intervenido.
‒ No, Alby, es James quien tiene la culpa. Él le dijo que viniera, a pesar de que sabe perfectamente cómo es la situación‒ murmuró con rencor, tragando con fuerza‒. No consigo borrar los recuerdos de ésa noche. La simple mención de esa chica trae consigo los gritos que les oí soltar. No lo soporto. Era sencillo cuando se trataba de fulanas que no vería dos veces a su lado, que no llevaba censo de qué hacían o dejaban de hacer. Pero ahora es distinto… La situación, fue distinta‒ susurró en un hilo de voz, quebrando el tono por momentos‒. Me duele que no tenga consideración en cómo me afecta a mí la presencia de ésa tipa. Que quite importancia a algo que ni siquiera sé si superé. No soy una resignada, Albus. No aceptaré cosas como estas sólo porque antes no decía nada al respecto. Ahora somos una pareja, y deberíamos comportarnos como tal en todo sentido de la palabra. No es justo‒ se lamentó, cerrando los ojos para evitar que las lágrimas cayeran. Odiaba estar tan sensible. ¿Qué le pasaba últimamente?
 
Albus permaneció unos minutos en pacífico silencio antes de hablar. ‒ Te entiendo. Detesto al tipo que coqueteó con Mary en la fiesta, y ni siquiera se besaron. No imagino cómo hubiese reaccionado si…‒ Se detuvo, sin querer siquiera pronunciar tales cosas‒. A mí me parece que James siente celos de Christopher, como últimamente pasa tanto tiempo por aquí. Sabes cómo de impulsivo e inmaduro es cuando está celoso. No lo justifico, pero probablemente se haya arrepentido al segundo de enviar esa carta.
 
Eso sonaba lógico. ‘No, no te rindas tan fácil’, reprochó su dignidad. ‘¿Y por qué luchar cuando lo único que quieres ahora es que te abrace y todo se solucione?’, acotó su sensatez. Suspiró.
 
‒ Puede ser. De hecho, es muy posible. Aún así, no se librará tan fácil de esto. En absoluto‒ murmuró con seguridad, decidida a devolverle el mal trago al orgulloso Potter.
‒ Estoy seguro de eso‒ asintió el ojiverde con una sonrisita, y estiró un brazo en su dirección. Automáticamente Cam se dejó caer sobre su pecho y ser acobijada por su incondicional mejor amigo. Permanecieron en silencio, cada cual perdido en su mundo de contemplaciones, hasta que finalmente la Lupin soltó un:
‒ ¿Cómo te imaginas dentro de 20 años, Alby?
 
Albus frunció el ceño ante la complicada pregunta, y lo meditó durante unos momentos antes de responder.
‒ Siendo medimago. Probablemente rodeado de sobrinos. Casado con Marie, sin dudas. Viviendo en el Valle de Godric. Siendo padrino de uno de tus hijos con James, (de hecho más te vale que así sea).
‒ ¡Albus! ‒ chilló Camille, entre risas, extrañamente alegre ante la idea‒. ¿De veras crees que él y yo… ya sabes? ‒ cuestionó entonces, meditabunda.
‒ ¿Acaso tú no? Creo que lo primero que mi hermano hará cuando salgamos de Hogwarts será pedirte matrimonio. Lo tienes tan loco como Marie a mí. Créeme. Si no lo hiciera, sería un imbécil, porque no encontrará a alguien igual que tú, sobre todo alguien que lo soporte tanto‒ aseguró, alzando las cejas con elocuencia, haciendo reír a la Lupin.
‒ Me asusta la idea del matrimonio, Albus. No creo que esté lista para casarme apenas salga de Hogwarts. Y es inverosímil pensar que el James que conocí en quinto tenga tantas ganas de establecerse apenas a los 18, ¿no crees? ‒ comentó, divertida al recordar cuando el Potter le dijo que él jamás se enamoraría‒. Aunque me gustaría tener hijos. Pero luego de terminar los estudios para ser auror, y de estar establecida, claro. También me asusta eso. Es increíble pensar que en cuestión de meses estaremos comenzando vidas de adultos, con trabajos, casas, matrimonios, e hijos. No me siento muy distinta a cuando tenía 15.
‒ Te entiendo. Asusta lo inminente que es todo. Ver a Ted y Victoire casados, con un hogar y un hijo en camino, ambos abocados a sus profesiones, no deja de sorprenderme. Yo vi a esos dos protagonizar histeriqueos en Hogwarts hasta hace no mucho, gasté bromas con Ted, jugué a fiestas de té con Victoire…
‒ ¿Recuerdas esas fiestas de té? ‒ volvió a reír Camille, rememorando los días de verano en que Victoire, Dominique y ella visitaban la madriguera y jugaban a tomar el té, obligando a Albus y Fred a usar vestidos y sombreros. Ted y James nunca se prestaban para esas cosas, y apenas les veían los rostros por esos días.
‒ ¿Cómo olvidarlo? Esas fotos ponen en duda mi hombría, y mi madre de seguro se las mostrará a Marie en la cena de navidad‒ se lamentó el pobre Potter, suspirando‒. En fin, es una locura ver cómo pasa el tiempo.

