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Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por Ritza. el Dom 11 Ene 2015, 7:52 pm

TLS muack
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por Ariel. el Dom 11 Ene 2015, 7:53 pm

Si, ya falta poco
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por hypatia. el Vie 13 Feb 2015, 2:54 pm

Me quedan por leer 10 capítulos. Siento mi lentitud pero he estado con examenes finales y no he podido dedicarle tanto tiempo. Y ahora para colmo me he puesto enferma. Intentaré terminar de leer y escribir mi cap la semana que viene. Lo siento.
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por hypatia. el Mar 17 Feb 2015, 6:03 pm

Ya he terminado de leer. Amo esta historia y a vuestros personajes. En esta semana subo mi capitulo
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por rhythm. el Mar 17 Feb 2015, 7:01 pm

Gracias linda♥
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por hypatia. el Miér 18 Feb 2015, 1:28 pm

Capítulo 23.


Helenna Murray ||Louis Tomlinson.

El dolor es una casa, que se esconde cuando hay gente.
El dolor es una ventana, que se abre cuando no hay nadie.
El dolor es una silla, que ha olvidado cómo sostenernos.


Tenía que encontrar un trabajo. Porque una cosa era que Jasmine fuera una buena amiga al dejar que viviera con ella y otra muy distinta, que costándole como le costaba, tuviera que mantenerme. Así que, como Marie se encontraba mejor y Niall no se separaba de ella ni para cagar, había aprovechado para regresar al apartamento de Jasmine y así comenzar con mi búsqueda de empleo. Como no teníamos internet, había comprado un periódico de camino allí.

Estaba sentada a los pies del sofá, con el periódico extendido frente a mí y un cigarrillo en la otra mano, listo para consumirse. Fumar no era un hábito frecuente para mí, fumaba cuando me apetecía, pero no lo hacía por una necesidad impetuosa. Como solía apetecerme pocas veces y Jas estaba completamente en contra del tabaquismo, un paquete solía durarme más de un mes. Pero aquella era una situación especial, debía averiguar para qué trabajo podía ser buena una chica a la que se le quemaba el agua caliente, que era muy torpe con las tareas manuales y que siempre le quedaban arrugas en la colcha al hacer la cama.

En la sección de empleo había de todo; desde pasear perros (una lástima que fuese alérgica a éstos) a participar como conejillo de indias en una prueba para un nuevo medicamento, este último era el mejor pagado de todos. Suponía que si probaba un medicamento experimental al menos una vez por mes, dentro de unos cuantos meses, me habría quedado gilipollas o sin alguna de mis facultades mentales elementales.

Pasé otro buen rato mirando los pintorescos empleos que se presentaban ante mí, pero al parecer, yo no era apropiada para ningún puesto. Comencé a frustrarme poco a poco y las frases; «No sirves para nada» y «Eres un estorbo», empezaron a repetirse en mi mente como una de esas canciones horribles que no puedes dejar de tararear. Siempre me ocurría lo mismo, cada vez que no lograba algo o tardaba un tiempo en llevarse a cabo, acudían esas palabras a mi mente. Me habían dicho tantas veces que no servía para nada y que era un estorbo que aunque no fuese ninguna de las dos cosas, había terminado por creer que así era. Porque es el poder que tienen las palabras, pueden liberarnos, pueden encerrarnos y pueden provocar que pensemos que somos algo que no somos.

La puerta de la casa se abrió de súbito. Provocando que diera un pequeño bote sobre mi trasero y que mi ritmo cardíaco se incrementara. Odiaba también ese tipo de situaciones, me recordaban a cuando Chris estaba aquí y yo pasaba horas sentada al lado de la puerta esperando a que regresara y que no me hubiera abandonado… Era como si una mínima, aunque ridícula, parte de mí continuara esperando a que mi hermano regresara a por mí. Quería fulminar a esa «pequeña parte» cuanto antes. Porque mi hermano era un capullo, y ojalá estuviera ardiendo en el Infierno.