‒ Ni que lo digas‒ suspiró Cam, pensando en todo lo acontecido desde que regresó a Inglaterra. Continuaron rememorando viejas vivencias hasta que el viento comenzó a enfriarse, y entonces regresaron con parsimonia de vuelta a Shell Cottage, más relajados y en paz.
C.J. Potter


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Mensaje por C.J. Potter el Dom 12 Jul 2015, 23:54

Capítulo 16

"Síntomas"


MARATÓN
PARTE VI



Camille

 
‒ Merlín, Cam, por favor deja que…‒ comienza a decir James apenas ingreso a nuestro dormitorio. Es extraño cómo pasó de ser «mío» a «nuestro» en mi mente en tan poco tiempo.
 
Sin embargo no le doy tiempo a hablar, sino que me meto directamente al baño, cerrando la puerta tras de mí, y me desvisto para ducharme. Él no insiste, y puedo darme el baño con tranquilidad, pensando en mi venganza (y en cómo haré pasar un mal rato a Brella en la cena).
Cierro los grifos y tomo una toalla para secarme, escurriéndome el cabello y luego enrollando la tela en torno a mi cuerpo para cubrir mi desnudez. Entonces salgo a la habitación, donde James, aún con el cabello húmedo, se está poniendo una camisa celeste pálida nueva que queda divinamente acorde con sus jeans oscuros, lo cual hace que me sienta más celosa, pues la estúpida Brella lo verá más guapo que de costumbre. ¿Por qué tiene que usar ropa nueva para cenar con ella? Levanta la mirada cuando me ve salir, luciendo algo desolado, pero no intenta decir nada.
Camino hacia la cómoda junto a él, pretendiendo que no reparo en su presencia, y dejo caer la toalla, comenzando a rebuscar en el primer cajón por mi ropa interior. Lo oigo jadear, y reprimo una sonrisa satisfecha.
 
‒ No es justo‒ murmura, con cierto rencor en el tono.
Ésta vez dejo a la sonrisa irónica salir, y tomo unas bragas negras de encaje que no he usado nunca (regalo de Dominique), procediendo a colocármela. Puedo sentir su mirada siguiendo mis movimientos, y casi podría chillar de alegría por lo bien que está resultando mi plan de venganza.
‒ ¿Has visto el brasier que hace juego con esto? ‒ pregunto de pronto, sin hallar dicha prenda, girando a enfrentarlo con fingida expresión casual.
Él inhala hondamente, se rastrilla el cabello, y señala en dirección a la cama, donde está el montón de ropa limpia que trajo Victoire seguramente mientras yo no estaba.
Camino en dirección a la cama y rebusco el brasier entre las prendas, sintiéndolo avanzar hacia mí. ‘Vale, mantén el control, él se ha comportado como un imbécil’, me digo mentalmente para mantener la calma, y de pronto él está a mis espaldas. Muerdo mi labio cuando siento sus manos en mi cintura, erguiéndome de golpe, sin voltear.
 
‒ Suéltame‒ digo, con tono inafectado, pero sin verdadera voluntad.
Él, ignorándome, sube sus manos por mis curvas hasta llegar a mis senos, apretándolos desfachatadamente. No puedo contener un jadeo, y ya he perdido el control de mi mal ideada venganza. Había olvidado que no tengo voluntad cuando se trata de sus manos encima de mí.
‒ Sé lo que intentas‒ lo oigo susurrar, cerca de mi oído. Presiono los labios con fuerza ante el gesto, mientras sus manos se mueven a sus anchas‒. Lo siento‒ añade, y me tenso, pues eso ha servido para recordarme de qué iba la cosa. Tomo sus manos y las aparto, girando a verlo con el ceño fruncido, y lo empujo por el pecho hasta que retrocede un paso.
‒ No se trata de decir que lo sientes. Has invitado a cenar a la zorra con la que te oí follar, Potter. ¿Cómo demonios crees que un “lo siento” servirá? ‒ espeto con frialdad, cruzándome de brazos sin reparar en que sigo media desnuda y realmente no ofrezco una imagen muy intimidante. Aunque parece que algo logro, porque durante unos segundos él esboza una mueca de dolor ante mis palabras.
Sin saber cómo, de pronto estoy de espaldas sobre la cama, con él cernido sobre mí. Suelto otro jadeo cuando me besa, y trato de apartarlo los primeros segundos, dándome por vencida al final. La lucidez me regresa cuando sus besos se han desplazado a mi cuello, y lo aparto nuevamente con el ceño fruncido.
‒ Maldición, deja de hacerlo‒ gruño‒. ¿Siquiera me tomas en serio, imbécil?
‒ Mierda, Cam, sabes que te tomo en serio, pero no puedo discutir contigo por algo que para mí no vale la pena teniéndote desnuda y enfurruñada junto a una cama‒ dice, sonando algo exasperado, mirándome directamente a los ojos. Y lo odio por eso, sabe que no puedo con sus ojos.
‒ Para mí sí es importante lo que hiciste‒ murmuro, tragando con fuerza‒. No ha dejado de doler ése recuerdo, y el simple nombre de ésa trae todo a mi memoria, no podré verla en la misma habitación que tú y permanecer tranquila‒ añado, cerrando los ojos para escapar de su mirada. Lo oigo suspirar, y luego siento sus labios sobre mi frente, en un beso que quiere dar a entender algo más.
‒ Lo sé, y vuelvo a decir que lo siento. Escribí esa carta bajo un… bueno, digamos ataque de celos‒ admite, y abro los ojos con sorpresa para ver su expresión compungida‒. No es agradable estar atrapado en una cama mientras tú te vas de paseo con Fawcett. Sabes que siempre lo detesté, y sabes que incluso estuve dispuesto a enviarlo al pasado de tantos celos que me hizo sentir el imbécil. No soy muy racional cuando se trata de ti. ‒Hace una pausa, suspira hondamente, y añade‒: Merlín me perdone, pero toda la seguridad con la que me he desenvuelto desde que tengo uso de la razón se va por el caño cuando de perderte se trata.
‒ No me vas a perder‒ digo entonces, olvidando mi furia, sintiéndome repentinamente culpable. Realmente le he dado motivos para desconfiar, y no fue muy buena idea haberme pasado estos días recuperando el tiempo perdido con Chris‒. No deberías sentir celos de él. Sabes que sólo somos amigos, siempre ha sido así con él. Es a ti a quien amo, maldito idiota, no a Christopher.
Él sonríe, y me da un beso casto sobre los labios. ‒ Lo sé, cielo. Pero él sí te ama. Eso me vuelve loco.
‒ Él no me ama, James. Va a casarse y tener un bebé en cuestión de meses.
‒ ¿Y? Él siempre te quiso de manera distinta a la que tú lo querías, lo veo mirarte con la misma expresión que hace dos años, y mierda que odio al tipo‒ chasquea fastidiado, haciéndome reír.
‒ Eres un paranoico. Y aunque así fuese, ése no es un jodido motivo suficiente para invitar a ésa tipa a cenar con nosotros.
Ha vuelto el enojo.
‒ Podemos decir que me siento mal, y que tú te quedarás a cuidarme, y no bajar a la maldita cena‒ sugiere él entonces, volviendo a besarme, más largamente ésta vez. Suspiro, sonriendo bajo sus labios, pues la idea suena como la solución perfecta.
‒ Victoire nos mataría‒ convengo, sintiendo sus manos desplazarse con naturalidad por mi cuerpo.
‒ No tendría las agallas‒ masculla él con gracia, restándole importancia, y profundiza el beso.
 
Cuando la cosa se está poniendo verdaderamente buena, alguien golpea la maldita puerta, y entonces Dominique está gritando: ‒ ¡Camille, James! ¡Vístanse ahora mismo y bajen, que los invitados llegarán en cualquier momento! ¡Y ni siquiera piensen en seguir lo que están haciendo, James no puede agitarse hasta dentro de otra semana! ‒ Mis mejillas enrojecen‒. ¡Recuerden silenciar la habitación la próxima vez, tortolitos! ‒ Y los pasos que siguen a sus gritos me da la señal de que se ha marchado.
‒ Maldición‒ murmura él, algo jadeante, y gira de encima de mí hasta quedar acostado a mi lado. Ya no lleva puesta la camisa celeste pálida, que ahora yace en el suelo junto a la cama‒. Había olvidado que quitamos el silenciador.
Ciertamente, luego del accidente quitamos el desonorizador de la habitación, por si James necesitaba algo y debía gritar para obtenerlo, aunque de hecho nunca había sido necesario puesto que me pasé la mayor parte del tiempo con él, junto con la señora Potter y Lily.
‒ Yo olvidé que no debes agitarte demasiado‒ acoto, suspirando con pena.
‒ Será otra horrible semana de espera‒ gruñe él, saliendo de la cama, tomando la camisa del piso.
‒ Ponte otra‒ pido, rodando hasta estar de costado, mirando su increíble espalda. Él me mira por encima del hombro, curioso, y me recorre de pies a cabeza con la mirada.
‒ Lupin, ponte algo encima y ya deja esa pose, porque no soportaré una semana‒ suelta sonando muy serio, haciéndome reír. Decido hacerle caso y busco el brasier entre el montón de ropa limpia, que ha terminado en el suelo.
‒ Ponte otra‒ repito entonces, hallando la prenda y colocándomela. Él enarca una ceja.
‒ ¿No te gusta esta? ‒ cuestiona, mirando la camisa contemplativamente. Camino hacia el armario, rebuscando dentro, mientras digo:
‒ Sí. Me gusta demasiado. Por eso digo, ponte otra. No puedo cubrirte el rostro con una bolsa, pero sí puedo hacer que no luzcas tanto tus partes más llamativas, así que ponte una camiseta, cariño.
Lo oigo reír, y luego lo tengo parado a mi lado, rebuscando entre sus pertenencias por una camiseta. Sonrío satisfecha, y extraigo un vestido esmeralda, que él quita inmediatamente de mis manos.
‒ Nada de eso, cielo. Éste te hace lucir demasiado caliente. Usa un suéter, y jeans sueltos‒ indica, con absoluta calma. Enarco una ceja.
‒ ¿Y yo por qué? ‒ espeto, cruzándome de brazos. Él sonríe ladinamente.
‒ Igualdad de derechos, mi amor‒ contesta, colocándose una camiseta, que de hecho se adapta muy bien a su piel, resaltando sus músculos. Suelto un bufido.
‒ Oh, ni sueñes con usar eso‒ musito, y nos enfrascamos en una lucha de vestimentas.
 