Jasmine caminó con gesto cansado y se derrumbó en el sofá. Yo estaba tan absorta en mis pensamientos que no me dio tiempo a cerrar el periódico. Sin embargo, ella sí tuvo tiempo de incorporarse y mirar por encima de mi hombro las hojas. Sabía lo que me esperaba a continuación:

―¿Hel, estás buscando trabajo?―inquirió chasqueando la lengua.

No respondí, ni tampoco me giré para mirarla. Quería serenar mi cuerpo antes de entablar la conversación (unas que ya habíamos mantenido en reiteradas ocasiones). Jasmine siempre se había opuesto a que buscase trabajo o siquiera pagara una factura con el dinero que me mandaba mi tío Thaddeus desde Brasil una vez al mes. Jasmine estaba dispuesta a hacer malabarismos para llegar a fin de mes, en lugar de dejarme colaborar y que no fuese un sufrimiento constante eso de no saber si podrá pagar la factura del agua o de la luz.

―Sí, es justo lo que estoy haciendo.

Su resoplido me revolvió levemente el pelo. A continuación, Jas descendió del sofá y se sentó a mi lado. Seguro que estaba a punto de soltarme el mismo sermón de siempre, así que levanté un dedo y corté con él antes de que comenzara.

―Jasmine, voy a buscar trabajo y voy a ayudarte con todos los gastos. No hay nada que puedas hacer para impedirlo―hablé de nuevo, dirigiendo de nuevo mi vista al periódico.

―¿Ah, no? ―escuché que decía con voz sibilante, la que siempre usaba cuando estaba a punto de hacer una broma―. Puedo ir a todos los establecimientos de la zona y decir que sufres trastornos de personalidad, para que nadie te contrate.

Negué con la cabeza, pero ni siquiera hice el esfuerzo de reírme. Chris se había instaurado parcialmente en mi pensamiento, y una vez que eso sucedía, no podía sonreír, no fingir que todo estaba bien. Solo esperaba que no me agarrase un ataque de pánico.

―Tengo cara de ángel, nadie le dará cabida a tu palabra.

Jasmine volvió a suspirar.

―Está bien, aunque no me cansaré de decirte que no es necesario que busques trabajo.―sin embargo, yo si estaba cansada de oírselo decir.

No se trataba solo del hecho de ayudar a Jasmine, en su gran mayoría, lo de buscar trabajo lo hacía por mí. Necesitaba adquirir un poco de autonomía, no quería volver a depositar mi dependencia de manera absoluta en nadie, porque después de muchos años de abandonos, sabía la verdad; que nadie se queda en nuestra vida para siempre. Yo esperaba que mi amistad con Jas (ni con ninguna de las chicas) llegara a su fin, pero solo teníamos dieciséis años y la vida da muchas vueltas. Por eso era tan reservada, por eso no me implicaba con nadie del todo, ni abría mi corazón y pensamientos al primero que pasaba. Porque mi experiencia me había llevado a pensar que había algo en mi genética que hacía que las personas que quería me abandonaran. Muy en el fondo de mí, sabía que una Helena Murray impertérrita tenía menos probabilidades de sufrir que la chica que antes solía ser.

―Oye, puedo trabajar en la librería que está cerca de tu trabajo, el otro día pasé por el escaparate y se solicitaba un nuevo dependiente―recordé de pronto.

Los libros sí se me daban bien, no corría el riesgo de que se rompieran si se me caían, no me daban alergia como los perros ni corría el riesgo de quedarme gilipollas al rodearme de ellos. Además, dedicaba bastante tiempo del día a leer, puesto que me permitía ocupar mi mente en algo que no fuese yo.

―Me marcho a trabajar dentro de una hora―m informó mirando la hora en su reloj de pulsera―, puedes ponerte algo decente y venir conmigo.

―Perfecto.

Me incorporé del suelo de un salto, con las piernas entumecidas al pasar tanto tiempo en la superficie dura, y me dispuse a marcharme a mi dormitorio a buscar algo «decente» que ponerme, como si normalmente usara harapos y no ropa normal.

―¡Espera! ―exclamó Jas antes de que pudiera dar dos pasos. Me giré para ver qué quería―. Quería comentarte… ¿qué quieres que hagamos por tu cumpleaños?

Se me tensaron los músculos del brazo al escuchar la mención de mi cumpleaños.

―Nada, sabes que nunca lo celebro―respondí con gesto iracundo.

Jas puso los ojos en blanco. Esa conversación se repetía todos los años y siempre acababa igual: no celebraría de mi cumpleaños, no tenía ganas de celebrar un funeral, ni tampoco un abandono.

―Venga, que no se cumplen diecisiete todos los años―trató de convencerme.

―Jasmine, ninguna edad se cumple todos los años, de eso se trata, de añadir una cifra más todos los años―rebatí, tendría que cambiar sus tácticas si quería llegar a convencerme alguna vez de celebrarlo.

―Jope, nunca me dejas celebrarlo―se quejó como una niña pequeña.

―No te desanimes, siempre puedes celebrar el tuyo.

Podía ceder antes muchas cosas, pero a celebrar mi cumpleaños es a algo ante lo que jamás lo haría. Solo esperaba que mis amigas siguieran respetando aquella decisión y no se les ocurriera hacerme ninguna fiesta.

▽ ▽ ▽

No estaba segura del todo sobre el atuendo que se consideraba apropiado para trabajar en una librería. Al final opté por ponerme algo que me pondría cualquier día para ir al instituto; un jersey negro de cuello vuelto, que me colgaba por debajo del trasero, unos vaqueros y mis desgastadas botas Harley. Me cepillé el pelo y lo atusé boca abajo para peinarlo un poco. Sin embargo no me puse maquillaje, porque si lo llevaba mucho rato terminaba por picarme la cara.

Así que ahí estaba una hora después, parada frente a la librería «Penny Lane». Con la mano alzada sobre el manillar de la puerta, dudando entre entrar o darme la vuelta. Aquella era la primera entrevista de trabajo de mi vida y aunque me costase reconocerlo, estaba de los nervios. Respiré hondo varias veces e impulsé el manillar abajo al tiempo que empujaba la puerta. El sonido tintineante de una campana me dio la bienvenida, del mismo modo que mis fosas nasales se llenaban con el olor a nuevo del papel impreso y una leve fragancia a pino.

La librería era más amplia de lo que podía apreciarse a través del escaparate. Se trataba de una estancia diáfana, que se abría en decenas de pasillos con estanterías repletas de libros. En lo alto de dichas estanterías había carteles que indicaban el género de lectura que se encontraría en ellos. En el centro de la sala había un mostrador de madera de ébano de al menos dos metros de largo. Las paredes eran de un color verde selva que entonaba perfectamente con el mobiliario rústico. No me gustaban los colores fuertes, porque me hacían sentir encerrada, sin embargo, dentro de aquella librería sentía la paz que debe de sentirse cuando uno se adentra en el bosque, y sabía que el color influía mucho en aquella sensación. Lo que más llamó mi atención, fue las palabras que habían sido dibujadas en la pared del lado Este del local. La cita rezaba: «La lectura es el único momento de soledad, en el que de verdad, queremos estar solos». Y yo, una jugadora consagrada en el mundo de soledad, no podía estar más de acuerdo con aquella frase.

―¿En qué puedo ayudarte?

Por segunda vez en el día, me llevé un susto de los mil demonios. Cuando viré la mirada al frente me encontré con un muchacho detrás del mostrador, que parecía haber salido de la nada.

―Bonita frase―comenté señalando la inscripción en la pared, sin saber otra cosa que decir.

El muchacho, que poseía unos bonitos ojos verdes que entonaban la mar de bien con el color de las paredes, sonrío tímidamente. No fue necesario que me dijera que la frase era suya, porque de lo contrario no se hubiera sonrojado. Mi empeño por no implicarme demasiado con los demás, me había llevado a adquirir un gran sentido de la observación.

―Creo que eres la segunda persona desde que esa frase está en la pared que se detiene un momento para leerla.

Me encogí de hombros.

―Me gustan los detalles.

Me dedicó una sonrisa, una sonrisa de esas que eclipsan la vista y que no huyen, sino que no tienen reparo en mostrarse. A mí, sin embargo, me gustaban más las sonrisas huidizas, a las que les daba vergüenza salir a la luz, que costaba mucho que se asomasen. Como la de Louis, por ejemplo. «Eso último no lo has pensado», me dije cohibida de pronto.