Escritora

 
Los rostros de todos en la sala de estar se tiñeron de sorpresa cuando James y Camille aparecieron, juntos, vestidos como…
 
‒ Parecen salidos de un circo‒ le susurró Dominique al pasar junto a su amiga, llevando una bandeja con bebidas en sus manos, seguida por botellas de refresco flotantes.
Camille reprimió una risa, tomando asiento en el sofá frente a Christopher y su futura esposa Bethany McGregor, una pálida y bonita rubia de ojos celestes, limpios y destellantes como diamantes.
‒ Beth, te presento a James y Camille ‒ dijo Christopher entonces, pasando por alto la pinta de los aludidos. La rubia (que sí notó sus vestimentas) les sonrió amablemente.
‒ Mucho gusto, Bethany, Chris me ha hablado mucho sobre ti‒ asintió Cam, también sonriéndole amigablemente.
‒ Oh, el gusto es mío, Chris me ha contado todo sobre ti también‒ aseguró la mujer, con un cariz divertido en el tono. “Claro que sí”, bufó James para sí mismo, sin embargo sonriendo.
‒ Espero que hayan sido cosas buenas‒ rió Cam, pensando en lo mucho que había para decir de ella, la mayoría de las cosas no muy favorecedoras.
‒ Te aseguro que sí‒ afirmó Bethany, riendo también.
‒ ¿Dónde está Gwen? ‒ preguntó de pronto James, comenzando a sentirse irritado con tanta charla relacionada a Chris y Camille y cosas buenas y toda esa basura. Cam mordió su mejilla interna para que su expresión no se tornara ácida.
‒ Está en camino, tuvo que pasar por Brella‒ contestó Chris.
‒ Genial. ¿Y el resto? ‒ preguntó Cam, puesto que en la sala sólo estaban ellos, Victoire, Dominique, Albus y Marie.
‒ Ted tuvo que ir a una reunión en el Ministerio, con tío Harry y los demás. Rose sigue en casa de los Granger, Lily llegó hace un rato de la Madriguera y está duchándose, y Paul llegará con Lysander, según tengo entendido. Tía Ginny y tío Harry también vendrán, junto con Ted‒ respondió Victoire, y por la manera en que lo dijo resultó obvio para Camille que lo había analizado sin descanso. Claramente sus planes habían sido alterados, y eso la tenía tensa.
‒ ¿Hay noticias respecto al grupo que atacó a James? ‒ cuestionó Marie entonces, mirando directamente a Christopher, que formaba parte del equipo médico del cuartel de Aurores, en busca de respuestas. El castaño hizo una mueca.
‒ No mucho más de lo que ya sabíamos. Son como una plaga, y sus influencias crecen cada día más; se desplazan en pequeños grupos nómades, y seguimos sin saber dónde se ocultan Alec y Bellatrix, pero desde su escondrijo mueven muy bien las piezas. Todo delata que tienen informantes muy cerca de los Potter-Weasley, incluso dentro de Hogwarts. De alguna manera, sabían que estaban pasando la semana en la zona, y se podría decir que estaban esperando a que alguien saliera. Era cuestión de tiempo. ‒ Sonaba muy serio y maduro cuando lo decía, y nuevamente Cam se sorprendió de cómo pasaba el tiempo.
 
Se encerró en sus adentros con aires circunspensos mientras Marie y Dominique continuaban interrogando a Chris, preguntándose qué sería del futuro. Porque ella pensaba en cosas banales como matrimonio, casa, trabajo e hijos, cuando realmente no podía saber ni qué ocurriría mañana, ni si el nuevo levantamiento mortífago sería tan peligroso como los anteriores…, ni si viviría lo suficiente. Sintió la mano de James enredarse en torno a la suya, y lo incluyó en su burbuja enajenada.
 