―¿Quieres comprar un libro?―preguntó el dependiente nuevamente.

Negué con la cabeza. Él se quedó expectante a que le revelara el motivo de mi visita. A veces se me olvidaba que tenía que hablar, que no todo el mundo sabía interpretar mis silencios. No todo el mundo entendía mi mirada. Y si quería trabajar de cara al público, iba siendo hora de que terminara con esa manía.

―En realidad, he venido por el puesto de trabajo vacante―dije señalando el cartel que estaba pegado al cristal.

La sonrisa de dentífrico del chico se acentuó aún más, casi me dejó ciega, debería haber llevado conmigo unas gafas de sol.

―Vale, bueno tengo que hacerte unas preguntas.

Asentí, el nerviosismo, que parecía haber permanecido dormido dentro de mí hasta ese momento volví a resurgir al exterior.

―¿Te gusta leer?―preguntó.

«Esta pregunta es fácil Helenna, si fallas es que eres retrasada».

―Me encanta leer, creo que es de lo único que no me aburro nunca.

―Genial, ¿y por qué género te inclinas?

Volví a encogerme de hombros. No tenía muy claro de qué iban sus preguntas, pero supuse que parar trabajar en una librería había que tener un mínimo de interés en la lectura para poder aconsejar a los clientes.

―Puedo leer cualquier tipo de género, desde novelas rosas de adolescentes hasta los prospectos de los medicamentos―el muchacho se río, pero lo que decía iba enserio, me gustaba leer los prospectos―. Pero supongo que me inclino por el género biográfico.

―¿Por qué?

―Me gusta saber cómo fueron los autores de las novelas, me ayuda a entender sus obras―comenzaba a dudar del rumbo que estaba tomando la entrevista.

Sus labios formaron una «o» de sorpresa ante mi respuesta. Tampoco era algo tan raro que me gustase leer las biografías, seguro que había miles de personas en el mundo al igual que yo.

―Está bien, una última pregunta―se puso serio de repente, haciéndome entender con ese gesto la importancia de lo que me iba a preguntar―: ¿Qué opinas sobre Romeo y Julieta?

Muy pocas cosas conseguían hacerme reír de verdad, pero esa pregunta casi provocó que me desternillara de la risa delante de sus narices, pero me contuve. Aunque mi experiencia en entrevistas laborales era nula, seguro que reírme en la cara del entrevistador entraba en la categoría de «cosas que no se deben hacer bajo ningún concepto si quieres conseguir el puesto».

―Me parece una birria, para qué mentir―respondí con sinceridad. Amaba a Shakespeare, pero esa obra suya, era una real mierda―. Creo que los personajes son dos cobardes y muestran un amor tonto y de fantasía, una fantasía que ni siquiera se asemeja un poco a la realidad.

Los ojos del chico se abrieron por la impresión, A lo mejor la había cagado al ser sincera, quizá él buscaba que elogiase la obra, como la mayoría de las personas que lo habían leído.

―¿Por qué crees que se suicidaron los personajes?―me embargó la sensación de haberme metido de lleno en un examen de Literatura, en lugar de en una entrevista de trabajo.

―Porque les daba miedo la soledad. El mundo sin el otro les daba miedo, la soledad de su corazón. Por eso me parece un amor fantasioso, Shakespeare nos quiso mostrar que el amor de ellos era tan grande que no podían sobrevivir sin el otro. Pero para mí, el amor es grande y verdadero si se tienen las agallas para sobrevivir sin esa persona―. Vale, creo que llevaba años sin intercambiar tantas palabras con un desconocido.

El chico se hallaba anonadado, al igual que yo. Por un momento llegué a pensar que estaba a punto de echarme a patadas de la tienda por desprestigiar una obra como esa. Sin embargo, volvió a cegarme con su sonrisa.

―Estás contratada―sentenció.

No pude evitar que mis ojos se abrieran por la sorpresa.

―¿En serio?

―En serio, te gusta leer y al parecer lees de todo, dos cosas imprescindibles para trabajar en una librería. Estarás una semana de prueba para ver si te desenvuelves bien con los clientes. Y lo más importante de todo, odias a Romeo y Julieta tanto como yo.

Aunque no era muy dada a sonreír, me obligué a dedicarla una leve inclinación de mis labios.

―Muchas gracias.

Cuando el silencio se prolongó por unos segundos que me parecieron demasiado largos, pensé que estaba esperando a que dijera algo más. Pero entonces él volvió a hablar:

―Ven mañana a las cuatro de la tarde, te explicaré un poco cómo va esto.

Asentí.

―¿Algo más?-pregunté con un tono más animoso del que solía utilizar para hablar.

―Sí, me llamo Hugo Vork.

―Helenna Murray―me presenté también.

▽ ▽ ▽

Al día siguiente pasé toda la jornada de clases con los nervios de punta. No solo porque cada vez quedaba más cerca la hora de presentarme en la librería para mi primer día de trabajo. También era porque Jasmine estaba de un humor de perros, y yo estaba acostumbrada a lidiar con mi malhumor, incluso con el de Bella, pero no con el de Jasmine. Por lo visto no había acogido bien la noticia de que me hubieran contratado en la librería, lo cual no entendía, porque nuestra situación económica iba a mejorar notablemente. Me atrevía a aventurar que Jasmine pensaba que solo había buscado trabajo porque la veía demasiado ahogada, pero en realidad, como ya había dicho, era porque quería sentirme independiente.

Me encontraba en clase de Recreación Personal, sentada al lado de Niall. Siempre nos sentábamos juntos, bueno rectifico, nos sentábamos juntos siempre que Marie no estuviese en la misma clase. Y aunque Recreación Personal era una de ellas, como Marie seguía recuperándose de la paliza que le propinó el hijo de puta de su padre, pues ahí estábamos al lado del otro. Me gustaba sentarme con Niall, porque él era mucho más listo que yo y me dejaba copiarme en los exámenes.

Estaba a punto de finalizar la clase, cuando Emily irrumpió en el lugar, posicionándose frente a todos nosotros, con ese aire de superioridad latente siempre en ella. No sabía por qué había entrado, pero seguro que no conllevaba nada bueno.

―¿Qué crees que quiere?―pregunte a Niall.

―A lo mejor se aburre y quiere recordarnos una vez más que es bueno que compartamos nuestras emociones con el mundo―se burló.

Emily pidió guardar silencio dando dos fuertes palmadas con las manos. Cuando toda la clase se quedó en un silencio sepulcral, carraspeó y comenzó a hablar.

―Lamento interrumpir la clase, pero he venido a proponeros un nuevo proyecto escolar. Del que nadie, sin excepciones, puede librarse―informó a sabiendas de que muchos de nosotros lo haríamos―. Bien, no hay mejor manera de recrearse personalmente que ayudar a otras personas a salir de sus problemas. Muchos de vosotros os mostráis inaccesibles cuando queremos ayudaros, por lo que hemos pensado que es bueno que se intercambien los papeles por una vez. ―Maldita zorra asquerosa, le iba a dar yo intercambio―Trabajaréis en parejas formadas de dos y elegidas por nosotros. Mañana os hablaremos con más detalle de vuestros proyectos. Y ahora, las parejas…

Esperaba fervientemente que me emparejaran con alguna de las chicas, pero sabía que uno de sus propósitos de este proyecto era que nos relacionáramos con otras personas que no estuvieran en nuestros círculo de amistad. Y si no me tocaba con las chicas, esperaba que me tocara con Niall o con Zayn, que era con los que mejor me llevaba.

Sin embargo, haciendo alarde de mi mala suerte, no me tocó con ninguno de ellos.

―Helenna Murray y Louis Tomlinson, esa será la última pareja―dictaminó Emily, como si fuera una sentencia de muerte.