‒ No te preocupes tanto, cielo. Ve ligero‒ murmuró él, sonriéndole. Ella sonrió de vuelta, suspirando.
‒ Lo sé‒ replicó simplemente, acariciando el dorso de la mano del chico con el pulgar. Segundos después, ya más relajada, pinchó la burbuja, dándole paso al sonido exterior.
La conversación sobre los mortífagos comenzaba a tornarse sombría, pudo notar, por lo que no se sorprendió cuando la puerta sonó y el semblante de Victoire se iluminó de golpe. La rubia salió casi corriendo a abrir, notablemente alegre de acabar con el aura funesta.
‒ ¡Gwen, Gabriella, bienvenidas! ‒ exclamó la blonda, y Camille se tensó por anticipado, incluso aunque estaba de espaldas a la puerta. La mano de James apretó el agarre de la suya, y volvió a recibir una sonrisa de su parte, pero esta vez no se la devolvió.
‒ Hola a todos‒ saludó Gwen, mientras se desenvolvía una bufanda del cuello, sonriéndole ampliamente al grupo en general. Entonces vio a James, y su sonrisa se volvió incluso más grande‒. ¡Merlín santo, Jamie, me alegra tanto verte sano y salvo! ‒ chilló, y con la palabra “sinvergüenza” tatuada en la frente se aproximó hasta abrazarlo, ignorando que Camille estaba prácticamente pegada a él, y que sus manos estaban unidas.
 
La Lupin soltó la mano de su novio, apartándose un poco de la cercanía invasiva de la Fawcett, sintiéndose asqueada. Y cuando la rubia se separó de su novio y creyó que lo peor ya había pasado, la presencia de Brella se hizo notar. Su estómago se sintió pesado cuando la pelirroja cubrió el puesto de Gwen abrazando a su James, y casi pudo saborear su bilis cuando la tipa comenzó a farfullar cosas sobre preocupación, tristeza, y luego mucha alegría.
Cam podía sentir los ojos de Albus sobre ella, y no necesitaba voltear para saber que estaba analizándola con la mirada, aguardando a que explotara. Pero no, aquél día se comportaría como la señorita madura que era. Carraspeó sonoramente para llamar la atención de Gabriella, y la pelirroja se separó del incómodo Potter para mirarla sorprendida, como si fuese la primera vez que reparaba en su presencia. La muy cara dura le sonrió.
 
‒ ¡Camille! ¡Qué gusto encontrarte aquí! ‒ exclamó alegre y dulcemente la chica, posando una mano en el hombro de la metamorfa.
‒ James es mi novio‒ escupió la muchacha sin dar más rodeos, y la sonrisa de Brella se esfumó junto con su mano‒. Y de veras apreciaría que ni tú ni Fawcett le volvieran a poner un dedo encima, o tendría que golpearlas muy feo, lo cual es poco femenino e innecesario, ¿no crees?
 
Vale, adiós a lo de la madurez. No iba a dejar que esas insulsas intentaran siquiera meterse con su chico, para colmo frente a sus narices. ¡Sobre su cadáver!
El primero el echarse a reír fue Albus, seguido de Christopher, y luego el resto, exceptuando a una sorprendida Brella y a una incrédula Gwen. Pero a Camille no le hizo ninguna gracia. Mantuvo su mirada severa sobre la pelirroja hasta que ésta tomó asiento, junto a Marie, que le murmuró algo en actitud cómplice. A James también le dedicó una mirada fulminante, sólo por si acaso, aunque el muchacho parecía encantado con la situación.
Para suerte de Victoire, en ése momento la puerta se abrió, dándole paso a Ted, los señores Potter, Lysander, y Paul, quienes venían cargados de noticias, dando por finalizada la parte más incómoda del día. O al menos eso esperaba Camille.
 

***

 
‒ Esto está delicioso, Victoire‒ halagó la señora Potter, saboreando el salmón. Vicky sonrió, encantada con la aprobación de su tía.
‒ Gracias a Merlín me casé con esta mujer‒ suspiró Ted, extasiado con su bistec. Todos rieron.
‒ Créeme que todos estamos igual de incrédulos que tú al respecto, Teddy‒ se burló James, sonriendo ladinamente. El Lupin le dedicó un ruedo de ojos, mientras los presentes volvían a reír.
 
La amplia mesa se hallaba dividida en pequeños grupos que conversaban al margen de los otros. Ginny, Harry, Ted, Victoire, y en algunos casos James y Albus, estaban por un lado. Luego estaba Camille parloteando con Dominique, Christopher, Beth, y Lily, tratando de ignorar que estaba cenando en compañía de las dos tipas que más odiaba en el mundo, luego de Bellatrix Lestrange. Paul y Lysander parecían tener mucho en común, puesto que estaban enfrascados en un debate que ambos parecían considerar interesantísimo. Gwen y Brella al parecer habían captado la hostilidad de la metamorfomaga, porque se mantenían conversando con Bethany, o con Marie en el caso de Brella (aún podía sentirse la tensión entre la Waters y la Fawcett, luego de lo sucedido con Albus un mes atrás), ignorando deliberadamente al Potter y a su novia.
 