Casi me puse a saltar a la pata coja cuando Emily dijo que mi pareja para el proyecto sería Helenna. Me había costado mucho acercarme a ella desde que llegamos de la playa y ese trabajo era mi oportunidad para acceder a Lenna de nuevo. Sin embargo, ella no parecía estar para nada contenta con la decisión de la psicóloga. Su expresión de asco parecía haberse acentuado más al escuchar mi nombre al lado del suyo.

El timbre sonó y ella salió escopetada hacia la puerta, sin esperar a ninguna de sus amigas. Y yo, como el tonto que era y enganchado a Helenna como estaba; no hice otra cosa que salir corriendo detrás. La alcancé casi al final del pasillo, después de chocar con un grupo de chicas que me gritaron un par de insultos.

―Hey, oye―le grité para que se detuviese.

Lenna se dio parcialmente la vuelta, su cara proseguía con su inseparable careta de fastidio, pero no me ignoró y esperó a que la alcanzara. Su mirada me dirigía una clara interrogativa, esperando paciente a que le dijera lo que quería. Busqué una forma suave de decirle que si no quería estar conmigo en el proyecto, ella podía hacer su parte y yo la mía. Pero tampoco quería dar a entender que era yo el que no deseaba ser su compañero (porque lo deseaba y mucho).

―No te hace ni puñetera gracia estar conmigo en el proyecto, ¿eh? ―opté por una afirmación desinteresada, neutra.
El gesto de Helenna se suavizó un poco y suspiró antes de hablar.

―No es por ti, Louis. Es que el trabajo no me hace gracia en sí.

Suspiré aliviado, por lo visto no se había alejado tanto como suponía. A veces cuando la miraba imaginaba que era un día de otoño; fría y distante la mayoría del tiempo. Pero luego, otras veces, era como el típico día de otoño en el que hace sol y corre una brisa de lo más agradable, aparecía una Helenna cálida. Como la que me despertaba todos los días en la cabaña gritándome en el oído, se sentaba a mi lado en las fogatas y me hacía aguadillas para después salir corriendo como una niña pequeña a la que le da miedo sumergirse. Una que siempre permitía que la alcanzase.

Como respuesta a sus palabras, asentí, volviendo a nuestro lenguaje sin palabras. Con ella era con la única que había logrado tal nivel de falta de comunicación. Lenna le había dado al silencio un nuevo significado para mí y quizá ese era uno de los motivos por los que me gustaba tanto. Aunque luego no estuviese a admitir mis sentimientos en voz alta.

―Voy al baño, te veo en la cafetería―dijo parándose en medio del pasillo.

―Vale, Lenna.

Su ceño se frunció y eso me dijo que le había extrañado la manera en la que le había llamado. A modo de respuesta me encogí de hombros. Quería llamarla de una manera que nadie hiciera. Moví levemente los dedos para despedirme de ella y proseguí el camino hacia la cafetería. Cuando llegué ya se encontraban todos sentados en la mesa que nos habíamos apropiado. Desde que volvimos de la playa lo de sentarnos con las chicas se había convertido en una costumbre.

Fui a por una bandeja de comida y después acudí a su lado. Sentándome entre Niall y Harry.

―¿Dónde está Helenna?―preguntó Cass, oteando la estancia en busca de su amiga.

―En el baño.

―¿Y tú no la has acompañado?―me pinchó Harry, moviendo las cejas arriba y abajo de manera insinuante.

Le tiré una patata frita a modo de respuesta. Lo que también parecía haber mejorado un poco desde que volvimos de la playa era el humor de Harry. Todos los humores habían ido a mejor, salvo el de Helenna. Mi chica tenía el mismo humor de perros de siempre.
«No has pensado eso último, no has pensado eso último», me dije horrorizado.

―Bien chicos, aprovechando que Hel no está queremos deciros una cosa―comentó Jas, limpiándose con la servilleta. Yo no sabía cómo tomarme que quisieran contarnos algo sin que ella estuviera presente.

―Somos todo oídos―respondió Liam, echando sus orejas hacia adelante para enfatizar la afirmación. Vi como Bella rodaba los ojos.

―Se acerca el cumpleaños de Helenna y queremos hacerle una fiesta sorpresa―nos informó Cass.

Mi corazón se puso a latir como si la vida se le fuera en ello y me dieron ganas de pegarle un grito para que se calmara. No era para tanto que se acercase su cumpleaños, no tenía por qué ponerme a transpirar de aquella manera.

―¡Una fiesta! ―exclamó Niall emocionado.

―¿Qué tenéis pensado?―preguntó a Zayn, que miraba a Jasmine con devoción.

―Hemos pensado en una fiesta de disfraces, invitar a mucha gente, ya sabéis para que haya ambiente de fiesta―explicó Bella.

―Pero ella no puede sospechar nada, porque si no se estropeará todo―nos advirtió Jasmine, amenazándonos con el tenedor de plástico.

―¿Por qué no puede sospechar nada?. A parte de que porque se trata de una fiesta sorpresa, obviamente―algo me decía que se trataba de algo más.

―Helenna nunca nos deja celebrar su cumpleaños, no es una fecha que le guste mucho―explicó de nuevo Cass.

Estaba seguro de que algo muy malo había tenido que pasarle en uno de sus cumpleaños para no querer celebrarlo nunca más.

―Quizá deberíamos respetar su decisión―propuse. Conociéndola como la conocía, seguro que la fiesta sacaría lo peor de ella.

―Nadie merece estar amargada el día de su cumpleaños, quiero que cuando llegue ese día el año que viene, recuerda la maravillosa fiesta que le organizamos y no…, bueno, que no recuerdo lo otro―dijo Jasmine.

―De acuerdo, pero yo me pido el disfraz de Robin Hood desde ya―informó Niall.

A partir de esa frase todos se pusieron a hablar sobre la comida, los disfraces y la decoración. Pero yo solo podía pensar en lo poco que le gustaría a Lenna, que lejos de agradecer la fiesta la haría sentir mal. Y lo sabía, porque mi cumpleaños también estaba ligado a sucesos horribles.

:
No sabía muy bien cómo seguir la historia, porque conozco muy poco de Helenna y Louis, ya que hay pocos capítulos de ellos, pero aún así espero que me haya quedado bien y que os guste. No sé que más decir, besos
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por Ritza. el Miér 18 Feb 2015, 3:49 pm

KATEEEEEEEEEEEEEE
HERMOSOOOOOOOOOOOOO
sigues siendo la flashié, aun en la uni pero lo ame, en serio comentaré dignamente mas adelante c:
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por hypatia. el Jue 19 Feb 2015, 3:23 am

Jope, gracias Emiliana de mi vida (decidí llamarte así una vez por mes, así no te enfadas mucho). Siempre me pongo nerviosa cuando tengo que subir cap en una nc que ya está empezada. Ah, la flashié tiene una semana de descanso antes de la siguiente ola de exámenes
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por rhythm. el Jue 19 Feb 2015, 4:15 pm

CTM, Kate, definitivamente eres una de mis escritoras favoritas♡ Entendiste y relataste el pensamiento de Hel y Louis a la perfección, no sé cómo lo hiciste, pero me encantó♡ Capaz que ahora haya un triángulo amoroso con el chico de la librería nsnxnx ay ya ;-; adoré tu cap♡
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por hypatia. el Dom 22 Feb 2015, 6:59 am

Gracias otra vez linda jo, menos mal, porque lo que más me preocupaba era cambiar a Helenna y a Louis sad Jajajaja descubriste mi siguiente trama xd.
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por Stark. el Sáb 11 Abr 2015, 3:45 pm

QUE PASO ACA QUE NO HAY CAPITULO!?

PD: Kate, a mi me gusto mucho tu cap :$ lo leí hace tiempo desde el celu y no pude dejar comentario porque la wea se trababa -.-
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por Ritza. el Sáb 11 Abr 2015, 7:51 pm

no idea .-.
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por Stark. el Miér 15 Abr 2015, 9:06 pm

No iba dani?
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por Ariel. el Mar 21 Abr 2015, 6:40 pm

nop, a mi se me salto el turno porque cai enferma y luego tuve otros problemitas
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

Mensaje por Stark. el Mar 21 Abr 2015, 7:32 pm

entonces.... sigo yo??
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Re: Mas allá del arcoiris |novela colectiva|

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