‒ ¿Qué tal les va, hijo? ‒ preguntó Ginny a su primogénito, dejando traslucir su preocupación por haber dejado de cuidarlo para cederle lugar a Camille y dedicarse a la seguridad de su familia como personal de inteligencia del cuartel. Ambos le parecían dos niños, y la tenía caminando por las paredes el asunto de dejarlos a merced de la vida.
‒ Muy bien, mamá‒ aseguró el muchacho‒. Ya puedo caminar cuanto quiera, y en una semana más estaré recuperado del todo.
Ginny sonrió. ‒ ¿Y tú, Camille, cómo lo llevas? ‒ cuestionó, mirando a la pelirroja. La chica abandonó su conversación con Lily sobre el nuevo romance de la capitana de las Arpías para mirar a su suegra (aún le aterraba el título).
‒ Bien. James no es exactamente un paciente obediente, pero hago lo posible para que siga el tratamiento al pie de la letra‒ asintió con una sonrisa, ruborizada al pensar en cómo quería faltar a la indicaciones del médico.
‒ Los veo muy felices juntos‒ comentó la mujer, con una sonrisita perspicaz‒. ¿Han pensado ya en qué harán al salir de Hogwarts?
‒ Ginny…‒ intervino el señor Potter‒. Deja a los pobres en paz, tienen tiempo de sobra para pensar en esas cosas.
‒ De hecho‒ acotó James‒, ambos pretendemos seguir los estudios de Aurores, así que teníamos la idea de mudarnos juntos a Londres.
Camille se sonrojó fuertemente. Era la primera vez que se lo decían a alguien que no fuera ellos mismos, y por alguna razón eso la ponía nerviosa. No es que dudara de su decisión. Ellos prácticamente vivían juntos ya, se había acostumbrado y familiarizado con James, y le encantaba así. Si bien no era la idea a la que había aspirado prácticamente toda su adolescencia, estaba convencida de que sería sumamente feliz… Pero eso no quitaba que se sintiera nerviosa con el asunto de convertirse oficialmente en un adulto.
 
‒ Oh‒ soltó Ginny‒. Bueno, tu padre y yo hicimos lo mismo, apenas salimos de Hogwarts.
‒ Y dos años después estábamos esperándote, James‒ añadió Harry, mirando a su esposa con una sonrisa, que ella correspondió con la misma mirada nostálgica.
Tanto James como Camille se tensaron.
‒ Bueno, realmente no hemos estado pensando en algo como… hijos‒ carraspeó la muchacha, llevándose su vaso de agua a los labios.
‒ ¿No quieren hijos? ‒ inquirió Ginny, sorprendida. Cam casi se atraganta.
‒ No es eso mamá, es sólo que… Bueno, es precipitado pensar en el tema, ¿no crees? Primero deberíamos terminar de estudiar. Y luego Camille debería querer casarse conmigo. Recién entonces podríamos llegar a barajar el… asunto‒ explicó James, incómodo.
Él tampoco tenía dudas respecto a que quería matrimonio, hijos, y todas esas cosas que antes le parecían absurdas, con ella. Pero le incomodaba lo recelosa que era Cam al respecto, y le aterraba que la presión de su madre la asustara.
‒ Me gustaría tener dos ‒ soltó para sorpresa de todos la Lupin, dejando su vaso de agua sobre la mesa con un “plop” que le otorgó seguridad ‒. Una niña y un niño. ¿Tú qué piensas, James?
 
Realmente sólo lo había dicho porque no toleraba que Gwen y Brella escuchasen que ella dudaba respecto a su futuro con James. Y porque la mirada escéptica e inquisidora de Ginny la ponían nerviosa, como si se tratase de un ÉXTASIS que estaba a punto de desaprobar.
 
‒ ¡Ojalá así sea! ‒ exclamó la señora Potter, alegremente, fascinada con la idea de dos nietos.
‒ Merlín nos libre de dos más como ustedes‒ rió Albus, quien venía siguiendo la conversación cautelosamente.
‒ ¿Lo imaginas? El mundo no está preparado para dos mini versiones de ustedes dos‒ añadió Lily, también riendo.
 
Entonces la conversación tomó rumbos más relajados, respecto a lo caótico que sería el universo con un mini James discutiendo con una mini Camille, sumado al par ya existente. La Lupin se abstuvo de participar en la charla, limitándose a reír de vez en cuando, y para cuando llegó el momento del postre soltó un suspiro aliviado. Necesitaba con urgencia una buena dosis de fresas con crema batida.
 

***

 
‒ Antes de irme necesito que sacies una duda, cariño‒ dijo Ginny, abrochándose su piloto mientras Camille le alcanzaba la bufanda.
‒ ¿Sí?
‒ ¿Por qué tú y James están vestidos como si hubiesen pasado por un huracán de ropa?
 
La Lupin se echó a reír, contemplando su atuendo. Se había enfundado un suéter de un horrendo color marrón que la tía Gertrudis le había regalado una navidad que ella y las Weasley habían pasado en su casa, el cual había mantenido guardado en su cómoda de ropa de Shell Cottage desde que lo tenía. Debajo usaba unas mayas de leopardo (otro regalo de navidad indeseado), con polainas de peluche verde flúor. Llevaba zapatos de tap, que resonaban a cada paso, y complementaba el atuendo con varios collares de cuentas que solía usar para disfrazarse en su infancia, y un pañuelo magenta atado al cabello. James había sido cruel, pero él había quedado igual de mal. Llevaba una camisa rosada con dibujos de estrellas de mar, que Ted le había comprado tres años atrás para que cumpliera una apuesta (por lo cual le quedaba ajustada). Cam le había atado un suéter blanco al cuello a modo de chico muggle universitario, y llevaba las gafas redondas enganchadas al cuello de la camisa, pues se había negado a usarlas durante una cena. Tenía unos ajustados jeans verdes con temática navideña (campanas y muérdagos en miniatura), y botas vaqueras negras. Lucía adorable. Y quien no lo conociera pensaría que se inclinaba para el otro bando.
 
‒ Una apuesta‒ contestó la Lupin finalmente, sin querer explicarle el asunto de los celos por Brella y todo el desastre de fondo. Ginny sonrió.
‒ ¿Sabes, Camille? Me alegra que James se haya enamorado de ti. Lo haces feliz. Y como madre créeme que no hay cosa que me llene de mayor alegría que ver a mis hijos felices y bien encaminados. Gracias‒ murmuró, y acto seguido le dio un abrazo inesperado.
‒ Bueno, señora Potter, no hay nada que me llene de mayor alegría que hacerlo feliz, ‒ admitió la muchacha en un susurro, todavía sobrecogida por las palabras de su suegra.
‒ Dime Ginny‒ pidió la mujer, separándose de ella con una sonrisa, y acto seguido se marchó con un “nos vemos el sábado, querida”, saliendo junto con su marido que la esperaba en la puerta.
‒ Merlín‒ bisbiseó Camille cuando desaparecieron en el aire, suspirando. Entonces giró hacia la sala, donde aún se hallaban todos los demás.
 

***

 
Sólo quedaba el café, un par de partidas de cartas y unas pocas palabras de cierre, y la velada habría acabado. Sólo eso. Camille suspiró al entrar a la salita de la chimenea, frunciendo el ceño al ver que James conversaba con Brella como si nada. Estaba caminando hacia ellos con la determinación de armar un escándalo cuando alguien tiró de su antebrazo en dirección a la cocina. Se sorprendió al ver que se trataba de Dominique, y que Christopher también estaba allí. Ambos lucían serios.
 ‒ ¿Sucedió algo? ‒ preguntó, de pronto preocupada por que quizás le tuviesen que decir algo malo respecto a la condición de James. Dominique desvió la mirada antes de decir:
‒ Seré directa, Cam. He estado hablando con Chris... Respecto a ti‒ murmuró, como si no quisiese que nadie más oyese lo que tenía que decirle. La Lupin la miró extrañada, y luego al Fawcett.
‒ ¿De mí? ¿Qué pasa conmigo? ‒ increpó, totalmente confundida. La rubia tomó una gran bocanada de aire.
‒ He notado que desde hace un tiempo tienes ciertos… síntomas‒ comenzó a decir, midiendo con cuidado sus palabras. Camille sintió su sangre helarse.
‒ ¿A qué te refieres con “síntomas”? ‒ farfulló, tragando con fuerza. ¿Estaba enferma? Hacía rato sospechaba que algo iba mal con su cuerpo, pero nunca pensó que tuviera algo que ver con una enfermedad. Eso explicaría los vómitos y los dolores de cabeza. Sintió pánico.
‒ Pues… Tienes náuseas matutinas. Te asquean ciertas comidas que antes amabas, y los olores fuertes te descomponen. Te encuentras terriblemente sensible, lloras y te enojas por todo. Tus pechos han crecido de la nada. ‒ Cam se sonrojó ante esto, puesto que ciertamente había tenido que pedirle prestados brasiers a Dominique y posteriormente comprarse nuevos, pero lo había atribuido a que estaba engordando o que la adolescencia estaba siendo generosa con ella en el último tramo, no a ninguna enfermedad‒. Tienes antojos locos en cualquier momento. Como con las fresas.
‒ Merlín Niqui, ¿a qué quieres llegar? ‒ cuestionó la muchacha, jugueteando con el dije del collar de su madre, como cada vez que se ponía nerviosa. En su interior un mal presentimiento se había instalado, y luchaba para ignorarlo. No debía entrar en pánico.
La Weasley intercambió una mirada seria con Christopher, y entonces el chico tomó la palabra.
‒ Cam, si lo que dice Dominique es cierto…‒ Hizo una pausa, vacilando respecto a lo que diría a continuación‒. Bueno, todos esos son síntomas claros de un…‒ Volvió a pausarse, como si se hubiese ahogado con la palabra. Carraspeó para solucionarlo‒. De un embarazo.
C.J. Potter


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Mensaje por Zarek el Lun 13 Jul 2015, 02:17

Quiero sangre, realmente cuando vendra lo bueno?

A lo mejor y pierde al bebe, eso seria frama.

Me alegro que regresaras, quiero capitulos sobre los malos y sus crueles planes. Siguela
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Mensaje por chicamati el Lun 03 Ago 2015, 05:41

Estoy mas que enamorada de este maratón, exijo que termines la nove, plissss, no te das una idea de como la sufrooo. Bueno nada, era para dejarte aunque sea un mensaje cortito para que vieras que estoy viva y que dos por tres ( cada tres meses mas o menos jajaj) me paso para ver si seguiste la nove, pensar que hace unos años la cosa era todos los diass, como pasa el tiempo ( no me hagas caso, estoy nostálgica). Besos milll
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Mensaje por chicamati el Lun 30 Nov 2015, 07:47

Te juro que necesito el final de esta historia, por favooorr. Y bueno, espero que como yo te acuerdes de esta cosa pendiente cada ciertos meses, besos mil y toda mi buena vibra.
chicamati


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Mensaje por Skyfall el Vie 27 Mayo 2016, 06:22

NOOOOOOOOOOO. QUÉ PASA DESPUÉS.
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Mensaje por chicamati el Lun 12 Sep 2016, 04:08

Heyyy, yo también sigo esperando por acá. Desde que te dejé el último mensaje que no entraba a esta página pero bueno... hoy por las vueltas de la vida me acordé de esta novela. (En realidad fue que vi una película y vi a una chica que era clavada a como me imaginaba a Camille, so... bueno, nada). 
Espero que andes bien y que por alguna de esas se te ocurra terminar esta historia. Cariños.
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Mensaje por Nela Escobar el Miér 28 Jun 2017, 04:16

Holaa!! Hace mucho tiempo que no me pasaba por aquí porque había olvidado el foro existía después de tanto tiempo. Lo que nunca se me pudo olvidar es esta maravillosa historia  No me dejes ir [James S. Potter & Tú] {Finalmente actualizada} - Página 17 1477071114 Aun no leo el maratón porque veo que la ultima vez que estuviste por aquí fue el año pasado y sinceramente tengo miedo de volver a engancharme y no tener un final :( Entiendo muy cuando dices que only dejo de ser lo que era porque a mi también me produce nostalgia pero existen muchos otros foros en los que podrías volver a publicar la historia y estoy segura de que muchos la amarían. En fin, quería saber si te ibas a volver a pasar por aquí para terminar la historia porque gracias a la experiencia he descubierto la ansiedad del querer saber más y no poder. 

Muchos cariños por esta linda historia que ha llegado a formar parte de una de mis mejores memorias como lectora.   No me dejes ir [James S. Potter & Tú] {Finalmente actualizada} - Página 17 1922094727
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Mensaje por chicamati el Dom 27 Ago 2017, 13:36

No puedo creer que sigue viendo alguien además de mi que sigue con el tema de esta historia, ponele que me paso tipo una vez al año pero igual, me encantaría que terminaras la historia, A VER, empecé a leer Harry Potter por esta historia, sentite importante, y como una vez te dije no me imaginaba a James sin Camille así que en la historia (más bien saga porque van a haber fanfics de todas las generaciones) que estoy escribiendo ya se que va a existir y ya se quién la va a interpretar, aunque todavía no la haya escrito porque es la historia que tengo menos desarrollada por ahora. No se, cree que decir seguida en este punto ya es en vano y se queda corto peeero... soy optimista por naturaleza, así que seguila.
Besote enorme y toda mi nostalgia 
PD. No puedo creer que ONW se haya convertido en casi exclusivamente cosas japonesas (creo que son japonesas, perdón si ofendo a alguien pero no tengo ni idea y soy muy consciente de que soy una ignorante en cuanto a esas cosas) 
Todavía me acuerdo cuando la cosa era un poco más heterogénea, pero buaano, las cosas cambian, y las plataformas también.
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Mensaje por chicamati el Dom 27 Ago 2017, 13:39

PD2. Y también me acuerdo cuando ni loca podías ver una publicación del día anterior en últimos temas, con suerte, muucha suerte y bien de noche podías llegar a ver una de hace diez minutos o media hora. Nada, otra acotación nostalgias, ya que el jueves fue la noche de la nostalgia (en mi país, si quieren saber que es busquen en google)
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